Eres el Peregrino Número

domingo, 9 de noviembre de 2014

LA CATEDRAL DE SAN SALVADOR. OVIEDO/UVIÉU (ASTURIAS): ORIGEN DEL CAMINO

  
Catedral de San Salvador. Oviedo/Uviéu (ASturias)
 Casi como norma general, los comienzos de cualquier historia contienen tanta leyenda como realidad, o aún más. Es una constante que los orígenes de todo acontecen en medio de una verdadera nebulosa legendaria en la que es muy difícil señalar qué hay de verdad fidedigna y qué de tradiciones añadidas a lo largo del tiempo. También en no pocas ocasiones estos mismos orígenes acontecen en parajes y fechas que a simple vista pudiese parecer que poco o nada tienen que ver con el tema que nos ocupa, aunque enseguida va a verse que no es así. Por eso nuestra saga del viaje a Santiago por el Camino Primitivo, ruta secular de viejos caminos milenarios entre Asturias y Galicia, vagará y divagará también, mezclando misterio, realidad y anécdotas en un periplo andarín para el que queremos escoger uno de los muchos posibles orígenes de la ruta jacobea y de sus protagonistas. Un origen extraño, un comienzo dudoso en un lugar inesperado y con un suceso también inesperado.

Representación de Favila (izquierda) y de su padre Pelayo en el Jadín de lo Reyes Caudillos junto a la catedral ovetense de San Salvador.
Empezamos con un rey muerto por una osa en una cacería, desangrado en un monte cerca de su corte, en Cangas de Onís/Cangues (Asturias), el rey Favila, hijo y sucesor de Pelayo, que en sus dos años de corto reinado protagonizó un suceso tremendamente simbólico, la consagración de una ermita cristianizando un enterramiento prehistórico, un túmulo con su dólmen-cámara funeraria, una verdadera refundación consagrada por el "vate Asterio".  

Capilla de la Santa Cruz, consagrada sobre un dólmen pehistórico. Su aspecto actual es el de la reconstrucción del santuario tras la guerra civil
Vate, un cargo que tiene más que ver con la jerarquía druídica que con la eclesiástica cristiana: llegan nuevos dioses a superponerse al antiguo panteón de deidades celto-romanas: Júpiter, Fortuna, Lug, Deva y Taranis pasan a vestir hábitos nuevos, a transformarse en santos y vírgenes cristianas y sus nombres a hacerse inmortales en la toponimia: ahora una nueva religión extendida en tiempos de Roma y de los godos, centra ya las creencias espirituales de media Europa.


 Muerto Favila le sucede Alfonso I, yerno de Pelayo, pues el estar casado con su hija Ermesinda le favoreció para llegar al trono. Alfonso, aprovechando un momento de debilidad del poder musulmán y una guerra interna de árabes contra sus aliados bebereres, que ocupaban y estaban establecidos en los accesos al reino, extendendió a golpe de espada sus dominios por Galicia, llegando a Lugo, la vieja Lucus-Augusti, y aún más allá. De la misma forma hacia el sur domina La Liébana y llegan sus cabalgadas al corazón de La Vardulia, que posteriormente sería llamada Castilla.


En el año 757 muere Alfonso y le sucede su hijo Fruela, que heredó de su padre el carácter belicoso pero no las dotes diplomáticas y de mando. Bajo su reinado unos monjes, Máximo y Fromista, labran las tierras de un monasterio que acaban de fundar en las colinas de Ovetao (Oviedo/Uviéu), a donde Fruela llegará a enviar a su esposa, la vascona Munia y a su hijo Alfonso (llamado así en honor a su abuelo), pues tras años de reinado y luchas contra enemigos internos y externos su forma de gobernar le granjeó numerosas enemistades en su propio palacio, incluso en el seno de su misma familia, ya que su hermano Vimara se opondrá a él y por ello morirá en medio de una sangrienta revuelta cortesana que seguidamente le costará la vida al propio monarca. El pequeño Alfonso parece entonces quedar a cargo de su tía Adosinda y otra tradición afirma que pasó su infancia en el monasterio de Samos, en Lugo.


En Cangas de Onís/Cangues, naturalmente, a nadie se le ocurriría llevar al trono a este joven Alfonso por miedo a que se vengase algún día de los asesinos de su padre o de quienes lo consintieron. La nobleza del palacio nombra rey a Aurelio, primo de Fruela, quizás también involucrado en aquellas dolosas intrigas y que por lo tanto no se encontraba muy a gusto en el palacio cangués, teniendo una verdadera "corte ambulante" que al final y según la tradición se estableció en el valle del río Nalón, actual concejo asturiano de Samartín del Rei Aurelio (años 768-774). Su sucesor, Silo, favorecido en la elección por su matrimonio con Adosinda, hija de Alfonso I y tía del joven Alfonso (futuro Alfonso II El Casto), lleva la corte a Pravia, población próxima a la desembocadura de ese mismo río Nalón. Funda el primer monumento del arte prerrománico que llegó a nuestros días, la iglesia de Santianes, y a su muerte, acontecida en el año 783, su viuda Adosinda, dado que no tenían hijos, dispone que ocupe el trono quien ella tenía por rey legítimo, Alfonso (que bajo el reinado de Silo se había ocupado de la gobernación interna del palacio real), pensando que se habían aplacado miedos y venganzas. Pero no fue así, un verdadero golpe de estado de Mauregato, hijo bastardo de Alfonso I, obliga a Alfonso a volver a refugiarse, en este caso en las tierras alavesas de su madre Munia, y a Adosinda a recluirse de monja, apartándola de los poderes mundanos.


