| La Torre de las Campanas y la Torre de la Carraca desde el claustro de la catedral de Santiago |
Este es el claustro de la catedral de Santiago de Compostela, joya del arte de transición entre el gótico tardío y el renacentista que se extiende por el costado meridional de la catedral, ocupando una importante extensión al sur de la nave central, al pie de las torres barrocas de las campana y de la carraca y entre la portada occidental de la catedral (Pórtico de la Gloria -Praza do Obradoiro-) y la portada sur o de As Praterías. Tal y como vemos en el plano que compartimos seguidamente:
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| Plano de la catedral de Santiago de Compostela |
El claustro de catedrales y de monasterios es un espacio fundamental, pues en ellos se hallan buena parte de las dependencias de los monjes, tanto las propias, las celdas o habitaciones, casi siempre en la planta alta) como las comunes, estas por lo general en la planta baja, así como las de buena parte del personal a su servicio. También es un espacio de tránsito y meditación para los canónigos, no pocos de los cuales, además, apenas salían del recinto catedralicio. Asimismo eran lugar de enterramientos de los religiosos y también de personalidades de estirpes linajudas e influyentes que deseaban enterrarse en suelo especialmente sagrado, algunas fundadoras de capillas y panteones catedralicios, otras patronos de la catedral y algunas familias de prelados y demás autoridades eclesiásticas
| La Catedral de Santiago. Breve descripción histórica por José Vila-amil y Castro con la planta y un diseño iconográfico (1909) |
Sus pasillos o pandas forman un cuadro de distribución de todas estas instalaciones, que van desde la sala capitular o de reuniones a las cocinas, pasando por el refectorio o comedor comunal, el scriptorium, archivo, biblioteca, lavabos, locutorio y cuanto se precise según cada caso y época. En este plano vemos efectivamente el gran cuadro del claustro catedralicio compostelano (a la derecha) y el terreno que ocupa en relación a las demás partes del templo
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| Foto: Fernando Pascullo en Wikipedia |
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| Foto Suki on the road |
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| Pórtico de la Gloria con la nave mayor: a la derecha la de la epístola y a la izquierda la del evangelio |
"La tribuna: un espacio cósmico para la manifestación del monarcaOcupando su lugar en la tribuna, sobre un estrado construido expresamente para esta ocasión, la figura del rey de León se elevaba a una dimensión cósmica y escatológica situándose en el eje vertical que articulaba toda la estructura del Pórtico, como si fuese un eslabón vivo en la genealogía regia que partía de la raíz de Jesé. En esta aula siderea se vería inmerso en un conmovedor entorno visionario en el que la Ciudad Santa se hacía presente a su alrededor en una multiplicidad de imágenes, transfigurándose en las diferentes formas en las que había sido “imaginada” sobre el pergamino, tanto en su alzado vertical, donde el monarca se manifestaba en el espacio celeste iluminado por el Cordero, como en su percepción topográfica global que se extendía ante sus ojos en la planimetría del coro dispuesto en la nave central. “Et después que el rey et la Reyna estudieren en el balcón en sus estrados”, continúa el Libro de la Coronación, “los cantores comiençen el officio de la misa”. En ese momento los cánticos polifónicos procedentes del coro inundarían todo el templo anticipando el “canto nuevo” de la Jerusalén celeste que las efigies pétreas de los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis se disponían a interpretar para la eternidad. Trasportado por esta experiencia sensorial sinestética, el monarca podía abandonarse al sueño de la contemplación emulando a personajes como san Juan, Virgilio, o la propia figura del sapiens architectus".
La tribuna o triforio se extiende en realidad sobre las naves laterales a lo largo de toda su extensión hasta el crucero, continuando posteriormente por las del transepto. El historiador Jesús Manuel García Díaz, nos ofrece una cuidada y amena guía de la misma, pues además de sus elementos artísticos y arquitectónicos propios guarda restos arqueológicos del edificio antiguo, en su trabajo Un recorrido por el triforio de la Catedral de Santiago, con cuidados textos y fotografías:
"Se trata de un paseo por un espacio sagrado y como tal, lleno de simbolismo. Esta carga simbólica se concentra de manera especial al inicio, porque este tiene lugar en los tres niveles que completan el significado del Pórtico de la Gloria. Es decir, la ruta comienza al nivel del pavimento de la Praza do Obradoiro, en la cripta del pórtico, un espacio interesante, oscuro, que representa el mundo humano, mundo y tiempo caducos en el que nos movemos, en el que transcurre nuestra vida. Aquí adquirimos las entradas y la visita comienza en una puerta lateral que, por una escalera, nos permite ascender a la luz, al pavimento de las naves de la basílica, donde se halla el Pórtico de la Gloria. Dejamos el mundo caduco para llegar a la escena del Juicio Final que a punto está de comenzar en este nivel".
Y es que la tribuna, o tribunas podríamos decir, eran empleadas para alojar a los fieles en momentos de gran afluencia de gentes, incluso para dormir, pues hasta 1521 no había puertas en el acceso a la catedral por el Pórtico de la Gloria pero, además, daban una solución arquitectónica práctica a este esta estructura interior catedralicia, esta ya plenamente románica, de cubierta de bóveda de cañón sostenida por arcos fajones, los cuales a su vez reposan en estos poderosos haces de columnas, con arcos de medio punto intermedio, que separan la nave mayor de las laterales. Nos lo explican de manera impecable en catedraldesantiago/online:
"Las tribunas de la Catedral de Santiago de Compostela tienen su origen en la concepción románica del templo, donde estos espacios elevados cumplían múltiples funciones. En la Edad Media, las tribunas ofrecían un lugar de descanso a los peregrinos que, tras completar su camino, pasaban la noche en la catedral, ya que esta permanecía abierta durante todo el día y la noche. Este uso práctico llevó al empleo del famoso Botafumeiro, que purificaba el aire del templo, marcando el inicio de una tradición que perdura hasta hoy.
Además de ser un refugio para los peregrinos, las tribunas jugaban un papel arquitectónico crucial: reforzaban la estructura de la bóveda de cañón de la nave central y permitían la incorporación de ventanas para iluminar el interior de la catedral, otorgándole una luminosidad inusual para su época. En las crónicas medievales, ya se destacaba la singular claridad del templo, en gran parte gracias a estos elementos".
Las tribunas pues, tienen un papel esencial tanto en lo relativo a la arquitectura como a la funcionalidad de la catedral, el cual ha ido evolucionando hasta nuestros días integradas dentro del espacio museístico catedralicio:
"En la actualidad, las tribunas de la catedral han ampliado su función más allá de la histórica. Además de ser un atractivo turístico clave, estas áreas sirven como depósito para el museo de la catedral, albergando objetos y colecciones que no se exponen regularmente. También son el espacio desde donde se toca el órgano, cuyas imponentes tuberías decoran la nave mayor.
El acceso a las tribunas permite a los visitantes no solo conocer su relevancia histórica y arquitectónica, sino también disfrutar de una perspectiva única del templo, con vistas privilegiadas a los detalles estructurales y decorativos. Este recorrido conecta el pasado con el presente, destacando la continua evolución de la catedral como espacio espiritual, cultural y patrimonial".
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| Foto: Siente Galicia |
Esta gran nave central se habría rematado luego de la muerte del arzobispo Diego Xelmírez, el gran impulsor de unas obras que habían quedado paralizadas/ralentizadas desde que el obispo Diego Peláez, quien las inauguró en 1075 con el apoyo de Alfonso VI, fuese depuesto en 1088. Estas obras finales estuvieron amparadas por Fernando II dada la escasez de medios y presupuesto del cabildo catedralicio para asumirlas
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| Foto Diego Celso en Wikipedia |
-Bernardo El Viejo (1075-1078), que según el Codex Calixtinus -la gran guía del peregrino medieval- era normando y sería el primer constructor, junto con Roberto, de la obra románica también bajo el arzobispo Xelmírez, sobre todo la girola en torno a la capilla mayor, que vemos al fondo
-Maestro Esteban (1088?-1100), maestro de obras también con el arzobispo Diego Xelmírez, que restauró los canecillos de la capilla axial de la cabecera y esculpir la fachada de la Praza das Praterías, posiblemente con otros maestros pues, tal y como dice la Historia Compostelana:"comenzó a restaurar lo destruido, conservar lo restaurado y conducir lo conservado no sin mucho trabajo, a estado de perfección"-Bernardo El Joven o El Tesorero (1100-1140), tal vez hijo o nieto de Bernardo El Viejo y profesional de varias materias pues aparte de arquitecto era escultor, pintor, mecánico, calígrafo y diplomático, colaborador del arzobispo Xelmírez, de quien era tesorero y con quien recuperó los parados trabajos catedralicios desde que el maestro Esteban se fue a Pamplona a las obras de su catedral y que según algunos podría ser su padre, y este a su vez el hijo Bernardo El Viejo. Se afirma que más que director fue administrador y se le atribuye la antigua fuente de Santiago, destruida en el siglo XV y sustituida por otra en la Praza das Praterías
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| Foto: Centro Virtual Cervantes |
Antes habría estado aquí la basílica, sensiblemente más pequeña, que en estilo asturiano prerrománico consagró el obispo Sisnando I en 899 en presencia del rey Alfonso III El Magno con su familia y séquito, rey que habría mandado edificarla veinte años atrás para dignificar un primer santuario cuya fundación, ya más envuelta en una nebulosa que une historia y leyenda, habría auspiciado Alfonso II El Casto hacia 830 con el obispo Teodomiro de Iria Flavia allá donde el ermitaño Paio habría descubierto la que se tiene por tumba del apóstol Santiago con sus discípulos Anastasio y Teodoro
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| Foto: Catedral de Santiago |
Allí estaba su edículo funerario, formando parte de una necrópolis sueva superpuesta a su vez a otra romana. La basílica de Sisnando I y Alfonso III sería arrasada por el ataque de Almanzor un siglo después de su consagración, así como toda la ciudad salvo precisamente la tumba del Apóstol. Tras ello, habría una primera básica reconstrucción con el obispo San Pedro de Mezonzo apoyado por Bermudo II, pero hasta 1075 con los citados Diego Peláez y Alfonso VI no se emprendería la construcción de un gran templo dentro de los cánones del arte que imperaba ya en Europa: el románico
"En estos ámbitos soterrados pueden verse restos de las anteriores construcciones, primera iglesia de Alfonso II, Basílica de Alfonso III, el edículo donde fueron hallados los restos y la laude del Obispo Teodomiro, torre y muralla pertenecientes a las primeras fortificaciones de la primitiva Compostela, realizadas por el obispo Sisnando en el siglo IX y recrecidas por el Obispo don Cresconio a mediados del siglo XI; necrópolis suévica de grandes sarcófagos del siglo VI y bajo ella la necrópolis romana, siglos II a IV. El abundante material arqueológico recogido perteneciente a las distintas épocas se exhibe en las salas del Museo Lapidario de la Catedral"
No pocas piezas antiguas se exponen arriba, en la tribuna, uno de los lugares donde se atisba, en los cambios estilísticos de sus capiteles, la llegada del obradoiro del maestro Mateo a hacerse cargo de las obras de catedral en su tan fructífera etapa final
La obra comenzó por la girola, en la cabecera y, según las noticias documentales conservadas, parece que hacia 1112 ya se estaba trabajando en estos tramos del cuerpo principal de la iglesia, consagrada el 21 de abril de 1211, aunque siguiendo la crónica de la Historia Compostelana (siglo XII) la última piedra se colocó en 1122, aunque el final definitivo del trabajo se prolongó hasta 1228. A partir de entonces se consideran reformas y añadidos todo lo hecho a posteriori. En Santiago de Compostela Turismo nos cuentan de sus disposición, medidas y otras características:
"Siguiendo el modelo francés de las iglesias de peregrinación románicas, el espacio interior de la Catedral de Santiago se organiza sobre la tradicional planta de cruz latina con tres naves por brazo. La nave principal mide de Oeste a Este unos 94 metros de largo en el interior y el transepto, mucho mayor de lo habitual en las iglesias de peregrinación, alcanza los 63 metros de Norte a Sur, unas dimensiones que convierten a esta catedral en el mayor templo románico de España. La altura máxima de las naves es de 20 metros y llega a 32 en la cúpula.
La nave central está cubierta por una bóveda de cañón y las laterales por bóvedas de arista. Los volúmenes se distribuyen sobre elegantes arcos de medio punto, coronados por una tribuna o triforio que recorre el tramo longitudinal del templo y continúa por los brazos del crucero y el deambulatorio. Este triforio otorga a las naves una esbeltez y una claridad inusuales en otros templos románicos de la época. A ello contribuye la enorme cristalera de su fachada principal.
El centro de la nave mayor estuvo ocupado entre los s. XII y XVI por un majestuoso coro de piedra del Maestro Mateo, una parte del cual puede admirarse hoy en el Museo Catedralicio. Fue sustituido en 1608 por un coro de madera renacentista que terminó por ser desmontado en 1946, con lo que se despejó definitivamente la vista del altar".
"El Arzobispo de Santiago, Monseñor Francisco Prieto, presentó este domingo el conjunto escultórico de la Epifanía, que ha quedado instalado en una nave lateral, en un punto cercano al Pórtico de la Gloria. Se trata de una obra del escultor Óscar Aldonza. Durante la presentación estuvo acompañado por miembro del Cabildo y de la Comisión del Año Santo.
De este modo, y coincidiendo con la solemnidad de la Epifanía, la catedral ha recuperado una iconografía que estuvo presente de modo destacado en ese mismo espacio, en el coro del Maestro Mateo, en continuidad con el discurso del Pórtico de la Gloria. Una representación de la adoración de los Sabios de oriente al Niño Dios que centra el espíritu de los fieles y peregrinos en un misterio que comienza en Belén, y que culmina en Jerusalén, destinado a ser manifestado («epifanía») a toda la humanidad.
En Santiago de Compostela esa manifestación también resplandece como estrella, pero se encarna en el testimonio del primer apóstol mártir: Santiago el Zebedeo. Ningún apóstol se anuncia a sí mismo, proclama, manifiesta y señala al Salvador.
Esta pieza realizada en bronce y cerámica, elaborada por el escultor compostelano Óscar Aldonza, se convierte en el hito que anuncia y señala el inicio de la preparación para una mejor celebración y vivencia del Año Jubilar 2027".
"El conjunto escultórico, con piezas de tamaño natural, como primer hito que impulsa a preparar el Año Jubilar, contiene la carga de significación de la Encarnación-Epifanía.
