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| Abrazo al Apóstol |
| El crucero, y la Porta das Praterías al fondo. A la derecha la nave central y a la izquierda el altar mayor |
"El ex-deán compostelano Jesús Precedo señala, en este sentido, que su objetivo es el de incensar las reliquias apostólicas. Pero también le reconoce, como otros autores, una finalidad práctica: “Posiblemente fue también usado para contrarrestar el ambiente en las grandes aglomeraciones, cuando los peregrinos pernoctaban en el interior de la basílica”, algo que sucedió hasta los inicios del siglo XVI. Nadie duda del efecto balsámico del incienso como un eficaz y práctico ingenio para mejorar la ambientación de la catedral en las ceremonias multitudinarias, aunque este no fuese, como parece, el motivo de su origen".
"El cimborrio de la catedral de Santiago muestra dos fases distintas en su construcción: la realizada en la primera mitad del siglo XV, sobre una base cuadrangular que se supone de época románica; y otra posterior, de la segunda mitad del XVII, cuando se eleva para enfatizar su presencia en el paisaje de aproximación a la basílica, se le añade una balconada intermedia y una cúpula con linterna".
"La intervención en el interior ha permitido descubrir la clave de bóveda, una pieza de tres toneladas tallada como florón vegetal, mutilada a finales del XIX. Sobre esta bóveda, tras retirar la sobrecubierta de teja, se encontraba su primitiva cubierta pétrea, dispuesta radialmente a partir de la tapa circular sobre esa clave.
En la restauración de la linterna se ha procurado mantener la mayoría de las piezas originales. Sin embargo, debido a los efectos de la erosión, ha sido necesario rehacer una parte de su tambor y entablamento, con la sección resistente apropiada para reabrir sus vanos y asegurar la estabilidad del conjunto. Por ello, el cupulino es de nueva ejecución, con una geometría regular y dovelas de espesor constante; la última hilada moldurada se ha fabricado de una sola pieza para afianzar la base del pináculo".
| Esculturas del antiguo coro pétreo en la Porta Santa |
Unas 24 figuras fueron instaladas en la portada que da a la Praza da Quintana (la Porta Santa que se abre en los años santos compostelanos como hemos dicho), otras fueron a parar a diversos lugares, algunos incluso fuera de la catedral y, en algunas excavaciones y restauraciones, han ido apareciendo diversos restos, expuestos en el Museo de la Catedral, pero la mayor parte de la piedra se aprovechó para mampostería de nuevos muros y obras
Su destrucción no agradó al todo el mundo, el propio cronista Mauro Castellá Ferrer, testigo del episodio, lamentó con dolor que "se ha deshecho el más lindo Coro antiguo que había en España"
En 1945, el arzobispo Tomás Muñiz Pablos pensó que el culto solemne no había de ser solo para los canónigos y decidió quitar también el de madera con la idea de dar más espacio a peregrinos (hubo un cierto aumento de peregrinaciones en la posguerra) y demás fieles. Por lo tanto se desarmó, siendo depositado un tiempo en el cercano convento de San Martiño Pinario y luego se trasladó en 1973 a Sobrado dos Monxes, lo que ocasionó cierto destrozo, por lo que fue restaurado y devuelto a San Martiño Pinario en el año 2002
| Por © José Luiz Bernardes Ribeiro, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24822520 |
Desde el crucero admiramos la capilla mayor, en origen románica, como la catedral, pero como toda ella, reformada al gusto barroco; en este caso concreto por el maestro de obras José Vega y Verdugo quien, siguiendo la corriente imperante en su tiempo, consideraba a este estilo, del que era un entusiasta, el arte que habría de renovar el aspecto de toda la ciudad, reactivando el interés por ella y por lo tanto las peregrinaciones, si bien ya se consideraba, dado su declinar tras la Reforma de Lutero que le quitó tantos peregrinos europeos, incluso de mayor importancia ensalzarla en su función de sede del patrón de España
"Término latino citado también como achaia marmarica, aca marmarica y arcis marmaricis, con las dos siguientes traducciones posibles al español: arcas marmóreas y arcos marmóreos. Arcis marmoricis es la trascripción latina más común, asimilable según determinados estudiosos a arcos marmóreos. Alude al lugar en el que habría sido sepultado Santiago el Mayor.
El Breviarium Apostolorum, colección hagiográfica latina sobre los apóstoles, redactada en el sur de Francia o en el norte de Italia a finales del siglo VI o principios del VII, es la fuente escrita más antigua en la que se alude a la posibilidad de la estancia de Santiago el Mayor en la Península Ibérica. Señala que predicó en el extremo occidental del mundo y que está enterrado en Achaia Marmarica, un lugar o espacio no identificado, lo que disparó las especulaciones sobre esta segunda afirmación.
La posición más difundida, nacida en Compostela en el siglo XIX de la mano del historiador López Ferreiro y seguida por otros estudiosos como Guerra Campos (s. XX), sostiene que Achaia Marmorica se identificaría como arcis marmoricis -arcos marmóreos- y se correspondería con el espacio sepulcral de Compostela donde se encontró en el siglo IX el cuerpo que la tradición atribuye a Santiago el Mayor. Según ciertos textos de la alta Edad Media, el sepulcro apostólico descubierto estaba culminado por una bóveda de mármol.
El medievalista López Alsina cita varios de estos escritos de la alta Edad Media. Se refieren al lugar de la tumba de Santiago como el locus arcis marmoricis y a su enterramiento sub arcis marmoricis -bajo arcos de mármol-. Esta vieja fórmula fue desapareciendo -añade el mismo autor- siendo sustituida por la de su enterramiento en Compostela -requiescit in Gallecia in urbe Compostella- a medida que la ciudad de Santiago se convertía en una poderosa realidad urbana (s. XI).
Las obras de construcción de la actual catedral ayudaron a cambiar este enfoque. A principios del siglo XII se destruyó casi por completo lo que quedaba del edículo funerario original para dar forma, sobre él, al nuevo Altar Mayor. Con estas reformas desaparecieron las últimas posibilidades de seguir relacionando el sepulcro original con la fórmula arcis marmoricis. Sin embargo, el autor de la Historia compostelana (s. XII), que la escribe algo después de dichas obras y que se supone que llegó a conocer el edículo original, señala todavía que los discípulos enterraron a Santiago bajo marmoreis arcubus y que el obispo Teodomiro descubrió la tumba dentro de una domuncula -pequeña construcción- marmorea.
También se ha relacionado el término latino arcis con arca: un receptáculo donde se guarda algo de gran valor. Otros autores restan relevancia a la expresión arcis marmoricis. La consideran más una fórmula expresiva que un término con valor específico. Latinistas como Díaz y Díaz defienden que la forma original del Breviarium -Achaia Marmarica- es un topónimo no identificado, que algunos han querido situar en la antigua Marmárica -Libia-. Por lo tanto, no aludiría a un modo o espacio de enterramiento y su conversión en la forma arcis marmoricis no sería correcta. Un tema más para la especulación teórica, el misterio y las posibilidades abiertas de imaginar los tiempos más remotos del universo de Santiago."
"En tiempos de Xelmírez (1100-1140) todo había sido diferente y no consta la existencia de una escultura de Santiago en el altar. Xelmírez decidió eliminar el edículo romano en el que se habían encontrado los restos del apóstol; encapsulándolos en una cámara bajo el altar que no era accesible para los peregrinos.
Posiblemente inspirado en iglesias como San Juan de Letrán o San Pedro de Roma, el espacio del altar funcionaba como sancta sanctorum, accesible unicamente a los miembros de la curia compostelana. El espacio estaba cerrado y precintado con rejas que custodiaban los tesoros del apóstol. Esta cámara subterránea se constituyó en el lugar más sagrado de la basílica; sólo era visible a través de una puerta en el costado izquierdo del altar.
Para los peregrinos más afortunados, el lugar más próximo para acercarse a la sancta sanctorum del apóstol era la confessio; una cámara baja con entrada desde el deambulatorio, pero aislada desde el altar mayor.
La idea de este arzobispo de dejar oculto el espacio del apóstol redundaba en el misterio y carácter sagrado y entero de sus reliquias. Este último punto es fundamental, pues otros lugares reclamaban tener parte de las reliquias del santo. En Compostela, se sostenía que custodiaban el cuerpo entero de Santiago frente a las reclamaciones de estos santuarios, entre los que se encontraba la abadía de Reading en Inglaterra, por poner un ejemplo.
Pero la principal amenaza llegó de Portugal. Xelmírez se había llevado las reliquias de San Fructuoso, San Cucufate, San Silvestre y Santa Susana de la sé de Braga. Posiblemente en venganza por este “pío latrocinio”, el obispo de Coimbra, más tarde de Braga, el francés Maurício Burdino se trajo la cabeza de Santiago, la que los armenios veneraban en su catedral de Jerusalén. El arzobispo Burdino tenía ahora el poder de vengarse, amenazando la creencia de que las reliquias de Santiago se encontraban "enteras" en Compostela, con esa cabeza de Santiago traída de Jerusalén.
Con todo, las cosas no sucedieron de esa manera. La cabeza de Santiago acabó en manos de la reina Urraca que las llevó a San Zoilo de Carrión para usarla como baza política en sus enfrentamientos con Xelmírez. Fue en 1116 que la reina regaló esta cabeza al arzobispo compostelano, cuando finalmente se reconciliaron de sus múltiples desencuentros anteriores. Xelmírez custodió la cabeza de Santiago, pero el culto al mismo no se desarrolló hasta el siglo XIV. Es en este momento, cuando el arzobispo Berenguel de Landoira determinó que la cabeza pertenecía en realidad a Santiago el Menor, el hijo de Alfeo, y la colocó en la estatua-relicario en la que aun se conserva en la capilla de las Reliquias de la catedral.
En resumen: Xelmírez no quiso promover el culto a la cabeza de Santiago para conservar el culto principal: a los restos enteros de Santiago en el altar mayor. Decidió entonces ocultarlos en la cámara subterránea para que el acceso vedado aumentase su aura de sacralidad y autenticidad".
"Como ya comentamos, en 1211 la escultura de Santiago fue colocada en el altar. En este período se procedió a regular la apertura de la rejas de este espacio para que los peregrinos pudiesen acceder al mismo para entregar sus limosnas y ofrendas. El esquema de Xelmírez es sustituido por un nuevo esquema donde la presencia visual y corpórea del apóstol Santiago resulta indiscutible. De este modo, se lograba satisfacer el deseo de los fieles de contemplar a Santiago.
El Profesor Castiñeiras considera que esa nueva de la presencia corpórea del apóstol tuvo implicaciones en la iconografía del santo: desde ese momento también lo encontraremos representado junto a los peregrinos.
Poco antes, en 1207, el arzobispo Pedro Muñiz consiguió del papa Inocencio III la facultad de reconciliar la catedral con agua bendita mezclada con vino y ceniza. Al parecer, en las noches de vigilia ante el altar, los peregrinos se peleaban por colocarse lo más próximo posible a las verjas del altar; llegándose a dar muerte entre ellos. En consecuencia, se generaba la necesidad de reconciliar constantemente el espacio sagrado de la catedral. Y tal vez esta circunstancia haya contribuido a crear el sistema de apertura y cierre del espacio del altar al que nos vamos a referir a continuación.
En el Libro de las Constituciones del Archivo de la Catedral de Santiago, escrito a instancias del chantre compostelano Juan Peláez (1240-1250), se constanta como existirían dos arcas para donaciones de los peregrinos: el “arca de la obra” situado “in portis altaris beati Jacobi” y el “arca de Santiago” “tras las puertas del altar del beati Jacobi”. Estaban a cargo de las “arcas” un clérigo y un “arqueiro”; quienes tenían como misión animar a los peregrinos a realizar sus donaciones, hablándoles en sus propios idiomas. Se refiere, en las dichas constituciones, como el arqueiro y el clérigo debían indicarles a los peregrinos como proceder para ofrecer las velas al apóstol: junto a la escultura de Santiago. Gracias a esto, sabemos que, aunque el altar seguía cerrado con verjas, éstas se abrían para permitir un acceso temporal de los peregrinos y recibir sus donaciones.
Pero en en opinión del Profesor Castiñeiras, uno de los aspectos más relevantes es que, por primera vez desde el comienzo de las peregrinaciones en el siglo IX, los peregrinos podían disfrutar de una imagen tridimensional del apóstol en el mismo lugar en el que se encontraban, según la tradición, sus restos mortales. Todo estaba pensado para que el peregrino medieval cumpliese con su devoción, experimentando lo sagrado a través de los ojos, pero también con las relaciones espaciales de la catedral y el itinerario que debían recorrer.
La emoción del peregrino surgía ya al entrar en el Pórtico de la Gloria. La iconografía y la policromía del pórtico la dotaba de una verosimilitud que sobrecogía a los fieles. Santiago los recibía vestido con sus ropajes pontificales mostrando el Juicio Final y el paraíso de los Bienaventurados. Tras éste recibimiento, la Jerusalén celeste representada en el coro pétreo, con sus gruesos muros de ciudad fortificada. Y, a continuación, un nuevo Santiago, un Santiago “psicopompo”, también ataviado de forma pontifical, que recibía y acogía.
El efecto conseguido era el de un Santiago intersubjetivo que potenciaba el desarrollo de la experiencia de percepción del propio cuerpo y de sus movimientos de los peregrinos. Se trata de una experiencia, por tanto, cinestésica, que pretendía afectar a la conciencia del peregrino. La experiencia de un Santiago que los esperaba para reunirse con ellos.
Tomamos esta explicación, libremente modificada por nuestro propio estilo discursivo, del trabajo del Profesor Castiñeiras, en el que aplica los estudios del filósofo alemán Edmund Husserl a la catedral...".
