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viernes, 25 de junio de 2021

"PLAYAS CERCANAS ORILLAS LEJANAS": DE GUEIRÚA A CALABÓN, EL CASTRO, LA CONCHONA Y AGUADULCE. CAPRICHOS GEOLÓGICOS BAJO LOS ACANTILADOS DE SANTA MARINA (ASTURIAS)


Riberas de Calabón, El Castro, La Conchona y Aguadulce. A lo lejos El Gavieiru (Playa del Silencio)

El Camín de Las Ballotas, el ramal del Camino Norte en Asturias que salva las fragosidades del litoral de Las Luiñas, al oeste del concejo de Cudillero/Cuideiru, por la senda más próxima al mar, siguiendo más o menos fielmente, y en la medida que este se conserva, el antiguo Camín Real de la Costa, pasa tan cerca de las espectaculares playas de este sector como alejado de sus riberas. Esto es, visto sobre el mapa, en muchos lugares apenas separan unos centenares de metros al Camino de ellas, pero extendidas a lo largo de altísimos acantilados se hace bien difícil, en tiempo y esfuerzo, llegar a sus orillas

Gueirúa y La Frocada desde los acantilados al norte de Santa Marina

Una de las más accesibles desde el Camino sería la de Gueirúa, al norte de Santa Marina, cuyo precioso espolón de La Forcada, que la separa de la de Calabón, se ve maravillosamente desde lo alto del acantilado, e incita a bajar a conocerla

Pero bajar desde el acantilado a la orilla del mar ya es más difícil, y eso que hay una escalera que, pegada a la pared del cantil, y con buena barandilla, se descuelga paredón abajo hacia el pequeño embarcadero natural allí existente

Lo que puede constituir un esfuerzo para cualquier persona, porque luego hay que subir, unos 80 metros de desnivel para abajo más otros 80 para regresar arriba, que se dice fácil, es más para los peregrinos que ya llevarán bastantes kilómetros a sus espaldas y aún les aguardan unos cuantos más antes de llegar a Santiago

La bajada a Gueirúa es recomendable pues para aquellos romeros del Camino Norte que, deseosos de conocer esta impresionante costa acantilada, estén en óptimas condiciones físicas y de tiempo, sobre todo si hacen en esta zona etapas cortas y se hospedan, por ejemplo en el cercano pueblo de Santa Marina, disponiendo de una tarde libre

Abajo hay un rincón lleno de encanto, La Casina los Barcos, unos muros de piedra construidos sobre una pequeña plataforma natural rocosa al final de la bajada donde se guardan pequeñas lanchas de pesca de bajura de los vecinos, que tradicionalmente compatibilizaban las labores agropecuarias tradicionales con esta pesca y la de caña, así como el marisqueo

Cuando sube la marea, las lanchas son arrastradas por el cercano xorragal o pedregal de cantos rodados hasta el agua, aprovechando el refugio del fondeadero natural aquí existente. que debió de emplearse desde tiempo inmemorial, si pensamos en la cercana presencia de milenarios yacimientos castreños

Cuando sube la marea el paisaje cambia, las peñas de La Forcada quedan aisladas de tierra y no son tan accesibles y una bajada con escalones hacia ese sector de la playa, o como más adecuadamente se dice aquí, ribera, desapareció con un temporal, por lo que recorrerla, así como otras cercanas comunicadas con esta, se torna difícil por no decir arriesgado

Al camino y posterior bajada desde Santa Marina a Gueirúa le dedicamos toda una entrada de blog. En esta vamos a recorrerla playa hasta la antigua cetárea existente en El Peñón de los Ayos, la peña de La Forcada más cercana a la ribera, así como visitar más allá una serie de playas, o riberas, todas seguidas, cuyo único acceso es prácticamente desde Gueirúa y en bajamares

Por ello es sumamente importante que, si nos decidimos a realizar esta ruta por estas playas indómitas, corta pero intensa, nos cercioremos totalmente mediante una tabla de mareas, no dudando en preguntar a gente que entiende de este mar, en Santa Marina los hay, para saber que la bajamar va acompañarnos en su horario y no vamos a tener problemas con que el Cantábrico nos corte el paso al volver. No sería la primera vez que hay que rescatar a alguien de una playa del norte por no tener en cuenta el asunto de las mareas

También, y aunque sea en bajamar, mejor recorrer estas orillas con buenas condiciones meteorológicas, sobre todo en verano. Días de fuertes vientos, marejadas, etc. no son en absoluto convenientes, tampoco los de lluvia, pues la tierra en algunos puntos arroya formando argayos (desprendimientos), arrastrando incluso a veces árboles y piedras


Por eso, para un peregrino del Camino Norte que lleve ya sus días de caminata a las espaldas, solamente llegar a La Casina los Barcos, donde están las casetas de los aparejos y enseres de pesca, ya es una proeza, porque además hay que subir otra vez, insistimos. Todo forma parte de una acumulación de tiempo y esfuerzo extra para el cómputo general de esta larga ruta jacobea norteña

Si hay pleamar, por lo tanto, prácticamente el trayecto se acaba aquí, lo que no está nada mal tampoco, disfrutando, pongamos por caso, de un maravilloso atardecer, como este, viendo al este hasta los acantilados de El Gavieiru, la más conocida turísticamente como Playa del Silencio, tal vez la más famosa de este sector, a la que también le dedicamos su oportuna entrada de este blog