A la toma de hábitos de Adosinda asiste un monje lebaniego, su confesor, el famoso Beato de Liébana, quien llegará a ser el verdadero ideólogo del reino y un teólogo que asombrará a Europa por sus Comentarios del Apocalipsis y su oposición al Adopcionismo de la Iglesia de Hispania con sede en Toledo, herejía que discute la naturaleza de Cristo, y que señalará la separación de la Iglesia del reino astur de la toledana, la cual, bajo mando del obispo Elipando, sucedía a la sede visigótica pese a estar bajo dominio musulmán. Sin duda con esta versión que hacía de Cristo un hijo "adoptivo" de Dios (recuperando la creencia del arrianismo, de alguna manera) se buscaba una cierta coincidencia con el islam. Beato de Liébana escribiría un misterioso documento: "O Dei verbum" en el que, como acróstico (las primeras letras de cada verso leídas seguidas forman frases) dedica sesenta versos al Apóstol Santiago como patrón de los cristianos en una loa a Mauregato, varias décadas antes del descubrimiento del sepulcro en Compostela, pero siguiendo una vieja tradición que aseguraba la presencia aquí de la obra evangelizadora del Apóstol...


   "... Santiago, elegido por Cristo para el triunfo del martirio, cumplió con éxito su apostolado y alcanzó así la victoria y señales de la pasión. Ciertamente atendido por el divino sufragio, actúa frente a las malignas iras del demonio, vence a los necios, castiga a los seguidores del diablo y es oráculo para los creyentes de corazón..."

Estas frases son parte del enigmático Himno Jacobeo de Beato de Liébana, y decimos enigmático porque fue compuesto bastante antes del "descubrimiento" de la tumba del Apóstol Santiago en Compostela. Beato de Liébana, confesor de reinas y consejero de príncipes, parece adelantarse a un acontecimiento que, independientemente de su total realidad histórica, iba a ser fundamental para la configuración ideológica de Europa tal y como hoy la conocemos.


Beato atormentaría muchas mentes con otra de sus obras, los famosos Comentarios del Apocalipsis de San Juan, verdadera alegoría del fin del mundo en un momento en el que los reinos cristianos buscaban desesperadamente hacer un frente común contra  las amenazas e invasiones que literalmente parecían querer "tragárselos": árabes y sus aliados por el sur extendiendo el islam, magiares por el este, y al norte, nuevos quebrantos empiezan a salir de los neblinosos fiordos escandinavos: los vikingos comienzan a enfilar sus barcos de vela cuadrada y mascarones de dragón hacia las riquezas guardadas en castillos y monasterios. De momento asoman por Escocia e Irlanda, pero no tardarán en aproximarse. Nada más los dominios de Carlomagno, soñando recuperar el Imperio Romano de Occidente, parecen garantizar un poder duradero ante nuevos y viejos enemigos. Hacían falta nada más motivos y fundamentos para acogerse o negociar de una manera o de otra su ayuda y protección.


 Beato escribía sus himnos jacobeos y comentarios apocalípticos como verdadera premonición de lo que habría de acontecer, pero también sabía guardarse las espaldas ante sus propios "protectores": la reina Adosinda con su corte en Pravia, así como con Silo y hasta con Mauregato, pese a forzar la deposición del sucesor designado por estos monarcas, Alfonso, refugiado en tierras vascas. Los dos, Adosinda y Mauregato, protegieron a Beato en sus disputas con el obispo Elipando de Toledo, que con sus enseñanzas y discusiones sobre la naturaleza divina de Cristo (un viejo dilema cristano desde los tiempos de Arriano) hacía peligrar la unidad religiosa de esta parte de Europa buscando un acercamiento al islam, que cree en Jesús como profeta, aunque no como Mesías. Pese a esta aparente contradicción ideológica de apoyar a dos partes en conflicto en un reino pequeño, Beato también buscaba sin duda librarse de su propio y personal apocalipsis en un tiempo en el que, repetimos, nada estaba asegurado ni había ninguna garantía, aconsejando a estos reyes y alabándolos, pues el Himno Jacobeo, y no es casualidad, representa un "acróstico", esto es, la primera letra de cada verso, leída de arriba abajo, compone otro poema que dice, nada menos... "Oh Rey de Reyes, escucha al piadoso Mauregato y préstale tu protección con amor..." . Las obras y fama de Beato de Liébana no tardarían en pasar a la corte de Carlomagno, coincidiendo además con otros sucesos extraordinarios.


En el año 789 fallece Mauregato y la nobleza de palacio escoge rey a Vermudo, que pese a su parentesco con la dinastía gobernante, parecía preferir la vida religiosa, por eso fue llamado El Diácono. Quizás, quien sabe, no muy convencido ni contento con su nuevo cargo, no dudó en abdicar antes de dos años ante el desastre militar de la derrota del río Burbia, en El Bierzo. Períodos de relativa paz en los que los musulmanes parecían estar más atentos a solucionar sus graves conflictos internos, y de los que disfrutaron los anteriores monarcas de las cortes asturianas de Pravia, llegaban a su fin: un nuevo emir, Hixem, llamaba a la guerra santa.


La magnitud de aquel revés debió ser tan grande que pocos quisieron llevar el inmenso peso de una corona que se tambaleba. La única solución, fácilmente bajo un pacto que evitase posibles tentaciones vengativas, era llamar al único que tal vez aceptase el reto, el tanto tiempo apartado de sus derechos sucesorios Alfonso, el hijo del asesinado Fruela. Alfonso, expulsado, perseguido, refugiado, acepta, llega al trono en el año 791. Los protagonistas de nuestra historia van entrando defitivamente en escena. Vermudo vuelve a la vida monástica.