"Y el ritual fue evolucionando. Si en el siglo XIII se pretendía apenas complacer el deseo de los peregrinos de ver al apóstol; en el siglo XV, en tiempos de Alonso I de Fonseca, representaciones como la miniatura de Tournai nos muestran que los peregrinos se van apropiando del espacio del santo.
Existen testimonios de grupos de peregrinos, fundamentalmente alemanes, que subian a la parte de atrás del altar para colocar la corona de Santiago, que portaba en aquellos tiempos la escultura, sobre las suyas propias. Esta “coronatio peregrinorum” podría explicar la presencia de la corona en el Santiago Sedente en Cathedra del museo de la catedral (...)
En el siglo XVI las reliquias son escondidas nuevamente. El pirata Francis Drake ataca Coruña y amenaza Santiago y sus reliquias. El arzobispo Sanclemente decide ocultarlas. A decir verdad, no se sabe porque en adelante permanecen ocultas. Se especula con cierta precaución respecto al interés de Felipe II por llevarse parte de las reliquias del santo para su colección del Monasterio del Escorial. El nuevo descubrimiento de las reliquias se producirá a finales del siglo XIX en los tiempos del Cardenal Payá y del canónigo Antonio López Ferreiro.
Sea como fuere, en el siglo XVII el canónigo Vega y Verdugo promueve la completa reforma del altar. Es en este momento cuando el rito del abrazo se instala definitivamente. En una catedral en donde se desconocía donde se encontraban ocultas las reliquias, el abrazo se convierte en un ritual fundamental. Todo ritual es simbólico pero también corporal. El abrazo permitía y permite al peregrino disfrutar de esa experiencia física de contacto con el apóstol.
En la actualidad se trata de la última experiencia ritual corpórea que le está permitida al peregrino desde el cierre del Pórtico de la Gloria. Y continuará así si las restricciones sanitarias no obligan a acabar con este último ritual de devoción popular".
"En ella se representa a Santiago maduro con barba y bigote. Estaba entronizado, con cartela y báculo terminado en forma de tau. El báculo en forma de tau era un atributo de los arzobispos compostelanos en cuanto descendientes de los apóstoles. Su representación era, en consecuencia, pontifical.
En época barroca la escultura recibió añadidos que provocaron una gran transformación de su imagen: un nimbo, la esclavina, un nuevo báculo y el trono de plata. Con todo, la posición de las manos revela que en origen, Santiago exhibía una filacteria en la que se leía “S. Iacobvs” y el mencionado báculo en forma de tau".
"A partir de 1669 la labor de Andrade cobrará en la catedral una mayor relevancia, sustituyendo al fallecido Antas en la dirección del tabernáculo. La construcción de esta pirámide sostenida por cuatro enormes ángeles con las alas desplegadas, decorada con toda suerte de elementos jacobeos, simbólicos y heráldicos, ángeles con banderas, las cuatro Virtudes cardinales y coronada por la dinámica imagen ecuestre del apóstol Santiago, llevaba parejo el rico revestimiento salomónico de las columnas y pilares románicos que rodean a la capilla Mayor.
Junto con el tabernáculo se construye el camarín del apóstol, comunicado mediante una escalera con la girola de la catedral para permitir el acceso de los peregrinos a la imagen de Santiago, a quien abrazan con fervor. El camarín adopta una forma cuadrangular profusamente decorada, abierta hacia el presbiterio y la nave central para mostrar una imagen sedente de Santiago. Se asienta sobre una pila de mármol y se enriqueció a principios del siglo XVIII, durante el episcopado de fray Antonio de Monroy (1685-1715), con un frontal de altar unas gradas y un sagrario-custodia, todo ello de plata".
"En esta obra, que describe un largo proceso tanto de conceptualización como de ejecución, entre 1658 y 1677, hay dos personajes clave: el canónigo fabriquero José de Vega y Verdugo (1623-1696) y el arquitecto Domingo de Andrade (1639-1712), maestro mayor de la catedral. Uno y otro dotan de coherencia y unidad a un proyecto de gran envergadura en el que se enrolaron los grandes artistas de la época: Francisco Dantas, Bernardo Cabrera, Pedro de Taboada, Diego de Romay, Mateo de Prado, Pedro del Valle, entre otros, y, por supuesto, el arquitecto ensamblador Pedro de la Torre y el propio Andrade. Si bien es lógico pensar en este último como su verdadero artífice, dado que no solo llevó la obra a buen término, sino que, desde 1669, su rol irá alcanzando cada vez mayor relevancia, especialmente tras la muerte de Antas en 1664 y el absentismo del canónigo Vega y Verdugo, durante años, hasta su definitiva marcha.
La historiografía coincide en señalar el periodo entre 1658 y 1671 como el más directamente marcado por la supervisión de Vega y Verdugo, y caracterizado, además, por las trasferencias artísticas con círculos cortesanos. Es sabido el encargo continuo, a artistas madrileños, de trazas y modelos para las obras del altar y tabernáculo compostelanos. De hecho, en este contexto debemos situar el diseño del retablo del trascamarín, obra de Pedro de la Torre —a quien erróneamente se le atribuyó durante años toda la obra del tabernáculo—. Se trata de un pequeño retablo historiado que representa, en cuatro relieves, la leyenda jacobea de la traslación del cuerpo del Apóstol, desde su martirio en Tierra Santa hasta su definitivo enterramiento en Compostela, por sus discípulos Teodoro y Atanasio.
El proyecto para el altar mayor y tabernáculo compostelanos, en cambio, consistía en el ensamblaje de estructuras arquitectónicas independientes que, partiendo de la idea del antiguo baldaquín y altar románicos erigidos sobre la tumba del apóstol Santiago, dieron forma a una compleja macchina barroca.
Fue en esta etapa cuando se conceptualizó el tipo de retablo que se pretendía levantar sobre el sepulcro del Apóstol, inspirado en el baldaquino proyectado por Gianlorenzo Bernini en la basílica de San Pedro del Vaticano (1624-1633). Para Vega y Verdugo este modelo se adecuaba a la perfección, tanto a la función, esto es, señalar el lugar donde reposaban los santos restos, como a la forma que se estaba barajando, ya que «[…] si allá columnas lo sostienen acá ángeles le están sustentando» —tal como lo recoge en su célebre Memoria sobre las obras… (h. 1657), que se conserva en el archivo catedralicio—".
"El interior del camarín muestra una estructura formada por pilastras corintias y modillones de hojarasca que sostienen una cúpula gallonada con una rosa central. En el lienzo posterior de esta estructura se sitúa un retablo dedicado a la traslación del cuerpo de Santiago desde Jaffa a Iria. Como remate del camarín aparece el grupo escultórico de Santiago peregrino venerado por los reyes de España, realizado en 1669 por el escultor Pedro del Valle. Este abigarrado esplendor de madera dorada, estofada y policromada se sostiene sobre un basamento pétreo cubierto de placas de mármoles polícromos, jaspes negros, blancos y encarnados, labrados y pulimentados".
"La razón fundamental de la urgencia de todas estas obras de engrandecimiento de la capilla Mayor de la catedral era la celebración del Año Jubilar compostelano de 1677. En este periodo de gran perdonanza el altar mayor del apóstol brilló con singular esplendor, momento en que se inauguraron las galas barrocas del tabernáculo y el cierre de la girola y del presbiterio".
El actual tiene 1,60 metros de altura y 62 kilogramos de peso desde el baño en plata que se le dio en la restauración del año 2006 de Luis Molina Acebedo (antes pesaba 60). Su carga son unos 40 kilos de carbón y de incienso, llegando su peso total pues, a pasar de los 100 kilos
"Término gallego procedente del latín turibularium, incensario, de donde deriva thuribularii, ‘portador de un incensario o esparcidor de humos’. Por eso al incensario también se le denomina turíbulo. Los tiraboleiros -así conocidos- son los encargados de hacer funcionar el botafumeiro de la catedral de Santiago. Habitualmente son ocho -hasta ahora siempre hombres- y se encargan también de su cuidado. Este mito de la tradición jacobea, que para muchos peregrinos es un símbolo de purificación y nueva vida tras la peregrinación -para otros muchos es sólo uno de los grandes espectáculos que ofrece la ciudad-meta-, tiene en los tiraboleiros los encargados de otorgarle su característico movimiento pendular, con precisión casi matemática, a una velocidad que alcanza los 68 km/h y una altura de unos 20 m.
Vestidos con unas amplias, largas y características capas de color malva, llamadas roupóns, implantadas en el pasado siglo para dar mayor solemnidad al acto, estos hombres inician la esperada sesión del botafumeiro transportándolo entre el público asistente desde la sala capitular, donde le colocan las brasas sobre las que se quema el incienso, hasta el altar mayor. Lo llevan sobre unas andas que sostienen sobre los hombros, en una teatral escena que nunca deja de causar admiración y sorpresa.
Al pie del altar mayor, sujetan el botafumeiro al extremo de la gran maroma que desciende desde una estructura en la base de la cúpula del crucero y de la que penden, en la otra punta, ocho pequeñas cuerdas de esparto con nudos. Cada uno de ellos sujeta un extremo para iniciar, con rítmicos tirones, el movimiento del incensario".
Es el tiraboleiro mayor quien le da el primer impulso y luego lo para al final de la ceremonia, marcando él el ritmo:
"El tiraboleiro mayor coordina todos los pasos. En las últimas décadas ha ejercido este cargo uno de los personajes más populares de Santiago, Armando Raposo Guldrís, en el oficio desde 1950. Él fue desde mediados de los años sesenta el encargado de poner en marcha el incensario, de dar las órdenes de tiro y de atraparlo y detenerlo de manera espectacular. El público acostumbra a premiar este momento con aplausos".
El botafumeiro se desplaza por este crucero de la catedral, entre las portadas de la Acibechería y la de Praterías, justo donde se unen los brazos de la cruz que conforman su planta, delante del altar mayor. A la vez que oscila espectacular y vertiginosamente, los tiraboleiros se mueven tirando con fuerza y muy armoniosamente al son de los cantos de la liturgia:
"Los tiraboleiros son unos personajes curiosos, casi siempre muy cuidadosos de su vistoso oficio, sin duda el más singular y famoso de la ciudad en los últimos años. Habitualmente son personas al servicio de la catedral que realizan también otras labores. Hace unos años estuvieron a punto de convocar una huelga por motivos laborales. El hecho fue noticia destacada en muchos medios y tema de preocupación en la ciudad".
El botafumeiro puede llegar durante su oscilación a los 68 kilómetros por hora y hacer un arco de 65 metros con una altura máxima de 21, aunque alguna vez lo hemos visto golpear arriba en el techo de la bóveda, con gran sorpresa y expectación de los presentes. Al fondo vemos el brazo del crucero hacia la Praza das Praterías, actual entrada principal a la catedral
Dada la velocidad y el impulso hubo alguna vez desprendimientos su bien nunca se ocasionaron víctimas. Tal vez el accidente más sonado fue en 1499 cuando el botafumeiro salió volando por la Porta das Praterías (al fondo), asistiendo a la misa nada menos que Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, no faltando quien dijese, a posteriori, que fue un mal agüero cara a sus tristes destinos como futura reina de Inglaterra
El asombro que causaba entre los numerosos peregrinos que, incluso con la larga decadencia de las peregrinaciones a partir de la Reforma protestante, venían a Santiago y asistían a su impresionante ceremonial, hizo que el botafumeiro no desapareciese, tal y como pasó en la mayor parte de los templos de Europa que tuvieron este tipo de incensarios, si bien su uso, a partir del siglo XIX, quedaba reducido a las liturgias más solemnes
"Si el abrazo al santo representa la alegría personal por la llegada, el movimiento del botafumeiro escenifica la emoción colectiva. Seguido por cientos de personas al mismo tiempo, es el rito más esperado por todos. Es espectáculo pero también sentimiento. De él dijo, sorprendido, el italiano Lorenzo Magalotti (1669) que "llega poco menos que a tocar la bóveda donde, por la violencia del movimiento, el fuego se alza en llamas e infinitas chispas centellean fuera del incensario". Sobrecogedor, y más aún cuando se desprendió de la cuerda, al menos en 1499, 1622 y 1937, aunque sin dañar a nadie".
Antaño funcionaba todos los domingos en la misa del mediodía y a diario en las misas del peregrino cuando era Año Santo Compostelano. Su desgaste hizo que se decidiese que únicamente se utilizase en unas doce fiestas señaladas al año, incluyendo por supuesto la de Santiago, así como los domingos al mediodía de dichos años santos
A finales del siglo XIX ya se decía que era el acto de máxima expectación de todos cuantos se celebraban en la catedral, tanto es así que a principios del XX, en otra iniciativa para recuperar las peregrinaciones, la prensa compostelana pedía su utilización en la liturgia para atraer fieles y romeros
No sería ninguna exageración decir que es uno de los elementos que a día de hoy más contribuyen a la llegada de peregrinos y visitantes en general a Santiago, después de tantos siglos intentando recuperar el pulso de las peregrinaciones, cosa conseguida a finales del siglo XX a partir sobre todo del Xacobeo'93, si bien no solo por cuestiones de fe sino por otros muchos factores propios ya de nuestro tiempo y que abarcan desde el deporte hasta el ocio. En este sentido la propia catedral en su página web manifiesta lo siguiente:
"Este gran incensario quiere simbolizar la verdadera actitud del creyente. Así como el humo del incienso sube hacia lo más alto de las naves del templo, así también las oraciones de los peregrinos deben alzarse hacia el corazón de Dios. Y así como el aroma del incienso perfuma toda la basílica compostelana, de igual modo el cristiano, con sus virtudes y el testimonio de su vida, debe impregnar del buen olor de Cristo, la sociedad en la que vive"
Tanto los momentos en los que el botafumeiro echa a volar, como los que casi toca el techo o cuando va deteniéndose son de grandísima expectación. Las gentes no apartan la vista de lo alto y esta va bajando al son que baja el maravilloso ingenio metálico dispensador de efluvios y aromas sagrados. El vuelo se acompaña generalmente del Himno al Apóstol, compuesto en 1920 con letra del poeta Juan Barcia Caballero y música de Manuel Soler Palmer, maestro de capilla de la catedral, de unos cinco minutos de duración:
Santo Adalid, patrón de las Españas,
amigo del Señor:
defiende a tus discípulos queridos,
protege a tu nación.
