Eres el Peregrino Número

domingo, 14 de agosto de 2016

LA VARIANTE DE CASTROPOL, VILLA MONUMENTAL Y PASO HISTÓRICO DE LA RÍA (ASTURIAS)

Castropol
Cruce de As Campas, a la derecha iremos a Castropol.
Para realizar esta variante hemos de tener en cuenta, como en Figueras/As Figueiras, concertar mejor previamente los servicios de una embarcación de pasajes para cruzar la ría hasta Ribadeo, reviviendo la navegación de los peregrinos de antaño. Este camino comienza en el cruce de Tombín, al oeste de Tol, pero en cuenta de ir hacia As Figueiras/Figueras, tomamos el ramal de la izquierda, el cual nos lleva por la campiña hacia el caserío de Péligos, donde otro cruce, en As Campas, nos valdrá de referencia, pues a la izquierda se va hacia A Veiga (Vegadeo) y a la derecha a Castropol.


El Camino hacia Vegadeo/A Veiga, que entrará luego en Galicia por Trabada, pasa justo a la izquierda, entre aquellas casas de As Campas. Ambos van separándose.


De ahí era oriunda la famosa Clara de Rueda, conocida como A Bruxa das Campas y A Santa das Figueiras. Estas aldeas pertenecen a la parroquia de Piñeira, concejo de Castropol.


En los cruces venideros seguiremos de frente en dirección oeste. El Camino es muy llano.


Llegamos a A Granda.


Tras unos pinares, en A Granda, iniciaremos una bajada hacia la aldea de Becharro.


Becharro, bajando al estrecho valle del Rego de Fornelo.


El Camino en A Granda.


Paisaje de parte de la parroquia de Piñeira, con la aldea de Carreira abajo, por donde sigue el Camino.


Buen paisaje.

Arriba entre los árboles asoma parcialmente a lo lejos la iglesia parroquial de San Bartolomé de Piñeira, campo de la célebre festa das peras, donde se vendían en los puestos las apetitosas peras urracas.




El descenso por carretera local pasa por las inmediaciones de El Penedo hasta la aldea de Carreira, donde cruzamos el puente sobre el río.



Cabazo.


Ascendemos para pasar bajo el viaducto de la N-640, teniendo a nuestros pies el pequeño estuario de Berbesa abriéndose a la gran Ensenada de A Lieira o Linera, gran entrante de la Ría del Eo o de Ribadeo.


Ya vemos enfrente Castropol sobre el montículo en el que asienta su caserío. No en vano Castropol, como su nombre indica, se hizo encima de un castro antiquísimo. Las tierras del Eo estuvieron pobladas por los egobarros, pueblo perromano que tenía de vecinos al este a los también galaicos albiones en la cuenca del Navia. Durante la romanización el territorio estuvo adscrito al convento jurídico lucense y en la alta Edad Media la Iglesia asturiana tenía aquí sus posesiones, con influencia de diversos monasterios. Es entonces en 1154 cuando Alfonso VII decide acabar con las disputas entre las diócesis de Lugo y Oviedo otorgando a la primera las tierras gallegas controladas por la Mitra asturiana y a esta, para compensarla, el total dominio de las tierras entre el Navia y el Eo, la Tierra de Ribadeo (que no incluía no obstante la actual villa gallega), la cual se gobernaba desde el Castillo de Suarón. Hubo anteriormente en la comarca asturgallega una diócesis de Britonia, fundada por bretones huídos de la actual Gran Bretaña durante las invasiones de anglos, sajones y jutos.


La política señorial iría cambiando cuando poco antes de 1275 el rey Alfonso X El Sabio funda la Puebla de Rovoredo, ahora Reboledo, en la parroquia de Barres, otorgando a sus vecinos derechos y fueros extraseñoriales, con la idea de crear un centro urbano que fuese aglutinador de todo el extenso territorio. No obstante en 1298 el obispo Fernando Alfonso, con diploma expedido en Roma, crea su propia puebla de caracter episcopal en Castropol que, no sin resistencias, terminaría por ganarle el partido a la anterior. En 1376 llegaría la concesión de un mercado semanal por parte del obispo Alfonso y en 1386 Juan I otorga al obispado ovetense la creación de un puerto comercial. Determinadas familias nobiliarias gobernaban puebla y tan extenso territorio en nombre de la iglesia, esto y las guerras civiles castellanas ocasionaron la visita del enérgico obispo Gutierre de Toledo en varias ocasiones, otorgando unas ordenanzas al concejo, el cual se independizaría de la propiedad eclesial en la cesión de numerosas tierras de la Iglesia al monarca Felipe II en 1579, elaborándose de aquella unas ordenanzas propias que no obstante reavivarían su secular competencia con Ribadeo en la navegación y usos de la ría y puertos. La alegría no duraría mucho pues el 28 de octubre de 1587 un gran incendio asolaría Castropol quemando la mayor parte de sus casas.


 Al oeste Ribadeo, puerta de Galicia por la costa.


  Solo resta salir a la carretera general en las casas de Castro, cerca del castro L'Esquilo.