 Alfonso pasaría a la historia con el nombre de Alfonso II El Casto, un apodo que hace referencia a un celibato no del todo bien explicado, todo son suposiciones: pertenencia a orden religiosa, promesa para llegar al trono, pecado de juventud, etc. cierto nada se sabe, pero sí que inmediatamente llevó su capital al lugar en el que confiaba, aquella naciente ciudad crecida al amparo del monasterio fundado por Máximo y Fromista que le guardó a él y a su madre en los trágicos momentos de la muerte de su padre Fruela y de  los crímenes, espadazos y puñaladas de una capital anterior que se había transformado en un nido de peleas y desconfianzas, a la que ningún rey había querido volver. Alfonso aguantó dos graves acometidas musulmanas de Abd-El-Melik y Abd-El-Kerim, capitanes de las expediciones ordenadas por Hixem en los años 794-795 y que arrasaron dos veces a su nueva capital. Alfonso II podría incluso devolver el golpe llegando en una cabalgada nada menos que hasta Lisboa, pocos años después, ocupándola por un breve tiempo. La "cosa" iba en serio, un pequeño territorio por el que nadie apostaba sobrevivía a un fuerte embate. Carlomagno, por la cuenta que le traía, había de enterarse, tarde o temprano, de una manera o de otra, de todo lo que aquí estaba ocurriendo.


 Las embajadas de Alfonso II El Casto al rey de los francos se sucederían en los años 797 y 798. Aquisgrán y Herstall son las cortes imperiales donde se les recibe, los legados de Alfonso llevan entre sus regalos una magnífica tienda de campaña capturada en sus campañas. Pero además de presentes y conquistas la diplomacia habla de otros asuntos de hondo calado, tal y como reseñan los propios cronistas francos. La "herejía adopcionista" de Elipando de Toledo (Cristo como hijo "adoptivo" de Dios) se estaba extendiendo con el apoyo de las autoridades eclesiásticas de Urgell, llegando a los propios dominios imperiales como otro serio peligro, religioso-ideológico, contra los elementos básicos de la autoridad de Roma en el orbe de la cristiandad occidental, asestando golpes contra la unidad de acción que en base a este componente se estaba fraguando frente a tantos enemigos interiores y exteriores. Fruto de ello serían los concilios y reuniones en los que se condenó esta teoría religiosa, intentando además hacer retractarse a sus defensores. Las embajadas fueron devueltas por Jonás, obispo de Orleans, que visitaría los dominios de Alfonso II con esta misma finalidad. De todas formas, las relaciones con los francos no siempre fueron fáciles y debieron dar lugar a conflictos internos una vez más: hacia el año 800, durante otros extraños avatares, Alfonso II El Casto es depuesto en oscuras circunstancias y aunque no tarda demasiado en recuperar el poder ayudado por sus "fideles", permanece retenido o internado un año en "Abelania", un enigmático paraje que algunos identifican con Ablaña (Mieres-Asturias, valle del río Caudal) y que otros no dudan en comparar, al menos de nombre-topónimo, con "Avalon", la Insula Pomorum de las leyendas artúricas. No todo el mundo revelaba estar de acuerdo con la política del rey que hacía de Oviedo su capital, los romances de Bernardo del Carpio y Roncesvalles parecen hacer referencia a un supuesto vasallaje al emperador de los francos como una posible razón de este nuevo golpe padecido por El Casto.


   Vuelto Alfonso II El Casto una vez más al trono, que algunos revelan envidiar después de los años "difíciles", había un contexto preparado para afianzar un "frente común" de la cristiandad europea frente ante tanta adversidad. Nada más se necesitaba "algo" que le diese una razón, no ya a nivel de reyes, obispos, papas, príncipes y consejeros, sino de tan profundo calado que agitase la conciencia de la totalidad de la población, que trascendiese hondamente hasta en las clases más populares. Había que inventar algo, buscar alguna razón, argumento, cosa, y se encontró... realmente tampoco era nada "nuevo" en el sentido absoluto del término, sino que siempre estuvo allí: caminos. Intentaremos desentrañar las claves básicas del Camino, los caminos de Santiago, antes de empezar nuestra ruta personal y directa, cogiendo palo y mochila para comenzar nuestro itinerario por la más antigua de estas sendas jacobeas, el Camino Primitivo, aunque en origen todos los caminos a Santiago por los que venían peregrinos francos (europeos occidentales en general), eran llamados Camino Francés, Camíno Francisco, Camino Franco... etc. solo la moderna nomenclatura oficial ha designado como Camino Francés a uno de ello ideando neologismos para los demás, más o menos acertados y con más o menos éxito. Pero repetimos, son en realidad denominaciones muy, muy recientes.


Caminos milenarios que van al final del mundo, viejos "nemeton" o santuarios naturales que se cristianizan, divinidades ancestrales que visten el hábito de la nueva religión que vino del oriente, santos y herejes, peregrinos que siguen las calzadas empedradas sobre ancestrales pasos entre valles, sierras y cordilleras, y tras ellos órdenes religiosas, míticos monjes-guerreros, viajeros, comerciantes, escribanos, reyes y emperadores, vasallos, amigos e invasores... Europa parecía volver a ponerse en marcha, a lo largo de las sendas labradas por su propia historia volvían a fluir gentes, ideas y pensamientos, después del ostracismo causado por una de las épocas más duras y determinantes de su pasado. Y todo ello de manera más o menos buscada, gracias a un "motor", a algo que, ya que hablamos de "nemeton", surge en un bosque.