Las armas victoriosas del cristiano
venimos a templar
en el sagrado y encendido fuego
de tu devoto altar.
Firme y segura como aquella columna
que te entregó la Madre de Jesús;
será en España la Santa fe cristiana,
bien celestial que nos legaste tú.
¡Gloria a Santiago,
patrón insigne!
Gratos tus hijos
hoy te bendicen.
A tus plantas postrados te ofrecemos
la prenda más cordial de nuestro amor.
Defiende a tus discípulos queridos,
protege a tu nación.
Se sabe que ya en la Edad Media en muchas iglesias del Camino había misas dedicadas a los peregrinos que solían anunciarse por la mañana al son de la campana, publicándose al terminar las indulgencias ganadas por parte del cardenal mayor, ofreciéndose luego las limosnas
"En el altar mayor se celebra cada día, a las 12.00h, la misa del peregrino, en la que participan gentes llegadas de todo el mundo y se escucha, sobre todo en las invocaciones al apóstol, los idiomas más diversos. Se estableció con su actual sentido, en el año santo compostelano de 1976 para atender de forma específica a las muchas y concurridas peregrinaciones que visitaban el templo. Es el momento más indicado para ver el botafumeiro, que suele ser solicitado por los grupos de peregrinos que asisten a la liturgia".
Los datos de los evangelistas dicen que era llamado Santiago o Jacobo de Zebedeo (Zebedeo era su padre y su madre Salomé), nacido posiblemente en Betsaida (Galilea) y que era como su hermano Juan uno de los doce discípulos de Jesus, unos de los primeros en acudir a su llamada siendo pescadores en el lago de Genesaret haciéndolos "pescadores de hombres", y al que su maestro puso el sobrenombre de Bonaerges (Hijo del Trueno), tras invocar a Dios para que destruyese con fuego una ciudad samaritana
Ambos junto con Simón Pedro tienen especial trato con el Mesías (tal vez Juan y Santiago eran primos de Jesús pues Salomé aparece como hermana de María), con quien compartirán numerosos acontecimientos narrados en el Nuevo Testamento, milagros de su maestro, como la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración de Jesús, la oración en el Huerto de los Olivos, o el último de sus signos tras la resurrección, cuando apareció en el lago Tiberíades y protagonizó el episodio de la pesca milagrosa. También estará Santiago en el Cenáculo orando a la espera de la venida del Espíritu Santo tras de lo cual los apóstoles cumplirán el mandato de Jesús de predicar sus enseñanzas
A partir de entonces las fuentes bíblicas darán total protagonismo a su hermano Juan, a Pedro y a Santiago Alfeo, otro de los santiagos discípulos de Jesús citados en el Nuevo Testamento, y de él solo volveremos a saber que será ejecutado en Judea por descapitación a causa de su labor evangelizadora que chocaba con la ortodoxia judía, reinando Agripa I a quien se considera culpable de su muerte, en algún momento entre los años 41 y 44, tal y como se narra en los Hechos de los Apóstoles
"Por aquel tiempo, el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Dio muerte a Santiago, hermano de Juan, por la espada. Viendo que esto era grato a los judíos, llegó a prender a Pedro"
Según los evangelios apócrifos, la Virgen María pidió estar rodeada de los apóstoles el día de su muerte y Cristo se lo concedió, apareciéndoseles milagrosamente para hacerles volver. En las tradiciones medievales la aparición se producirá, en el caso de Santiago, en Muxía (Galicia) y El Pilar (Zaragoza), llegando así Santiago a Jerusalén, donde hallaría la muerte por martirio. Dos de sus discípulos, Atanasio y Teodoro, encontrarían el cuerpo y regresarían con él a Galicia, la tierra donde evangelizó, saliendo del puerto palestino de Jaffa
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| Codex Calixtinus |
Otras tradiciones en cambio manifestaban que los evangelizadores de Hispania habrían sido los siete varones apostólicos mandados por San Pedro y San Pablo desde Roma y el mismo papado atribuyó durante siglos a San Pablo esta misión siendo esta la versión oficial mantenida mucho tiempo pues ratificaba la mayor importancia de estos apóstoles y por lo tanto la de la sede romana de la Iglesia, más proclive como mucho a aceptar que sí estuviese Santiago enterrado en este lugar que su propia evangelización, con cuya veracidad tuvo siempre espíritu crítico, al menos hasta finales del siglo XIX cuando se recuperaron los que se tienen por sus restos
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| Breviarium Apostolorum |
Uno de los primeros escritos que avalaría la presencia en Hispania de Santiago sería el Breviarium Apostolorum allá por los siglos VI o VII. En él, pequeña biografía de los apóstoles, se lee por primera vez que Santiago predicó en Hispania y en tierras occidentales, junto con el dato de estar enterrado en el Aicha Marmarica que se ha querido vincular a su tumba el Arca Marmórica de Compostela, pero que también podría corresponder a Marmórica en Libia entre otros lugares
En el siglo VIII, en el naciente Reino de Asturias, Beato de Liébana escribiría aquel misterioso documento: "O Dei verbum" en el que, como acróstico (las primeras letras de cada verso leídas seguidas forman frases) dedica sesenta versos al Apóstol Santiago como patrón de los cristianos en una loa o himno al rey asturiano Mauregato, varias décadas antes del descubrimiento del sepulcro en Compostela, pero siguiendo una vieja tradición que aseguraba la presencia aquí de la obra evangelizadora del Apóstol...
"Oh muy digno y muy santo Apóstol (Santiago)
dorada cabeza refulgente de Hispania,
defensor poderosos y patrón especialísimo
asiste piadoso a la grey que te ha sido encomendada"
Beato de Liébana, confesor de reinas y consejero de príncipes, parece adelantarse a un acontecimiento que, independientemente de su total realidad histórica, iba a ser fundamental para la configuración ideológica de Europa tal y como hoy la conocemos. Ya por entonces, décadas antes del descubrimiento del Apóstol, el Asturorum Regnum, aún muy débil y pequeño, parecía considerarlo patrón y paladín en momentos muy difíciles de su existencia, algo fundamental para entender lo que vendría después...
"Santiago, elegido por Cristo para el triunfo del martirio, cumplió con éxito su apostolado y alcanzó así la victoria y señales de la pasión. Ciertamente atendido por el divino sufragio, actúa frente a las malignas iras del demonio, vence a los necios, castiga a los seguidores del diablo y es oráculo para los creyentes de corazón..."
Las primeras señales inequívocas de cristianización de Galicia son del siglo III, bastante tiempo después de la que sería su evangelización por Santiago, pero puede decirse que, hoy en día, la naturaleza de los restos que al Apóstol se atribuyen no es precisamente el fundamento de las actuales peregrinaciones, pues son un compendio de muchas más cosas, estudiadas incluso ya como un gran fenómeno sociológico de masas a nivel mundial
Tras la construcción del Pórtico de la Gloria del maestro Mateo, este eje empezó a cambiar para ser el de oeste a oeste entrando por esa portada occidental, algo que se intensificó cuando se hizo el nuevo gran hospital de peregrinos (y sanitario) del Hospital Real (actual Hostal dos Reis Católicos) en O Obradoiro, y más aún cuando este lugar dejó de ser un gran obrador 'taller', de ahí obradoiro, de canteros para convertirse en la plaza actual. En la actualidad, con la reordenación del tránsito por el templo, esta portada sur o de As Praterías es la principal y prácticamente única entrada al templo, además de la Porta Santa del Año Santo Compostelano
En el paso de la nave mayor a la del transepto vemos el formidable órgano barroco del que hablamos ampliamente en la entrada de blog dedicada a dicha nave y al claustro catedralicio. Compartimos aquí su historia de catedraldesantiago.online:
"Orígenes del órgano en la catedral
El órgano de la Catedral de Santiago tiene sus raíces en la rica tradición musical de este emblemático templo. Desde el siglo XVI, los registros históricos mencionan la existencia de “órganos grandes viejos”, que fueron renovados en 1527 bajo la dirección de Dionisio Memmo, un destacado organista procedente de la corte ducal de Venecia y de la de Enrique VIII en Inglaterra.
Su construcción marcó un hito en la historia musical de la catedral, incorporando técnicas avanzadas de la época y estableciendo el estándar para los órganos posteriores. La música generada por estos primeros órganos se integraba con los cánticos del cabildo, complementando la solemnidad de las ceremonias religiosas.
Evolución a través de los siglos: restauraciones y mejoras
A lo largo de los siglos, el órgano de la catedral ha experimentado constantes adaptaciones para responder a las demandas musicales y artísticas de cada época. En 1607, nuevas cajas fueron encargadas a Juan de Altamirano, marcando un paso importante en la transformación manierista del coro. Más tarde, durante la pujanza económica del siglo XVIII, el maestro de órganos Manuel de la Viña emprendió en 1704 la construcción de un nuevo instrumento, adaptado al estilo barroco que imperaba en la catedral.
La ornamentación de las cajas, diseñada por artistas como Antonio Afonsín y Miguel de Romay, añadió una dimensión estética sin precedentes, con figuras alegóricas y motivos jacobeos como Santiago Caballero y el Apóstol Peregrino.
En 1755, Francisco de Lens completó las cajas laterales, reflejando la evolución del gusto y la técnica en el diseño de órganos. Finalmente, en el siglo XX, el órgano recibió un motor eléctrico que revolucionó su funcionamiento, conservando al mismo tiempo elementos tradicionales como el fuelle manual, visible en la tribuna, como un homenaje a su legado histórico.
Los organistas y su papel en la liturgia y la música compostelana
Los organistas de la Catedral de Santiago han desempeñado un papel fundamental en la liturgia y la vida musical del templo. Desde figuras destacadas como Dionisio Memmo hasta Manuel de la Viña y Mariano Tafall, autor del influyente Tratado de organería, estos músicos no solo interpretaron obras maestras, sino que también contribuyeron al desarrollo técnico y artístico del órgano.
El organista, que históricamente ocupaba un lugar privilegiado en el organigrama eclesiástico, era seleccionado a través de exigentes oposiciones. A menudo, compartía responsabilidades con un segundo organista, dada la complejidad y la frecuencia de las ceremonias. En la actualidad, el cargo es desempeñado por un músico profesional seglar, quien mantiene viva la tradición de este majestuoso instrumento. Así, el órgano sigue siendo una pieza clave en la celebración del culto, llevando las notas musicales a nuevas generaciones mientras preserva su rica herencia cultural y espiritual".
Como en el caso de la nave central, las de los brazos del transepto tienen pequeñas naves laterales a derecha e izquierda. Estas, a diferencia de la mayor, que es de bóveda de cañón, son de bóvedas de crucería, separadas entre sí por arcos fajones semicirculares, los cuales, correspondientes con los de la nave mayor de este mismo transepto, sostienen la estructura de la cubierta descansando en poderosos haces de columnas románicas
Detalle de los arcos fajones y de las bóvedas de crucería. Esta parte habría sido culminada bajo el mandato del prelado Diego Xelmírez, quien las reactivó ya desde antes de su nombramiento, pues habían quedado paralizadas y ralentizadas tras la marcha del obispo Diego Peláez. Leemos en Wikipedia:
"Bajo el impulso del rey Alfonso VI el Bravo y del obispo Diego Peláez se iniciaron las obras de una gran catedral románica en el año 1075, a cargo de los maestros de obra Bernardo el Viejo y su ayudante Galperinus Robertus con medio centenar de canteros, según el Codex Calixtinus. El obispo Diego Peláez fue destituido en 1088, parándose las obras por algún tiempo.
Cinco años más tarde las obras estaban en marcha, impulsadas por el recién nombrado administrador de la diócesis, Diego Gelmírez, con el apoyo del nuevo obispo Dalmacio y de Raimundo de Borgoña. En 1101 abandona la ciudad de Compostela el maestro Esteban dejando completadas las capillas del deambulatorio e iniciadas las obras de la fachada de las Platerías. Desde este momento se continuaron con regularidad los trabajos, probablemente ampliando la escala del edificio proyectado originalmente, y durante las dos primeras décadas del siglo XII se remataron los trabajos de los brazos del crucero (en 1111), hasta la colocación de la última piedra, que, si atendemos las indicaciones del Codex Calixtinus, tuvo lugar en el año 1122.[Diego Gelmírez, nombrado obispo en 1100 y primer arzobispo de Compostela en 1120, fue la figura más importante en la tarea de impulsar la actividad constructora en Santiago. Aunque hubo diversas paradas durante su construcción, la gran cantidad de limosnas conseguidas hizo posible su vuelta al culto y su consagración en 1128. En el año 1140 ya se habían cubierto seis tramos de las naves, y el maestro Mateo se hizo cargo de la dirección de obras en 1168 cuando inició el pórtico de la Gloria y, aunque continuaron las obras durante buena parte del siglo XIII, se consagró definitivamente la catedral el año 1211".
