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sábado, 11 de abril de 2026

AL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA POR LA NAVE CENTRAL, LA CAPILLA DE LAS RELIQUIAS Y EL PANTEÓN REAL: AL SON DE LAS CAMPANADAS DE LA BERENGUELA

La Torre de las Campanas y la Torre de la Carraca desde el claustro de la catedral de Santiago

Este es el claustro de la catedral de Santiago de Compostela, joya del arte de transición entre el gótico tardío y el renacentista que se extiende por el costado meridional de la catedral, ocupando una importante extensión al sur de la nave central, al pie de las torres barrocas de las campana y de la carraca y entre la portada occidental de la catedral (Pórtico de la Gloria -Praza do Obradoiro-) y la portada sur o de As Praterías. Tal y como vemos en el plano que compartimos seguidamente:

Plano de la catedral de Santiago de Compostela

El claustro de catedrales y de monasterios es un espacio fundamental, pues en ellos se hallan buena parte de las dependencias de los monjes, tanto las propias, las celdas o habitaciones, casi siempre en la planta alta) como las comunes, estas por lo general en la planta baja, así como las de buena parte del personal a su servicio. También es un espacio de tránsito y meditación para los canónigos, no pocos de los cuales, además, apenas salían del recinto catedralicio. Asimismo eran lugar de enterramientos de los religiosos y también de personalidades de estirpes linajudas e influyentes que deseaban enterrarse en suelo especialmente sagrado, algunas fundadoras de capillas y panteones catedralicios, otras patronos de la catedral y algunas familias de prelados y demás autoridades eclesiásticas

La Catedral de Santiago. Breve descripción histórica por José Vila-amil y Castro con la planta y un diseño iconográfico (1909)

Sus pasillos o pandas forman un cuadro de distribución de todas estas instalaciones, que van desde la sala capitular o de reuniones a las cocinas, pasando por el refectorio o comedor comunal, el scriptorium, archivo, biblioteca, lavabos, locutorio y cuanto se precise según cada caso y época. En este plano vemos efectivamente el gran cuadro del claustro catedralicio compostelano (a la derecha) y el terreno que ocupa en relación a las demás partes del templo

Tomando como referencia la gran nave central del templo de la catedral de Santiago, visto desde su acceso por la fachada occidental (Praza do Obradoiro) una vez traspasado el Pórtico de la Gloria, obra magna del maestro Mateo que asumió con su equipo las obras finales de la catedral románica, el acceso al claustro quedaría a nuestra derecha en la llamada nave lateral sur o nave de la epístola, teniendo nosotros de frente la nave mayor, que va de frente al altar mayor, donde se encuentra el baldaquino con la venerada imagen del apóstol Santiago, ante el crucero o donde estas naves se cruzar con la del transepto formando la cruz latina de la planta de la iglesia catedralicia

A nuestra izquierda la nave lateral septentrional es conocida como del evangelio, por ser ante ella, a este lado del altar mayor, donde se leen los evangelios. De la misma manera que la parte de la epístola, para nosotros desde aquí a la derecha, es donde se leen las epístolas (cartas canónicas) en la liturgia. Al fondo se encuentra el transepto, la nave perpendicular a esta que, al cruzarse en el crucero, ante el altar mayor o de Santiago, forman la enorme planta de cruz latina del templo. Más allá está la cabecera, rematando esta nave central, de 97 metros de longitud y cuya bóveda de cañón está dividida en diez tramos, separados por arcos fajones, más el que forma en ángulo con las naves laterales de los brazos del crucero


Mirando atrás, vemos la parte posterior del Pórtico de la Gloria, cuya finalización señaló la consagración de la catedral por el arzobispo Pedro Muñiz con presencia del rey-patrocinador Alfonso IX en 1211. Al fondo son las puertas de la fachada dieciochesca de Fernando de Casas Novoa que forma parte de la gran estructura barroca que encapsuló a la catedral románica

Pórtico de la Gloria con la nave mayor: a la derecha la de la epístola y a la izquierda la del evangelio

Estas puertas están por lo general cerradas y el Pórtico ya no es accesible directamente desde la escalinata de la Praza do Obradoiro ni desde esta nave mayor o central -ni acceder directamente del Pórtico a esta y al altar-, puesto que, con la idea de evitar las consabidas aglomeraciones referentes a sus rituales (imposición de manos en el parteluz de este arco central y coscorrón en la cabeza del Santo dos Croques) de las que damos cuenta en la entrada de blog pertinente, así como de preservar sus esculturas y policromías tras la restauración, ha sido integrado dentro del espacio museístico de la catedral, al que solamente se puede entrar adquiriendo el correspondiente pase y sin posibilidad de hacer fotografías


De esta manera, si bien se ha conseguido preservar esta maravilla del maestro Mateo, la misma ha quedado sumamente descontextualizada y apartada del resto del espacio de paso libre de la catedral, desapareciendo las sensaciones, más allá de los mencionados rituales, que suponía la simbólica entrada desde O Obradoiro contemplando las grandes naves de la iglesia con el altar apostólico


En la base del parteluz está el Santo dos Croques, uno de tantos 'santos populares no canonizados', en cuya cabeza era tradición darse un coscorrón, en gallego 'croque', para que nos trasladase su sabiduría ya que, según la desaparecida inscripción de Architectvs de su cartela, esta sería una representación del famoso arquitecto Mateo mirando hacia el altar mayor, ante el que estaba otra de sus obras, el desaparecido coro de piedra, hecho posteriormente al Pórtico de la Gloria. A sus pies se encuentra la tumba del citado prelado Pedro Muñiz que consagró la catedral


Hay además en este suelo varias tumbas más de prelados posteriores


Arriba está la tribuna, donde el maestro Mateo simbolizó el tercer nivel de la fachada occidental de la catedral, el del cielo o la gloria, de la misma manera que el Pórtico de la Gloria es una alegoría del Apocalipsis y Juicio Final con la salvación y la condenación y, debajo, la cripta, lo es del mundo terrenal. Allí se habría situado el monarca Alfonso IX con su familia y séquito asistiendo a la consagración, como parte de eje sagrado con sus símbolos y esculturas, del que nos cuentan así en Románico digital:
"La tribuna: un espacio cósmico para la manifestación del monarca 

Ocupando su lugar en la tribuna, sobre un estrado construido expresamente para esta ocasión, la figura del rey de León se elevaba a una dimensión cósmica y escatológica situándose en el eje vertical que articulaba toda la estructura del Pórtico, como si fuese un eslabón vivo en la genealogía regia que partía de la raíz de Jesé. En esta aula siderea se vería inmerso en un conmovedor entorno visionario en el que la Ciudad Santa se hacía presente a su alrededor en una multiplicidad de imágenes, transfigurándose en las diferentes formas en las que había sido “imaginada” sobre el pergamino, tanto en su alzado vertical, donde el monarca se manifestaba en el espacio celeste iluminado por el Cordero, como en su percepción topográfica global que se extendía ante sus ojos en la planimetría del coro dispuesto en la nave central. “Et después que el rey et la Reyna estudieren en el balcón en sus estrados”, continúa el Libro de la Coronación, “los cantores comiençen el officio de la misa”. En ese momento los cánticos polifónicos procedentes del coro inundarían todo el templo anticipando el “canto nuevo” de la Jerusalén celeste que las efigies pétreas de los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis se disponían a interpretar para la eternidad. Trasportado por esta experiencia sensorial sinestética, el monarca podía abandonarse al sueño de la contemplación emulando a personajes como san Juan, Virgilio, o la propia figura del sapiens architectus".

La tribuna o triforio se extiende en realidad sobre las naves laterales a lo largo de toda su extensión hasta el crucero, continuando posteriormente por las del transepto. El historiador Jesús Manuel García Díaz, nos ofrece una cuidada y amena guía de la misma, pues además de sus elementos artísticos y arquitectónicos propios guarda restos arqueológicos del edificio antiguo, en su trabajo Un recorrido por el triforio de la Catedral de Santiago, con cuidados textos y fotografías:

"Se trata de un paseo por un espacio sagrado y como tal, lleno de simbolismo. Esta carga simbólica se concentra de manera especial al inicio, porque este tiene lugar en los tres niveles que completan el significado del Pórtico de la Gloria. Es decir, la ruta comienza al nivel del pavimento de la Praza do Obradoiro, en la cripta del pórtico, un espacio interesante, oscuro, que representa el mundo humano, mundo y tiempo caducos en el que nos movemos, en el que transcurre nuestra vida. Aquí adquirimos las entradas y la visita comienza en una puerta lateral que, por una escalera, nos permite ascender a la luz, al pavimento de las naves de la basílica, donde se halla el Pórtico de la Gloria. Dejamos el mundo caduco para llegar a la escena del Juicio Final que a punto está de comenzar en este nivel".

Y es que la tribuna, o tribunas podríamos decir, eran empleadas para alojar a los fieles en momentos de gran afluencia de gentes, incluso para dormir, pues hasta 1521 no había puertas en el acceso a la catedral por el Pórtico de la Gloria pero, además, daban una solución arquitectónica práctica a este esta estructura interior catedralicia, esta ya plenamente románica, de cubierta de bóveda de cañón sostenida por arcos fajones, los cuales a su vez reposan en estos poderosos haces de columnas, con arcos de medio punto intermedio, que separan la nave mayor de las laterales. Nos lo explican de manera impecable en catedraldesantiago/online:

"Las tribunas de la Catedral de Santiago de Compostela tienen su origen en la concepción románica del templo, donde estos espacios elevados cumplían múltiples funciones. En la Edad Media, las tribunas ofrecían un lugar de descanso a los peregrinos que, tras completar su camino, pasaban la noche en la catedral, ya que esta permanecía abierta durante todo el día y la noche. Este uso práctico llevó al empleo del famoso Botafumeiro, que purificaba el aire del templo, marcando el inicio de una tradición que perdura hasta hoy. 
Además de ser un refugio para los peregrinos, las tribunas jugaban un papel arquitectónico crucial: reforzaban la estructura de la bóveda de cañón de la nave central y permitían la incorporación de ventanas para iluminar el interior de la catedral, otorgándole una luminosidad inusual para su época. En las crónicas medievales, ya se destacaba la singular claridad del templo, en gran parte gracias a estos elementos".

Las tribunas pues, tienen un papel esencial tanto en lo relativo a la arquitectura como a la funcionalidad de la catedral, el cual ha ido evolucionando hasta nuestros días integradas dentro del espacio museístico catedralicio:

"En la actualidad, las tribunas de la catedral han ampliado su función más allá de la histórica. Además de ser un atractivo turístico clave, estas áreas sirven como depósito para el museo de la catedral, albergando objetos y colecciones que no se exponen regularmente. También son el espacio desde donde se toca el órgano, cuyas imponentes tuberías decoran la nave mayor. 
El acceso a las tribunas permite a los visitantes no solo conocer su relevancia histórica y arquitectónica, sino también disfrutar de una perspectiva única del templo, con vistas privilegiadas a los detalles estructurales y decorativos. Este recorrido conecta el pasado con el presente, destacando la continua evolución de la catedral como espacio espiritual, cultural y patrimonial".

Foto: Siente Galicia

Esta gran nave central se habría rematado luego de la muerte del arzobispo Diego Xelmírez, el gran impulsor de unas obras que habían quedado paralizadas/ralentizadas desde que el obispo Diego Peláez, quien las inauguró en 1075 con el apoyo de Alfonso VI, fuese depuesto en 1088. Estas obras finales estuvieron amparadas por Fernando II dada la escasez de medios y presupuesto del cabildo catedralicio para asumirlas

Sería su hijo Alfonso IX como hemos dicho el destinado a asistir a la consagración tras contratar al gran maestro Mateo, cuyo desparecido coro de piedra ocupaba los cuatro tramos de la nave frente al altar del apóstol, retirado en el siglo XVII para sustituirlo por un coro de madera, retirado este a su vez en 1946 para conseguir un gran espacio diáfano y libre ante dicho altar, tal y como lo vemos ahora. Aquí sí que destaca la gran obra románica de la catedral donde trabajaron el maestro Mateo y su equipo o taller obrador u 'obradoiro' -de ahí el nombre de la actual plaza y, antes que él:
-Bernardo El Viejo (1075-1078), que según el Codex Calixtinus -la gran guía del peregrino medieval- era normando y sería el primer constructor, junto con Roberto, de la obra románica también bajo el arzobispo Xelmírez, sobre todo la girola en torno a la capilla mayor, que vemos al fondo

-Maestro Esteban (1088?-1100), maestro de obras también con el arzobispo Diego Xelmírez, que restauró los canecillos de la capilla axial de la cabecera y esculpir la fachada de la Praza das Praterías, posiblemente con otros maestros pues, tal y como dice la Historia Compostelana:
"comenzó a restaurar lo destruido, conservar lo restaurado y conducir lo conservado no sin mucho trabajo, a estado de perfección"
-Bernardo El Joven o El Tesorero (1100-1140), tal vez hijo o nieto de Bernardo El Viejo y profesional de varias materias pues aparte de arquitecto era escultor, pintor, mecánico, calígrafo y diplomático, colaborador del arzobispo Xelmírez, de quien era tesorero y con quien recuperó los parados trabajos catedralicios desde que el maestro Esteban se fue a Pamplona a las obras de su catedral y que según algunos podría ser su padre, y este a su vez el hijo Bernardo El Viejo. Se afirma que más que director fue administrador y se le atribuye la antigua fuente de Santiago, destruida en el siglo XV y sustituida por otra en la Praza das Praterías
Foto: Centro Virtual Cervantes

Antes habría estado aquí la basílica, sensiblemente más pequeña, que en estilo asturiano prerrománico consagró el obispo Sisnando I en 899 en presencia del rey Alfonso III El Magno con su familia y séquito, rey que habría mandado edificarla veinte años atrás para dignificar un primer santuario cuya fundación, ya más envuelta en una nebulosa que une historia y leyenda, habría auspiciado Alfonso II El Casto hacia 830 con el obispo Teodomiro de Iria Flavia allá donde el ermitaño Paio habría descubierto la que se tiene por tumba del apóstol Santiago con sus discípulos Anastasio y Teodoro

Foto: Catedral de Santiago

Allí estaba su edículo funerario, formando parte de una necrópolis sueva superpuesta a su vez a otra romana. La basílica de Sisnando I y Alfonso III sería arrasada por el ataque de Almanzor un siglo después de su consagración, así como toda la ciudad salvo precisamente la tumba del Apóstol. Tras ello, habría una primera básica reconstrucción con el obispo San Pedro de Mezonzo apoyado por Bermudo II, pero hasta 1075 con los citados Diego Peláez y Alfonso VI no se emprendería la construcción de un gran templo dentro de los cánones del arte que imperaba ya en Europa: el románico


En el subsuelo de la catedral pueden verse y visitarse todos los restos y cimientos de edificios previos y de la necrópolis, sacados al descubierto en campañas de excavaciones arqueológicas efectuadas en los siglos XX y XXI, de los que nos habla el historiador y arqueólogo jacobita Manuel Chamoso Lamas en su Guía de Santiago de Compostela:
"En estos ámbitos soterrados pueden verse restos de las anteriores construcciones, primera iglesia de Alfonso II, Basílica de Alfonso III, el edículo donde fueron hallados los restos y la laude del Obispo Teodomiro, torre y muralla pertenecientes a las primeras fortificaciones de la primitiva Compostela, realizadas por el obispo Sisnando en el siglo IX y recrecidas por el Obispo don Cresconio a mediados del siglo XI; necrópolis suévica de grandes sarcófagos del siglo VI y bajo ella la necrópolis romana, siglos II a IV. El abundante material arqueológico recogido perteneciente a las distintas épocas se exhibe en las salas del Museo Lapidario de la Catedral"

No pocas piezas antiguas se exponen arriba, en la tribuna, uno de los lugares donde se atisba, en los cambios estilísticos de sus capiteles, la llegada del obradoiro del maestro Mateo a hacerse cargo de las obras de catedral en su tan fructífera etapa final

La obra comenzó por la girola, en la cabecera y, según las noticias documentales conservadas, parece que hacia 1112 ya se estaba trabajando en estos tramos del cuerpo principal de la iglesia, consagrada el 21 de abril de 1211, aunque siguiendo la crónica de la Historia Compostelana (siglo XII) la última piedra se colocó en 1122, aunque el final definitivo del trabajo se prolongó hasta 1228. A partir de entonces se consideran reformas y añadidos todo lo hecho a posteriori. En Santiago de Compostela Turismo nos cuentan de sus disposición, medidas y otras características:

"Siguiendo el modelo francés de las iglesias de peregrinación románicas, el espacio interior de la Catedral de Santiago se organiza sobre la tradicional planta de cruz latina con tres naves por brazo. La nave principal mide de Oeste a Este unos 94 metros de largo en el interior y el transepto, mucho mayor de lo habitual en las iglesias de peregrinación, alcanza los 63 metros de Norte a Sur, unas dimensiones que convierten a esta catedral en el mayor templo románico de España. La altura máxima de las naves es de 20 metros y llega a 32 en la cúpula. 
La nave central está cubierta por una bóveda de cañón y las laterales por bóvedas de arista. Los volúmenes se distribuyen sobre elegantes arcos de medio punto, coronados por una tribuna o triforio que recorre el tramo longitudinal del templo y continúa por los brazos del crucero y el deambulatorio. Este triforio otorga a las naves una esbeltez y una claridad inusuales en otros templos románicos de la época. A ello contribuye la enorme cristalera de su fachada principal. 
El centro de la nave mayor estuvo ocupado entre los s. XII y XVI por un majestuoso coro de piedra del Maestro Mateo, una parte del cual puede admirarse hoy en el Museo Catedralicio. Fue sustituido en 1608 por un coro de madera renacentista que terminó por ser desmontado en 1946, con lo que se despejó definitivamente la vista del altar".

Además de restauraciones y excavaciones recuperando su pasado, la catedral sigue incorporando nuevos elementos artísticos del arte más vanguardista y contemporáneo, aquí mismo a nuestra derecha y al lado mismo del Pórtico de la Gloria, vinculado tanto a la historia por su cercanía física como por la antigua icnografía que hubo en esta parte de las naves catedralicias


Es el conjunto escultórico de la Epifanía, obra del escultor gallego Óscar Aldonza, de cuya inauguración, presentada por el mismo arzobispo y cara al Año Santo Compostelano (Año Jubilar) de 2027, sabemos por la web de la Catedral de Santiago a fecha 4-1-2026:
"El Arzobispo de Santiago, Monseñor Francisco Prieto, presentó este domingo el conjunto escultórico de la Epifanía, que ha quedado instalado en una nave lateral, en un punto cercano al Pórtico de la Gloria. Se trata de una obra del escultor Óscar Aldonza. Durante la presentación estuvo acompañado por miembro del Cabildo y de la Comisión del Año Santo. 
De este modo, y coincidiendo con la solemnidad de la Epifanía, la catedral ha recuperado una iconografía que estuvo presente de modo destacado en ese mismo espacio, en el coro del Maestro Mateo, en continuidad con el discurso del Pórtico de la Gloria. Una representación de la adoración de los Sabios de oriente al Niño Dios que centra el espíritu de los fieles y peregrinos en un misterio que comienza en Belén, y que culmina en Jerusalén, destinado a ser manifestado («epifanía») a toda la humanidad. 
En Santiago de Compostela esa manifestación también resplandece como estrella, pero se encarna en el testimonio del primer apóstol mártir: Santiago el Zebedeo. Ningún apóstol se anuncia a sí mismo, proclama, manifiesta y señala al Salvador. 
Esta pieza realizada en bronce y cerámica, elaborada por el escultor compostelano Óscar Aldonza, se convierte en el hito que anuncia y señala el inicio de la preparación para una mejor celebración y vivencia del Año Jubilar 2027".

Nada se hace a capricho, esta moderna Epifanía rememora el motivo presente en el antiguo trascoro medieval del maestro Mateo. En ella vemos la Adoración de los Magos y al fondo María con el Niño presentando al Niño en sus manos y, detrás, en el muro de un arco ciego de la pared, la Cruz de Belén:
"El conjunto escultórico, con piezas de tamaño natural, como primer hito que impulsa a preparar el Año Jubilar, contiene la carga de significación de la Encarnación-Epifanía. 
La imagen central de la Virgen con el Niño sugiere un triple movimiento. Dado que la pieza se instala en el lugar que ahora muestra la huella de un relleno de sillares y mampuesto en la portada de la antigua Sala Capitular, ese fondo queda cubierto por una superficie porcelámica que representa un rompimiento de gloria, en la que se destaca una estrella que proyecta sus rayos, como una alusión al antiguo coro pétreo. Evocación potenciada por la recreación libre del castellete, procedente del coro mateano, del que asoman los caballos de los Sabios de oriente. Ahí centrada, la Virgen dirige su mirada (como profecía) hacia arriba, en dirección al Pórtico (el Niño que sostiene vivirá el drama de la pasión y muerte que culminará con su glorificación); el Niño, en sentido contrario, dirige su mirada hacia la Capilla Mayor, invitando a los fieles a vivir el encuentro íntimo con Él en el sacramento de la Eucaristía; el paño que envuelve al Niño, también en memoria de lo que fue la obra de Mateo, luce un color azul lapislázuli: el mejor pigmento para la imagen principal. San José, sorprendido, contempla a los Magos. Y éstos presentan sus dones y adoran".

