| Bajando al Valle del Carbayín |
Tras salir de Berducedo por A Prida da Madera el Camino de Santiago baja al Valle del Carbayín, cerrado al oeste por A Costa, Serra da Costa ('cuesta') o Serra de Buspol, cuya alargada loma vemos en lontananza. A la derecha vemos el picudo Alto de Vallongo o Valongo (1.082 m), su extremo septentrional; a su izquierda están El Penedo de Coriscos (1.038 m), El Cabo'l Monte (1.092 m), El Penedo del Rayo (1.096 m), Os Pozos (1.087 m), El Pozo da Llavandeira y Os Coriscos (1.033 m)
Por Os Coriscos y As Rozadas vemos subir el Camino en un fuerte repecho para dirigirse a Buspol, donde hubo en la antigüedad un hospital de peregrinos. Allí empezará el formidable descenso al Salto de Salime, el paso del Navia
Más a la derecha y más cerca están las sierras de Muriellos y Carondio, a este lado del Navia, entre las que fluyen, formando profundos y estrechos valles, alguno de sus afluentes más importantes
Dado que la de Muriellos es una serranía algo más baja, situada en primer plano más allá de los árboles, las que destacan son las alturas de la Serra de Carondio pese a estar más lejos, con El Pico Violla (1.011 m), El Pico Samoso (1.021 m), El Pico Viqueira (1.118 m), El Pico Guileira (1.118 m), El Pco Fomón (1.172 m) y el más alto de todos y el que lleva el nombre de la sierra, El Pico Carondio (1.222 m), "muy próximo al límite meridional de Villayón con Allande y con Eilao (Illano)", nos explican en la Enciclopedia del paisaje de Asturias
Su nombre responde a la raíz etimológica prerromana kar relacionada con la piedra mientras que Muriellos hace referencia a los muretes, también de piedra, de sus brañas y majadas, como la de Is
Empezamos a ver El Pico Buspol (1.121 m), el más alto de la sierra a la que da nombre y que nos sirve de orientación para saber dónde está A Mesa, pueblo en el que muchos peregrinos pernoctan, comen, o toman algo en el Albergue Miguelín, también con pensión, bar y restaurante, a menos de tres kilómetros de aquí
Seguimos contemplando esta preciosidad de paisaje del Valle del Carbayín con La Figuerina/A Figueiría bajo las lomas de A Costa con El Penedo del Rayo y el Alto de Vallongo
El Camino avanza ahora todo recto por esta ladera occidental del monte Gabás, uno de los que conforman El Cordal de Berducedo, "Pequeña cordillera que se extiende a lo largo de más de 10 km entre las profundas quebradas del río del Oro, al este, y los arroyos del Couto y los Crabios al oeste", señala la Enciclopedia del paisaje de Asturias
Seguimos en términos del concejo de Allande pero ya muy cerca del de Grandas de Salime, del que el pueblo y parroquia de A Mesa es la primera entidad de población que se encuentran los peregrinos del Camino Primitivo
Y ahí tenemos la imponente cuesta de A Costa, no excesivamente larga pero sí parte de la etapa 'rompepiernas' que constituye esta subida, seguida de la grandiosa bajada al Salto de Salime -unos 850 metros de desnivel aproximadamente- y, a continuación, subir a Grandas por la cuneta (apenas hay arcén) de la AS-14, un notable esfuerzo que se ve compensado con unos paisajes de ensueño
Ahí tenemos El Pozo da Llavandeira, El Camín Nou, los penedos de Os Coriscos y, ladera abajo, el camino que comunica A Mesa con La Figuerina/A Figueiría
Entrando en el pinar, el Camino hace ahora un poco de curva a la derecha. Además de pinos hay árboles y arbustos autóctonos
"Entre las formaciones forestales arboladas más importantes por extensión ocupada destacan los castañedos, pinares (pino silvestre, pino del país y pino insigne) y abedulares. Los brezales son la formación que mayor extensión ocupan con 27.000 ha, lo que supone más del 45% del territorio. Se corresponden generalmente a matorrales seriales y constituyen etapas de degradación de los bosques naturales, excepto las comunidades estables de matorral en las zonas altas de montaña por encima del límite altitudinal del bosque. La gran extensión que ocupan estas formaciones de matorral, se debe al uso tradicional del fuego para el manejo de pastizales. Los más abundantes son los brezales de brezo rojo (Erica aragonensis) que ocupan alrededor de 8.500 ha, constituyendo la formación vegetal más extendida en la Comarca".