La catedral románica de Diego Xelmírez tenía un claustro que, con el arzobispo Juan Arias, se transformó en gótico y, más tarde, con Alonso III de Fonseca, en plateresco, en el que trabajaron, a partir de 1521, grandes maestros; uno de ellos, Juan de Álava, hizo diversas capillas y dependencias nuevas dentro de la nueva obra claustral, como es el caso de la sacristía y antesacristía, a cuya puerta llegamos, si bien los trabajos de la misma estuvieron bajo la dirección de Jácome Fernández
"Mandó edificar una espaciosa torre en uno de los ángulos del claustro de la catedral con dos fines, en primer lugar para que sirviera de sala capitular para tener allí las sesiones del Cabildo, y en segundo para edificar allí una capilla funeraria que habría de estar servida por cuatro capellanes con misas diarias por su alma y las de sus padres. Éste es el recuerdo más importante que dejó en la iglesia del apóstol".
Detalles florales y vegetales, con algún querubín más
Esta es la bóveda de la antesacristía, con numerosas claves en su intrincada nervadura mostrando conchas jacobeas, estrellas de Santiago y blasones heráldicos
"La Sacristía de la Catedral de Santiago de Compostela alberga una rica colección de ornamentos litúrgicos que reflejan la majestuosidad y el simbolismo del culto católico. Las piezas incluyen vestiduras sacerdotales bordadas con gran detalle, cálices, custodias y otros objetos utilizados en las ceremonias litúrgicas más solemnes. Estos elementos, cuidadosamente preservados en la gran cajonera que recorre el perímetro de la Sacristía, son testimonio del arte sacro y de la devoción que caracteriza a este templo.
Entre los tesoros más destacados se encuentran reliquias sagradas vinculadas al culto del Apóstol Santiago, que refuerzan la conexión espiritual de la catedral con los peregrinos que llegan de todo el mundo. Estas reliquias, consideradas verdaderos símbolos de fe, atraen tanto a creyentes como a historiadores interesados en la tradición cristiana.
La disposición del espacio no es casual: combina funcionalidad y sacralidad, permitiendo que los objetos litúrgicos sean accesibles para el uso cotidiano mientras se mantienen en un entorno que destaca su valor espiritual y artístico.
Documentos históricos y objetos destacados
Además de los ornamentos litúrgicos, la Sacristía resguarda documentos históricos y piezas de gran relevancia cultural. Estos incluyen manuscritos y registros relacionados con la historia de la catedral y el Camino de Santiago, que ofrecen una visión única de la evolución del culto al Apóstol y de las peregrinaciones a lo largo de los siglos. Estos documentos son esenciales para los estudiosos y aportan un contexto invaluable al patrimonio espiritual del templo.
Entre los objetos destacados se encuentra la emblemática lámpara de bronce que hoy cuelga del centro de la bóveda. Este objeto, donado por el ministro gallego Eugenio Montero Ríos en 1895, fue originalmente concebido para iluminar la Capilla Mayor, funcionando con gas durante años antes de ser electrificada. Su ubicación actual no solo resalta su función estética, sino que también simboliza la continuidad de la tradición a lo largo del tiempo.
Asimismo, las paredes de la Sacristía y de la Antesacristía están adornadas con valiosas obras de arte, como el Vía Crucis del siglo XIX y los óleos de artistas como Gregorio Ferro, Modesto Brocos y Juan José Cancelo. Estas piezas no solo embellecen el espacio, sino que también sirven como herramientas visuales de meditación y reflexión espiritual, conectando a los fieles con las historias y valores del cristianismo.
En conjunto, los tesoros de la Sacristía trascienden su valor material, convirtiéndose en un puente entre el pasado y el presente, y en una manifestación tangible del legado histórico y religioso de la Catedral de Santiago de Compostela".
"En la sacristía los nervios arrancan de ménsulas y trazan una circunferencia central, con ocho rayos y completada con un cuadrifolio de arqueamientos en arco conopial, siguiendo un esquema muy repetido en las naves de la Catedral Nueva de Salamanca y en otras dependencias catedralicias".
ERA MILLENANONA VICIES DVODENASVMMO TEMPLA DAVIDQVARTVS PETRVS ISTA DICAVIT
"En la mañana del jueves de la segunda semana de Pascua del año 1211 (21 de abril), el obispo de Compostela, Pedro Muñiz, oficiaba el largo rito de dedicación de la Catedral de Santiago. Como huellas de aquel día perduran las doce cruces de consagración que marcan un singular recorrido por las naves de la basílica. El obispo fue ungiendo e incensando las cruces una por una. Son cruces que ostentan en sus cuatro ángulos el sol, la luna, el alfa y el omega. Llama la atención las inscripciones que las rodean, dísticos latinos, unos de carácter conmemorativo y otros de significado espiritual.
El acta de Consagración se conserva transcrita en el Tumbo B de la Catedral con la testificación del notario que tuvo ante sus ojos el documento original. Según el documento, estuvo presente en la consagración el rey de León, Alfonso IX, acompañado de su hijo, el infante Fernando, de su hermano Sancho y de los principales magnates del reino. El acta está firmada, además de por el obispo Pedro Muñiz, por los obispos de las diócesis de Ourense, Lugo, Mondoñedo, Tui, Coria, Guarda, Évora, Lisboa y Lamego".
"Aunque no se puede fijar con exactitud la fecha en que verdaderamente se instituyó el Voto de Santiago, lo cierto es que al menos desde los últimos años de la Edad Media y hasta 1812 -poco después fue restituido por Fernando VII, revocado en el trienio liberal, repuesto de nuevo por el monarca y abolido definitivamente en 1834- supuso una importantísima fuente de ingresos para el Arzobispado y el Cabildo compostelanos, y para la construcción y mantenimiento de la catedral, el Hospital Real y otras instituciones relacionadas con el fenómeno jacobeo. Muchas son las representaciones artísticas de la batalla de Clavijo a lo largo de todo el Camino de Santiago..."
Aquí en un rincón nos encontramos con el sepulcro del canónigo don Martín López, procedente de la desaparecida capilla gótica de Nuestra Señora del Perdón, del año 1451, fundada por el arzobispo Lope de Mendoza para panteón familiar y construida por este canónigo y cardenal, Martín López, fallecido en 1477, en el que vemos su escultura yacente, con hábito, en la lauda y, en la pared, los blasones familiares
Seguidamente y en este lado sur del transepto, los dos arcos románicos de la portada meridional o Porta das Praterías de la catedral, y arriba las tribunas
Por las ventanas superiores y por el óculo en lo más alto entra buena luz natural. Por aquí salió disparado el botafumeiro en 1499 ante Catalina de Aragón, que visitaba Santiago en peregrinación antes de embarcarse a Inglaterra, acaso una premonición de su triste futuro
"En árabe, Al-Mansur bi-Allah -el victorioso de Dios-. Caudillo musulmán de Al Andalus (Málaga 940-Medinaceli, Soria 1002). Coincidiendo con el período de mayor apogeo del Islam en la Península, dirigió numerosas campañas guerreras contra los territorios cristianos. En una de ellas llegó hasta Compostela, protagonizando uno de los episodios más conocidos y críticos de la historia jacobea. Fue en agosto del año 997. Había partido de Córdoba a principios de julio camino del Reino leonés. Pasó por Extremadura y Portugal, siguiendo hasta Oporto, donde se le unieron refuerzos llegados por mar. Entró en Galicia por Tui y llegó hasta Padrón, donde arrasa Iria y Compostela.
El caudillo musulmán pretendía, entre otros objetivos, las riquezas que creía que acumulaba la ciudad y quizá debilitar de paso la voluntad de los cristianos, al asestar un duro golpe moral al ya pujante culto a Santiago. Así lo narra el cronista islámico Ben Idhari: “Marchó contra Santiago, el más grande santuario de España y de las regiones próximas de Europa”.
En el origen de esta razia estaría también el hecho de que el rey leonés Vermudo II no había respondido de manera positiva al pago de las fuertes cargas tributarias que debía abonar a los musulmanes peninsulares. En todo caso, Almanzor contó con el apoyo de ciertos nobles del noroeste peninsular movidos por intereses propios, lo que le facilitó la incursión en el territorio cristiano.
Según la Primera crónica general, promovida por el rey Alfonso X (s. XIII), y las propias crónicas árabes, Almanzor llega a las puertas de Santiago y la arrasa e incendia, sin encontrar apenas resistencia. Pero Dios, según la versión cristiana, contiene el incendio cuando el caudillo se acerca al sepulcro apostólico, al tiempo que lo hiere a él y a sus tropas, lo que le obliga a marcharse de Compostela, pereciendo muchos de sus hombres.
La realidad histórica, sin embargo, apunta hacia el conocimiento previo de la llegada de Almanzor, por lo que los compostelanos pudieron huir de la ciudad a tiempo. Asimismo, el obispo Pedro de Mezonzo pudo poner a salvo las reliquias apostólicas y el tesoro de su templo, evitando así un mayor desastre, dado que tanto este como la ciudad fueron arrasados.
Las crónicas señalan que el caudillo musulmán sólo respetó la tumba del Apóstol, ya fuera por sus convicciones religiosas -Santiago era discípulo de Jesús, a quien el Islam considera uno de los profetas- ya por miedo a algún tipo de maldición. Exponen también que quedó un habitante en la ciudad, al que el caudillo musulmán encontró orando ante el sepulcro apostólico y respetó. El hombre le dijo que era familiar del Apóstol. La tradición cristiana considera que se trataba del propio San Pedro de Mezonzo.
Las campanas de la catedral
Las tropas de Almanzor volvieron a Córdoba siguiendo en gran medida el trazado de la Vía de la Plata. Según la Primera Crónica, en el camino de vuelta, como castigo divino, el temido caudillo sufrió numerosas heridas y una fuerte diarrea, lo que le impidió arrasar diversas zonas de las jacobeas tierras del Bierzo. Antes, en campañas anteriores, ya había atacado otras ciudades del naciente Camino Francés, como León y Astorga.
El botín logrado en Compostela -todo indica que en bienes de alto valor resultó escaso- fue embarcado en Oporto y llevado por mar hasta Andalucía. Figurarían en él las puertas de madera de la ciudad y las del templo apostólico, así como las campanas, que obliga a transportar a hombros de los cristianos cautivos. Las campanas acabarían como lámparas en la mezquita de Córdoba, que estaba siendo ampliada en aquel tiempo. En 1236 el rey Fernando III conquista esta ciudad y las restituye a Santiago. La estancia de Almanzor en Compostela mezcla leyenda y realidad con igual fuerza. Es uno de los momentos más mitificados de la historia jacobea. Fue crucial, además, para expandir entre los cristianos peninsulares la leyenda de un Almanzor terrorífico.
En cualquier caso, esta razia supondrá el momento de mayor peligro para la continuidad del culto a Santiago y de la propia ciudad. Vermudo II y el obispo Pedro de Mezonzo impulsaron la inmediata reconstrucción del templo, de la urbe y de sus defensas, con un afán que tendría continuidad y que llevaría a Compostela al inicio de su esplendor internacional en el inmediato siglo XI ¿Pero hasta qué punto este suceso supuso la pérdida de referentes quizá claves para entender la tradición jacobea, incluidos los relacionados con el propio sepulcro apostólico? Nunca lo sabremos".
Tanto en la puerta de la tienda del Pórtico Real, por donde entra abundante luz natural de la Praza da Quintana como en la espléndida portada labrada en piedra hallamos el símbolo jacobeo del Arca Marmárica o edículo funerario en el que se halló la tumba de Santiago y de sus discípulos
"Molusco bivalvo que vive en las costas de diferentes mares del mundo, entre ellos el Atlántico y el Cantábrico. Aunque el idioma castellano prefiere la voz gallega vieira para referirse a este molusco y su concha, el símbolo jacobeo más difundido, también se cita con la denominación de ‘venera’. Lo habitual es que se aluda a la concha superior como venera sólo en un contexto jacobeo. Este término castellano proviene del latín veneria (concha marítima), que a su vez se vincula con Venus, la diosa romana del amor y la belleza, representada surgiendo del mar sobre una concha de vieira.
Además del nombre de vieira, se conoce en distintos idiomas con referencia a la temática jacobea, como common scallop, en inglés; coquille Saint-Jacques, francés; beira handia, en euskera y petxina de pelegri, en catalán. En la actualidad, se utiliza como marca del Camino de Santiago en la señalética internacional.
En el Códice Calixtino (s. XII) se le atribuyen poderes taumatúrgicos. Se señala así, en uno de los milagros de Santiago, que “corriendo el año mil ciento seis de la encarnación del Señor, a cierto caballero en tierras de Apulia se le hinchó la garganta como un odre lleno de aire. Y como no hallase en ningún médico remedio que le sanase, confiado en Santiago apóstol dijo que si pudiese hallar alguna concha de las que suelen llevar consigo los peregrinos que regresan de Santiago y tocase con ella su garganta enferma, tendría remedio inmediato. Y habiéndole encontrado en casa cierto peregrino vecino suyo, tocó su garganta y sanó, y marchó luego al sepulcro del Apóstol en Galicia”.
Las conchas son descritas también en el propio Códice como “unos mariscos en el mar próximo a Santiago, a los que el vulgo llama vieiras, que tienen dos corazas, una por cada lado, entre las cuales, como entre dos tejuelas, se oculta un molusco parecido a una ostra. Tales conchas están labradas como los dedos de la mano y las llaman los provenzales nidulas y los franceses crusillas, y al regresar los peregrinos del santuario de Santiago las prenden en las capas para gloria del Apóstol, y en recuerdo de él y señal de tan largo viaje, las traen a su morada con gran regocijo. La especie de corazas con que el marisco se defiende, significan los dos preceptos de la caridad, con que quien debidamente los lleva debe defenderse, esto es: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”.
