| Hórreo y, detrás, la Casa del Molinero. A la derecha el camino a la panera, pozo y meda o vara de hierba |
En medio del Corral y pasada la Casa Rectoral, por cuyas salas, habilitadas como espacios museísticos iniciábamos nuestra visita, el Hórreo ocupa un lugar destacado pues, a partir de él, siguen los caminos hacia otras partes de este magnífico Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" que estimamos imprescindible de conocer en nuestro trayecto por el Camino Primitivo de Santiago
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| Plano en la web del Museo Etnográfio de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" |
Este hórreo se hizo en 1991 reaprovechando elementos de una panera de Casa Gómez de Berducedo, concejo de Allande, obra del maestro Campos, del que se conocen al menos otras cuatro obras fechadas entre los años 1854 y 1874. El carpintero grandalés Manuel Monteserín hizo el actual hórreo en base a sus piezas. Compartimos de la web del Museo:
"El hórreo que hoy vemos es de pequeño tamaño (3,50 x 4 m), está levantado directamente sobre el suelo y se alza sobre cuatro pies (pegollos) de madera de roble. La cubierta es de paja de centeno sujeta con envarado de ramas de brezo. Esta técnica de cubrición, conocida como cubierta a baguna o a veo, es la tradicional en la comarca, muy valorada por los campesinos por sus cualidades de aislamiento. Para mantener su funcionalidad, el teito debe ser renovado periódicamente, cada 4 o 5 años, manteniendo los veos viejos que se encuentren en buen estado y que puedan facilitar la sujeción de la paja nueva. Este tipo de techumbre está hoy prácticamente desaparecida, siendo la del hórreo del Museo Etnográfico de Grandas de Salime “Pepe el Ferreiro” uno de los pocos ejemplos que pueden verse en Asturias".
El hórreo es básicamente un granero elevado que permite la conservación de alimentos aislándolos de ratones y humedades, obedeciendo sus componente esta premisa básica. Era una auténtica despenda que garantizaba la supervivencia de una familia campesina:
"El hórreo es un elemento mueble básico e indispensable en la economía campesina del medio rural asturiano. Consiste, de forma simplificada, en un granero integrado por un cajón cuadrangular de madera con cubierta a cuatro aguas que, elevado del suelo sobre unos elementos de suspensión característicos, permite la conservación de los productos de las cosechas, salvaguardándolos de los roedores y de la humedad.
Con una dispersión circunscrita al Norte peninsular se desarrollaron, a partir de este sencillo esquema, diversas variantes de hórreo cuya diversidad radica en su morfología, en los materiales constructivos empleados y en los acabados y elementos decorativos".
En las corondias o colondras, tablas que componen la pared, aparecen diversas inscripciones que nos informan tanto de su construcción como de su reconstrucción:
"La costumbre de firmar hórreos y paneras y decorarlas con motivos geométricos comienza a fines del siglo XVIII, coincidiendo con la expansión de estas construcciones en el suroeste de Asturias, y perduró durante todo el siglo XIX. Las decoraciones talladas constituyen una de las manifestaciones más ricas del arte popular de la zona".
Bajo la simbología mágico-religiosa de cruz, círculos y tetrasquel ('tetrasquel coronado') podemos leer:
FVEÉCHAPORD.
MANVEL GOMEZ
AÑO DE 1874
Que se supone sería quien mandó hacer el hórreo
A la derecha de la puerta, de la que aquí vemos la llave, otras dos inscripciones con sus respectivas filigranas
Junto a la llave y debajo de una curiosa y singular flor de lis leemos:
EL
MAESTROCAM
POS.
Que sería su constructor
Sobre esa inscripción hay un reloj, un elemento característico, junto con el tetrasquel, del llamado estilo decorativo Allande, que surge en el occidente asturiano en el siglo XVIII y al que pertenecía la panera original. Los etnógrafos Armando Graña y Juaco Lópéz Álvarez escriben de él en Aproximación a los estilos decorativos de los hórreos y paneras asturianos en la revista Ástura nº4
"El estilo Allande se caracteriza por la utilización de motivos circulares geométricos. de amplia tradición popular, que se disponen por la corondia o 'pared de la panera de manera aislada, sin ofrecer conjuntos decorativos como sucede en los estilos anteriores. y sí buscando, como es natural, un sitio de gran visibilidad para plasmar las tallas.
El concejo que mejor conocemos es Allande y la información que este ofrece es sin duda muy relevante y aplicable a todo el foco del estilo. Este concejo es un buen ejemplo de la realidad de estas decoraciones, no sólo por la riqueza de motivos tallados, sino también porque en él se distinguen áreas con características diferentes. en función de variaciones culturales y económicas. Esta diversidad condiciona y caracteriza el tema que tratamos, pues los artesanos trabajaban en los valles donde se desenvuelve su vida y las características de aquellos influirán en el y marcarán su obra. La misma aparición de la panera se produce antes en los lugares más ricos, y ello provoca que los motivos tallados, dependientes a su vez de las paneras, tengan fechas más o menos tempranas según las áreas geográficas del concejo.
La falta de uniformidad de estas zonas. aunque no sean muy extensas, es un hecho que debemos de tener presente al tratar de comprender muchos aspectos de la cultura rural asturiana, dada la compleja topografía del país. En Cangas, Allande y Tineo el número de paneras es muy superior al de hórreos. Aquellas fueron levantadas en su gran mayoría en el siglo XIX y difieren tanto por su tamaño, más reducido, como por diversos detalles técnicos, de las de Carreño, que son también de esta época.
Cuando en estos tres concejos las caserías más fuertes comienzan a mediados del siglo XVIII a construir paneras, ésta hubo de ser vista con mayor aprecio y consideración que el modesto hórreo. Como consecuencia de ello surge inmediatamente un interés por adornar esa nueva construcción; y esta ornamentación aparecerá de la manera que un carpintero de la zona sabe y puede, es decir, aplicando los motivos geométricos que hasta esa fecha se venían tallando en el mobiliario de las casonas rurales del occidente, en mesas, camas, vasares y, en especial, arcas y arcones.
Ahora bien, es difícil saber si este embellecimiento de las paneras se reduce tan sólo a un interés estético o de prestigio, o si detrás de este indudable interés se encuentra algún significado protector. Y es difícil porque sabemos que algunos de los diseños utilizados tuvieron fuerte carga simbólica en épocas anteriores; y aunque a fines del siglo XV III esa carga se halla debilitada tal vez todavía para sus hacedores y destinatarios representaban algo más que simples formas decorativas.
DISPOSICIÓN DE LAS DECORACIONES
La finalidad decorativa de las tallas hace que se dispongan de la manera más visible desde el exterior; por ello se sitúan sobre los costados de la pared que asoman al camino o a la casa, escogiendo los lados desprovistos de obstáculos visuales. Un lugar preferido por los maestros, para que las tallas sean apreciadas en todo su valor, es el frente donde se abre la puerta de acceso, que siempre es una. Esta fachada mira a la casa y suele estar orientada al Norte, pues la opuesta se destina a corredor y se busca que sea soleada. Las disposiciones habituales son: dos motivos flanqueando el hueco de entrada y sobre todo una talla en el centro de los costados de la panera.
En una misma panera suelen tallarse varios diseños, siendo el numero más frecuente 2, I Y 3 respectivamente. Hay casos más raros de 4, 5 e incluso 6 tallas. Por diversas causas, la disposición y el estado de muchos de estos diseños se han alterado considerablemente con el tiempo. Existen dibujos ocultos por un corredor añadido con posterioridad a la construcción de la panera; otros ocupan sitios inverosímiles, en razón a los frecuentes traslados de los edificios, por venta, dote o herencia; y algunos se han roto con la intención de abrir vanos que aumenten la ventilación. Detrás de todo este menosprecio está un cambio de gusto en el campesinado, que deja de valorar estas decoraciones ante los embates de un nuevo lenguaje formal que llega con el final de la centuria pasada. Muchos de los actuales amos de las caserías nunca había reparado en la presencia de estas tallas en sus paneras, paneras a cuya sombra y amparo transcurrió toda su vida.
REPERTORIO DE MOTIVOS
Los diseños se tallan mediante la técnica a bisel en un primer momento. A partir de mediados del siglo XIX se aprecia un paulatino empobrecimiento de esta técnica, pasando a predominar dibujos lineales trabajados con sencillos surcos de gubia curva o de esquina. En pocos casos, sólo tetrasqueles, se rebaja el fondo hasta lograr una superficie rehundida sobre la que destaca el motivo.
El acabado de las tallas suele ser de calidad, dependiendo, por supuesto, de la habilidad y maestría de cada entallador. En general puede hablarse de un mayor descuido en los motivos recientes, que no sólo simplifican sus formas, sino que se limitan a ser dibujos levemente incisos y que más tarde, a comienzos del siglo XX, serán tan sólo pintados.
Sin contar con el "grupo de diversos" que agruparía las excepciones, en el estilo decorativo Allande los diseños recogidos hasta la fecha forman seis grupos perfectamente diferenciados y característicos.
Grupo a .- Tetrasqueles y comas.
El tetrasquel está formado por cuatro comas unidas en sus extremos agudos. Resulta de dividir cuatro radios del circulo para tomar en ellos los centros de otros círculos menores. En la bibliografía se le denomina de muy diversas maneras: cruz esvástica circular, cruz ovifila, lauburu, esvástica vasca, cruz de cuatro vírgulas, etc.
Según la dirección de las comas, el tetrasquel puede ser destrorso o sinestrorso. Muchas veces no están bien construidos y los brazos no siguen una misma dirección. El tetrasquel es, junto a la roseta hexapétala, el motivo más extendido y abundante de todo el occidente asturiano. (...)
Grupo f.- Relojes. El tipo de reloj tallado más corriente sólo representa la esfera; en fechas tardías ésta incorpora pesas, péndulos y campanillas, hasta llegar a dibujar un reloj de pared entero. Algunos presentan las cifras mal ordenadas, como si la relación forma-función del reloj fuese desconocida para el tallista.
Todos estos motivos geométricos van acompañados casi siempre por cenefas, basas y coronamientos. Tampoco faltan las cruces, que suelen rematar todas las representaciones.
También aparecen letreros que se sitúan debajo de los moti vos e informan de la fecha de construcción, del autor de la obra y de quién la costeó (...)
Hoy es muy raro encontrar paneras pintadas, e incluso cuesta hacerse a la idea de que antaño lo estuvieran; sin embargo todavía gran parte de los diseños tallados conservan entre sus concavidades vestigios de la pintura que los cubría. En algunas paneras no mu y antiguas, se advierte que todas las superficies exteriores, tanto tablas de la corondio o pared, como partes del corredor estaban pintadas. Esta pintura cumplía, como es natural, una doble función: proteger la madera de los agentes atmosféricos y dar mayor vistosidad a la obra".
Ya en la esquina, se da cuenta de la reconstrucción, primeramente arriba se ha escrito:
REFÉXOLO
PA HORRO
Luego hay una filigrana decorativa a manera de lazo y debajo:
MANVEL MONTESERIN
AÑO D 1991
"Este mueble (no inmueble) o hucha, tuña, granero, silo, panera, troj y hórreo, (en el resto de Asturias), no es otra cosa que un cajón más o menos artístico; con puerta, colocado sobre unos soportes elevados, para incordio de los roedores. Bueno, suele tener tejado para guarecer los alimentos que allí se guardaban. Digo esto a pesar que perdió su función y ya nada en él se conserva, porque nada se cosecha; y los campos de cultivo son esas grandes superficies donde hay carritos y cajas registradoras, de bolsillos ajenos.
De todas maneras, el horro es algo más, como lo demuestran los IV Ruxidoiros de Allande, en los cuales nos explicó Pablo Zardaín, en su viaje por Sinop, en el norte de Turquía. Parece ser que no están más cuidados que en Asturias y que queda poco maíz para colgar as restras en sus gavitos.
Armando Graña, le faltaba una garlopa y el serrucho para demostrar de forma práctica cómo se hace un horro; porque de lo demás nos habló de todo. Las decoraciones en sus liños, puertas, carondias etc. no tienen secretos para él.
Sin embargo, yo que suelo ser escéptico ante las manifestaciones de arte popular, hago otras consideraciones al respecto; tan pueriles, que incluso creo que dependían de la capacidad económica del propietario y de la gana de comer del artista; que mostrando su talento y se aseguraba el condumio. No es como ahora, que sin ingenio, y sólo con argucias y escenografía, ornamentan el panorama social los politicastros. ¡Huf! Que mala costumbre la de mezclarlo todo.
Haxa salú."
Y en Denominación de origen: Pataca Casoa-baloca, del 23-5-2014, ensalza las virtudes de estas patatas autóctonas que aquí también se conservan:
"Estas patatas han sido cultivadas en los predios del Museo de Grandas, en la finca denominada “das Hortias” que por su orientación al naciente del sol (este), y hasta la puesta (oeste), recibe la radiación benefactora de sus rayos.
Aunque se trata de un híbrido de Casoa y Baloca, su exquisito sabor la distingue. Es de fácil cocción y muy harinosa.
Se recomienda, como festín de entendidos, asada con aceite y pingo y acompañada de ternera, lacón fresco o costilla de gocho asada (sirve también pollo). Se puede consumir frita con huevos y chorizo. Y es un manjar, acompañada de lacón curado cocido, lo que se denomina culinariamente cachelos con lacón.
Si no tiene tiempo para la cocina, cuézala usted y cómala con leche fría (cachelos y leite); su fécula se diluirá en su boca, cual flan de huevo.
Recordará su sabor en cualquiera de las formas porque el ágape será de órdago.
Hay también un arte de cocinar este tubérculo (después del Samartín del gocho) que consiste en cocerla en el agua donde previamente se cocinó el botelo del porcino. Resulta una forma peculiar de reciclar el caldo.
Es muy sabrosa en sopas de berzas, nabizas, repollo, fréjoles, porretos, cimos (grelos), y con bacalao (cachelos con bacalao) se convierte en suculenta olla.
Si la corta en rodajas, después de pelada, la fríe acompañada de cebolla y rellena sus intersticios con huevos de pitas soltas polo prao, le saldrá a usted algo parecido a una tortilla de las que ya ni recuerdan los más viejos.
(Nota: Sal y vino según convenga).
Haxa salú e bon apetito".
Debajo del hórreo también se guardan todo tipo de enseres, muchas veces el carro, de ahí que aquí se muestren estas ruedas de carro del país. Fijémonos en los pegollos del hórreo, que son de madera, y las pegolleras de pizarra. Estas evitan que los roedores suban al hórreo, de ahí que en algunas zonas las llamen tornarratos
Grandes gabitos, ganchos de madera de los que colgar enseres en las corondias
El movimiento del torno se consigue pisando los pedales, unidos por una correa a una vara verde que hace de resorte. El artesano podía ajustar el giro hasta media vuelta (de ahí media volta), trabajando si era necesario primero una mitad del recipiente y luego la otra, con lo que podía hacer formas como las jarras de una sola pieza
Troncos preparados para trabajar. La cantidad de viruta delata que se han hecho demostraciones de este trabajo hace poco. Recordemos que en interior de la Casa Rectoral hay toda una sala dedicada a la Tornería, en la planta baja, donde veremos más tornos y numerosas piezas
Un sendero de losas de pizarra nos lleva ahora a la Panera, el Pozo y la Meda. Al fondo vemos el monte As Campas (961 m), plantado de pinos, una medida, la de la repoblación forestal de estas especies, con la que se quiso paliar la pérdida de las fértiles veigas grandalesas del Navia, que quedaron sumergidas por el embalse de Salime
La Panera es una evolución en tamaño del hórreo aparecida en el siglo XVII con el objeto de albergar las grandes cosechas de maíz traído de América que, como otros productos de ultramar, como fabas y patacas, transformó la actividad agrícola y constituyó una mejora de la alimentación que provocó un aumento poblacional. Consultamos la web del Museo:
"La panera es una construcción mueble de concepción y funcionalidad similar a la del hórreo, del que constituye una versión ampliada. Al aumentar su capacidad, esta modalidad de granero desarrolla una planta rectangular dando lugar al incremento del número de elementos de apoyo y a una armadura de techumbre más compleja, que mantiene las cuatro aguas, pero incorpora al menos una viga cumbrera".