La Cruz de Belén, que guio a los Magos. Detrás. arquería ciega de la pared del lado de la epístola, con querubines representados en la arquivolta, luego dos medallones con sendos personajes, motivos florales y frontón triangular con una cruz dentro de un círculo, se trata de una de las doce cruces de consagración del templo celebrada el 21 de abril de 1211, como hemos dicho


Esta es su ubicación en la catedral; las doce son diferentes aunque muy parecidas, con las letras alfa mayúscula y omega minúscula, la primera y última del alfabeto griego, como símbolo de Cristo al ser el Principio y fin de todas las cosas, así como la luna y el sol y un texto alusivo. Son de granito policromado y dorado


A la derecha, una de las ventanas bíforas y ciegas de la pared, con sus arcos y fustes lisos y capiteles de temática vegetal


De la escultura de la Epifanía avanzamos por la nave de la epístola, cuya cubierta está formada por bóvedas de arista divididas por los arcos fajones correspondientes a las columnas que soportan la estructura y la separan de la nave mayor, siguiendo la misma estructura que tiene la nave norte o del evangelio. Veamos la sucesión de las ventanas bíforas ciegas en lo alto de la pared


Esta es uno de los catorce relieves del Vía Crucis de la catedral, hechos en hierro patinado a finales del siglo XIX y donados por el catedrático de la Universidade de Santiago y erudito jacobita José María Fernández Sánchez, tal y como ha investigado el director técnico del Museo de la Catedral Ramón Yzquierdo Peiró. Hasta 2020 colocados en los paramentos o paredes de las naves, cuando fueron retirados para las obras de restauración catedralicias. Limpiados y restaurados fueron recolocados en estos soportes en 2023, mejorando su visión y transporte. De estas y otras características nos informan en la tan imprescindible web del museo:
"El Via Crucis está formado por catorce relieves realizados en hierro patinado, procedentes de la famosa fundición francesa de Val d’Osne, factoría que en la época surtió de este tipo de piezas y de otro mobiliario y elementos decorativos de hierro y bronce a muchas ciudades y templos de todo el mundo. 
En la misma acta capitular se indica también que, una vez recibida la donación, fueron colocados en el espacio situado entre el trascoro y las puertas del Obradoiro, incluyendo el Pórtico de la Gloria, tal y como se puede ver en algunas fotografías de la época. En ese ámbito se encontraba el altar de la Virgen de la Soledad, así como un calvario de época gótica, y, además, ahí se montaba el Monumento de Semana Santa. De esta forma, toda esa zona de la catedral quedaba asociada a la temática propia del tiempo cuaresmal. Una vez retirado el coro, a mediado del siglo XX, fueron reubicados a lo largo de las naves laterales y crucero. 
El Via Crucis es un rezo propio del tiempo cuaresmal, en el que se recuerdan las diferentes escenas relacionadas con la pasión de Jesucristo, en concreto desde el prendimiento hasta su entierro, tras la muerte en la cruz. Para apoyar el rezo se recorren las 14 escenas, llamadas estaciones, cada una de ellas representada en cada relieve. En la catedral se realiza cada viernes de cuaresma, después de la misa de las 19:30 h, recorriendo las naves del templo".

Esta puerta de arco de medio punto es el acceso a la Capilla de las Reliquias y Pórtico Real, antigua sala capitular, espacio dedicado a deliberaciones, reuniones y decisiones del cabildo catedralicia, cuyas obras concluyeron en 1530 dentro de las del nuevo claustro gótico-renacentista, al que por aquí también se accede


Este pasillo de acceso al claustro es actualmente vestíbulo y entrada también a los espacios museísticos del Panteón Real y Capilla de las Reliquias, habilitados ambos en la antigua Sala Capitular, que mantuvo su función hasta 1614, en 1635 y 1641 respectivamente. En el Panteón Real están los sepulcros de los reyes y nobles más relevantes enterrados en la basílica y a la capilla se trasladaron en ceremonia solemne las reliquias antaño repartidas por la catedral

Foto: Museo Catedral de Santiago

Esta capilla de las Reliquias se hizo por encargo del arzobispo Alonso III de Fonseca y Ulloa al arquitecto Juan de Álava, discípulo de Gil de Hontañón, ambos los principales artífices del claustro. Fue construida entre 1520 y 1535, por lo que habría sido terminada bajo el prelado Juan de Tavera, pues aquí se ve su escudo, junto con el de Fonseca


En esta capilla se fueron reuniendo los miles de reliquias que fueron llegando a Santiago desde el descubrimiento del sepulcro del apóstol y para ello en 1633 se realizó un gran retablo obra de Bernardo de Cabrera -considerado el introductor del barroco en Galicia- y Gregorio Fernández, redactándose la Relación de lo que se hizo en la colocación de las Stas. Reliquias de esta iglesia del Sr. Santiago del relicario viejo al nuevo de la Capilla de los Reyes, día de Santa Susana, 11 de agosto de 1641. Fue destruido en un incendio en 1921 en el que sin embargo no desaparecieron las reliquias, construyéndose entonces este nuevo, neogótico, obra de 1925 de Maximino Magariños y donado por emigrantes gallegos en Cuba

Foto: Xacopedia

Destacadas reliquias son un trozo de madera del Lignum Crucis, leche de María y pelos de su cabellera, o la cabeza de Santiago Alfeo o el Menor, otro de los santiagos discípulos de Jesús, que traía a Compostela desde Jerusalén el arzobispo Mauricio de Braga pero que, al acabar en poder de Urraca de León, esta se la regaló a Xelmírez, quien la recibiría en procesión desde el Monte do Gozo hasta aquí. Más tarde un busto albergaría la cabeza, mandado hacer por el arzobispo Berenguel de Landoira. Leemos en Xacopedia:
"Una de las reliquias más importantes es la cabeza de Santiago Alfeo, llamado el Menor, discípulo de Jesús y compañero en el colegio apostólico de Santiago el de Zebedeo, conocido como el Mayor. Fue traída a Compostela desde Jerusalén por Mauricio, arzobispo de Braga, pero que acabó en manos de Doña Urraca, que se la regaló al arzobispo compostelano Diego Gelmírez (1120-1140). Berenguel de Landoira (1317-1330), durante su pontificado en Compostela, mandó hacer el actual busto que acoge la reliquia"
Foto Xacopedia

Existe una réplica, hecha en el año 2003 en el obrador compostelano de la Joyería Ángel por encargo de la S.A. de Xestión do Plan Xacobeo, de la cruz donada por Alfonso III El Magno a la basílica de Santiago en el año 899 con motivo de su consagración, la cual fue robada en 1906. Se dice que sería a su vez una réplica también de la de Alfonso II El Casto a Teodomiro en los albores del culto jacobeo en Compostela. Tenía la inscripción:
+ OB HONOREM SANCTI IACOBI APOSTOLI
OFFERVNT FAMVLI DEI ADEFONSVS PRINCEPS CVM CONJUGE
SCEMENA REGINA
HOC SIGNO TVETVR PIVS
HOC SIGNUM VINCITUR INIMICUS

«+ En honor del Santo Apóstol Santiago / ofrécenla los siervos de Dios el Príncipe Alfonso y su esposa la Reina Jimena / Esta obra se concluyó en la Era 912 (año 874) / Con este signo se ampara el justo / Con este signo se vence al enemigo»

Esta cruz, su simbolismo y las extraordinarias circunstancias de su robo e incidiendo del antiguo retablo-relicario en el que se encontraba, inspiraron la novela El viaje al fin del mundo. Los buscadores, del escritor e historiador jacobita Manuel F. Rodríguez. Del enigmático suceso nos informa ampliamente la Xacopedia:
"Se conoce popularmente con esta denominación la cruz votiva de estilo asturiano que el monarca Alfonso III el Magno y su mujer Jimena donaron, con motivo de su peregrinación a Compostela en el 874, al altar de Santiago. Joya de gran carga simbólica, ya que se trata de la más antigua ofrenda al Apóstol que llegó hasta el siglo XX, desapareció de la catedral compostelana en mayo de 1906, sin que se volvieran a tener noticias de su paradero. Realizada en Oviedo, capital del reino, era muy semejante a la hermosísima cruz de los Ángeles, conservada en la basílica ovetense y realizada casi setenta años antes (808). 
La que para muchos fue -y lo fue todavía más tras su extraño y nunca aclarado robo- la más mítica obra del tesoro catedralicio santiagués, medía 46 cm de alto por 44 de ancho y 2 de grosor. Su anchura oscilaba entre los 6 y los 3,5 cm. Sobre una estructura base de madera recubierta de láminas de oro con una trama de filigrana y dos medallones en la cruceta, se repartían cerca de ochenta piedras preciosas y finas, entre las que el historiador santiaguista Mauro Castellá Ferrer (s. XVII) cita -tras advertir que ya en aquel tiempo faltaban muchas- topacios, amatistas, turquesas, cornalinas y perlas. 
Una inscripción en el reverso mostraba la siguiente dedicatoria en latín: “En honor del apóstol Santiago donan esta cruz los siervos de Cristo el príncipe Alfonso y la reina Jimena. Por esta señal está protegido el creyente. Con esta señal se vence al enemigo. Se concluyó en la era 912 [año 874]”. La altísima significación y valor de esta joya, de la que se han realizado varias reproducciones, da idea de la relevancia concedida por la corona astur al naciente santuario compostelano. Un santuario ubicado en un extremo del reino, muy alejado de Oviedo, la capital, y que comenzaba a competir por la primacía espiritual del reino".
Estamos ante la que posiblemente sea la más añorada joya de la catedral, tal y como se desprende de las reproducciones realizadas. Contrasta la esperanza de reencontrarla con la más absoluta falta de pistas ni noticias que pudieran aclarar este misterio y saber de su suerte y paradero:
"Hasta su desaparición en 1906, la cruz de Alfonso III se mostraba en la capilla de las Reliquias de la catedral compostelana, en el tramo central de su también desaparecido retablo barroco, en este caso por un incendio en los años veinte no menos misterioso. A pesar de la trascendencia de este robo, el más famoso y llorado de los acontecidos en la historia de la basílica compostelana, nunca se llegó a tener la más mínima pista -al menos a nivel oficial- sobre su autor o autores. 
El polígrafo gallego Filgueira Valverde llegó a sugerir que la desaparición de esta cruz podría relacionarse con un grupo de supuestos ladrones de origen marsellés que por aquellas fechas se encontrarían en Santiago. Se podría tratar, por lo tanto, de un encargo. Apoyaría esta tesis el hecho de que en la capilla de las Reliquias se conservaban accesibles, una vez franqueada la entrada, joyas con un valor económico y artístico mayor, que no fueron robadas. Se ha especulado sobre si se llevó la cruz fuera de España. También se ha comentado la posibilidad de su utilización, tras el robo, en ritos iniciáticos. Nunca se perdió la esperanza de recuperarla, pero tampoco se obtuvo, que se sepa, la más mínima prueba sobre su posible paradero. 
Una reproducción en latón y falsa pedrería ocupa el espacio de la original en la calle central del actual retablo de la capilla de las Reliquias, construida a finales de los años veinte del siglo pasado. Otra réplica, en este caso de gran calidad, se realizó en 2004, con motivo del primer año jubilar compostelano del siglo XXI. Se puede ver en la sala de exposiciones de la S.A. de Xestión do Plan Xacobeo, en Santiago. Las buenas intenciones de estas réplicas no hacen más que acentuar el sueño del mito maltratado, el clamor de la ausencia".
En Tradición Jacobea se nos ofrece una amplia descripción de la cruz, de su robo y de esta su réplica, la cual por su importancia queremos compartir:
"Mucho antes que ocurriera el conocido robo del Códice Calixtino la catedral de Santiago de Compostela ya había sufrido otros expolios de una valiosa obra. En el mes de Mayo de 1906 desapareció la joya más antigua y uno de los mayores tesoros del santuario compostelano: la cruz de Alfonso III. Aunque su desaparición supuso para la Historia del Arte y para el Tesoro de la basílica jacobea una pérdida irreparable, y aunque la pieza nunca fue recuperada, el vacío de tan grave pérdida se atenuó mediante la creación de una réplica que, cuando menos, palía aquel negro pasaje de la historia y hasta cabe decirse que lo suple dignamente gracias al estudio y conocimiento de los materiales y la técnica de la orfebrería artesanal. Durante siglos fue la emblemática Cruz de Santiago, hasta que el Barroco nos propuso la cruz espada hoy más extendida. 
 La cruz era una de las reliquias más apreciadas de los peregrinos, pues permaneció mucho tiempo junto a los restos del apóstol y era dada a besar a los caminantes. Tan suntuosa alhaja tuvo usos votivos y ceremoniales, siendo exhibida para veneración de los fieles en el relicario compostelano y portada como distintivo litúrgico en las solemnidades y procesiones mitradas de la catedral. 
La cruz fue el fruto de una ofrenda al Apóstol que realizó el Rey Alfonso III en el año 874 a la Iglesia de Santiago, entonces una basílica que el mismo había restaurado. La donación tuvo lugar en tiempos del obispo Sisnando, en tiempos en que la sede compostelana buscaba ser exponente de la proyección del sepulcro apostólico como alternativa a la Iglesia Metropolitana del Toledo visigodo, primada de España, pero entonces en manos musulmanas. Son momentos en que se gesta la integración de Galicia en el reino astur (pronto leonés) y traduce el profundo sentido religioso del monarca y su plena devoción al Apóstol Santiago, que asume como intermediario ante Dios en su actuación política y en su futura vida eterna. 
Desde la fecha de su donación la cruz se conservó en Compostela hasta el año 1906, fecha en que fue sustraída de la Capilla de las Reliquias sin dejar rastro de lo ocurrido. El canónigo D. José María Abeijón de Seárez, de San Pelayo de Carreira, fue quien descubrió el saqueo cuando se disponía a decir la misa de nueve y se encontró con varios objetos litúrgicos tirados por el suelo y huellas de pisadas sobre el altar. 
La investigación policial advirtió que el ladrón o ladrones, aprovechando la oscuridad de la noche, accedieron a las cubiertas a través de la zona de la Corticela, donde hoy se ha instalado una reja erizada de pinchos, y desde allí cruzaron hasta el lado contrario para acceder a la Capilla de las Reliquias, en la que habían aserrado la reja de la ventana que comunica la capilla con las cubiertas de la Basílica y habían roto el cristal para introducirse por ella. Encontraron además otros restos abandonados, como una cuerda con nudos que presuntamente utilizaron para descender desde la cubierta al suelo o un aparato parecido a una pequeña grúa con un mecanismo de cuerda que servía para izar los objetos robados hasta la ventana superior. También se hallaron otros utensilios del robo, como una lima, un palo y un “hierro o tranquillo de ventana”, que fueron expuestos al público durante algún tiempo en los soportales del pazo de Raxoi, por sí alguien los reconocía y podía aportar alguna pista. 
Como botín del atraco, además de la citada cruz de oro de Alfonso III, los autores del latrocinio se llevaron otra cruz de plata regalada en el siglo XV por el arzobispo Spínola, y una imagen de Santiago Apóstol con una valiosa aureola de plata dorada, también del siglo XV. Pese a que las autoridades de la época anunciaron una recompensa de cinco mil pesetas, que en aquel entonces era una recompensa muy importante, todas las pesquisas resultaron infructuosas y de ninguno de los objetos volvió a tenerse noticia.  
Respondía a un modelo bien extendido en su época: Crux Quadrata o cruz griega de brazos trapezoidales de la misma longitud, que convergen por su lado menor en un disco central. Su interior estaba formado por un alma de madera sobre la que se aplica una fina lámina de oro, sujeta con pequeños clavos ocultos tras la minuciosa decoración sobrepuesta. 
Con motivo de la muestra “Luces de Peregrinación” del Xacobeo 2004, la S.A. de Xestión do Plan Xacobeo acometió el loable reto de elaborar una réplica fiel de aquel original gracias al buen hacer artesanal de la firma Ánget S.L. La iniciativa de realizar la cruz de Alfonso III tenía como objetivo lograr una reproducción fiel al original, tanto en su morfología como en su espíritu, por lo que se realizó íntegramente a mano según los métodos y formas artesanales de la época, que obviamente no tienen nada que ver con la tecnología actual. La ejecución de su ornato requirió las más variadas técnicas de orfebrería: batido, estampación, soldadura, cincelado, laminado, hilado, relevado, fundido, engastado y talla de pedrería, además de la reutilización de entalles clásicos y de un antiguo esmalte. 
Se pretendió alcanzar los límites y detalles más precisos, gracias a la documentación preexistente: la fototipia que Hauser y Menet realizada en 1905, pocos meses antes del robo de la pieza. También aportó información importante la comparación con la cruz de los Ángeles donada por Alfonso ll en el año 808 que se era su patrón antecedente. Asimismo fueron valiosas las descripciones de eruditos, historiadores y viajeros como Ambrosio de Morales, Mauro Castellá Ferrer, José Villaamil y Castro, José María Zepedano y Antonio López Ferreiro proporcionaron datos relevantes para conocer esta valiosa pieza y sirvieron de base para la elaboración de plantillas y dibujos detallados. Se optó por no respetar las mutilaciones sufridas y los elementos ajenos a la cruz original, reponiendo las partes desaparecidas de las que se tuviera información y a la vez librarla de las deformaciones y agresiones. 
En el siglo XIX, el medallón del disco central original del anverso no se conservaba al hacer la fototipia; en su lugar, quizás ocultando la maltrecha labor primitiva, se observa una cruz pectoral de cristal unida a una patena de plata dorada que busca recrea el diseño original perdido o deteriorado, pero de mala factura y desvirtuando la estética de la cruz. Hubiera sido un error y una falsedad histórica su reproducción, por lo que se resolvió hacerlo siguiendo las detalladas descripciones existentes de la pieza original. Se sabía bien junto a los campos de filigranas la cruz «tenía doce piedras«, de las que Castellá Ferrer vería algunas y los engastes de las que faltaban: «casi todas se han perdido, o las han hurtado en tiempos antiguos«. Responde bien a la simbología del número 12, con una gema de mayor tamaño que señalase el eje y resulta adecuada para un lugar especialmente santo, tenido como el lugar en donde apoyaba la cabeza de Cristo. Un ágata oval presidía el disco central del anverso, disponiéndose a su alrededor doce piedras que alternan la forma de lágrima con la oval. La presencia en la fototipia de una anilla en medio de cada travesaño horizontal evidenciaba la antigua existencia de las letras griegas Alfa y Omega del Apocalipsis suspendidas por cadenas, simbología era frecuente en ilustraciones altomedievales y relieves coetáneos, por lo que se decidió reponerlas. 
En cada brazo se distribuyen piedras preciosas sobre engastes de oro (cornerinas, melanitas, topacios, amatistas, turquesas); la mayoría son lisas, otras son entalles figurativos o con inscripciones. Los engarces se realzaron con cordones perlados que originalmente describían dos anillos concéntricos a su alrededor. Delimitando los engastes se dispone tanto en la cruz como en sus brazos una riquísima labor de filigrana en “palmetas” en “C” y en “cálices” y otros dibujos intermedios, y en los brazos se disponen unas “cadenetas” en zigzag de pares de hilos entorchados y pareados, y “tabiques” compuestos por finos hilos aplanados que delimitan los campos de filigrana. 
Lo que más distingue la decoración del reverso de la Cruz es el pequeño broche rectangular del disco central. Nos encontramos ante un esmalte tabicado de corte visigodo de ejecución anterior a la propia cruz, enmarcado en perlas asentadas en cartuchos de oro. Representa dos blancas palomas con manchas rojas picando una fruta azulada sobre fondo verde, de clara alusión eucarística: las almas de los justos se alimentan de la semilla de la Salvación que han conocido a través de la Revelación de Cristo y de su Sacrificio. Además de la iconografía y del color aportados por la placa de esmalte, subraya la situación privilegiada del medallón la impronta de ocho cabujones ovales para engarce de piedras, que alternan con otros tantos campos de filigrana. Estos cabujones con sus engastes, ahora repuestos, habían sido eliminados en distintos momentos para colocar al igual que sucedió en el anverso, el crucifijo de Ordoño II, hoy conservado en el Tesoro de la Catedral de Santiago. Los brazos del reverso de la cruz, en oposición al anverso, son lisos en su mayor parte y en sus extremos se ven cuatro piedras grandes que podrían aludir a los Evangelistas ya que, durante toda la Edad Media, fue éste el lugar privilegiado para las representaciones del Tetramorfos. Contorneando las cuatro piedras, hay unas hileras de perlas y piedras engarzadas en campos, enmarcadas por hilos de oro trenzados. Y distribuido en sus bordes  encontramos el texto de la inscripción que expresa la ofrenda regia.(...) 

Esta excelente réplica que hizo el Xacobeo, por tratarse de una cruz muy vinculada a los peregrinos guante siglos, fue donada al actual Museo de las Peregrinaciones, el 20 de Octubre de 2016 y es expuesta desde entonces en una urna de cristal de seguridad, en la sección dedicada a las iglesias anteriores a la catedral y a la propia catedral. Allí, sin duda alguna, es donde mejor puede estar.  
Mucho se ha podido conocer de esta cruz a pesar de que no ha vuelto a aparecer desde su desaparición y es de suponer que nunca vuelva a hacerlo. Algo de mágico y sorprendente hay en todo ello, digno de una novela de misterio. Es lo que hace Manuel F. Rodríguez en su obra, en la que solo el periodista Marcos Albaredo, que en 1906 trabajaba en el Correo de Galicia, insistió en la investigación de los hechos para averiguar quién y por qué había robado uno de los mayores tesoros de la Catedral de Santiago. Más de un siglo después, Manuel F. Rodríguez, periodista y técnico del Xacobeo, buen conocedor de la intriga y de su inacaba conclusión, retoma el caso como trama de su novela «A viaxe á fin do mundo», de la que se ha dicho que será «referencia de la literatura gallega del siglo XXI» y «la gran novela de la modernidad sobre la peregrinación jacobea». El autor relaciona en su obra, de notable fondo jacobeo, la sustracción de la cruz y el incendio el 1921 del retablo de la capilla de las reliquias. En su intuición y tras analizar lo que había aparecido en la prensa, no piensa que fuera de ladrones comunes, sino que fue un robo por encargo en el que la pieza nunca apareció porque era parte de un viaje".


En su Viaje de Nápoles a Santiago de Galicia el peregrino napolitano Nicola Albani, escribe de esta capilla y sus reliquias según sus impresiones de la peregrinación que realizó a Compostela entre los años 1743 a 1745, descubriendo la gran importancia del lugar:
"... la capilla acoge muchos cuerpos santos, y ya no hablo sólo de santísimas cabezas, piernas, pies, manos, dedos, brazos, vientres, ampollas de sangre de mártires -hay una pequeña ampolla con la sangre de San Genaro de Nápoles-; hay también dos ampollas llenas, una con la leche de los pechos y otra con las lágrimas derramadas por los ojos de la Virgen sobre el Monumento de su santísimo Hijo,y también se ven los cabellos y vestidos de la Virgen, con tantas reliquias como puede haber en Roma e incluso Jerusalén, que este santuario de Galicia es una de las tres basílicas de la cristiandad (...) por haber sido el primer apóstol en morir después de Jesús (...). Sólo pueden entrar los peregrinos (...) y el penitencial les va enseñando con detalle cada una de las reliquias y les invita a besar casi todas y a tocar también las coronas y otras devociones que los peregrinos traen (...): y en la mencionada capilla se ganan muchas indulgencias otorgadas por los santos pontífices"

En el Panteón Real están enterrados reyes, reinas y personajes vinculados a la Corona y, a través de ella, a Galicia y a la catedral de Santiago. Leemos en Panteón Real de Compostela:
"El apoyo de la monarquía fue fundamental para la consolidación del sepulcro apostólico y para la construcción de la catedral compostelana. De este modo, de la colaboración estrecha entre reyes y prelados, surgieron los principales proyectos relacionados con la catedral, desde la confirmación del hallazgo de la Tumba apostólica a la construcción de las primeras basílicas y, por fin, a las diferentes fases por las que pasó la catedral románica". 
Pedro Froilaz. Foto. Froaringus en Wikipedia

Al pie mismo del retablo está el sepulcro de Pedro Froilaz, "conde de Traba (Trava en la ortografía de la época), fue un personaje fundamental en la historia de Galicia, principalmente por habérsele encomendado la educación del futuro rey Alfonso VII y por su colaboración con el obispo Gelmírez en la política gallega de la época, dice la Wikipedia:
"En 1107, agonizante ya, Raimundo llamó a sus leales, confirmó la tutoría de su hijo a cargo de su principal defensor, Pedro Froilaz, y recabó de todos ellos la máxima lealtad para quien debería ser el joven soberano de Galicia.