Antes de lo jacobeo
En el Diccionario de los símbolos de Jean Chevalier, sobre Venus se dice que para los sumerios es la diosa que muestra el camino de las estrellas, diosa del amor y de la voluptuosidad, pero también de la guerra; hija de la Luna y hermana del Sol. Se muestra al amanecer y en el crepúsculo. Partiendo de esta concepción, desde muy antiguo era costumbre en determinadas zonas llevar sobre las ropas una concha de vieira, con finalidad protectora y de servicio. También los soldados cartagineses y romanos tenían esta costumbre.
Venus nace de la espuma, según consta en la Theogonia, con que hierve el mar en torno a los despojos de Urano, mutilado por Cronos. Aparece en el vaso de Olinto, surgiendo de las entreabiertas valvas de su concha, entre Hermes y Poseidón. Varrón relata la navegación de Venus, hija del Fuego y del Agua, en la venera, rumbo a Citerea.
Los defensores de la teoría esotérica en el Camino de Santiago creen en su significado sexual y en la posibilidad de que represente la “pata de oca” (Jakin era el “maestro Oca”).
Originalmente, también la concha de vieira simboliza la fecundidad en el mundo pagano. Venus constituye el nacimiento tanto biológico como iniciático, la muerte de una vida y el renacimiento en otra distinta y mejor. La concha se une así al agua para el bautismo, símbolo purificador para los cristianos y de una joven vida, la vida en la fe".
Dado su antiquísimo simbolismo, la costumbre de llevar conchas prendidas era habitual pues además de ser el emblema de Venus, diosa del amor y de la belleza, tenía utilidad como amuleto contra el mal de ojo y servía de vaso natural para beber de las fuentes, o de los pellejos de vino, por ejemplo, e incluso para comer, por lo que debió de ser muy empleada por los viajeros:
"Algunos autores apuntan a que las estrías de la concha de vieira simbolizan los caminos que desde toda Europa confluyen en Compostela. Con el auge del Camino de Santiago, esta concha constituyó un signo de identificación de los peregrinos. Así, consta que muchos de ellos de procedencia centroeuropea e incluso escandinava, se hacían enterrar con ella, como símbolo de protección tras la muerte, por haber recibido el perdón en Santiago de Compostela. Está considerada, en este sentido, uno de los atributos del peregrino jacobeo, con el zurrón y el bordón. Los tres elementos eran algo más que necesarios objetos materiales. Trascendían al ámbito espiritual del peregrino.
Así, en numerosos enterramientos hallados en Dinamarca y otros países, se distingue a los que peregrinaron en vida por portar sobre el cuerpo inerte la concha de vieira con dos perforaciones, necesarias para sujetarlas al cuello cuando realizaban el camino, tanto por su utilidad como por símbolo de distinción. Añade Arribas Briones que las que aparecen por Europa en sepulcros obedecen a que se enterraban con ellas para ser identificados en el más allá como peregrinos y que así intercediese Santiago por ellos.
Las conchas también se convirtieron en “el gran souvenir medieval”. Además de ser comercializadas a la llegada de la ciudad, en el popular barrio de Os Concheiros, consta que ya existían puestos de venta en diversos puntos del Camino, como un anticipo al viajero. Se vendían también en la plaza de la puerta del Paraíso, que sería la simbólica y amable prueba de la peregrinación cumplida y el mejor y más entrañable amuleto para afrontar con decisión el también difícil camino de vuelta. El ala del sombrero, sobre todo, el morral y, a veces, la capa eran el lugar habitual de ubicación de la concha, que también se utilizaba como un utensilio para beber.
Francisco Singul apunta que “la concha de este marisco, muy usado en la cocina gallega y compostelana, de la que es uno de los símbolos gastronómicos, se encontraba en las costas de Galicia, frente a las que, según las creencias del mundo antiguo, se encontraba el fin de la tierra, el fin del mundo”. Los peregrinos le atribuían un poder curativo y milagroso derivado, a su vez, del poder que le estimaban al Apóstol.
La fuente más remota sobre la vieira como símbolo jacobeo se encuentra en el Códice Calixtino, donde se ofrece la versión más antigua conocida (s. XII) sobre la simbología jacobea de la vieira. En concreto, se señala en el sermón Veneranda dies que en cuanto los peregrinos que se dirigen a Jerusalén llevan con ellos palmas, como símbolo de triunfo, los que van a Compostela se distinguen por las conchas de vieira cosidas en sus ropas, como símbolo, en este caso, de las buenas obras en honra de Santiago. La manera en que los romeros medievales adquirían este apreciado recuerdo aparece también explicada en el Códice: se vendía sobre todo frente al portal norte de la catedral compostelana -actual Acibechería- y motivaba un floreciente comercio. Tal era el poder y presencia de este símbolo en Compostela, que los santiagueses acabaron por denominar popularmente a los peregrinos como concheiros o cuncheiros.
La concha fue también símbolo de la Orden de Santiago, sobre todo antes de la aparición de la cruz-espada. Los caballeros de Santiago llevaban la concha como emblema, junto con la espada.
La concha de vieira no sólo se convirtió en el símbolo jacobeo más famoso, sino también en el más reproducido por la arte, junto con la imagen del propio apóstol Santiago.
Una de las leyendas jacobeas lleva el origen de la vieira como símbolo jacobeo al momento de la traslación del cuerpo del Apóstol en barco desde Jaffa a Padrón. Mientras pasa la barca apostólica ante la costa de Portugal, se celebra una boda, con un torneo de armas. Uno de los caballeros es arrastrado al mar por su desbocado corcel, de donde se salva milagrosamente y salen “o caballo, e a sella, e o peitoral, e as estribeiras, e a allamfa, e os panos... todos cheos de vieiras”. En este milagro basan sus blasones los Vieira portugueses y los Rivadeneira gallegos, que se consideran descendientes de aquel caballero justador que protagonizó el suceso, a pesar del anacronismo existente entre la traslación de la barca apostólica y los torneos a caballo.
No sólo esas estirpes lucen veneras en sus escudos. Son muchos los linajes españoles, ingleses, franceses y de otros países cuyos cuarteles exhiben conchas de vieira. Tanto en la corte de San Jaime, como en la aristocracia inglesa, existen blasones con conchas de Santiago. Por nombrar algunos ejemplos, aparecen en las armas de los Shelley, los Spencer, los Russell, etc".
"Entre los años 820 y 830 d.C., un ermitaño llamado Pelayo presenció una lluvia de estrellas que descendía sobre un campo. Al investigar, descubrió un antiguo mausoleo e informó rápidamente al obispo Teodomiro de Iria Flavia (Padrón). Tras tres días de meditación y ayuno, el obispo tuvo una revelación en la cual se le hacía saber que en el mausoleo contenía los restos del apóstol Santiago y de dos de sus discípulos. Dicha nueva fue pronto comunicada al rey Alfonso II de Asturias, quien ordenó la construcción de una pequeña iglesia alrededor de la tumba. Este acontecimiento marcó el inicio de la tradición de la tumba del apóstol Santiago, registrada en el siglo XII, y del fenómeno jacobeo, que sigue atrayendo a millones de peregrinos y visitantes a la catedral de Santiago de Compostela.
A pesar de la importancia de esta historia, poco se sabía del obispo Teodomiro, y su existencia se puso en duda hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se descubrió una lápida que marcaba su muerte en el año 847 d.C. Bajo esta lápida se encontraron restos que, en un principio, se identificaron como pertenecientes a un varón de edad avanzada. Sin embargo, un nuevo examen a mediados de los años ochenta sugirió que los restos eran de una mujer, lo que generó dudas sobre su conexión con el obispo.
Ahora, una nueva investigación interdisciplinaria ha revisado el caso utilizando técnicas avanzadas. Dirigido por Patxi Pérez Ramallo, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), y en colaboración con instituciones como el Instituto Max Planck de Geoantropología y la Universidad de Estocolmo, entre otras, este equipo internacional ha realizado un análisis exhaustivo de los restos, aportando nuevos datos sobre la identidad del individuo.
Esta reciente investigación confirmó que la tumba contenía los huesos de un solo individuo, un varón adulto de más de 45 años. La datación por radiocarbono sitúa la muestra entre 673 y 820 cal. CE, lo que concuerda con una muerte en 847 d.C. Otros análisis de isótopos estables de oxígeno sugieren que el individuo vivió cerca de la costa, coincidiendo con la ubicación de Iria Flavia. El estudio arqueogenético, realizado en la Universidad de Estocolmo, reveló que el perfil genético del individuo se desviaba ligeramente del de los europeos modernos, mostrando afinidades más estrechas con los íberos romanos, los visigodos del sur de Iberia y las poblaciones islámicas ibéricas, lo que concuerda con alguien que vivió en España hace 1.200 años. Estos resultados también coinciden con estudios anteriores que muestran patrones migratorios en respuesta a la conquista de la Península Ibérica por el Califato Omeya en el siglo VIII.
Aunque es difícil autenticar la identidad de alguien de hace 1.200 años, este estudio presenta pruebas que concuerdan con la identidad del obispo Teodomiro. Los hallazgos sugieren que estos restos podrían pertenecerle, lo que los convertiría en el personaje histórico identificado más antiguo de España y uno de los más antiguos de Europa".
"En 1955, un equipo liderado por el arqueólogo Manuel Chamoso Lamas, durante trabajos en el suelo de la catedral de Santiago de Compostela, descubrió una lápida con una inscripción que hacía referencia al obispo Teodomiro. Debajo de esta lápida, encontraron los restos fragmentarios de un individuo masculino de edad avanzada, que asumiendo que se trataba del propio Teodomiro. No obstante, décadas más tarde, esta suposición fue cuestionada cuando una revaluación osteoarqueológica concluyó que los huesos pertenecían a una mujer anciana.
Finalmente, un estudio publicado en 2024 en el que se realizaron análisis osteoarqueológicos, isotópicos y de ADN sugieren que los restos podrían pertenecer al obispo Teodomiro. La evaluación osteológica indicó que se trataba de un hombre de más de 45 años al morir, lo que coincidiría con un obispo nombrado a una edad temprana. Los análisis isotópicos de nitrógeno y carbono indicaron una dieta más humilde de lo esperado para un obispo, aunque esto podría ser explicado por las prácticas monásticas de la época o el contexto económico del siglo IX. Además, los resultados indicaron que los restos pertenecían a un individuo que residió durante sus primeros años de vida en la zona de Iria o, al menos, en la zona norte de la península. El análisis de ADN confirmó que los restos procedían de un varón resolviendo la anterior duda respecto al género de los restos y sugirieron una ascendencia, significativamente norteafricana, que podría estar vinculada a la interacción entre élites hispano-romanas y visigodas o, incluso, entre élites cristianas e islámicas después de la conquista islámica en las regiones sur/centro de la península ibérica.
Aunque los resultados de la datación por radiocarbono no coincidieron exactamente con la fecha documentada de la muerte de Teodomiro, arrojando unos resultados más tempranos, son consistentes con la posibilidad de que realmente se trate del obispo, considerando el efecto de la dieta marina del individuo en la datación.
En conjunto, las pruebas del estudio apuntan a que es muy probable que los restos óseos procedan del obispo Teodomiro, convirtiéndolo en el personaje histórico identificado más antiguo de España".
"...tras recordar que el cuerpo de Santiago fue inhumado en Galicia, se cuenta que permaneció oculto hasta la época del obispo Teodomiro de Iria Flavia, cuando un ermitaño de nombre Paio observó unas luminarias que pronto llamaron la atención de las gentes próximas y del citado prelado, que tras unos días de ayuno preparándose para la revelación, confirma que se trata del sepulcro de Santiago el Mayor. Se da aviso de lo sucedido al rey Alfonso II el Casto, que acude a ver el sepulcro y manda levantar de inmediato tres lugares para el culto. Son las iglesias de Santiago y San Juan Bautista, esta posteriormente perdida, y el monasterio de Antealtares, para los monjes custodios, cuyos derechos al respecto establece el propio monarca.
El Codex Calixtinus (s. XII) apenas menciona estos hechos, por lo que la Concordia se convierte en la fuente esencial para conocer el origen remoto de Compostela y el descubrimiento de su sepulcro hacia los años 820-830. Hay en todo caso, una mención en el Cronicón Iriense, de finales del siglo XI, pero apenas aporta detalles del hecho, salvo confirmar que tuvo lugar durante el tiempo del obispo Teodomiro y el rey Alfonso II el Casto de Asturias. Para algún autor, dado que la Concordia se conserva en un documento posterior, la del Cronicón sería la fuente más antigua".
"Se conoce con este término latino la aparición del sepulcro del apóstol Santiago el Mayor en el espacio de la actual ciudad de Compostela hacia los años 820-830. El vocablo alude al hecho milagroso de la aparición, mediante la intervención divina, o sea, a través de una revelatio. Esta forma sobrenatural de descubrimiento y conocimiento es propia de la voluntad de Dios, que llega adonde el hombre no puede alcanzar, y es aceptada por la Iglesia. Los criterios racionales pasan a un segundo plano “ante la fuerza misma de la revelación, manifestación a su vez, de la potentia y de la praesentia del mártir”, señala Fernando López Alsina.
En lo que respecta a la tradición compostelana del sepulcro de Santiago, la revelatio ha sido interpretada como el desencadenante del descubrimiento, redescubrimiento o hallazgo del sepulcro, pero siempre mediante una intervención divina que iba más allá de la comprensión humana. En este sentido, las señales de la revelatio divina dieron lugar a la inventio, el hecho material en sí del descubrimiento. Inventio procedente del latín [invención, hallazgo] y es el término oficioso utilizado por la Iglesia para referirse a este acontecimiento.