Podemos apurar el paso por el arcén o mejor desviarnos a la derecha por la senda costera y evitar el asfalto, pasando por la Playa Salías y otros rincones de singular belleza al borde mismo del agua.


Al norte divisamos el pueblo de A Lieira, donde se hicieron barcos de la Armada Invencible y galeones para la ruta de América.


 As Acías, donde existió un molino que funcionaba con la fuerza de la marea alta embalsada en la bajamar.


Ya estamos en Castropol, capital del concejo. Abajo en la carretera hay varios hoteles y un parque arbolado con aparcamientos.


Hemos de cruzar con sumo cuidado: se trata de una curva con tráfico muy abundante y veloz.


El parque.


Para ir al centro urbano de Castropol habríamos de subir cuesta arriba por la calle que lleva a las casas, dispuestas a lo largo de callejuelas y pequeñas plazas.

Tejados de pizarra y arquitectura rural.

Sigue la cuesta.


Al pie del Camino podríamos dirigirnos directamente al puerto deportivo por el hermoso Paseo de la Ría.


No obstante, si deseamos revivir el paso de los antiguos romeros a Santiago y conocer la población nos dirigiríamos por aquí al centro histórico para bajar al muelle posteriormente.


Va acabando la cuesta.


Vista atrás.


Estamos en la calle da Fonte.



Sube el Camino.


En nuestro camino podremos ver alguna de las construcciones que sobrevivieron al "gran incendio, se trata de la Casa del Párroco izquierda de la foto, vivienda-torre en la Plaza del Cruzadero hecha entre los siglos XV y XVI. Es entonces cuando se reconstruye la población y se funda el Hospital de Santiago Apóstol para pobres y viajeros, iniciativa de Pedro Bermúdez, militar veterano de Flandes y luego prisionero de los musulmanes, quien fue rescatado de una galera por el duque de Alba. Distinguido con el título de castellano perpetuo del castillo de Viana tras las guerras con Portugal, retornó al final de sus días a su lugar de origen, escribiendo la historia de su vida y fundando esta institución hospitalaria que seguiría en activo hasta principios del siglo XIX. Esta es la razón por la que la cercana Villa Rosita (derecha de la foto), quinta dieciochesca extendida a partir de una torre almenada del siglo XV-XVI y restaurada en el XX, sea conocida también como de los Bermúdez, linaje de este fundador.


Por aquí sigue subiendo el Camino.


El jardín de Villa Rosita.


Luego, por la Plaza de Menéndez Pelayo llegaremos a la iglesia y al Ayuntamiento de Castropol. Las vicisitudes de Castropol continuarían, en 1719 sería tomada la plaza por los ingleses, que cada poco realizaban incursiones por la ría, y hubo de pagarse un rescate para que se fueran, al igual que otros pueblos de la costa. Casi cien años después, en la francesada o Guerra de la Independencia ejercería desde aquí sus funciones la Junta General del Principado y se crearía el Regimiento de Castropol para luchar en varios frentes, tal y como recuerda una placa en la Casa Consistorial, construida en 1840 sobre las ruinas del castillo de Fiel y que tiene enfrente la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, erigida tras el gran incendio de 1587 y que conserva en su interior importantes retablos barrocos. Su altísima y picuda torre con reloj, uno de los símbolos y emblemas, no ya de Castropol sino de toda la ría, se añadió en el siglo XX.


Ayuntamiento de Castropol.


Placa en honor del Regimiento de Castropol.



Espectacular torre de la iglesia.


Placa explicativa.


Por allí abajo a la derecha, siguendo la calle del Muelle, podríamos bajar ya hacia el puerto para cruzar la ría en alguna embarcación mejor previamente concertada.


Coquetas callejuelas.


Camino del puerto.


Al norte: Figueras/As Figueiras. Antaño también hubo allí hospital de peregrinos y se cruzaba la ría en lancha.


Ahora el Camino discurre por la parte alta de la población en ruta al Ponte dos Santos.


En Castropol, aunque no hay actualmente albergue propiamente dicho, hay numerosos alojamientos, principalmente en verano.


Y ya vemos el puerto.


A Punta, el extremo norte de la villa castropolense, con Figueras/As Figueiras y sus astilleros al fondo.


Al oeste: Ribadeo. Con buen tiempo lanchas de pescadores y embarcaciones de recreo surcan las aguas, abundando las tradicionales barcas de vela latina y no siendo extraño ver entrenarse las traineras de los tan afamados remeros del Eo.


 En la desembocadura: A Ponte dos Santos, que no de Todos los Santos, como alguna vez se ve escrito. Inaugurado en 1987 y ensanchado once años después para el trayecto de la Autovía del Cantábrico (A-8), cuando se le hizo un paso peatonal a ambos lados. Hasta entonces no estaba permitido oficialmente el paso de viandantes.


El paso del estuario era especialmente temido por los viajeros de antaño, aparte de los precios de los barqueros las condiciones de sus barcas no eran de lo más aconsejable y en esta ría, cuya travesía duraba de treinta a cincuenta minutos, el peligro era patente, así el primero de marzo de 1502, según escribe Antonio de Lalaing, se encontraron con "otro brazo de mar, el más grande y más peligroso de los tres, donde estuvieron en peligro, porque había tormenta y durmieron en Ribadeo, a nueve leguas de Navia".