En dicho plan se nos dice que el bosque autóctono ocupa solamente una pequeña parte del territorio por el que se extendía hace siglos, pues su terreno fue aprovechado para pastos y luego, con el abandono de la actividad ganadera tradicional, o bien se hicieron monte bajo o se repoblaron de pinos:
"... durante siglos, las infraestructuras, la expansión de las áreas metropolitanas, los cambios de uso, las actividades agrícolas, ganaderas y forestales, han transformado paulatinamente el paisaje cultural dominado por praderías, pastizales, cultivos, repoblaciones, bosques de ribera, masas arboladas naturales o naturalizadas etc., superficie que es colonizada en mayor o menor medida por el regenerado natural de la vegetación espontánea según la propia dinámica natural de los ecosistemas, cuando se abandona la gestión y su estado actual varía según el grado y periodo de abandono de los usos agrarios. Por tanto, los cambios que se producen en el paisaje vegetal, son producto de la dinámica y responden a factores del medio, socioeconómicos, demanda de recursos forestales, y a las alteraciones ocasionadas por el hombre en atención a las demandas de uso y producción agraria. Estos cambios no se producen al azar sino que responden a las sucesiones, progresivas cuando la vegetación avanza hacia estados maduros y estables o regresivas cuando se alejan hacia fases más degradadas, y puede darse el caso en situaciones de alta recurrencia de incendios.
El terreno ocupado por las comunidades subarbustivas y/o herbáceas (helechares, brezales-tojales, etc.) se viene repoblando desde hace décadas con especies arbóreas de crecimiento rápido o lento con el fin de aprovechar la elevada productividad forestal de la Comarca. Los objetivos de las repoblaciones, son por un lado la producción maderera, la restauración hidrológico-forestal de laderas para la protección de cabeceras de cuenca, la restauración de la cubierta vegetal para la protección del suelo en situaciones de riesgo crítico de erosión, o una combinación de estos objetivos. Además de contribuir al mantenimiento de la biodiversidad, pues las masas arboladas creadas, constituyen intrínsecamente a largo plazo hábitats de gran importancia para la conservación de la naturaleza y el mantenimiento de los servicios ambientales que proveen los bosques (fijación de CO2, biodiversidad, regulación del ciclo hidrológico, conservación de suelos, biodiversidad, paisaje, espacios recreativos, etc.)".
Tradicionalmente de los bosques autóctonos se extraía madera para la construcción (casas, hórreos, etc.), para hacer aperos y muebles, madreñas, cestos, cubiertos, escudillas, etc., siempre regulado por ordenanzas locales. Buena parte de la producción actual de las repoblaciones se destina a las fábricas de celulosa (papeleras) y tanto ellas como el arbolado autóctono se ven muy afectadas por los incendios forestales:
"Los incendios forestales constituyen un grave problema por los daños que ocasionan a la población y sus bienes, y por la destrucción de extensas masas forestales y otros espacios forestales no arbolados de forma irreparable. Esto contribuye a la degradación del medio natural, repercutiendo sobre la calidad de vida de la población en general, sobre el patrimonio natural y forestal Comarcal.Las quemas son una herramienta tradicional para el manejo de los matorrales en el occidente asturiano desde los primeros asentamientos humanos, de marcada tradición ganadera, y suponen importantes riesgos hidrológico-forestales y de pérdidas de suelo por erosión en algunas zonas de la Comarca. El abandono de las actividades tradicionales ganaderas y agrícolas, y de la extracción de leñas para el uso doméstico, ha propiciado la acumulación de combustible en los montes de forma descontrolada y esto supone un gran riesgo en caso de incendio. Es a partir de la década de los 70 cuando las superficies afectadas crecen vertiginosamente, debido a esta acumulación y continuidad de combustibles".