Hay que matizar que lo sucedido en Compostela no fue un hecho aislado, aunque sí más exitoso. Ya desde el siglo IV formaba parte de las tradiciones de la cristiandad occidental que los mártires evidenciasen su protección a un pueblo o comunidad revelando en algún momento especialmente oportuno su lugar de enterramiento.
El hallazgo del sepulcro de Santiago -en este primer momento habría que hablar todavía de sepulcro y cuerpo, más que de reliquias y arca- se presenta como una revelación milagrosa, precedida por distintas señales sobrenaturales de aviso. ¿Cuáles fueron? Hay que fijarse en dos textos muy distintos para resolver la cuestión.
El primero es la narración que de la revelatio hace la Concordia de Antealtares (1077), un documento compostelano donde se describe como un ermitaño llamado Paio observa unas extrañas e inusuales luminarias en un cementerio próximo abandonado. Da aviso al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, y este, tras unos días de ayuno y preparación espiritual, recibe la revelación divina de unos ángeles: el lugar marcado por las luminarias es nada más y nada menos que el punto donde se encuentra el sepulcro de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles de Cristo.
El segundo texto es del siglo XII y aparece en el Codex Calixtinus de la catedral compostelana. Se trata de la Historia de Turpín (libro IV), que se abre con la conocida aparición de Santiago al emperador Carlomagno (742-814) para que acuda al extremo occidental de España a liberar su ignorado sepulcro y abrir un camino hacia él. Carlomagno, por supuesto, acepta el mandato divino. Con anterioridad a este hecho había observado unas extrañas y hermosas estrellas en el cielo que se dirigían hacia Galicia. Había sido la preparación para la revelación recibida. El relato, fantástico de principio a fin, supone la segunda forma de revelatio utilizada por la Iglesia compostelana.
Desde siglos atrás, a este conocido texto se le da valor literario pero no es aceptado como parte de la tradición compostelana, que sigue en lo fundamental la narración de la Concordia de Antealtares. La revelación a Carlomagno chocaba de lleno con la lógica histórica más elemental de los acontecimientos que siguieron a continuación, pero tuvo gran éxito en Europa y ayudó a la difusión de las peregrinaciones.
Aunque la revelación divina no se atiene habitualmente a razones humanas, es probable que Teodomiro la interpretase en relación con un culto al apóstol Santiago ya existente y cuyo origen desconocemos. La celebración exclusiva de su festividad desde el siglo VIII en el noroeste hispano, frente al resto de la península, o el himno asturiano O Dei Verbum (784-785), donde se le cita ya como patrón de Hispania, así lo darían a entender. La inspiración para estas acciones previas a la revelación la habría proporcionado el Breviario de los Apóstoles, difundido texto latino de los siglos VI y VII en el cual se afirmaba que Santiago había predicado en las tierras occidentales del mundo conocido. Galicia era su parte más extrema.
Nos encontramos, por tanto, ante un culto con un origen que no podemos precisar, pero que debería tener una cierta presencia, porque si no la fuerza de la revelatio hubiese quedado diluida por el desconocimiento de su mensaje. Solo siguiendo por este camino se podría entender la sorprendente decisión de Teodomiro y la todavía más sorprendente del rey Alfonso II el Casto de aceptar el hecho de inmediato, concediendo las primeras donaciones y privilegios y mandando levantar la primera iglesia del Apóstol".
"Es la palabra utilizada con más frecuencia para referirse a los hechos que llevaron al descubrimiento del sepulcro de Santiago el Mayor en Galicia en el 820-830. No es un acontecimiento que conozcamos a través de datos y fuentes históricas, sino a partir de una narratio, narración literaria basada en la tradición. En sentido estricto, no resulta adecuado utilizar la expresión ‘invención’, ya que a esta habría que darle el significado actual, que en sus acepciones más habituales se separa por completo del sentido medieval de una inventio, acontecimiento basado en una revelación [revelatio] divina previa, que lleva al hallazgo de un cuerpo santo o de parte de sus reliquias en un determinado lugar, existiese o no cierta tradición al respecto.
En el caso compostelano los elegidos por la providencia como receptores de la revelatio son el ermitaño Paio, que observa unas luminarias inusuales en un viejo cementerio, y el obispo de la cercana Iria Flavia, Teodomiro, a quien, tras tres días de ayuno y meditación, unos ángeles le revelan que en el lugar se encuentra el sepulcro del apóstol Santiago el Mayor. En ese momento la revelatio da paso de inmediato a la inventio: Teodomiro, acompañado de fieles que van a certificar el hecho, visita el lugar y reconoce el sepulcro apostólico en un edículo de piedras y mármol. Ya sólo falta obtener el beneplácito del rey para que la inventio se consume. Por supuesto, el monarca Alfonso II de Asturias, confirma el hallazgo. Termina aquí la inventio y comienza la historia: el nuevo santuario recibe las primeras ayudas reales y comienza a desarrollarse con notable rapidez.
La principal y más antigua fuente de la inventio es la breve narratio incluida en la Concordia de Antealtares (1077), basada casi con toda seguridad en antiguas tradiciones compostelanas donde se narrarían los acontecimientos como aquí los hemos descrito. También aparece en el Chronicon Iriense y en la Historia Compostelana, manuscritos santiagueses de principios del siglo XII, y en otros textos posteriores. Antes de estas narraciones hay referencias al sepulcro, ya desde el mismo siglo IX, pero en ninguna de ellas se explican los hechos".
"Más de algún autor se ha preguntado si en vez de confirmarse el sepulcro mediante la narración descrita -inventio- pudo tratarse en realidad de un hallazgo propiamente dicho. Nunca lo sabremos. Desconocemos las causas que llevaron al descubrimiento de Teodomiro, pero este es sin duda un personaje confirmado históricamente en el pasado siglo XX con la aparición de su lauda sepulcral, que demuestra que se hizo enterrar ya en el naciente santuario.
Respecto a la controvertida fecha de la inventio, que no se recoge en ningún caso en la Concordia y que hay que extraer del contexto, se hizo coincidir durante mucho tiempo con el año 813. Las investigaciones realizadas en el siglo XX demuestran de forma contundente que no fue así. En esa fecha había otro arzobispo en Santiago, Quendulfo II, que gobernó posiblemente hasta el 819, entre otras pruebas de peso. Todo indica que se eligio el año 813 para que el descubrimiento coincidiese con la vida del emperador Carlomagno, a quien el Codex Calixtinus [libro IV] sitúa, en un relato tomado como fantástico de principio a fin, viniendo a España para hacer efectivo el descubrimiento de la tumba apóstólica. Carlomagno muere en el 814.
La eficacia de la revelatio y la inventio para justificar y dar sentido a la presencia del sepulcro de un apóstol judío en un tan apartado rincón de Occidente no iba a ser tanta a la hora de analizar el hecho con criterios de lógica histórica. Por eso ya en el siglo IX, poco después del descubrimiento, habría surgido una narratio para resolverlo en lo posible, la Epístola del papa León: crea una translatio [traslación], un viaje sagrado, en el que los restos de Santiago marchan por mar de Palestina, lugar de su martirio, a Galicia, donde tras una serie de peripecias reciben sepultura [depositio]".
HOC IN HONORE DEITEMPVM IACOBI ZEBEDEIQVARTVS PETRVS EIQVINTO DICO LVCE DIEI(Yo, Pedro IV, dedico a honra de Dios este templo de Santiago el Zebedeo, cuando brilla la luz del día quinto)
Y ya al final de nuestro recorrido por el brazo sur del crucero llegamos al sepulcro, con arcosolio y columnas, del arzobispo Juan Bautista Beltrán de Guevara, consejero de los reyes Felipe II y Felipe III, nombrado arzobispo de Santiago en enero de1615 tras haberlo sido de Salerno y de Badajoz
Hechas en granito policromado, fueron restauradas en 2025, cuando se descubrieron hasta cinco capas de policromía en esta de Salomé y hasta diez en la otra, que representa a Santiago Alfeo y que veremos al otro extremo, tras nuestro recorrido por la girola
Ambas son de época diferente, la se Santiago Alfeo se data en 1497 y esta en 1527. Se representa a la santa vestida a la manera de matrona hebraica, con túnica ceñida por un cíngulo o especie de cordón-cinturón, cubierta por manto y su cabeza con toca y velo. Una cartela en su mano derecha muestra su nombre mientras en la izquierda enseña un libro abierto
Por la girola o deambulatorio, pasillo semicircular situado tras la cabecera, fue donde comenzó la obra de la nueva catedral románica en 1975 con el obispo Diego Pelaéz y los maestros Bernardo El Viejo y su ayudante Galperinus Robertus, según datos del Codex Calixtinus, quienes tal vez fuesen de origen franconormando. De sus cinco capillas originales se conservan las tres centrales (las demás se construyeron posteriormente), dedicadas al Salvador, San Juan y San Pedro, que seguirían las advocaciones de los primeros altares del primer santuario
Enemistado con el rey Alfonso VI, antiguo aliado y patrocinador del nuevo templo, por motivos no del todo claros, aunque se apunta a que por su apoyo al rey García de Galicia (hermano y contrario a Alfonso VI), el obispo Diego Peláez fue detenido y encarcelado, atado con grillos y cadenas siendo depuesto en el Concilio de Husillos (Palencia) en 1088, entregando el anillo obispal y el báculo pastoral:
"El rey Alfonso exigió la inmediata elección y consagración de un nuevo obispo. Allí mismo eligieron a Pedro, abad del monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), para hacerse cargo de la diócesis. El arzobispo de Toledo, Bernardo, dio cuenta al papa Urbano II, quien declaró nulo de pleno derecho lo acontecido en Husillos y ordenó al monarca poner en libertad a Diego para restituirlo a su dignidad episcopal. Alfonso intentó posponer la orden, pero en el Concilio de León celebrado en 1090 declararon nula la elección de Pedro de Cardeña y lo desposeyeron de la mitra compostelana. Urbano II declaró vacante la sede en 1094. La consecuencia inmediata fue la interrupción de las obras de la catedral".
"Los grandes logros del ambicioso pontificado de Gelmírez fueron la elevación de Compostela al rango de arzobispado (1120) y la finalización de las obras de la catedral románica, lo que dotó de una gran autoridad e influencia a la Iglesia compostelana, sobre todo ante el Papado, que nunca volvería a repetirse.
Era hijo de Gelmirio, un caballero cuya nobleza la había adquirido al servicio de la Iglesia de Compostela. El obispo de Iria Flavia, por aquel entonces Diego Peláez (1070-1094), había nombrado a Gelmiro gobernador de las tierras de Iria, Amaía y Posmarcos, en las que se encontraba el Castelum Honestum (actuales Torres de Oeste). Por este motivo algunos estudiosos han supuesto que Gelmírez habría nacido en esta fortaleza, situada en la actual Catoira (provincia de Pontevedra), aunque también es posible que, atendiendo a las numerosas propiedades que tenía su padre en Santiago de Compostela, naciese en esta ciudad entre 1067 y 1070. El joven Gelmírez aparece en la escena compostelana a finales de la década de 1070, en la época de inicio de la catedral románica, siendo obispo Diego Peláez, y rey de Castilla y León, Alfonso VI. En las aulas episcopales compostelanas se formó en gramática, lógica y música, y amplió sus horizontes en la corte de Toledo. Desde muy joven, Diego Gelmírez se vinculó a la Iglesia y entró a formar parte del clero en tiempos del obispo Diego Peláez.
En el año 1090, llegan a Santiago como condes de Galicia Raimundo de Borgoña y Doña Urraca, designados por Alfonso VI como parte del proyecto de otorgarle cierta autonomía al Reino de Galicia. Los condes lo eligieron como secretario y canciller, a pesar de contar apenas con veinte años de edad y en 1093 lo nombraron administrador eclesiástico de la diócesis.
En 1095 el papa Urbano II concede la bula Veterum Synodalium, un documento con carácter fundacional, por el cual el papa acepta la apostolicidad de la sede jacobea, por ser el lugar donde reposa el cuerpo de Santiago, al tiempo que ordena que la cátedra episcopal de Iria Flavia se traslade para siempre a Compostela. Además, Urbano II declara a los prelados de Santiago independientes de cualquier metropolitano, quedando sólo bajo la autoridad de Roma, por lo que el obispo compostelano será consagrado por el papa. Se trata, en definitiva, del final oficial de la antigua Diócesis de Iria Flavia y de la confirmación de Santiago de Compostela como nueva sede apostólica de Occidente.
A la muerte de Dalmacio (primer obispo exclusivo de Santiago) en 1095, se le encomienda a Gelmírez la administración de la Iglesia compostelana, puesto que ocupa hasta el año 1100. También por influjo de Doña Urraca y Raimundo de Borgoña, además de por el apoyo con el que contaba entre la Orden de Cluny, fue nombrado obispo de la sede compostelana en 1100. Su ascenso en los estratos de poder culminará en 1120, al ser designado arzobispo y legado pontificio..."
"Bajo el suelo de la catedral de Santiago de Compostela se esconde y protege uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Galicia, y posiblemente de España. Allí, ajeno al ajetreo de las masas de peregrinos y visitantes, descansan los restos de los primeros habitantes de la ciudad que acudieron a vivir entorno a la tumba del apóstol Santiago tras su descubrimiento a mediados del siglo IX por el obispo de Iria Flavia, Teodomiro. En la segunda mitad del siglo XX, aprovechando la necesidad de cambiar el pavimento de la catedral, se realizaron unas excavaciones arqueológicas que pusieron al descubierto los restos los primeros edificios de la ciudad, de su primera muralla, restos arqueológicos de ocupaciones pasadas de época romana, además de una extensa necrópolis de entre los siglos IX-XII. Buscando encontrar el final del lugar, los arqueólogos destruyeron varias de estas tumbas centenarias e incluso milenarias. Sin embargo, una vez llegado a lo que creyeron la parte más antigua, los arqueólogos dejaron un buen número de tumbas con sus individuos en posición primaria, quiere decir, en la misma posición en la que fueron encontrados, e incluso algunos, en cómo fueron enterrados hace cientos de años. Estas tumbas se encuentran entre los restos de antiguas edificaciones que correspondían a las primeras casas o albergues de peregrinos medievales. Desde entonces, las investigaciones en la necrópolis dejaron de desarrollarse hasta la segunda década del siglo XXI.