La imagen central de la Virgen con el Niño sugiere un triple movimiento. Dado que la pieza se instala en el lugar que ahora muestra la huella de un relleno de sillares y mampuesto en la portada de la antigua Sala Capitular, ese fondo queda cubierto por una superficie porcelámica que representa un rompimiento de gloria, en la que se destaca una estrella que proyecta sus rayos, como una alusión al antiguo coro pétreo. Evocación potenciada por la recreación libre del castellete, procedente del coro mateano, del que asoman los caballos de los Sabios de oriente. Ahí centrada, la Virgen dirige su mirada (como profecía) hacia arriba, en dirección al Pórtico (el Niño que sostiene vivirá el drama de la pasión y muerte que culminará con su glorificación); el Niño, en sentido contrario, dirige su mirada hacia la Capilla Mayor, invitando a los fieles a vivir el encuentro íntimo con Él en el sacramento de la Eucaristía; el paño que envuelve al Niño, también en memoria de lo que fue la obra de Mateo, luce un color azul lapislázuli: el mejor pigmento para la imagen principal. San José, sorprendido, contempla a los Magos. Y éstos presentan sus dones y adoran".
Esta es uno de los catorce relieves del Vía Crucis de la catedral, hechos en hierro patinado a finales del siglo XIX y donados por el catedrático de la Universidade de Santiago y erudito jacobita José María Fernández Sánchez, tal y como ha investigado el director técnico del Museo de la Catedral Ramón Yzquierdo Peiró. Hasta 2020 colocados en los paramentos o paredes de las naves, cuando fueron retirados para las obras de restauración catedralicias. Limpiados y restaurados fueron recolocados en estos soportes en 2023, mejorando su visión y transporte. De estas y otras características nos informan en la tan imprescindible web del museo:
"El Via Crucis está formado por catorce relieves realizados en hierro patinado, procedentes de la famosa fundición francesa de Val d’Osne, factoría que en la época surtió de este tipo de piezas y de otro mobiliario y elementos decorativos de hierro y bronce a muchas ciudades y templos de todo el mundo.
En la misma acta capitular se indica también que, una vez recibida la donación, fueron colocados en el espacio situado entre el trascoro y las puertas del Obradoiro, incluyendo el Pórtico de la Gloria, tal y como se puede ver en algunas fotografías de la época. En ese ámbito se encontraba el altar de la Virgen de la Soledad, así como un calvario de época gótica, y, además, ahí se montaba el Monumento de Semana Santa. De esta forma, toda esa zona de la catedral quedaba asociada a la temática propia del tiempo cuaresmal. Una vez retirado el coro, a mediado del siglo XX, fueron reubicados a lo largo de las naves laterales y crucero.
El Via Crucis es un rezo propio del tiempo cuaresmal, en el que se recuerdan las diferentes escenas relacionadas con la pasión de Jesucristo, en concreto desde el prendimiento hasta su entierro, tras la muerte en la cruz. Para apoyar el rezo se recorren las 14 escenas, llamadas estaciones, cada una de ellas representada en cada relieve. En la catedral se realiza cada viernes de cuaresma, después de la misa de las 19:30 h, recorriendo las naves del templo".
Esta puerta de arco de medio punto es el acceso a la Capilla de las Reliquias y Pórtico Real, antigua sala capitular, espacio dedicado a deliberaciones, reuniones y decisiones del cabildo catedralicia, cuyas obras concluyeron en 1530 dentro de las del nuevo claustro gótico-renacentista, al que por aquí también se accede
Este pasillo de acceso al claustro es actualmente vestíbulo y entrada también a los espacios museísticos del Panteón Real y Capilla de las Reliquias, habilitados ambos en la antigua Sala Capitular, que mantuvo su función hasta 1614, en 1635 y 1641 respectivamente. En el Panteón Real están los sepulcros de los reyes y nobles más relevantes enterrados en la basílica y a la capilla se trasladaron en ceremonia solemne las reliquias antaño repartidas por la catedral
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| Foto: Museo Catedral de Santiago |
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| Foto Xacopedia |
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| Foto: Xacopedia |
"Una de las reliquias más importantes es la cabeza de Santiago Alfeo, llamado el Menor, discípulo de Jesús y compañero en el colegio apostólico de Santiago el de Zebedeo, conocido como el Mayor. Fue traída a Compostela desde Jerusalén por Mauricio, arzobispo de Braga, pero que acabó en manos de Doña Urraca, que se la regaló al arzobispo compostelano Diego Gelmírez (1120-1140). Berenguel de Landoira (1317-1330), durante su pontificado en Compostela, mandó hacer el actual busto que acoge la reliquia".
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| Foto Xacopedia |
+ OB HONOREM SANCTI IACOBI APOSTOLI
OFFERVNT FAMVLI DEI ADEFONSVS PRINCEPS CVM CONJUGE
SCEMENA REGINA
HOC SIGNO TVETVR PIVS
HOC SIGNUM VINCITUR INIMICUS
«+ En honor del Santo Apóstol Santiago / ofrécenla los siervos de Dios el Príncipe Alfonso y su esposa la Reina Jimena / Esta obra se concluyó en la Era 912 (año 874) / Con este signo se ampara el justo / Con este signo se vence al enemigo»
"Se conoce popularmente con esta denominación la cruz votiva de estilo asturiano que el monarca Alfonso III el Magno y su mujer Jimena donaron, con motivo de su peregrinación a Compostela en el 874, al altar de Santiago. Joya de gran carga simbólica, ya que se trata de la más antigua ofrenda al Apóstol que llegó hasta el siglo XX, desapareció de la catedral compostelana en mayo de 1906, sin que se volvieran a tener noticias de su paradero. Realizada en Oviedo, capital del reino, era muy semejante a la hermosísima cruz de los Ángeles, conservada en la basílica ovetense y realizada casi setenta años antes (808).
La que para muchos fue -y lo fue todavía más tras su extraño y nunca aclarado robo- la más mítica obra del tesoro catedralicio santiagués, medía 46 cm de alto por 44 de ancho y 2 de grosor. Su anchura oscilaba entre los 6 y los 3,5 cm. Sobre una estructura base de madera recubierta de láminas de oro con una trama de filigrana y dos medallones en la cruceta, se repartían cerca de ochenta piedras preciosas y finas, entre las que el historiador santiaguista Mauro Castellá Ferrer (s. XVII) cita -tras advertir que ya en aquel tiempo faltaban muchas- topacios, amatistas, turquesas, cornalinas y perlas.
Una inscripción en el reverso mostraba la siguiente dedicatoria en latín: “En honor del apóstol Santiago donan esta cruz los siervos de Cristo el príncipe Alfonso y la reina Jimena. Por esta señal está protegido el creyente. Con esta señal se vence al enemigo. Se concluyó en la era 912 [año 874]”. La altísima significación y valor de esta joya, de la que se han realizado varias reproducciones, da idea de la relevancia concedida por la corona astur al naciente santuario compostelano. Un santuario ubicado en un extremo del reino, muy alejado de Oviedo, la capital, y que comenzaba a competir por la primacía espiritual del reino".
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| Foto Xacopedia |
"Hasta su desaparición en 1906, la cruz de Alfonso III se mostraba en la capilla de las Reliquias de la catedral compostelana, en el tramo central de su también desaparecido retablo barroco, en este caso por un incendio en los años veinte no menos misterioso. A pesar de la trascendencia de este robo, el más famoso y llorado de los acontecidos en la historia de la basílica compostelana, nunca se llegó a tener la más mínima pista -al menos a nivel oficial- sobre su autor o autores.
El polígrafo gallego Filgueira Valverde llegó a sugerir que la desaparición de esta cruz podría relacionarse con un grupo de supuestos ladrones de origen marsellés que por aquellas fechas se encontrarían en Santiago. Se podría tratar, por lo tanto, de un encargo. Apoyaría esta tesis el hecho de que en la capilla de las Reliquias se conservaban accesibles, una vez franqueada la entrada, joyas con un valor económico y artístico mayor, que no fueron robadas. Se ha especulado sobre si se llevó la cruz fuera de España. También se ha comentado la posibilidad de su utilización, tras el robo, en ritos iniciáticos. Nunca se perdió la esperanza de recuperarla, pero tampoco se obtuvo, que se sepa, la más mínima prueba sobre su posible paradero.
Una reproducción en latón y falsa pedrería ocupa el espacio de la original en la calle central del actual retablo de la capilla de las Reliquias, construida a finales de los años veinte del siglo pasado. Otra réplica, en este caso de gran calidad, se realizó en 2004, con motivo del primer año jubilar compostelano del siglo XXI. Se puede ver en la sala de exposiciones de la S.A. de Xestión do Plan Xacobeo, en Santiago. Las buenas intenciones de estas réplicas no hacen más que acentuar el sueño del mito maltratado, el clamor de la ausencia".
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| Foto Tradición Jacobea |
"Mucho antes que ocurriera el conocido robo del Códice Calixtino la catedral de Santiago de Compostela ya había sufrido otros expolios de una valiosa obra. En el mes de Mayo de 1906 desapareció la joya más antigua y uno de los mayores tesoros del santuario compostelano: la cruz de Alfonso III. Aunque su desaparición supuso para la Historia del Arte y para el Tesoro de la basílica jacobea una pérdida irreparable, y aunque la pieza nunca fue recuperada, el vacío de tan grave pérdida se atenuó mediante la creación de una réplica que, cuando menos, palía aquel negro pasaje de la historia y hasta cabe decirse que lo suple dignamente gracias al estudio y conocimiento de los materiales y la técnica de la orfebrería artesanal. Durante siglos fue la emblemática Cruz de Santiago, hasta que el Barroco nos propuso la cruz espada hoy más extendida.
La cruz era una de las reliquias más apreciadas de los peregrinos, pues permaneció mucho tiempo junto a los restos del apóstol y era dada a besar a los caminantes. Tan suntuosa alhaja tuvo usos votivos y ceremoniales, siendo exhibida para veneración de los fieles en el relicario compostelano y portada como distintivo litúrgico en las solemnidades y procesiones mitradas de la catedral.
La cruz fue el fruto de una ofrenda al Apóstol que realizó el Rey Alfonso III en el año 874 a la Iglesia de Santiago, entonces una basílica que el mismo había restaurado. La donación tuvo lugar en tiempos del obispo Sisnando, en tiempos en que la sede compostelana buscaba ser exponente de la proyección del sepulcro apostólico como alternativa a la Iglesia Metropolitana del Toledo visigodo, primada de España, pero entonces en manos musulmanas. Son momentos en que se gesta la integración de Galicia en el reino astur (pronto leonés) y traduce el profundo sentido religioso del monarca y su plena devoción al Apóstol Santiago, que asume como intermediario ante Dios en su actuación política y en su futura vida eterna.
Desde la fecha de su donación la cruz se conservó en Compostela hasta el año 1906, fecha en que fue sustraída de la Capilla de las Reliquias sin dejar rastro de lo ocurrido. El canónigo D. José María Abeijón de Seárez, de San Pelayo de Carreira, fue quien descubrió el saqueo cuando se disponía a decir la misa de nueve y se encontró con varios objetos litúrgicos tirados por el suelo y huellas de pisadas sobre el altar.
La investigación policial advirtió que el ladrón o ladrones, aprovechando la oscuridad de la noche, accedieron a las cubiertas a través de la zona de la Corticela, donde hoy se ha instalado una reja erizada de pinchos, y desde allí cruzaron hasta el lado contrario para acceder a la Capilla de las Reliquias, en la que habían aserrado la reja de la ventana que comunica la capilla con las cubiertas de la Basílica y habían roto el cristal para introducirse por ella. Encontraron además otros restos abandonados, como una cuerda con nudos que presuntamente utilizaron para descender desde la cubierta al suelo o un aparato parecido a una pequeña grúa con un mecanismo de cuerda que servía para izar los objetos robados hasta la ventana superior. También se hallaron otros utensilios del robo, como una lima, un palo y un “hierro o tranquillo de ventana”, que fueron expuestos al público durante algún tiempo en los soportales del pazo de Raxoi, por sí alguien los reconocía y podía aportar alguna pista.
Como botín del atraco, además de la citada cruz de oro de Alfonso III, los autores del latrocinio se llevaron otra cruz de plata regalada en el siglo XV por el arzobispo Spínola, y una imagen de Santiago Apóstol con una valiosa aureola de plata dorada, también del siglo XV. Pese a que las autoridades de la época anunciaron una recompensa de cinco mil pesetas, que en aquel entonces era una recompensa muy importante, todas las pesquisas resultaron infructuosas y de ninguno de los objetos volvió a tenerse noticia.
Respondía a un modelo bien extendido en su época: Crux Quadrata o cruz griega de brazos trapezoidales de la misma longitud, que convergen por su lado menor en un disco central. Su interior estaba formado por un alma de madera sobre la que se aplica una fina lámina de oro, sujeta con pequeños clavos ocultos tras la minuciosa decoración sobrepuesta.
Con motivo de la muestra “Luces de Peregrinación” del Xacobeo 2004, la S.A. de Xestión do Plan Xacobeo acometió el loable reto de elaborar una réplica fiel de aquel original gracias al buen hacer artesanal de la firma Ánget S.L. La iniciativa de realizar la cruz de Alfonso III tenía como objetivo lograr una reproducción fiel al original, tanto en su morfología como en su espíritu, por lo que se realizó íntegramente a mano según los métodos y formas artesanales de la época, que obviamente no tienen nada que ver con la tecnología actual. La ejecución de su ornato requirió las más variadas técnicas de orfebrería: batido, estampación, soldadura, cincelado, laminado, hilado, relevado, fundido, engastado y talla de pedrería, además de la reutilización de entalles clásicos y de un antiguo esmalte.
Se pretendió alcanzar los límites y detalles más precisos, gracias a la documentación preexistente: la fototipia que Hauser y Menet realizada en 1905, pocos meses antes del robo de la pieza. También aportó información importante la comparación con la cruz de los Ángeles donada por Alfonso ll en el año 808 que se era su patrón antecedente. Asimismo fueron valiosas las descripciones de eruditos, historiadores y viajeros como Ambrosio de Morales, Mauro Castellá Ferrer, José Villaamil y Castro, José María Zepedano y Antonio López Ferreiro proporcionaron datos relevantes para conocer esta valiosa pieza y sirvieron de base para la elaboración de plantillas y dibujos detallados. Se optó por no respetar las mutilaciones sufridas y los elementos ajenos a la cruz original, reponiendo las partes desaparecidas de las que se tuviera información y a la vez librarla de las deformaciones y agresiones.