La cubierta de la panera es de lousa de pizarra, piedra imperante en la comarca, así como en gran parte del occidente de Asturias y del oriente galaico. Procede de Escanlar de Ernes, en el vecino concejo gallego de Negueira de Muñiz
Este es su costado occidental, donde hay una subidoria o escalera a la entrada, con un pequeño corredor. El corredor principal está a la derecha, orientado al norte. El grano se conservaba adentro, en unas grandes arcas fijas llamadas tuñas. Fijémonos además en las ruedas de rayos o radios, propias de los carros de labranza que sustituyeron, aunque nunca del todo, a los carros del país, sobre todo a partir de las primeras carreteras, entre finales del siglo XIX y principios del XX
Un pequeño arado de rueda, sacos y demás enseres. Lo cierto es que estos espacios solían estar muchísimo más atiborrados, ya que al final eran, además de despensa, un 'almacén de todo', pues tenían bastante más espacio disponible que las más de las viviendas campesinas de antiguamente
Una sembradora y mullidas para vacas y bueyes que tiran del xugo o yugo. Las historias de cosas perdidas o escondidas y reencontradas muchos años después no nos extraña que estuvieran a la orden del día
Y volviendo afuera, aquí está el Pozo, de forma semicircular y cubierto de tejas. Se trata de un elemento que ya estaba en la antigua Casa Rectoral y esta es su parte posterior
Y esta es la parte delantera, "Delimitado por una estructura de mampostería semicircular con un vano de ingreso adintelado y cubierta de losas de pizarra, el pozo carecía de brocal, solventándose el acceso por medio de unas escaleras pétreas flanqueadas por sendos muros que prolongan el recercado del pozo", explican asimismo en la web del Museo
Vemos ahora el corredor de la Panera. Una ristra de mazorcas o panoyas guarda el testimonio de cuando las cosechas de maíz la cubrían por los cuatro costados. Antiguamente la riqueza de una casa se miraba por la cantidad de maíz que tenían hórreos y paneras a la vista
Una vista del corredor del hórreo, donde también había espacio para las filigranas artísticas. Fijémonos en los pegollos, hechos de piedras de pizarra y argamasa. En el costado oeste hay un par de trobos (troncos huecos) y colmenas, los dos para criar abejas
La Meda o vara de hierba fue uno de los elementos más característicos del campo asturiano y gallego hasta los años 1980, cuando los modernos sistemas de empacado prácticamente las han hecho desaparecer
"La meda o vara de hierba constituye un auténtico símbolo del modo de vida campesina. Consiste en un poste central, una vara, normalmente de castaño, en torno a la cual se va acumulando la hierba de la siega ya seca, formando un círculo en la base cuyo diámetro va decreciendo en altura hasta configurar una forma cónica. Servía como almacén del heno con que se alimentaba el ganado. Con esta disposición, la hierba seca podía conservarse a la intemperie durante largo tiempo y ser empleada como forraje en los períodos de estío o carestía".
"¿Aquel prado es suyo?
Un transeúnte preocupado preguntó en la fragua de José Naveiras Escanlar, «Pepe el Ferreiro», después de encontrarse una vaca muerta al pasar por una finca a la entrada de Grandas de Salime. «Era viernes, no vinieron a buscarla hasta el lunes por la mañana». Naveiras, fundador y ex director del Museo Etnográfico de la villa grandalesa, ha utilizado la anécdota para ilustrar el desinterés por la decadencia del campo en este lugar donde casi todo lo que queda de agrario está recluido en un museo. «Así nos va». Pepe remata el relato con el gesto torcido, mirando a su alrededor con la amargura del que puede poner caras y nombres al declive sin necesidad de salir de su barrio, de éste que fue siempre el «del hospital» -por el de peregrinos-, pero que ahora se llama «El Ferreiro» como su padre, su abuelo y él, según su versión, a causa de un error difundido a través del tiempo.
«Cuando yo me crié aquí, tenía 24 niños para jugar; ahora queda una persona». La progresión geométrica del desencanto rural tiene números exactos, calcula que «en los últimos cincuenta años, en todo este concejo han cerrado 92 negocios. A cuatro o cinco personas de media por cada uno saldrían cerca de cuatrocientas, más o menos los habitantes que tiene hoy la villa de Grandas». José Naveiras retrata la villa desde la puerta de la casa familiar y de la fragua que le da el sobrenombre; se ve el arranque de la avenida que también se llama «El Ferreiro» y que conduce al Museo Etnográfico, aquella misión al rescate del pasado que emprendió en 1986 sin llegar a imaginar nunca que acabaría sumando 11.000 piezas y que con el tiempo se ha demostrado indispensable. «Lo único que queda vivo es lo que te puedes encontrar allí», lamenta.
Está vivo porque todo lo expuesto es de verdad y funciona. Dentro hay un molino que muele, un horno que puede hacer pan, telares que tejen y una sastrería, un bar o una tienda de ultramarinos con instrumentos y mercancías reales, literalmente detenidos en el tiempo. De puertas afuera, no. «No quedó nada de todas aquellas historias que me contaban los paisanos, nada de lo que oí en esta fragua cuando venía a ayudar a mi padre con doce o trece años». Ni rastro de los cinco sastres y los cinco carpinteros que ejercieron aquí «en pleno apogeo del salto de Salime» ni, en fin, de aquel pueblo «autosuficiente» que tenía negocios de «vinos, licores, zapaterías, materiales de construcción....» Así no cuesta imaginar que el museo, como dice «El Ferreiro», se hiciese solo, que «no había más que recrear lo que había». «Cuando me preguntan cómo conseguimos recrear la tienda o el bar, por ejemplo, siempre digo lo mismo: cuando era niño, me mandaban a los recados y como el crío era siempre el último al que atendían y no llegaba al mostrador, me quedaba mirando para todo». Ahora que sus recuerdos son piezas de museo, Naveiras se reconoce a duras penas en aquel «idealista que creía que se podía hacer un país nuevo», pero no duda de la vigencia y la razón de ser de estos 3.100 metros cuadrados de exposición que una vez un alemán admirado, rememora Pepe, necesitó tres días completos para recorrer y entender plenamente.
Allí vive encerrado un universo agrario que no volverá y que de algún modo «había que salvar de la ruina» justo en aquel momento, asegura. Hacerlo fue «emocionante e importante», pero resulta que ahora tampoco está él. Pepe el Ferreiro fue destituido como director del centro en enero de 2010 levantando de golpe una sonora controversia, un movimiento de apoyo ciudadano y a la vez toda una fractura social en la villa grandalesa. «Me quedaron dentro hasta las gafas». Todavía protesta, pero se dice al tiempo complacido, una vez que el despido le ha dado para recoger manifestaciones de aliento, que no sabía que existían pero que le sirven, aunque algunas «sean interesadas», para testar afectos en el entorno. Las pancartas con su silueta y su despedida de siempre -«haxa salú»- que todavía empapelan algunas fachadas de Grandas componen, a su juicio, un mensaje «grandioso» sobre «el aprecio que me han mostrado aquí y fuera».
Desde este presente con muy poco rastro de lo que hubo, la mirada del Ferreiro sobre Grandas busca cobijo en el pasado a la mínima oportunidad de librarse del desasosiego que da, dice, «ver que no hay futuro en Grandas de Salime». Buena parte de la población que tuvo este lugar está «desaparecida» en eso que él llama el «triángulo de las Bermudas» y que tiene los vértices en Oviedo, Gijón y Avilés; a los que se han quedado «se les ha engañado vendiéndoles la alternativa del turismo cuando no hay tal cosa», concluye.
Tal vez por esa desazón que da el presente, Naveiras no duda cuando hay que escoger un refugio: «El castro». El Chao Samartín «emergió» en el monte, a unos pocos kilómetros de Grandas, como un aparente sinsentido, «con aquellas paredes que desde crío siempre me habían llamado la atención» y la sensación de que allí había «algo importante». Recuerda «la primera vivienda, hallada entre dos surcos de patatas», la emoción ante «el hacha de bronce que me enseñó un vecino en una finca de labor» o el hallazgo que confirmó que había en el asentamiento prerromano un servicio parecido al saneamiento que no llegó a Castro, el pueblo vecino, «hasta hace diez años».
"Ejemplar en su género, da a conocer, ordenadamente distribuidos por el corral, cabanón, corredor y dependencias de la casa, los múltiples elementos -herramientas campesinas, de los diversos oficios tradicionales (carpinteiro, ferreiro, galocheiro, cesteiro, torneiro), de la caza y de la pesca, de la artesanía textil... -procedentes de Grandas, Allande, Pesoz, Illano, Oscos y limítrofes comarcas lucenses que constituyen "... un legado cultural recibido de los antepasados y en trance de desaparición inmediata".
Cuando Alías escribía su libro, aún no se habían hecho, a la derecha, el conjunto del Molino, Eira y Casa del Molinero, en el que empezaremos por el primero, el Molino. A su izquierda, en la Eira, vemos dos muelas de moler. Luego veremos más atrás el banzao o cubo, donde se embalsa el agua que es su fuerza motriz. De todo ello leemos en la web del Museo:
"En 1994 se construyó en el Museo un molino hidráulico harinero que alberga los mecanismos de tres muelas distintas. El aporte hídrico proviene del pequeño arroyo que discurre por el recinto del Museo. Para solventar la escasez de agua durante el estío se recurrió a un ingenioso mecanismo por el que una bomba eléctrica impulsa el caudal del acuífero hallado al excavar los cimientos del molino, generando un circuito cerrado que proporciona a este molino la particularidad de moverse, contradiciendo al conocido refrán “agua pasada no mueve molino”.
El banzao (cubo) del molino, donde se acumula el agua que mueve los rodeznos, procede de Villaperi (Oviedo/Uviéu) y data de 1869. Fue desmontado piedra a piedra y reconstruido con la colaboración de la Confederación Hidrográfica del Norte. Las máquinas de los molinos fueron adquiridas en Valdoria (Siero), Nogueiróu (Grandas de Salime) y Colada (Ayande) y corresponden a modelos diferentes".
Además de muelas, a la entrada del Molino, en este cabanón o cobertizo podemos ver varios rodeznos o rodendos, ingenios que, llamados también rindu, son movidos por el agua que cae del banzao, giran por medio de sus aspas o paletas y con ello hacen girar al eje o árbol que mueve toda la maquinaria, que veremos en el interior
Elementos procedentes de antiguas construcciones se apilan también a la entrada, uno de ellos haciendo de soporte-base para esta columna de madera que sostiene la estructura a dos aguas del tejado de la entrada
A la izquierda está la Eira que, como la Capilla y A Casona (al fondo) veremos a continuación
Vamos varios rodeznos, el que tenemos enfrente, colocado en vertical y que conserva parte de su árbol o eje, es del antiguo Molín de Trabaces y de él cuenta su recuperación Pepe El Ferreiro en su blog, en la entrada titulada Jornadas sobre "Patrimonio cultural y natural". San Salvador. Allande 2009:
"En el año 1983, en un viaje o periplo por la zona del Río de Trabaces (Allande), aguas abajo de un pequeño afluente llamado Regueiro de Tuselos, había otra pequeña cabaña, en estado semi-ruinoso, que cobijaba el molín llamado de Trabaces. Parte del tejado había caído y bajo lo que quedaba más o menos cubierto, se conservaba una tosca moxega y las dos piedras que hacía muchos años habían dejado de moler aquel centeno y escaso trigo, del que se hacía un negro pan. Bajo éstas, el barrón del rodezno, de madera de roble, servía de sustentación al conjunto. El rudimentario guindaste soportaba la referida y deteriorada porción de louxado. Lógicamente el edificio, o su parcial conservación, se hallaba ahora, paradójicamente, sostenido por los mecanismos que en su día le tocara proteger. En la parte baja o infierno, por donde el agua volvía al cauce del río, estaba lo poco que quedaba del rodezno. Éste había perdido alguno de sus álabes que el caudal del río se había llevado. Otros, a punto de desprenderse, se conservaban gracias al sedimento de lodo y hojarasca que colmataba el recinto.
Con las precauciones que se debían seguir, se fue desmontando el conjunto desde arriba, y al final se recuperaron unos cuantos elementos de aquel vetusto molino. A continuación se trasladaron en hombros hasta Collada, gracias a la colaboración de un grupo de voluntarios vecinos de Grandas; en una operación rescate, pionera en cuanto a la importancia y su significado, pero de escaso rendimiento, en cuanto a resultados.
Hoy se halla expuesto el rodezno a la entrada del molino del Museo, en Grandas. Los desaparecidos álabes, fueron sustituidos por unos en las distintas fases de construcción. Y los que se hallaban desprendidos, porque las espigas que los fijaban al eje habían desaparecido, se conservan en la sala de molienda, con otros elementos relacionados con estos temas.
Se debe destacar en esta acción, la necesidad de aquel momento, preocupándose por componentes de un mecanismo en estado ruinoso. Veintiséis años más tarde, me parece sorprendente, casi un desatino, preocuparse por algo que el propio devenir de los tiempos, haría casi ruina todo lo que nos rodea en las zonas rurales.
Y hasta aquí hemos llegado con este lamento, que es –creo- testimonio de un triste pasado, al que no auguro ni siquiera una humilde ojeada de los verdugos que finiquitaron esta comarca.
Haxa salú"
Y aquí junto a él y a su derecha, un hermoso molino de rabil, que funciona en base a hacer girar a mano (rabilar) un manubrio, con el que se movían las muelas, siendo de los llamados "molinos a sangre" pues funcionan con fuerza humana en este caso, "para hacer girar las piedras de moler y descascarillar la escanda o fisga, separando el grano de la dura cáscara", como dicen en Asturgeografic y explican en Wikipedia:
"Un rabil o ravil es un tipo de molino movido por fuerza humana, utilizado para quitar el cascabillo al trigo silvestre o escanda y usado en el norte de España.
Considerado dentro de la clasificación de “molinos de tracción a sangre”, por ser movido de forma manual, y usado en siglos pasados en Asturias y Cantabria, el «rabil», se empleaba para la separación del “trigo chamorro” –también conocido como «rapín» o «escanda»– de la paja. Construido fundamentalmente en madera, se estructura en dos niveles: arriba la tolva y las muelas y abajo el rodezno.
En la provincia de Palencia y en Asturias se conservan ejemplares fuera de uso.
Conocido como «ravil», «rapin», «rabil» o «molino de pisar» en Asturias o «rabilucu» o «rabilón» en la montaña de Santander. Adriano García-Lomas, en Estudio del dialecto popular montañés, hace referencia al verbo relacionado con hacer girar el molino, que sería «rabilar»
Están construidos en madera con dos niveles: arriba se sitúan la tolva y las muelas y abajo la rueda, que gira al mover el manubrio o molino. Sus dientes se engranan en un dispositivo, la jaula, llamado así por su nombre, que hace rotar la muela superiorEn el Museo podrán explicar mejor el funcionamiento. De la escanda y de estos molinos leemos también en el blog Mitología Asturiana:
"La climatología de Asturias, mucha humedad y terrenos muy montañosos, además de la falta de sol, hizo que el cultivo del trigo común no diese buenos resultados, por aclimatarse sólo en escasos lugares que resultaban insuficientes incluso para la demanda de aquellos tiempos. Por esta razón el cultivo más extendido fue el de la escanda, especie de trigo rústico, cereal de invierno muy resistente al frío, que se adaptaba a las zonas montañosas, que era menos exigente en cuanto a clima y profundidad de suelo y que resistía mejor al ataque de la roya. Fue el cereal básico de Asturias en épocas antiguas.
La recolección de la escanda tiene lugar a finales de agosto o principios de setiembre, para ello se arrancan solamente las espigas con ayuda de unos palos, que reciben el nombre de mesónos o mesones dejando la paja sobre el terreno y depositando las espigas en un macón o macona.
Estas espigas están protegidas por una gruesa cascara por lo que el primer paso ha de ser el descascarillado del grano en los molinos de rabilar o pisones, estos fueron muy abundantes en otras épocas en los concejos de Grado, Belmonte, Somiedo. Salas, Proaza. Quiros. Yermes y Tameza.
Los molinos de rabilar escanda, llamados también tahonas, pertenecen al grupo de los ingenios denominados de sangre, eran unos mecanismos movidos de forma manual por cuatro personas (cuatro rodrigos) y estaban, salvo las muelas de moler, construidos de madera".