En ese momento el liderazgo en Galicia de Pedro Froilaz es total y sin intermediarios. De hecho, a partir de 1107 firmaba como conde de Galicia e, incluso, en 1108, realizó una donación al monasterio de Caaveiro como Principis Gallecie".
Sepulcro atribuido a Alfonso IX. Foto Museo de la Catedral de Santiago

Seguidamente es el de Alfonso IX, antes mencionado como continuador de la labor jacobea de su padre Fernando II. Asistió a la consagración de la catedral en 1211 y fue un verdadero rey-peregrino dice la Xacopedia, pues es posible que "sea el rey que más veces peregrinó a Santiago. Gran entusiasta del Apóstol, inició el viaje a Compostela en cuatro ocasiones -1188, 1211, 1221 y 1230- para visitar exclusivamente su sepulcro. En la última -mayo de 1230- se encontró con la muerte. Falleció en la villa de Sarria, en pleno Camino Francés, apenas a 110 km de la meta. Alfonso IX fue enterrado, como su padre Fernando II, en el Panteón Real de su amada catedral compostelana."

Foto: El Correo Gallego

A la derecha y al lado de la puerta de la capilla está el sepulcro, como los anteriores con arcosolio y escudo, de su padre Fernando II, fundador de la Orden de Santiago y rey que sufragó las obras que culminaron la catedral barroca contratando al maestro Mateo

Fernando II. Foto: Froaringus en Wikipedia CC BY-SA 3.0

Fernando II no murió aquí sino en Benavente, pese a su deseo de ser enterrado en la catedral de Santiago este no fue cumplido hasta pasado un tiempo, nos cuenta la Wikipedia:
"El rey Fernando falleció en la ciudad zamorana de Benavente, el 22 de enero de 1188, a los cincuenta y tres años de edad y fue sucedido en el trono por su hijo primogénito, Alfonso IX de León. La Primera Crónica General describe del siguiente modo la defunción del soberano leonés. 
Et este rey Don Fernando de Leon, fijo dell Emperador et hermano del rey Don Sancho de Castiella, acabados ya con buen andança XXI anno de su regnado en su regno, fino en la villa de Benavent: et enterraronle en la eglesia de Sant Yague de Gallizia, cerca su abuelo el conde don Remond que yace y, et cerca la emperatriz donna Berenguella su madre...Et finco por heredero de Leon Don Alffonsso, fijo deste rey Don Fernando et de la reyna Doña Urraca, fija del rey don Alffonsso de Portugal. 
Contraviniendo sus deseos de recibir sepultura en la catedral de Santiago de Compostela, fue enterrado en algún lugar, posiblemente en el Panteón de Reyes de San Isidoro de León, pues a su viuda, la reina Urraca, no le convenía trasladar los restos mortales a Santiago de Compostela, ya que su arzobispo, Pedro Suárez de Deza era partidario del rey Alfonso IX y no de la reina Urraca. 
Posteriormente, sus restos fueron trasladados por orden de su hijo Alfonso IX a la catedral de Santiago de Compostela, en la que el difunto rey de León había manifestado que deseaba ser sepultado, pues allí se hallaban sepultados su madre, la reina Berenguela de Barcelona, y su abuelo Raimundo de Borgoña, esposo de la reina Urraca y, por ello, en un documento otorgado en la ciudad de Benavente el 26 de julio de 1180, confirmó a la catedral de Santiago de Compostela las donaciones que el soberano le había concedido en el pasado, y que concernían a la capellanía y las sepulturas reales de la catedral, ordenando además en dicho documento que nadie construyese ningún castillo en aquel territorio. 
El traslado de los restos del rey Fernando II es mencionado en un diploma otorgado en Zamora por el rey Alfonso IX de León, y fechado el 4 de mayo de 1188, en el que se certifica que los restos reales fueron trasladados a la Catedral de Santiago de Compostela por orden de su hijo, que deseaba cumplir las últimas voluntades paternas, y sepultados junto a los restos del Apóstol Santiago con honores reales, al tiempo que confirmaba en dicho documento los privilegios y exenciones concedidos a la catedral por el alma de su difunto padre, y por la suya propia. 
El sepulcro del rey Fernando se encuentra colocado en la Capilla de las Reliquias de la catedral de Santiago de Compostela, donde se halla el Panteón Real de la seo compostelana. Sobre un sepulcro de piedra liso se halla colocada la estatua yacente que representa al difunto rey, que aparece ataviado con túnica y manto, ceñida la frente con corona real, y su cabeza aparece representada con cabello rizado y con barba, hallándose el brazo derecho del soberano levantado y colocado a la altura de su cabeza, mientras que su mano izquierda reposa sobre su pecho.La estatua yacente que representa a Fernando II de León ha sido fechada en la primera mitad del siglo siglo XIII, y fue realizada después de la defunción del rey, que falleció en el año 1188, lo que ha llevado a considerar que debió ser encargada por el heredero del rey, Alfonso IX de León".
Foto: Museo Catedral de Santiago

Otros tres sepulcros con arcosolio al otro lado de la capilla. El de la izquierda y también al lado de la puerta es el de Berenguela Berenguer, mujer de Alfonso VII también conocida como Berenguela de Barcelona. Su marido deseó se enterrado en esta catedral pero a su muerte en 1157 lo fue en la de la catedral de Toledo. Sin embargo de Berenguela, muerta en Palencia en 1149, fue trasladado su cuerpo a Santiago y sepultado en la catedral siguiendo el ceremonial dispuesto por su esposo. De su biografía leemos en Panteón Real de Compostela lo siguiente:
"Hija del Conde de Barcelona Berenguer III, contrajo matrimonio concertado con quien habría de convertirse en el Emperador Afonso VII. Fue una reina muy popular y respetada, con mucha influencia en la corte, pero también astuta ya que logró que las tropas enemigas se retiraran en un ataque a Toledo.
Aunque Afonso VII, que se educó en Galicia bajo la protección de Xelmírez, había manifestado en varias ocasiones su deseo de enterrarse en la catedral compostelana, al final fue su esposa la que, por indicación suya y siguiendo sus disposiciones, fue enterrada aquí. 
Su actual estatua yacente se dató entre los años 1211 y 1230, coincidiendo con la configuración institucional de La Capilla de los Reyes tras la consagración de la catedral".
Berenguela Berenguer. Foto Museo de la Catedral de Santiago

A diferencia de los sepulcros de los dos reyes anteriores, de este no hay duda respecto a quién es el personaje aquí esculpido, si bien no sería el sepulcro primigenio de la reina, "pues detalles estilísticos y de la propia vestimenta de la imagen yacente, llevan esta pieza hacia el año 1230, fecha de la muerte del rey Alfonso IX y de la constitución oficial del Panteón Real, momento en el que, con toda probabilidad, se realizaron obras de adecuación en la Capilla. Junto a otras actuaciones del mismo momento, este nuevo sepulcro que es una destacada muestra de la escultura funeraria del primer tercio del siglo XIII", como leemos en la web del museo y como también reseña la Wikipedia:
"Sobre un arca lisa de piedra está colocada la figura yacente que representa a la reina Berenguela, vestida con túnica, pellote y manto sobre los hombros que recoge a la altura de las manos. La cabeza de la reina aparece cubierta con un velo, estando ceñida su frente con una corona real. La escultura yacente está realizada en granito y ha sido datada en el siglo XIII, siendo posterior en varias décadas al fallecimiento de la reina, que tuvo lugar en 1149".
Sepulcro atribuido a Raimundo de Borgoña. Foto Museo de la Catedral de Santiago

Seguidamente está la sepultura de Raimundo de Borgoña, esposo de Urraca I, totia Gallecie Imperatrix (emperatriz de toda Galicia), padre de Alfonso VII El Emperador y hermano del papa Calixto II, quien concedió a Santiago la condición de sede metropolitana en 1120, pasando de obispado a arzobispado, llegando a ser su trascendencia tal que se le dio su nombre al célebre Codex Calixtinus o Códice Calixtino, el primer gran libro del culto a Santiago en Compostela y de las peregrinaciones jacobeas. En cuanto a Raimundo, hijo del conde Guillermo I de Borgoña, fue en 1091 cuando Alfonso VI, su suegro, le concedió potestad de gobernador para toda Galicia con el título de conde tras el matrimonio con su hija Urraca, concertado en agradecimiento a la ayuda prestada por monarcas extranjeros tras su derrota en la batalla de Sagrajas contra los almorávides


Y este es el sepulcro de Doña Juana de Castro, reina consorte de Castilla y de León y segunda esposa de Pedro I, para unos apodado El Cruel y para otros el Justiciero, después de que los obispos de Ávila y Salamanca declarasen nulo el que el monarca contrajo con Blanca de Borbón (había además celebrado un enlace secreto con María de Padilla, reconocido más tarde). Fue hija del primer señor de Monforte de Lemos, Pedro Fernando de Castro y de Isabel Ponce de León, precursores de la saga del Condado de Lemos. "Por parte paterna fueron sus abuelos Fernando Rodríguez de Castro, señor de Lemos y Sarria, y Violante Sánchez de Castilla, hija ilegítima de Sancho IV de Castilla. Y por parte materna era nieta de Pedro Ponce de León, señor de Cangas y Tineo, y Sancha Gil de Chacim. Fue hermana de Fernán Ruiz de Castro y hermanastra de Inés de Castro", explican en Galicia pueblo a pueblo, mientras que en Wikipedia describen así esta su tumba:
"Su sepulcro es de granito y el lateral del arca sepulcral está decorado con los escudos del reino de Castilla y León y también con los de la Casa de Castro. Sobre el sepulcro está colocada la estatua yacente que representa a Juana de Castro, que aparece revestida con un largo manto que sujeta con las manos. La cabeza, apoyada en un almohadón doble, está cubierta con un velo y aparece ciñendo la corona"."
Al otro lado del pasillo o vestíbulo que conduce al claustro, la capilla de San Fernando o del Tesoro  fue construida en el siglo XVI y en ella se guardaron durante un tiempo a partir de 1537 las reliquias de la catedral, depositadas en un mueble-relicario que aún se conserva y, sobre todo los tesoros litúrgicos catedralicios, de los que nos cuenta el escritor e historiador Manuel F. Rodríguez en otro de sus libros, Santiago de Compostela para los peregrinos. Guía secreta:
"Fueron estos muy cuantiosos y de gran valor, donados casi todos por peregrinos de alta condición (reyes, nobles, ricos comerciantes) y destacados dignatarios de la Iglesia, aunque los avatares del tiempo hicieron que desaparecieran muchos de ellos. Pese a todo conserva objetos de gran valor, como la custodia renacentista de Antonio de Arce (1.539-1573), con relieves relatando la vida de Santiago.

También se expone en el Tesoro la esclavina de plata y pedrería (1704) procedente del Santiago del abrazo del altar mayor. Se sustituyó por la actual en 2003, al estar muy desgastada por los millones de abrazos recibidos. En ella se resume la historia de la peregrinación jacobea de los últimos cuatrocientos años. Los frescos manieristas representan la Ascensión de Cristo y la Asunción de María".
Foto: catedraldesantiago.online

La Ascensión de Cristo, "representa a Cristo resucitado subiendo a los cielos envuelto en una nube, quedando las dos huellas en el suelo, y en presencia de los apóstoles, divididos en dos grupos encabezados por san Pedro a la derecha y la Virgen María a la izquierda. Santiago, que señala la escena central, aparece representado en un lugar principal, justo a continuación de María, que encabeza uno de los grupos en los que se divide la composición y la hace simétrica.", leemos en el apartado Lunetos de la capilla de Sam Fernando de la web del Museo de la Catedral:
"En la capilla de San Fernando se encuentran dos frescos que representan la Ascensión en el muro occidental, enfrente a la puerta de entrada al antiguo sagrario, y sobre este acceso la Asunción de María en el lado oriental. Según López Ferreiro, la fecha de 1542 se “leía pintada sobre la ventana que da luz a la capilla”, y es Pérez Costanti quien atribuye la obra a Pedro Noble, uno de los principales pintores renacentistas del momento. 

Las dos imágenes se encuentran en los lunetos de la capilla, estando las composiciones adaptadas a este marco, lo que provoca que se fuercen algunas posiciones o se alarguen las anatomías de manera muy avanzada ―como la longitud de la pierna izquierda de san Pedro―, casi anunciando el manierismo".
La Asunción de María, situada enfrente, "representa el momento en el que la Virgen es llevada al cielo por cuatro ángeles. Asciende sobre su tumba, en una luna sostenida por dos de esos ángeles. La composición es parecida, habiendo dos grupos de apóstoles que observan la escena, encabezando uno Pedro y otro Santiago, que porta en su mano el “libro del peregrino”.

Foto: catedraldesantiago.online

Esta capilla de San Fernando y Tesoro es de las construidas por Juan de Álava dentro de la magna obra del claustro y concluida en 1527 siguiendo el llamado estilo salmantino, tradición artística dentro del plateresco, considerado la transición del gótico al renacimiento, por lo que para muchos es un gótico tardío a la vez que un primer renacimiento, razón por la que su nombre es muy variado: gótico plateresco, protorrenacimiento, estilo Isabel, estilo Reyes Católicos y estilo Príncipe Felipe (por Felipe I El Hermoso). Otra de las joyas aquí presentes es la custodia donada por el arzobispo Antonio de Monroy, verdadero mecenas del arte en la ciudad, en 1701

Foto: catedraldesantiago.online

Esta es la hermosa bóveda nervada de la capilla, con sus numerosas claves profusamente esculpidas con minuciosas florituras. Salta a la vista la influencia del gótico. Este estilo plateresco está considerado único de la Corona Española y su esfera de influencia, la cual abarcó toda la Península más sus dominios en América y Asia. "Resulta de una modificación del espacio gótico y de una fusión ecléctica de componentes decorativos mudéjares, del gótico flamígero y lombardos, así como primerizos elementos renacentistas de origen toscano", nos dice la Wikipedia 


Y buen estilo plateresco seguiremos viendo pues al salir al claustro, en cuya obra participaron los arquitectos-artistas ya referidos en las obras de las capillas anteriores, Juan de Álava y Gil de Hontañón, quienes estuvieron a cargo de su proyecto y ejecución, participando también Juan de Badajoz y Alonso de Covarrubias, nos dice Chamoso Lamas, así como el Maestro Arnao (no sabemos si padre o hijo), según la Historia del claustro de la Catedral de catedraldesantiago.online:
"El desarrollo del claustro estuvo marcado por la contribución de figuras destacadas, tanto en el ámbito eclesiástico como en el arquitectónico. Alonso III de Fonseca, arzobispo de Santiago, fue el principal mecenas de la obra, aportando un millón de maravedíes en 1505 para su construcción. Su visión y determinación permitieron superar las dificultades iniciales y consolidar el proyecto. 
En el aspecto técnico, el diseño y la dirección de las obras estuvieron a cargo de algunos de los arquitectos más renombrados de la época. Juan de Álava asumió la primera etapa del proyecto, liderándolo hasta su muerte en 1537. Posteriormente, Rodrigo Gil de Hontañón, conocido por sus innovaciones en la arquitectura renacentista, continuó con los trabajos, dejando su huella en detalles decorativos y estructurales. También se menciona la participación del Maestro Arnao en la elaboración de las portadas, cuyas esculturas y relieves platerescos son un testimonio de la excelencia artística de la época. 
Estos personajes, junto con otros artesanos y maestros anónimos, hicieron posible que el claustro alcanzara su grandiosidad actual, convirtiéndolo en un espacio emblemático dentro de la Catedral de Santiago y un legado perdurable para la historia del arte y la arquitectura en España".

Las obras fueron ingentes y no se remataron hasta 1590 con el trasmerano Gaspar  de Arce y el también cántabro Juan de Herrera, arquitecto que fue del famoso monasterio de San Lorenzo del Escorial. Resultó uno de los más grandes claustros de España con 45 metros de lado


Saliendo al claustro iremos por ejemplo a la derecha, tomando esta panda meridional en dirección a la occidental, donde se encuentra el Museo de la Catedral, cuya puerta vemos al fondo, acceso además a la biblioteca y a la sala capitular que sucedió a la que acabamos de ver en el Panteón Real y Capilla de las Reliquias
 

Biblioteca y sala capitular hubieron de ser reconstruidas en 1751 por el arquitecto Lucas Ferro Caaveiro, discípulo de Fernando de Casas Novoa, tras un incendio


Este claustro era asimismo el cementerio de los capitulares clérigos de la catedral, con numerosas laudas sepulcrales en el suelo "que en doble hilada cubren el ala norte y parte de las alas Este y Oeste, siendo de notar, entre ellas, las que cubren los restos de insignes eclesiásticos gallegos, como el gran arqueólogo e historiador López Ferreiro, el teólogo Amor Ruibal, Tafall Abad, Acuña y Malvar, Viqueira, Antonio Sánchez...", nos cuenta Manuel Chamoso Lamas en su guía, "en tanto que otras laudes se cubren con los blasones de las más famosas casas hidalgas de la región gallega, a las cuales pertenecieron varios capitulares compostelanos"  


Sobre la puerta por la que acabamos de salir al claustro veremos el escudo de las cinco estrellas de los Fonseca, la familia del arzobispo impulsor de esta magna obra, del que hablamos abundantemente en la entrada de blog dedicada al colegio de su nombre, antiguo Colexio de Santiago Alfeo que, junto con el Colexio de San Xerome o San Jerónimo, pegado a él y en la misma Praza do Obradoiro, fueron fundamento de la actual Universidade de Santiago de Compostela


Las hermosas bóvedas estrelladas, con sus nervios y claves cinceladas con filigranas, nos recuerdan a la que acabamos de ver en la Capilla de San Fernando


Estas bóvedas estrelladas que se extienden sobre las pandas o crujías (pasillos del claustro) muestran la transición de estilos plenamente, pues su diseño es gótico tardío mientras que la decoración de sus claves, así como las ménsulas salientes en la pared que sostienen sus nervios por ese lado, están hechos al gusto renacentista-plateresco


Al exterior, cada tramo de bóveda está reforzado por poderos contrafuertes al estilo gótico, rematados en pináculos. Aquella es la Torre da Vela, construida en 1615, es decir, bastante después de acabado el claustro, obra atribuida por algunos a Jácome Fernández, quien se habría inspirado en la Torre do Tesouro de Gil de Hontañón que veremos después. A su vez se cree se pudieron inspirar en las pirámides escalonadas precolombinas, en templos mesopotámicos y en palacios italianos


Su nombre se debe a que en ella se colocaba un gran pendón, ondeando al viento igual que una vela, durante las fiestas. Fijémonos en la hermosa balaustrada a manera de crestería plateresca, que recorre el ático del claustro


Plateresca es asimismo la franja de friso que recorre estas paredes de las pandas del claustro en las que predomina la temática vegetal-naturalista con motivos que aluden al triunfo de la resurrección sobre la muerte en relación al usos funerarios de las pandas del claustro. Continuamos con la lectura de la Historia del Claustro de la Catedral:
"los detalles ornamentales muestran una clara influencia renacentista. La decoración de las claves de las bóvedas, la calada crestería que remata la parte superior del claustro y las portadas-retablo de acceso son ejemplos de cómo los maestros de la época integraron innovaciones renacentistas en una estructura esencialmente gótica. Este equilibrio entre estilos no solo refleja la evolución artística de la época, sino también la capacidad de los arquitectos para fusionar tradición y modernidad en una obra armónica".

Las arquerías ojivales son de indudable filiación gótica y comparten y alternan espacio con algunas semicirculares platerescas tal que esta de la derecha, de la capilla del Alba, de la que hablaremos prontamente


Tumbas de religiosos al  pie de la pared de esta crujía septentrional


Escudos en la pared, entre las arquerías que soportan los nervios de las bóvedas. Arriba a la derecha el de los Fonseca antes referido


Si bien rodeado de filigranas, el escudo de los Fonseca destaca por sus cinco estrellas de cinco puntas que simbolizan las cinco virtudes: sencillez, humildad, afabilidad, sacrificio y celo


Los frisos, impostas o franjas de las paredes son una evidente inspiración renacentista. Además de la temática vegetal, tan presente en la ornamentación religiosa de todos los tiempos, reconocemos símolos plenamente jacobitas y compostelanos, como los bordones firmando la cruz de San Andrés, las calabazas del agua -o el vino, recordemos que el agua no era potabilizada y era fuente de enfermedad-, la concha, el zurrón o el arca marmórea, sepulcro de mármol de los restos de Santiago y sus discípulos Teodoro y Anastasio, con la Estrella de Santiago sobre ella, simbolizando las luminarias que propiciaron su descubrimiento al ermitaño Paio


Al escudo familiar los arzobispos añadían la simbología de los prelados, como el capelo episcopal, la cruz arzobispal. Este sobre la puerta del museo catedralicio es el del arzobispo Juan de Sanclemente y Torquemada, compuesto por el ancla, la torre quemada, la cruz potenzada, el capelo episcopal con tres órdenes de borlas (6 por lado), tal como él mismo usó en vida y tal y como nos explican Jesús Simal-Lozano y Carmen Esther Gándara López en Variantes de los 19 escudos del Arzobispo de Santiago, Don Juan de Sanclemente y Torquemada, quienes siguen así su descripción:
"... el escudo personal del arzobispo Juan de Sanclemente y Torquemada, timbrado con sombrero eclesiástico de seis borlas por lado. El ancla alude al martirio de San Clemente Papa, por su apellido Sanclemente, adoptado por el prelado como emblema devocional; La Torre ardiendo representa las armas del linaje Torquemada; La Cruz Potenzada procede del Colegio de la Santa Cruz de Valladolid, donde el arzobispo se formó y ejerció como maestro".

La heráldica e iconografía son características decorativas características de este claustro, buena parte de ella de los arzobispos promotores de obras y fundaciones que fueron añadiéndose a la estructura de Fonseca. Esta parte del Museo de la Catedral ocupa cuatro plantas del lienzo occidental del claustro. En Santiago de Compostela Turismo nos informan de lo que en él se expone y podemos ver:
"Se realiza un completo recorrido por la historia y testimonios artísticos de la Catedral, desde las primeras basílicas y los restos arqueológicos, el Románico, la obra del Maestro Mateo, con la reconstrucción del Coro Pétreo de la Catedral; la escultura en la Catedral entre los siglos XIII y XVIII, recorrido por el Claustro Manierista, Biblioteca, donde se expone el Botafumeiro, y Sala Capitular, terminando en la planta superior con la gran colección de tapices, que incluye una sala dedicada a Goya y la impresionante balconada que domina la Plaza del Obradoiro y las calles del Santiago histórico".