   En el bosque Libredón, cerca precisamente del fin del mundo, de Fisterra, donde un eremita llamado Pelayo, que vivía en recogimiento, un buen día, según la historiografía oficial, deja su aislamiento y se encamina a Iria Flavia (Padrón) para avisar al obispo Teodomiro de los prodigios y señales de los que era testigo: luces, ángeles, apariciones sobrenaturales. El prelado acude y en este paraje, señalado por las estrellas, y las estelas... funerarias del Campus Stelae, dice confirmar que allí se halla la sepultura, en mármol, del Apóstol Santiago, al que viejas tradiciones tenían por evangelizador de la vieja Hispania romana y de los últimos rincones de la Gallaecia.


La noticia corre y se extiende pronto, el rey Alfonso II El Casto sale de su reluciente capital ovetense y se dirige a visitar esta parte de sus dominios para dar fe del hallazgo y hacer levantar un santuario para gran honra del Apóstol del Trueno, convirtiéndose en el primer peregrino, al menos peregrino conocido y poderoso, de la historia jacobea: nace así el Camino Primitivo, y por extensión el Camino de Santiago, el primero de ellos, el más antiguo.


Aún así no faltan quienes señalan que la autenticidad del prodigio se puso en duda desde el mismo comienzo. Las primeras noticias del hallazgo se datan hacia el año 813, pero la confirmación oficial parece postergarse hasta una década o dos después (las fechas varían). Es posibile que hubiese dudas por un lado y por otro temores, ante la magnitud de un acontecimiento que podría afectar a otras sedes políticas y eclesiásticas que quedarían relegadas a un segundo plano a partir de esto. Es más, también se pone en duda la presencia personal del propio Alfonso II o si este mandó a sus emisarios en calidad de representantes, ni qué ruta exacta, en cualquier caso, fue la primera empleada para ir, pues si bien es fácil que siguiese la vieja calzada romana con sus sendas adyacentes, incluso posiblemente más antiguas, nada hay demostrado en ese aspecto tampoco. Sea como fuese en la práctica poco importaba y, aunque posteriormente la Iglesia llegaría a castigar con la excomunión cualquier duda al respecto, ya todo estaba en marcha de manera imparable para afianzar Santiago de Compostela como uno de los más grandes santuarios sagrados de la cristiandad, como Roma o la misma Jerusalén.

Santiago de Compostela
No tardarán en acudir más fieles y caminantes, nuevos peregrinos. Era lo que se necesitaba para poner en marcha el engranaje de una maquinaria religiosa y política que los papas y poderes eclesiásticos no dudarían en equiparar a Roma y Jerusalen como uno de los principales centros de peregrinación de la cristiandad.


Sucesivos reyes y gobernantes engrandecerían este culto y este lugar: Santiago. Le nombrarían patrón de sus ejércitos y protector ante la adversidad, cambiaría a conveniencia humana su hábito de peregrino al de soldado y guerrero, pero también uniría personas de pueblos alejados y dispares, haría fluir las ideas y el conocimiento, el comercio, la cultura, el arte, independientemente de las buenas o malas intenciones de los fines designados por quienes movían las riendas de todo este verdadero "aparato ideológico" que arrancó gracias a la ruta jacobea y, que como comprobamos, no se puso en funcionamiento seguramente "por casualidad",  sino que se necesitaba un elemento de estas características para organizar un frente común frente las sucesivas amenazas, interiores y exteriores, de los reinos cristianos del occidente Europeo.


  Pero como ya hemos dicho, nada era del todo "nuevo": el Camino Primitivo sigue en buena parte el trazado de la famosa calzada romana Lucus Asturum-Lucus Augusti, esto es, de Llugo de Llanera, en Asturias, centro administrativo bajo el antiguo dominio de Roma en el territorio de los "astures lugonni" (los hijos del dios celta Lug), hasta Lugo, la vieja capital galaica y, a su vez, esta calzada aprovechaba pasos naturales de este a oeste, empleados desde la más remota noche de los tiempos, los cuales ya debieron quedar abiertos, por lo menos, tras la retirada de los hielos de las glaciaciones, pasando por ellos las manadas de animales herbívoros buscando nuevos pastos, seguidos siempre por sus depredadores carnívoros y, tras su aparición, por los humanos (hay quien observa que tampoco está demostrado que fuese la actual Llugo de Llanera la antigua Lucus Asturum y que podría ser un asentamiento precedente a la actual ciudad de Oviedo/Uviéu). Es más, estos son los mismos caminos, con todos sus ramales y vericuetos alternativos, por los que fueron llegando a estos confines del mundo las sucesivas oleadas de nuevos pobladores, siguiendo de alguna manera la rotación y el movimiento solares y, de noche, la mágica línea de la Vía Láctea, llamada siempre popularmente El Camino de Santiago.


Como demostración palpable, a lo largo de nuestro itinerario iremos viendo lugares de gran importancia arqueológica, castros, túmulos y dólmenes, cavernas prehistóricas, que demuestran que mucho antes de Santiago, miles de años antes, otras personas circularon por estas sendas en la misma dirección, detenidas nada más por la llegada a la mar, pero únicamente por un tiempo, pues también habría de saltarse a la inmensidad de los océanos para descubrir un nuevo mundo.