En el siglo XIX, el medallón del disco central original del anverso no se conservaba al hacer la fototipia; en su lugar, quizás ocultando la maltrecha labor primitiva, se observa una cruz pectoral de cristal unida a una patena de plata dorada que busca recrea el diseño original perdido o deteriorado, pero de mala factura y desvirtuando la estética de la cruz. Hubiera sido un error y una falsedad histórica su reproducción, por lo que se resolvió hacerlo siguiendo las detalladas descripciones existentes de la pieza original. Se sabía bien junto a los campos de filigranas la cruz «tenía doce piedras«, de las que Castellá Ferrer vería algunas y los engastes de las que faltaban: «casi todas se han perdido, o las han hurtado en tiempos antiguos«. Responde bien a la simbología del número 12, con una gema de mayor tamaño que señalase el eje y resulta adecuada para un lugar especialmente santo, tenido como el lugar en donde apoyaba la cabeza de Cristo. Un ágata oval presidía el disco central del anverso, disponiéndose a su alrededor doce piedras que alternan la forma de lágrima con la oval. La presencia en la fototipia de una anilla en medio de cada travesaño horizontal evidenciaba la antigua existencia de las letras griegas Alfa y Omega del Apocalipsis suspendidas por cadenas, simbología era frecuente en ilustraciones altomedievales y relieves coetáneos, por lo que se decidió reponerlas.
En cada brazo se distribuyen piedras preciosas sobre engastes de oro (cornerinas, melanitas, topacios, amatistas, turquesas); la mayoría son lisas, otras son entalles figurativos o con inscripciones. Los engarces se realzaron con cordones perlados que originalmente describían dos anillos concéntricos a su alrededor. Delimitando los engastes se dispone tanto en la cruz como en sus brazos una riquísima labor de filigrana en “palmetas” en “C” y en “cálices” y otros dibujos intermedios, y en los brazos se disponen unas “cadenetas” en zigzag de pares de hilos entorchados y pareados, y “tabiques” compuestos por finos hilos aplanados que delimitan los campos de filigrana.
Lo que más distingue la decoración del reverso de la Cruz es el pequeño broche rectangular del disco central. Nos encontramos ante un esmalte tabicado de corte visigodo de ejecución anterior a la propia cruz, enmarcado en perlas asentadas en cartuchos de oro. Representa dos blancas palomas con manchas rojas picando una fruta azulada sobre fondo verde, de clara alusión eucarística: las almas de los justos se alimentan de la semilla de la Salvación que han conocido a través de la Revelación de Cristo y de su Sacrificio. Además de la iconografía y del color aportados por la placa de esmalte, subraya la situación privilegiada del medallón la impronta de ocho cabujones ovales para engarce de piedras, que alternan con otros tantos campos de filigrana. Estos cabujones con sus engastes, ahora repuestos, habían sido eliminados en distintos momentos para colocar al igual que sucedió en el anverso, el crucifijo de Ordoño II, hoy conservado en el Tesoro de la Catedral de Santiago. Los brazos del reverso de la cruz, en oposición al anverso, son lisos en su mayor parte y en sus extremos se ven cuatro piedras grandes que podrían aludir a los Evangelistas ya que, durante toda la Edad Media, fue éste el lugar privilegiado para las representaciones del Tetramorfos. Contorneando las cuatro piedras, hay unas hileras de perlas y piedras engarzadas en campos, enmarcadas por hilos de oro trenzados. Y distribuido en sus bordes encontramos el texto de la inscripción que expresa la ofrenda regia.(...)
Esta excelente réplica que hizo el Xacobeo, por tratarse de una cruz muy vinculada a los peregrinos guante siglos, fue donada al actual Museo de las Peregrinaciones, el 20 de Octubre de 2016 y es expuesta desde entonces en una urna de cristal de seguridad, en la sección dedicada a las iglesias anteriores a la catedral y a la propia catedral. Allí, sin duda alguna, es donde mejor puede estar.
Mucho se ha podido conocer de esta cruz a pesar de que no ha vuelto a aparecer desde su desaparición y es de suponer que nunca vuelva a hacerlo. Algo de mágico y sorprendente hay en todo ello, digno de una novela de misterio. Es lo que hace Manuel F. Rodríguez en su obra, en la que solo el periodista Marcos Albaredo, que en 1906 trabajaba en el Correo de Galicia, insistió en la investigación de los hechos para averiguar quién y por qué había robado uno de los mayores tesoros de la Catedral de Santiago. Más de un siglo después, Manuel F. Rodríguez, periodista y técnico del Xacobeo, buen conocedor de la intriga y de su inacaba conclusión, retoma el caso como trama de su novela «A viaxe á fin do mundo», de la que se ha dicho que será «referencia de la literatura gallega del siglo XXI» y «la gran novela de la modernidad sobre la peregrinación jacobea». El autor relaciona en su obra, de notable fondo jacobeo, la sustracción de la cruz y el incendio el 1921 del retablo de la capilla de las reliquias. En su intuición y tras analizar lo que había aparecido en la prensa, no piensa que fuera de ladrones comunes, sino que fue un robo por encargo en el que la pieza nunca apareció porque era parte de un viaje".
En su Viaje de Nápoles a Santiago de Galicia el peregrino napolitano Nicola Albani, escribe de esta capilla y sus reliquias según sus impresiones de la peregrinación que realizó a Compostela entre los años 1743 a 1745, descubriendo la gran importancia del lugar:
"... la capilla acoge muchos cuerpos santos, y ya no hablo sólo de santísimas cabezas, piernas, pies, manos, dedos, brazos, vientres, ampollas de sangre de mártires -hay una pequeña ampolla con la sangre de San Genaro de Nápoles-; hay también dos ampollas llenas, una con la leche de los pechos y otra con las lágrimas derramadas por los ojos de la Virgen sobre el Monumento de su santísimo Hijo,y también se ven los cabellos y vestidos de la Virgen, con tantas reliquias como puede haber en Roma e incluso Jerusalén, que este santuario de Galicia es una de las tres basílicas de la cristiandad (...) por haber sido el primer apóstol en morir después de Jesús (...). Sólo pueden entrar los peregrinos (...) y el penitencial les va enseñando con detalle cada una de las reliquias y les invita a besar casi todas y a tocar también las coronas y otras devociones que los peregrinos traen (...): y en la mencionada capilla se ganan muchas indulgencias otorgadas por los santos pontífices"
En el Panteón Real están enterrados reyes, reinas y personajes vinculados a la Corona y, a través de ella, a Galicia y a la catedral de Santiago. Leemos en Panteón Real de Compostela:
"El apoyo de la monarquía fue fundamental para la consolidación del sepulcro apostólico y para la construcción de la catedral compostelana. De este modo, de la colaboración estrecha entre reyes y prelados, surgieron los principales proyectos relacionados con la catedral, desde la confirmación del hallazgo de la Tumba apostólica a la construcción de las primeras basílicas y, por fin, a las diferentes fases por las que pasó la catedral románica".
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| Pedro Froilaz. Foto. Froaringus en Wikipedia |
"En 1107, agonizante ya, Raimundo llamó a sus leales, confirmó la tutoría de su hijo a cargo de su principal defensor, Pedro Froilaz, y recabó de todos ellos la máxima lealtad para quien debería ser el joven soberano de Galicia.
En ese momento el liderazgo en Galicia de Pedro Froilaz es total y sin intermediarios. De hecho, a partir de 1107 firmaba como conde de Galicia e, incluso, en 1108, realizó una donación al monasterio de Caaveiro como Principis Gallecie".
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| Sepulcro atribuido a Alfonso IX. Foto Museo de la Catedral de Santiago |
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| Foto: El Correo Gallego |
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| Fernando II. Foto: Froaringus en Wikipedia CC BY-SA 3.0 |
Fernando II no murió aquí sino en Benavente, pese a su deseo de ser enterrado en la catedral de Santiago este no fue cumplido hasta pasado un tiempo, nos cuenta la Wikipedia:
"El rey Fernando falleció en la ciudad zamorana de Benavente, el 22 de enero de 1188, a los cincuenta y tres años de edad y fue sucedido en el trono por su hijo primogénito, Alfonso IX de León. La Primera Crónica General describe del siguiente modo la defunción del soberano leonés.
Et este rey Don Fernando de Leon, fijo dell Emperador et hermano del rey Don Sancho de Castiella, acabados ya con buen andança XXI anno de su regnado en su regno, fino en la villa de Benavent: et enterraronle en la eglesia de Sant Yague de Gallizia, cerca su abuelo el conde don Remond que yace y, et cerca la emperatriz donna Berenguella su madre...Et finco por heredero de Leon Don Alffonsso, fijo deste rey Don Fernando et de la reyna Doña Urraca, fija del rey don Alffonsso de Portugal.
Contraviniendo sus deseos de recibir sepultura en la catedral de Santiago de Compostela, fue enterrado en algún lugar, posiblemente en el Panteón de Reyes de San Isidoro de León, pues a su viuda, la reina Urraca, no le convenía trasladar los restos mortales a Santiago de Compostela, ya que su arzobispo, Pedro Suárez de Deza era partidario del rey Alfonso IX y no de la reina Urraca.
Posteriormente, sus restos fueron trasladados por orden de su hijo Alfonso IX a la catedral de Santiago de Compostela, en la que el difunto rey de León había manifestado que deseaba ser sepultado, pues allí se hallaban sepultados su madre, la reina Berenguela de Barcelona, y su abuelo Raimundo de Borgoña, esposo de la reina Urraca y, por ello, en un documento otorgado en la ciudad de Benavente el 26 de julio de 1180, confirmó a la catedral de Santiago de Compostela las donaciones que el soberano le había concedido en el pasado, y que concernían a la capellanía y las sepulturas reales de la catedral, ordenando además en dicho documento que nadie construyese ningún castillo en aquel territorio.
El traslado de los restos del rey Fernando II es mencionado en un diploma otorgado en Zamora por el rey Alfonso IX de León, y fechado el 4 de mayo de 1188, en el que se certifica que los restos reales fueron trasladados a la Catedral de Santiago de Compostela por orden de su hijo, que deseaba cumplir las últimas voluntades paternas, y sepultados junto a los restos del Apóstol Santiago con honores reales, al tiempo que confirmaba en dicho documento los privilegios y exenciones concedidos a la catedral por el alma de su difunto padre, y por la suya propia.
El sepulcro del rey Fernando se encuentra colocado en la Capilla de las Reliquias de la catedral de Santiago de Compostela, donde se halla el Panteón Real de la seo compostelana. Sobre un sepulcro de piedra liso se halla colocada la estatua yacente que representa al difunto rey, que aparece ataviado con túnica y manto, ceñida la frente con corona real, y su cabeza aparece representada con cabello rizado y con barba, hallándose el brazo derecho del soberano levantado y colocado a la altura de su cabeza, mientras que su mano izquierda reposa sobre su pecho.La estatua yacente que representa a Fernando II de León ha sido fechada en la primera mitad del siglo siglo XIII, y fue realizada después de la defunción del rey, que falleció en el año 1188, lo que ha llevado a considerar que debió ser encargada por el heredero del rey, Alfonso IX de León".
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| Foto: Museo Catedral de Santiago |
"Hija del Conde de Barcelona Berenguer III, contrajo matrimonio concertado con quien habría de convertirse en el Emperador Afonso VII. Fue una reina muy popular y respetada, con mucha influencia en la corte, pero también astuta ya que logró que las tropas enemigas se retiraran en un ataque a Toledo.
Aunque Afonso VII, que se educó en Galicia bajo la protección de Xelmírez, había manifestado en varias ocasiones su deseo de enterrarse en la catedral compostelana, al final fue su esposa la que, por indicación suya y siguiendo sus disposiciones, fue enterrada aquí.
Su actual estatua yacente se dató entre los años 1211 y 1230, coincidiendo con la configuración institucional de La Capilla de los Reyes tras la consagración de la catedral".
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| Berenguela Berenguer. Foto Museo de la Catedral de Santiago |
"Sobre un arca lisa de piedra está colocada la figura yacente que representa a la reina Berenguela, vestida con túnica, pellote y manto sobre los hombros que recoge a la altura de las manos. La cabeza de la reina aparece cubierta con un velo, estando ceñida su frente con una corona real. La escultura yacente está realizada en granito y ha sido datada en el siglo XIII, siendo posterior en varias décadas al fallecimiento de la reina, que tuvo lugar en 1149".
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| Sepulcro atribuido a Raimundo de Borgoña. Foto Museo de la Catedral de Santiago |
"Su sepulcro es de granito y el lateral del arca sepulcral está decorado con los escudos del reino de Castilla y León y también con los de la Casa de Castro. Sobre el sepulcro está colocada la estatua yacente que representa a Juana de Castro, que aparece revestida con un largo manto que sujeta con las manos. La cabeza, apoyada en un almohadón doble, está cubierta con un velo y aparece ciñendo la corona"."
"Fueron estos muy cuantiosos y de gran valor, donados casi todos por peregrinos de alta condición (reyes, nobles, ricos comerciantes) y destacados dignatarios de la Iglesia, aunque los avatares del tiempo hicieron que desaparecieran muchos de ellos. Pese a todo conserva objetos de gran valor, como la custodia renacentista de Antonio de Arce (1.539-1573), con relieves relatando la vida de Santiago.También se expone en el Tesoro la esclavina de plata y pedrería (1704) procedente del Santiago del abrazo del altar mayor. Se sustituyó por la actual en 2003, al estar muy desgastada por los millones de abrazos recibidos. En ella se resume la historia de la peregrinación jacobea de los últimos cuatrocientos años. Los frescos manieristas representan la Ascensión de Cristo y la Asunción de María".
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| Foto: catedraldesantiago.online |
"En la capilla de San Fernando se encuentran dos frescos que representan la Ascensión en el muro occidental, enfrente a la puerta de entrada al antiguo sagrario, y sobre este acceso la Asunción de María en el lado oriental. Según López Ferreiro, la fecha de 1542 se “leía pintada sobre la ventana que da luz a la capilla”, y es Pérez Costanti quien atribuye la obra a Pedro Noble, uno de los principales pintores renacentistas del momento.Las dos imágenes se encuentran en los lunetos de la capilla, estando las composiciones adaptadas a este marco, lo que provoca que se fuercen algunas posiciones o se alarguen las anatomías de manera muy avanzada ―como la longitud de la pierna izquierda de san Pedro―, casi anunciando el manierismo".