"En los años 2015 y 2017, un grupo de investigadores dirigidos por el Dr. Patxi Pérez Ramallo y en colaboración con la Fundación de la Catedral de Santiago, decidieron volver a estudiar el lugar, excavar algunas de estas tumbas todavía conservadas, y aplicar las nuevas técnicas científicas con las que saber más sobre estas personas que fueron los primeros habitantes de Santiago de Compostela, la primera ciudad medieval gallega. Con cuidado y con respeto, los investigadores fueron analizando uno a uno los restos de los individuos allí enterrados. Por medio de técnicas como la antropología física, crearon un perfil de cada persona: su edad al morir, su sexo, su estatura, algunos traumas, además de comprobar si habían padecido alguna enfermedad. Una vez rematada esa fase, fueron tomadas dos muestras pequeñas de cada uno de los individuos investigados, un diente y trozo de costilla, dejando sus restos en el mismo lugar en el que fueron enterrados.
Los investigadores se plantearon desentrañar aspectos como su estatus social (¿eran ricos? ¿pobres?); pero, sobre todo, buscaban inmigrantes: peregrinos atraídos por las reliquias del apóstol que deciden asentarse para siempre entorno al lugar santo. Personas del Reino medieval de Asturias y otros reinos cristianos peninsulares, Al-Andalus, e incluso de más allá de los Pirineos. Personas deseosas de disfrutar las oportunidades que esta primera ciudad medieval gallega, que pronto sería rival de Roma y Jerusalén, podría brindarles. Sabían que ir a Santiago podría convertirles de siervos a libres, de campesinos a burgueses, de pobres a ricos. Los investigadores se propusieron descubrir algún inmigrante o peregrino, además de ver si el ir a Santiago de Compostela supuso realmente una mejora en su estatus, en su calidad de vida. Por medio de técnicas biomoleculares avanzadas, tales como los isótopos estables, se pudo reconstruir la dieta de estas personas y contemplar cómo ésta cambiaba con el paso de los años. Además, a través de un poco de esmalte de los dientes, pudieron obtener información sobre el lugar de procedencia, y de ser foráneo, cuándo se habría instalado a vivir en Santiago de Compostela.
Los resultados obtenidos sorprendieron al demostrar que durante estos tres primeros siglos de la ciudad de Santiago (IX-XII), más del 50% de las personas allí enterradas eran de fuera. Un primer grupo relativo a las primeras décadas tras el descubrimiento del sepulcro del Apóstol, venían de zonas bajo el control del Califato. Posiblemente de ciudades como Mérida o Toledo, las cuales llegaron a sublevarse contra sus nuevos gobernantes, encontraron refugio en el Reino de Asturias, y específicamente, en la ciudad del apóstol Santiago. Por otro lado, a medida que la fama del lugar fue atravesando las fronteras más allá de los pirineos, a partir del siglo XI, parece que muchos de estos individuos venían de los otros reinos peninsulares, además de Francia o Italia. Aunque no menos importante, algunas de estas personas, también provenían de zonas más próximas a Santiago de Compostela además del mismo Reino de Asturias, todas ellas deseosas de habitar una ciudad que les permitiese mejorar en su calidad de vida. Estos cambios sociales y económicos han podido ser observados a través de la dieta.
Las investigaciones han demostrado que Santiago de Compostela, desde muy pronto, ya era y se vivía como una ciudad: artesanos, comerciantes y otras profesiones imitaban en sus gustos a la clase social privilegiada del momento. No obstante, a pesar de una mejora en la calidad de vida al ser comparado con poblaciones rurales, también existía una jerarquía social muy clara. Los investigadores descubrieron que, en las zonas más próximas a las entradas a la anterior basílica que aún se conservan restos bajo el actual suelo catedralicio, los individuos con privilegios económicos o religiosos como los obispos, eran enterrados en las zonas más cercanas a la tumba del apóstol ya que creían que cuánto más cerca de las reliquias descansasen sus restos, más probable era la intervención del apóstol Santiago en su favor tras su muerte para poder salvar su alma en la vida eterna. Pese a lo que pudiera parecer sin un mejor conocimiento del caso, las investigaciones parecen indicar que el género no fue una causa de diferenciación a la hora de enterrar a las personas en este lugar. Las dataciones de radiocarbono han demostrado que todos los individuos allí enterrados eran de entre los siglos IX-XII, quiere decir que nunca hubo una ocupación sueva o visigoda del lugar. Tras el abandono del lugar en época romana, los primeros habitantes construyeron sus casas y fueron enterrados entre los restos romanos, reutilizando estos materiales los primeros habitantes en la fabricación de las tumbas, además en la tierra empleada para sepultar a sus seres queridos.
Este proyecto de investigación ha sido posible por una colaboración de expertos e instituciones internacionales, atraídas por el valor histórico y arqueológico del lugar. Prestigiosas instituciones como el Instituto Max Planck de Alemania, la Universidad de Oxford, la Universidad Complutense de Madrid, o la Universidad de Estocolmo, han permitido realizar una primera aproximación a este lugar único dentro del panorama arqueológico español e incluso europeo, estudiando por primera vez el surgimiento de una ciudad entorno a uno de los lugares de peregrinación más importantes del cristianismo medieval, y hoy en día del catolicismo. A pesar de estos grandes avances, aún quedan muchas preguntas por resolver entorno a estos primeros habitantes que con nuevas tecnologías y con futuros trabajos, seguramente podamos seguir descubriendo".
Y aquí está la entrada a la cripta (a la izquierda y en primer término) y, al fondo, la escalinata a través de una puerta lateral da paso para acercarse a las espaldas de la imagen de Santiago y cumplir el ritual tradicional y emotivo abrazo al Apóstol, del que se sabe desde al menos la consagración de 1211 y que apenas parece haber sufrido más alteraciones que las propias motivadas por los cambios constructivos en su entorno. Simboliza para muchos el final de la peregrinación, si bien no es necesario para ganar el Jubileo
"El más emocionante y antiguo de los actuales ritos jacobeos en Santiago de Compostela es el llamado abrazo al Apóstol. Se constata desde el siglo XIII, tras el remate de las obras de la catedral (1211). Su destinatario es la estatua románica de Santiago situada en el espacio conocido como el camarín del Apóstol, que se eleva en la parte posterior del Altar Mayor de la basílica desde el XVIII, justo sobre la cripta que contiene la urna de las reliquias de Santiago. Esta imagen sedente, conocida popularmente como el Santiago del abrazo y atribuida a alumnos del taller del maestro Mateo, mira a vista de pájaro hacia la grandiosidad de la nave central de la basílica, como el propio peregrino, que la abraza por la espalda, como por sorpresa, cruzando su cabeza a ambos lados de la imagen. Por unos segundos el recién llegado comparte con el Apóstol una visión de panorámico dominio, casi mágica.
Es un rito surgido del afán popular por sentir la cercanía física de Santiago tras el esfuerzo de la peregrinación. No es necesario para ganar el jubileo. Sólo compiten con él la imposición de manos en la columna del parteluz del Pórtico de la Gloria -suspendido en 2007 para proteger de su acelerado deterioro este conjunto único- y el ritual de paso por la Puerta Santa -sólo realizable durante los años jubilares- ambos también en la catedral. Pero ninguno de los dos tiene la antigüedad y, sobre todo, la fuerza emotiva del abrazo.
Para los peregrinos con motivaciones religiosas simboliza la acogida amable -se intuye en la imagen de Santiago una leve sonrisa- comprensiva e íntima, a pesar de su carácter escénico, hecha desde el lugar más privilegiado del templo, sobre el sepulcro del santo y con el Altar Mayor y la nave central abriéndose a sus pies. Es un momento de triunfo, un instante de secreto gozo y de esperanza para cualquier peregrino o peregrina, sea o no creyente.
Para muchas personas es la ocasión idónea para musitar -casi siempre con rapidez, porque lo normal es que alguien esté ya esperando su vez justo detrás- alguna súplica o deseo. Para otras, son unos segundos de una inusual emoción. Sea como sea, es difícil no sentir la indefinible fuerza del abrazo, ya sea por el propio lugar, por la intensidad simbólica de la llegada, reconcentrada en ese instante, o por ambas cosas".
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| Foto: Faro de Vigo |
"El actual camarín, que facilitó el abrazo a la imagen por su espalda, es una obra barroca de principios del siglo XVIII, cuando se decidió dotar de mayor teatralidad y boato el entorno de la estatua, previsiblemente colocada en este espacio coincidiendo con la consagración de la catedral en el año 1211, a la conclusión de toda su fábrica románica. La posibilidad de acceder a esta imagen la convirtió desde el primer momento en destinataria propicia de la expresión material del cariño y la alegría de los peregrinos, que desde el siglo XII no podían llegar al espacio original del sepulcro, soterrado bajo el Altar Mayor de la catedral.
La reforma barroca del camarín alcanzó también a la estatua de Santiago, que se vistió con los lujosos aderezos con los que hoy la podemos contemplar y que para algunos desvirtúan la imagen original, cubriéndola con una especie de innecesario disfraz. Destacan en ella los símbolos peregrinos de la esclavina, renovada en 2004, su viejo bordón de plata y la cartela que porta en la mano -“Aquí está el cuerpo de Santiago Apóstol”, se lee en latín-. La única reforma posterior de este espacio tan popular se produjo en los años ochenta del siglo XIX cuando, debido a la apertura al público de la antigua cripta sepulcral de Santiago para exponer allí sus reliquias, fue necesario adaptar la escalera de acceso.
Subiendo por el camarín hacia la estatua de Santiago y girando la vista a la derecha se contempla el espacio vacío del antiguo altar medieval de la Magdalena. Allí puede apreciarse un pequeño rectángulo en el suelo. Está delimitado por una reja con una tapa de cristal transparente bajo la que se observa, con alguna dificultad, una ruda y pequeña loseta de granito. Es el punto donde en 1879 se descubrieron los que fueron considerados los restos óseos de Santiago, conservados actualmente en la urna de plata de la cripta. Posiblemente llevaban allí ocultos aquellos huesos desde 1589, debido al miedo a que fuesen robados por el famoso corsario inglés Francis Drake, que amenazaba las costas gallegas hacia finales del siglo XVI. Es otro motivo para dar el abrazo al Apóstol. Todos los misterios y preguntas se concentran en torno al pequeño y apretado mirador que lleva hasta él".
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| Foto: Faro de Vigo |
"El rito del abrazo no varió desde el siglo XIII, pero sí algunos de sus elementos. Hoy, en contra de lo que sucedía en la Edad Media y en épocas posteriores, no es ya costumbre murmurar a la imagen, como hacían muchos peregrinos franceses: Ami Saint Jacques, recommande-moi a Dieu -Amigo Santiago, recomiéndame a Dios- convencidos de que tanto esfuerzo para llegar hasta allí bien merecía ese favor. Esta petición también la realizaban otros peregrinos, quizá por influencia francesa.
Desapareció también la costumbre de la coronatio peregrinorum, de origen medieval y propia sobre todo de los peregrinos alemanes. En un gesto de satisfacción, de orgullo por ser capaces de llegar hasta allí y de búsqueda de la protección de Santiago, colocaban durante un breve instante en sus cabezas la corona que adornaba la estatua apostólica desde sus inicios.
Esta corona, que algún estudioso como Alejandro Barral estima que podría proceder del tesoro regalado por el rey leonés Ordoño II (s. X) a la catedral compostelana, fue restaurada en 1519, desgastada por tanto uso. Pudo ser retirada, perdiéndose su pista, cuando se dotó a la imagen con el actual revestimiento barroco, a principios del siglo XVIII. En ese momento, tras el éxito de la Reforma protestante, la peregrinación alemana había perdido definitivamente el gran protagonismo de otros tiempos.
Hubo otras costumbres chocantes, entendibles en el contexto de la dureza y fe casi extrema con la que realizaban la peregrinación muchos europeos. Destacamos la citada en los textos del viaje en 1669 del italiano Cosme III de Medicis, duque de la Toscana. Se afirma en ellos que muchos peregrinos, no conformes con dar hasta diez o quince abrazos a la imagen del Apóstol, colocaban sobre su esclavina de plata sus propias y sufridas esclavinas, y en su cabeza, el sombrero que llevaban, lo que indica que ya entonces la costumbre de la coronatio podía haber desaparecido.
Confirma lo anterior otro peregrino italiano, Nicola Albani (1743). Asegura que se formaban largas filas de peregrinos para subir por las estrechas escaleras hasta la mítica figura y que el abrazo era un privilegio exclusivo de los peregrinos".
"La esclavina actual fue colocada en mayo de 2004 para hacerla coincidir con el primer año santo compostelano del tercer milenio. Obra del artista compostelano Fernando Mayer, pesa casi cuarenta kilos, está realizada en plata y es mucho más maciza que la de 1704, para que resista mejor los continuos abrazos que todos los días recibe de peregrinos y devotos de las más diversas procedencias. En lo demás, son casi idénticas. Se le incorporaron varias decenas de piedras semipreciosas engastadas con un refuerzo especial para evitar su hurto por los visitantes amantes en exceso de los recuerdos piadosos.