Pero si hay bajamar y con garantías horarias de durar, y somos tan prudentes como aventureros, es muy posible que gustemos de emprender este, repetimos, corto pero inolvidable periplo por estas imponentes riberas del occidente asturiano


Poco más arriba de La Casina los Barcos y saliendo de las escaleras que vienen aquí, hubo un paso a la ribera que se llevó por delante un temporal, siendo muy complicado y peligroso arrastrar literalmente el culo por una rampa de tierra que quedó en el lugar

Bajar de aquí, donde hay un güinche para arrastrar los chalanos, directamente al pedreru, tampoco es factible, pues recordemos que estamos sobre una gran roca que hace de plataforma y nos podríamos romper la crisma

Simplemente lo que hay que hacer es bajar al xorragal, a la cala de cantos por donde estos chalanos salen a faenar...

Una estaca aquí clavada y pintada de intenso color rojo parece mostrarnos el camino a seguir...

Un canalillo de agua ha horadado la roca tras siglos de erosión y desemboca en el mar: el Ríu Molín, un regato que tal vez ni nos fijemos y nos pase por alto o desapercibido, pero que con su alguna embalsada funcionaron molinos arriba en Santa Marina

Este reguerín cae en cascada por la pared del acantilado al lado de las escaleras, pero apenas se ve, tapado por la vegetación

Llegando al xorragal y ante el paredón acantilado, seguimos a la derecha, hacia el mar

Por aquí empieza pues la parte que se cubre con la pleamar, dando vista de frente, al este ahora, a La Forcada

Los charcos delatan la zona cubierta por las mareas, el flujo y reflujo de las aguas del mar, fenómeno de origen astronómico que tiene movimiento creciente o flujo y movimiento decreciente o reflejo, en las aguas de mares y océanos, causado por la atracción de las masas de aguas por la fuerza de atracción del Sol y de la Luna. Así nos lo explican de bien en Art Surfcamp:

"Hay que decir que las mareas no son uniformes en todas las costas del mundo, ya que además de la posición de Sol y Luna, dependen de las condiciones geográficas de una zona determinada. Por eso existen tablas de mareas que debemos consultar para conocer el nivel de la marea en un lugar determinado y a una hora concreta. Las diferencias están provocadas por la profundidad y el relieve del fondo marino o por el perfil de la costa en un punto determinado.  
Cada día se producen dos pleamares y dos bajamares, ya que cada 6 horas aproximadamente el flujo cambia a reflujo o viceversa. Como esas horas se calculan en base al horario lunar, que dura 50 minutos más que el solar, los horarios de las mareas varían a diario y tenemos que consultar las tablas de mareas (...)"

Las mareas no son iguales en todos los mares, por ejemplo en el Mediterráneo son prácticamente imperceptibles, pero en el Cantábrico, parte del gran Océano Atlántico, son especialmente acusadas. De ello saben bien pescadores, navegantes y marineros desde los remotos tiempos de la navegación prehistórica, y ahora los amantes de deportes náuticos como el surf, pero puede ser una sorpresa, a veces desagradable, para quien no esté familiarizado con ellas, por eso insistimos en comprobar bien y confirmar con exactitud qué marea vamos a tener antes de aventurarnos por estos pedreros

De la misma manera aconsejamos llevar un calzado adecuado para caminar por aquí. Los que están acostumbrados tal vez no tengan mayor problema, pero hay que evitar inesperados tropezones, resbalones, meter el pie en algún agujero, etc. Las lesiones por caer en las rocas, a veces afiladas y casi siempre con protuberancias, de estos roquedos, pueden ser serias y dolorosas, incluso las de aparentemente menor entidad, más aún para quien quiera seguir caminando aún muchos kilómetros 

Por eso, en caso de inseguridad, duda o que no lo vea claro, no se preocupe, reserve sus fuerzas para hacer cómodamente el Camino a Santiago, Si algo tienen de bueno también estas riberas es que desde la distancia y desde lo alto se ven también en toda su plenitud. Más adelante encontrará playas más accesibles, la de Ricabu, similar a estas, o la de La Ribeirona, una de las más turísticas y frecuentadas del ya cercano concejo de Valdés, ambas en este mismo Camín de Las Ballotas

A nuestra derecha tenemos el alto frente acantilado de Gueirúa, por los que crece la vegetación. Están sometidos a una constante presión de las mareas y demás agentes erosivos, que los van socavando, literalmente moliendo, en un gran desgaste que puede hacerse perceptible de año en año

Resumiendo un poco en este caso, las pizarras, más blandas, sucumben antes y la cuarcita resiste más, estos roquedos y sus estratos, así como cabos y puntas como esta de La Forcada, muestran lo que queda de la antigua posición del acantilado, más mar adentro

Es impresionante comprobar cómo coinciden las líneas de los estratos geológicos a lo largo de toda la costa, desde este pedreru a las peñas de La Forcada y aún más allá, hasta los acantilados de El Gavieiru

Si bien no parece en principio tampoco mayormente complicado caminar por aquí, andar entre pozas, charcas, piedras que a veces se mueven y otras son además resbalosas, tiene su intríngulis. Un palo ó bastón puede ayudarnos a tantear y a apoyarnos con mayor seguridad. Nunca pisar encima de mohos y verde, puede ser resbalón seguro