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| Foto: catedraldesantiago.online |
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| Foto: catedraldesantiago.online |
"El desarrollo del claustro estuvo marcado por la contribución de figuras destacadas, tanto en el ámbito eclesiástico como en el arquitectónico. Alonso III de Fonseca, arzobispo de Santiago, fue el principal mecenas de la obra, aportando un millón de maravedíes en 1505 para su construcción. Su visión y determinación permitieron superar las dificultades iniciales y consolidar el proyecto.
En el aspecto técnico, el diseño y la dirección de las obras estuvieron a cargo de algunos de los arquitectos más renombrados de la época. Juan de Álava asumió la primera etapa del proyecto, liderándolo hasta su muerte en 1537. Posteriormente, Rodrigo Gil de Hontañón, conocido por sus innovaciones en la arquitectura renacentista, continuó con los trabajos, dejando su huella en detalles decorativos y estructurales. También se menciona la participación del Maestro Arnao en la elaboración de las portadas, cuyas esculturas y relieves platerescos son un testimonio de la excelencia artística de la época.
Estos personajes, junto con otros artesanos y maestros anónimos, hicieron posible que el claustro alcanzara su grandiosidad actual, convirtiéndolo en un espacio emblemático dentro de la Catedral de Santiago y un legado perdurable para la historia del arte y la arquitectura en España".
Su nombre se debe a que en ella se colocaba un gran pendón, ondeando al viento igual que una vela, durante las fiestas. Fijémonos en la hermosa balaustrada a manera de crestería plateresca, que recorre el ático del claustro
"los detalles ornamentales muestran una clara influencia renacentista. La decoración de las claves de las bóvedas, la calada crestería que remata la parte superior del claustro y las portadas-retablo de acceso son ejemplos de cómo los maestros de la época integraron innovaciones renacentistas en una estructura esencialmente gótica. Este equilibrio entre estilos no solo refleja la evolución artística de la época, sino también la capacidad de los arquitectos para fusionar tradición y modernidad en una obra armónica".
Tumbas de religiosos al pie de la pared de esta crujía septentrional
Escudos en la pared, entre las arquerías que soportan los nervios de las bóvedas. Arriba a la derecha el de los Fonseca antes referido
Al escudo familiar los arzobispos añadían la simbología de los prelados, como el capelo episcopal, la cruz arzobispal. Este sobre la puerta del museo catedralicio es el del arzobispo Juan de Sanclemente y Torquemada, compuesto por el ancla, la torre quemada, la cruz potenzada, el capelo episcopal con tres órdenes de borlas (6 por lado), tal como él mismo usó en vida y tal y como nos explican Jesús Simal-Lozano y Carmen Esther Gándara López en Variantes de los 19 escudos del Arzobispo de Santiago, Don Juan de Sanclemente y Torquemada, quienes siguen así su descripción:
"... el escudo personal del arzobispo Juan de Sanclemente y Torquemada, timbrado con sombrero eclesiástico de seis borlas por lado. El ancla alude al martirio de San Clemente Papa, por su apellido Sanclemente, adoptado por el prelado como emblema devocional; La Torre ardiendo representa las armas del linaje Torquemada; La Cruz Potenzada procede del Colegio de la Santa Cruz de Valladolid, donde el arzobispo se formó y ejerció como maestro".
"Se realiza un completo recorrido por la historia y testimonios artísticos de la Catedral, desde las primeras basílicas y los restos arqueológicos, el Románico, la obra del Maestro Mateo, con la reconstrucción del Coro Pétreo de la Catedral; la escultura en la Catedral entre los siglos XIII y XVIII, recorrido por el Claustro Manierista, Biblioteca, donde se expone el Botafumeiro, y Sala Capitular, terminando en la planta superior con la gran colección de tapices, que incluye una sala dedicada a Goya y la impresionante balconada que domina la Plaza del Obradoiro y las calles del Santiago histórico".
Arriba, la espléndida bóveda estrellada, joya del plateresco
Y por supuesto de recomendar su visita, por eso siempre recomendamos a los peregrinos permanecer al menos un par de días en la ciudad tras su peregrinación, para descubrir estas y otras maravillas compostelanas
"El Museo Catedralicio de Santiago permite al visitante ahondar en el conocimiento de la historia y del arte de la Catedral, a través de sus diferentes espacios y las exposiciones temporales que organiza.
Las diferentes modalidades de visita se centralizan en el Centro de Recepción de Visitantes, situado en la cripta del Pórtico de la Gloria a lo que se accede desde la plaza del Obradoiro.
Colección permanente. Una visita a la historia y al arte de la Catedral de Santiago a través de sus mejores piezas artísticas. El visitante puede viajar en el tiempo y conocer como a partir de un sepulcro se construye una gran catedral en torno a la cual, a lo largo de los siglos, fue creciendo una ciudad y todo un fenómeno jacobeo que, con el Camino de Santiago, jugó un importante papel en la construcción de la identidad europea y que es, desde 1985, Patrimonio de la Humanidad.
El Museo Catedral de Santiago permite al visitante ahondar en el conocimiento de la historia y del arte de la Catedral, a través de sus diferentes espacios y las exposiciones temporales que organiza.
Las diferentes modalidades de visita se centralizan en el Centro de Recepción de Visitantes, situado en la fachada del edificio claustral, anexo a la catedral, en la Praza do Obradoiro.
Colección permanente. Una visita a la historia y al arte de la Catedral de Santiago a través de sus mejores piezas artísticas. El visitante puede viajar en el tiempo y conocer como a partir de un sepulcro se construye una gran catedral en torno a la cual, a lo largo de los siglos, fue creciendo una ciudad y todo un fenómeno xacobeo que, con el Camino de Santiago, jugó un importante papel en la construcción de la identidad europea y que es, desde 1985, Patrimonio de la Humanidad.
En la planta baja: los orígenes de la Catedral, el coro pétreo del Maestro Mateo, la construcción de la catedral románica. La planta primera se dedica el arte en la Catedral de los siglos XIII al XVIII y al Apóstol Santiago. En la planta segunda puede visitarse el claustro renacentista, la Capilla de las Reliquias, el Panteón Real, el Tesoro de la Catedral, la Biblioteca capitular, el Botafumeiro y la Sala Capitular. En la planta tercera está la colección de artes textiles y los tapices de Rubens, Teniers, Real Fábrica de Tapices de Madrid y de Goya.
El Pazo de Xelmírez es un edificio medieval, de carácter civil, anexo a la Catedral y que debe su nombre a Diego Xelmírez, primer Arzobispo de Compostela y grande impulsor de su construcción. Se puede visitar la Sala de Armas, la Sala Manrique, la Cocina y, especialmente, el Salón de Ceremonias, de grandiosa monumentalidad y bella ornamentación con ménsulas historiadas en las que se representa un banquete real. En la planta superior se encuentra actualmente el espacio monográfico dedicado al Maestro Mateo y a su proyecto en la catedral, introduciendo al visitante en el Pórtico de la Gloria. Además, en el resto de espacios abiertos al público, el Pazo de Xelmírez acoge las exposiciones temporales que organiza el Museo, a veces en colaboración con otras instituciones culturales.
Pórtico de la Gloria. Es la entrada occidental de la catedral románica, ideada por el genio del Maestro Mateo cuyo taller de canteros interpretó en piedra los pasajes del Apocalipsis. Se considera una obra cumbre del arte universal. La visita al Pórtico se realiza a través del Museo, dentro del programa de visitas temáticas que organiza, aplicándose de este modo un protocolo de conservación preventiva necesario para la conservación del conjunto tras su compleja restauración, que fue posible gracias al mecenazgo de la Fundación Barrié.
Cubiertas. La cubierta pétrea de la Catedral de Santiago está dispuesta en forma escalonada y se puede recorrer, ofreciendo unas panorámicas espectaculares tanto de la basílica como de la ciudad de Compostela. La visita a las cubiertas, que se realiza en grupos guiados reducidos, incluye también el acceso a la Torre de la Matraca.
Excavaciones arqueológicas. No subsuelo de la Catedral, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en diferentes períodos dejaron a cielo abierto muchos vestigios de los orígenes de la basílica y de la ciudad. Bajo el pavimento se esconde una intricada red de la necrópolis que se sucede desde época romana hasta el momento de la construcción de la catedral románica, así como restos de las primitivas basílicas y parte de la primera línea defensiva de la ciudad de Compostela. Su visita está restringida".
Desde aquí, al comienzo de la panda occidental, vemos la Torre do Tesouro a la que antes nos referíamos, la cual se alza sobre la Praza das Praterías, otro de los accesos a la catedral (portada sur), al que también le dedicamos la oportuna entrada de blog. Como su nombre indica, se hizo para albergar el tesoro de la catedral y es una de las obras de Gil de Hontañón acometidas en 1543 dentro de las de la construcción del claustro
Y otra de las emblemáticas y enigmáticas torres de la catedral, A Torre do Reloxo o Torre del Reloj, empezando por la única aguja del reloj que le da nombre, que solamente marca los minutos pues las horas lo hace la campana. Su estructura actual es barroca pero esta se superpone a estructuras anteriores, de discutido origen, de ahí que se la llame popularmente A Berenguela, pues se atribuyó al arzobispo Berenguer de Landoira su construcción en el siglo XIV, al principio como torre defensiva pues, además de invasiones, Compostela vivió más de una revuelta popular -el mismo prelado fue asediado en la catedral-, sin embargo su estructura base sería posterior, de entre los años 1468 y 1484
La construcción del claustro gótico-renacentista con Alonso III de Fonseca supuso la demolición del claustro gótico, más bajo y pequeño, construido con el arzobispo Juan Arias en siglo XIII, del que se conservan sin embargo algunos restos. También parece hubo un incipiente claustro románico en tiempos de Diego Xelmírez. De ellos y de estas primeras fases constructivas nos presenta este compendio el historiador Juan Conde Roa en su guía de Santiago de Compostela para El viajero independiente de Ediciones Júcar:
"Antes de que se construyese el actual, de 45 m de largo por cada lado, lo que lo sitúa como uno de los más grandes de España, ya se habían levantado dos más. El primero en tiempos del arzobispo Xelmírez, cuyos restos se encuentran en la sala baja del museo. Posteriormente, hacia 1266, se construyó el segundo, descubriéndose parte de él en las excavaciones de 1964.Antes de iniciarse las obras del claustro actual, se reunieron en Santiago -en el año 1518- Juan de Álava, Gil de Hontañón, Juan de Badajoz y Alonso de Covarrubias, "la plana mayor de la arquitectura española del tiempo, representando a las escuelas de Salamanca, León y Toledo", escribe Martín González. Entre todos debían buscar una solución a los problemas que planteaba la construcción de este claustro. En primer lugar, figuraba el gran desnivel que hay entre este claustro y la plaza del Obradoiro, ya que, como se puede apreciar, desde que se entró al museo por la plaza, se suben escaleras continuamente. En segundo lugar se planteaba el inconveniente de que el suelo de las naves de la catedral estaba a mayor altura que el claustro. Y por último, el del tamaño del mismo, lo que llevaba consigo una serie de problemas técnicos y arquitectónicos a solventar.Tras varios años de estudios, comienza la construcción del actual claustro, gracias a la intervención de varios arquitectos, siendo el primero de ellos Juan de Álava, quien trabajaba desde su inicio en 1521, hasta 1534, realizando el ala norte. A este le sustituiría en la construcción Jácome García, cuando el primero estaría ausente. Las fachadas este y sur se deben al arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, quien se hacer cargo de las obras en 1538, continuando con el estilo de su predecesor. Juan de Herrera prosigue con las obras, hasta que se concluyen en 1590, por la fachada oeste, obra que realiza Gaspar de Arce"
"Será en el periodo renacentista (s. XVI) coincidiendo en parte con la época de la Contrarreforma católica, cuando la catedral de Santiago vuelva a reformar espacios, readaptándose a los nuevos tiempos y embelleciendo a la moda tanto su interior como su exterior. Este fue el tiempo de la dilatada construcción de un nuevo y más grandioso claustro, sustituto del medieval, por decisión del arzobispo humanista Alonso III de Fonseca. Esta obra grandiosa, que tardó algo más de un siglo en rematarse, logró gran presencia urbana y se potenciaron nuevas calles y plazas, además de generar nuevos ámbitos en el interior catedralicio, como la sacristía, tesoro, capilla de las Reliquias, capilla de San Fernando y otros espacios de servicio.
Aunque la Edad del Humanismo no comportó grandes cambios en el interior de la catedral, a excepción de la edificación a partir de 1523 de la capilla de los Clérigos de Coro o de la Concepción, al lado de la de Sancti Spiritus, y la sustitución, ya a principios del siglo XVII, del coro pétreo por una sillería manierista de nogal, será la construcción del nuevo claustro, capillas, sacristía y dependencias anejas la obra renacentista más ambiciosa en la basílica jacobea.
El interior del nuevo claustro se construyó durante la primera mitad del siglo XVI, con planos y dirección de obra de los arquitectos Juan de Álava y Rodrigo Gil de Hontañón. Hacia el exterior, el claustro configura un gran edificio de aspecto palacial con una notable presencia urbana. El arzobispo Fonseca III aprueba la traza propuesta por Juan de Álava y coloca la primera piedra en abril de 1521. La dirección de obra en el interior la fue realizando el propio maestro salmantino hasta su muerte en 1537. Por estas fechas se inician las obras de las fachadas, diseñadas con un aire solemne y que potencia la imagen de la catedral en la ciudad. Rodrigo Gil de Hontañón planifica en 1540 la fachada del Tesoro, un cierre que llegará a ser un agente fundamental para la ordenación de la plaza de As Platerías, otro de los nuevos espacios urbanos que surgen en el entorno de la catedral.
El proceso de destrucción de tejido urbano medieval continuará con la edificación del lienzo meridional, diseñado por Gil de Hontañón con notable empeño arquitectónico. Construir el ala sur y la fachada oeste constituyó un trabajo muy complejo, al tener que soportar sus crujías y dependencias las presiones de la totalidad del nuevo claustro. La dirección de esta parte de la obra se realizó, a partir de 1566, bajo el control del santanderino Juan de Herrera, aunque Rodrigo Gil, quien había dado las trazas, continuó visitando la obra hasta su fallecimiento en 1572".
"Esta problemática realza la improcedencia del nombre Plateresco y la catalogación como estilo, inclinándose a considerarlo un periodo de confusión y transición entre estilos, caracterizado por la profusión decorativa al no ser capaces los arquitectos de desarrollar nuevas tendencias espaciales ni estructurales. En ocasiones, incluso, esto se reduce incluso a tratar el plateresco como la sustitución de la decoración gótica por los grutescos italianos de inspiración serliana.Cualesquiera la tesis, sin embargo, se admite el plateresco o protorrenacimiento como un arte que respondió a las exigencias de España, país que acababa de concluir la Reconquista y de llegar a América, empezando a percibir sus riquezas, y entraba en una espiral de grandes construcciones que hoy consideramos monumentos."