La escanda, después de ser rabilada y trillada en estos molinos rabilar, se seguía machacando en molinos de mano circulares, función de la que, dentro de la separación de labores de antaño, solían encargarse las mujeres en su casa cada vez que necesitaban harina
Junto con el éxodo rural, la cultura cerealística tocó a su fin cuando el agro astur se especializó en la producción de leche y carne para satisfacer la creciente demanda de las ciudades y áreas industriales, por lo que, todo terreno se aprovechaba al máximo para pastizal y plantas forrajeras. El maíz siguió plantándose abundantemente pero ya más dentro de los forrajes y no para su grano panificable
Muelas y rodendos en la pared del molino, donde empiezan las escaleras
Subimos por ellas para visitar el interior
Las palabras, denominaciones y usos concretos de cada pieza en esta zona, o de donde proceda, os las podrán decir con mejores garantías los guías del Museo
Antes de pasar al interior, vamos a subir al final de las escaleras y asomarnos a lo alto del molino de rabil
Tolva y muela. Encima el gran cesto del grano, que se echa en la tolva y va cayendo por la canaleta mientras gira y muele la muela del molino
En el tejado, a dos aguas y sin revestir interiormente, otro rodezno, o rodendo, este con su eje o árbol
Volvemos a bajar hacia la puerta del Molino (ponemos en mayúsculas cuando nos referimos a los espacios del Museo), pero antes de entrar, fijémonos arriba en el dintel
Se ha grabado una cruz, símbolo de protección. Todo lo relacionado con el pan y su elaboración tenía un importante componente religioso-espiritual dada su trascendencia como alimento básico. En números romanos aparece el año MCMXCIV (1994), cuando se hizo el molino
La estructura, si bien basada en las antiguas, es por lo tanto 'nueva', aunque como se ha dicho los molinos y piezas de su interior tienen diversas procedencias
Ya nada más entrar y a la izquierda tenemos la báscula, fundamental para pesar el producto. Más arriba hay medidas, estilo los celemines y otros, y diversos enseres y aperos
"El procedimiento más antiguo consistía en golpear las espigas con un mallo (mayal), instrumento agrícola formado por dos palos, uno de ellos más largo y delgado, unidos por cuerdas o correajes. El bastón más largo servía para asir la herramienta e impulsarla, golpeando rítmicamente el cereal con el más corto para separar el grano. Después se aventaba con vanos (cribas) para dejarlo limpio de “polvo y paja”. A comienzos del siglo XX se incorporaron a esta operación malladoras (trilladoras) y las aventadoras mecánicas.
La mallega se realizaba en agosto, tras la siega del cereal y era una actividad que concentraba gran número de personas, siendo motivo de reunión de familias y vecinos y de celebración festiva".
La ventana proporciona luz natural al interior, sin embargo el trabajo de la molienda solía hacerse de noche. Había molinos de maquila, de propiedad particular, con molinero o molinera al que se le pagaba una cantidad de lo molino, la maquila, y molinos de vecera, de varios vecinos que cada uno tenía su vez o turno par usarlo
Parece una especie de molino de rabil 'última generación' hecho de hierro o acero. Como siempre decimos y reiteramos, el personal del Museo os asesorará mejor. Cosa nada fácil tampoco si tenemos en cuenta que en él hay unas 20.000 piezas
Arcones, tallados con motivos geométricos, elementos decorativos que en origen pudieron también tener un significado protector
Aparece la fecha del año 2000, por lo que suponemos se hizo por entonces imitando modelos antiguos o reaprovechando sus piezas
Diversos tipos de tamices o cedazos, también conocidos como peñeras y nombres que podréis preguntar personalmente. Unos son de malla metálica y otros de chapas agujereadas
A veces, hasta que no nos asesoren dejamos volar la imaginación, sobre todo cuando vemos piezas como esta, un molino de mano, del que nos cuentan así también en Mitología Asturiana:
"En Asturias, el molino de mano de ruedas circulares de piedra, primera evolución de los molinos neolíticos, aparece por primera vez durante el período de la romanización. En el castro de Coaña se encontraron varios de estos molinos en las viviendas descubiertas. Su funcionamiento consistía simplemente en hacer girar la piedra superior sobre la inferior, accionándola manualmente con un palanca dispuesta de forma lateral, el grano se iba alimentando por un agujero que llevaba la rueda superior".
Es común a los existentes en áreas geográficas relativamente lejanas y dispares, por las Canarias prehispánicas, de ahí esta descripción del Centro de Interpretación de los Molinos de Fuerteventura:
"El molino de mano prehispánico, estaba compuesto por dos muelas circulares, superpuestas, con una perforación en el centro. La cara interna era plana, mientras que la cara externa era convexa. La muela superior, era móvil y se accionaba directamente con la mano o un mango de madera o hueso, para que girara sobre la muela inferior que permanecía fija en el suelo mediante un eje. La medida aproximada de estas piedras oscilaba entre los 30 y los 35 centímetros de diámetro, siendo la muela fija de menor tamaño de la móvil.
El grano se introducía por el orificio de la muela superior, triturándose entre ambas piedras y saliendo por los bordes".
Trampas para ratones, los nunca deseados visitantes de molinos, hórreos, paneras y casas, son las rateiras o ratoneras
Una de las tres máquinas de molinos hidráulicos y, al lado, la cabria, artilugio que permitía quitar y poner las pesadas muelas para repararlas o sustituirlas
"En Asturias debido a su configuración geográfica se desarrolló una importante industria molinera, los molinos ocuparon lugares muy pintorescos al lado de los numerosos riachuelos que discurren por sus valles. Esta industria tomó gran auge con el cultivo del maíz, procedente de América, a partir del siglo XVII.
La sustitución de la fuerza humana por la hidráulica no se produce hasta la Edad Media, y más concretamente en los siglos XI y XII, momento este en el que la geografía asturiana comienza a cubrirse de pequeños molinos, que aprovechan la energía hidráulica de los numerosos arroyos y regatos, que permitieron a nuestros campesinos conseguir la energía necesaria para moler sus cereales sin una gran inversión.
Alrededor y basadas en los molinos se crearon multitud de leyendas y divertidas coplas, los molinos eran lugares de reunión de las gentes, viejos y jóvenes.
de las aldeas próximas y en ellos se comentaban los acontecimientos cotidianos, los chismes y cuentos unas veces reales y otras fruto de la imaginación de los contertulios, todo el ir y venir de las parroquias cercanas era puesto en tela de juicio en los molinos. Además al estar generalmente alejados del resto de la población, la imaginación y la malicia de las gentes les dieron una fama poco menos que pecaminosa y son muchas las canciones populares que aluden a ello.
La explotación de los molinos podía hacerse de dos maneras: por veceras o turnos de todos los propietarios del mismo, cada propietario tenía la propiedad de un día o de medio según sus necesidades o por maquila si había un solo propietario y éste les cobraba en especie, es decir retiraba una cantidad del grano que llevaban a moler, por ejemplo un galipo por cada saco.
Los molinos de agua podían ser de dos tipos, unos de rueda motriz horizontal, molinos de rodezno y otros de rueda vertical, las aceñas. Los primeros fueron los más utilizados en Asturias y los que perduraron hasta nuestros días y los cuales aún podemos ver al lado de muchos riachuelos.
Dentro de la gran variedad de molinos extendidos por toda nuestra geografía, hay un tipo que se repite con cierta frecuencia y que es el molino pequeño de un solo rodezno que es el que aparece en la mayoría de nuestro riachuelos. Tiene planta rectangular, sin más huecos que la puerta de acceso y en ocasiones algún pequeño ventanuco. La cubierta a dos aguas, se adapta a los materiales que imperan en la zona y así tenemos molinos de pizarra, teja y techo de paja".
También en El Blog de Acebedo encontramos muy buena información sobre la historia, funcionamiento y folklore de los molinos, basándose en los artículos de diferentes especialistas. De él compartimos lo siguiente:
"Los molinos que hoy en día se conservan en Asturias tienen un origen difícil de precisar, pues de muy pocos se conoce su fecha de construcción. Es de suponer que una buena parte de ellos hayan sido construidos en el siglo XVII debido a la aparición en Asturias del cultivo del maíz, que rápidamente se generaliza y ocupa un lugar importante dentro del sistema productivo del campo asturiano. En todo caso cuando a los pocos molineros que quedan se les pregunta por la antigüedad de su molino la respuesta es bastante común: "ye mui vieyu... equí ya molió mio güelu y paezmi que tamién so padre... tien munchísimos años". Sólo los que se construyen a finales del siglo XIX y principios del XX aportan datos precisos sobre la fecha. Podemos afirmar que hasta bien entrado el presente siglo eran miles los molinos que funcionaban en Asturias. La casi totalidad empleaban el sistema de rodezno y podían tener entre uno y seis molares".
"La mayor parte de los molinos dejaron de funcionar en las décadas posteriores a la Guerra Civil 1940-1950, pero sobre todo en 1950-1960. Una última etapa de abandono se da desde 1960 hasta nuestros días. ¿Cuáles son las causas de este abandono progresivo? Se pueden distinguir varios grupos:1) Problemas con el fisco:Después de la Guerra Civil los molineros se veían obligados a pagar un canon o impuesto al Sindicato del Trigo.Tenían que llevar un libro de entrada de grano en el que se consignaba:- Nombre del dueño del maíz.- Nombre del molineru/a.- Cantidad de grano que se maquilaba.- Cantidad de grano molido.Al sindicato se le pagaba un impuesto o canon en dinero a razón de la maquila: Después de la Guerra Civil muchos molineros abandonaron la maquila y empezaron a cobrar en dinero.Por ejemplo el molín de Castru en los años cuarenta cobraba a 25 céntimos el kilogramo molido. De estos 25 céntimos, 15 eran para el molineru/a y 10 para el ayuntamiento. El control que el Sindicato y los ayuntamientos tenían sobre los molinos hace que muchos cierren o sean precintados temporalmente. En muchos casos los molineros a base de argucias lograban evitar parte del impuesto (moliendas encubiertas, etc.).En la actualidad los molinos tienen que pagar un impuesto como industria de unas 10.000 pesetas por lo que, según los molineros o llevadores, no es rentable mantenerlos en funcionamiento. Si este impuesto se eliminar sería posible mantener la actividad de algunos molinos y rehabilitar otros, asegurando asó la pervivencia de esta industria tradicional".
"Muchos molinos de agua dejaron de trabajar por la entrada en funcionamiento de molinos eléctricos caseros.Los molinos dejan de funcionar porque no tienen que moler. El poco maíz que se siembra en la actualidad es híbrido o americano y se echa triturado para el ganado, no es necesario molerlo. El maíz es sustituido por piensos elaborados en fábricas. Por otro lado el cambio en la dieta alimenticia del campesinado hace que el consumo familiar de harina de maíz del País para hacer tortes, borona y boroñu preñau haya disminuido considerablemente, hasta llegar incluso a desaparecer".
"Hay dos símbolos de la agricultura tradicional en el campo asturiano que han ido desapareciendo de su paisaje: los molinos y los batanes.
Entre finales del siglo XVI y principios del XVII se introdujo el maíz en Asturias hasta entonces, se molía escanda, mijo y panizo. En el caso de la escanda, se rabilaba (trillaba) en los molinos de rabilar para después triturarla en molinos primitivos circulares de mano. Era una actividad común ejercida principalmente por mujeres cada vez que necesitaban harina para los alimentos. En los casos del panizo y el mijo, se trituraban en pisones de piedra con mazos de madera a base de golpes. El polvo harinoso resultante se cocía en leche. En el siglo XVIII, agricultura, ganadería y pesca,conjuntamente con el comercio y la artesanía, formaban las principales fuentes de riqueza de los concejos ribereños.
El maíz se convertiría a lo largo de ese siglo en el cultivo intensivo generalizado, que haría del molino un instrumento productivo de primer orden por cuanto ofrecía muchas prestaciones a bajos costes y aportaba a sus propietarios importantes ingresos en especie. Además de la industrial estaba la función social que cumplía el molino, convertido en un espacio de unión, fiesta, diálogo, casino, chismorreo y generador de folclore (Cabal, 1992).
En los registros fonológicos y bibliográficos asturianos se cuentan con canciones dedicadas a la molienda, a los molineros y especialmente a las molineras. Se trata de canciones llenas de picardía que la mayoría de los asturianos mayores de 40 años conoce sobradamente y tararea desde los primeros compases. También el molino es un espacio liberado para la mitología. Era el lugar frecuentado por el Trasgu, ser mitológico que hacía todo tipo de travesuras, asustaba a mujeres y hombres, revolvía y cambiaba de lugar objetos y piezas relacionadas con la molienda. Desde los inicios del siglo XX hasta la actualidad, la molinería fue desapareciendo paso a paso. Después de la guerra civil aparecieron los problemas fiscales para los molineros, que se vieron obligados a pagar un impuesto al Sindicato del Trigo que repercutiría en el preciode las semillas y en las faenas de la molienda.
Las causas del declive del molino pueden explicarse por razones derivadas de las nuevas tecnologías que favorecieron la sustitución de los molinos de agua por molinos eléctricos caseros. Aunque se explican mejor por el abandono progresivo de la agricultura en general y del cultivo del maíz particularmente desde los años 70 del siglo pasado".
Es del Molín de A Pasada, recuperado de las ruinas del viejo molino, tal y como nos cuenta Pepe El Ferreiro en su blog dentro de la referida entrada dedicada a las Jornadas sobre Patriomonio cultural y natural de San Salvador en Allande 2009:
"A los pocos vecinos que quedaron en los pueblos, les invadió el desaliento y la pasividad. La abulia se contagió como mal endémico, que dejó a su paso, seres inanimados a los que nada pudiera causar ilusión o interés. Una sensación de vacío, de fracaso y frustración; porque ellos pusieron la vista también en los atractivos que brinda la ciudad, sin valorar el alto precio que se debe pagar para vivir en ella, lo que no quiere decir que la vida en el campo no sea también dura, máxime, en una tierra poco fértil y abrupta. El resultado de estos hechos es hoy, y sin visos de recuperación, un paisaje no muy gratificante. Fincas abandonadas, prados cubiertos de maleza y caminos intransitables son pues, el mudo testigo de aquellas formas de vida que no volveremos a ver. Sólo la nostalgia, o la visita obligada en verano de los que fueron un día moradores de esos predios, cambia la monotonía de sus escasos habitantes.
A unos quinientos metros del pueblo de Collada (Allande), y a escasos cuatro del arcén de la pista, se encontraba el pequeño edificio del molino. Debiera decir lo buscábamos porque, a pesar de la proximidad, nuestro molino no aparecía. En condiciones normales de explotación –tanto de la finca como del molino – sería fácil ver el tejado. Sin embargo, era infructuosa la búsqueda; y eso que contaba con la colaboración del carpintero Manuel Monteserín, que sabía más o menos, la ubicación de aquella mágica y oculta caseta. Recorrimos arriba y abajo aquel trecho de carretera varias veces en busca de alguna señal. En aquel frondoso castañeiral en el que habían crecido también salgueiros, artos y fresnos, se escondía la casita, como si los duendes del bosque la ocultaran.
Después de la desalentadora pesquisa, y algún que otro arañazo, dimos al fin con aquel inmueble cubierto por la maleza.
Ruinas como las de este molino se hallan dispersas por toda la región. Incluso edificios mayores, de hasta dos plantas, son difíciles de ver si no se conoce el lugar exacto donde están ubicados.
En su interior había una deteriorada alacena, que sirviera de protección, tanto a la muela y la moxega como a la harina, de los molestos roedores.
Este pequeño molino de la casa del “Rey de Collada”, se compró a Delia Álvarez Valledor que, al igual que al 90% de los que fueron habitantes de esta tierra, vive en Oviedo; vértice del triángulo que comparten Gijón y Avilés por el Norte, que al igual que en las Bermudas, se tragó no sólo a las gentes del Occidente de Asturias, sino que quedaron yermas también las fértiles vegas que lo circundan, porque sus habitantes se fueron para la industria, a falta de una política agraria acertada.
Hoy este mecanismo está expuesto en el molino del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
Hablar del deterioro, la decadencia y el abandono, en la zona rural del Occidente de Asturias, es realmente desgarrador".
Material sobre el armario del molino. A la izquierda vemos una desgranadora, con la que se quitaba el grano a las mazorcas de maíz curadas para poder molerlo. Fijémonos en los 'ojos' de buey de la cubierta para mayor aporte de luz natural al interior
Y acabando los escalones llegamos a los ojos del Molino, por donde sale el agua del banzao que acaba de caer al rodezno, o rodeznos de los dos mecanismos en funcionamiento existentes aquí, haciendo girar sus aspas, procedente del acuífero antes mencionado que se descubrió con gran fortuna al hacerse este molino, como se ha dicho. Realmente son dos ojos
El sonido al girar sigue una cadencia que, con el movimiento, casi nos hipnotiza. Es un buen momento para compartir lo que nos dice José María en su referido blog Embalse de Salime, pueblos y aldeas bajo el agua:
"Y hablando de molinos, diré que la zona que comprende el Embalse de Salime, tuvo una época anterior al embalse de bastante esplendor en cuanto a temas agricolas, pues entre Grandas de Salime y Negueira de Muñiz se llegaron a contabilizar en esta zona, cerca de 100 molinos de cereal, ubicados en los multiples arroyos existente.