Este es el pequeño acantilado que forma la tarima rocosa sobre la que se hizo La Casina los Barcos. El musgo rezuma y filtra el agua dulce de los regueros y manantiales que caen por el cantil

No sería la primera vez que vemos a gente hacer de esta su refrescante ducha natural. Cuando llueve y hay más caudal se forma una vistosa cascada

Aquí hay quien va por encima y quien va por abajo, hay un carreiro o canal natural a manera de camino entre las rocas, si bien bastante encharcado. Cuidado también al pisar sobre mojado

La Forcada, además de ser un testigo del desaparecido acantilado, es lo que queda de lo que fue una punta cuarcítica que separaba las playa de esta concha

Estas líneas de estratos, comunes en muchas costas y que pueden prolongarse kilómetros, al tener su continuidad con otras en la distancia, es el flysch, esto es, facies o haces de rocas sedimentarias, cuya formación y origen concretos son objeto de estudio. Así es definido en la Wikipedia:

"Los flysch son facies rocosas de origen sedimentario compuestas por alternancia rítmica de capas de rocas duras cohesivas (calizaspizarras o areniscas) intercaladas con otras más blandas friables (margas o lutitas). Esta disposición favorece la erosión diferencial, pues las capas friables son desgastadas con mayor facilidad que las capas cohesivas. Esto hace que las capas duras se queden en resalte y sin apoyo, que así son erosionadas más fácilmente, pero a la vez la existencia de las rocas duras protege a las blandas.

El término proviene del alemán y es relativamente antiguo, creado antes del estudio en detalle del fenómeno que describe. Quiere decir 'fluir', 'deslizarse' o 'terreno que resbala"

Además no se sabe exactamente como fue su proceso exacto de formación, formulándose para ello dos teorías principales, una que eran playas fósiles, y otra turbiditas, un tipo de facies sedimentaria:

Playas fósiles. Esta hipótesis defiende que la formación de los flysch se ha realizado a partir de la sedimentación costera, en un fenómeno parecido a la formación de las playas. Se basaba en el aspecto de la superficie de las capas areniscas en las que aparecen rizaduras, señales que recuerdan a las figuras dejadas por el oleaje en las arenas de las playas. De esta observación se pasó a la conjetura de que debían de ser sedimentos playeros litificados.

Mediante turbiditas. La hipótesis más aceptada es la de la formación de sedimentos en la zonas profundas de los océanos. Estos sedimentos serían los procedentes de las corrientes oceánicas de gran turbidez que discurren por la pendiente del fondo dejando sedimentos llamados turbiditas. Las rizaduras observadas se interpretan ahora como de corriente, no de oleaje"

 En el caso de las corrientes de turbidez o turbiditas, el flysch se formaría de la siguiente manera:

Una corriente con carga de sedimentos se desliza por un talud sobre el fondo abisal del océano excavando una estructura sobre la superficie original del océano o la que ha dejado un episodio anterior de este mismo tipo;

Al disminuir la velocidad comienza la sedimentación del material que arrastra la corriente en diferentes capas ordenadas por las densidades de los mismos. Estas sedimentaciones son de forma laminar;

Cuando la corriente se calma se sedimentan los materiales más ligeros dando forma a las partes arcillosas del conjunto.

Y aparte de los estratos, da la impresión que hasta las formas coinciden en la distancia: aunque mucho menor en tamaño, El Peñón de los Ayos tiene un indiscutible parecido con La Cogol.la, el islote rocoso y también picudo delante de La Punta Nocedal, en el extremo de los acantilados que cierran El Gavieiru

Una definición muy apasionada, y que sin duda os gustará, de lo que es un flysch, es esta de La Gran Escapada: Flysch, el libro de la Tierra. Naturaleza que emociona...

"Es imposible no emocionarse cuando se está frente a él. El Flysch, uno de los mayores tesoros naturales del planeta. Un libro de roca en cuyas páginas están escritos los episodios geológicos acaecidos en la Tierra en los últimos 60 millones de años. La extinción de los dinosaurios, la aparición de los primeros primates, el choque de India con Asia, el intercambio en la polarización de los polos… Increíble, no creéis??"

Hay algo de ouca, llamado en otras partes ocle, algas marinas de arrastre. Antaño se subía a los campos para emplearlo como excelente abono. Por lo general mediante un sistema de cuerdas que evolucionó a poleas. Hoy es extraño ver este uso salvo en costas más accesibles. El ouca se sigue valorando, y mucho, para la industria química y cosmética, pero se recoge en alta mar por empresas especializadas

El acantilado, a la derecha, forma aquí una esquina o vértice, en lo que sería el paso a la Ribera de Calamón, que realmente en la práctica forma una unidad con Gueirúa, sobre todo en estas bajamares

En la distancia La Cogolla y la Punta Nocedal cierran por el este esta gran concha que es una buena sucesión de playas, algunas de las cuales vamos a conocer en esta entrada de blog

Primeramente vamos a acercarnos al Peñón de los Ayos, pues hubo en él una cetárea, cuyos restos queremos explorar antes de seguir a Calamón

Los grandes entrantes de rocas en el mar siempre fueron un peligro para la navegación, si bien con los modernos instrumentos que miden bien longitud y latitud es un misterio la razón de algunos naufragios aquí acontecidos. En la década de 1950, por ejemplo, el barco vasco Bienvenida, naufragó en esta costa por causas desconocidas. Los marineros salvaron la vida y subieron desde aquí a Santa Marina, pidiendo ayuda

De todas maneras, dado el elevado coste que suponía recuperar el barco, este fue dejado aquí abandonado, por lo que los vecinos aprovecharon el pecio, desde la madera y la chatarra a los alimentos, aparejos, maquinaria, etc.