Lo que sí estamos seguros es que, para admirarlo todo en lo plenitud hemos de mirar tanto para arriba. "El claustro es de un solo piso, con vanos más pequeños en los ángulos. Todavía perviven reminiscencias góticas en sus perfiles y en las bóvedas estrelladas, pero con influencias renacentistas", resalta Juan Conde Roa en su libro-guía
"El tránsito de maestros de obras foráneos por la Comunidad dio lugar a que se aplicasen diferentes soluciones de abovedamiento: la actividad constructora en Compostela traerá a Santiago a maestros como Enrique Egas, Juan de Álava, Rodrigo Gil de Hontañón o Alonso de Covarrubias –Martín González cita el encuentro en 1518 de los tres últimos y Juan de Badajoz en Santiago de Compostela, con el fin de debatir técnicamente la propuesta de Álava para el Claustro para la Catedral–. Por Compostela y el resto de Galicia circularon también personajes como Juan de Herrera el Trasmerano, Cornelius de Holanda, Juan Pérez… Tampoco se puede olvidar la circulación de religiosos como consecuencia de las fundaciones del Císter y de las órdenes mendicantes en la Comunidad. Sin embargo conviene aclarar que los pronunciamientos sobre autorías quedan fuera del ámbito de este trabajo".
En Galicia pueblo a pueblo nos informan que en las excavaciones efectuadas por Chamoso Lamas para hallar vestigios del antiguo claustro, que unos describen como románico y otros como gótico, "fueron hallados entre los escombros dos sarcófagos y dos bultos sepulcrales, uno de éstos mutilado en su parte inferior. También se halló un gran fragmento de un bulto sepulcral del mismo tipo y época que los anteriores", que son los que vamos a ver ahora...
AQVI IAZE EL VIRTVOSO CAVALLERO L.... DE MENDOZA FIJO DE ALONSO DE MENDOZA AÑO DE CCCCLXVIII
"Flanquean la cabeza del Caballero dos escudos gemelos de los Mendoza. Bordura cargada con los ocho roeles, que en este caso alternan con las ocho panelas, faltando o estando borroso al menos el menguante en el centro del campo. Luce el Caballero completa armadura, el casco entreabierto deja ver una pequeña parte del rostro, las manos ocultas en los guanteletes mantienen asido el pesado mandoble, los pies descansan sobre el lomo de un lebrel. Por desconocida razón fue raida la parte inferior de la pierna derecha y el cuerpo del can sobre el cual descansaba el pie".
Sobre el sarcófago se colocó uno de los bultos sepulcrales descubiertos que, por la calidad de la piedra y los atributos del personaje, esta estatua yacente no parce corresponder con el médico compostelano, pues luce mitra y hábitos pontificiales
Sus manos sujetan sobre el pecho el libro litúrgico
"En 1711 el arquitecto Fernando de Casas Novoa sustituye al anciano Andrade en la dirección de las obras, aunque su grado de realización le obligó a dedicarse a tareas complementarias y propiamente ornamentales, pero decisivas para lograr el aspecto que la capilla presenta en nuestros días. Los gastos que tenían que afrontar los canónigos en esta magna obra eran muy elevados, por lo que fue tomada en consideración la propuesta del arzobispo Monroy, quien en septiembre de 1711 ofrece al Cabildo terminar el revestimiento marmóreo de la sacristía a cambio de poder construir allí su mausoleo y un altar dedicado a la Virgen del Pilar, advocación mariana de la que era muy devoto.
A partir de 1713 el trabajo de Casas Novoa se centró en el revestimiento marmóreo de las paredes que quedaban por cubrir, de los arcos de acceso, del pavimento y el diseño del retablo de la Virgen del Pilar y del sepulcro del arzobispo Monroy, fallecido en 1715, antes de la conclusión de las obras. Casas Novoa tuvo que invertir más de diez años en esta arquitectura, inaugurada en 1723 y considerada en su momento una de las capillas más ricas y lujosas de Europa. A esta riqueza contribuyó el ajuar, su cajonería de maderas nobles con incrustaciones de marfil y los revestimientos de jaspes portugueses elegidos por el arquitecto gallego en Lisboa.
Fernando de Casas contó con una nueva oportunidad para transformar la imagen del templo jacobeo a partir de 1738. En estas fechas el Cabildo decide reconstruir la fachada principal, ya que la medieval presentaba una serie de problemas que obligaba a la frecuente reparación del rosetón central. Casas Novoa realizó el diseño del nuevo Obradoiro en 1738. Las obras se iniciaron bajo su dirección en febrero del mismo año y se prolongaron hasta el 24 de noviembre de 1749, fecha del fallecimiento del artista. La fachada prosiguió su construcción algunos meses más; su finalización data del 28 de febrero de 1750 (año santo compostelano), bajo la dirección del aparejador Lucas Ferro Caaveiro".
"Para quienes buscan detalles únicos, el claustro ofrece pequeños tesoros que a menudo pasan desapercibidos. Uno de ellos es la calada crestería que corona las bóvedas del claustro. Este elemento decorativo combina el estilo gótico con influencias renacentistas, creando un contraste que refleja el momento de transición arquitectónica en que fue construido".
Los símbolos exteriores del medallón suelen en buena parte mantenerse de uno a otro, mientras que la heráldica interior es la que cambia
"A pesar de las referencias documentales que proporcionan numerosos datos sobre el lugar de inhumación y la sepultura de Alvaro Núñez de Isoma, la destrucción de la capilla por él elegida cuando se levantó el claustro actual, hizo que se considerase su sepulcro como perdido e incluso que sus cenizas hubiesen sido trasladadas al sepulcro de Alonso Sánchez de Moscoso. Sin embargo, en la actualidad se halla entre otros restos en el ala sur del claustro. Se comenta que había sido utilizado como pilón en una casa de la Rúa do Villar. Su forma paralelepipédica y su orificio en la base, además de dos abiertos en los escudos, habrían podido facilitar su empleo como tal. Lo que se conserva es una yacija, decorada sólo en su parte frontal, lo que nos induce a pensar que se trataba de un sepulcro adosado, situado bajo un arcosolio".
En él se recogen cuatro blasones que podrían corresponder a Isoma, Vaamonde, Bendaña y Rodeiro respectivamente. A pesar de su estado de desgaste se aprecian las correas y lises de Isoma, el jaquelado con dos sierpes acoladas y timbrado de corona de Vaamonde, tortillos o armellas (róeles o bezantes), en el caso de Bendaña y las medas de Rodeiro. Los escudos están enmarcados bajo una doble arcada apuntada, a su vez, geminada, y decorada con rosetas; los arcos descansan sobre columnas de fuste liso, que se apoyan en basas molduradas elevadas sobre un plinto. En los extremos, dos ángeles ceroferarios arrodillados, sustentan sobre su cabeza la conjunción de la doble arcada. En la parte superior se aprecian diversos motivos arquitectónicos a modo de torrecillas".
"Las primeras grandes campanas que tuvo la catedral compostelana y la propia Torre del Reloj fueron regalo del que fue quizás el rey francés más devoto de Santiago, Luis XI. Este envía en 1483 a tres peregrinos en su nombre -su maître y dos consejeros- para que gestionen la instalación de dos campanas costeadas por él en la catedral, que serán transportadas por mar. Se colocaron al año siguiente en esta torre, que desde ese momento también se conoció como “torre del Rey de Francia”. La ofrenda de Luis XI dio lugar a que surgieran varias leyendas. Las escucharon y las cuentan los propios peregrinos".
"Es tal su esbeltez que todavía se dice en Santiago a las mozas airosas "Vas feita una Berenguela. Aunque hace décadas que el badajo de la campana fue sustituido por uno de madera, pues el de bronce rompía los cristales y adelantaba partos, todavía impresiona oír las doce campanadas de la noche con las espaldas pegadas a la torre, subiéndose al banco de piedra corrido".
Parece además que Laffi en su relato confunde a Luis XI con Luis IX, rey anterior (también llamado San Luis), pues dice que cuando este llegó las campanas del rey de Francia sonaron por sí mismas, lo que de ser así tendrían que ser otras más antiguas. Lo cierto es que dicho monarca se le atribuye una peregrinación a Santiago, no demostradamente documentada, así como la fundación de la capilla del Salvador en la catedral, llamada a veces también 'del Rey de Francia'
"Actualmente se conoce como Berenguela la campana mayor de la torre del reloj, que marca las horas. La original fue fundida en 1729 por Güemes Sampedro, fundidor asimismo, de una de las campanas de la Catedral de Burgos, la Santa Bárbara. El peso aproximado de la campana es de 9600 kilos, tiene un diámetro de 255 cm. y una altura de 215 cm.. La afinación era en Do grave. La campana original está rota, su rotura fue debida a un agrietamiento desde arriba a abajo por expandirse el asa badajera a causa de la humedad. Tiene diferentes motivos, entre los que se encuentran una cruz patriarcal con calvario, cuadro sobre la batalla de Clavijo, las tres Marías, sepulcro de Santiago con 7 candeleros encima, una vieira y diversas imágenes entre ellas la de Santiago y Santa Bárbara. Fue sustituida por una réplica, como ya se ha comentado, que se fundió en Holanda por Eijsbouts. Dicen los mayores que cuando sonaba la Berenguela, su tañer, se podía escuchar desde Bastavales pero la que ahora ocupa su sitio no tiene el mismo carácter que la original".
"Cientos de personas se dieron cita en la plaza de Platerías aquel 27 de septiembre de 1989 para contemplar un espectáculo único: la sustitución de la campana de la Berenguela, un armazón de casi 10 toneladas de peso. La nueva campana fue fundida en Holanda y subida a la torre con una gran grúa. En su parte exterior cuenta con varios grabados relacionados con la tradición jacobea. Al acontecimiento, acudieron el entonces presidente de la Xunta, Fernando González Laxe; el alcalde de Santiago, Xerardo Estévez, y el deán de la Catedral, Camilo Gil Atrio; y el conselleiro de Cultura, Alfredo Conde. Junto con otras dos campanas más pequeñas, completan el mecanismo del reloj de la Catedral de Santiago. La antigua campana de la Berenguela se encuentra actualmente expuesta a los visitantes en el claustro de la Catedral".
"Nos cuenta la historia que, en el año 976, HIXEN II reinaba como Califa en Córdoba. Tenía este Califa un célebre Ministro General de la España Árabe, hijo del Cadí (Juez-Alcalde-Gobernador) de Córdoba ABU HAFS ABD ALLAH y de la bella BORAHIA, hija a su vez del Letrado ABEN BARTAL, llamado IBN ABI AMIR, que en año 981, tomó el nombre de AL-MANSUR (“EL VICTORIOSO”). Con ese nombre será citado en la oración de los viernes detrás del nombre del Califa.
Almanzor obtuvo, en 25 años, más de 50 victorias sobre los cristianos que le temían más que a una vara verde.
Quizás una de las victorias más señaladas tuvo lugar el año 999: saqueó SANTIAGO DE COMPOSTELA y se trajo como botín de guerra las CAMPANAS DE LA BASÍLICA, a hombros de esclavos cristianos, para ponerlas como LÁMPARAS en el “MIHRAB” DE LA MEZQUITA DE CÓRDOBA, lugar de oración de los musulmanes, cinco veces al día, a su Dios ALÁ, según prescribe MAHOMA en el CORÁN.
Al Califa le agradó tanto la ocurrencia de Almanzor que le obsequió con un palacete en la costa de Málaga llamado TORROX (Hoy día es el faro de Torrox costa).
LA RECONQUISTA DE LAS CAMPANAS
En el año 1002, el REY ALFONSO V, DE LEÓN, el REY GARCI, DE NAVARRA y LOS CONDES MENENDO, DE GALICIA y FERNÁNDEZ, DE CASTILLA coaligaron un ejército de cristianos, 8.716 soldados de a pie y 2.700 de a caballo. Entraron en Córdoba, saquearon la ciudad y recuperaron las campanas, que fueron llevadas de vuelta a SANTIAGO, también a hombros, pero de infieles (musulmanes). Almanzor los persiguió, llegó hasta SANTIAGO y les presentó batalla; pero su estrella se había apagado, y murió a consecuencia de una grave y antigua enfermedad que sufría; era su viaje Nº 56, de vuelta de otra razzia contra la comarca riojana de Castilla. Los cristianos quisieron presentarlo como un castigo de Dios por haber saqueado y destruido el monasterio de San Millán de la Cogolla, y como consecuencia de las heridas sufridas en una batalla supuestamente entablada en CALATAÑAZOR (Soria).
(Este relato ha sido entresacado de la GRAN ENCICLOPEDIA DEL MUNDO de DON RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, Editorial MARÍN, S.A., Tomo 1, página 1.847)
Entorno a este hecho histórico, existe una leyenda que asegura que cuando Almanzor entró en la Catedral, ante la tumba del Apóstol se encontró con un anciano fraile haciendo oración, el hombre estaba arrodillado. Asegura la leyenda que se trataba del mismo Obispo de Iría, Pedro de Mezonzo. El caso es que la ferocidad del caudillo se tornó súbitamente en mansedumbre o temor, al punto de que respetó el sepulcro y el fraile, retirándose sigilosamente, no sin antes dar de beber a su caballo el agua bendita de la pila bautismal. El resto del templo no corrió la misma suerte: Fue totalmente destruido y saqueado.
También hay algo de desacuerdo sobre qué se hizo con las campanas en Córdoba, y teniendo en cuenta que no solo fueron robadas las campanas de Santiago, sino todas las de las iglesias de la ruta que Almanzor iba siguiendo hasta Compostela; la cantidad de bronce sumado en total, de regreso a Córdoba seria muy abundante. Bien, la basílica compostelana que ardió en esa ocasión era de estilo prerrománico de finales del siglo X, por lo tanto, hay que imaginarse un edificio modesto que contaría con una espadaña lateral no muy ostentosa con un carrillón de unas 11 campanas mas bien modestas.
Las crónicas hablan que dado el tamaño de tales campanas eran adecuadas para servir de lámparas de aceite para iluminar la mezquita(entiéndase que se les dio la vuelta sobre unos trípodes y se llenaron de aceite.)y con el resto de las campanas saqueadas en tierras cristianas, hicieron puertas para la mezquita. Otro detalle; tras la reconquista de la ciudad por parte de Fernando III El Santo, se quiso recompensar a la mitra compostelana con nuevas campanas, para lo cual se refundieron si pero en esos nuevos moldes se vertió el bronce de las campanas que habían sido recicladas como lámparas y el bronce de las puertas de la mezquita.
