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sábado, 15 de noviembre de 2014

VALDEDIÓS: EL VALLE DE LOS REYES (PUEYES, VILLAVICIOSA, ASTURIAS)

          (Enlace Camino Norte o de la Costa con el Camino Primitivo)

Valdediós desde Arbazal: a la derecha El Conventín, el santuario más antiguo, medio escondido entre los árboles. Por allí llega el Camino procedente de La Rivera. Vemos la entrada allí al monasterio de Santa María y sus claustros. El Camino sigue hacia La Campa justo detrás del conjunto, pasando entre el monasterio y la antigua escuela, en medio de la foto.
Los peregrinos que, siguiendo el Camino Norte o de la Costa se deciden, en el cruce de Casquita (divisoria entre las parroquias de Grases y Amandi -Villaviciosa, Asturias-) por tomar el camino hacia Oviedo/Uviéu, la capital asturiana, recorrerán el antiguamente llamado valle de Boides, el formado por el río Rozaes y sus afluentes, como el río Valdediós. Así y Tras pasar Camoca llegarán a Castiellu, donde podrán optar a la vez por subir a La Llomba y La Campa por Arbazal, el trayecto más empleado en la antiguedad, o bien dirigirse por La Rivera, parroquia de Pueyes, a Valdediós, donde hay albergue de peregrinos en este destacadísimo conjunto monumental formado por la iglesia de San Salvador, conocida como El Conventín (Arte Asturiano) y el monasterio de Santa María, en origen románico pero con numerosos añadidos renacentistas y barrocos.


Viniendo del Mesón, los peregrinos desde el Camino ya contemplan esta vista del conjunto monacal, primeramente El Conventín y luego Santa María. El conjunto monumental de Valdediós se encuentra exactamente en lo más profundo del valle formado por este río, bajo las alturas de Arbazal y La Llomba.



A la entrada de Valdediós encontramos un cruce de caminos y estos hitos y señales.


Peregrinos a la sombra del crucero.


Aquí, el día 16 de septiembre del año 893 se consagraba con toda solemnidad el Conventín de San Salvador de Valdediós, el cual vemos en medio de una espaciosa vega, consagración protagonizada por los obispos de Dume, Astorga, Coimbra, Compostela, Lamego, Lugo y Zaragoza.


 Este acontecimiento simbolizaba el momento de máximo esplendor y poder del Reino de Asturias. Todo el noroeste ibérico obedecía al mandato del monarca Alfonso III El Magno, un verdadero rey-emperador. En aquel tiempo sus ejércitos acababan de recuperar Braga, Oporto, Chaves, Lamego y la ciudad de Coimbra.


Es en este contexto cuando se consagra este templo de San Salvador, en el palacio real del valle de Boides, que era como se conocía al gran valle central villaviciosín, uno de los espacios preferidos por el mandatario para descansar de las tensiones de la corte pero tampoco demasiado lejos de su capital, en Oviedo/Uviéu, por si se precisase con urgencia de su presencia. Aquí tenía tiempo para lo que más le gustaba, el cultivo de la mente y del espíritu, vida sosegada y retirada pero con otras emociones vitales tales que fiestas y cacerías.


Luego, más de tres siglos después de estos sucesos, los monjes blancos del císter, reformadores de la Orden Benedictina, buscando un rincón apartado para fundar uno de sus renombrados monasterios, extendidos por todo el occidente europeo, encontrarán en este mismo enclave la simiente dejada aquí por el Rey Magno y con ella también el lugar apetecido para retirarse del "mundanal ruido" pero a la vez sin renunciar a él, pues ejercieron un enérgico dominio sobre la comarca durante siglos.


Empezando por El Conventín, hemos de decir que se trata de la evolución más lograda de los modelos y trazas del Arte Asturiano, arte prerrománico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


Las soluciones artísticas y arquitectónicas del tiempo de Alfonso II El Casto (primer peregrino a Santiago) y de Ramiro I, monarcas anteriores, llegan aquí a su mayor perfección. Ángulos y naves, contrafuertes, bóvedas... todos los detalles del Arte Asturiano están presentes en El Conventín de Valdediós, mejorados, majestuosos, de las ventanas a las celosías, de los arcos a los capiteles.