Como curiosidad histórica quedó la esclavina de oro que en la segunda mitad del siglo XVIII le regaló al Apóstol el rico arzobispo compostelano Bartolomé Rajoy. Las crónicas dicen que contaba con cuatrocientas piedras preciosas. Desapareció para siempre a principios del siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia, contienda a cuyos efectos se han atribuido -con razón o sin ella- otras desgracias sufridas por el patrimonio jacobeo compostelano."
"Ritual que simboliza la coronación del peregrino por el apóstol Santiago al haber realizado la peregrinación hasta su sepulcro. Es de origen alemán y tuvo su principal desarrollo en la Edad Media y en el siglo XVI. Sus grandes protagonistas fueron los peregrinos de habla germana, entre los que este rito tuvo un fuerte impacto, como lo evidencian las numerosas representaciones que se conservan.
El centro de celebración del rito fue el santuario compostelano. El acto simbólico consistía en la autocolocación sobre la cabeza por cada uno de los peregrinos de una corona unida a la estatua sedente del apóstol Santiago situada en el altar mayor. La mantenían durante un momento sobre la cabeza y volvían a depositarla en la escultura. El alemán Robert Plötz, gran estudioso de esta singular costumbre, considera que se habría iniciado con un príncipe de su país que, tras ser destronado, peregrinó a Compostela y se coronó simbólicamente delante del Apóstol. Su gesto fue imitado por otros peregrinos germanos
Se ha relacionado, en todo caso, con la parte de la Epístola de Santiago, atribuida a Santiago el Justo (s. I), en la que se considera bienanventurado “el hombre que perservera, porque tras resistir la prueba recibirá la corona de vida prometida por Dios a los que aman”. También se vincula este rito con la legendaria Historia de Turpín (s. XII), en la que el apóstol Santiago le promete al emperador franco-alemán Carlomagno que pedirá a Dios una corona celeste para él por el esfuerzo de liberar su sepulcro y abrir un camino hasta los confines de occidente. Se cree que este ritual pudo durar hasta principios del siglo XVIII, cuando sucumbe a las nuevas obras del altar mayor, que cambiaron por completo la imagen de la estatua de Santiago. En ese momento el número de peregrinos alemanes se había reducido casi por completo. De la famosa corona, que todavía aparece en un inventario de la catedral a mediados del siglo XVII, nunca más se supo. Algún peregrino, como el germano Arnold von Harff (1499), observó el ritual en la catedral compostelana y lo cita al revés, es decir, en su relato es el peregrino el que toma la corona en su mano y la coloca sobre la cabeza de Santiago.
La totalidad de las representaciones iconográficas que se conservan de este ritual están en el área lingüística alemana, señala Robert Plötz. Son unas treinta repartidas por el país y en ellas la escena habitual es la siguiente: el apóstol Santiago sostiene sobre sus manos sendas coronas sobre las cabezas de los peregrinos arrodillados a sus pies. Plötz define este tipo representativo como Santiago coronatio peregrinorum.
La representación más antigua es un relieve de piedra negra de la catedral de Friburgo. Se estima que procede de finales del siglo XII, por lo que el ritual de la coronatio podría ser anterior a la propia colocación de la estatua sedente de Santiago en el altar mayor de la catedral compostelana, que se habría producido a principios del siglo XIII. Robert Plötz señala que las representaciones alemanas se prolongan hasta el siglo XVIII.
Sea como sea estamos ante el que es el último rito de contacto directo tocando físicamente elementos de la tradición jacobea al haberse suprimido los del Pórtico de la Gloria, de los que hablamos en la entrada de blog a él dedicado:
"Con el renacer de las peregrinaciones a pie por el Camino de Santiago el rito del abrazo, suavizado en sus formas en relación con los viejos tiempos, ha recuperado su esplendor. Si es año santo, muchos peregrinos entran por la Puerta Santa de la catedral y se dirigen a la casi contigua escalera del camarín para realizarlo antes de nada. En los meses de verano y, sobre todo, durante gran parte de los días de los años jubilares, las colas en el acceso a las escaleras son continuas. Actualmente este rito está abierto a todo el mundo.
El Santiago del abrazo sigue siendo el depositario de infinidad de súplicas y deseos, casi siempre secretos, casi siempre soñados. Para el ex-canónigo compostelano Jesús Precedo, representa “la gratitud por la paz encontrada, que viene a ser como la vuelta a la casa del Padre tras las penitencias”. Para otros, como el gran poeta colombiano Álvaro Mutis escribe en el poema Nocturno en Compostela, supone la llegada a un viejo destino: “Aquí estoy, Boanerges, sólo para decirte / que he vivido en espera de este instante / y que todo está ya en orden”.
Para alguno es un momento idóneo para hacer alguna más o menos discreta y acertada gracia. Para un amplio grupo -signo de los tiempos- es un elemento más del consumo turístico kleenex -buscarlo, usarlo y olvidarlo-. Hay de todo, por supuesto".
Tras el Abrazo al Apóstol, bajamos a la cripta. En 1879 se produce un acontecimiento excepcional, se redescubren los restos atribuidos a Santiago tras ser ocultos durante la amenaza de Drake a finales del siglo XVI: es el llamado Redescubrimiento. El hallazgo se debe al tesón y la voluntad del cardenal Miguel Payá y Rico, quien llega a Santiago en 1875 y se plantea como primer objetivo localizar las reliquias que dieron origen a la ciudad y a la epopeya de las peregrinaciones a este lugar
Se encarga pues un estudio científico en el que participan Antonio Casares, rector de la Universidad y catedrático de la Facultad de Farmacia de la Universidade de Santiago de Compostela, Francisco Freire Barreiro, catedrático de Medicina, y Timoteo Sánchez Freire, catedrático de Cirugía. El resultado, basado en tres preguntas, refleja que los huesos, que estaban muy deteriorados, tenían siglos de existencia, aunque no se descarta que fuesen de Santiago y sus discípulos. De esta manera, tras unos años de estudios en 1883 se proclama el Decreto Arzobispal de confirmación del hallazgo...
El siguiente paso es que el papa León XIII nombre una comisión extraordinaria de la Congregación de ritos para que manifieste su parecer, siendo su veredicto que las pruebas eran insuficientes, encargándose a uno de sus miembros, el cardenal Agostino Caprara, una investigación. Para ello estudiará con un forense una reliquia del santo que Xelmírez regaló al obispo Atón de Pistoia, en Italia, la única reconocida como de Santiago fuera de Italia, determinándose que es un hueso del cráneo seccionado atribuible a decapitación. Pasa luego por Madrid para reunirse con expertos del informe histórico y seguidamente en Compostela examina los huesos, descubriendo que falta exactamente una porción en los mismos que correspondería a la reliquia de Pistoia
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| Santiago El Mayor, cuadro de Guido Reni |
Y esta es la Urna de Santiago, hecha para guardar los restos del Apóstol y de sus discípulos Atanasio y Teodoro tras ser redescubiertas en el subsuelo de la catedral en enero de 1879 y ubicada donde estuvo anteriormente su sepulcro, siendo el impulsor de la obra el canónigo Antonio López Ferreiro, siendo sus artífices los artistas José Losada (el dibujante) y Ricardo Martínez y fue colocada aquí en el Año Santo Compostelano de 1886. Está dentro divida en tres compartimentos y afuera evoca el retablo de plata que hubo en el altar mayor entre los siglos XII y XVII con la imagen central de Maiestas Domini rodeado por el tetramorfos y los apóstoles a los lados
"La Cripta Apostólica de la Catedral de Santiago combina elementos arquitectónicos de diferentes épocas, desde la antigüedad romana hasta intervenciones modernas.
Originalmente, era un mausoleo romano de planta rectangular con dos niveles: una cámara inferior abovedada para el sepulcro y un espacio superior tipo oratorio. La bóveda de la cripta es uno de los elementos que destacan por su diseño robusto, propio de la ingeniería romana, y su adaptación posterior como espacio de veneración cristiana.
Las modificaciones realizadas a lo largo de los siglos, especialmente en el siglo XIX, han configurado un espacio íntimo, accesible mediante dos escalerillas que conectan con la girola, facilitando el flujo de peregrinos
La cripta está cargada de simbolismo cristiano. La urna de plata que alberga los restos del Apóstol Santiago, Atanasio y Teodoro es una obra maestra de la orfebrería, diseñada por José Losada y decorada con veneras, un crismón central y motivos que evocan la tradición jacobea.
El diseño frontal de la urna está inspirado en el desaparecido altar románico de Gelmírez, con un Cristo bendiciendo en una mandorla rodeado de los apóstoles. Encima del relicario, una estrella de plata simboliza el milagro del descubrimiento del sepulcro. Otro elemento destacado es el altar paleocristiano de mármol blanco, decorado con pavos reales bebiendo de la copa de la inmortalidad, un motivo que representa la vida eterna prometida a los fieles".
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| Juan Pablo II orando en la cripta. Foto Xacopedia |
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| Escultura de San Pedro de Mezono en el monasterio de San Martiño Pinario |
Más tardaron la sede romana y los papas, reacios a nada que dispute su preeminencia a la sede vaticana, no aceptando bien que Santiago fuese evangelizador de la Península y que en el año 44 llegase en barco a Galicia. Para compensar, se mantuvo más abierta a reconocer que en Compostela sí estaba su tumba y así lo aceptó Urbano II, aunque el debate volvería a abrirse en el siglo XVI y en algún momento más. León XIII afirmó la autenticidad de los restos en 1884 y Juan Pablo II será peregrino a Compostela en 1982 y 1989. En el 2006 Benedicto XVI promovería las peregrinaciones, reconocería la tradición de Compostela y anunciaría su visita en el Año Santo Compostelano de 2010
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| San Sulpicio Severo |
Luego de infructuosos intentos de mediación y de cartas de acusación mutua se consigue que el emperador Graciano El Joven, ya enfrentado con los arrianos, excomulgue y destierre de sus sedes obispales a Prisciliano y sus seguidores. Por causa del mandato imperial Prisciliano no logra ser recibido por el papa Dámaso, el obispo de Roma, a donde había ido a defenderse, si bien en Milán, dentro de las convulsiones de la última época del Imperio, logra anular la orden del emperador. Regresa a Hispania, se reafirma ante sus fieles y consigue que el procónsul Volvencio ordene la detención de su enemigo el obispo Itaciom que huye a Tréveris acogido por el prelado antipriscilianista Britto. Es entonces cuando Magno Clemente Máximo, gobernador de Britania, se subleva con su ejército y mata a Graciano en Lugdunum (Lyon), un suceso que no gustará a Teodosio, por lo que Magno Clemente se buscará aliados en la iglesia católica, afectada entonces por multitud de disidentes. Dentro de un plan premeditado se convoca Concilio en Burdeos al que van Prisciliano y alguno de los suyos pero, aunque se condena sus ideas como heréticas, lo único que se consigue es que Instancio sea depuesto de su sede
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| San Martín de Tours |
Por aquel entonces la herejía no se contemplaba como una pena tan importante como lo sería después por lo que la trampa era otra. La trampa vino cuando Prisciliano y algunos de sus discípulos fueron a Tréveris, capital de Máximo, a solicitarle ayuda tras la muerte de una de sus seguidoras, Urbica, linchada por una turba. Allí es acusado por sus enemigos de brujería, confesando bajo tortura, y decapitado junto con sus fieles Felicísimo, Armenio, Eucrocia la viuda de Delphidius, Latroniano, Aurelio y Asarino, en unas circunstancias que realmente recuerdan a las de Santiago y los suyos. Se trata de los primeros herejes ajusticiados por una jurisdicción civil, lo que causa estupor y condena por la mayor parte de los obispos católicos de occidente, incluyendo a Martín de Tours y el papa Siricio
"Nombre utilizado por los defensores de la existencia de un Camino de Santiago precristiano para designar a un gran maestro iniciado vinculado a esta ruta. El término, de posible origen euskera [‘saber’], se relacionaría con otras lenguas antiquísimas del mismo tronco. Por lo tanto, Jakin sería el gran maestro sabio, de posible procedencia vasca y conocido en francés como maître Jacques, depositario de una herencia de antiquísimas raíces vinculada a ritos paganos y prácticas gremiales ocultas que tendrían en el Camino de Santiago su ruta de iniciación. Estos conocimientos, surgidos de los antiguos pobladores continentales, habrían sobrevivido en la ruta jacobea por la propia fuerza de este itinerario hacia el Occidente y la escasa romanización de gran parte del espacio geográfico del Camino.
El francés Louis Charpentier asocia este vocablo con ciertas categorías de personas que efectuaban trabajos manuales y cree que podría haberse confundido con Jacques/Santiago por la semejanza fonética, pero no lo desvincula de su relación con el Camino. En esta ruta estaría, en las épocas dolménicas, según el mismo autor, un lugar de iniciación de los jakinak -los depositarios de los viejos saberes prácticos y alquímicos- coincidente con la actual Compostela, que tendría su origen en compost, la estrella de los alquimistas. Por este motivo, Jakin también se cita, al igual que Jacques, como el “maestro de las estrellas”.
Charpentier sostiene que del vocablo que nos ocupa derivarían topónimos como Iacca [Jaca, en el Camino Aragonés, remoto lugar de reunión de los jakin], términos como jars [‘macho de la oca’; además es una expresión con la que se conocía a los nuestros canteros en el Languedoc y otros puntos próximos a las vías jacobeas], jacques [‘campesino’], y jack, utilizado en Inglaterra para referirse a los marineros, de donde deriva la Unión Jack. Añade que en ese país pervive la leyenda de Jack el Matagigantes y en Francia el dicho popular Ne fair pas le Jacques [No te hagas el listo]."














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