Esta punta es llamada El Barcón Vieyu, no sabemos si en relación a este naufragio, a otro, o a su forma de proa de buque invertida. Separa Gueirúa de otra ribera, que tenemos oculta por el acantilado: Pumarín

Atrás queda ya La Casina los Barcos, con la bajada de Santa Marina desde los campos de Las Terronas, que aguarda por nuestro regreso


Ya en la intersección de las dos playas o riberas, Gueirúa y Calabón, vamos primeramente como hemos dicho al Peñón de los Ayos, el más grande, y el más próximo a la orilla, y comunicado con esta en bajamares, de La Furada


Mirando al este ya contemplamos toda la ribera y su sucesión de arenales, que cuesta un poco discernir realmente donde empieza uno y acaba otro: Calabón, La Conchona, El Castro, Agua Dulce...


Ya estamos ante el pedreru que da paso al Peñón de los Ayos, que castellanizado en Ajos parece aludir a esta planta, pero en realidad podría ser una palabra prerromana vinculada con las aguas, según Xulio Concepción, y según el también filólogo e investigador García Arias con la raíz indoeuropea al (blanco). Popularmente no obstante se dice crecían ajos, ayos, silvestres


Aparte del roquedo, en las bajamares queda al descubierto una pasarela de hormigón que facilita el acceso a la antigua cetárea seminatural allí existente, a resguardo de la peña.  Estas industrias marisqueras triunfaron rápidamente y se extendieron en el siglo XX por todo el Cantábrico con la gran promoción del marisco en la nueva cocina francesa, la cual se extendió por todo el mundo


También en bajamares queda al descubierto un canal natural a la izquierda del peñón, es El Carreiro las Muyeres. Un carreiro es literalmente un camino de carros pero la raíz es realmente otra antigua palabra, kar, roca (de ahí kárstico). Y Muyeres puede ser varias cosas, referirse a mujeres porque mariscasen o se bañasen allí, o a lugar blando, mullido, húmedo o de aguas paradas, entre otros significados, todos ellos compatibles con la idea metafórica de camino de carros o carreiro que ahí se forma


Realmente es una magnífica piscina natural, una poza ideal para el marisqueo. No es extraño que, con las virtudes de La Forcada, se decidiese hacer esa cetárea


Seguimos viendo todos sedimentos, estratos, o líneas del flysch, tomando ahora a pasarela o pasillo de hormigón que nos conduce a la cetárea


Desde él tenemos esta encantadora vista al este de las playas que vamos a recorrer


Calabón en primer término: apreciemos los argayos, fanas o desprendimientos por los que la tierra y la roca caen hacia la ribera, al ir la erosión desmenuzando el acantilado, desmoronándolo literalmente


Más a la izquierda El Castro, La Conchona y Agua Dulce. Recalcamos que no está muy claro dónde empezaría una ribera y dónde otra, incluso los nombres se superponen


Y no dejamos de maravillarnos ante la maravilla geológica delos estratos alineados coincidentes en la distancia


Sea o no sea un efecto visual, no solamente los estratos, sino hasta las formas de las peñas del mar, parecen que tuviesen su correspondencia, a diferente escala, pero su correspondencia


La antigua punta, pizarrosa y cuarcítica, al ser moldeada por el mar, castigando especialmente a la más blanda pizarra, fue labrando todas estas caprichosas formas geológicas


Y aquí nos asomamos a la vieja cetárea del peñón, bien a resguardo en esta diminuta cala que se llena de mar en las pleamares, entrando los mariscos al interior, sobre todo los ricos centollos del Cantábrico, preciado manjar antaño tan abundante como actualmente escaso. Nos encanta este relato, que forma parte de un artículo escrito por Pepe Iglesias en la Enciclopedia de Gastronomía, y titulado precisamente Centollos del Cantábrico, en el que dice:
"Esa carne blanca y jugosa de perfumes sutiles a mar limpia, y ese intenso carro que cuando está realmente bueno supera cualquier bocado por exquisito que se suponga, son para un buen comilón la mejor fiesta imaginable.

Aunque también reconozco que por su aspecto, el primer hombre que se comió un centollo debía tener mucho hambre.

Una amiga mía danesa, cuando vino por primera vez a España y uno de sus muchos admiradores la invitó a comer en una conocida marisquería de lujo, al mostrarles el maitre el centollo elegido para recabar su aprobación, dio un alarido y salió por pies pensando que se trataba de una broma latina de mal gusto.

Cuando le explicamos que era un manjar exquisito, ella, como buena hedonista que era, accedió a la prueba, aunque le costó participar porque cuando devorábamos el carro mojando pan en ese delicioso amasijo de entrañas, sus ojos nos miraban como si estuviese viendo a un tailandés comiéndole los sesos a un mono vivo (no es ninguna gamberrada escatológica de las mías, sino un plato típico de ese país).