Algunos eran como digo de tipo Maquila, (se pagaba en grano por utilizarlo) pero la mayoría eran propiedad de los distintos pueblos, y tenias un día establecido para utilizarlo (generalmente una tarde - noche).
Se daba el caso (por ejemplo en el Arroyo del Couso) que por cierto parte del mismo divide las pedanias de los montes de Ernes con la de Foxo y Vilar y que en el, existian 5 molinos (cuatro propiedad del pueblo de Ernes y uno del pueblo de O Foxo.
Cuando tocaba a tu casa disponer del molino, se daba la circunstancia, algunas veces, que según estabas moliendo, veías como la piedra del molino iba disminuyendo de velocidad hasta que se paraba, entonces tenias que subir arroyo arriba hasta que llegabas a la entrada de un prado, donde el "tunante" del propietario trataba de desviar el agua de noche hacia su prado. (el regaba , pero tu no podías moler a pesar de ser la tarde-noche que te correspondía).
El molino de LAS BARAYAS, era uno de los mas populares de toda la zona del embalse, pues al estar situado en el Río del Oro, (por cierto del lado de A Corula) y al ser este rio una corriente continua de agua, se podía moler durante todo el año, dándose la circunstancia, que venía gente a moler a Las Barayas desde varios kilómetros, teniendo ellos incluso molinos propiedad del pueblo cerquita de su casa, pero algunos años, si el invierno y la primavera no habían sido suficientemente lluviosos, los meses de verano generalmente los arroyos sufrían estiaje en tiempos tempranos y dejaba de correr el agua, o corría muy poca, y ese era el motivo de acudir al molino de Las Barayas.
Y si siguieramos por el Rio del Oro, aguas arriba, (pero ya fuera del Embalse y por tanto fuera del valle del Navia) existian (y supongo segiran existiendo otros dos molinos muy populares), uno un poco despues de pasar el Puente Cornollo, (situado mas o menos entre El Valledor y Cornollo) y el molino, casi en la desembocadura del rio Valledor, y que le llamaban MOLINO DE COLLADA y otro aun mas rio arriba, que le llamaban MOLINO DE VEIGA, el cual estaba situado junto al puente del mismo nombre, casi frente al pueblo de TREMADO".
Vamos a pasar ahora al otro ojo del molino, el que está cubierto de hiedra. Como es natural, crecen plantas acuáticas y ribereñas
Y seguimos contemplando el giro del rodezno
Un cierre de madera nos separa del terreno adyacente a la Casa del Molinero
El Molino está pegado a ella, este es su lado occidental con su corredor volado, modelo del que nos hablan Florencio Cobo Arias, Miguel Cores Rambaud y Matilde Zarracina Valcarce en El corredor en las casas asturianas:
"El corredor de madera es un elemento que se encuentra reiterativamente en casas repartidas por toda la región asturiana: por su ubicación. disposición y diseño son posibles múltiples alternativas en la composición de fachada de las viviendas y servicios que adoptan esta solución constructiva.Determinados tipos de corredor predominan en área s concretas. unas veces de forma tan clara que caracterizan por completo su arquitectura. como es el caso del corredor volado diáfano en concejos centrales. mientras que en otras áreas coexisten dos, tres o más tipos de corredor -por ejemplo volados. sobre machones y entre muros cortafuegos en concejos costeros- o o incluso es la importancia que adquieren sus cerramientos el denominador común más evidente. como sucede en los concejos del tercio occidental y en asentamientos de montaña (...)CORREDOR VOLADOPuede disponerse a lo largo de toda la fachada o sólo en su parte central. avanzando respecto a ella cubierto por una prolongación del alero o por un tejaroz. que descansan en varios pies derechos de madera. El piso del corredor, siempre de tabla, puede apoyar bien sobre carreras que a su vez descansan en las cabezas de las vigas maestras que sobresalen del muro de la casa. o sobre ménsulas de madera empotradas en dicho muro. reforzándose en múltiples ocasiones con jabalcones o con pies derechos de madera. El antepecho del corredor está formado por una balaustrada de madera; la gran variedad de diseño de los balaustres, torneados o recortados, patentiza la voluntad estética de su constructor. la mayoría de las veces el propio usuario. La disposición proyectada al exterior hace que sea el modelo de corredor que proporciona una mayor diafanidad a la fachada.Cuando varias casas con esta solución se alinean en un núcleo rural. el espacio bajo el corredor es público y se utiliza como paso o cobija por los vecinos, pero a la vez los moradores de cada vivienda lo privatizan ocasionalmente, al conformar tertulias en él o al resguardar algún apero. Por su sencillez estructural. que ha determinado su empleo en construcciones elementa les -existió hasta hace pocos años uno en una vivienda con cubierta vegetal de Degaña- y sobre todo por su mención en documentos de mediados del S. XIV y del S. XVI. podemos considerarlo como el tipo de corredor más arcaico de los utilizados en Asturias".
"La Casa del Molinero es una edificación contemporánea que aúna las características distintivas de la arquitectura tradicional de la comarca. Se trata de una construcción de dos plantas y desván con cubierta de pizarra.
El ingreso a la planta baja se produce por la fachada occidental, a través de un gran vano adintelado resguardado de la intemperie por el volado de la galería del piso superior. Este era el espacio en que habitualmente se ubicaban las cuadras en la casa campesina tradicional. El ingreso a la planta superior, donde se localizaría la vivienda, se realiza a través de una galería a la que se accede mediante unas escaleras integradas en el alzado. Las fachadas septentrional y oriental cuentan con sendos corredores volados sobre columnas de pizarra, otro de los elementos distintivos de estas casas".
"En el desván se abren unos pequeños huecos rectangulares cuya función era permitir el acceso de las palomas. Estas aves se criaban para aprovechar la carne de los pichones y la palomina o excremento de paloma. Los pichones eran un plato muy estimado y su caldo estaba muy recomendado para enfermos y convalecientes. La palomina se empleaba como abono para las tierras. La explotación de las palomas tuvo cierta relevancia hasta el primer tercio del siglo XX y las casas de cierta entidad contaban con palomar en sus desvanes. En la finca colindante al Museo por el norte puede contemplarse un palomar exento de planta circular. Edificaciones de esta envergadura no fueron muy frecuentes en Asturias y siempre eran propiedad de casa fuertes que escenificaban a través de ellas su solvencia y prestigio".
"Delante del bazao del molino se sitúa la eira (era), espacio abierto enlosado en el que se hacía la mallega (trilla), operación mediante la que se desgranaba el centeno y el trigo, separando el grano de la paja.
El procedimiento más antiguo consistía en golpear las espigas con un mallo (mayal), instrumento agrícola formado por dos palos, uno de ellos más largo y delgado, unidos por cuerdas o correajes. El bastón más largo servía para asir la herramienta e impulsarla, golpeando rítmicamente el cereal con el más corto para separar el grano. Después se aventaba con vanos (cribas) para dejarlo limpio de “polvo y paja”. A comienzos del siglo XX se incorporaron a esta operación malladoras (trilladoras) y las aventadoras mecánicas.
La mallega se realizaba en agosto, tras la siega del cereal y era una actividad que concentraba gran número de personas, siendo motivo de reunión de familias y vecinos y de celebración festiva".
"Procedente de algunos países europeos se comenzó a usar en este territorio un pequeño modelo de arado compuesto de un armazón triangular y una reja de vertedera cubierta parcialmente por una placa de hierro. Pero este arado de vertedera fija presentaba algunos problemas. Así por ejemplo, el hecho de tener que establecer parcelas rectangulares, labrar desigualmente los surcos y derramar la tierra sobre el surco en terrenos de pendiente inclinada, obligó a los fabricantes a tratar de mejorar el arado. Así surgió el arado de vertedera giratoria, es decir, sujeta por una aldabilla para facilitar su desenganche y adaptación al lado opuesto y de esta manera poder volver la labor sobre el mismo surco. Posteriormente apareció el arado denominado brabán que tenía dos vertederas dispuestas simétricamente una sobre otra que giraban sobre el eje del arado.
La modernización de la agricultura a consecuencia de la utilización de arados de vertedera llegó a ser significativa en explotaciones medias y grandes. Muchos labradores no adoptaron las innovaciones debido fundamentalmente a las menores dimensiones de sus explotaciones y a la carencia de medios todavía en la primera mitad del siglo XX".
"Valdeferreiros es la capital de la parroquia de los Coutos, en Ibias. Allí, desplazándose como unos 600 metros al suroeste, se halla la casa de Perdigueira en la que adquirí una amasadora de la que contaré aquellos aconteceres que me llevaron a conocer el lugar y su estado.
Como es sabido, en el Museo Etnográfico de Grandas se realizaban todas aquellas actividades que un día fueron trabajos propios de esta comarca. Y digo esta comarca, aunque en realidad se llevaban a cabo en todo el país, y fueron desapareciendo paulatinamente, desde principios del siglo pasado. Resalto esto así, porque en las zonas rurales donde se conservó fue como medio de subsistencia, por pura necesidad.
Allá a finales de la década de los noventa y principios de este sacrificado siglo, se llevaron a cabo varias obras en el Museo. Entre ellas la construcción de un horno para cocer pan. Al principio, amasaba la harina con mis manos, pero a medida que mis vértebras lumbares (cuadriles) se resentían, pensé en recurrir a un medio mecánico para la labor. Anduve por diversos lugares, según oía la existencia de viejas amasadoras. No recuerdo ahora la fecha en que una torrencial y desmesurada avalancha de piedras, árboles y agua provocaron que el regato de la curva, en San Antolín de Ibias, se llevara la pared de la panadería, arrasando a su paso la parte delantera por la que salió el mobiliario, y creo que entre él, la amasadora, que, aunque antigua, no lo era lo suficiente para ser instalada en el Museo, pero gracias a esas visitas se me facilitó la información sobre la que aquí nos ocupa. Ésta era de fabricación catalana, e igual en la forma pero de menor tamaño que la de la panadería de José Antonio. Podríamos hablar de aquel destartalado armatoste, pero nos desviaríamos del tema.
En el caserío de Perdigueira se hallaba la amasadora. A unos sesenta o setenta metros de la casa, en una finca semienterrada, se encontraba aquella máquina que después de un desilusionante reconocimiento, esperaba hacerla trabajar de nuevo. Al desmontarla para su restauración y funcionamiento, mostró que su columna central y algunas partes más estaban totalmente carcomidas por la sal que se añadió al agua de amasado durante tantos años. Entre esas partes estaba el piñón de engranaje con la cuba de amasado. Estas anomalías o desgastes y su mal estado en general, a pesar de haber sido dotada con un nuevo piñón facilitado por Luis Otero Castaño, no permitieron un resultado satisfactorio. Por lo tanto, aquella amasadora marca Turu, fabricada por Juan Turu, en Tarrasa, pasó a formar parte de la exposición “virtual”, que en el muro del banzao del molino, figura para mostrar algunos útiles de la elaboración del pan. Considero bien empleadas las cincuenta mil pesetas más el porte que hube de pagar por el inservible aparato que, aunque no cumple su función, sí es representativo.
Hoy, en el horno habilitado para este fin en el Museo, lo único que llegó a cocer fueron torpes ideas, pese a estar dotado de una buena amasadora donada por Miguel Álvarez Magadán.
Otro hecho que también debo resaltar es que el día que nos trasladamos a ese lugar lo hicimos por la carretera-pista que va a Negueira de Muñiz, Lugo. El camión que usamos para tal fin, tenía instalada una pluma que prestó el servicio de elevar la campana hasta la espadaña, en la Capilla de la Virgen de la Vega, en Seira, cuyo oficiante religioso es el cura de la parroquia de Negueira y otras, Don Ramón, al que conozco y aprecio, y por lo tanto, me alegro de aquel momento coyuntural.
Otro dato, aunque da la impresión de que se juntan churras con merinas, es que en aquella casa había un gran hórreo, casi como una panera. Estaba este cubierto de paja, pero presentaba cierto estado de ruina. Ruina que no es de extrañar, pues su propietario se había dirigido a la Consejería de Cultura solicitando su traslado, dado que el lugar que ocupaba bajo la casa, en el que entre ésta y su emplazamiento (llámese pegollo), podía pasar el carro holgadamente, pero no así un tractor de gran tamaño. Así que aquel mueble estorbaba, pero Cultura, aplicando la torpe ley que prohíbe mover una sola paja, motivó el abandono del mismo. Con esto, y algo de tiempo, el deterioro haría paso suficiente. Espero que fuese sólo el tiempo, pues por accidente, la carga o la rueda de un aparato mecánico, podrían adelantar su calamitoso estado.
Se puede decir que el hórreo era portentoso, pero lo fue también el hecho que en su interior hallé, medio cubiertas de paja, cuatro colchas blancas con una modesta decoración. No es necesario decir que, auque quedaron en la casa las mejores, yo me di por satisfecho al poder llevarme las otras dos como regalo de la propietaria, por haberles librado de aquel montón de chatarra, como denominaban la amasadora.
Al comenzar a describir los fondos recogidos en uno y otro lugar, recuerdo pequeñas anécdotas que, aún ahora, sentado a esta mesa desde la que escribo estos relatos, me emociona agradablemente el trato recibido de aquellas gentes que, en algunos casos, de nada me conocían.
En la Porteliña solía parar un rato con Vicente, un gran artesano de la cuchillería, que además era el propietario del Mazo da Porteliña. Si visitabas el mazo, te dabas cuenta que allí trabajaba un artista, que completaba su arte con la conservación de aquel vetusto ingenio; que a pesar de su antigüedad, seguía golpeando el hierro. El retumbar de sus golpes no dejaba a nadie indiferente; parecían salir del centro de la tierra. En el taller que Vicente tenía en su casa, siempre te encontrarías con cuchillos, navajas y todo aquello que era propio de un buen ferreiro. La afabilidad de Vicente era extrema. Su delicada conversación en un tono siempre de voz baja. ¡Qué lástima cuando Vicente te contaba aquellos, para él, secretos del temple, no haber pasado allí más horas con aquel artesano! En fin, Vicente era un ser excepcional, y digo era , porque el hombre, debido a su longevidad, ha entrado en ese periodo senil y ya nada recuerda; aunque según su sobrino Cancelos, de Fonsagrada, todavía tiene esa pizca de picardía que lo caracteriza.
Vicente, tú para mí no eras: serás ese gran hombre del que se siente uno orgulloso de tratar.
Haxa salú"
La molinera trae coralesY el molineru corbatín¿De onde sal tantu lujosi non sale del Molín
"El cortín es una construcción característica del occidente asturiano que se documenta también en las áreas limítrofes de Galicia y León. Consiste en un cerramiento de mampostería rematado por un alero de losas. Describe una planta circular u ovalada y puede alcanzar los tres metros de altura. Su función es proteger las colmenas situadas en el monte del fuego, el robo y el ataque del oso. Los cortinos se construyen en pendiente, de modo que el desnivel se aprovecha al interior para crear una sucesión de rellanos o repisas escalonadas sobre las que se asientan las colmenas, facilitando de este modo la entrada y salida de las abejas. En muchas ocasiones carecen de puerta, accediéndose al interior mediante una escala o una escalera de mano. Por término medio, un cortín podía albergar entre treinta y cuarenta colmenas.
El emplazamiento de los cortinos se seleccionaba cuidadosamente. Las laderas debían estar orientadas a mediodía y resguardadas de los vientos nordés y gallego. El monte debía ser rico en flora melífera, especialmente uces o brezos y disponer de un curso de agua próximo. Por último, debía verificarse que no hubiera en las cercanías, a una cota inferior, otro cortín.
Sólo las familias más acomodadas podían disponer de varios cortinos. La mayoría de los campesinos contaba con uno y los menos pudientes compartían la propiedad que podía llegar a ser de cuatro personas".
"Hasta no hace mucho tiempo, en gran parte de Asturias, el no proteger de una manera contundente una colmena, era dejar una golosina al alcance de los niños del bosque, principalmente del oso.