San Salvador de Valdediós es en realidad únicamente la parte que llegó a nuestros días de un gran espacio arquitectónico mucho más grande, parte de una villa palaciega en la que Alfonso III pasaba sus momentos y temporadas de asueto en un valle de ensueño.


En la fachada y sobre la entrada, la Cruz de la Victoria, mandada hacer por él en el Castillo de Gauzón (según la tradición recubriendo la cruz de madera que portó Pelayo en Covadonga), es ya definitivamente el emblema de esta tierra, el cual llega a nuestros días como bandera de Asturias.


Las clásicas ventanas con columnas del Arte Asturiano son otro de esos símbolos, artísticos e históricos, que reconocemos familiarmente también en la actualidad.


Poco después de la construcción del santuario se abre en la fachada sur un nuevo complemento, el Pórtico Real, con bóveda, columnas y una preciosa celosía que constituye asimismo uno de los emblemas de este arte y este periodo. ¿Un espacio dedicado al rey?.


Dentro del templo se conservan pinturas de gran valor así como inscripciones originales que nos informan del día y del instante de su consagración, junto con una oración que delata ser compuesta por el mismo rey mas algún conjuro contra enemigos y ladrones. La advocación a San Salvador demuestra esta estrecha relación con la corte asturiana y su catedral de San Salvador, al igual que con el paso de peregrinos a venerar sus reliquias, dirigiéndose muchos a continuación a Compostela.


Después de su momento más esplendoroso y tras la muerte del rey, la cabeza del reino termina trasladándose a León luego de ser este repartido entre sus hijos.


El valle recordará con tranquila serenidad aquellos legendarios acontecimientos pero, después de unos siglos, volverá a recobrar gran parte de su protagonismo y a escribir páginas importantes de la historia.


Allá por el año 1200, uno de aquellos reyes de León, otro Alfonso, el IX, tendría especial querencia por Asturias, origen de su reino, por lo que fundaría monasterios y abadías que, además de ser centros de retiro y oración, eran una especie de grandes empresas agropecuarias de ordenación y administración del territorio, verdaderos latifundios dueños de grandes extensiones, donaciones, huertas, rebaños, sirvientes, vasallos, colonos, molinos... pero también enclaves de cultura, política y poder.

Santa María de Valdediós.
Así es como se funda el monasterio de Santa María, que empezaría a darle al valle el nombre de Valdediós.


Hay una leyenda que afirma que la boda de conveniencia entre Alfonso IX con su prima Teresa de Portugal en 1196 y casi acto seguido y tras repudiarla, con su sobrina Berenguela de Castilla en 1204, anuladas ambas por el Papa a causa del parentesco y la cosanguinidad, dejaron al monarca leonés en muy malas relaciones con la Iglesia, por lo que trató de congraciarse con los entonces poderosos cistercienses, que con sus ideales de sobriedad, pobreza y ascetismo se estaban extendiendo por todo el orbe cristiano.

El Conventín de San Salvador y al fondo Santa María
Así, el 27 de noviembre del año 1200 Alfonso IX y su entonces mujer Berenguela firman la carta de donación de sus posesiones en el valle de Boides, heredadas de sus antepasados los reyes de Asturias, a los monjes del Císter, para que estos erigiesen una abadía filial de la que tenían en Sobrado dos Monxes en Galicia.


Veinte años más tarde el mismo Alfonso IX fija la extensión del coto monástico, unos diez kilómetros cuadrados que coinciden mayormente con la actual parroquia de Pueyes, concediendo a los frailes de este valle que los cistercienses comenzaban a llamar Valdediós, unos importantes derechos sobre el comercio de sal en el puerto de Avilés, mas numerosos bienes y rentas en muchos lugares de Asturias, León y Zamora, haciendo de él el más poderoso monasterio de Císter en Asturias.


Los peregrinos descansan a las puertas del Conventín.