Pasamos ahora a la capilla del Alba; fijémonos que además de las de piedra o mármol hay laudas sepulcrales de bronce en el suelos del claustro


La capilla del Alba debe este nombre a que en ella se celebraban misas al amanecer. Era panteón de canónigos catedralicio y la familia de los Rivero de Aguilar, construida en el siglo XVI dentro de las obras generales del claustro, fue fundada en 1529, ocho años después del comienzo de los trabajos claustrales, por el canónigo Gómez Ballo


Está dedicada a la Transfiguración de Jesús en el Hijo de Dios, momento en el que estaban presentes Santiago con su hermano Juan y también Pedro, que es lo que se representa en su magnífico retablo, estilo rococó (posterior al barroco) y por lo tanto dieciochesco, obra de José Gambino, quien introdujo este estilo en Galicia. En principio parece había un retablo sin dorar, obra de Cornielles de Holanda, una reja de cierre y una escalera de caracol. En el actual se ve en lo alto a Dios Padre entre las nubes, rodeado de ángeles, de donde salen los rayos del sol...


Abajo, Cristo entre las nubes, rodeado por San Gil, Santo Domingo y los apóstoles Pedro, Juan y Santiago, en la escena de la Transfiguración


Arriba, la espléndida bóveda estrellada, joya del plateresco


Dada la dificultad, por no decir imposibilidad, de sacar fotografías en buena parte de los espacios museísticos catedralicios, deseamos remitirnos a las webs, páginas y blogs ya reseñados anteriormente, en los que podremos encontrar abundante material gráfico y fotográfico, además de abundantes y buenos textos explicativos, además de vídeos como este


Y por supuesto de recomendar su visita, por eso siempre recomendamos a los peregrinos permanecer al menos un par de días en la ciudad tras su peregrinación, para descubrir estas y otras maravillas compostelanas


Por la panda, crujía o lado oeste del claustro, continúan las hiladas de laudas sepulcrales. Todo ellos forma parte del museo, que abarca amplias zonas de la catedral. Compartimos asimismo de Museos de Galicia:
"El Museo Catedralicio de Santiago permite al visitante ahondar en el conocimiento de la historia y del arte de la Catedral, a través de sus diferentes espacios y las exposiciones temporales que organiza. 
Las diferentes modalidades de visita se centralizan en el Centro de Recepción de Visitantes, situado en la cripta del Pórtico de la Gloria a lo que se accede desde la plaza del Obradoiro. 
Colección permanente. Una visita a la historia y al arte de la Catedral de Santiago a través de sus mejores piezas artísticas. El visitante puede viajar en el tiempo y conocer como a partir de un sepulcro se construye una gran catedral en torno a la cual, a lo largo de los siglos, fue creciendo una ciudad y todo un fenómeno jacobeo que, con el Camino de Santiago, jugó un importante papel en la construcción de la identidad europea y que es, desde 1985, Patrimonio de la Humanidad. 
El Museo Catedral de Santiago permite al visitante ahondar en el conocimiento de la historia y del arte de la Catedral, a través de sus diferentes espacios y las exposiciones temporales que organiza. 
Las diferentes modalidades de visita se centralizan en el Centro de Recepción de Visitantes, situado en la fachada del edificio claustral, anexo a la catedral, en la Praza do Obradoiro. 
Colección permanente. Una visita a la historia y al arte de la Catedral de Santiago a través de sus mejores piezas artísticas. El visitante puede viajar en el tiempo y conocer como a partir de un sepulcro se construye una gran catedral en torno a la cual, a lo largo de los siglos, fue creciendo una ciudad y todo un fenómeno xacobeo que, con el Camino de Santiago, jugó un importante papel en la construcción de la identidad europea y que es, desde 1985, Patrimonio de la Humanidad. 
En la planta baja: los orígenes de la Catedral, el coro pétreo del Maestro Mateo, la construcción de la catedral románica. La planta primera se dedica el arte en la Catedral de los siglos XIII al XVIII y al Apóstol Santiago. En la planta segunda puede visitarse el claustro renacentista, la Capilla de las Reliquias, el Panteón Real, el Tesoro de la Catedral, la Biblioteca capitular, el Botafumeiro y la Sala Capitular. En la planta tercera está la colección de artes textiles y los tapices de Rubens, Teniers, Real Fábrica de Tapices de Madrid y de Goya. 
El Pazo de Xelmírez es un edificio medieval, de carácter civil, anexo a la Catedral y que debe su nombre a Diego Xelmírez, primer Arzobispo de Compostela y grande impulsor de su construcción. Se puede visitar la Sala de Armas, la Sala Manrique, la Cocina y, especialmente, el Salón de Ceremonias, de grandiosa monumentalidad y bella ornamentación con ménsulas historiadas en las que se representa un banquete real. En la planta superior se encuentra actualmente el espacio monográfico dedicado al Maestro Mateo y a su proyecto en la catedral, introduciendo al visitante en el Pórtico de la Gloria. Además, en el resto de espacios abiertos al público, el Pazo de Xelmírez acoge las exposiciones temporales que organiza el Museo, a veces en colaboración con otras instituciones culturales. 
Pórtico de la Gloria. Es la entrada occidental de la catedral románica, ideada por el genio del Maestro Mateo cuyo taller de canteros interpretó en piedra los pasajes del Apocalipsis. Se considera una obra cumbre del arte universal. La visita al Pórtico se realiza a través del Museo, dentro del programa de visitas temáticas que organiza, aplicándose de este modo un protocolo de conservación preventiva necesario para la conservación del conjunto tras su compleja restauración, que fue posible gracias al mecenazgo de la Fundación Barrié. 
Cubiertas. La cubierta pétrea de la Catedral de Santiago está dispuesta en forma escalonada y se puede recorrer, ofreciendo unas panorámicas espectaculares tanto de la basílica como de la ciudad de Compostela. La visita a las cubiertas, que se realiza en grupos guiados reducidos, incluye también el acceso a la Torre de la Matraca. 
Excavaciones arqueológicas. No subsuelo de la Catedral, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en diferentes períodos dejaron a cielo abierto muchos vestigios de los orígenes de la basílica y de la ciudad. Bajo el pavimento se esconde una intricada red de la necrópolis que se sucede desde época romana hasta el momento de la construcción de la catedral románica, así como restos de las primitivas basílicas y parte de la primera línea defensiva de la ciudad de Compostela. Su visita está restringida".

Desde aquí, al comienzo de la panda occidental, vemos la Torre do Tesouro a la que antes nos referíamos, la cual se alza sobre la Praza das Praterías, otro de los accesos a la catedral (portada sur), al que también le dedicamos la oportuna entrada de blog. Como su nombre indica, se hizo para albergar el tesoro de la catedral y es una de las obras de Gil de Hontañón acometidas en 1543 dentro de las de la construcción del claustro


Sería este el remate para el cuerpo oriental del claustro catedralicio, asegurándolo estructuralmente sobre un terreno irregular y en cuesta, además de, arquitectónicamente, un contrapunto vertical al predominio horizontal del edificio claustral


Su estructura de pirámide escalonada, que inspiró a la de la Torre da Vela, además de una posible inspiración en antiguas arquitecturas americanas y mesopotámica, ha querido buscarse en un simbolismo de los distintos niveles de la perfección. En Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España llega a decirse que su construcción ejemplifica el momento en el que Gil de Hontañón "abandona las enseñanzas platerescas de su maestro Juan de Álava a favor del renacentismo."


Su estructura de pirámide escalonada, que inspiró a la de la Torre da Vela, además de una posible inspiración en antiguas arquitecturas americanas y mesopotámica, ha querido buscarse en un simbolismo de los distintos niveles de la perfección. En Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España llega a decirse que su construcción ejemplifica el momento en el que Gil de Hontañón "abandona las enseñanzas platerescas de su maestro Juan de Álava a favor del renacentismo."


Y otra de las emblemáticas y enigmáticas torres de la catedral, A Torre do Reloxo o Torre del Reloj, empezando por la única aguja del reloj que le da nombre, que solamente marca los minutos pues las horas lo hace la campana. Su estructura actual es barroca pero esta se superpone a estructuras anteriores, de discutido origen, de ahí que se la llame popularmente A Berenguela, pues se atribuyó al arzobispo Berenguer de Landoira su construcción en el siglo XIV, al principio como torre defensiva pues, además de invasiones, Compostela vivió más de una revuelta popular -el mismo prelado fue asediado en la catedral-, sin embargo su estructura base sería posterior, de entre los años 1468 y 1484


Si bien se sabe que dicho arzobispo mandó levantar una torre hay quien dice que no sería aquí sino en la Porta da Trinidade de la desaparecida muralla, enfrente de la portada occidental de la catedral (O Obradoiro). Otros dicen que la torre sí estuvo aquí pero que era anterior al arzobispo, reformada después en el XV pero no ya con objetivos bélicos sino arquitectónicos, para reforzar la fachada románica del templo


Chamoso Lamas afirma que la comenzó a construir el arzobispo Rodrigo del Padrón en 1316, quien terminaría el primer cuerpo. Luego la fortificaría Berenguer de Landoira y con Alonso II de Fonseca (padre de Alonso III de Fonseca) se enriquecería con varias esculturas. Más adelante, entre 1676 y 1680, el arquitecto Domingo de Andrade le daría la reforma barroca, añadiéndole además dos plantas, cuya zona superior hubo de reconstruirse en 1731 tras la caída de un rayo


Según avanzamos por el claustro, empieza a asomar más a la izquierda el cimborrio con la elegante cúpula sobre el crucero de la catedral, construido también en fase bajomedieval y fase barroca


Otro gran enigma es la fuente central del claustro, una copa que se dice viene de la llamada Fuente del Paraíso, que estaba frente a la desaparecida portada románica del mismo nombre, Puerta del Paraíso por sus escenas de Adán y Eva, en el acceso septentrional de la catedral, también llamada Acibechería por ser la que está frente a la histórica rúa de los azabacheros que vendían los objetos religiosos hechos con este preciado material a los peregrinos


La construcción del claustro gótico-renacentista con Alonso III de Fonseca supuso la demolición del claustro gótico, más bajo y pequeño, construido con el arzobispo Juan Arias en siglo XIII, del que se conservan sin embargo algunos restos. También parece hubo un incipiente claustro románico en tiempos de Diego Xelmírez. De ellos y de estas primeras fases constructivas nos presenta este compendio el historiador Juan Conde Roa en su guía de Santiago de Compostela para El viajero independiente de Ediciones Júcar:
"Antes de que se construyese el actual, de 45 m de largo por cada lado, lo que lo sitúa como uno de los más grandes de España, ya se habían levantado dos más. El primero en tiempos del arzobispo Xelmírez, cuyos restos se encuentran en la sala baja del museo. Posteriormente, hacia 1266, se construyó el segundo, descubriéndose parte de él en las excavaciones de 1964.

Antes de iniciarse las obras del claustro actual, se reunieron en Santiago -en el año 1518- Juan de Álava, Gil de Hontañón, Juan de Badajoz y Alonso de Covarrubias, "la plana mayor de la arquitectura española del tiempo, representando a las escuelas de Salamanca, León  y Toledo", escribe Martín González. Entre todos debían buscar una solución a los problemas que planteaba la construcción de este claustro. En primer lugar, figuraba el gran desnivel que hay entre este claustro y la plaza del Obradoiro, ya que, como se puede apreciar, desde que se entró al museo por la plaza, se suben escaleras continuamente. En segundo lugar se planteaba el inconveniente de que el suelo de las naves de la catedral estaba a mayor altura que el claustro. Y por último, el del tamaño del mismo, lo que llevaba consigo una serie de problemas técnicos y arquitectónicos a solventar. 

Tras varios años de estudios, comienza la construcción del actual claustro, gracias a la intervención de varios arquitectos, siendo el primero de ellos Juan de Álava, quien trabajaba desde su inicio en  1521, hasta 1534, realizando el ala norte. A este le sustituiría en la construcción Jácome García, cuando el primero estaría ausente. Las fachadas este y sur se deben al arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, quien se hacer cargo de las obras en 1538, continuando con el estilo de su predecesor. Juan de Herrera prosigue con las obras, hasta que se concluyen en 1590, por la fachada oeste, obra que realiza Gaspar de Arce"

La duración de los trabajos se prolongó pues precisó del derribo de toda una calle de casas, la cual desapareció, resultando un enorme claustro de 34 metros de lado, cuya edificación provocó que se hiciesen nuevas capillas o otros elementos posteriores como la mencionada Torre da Vela, existiendo una verdadera continuidad hasta las profundas reformas barrocas de los siglos XVII y XVIII que encapsularon la antigua catedral románica. De este periodo renacentista es el claustro la obra cumbre, como bien señalan en la Xacopedia:
"Será en el periodo renacentista (s. XVI) coincidiendo en parte con la época de la Contrarreforma católica, cuando la catedral de Santiago vuelva a reformar espacios, readaptándose a los nuevos tiempos y embelleciendo a la moda tanto su interior como su exterior. Este fue el tiempo de la dilatada construcción de un nuevo y más grandioso claustro, sustituto del medieval, por decisión del arzobispo humanista Alonso III de Fonseca. Esta obra grandiosa, que tardó algo más de un siglo en rematarse, logró gran presencia urbana y se potenciaron nuevas calles y plazas, además de generar nuevos ámbitos en el interior catedralicio, como la sacristía, tesoro, capilla de las Reliquias, capilla de San Fernando y otros espacios de servicio. 
Aunque la Edad del Humanismo no comportó grandes cambios en el interior de la catedral, a excepción de la edificación a partir de 1523 de la capilla de los Clérigos de Coro o de la Concepción, al lado de la de Sancti Spiritus, y la sustitución, ya a principios del siglo XVII, del coro pétreo por una sillería manierista de nogal, será la construcción del nuevo claustro, capillas, sacristía y dependencias anejas la obra renacentista más ambiciosa en la basílica jacobea. 
El interior del nuevo claustro se construyó durante la primera mitad del siglo XVI, con planos y dirección de obra de los arquitectos Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón. Hacia el exterior, el claustro configura un gran edificio de aspecto palacial con una notable presencia urbana. El arzobispo Fonseca III aprueba la traza propuesta por Juan de Álava y coloca la primera piedra en abril de 1521. La dirección de obra en el interior la fue realizando el propio maestro salmantino hasta su muerte en 1537. Por estas fechas se inician las obras de las fachadas, diseñadas con un aire solemne y que potencia la imagen de la catedral en la ciudad. Rodrigo Gil de Hontañón planifica en 1540 la fachada del Tesoro, un cierre que llegará a ser un agente fundamental para la ordenación de la plaza de As Platerías, otro de los nuevos espacios urbanos que surgen en el entorno de la catedral. 
El proceso de destrucción de tejido urbano medieval continuará con la edificación del lienzo meridional, diseñado por Gil de Hontañón con notable empeño arquitectónico. Construir el ala sur y la fachada oeste constituyó un trabajo muy complejo, al tener que soportar sus crujías y dependencias las presiones de la totalidad del nuevo claustro. La dirección de esta parte de la obra se realizó, a partir de 1566, bajo el control del santanderino Juan de Herrera, aunque Rodrigo Gil, quien había dado las trazas, continuó visitando la obra hasta su fallecimiento en 1572".

Siguen friso y escudos por las paredes del claustro. Las claves de las bóvedas muestran motivos vegetales, figuras humanas y escenas alegóricas. "El claustro catedralicio se convirtió en el taller de formación de toda una generación de canteros y pedreros, que conocieron en estas obras el nuevo lenguaje del plateresco, importado por Juan de Alava del foco salmantino, de donde procedía", leemos en Galicia pueblo a pueblo


Los escudos se presentan dentro de grandes medallones, una de tantas maravillas de la llamada 'escuela castellana' traída por los arquitectos responsables de la construcción, estilo plateresco que "se caracteriza por una decoración prolífica que cubre las fachadas con elementos vegetales, festones, criaturas fantásticas y todo tipo de figuraciones", comentan en Wikipedia


La configuración espacial, sin embargo, no difiere de la del gótico: "Esta fijación por partes concretas, sin modificaciones estructurales respecto del gótico y apenas espaciales, hacen que sea clasificado muchas veces como variación y no como estilo". Tal y como pasa con otros estilos, el gótico sin ir más lejos, el nombre de plateresco, relacionado con el oficio de los plateros, le vino dado a posteriori


Se le consideró un arte 'español', entendido como tal las partes de Europa, América y Asia, que fueron dominio de la Corona Española (máximo esplendor artístico con Carlos I) en algún momento entre los siglos XV y XVII, sin embargo, estudios histórico-artísticos a partir de mediados del siglo XX le han encontrado parentescos en Francia, Portugal y Alemania principalmente:
"Esta problemática realza la improcedencia del nombre Plateresco y la catalogación como estilo, inclinándose a considerarlo un periodo de confusión y transición entre estilos, caracterizado por la profusión decorativa al no ser capaces los arquitectos de desarrollar nuevas tendencias espaciales ni estructurales. En ocasiones, incluso, esto se reduce incluso a tratar el plateresco como la sustitución de la decoración gótica por los grutescos italianos de inspiración serliana.

Cualesquiera la tesis, sin embargo, se admite el plateresco o protorrenacimiento como un arte que respondió a las exigencias de España, país que acababa de concluir la Reconquista y de llegar a América, empezando a percibir sus riquezas, y entraba en una espiral de grandes construcciones que hoy consideramos monumentos."

Los escudos familiares quedan diminutos ante la proliferación de símbolos y escenas de todo tipo en los medallones: ángeles, plantas, frutos y todo tipo de virguerías


"La decoración empleada tenía significados concretos, no pudiéndose leer tan sólo descriptivamente. Así, los laureles, los motivos bélicos y la abundancia de cuernos se colocaban en las viviendas de militares destacados. Por lo mismo la escenificación de fábulas griegas y romanas abstraía ideales humanistas, con lo que la lógica decorativa se convertía en un medio para expresar y difundir ideas renacentistas", seguimos leyendo en Wikipedia


Muchos motivos se repiten en la decoración de los medallones, otros no


Si tenemos en cuenta la duración de la construcción del claustro, de 1521 a 1590, esta coincide en dos fases del plateresco, el gótico plateresco, que de finales del siglo XV llega a 1530, y el renacimiento plateresco, hasta 1560, cuando ya se sumiría en el renacimiento pleno, cánones generales que los estudiosos pueden discernir si encajaría en este claustro o no


Lo que sí estamos seguros es que, para admirarlo todo en lo plenitud hemos de mirar tanto para arriba. "El claustro es de un solo piso, con vanos más pequeños en los ángulos. Todavía perviven reminiscencias góticas en sus perfiles y en las bóvedas estrelladas, pero con influencias renacentistas", resalta Juan Conde Roa en su libro-guía


Como para abajo, pues aquí tenemos expuestos numerosos elementos arqueológicos con elementos procedentes de este mismo claustro y de otros lugares de la catedral...


A falta de paneles descriptivos no podemos hacer otra cosa que imaginarnos qué puede haber detrás de cada símbolo y cada motivo, como este que parece un rey o reina entre dos aves


Se trata aquí sin duda de blasones heráldicos, de los cuales algunos veremos en otros lugares de la catedral y de la ciudad 


Algunos divididos en cuarteles y con yelmo...



Los seis círculos pertenecen a los blasones de los Castro, posiblemente vinculados a la reina Juana de Castro, cuyo sepulcro acabamos de ver en el Panteón Real


Un verdadero museo de heráldica compostelana...



Este, llamativamente teñido de rojo...


Escudo con yelmo de grandes penachos de plumas, muy llamativo


Blasones de todos los tamaños, más grandes y más pequeños


Llegamos de esta manera al final de la panda occidental,, la de Gaspar de Arce, y llegamos a la sur, de Gil de Hontañón; a la derecha está la puerta del Archivo Catedralicio, "notable por su contenido bibliográfico y documental, destacando el Códice Calixtino o "Liber Sancti Jacobi" dedicado a la Catedral en 1149 por Aymérico Picaud, canciller del Papa Calixto II, y que contiene la liturgia y los relatos de los milagros y traslación del Apóstol, los Caminos de Peregrinación y la descripción de la ciudad de Compostela y su celebrado Santuario Jacobeo", escribe Chamoso Lamas


Es una muy admirable portada plateresca, fijémonos en cómo el friso se adapta a su forma


En el archivo, continúa Chamoso Lamas, se encuentran las recopilaciones documentales del "Tumbo A, que, comenzado en 1129 por el tesorero y maestro Bernardo, continuó recogiendo documentos hasta Alfonso X, y exhibe bellas miniaturas con retratos de monarcas y príncipes; el breviario del Canónigo Miranda (1481-83), hermoso manuscrito miniado; la Historia Compostelana o Crónica del mandato de Gelmírez, y otros notables manuscritos y documentos, fuentes fundamentales no sólo de la Historia de Galicia, sino de la Península".


Vídeo de una jornada de puertas abiertas en el Archivo de la Catedral


Sobre la puerta, otro de los medallones con escudo


Un escudo más, este al comienzo de la panda sur del claustro



La bóveda y sus claves. Un muy interesante estudio de estos elementos lo tenemos en Las bóvedas pétreas nervadas de Galicia: identificación de soluciones, de los arquitectos Manuel José Freire-Tellado y Santiago B. Tarrío-Cardeguas, en el que destacan su variedad, citando al historiador Juan José González, quien ha estudiado los pasos de sus artífices en Santiago:
"El tránsito de maestros de obras foráneos por la Comunidad dio lugar a que se aplicasen diferentes soluciones de abovedamiento: la actividad constructora en Compostela traerá a Santiago a maestros como Enrique Egas, Juan de Álava, Rodrigo Gil de Hontañón o Alonso de Covarrubias –Martín González cita el encuentro en 1518 de los tres últimos y Juan de Badajoz en Santiago de Compostela, con el fin de debatir técnicamente la propuesta de Álava para el Claustro para la Catedral–. Por Compostela y el resto de Galicia circularon también personajes como Juan de Herrera el Trasmerano, Cornelius de Holanda, Juan Pérez… Tampoco se puede olvidar la circulación de religiosos como consecuencia de las fundaciones del Císter y de las órdenes mendicantes en la Comunidad. Sin embargo conviene aclarar que los pronunciamientos sobre autorías quedan fuera del ámbito de este trabajo".