Con el fin de protegerlas y dejar que las abejas realicen su labor, se levantaban estas construcciones.Cortín, curtín, curtixu o curtíu es como se conoce en las distintas zonas oseras de Asturias, a un recinto generalmente circular, en algún caso puede tener forma cuadrada, construido con un muro de piedra en seco, es decir sin ningún tipo de argamasa, con una altura de más de dos metros, rematado por grandes losas de pizarra formando una visera.
Dentro del recinto se preparaban pequeños rellanos donde se colocaban las colmenas, también denominadas truébanos, trobos, caxellos, cubos, etc. dependiendo de la zona o forma, ya que el material con el que se construía era generalmente un tronco de árbol ahuecado.
Su ubicación era preferentemente en laderas de monte bajo con cierta inclinación, orientadas al mediodía y cerca de un lugar con agua y la flora adecuada para la fabricación de miel.
De la producción de los colmenares dependían muchas caserías del occidente asturiano, pues si bien parte de la obtenida en la cosecha se utilizaba para el autoconsumo, es resto se vendía junto con la cera, representando una importante fuente de ingresos en estas pequeñas economías rurales.
Lamentablemente en la actualidad, la mayoría de estas construcciones presentan un alto estado de abandono; manteniéndose en pie milagrosamente los muros, como muestran las fotos, aunque afortunadamente alguna que otra, todavía sigue utilizándose como antaño, mientras muchas otras, solo permanecen en la memoria de los más viejos del lugar".
"Reproducción a escala de un batán, máquina de madera, generalmente de roble, integrada por dos mazos que son impulsados alternativamente empleando la fuerza del agua transmitida por una rueda hidráulica. Los batanes se empleaban para golpear, desengrasar y enfurtir los tejidos elaborados en el telar. Durante un período de tiempo que podía superar las 24 horas, los paños eran rítmicamente golpeados por los mazos del batán hasta transformase en un tejido más tupido y compacto. Al requerir energía hidráulica para su funcionamiento, los batanes se ubicaban normalmente en las orillas de algún río o arroyo".
"En los batanes, al contrario que en los molinos, el agua no se desviaba directamente del río, se tomaba del desagüe del molino situado aguas arriba. Entonces era conducida por una presa hasta el cubu (cubo) de piedra labrada, saliendo a presión por el sálibu o saliu(canal). Un pequeño cuerno de madera proyectaba el agua contra les aspes (palas) hechas de madera de aliso o humero (aliso, humero, carbayo y castaño resisten mejor el agua). Las palas formaban la rueda motriz vertical cuyo movimiento hacía girar el eje horizontal (árbol) en el que había dos pestañas que movían rítmicamente los mayos (mazos) abatanando telas bastas de lana y sarga que colocadas en un arcón (cajón de madera) cerrado por tres de los lados, eran golpeadas, desengrasadas y enfurtidas para transformarlas en sayales, escarpines, faldas o pantalones.
A mediados del siglo XVIII había en Asturias cerca de 200 batanes funcionando, según
datos recogidos en el Catastro del Marqués de la Ensenada. En la actualidad sólo quedan algunos restos diseminados por la geografía asturiana cuya existencia queda reflejada en la toponimia de los pueblos o en el recuerdo de las personas más ancianas del lugar donde se asentaban. Hasta comienzos de los años 60 del siglo pasado
funcionaron batanes en Allande y en Cangas del Narcea. El de Parada de Navelgas (Tineo), tuvo como últimos clientes a los vaqueiros de las brañas cercanas que pagaban al pisador o batanero 8 pesetas (0,05 €) por cada vara de tela abatanada (Asociación Cultural Manxelón, 2000). En el oriente asturiano a los batanes les llaman Trillones en consonancia con el último batán en uso, el de la Quintana de los Trillones (Cangas de Onís)".
Vamos ahora hacia la Casa del Molinero, pero antes de subir a las salas por las escaleras, iremos a la izquierda
"El nuevo director quiere sacar del complejo etnográfico las seis pitas pintas y el gallo que Pepe El Ferreiro tenía dentro de las instalaciones como parte de la exposiciónEl Museo Etnográfico de Grandas de Salime quedará «desplumado» en poco tiempo (entiéndase en el sentido literal de la palabra) y es que el nuevo director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, Francisco Cuesta, quiere deshacerse de las «seis pitas ponedoras y un gallo», que introdujo hace algunos años el ex director del complejo etnográfico, José Naveiras Escanlar, Pepe el Ferreiro.
Con esta operación, el famoso inventario del museo de Grandas de Salime, ese que, supuestamente, dejó sin puesto a Pepe el Ferreiro porque no lo llevó a cabo, perderá siete piezas y muchos huevos, ya que las gallinas, propiedad oficial de la consejera de Cultura del Principado de Asturias y presidenta del patronato del museo de Grandas, Mercedes Álvarez González, están ahora inventariadas. «Son piezas que forman parte del museo», explicó ayer en declaraciones a este periódico Francisco Cuesta.
Sin embargo, las pitas y el gallo tienen los días contados en el museo. Cuesta aseguró que está «en contacto con varias asociaciones de animales para que se lleven las gallinas porque pienso que éstas no son las condiciones ideales para tener unos animales. Aunque ya sé que muchos me dirán que sólo son unas gallinas...».
Pero más allá de la pérdida de las pitas del Ferreiro, el museo de Grandas de Salime perderá también una producción diaria de una docena de huevos, los que ponen las gallinas y que hasta hace pocos días se tiraban a la basura. «Como las gallinas son propiedad del museo tirábamos los huevos, pero desde hace algunos días se los damos a los Servicios Sociales del concejo, que se encargan de dárselo a las familias que tienen necesidades», añadió Cuesta.
Antes, en época del Ferreiro, los huevos acababan en la sartén de la familiar Naveiras Escanlar. «Yo se los ofrecía a los empleados, pero si no los querían me los llevaba yo, ¿qué iba a hacer, tirarlos?», comenta Pepe el Ferreiro, que asegura que no entiende «qué manía le da ahora a la gente de no querer comer los huevos de las pitas que andan sueltas, las pitas de toda la vida», explica el ex director y creador del museo de Grandas de Salime.
Al hilo de esta cuestión, Pepe el Ferreiro recuerda que hace algún tiempo alguién llevó al Parlamento europeo el problema del trato que deben tener las gallinas y asegura que los parlamentarios griegos se echaron a reír cuando se planteó el asunto. «Se reían porque en Grecia las pitas andan sueltas, como en Grandas», apunta el ex director del museo grandalés.
Las seis gallinas y el gallo que todavía viven en el museo llegaron con una intención didáctica, porque «todos los museos etnográficos de Europa tienen animales salvajes y a los niños les encantaban», asegura el Ferreiro, que se ríe de que el nuevo director tenga intención de deshacerse de estos animales. Y con ironía apunta: «Bueno, las pitas están secuestradas. Porque si secuestraron el museo, pues a ellas lo mismo. Yo pienso que lo que tiene que preocuparles es que se le vea la pluma a la consejera de Cultura. Las de las pitas son las de siempre», remata el Ferreiro.
Desde que se produjo el cambio de dirección del museo de Grandas mucho se ha hablado del inventario que el Ferreiro nunca hacía de las innumerables piezas que había ido recolectando y recuperando a lo largo de los años, hasta convertir al museo en un referente cultural y turístico de todo el occidente asturiano. Ahora, una vez acometido el inventario del centro grandalés, siete «piezas» se van a quedar fuera del museo: las seis pitas y el gallo".
"Una de las primeras decisiones del sustituto de Pepe el Ferreiro al frente del Museo Etnográfico de Grandas de Salime fue solicitar el inmediato y urgente traslado de las seis pitas ponedoras y del lustroso gallito que formaban parte de la colección permanente del centro. Francisco Cuesta sostenía que un museo como el grandalés no era el sitio idóneo para animales salvajes de ese tipo, pese a que, oficialmente, son propiedad de la consejera de Cultura del Principado de Asturias, Mercedes Álvarez González. Pues bien, frente a las tesis de Cuesta, el escribidor que les «habla» ha podido comprobar, y de ello les ofrece doble testimonio gráfico, que las nuevas tendencias museográficas que provienen de Centroeuropa no sólo no restringen la presencia de animales en los centros etnográficos, sino que los consideran una parte relevante de sus colecciones, sobre todo si tienen la importancia histórica que han conseguido «les pites» en el medio rural asturiano. En la localidad húngara de Szentendre abre sus puertas un museo etnográfico en el que hay gallinas, gallos, gochos y hasta cabras, con el objetivo de recrear el mundo agrícola y ganadero de la zona en cuestión. Y por ahí van los tiros en otros países. Por otro lado, de la decisión de los responsables del equipamiento húngaro también pueden salir beneficios internos. Eso sí, siempre que se aplique la misma política gastronómica que llevaba el Ferreiro cuando aún estaba al frente de la prestigiosa instalación museística grandalesa. Los huevos de las seis pitas ponedoras que han sido condenadas al exilio acababan en la sartén familiar o eran ofrecidos a los trabajadores. Y es que Pepe nunca acabó de entender del todo «qué manía tiene la gente de no querer comer los huevos de las pitas que andan sueltas, las de toda la vida». Y tampoco se explica por qué su sucesor se ha empeñado en el traslado de tan entrañables animales".
Trai la molineraricos collares:y el probe molinerunun trai dos riales
Hermosa vista del banzao del Molino desde ella, con la Eira, el Hórreo, el Abeirugo y el Cabanón al fondo, donde está la entrada. A la izquierda la Casa Rectoral, la panera y el cabanón del Molino
Y un poco más a la derecha, el puente, de dos ojos, sobre el que acabamos de pasar y, al fondo, la Capilla, hacia donde iremos después
"La mesa en la que trabajaba y que ahora alberga parte de sus cuadernos de campo, con sus dibujos y anotaciones; los tréboles de cuatro hojas que tanto gustaba coleccionar; su agenda; el diccionario de María Moliner y también las gafas y la pluma con la que solía escribir, además de su chaqueta de pana, las galochas (madreñas) y la boina. Objetos todos de José María Naveiras Escanlar, "Pepe el Ferreriro", que se exhiben desde ayer en una sala dedicada a su memoria en el museo que él puso en marcha: el Museo Etnográfico Pepe el Ferreiro, en Grandas de Salime. Esa sala fue inaugurada, como si de un acto de restitución se tratara, por la consejera de Cultura, Llingüística y Turismo del Principado de Asturias, Berta Piñán, con asistencia también del director general de Cultura y Patrimonio, Pablo León.
En palabra de uno de sus hijos, Roberto Naveiras García, "es un espacio expositivo que conserva el espíritu de mi padre. Está además en la Casa del Molinero donde él tenía su despacho, por lo que no hubo que hacer cambios drásticos. Aquí están buena parte de las cosas que le definían. Tal parece, cuando entras, que acaba de salir de su despacho para ir a comer a casa".
Roberto Naveiras junto a sus hermanos Pablo y Belinda y su madre, Olga García, la viuda de Pepe El Ferreiro, acudieron a la inauguración acompañados también por varios miembros de la Asociación de Amigos del Museo. La sala, además de objetos personales, incorpora también diversos paneles explicativos del trabajo constante de José María Naveiras para poner en marcha un "museo vivo". Sin olvidar su visión integral de recuperación del patrimonio y de las costumbres de la sociedad campesina, entre otras cuestiones.
Berta Piñán admitió que con esta sala se reconoce como se merece "a Pepe el Ferreiro, al que debemos tanto en la etnografía asturiana; no sólo por el museo, también por una forma de trabajar dentro del territorio. Nos demostró cómo un proyecto personal puede convertirse en colectivo, llegando a afectar no sólo al concejo de Grandas de Salime sino a toda Asturias. No olvidemos que sólo el año pasado este museo recibió cerca de 11.000 visitantes". Una restitución completa de una figura que en su día vivió el enfrentamiento abierto con los responsables culturales del Principado.
Ayer Piñán afirmó que con el gesto inaugural "buscamos preservar la memoria y el trabajo del impulsor de este museo. Su aportación para poner en valor la cultura asturiana y el medio rural fue incalculable. Él quería un museo vivo y lo consiguió. Nuestro esfuerzo va a seguir encaminado mantener el espíritu innovador que le caracterizó siempre. Mi agradecimiento a su familia por su ayuda para hacer realidad este espacio que estoy segura va a interesar a cuantos vengan".
Y ¿qué diría hoy Pepe el Ferreiro viéndose a sí mismo formando parte, también, de su propio museo? Ante eso su hijo Roberto Naveiras señalaba con humor que, conociendo a su padre, "no creo que le resultase chocante ni que le causase sorpresa verse también él, incorporado a este museo que tantos desvelos le costó. Creo que lo entendería, no ya porque se considerase a sí mismo una pieza de museo, pero sí que sabía que era un personaje", matiza.
La exposición se completa con un audiovisual con material gráfico de los fondos del museo, de la Asociación de Amigos del Museo y de la familia Naveiras, así como diplomas y trofeos que en su día se le concedieron, cedidos por su familia. La música que lo acompaña es una de sus piezas favoritas, "El bolero de Ravel". Y al salir quizá cabría decir, como él escribía al final de sus artículos, aquello de "Haxa salú, que fame nun faltará".
"José María Naveiras Escanlar “Pepe el Ferreiro” (31 de marzo de 1942, Grandas de Salime – 13 de junio de 2020, Belmonte de Miranda), nació y creció en una familia campesina con larga tradición de ferreiros en su seno.
Por su trabajo en el taller de carpintería metálica en Grandas de Salime, Pepe visitaba con frecuencia las casas del concejo, en las que era habitual la presencia de útiles y herramientas abandonados. Sin una idea aún definida sobre qué hacer con ellas, comenzó a reunir piezas que, habiendo perdido su uso, se habían convertido en trastos viejos o “trastos vellos”, condenados al abandono o al fuego.
Su curiosidad natural no se limitó al rescate de piezas etnográficas. Su visión del patrimonio fue desde el principio integral, trascendiendo la mera acumulación artefactual de un coleccionista para interesarse por los procesos de producción, la estructura del territorio o la recuperación de oficios, actividades, técnicas y manifestaciones culturales, saberes y conocimientos que se perdían a un ritmo aún más rápido que el repertorio material.
En 1979, José María Naveiras era ya consciente de la necesidad de reunir, ordenar y de continuar rescatando todo ese patrimonio y así se lo planteó al entonces Consejero de Cultura y Deportes de la preautonomía asturiana, Atanasio Corte Zapico, y a Emilio Marcos Vallaure, gran conocedor del occidente asturiano y persona que ejercería un papel destacado en la creación del Museo.
Hubieron de pasar varios años y no pocas vicisitudes hasta que el 2 de junio de 1984 se inauguró el primer montaje del que ya entonces se denominó Museo Etnográfico de Grandas de Salime en el bajo de la Casa Consistorial del concejo. En total, cuatro salas en las que se instaló el repertorio etnográfico reunido hasta la fecha y también una muestra de material arqueológico reunido por Pepe. El local disponible limitaba las posibilidades de expansión y condicionaba el desarrollo del discurso, pero estaban ya presentes las principales líneas argumentales que se desplegarían después con mayor amplitud: la recreación de ambientes, el uso real de las piezas, la integración en el proyecto de artesanos y artesanas locales y la implicación de vecinos y personalidades de todo ámbito que habrían de favorecer la creación de la Asociación de Amigos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
En 1989 la colección se traslada a la antigua Casa Rectoral de Grandas de Salime, edificio del siglo XIX habilitado como Museo tras una rehabilitación en la que también se integraron elementos estructurales recuperados por Pepe y varios vecinos del concejo entre las ruinas de los pueblos anegados por el embalse de Salime.
La nueva ubicación constituyó en sí misma un elemento patrimonial que mostraba la estructura de la casa tradicional y permitía ampliar el área expositiva desarrollando con menos restricciones el concepto de “museo vivo” de José María Naveiras. Se sucedieron las demostraciones de oficios y actividades tradicionales, las jornadas y seminarios y se consolidó así la participación de artesanos y población local en la actividad diaria de la institución.
José María Naveiras Escanlar “Pepe el Ferreiro” (31 de marzo de 1942, Grandas de Salime – 13 de junio de 2020, Belmonte de Miranda), nació y creció en una familia campesina con larga tradición de ferreiros en su seno.