La historia no acaba aquí. Las campanas actuales de la catedral de Compostela(torre sur del Obradoiro y torre berenguela)no son ni de lejos, éstas nuevas campanas refundidas en Córdoba. Aquí esta la respuesta: durante la transformación barroca del siglo XVI se erigió una nueva torre en la catedral, que llamamos hoy del reloj, la cual necesitaba una gran campana, bien se consiguió rompiendo las 11 nuevas que habían llegado desde Córdoba para hacer la monumental» campana de Berenguela», la cual descansa hoy sobre un pedestal en una esquina del claustro tras ser reemplazada por una copia hecha en Holanda cuando la original se agrieto.
Actualmente se conoce como Berenguela la campana mayor de la torre del reloj, que marca las horas. La original fue fundida en 1729 por Güemes Sampedro, fundidor asimismo, de una de las campanas de la Catedral de Burgos, la Santa Bárbara. El peso aproximado de la campana es de 9600 kilos, tiene un diámetro de 255 cm. y una altura de 215 cm.. La afinación era en Do grave. La campana original está rota, su rotura fue debida a un agrietamiento desde arriba a abajo por expandirse el asa badajera a causa de la humedad. Tiene diferentes motivos, entre los que se encuentran una cruz patriarcal con calvario, cuadro sobre la batalla de Clavijo, las tres Marías, sepulcro de Santiago con 7 candeleros encima, una vieira y diversas imágenes entre ellas la de Santiago y Santa Bárbara. Fue sustituida por una réplica, como ya se ha comentado, que se fundió en Holanda por Eijsbouts. Dicen los mayores que cuando sonaba la Berenguela, su tañer, se podía escuchar desde Bastavales pero la que ahora ocupa su sitio no tiene el mismo carácter que la original".
"En árabe, Al-Mansur bi-Allah -el victorioso de Dios-. Caudillo musulmán de Al Andalus (Málaga 940-Medinaceli, Soria 1002). Coincidiendo con el período de mayor apogeo del Islam en la Península, dirigió numerosas campañas guerreras contra los territorios cristianos. En una de ellas llegó hasta Compostela, protagonizando uno de los episodios más conocidos y críticos de la historia jacobea. Fue en agosto del año 997. Había partido de Córdoba a principios de julio camino del Reino leonés. Pasó por Extremadura y Portugal, siguiendo hasta Oporto, donde se le unieron refuerzos llegados por mar. Entró en Galicia por Tui y llegó hasta Padrón, donde arrasa Iria y Compostela.
El caudillo musulmán pretendía, entre otros objetivos, las riquezas que creía que acumulaba la ciudad y quizá debilitar de paso la voluntad de los cristianos, al asestar un duro golpe moral al ya pujante culto a Santiago. Así lo narra el cronista islámico Ben Idhari: “Marchó contra Santiago, el más grande santuario de España y de las regiones próximas de Europa”.
En el origen de esta razia estaría también el hecho de que el rey leonés Vermudo II no había respondido de manera positiva al pago de las fuertes cargas tributarias que debía abonar a los musulmanes peninsulares. En todo caso, Almanzor contó con el apoyo de ciertos nobles del noroeste peninsular movidos por intereses propios, lo que le facilitó la incursión en el territorio cristiano.
Según la Primera crónica general, promovida por el rey Alfonso X (s. XIII), y las propias crónicas árabes, Almanzor llega a las puertas de Santiago y la arrasa e incendia, sin encontrar apenas resistencia. Pero Dios, según la versión cristiana, contiene el incendio cuando el caudillo se acerca al sepulcro apostólico, al tiempo que lo hiere a él y a sus tropas, lo que le obliga a marcharse de Compostela, pereciendo muchos de sus hombres.
La realidad histórica, sin embargo, apunta hacia el conocimiento previo de la llegada de Almanzor, por lo que los compostelanos pudieron huir de la ciudad a tiempo. Asimismo, el obispo Pedro de Mezonzo pudo poner a salvo las reliquias apostólicas y el tesoro de su templo, evitando así un mayor desastre, dado que tanto este como la ciudad fueron arrasados.
Las crónicas señalan que el caudillo musulmán sólo respetó la tumba del Apóstol, ya fuera por sus convicciones religiosas -Santiago era discípulo de Jesús, a quien el Islam considera uno de los profetas- ya por miedo a algún tipo de maldición. Exponen también que quedó un habitante en la ciudad, al que el caudillo musulmán encontró orando ante el sepulcro apostólico y respetó. El hombre le dijo que era familiar del Apóstol. La tradición cristiana considera que se trataba del propio San Pedro de Mezonzo".
"Las tropas de Almanzor volvieron a Córdoba siguiendo en gran medida el trazado de la Vía de la Plata. Según la Primera Crónica, en el camino de vuelta, como castigo divino, el temido caudillo sufrió numerosas heridas y una fuerte diarrea, lo que le impidió arrasar diversas zonas de las jacobeas tierras del Bierzo. Antes, en campañas anteriores, ya había atacado otras ciudades del naciente Camino Francés, como León y Astorga.
El botín logrado en Compostela -todo indica que en bienes de alto valor resultó escaso- fue embarcado en Oporto y llevado por mar hasta Andalucía. Figurarían en él las puertas de madera de la ciudad y las del templo apostólico, así como las campanas, que obliga a transportar a hombros de los cristianos cautivos. Las campanas acabarían como lámparas en la mezquita de Córdoba, que estaba siendo ampliada en aquel tiempo. En 1236 el rey Fernando III conquista esta ciudad y las restituye a Santiago. La estancia de Almanzor en Compostela mezcla leyenda y realidad con igual fuerza. Es uno de los momentos más mitificados de la historia jacobea. Fue crucial, además, para expandir entre los cristianos peninsulares la leyenda de un Almanzor terrorífico.
En cualquier caso, esta razia supondrá el momento de mayor peligro para la continuidad del culto a Santiago y de la propia ciudad. Vermudo II y el obispo Pedro de Mezonzo impulsaron la inmediata reconstrucción del templo, de la urbe y de sus defensas, con un afán que tendría continuidad y que llevaría a Compostela al inicio de su esplendor internacional en el inmediato siglo XI ¿Pero hasta qué punto este suceso supuso la pérdida de referentes quizá claves para entender la tradición jacobea, incluidos los relacionados con el propio sepulcro apostólico? Nunca lo sabremos".
"(Barcelona, 1108-Palencia, 1149). Reina de Castilla y León (1128-1149). Berenguela y su hija la infanta Sancha fueron peregrinas de Santiago y realizaron varios donativos como recuerdo de su visita. La emperatriz solicitó que la sepultasen en la basílica del Santo Apóstol y recordó este ofrecimiento a la hora de su muerte. Sus restos mortales ocupan uno de los sepulcros regios de la histórica capilla de las Reliquias.
Hija de Ramón Berenguer III y de Dulce de Provenza, se casó en 1128 con Alfonso VII de Castilla, con quien participó en las tareas de gobierno. En 1139 defendió con éxito Toledo contra los almorávides.
La Historia compostelana, crónica del siglo XII escrita en latín que recoge las empresas de Diego Gelmírez, contiene una crónica del Reino de Castilla y de Galicia que comprende los reinados de Alfonso VI, Doña Urraca y Alfonso VII e incluye transcripciones de documentos pertinentes a los hechos que narra, lo que la convierte en un documento historiográfico de primer orden para el estudio de la primera mitad del siglo XII, donde aparece citada la figura de la reina Berenguela.
Una antigua tradición compostelana dice que la reina Berenguela se pasea por la ciudad cada noche del 24 de julio, víspera del Día de Santiago. Esta leyenda inspiró la pieza teatral infantil La noche de la Reina Berenguela, de Xosé Antonio Neira Cruz, que narra la admiración por la belleza de esta mujer, cantada por juglares, frente a los conspiradores de la corte que quisieron dificultarle sus intenciones políticas de cohesión.
El nombre de la campana de la Torre do Reloxo, sin embargo, procede de Berenguel de Landoira, que nada tiene que ver con esta reina".
"ASÍ LLAMADA la preciosa campana que corona la torre del reloj o del homenaje desde el S.XIV, erigida por Diego de Patos y culminada por Berenguer Landoira , al que debe su nombre, sustituida bien a nuestro pesar por una réplica en 1990. Testigo mudo de tantos acontecimientos, que enseñorea desde la cúspide de nuestra bella Catedral compostelana alumbrando con sus tañidos los primeros despuntes del alba, formando parte intrínseca del alma de nuestra ciudad y tejiendo con sus dulces sones el fluir de la vida compostelana.
Bienamada Berenguela ¡si hablases cuánto tendrías que contar!, yaces impregnada y teñida del hechizo y magnetismo de la fe secular de tantos peregrinos, el inexorable paso del tiempo no te dejó indemne, una grieta quebró tu tañido y otra réplica repica y ocupa tu lugar.
Hermoso nombre evocador de tiempos pretéritos de ese otro de la bien llamada Berenguela, hija del Conde Ramón Berenguer III, reina consorte del rey emperador Alfonso VII, coronado Imperator totius Hispaniae en la Catedral de León, hijo de doña Urraca y Raimundo de Borgoña, nacido en la bella villa de Caldas de Reis, de ahí su nombre, famosa ya desde antaño por sus termas.
Era esta reina una gran valedora y devota de Santiago Apóstol y gran benefactora de nuestra bella ciudad, promovió incansablemente la restauración de puentes y calzadas, la proliferación de monasterios e iglesias, a lo largo del camino jacobeo, para cobijo de los cansinos peregrinos, propiciando con ello la feliz culminación de su peregrinaje, mediando ante su esposo para que los restos mortales de ambos descansaran perpetuamente en la catedral, viose cumplido su deseo en parte pues sus restos reposan en la capilla de las reliquias, intercediendo en las idas y venidas de las tensas relaciones de amor y odio existentes entre el Arzobispo Diego Gelmírez y su esposo Alfonso.
Los testimonios de la época se hacen eco del donaire de la gentil dama, de su galanura y gallardía al afrontar los difíciles acontecimientos que le tocó vivir. Tanto es así que, con el correr de los tiempos era harto frecuente el dicho "parece una Berenguela" en clara alusión a aquellas doncellas que despuntaban por su gentileza y discreción en honor al grato recuerdo de la estela dejada por la donosa reina.
Hermosa Berenguela formas parte imborrable de la mágica estampa de Compostela, tierra esta la nuestra salpicada de magia y de leyenda, una de ellas cuenta que la emperatriz abandona su sepulcro en la noche de Julio de la fiesta de Santiago Apóstol para mezclarse con los peregrinos, como un rendido homenaje y tributo a su bien amado Apóstol Santiago, conformando de manera inmanente una pequeña página sempiterna de la gran página de la historia de Compostela".
"Érase una vez una guerrera de la luz que vivía en la calle de las huérfanas, al lado de la plaza del Toural y de Puerta Faxeira. Érase una vez una fría noche de invierno, una nochebuena hace ya muchos años. Érase una vez esa ciudad del norte que quiero tanto: Compostela, refugio de Santiago.
Ella era una bruja con la razón perdida, muda y encantada, un poco salvaje, con mal carácter, siempre desabrigada. Se murmuraba en la ciudad, que era la Berenguela con apariencia humana. Él, Papá Noel con la brújula rota. Un extranjero. Un mendigo con hogar, un príncipe extraviado. Un mago que había aparcado su trineo en la plaza del Templo Santo.
Cuenta la leyenda que esa Navidad, la gran campana de él se había enamorado, al verlo cruzar el cielo, con su barba blanca de peregrino cansado. Se bajó apresurada de la Torre del Reloj, se transformó en mujer y se maquilló la cara. Decidió hechizarlo.
En la casa de las huérfanas el árbol no tiene luces, ni guirnaldas. Lo adornan apenas seis bolas de incienso recién compradas, muchos sueños rotos, y cintas deshilachadas. No esconde ningún regalo. Bajo sus ramas hay apenas un dibujo, muchos deseos, y un tapiz marrón con lentejuelas bordado.
En el salón no hay chimenea, ni salida de emergencia. No había fotos de familia, ni cuadros. Sólo hay un sofá blanco y una ventana. Una mesa vacía con velas que alumbraban la estancia, algunas descoloridas, otras consumidas y desgastadas. Libros en el suelo, contra la pared arrinconados, cuentos con historias olvidadas. Quimeras y cuadernos viejos, recuerdos de vidas ya pasadas.
La Berenguela suspira, lo observa callada, cuenta las horas… A veces sonríe, y, en ocasiones a escondidas, llora. Él le susurra al oído cantando, al ritmo de la campana, la mece entre sus brazos, la adormece con su particular nana. Pero el alba cruel está celosa, juega a acelerar la mañana. Les despierta impaciente con su luz helada.
Mañana, vacío y nieve. Mañana, él se ha marchado. Ella se pregunta si ha estado allí o lo habrá imaginado. No ha querido cenar, pero en su casa ha dormido. Se ha llevado su brújula rota y alguno de sus libros. Su música y su trineo han desparecido. Le ha dejado bajo el abeto, su gorro de terciopelo rojo y un abrigo. No ha querido despertarla, salió de puntillas sin hacer ruido.
Papá Noel olvidó en Santiago… sus botas del camino".
"El claustro de la catedral de Santiago cuenta con una nueva escultura. Una pieza en acero corten de Manuel Patinha basada en una de las cruces de consagración del templo compostelano.
La nueva pieza, donada con motivo del 800.º aniversario de la catedral por Hijos de Rivera, fue colocada ayer en una de las esquinas del claustro. Según Patinha, su obra quiere ser «una cruz que una lenguajes pretéritos y actuales, y cuyos travesaños se abrazan por partida doble formando dos círculos que, correctamente iluminados, proyectan una sombra en forma de ocho, en alusión directa a los siglos que se cumplen desde la mencionada consagración».
Por su parte, el deán de la catedral, José María Díaz, agradeció a la empresa esta pieza y recordó que esta «marca a perpetuidad la vinculación de Hijos de Rivera con la catedral».
Por su parte, José María Rivera, consejero de la compañía, alabó el resultado final de la obra: «Es un motivo de orgullo para nosotros y una expresión de nuestro compromiso con nuestra tierra, con nuestro origen, pero también con el futuro».