Sendas jalonadas hasta por nuestros más remotos antepasados que fueron a lo largo de los milenios levantando sus moradas, así como los monumentos a sus dioses y difuntos, por todo este recorrido. Culturas y religiones sucesivas intentarían dar nuevas explicaciones a estos lugares ancestrales, una verdadera ruta esotérica y espiritual sobre otra física y real que llegan a formar una misma cosa. En este contexto, figuras semilegendarias como Prisciliano adquieren un brillo especial, independientemente de su completa realidad histórica y de quien sean auténticamente los restos hallados en Santiago de Compostela, o las tradiciones de vírgenes que llegan del océano, las barcas de piedra, las decapitaciones de santos, recordando ancestrales creencias prerromanas relacionadas con la cabeza humana o "totem". Todo ello leyendas que informan de la llegada del cristianismo a estas tierras, evangelizaciones protagonizadas sin duda por santos, herejes o eremitas que sincretizaban la nueva religión, (o una de sus múltiples variantes, pues aún tenían que celebrase decenas de concilios para unificarla) con los cultos anteriores.


 Y todo esto, al final del Camino, el principio: Oviedo, Uviéu, Ovetao, Ovetus, la capital del rey Casto, donde en su catedral de San Salvador se guardan las reliquias de la "Jerusalén Perdida", primeramente custodiadas en el cercano monte Monsacro, y que aún mucho después de que los reinos del norte ganasen nuevos territorios a los musulmanes, y que las rutas por la meseta desde Roncesvalles tuviesen más romeros y caminantes, numerosos eran los que venían caminando, y siguen viniendo hasta nuestros días, para acudir a venerarlas, pasando por Oviedo/Uviéu, bien llegando desde el Camino de la Costa, bien subiendo desde León, haciendo caso a aquella máxima de origen franco que dice:

                                           "El que va a Santiago
                                            y no al Salvador
                                            visita al criado
                                            Y olvida al Señor..."


Alfonso II El Casto
Y en Oviedo/Uviéu, saliendo precisamente de la Plaza de la Catedral, y a los pies de la estatua de Alfonso II, iniciamos nuestro viaje andarín y peregrino...


Situados en la Plaza de la Catedral o de Alfonso II El Casto, admiramos de frente la estructura gótica del templo de San Salvador, parte fundamental del santuario, erigida entre los años 1295 y 1498, empezando por la sala capitular, el claustro y la nave. De 1506 a 1566 se edificaría la fachada y se remataría la torre ya con marcado arte gótico flamígero y renacentista.


Más tarde, entre los siglos XVII y XVIII se le añadirían capillas y sacristía. Sufriría graves destrucciones entre 1934 y 1936, Revolución de Octubre y guerra civil, sucendiéndose después varias campañas de restauración que le devolvieron todo su majestuoso porte.


Muchísimas son las maravillas artísticas y arquitectónicas que podemos encontrar en su interior. Además de la Cámara Santa y la Cripta de Santa Leocadia, nos fascinamos con el altar, la nave, el claustro, la sillería gótica, o las capillas, como la del Rey Casto, sepulcro de Alfonso II , que sigue siendo lugar de homenajes y conmemoraciones en su honor.


Como en toda catedral abundan tradiciones y leyendas, algunas relacionadas con los peregrinos, como la de Oria, la peregrina endemoniada.


Especial relevancia, como meta de las peregrinaciones a la catedral, es la talla románica de San Salvador, del siglo XIII, verdadero origen de la ruta jacobea en su advocación y en aquella máxima peregrina medieval de origen francés que, en diferentes versiones, repetimos una vez más: "Quien va a Santiago y no al Salvador visita al criado y olvida al Señor".

Impresionante talla románica de San Salvador, Cristo Salvador.
Solar del que se tiene por antiguo palacio de Alfonso II El Casto, al lado de la Cámara Santa. Fachada sur de la catedral ovetense.
En el año 794 una incursión musulmana había destruido la primitiva basílica que ordenó consagrar el rey Fruela unas pocas décadas antes. Su hijo Alfonso II, al hacer aquí su capital, retomaría la idea construyendo una serie de edificios religiosos, además de su propio palacio, rodeados por una muralla o cerca. Incluso alguno estaría en el exterior de la ciudad, como Santuyano


Posteriormente, en la baja Edad Media la impronta románica se haría también patente en nuevas edificaciones y reformas. La Torre Vieja de la catedral es un muy buen ejemplo.


La Torre Vieja o torre románica.

Torres románica y gótica de la ovetense catedral de San Salvador.

Pero no es hasta finales del siglo XIII cuando se emprende la obra cumbre de la actual catedral, la cual no se considerará terminada hasta trescientos años después. Se comenzó por la sala capitular y el claustro. No se sabe quienes fueron sus artistas pero sí que fue un trabajo patrocinado por el chantre de la catedral Pedro Esteban. Aunque en 1314 se reúne por primera vez en la sala el cabildo catedralicio las obras de la parte puramente gótica no empiezan hasta 1382 con el arquitecto Juan de Badajoz el Viejo, contando con la colaboración de Candamo de las Tablas y de Pedro Bunyeres, siendo por entonces obispo patrocinador el enérgico Gutierre de Toledo.


Se diseñaron dos torres pero al final la catedral se quedó con una, comenzada en el año 1508 y rematada en 1587, gótico flamígero y renacentista de la mano de Rodrigo Gil de Hontañón con planos de Juan de Badajoz y ayuda de Pedro de Buyeres, Pedro de la Tijera y Juan de Cerecedo.


Célebre es su sala de campanas, donde están la de la Santa Cruz, fundida en 1539; la Santa Bárbara de 1818, la Esquilón de 1678, y Wamba en 1219, la campana en funcionamiento más antigua del mundo. Luego van también la campana De Posar (1818), Timbal Primero (1830) y Timbal Segundo (1893).