Por su trabajo en el taller de carpintería metálica en Grandas de Salime, Pepe visitaba con frecuencia las casas del concejo, en las que era habitual la presencia de útiles y herramientas abandonados. Sin una idea aún definida sobre qué hacer con ellas, comenzó a reunir piezas que, habiendo perdido su uso, se habían convertido en trastos viejos o “trastos vellos”, condenados al abandono o al fuego.
Su curiosidad natural no se limitó al rescate de piezas etnográficas. Su visión del patrimonio fue desde el principio integral, trascendiendo la mera acumulación artefactual de un coleccionista para interesarse por los procesos de producción, la estructura del territorio o la recuperación de oficios, actividades, técnicas y manifestaciones culturales, saberes y conocimientos que se perdían a un ritmo aún más rápido que el repertorio material.
En 1979, José María Naveiras era ya consciente de la necesidad de reunir, ordenar y de continuar rescatando todo ese patrimonio y así se lo planteó al entonces Consejero de Cultura y Deportes de la preautonomía asturiana, Atanasio Corte Zapico, y a Emilio Marcos Vallaure, gran conocedor del occidente asturiano y persona que ejercería un papel destacado en la creación del Museo.
Hubieron de pasar varios años y no pocas vicisitudes hasta que el 2 de junio de 1984 se inauguró el primer montaje del que ya entonces se denominó Museo Etnográfico de Grandas de Salime en el bajo de la Casa Consistorial del concejo. En total, cuatro salas en las que se instaló el repertorio etnográfico reunido hasta la fecha y también una muestra de material arqueológico reunido por Pepe. El local disponible limitaba las posibilidades de expansión y condicionaba el desarrollo del discurso, pero estaban ya presentes las principales líneas argumentales que se desplegarían después con mayor amplitud: la recreación de ambientes, el uso real de las piezas, la integración en el proyecto de artesanos y artesanas locales y la implicación de vecinos y personalidades de todo ámbito que habrían de favorecer la creación de la Asociación de Amigos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
En 1989 la colección se traslada a la antigua Casa Rectoral de Grandas de Salime, edificio del siglo XIX habilitado como Museo tras una rehabilitación en la que también se integraron elementos estructurales recuperados por Pepe y varios vecinos del concejo entre las ruinas de los pueblos anegados por el embalse de Salime.
La nueva ubicación constituyó en sí misma un elemento patrimonial que mostraba la estructura de la casa tradicional y permitía ampliar el área expositiva desarrollando con menos restricciones el concepto de “museo vivo” de José María Naveiras. Se sucedieron las demostraciones de oficios y actividades tradicionales, las jornadas y seminarios y se consolidó así la participación de artesanos y población local en la actividad diaria de la institución.
La necesidad de crecimiento del Museo se hizo evidente y se emprendió su ampliación, con edificios de nueva planta que reproducían arquitecturas tradicionales. Se instaló un molino hidráulico que durante años prestó servicio a los vecinos del pueblo interesados en su uso y el Museo ganó también espacio para su actividad interna disponiendo un taller metálico y de carpintería y zonas para exposiciones temporales, actividades y despachos. En 2004 se inauguró la capilla, también de nueva planta, hito final de un período de constante crecimiento.
Aún sin llegar a ver cumplidas sus aspiraciones iniciales, José María Naveiras consiguió materializar el concepto de Museo integral y vivo, siendo resultado final una brillante recreación de los espacios domésticos y las actividades productivas tal y como los había conocido su cronista.
El Museo que hoy disfrutamos es el legado tangible de Pepe. Unánimemente reconocido como uno de los mejores en su género, con una colección material ingente, sirvió y sigue sirviendo de ejemplo e inspiración para la creación de otros museos, dentro y fuera de Asturias.
El auténtico legado de Pepe el Ferreiro que traspasará generaciones, es, como el patrimonio que siempre quiso conservar, intangible. El proyecto se ha convertido en uno de los principales catalizadores del sentimiento de respeto generado entre los propios vecinos hacia formas de vidas pasadas, pero no tan lejanas, denostadas por sus propios protagonistas porque sobre ellos pesaba el lastre, forjado durante generaciones, del atraso, la miseria y el desvalimiento social. El tiempo y el éxito indiscutible del Museo han ayudado a modificar radicalmente el desprecio secular por lo propio y acentúan el respeto por los bienes que permiten recrear aquel mundo extinto en pocas décadas y que hoy es reivindicado como referente compartido y motivo de orgullo colectivo".
"La conservación y la dignificación del patrimonio rural asturiano deben mucho a José Naveiras, fallecido ahora hace un año, fundador del Museo Etnográfico de Grandas de Salime y descubridor del Chao Samartín"Imagina, por un momento, que un día los dichosos americanos aciertan con esa bomba de neutrones que mata pero no destruye [...]. Pues bien, si eso ocurriera, yo tendría que venir corriendo aquí, arrodillarme ante el señor Cayo y suplicarle que me diera de comer [..]. El señor Cayo podría vivir sin mí, pero yo no podría vivir sin el señor Cayo".El texto precedente corresponde a la célebre novela "El disputado voto del señor Cayo", una ácida reivindicación del saber de la España vaciada donde Miguel Delibes presenta un pueblo burgalés habitado únicamente por un campesino, a quien los candidatos electorales piden el voto.Imposible leer este texto memorable sin recordar a José Naveiras Escanlar, conocido cariñosamente como "Pepe el Ferreiro", que falleció el 13 de junio del año pasado; testigo privilegiado de los grandes cambios ocurridos en el mundo rural tras el desarrollo y la globalización. Pronto se dio cuenta del valor de las tradiciones y de los conocimientos acumulados en las aldeas durante siglos y dedicó su vida a conservarlos. Así, a principios de los años ochenta, inició lo que acabaría convirtiéndose en el extraordinario Museo Etnográfico de Grandas de Salime. Pepe el Ferreiro ha sido una de las grandes personalidades de la etnografía española. A su esfuerzo e instinto debemos la recuperación de un importante patrimonio cultural astur-galaico. Al dar la noticia de su muerte, LA NUEVA ESPAÑA titulaba "La herencia del Ferreiro: el futuro del patrimonio campesino asturiano" evocando sus aportaciones como emprendedor frente a la pérdida de identidad de un campo despoblado por intuir que en el Chao Samartín se encontraba uno de los mejores castros del norte español y acudir al rectorado de la Universidad de Oviedo -hace cincuenta años-con varias cajas de cerámica de Terra sigillata para su estudio. Deberíamos intentar dejar un mundo mejor a las futuras generaciones.En muchos aspectos lo logramos, pero en otros somos un desastre. Heredan un mundo rural desamparado por los poderes públicos y con problemas de asistencia sanitaria o educativa. Desde el punto de vista electoral tiene su explicación: sólo el ovetense barrio de La Corredoria tiene más votantes que toda la frontera astur-galaica.Un paisano auténtico La periodista de este diario Ana Paz Paredes, en su reciente obra "Asturadictos", destina un capítulo al poblado abandonado de A Paicega, incluyendo una cariñosa dedicatoria nuestro Ferreiro: "Un paisano auténtico como pocos... que abrió el camino a un turismo que buscaba las raíces de los pueblos que visitaba en un suroccidente que aun sigue siendo desconocido, incluso para muchos asturianos". En efecto, Pepe puso a Grandas de Salime en el mapa del Principado; ese alejado museo llegó a tener veinte mil visitas hace unos años.Al principio, se ubicó en los bajos del Ayuntamiento y desde los años noventa en la antigua casa rectoral, rehabilitada al efecto. Allí se irrumpe en un túnel del tiempo que reproduce el laborioso y sobrio modo de vida rural con sus oficios tradicionales y ese acervo cultural que dio de comer a generaciones. Un lugar para disfrutar "desde unas horas hasta una semana, como hizo un peregrino alemán", solía decir su fundador, que durante años fue el mejor guía, indicando el origen de los cientos de piezas, su utilidad e historia o fotografían afiándose con visitan tes y peregrinos de todas partes del mundo.Un ferreiro que conservaba en la cabeza el conocimiento ancestral que divulgó como nadie en libros y artículos en LA NUEVA ESPANA. Una obra escrita (a mano sin una tachadura, con cuidada grafía) donde presentala vida cotidiana en los pueblos campesinos, sus costumbres, sus utensilios o sus problemas. ¿Cómo era la siega, la mallega o el trato na feira?; Qué es una lareira o una fragua? ¿Por qué hacer una colada de ceniza? ¿Quién sabe hacer un clavo?¿Y trabajar el lino? ¿Dónde y cuándo se recoge la carqueixa, esa planta medicinal que que alivia la dermatitis? El lo sabía y lo compartía.En efecto, Pepe era un erudito, por mucho que le pese a algunos. No deja de ser significativo que alguien sin asistir a la Universidad, como tantos de su generación, criado en los confines limítrofes con Galicia y de oficio ferreiro nos haya dejado un museo concebido, diseñado, mimado y so- portado en su personalidad.Las peripecias de un visionarioNi el museo se cayó de un guindo cay de m ni nació a golpe de chequera. Fue un lento proceso de adquisiciones y, sobre todo, donaciones o depósitos de particulares que él conseguía. El núcleo de la colección lo compone el elenco inicial recopilado por Pepe, tal y como reconoce la cuidada página web del museo. Hoy es una entidad pública que cuenta con presupuesto y plantilla, pero en su origen, a principios de los ochenta, conseguir las piezas era toda una epopeya, con mil y una anécdotas.Se aprovechaba todo aquello de valor etnográfico que sobraba o se liquidaba, incluyendo una barbería o una sastrería, una tienda mixta y hasta una escuela rural, con sus pupitres de madera y sus pizarras o las enciclopedias de Álvarez. Cuando Peре recogía botellas antiguas tiradas a la basura, cómodos parroquianos lo observaban incrédulos, encodados en la taberna mientras mascullaban "tá tolo, tá tolo". Así se rescataron, por ejemplo, algunos cascos del coñac que vendía mi abuelo hace un siglo, cuando a Los Oscos solo se llegaba en caballo.En las obras nunca fue pacífico. Durante la rehabilitación de la casa rectoral para sede del museo fueron tan frecuentes las discusiones con la dirección técnica que se le impidió la entrada. Terminados oficialmente los trabajos, durante un fin de semana. cambiaron el sentido de una enorme viga de castaño que soportaba el peso del tejado para ganar un bajocubierta. Una tarea complicada realizada solo con cuerdas, la fuerza, el ingenio y el cariño de sus amigos incondicionales en tantas peripecias.Así, se supo de una panera que se vendía en el caserío de una aldea deshabitada donde no llegaba la carroceta. Allí se desplazó con su inseparable ayudante Salvador y con algunos voluntarios. Lo desmontaron y numeraron pieza a pieza, llevándolas con gran esfuerzo hasta Grandas, ante la indiferencia, cuando no burla, de muchos lugareños. Hoy, la panera se erige espléndida en el museo, dándonos la bienvenida.Hay una anécdota realmente singular: en 1986, la limpieza del embalse de Salime dejó al descubierto el pueblo anegado por las aguas; la sillería de pizarra con la que estaban construidas las casas era una gran tentación para rehabilitar algún edificio del museo, nos cuenta Pepe en su libro "Cuando los ferreiros forjan museos". Así que nuevamente el quijote y su escudero Salva, junto a muchos voluntarios, aprovecharon la feliz coyuntura para recoger, numerar y fotografiar el empedrado del pueblo. Sin embargo, quedaba un problema por resolver. ¿Cómo arrastrar las pesadas losas a tanta distancia de la carretera? Sin medios, casi sin dinero, solo quedaba la prodigiosa agudeza de Pepe, que dio una vez más una lección a los facultativos que le desaconsejaban la costosa operación: "Las piedras salen solas", les dijo. Con bidones reciclados fabricó tubos sol- dando sus cabezas para flotar, soportando una pequeña plataforma de tablas donde sujetó las piedras, que previamente fueron marcadas y quedaron dispersas entre las ruinas. Semanas después, las aguas volvieron a su nivel habitual y las improvisadas balsas comenzaron a navegar con las losas, para sorpresa de los automovilistas que circulaban por la zona. Algunas están, por ejemplo, en el arco de la entrada del museo.Un legado para las siguientes generacionesNo le gustaba a Pepe salir de Asturias. Hace una década, dio una conferencia en el curso de verano del Centro de Estudios Ibéricos que las Universidades de Salamanca y Coimbra mantienen en la localidad fronteriza de Guarda. Su título es todo un manifiesto: "Recuperar o nosso patrimonio, restaurar a dignidade". Habló con cariño a los portugueses de un mundo que desaparece. Empatizó enseguida con el auditorio en una memorable conferencia que aún se recuerda por la larga ovación. La vida rural de ambos lados de la Península fue idéntica: igual de pobre y esforzada. Para terminar su exposición, nuestro encorbatado Ferreiro les entregó unos clavos artesanos hechos por él en su propia fragua y cuyo proceso había grabado para exhibir allí: un vídeo de dos minutos como colofón, demostrando que el ponente era de verdad un ferreiro, machacando el hierro al rojo vivo con ese característico ruido metálico del martillo sobre el yunque.Pepe poseía una gran inteligencia natural y respondía con solvencia a las preguntas de los académicos. Podría calificarse de sabio humilde, dos características que parecen presentarse por ese orden. Orgulloso de sus orígenes se le reconocía por el uso habitual de la pucha (boina), con su enorme carga simbólica. Era afable con los visitantes y muy exigente con los burócratas. El año 2009, compareció ante la Junta General del Principado con ocasión del debate presupuestario. Una reunión que calificó de "pantomima" para sorpresa de los diputados asistentes a la Comisión de Hacienda. Así lo indica el diario de sesiones:"Esto parece un teatro de titiriteros donde la escoba golpea a la bruja o al malo, y sin embargo, sólo se trata de mover los hilos. Muevan algo más y demuestren, sus Señorías, eficacia". Terminó recriminándoles a todos los partidos no haber comparecido ante la Comisión de Cultura, para preocuparse por la marcha y desarrollo del museo, pues "no les interesaba lo más mínimo. Me hacen comparecer aquí tanto los lobos con pieles de cordero, como los que pertenecen a otra manada, y entre semejantes jaurías pretenden descuartizar la pieza en beneficio propio". Impresionante alegato que algunos parlamentarios no le perdonarían.Semanas después, Pepe fue destituido, a pesar de esa íntima conexión con su obra. El museo no se concibe sin él, ni él sin el museo al que consagró su vida, muchos de cuyos contenidos salieron no solo de donaciones que consiguió; también de su patrimonio personal con privaciones de su familia porque se había salvado tal o cual pieza que años más tarde entregaría al consorcio que lo gestionaba. Repuesto por los tribunales de aquel atropello, ya nunca fue el mismo y comenzó a dejarse morir lentamente en Aguasmestas (Belmonte de Miranda), lugar de nacimiento de su esposa, Olga. Hoy su espíritu vuela libre por el museo, junto a la cuna donde nació, la cama donde murió su madre o en el que fuera su modesto despacho. El mismo constituye la última aportación y principal pieza de su museo. Hay que morir para verse reconocido".
"Cuando Pepe el Ferreiro empezó a buscar y rescatar por las casas de su comarca todo tipo de chismes, artilugios y aparatos desechables, esos de los que se desprendían las familias y estaban destinados a acabar en el camión de la basura, sus propios vecinos lo tomaban por loco. Acabaron apilados durante años en un bajo municipal de Grandas de Salime hasta que fueron las primeras piezas exhibidas en el Museo Etnográfico, esa obra enteramente suya que acabó provocando admiración en toda España.
Cuando Pepe fue a la Facultad de Historia de la Universidad de Oviedo con algunas piezas que rescató con sus propias manos del Chao Samartín, donde estaba convencido de que se hallaba enterrado un auténtico tesoro arqueológico, lo ignoraron completamente. Hasta que muchos años después se comenzó a excavar ese castro prerromano, hoy el más importante del Norte peninsular.
Así era Pepe. Inquieto, curioso, un campesino sabio y autodidacta, tozudo, luchador, inquebrantable. Su Museo es mucho más que una colección de piezas y objetos de la vida cotidiana de los vecinos de una comarca aún aislada de los grandes centros urbanos. Su apertura, tras años de lucha contra el escepticismo oficial y el de sus propios vecinos, y de ver museos y colecciones etnográficas en sus viajes por Europa, supuso también la recuperación del orgullo y la autoestima del mundo rural, que en Grandas se sacudió los complejos forjados por siglos de paternalismo y arrogancia de señorito ante los aldeanos. Todavía hoy llamar a alguien aldeano, o sea, aludir al habitante de una aldea, se usa peyorativamente.