"El paisaje forestal asturiano, lejos de presentar una configuración estática, es una pintura cambiante a lo largo del tiempo, sobre todo como consecuencia de la actividad del ser humano sobre el mismo.Como se menciona en el Tercer Inventario Forestal Nacional “la transformación secular provocada por el hombre ha determinado que hoy en día el paisaje asturiano sea un producto cultural. Todas las épocas han dejado su impronta en el paisaje”. Por ejemplo, el predominio de la actividad ganadera sobre la agrícola se constata en el Principado desde el Neolítico. El importante desarrollo de la minería del carbón durante la revolución industrial, tiene como consecuencia un elevado consumo de maderas y energía y un cambio en la dedicación laboral de las gentes.El sistema productivo tradicional asturiano está sujeto a tres usos; agrícola, forestal y pascícola, este último sin duda el más importante.Desde mediados del siglo XVIII se define una economía rural mixta, agrícola y ganadera. Ambas orientadas al autoabastecimiento de las familias y en el caso de la ganadería, permitía además conseguir algunos excedentes que eran objeto de comercialización, y con los cuales se complementaba las insuficientes producciones alcanzadas en las tierras de labranza.Los aprovechamientos forestales, si bien no tenían la misma importancia que los anteriores eran igualmente necesarios. El monte proporcionaba madera, leña, rozo, frutas, miel…, con los cuales se mantenían relativamente autoabastecidas las familias.El comienzo de la actividad minera tuvo importantes efectos sobre la población rural asturiana. Se produce un incremento de la población urbana, y por tanto, creación de un mercado de productos agrarios, lo que provocaba a su vez el aumento de la ganadería vacuna. Se extiende el paisaje de prados, sustituyendo al tradicional de cultivos. La población rural mejora su nivel de vida; masivamente, no abandonan la agricultura, sino que la compatibilizan con el trabajo minero. Esta situación refuerza el proceso anterior, menor dedicación a la agricultura, supone centrar esfuerzos en la ganadería, con mayor valor de mercado y menos requerimiento de tiempo.En la actualidad, estos aprovechamientos tradicionales del espacio forestal asturiano, no sólo cobran importancia para la pervivencia del medio rural, sino que en muchos casos son objeto de demanda, de los antiguos pobladores del medio rural que durante la segunda mitad del siglo XX se fueron trasladando hacia las ciudades y también suponen una oportunidad de explotación turística que sobrepasa los límites regionales".
Y en el apartado dedicado a los pastizales y cultivos agrícolas el Plan Forestal de la Comarca de Pola de Allande nos dice lo siguiente sobre el paisaje forestal-ganadero imperante, incluyendo detalles como las sebes o setos naturales:
"Las características geográficas de Asturias hicieron que desde fechas tempranas la ganadería se convirtiera en una opción productiva sumamente interesante. La mayor parte del terreno ocupado por la actividad ganadera correspondía originariamente al dominio del bosque, pastos en absoluto naturales ampliándose casi siempre a costa del bosque y en muchos casos utilizando el fuego.Durante la edad moderna, sin duda fue la utilización ganadera del monte la más importante. Las áreas comunales eran sobre todo zonas de sierra; y allí había posibilidad de acoger al ganado en todas las estaciones, aunque era en verano cuando los animales ocupaban las zonas montañosas; para lo cual se construían abundantes apriscos y majadas. Las quemas eran habituales para permitir el crecimiento de hierba fresca. Las praderas proporcionaban hierba que, después de segada, se utilizaba como complemento alimenticio para el ganado.Entre las alteraciones más destacables en el medio rural asturiano hay que mencionar desde mediados del siglo XIX sobre todo, la que afecta a la composición de cabaña ganadera. La ganadería vacuna, aunque mantiene una cuantía similar a la que debía existir durante el siglo anterior, cobra auge en términos