El edificio fue agrandándose con varias capillas laterales donde trabajaron numerosos maestros: la de Santa Bárbara o San Miguel, la de San Martín de Tours, San Roque o la Natividad, San Antonio, el Santo Cristo de Velarde, la Anunciación, la Asunción o la de Santa Eulalia, patrona de la diócesis, además de la del Rey Casto, reedificada en 1705 sobre otra de este monarca y donde una inscripción de Alfonso III El Magno habla de una fortificación para preservar el lugar de ataques normandos. Hemos de hacer destacar asimismo Panteón de los Reyes, donde están enterrados varios monarcas asturianos y asturleoneses. No nos olvidemos tampoco de la Hornacina de la Hidria, que contiene una de las seis tinajas de las Bodas de Caná, abriéndose al público el 21 de septiembre, festividad de San Mateo, pudiendo beberse el agua bendecida.


Aunque el patrón es San Salvador, el triunfo de San Mateo viene dado también por otras peregrinaciones: el Jubileo de la Santa Cruz, concedido en 1438 por el Papa Eugenio IV, con indulgencia plena a fieles y peregrinos que vayan a venerar la Cruz de los Ángeles a la catedral, dando limosna, los siete días anteriores y posteriores a la exaltación de la Santa Cruz el 14 de septiembre.


El último día, el 21, es San Mateo, por lo que, coincidiendo el perdón con el final del verano, se organizaba espontáneamente una importante celebración, algunas  veces con gran algarada, origen de las actuales fiestas. El mismo día 21 se bendice el Santo Sudario, según la tradición de los peregrinos, y se expone esta hidra de las bodas de Caná, en la que Cristo transformó el agua en vino.


Vueltos afuera, una gran escultura de Alfonso II El Casto parece que quisiese contemplar, bajo la catedral y mirando a la plaza, la evolución de su obra a lo largo de los siglos, recibiendo y despidiendo, escudo en mano, a los peregrinos que aquí llegan y que de aquí salen, como salió él, rey pionero, camino de Compostela.


Un poco a su izquierda, asoma otra torre, la del monasterio de San Pelayo, torre que parece ser la hermana pequeña de la de la catedral y que domina el Jardín de los Reyes Asturianos.

Jardín de los Reyes Asturianos
Son Obras de los artistas Gerardo Zaragoza, Víctor Hevia y Manuel Álvarez Laviada

El Jardín de los Reyes Caudillos, como así se le llama, forma parte de las reformas llevadas a cabo en 1942 al restaurarse la catedral y otros edificios singulares tras las destrucciones de la guerra civil.


Este jardín está cerrado por una verja pero puede verse entero desde el exterior, con bustos y esculturas de Pelayo, Favila, Alfonso I, Fruela, Aurelio, Silo, Mauregato, Bermudo, Ramiro, Ordoño y Alfonso III.


En el suelo, una gran placa señala el comienzo del Camino Primitivo así como la ruta de regreso al Camino Norte o de la Costa.


Especialmente importante es, a la derecha de esta catedral de San Salvador, el Tránsito de Santa Bárbara, abierto en 1734 al hacerse el puente que comunica el Palacio Arzobispal con la catedral y bajo el que también pasaremos.

Otro importantísimo elemento es, yendo desde la catedral al Tránsito de Santa Bárbara, el ábside de la iglesia de San Tirso.

Pero antes, en la calle Santa Ana, al sur de la torre catedralicia y justo ante el ábside primitivo de la iglesia de San Tirso del Real, con la clásica ventana prerrománica de tres arcos con sus columnitas y capiteles de temas vegetales.

Ábside de San Tirso del Real

La iglesia, muy  reformada y también con una torre, pequeña y cuadrada, conserva aquí esta joya del Arte Asturiano, contemporánea de los tiempos en los que el Rey Casto levantó sus palacios.


La iglesia, muy  reformada y también con una torre, pequeña y cuadrada, conserva aquí esta joya del Arte Asturiano, contemporánea de los tiempos en los que el Rey Casto levantó sus palacios, allí donde ahora es el Tránsito de Santa Bárbara, ante la Torre Vieja.


La Torre Vieja desde el Tránsito de Santa Bárbara.


Tomando desde Santa Ana el Tránsito de Santa Bárbara veremos sobre nosotros la torre románica de la catedral con sus ventanas de arco de medio punto, construida hacia el año 1000 sobre estructuras anteriores prerrománicas.


Y por supuesto, siempre a su lado, asoma picuda la torre gótica, emblema de la ciudad, justo a la izquierda.




Aquí, cerrado por una verja, esta el solar en el que se hallaron los cimientos del palacio de Alfonso II El Casto, así como la pared exterior de la Cámara Santa, el santuario más antiguo de la catedral, Arte Asturiano del siglo IX donde se custodian la Cruz de los Ángeles, mandada hacer en oro por Alfonso II el Casto, símbolo de Oviedo/Uviéu, y la Cruz de la Victoria, insignia de Asturias, cubierta en oro y pedrerías por mandato de Alfonso III El Magno sobre una cruz de madera que quiere la tradición haber sido estandarte de Pelayo en la mítica batalla de Covadonga.


Junto con ellas están la Caja de las Ágatas y el Arca Santa, con numerosas reliquias que fueron traídas de Jerusalén, escapando de la expansión musulmana y que al final, tras larguísimo periplo por el tiempo y por la geografía norteafricana y peninsular, acabaron aquí, en el templo de San Salvador fundado por Fruela y enaltecido por su hijo Alfonso II al trasladar aquí la capital del reino. Estas reliquias en sí mismas ya hicieron de Oviedo/Uviéu un gran centro de peregrinaciones y por lo tanto de llegada de romeros, viajeros, comerciantes, etc. de todo el orbe cristiano, multiplicado todo ello al descubrirse, bajo el reinado del mismo rey (en una fecha que varía entre los años 813 y 834), la que se tiene por tumba del Apóstol Santiago en Compostela, naciendo aquí el primer Camino de Santiago de la historia, al ir el monarca con su séquito (otros dicen que uno de sus representantes) a verificar y confirmar tan trascendental hallazgo.