Justo es decir, que al poco tiempo Margit, así se llama la danesa, ya era capaz de machacarse el sueldo de una semana en una buena mariscada, recordando con nostalgia aquel perdido amante del que nunca mas se supo, y ahora es ella quien tiene que pagar alguna que otra vez en aquel mismo comedor del que tiempo atrás saliera aullando.

Pero volviendo a los centollos de nuestra costa, y dejando recuerdos eróticos aparte, a mi me parecería mucho mas razonable que las portadas de los diarios informasen a bombo y platillo que este año en enero, o sea al principio de temporada, los centollos están como nunca de precio y calidad"

Lo cierto es que aunque algunos intrépidos se meten allá, aventurarse por estos peñascales puntiagudos y de finas aristas no es tarea fácil para los legos en artes mariscadoras, por lo que decidimos no descolgarnos por la pared de la peña y menos meternos centro de la vieja cetárea


Más allá de la entrada a la cetárea asoma una de los picudos peñascos de La Salguera


Volvemos así prontamente a la pasarela de la cetárea, fijándonos ahora en la vista que se nos ofrece al este, por donde hemos venido


Ahí está el acantilado de Gueirúa con El Barcón Vieyu y La Casina los Barcos. Nuestro bajada a esta playa


Si nos fijamos veremos por donde iba la comunicación directa al gran xorragal de esta ribera de Gueirúa desde las escaleras que bajan por el acantilado


En esta foto vemos arriba a la derecha las escaleras. Un poco más abajo salía de ellas el ramal que venía hasta aquí, el cual se ha deshecho en un buen tramo, siendo durante unos pocos metros muy críticos una pared de resbalosa tierra bastante peligrosa, complicada de bajar, arrastrando el culo diríamos hasta los escalones que vemos al final, y dura de subir, pues habría de hacerse trepando, casi escalada. Si no lo reparan no sería agradable el brete de vernos por ahí...


A la derecha vemos de nuevo El Carreiro las Muyeres. A lo lejos asoma otro peñón de caprichosas formas


El Peñón de Pumarín, que daría paso a la playa de este nombre, de muy difícil acceso desde Santa Marina


Detrás asoman un poco otras peñas: Los Cabritos


En esta costa hay realmente verdaderas playas aisladas, casi inaccesibles desde tierra y complicadamente desde el mar, y por lo tanto muy escasamente transitadas


Vamos hacia Calabón. En la información sobre Gueirúa según cada fuente se dice algo diferente de esta hermosa sucesión de playas: unos dicen "playa en forma de concha de 150 m de longitud", pero naturalmente si le añadimos esta gran ribera de Calabón y las demás, con la que está comunicada, tal vez habríamos de añadirle entonces un kilómetro más. Por ello otras guías lo resuelven con la frase "conjunto de playas del núcleo de Santa Marina"


Y por ejemplo, de esta de Calabón, en la Guía de las Playas de Asturias de la Gran Enciclopedia Asturiana leemos:
"Una de las cinco playas situadas en la bella ensenada formada por la punta del Nocedal, las otras son la playa del Silencio, la de la Ribera del Molín, la del Castro, y la de la Gueirúa, todas con características muy similares, playas acantiladas formadas por rocas y cantos rodados y con un difícil acceso peatonal" 

Pero, si algo tiene Calabón, es arena, la envidia de sus compañeras, suelo blando donde es común ver toallas extendidas, si bien la gente, más que tomar el sol, primeramente se siente atraída en muchas ocasiones por explorar este impresionante paraíso marítimo y portento geológico


Un frente acantilado, en medio de la foto, separa esta ribera de la del Molín, a la que se accede mejor desde El Gavieiru, cuyos acantilados de la Punta Nocedal asoman por el este cerrando la ensenada


Dice la leyenda que en el islote de La Cogolla, frente a la Punta Nocedal, hay escondida una ayalga o tesoro mitológico de los moros o mouros, los antiguos, paganos o precristianos, en el sentido tradicional del término. Ello causó que no pocos fuesen allá, excavando infructuosamente para encontrarlo: eran los ayalgueros, yalgueiros o chalgueiros, que llegó a ser un oficio cuyos últimos profesionales existieron hasta no hace aún  mucho tiempo


Alrededor hay otras peñas, como La Sarna y La Sarnina, muy perceberas. Dice la tradición que en La Sarna brotaba un manantial de agua dulce y que los marineros aprovechaban para beber allí. No es frecuente pero tampoco extraño el que surjan manantiales en las peñas, e incluso fuentes submarinas de agua dulce


Recordamos que un tramo de esta playa se llama El Castro, topónimo que se repite en otra de este concejo, además de innumerables lugares, el cual hace alusión a recinto fortificados, sin duda relacionados con estas playas que tan ricas fueron, y en parte siguen siéndolo, en pesca y mariscos


No es nada descabellado además que, milenios atrás, estas ensenadas fuesen pequeños puertos naturales de comercio o comunicación marítima de cabotaje, pues pese a los peligros de corrientes y bajos, los caminos de la mar eran más rápidos, e incluso más seguros a veces, que los de las abruptas Ballotas