relativos, pues pasa a representar más de la mitad de los efectivos ganaderos totales en 1.900. Por el contrario ovejas y cabras son protagonistas de un detrimento notable, tanto en términos relativos como absolutos. Asociado al incremento del ganado bovino tiene lugar el fomento de las praderías, en extensiones a veces enormes, dejando poco espacio para la vegetación leñosa, sólo presente en las sebes.Las sebes, en su momento estaban controladas por el ganado y no levantaban más de un metro del suelo, puesto que si se extendían libremente quitaban luz y espacio al prado. La actual mayor diversidad en las mismas de especies, tallas y anchuras son el resultado de la evolución hacia el abandono del campo.La especialización bovina iniciada ya en la segunda mitad del siglo XIX, es el proceso más destacable en el medio rural asturiano de la primera mitad del siglo XX. El resultado es la sustitución en grandes ámbitos del antiguo policultivo cerealista por la especialización pecuaria y la ampliación de los espacios destinados a la alimentación de la cabaña ganadera, que en 1.955 representaban 260.000 ha frente a las 160.000 ha de medio siglo antes.El incremento de los pastizales de altura llevó prácticamente a la extinción en Asturias de los pinares de silvestre. La apariencia natural de estas praderas responde en realidad a un proceso basado en el trabajo humano (abonado, siega, pasto del ganado…), de transformación de espacios que correspondían bien a zonas de arbolado o de matorral.En los deslindes de los montes de Utilidad Pública se puede encontrar todavía hoy enclavados que en su momento estuvieron destinados a un uso agrícola y ganadero. Por una parte “erias”, destinadas a un aprovechamiento continuado de cultivos de cereal y posteriormente de pradera, y por otro las “cabadas y senras”, de carácter más itinerante. Estas implicaban cambios de uso que supusieron importantes afecciones al suelo, en forma de erosión y de alteración de los recursos hídricos".
Las repoblaciones de pinos foráneos (pino de Monterrey) y eucalipto se generalizaron "a partir de la segunda mitad del siglo XX como consecuencia del éxodo rural, ya que requieren menos tiempo y trabajo que un aprovechamiento agrícola y ganadero y suponen una forma sencilla de consolidar la propiedad". Respecto a los usos tradicionales del bosque, entre los que el maderero siempre fue el primordial, este también ha variado notablemente a lo largo de la historia:
"El principal producto que se ha extraído tradicionalmente del monte es la madera. A lo largo de la historia han sido muchos los usos de este material tanto en el ámbito industrial como en el local. El aprovechamiento de la madera ha sido modelador del paisaje asturiano en la misma medida que lo haya podido ser el aprovechamiento de los pastos y de las tierras de labor.El sector de la construcción naval se ha abastecido de madera casi en exclusiva, hasta hace aproximadamente un siglo, por lo tanto está implicado en la transformación del espacio forestal. Se ha estimado, que entre 1.750 y 1.790, se extrajeron alrededor de 250.000 m3 , para la construcción de barcos.La producción de hierro en Asturias cobró especial relevancia a partir del siglo XVII, y eso tuvo repercusiones innegables en la disminución de superficie del arbolado. Para la utilización de la madera en la siderurgia debía esta ser previamente transformada en carbón vegetal por su pobreza energética. En Asturias se consumía el carbón de uz (brezo) y la madera de roble.La dependencia del carbón vegetal Plantea enfrentamientos de intereses en las épocas de mayor desarrollo, puesto que se trata de una materia prima muy solicitada por otros sectores ajenos a la industria, como la demanda doméstica.El pino del país se comenzó a repoblar masivamente durante los siglos XVIII y XIX, una vez esquilmados los robledales debido a las necesidades de la sociedad de madera. Estos cultivos se realizan en la mayoría de los casos sobre terrenos agrícolas o degradados y no sustituyendo bosques autóctonos como afirman algunos autores.