Vistas al detalle y de cerca de estas claves


Ya en la panda meridional y a la izquierda de la primera puerta de este lado, restos de algunas yacijas o pequeños sarcófagos, de piedra


Una lauda de escudos a la derecha y a la izquierda una yacija representando diversos personajes con un trasfondo de arcos góticos


Escudos y tetrapétalas


Entre los personajes de la yacija vemos ángeles, uno a cada extremo


Nos preguntamos si formará todo esto parte del antiguo claustro gótico del arzobispo Juan Arias, quien intentó, parece ser, hacer una gran catedral gótica, pero su claustro desapareció y el otro elemento localizado, una monumental cabecera, apenas se hicieron unos cimientos, localizados en el subsuelo de la Praza da Quintana, al este de la catedral


En Galicia pueblo a pueblo nos informan que en las excavaciones efectuadas por Chamoso Lamas para hallar vestigios del antiguo claustro, que unos describen como románico y otros como gótico, "fueron hallados entre los escombros dos sarcófagos y dos bultos sepulcrales, uno de éstos mutilado en su parte inferior. También se halló un gran fragmento de un bulto sepulcral del mismo tipo y época que los anteriores", que son los que vamos a ver ahora...


En estos sepulcros están representados tres personajes, dos de ellos por su hábito parecen de prelados. En este primero dos filas de blasones acaso permitan descubrir la identidad del difunto


En dichos blasones se repiten dos símbolos: por un lado la concha de venera o vieira, que representa exclusivamente a la catedral, y por otro el de seis bezantes o círculos cargados con tres barras, que según Galicia pueblo a pueblo podrían pertenecer a los Jurado o a los Mendaña. "La figura luce mitra decorada así como las ínfulas, viste traje sacerdotal y sostiene sobre el pecho el libro litúrgico con ambas manos"


En el almohadón sobre el que descansa la cabeza se ven dos escudos, uno a cada lado, con dos barras de faja, horizontales


Esta lauda representa a un guerrero con su armadura y fue descubierta por Chamoso Lamas en la Capilla de la Comunión de esta misma catedral, la cual había sido capilla funeraria de don Lope de Mendoza, quien parece ser este personaje, pues en la inscripción, si bien del nombre solamente queda la 'L' inicial, puede leerse:
AQVI IAZE EL VIRTVOSO CAVALLERO L.... DE MENDOZA FIJO DE ALONSO DE MENDOZA AÑO DE CCCCLXVIII

Compartimos la descripción general que podemos encontrar en la web Galicia pueblo a pueblo de esta lauda sepulcral de Lope de Mendoza:
"Flanquean la cabeza del Caballero dos escudos gemelos de los Mendoza. Bordura cargada con los ocho roeles, que en este caso alternan con las ocho panelas, faltando o estando borroso al menos el menguante en el centro del campo. Luce el Caballero completa armadura, el casco entreabierto deja ver una pequeña parte del rostro, las manos ocultas en los guanteletes mantienen asido el pesado mandoble, los pies descansan sobre el lomo de un lebrel. Por desconocida razón fue raida la parte inferior de la pierna derecha y el cuerpo del can sobre el cual descansaba el pie".

Aquí tenemos otro sarcófago y, sobre él, una lauda que representa a quien parece otro prelado. En Galicia pueblo a pueblo se decantan que ambos pertenecen a diferentes personas


En el sarcófago es de caras lisas, excepto la de los pies, en la que se lee claramente ANDREA DE LUCA MEDICI CANONICI COMPOSTELANI, de lo que se desprende que pertenece a un canónigo médico de origen italiano


Sobre el sarcófago se colocó uno de los bultos sepulcrales descubiertos que, por la calidad de la piedra y los atributos del personaje, esta estatua yacente no parce corresponder con el médico compostelano, pues luce mitra y hábitos pontificiales


Sus manos sujetan sobre el pecho el libro litúrgico


Seguidamente tenemos otros dos elementos arqueológicos también de carácter funerario


Esta sería otra lauda de sarcófago de la que solamente se conserva de la mitad para abajo, por lo que del personaje solamente queda la parte que va de la cintura a los pies. Por su hábito se desprende que se trataría de otro religioso de alto rango


Yacija con escudos sostenidos por ángeles con fondo de arcos ojivales podrían ser una representación del antiguo claustro gótico


Puerta de la actual sala de investigadores del  Arquivo Catedralicio. "En el ala Sur se abren tres puertas, que dan actualmente a la Veeduría o Secretaría actual, donde tradicionalmente se viene expidiendo la Compostela", o sea, el certificado de haber peregrinado a Santiago, la que comunica el claustro con el exterior por bien desarrollada escalera (1723) y la de las dependencias auxiliares", explica de la disposición de las dependencias de esta panda en 1982 Manuel Chamoso Lamas, cuando publica su libro-guía de Santiago de Compostela. Hoy en día todo ello ha cambiado, las compostelas, por ejemplo, se dan en la Oficina del Peregrino y lo demás es espacio museístico


Vemos desde aquí ya la gran Torre de las Campanas de la catedral, una de las dos, junto con la de la Torre de la Carraca, que asoma justo detrás, de la gran fachada barroca de la Praza do Obradoiro. La de la Carraca debe su nombre al citado instrumento, el cual se utilizaba en sustitución de las campanas durante la Semana Santa, en señal de duelo por la Pasión de Cristo. Observemos igualmente los contrafuertes exteriores de cada tramo de las bóvedas del claustro, cada uno con su pináculo. "Los cuatro lasos del claustro se encuentran rematados por una artística crestería que recuerda a la de la fachada del Tesoro, en la Plaza de Praterías", en la parte también de la obra de Gil de Hontañón, apunta Conde Roa


Las torres son una maravilla del arte barroco, encargada a Fernando de Casas Novoa, sucesor de Domingo de Andrade al frente de la magna obra que le dio a la catedral su aspecto actual, según leemos en Xacopedia:
"En 1711 el arquitecto Fernando de Casas Novoa sustituye al anciano Andrade en la dirección de las obras, aunque su grado de realización le obligó a dedicarse a tareas complementarias y propiamente ornamentales, pero decisivas para lograr el aspecto que la capilla presenta en nuestros días. Los gastos que tenían que afrontar los canónigos en esta magna obra eran muy elevados, por lo que fue tomada en consideración la propuesta del arzobispo Monroy, quien en septiembre de 1711 ofrece al Cabildo terminar el revestimiento marmóreo de la sacristía a cambio de poder construir allí su mausoleo y un altar dedicado a la Virgen del Pilar, advocación mariana de la que era muy devoto. 
A partir de 1713 el trabajo de Casas Novoa se centró en el revestimiento marmóreo de las paredes que quedaban por cubrir, de los arcos de acceso, del pavimento y el diseño del retablo de la Virgen del Pilar y del sepulcro del arzobispo Monroy, fallecido en 1715, antes de la conclusión de las obras. Casas Novoa tuvo que invertir más de diez años en esta arquitectura, inaugurada en 1723 y considerada en su momento una de las capillas más ricas y lujosas de Europa. A esta riqueza contribuyó el ajuar, su cajonería de maderas nobles con incrustaciones de marfil y los revestimientos de jaspes portugueses elegidos por el arquitecto gallego en Lisboa. 
Fernando de Casas contó con una nueva oportunidad para transformar la imagen del templo jacobeo a partir de 1738. En estas fechas el Cabildo decide reconstruir la fachada principal, ya que la medieval presentaba una serie de problemas que obligaba a la frecuente reparación del rosetón central. Casas Novoa realizó el diseño del nuevo Obradoiro en 1738. Las obras se iniciaron bajo su dirección en febrero del mismo año y se prolongaron hasta el 24 de noviembre de 1749, fecha del fallecimiento del artista. La fachada prosiguió su construcción algunos meses más; su finalización data del 28 de febrero de 1750 (año santo compostelano), bajo la dirección del aparejador Lucas Ferro Caaveiro".

No se juzgó necesario cambiar al impecable claustro 'gótico-plateresco-renacentista' por otro de estética barroca y este permaneció prácticamente intacto hasta nuestros días, pero de aquella gran reforma barroca no sobrevivió la gran portada románica del Paraíso, ni tampoco su fuente, situada enfrente (portada norte), y entre ella y el antiguo Hospital de Santiago, que acogió a los peregrinos entre los siglos XII (fundación de Diego Xelmírez) y XVI, cuando su función pasó al nuevo Hospital Real (actual Hostal dos Reis Católicos), en o Obradoiro


Como hemos dicho, esta copa de la antigua fuente se dice que es esta, traída acá en fecha indeterminada, parece que mucho antes que la construcción de la fachada barroca del lado norte. La fuente parece ser que, además de para asearse y beber, se empelaba para ciertos ritos de purificación, dado que, dada su inmediatez a la portada, la más empleada por los peregrinos del medievo al estar frente a la Vía Francesa, por donde llegaban los romeros caminantes de la mayor parte de España y Europa. Al fondo vemos de nuevo la portada por la que hemos llegado al claustro, la del acceso a la capillas de San Fernando (Tesoro), de las Reliquias y el Panteón Real


El ya tantas veces mencionado Codex Calixtinus se refiere a ella como Fons Miravillis al dedicarle todo un capítulo entero, el IX, refiriéndose a ella como la Fuente de Santiago, "aunque tradicionalmente fue conocida como fuente del Paraíso, por estar ante la puerta catedralicia citada, que acogía un detallado programa iconográfico de Adán y Eva y su expulsión del Paraíso. La fuente, que se abastecía de un manantial propio situado posiblemente a una distancia notable, también permitía atender las necesidades del hospital de peregrinos pobres situado enfrente y a la población local", explica la Xacopedia


Se sabe ciertamente que el arquitecto Bernardo, tesorero además de la catedral, construyó un acueducto que, con el apoyo del arzobispo Diego Xelmírez, trajo el agua desde los manantiales al norte de la ciudad que pudo ser el que aportase el suministro a esta fuente, inaugurada el 11 de abril de 1122, como indicaba una vieja inscripción desaparecida. Una leyenda dice también que aquí hubo una fuente anterior, la cual fue llevada a la actual Praza das Praterías, aunque no parece existir ningún documento que lo avale


Fijémonos en uno de los tres relojes solares de piedra existentes en el claustro, colocados en el año 1601 y que, además de las horas, señalan las estaciones


Fijémonos en la alternancia de arcos ojivales y de medio punto que caracterizan esta unión de estilos gótico-platerescos-renacentistas. En catedraldesantiago.online piden que admiremos bien esta balaustrada:
"Para quienes buscan detalles únicos, el claustro ofrece pequeños tesoros que a menudo pasan desapercibidos. Uno de ellos es la calada crestería que corona las bóvedas del claustro. Este elemento decorativo combina el estilo gótico con influencias renacentistas, creando un contraste que refleja el momento de transición arquitectónica en que fue construido".

Y los contrafuertes y los pináculos de inspiración gótica y filigranas platerescas


Esta portada de la sala de investigaciones del archivo representaría un modelo más plenamente renacentista. "Predomina el estilo renacentista plateresco, con detalles decorativos minuciosos y proporciones clásicas", resume de este claustro, no fácil de adscribir estilísticamente siempre, catedraldesantiago.online


Seguimos admirando el friso, las ménsulas, los escudos-medallones y las bóvedas. "La historia del claustro está rodeada de leyendas que alimentan su misticismo. Una de las más conocidas relata que, durante su construcción en el siglo XVI, los maestros canteros dejaron marcas personales en los bloques de piedra, no solo para identificar su trabajo, sino también para proteger el espacio de influencias malignas. Estas marcas aún pueden observarse y son motivo de especulación entre los estudiosos y curiosos".


Estas filigranas decorativas son la parte más renacentista del conjunto claustral y sus motivos combinan elementos religiosos y simbólicos


Los símbolos exteriores del medallón suelen en buena parte mantenerse de uno a otro, mientras que la heráldica interior es la que cambia


Otra representación de escudos y personajes en una yacija, con lo que sería al fondo la arquería ojival del desaparecido claustro gótico


El espacio funerario catedralicio era prácticamente total, desde el claustro hasta el suelo de todo el templo y las capillas, verdaderos panteones funerarios


Las linajudas estirpes gallegas ostentaban su heráldica por doquier


Fila de escudos sumamente gastados


Esta yacija ha sido identificada como la de Álvaro Núñez de Isorna, arzobispo de Santiago entre 1445 y 1448. La capilla de su inhumación pertenecería al antiguo claustro, por lo que ha desaparecido:
"A pesar de las referencias documentales que proporcionan numerosos datos sobre el lugar de inhumación y la sepultura de Alvaro Núñez de Isoma, la destrucción de la capilla por él elegida cuando se levantó el claustro actual, hizo que se considerase su sepulcro como perdido e incluso que sus cenizas hubiesen sido trasladadas al sepulcro de Alonso Sánchez de Moscoso. Sin embargo, en la actualidad se halla entre otros restos en el ala sur del claustro. Se comenta que había sido utilizado como pilón en una casa de la Rúa do Villar. Su forma paralelepipédica y su orificio en la base, además de dos abiertos en los escudos, habrían podido facilitar su empleo como tal. Lo que se conserva es una yacija, decorada sólo en su parte frontal, lo que nos induce a pensar que se trataba de un sepulcro adosado, situado bajo un arcosolio".

Se repiten los motivos de escudos y personajes, blasones que han podido ser identificados, con arcos ojivales góticos como fondo, rematados en pequeñas torres cuya fila simula una línea de almenas
En él se recogen cuatro blasones que podrían corresponder a Isoma, Vaamonde, Bendaña y Rodeiro respectivamente. A pesar de su estado de desgaste se aprecian las correas y lises de Isoma, el jaquelado con dos sierpes acoladas y timbrado de corona de Vaamonde, tortillos o armellas (róeles o bezantes), en el caso de Bendaña y las medas de Rodeiro. Los escudos están enmarcados bajo una doble arcada apuntada, a su vez, geminada, y decorada con rosetas; los arcos descansan sobre columnas de fuste liso, que se apoyan en basas molduradas elevadas sobre un plinto. En los extremos, dos ángeles ceroferarios arrodillados, sustentan sobre su cabeza la conjunción de la doble arcada. En la parte superior se aprecian diversos motivos arquitectónicos a modo de torrecillas".

Siguen por esta panda sur y hasta su final las hiladas de laudas sepulcrales


Y aquí tenemos otra soberbia estampa de la torres barrocas de la catedral, destacando también muy bien al sol la balaustrada del pórtico con su trabajada crestería. En una de las torres precedentes, románicas, hubieron de refugiarse el obispo Diego Xelmírez y la reina Urraca I que le visitaba en 1117 cuando una sublevación vecinal acudió en protesta por la férrea administración del prelado y sus devaneos políticos que entendían perjudicaban a la población. Previamente se prendió fuego al antiguo palacio arzobispal, sito en la actual Praza das Praterías, y se les apedreó en el coro catedralicio


La reina fue atrapada y vejada, aunque consiguió escapar, organizó un ejército, asedió Santiago y puso fin a la revuelta, confirmando a Xelmírez al frente de sus cargos. A partir de entonces y durante el resto de la Edad Media, las nuevas obras catedralicias, empezando por el nuevo palacio (Pazo de Xelmírez, integrado en el Museo de la Catedral) o la antigua torre Berenguela, le dieron al conjunto un aspecto de castillo-fortaleza que, en buena parte sigue manteniendo, pese a las reformas barrocas y renacentistas, de estas segundas las de este claustro sobre todo, que le dieron más aire palatino 


La misma catedral parece seguir la línea histórica por la que las antiguas torres señoriales, gallegas y de toda Europa occidental, fueron pasando de ser fuertes y castillos a pazos y casonas cuando el feudalismo dio paso a lo cortesano, sobre todo a partir del reinado de los Reyes Católicos y sus reformas políticas, que hicieron que la nobleza terrateniente y guerrera un estamento más palaciego. Algo en lo que podríamos incluir al alto clero. Aquí surgiría lo plateresco que, como todas las artes y sus estilos, plasman plásticamente nuevos periódicos históricos, con sus cambios sociales y, con ellos, de actitudes ante la vida


En el claustro se expone A Berenguela, nombre de la gran campana que estaba en la torre de igual nombre, junto con otras dos de la misma procedencia, la cual fue traída aquí en los años setenta del siglo XX, cuando se dañó y hubo de ser sustituida


Las primeras campanas para la antigua torre fueron donadas en 1484 por el rey de Francia Luis XI, que era muy devoto de Santiago, por lo que también se la llamo la Torre del Rey de Francia, llena de leyendas y donde se daban indulgencias a los peregrinos, como relata la Xacopedia:
"Las primeras grandes campanas que tuvo la catedral compostelana y la propia Torre del Reloj fueron regalo del que fue quizás el rey francés más devoto de SantiagoLuis XI. Este envía en 1483 a tres peregrinos en su nombre -su maître y dos consejeros- para que gestionen la instalación de dos campanas costeadas por él en la catedral, que serán transportadas por mar. Se colocaron al año siguiente en esta torre, que desde ese momento también se conoció como “torre del Rey de Francia”. La ofrenda de Luis XI dio lugar a que surgieran varias leyendas. Las escucharon y las cuentan los propios peregrinos".

En 1738 se instaló una nueva y enorme campana de 3 metros de diámetro que en la actualidad, agrietada, podremos ver en el claustro catedralicio. La actual Berenguela se fundió en Holanda en enero de 1990 acompañada de sus, llamadas, 'hermanas menores'


El peregrino y clérigo borgoñés Domenico Laffi, quien peregrina a Santiago en 1666, 1670, 1673 y 1691, escribe de su segundo viaje la narración Viaggio in Ponente a San Giacomo di Galitia e Finisterre per Francia e Spagna en la que, publicada en Italia en 1673 en Italia, asegura que las campanas precedentes eran tan grandes que se dejaron de tocar porque el estruendo provocaba que las embarazadas diesen a luz prematuramente. Abundan en ello los autores del Camino iniciático de Santiago, Juan Pedro Morín y Jaime Cobreros:
"Es tal su esbeltez que todavía se dice en Santiago a las mozas airosas "Vas feita una Berenguela. Aunque hace décadas que el badajo de la campana fue sustituido por uno de madera, pues el de bronce rompía los cristales y adelantaba partos, todavía impresiona oír las doce campanadas de la noche con las espaldas pegadas a la torre, subiéndose al banco de piedra corrido".

Parece además que Laffi en su relato confunde a Luis XI con Luis IX, rey anterior (también llamado San Luis), pues dice que cuando este llegó las campanas del rey de Francia sonaron por sí mismas, lo que de ser así tendrían que ser otras más antiguas. Lo cierto es que dicho monarca se le atribuye una peregrinación a Santiago, no demostradamente documentada, así como la fundación de la capilla del Salvador en la catedral, llamada a veces también 'del Rey de Francia'


Una de las hermanas pequeñas de A Berenguela


El peregrino italiano Nicola Albani conoció a esta Berenguela que aquí se expone en 1743, y en su relato Viaje de Nápoles a Santiago de Galicia nos cuenta que se precisaba de tres personas para tocar su monumental campana pero que no se hace, por ser un sonido extravagante, asegurando que "sonó por sí misma cuando Santiago hizo un milagro a un peregrino que se iba a colgar inocentemente en Santo Domingo de la Calzada", la famosa localidad riojana del milagro por el que 'cantó la gallina después de asada'. También asegura que las personas que tienen dolor de cabeza la tocan con la frente y les pasa. En La Berenguela: historia de una campana, del blog de Jesús Morote Laso Lo importante... es el Camino aprenderemos un poco más de su historia:
"Actualmente se conoce como Berenguela la campana mayor de la torre del reloj, que marca las horas. La original fue fundida en 1729 por Güemes Sampedro, fundidor asimismo, de una de las campanas de la Catedral de Burgos, la Santa Bárbara. El peso aproximado de la campana es de 9600 kilos, tiene un diámetro de 255 cm. y una altura de 215 cm.. La afinación era en Do grave. La campana original está rota, su rotura fue debida a un agrietamiento desde arriba a abajo por expandirse el asa badajera a causa de la humedad. Tiene diferentes motivos, entre los que se encuentran una cruz patriarcal con calvario, cuadro sobre la batalla de Clavijo, las tres Marías, sepulcro de Santiago con 7 candeleros encima, una vieira y diversas imágenes entre ellas la de Santiago y Santa Bárbara. Fue sustituida por una réplica, como ya se ha comentado, que se fundió en Holanda por Eijsbouts. Dicen los mayores que cuando sonaba la Berenguela, su tañer, se podía escuchar desde Bastavales pero la que ahora ocupa su sitio no tiene el mismo carácter que la original".

"Algunos detalles sobre la decoración son entre otros: una cruz patriarcal con el calvario de Jesucristo, una representación sobre la batalla de Clavijo (la famosa en la que se atribuye la participación del “Santiago Matamoros”), una imagen del  sepulcro de Santiago con siete velas encima, una concha de vieira (símbolo de los peregrinos) y variadas iconografías", es lo que nos explica Galicia pueblo a pueblo de sus motivos decorativos. Referente a la campana nueva, idéntica a esta antigua Berenguela, hubo de ser desmontada en 1989 para reponerle su armazón, por lo que pudo admirarse en la plaza, como noticiaba El Correo Gallego del 30 de julio de dicho año:
"Cientos de personas se dieron cita en la plaza de Platerías aquel 27 de septiembre de 1989 para contemplar un espectáculo único: la sustitución de la campana de la Berenguela, un armazón de casi 10 toneladas de peso. La nueva campana fue fundida en Holanda y subida a la torre con una gran grúa. En su parte exterior cuenta con varios grabados relacionados con la tradición jacobea. Al acontecimiento, acudieron el entonces presidente de la Xunta, Fernando González Laxe; el alcalde de Santiago, Xerardo Estévez, y el deán de la Catedral, Camilo Gil Atrio; y el conselleiro de Cultura, Alfredo Conde. Junto con otras dos campanas más pequeñas, completan el mecanismo del reloj de la Catedral de Santiago. La antigua campana de la Berenguela se encuentra actualmente expuesta a los visitantes en el claustro de la Catedral".