El Museo de Pepe no solo es un centro de vanguardia en etnografía, un referente nacional; también es un lugar diferente, alejado de las normas, las rigideces y las distancias del academicismo. Es un Museo vivo donde los objetos se pueden tocar. Y mientras Pepe estuvo al frente, cualquier visitante se podía incluso tomar un orujo casero con el director mientras oía de su voz todo tipo de explicaciones o relatos, porque sus narraciones orales, en las que nunca faltaba el humor, también formaban parte de la magia del lugar.
Los que tuvimos la suerte de ver el Museo nacer y crecer vertiginosamente, como el número de sus visitantes, que se acercaban a Grandas solo para recorrer todos sus rincones, nunca olvidaremos la conmoción y la carga emocional que suponían aquellas visitas. Tampoco a su padre, ese ferreiro de profesión toda su vida, que seguía trabajando el fierro en el Museo, y no apeaba la boina, como su hijo.
Cercano, cariñoso y próximo a los de abajo, Pepe solía ser duro, implacable, incluso arisco con los de arriba. La moqueta y el despacho oficial, como la burocracia y el intervencionismo estatal, eran para él una carga insoportable que solo le provocaba rechazo. Y no lo disimulaba, porque era un espíritu libre y mordaz que jamás ocultó lo que pensaba, ni en público ni en privado.
Cuando empezamos con ATLÁNTICA XXII quise que fuera uno de los primeros protagonistas de “La Galería de heterodoxos”, una de sus secciones más leídas. Para hacerle la entrevista hasta Grandas nos fuimos Paco Paredes y yo en una gélida tarde de invierno, que acabó siendo cálida y didáctica, como siempre que hacías tertulia con Pepe. Poco después de publicarse la entrevista, a finales de 2009, el gobierno de Vicente Álvarez Areces, al que citaba en sus respuestas, y no favorablemente, lo cesó de la dirección de su Museo. Pepe y yo teníamos pocas dudas de la relación entre su despido y la entrevista, que debió de ser para Areces la gota que colmó el vaso de su paciencia sobre aquel ferreiro rebelde e insolente. El escándalo que provocó aquella medida, el apoyo popular a Pepe, la división en Grandas y la cascada de despropósitos tanto en el Museo como en el Chao Samartín, donde el purgado fue el arqueólogo Ángel Villa por apoyar al Ferreiro, son de sobra conocidos. Detrás estuvo siempre la alianza entre el caciquismo municipal local y el Principado, principal responsable de sus desmanes.
Pepe el Ferreiro representa lo mejor de la rica cultura popular universal, hecha por artistas y artesanos anónimos desde el inicio de la humanidad. Y en Asturias el desprecio y el hostigamiento de las poderosas élites urbanas, asentadas en los gobiernos, las administraciones o la Universidad, hacia sus representantes y sus expresiones. Un fenómeno que se observa también muy claramente con la lengua. Nadie como Pepe, que hablaba el gallego de Asturias de su zona, lo padeció con tanta crueldad. Hasta el final. Murió, admirado y respetado por la gente, e ignorado y maltratado por gobernantes y poderosos. Es para sentirse muy orgulloso, porque en un país como éste eso es el mayor de los elogios".
"Esta entrevista a Pepe el Ferreiro, de Xuan Cándano y Paco Paredes, apareció en el número 5 de ATLÁNTICA XXII, en su sección “Galería de heterodoxos”, en noviembre de 2009. Al poco tiempo el entrevistado fue cesado por el gobierno autonómico asturiano como director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, del que fue fundador e impulsor. Pepe intuía que lo expresado en la entrevista y el cese estaban directamente relacionados.
El museo más popular de Asturias, y probablemente el mejor etnográfico de España, está fundado y dirigido por un campesino ilustrado. Todo en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime es insólito, desde sus salas y piezas ordenadas con rigor en un amoroso homenaje a un modo de vida que se pierde, hasta el director, guía y anfitrión de un mágico lugar donde el visitante regresa a la casa de su infancia. Exclusivamente José Naveiras para la Administración y los políticos, con los que se muestra despiadado, aunque de ellos depende, Pepe el Ferreiro esconde bajo su boina siglos de sabiduría popular. Fue labrador, ganadero y ferreiro, por tradición familiar, y desde muy joven historiador, etnógrafo y antropólogo por vocación, intuición y experiencia, algo que sale de la tierra, más que de los libros. Esa tierra que fue el primero en excavar con sus propias manos en el Chao Samartín, que ahora desvela los secretos de la romanización en Asturias.
¿Usted es autodidacta?
Si entendemos por autodidacta el que fai algo a base de esfuerzos claro que sí, que soy autodidacta. Autodidacta por falta de una base cultural más amplia.
¿Echa en falta esa base cultural?
Sí, la echo en falta. Por ejemplo al escribir tienes que mirar mucho porque no hay seguridad suficiente. Y menos mal que escribiendo logré romper esa timidez gracias a Alvaro Ruiz de la Peña y a Emilio Marcos Vallaure. Detrás de este museo hay una serie de personas, que son los padres espirituales, sobre todo Emilio Marcos Vallaure. Es muy difícil exponer una idea y llevarla a cabo sin que haya alguien que te apoye incondicionalmente.
El Museo Etnográfico de Grandas, ¿ es una metáfora?. ¿No son ya museo toda la vida y la cultura rurales?
¿Qué es un museo, nada más que recrear, aunque no de forma virtual, que es el defecto ahora?. Como dice Xuacu López, de la cocina a la vitrina. Había que recrear los ambientes propios de la vida en el campo, sin más.
¿Le dio por recrear esa vida cuando vio que desaparecía?
Antes de crear el museo, aquí en Grandas, les expuse a Atanasio Corte Zapico y a Emilio Marcos ( en la preautonomía, cuando estaban al frente de la Consejería de Cultura) que había que hacer algo para preservar esta cultura material y les hablé de los fondos con los que ya contaba. Era exponer la necesidad de salvaguardar algo que desapareció a pasos agigantados, sobre todo a partir de la década de los 60 en adelante. Era un continuo desprecio y aún lo sigue siendo, porque no hay por parte de las autoridades culturales un respeto hacia estas formas de vida.
¿No es también culpable el campesino de ello?. ¿No tiene una relación de amor/odio con la tierra?
El campesino es espurio, porque desprecia lo que fueron sus medios de trabajo, desprecia sus orígenes y el atraso secular lo asocia con sus formas de vida. Hubo un cambio brusco y no quiso saber nada con el pasado. Desde el momento en que compró la segadora y empezó a sonar en su cabeza el ruido de un motor quedó totalmente anulado y de ahí vino la decadencia del campo, apoyada por la Administración, porque parece que es más fácil traer maíz de Argentina o trigo de Rusia o fabas de Turquía o patatas de Holanda, que no cultivarlas aquí. Es una de las cosas que más me encabrona de esta Administración que fue incapaz de ver la decadencia del país, porque creían que si caía la agricultura no pasaba nada. Estaba la industria, construían pisos…
¿Sólo tienen la culpa los políticos de esta agonía?
Parece que al político no lo puedes culpar de nada, es inocente de todo. ¿Cómo vas a culpar de la decadencia del campo a alguien más que al responsable político?. ¿Hay alguien más a quien culpar?. ¿Al pobre infeliz que llevaron a trabajar a Gijón, a Avilés o a Sama, al centro de Asturias, para tener mano de obra barata, y que se consideraba afortunado por abandonar un medio en el que había vivido generación tras generación?. Marchó porque lo llevaron, no por gusto, sino por necesidad. A los políticos el campo nunca les importó.
¿Sin diferencias a derecha e izquierda?
Claro, ¿a quién quieres excluir?. ¿Quieres hacer más inteligente a Ovidio Sánchez que al señor Areces?.
¿La clase política asturiana es especialmente mala?
La clase política asturiana no debe ser muy mala, porque cada vez que pasan por aquí gallegos o de cualquier otra autonomía dicen que no nos quejemos; así que deben ser buenos, cuando otros dicen que los tienen peores (je,je,je) … pero eso debe ser porque a todo hay quien gane.
¿Usted se siente despreciado por los políticos?
Despreciado no, ninguneado. Son unos necios que se creen imbuidos por una sabiduría especial y ¿ cómo van a hacer caso a un ferreiro, que a lo mejor tiene un proyecto serio en la cabeza y ellos son incapaces?. Basta que lo diga el Ferreiro, pa que digan “esto no lo hacemos”. Estos hijos de papá …. no lo digo. Los senadores y toda la clase política romana despreciaban todo lo que venía del campo. Y Metelo le preguntó a Cicerón: ¿ quién es tu padre?. Y le contesta Cicerón: permíteme que no te haga la misma pregunta, porque eso lo dejó claro tu madre.
¿Siguen humillando al campesino cuando va a la capital?
Está menospreciado, porque lo usan como portador de papeletas para que introduzca una papeleta en la urna. Lo demás importa poco. Si te parece poca humillación esa…El daño mayor que se le pueda hacer a alguien es engañarlo diciendo que vas a hacer por él algo e inmediatamente que te sitúas en el poder ya se acabó. En cierta ocasión, en un pregón de la fiesta del vino de Cangas, dije que a los alcaldes, tanto de un signo político como de otro, no había quien los levantara del sillón hasta que no gastaban el cuero. Están aferraos y no hay manera. Se tomó a mal, porque también hablé de un cuervo que criara yo, y era caprichoso, y entonces ya se jodió y se armó la de coyer. Son tan demócratas estos necios que si siquiera respetan la libertad de los demás para poder expresarse libremente. Se consideran los amos del mundo y de todo. Es más, si tu haces un museo es gracias a ellos, gracias al esfuerzo económico que hace tal organismo. Es verdad que si no fuera por ese dinero público, que es de todos, no podrías hacer nada. Pero una cosa es esto y otra que te vendan el favor.
¿Cree que hay todavía caciquismo, sobre todo en el Occidente?
No te dejo terminar si quiera. Un día en Santaya de Oscos, que es un sitio donde hay una agudeza tremenda, me contaba un señor de allí que antes había un cacique en cada pueblo, pero ahora hay un cacique en Santaya y cinco en cada pueblo. Aumentó el caciquismo. Pero no pa mejor, porque antes el cacique para conseguir algún privilegio hacía algo que favorecía a todos. Ahora el cacique lo que trata es de favorecerse a sí mismo y no hay más intención de conseguir algo al servicio de los demás. El caciquismo aumentó y ahora es de calidad.
¿Pero no somos los gobernados un espejo de los gobernantes? ¿No estará el problema abajo y no arriba?
El poder es piramidal. Sólo puedes poner un asiento en la cúspide y sujetándolo con un clavo en las bases. Pero si el poder fueran troncos de pirámide ( y coge con sus manos un juguete con esa forma) en el centro queda siempre un hueco para un dado. Y podemos jugar a dos juegos. Uno el de la República, que consiste en cambiar el dado cada seis años, y el otro el de la Monarquía, que consiste en tener una especie de madelman al que puedes cambiar la ropa, de tierra, mar o aire, para que dé la impresión que juegas a algo. El de la Monarquía es un juego aburrido porque tienes que jugar toda la vida con el mismo muñeco y no hay posibilidad de cambiarlo. Tenía que haber seis ministerios nada más, con cuatro departamentos en cada uno. Seis personas sensatas y un presidente. Y ya está.
Usted es muy crítico con los políticos, pero quiso ser político, porque fue candidato por Izquierda Unida.
Ojo. Se puede ser político e iluso, son dos cosas completamente distintas. Político es el que vive de la política y el iluso es el que cree que va a arreglar el mundo. A mí me tocó lo segundo y no salí ni elegido. Desde el punto de vista crematístico perdí un buen chollo, porque con lo que cobra un diputado del Occidente de Asturias … Yo creía y sigo creyendo en la sociedad, pero en la sociedad bien dirigida, la sociedad a la que no se manipula y eso es ya imposible porque se crearon un puesto político y ese puesto hay que mantenerlo ante todo, a costa de lo que sea. Entonces ya no se piensa en la sociedad siquiera, se le dan 400 euros, un cheque-bebé… están engañando a la gente con caramelos. Y los caramelos tienen un dulzor de un momento nada más. Yo fui independiente, libre y hasta honrao. Honrao porque no me quedaba más remedio, porque siendo pobre hay que ser honrao, porque si no ya me contarás.
¿Tiene simpatías por Izquierda Unida?
Sí, naturalmente. Pero los pobres infelices de Izquierda Unida por tocar poder se aliaron con el diablo. Así les va. Y así les va a ir. Quiero aclarar que fue error haberme presentado como candidato siendo director del Museo. No debía haberlo hecho. Es incompatible una cosa con la otra. Creía que se podía hacer un mundo mejor y por eso tomé la decisión. Pero lo hecho, hecho está.
La mejora de las comunicaciones, ¿sirvió para llegar o para marchar?
Había pueblos que no tenían ni pista, ni agua ni luz. En el pueblo de mi madre pusieron la luz hace unos 18 años. Hicieron pistas para que la gente pudiera salir a la capital del municipio, al médico o a cualquier tema que tuviera que resolver. Pusieron el agua y la pista. ¿Pa que sirvió?. Se lavaron un poco porque pusieron un cuarto de baño, se prepararon, metieron todos los petates en un camión y a la ciudad. Se fueron todos. Las comunicaciones llegan tarde. La carretera a Fonsagrada está muy bien, ahora llegas en un cuarto de hora y son 28 kilómetros. Pero tenía que estar hecha hace 30 años, que era cuando demandábamos esos cambios. La autovía la empezaron hace 20 años y son incapaces de acabarla. Y tu criticas a alguien que inaugura cada dos kilómetros y te caen encima todos los que practican el nepotismo, porque no quieren más que pelotilleros alrededor. En Francia hay carreteras como las que están haciendo ahora en España hace 60 años; y!como presumen aquí de hacerte una carretera!. ¡Pero necio!, ¿ tú no cobras impuestos y gastas el dinero público?. Pues empléalo en hacer comunicaciones y fijar a la gente en el campo.
¿Ve estas zonas rurales vacías en dos o tres generaciones?
¿Cómo en dos o tres generaciones?. Eso serían 50 años. ¡En 10 años!. En Grandas de Salime en 50 años cerraron 97 negocios. En cualquier lugar donde te sitúes en la villa vas a contar 10 o 12 casas vacías. En una calle aquí al lao vivían 129 personas. Quedan 14. En el barrio donde yo nací nos juntábamos 24 niños y niñas a jugar. ¿Sabes cuantas personas quedan viviendo?. Una. Ya me dirás que va a ser de Grandas de Salime dentro de 10 años. Que me lo diga alguien. Que vengan esos señores de la Consejería de Infraestructuras y me lo expliquen. Esos que fijan población.
¿Hace algo la Universidad por la cultura asturiana?
Forman parte del consorcio del museo y jamás vi aquí a nadie de la Universidad, si exceptuamos a Alfonso Fernández Canteli y a Gonzalo Morís. Estando Adolfo Rodríguez Asensio de vicerrector tuvo a tres becarios aquí, pero como yo suelo discutir con todos… Una vez, cuando se iban a celebrar unas Jornadas de Etnografía, fui a visitarle a su despacho. Lo peor que puede haber es cerrar a alguien en un despacho, porque se endiosan y no hay manera de hablar con ellos. Adolfo entendió mal el mensaje o yo me expresé muy mal. Era como dar a entender lo importante que era para el museo la Universidad. Y yo dije, quieto parao: la Universidad es importante para el museo y lo que aporta el museo es importante para la Universidad. Es más la Universidad tenía que ocuparse de estos temas y tener esto documentado y gente becada como en cualquier país de Europa. Pero como esto aquí no se entiende y creeís que haceis un favor a Pepe el Ferreiro. Y a mí de favores nada. Y desde entonces no hubo más cursos de extensión universitaria. ¿Comprendes que en la Universidad no haya una asignatura de Antropología?. Eso es un crimen. O que en la Escuela de Peritos Industriales no se empiece por enseñar como era un mazo o un molino, o como era la industria artesanal. Eso es imperdonable. Aunque parece que ahora empiezan a moverse en esto un poco.
¿Ye gallego o asturiano?