Por su parte Guillermo Manier lo define como "uno de los sitios más peligrosos y temibles de toda España", relatando sus temores cuando la lancha, amenazada por mar tormentosa, era "como si fuera una pluma, como si bajase a un precipicio (...) que os causa miedos espantables que crees en todo momento que habeis perecido".
 

Otro viajero, Luigi Salandra, vio como su caballo se asustó en la barca y tiraba parte del equipaje que llevaba en la grupa, una maleta con ropa, mapas, reloj y brújula. Se trataba de una lancha de pesca pues al parecer no había de otra clase más óptima para el pasaje en ninguna de las dos márgenes de la ría, mostrándose un tanto escandalizado al relatar que "como no existe muelle, es necesario escorar las embarcaciones para que desciendan pasajeros y animales. Para ello las mujeres que ayudan a la descarga se montan sobre el carel de la lancha y así muestran sus pantorrillas y muslos (hasta más allá de lo que permite la decencia)".




 Con el tiempo, puerto y embarcaciones fueron mejorando y, al inaugurarse las carreteras, los vehículos podían ir de un lado a otro por A Veiga (Vegadeo), obligando a un buen rodeo por lo que el transporte regular de pasajeros funcionó hasta 1987 cuando se inauguró A Ponte dos Santos, que también vemos al norte de esta ría que unos llaman del Eo y otros de Ribadeo, polémica que se reabre de tiempo en tiempo en los medios de comunicación. Oficialmente, pese a que el Instituto Geográfico Nacional se manifestó en favor de la denominación Ría de Ribadeo, en sus mapas se ofrecen ambas versiones.


 Puerto castropolense, donde con buen tiempo abundan terrazas y hostelería, estando allí el club de mar y, al final del todo, los cañones de las antiguas defensas costeras.
 

Ya podríamos disponernos a embarcar, pero existe la alternativa de visitar otros lugares del casco histórico de la población, sobre todo si tenemos la oportunidad de alojarnos en alguno de sus establecimientos.

CASTROPOL: EN EL PARQUE DE VICENTE LORIENTE:


Tomando como referencia la iglesia parroquial de Santiago de Castropol podemos andar unos metros más al sur para acercarnos al Parque de Vicente Loriente con el deseo de conocer elementos muy importantes para la historia del lugar.


Este es el Parque de Vicente Loriente Acevedo, inaugurado en el año 1911 en el Campo del Tablado, donde antes la vecindad se reunía a conceyo,  y dedicado a este emigrante indiano que fue gran benefactor de esta villa.



En medio hay una soberbia estatua dedicada a Fernando Villamil, el marino, investigador y escritor muerto en la Guerra de Cuba, caído con su tripulación ante la escuadra norteamericana en la batalla de Santiago de Cuba en julio de 1898, y que, entre numerosas proezas, realizó la circunnavegación del mundo en la fragata Nautilus, siendo además el inventor del destructor.


El monumento se inauguró a la vez que el parque y es obra del ovetense Cipriano Folgueras.


Trabajo de piedra y bronce.


Una figura femenina al lado del marino simboliza a la patria.


 Un genio alado a un timón y sentado sobre el globo terráqueo corona el cojunto.


En el Parque de Loriente admiraremos el monumental casino-teatro, obra de mediados del XIX y ampliada una planta superior a principios del XX por Juan Miguel de la Guardia.


Es un ejemplo de arquitectura ecléctica e historicista basado en el barroco francés. Restaurado a principio de los años 90 del siglo XX es en la actualidad casa de cultra.


Al lado del Quiosco de la Música nos dirigimos al otro extremo de la plaza, donde hay otro elemento notable.


Al otro lado del parque se encuentra la capilla de Santa María del Campo, fundada por Diego García de Moldes según inscripción de 1461, por lo que se trata de otro superviviente del incendio de 1587.


 Inscripción de 1461.


Otra lápida dice que el santuario de reedificó en 1615 por Pedro García de Moldes y Castrillón, solicitando en su nombre y en el de su mujer doña María Bezera "una misa todos los lunes para siempre jamás" y limosnas, en base a sus bienes y dejando encargados al cura y al juez de la villa se cumpliese esta disposición. Un conjunto de alabastro hecho entre 1440-60 por talleres ingleses representando figuras religiosas es una gran maravilla que guarda el preciado monumento.


Justo enfrente a un paso se encuentra el Palacio de los Marqueses de Santa Cruz del Marcenado, solar también de los Montenegro (siglos XVII-XVIII), cuya torre almenada en picos es otro de los monumentos característicos de cualquier estampa de Castropol.

 

Y algo detrás de la capilla, también entre callejuelas, se halla el Palacio de las Cuatro Torres, casona palaciega de los siglos XVIII-XIX.


Esto son los monumentos, pero desde las quintas pudientes a las viviendas populares, formando bloques y pisos de raigambre marinera, son todas ellas otra delicia para el deleite del peregrino amante de descubrir e impregnarse de la esencia de los lugares por los que pasa, una más de las muchas recompensas del Camino.