Impresionante tajada vertical de un cantil, también mostrando sus estratos. Según la Enciclopedia del Paisaje de Asturias, de La Nueva España, pueden llegar en esta parte a los 85 metros de altura


Según dicha enciclopedia Calabón mide de largo unos 520 metros, entendemos englobe en ello a El Castro y Agua Dulce. En ese aspecto tal vez Calabón sea un aumentativo de cala, una gran cala bastante accesible por mar, con cantos y arena, buen suelo para el arrastre de pequeñas barquichuelas. También puede ser un aumentativo de carba, zona de matorrales y monte bajo, u otro topónimo vinculado con la raíz indoeuropea kal o kar, como podría serlo Calabónsegún consultamos de nuevo en Toponimia Asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, de García Arias:

"Una expansión de *KAL-, *KAR- alusiva a la dureza semejante a la de la piedra la encontramos en ast. calamaya ‘cabeza’; también en calamona ‘cabeza del cerdo’. Lo mismo calamocha ‘cabeza del cerdo’, caramiella ‘cabeza del cerdo’, calancha ‘hueco pequeño en la roca’, calabexu ‘cabeza’, etc.

En Asturias, país abundante en piedra, tendríamos muestras toponímicas de esa antiquísima palabra, preindoeuropea quizá, en algunos lugares..."


En cuanto a la ribera de El Castro, no deberíamos de confundirla, buscando información, con la cercana de Castro, como hemos dicho. Sería también llamada La Conchona, si bien este aumentativo de concha parecería más lógico que fuese para toda esta sucesión de playas o riberas. La Gran Enciclopedia del Paisaje de Asturias le da 250 metros de larga


Como es natural en el orbe cantábrico, la cima del acantilado está plantada de arbolado maderable, o papelable, en este caso de pinos. Mientras estén allí es posible que asienten un poco el terreno ante la fuerza de la erosión. Se sabe antiguamente que se aprovechaba para pasto hasta el mismo borde del despeñadero


Peñas y roquedos que afloran en la superficie suelen ser referencias para separar, teóricamente, uno de otro arenal, ribera o xorragal. Aunque insistimos, aquí los nombre de los mismos se solapan, intercambian o superponen, incluso según cada informante, siendo lo habitual en estos casos en los que, en la práctica, es todo una sola orilla


A pesar de lo que dicen muchos versos y canciones, es bueno que el caminante vuelva a veces la vista atrás para no perderse detalle de estos magníficos paisajes marítimos


Así vemos toda la línea de peñones de La Forcada por su cara este


Primeramente El Peñón de los Ayos, de donde venimos (más allá el de Pumarín)


A su derecha tenemos el grupo de La Salguera, con sus estratos afilados y alineados casi a la perfección. Salguera, que literalmente en Asturias sería monte o lugar de sauces, pero aquí más bien aludiría, pensamos, a salitre o salmoria. A continuación las de El Salto, que literalmente es una cascada de agua, en este caso el salto de las olas al chocar con la roca. Al lado Los Prietos alude en su nombre al color prieto, oscuro

Más adelante, Las Marinas no ofrece dudas, peñas del mar, marinas. No deja de llamar la atención que esté enfrente del pueblo de Santa Marina, en principio llamado Cándano, como sigue conociéndose a uno de sus barrios. La presencia de una capilla, dedicada a Santa Marina, hizo que fuese denominado generalizadamente de esta manera


La más exterior es propiamente La Forcada, que da nombre a todo el grupo y  es un topónimo muy habitual em Asturias, tanto en el monte como en el valle y el mar, en accidentes geográficos como en núcleos de población, siempre con varias acepciones. En el Diccionario Toponímico de la Montaña Asturiana el filólogo Xulio Concepción dice:

"Una forcá, forcada, es en asturiano un palo bifurcado, en horquilla, con dos gayos, para varios usos rurales como utensilio de trabajo. Y una forca es una horca. En usos toponímicos puede tener barios sentidos, siempre como bifurcación del terreno: lomas, peñas, arroyos, valles..." 

Pedreros, arenal y cantos, de todo tenemos en La Conchona o El Castro. Las rocas picudas y alargadas son llamadas también comúnmente bolos, A veces llegan a formar verdaderas columnas labradas por las olas


Y volvemos a maravillarnos con las similitudes de estas formaciones rocosas independientemente de su tamaño, no en vano están todas hechas por el mismo taller, el taller del Cantábrico


A nuestra derecha una gran fana o argayu. Si los accesos directos a estas riberas desde los campos de la rasa son complicados, se hacen aún más difíciles a causa de estos muy frecuentes desprendimientos. En Las Ballotas las montañas, sierras de Troncéu y Las Palancas, por las que va el otro camino, el también llamado Camín de los Vaqueiros, se precipitan literalmente sobre el mar en estas fragosas riberas, tal y como estamos viendo


Vamos acercándonos al final de esta concha: según avanzamos reconocemos peñas que hace un momento estaban camufladas por los acantilados del fondo. Al cambiar de ángulo tenemos nuevas perspectivas, pues recortan su silueta en el horizonte, ante el mar y el cielo, reconociéndolas perfectamente bien ahora