La pieza de Patinha quiere convertirse también en un emblema de los 800 años de vida de la catedral compostelana"
Y ahí está, siempre ante nosotros en nuestro deambular por esta parte del claustro, la Torre de las Campanas, 'competencia' de A Berenguela en su referencia campanil catedralicia. Allí, una de sus campanas, Prima Bárbara, fue sustituida por una réplica, pero, a diferencia de A Berenguela, volvió a sonar tras regresar a su lugar veinte años después de retirada. Lo contaba Carmen Villar para El Faro de Vigo del 22-9-2016:
"Francisco de Palacio me hizo", revela Prima Bárbara en una inscripción, en la que tampoco tiene reparos en confesar su edad: se fundió en 1734. Lo que no cuenta es que en 1997 una réplica la sustituía en el conjunto de campanas monumentales de la Torre Sur de la catedral de Santiago. Ahora, casi dos décadas después, su regreso redondea la restauración del conjunto.
Alba, llamada a coro, consagración, angelus, oración... En una jornada normal, las siete campanas de la Torre Sur de la catedral de Santiago, junto a sus hermanas más pequeñas del campanil, se turnaban y combinaban para marcar los tiempos del día y la liturgia con la ayuda de un campanero. Así era en tiempos pasados, pero ahora, a no ser en solemnidades, ya no se tocan de forma manual aunque las campanas vuelven a ser las mismas. Y desde ayer más que nunca. Porque la recuperación del conjunto, que finalizó en diciembre del año pasado, se redondeó ayer, como confirmaron fuentes de la seo, con la instalación de la campana Prima Bárbara original, que volverá a sonar casi dos décadas después de ser reemplazada por una copia en 1997.
La campana que permitirá que el templo recobre del todo su sonido original -cuando acaben los ensayos- vuelve a ejercer su función tras 19 años de pausa en los que estuvo expuesta en el claustro de la seo compostelana, hasta que las autoridades eclesiásticas decidieron reparar la grieta que la había inutilizado y para eso tuvieron que enviarla a Alemania. No es la más grande del conjunto, una prerrogativa que le corresponde a la conocida como Santiago o Mayor, que tiene un peso aproximado de 3.500 kilogramos y su diámetro supera los dos metros, pero es una de las consideradas monumentales: pesa alrededor de 670 kilogramos y tiene un metro de altura y cinco centímetros más de diámetro.
Prima Bárbara o María Bárbara o Santa Bárbara tiene una gemela, Prima Salomé, y comparte con ella un rasgo que la hace única, como explicó el antropólogo y campanero Frances Llop, quien realizó un minucioso estudio de cada una de las campanas: solamente esas dos pueden oscilar. De hecho, las dos "primas" se podían dejar invertidas, explica este especialista que el pasado diciembre destacaba que la catedral de Santiago "tiene la suerte de mantener las campanas antiguas, de manera que, con su restauración, estamos recuperando su sonoridad histórica".
La restauración del campanario de la Torre Sur se produjo en el marco de las obras de restauración de las torres de la fachada del Obradoiro. En el complejo proceso, explican desde la Fundación Catedral, se implicaron canteros, herreros y campaneros, y la meta era rescatar el sonido de las siete campanas -además de Prima Bárbara, Prima Salomé, Ánimas, San Luis, Fogo, Vacante y Santiago el Mayor-, que se había perdido en las últimas décadas por el mal estado de conservación del campanario".
"Ricardo Fandiño Lage lo anotaba todo. Y por eso están bastante bien documentados los veinte años que vivió -de 1942 a 1962- con su mujer y sus tres hijos en una pequeña casa construida sobre el tejado de la catedral de Santiago, el hogar reservado a la familia del campanero. En sus legajos hay dibujos, croquis, anotaciones a mano e incluso un día resumido, a máquina, en el anverso de un sobre del Banco de Bilbao. Y gracias a esos documentos y a sus hijos podemos saber, once años después de la muerte de Fandiño, cómo era la vida de los últimos seres humanos que residieron, literalmente, en los tejados de la catedral de Santiago, a cuarenta metros del suelo.
«16 de enero de 1942. Entro de campanero cobrando 180 pesetas al mes. Era fabriquero don Antonio Villasante; deán, mi padrino, don Salustiano Portela Pazos; y tesorero don Claudio Rodríguez. En esta fecha, todos los empleados teníamos el mismo sueldo, 180 pesetas al mes». Fandiño, un joven sastre oriundo de Sobrado dos Monxes, hace su primera anotación a la edad de 28 años, y la acompaña de un documento oficial del Ayuntamiento de Santiago que da fe de su empadronamiento en la ciudad en 1940.
Quizás sabía que era el último de un oficio condenado a la extinción; puede que por eso decidiera dejar su memoria por escrito. «La humedad era lo peor», cuenta Jesús Fandiño, hijo de Ricardo que, hasta bien cumplidos los veinte años, compartió con sus padres y con sus hermanos Ricardo y Feli la pequeña casucha que se ubicaba en el tejado de la catedral, junto a la torre de la derecha según se ve la fachada desde el Obradoiro.
El mundo era diferente allá arriba, con unas vistas sobre la ciudad que hacían que uno fuese una especie de guardián de una atalaya de la cristiandad. Los Fandiño hacían su vida sobre las cabezas de los demás compostelanos; eran los compostelanos que más cerca estaban del cielo. Y eso era extraordinario.
«La vivienda a la que fuimos tendría unos trescientos o cuatrocientos años -cuenta Jesús-con una cocina amplia, un comedor y dos habitaciones. Ahí estuvimos hasta que empezaron a remodelar los tejados, quitaron toda la teja, la porquería que había y nos trasladamos a Entrerríos».
No solo vivía gente allá arriba. También había gallinas y un gallo que cantaba puntual cuando el sol comenzaba a asomarse por detrás de San Paio de Antealtares. El gallinero estaba instalado en una nave lateral, flanqueada por almenas, que se levanta muchos metros sobre el claustro.
El quiquiriquí del gallo de Fandiño fue tan famoso en Compostela como su dueño. Y no había en todo el entorno unos huevos más santificados que los de las gallinas aéreas del campanero.
«1943. Año Santo. El fabriquero Villasante me dio cinco pesetas por cada repique en las peregrinaciones oficiales que entrasen en la Catedral», recoge el sastre en sus anotaciones.
«Lo de que matábamos un cerdo allá arriba es una leyenda urbana, seguramente eso lo hacía la persona que vivió allí antes que nosotros, el anterior campanero; pero es una leyenda bonita, así que no me importa que lo digan», explica Jesús Fandiño Vidal que, no obstante, precisa: «Lo que sí teníamos eran muchas palomas a tiro para comer».
Ricardo se incorporó, primero, como campanero, al jubilarse su antecesor en el cargo, José María González. Pero como había que comer, y las 180 pesetas del sueldo estaban muy justas para llenar cinco barrigas, empezó a coger encargos como sastre en casa, primero en una habitación de la torre de la campana, junto a la vivienda, y a partir de 1961 unos pisos más abajo. «Con la misma habilidad y destreza que maneja las campanas, volteándolas con agilidad pasmosa, corta un traje de caballero de impecable línea», decía un reportaje publicado por el Diario de Barcelona en 1968.
Al morir el sastre oficial de la catedral, Emilio Quinteiro, Fandiño pasa a ocuparse de los arreglos del clero. Lo malo es que el personal eclesiástico acostumbraba a abonarle el trabajo de palabra, con un «que Dios te lo pague, Fandiño», que no servía para comprar patatas en las tiendas de Santiago. Y así no había manera. Por eso siguió cosiendo para los hombres, y no para Dios. A diferencia del Quasimodo de Víctor Hugo, Fandiño existió de verdad".
"Inicialmente concebido como lugar de retiro y oración, su papel principal era ofrecer un entorno de calma para la meditación y las actividades espirituales de los canónigos. Su uso funerario, evidenciado por las tumbas y sarcófagos allí conservados, reforzaba la dimensión sacra del espacio.En el ámbito administrativo, el claustro era el núcleo desde donde se gestionaban los asuntos relacionados con la catedral y sus propiedades. Dependencias como el archivo y la sacristía se encontraban conectadas directamente con este espacio, lo que lo convertía en un punto estratégico para las actividades organizativas de la sede episcopal. Además, el claustro desempeñaba un papel social al ser un lugar de encuentro para los diferentes estamentos ligados a la catedral, desde clérigos hasta visitantes ilustres".
Arriba, el friso de la resurrección y la inmortalidad, los medallones de las familias y la bóveda que imagina la celeste
"En la rutina de los canónigos, el claustro era un espacio esencial que combinaba funciones prácticas y espirituales. Aquí, los canónigos transitaban entre sus tareas litúrgicas y administrativas, ya que desde el claustro se accedía directamente a la sacristía, la capilla de Reliquias y otras dependencias clave.
Además de su utilidad como pasaje, el claustro era un lugar de reflexión personal y estudio. En sus bancos de piedra y bajo las bóvedas estrelladas, los canónigos encontraban un entorno propicio para el pensamiento teológico y la preparación de sermones. Su uso funerario también dotaba al espacio de una atmósfera de solemnidad, recordando constantemente la fragilidad de la vida y la promesa de la resurrección.
El claustro no solo servía para las labores espirituales; también era un espacio donde se celebraban reuniones capitulares y se tomaban decisiones importantes relacionadas con la administración eclesiástica. En este sentido, el claustro era tanto un lugar de trabajo como de devoción."
Y siempre en medio, El Paraíso o, al menos, lo que queda de la fuente de su nombre, cuyo murmullo antaño invitaría al recogimiento y la reflexión en el deambular por el claustro
"En el claustro de la Catedral de Santiago, adosadas al muro de la panda este y con unas cartelas identificativas, se exponen desde hace una década cinco lápidas sepulcrales de otros tantos arzobispos compostelanos de los siglos XVI-XVIII: Cristóbal Fernández Valtodano (1570-1572), Maximiliano de Austria (1603-1614), Fernando de Andrade (1645- 1655), Miguel Herrero (1723-1727) y Fr. Sebastián de Malvar (1783-1795). Solo una de estas laudas es de mármol, la de Miguel Herrero, las otras cuatro son de bronce.La actual ubicación de estas cinco lápidas tiene carácter museográfico –forman parte del patrimonio del Museo de la Catedral– puesto que, desde principios del siglo XX, perdieron la función para la que fueron concebidas: cubrir e identificar la sepultura de los cinco pontífices compostelanos en el espacio denominado Entre Vallas que se localizaba en el interior de la basílica, entre el desaparecido coro y el altar mayor, delimitado lateralmente por las vallas con barandales de bronce dorado que todavía hoy se conservan en el transepto y que cierran la capilla mayor y su acceso.Aquel cementerio pontifical en el que durante los siglos XVI-XIX se dio sepultura a algunos de los arzobispos compostelanos (Ávalos, Yermo, San Clemente, Antolínez, Seijas, Gil y Taboada o Bocanegra, entre otros), se clausuró en 1901 cuando, con ocasión de unas obras, se levantó el pavimento de aquel espacio y se descubrióque los restos mortales de varios reverendísimos prelados se hallaban en el suelo mezclados con la tierra, sin otros sepulcros que los carcomidos trozos de unas cajas, por más que algunas se hallaban cubiertas de soberbias lápidas de mármol o de bronce con sus escudos de armas e inscripciones.[Boletín Oficial del Arzobispado de Santiago, 30 de mayo de 1903, p. 233.] "
"En 1903, aquellos restos se trasladaron a los nichos de una cripta construida para tal efecto en el mismo lugar. ¿Qué ocurrió con las lápidas que cubrían aquellos enterramientos? De las quince que allí debió de haber, solo se conservan las cinco antecitadas. De otras consta su (destructivo) reaprovechamiento: la del arzobispo San Clemente fue (parcialmente) fundida para hacer el pedestal de bronce sobre el que reposa la urna de las reliquias del apóstol Santiago (el otro fragmento desapareció en 1912, según una carta de Oviedo Arce a Blanco Cicerón fechada en julio del mismo año); la de Gaspar de Ávalos (+1545) sirvió como materia prima para la lauda de otro arzobispo, Quiroga Palacios (+1971). De la de Juan del Yermo (+1582), obra de Juan Bautista Celma, nada se sabe desde que se exhibió en la Exposición Regional Gallega de 1909".
"Precisamente en una crónica sobre esta exposición, Martín de la Jara dice que a la izquierda de la lápida del arzobispo Juan del Yermo se exhibía la lauda broncínea de otro prelado compostelano Cristóbal Fernández de Valtodano (+1572), aunque en este caso, y a diferencia de su precedente, el periodista anota: no consta quién fue el maestro que la labró [Diario de Galicia, 22 de julio de 1909, p.1]. Y es que, aunque López Ferreiro –la recurrente fuente para quienes se han ocupado de la Iglesia compostelana- transcribe el epitafio del arzobispo Valtodano en el epígrafe que le dedicó al prelado en la Historia de la S.A.M. Iglesia de Santiago [vol. VIII, pp.237-245], no indica quién fue el artífice de la lápida de bronce; tampoco quienes posteriormente se han ocupado de esta lauda ofrecen la identidad de su factor".
"José Fernández de Valtodano, nacido en Fontiveros (Ávila) y por tanto coterráneo de San Juan de la Cruz, fue provisor de la diócesis de Badajoz, miembro del Consejo Supremo de la Inquisición y, desde 1561, obispo de Palencia. Al quedar vacante la sede compostelana a causa del traslado de Gaspar de Zúñiga a Sevilla, el obispo Valtodano fue preconizado arzobispo de Santiago, adonde llegó en septiembre de 1570, tras haber tomado posesión de la cátedra metropolitana en el mes de junio. Su breve pontificado compostelano no estuvo exento de desasosiegos, sobre todo a causa de la peste y las hambrunas que asolaron Galicia aquellos años. Falleció el 14 de noviembre de 1572, y fue enterrado entre vallas, a la derecha del arzobispo Gaspar de Ávalos.Dos años después de la muerte del arzobispo Valtodano, su mayordomo y cumplidor testamentario, al canónigo Alonso Bravo de la Cava, se entrevistó en Santiago con el maestro rejero Juan Rodríguez de Corte, vecino de A Coruña, para concertar la fabricación de la lauda que cubriría la sepultura del fallecido arzobispo; el contrato de obra se firmó en Santiago el 26 de noviembre de 1574 ante el notario Gonzalo de Reguera y en sus cinco cláusulas (...) se aprecia en las disposiciones de la anterior escritura, el maestro Juan Rodríguez de Corte se comprometía a hacer, en el plazo de tres meses (el plazo finalizaba el primer día de carnaval de 1575), una lauda de oricalco (aleación de cobre, con zinc y plomo, pero también bronce rico en estaño), de las mismas medidas que la que cubría la sepultura del arzobispo Gaspar de Ávalos, y con un grosor que asegurara su perpetuidad".