Y es que desde El Conventín nos acercamos a la iglesia de Santa María. El albergue de peregrinos está en la puerta rectangular al fondo de la foto. Las dependencias monacales aumentadas con el paso del tiempo forman una hermosa plaza...



Hospederías. El Camino pasa detrás de estos edificios.


Fuente de Valdediós.


La iglesia del monasterio cisterciense de Santa María empezó a construirse en el año 1218 y se terminó en 1225, obra del maestro Gualterio. La sobriedad ascética de la Orden del Cister destaca en su ideal artístico y arquitectónico.

Majestuosidad cisterciense
 La majestuosidad de su estructura, dentro y fuera, es lo que se hacer valer, más que la decoración cincelada en la piedra, sobre todo en las portadas, entradas y accesos.


Triple ábside semicircular románico de la iglesia monacal de Santa María.


La obra original, muy del gusto cisterciense como no podía ser de otra manera, es románica, con triple ábside semicircular y portadas de medio punto, con columnas, fustes y capiteles, alegoría medieval que en determinados detalles deja ver una transición a un nuevo arte que, como los propios cistercienses, estaba triunfando en Europa Occidental, el gótico.


Portada sur románica, poco tallada, apenas nada, con adornos esculpidos. Los cistercienses impusieron la sobriedad, también artística, a la Orden Benedictina.


Junto a la iglesia se fueron levantando las demás construcciones monásticas, el primer claustro, la sala capitular, las celdas de los religiosos, las cuales desaparecieron como consecuencia de las reformas del siglo XVI.


En 1348 el monasterio padeció incendio y destrucción, perdiéndose su valioso archivo.

Portada románica a la izquierda (mirando al oeste, puerta principal) y portada barroca.
Luego, alrededor del año 1500, nuevas obras traerán nuevos gustos y estilos que irán uniéndose y transformando la fábrica románica medieval: portadas renacentistas primero y barrocas después compartirán espacio con las viejas puertas románicas.


La portada principal es la que presenta más motivos decorativos y simbólicos representados en sus componentes.


El arco semicircular exterior es ajedrezado, los demás presentan clásicos motivos en zig-zag, que denotan movimiento y representaciones naturalistas, muy empleadas en el románico.


La temática naturalista y vegetal está asimismo muy bien representada en los capiteles.


En ellos, los de la derecha, aparecen asomando cabezas humanas.


Capiteles de la izquierda, motivos netamente vegetales, ajedrezados sobre ellos y alguna cara.


 Impresionante alegoría del arte románico.


Otra portada románica, esta presenta algo de ornamentación, pero no demasiada, tal el sobrio gusto de los cistercienses.


Los capiteles presentan adornos geométricos y vegetales.



Una cenefa en picos, dientes de sierra o zig-zag recorre el más exterior de los arcos semicirculares de la portada.


En el siglo XVII se construyen pórtico y espadaña del campanario.


Acogedor pórtico.



Sigue la buena siesta.


A veces el mejor premio es un poco de merecidísimo descanso al sol, ajenos de inquietudes mundanas. Sentido peregrino de la vida que busca la tranquilidad del alma.


Y entre el XVI y el XVIII los actuales claustros. Aqií vemos el Camino, allá del monasterio.


 Espadaña, pórtico y edificios adyacentes son como hemos dicho obras posteriores a la fundación medieval.


En 1522 y 1691 el río se desbordó y provocó serias inundaciones. El lugar es punto de reunión constante de pintores y artistas.


Valdediós tuvo grandísimo poder e influencia desde su mismo origen en todo el territorio que dominaba... y también en el que no. Se quejó de la competencia que significaba para el convento la fundación de una villa o pola libre del poder señorial como era La Pola de Maliayo, actual Villaviciosa, por el rey Alfonso X El Sabio, quien tuvo que revocar su decisión de fundar otra en Sariegu entre 1270-72. El Císter hacía presión sobre sus súbditos como verdaderos señores feudales y por ello hubieron de hacer frente alguna vez a las rebeliones populares, como cuando en 1416 los vecinos de Sariegu entraron en el coto del cenobio armados con lanzas, escudos y otras armas, llevándose el ganado. El cobro de determinados tributos hacía que los vasallos no estuviesen de acuerdo con el gobierno de sus señores eclesiásticos. Valdediós no renunciaría a ellos hasta 1678.