Inscripciones y símbolos jacobeos. Se discute sobre si estas campanas son fruto, al decir de la tradición, de las que Almanzor se llevó a Córdoba tras el ataque a Compostela en 997 (otros prefieren la fecha del 999), transportadas por cautivos cristianos, y volvieron de igual manera, solo que traídas por prisioneros musulmanes, cuando el rey Fernando III conquistó la ciudad en 1236. Sin embargo, otra historia dice que estas ya habrían sido recuperadas en 1002 por un ejército cristiano coaligado, pero dejemos que nos lo cuente Morote Laso:
"Nos cuenta la historia que, en el año 976, HIXEN II reinaba como Califa en Córdoba. Tenía este Califa un célebre Ministro General de la España Árabe, hijo del Cadí (Juez-Alcalde-Gobernador) de Córdoba ABU HAFS ABD ALLAH y de la bella BORAHIA, hija a su vez del Letrado ABEN BARTAL, llamado IBN ABI AMIR, que en año 981, tomó el nombre de AL-MANSUR (“EL VICTORIOSO”). Con ese nombre será citado en la oración de los viernes detrás del nombre del Califa. 
Almanzor obtuvo, en 25 años, más de 50 victorias sobre los cristianos que le temían más que a una vara verde. 
Quizás una de las victorias más señaladas tuvo lugar el año 999: saqueó SANTIAGO DE COMPOSTELA y se trajo como botín de guerra las CAMPANAS DE LA BASÍLICA, a hombros de esclavos cristianos, para ponerlas como LÁMPARAS en el “MIHRAB” DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA, lugar de oración de los musulmanes, cinco veces al día, a su Dios ALÁ, según prescribe MAHOMA en el CORÁN. 
Al Califa le agradó tanto la ocurrencia de Almanzor que le obsequió con un palacete en la costa de Málaga llamado TORROX (Hoy día es el faro de Torrox costa). 
LA RECONQUISTA DE LAS CAMPANAS 
En el año 1002, el REY ALFONSO V, DE LEÓN, el REY GARCI, DE NAVARRA y LOS CONDES MENENDO, DE GALICIA y FERNÁNDEZ, DE CASTILLA coaligaron un ejército de cristianos, 8.716 soldados de a pie y 2.700 de a caballo. Entraron en Córdoba, saquearon la ciudad y recuperaron las campanas, que fueron llevadas de vuelta a SANTIAGO, también a hombros, pero de infieles (musulmanes). Almanzor los persiguió, llegó hasta SANTIAGO y les presentó batalla; pero su estrella se había apagado, y murió a consecuencia de una grave y antigua enfermedad que sufría; era su viaje Nº 56, de vuelta de otra razzia contra la comarca riojana de Castilla. Los cristianos quisieron presentarlo como un castigo de Dios por haber saqueado y destruido el monasterio de San Millán de la Cogolla, y como consecuencia de las heridas sufridas en una batalla supuestamente entablada en CALATAÑAZOR (Soria). 

(Este relato ha sido entresacado de la GRAN ENCICLOPEDIA DEL MUNDO de DON RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, Editorial MARÍN, S.A., Tomo 1, página 1.847) 
Entorno a este hecho histórico, existe  una leyenda que asegura que cuando Almanzor entró en la Catedral, ante la tumba del Apóstol se encontró con un anciano fraile haciendo oración, el hombre estaba arrodillado. Asegura la leyenda que se trataba del mismo Obispo de Iría, Pedro de Mezonzo. El caso es que la ferocidad del caudillo se tornó súbitamente en mansedumbre o temor, al punto de que respetó el sepulcro y el fraile, retirándose sigilosamente, no sin antes dar de beber a su caballo el agua bendita de la pila bautismal. El resto del templo no corrió la misma suerte: Fue totalmente destruido y saqueado. 
También hay algo de desacuerdo sobre qué se hizo con las campanas en Córdoba, y teniendo en cuenta que no solo fueron robadas las campanas de Santiago, sino todas las de las iglesias de la ruta que Almanzor iba siguiendo hasta Compostela; la cantidad de bronce sumado en total, de regreso a Córdoba seria muy abundante. Bien, la basílica compostelana que ardió en esa ocasión era de estilo prerrománico de finales del siglo X, por lo tanto, hay que imaginarse un edificio modesto que contaría con una espadaña lateral no muy ostentosa con un carrillón de unas 11 campanas mas bien modestas. 
Las crónicas hablan que dado el tamaño de tales campanas eran adecuadas para servir de lámparas de aceite para iluminar la mezquita(entiéndase que se les dio la vuelta sobre unos trípodes y se llenaron de aceite.)y con el resto de las campanas saqueadas en tierras cristianas, hicieron puertas para la mezquita. Otro detalle; tras la reconquista de la ciudad por parte de Fernando III El Santo, se quiso recompensar a la mitra compostelana con nuevas campanas, para lo cual se refundieron si pero en esos nuevos moldes se vertió el bronce de las campanas que habían sido recicladas como lámparas y el bronce de las puertas de la mezquita. 
La historia no acaba aquí. Las campanas actuales de la catedral de Compostela(torre sur del Obradoiro y torre berenguela)no son ni de lejos, éstas nuevas campanas refundidas en Córdoba. Aquí esta la respuesta: durante la transformación barroca del siglo XVI se erigió una nueva torre en la catedral, que llamamos hoy del reloj, la cual necesitaba una gran campana, bien se consiguió rompiendo las 11 nuevas que habían llegado desde Córdoba para hacer la monumental» campana de Berenguela», la cual descansa hoy sobre un pedestal en una esquina del claustro tras ser reemplazada por una copia hecha en Holanda cuando la original se agrieto. 
Actualmente se conoce como Berenguela la campana mayor de la torre del reloj, que marca las horas. La original fue fundida en 1729 por Güemes Sampedro, fundidor asimismo, de una de las campanas de la Catedral de Burgos, la Santa Bárbara. El peso aproximado de la campana es de 9600 kilos, tiene un diámetro de 255 cm. y una altura de 215 cm.. La afinación era en Do grave. La campana original está rota, su rotura fue debida a un agrietamiento desde arriba a abajo por expandirse el asa badajera a causa de la humedad. Tiene diferentes motivos, entre los que se encuentran una cruz patriarcal con calvario, cuadro sobre la batalla de Clavijo, las tres Marías, sepulcro de Santiago con 7 candeleros encima, una vieira y diversas imágenes entre ellas la de Santiago y Santa Bárbara. Fue sustituida por una réplica, como ya se ha comentado, que se fundió en Holanda por Eijsbouts. Dicen los mayores que cuando sonaba la Berenguela, su tañer, se podía escuchar desde Bastavales pero la que ahora ocupa su sitio no tiene el mismo carácter que la original".


Del ataque de Almanzor y de la historia de las reliquias profanadas y no profanadas, así como de los elementos saqueados y recuperados, y no recuperados, incluso no físicos sino también espirituales, estimamos muy oportuno compartir lo que nos ha de decir la versión que nos ofrece la Xacopedia
"En árabe, Al-Mansur bi-Allah -el victorioso de Dios-. Caudillo musulmán de Al Andalus (Málaga 940-Medinaceli, Soria 1002). Coincidiendo con el período de mayor apogeo del Islam en la Península, dirigió numerosas campañas guerreras contra los territorios cristianos. En una de ellas llegó hasta Compostela, protagonizando uno de los episodios más conocidos y críticos de la historia jacobea. Fue en agosto del año 997. Había partido de Córdoba a principios de julio camino del Reino leonés. Pasó por Extremadura y Portugal, siguiendo hasta Oporto, donde se le unieron refuerzos llegados por mar. Entró en Galicia por Tui y llegó hasta Padrón, donde arrasa Iria y Compostela
El caudillo musulmán pretendía, entre otros objetivos, las riquezas que creía que acumulaba la ciudad y quizá debilitar de paso la voluntad de los cristianos, al asestar un duro golpe moral al ya pujante culto a Santiago. Así lo narra el cronista islámico Ben Idhari: “Marchó contra Santiago, el más grande santuario de España y de las regiones próximas de Europa”. 
En el origen de esta razia estaría también el hecho de que el rey leonés Vermudo II no había respondido de manera positiva al pago de las fuertes cargas tributarias que debía abonar a los musulmanes peninsulares. En todo caso, Almanzor contó con el apoyo de ciertos nobles del noroeste peninsular movidos por intereses propios, lo que le facilitó la incursión en el territorio cristiano. 
Según la Primera crónica general, promovida por el rey Alfonso X (s. XIII), y las propias crónicas árabes, Almanzor llega a las puertas de Santiago y la arrasa e incendia, sin encontrar apenas resistencia. Pero Dios, según la versión cristiana, contiene el incendio cuando el caudillo se acerca al sepulcro apostólico, al tiempo que lo hiere a él y a sus tropas, lo que le obliga a marcharse de Compostela, pereciendo muchos de sus hombres. 
La realidad histórica, sin embargo, apunta hacia el conocimiento previo de la llegada de Almanzor, por lo que los compostelanos pudieron huir de la ciudad a tiempo. Asimismo, el obispo Pedro de Mezonzo pudo poner a salvo las reliquias apostólicas y el tesoro de su templo, evitando así un mayor desastre, dado que tanto este como la ciudad fueron arrasados. 
Las crónicas señalan que el caudillo musulmán sólo respetó la tumba del Apóstol, ya fuera por sus convicciones religiosas -Santiago era discípulo de Jesús, a quien el Islam considera uno de los profetas- ya por miedo a algún tipo de maldición. Exponen también que quedó un habitante en la ciudad, al que el caudillo musulmán encontró orando ante el sepulcro apostólico y respetó. El hombre le dijo que era familiar del Apóstol. La tradición cristiana considera que se trataba del propio San Pedro de Mezonzo".

El ataque de Almanzor no supuso el final del culto apostólico jacobita sino que, a corto y medio plazo lo incentivó: la basílica consagrada por Sisnando I en 999 quedó destruida y, aunque parece ser se hizo una pronta reconstrucción, enseguida se planteó hacer una nueva y más grande acorde con un arte novedoso que surgía en Europa, el románico:
"Las tropas de Almanzor volvieron a Córdoba siguiendo en gran medida el trazado de la Vía de la Plata. Según la Primera Crónica, en el camino de vuelta, como castigo divino, el temido caudillo sufrió numerosas heridas y una fuerte diarrea, lo que le impidió arrasar diversas zonas de las jacobeas tierras del Bierzo. Antes, en campañas anteriores, ya había atacado otras ciudades del naciente Camino Francés, como León y Astorga. 
El botín logrado en Compostela -todo indica que en bienes de alto valor resultó escaso- fue embarcado en Oporto y llevado por mar hasta Andalucía. Figurarían en él las puertas de madera de la ciudad y las del templo apostólico, así como las campanas, que obliga a transportar a hombros de los cristianos cautivos. Las campanas acabarían como lámparas en la mezquita de Córdoba, que estaba siendo ampliada en aquel tiempo. En 1236 el rey Fernando III conquista esta ciudad y las restituye a Santiago. La estancia de Almanzor en Compostela mezcla leyenda y realidad con igual fuerza. Es uno de los momentos más mitificados de la historia jacobea. Fue crucial, además, para expandir entre los cristianos peninsulares la leyenda de un Almanzor terrorífico. 
En cualquier caso, esta razia supondrá el momento de mayor peligro para la continuidad del culto a Santiago y de la propia ciudad. Vermudo II y el obispo Pedro de Mezonzo impulsaron la inmediata reconstrucción del templo, de la urbe y de sus defensas, con un afán que tendría continuidad y que llevaría a Compostela al inicio de su esplendor internacional en el inmediato siglo XI ¿Pero hasta qué punto este suceso supuso la pérdida de referentes quizá claves para entender la tradición jacobea, incluidos los relacionados con el propio sepulcro apostólico? Nunca lo sabremos". 

"Es tal su esbeltez que todavía se dice en Santiago a las mozas airosas: "Vas feita una Berenguela", frase que, más referente no obstante a la torre que a la campana, recogen los eruditos Juan Pedro Morín y Jaime Cobreros para su libro El Camino iniciático de Santiago (cuarta edición -1990-) donde añaden que "Aunque hace décadas que el badajo de la campana fue sustituido por uno de madera, pues el de bronce rompía cristales y adelantaba partos, todavía impresiona oír las doce campanas de la noche con las espaldas pegadas a la torre, subiéndose al banco de piedra corrido"


En principio, nada tiene que ver A Berenguela, ni torre ni campana, con la reina Berenguela Berenguer o Berenguela de Barcelona cuyo sepulcro acabamos de ver en el Panteón Real, si bien su biografía, leyenda incluida, está siempre ligada a la ciudad, como bien nos aclara la Xacopedia:
"(Barcelona, 1108-Palencia, 1149). Reina de Castilla y León (1128-1149). Berenguela y su hija la infanta Sancha fueron peregrinas de Santiago y realizaron varios donativos como recuerdo de su visita. La emperatriz solicitó que la sepultasen en la basílica del Santo Apóstol y recordó este ofrecimiento a la hora de su muerte. Sus restos mortales ocupan uno de los sepulcros regios de la histórica capilla de las Reliquias
Hija de Ramón Berenguer III y de Dulce de Provenza, se casó en 1128 con Alfonso VII de Castilla, con quien participó en las tareas de gobierno. En 1139 defendió con éxito Toledo contra los almorávides. 
La Historia compostelana, crónica del siglo XII escrita en latín que recoge las empresas de Diego Gelmírez, contiene una crónica del Reino de Castilla y de Galicia que comprende los reinados de Alfonso VI, Doña Urraca y Alfonso VII e incluye transcripciones de documentos pertinentes a los hechos que narra, lo que la convierte en un documento historiográfico de primer orden para el estudio de la primera mitad del siglo XII, donde aparece citada la figura de la reina Berenguela. 
Una antigua tradición compostelana dice que la reina Berenguela se pasea por la ciudad cada noche del 24 de julio, víspera del Día de Santiago. Esta leyenda inspiró la pieza teatral infantil La noche de la Reina Berenguela, de Xosé Antonio Neira Cruz, que narra la admiración por la belleza de esta mujer, cantada por juglares, frente a los conspiradores de la corte que quisieron dificultarle sus intenciones políticas de cohesión. 
El nombre de la campana de la Torre do Reloxo, sin embargo, procede de Berenguel de Landoira, que nada tiene que ver con esta reina".

Evoca literaria y bellamente a las 'tres berenguelas de Santiago', torre campana y reina, María Sánchez Agustino en el diario El Correo Gallego del 25-2-2011:
"ASÍ LLAMADA la preciosa campana que corona la torre del reloj o del homenaje desde el S.XIV, erigida por Diego de Patos y culminada por Berenguer Landoira , al que debe su nombre, sustituida bien a nuestro pesar por una réplica en 1990. Testigo mudo de tantos acontecimientos, que enseñorea desde la cúspide de nuestra bella Catedral compostelana alumbrando con sus tañidos los primeros despuntes del alba, formando parte intrínseca del alma de nuestra ciudad y tejiendo con sus dulces sones el fluir de la vida compostelana. 
Bienamada Berenguela ¡si hablases cuánto tendrías que contar!, yaces impregnada y teñida del hechizo y magnetismo de la fe secular de tantos peregrinos, el inexorable paso del tiempo no te dejó indemne, una grieta quebró tu tañido y otra réplica repica y ocupa tu lugar. 
Hermoso nombre evocador de tiempos pretéritos de ese otro de la bien llamada Berenguela, hija del Conde Ramón Berenguer III, reina consorte del rey emperador Alfonso VII, coronado Imperator totius Hispaniae en la Catedral de León, hijo de doña Urraca y Raimundo de Borgoña, nacido en la bella villa de Caldas de Reis, de ahí su nombre, famosa ya desde antaño por sus termas. 
Era esta reina una gran valedora y devota de Santiago Apóstol y gran benefactora de nuestra bella ciudad, promovió incansablemente la restauración de puentes y calzadas, la proliferación de monasterios e iglesias, a lo largo del camino jacobeo, para cobijo de los cansinos peregrinos, propiciando con ello la feliz culminación de su peregrinaje, mediando ante su esposo para que los restos mortales de ambos descansaran perpetuamente en la catedral, viose cumplido su deseo en parte pues sus restos reposan en la capilla de las reliquias, intercediendo en las idas y venidas de las tensas relaciones de amor y odio existentes entre el Arzobispo Diego Gelmírez y su esposo Alfonso. 
Los testimonios de la época se hacen eco del donaire de la gentil dama, de su galanura y gallardía al afrontar los difíciles acontecimientos que le tocó vivir. Tanto es así que, con el correr de los tiempos era harto frecuente el dicho "parece una Berenguela" en clara alusión a aquellas doncellas que despuntaban por su gentileza y discreción en honor al grato recuerdo de la estela dejada por la donosa reina. 
Hermosa Berenguela formas parte imborrable de la mágica estampa de Compostela, tierra esta la nuestra salpicada de magia y de leyenda, una de ellas cuenta que la emperatriz abandona su sepulcro en la noche de Julio de la fiesta de Santiago Apóstol para mezclarse con los peregrinos, como un rendido homenaje y tributo a su bien amado Apóstol Santiago, conformando de manera inmanente una pequeña página sempiterna de la gran página de la historia de Compostela".

A Berenguela, aquí en compañía de sus hermanas pequeñas, sigue siendo fuente de inspiración literaria, pues por ejemplo la profesora Maribel Zamudio le dedica un hermoso cuento de Navidad, en el que la campana se enamora de Papá Noel, 'un peregrino santo', publicado en Mundidiario el 21-12-2016:
"Érase una vez una guerrera de la luz que vivía en la calle de las huérfanas, al lado de la plaza del Toural y de Puerta Faxeira. Érase una vez una fría noche de invierno, una nochebuena hace ya muchos años. Érase una vez esa ciudad del norte que quiero tanto: Compostela, refugio de Santiago.
Ella era una bruja con la razón perdida, muda y encantada, un poco salvaje, con mal carácter, siempre desabrigada. Se murmuraba en la ciudad, que era la Berenguela con apariencia humana. Él, Papá Noel con la brújula rota. Un extranjero. Un mendigo con hogar, un príncipe extraviado. Un mago que había aparcado su trineo en la plaza del Templo Santo. 
Cuenta la leyenda que esa Navidad, la gran campana de él se había enamorado, al verlo cruzar el cielo, con su barba blanca de peregrino cansado. Se bajó apresurada de la Torre del Reloj, se transformó en mujer y se maquilló la cara. Decidió hechizarlo. 
En la casa de las huérfanas el árbol no tiene luces, ni guirnaldas. Lo adornan apenas seis bolas de incienso recién compradas, muchos sueños rotos, y cintas deshilachadas. No esconde ningún regalo. Bajo sus ramas hay apenas un dibujo, muchos deseos, y un tapiz marrón con lentejuelas bordado.  
En el salón no hay chimenea, ni salida de emergencia. No había fotos de familia, ni cuadros. Sólo hay un sofá blanco y una ventana. Una mesa vacía con velas que alumbraban la estancia, algunas descoloridas, otras consumidas y desgastadas. Libros en el suelo, contra la pared arrinconados, cuentos con historias olvidadas. Quimeras y cuadernos viejos, recuerdos de vidas ya pasadas. 
La Berenguela suspira, lo observa callada, cuenta las horas… A veces sonríe, y, en ocasiones a escondidas, llora. Él le susurra al oído cantando, al ritmo de la campana, la mece entre sus brazos, la adormece con su particular nana. Pero el alba cruel está celosa, juega a acelerar la mañana. Les despierta impaciente con su luz helada. 
Mañana, vacío y nieve. Mañana, él se ha marchado. Ella se pregunta si ha estado allí o lo habrá imaginado. No ha querido cenar, pero en su casa ha dormido. Se ha llevado su brújula rota y alguno de sus libros. Su música y su trineo han desparecido. Le ha dejado bajo el abeto, su gorro de terciopelo rojo y un abrigo. No ha querido despertarla, salió de puntillas sin hacer ruido. 
Papá Noel olvidó en Santiago… sus botas del camino".

Las hermanas pequeñas la acompañan, no sabemos si celosas por no tener su protagonismo, pero ahí están, compartiendo espacio con ella en este rincón del claustro


Un poco más allá, la panda, crujía o pasillo oriental del claustro nos aguardan


Claustro de 2.000 metros cuadrados y veinte arcos con la famosa Fuente del Paraíso en medio, o lo que de ella queda, en la que el Codex Calixtinus afirma que en ella podían bañarse unos quince hombres y cuya desaparecida columna central de bronce estaba rematada por las figuras de cuatro leones de cuya bocas manaba el agua


Estaba tan bien hecha que no se apreciaba la conducción de llegada ni de salida de un agua calificada de "dulce, nutritiva, sana, clara, muy buena, caliente en invierno y fresca en verano" de la que esta copa solitaria sería su último testimonio visible. Un poco más allá, una escultura en acero corten conmemora el 800 aniversario de la consagración de la catedral,





Es una obra del artista portugués Manuel Patinha y de cuya colocación en este claustro informaba así el periódico La Voz de Galicia del 1-3-2012:
"El claustro de la catedral de Santiago cuenta con una nueva escultura. Una pieza en acero corten de Manuel Patinha basada en una de las cruces de consagración del templo compostelano. 
La nueva pieza, donada con motivo del 800.º aniversario de la catedral por Hijos de Rivera, fue colocada ayer en una de las esquinas del claustro. Según Patinha, su obra quiere ser «una cruz que una lenguajes pretéritos y actuales, y cuyos travesaños se abrazan por partida doble formando dos círculos que, correctamente iluminados, proyectan una sombra en forma de ocho, en alusión directa a los siglos que se cumplen desde la mencionada consagración». 
Por su parte, el deán de la catedral, José María Díaz, agradeció a la empresa esta pieza y recordó que esta «marca a perpetuidad la vinculación de Hijos de Rivera con la catedral». 
Por su parte, José María Rivera, consejero de la compañía, alabó el resultado final de la obra: «Es un motivo de orgullo para nosotros y una expresión de nuestro compromiso con nuestra tierra, con nuestro origen, pero también con el futuro». 
La pieza de Patinha quiere convertirse también en un emblema de los 800 años de vida de la catedral compostelana"

Al acercarnos es cuando reparamos que efectivamente es una cruz cuyos brazos se unen formando la ocho que conmemora los ocho siglos de consagración de la catedral. No olvidemos que, anteriormente, se había consagrado la basílica prerrománica en 899 y, en torno a unas seis décadas antes una primer iglesia o santuario dedicado al culto Apóstol tras el descubrimiento de su tumba


Y ahí está, siempre ante nosotros en nuestro deambular por esta parte del claustro, la Torre de las Campanas, 'competencia' de A Berenguela en su referencia campanil catedralicia. Allí, una de sus campanas, Prima Bárbara, fue sustituida por una réplica, pero, a diferencia de A Berenguela, volvió a sonar tras regresar a su lugar veinte años después de retirada. Lo contaba Carmen Villar para El Faro de Vigo del 22-9-2016:
"Francisco de Palacio me hizo", revela Prima Bárbara en una inscripción, en la que tampoco tiene reparos en confesar su edad: se fundió en 1734. Lo que no cuenta es que en 1997 una réplica la sustituía en el conjunto de campanas monumentales de la Torre Sur de la catedral de Santiago. Ahora, casi dos décadas después, su regreso redondea la restauración del conjunto.  
Alba, llamada a coro, consagración, angelus, oración... En una jornada normal, las siete campanas de la Torre Sur de la catedral de Santiago, junto a sus hermanas más pequeñas del campanil, se turnaban y combinaban para marcar los tiempos del día y la liturgia con la ayuda de un campanero. Así era en tiempos pasados, pero ahora, a no ser en solemnidades, ya no se tocan de forma manual aunque las campanas vuelven a ser las mismas. Y desde ayer más que nunca. Porque la recuperación del conjunto, que finalizó en diciembre del año pasado, se redondeó ayer, como confirmaron fuentes de la seo, con la instalación de la campana Prima Bárbara original, que volverá a sonar casi dos décadas después de ser reemplazada por una copia en 1997.  
La campana que permitirá que el templo recobre del todo su sonido original -cuando acaben los ensayos- vuelve a ejercer su función tras 19 años de pausa en los que estuvo expuesta en el claustro de la seo compostelana, hasta que las autoridades eclesiásticas decidieron reparar la grieta que la había inutilizado y para eso tuvieron que enviarla a Alemania. No es la más grande del conjunto, una prerrogativa que le corresponde a la conocida como Santiago o Mayor, que tiene un peso aproximado de 3.500 kilogramos y su diámetro supera los dos metros, pero es una de las consideradas monumentales: pesa alrededor de 670 kilogramos y tiene un metro de altura y cinco centímetros más de diámetro.  
Prima Bárbara o María Bárbara o Santa Bárbara tiene una gemela, Prima Salomé, y comparte con ella un rasgo que la hace única, como explicó el antropólogo y campanero Frances Llop, quien realizó un minucioso estudio de cada una de las campanas: solamente esas dos pueden oscilar. De hecho, las dos "primas" se podían dejar invertidas, explica este especialista que el pasado diciembre destacaba que la catedral de Santiago "tiene la suerte de mantener las campanas antiguas, de manera que, con su restauración, estamos recuperando su sonoridad histórica".  
La restauración del campanario de la Torre Sur se produjo en el marco de las obras de restauración de las torres de la fachada del Obradoiro. En el complejo proceso, explican desde la Fundación Catedral, se implicaron canteros, herreros y campaneros, y la meta era rescatar el sonido de las siete campanas -además de Prima Bárbara, Prima Salomé, Ánimas, San Luis, Fogo, Vacante y Santiago el Mayor-, que se había perdido en las últimas décadas por el mal estado de conservación del campanario".