"El vocablo "claustro" deriva del verbo latido "claudere": "cerrar" en referencia polivalente tanto a su forma espacial de recinto cerrado como al hecho de estar destinado al recogimiento de una comunidad monástica que en el mismo busca su sosiego espiritual, goza de sus tiempos de distracción o lee el catecismo en piedra de sus capiteles. Es un lugar dotado de una magia y encanto especiales. Constituye el centro de la vida monástica y una refrescante experiencia para los espíritus abiertos que hasta allí se acercan sin importar cual sea el motivo de su presencia. Hay quien reza, pasea, fotografía, conversa, o simplemente deja flotar su espíritu contemplando las parábolas e irisaciones de las gotitas de agua que riegan el jardín central. (...)
Sin duda el agua juega un papel fundamental en nuestras vidas. Y no podía quedar al margen..."
Volvemos al interior del santuario por la misma puerta puerta plateresca de arco de medio punto por la que entramos a la Capilla de las Reliquias, Panteón Real y Tesoro y ahora, siguiendo por la nave de la epístola, vemos al fondo el cruce con la nave del transepto y el arranque de la girola, en la cabecera, por donde se empezó a construir la catedral en 1075 al llegar al entonces aún obispado Diego Peláez
La inspiración vegetal es la predominante en estos capiteles de las arquerías de separación
"Según la teoría más generalizada, en la construcción de algunas catedrales románicas y góticas y otras iglesias principales enclavadas en las medievales rutas de peregrinación se hizo necesario, por la mucha afluencia de fieles en celebraciones especiales, disponer espaciosas galerías o tribunas sobre las crujías laterales, y a veces sobre la girola, que ampliaran la capacidad del templo, una vez que se completaba en planta el aforo de las naves. (Relajadas reminiscencias del matroneum paleocristiano y bizantino, destinado a la separación de sexos, heredado a su vez del judaísmo.)
Tenían dichas tribunas la misma anchura que las naves laterales y desde allí podían los peregrinos oír los sermones y seguir visualmente las ceremonias del altar mayor. Su estructura se conformaba como un espacio continuo, o bien tabicado por tramos, con arquerías y antepechos a lo largo de su recorrido por ambos lados de la nave central. Este prototipo medieval trascendió a otras épocas, y caló también en estilos posteriores, sin que los templos que lo adoptaban tuvieran relación alguna con las rutas de peregrinación que motivaron la idea original".
"Las naves y las bóvedas son románicas. También son de origen románico las tribunas o triforio, que recorren todo el perímetro interior del templo, como se aprecia a través de la sucesión de grandes ventanales formados por arquerías de doble arco sobre la parte superior de las naves. estas galerías conceden gran esbeltez al interior y destacan por su novedad. Fueron durante siglos zona de tránsito y descanso de los peregrinos llegados de las largas y agotadoras distancias. Entre ellas, tras el contacto emocionado con el Apóstol, podían pasar la noche cercanos a su sepulcro"
"La catedral de Santiago es quizá la única catedral del mundo donde los peregrinos, próximos o lejanos, han podido dejar su huella con toda evidencia. Visible o no a simple vista, esta huella se presenta a cada paso. Es la esencia de este conjunto de más de diez mil metros cuadrados que en el interior acrecienta la mezcla de estilos arquitectónicos y artísticos".
En la parte central de la nave principal vemos los órganos de la catedral, los cuales fueron fusionados en uno solo en 1978 con algunas reformas imprescindibles, además de luego añadir nuevos mecanismos electrónicos e informáticos, instrumentos sacros compuestos por cientos de tubos enmarcados en retablos barrocos. Se tiene constancia de existencia de órgano en la catedral desde el siglo XVI y esta sería su historia según catedraldesantiago.online:
"Orígenes del órgano en la catedral
El órgano de la Catedral de Santiago tiene sus raíces en la rica tradición musical de este emblemático templo. Desde el siglo XVI, los registros históricos mencionan la existencia de “órganos grandes viejos”, que fueron renovados en 1527 bajo la dirección de Dionisio Memmo, un destacado organista procedente de la corte ducal de Venecia y de la de Enrique VIII en Inglaterra.Su construcción marcó un hito en la historia musical de la catedral, incorporando técnicas avanzadas de la época y estableciendo el estándar para los órganos posteriores. La música generada por estos primeros órganos se integraba con los cánticos del cabildo, complementando la solemnidad de las ceremonias religiosas.Evolución a través de los siglos: restauraciones y mejorasA lo largo de los siglos, el órgano de la catedral ha experimentado constantes adaptaciones para responder a las demandas musicales y artísticas de cada época. En 1607, nuevas cajas fueron encargadas a Juan de Altamirano, marcando un paso importante en la transformación manierista del coro. Más tarde, durante la pujanza económica del siglo XVIII, el maestro de órganos Manuel de la Viña emprendió en 1704 la construcción de un nuevo instrumento, adaptado al estilo barroco que imperaba en la catedral.La ornamentación de las cajas, diseñada por artistas como Antonio Afonsín y Miguel de Romay, añadió una dimensión estética sin precedentes, con figuras alegóricas y motivos jacobeos como Santiago Caballero y el Apóstol Peregrino.En 1755, Francisco de Lens completó las cajas laterales, reflejando la evolución del gusto y la técnica en el diseño de órganos. Finalmente, en el siglo XX, el órgano recibió un motor eléctrico que revolucionó su funcionamiento, conservando al mismo tiempo elementos tradicionales como el fuelle manual, visible en la tribuna, como un homenaje a su legado histórico".
"La Catedral dispone de un órgano distribuido en dos grandes cajas barrocas situadas en la parte central de los tramos altos de la nave principal. Fueron finalizados en 1708 (órgano del Evangelio) y 1712 (Epístola) por encargo del capítulo catedralicio al maestro organero Manuel de la Viña y las cajas al arquitecto Antonio Alfonsín y al escultor Miguel Romay.
En 1855, el organero Mariano Tafall y Miguel reparó uno de los dos órganos.
En 1896, los Hermanos Roqués construyen el nuevo órgano de la Epístola, dentro de la caja existente.
En 1912, el organero Lope Alberdi construye un nuevo órgano en el lado del Evangelio, dentro de la caja existente.
En 1949, Organería Española S.A., recupera y electrifica el órgano en una sola consola.
En 1978, la empresa italiana Mascioni, concluye un nuevo órgano (opus 1010) fusionando ambos órganos en uno sólo, la consola fue sustituida y se incluyeron mecanismos electrónicos e informáticos, así como nuevos tubos".
"La Catedral de Santiago acaba de iniciar el proceso de restauración del órgano, un trabajo que se prolongará durante los próximos meses y que supondrá una inversión por parte de la Fundación Catedral de Santiago de más de 60.000 euros. Con esta restauración se recuperará la sonoridad y la funcionalidad del instrumento, que en la actualidad sufre un importante deterioro debido a su uso prolongado. Este proyecto se enmarca en el proceso global de desarrollo del Plan director, que además de afectar elementos estructurales también se detiene en aspectos relacionados con el desarrollo ordinario de la liturgia catedralicia, de gran importancia en la vida ordinaria de la basílica. En el caso del órgano, el cabildo compostelano le otorga un papel fundamental, por lo que suena todos los días en las misas del Peregrino y 19:30h, además de las principales solemnidades y ofrendas al Apóstol.
El proyecto de restauración será realizado por la empresa italiana Famiglia Vicenzo Mascioni, una compañía especializada en la restauración de órganos tubulares cuyo origen se remonta al año 1829 y que , precisamente, construyó el actual órgano de la Catedral, en 1978. El órgano conservó las cajas barrocas del instrumento, unificando los tubos de ambas con la necesaria tracción eléctrica. La última intervención realizada en el órgano data del año 2005, cuando se dotó al instrumento de nuevos sistemas electrónicos, entre ellos un combinador capaz de almacenar casi 3.000 registraciones.
Restauración
Para acometer la obra de restauración se han instalado en la nave central de la Catedral una importante estructura de andamiaje. Los trabajos previstos se centrarán, por una parte, en la restauración del instrumento musical (el construido por Mascioni en 1978) y, por otra, de las cajas barrocas, que se pueden contemplar desde la nave central. Los primero trabajos incluyen la revisión del órgano y de todas sus secciones y componentes: tubos (labiales y lengüetería); secretos (principales y auxiliares); consola y transmisión (componentes mecánicos, eléctricos y electrónicos); alimentación de aire (fuelles, conductores, motores); y dispositivos o partes como caja expresiva y elementos de sostenimiento seguro de los tubos, entre otros.
El proyecto de restauración supone la apertura y desmontaje de todo el instrumento para proceder a su limpieza y revisión. En ese momento se verificarán y regularán los movimientos y funciones, sustituyendo las piezas deterioradas para recolocar luego todos los elementos y comprobar su correcto funcionamiento. Una vez realizado este proceso se armonizarán todos los juegos de tubos y se afinarán para obtener un sonido perfecto.
Además, se procederá a realizar una limpieza y un tratamiento antixilófagos en las cajas de madera, de origen barroco
Historia del órgano
Desde la época del Códice Calixtino la música sacra ha tenido una gran importancia en el ceremonial de la Catedral de Santiago y está documentada la presencia del órgano en el templo desde muy antiguo. La importancia de la música en las celebraciones hizo posible el desarrollo de una Capilla de Música propia, al frente de la cual estuvieron importantes figuras cuyo trabajo enriqueció el patrimonio cultural de la basílica compostelana, como José de Baquedano, Melchor López, Buono Chiodi o Mariano Tafall, entre otros.
Los órganos barrocos de la Catedral cuyas cajas admiramos hoy en día, fueron obras promovidas por el arzobispo Monroy y diseñadas por el arquitecto gallego Domingo de Andrade. Con los órganos se completaba la decoración barroca de la Capilla Mayor, un espacio en honor al Apóstol Santiago. La ejecución de los instrumentos corrió a cargo del organero Manuel de Viña, con la colaboración del ensamblador A. Alfonsín y el escultor Manuel de Romay, a quien se debe la decoración exterior de las cajas, con figuras de ángeles músicos que acompañan de manera simbólica la música que suena en honor al Apóstol.
La caja del lado del evangelio está coronada por la imagen guerrera de Santiago, acompañada por el escudo del Arzobispo Monroy, mientras que la del lado de la epístola presenta a María y al Niño con Santiago peregrino arrodillado ante ellos. La construcción del segundo de los órganos finalizó en 1712, siendo ambos instrumentos objeto de importantes reformas en 1777.
A lo largo del siglo XIX ambos fueron cuidados, entre otros, por Pedro Méndez Mernies y Mariano Tafall, para ser posteriormente reformados por los organeros zaragozanos Roqués, autores de los tubos que, todavía hoy, componen las fachadas. En el siglo XX las reconstrucciones fueron realizadas, primero por Lope Alberdi y años después por la empresa Organería Española, autora en 1947 de la primitiva electrificación que unificaba los dos cuerpos del órgano en una sola consola situada en el triforio de la catedral. En 1977 el cabildo compostelano tomó la decisión de construir un órgano nuevo, aunque conservando las fachadas anteriores, encargando la obra a Mascioni. El instrumento fue inaugurado el 17 de marzo de 1978 por Erich Arndt, entonces organista de la basílica de San Pedro en el Vaticano".
"El órgano no solo es un prodigio técnico y musical, sino que también está rodeado de relatos populares que añaden misticismo a su historia. Uno de los más recurrentes afirma que las figuras de putti y ángeles dorados que adornan las cajas del órgano se "animan" durante las celebraciones más solemnes, como si fueran llevados por las notas celestiales que emite el instrumento. Aunque esto no es más que una percepción producto del juego de luces y sombras, los visitantes suelen mencionar esta sensación mágica.
Otra leyenda se relaciona con el Santiago Caballero que adorna el remate de una de las cajas. Según el relato, durante una tormenta particularmente intensa en el siglo XVIII, el Santiago fue golpeado por un rayo pero permaneció intacto. Este evento fue interpretado como un milagro y contribuyó a reforzar la idea de que el órgano está protegido por fuerzas divinas.
Por último, hay quienes aseguran que los tubos originales del órgano contienen inscripciones ocultas dejadas por los artesanos que los construyeron. Estas marcas, dicen, eran plegarias y bendiciones destinadas a garantizar que el instrumento nunca dejaría de sonar en honor al Apóstol. Aunque no hay evidencia concluyente, la historia ha alimentado la fascinación por este extraordinario legado.
Anecdotario: historias asociadas al órgano y sus organistas
El órgano de la Catedral de Santiago de Compostela ha sido testigo de incontables anécdotas a lo largo de los siglos. Una de las más curiosas involucra a Dionisio Memmo, el veneciano que dirigió la construcción de los primeros grandes órganos en el siglo XVI. Se dice que Memmo, quien había sido músico de la corte de Enrique VIII, era tan querido por el cabildo que sus composiciones y arreglos fueron consideradas un tesoro en su tiempo. Según algunos relatos, incluso se realizó un concierto especial en su honor cuando concluyó su obra, un evento que congregó a peregrinos y nobles de la región.
Otro episodio interesante lo protagonizó Manuel de la Viña, el maestro de órganos que en el siglo XVIII dirigió la creación del órgano durante la transformación barroca de la catedral. Las crónicas cuentan que era tan exigente con los artesanos que en una ocasión paralizó las obras porque no encontraba la calidad adecuada en los materiales. Este perfeccionismo resultó en un instrumento que marcó un estándar de excelencia musical en su época.
Finalmente, una historia más contemporánea narra cómo, durante el periodo en que el órgano era alimentado manualmente por fuelles, los aprendices solían competir por ocupar esta tarea, ya que les permitía disfrutar de la música desde un lugar privilegiado en la tribuna, incluso si esto implicaba un esfuerzo físico considerable".
"Con paso ligero me acerqué a la santa ciudad y al llegar a la puerta no me preocupé más que de preguntar por la iglesia de Santiago. Y tan pronto como con la ayuda del Santísimo llegué allí, entré rápidamente. Se me iluminaron el corazón y la mente y sentí como su hubiese entrado en el cielo"




































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