                                                       
Entre las reliquias destaca el famoso Santo Sudario, denominado popularmente El Pañolón, relacionado con la Sábana Santa de Turín y sobre el que se han hecho numerosas pruebas y estudios científicos, ya que se dice cubrió la cabeza de Cristo en el descendimiento de la cruz. Bajo la Cámara Santa se encuentra la cripta de Santa Leocadia, pues eran en realidad dos santuarios superpuestos. Por su parte la capilla de San Miguel, contemporánea de la Torre Vieja o románica, es el espacio en el que desde el siglo XIII se exponen las citadas reliquias que hicieron de la capital asturiana un gran centro de peregrinación y romería, en sí misma.


El mismo antecedente de la Torre Vieja revela ser una anterior hecha para protección de esta Cámara Santa por Alfonso III El Magno, capilla que fue del rey Fruela reconstruida por Alfonso II El Casto tras los ataques musulmanes de los años 794 y 795 a la nueva capital, capital que sigue siendo hoy en día de Asturias, más de 1200 años después...


Las reliquias, antes que en el santuario de San Salvador, estuvieron largo tiempo escondidas y custodiadas en una de las capillas del mítico monte Monsacro, también La Madalena, sito justo al sur de la ciudad. Sin duda su misma importancia favoreció la fundación de una sede eclesiástica y una nueva catedral para albergarlas...


El Monsacro y la capital asturiana. Allá estuvieron guardadas las Reliquias de la Jerusalén Perdida...


Pero aún bajo la esbelta y formidable torre románica hay muchísimo que ver y admirar...


Y es que al pie de la catedral, la estatua del rey Alfonso II El Casto y, a la vez a sus pies, la ya reseñada placa que señala la dirección del Camino de la Costa y la de este, el Camino Primitivo.


Dos Caminos y un solo destino... a nuestros piés.

Y la catedral y Alfonso II El Casto contemplan nuestros primeros pasos de Camino en... "su plaza", la Plaza de la Catedral o de Alfonso II El Casto.
 

Nos ponemos pues al hombro la mochila al pie de la estatua de un rey-fundador, Alfonso II El Casto, y recorremos la extensa plaza que lleva su nombre, bajo la torre gótica, única y solitaria, de su catedral de San Salvador.


Arriba, gárgolas y capiteles muestran caras diabólicas y beatas, santos y dioses también pétreos contemplan nuestro principio de ruta, como contemplaron el de miles de viajeros y peregrinos a lo largo de la historia.


  La salida original y antigua de lo que fue la ciudad-intramuros, siguiendo el camino tradicional, va de la Plaza de la Catedral o de Alfonso II El Casto a la actual calle San Juan, entre los palacios de Valdecarzana y de Camposagrado.


Allí, justo a su izquierda y mirando frente por frente a la catedral hay una capilla, La Balesquida.


Capilla que recuerda a los antiguos oficios de la vieja población intramuros, simbolizados en las tijeras de los sastres o xastres, alfayates, testimonio de la gratitud eterna a su protectora, Velasquita Giráldez La Balesquida, una dama "franca" cuyos antepasados se asentaron en la ciudad llamados sin duda por la gran afluencia que, desde Europa, se dirigía a estos caminos a Santiago. Es el centro de la cofradía y fiestas de La Balesquida a ella dedicadas y a la santa del lugar, la Virgen de la Esperanza.


Las tijeras, símbolo de los sastres, xastres o alfayates.


Al lado de la catedral, tal y como la vemos ahora de frente, a la derecha tenemos la iglesia de San Tirso, donde está enterrada La Balesquida, y de cuyo ábside prerrománico hablábamos hace un momento.


Su estructura actual parece basarse en las reformas del siglo XVI.


Imagen de San Tirso.


También en la plaza, Ana Ozores La Regenta, admira con su estilizada figura de hierro forjado nuestros andares de chiruca y bota de montaña, palo y sombrero de aventurero, al lado de las terrazas donde la gente toma el vermut, ajena al paso de caminantes sudorosos, que ya no son novedad, pese a que hace no muchos años llamaban la atención.


 La Regenta, obra en bronce de Mauro Álvarez Fernández, es una de las tan destacadas estatuas de la capital asturiana, idealización física de la protagonista de la novela de Leopoldo Alas Clarín en la que criticaba la hipocresía social de las influyentes capas medias y altas de la capital asturiana en la época decimonónica, pero tan extrapolable a otros tiempos y lugares que dice que, de no haber existido El Quijote, sería La Regenta la novela por antonomasia de las letras españolas.


La Regenta y la catedral...


Y a los pies de La Regenta, la hermosa fuente ornamental de la plaza...


Justo al lado de La Regenta está la Casa de la Rúa, palacio del siglo XV que aprovecha una estructura medieval, el edificio civil de mayor antiguedad del centro histórico. Desde aquí podríamos visitar el casco antiguo. Allí mismo en su subsuelo aparecieron restos de fuentes de piedra y construcciones que demuestran lo que en realidad no se desconocía, que el origen de Oviedo/Uviéu es muy anterior a su fundación por los monjes Máximo y Fromista bajo el reinado de Fruela, padre de Alfonso II El Casto. Si fontanas romanas no bastan, los castros astures de todo el entorno de la ciudad, mas los que había en su casco urbano, advierten de esta circunstancia: nada es del todo "nuevo", ni siquiera Oviedo, ni siquiera Santiago, ni siquiera El Camino que a las dos comunica.