En la Torre de las Campanas tenían su casa los campaneros de la catedral; el último que vivió allí fue Ricardo Fandiño Laje, quien residió allí con su familia e incluso una pequeña granja de gallinas. Once años después de su muerte Nacho Mirás le dedicaba el artículo Una familia en el tejado de la catedral, publicado en La Voz de Galicia del 27-9-2009, en el que entrevista a su hijo, quien vivió con él muchos años en la torre:
"Ricardo Fandiño Lage lo anotaba todo. Y por eso están bastante bien documentados los veinte años que vivió -de 1942 a 1962- con su mujer y sus tres hijos en una pequeña casa construida sobre el tejado de la catedral de Santiago, el hogar reservado a la familia del campanero. En sus legajos hay dibujos, croquis, anotaciones a mano e incluso un día resumido, a máquina, en el anverso de un sobre del Banco de Bilbao. Y gracias a esos documentos y a sus hijos podemos saber, once años después de la muerte de Fandiño, cómo era la vida de los últimos seres humanos que residieron, literalmente, en los tejados de la catedral de Santiago, a cuarenta metros del suelo. 
«16 de enero de 1942. Entro de campanero cobrando 180 pesetas al mes. Era fabriquero don Antonio Villasante; deán, mi padrino, don Salustiano Portela Pazos; y tesorero don Claudio Rodríguez. En esta fecha, todos los empleados teníamos el mismo sueldo, 180 pesetas al mes». Fandiño, un joven sastre oriundo de Sobrado dos Monxes, hace su primera anotación a la edad de 28 años, y la acompaña de un documento oficial del Ayuntamiento de Santiago que da fe de su empadronamiento en la ciudad en 1940. 
Quizás sabía que era el último de un oficio condenado a la extinción; puede que por eso decidiera dejar su memoria por escrito. «La humedad era lo peor», cuenta Jesús Fandiño, hijo de Ricardo que, hasta bien cumplidos los veinte años, compartió con sus padres y con sus hermanos Ricardo y Feli la pequeña casucha que se ubicaba en el tejado de la catedral, junto a la torre de la derecha según se ve la fachada desde el Obradoiro. 
El mundo era diferente allá arriba, con unas vistas sobre la ciudad que hacían que uno fuese una especie de guardián de una atalaya de la cristiandad. Los Fandiño hacían su vida sobre las cabezas de los demás compostelanos; eran los compostelanos que más cerca estaban del cielo. Y eso era extraordinario. 
«La vivienda a la que fuimos tendría unos trescientos o cuatrocientos años -cuenta Jesús-con una cocina amplia, un comedor y dos habitaciones. Ahí estuvimos hasta que empezaron a remodelar los tejados, quitaron toda la teja, la porquería que había y nos trasladamos a Entrerríos». 
No solo vivía gente allá arriba. También había gallinas y un gallo que cantaba puntual cuando el sol comenzaba a asomarse por detrás de San Paio de Antealtares. El gallinero estaba instalado en una nave lateral, flanqueada por almenas, que se levanta muchos metros sobre el claustro. 
El quiquiriquí del gallo de Fandiño fue tan famoso en Compostela como su dueño. Y no había en todo el entorno unos huevos más santificados que los de las gallinas aéreas del campanero. 
«1943. Año Santo. El fabriquero Villasante me dio cinco pesetas por cada repique en las peregrinaciones oficiales que entrasen en la Catedral», recoge el sastre en sus anotaciones. 
«Lo de que matábamos un cerdo allá arriba es una leyenda urbana, seguramente eso lo hacía la persona que vivió allí antes que nosotros, el anterior campanero; pero es una leyenda bonita, así que no me importa que lo digan», explica Jesús Fandiño Vidal que, no obstante, precisa: «Lo que sí teníamos eran muchas palomas a tiro para comer». 
Ricardo se incorporó, primero, como campanero, al jubilarse su antecesor en el cargo, José María González. Pero como había que comer, y las 180 pesetas del sueldo estaban muy justas para llenar cinco barrigas, empezó a coger encargos como sastre en casa, primero en una habitación de la torre de la campana, junto a la vivienda, y a partir de 1961 unos pisos más abajo. «Con la misma habilidad y destreza que maneja las campanas, volteándolas con agilidad pasmosa, corta un traje de caballero de impecable línea», decía un reportaje publicado por el Diario de Barcelona en 1968. 
Al morir el sastre oficial de la catedral, Emilio Quinteiro, Fandiño pasa a ocuparse de los arreglos del clero. Lo malo es que el personal eclesiástico acostumbraba a abonarle el trabajo de palabra, con un «que Dios te lo pague, Fandiño», que no servía para comprar patatas en las tiendas de Santiago. Y así no había manera. Por eso siguió cosiendo para los hombres, y no para Dios. A diferencia del Quasimodo de Víctor Hugo, Fandiño existió de verdad".


Volvemos a ver de nuevo la Torre da Vela, también 'hermana pequeña' de una homóloga mayor y anterior, la Torre do Tesouro, de la que también hemos hablado


Proseguimos nuestra marcha por la panda sur ya casi llegando a la panda este, contemplando arcos, frisos, bóvedas y medallones...


E hiladas de lápidas de los canónigos y demás gentes aquí enterradas


Unas se conservan mejor que otras desgastadas por los pasos, a erosión a la intemperie -aunque protegidas por este amplio pasillo cubierto de seis metros de ancho- y el paso del tiempo


Muchos son los genealogistas e historiadores que las han estudiado, buscando datos sobre la historia de la catedral y la de sus protagonistas, así como de personalidades gallegas


Quien más quien menos, se detiene un instante a ver nombres, apellidos, frases, símbolos blasonados...


"El claustro ha sido escenario de numerosos eventos históricos y religiosos que marcaron la vida de la catedral. Uno de los momentos más destacados fue su uso como lugar de enterramiento para los canónigos, cuya memoria queda perpetuada en los sarcófagos y lápidas funerarias que aún se conservan", explican en catedraldesantiago.es:


El claustro fue durante sus siglos de existencia, un espacio multifuncional tanto de funciones religiosas como administrativas y sociales, tanto comunitarias como movidas por la introspección personal:
"Inicialmente concebido como lugar de retiro y oración, su papel principal era ofrecer un entorno de calma para la meditación y las actividades espirituales de los canónigos. Su uso funerario, evidenciado por las tumbas y sarcófagos allí conservados, reforzaba la dimensión sacra del espacio.

En el ámbito administrativo, el claustro era el núcleo desde donde se gestionaban los asuntos relacionados con la catedral y sus propiedades. Dependencias como el archivo y la sacristía se encontraban conectadas directamente con este espacio, lo que lo convertía en un punto estratégico para las actividades organizativas de la sede episcopal. Además, el claustro desempeñaba un papel social al ser un lugar de encuentro para los diferentes estamentos ligados a la catedral, desde clérigos hasta visitantes ilustres".

Acercándonos a otra de las puertas del claustro, seguimos mirando arriba y abajo...


Arriba, el friso de la resurrección y la inmortalidad, los medallones de las familias y la bóveda que imagina la celeste


Abajo, el mundo terrenal, las laudas sepulcrales. Aquí la de unos antiguos cargos de la catedral, que en Galicia pueblo a pueblo nos dicen que son un notario y un escribano


Bien representado con su hábito religioso, este podría ser el escribano


Un grueso cordón nos recuerda al de los franciscanos, cuyo templo se encuentra muy cerca de la catedral. Fijémonos en los pies descalzos encima de un objeto simbólico y al lado de una planta bien representada. Todo sin duda tenía una razón y significado en relación con la personal, representada en actitud orante


Otro escudo solariego, este nos recuerda a las antiguas estelas romanas, con su inscripción al pie


Fijémonos en la 'calavera alada' cincelada bajo el escudo


Pasando a la panda este encontramos la otra lauda con personaje, muy parecida a la anterior


Cincelado con un hábito similar, este aparece sim embargo calzado y con un libro entre las manos


Al lado, una lápida con una inscripción casi borrada, muestra una concha peregrina, otra vinculación directa con la catedral


Siguen a continuación las hiladas de tumbas, estas al pie de la pared de la panda, crujía o ala oriental


Y las de la izquierda, al pie del muro claustral que separa la panda oriental del claustro, la otra de las que estuvieron a cargo de Gil de Hontañón


En medio, 'un pasillo dentro de un pasillo', por el avanzamos rememorando los paseos en meditación de los antiguos monjes, así como en conversación, en oración, o en tránsito de uno a otro lugar.
"En la rutina de los canónigos, el claustro era un espacio esencial que combinaba funciones prácticas y espirituales. Aquí, los canónigos transitaban entre sus tareas litúrgicas y administrativas, ya que desde el claustro se accedía directamente a la sacristía, la capilla de Reliquias y otras dependencias clave. 
Además de su utilidad como pasaje, el claustro era un lugar de reflexión personal y estudio. En sus bancos de piedra y bajo las bóvedas estrelladas, los canónigos encontraban un entorno propicio para el pensamiento teológico y la preparación de sermones. Su uso funerario también dotaba al espacio de una atmósfera de solemnidad, recordando constantemente la fragilidad de la vida y la promesa de la resurrección. 
El claustro no solo servía para las labores espirituales; también era un espacio donde se celebraban reuniones capitulares y se tomaban decisiones importantes relacionadas con la administración eclesiástica. En este sentido, el claustro era tanto un lugar de trabajo como de devoción."

"El claustro es, sin duda, mucho más que un espacio arquitectónico: es un lugar lleno de historia, arte y espiritualidad que invita a explorar sus rincones con atención y curiosidad", compartimos plenamente esta afirmación del apartado dedicado a este claustro en catedraldesantiago.online


En las zonas más umbrías y/o más expuestas a los elementos, las piedras se cubren de musgo, también las de las laudas


Los nombres, las frases de los epitafios, los emblemas de familiares desaparecen transmitiendo sensaciones de lo perecedero de lo humano y la búsqueda de lo divino en la resurrección y la inmortalidad, la gloria...


Todo ello sin duda llevaba a profundizar en la meditación y la trascendencia en estos lugares en los que confluyen lo divino y lo humano


"Las lápidas de personajes ilustres alfombran el suelo del claustro", escribe la historiadora Marta González Vázquez en su hermoso libro, con ilustraciones preciosas de Joaquín González Dorao, Guía ilustrada de la catedral de Santiago, uno de los muchos que podemos recomendar para conocer más este conjunto monumental y su entorno


Un verdadero tratado de historia, epigrafía y heráldica a nuestros pies mientras deambulamos por este espacio sacro


Algunas son más o menos fáciles de leer, otras se hacen más dificultosas, muchas es ya imposible...


Parece que también el azar, ayudado por las características de la piedra y su mayor o menor resistencia al desgaste, interviniera en su conservación


Ocupan todo el espacio, de un extremo al otro del pasillo y a ambos lados siempre


Y aquí, también en la pared, donde leemos el nombre del arzobispo Miguel Herrero Esgueva


Una puerta ciega y, a continuación, laudas de bronce


Cada una de las pandas tiene su propio acceso al claustro, he aquí la de esta panda oriental


Y siempre en medio, El Paraíso o, al menos, lo que queda de la fuente de su nombre, cuyo murmullo antaño invitaría al recogimiento y la reflexión en el deambular por el claustro


Laudas de bronce en la pared de varios arzobispos de entre los siglos XVI y XVIII, siendo la más antigua de ellas obra del rejero coruñés Juan Rodríguez de Corte, tal y como nos informa el investigador Carlos Santos Fernández en Galicia histórica Hoja de historia y documentos compostelanos Año 6. Nº 54. Abril, 2021, donde se nos ofrece un cuidado estudio de las mismas del que estimamos oportuno compartir:
"En el claustro de la Catedral de Santiago, adosadas al muro de la panda este y con unas cartelas identificativas, se exponen desde hace una década cinco lápidas sepulcrales de otros tantos arzobispos compostelanos de los siglos XVI-XVIII: Cristóbal Fernández Valtodano (1570-1572), Maximiliano de Austria (1603-1614), Fernando de Andrade (1645- 1655), Miguel Herrero (1723-1727) y Fr. Sebastián de Malvar (1783-1795). Solo una de estas laudas es de mármol, la de Miguel Herrero, las otras cuatro son de bronce. 

La actual ubicación de estas cinco lápidas tiene carácter museográfico –forman parte del patrimonio del Museo de la Catedral– puesto que, desde principios del siglo XX, perdieron la función para la que fueron concebidas: cubrir e identificar la sepultura de los cinco pontífices compostelanos en el espacio denominado Entre Vallas que se localizaba en el interior de la basílica, entre el desaparecido coro y el altar mayor, delimitado lateralmente por las vallas con barandales de bronce dorado que todavía hoy se conservan en el transepto y que cierran la capilla mayor y su acceso. 

Aquel cementerio pontifical en el que durante los siglos XVI-XIX se dio sepultura a algunos de los arzobispos compostelanos (Ávalos, Yermo, San Clemente, Antolínez, Seijas, Gil y Taboada o Bocanegra, entre otros), se clausuró en 1901 cuando, con ocasión de unas obras, se levantó el pavimento de aquel espacio y se descubrió 
que los restos mortales de varios reverendísimos prelados se hallaban en el suelo mezclados con la tierra, sin otros sepulcros que los carcomidos trozos de unas cajas, por más que algunas se hallaban cubiertas de soberbias lápidas de mármol o de bronce con sus escudos de armas e inscripciones. 
[Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago, 30 de mayo de 1903, p. 233.] "

Empezando el siglo XX se perdieron buena parte de aquellas lápidas, conservándose únicamente estas que ahora se exponen en esta pared del claustro


Y es que estas lápidas de bronce resisten en principio más el desgaste del tiempo que las de piedra, pero el reaprovechamiento del metal las hizo desaparecer en buena parte, otra de tantas ironías del destino y de la reflexión entre lo perecedero y lo imperecedero:
"En 1903, aquellos restos se trasladaron a los nichos de una cripta construida para tal efecto en el mismo lugar. ¿Qué ocurrió con las lápidas que cubrían aquellos enterramientos? De las quince que allí debió de haber, solo se conservan las cinco antecitadas. De otras consta su (destructivo) reaprovechamiento: la del arzobispo San Clemente fue (parcialmente) fundida para hacer el pedestal de bronce sobre el que reposa la urna de las reliquias del apóstol Santiago (el otro fragmento desapareció en 1912, según una carta de Oviedo Arce a Blanco Cicerón fechada en julio del mismo año); la de Gaspar de Ávalos (+1545) sirvió como materia prima para la lauda de otro arzobispo, Quiroga Palacios (+1971). De la de Juan del Yermo (+1582), obra de Juan Bautista Celma, nada se sabe desde que se exhibió en la Exposición Regional Gallega de 1909". 

En base a una noticia de aquel evento, Santos Fernández investigó sobre la autoría de alguna de estas lápidas, que se consideraba desconocida por entonces:
"Precisamente en una crónica sobre esta exposición, Martín de la Jara dice que a la izquierda de la lápida del arzobispo Juan del Yermo se exhibía la lauda broncínea de otro prelado compostelano Cristóbal Fernández de Valtodano (+1572), aunque en este caso, y a diferencia de su precedente, el periodista anota: no consta quién fue el maestro que la labró [Diario de Galicia, 22 de julio de 1909, p.1]. Y es que, aunque López Ferreiro –la recurrente fuente para quienes se han ocupado de la Iglesia compostelana- transcribe el epitafio del arzobispo Valtodano en el epígrafe que le dedicó al prelado en la Historia de la S.A.M. Iglesia de Santiago [vol. VIII, pp.237-245], no indica quién fue el artífice de la lápida de bronce; tampoco quienes posteriormente se han ocupado de esta lauda ofrecen la identidad de su factor". 

Carlos Santos Fernández localiza entonces aquí,  en el Archivo de la Catedral de Santiago, el contrato de ejecución y una de las cartas de pago de esta obra de arte de la metalistería funeraria que es la lápida del citado arzobispo:
"José Fernández de Valtodano, nacido en Fontiveros (Ávila) y por tanto coterráneo de San Juan de la Cruz, fue provisor de la diócesis de Badajoz, miembro del Consejo Supremo de la Inquisición y, desde 1561, obispo de Palencia. Al quedar vacante la sede compostelana a causa del traslado de Gaspar de Zúñiga a Sevilla, el obispo Valtodano fue preconizado arzobispo de Santiago, adonde llegó en septiembre de 1570, tras haber tomado posesión de la cátedra metropolitana en el mes de junio. Su breve pontificado compostelano no estuvo exento de desasosiegos, sobre todo a causa de la peste y las hambrunas que asolaron Galicia aquellos años. Falleció el 14 de noviembre de 1572, y fue enterrado entre vallas, a la derecha del arzobispo Gaspar de Ávalos.

Dos años después de la muerte del arzobispo Valtodano, su mayordomo y cumplidor testamentario, al canónigo Alonso Bravo de la Cava, se entrevistó en Santiago con el maestro rejero Juan Rodríguez de Corte, vecino de A Coruña, para concertar la fabricación de la lauda que cubriría la sepultura del fallecido arzobispo; el contrato de obra se firmó en Santiago el 26 de noviembre de 1574 ante el notario Gonzalo de Reguera y en sus cinco cláusulas (...) se aprecia en las disposiciones de la anterior escritura, el maestro Juan Rodríguez de Corte se comprometía a hacer, en el plazo de tres meses (el plazo finalizaba el primer día de carnaval de 1575), una lauda de oricalco (aleación de cobre, con zinc y plomo, pero también bronce rico en estaño), de las mismas medidas que la que cubría la sepultura del arzobispo Gaspar de Ávalos, y con un grosor que asegurara su perpetuidad".

Juan Fernández de la Corte habría cobrado 150 ducados, la cual fue la misma cantidad que el rejero Juan Bautista Celma cobrase por la lauda del arzobispo Juan de Ávalos. En en contrato se especificó que la cantidad se entregaría en tres veces, "una al inicio de la obra, otra durante la elaboración y la última, al colocarse la lápida sobre la sepultura", cosa que a la hora de la verdad se demoró muchísimo, nada menos que diez años, hasta agosto de 1584


Filigranas talladas en el friso, estas eminentemente vegetales, con flores, plantas y algún copón, un jardín que podría representar el paraíso


Arriba, una de las ventanas enrejadas del piso superior del claustro


Ángeles portando lo que parecen sepulcros, símbolo del paso a la resurrección, la vida eterna y la gloria...


Sobre ellos sigue la franja de flores y plantas


Sigue la hilada se tumbas con sus laudas en el suelo a ambos lados del pasillo...


 Los claustros fueron, como todo prácticamente en los santuarios, desde los altares a las capillas, naves, paredes y el mismo suelo, verdaderas necrópolis que perpetuaban la vida de los difuntos, integrando tumbas y sepulcros en muros y suelos, combinando la vida contemplativa con el descanso eterno


De la misma manera, los altísimos arcos y, no digamos ya las torres catedralicias, transmiten impresiones de ascensión y subida a los cielos...


Llegamos a la última de las lápidas de bronce de esta pared del claustro


Con los símbolos arzobispales y heráldicos familiares siempre bien a la vista


Y ya llegamos a la panda norte, la realizada por Juan de Álava; a la derecha hay una puerta de comunicación interna hacia la nave sur del transepto, es decir, las que al cruzarse con la nave mayor y sus laterales forma la cruz latina de la iglesia catedralicia


De frente, esta puerta más pequeña, también de arco de medio punto, es un acceso a la sacristía, si bien la entrada a fieles y visitantes se realiza por dicha nave de transepto, como veremos en la correspondiente entrada de blog


De frente, el precioso friso, siguiendo la forma de las ventanas y, arriba, las siempre maravillosas bóvedas y sus nervaduras...


Además de soportar su peso conforman una red bellísima que recuerda a redes o a grandes nudos, uno de los recursos artísticos siempre presentes en el arte


En la clave central, la concha jacobea...


En las demás, flores y demás virguerías de los virtuosos artistas del estilo plateresco


Y aquí estamos, como siempre, escudriñando cada detalle de cada piedra del Camino, desde las de los senderos hasta las de las catedrales...