Destaca sin duda El Candanón, cuya cima se yergue unos 16 metros sobre el mar, frente a la desembocadura del río Cándano. Su raíz lingüística es el cande, blanco, que en toponimia suele aplicarse al nombre de rocas claras, según leemos en el Diccionario toponímico de la Montaña Asturiana de Xulio Concepción

Por su parte Xosé Lluis García Arias, en Toponimia Asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, dice: 
"El lat. CANDIDUS, A, UM ‘de color blanco’  pudo tener, en su paso al asturiano, un doble comportamiento; de un lado el más general con mantenimiento de la postónica dando lugar a resultados del tipo *candiu, *candia que pervivirían en el adj. candial ‘de buena calidad (especialmente el pan, el trigo)’, ‘cariñoso (un individuo)’.(...) 
Pero, al mismo tiempo, debió de haberse producido la tendencia a la pérdida de la postónica dando lugar a realizaciones CAND(I)DUM > *candu.(...) 
Sobre el ast. *candu seguido de un sufijo átono, el prerromano átono -ANU con las variantes -ALU, -ARU, el apelativo cándanu, cándalu o cándaru ‘rama seca y blanquecina’ y por extensión ‘persona alta y delgada’. De igual modo, el femenino cándana ‘caña grande y seca especialmente cuando queda algo blanca por haberse quemado’. 
Con esta propuesta no creemos que sea necesario, para justificar los topónimos que siguen, acudir a una explicación céltica, aunque en este idioma es posible *KANDO- ‘blanco’ palabra emparentada no sólo con la latina candere ‘arder’ sino con otras de raíz también indoeuropea"

Las formas de estas conchas, estos semicírculos tan frecuentes en Asturias, inspiraron el título de los versos de Xuan Xosé Sánches Vicente, De reidores costes, esto es, costas que parecen en su forma emular sonrisas


Un precioso paseo por la arena, más cómodo que hacerlo por los montones de cantos, cuyas suelan cuando se hunden en ellos provocan un sonido de pasos que recuerda al que hace la resaca marina cuando los arrastra, amplificado en este anfiteatro natural que forma el acantilado


Aquí pisamos los cantos, mientras descubrimos que en torno a El Candanón hay otras peñas; Las Gamallas. A su izquierda en concreto es María Gamallas


No deja de ser llamativo el nombre propio de María para una de esas peñas, lo que podría darnos para no pocas elucubraciones. En cuanto a Gamallas o Gamaya, da una excelente lección etimológica García Arias en Toponimia Asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos
"Se duda acerca de la etimología de gamón ‘Asphodelus albus’ (DCECH s.v. gamón) pero no juzgamos muy acertada la propuesta de García de Diego (35 p. 119) que parte de CAMBA o GAMBA dado que, en asturiano, aunque no imposible no es habitual la asimilación MB > m. Nos parece que para averiguar la filiación etimológica de gamón sería mejor acercarse a palabras que presentan un, al menos, aparente parentesco fonético y semántico como gamayu y gamachu o gamacha ‘rama desgajada’, gamacha ‘vara verde y delgada’, esgamachar ‘desgajar ramas’, esgamotar ‘cortar las cañas’.

A nuestro entender son palabras que han de explicarse desde el lat. CALAMUM ‘rama’, ‘púa’ (EM) responsable del ast. cáramu ‘rama que se seca en el árbol’. Desde CALAMUM —> cáramu hubo dos posibilidades evolutivas según que se perdiera o no la -R-, de ahí gamu ‘palo con un gancho para la pesca’ y garmu ‘vara seca y fina del árbol’. A su lado ha pervivido la variante femenina garma ‘terreno pendiente y peligroso’, ‘precipicio’, ‘saliente de una roca’. Probablemente al lado del citado cáramu se dio la correspondiente variante *cárama que hoy vive en el diminutivo garameta ‘zarza’, documenta en nuestra Edad Media como mote “Iohan garameta” (DMB a. 1290, p. 136), y que pervive toponímicamente en Los Garamateros (Xx).

Del diminutivo *CALAMACULUM se formó *CA(R)AMACULUM > *camayu —> gamayu ‘caña’. Al mismo tiempo sobre CALAMUM fue posible el verbo *CALAM¯ARE —> *caramar que admitió, lógicamente, una variante *ga(r)amar que explica el ast. gamar ‘alcanzar’. Son compuestos encaramar —> engaramar ‘subir’, y *agalamar —> algamar ‘alcanzar’, ‘conseguir alzando la mano"

En teoría y dentro del bloque de topónimos de estas riberas, llegamos a lo que sería Agua Dulce, cuyo topónimo se solapa con otro similar existente más allá de Pumarín que viene a significar lo mismo Aguaduz. Son, como su nombre indica, lugares de agua dulce, donde hay manantiales o donde desembocan algunos regatos


Aunque en bajamar hemos visto que algún pescador intrépido pasa, brincando entre las peñas hacia la playa situada al otro lado, La Ribera del Molín, no lo aconsejamos para nada: si deseamos visitar esa playa mejor lo hacemos, en bajamares como esta, desde El Gavieiru o Playa del Silencio, para lo que recomendamos también nuestra entrada de blog dedicada a esta ribera


Pero sí que vamos a aprovechar para contemplar esta maravilla geológica que tenemos a nuestros pies, formada por pizarras grises y cuarcitas


Fijémonos lo que hace el mar, cómo moldea la ola estas formas y socavones, como cuevas a lo largo


Maravillosas formas rectilíneas y variedad de colores, diferencias cromáticas de las cuarcitas blancas, areniscas amarillas y pizarras grises en una misma amalgama..