Viendo la Casa de la Rúa queremos recordar que, de la misma manera que se aconseja al llegar a Santiago, reservar al menos un día o dos para conocer no sólo la catedral sino todas las demás maravillas que en la Ciudad del Apóstol nos aguardan, otro tanto cabría decir de la capital astur, disponer de al menos una jornada para conocer el casco antiguo, soberbiamente recuperado, el Ayuntamiento, San Isidoro, el mercado de El Fontán, las murallas, las rúas viejas, la calle Gascona, la fuente la Foncalada, la iglesia de Santuyano (de los tiempos del Rey Casto), o los monumentos del Arte Asturiano del Monte Naranco, sin desdeñar el Campo San Francisco, la calle Uría, y otros espacios y lugares próximos y que tanto tienen que ver con la historia ovetense y de las mismas peregrinaciones...



Por de pronto, La Regenta observa como nos marchamos, por la calle de San Juan, entre los dos palacios que miran a esta espléndida plaza cateralicia ovetense:


A la derecha es el Palacio de Valdecarzana, con su grandioso escudo, construido entre 1627 y 1629, situado a la derecha de la plaza, según la vemos desde la catedral. Después de ser del Marqués de Valdecarzana, don Diego de Miranda, pasó a vivir aquí el alcalde Antonio Heredia Velarde, fue casino entre el siglo XIX y 1931 y ahora sede de la Audiencia.


 Y ahí, justo a su izquierda, el Palacio de Camposagrado:


Edificado para el marqués de Camposagrado, quien solo vivió en él ocho años, se comenzó a edificar en 1728 con pautas de Francisco de la Riba y se termina 1757 con Pedro Antonio Menéndez que s quien le confiere la impronta que hoy día vemos. Es actualmente sede del Tribunal de Justicia y su fachada principal mira a la Plaza Porlier, aún más a la derecha del Camino y ya apartada de él pero que, dada su trascendencia, queremos explicar.


Entre la capilla de La Balesquida y el Palacio de Camposagrado pasaríamos a la Plaza Porlier (como decimos ya no es propiamente el Camino pero dado que la vemos bien y es importante, estimamos oportuno dedicarle un poco de tiempo.
 

Es más pequeña que la Plaza de Alfonso II El Casto o de la Cateral y con algo de arbolado ornamental, donde estaba el desaparecido castillo del rey Alfonso III El Magno, solar del actual edificio de Telefónica y uno de los castros antecedentes de la actual ciudad.


 Mirando cara a cara al edificio de la Telefónica tenemos el Palacio del Conde Toreno:


Palacio hecho entre 1673 y 1675, sede del Real Instituto de Estudios Asturianos.


Cierran esta Plaza Porlier el antiguo Banco Asturiano y a su derecha el Teatro Filarmónica...



Una estatua de Úrculo, "El Regreso de Williams B. Arrensberg" denota una cierta alegoría viajera, representando a un hombre rodeado de baúles y maletas.



Estamos ya viendo el edificio histórico de la Universidad de Oviedo/Uviéu, fundada por el arzobispo e inquisidor general Fernando Valdés Salas, aunque inaugurada en 1608, cuarenta años después de su muerte.


En el claustro, visible muchas veces desde la puerta de la calle, se levanta la estatua del fundador, Valdés Salas, de quien volveremos a hablar en nuestro periplo viajero y peregrino por el Camino Primitivo cuando lleguemos a Salas, cuna de su nacimiento, apellido, casa y estirpe.





Calle Fruela y edificio histórico de la Universidad.


El edificio histórico universitario desde la calle Ramón y Cajal. El Camino no pasa exactamente por aquí pero es una buena recomendación visitar el casco antiguo ovetense antes de emprender Camino.


Hemos topado las terrazas y nos entretuvimos tomando algo. Aún más allá estarían la Plaza la Escandalera, el Paseo de los Álamos, el Campo San Francisco, la Calle Uría, el Teatro Campoamor...
pero habrá que ir pensando en iniciar Camino y volver hacia la Plaza de Alfonso II El Casto...


Plaza que también se llena de alegría y tipismo durante la Feria de la Ascensión, homenaje al campo y sus gentes, que se celebra desde el siglo XVI:







Volvemos a "pararnos", esta vez con el tipismo de estos puestos a lo largo de las plazas que acabamos de visitar. Posponemos por lo tanto nuestra salida de la catedral hacia la calle de San Juan y la parte de la ciudad llamada El Ensanche, la que creció más allá de la ciudad medieval hacia la Estación del Norte, por donde sale del casco urbano el Camino Primitivo, origen de todos los caminos a Santiago, el primigenio y original.





A la derecha de la Casa de la Rúa el Palacio de los Llanes (siglo XVIII).









La capilla de la Balesquida.







Plaza Porlier...

























Pero volvemos a hacer Camino, regresamos a la catedral...


 Y ante ella, si optamos por el Camino Primitivo atravesaremos la plaza para salir del centro histórico de Oviedo/Uviéu en dirección al Ensanche. Y si quisiésemos regresar a la costa prosiguiendo el Camino Norte (habríamos llegado a Oviedo/Uviéu desde Villaviciosa por Sariegu, Siero y Noreña, yendo desde el convento San Pelayo y el antiguo monasterio de San Vicente a la catedral) tomaríamos la calle del Águila hacia la calle Gascona.