El uso como combustible del carbón vegetal en la actualidad tiene mucha menos importancia que en el pasado, quedando reservado a actividades como la fabricación de pólvora o su uso como absorbente o filtro dado que el carbón vegetal es un material poroso.La aparición de la minería y el comienzo de la utilización de “carbón de piedra” en vez de carbón vegetal, supondrá un cierto alivio sobre la explotación de los bosques asturianos. Sin embargo esta nueva industria también consume mucha madera para entibaciones y apeas.La obtención de madera para la construcción de viviendas, hórreos y paneras, además de para leña, siempre estuvo permitida a los vecinos de las aldeas; eso si, casi siempre regulada en ordenanzas locales, que además dispusieron de cantidad suficiente. Estas actividades eran habituales durante las épocas invernales, siendo desarrolladas por muchos vecinos no específicamente carpinteros.El consumo de leñas, aunque bajo, se mantiene, debido a que un gran número de caseríos y aldeas todavía utilizan la leña para alimentar estufas y cocinas. La mayoría de la leña se recoge en los montes de Utilidad Pública no consorciados (70%) y, en menor medida, en los montes particulares (28%). Este aprovechamiento conserva cierta importancia en la mitad oriental y más concretamente en la Comarca Centro-oriental, con el 60,7% del total de la leña recogida.La madera ha sido también muy importante en la construcción del mobiliario asturiano, que se ha servido preferentemente del castaño por la calidad de su madera y la buena aplicación en carpintería.También cabe destacar la construcción de aperos de labranza en Asturias. Para ello se buscaba la malformación de los pies para fomentar formas curvas para la fabricación de herramientas manuales, arados, yugos… Esto empobreció en muchas ocasiones la estructura de las masas, y la mala aptitud tecnológica del tipo de masa que persistió.Un aprovechamiento más que sobre todo a partir del siglo XVII se constituyó como un agente deforestador fue el empleo de cortezas en el proceso de curtición, principalmente de roble. La retirada de la corteza del árbol en pie provocaba daños irreparables en el mismo, hasta el punto de poder llegar a secarlo".
Desde aquí ya vemos el asfalto del camino o carretera local que enlaza A Mesa con la AS-14, a la que vamos a salir aquí...
Según la kilométrica del Sendero GR-109 Camino Natural de la Cordillera Cantábrica, que coincide con el Camino Primitivo en este trecho, estamos a 17 kilómetros de Grandas de Salime
Es pues una distancia perfectamente asumible para quienes salen de Berducedo o A Mesa pero extremadamente dura y larga para quienes hayan salido de La Puela/Pola de Allande, no digamos ya quienes hayan hecho la Ruta de los Hospitales
La capilla de la Virgen de la Caridad no es fácil de reconocer en la distancia, pero podemos decir que está en un cruce al pie y un poco a la derecha de la primera casa de la izquierda, grande y blanca. Más acá son los prados de El Verxel
Uno de los lugares de menos visibilidad de frente es este, acabando la cuesta y empezando esta curva a la izquierda
Aquí salimos del pinar y tenemos otra curva cerrada a la izquierda, dando vista al valle de Gabás y las praderías de Texedón, puerta del concejo de Grandas de Salime
Y ahí divisamos, bajo El Pico Buspol, las casas de A Mesa, cabeza de la parroquia grandalesa de su nombre, uno de los territorios que dieron origen al actual concejo
Aquí, como en otros munchos lugares, los habitantes abonarían una cantidad al Estado para disponer de su propia jurisdicción administrativa, siendo entonces cuando las parroquias de Salime, Vilarpedre y A Mesa formarán el Conceyo de Salime, mientras que Grandas y Trabada constituirían otro, hasta integrarse en 1836 el primero en el segundo, naciendo así Grandas de Salime
En medio de la foto se reconoce el gran edificio del Albergue Miguelín, que está justo delante de la antigua escuela, el albergue público, que tapa y por eso no vemos. Un poco más a la izquierda se ve dos casas y, a continuación, la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, construida sobre un túmulo megalítico como elemento de cristianización de un lugar sagrado ancestral
Ahora sí que vemos al completo el fuerte repecho de la subida de A Mesa a Buspol. Esta forma de mesa o meseta de la montaña daría nombre a la parroquia, topónimo habitual en la geografía montañera. Buspol por su parte sería un antiguo bustum, 'terreno de monte que fue quemado y convertido en pasto', del latín combustum, que fue propiedad de un tal Paulus en época romana o altomedieval
Ante nosotros siempre tenemos, guardando el valle por el oeste, A Serra da Costa o de Buspol frente a Os Coriscos...