Placas explicativas y conmemorativas


La Torre da Vela sigue a la vista, mientras que la copa de la Fuente del Paraíso, seca, acaso añore la presencia del agua, cuyo sonido sin duda sería amplificado por el efecto del eco en la piedra y pasillos de este verdadero anfiteatro cuadrado claustral. Nunca olvidemos la importancia que tuvo la llamada 'arquitectura del agua' en los edificios y espacios sagrados


No en vano las fuentes suelen ocupar en los claustros estos destacados espacios en el mismo centro, estamos en un lugar fundamental para comunidad pues estructura la vida religiosa, zona de paso entre diferentes habitáculos, lugar de oración individual y de encuentro con los hermanos en las zonas de ocios que llega, como hemos visto bien patente, a ser la última morada de muchos de ellos, pues desean ser enterrados en su galerías


Aquí hay otra serie de lápidas en bronce, estas en el suelo, las demás son de piedra y entre ellas, algunas de mármol


Y ya caminamos de nuevo por la galería o panda norte, pues volveremos al interior del santuario por la misma puerta por la que hemos venido. También podemos, desde las dependencias interiores del museo, cuya puerta volvemos a ver al fondo, salir directamente, si lo deseamos, directamente a la Praza do Obradoiro


En La guía visual del arte románico, de Antonio García Omedes, este nos ofrece una bella descripción de lo que es un claustro, la cual no nos queremos perder ahora que estamos a punto de salir de él:
"El vocablo "claustro" deriva del verbo latido "claudere": "cerrar" en referencia polivalente tanto a su forma espacial de recinto cerrado como al hecho de estar destinado al recogimiento de una comunidad monástica que en el mismo busca su sosiego espiritual, goza de sus tiempos de distracción o lee el catecismo en piedra de sus capiteles. Es un lugar dotado de una magia y encanto especiales. Constituye el centro de la vida monástica y una refrescante experiencia para los espíritus abiertos que hasta allí se acercan sin importar cual sea el motivo de su presencia. Hay quien reza, pasea, fotografía, conversa, o simplemente deja flotar su espíritu contemplando las parábolas e irisaciones de las gotitas de agua que riegan el jardín central. (...)
Sin duda el agua juega un papel fundamental en nuestras vidas. Y no podía quedar al margen..."

Y así, "La sucesión de columnas (...) y su monótona y rítmica secuencia tienen algo de magia. Su perspectiva es como un desafío hacia todo aquél que hasta allí se acerca con una cámara fotográfica. Luego está la luz, la estación anual, la disposición anímica de cada uno, etc. El claustro siempre lo veremos de modo diferente tantas veces como hasta allí nos acercamos. Su mensaje en piedra nos espera. Y nuestra forma de verlo, sesgada por la subjetividad y cultural, lo harán variar", tal y como nos pasa a nosotros ahora, que nos fijamos en la "monótona y rítmica secuencia" de los arcos en su sombra, proyectada sobre el suelo y la pared


"¿Qué mejor lugar para estrechar lazos de amistad y hacer planes de cara al futuro que un claustro?", se pregunta García Omedes, y es que la visita a la catedral con su componente monumental y espiritual, es sin duda un momento de gran emotividad a compartir con nuestros compañeros de peregrinación, tanto si hemos salido con ellos desde casa como si nos hemos venido uniendo a lo largo del Camino


Volvemos pues a traspasar el umbral; el claustro es asimismo una especie de tránsito entre el interior y el exterior del templo, pues no es plenamente lo uno ni lo otro y es a la vez ambas cosas: arquitectónica y administrativamente estamos dentro del conjunto catedralicio, pero en un espacio a la luz del día 


Volvemos al interior del santuario por la misma puerta puerta plateresca de arco de medio punto por la que entramos a la Capilla de las Reliquias, Panteón Real y Tesoro y ahora, siguiendo por la nave de la epístola, vemos al fondo el cruce con la nave del transepto y el arranque de la girola, en la cabecera, por donde se empezó a construir la catedral en 1075 al llegar al entonces aún obispado Diego Peláez


Los arcos de medio punto, no ya platerescos sino románicos, proliferan en la catedral románica, aquí en los arcos fajones que dividen y soportan la estructura por las bóvedas de las tres naves, y también en los arcos que separan estas naves de la epístola, mayor y del evangelio, sostenidos por poderosos haces de columnas con fustes lisos y capiteles labrados


La inspiración vegetal es la predominante en estos capiteles de las arquerías de separación


Temática natural que, junto con sirenas, grifos y pájaros (seres mitológicos y animales) vemos también en las ventanas bíforas de la tribuna, elemento así descrito en el Glosario de arte arquitectónico:
"Según la teoría más generalizada, en la construcción de algunas catedrales románicas góticas y otras iglesias principales enclavadas en las medievales rutas de peregrinación se hizo necesario, por la mucha afluencia de fieles en celebraciones especiales, disponer espaciosas galerías tribunas sobre las crujías laterales, y a veces sobre la girola, que ampliaran la capacidad del templo, una vez que se completaba en planta el aforo de las naves. (Relajadas reminiscencias del matroneum paleocristiano y bizantino, destinado a la separación de sexos, heredado a su vez del judaísmo.)  
Tenían dichas tribunas la misma anchura que las naves laterales y desde allí podían los peregrinos oír los sermones y seguir visualmente las ceremonias del altar mayor. Su estructura se conformaba como un espacio continuo, o bien tabicado por tramos, con arquerías antepechos a lo largo de su recorrido por ambos lados de la nave central. Este prototipo medieval trascendió a otras épocas, y caló también en estilos posteriores, sin que los templos que lo adoptaban tuvieran relación alguna con las rutas de peregrinación que motivaron la idea original".

En uno de estos capiteles aparece grabado el nombre de Gudesteo, del que se sabe era tesorero de la catedral. En otro de sus libros, Santiago de Compostela para los peregrinos. Guía secreta, el historiador Manuel F. Rodríguez, explica esta estructura de esta manera:
"Las naves y las bóvedas son románicas. También son de origen románico las tribunas o triforio, que recorren todo el perímetro interior del templo, como se aprecia a través de la sucesión de grandes ventanales formados por arquerías de doble arco sobre la parte superior de las naves. estas galerías conceden gran esbeltez al interior y destacan por su novedad. Fueron durante siglos zona de tránsito y descanso de los peregrinos llegados de las largas y agotadoras distancias. Entre ellas, tras el contacto emocionado con el Apóstol, podían pasar la noche cercanos a su sepulcro"

 Afirma además, que estas naves, "desarrolladas en planta de cruz latina, superan en todo las medidas y proporciones la mayoría de los templos románicos europeos"; para esta nave mayor o central da una longitud de 97 metros, mientras que los brazos de la nave del transepto, con la que se cruza delante del altar mayor, se acercan a los 65. Las bóvedas de cañón de estas naves se elevan hasta los 20 metros, algo que es  a todas luces "inhabitual en el románico".


La mayor altura interior del templo catedralicio está no obstante en el cimborrio, que vemos sobre el crucero donde se cruzan las naves y por donde entra abundante luz natural, el cual llega a los 32 metros. Justo por aquí estaría aquel formidable coro pétreo del maestro Mateo...
"La catedral de Santiago es quizá la única catedral del mundo donde los peregrinos, próximos o lejanos, han podido dejar su huella con toda evidencia. Visible o no a simple vista, esta huella se presenta a cada paso. Es la esencia de este conjunto de más de diez mil metros cuadrados que en el interior acrecienta la mezcla de estilos arquitectónicos y artísticos".

En la parte central de la nave principal vemos los órganos de la catedral, los cuales fueron fusionados en uno solo en 1978 con algunas reformas imprescindibles, además de luego añadir nuevos mecanismos electrónicos e informáticos, instrumentos sacros compuestos por cientos de tubos enmarcados en retablos barrocos. Se tiene constancia de existencia de órgano en la catedral desde el siglo XVI y esta sería su historia según catedraldesantiago.online:
"Orígenes del órgano en la catedral
El órgano de la Catedral de Santiago tiene sus raíces en la rica tradición musical de este emblemático templo. Desde el siglo XVI, los registros históricos mencionan la existencia de “órganos grandes viejos”, que fueron renovados en 1527 bajo la dirección de Dionisio Memmo, un destacado organista procedente de la corte ducal de Venecia y de la de Enrique VIII en Inglaterra. 

Su construcción marcó un hito en la historia musical de la catedral, incorporando técnicas avanzadas de la época y estableciendo el estándar para los órganos posteriores. La música generada por estos primeros órganos se integraba con los cánticos del cabildo, complementando la solemnidad de las ceremonias religiosas.

Evolución a través de los siglos: restauraciones y mejoras

A lo largo de los siglos, el órgano de la catedral ha experimentado constantes adaptaciones para responder a las demandas musicales y artísticas de cada época. En 1607, nuevas cajas fueron encargadas a Juan de Altamirano, marcando un paso importante en la transformación manierista del coro. Más tarde, durante la pujanza económica del siglo XVIII, el maestro de órganos Manuel de la Viña emprendió en 1704 la construcción de un nuevo instrumento, adaptado al estilo barroco que imperaba en la catedral. 

La ornamentación de las cajas, diseñada por artistas como Antonio Afonsín y Miguel de Romay, añadió una dimensión estética sin precedentes, con figuras alegóricas y motivos jacobeos como Santiago Caballero y el Apóstol Peregrino.

En 1755, Francisco de Lens completó las cajas laterales, reflejando la evolución del gusto y la técnica en el diseño de órganos. Finalmente, en el siglo XX, el órgano recibió un motor eléctrico que revolucionó su funcionamiento, conservando al mismo tiempo elementos tradicionales como el fuelle manual, visible en la tribuna, como un homenaje a su legado histórico".

Sus numerosos tubos tienen diferentes formas y tamaños que ofrecen una amplia gama de tonos y sonoridades, disponiendo de 59 registros repartidos entre tres teclados y un pedalero, con lo que pueden interpretarse soberbiamente composiciones litúrgicas tradicionales y modernas. Su sonido aprovecha la resonancia natural de las bóvedas y la amplitud de la nave mayor, proyectando los tubos las notas de manera uniforme para que la música llegue a todos los rincones con total claridad. En el Museo Virtual del Órgano nos ofrece estos datos históricos del órgano/órganos de la catedral hasta nuestros días:
"La Catedral dispone de un órgano distribuido en dos grandes cajas barrocas situadas en la parte central de los tramos altos de la nave principal. Fueron finalizados en 1708 (órgano del Evangelio) y 1712 (Epístola) por encargo del capítulo catedralicio al maestro organero Manuel de la Viña y las cajas al arquitecto Antonio Alfonsín y al escultor Miguel Romay.

En 1855, el organero Mariano Tafall y Miguel reparó uno de los dos órganos.

En 1896, los Hermanos Roqués construyen el nuevo órgano de la Epístola, dentro de la caja existente.

En 1912, el organero Lope Alberdi construye un nuevo órgano en el lado del Evangelio, dentro de la caja existente.

En 1949, Organería Española S.A., recupera y electrifica el órgano en una sola consola.

En 1978, la empresa italiana Mascioni, concluye un nuevo órgano (opus 1010) fusionando ambos órganos en uno sólo, la consola fue sustituida y se incluyeron mecanismos electrónicos e informáticos, así como nuevos tubos".

En el año 2014 se acometía un excelente trabajo de restauración del que daba amplia noticia el Museo de la Catedral, ofreciéndonos muy interesantes datos del trabajo que se llevó a cabo, junto con todas sus características técnicas, incluyendo su historia dentro de la de la música sacra de la catedral:
"La Catedral de Santiago acaba de iniciar el proceso de restauración del órgano, un trabajo que se prolongará durante los próximos meses y que supondrá una inversión por parte de la Fundación Catedral de Santiago de más de 60.000 euros. Con esta restauración se recuperará la sonoridad y la funcionalidad del instrumento, que en la actualidad sufre un importante deterioro debido a su uso prolongado. Este proyecto se enmarca en el proceso global de desarrollo del Plan director, que además de afectar  elementos estructurales también se detiene en aspectos relacionados con el desarrollo ordinario de la liturgia catedralicia, de gran importancia en la vida ordinaria de la basílica. En el caso del órgano, el cabildo compostelano le otorga un papel fundamental, por lo que suena todos los días en las misas del Peregrino y 19:30h, además de las principales solemnidades y ofrendas al Apóstol.

El proyecto de restauración será realizado por la empresa italiana Famiglia Vicenzo Mascioni, una compañía especializada en la restauración de órganos tubulares cuyo origen se remonta al año 1829 y que , precisamente, construyó el actual órgano de la Catedral, en 1978. El órgano  conservó las cajas barrocas del instrumento, unificando los tubos de ambas con la necesaria tracción eléctrica. La última intervención realizada en el órgano data del año 2005, cuando se dotó al instrumento de nuevos sistemas electrónicos, entre ellos un combinador capaz de almacenar casi 3.000 registraciones. 

Restauración 

Para acometer la obra de restauración se han instalado en la nave central de la Catedral una importante estructura de andamiaje. Los trabajos previstos se centrarán, por una parte, en la restauración del instrumento musical (el construido por Mascioni en 1978) y, por otra, de las cajas barrocas, que se pueden contemplar desde la nave central. Los primero trabajos incluyen la revisión del órgano y de todas sus secciones y componentes: tubos (labiales y lengüetería); secretos (principales y auxiliares); consola y transmisión (componentes mecánicos, eléctricos y electrónicos); alimentación de aire (fuelles, conductores, motores); y dispositivos o partes como caja expresiva y elementos de sostenimiento seguro de los tubos, entre otros. 

El proyecto de restauración supone la apertura y desmontaje de todo el instrumento para proceder a su limpieza y revisión. En ese momento se verificarán y regularán los movimientos y funciones, sustituyendo las piezas deterioradas para recolocar luego todos los elementos y comprobar su correcto funcionamiento. Una vez realizado este proceso se armonizarán todos los juegos de tubos y se afinarán para obtener un sonido perfecto. 

Además, se procederá a realizar una limpieza y un tratamiento antixilófagos en las cajas de madera, de origen barroco 

Historia del órgano 

Desde la época del Códice Calixtino la música sacra ha tenido una gran importancia en el ceremonial de la Catedral de Santiago y está documentada la presencia del órgano en el templo desde muy antiguo. La importancia de la música en las celebraciones hizo posible el desarrollo de una Capilla de Música propia, al frente de la cual estuvieron importantes figuras cuyo trabajo enriqueció el patrimonio cultural de la basílica compostelana, como José de Baquedano, Melchor López, Buono Chiodi o Mariano Tafall, entre otros. 

Los órganos barrocos de la Catedral cuyas cajas admiramos hoy en día, fueron obras promovidas por el arzobispo Monroy y diseñadas por el arquitecto gallego Domingo de Andrade. Con los órganos se completaba la decoración barroca de la Capilla Mayor, un espacio en honor al Apóstol Santiago. La ejecución de los instrumentos corrió a cargo del organero Manuel de Viña, con la colaboración del ensamblador A. Alfonsín y el escultor Manuel de Romay, a quien se debe la decoración exterior de las cajas, con figuras de ángeles músicos que acompañan de manera simbólica la música que suena en honor al Apóstol. 

La caja del lado del evangelio está coronada por la imagen guerrera de Santiago, acompañada por el escudo del Arzobispo Monroy, mientras que la del  lado de la epístola presenta a María y al Niño con Santiago peregrino arrodillado ante ellos. La construcción del segundo de los órganos finalizó en 1712, siendo ambos instrumentos objeto de importantes reformas en 1777. 

A lo largo del siglo XIX ambos fueron cuidados, entre otros, por Pedro Méndez Mernies y Mariano Tafall, para ser posteriormente reformados por los organeros zaragozanos Roqués, autores de los tubos que, todavía hoy, componen las fachadas. En el siglo XX las reconstrucciones fueron realizadas, primero por Lope Alberdi y años después por la empresa Organería Española, autora  en 1947 de la primitiva electrificación que unificaba los dos cuerpos del órgano en una sola consola situada en el triforio de la catedral. En 1977 el cabildo compostelano tomó la decisión de construir un órgano nuevo, aunque conservando las fachadas anteriores, encargando la obra a Mascioni. El instrumento fue inaugurado el 17 de marzo de 1978 por Erich Arndt, entonces organista de la basílica de San Pedro en el Vaticano".


En su decoración se ven numerosos ángeles y querubines existiendo asimismo una imagen de Santiago también con sus historias y leyendas, como estas que hemos encontrado en catedraldesantiago.online:
"El órgano no solo es un prodigio técnico y musical, sino que también está rodeado de relatos populares que añaden misticismo a su historia. Uno de los más recurrentes afirma que las figuras de putti y ángeles dorados que adornan las cajas del órgano se "animan" durante las celebraciones más solemnes, como si fueran llevados por las notas celestiales que emite el instrumento. Aunque esto no es más que una percepción producto del juego de luces y sombras, los visitantes suelen mencionar esta sensación mágica. 
Otra leyenda se relaciona con el Santiago Caballero que adorna el remate de una de las cajas. Según el relato, durante una tormenta particularmente intensa en el siglo XVIII, el Santiago fue golpeado por un rayo pero permaneció intacto. Este evento fue interpretado como un milagro y contribuyó a reforzar la idea de que el órgano está protegido por fuerzas divinas. 
Por último, hay quienes aseguran que los tubos originales del órgano contienen inscripciones ocultas dejadas por los artesanos que los construyeron. Estas marcas, dicen, eran plegarias y bendiciones destinadas a garantizar que el instrumento nunca dejaría de sonar en honor al Apóstol. Aunque no hay evidencia concluyente, la historia ha alimentado la fascinación por este extraordinario legado. 
Anecdotario: historias asociadas al órgano y sus organistas 
El órgano de la Catedral de Santiago de Compostela ha sido testigo de incontables anécdotas a lo largo de los siglos. Una de las más curiosas involucra a Dionisio Memmo, el veneciano que dirigió la construcción de los primeros grandes órganos en el siglo XVI. Se dice que Memmo, quien había sido músico de la corte de Enrique VIII, era tan querido por el cabildo que sus composiciones y arreglos fueron consideradas un tesoro en su tiempo. Según algunos relatos, incluso se realizó un concierto especial en su honor cuando concluyó su obra, un evento que congregó a peregrinos y nobles de la región. 
Otro episodio interesante lo protagonizó Manuel de la Viña, el maestro de órganos que en el siglo XVIII dirigió la creación del órgano durante la transformación barroca de la catedral. Las crónicas cuentan que era tan exigente con los artesanos que en una ocasión paralizó las obras porque no encontraba la calidad adecuada en los materiales. Este perfeccionismo resultó en un instrumento que marcó un estándar de excelencia musical en su época. 
Finalmente, una historia más contemporánea narra cómo, durante el periodo en que el órgano era alimentado manualmente por fuelles, los aprendices solían competir por ocupar esta tarea, ya que les permitía disfrutar de la música desde un lugar privilegiado en la tribuna, incluso si esto implicaba un esfuerzo físico considerable".

A la derecha, en la nave de la epístola, siguen las placas del Vía Crucis con sus relieves bajo las grandes ventanas ciegas de esta pared


Un Vía Crucis no deja de ser una metáfora de la dureza del Camino y de la vida misma, de la que forma parte. Si aún hoy en día, con nuestros adelantos de todo tipo, nos lo llegamos a imaginar, pensemos en lo que debería ser para los peregrinos históricos, a expensas de todo tipo de avatares, hambre, peste, enfermedad, robos, asaltos, picaresca, etc., una dura prueba, una verdadera penitencia en la que no pocos sucumbían


Arriba, otra de las doce cruces de consagración colocadas en el año 1211, número que evoca a las doce puertas de la "Nueva Jerusalén bíblica que nacerá al final de los tiempos", como explica Manuel F. Rodríguez


Vívidas escenas de dramático realismo, como esta de la Crucifixión...


Si bien  hoy en día hacer el Camino de Santiago no deja de ser y por suerte, una gran excursión más o menos larga y más o menos dura -otra cosa son las motivaciones espirituales, sentimentales, de introspección, de búsqueda o cualquiera otra que muevan a cada persona-, antaño era toda una prueba de resistencia basada en la fe principalmente, aunque cierto es que para no pocos había más motivos también desde siempre, como podemos comprobar leyendo algo de la llamada literatura odopérica, las narraciones de los peregrinos de antaño


La llegada a la catedral suponía una grandísima emoción al haberse superado, al menos, la mitad de la prueba, pues aún quedaba el regreso a casa, pero la culminación de lo fundamental, la llegada al templo de Santiago El Mayor, se había cumplido


Por ello, si las piedras del Camino, desde las del mismo sendero hasta las del templo, podrían contar innumerables historias, de las que solo unas pocas, muy pocas, han pasado a ser escritas, tanto en narraciones personales como en la documentación oficial, siendo el Codex Calixtinus, tantas veces mencionado y que seguiremos mencionando, una verdadera joya en ambos aspectos, desde la descripción de la liturgia a los avatares y características de alguna de las principales rutas jacobitas del siglo XII, no precisamente en los albores mismos de la peregrinación, pero sí cuando vamos teniendo más textos de la misma, coincidiendo con la reaceleración de las obras la catedral románica con Diego Xelmírez y el paso de la misma a ser sede metropolitana


Por dicha información peregrinos de antaño en su mayoría procedentes del Camino Francés, entraban en la catedral por la puerta norte, Puerta del Paraíso, Puerta Francígena o Portada da Acibechería, como ya hemos dicho; es decir por el brazo septentrional del transepto, un poco más adelante a nuestra izquierda...


Luego, con la apertura del Hospital Real y la mejora de la escalinata de acceso desde O Obradoiro, que de gran obrador o taller se transformó en la gran plaza de hoy en día, la entrada por el magnífico Pórtico de la Gloria con sus magníficos rituales ya desaparecidos se llevó la palma en cuanto a entrada simbólicamente sublime al interior de la catedral, que es la dirección que estamos tomando nosotros camino del altar mayor


Observemos una más de las cruces de consagración en el paso al transepto, donde confluyen todos los caminos...


Luego, con la regulación de los espacios y tránsitos a través de la catedral y sus rincones, muchos integrados en el museo catedralicio, sobre todo tras las ingentes labores de restauración llevadas a cabo a partir de la primera década del siglo XXI, se ha decidido coordinar la entrada a través de la nave sur del transepto, al que llegamos ahora y que tenemos a nuestra derecha, el de la Porta das Praterías


Sí se ha mantenido, al fondo, el acceso por la Porta Santa coincidiendo con los años santos compostelanos, la cual ofrece acceso directo al camarín de Santiago con la consiguiente visita y oración en la cripta donde reposan sus restos y los de sus discípulos Teodoro y Atanasio. La portada norte se ha habilitado como salida mientras que la occidental ha sido cerrada y su Pórtico de la Gloria solamente puede verse con la correspondiente entrada a dicha parte del museo, lo que lo ha dejado absolutamente descontextualizado, pues no se ha podido o querido compatibilizar la preservación del patrimonio restaurado con su tránsito y observación libres, aunque sujetos a las medidas de seguridad correspondientes


Sea como sea nos vamos acercando al crucero y altar mayor, momento culminante (o uno entre varios de los existentes), el de llegar ante la imagen de Santiago en su imponente baldaquino dorado, a punto de realizar el ritual del abrazo al Apóstol, uno de los pocos que se han mantenido en la catedral, así como bajar a su cripta. Un buen lugar para rememorar la emocionante pasión experimentada por el peregrino Nicola Albani en su relato a su llegada a este lugar en 1743...
"Con paso ligero me acerqué a la santa ciudad y al llegar a la puerta no me preocupé más que de preguntar por la iglesia de Santiago. Y tan pronto como con la ayuda del Santísimo llegué allí, entré rápidamente. Se me iluminaron el corazón y la mente y sentí como su hubiese entrado en el cielo"





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