Y al fondo, el extremo del acantilado que cierra este frente ribereño


Vegetación y señales de algunos derrumbes, la prodigiosa obra de la naturaleza, la gran artesana del paisaje


Y todo el gran pedreru al descubierto en la bajamar... paraíso de mariscadores


Vamos a mirar ahora hacia el mar, según emprendemos el regreso...


En medio del mar, un islote: La Caldeirina, otro curioso nombre, que parece un diminutivo de caldeira o caldera, por alguna forma de caldero que tiene o tuvo en su momento, o de horno o caldera, o zona cálida o de aguas cálidas, o variante de un diminutivo de calada (mojada) o mismamente de cala, o también, de nuevo la raíz preindoeuropea kar o kal para piedras y rocas


Más allá, unos peligrosos bajos o bajíos, Las Arenosas, delatan en su nombre que además de rocas pueden formarse bancos de arenas


Y más allá de nuevo La Forcada, posiblemente la referencia visual y geográfica más acusada de esta serie de playas o riberas


En la distancia parece la parte inferior de una dentadura, con sus incisivos, caninos y molares: los incisivos serían los peñascos de La Forcada, los exteriores; los caninos los colmillos de El Salto y Los Prietos y La Salguera los primeros molares


La forma de los caninos o colmillos es innegable, como los de un vampiro...


Los primeros molares...


Y los segundos y terceros molares... la dentadura completa


Por eso es importante tener y confirmar bien la tabla de mareas, para confirmar que no tendremos problema con el inicio de la pleamar al volver, pues hay que hacerlo por el mismo sitio...


Podremos aprovechar para ver cosas en las que antes no habíamos reparado o apenas...


Descubrir nuevas formas en los cantiles o los roquedos...


Los cuadros, como pintados al óleo, al aceite que se desparrama y arroya, de cuarcitas, areniscas y pizarras...


La misma concha, vista hacia el oeste...


La Forcada, con su forma que también se asemejaría a una sierra o serrucho...


El ruido de nuestros pasos pisando los cantos...


Los grandes roquedos que dividen las diferentes partes de la playa y sus nombres...


Y el suave pisar sobre la arena de Calabón


Pisando, efectivamente, sobre nuestras mismas huellas...


Territorio Virgen, sin apenas gente y que carece de servicios. No son playas para bañarse dando brazadas y nadando alegremente, pues el fondo está lleno de picudas y salientes rocas: sus encantos son otros


La magnificencia del paisaje, la casi total soledad y todas las impresiones que ello conlleva. Donde a veces el tiempo parece detenerse y todo yace en reposo, ajeno de inquietudes


Ajenos de inquietudes, pero siempre pendientes, insistimos mucho, de las mareas, dueñas y señoras de estos parajes, que han moldeado a su antojo durante el transcurrir de los milenios...


El Peñón de los Ayos y el de Pumarín nos sirven de referencia para reconocer a simple vista el paso de Calabón a Gueirúa


No nos cansamos de observar sus recortadas formas...


Filigranas labradas en roca por el Mar Cantábrico


Mar Galo, Mar Celta, Mar Tenebroso, llamado de muchas formas desde los geógrafos de la Antigüedad clásica, que daban cuenta de antiquísimas rutas marítimas, e incluso de grandes migraciones, fundamento de ancestrales leyendas sobre el origen y fundación de pueblos y países enteros 


Por eso a veces se decía de estas lindes costeras que "hacían frontera, mar por medio, con Inglaterra"


Ya pasando El Peñón de los Ayos con su cetárea estamos de nuevo en Gueirúa


El paso por el pedreru está libre: haremos pues el mismo trayecto hacia La Casina los Barcos


No obstante, si no es a la ida puede ser a la vuelta, podremos acercarnos al antiguo paso desde las escaleras a Gueirúa, por si lo hubiesen reparado


Priemro unos escalones, luego una pared de tierra, luego algo de piedra suelta... no es mucha la altura pero sí el desnivel: habría que trepar prácticamente, riesgo de resbalar a cada paso. Hubo en tiempos una cuerda para ayudarse a ello, pero ha desaparecido, no siendo tampoco aconsejable, si estuviese, tirar de ella con todo nuestro peso

Para bajar, al menos mientras esté así, peligraría nuestro trasero. Por ello mejor vamos a la derecha


Posiblemente nos apetezca refrescarnos en nuestra ducha natural...



Y seguir admirando todas estas impresionantes por lo bellas vetas geológicas...


El arte de la naturaleza siempre ante nosotros en exposición permanente


Al final del roquedo volvemos a ver el xorragal del embarcadero y subimos a la izquierda al pie del altísimo acantilado


La plataforma rocosa sobre la que se asientan La Casina los Barcos y las casetas de los apareyos de pesca


Por aquí, toca ahora subir toda la escalera, peldaño a peldaño, hasta lo alto del cantil, más luego la cuesta de regreso a Santa Marina


Pero siempre admirando esta maravilla del paisaje en este litoral, que podemos conocer desde el Camín de Las Ballotas, al que ahora regresamos...


























































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