Fijémonos en la profunda hondonada que aquí se forma del Valle del Gabás al Valle del Carbayín, cuenca fluvial toda ella del Regueiro dos Crabios
"Por Salime y Grandas pasó uno de los caminos jacobeos por el que transitaban los peregrinos que iban de San Salvador de Oviedo a Compostela de Galicia (...). Los peregrinos, ya en tierras allandesas, hacían escala en los hospitales de Cimadevilla, Fonfaraón, Valparaíso, Montefurado, Lago y Berducedo y se adentraban en el territorio de Salime, siguiendo el itinerario del camino francisco, es decir, "francés", donde encontraba seguro abrigo en la hospedería situada en las alturas de La Mesa, y después en los de Buspol, Salime y Grandas, siendo estos hospitales, para los peregrinos pobres, propios de los vecinos de los pueblos respectivos."
"La quiastolita llegó a los museos y colecciones europeas a mediados del siglo XVI, como un amuleto o recuerdo aportado por los peregrinos que volvían de Santiago de Compostela. En los catálogos se cita con el nombre de "lapis crucifer" o "lapis cruciatur", traducible por "piedra de cruz". la primera representación gráfica de una quiastolita aparece en el libro de Laet, De Gemmis et Lapidibus, publicado en 1648. Posteriormente apareció representada en otras obras. Entre las imágenes más notables están las de la Metallotheca, catálogo de la colección de minerales del Vaticano, preparada por Mercati pero publicada en 1717, mucho después de su muerte (y de la desaparición de la colección). Las planchas fueron grabadas por Eisenhot hacia 1580. Entre las secciones de quiastolita puede verse un ejemplar tallado en cabujón para su uso como gema.
Durante varios siglos solamente se conocían los yacimientos asturianos, situados en el entorno de Boal, hasta que a principios del siglo XVIII se encontró en el río de Las Cruces (que tomó el nombre precisamente de la presencia de esta piedra), un afluente del río Laraquete, en Chile. A mediados de ese siglo se encontraron también en Salles de Rohan (Francia), y posteriormente en otros muchos lugares".
"La teoría más clásica y de más amplia aceptación acerca del proceso mineralógico metamórfico que permite que se formen estas curiosas cruces se apoya en la tesis propuesta por Frondel en 1934 acerca de la incrustación selectiva de impurezas en los cristales. Según esto, los cristales de andalucita, que son de crecimiento rápido, van incluyendo impurezas carbonosas mientras crecen y estas se van acumulando solo en determinados puntos (en las esquinas de los cristales). En la medida en que va aumentando la concentración de inclusiones (fundamentalmente grafito) en esos lugares, se va inhibiendo (desacelerando) el crecimiento del cristal. Esto concentra las inclusiones en la característica cruz de malta porque va produciendo reentrantes, donde el grafito es absorbido por el crecimiento del porfiroblasto de la andalucita. Este ciclo (crecimiento-retardo-crecimiento) se repite y va formando un patrón que se asemeja a una pluma de grafito en los cuatro brazos de distribución radial.
Estas «gemas», aunque opacas, pueden ser pulidas con fines de joyería y otros propósitos ornamentales. Tienen gran atractivo debido al simbolismo de la forma de cruz, se utilizan con frecuencia como amuletos, ofrecen espacio a la fantasía y a que se difundan localmente diversas leyendas sobre el origen de ellas".


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu visita y contribuir con tu comentario... Únete a la Página Oficial en Facebook para descubrir nuevos contenidos....Ultreia!