En 1515, dentro de la serie de reformas que acontecían entonces en las órdenes religiosas, Valdediós empezó a depender de la Congregación de Castilla. Después de las inundaciones de 1522, a mediados del siglo XVI arrancaron los trabajos del nuevo claustro, reformándose otras dependencias, entre ellas el viejo edificio de la iglesia, acomodando todo el enclave a las nuevas normas monásticas y litúrgicas.


Pero lo que sí rompía y acababa con la sobriedad cisterciense eran los retablos barrocos. Nuevos gustos, ideales y perspectivas fueron las que encargaron en 1750 el nuevo Retablo Mayor a Manuel González Manjoya, una impresionante maravilla de formas, figuras, ornamentos y ostentación que logró acoplarse con una simbiósis perfecta entre el majestuoso arte constructivo del ascetismo medieval y las recargadas filigranas del más solemne arte barroco.
 

Eran las piezas más exactas que se pudieron hacer para llenar de imágenes, brillo y colores las frías y enormes estancias del primitivo templo cisterciense. Majestuosidad constructiva que fue a combinarse con la mayor magnificencia decorativa. Románico cisterciense y barroco aparentan ser contrarios pero, justo por ello, se hicieron más que compatibles, inseparables, en Santa María de Valdediós.


Un monasterio, como una catedral, realmente nunca se acaba de construir y las labores se prolongan en el tiempo. En el siglo XVIII seguían haciéndose trabajos, como las artísticas pinturas del interior. El mayor cambio habría de venir en 1835 de la mano de la Desamortización de Bienes Eclesiásticos de Mendizábal, cuando el monasterio fue declarado oficialmente extinguido y sus bienes pasaron a particulares, mientras la iglesia iba a ser parroquial.


En realidad el histórico monasterio se estaba empezando a venir abajo antes ya de la Desamortización, cuando acabó definitivamente la actividad monacal, aunque en 1862 se funda un seminario mayor y en 1877 un colegio de segunda enseñanza que funcionará hasta 1923. Cientos de seminaristas, alumnos, profesores, le dieron nueva vida y en él trabajaba mucha gente de los pueblos de la redonda, siendo durante otro periodo otra importante referencia cultural, social y económica, celebrándose alguna fiesta como la del Corpus.


La historia se vio no obstante terriblemente empañada en la guerra civil cuando se instaló un hospital dentro de la zona republicana. El personal médico y sanitario fue torturado y exterminado en un delirio de violencia injustificable por una unidad militar regular del ejérctio nacional. La fosa de Valdediós, cuyo monolito puede verse siguiendo el camino que pasa detrás del cenobio desde la carretera, es el lugar en el que reposan los restos de aquellas personas, en el mismo lugar en el que fueron fusiladas después de padecer lo indecible en manos de sus captores.

A la izquierda, el albergue de peregrinos
En la posguerra se suprimió el seminario y el abandono seguirá hasta 1986, cuando el gobierno autonómico asturiano asuma su restauración con una escuela taller a cargo de la Consejería de Cultura. En 1992 se produce un acontecimiento cargado de emotividad y simbolismo: el regreso de los cistercienses (ya no como los antiguos amos feudales, naturalmente), un pequeño grupo de monjes parecía hacer revivir la fundación, pero no tuvo éxito la iniciativa y los últimos marcharon en el año 2009, llegando posteriormente frailes de la Orden de San Juan que, no pudiendo asumir el mantenimiento del lugar, lo abandonaron a su vez en el 2012, pasando nuevamente a la Archidiócesis de Oviedo. Actualmente hay albergue público de peregrinos, hospedería, bar y servicio de visitas guiadas.


El Camino, junto al monasterio, se dirige a La Campa, donde se unirá con el que sube por San Pedru Ambás y Arbazal.


Es la subida al Altu la Campa por Vallinaoscura...