Desde pequeno eu oí falar a mi madre y a mi padre como te tou falando agora. ¿Y eso quier decir que me sienta gallego o asturiano?. ¿Eso tien alguna importancia?. Perdóname que conteste como el gallego, como una pregunta. ¿Ten alguna importancia ser gallego o asturiano en una tierra que non importa ni a Santiago ni a Oviedo?. Históricamente podemos decir que Burón non era ni Galicia ni Asturias, pero bueno. Pa mi e como decir, ¿ qué e más importante, ser vasco o cántabro?. Eso son tonterías. Pero lo que ocurre e que yo desde neno siempre vi que esto pertenecía a ua provincia que se llamaba Oviedo. Y yo non me planteé más nada. A mia fala e el galego. ¿Por qué tratan de negar la realidad, como un ostentoso presidente de la Academia de la Llingua, que dixo que sabía que nel Occidente se falaba galego, pero que nunca lo reconocería públicamente. ¡Si hasta 1919 non tuvimos carretera con Oviedo!. El meu abuelo cuando fue a presentase a quintas tuvo que ir andando".
"José María Naveiras Escanlar, más conocido como Pepe «El Ferreiro» (Grandas de Salime, 31 de marzo de 1942 – Belmonte de Miranda, 13 de junio de 2020), fue un etnógrafo español, fundador y director del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.Biografía
Nacido en Grandas de Salime en 1942, cursó estudios de enseñanza primaria. Trabajó como herrero en la fragua de su padre y desempeñó otras actividades relacionadas con la metalurgia, lo que le sirvió para adoptar el sobrenombre de El Ferreiro.
En 1977, en compañía de dos amigos, descubrió los primeros restos del castro de Chao Samartín, en el mismo concejo de Grandas de Salime, en cuyas campañas de excavaciones arqueológicas colaboró. En el año 1983 fundó el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, que dirigió hasta su destitución en el año 2010 por parte del Patronato que lo gestionaba, surgiendo una plataforma de apoyo que reunió a más de cien asociaciones. Durante sus años al frente del espacio expositivo consiguió un gran reconocimiento para la institución, constituyendo una referencia museográfica, didáctica e investigadora en temas de etnografía. Tras su fallecimiento, en junio de 2020, la Consejería de Cultura, Política Llingüística y Turismo del Principado de Asturias ha resuelto que el Museo Etnográfico de Grandas de Salime lleve su nombre.
En 2011 se afilió al partido político Foro Asturias, siendo nombrado vocal del Consejo de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias con el apoyo, también de Izquierda Unida y del Partido Popular. Fue miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) y participó como ponente en jornadas etnográficas en Islas Canarias, Galicia, Navarra, Principado de Asturias y en otras ciudades extranjeras como Zúrich y Basilea. Fue coautor de varias publicaciones, incluidas las guías del propio Museo de Grandas de Salime, y colaborador ocasional del diario regional La Nueva España.
Destacó, dentro de su labor de divulgación, el comisariado de varias muestras sobre etnografía en el Teatro Campoamor de Oviedo, en la Feria Internacional de Clermont-Ferrand (Francia), en el Museo de Bellas Artes de Asturias y en la Federación de Sociedades Asturianas en La Habana (Cuba).
Premios y reconocimientos
1985: Entrega de la medalla de la Universidad de Oviedo durante el desarrollo del Curso de Extensión Universitaria “Primeras Jornadas de Etnografía y Etnología”.
1991: Premio “Principado de Asturias de Turismo”, concedido por la Consejería de Industria Turismo y Empleo.
1992: Socio de Honor de la Asociación para la Defensa del Patrimonio Cultural de Asturias.
1998: Premio “Chosco de Oro” de Navelgas (Tineo).
2002: Reconocimiento “Asturiano del mes de enero”, por el periódico La Nueva España.
2002: Premio de Turismo “Tierra Verde”, concedido por la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).
2002: Reconocimiento del Coro de Navia con motivo de su 25º aniversario.
2002: Distinción del Centro Asturiano de Sevilla.
2002: Primer galardón "Pendiente de Oro”, concedido por la Asociación de Hostelería y Comercio de Grandas de Salime.
2004: Premio “Urogallo de Bronce”, concedido por el Centro Asturiano de Madrid.
2005: Premio "Primer Quijote de Asturias", concedido por la Hermandad de la Probe (Morcín).
2006: Premio "Verdes valles mineros", de la Fundación Marino Gutiérrez Suárez (La Felguera).
2008: Reconocimiento de la Federación de Asociaciones Turísticas del Occidente de Asturias.
2008: Premio "Terra viva" de San Tirso de Abres.
Además, tiene otros reconocimientos otorgados por diversas instituciones de la península ibérica, así como el obsequio del Centro Asturiano de México".
"En la década de los años setenta del pasado siglo, cuando el mundo rural empieza a resquebrajarse, un hijo legítimo de ese mundo se empeña en convertirse en “hijo natural”. José Naveiras Escanlar, conocido como “Pepe el Ferreiro”, un autodidacta difícil de catalogar –imaginación, esfuerzo y tenacidad, mano tendida, libertad, capacidad de observación, habilidades técnicas… son algunas de sus cualidades– trata de salvar algo de la cultura de los suyos recogiendo con pasión restos de su cultura material dispersos y, en muchos casos, completamente abandonados: aperos, herramientas, ajuar doméstico, muebles, etc. El ambiente general en el que va a trabajar Pepe es totalmente contrario, o cuando menos indiferente, a su proyecto. En su opinión, a los políticos no les interesa el mundo rural, más bien favorecen su crisis: creían que si los pueblos se iban a pique no pasaba nada. Los campesinos, por su parte, tratan de olvidar sus orígenes pues creen que son la causa de su situación de marginalidad y de su mala suerte.
La escuela, la Universidad y los medios de comunicación obvian en sus currículos y en sus programas las enseñanzas y valores de la cultura campesina. Pepe, como él mismo había manifestado, solo cuenta con el apoyo de algunas personas a título particular, y como él mismo escribió “sería injusto no citar aquí al que en su día sirvió de acicate para tal osadía”: Emilio Marcos Vallaure. No obstante, a pesar de aquel ambiente contrario, lucha contra la tendencia de considerar la experiencia campesina como algo que pertenece al pasado, pues cree que eso sería negar el valor de mucha historia rural y de la vida de sus gentes. Durante décadas recoge piezas por toda la comarca, las lleva él mismo a Grandas de Salime, con frecuencia las restaura con sus manos, y el 2 de junio de 1984 inaugura un museo en los bajos del Ayuntamiento: el Museo Etnográfico de Grandas de Salime. Poco a poco, en la mente de este hombre, inteligente y apasionado por sus raíces, se va gestando un discurso, cada vez más completo, sobre la cultura campesina, y Pepe, que también escribe bien, utiliza sus piezas como signos para ir confeccionando su discurso.
Su experiencia autobiográfica, la de un intelectual autodidacta procedente del pueblo, está en la base de las cualidades más originales de su obra. Su propia biografía y su conocimiento íntimo del medio le permiten ser él mismo, en tanto que etnógrafo, su propio informante. Progresivamente, Pepe va pasando de la etnografía a la etnología, pues ya no trata solo de recoger objetos, sino también de interpretarlos. Va clasificando cada hallazgo ubicándolo en su contexto específico. Es un proceso en el que van surgiendo relaciones y diálogos significativos entre las distintas piezas, y así va escribiendo capítulos de ese libro sobre la vida rural, pero cada capítulo, a su vez, va contextualizado también en el marco general de la casa campesina, y esta dentro del pueblo y de la comarca. De este modo, el patrimonio tangible y el intangible –soporte y contenido, significante y significado– son dos aspectos inseparables. En su obra, cada pieza mantiene dos relaciones que revelan su significado: con su entorno presente y específico, y con el todo ausente o cultura. Pepe conecta así con la tesis fundamental de la antropología cultural: cultura tangible e intangible son dos componentes inseparables de la misma realidad.
En este sentido se enmarca su ingente labor por recuperar oficios, técnicas y actividades rurales casi desaparecidas, de volver a poner en práctica aquellos conocimientos tan complejos con los que los campesinos obtenían productos de toda clase: grano para el pan, lino y lana para confeccionar ropa, el orujo, la matanza, la tornería, la cestería, el telar, etc., poniendo todas aquellas herramientas y aperos antiguos otra vez en funcionamiento.Al final, en la nueva instalación del museo, situada en la antigua casa rectoral de Grandas de Salime y abierta en marzo de 1989, el visitante puede observar todos los ámbitos y actividades de la vida campesina, desde la cuna hasta la tumba, de modo que los diversos capítulos del libro-museo están perfectamente articulados y el centro se ha convertido en un tratado de antropología sobre el hombre del campo: la casa y sus compartimentos, las cuadras, la bodega y el lagar de vino, el hórreo y la panera, el molino, los aperos y las herramientas, los oficios artesanales, la tienda, la escuela, la barbería, la capilla, etc., ofrecen una visión total de la cultura rural.Pepe comprendió íntimamente, desde dentro y desde fuera, el alma y la vida campesina y su valor para el presente y el futuro de la sociedad asturiana, mientras que esa misma sociedad y las autoridades culturales, salvo contadas excepciones, no comprendieron los motivos y el significado de su obra, ni la necesidad de construir una institución cultural en un lugar como Grandas de Salime. Sirve de consuelo pensar que la historia está llena de ejemplos que muestran cómo los hijos intelectualmente naturales, que ponen en entredicho el paradigma oficial de su tiempo, suelen ser ninguneados, incomprendidos y hasta rechazados, aunque al final su obra suele ser reconocida, valorada y asumida por las siguientes generaciones.
Pepe y su obra resultaron incómodos para unos y carentes de importancia para otros. Para los políticos, fue siempre un molesto tábano; por una parte, no se sometió nunca a su voluntad, convencido de que la mayor parte de ellos desconocían y menospreciaban su proyecto; por otra parte, Pepe insistía en salvar un mundo que a los gobernantes y a la mayoría de la sociedad no les interesaba en ningún aspecto.
Para las instituciones académicas esa temática carecía y sigue careciendo de interés, y una prueba la tenemos en la Universidad de Oviedo, en la que no existe ni una sola asignatura de etnografía y antropología.
La población rural, cuyas raíces trataba de salvar su proyecto, está en estos momentos inmersa en un desbocado proceso de desruralización provocado desde fuera con el fin de arrancar mano de obra barata y no conflictiva para el desarrollismo y la emigración; romper los lazos con la tierra sacando a la gente hacia las ciudades, incluso en contra de su voluntad, esa fue la táctica, solía decir Pepe. El final estaba escrito y fue infame: Pepe fue cesado con ignominia como director y su obra, el museo, con la colección etnográfica más completa de Asturias y uno de los más singulares de España, se ha quedado cuando menos huérfano y sin rematar.
En la última década del pasado siglo invadió Asturias la fiebre museística, en parte alentada por el éxito del Museo de Grandas de Salime, que llegó a superar los veinte mil visitantes al año en tiempos de Pepe (tengamos en cuenta para valorar esta cifra que el concejo de Grandas de Salime tiene 875 habitantes); todos los ayuntamientos querían tener su propio museo etnográfico, pero, salvo algunas excepciones, los resultados fueron mediocres porque no tuvieron una figura como Pepe. Queremos pensar que la obra de José Naveiras Escanlar, cuyo modelo de museo sobrepasó las fronteras de Asturias, va a ser reconocida, a pesar de todo, por los gobernantes, por la sociedad y por los investigadores. El devenir de los hechos está requiriendo la recuperación de muchas pautas de conducta de aquella cultura tradicional; la sociedad de hoy empieza a comprender que se trata de un patrimonio que tiene futuro y que el verdadero progreso, como pensó Pepe, debe conjugar tradición y modernidad, y es el resultado de una coalición entre culturas.
El Museo de Grandas de Salime es un recurso de gran valor para aquellos que quieran investigar sobre la cultura de nuestros ancestros. Es un “reservorio”, y debe ser un laboratorio y un aula para difundir los dos mensajes que encierra: uno “hacia dentro”, hacia la población rural para revalorizar su forma de vida, y otro “hacia fuera”, hacia los gobernantes, los centros académicos, los medios de comunicación y la población urbana, para que todos estos conozcan otra cultura, otra forma de vivir. Los museos etnográficos son un medio potencial para comprender la condición humana y promover una educación multicultural, tan necesaria en nuestra sociedad de hoy. En definitiva, estos museos deben actuar como una bisagra entre la tradición y la modernidad, entre el pasado y el presente. Pepe intentó forjar esa bisagra, con lucidez, pasión y sacrificio, también con amargura y frustración, y logró hacer mucho. Ahora, a los venideros toca consolidar su obra y poner en práctica algunas de sus ideas que a él no le dejaron hacer. “Nun marchedes, lougo volvo”.
"José María Naveiras Escanlar, “Pepe el Ferreiro” (1942-2020), fue un hombre que dejó huella. Criado en un concejo del interior de la zona rural asturiana, vivió en un entorno considerado hostil por las circunstancias sociales, políticas y económicas. Pese a ello, logró conservar la memoria material e inmaterial de la cultura rural asturiana y fundar en 1983 el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, una referencia en España. Estos son diez rasgos que hicieron a Pepe el Ferreiro una persona “única”.
1. Independencia de criterio
Dice la catedrática de Historia del Arte María Pilar García Cuetos que si algo destacó de José María Naveiras fue su independencia de criterio, “una característica fundamental en un humanista”. Su carácter, fuerte, le valió muchos desencuentros, pero sus vecinos y quienes le conocieron advierten de que sin esta perseverancia y tenacidad tal vez no habría logrado muchas de sus metas. Tenía una opinión sobre un tema y la defendía de forma entusiasta y argumentada al margen de quién fuera su interlocutor y de los conocimientos de este.
2.- Compromiso con la herencia cultural de la Asturias rural
Su legado más valioso fue la recuperación de la cultura tradicional asturiana en un momento en el que no se le daba valor. “Un patrimonio especialmente frágil, que desaparecía rápidamente con la profunda transformación de una sociedad que confundía progreso y modernidad con el abandono de la propia tradición y que menospreciaba la riqueza de su propia cultura”, en palabras de María Pilar García Cuetos.
3.- Defensa de lo auténtico de la cultura asturiana durante décadas, con tesón y sin descanso
Pepe el Ferreiro mantuvo a lo largo de su vida un compromiso claro e inequívoco con lo que provenía de pueblo, “con aquello que se definía peyorativamente como aldeano o inculto, pero que nos explica como sociedad qué ha dado forma a nuestra identidad”, añade Pilar García Cuetos. “En estos momentos en los que lo rural, lo auténtico y la tradición vuelven a apreciarse y a valorarse, el legado de José María Naveiras tiene una relevancia aún mayor si cabe. Si él no hubiera contribuido a conservarlo, buena parte de nuestro patrimonio común habría desaparecido para siempre”.
4.- Comprensión de los sistemas de vida del campesinado
Para Margarita Fernández Mier, profesora universitaria de Historia Medieval, José María Naveiras fue capaz de comprender y centrar su atención en lo rural, “en algo que no se llevaba, en un contexto cultural que, generalmente, ponía su acento en el estudio de los aspectos políticos y en determinados grupos sociales privilegiados, obviando el conocimiento local que tienen quienes aprovechan el medio a través de la agricultura y la ganadería”. En los años ochenta, se agudizó el proceso de despoblación del medio rural y el abandono de las actividades tradicionales y entonces comprendió que “para salvar del olvido” los elementos etnográficos había que crear un museo que dotó de un discurso por su especial comprensión del mundo rural.
5.- Empatía con generaciones diferentes
El Museo Etnográfico de Grandas de Salime recuerda con acierto la vida rural. Con esos materiales y conocimientos “se identifica buena parte de la población, que reconoce su historia en esos objetos relacionados con los trabajos que hacían sus padres y que ellos vivieron en su infancia”. Es por ello que Margarita Fernández Mier cree que el éxito del fundador del Museo de Grandas de Salime radica en esa capacidad de mostrar algo con lo que la mayor parte de la gente se identifica, reconociendo los objetos y las historias que narran.
6.- Autodidacta, sensible y con inteligencia natural
Para el catedrático de Prehistoria Miguel Ángel de Blas, José María Naveiras fue “un hombre del pueblo llano, sin formación en estudios superiores, capaz de tener una sensibilidad elevada para comprender cómo su mundo, nuestro mundo rural, se extinguía”. Partiendo de la nada y con una inteligencia innata y conocimientos cultivados por sí mismo, buscó material y lo conservó hasta construir un museo etnográfico de reputado nivel “que muestra las manifestaciones cotidianas de la vida de la zona rural de Asturias y del Norte de la península Ibérica”. “Si en este país hubiera más gente así, todo sería diferente”, opina De Blas.
7.- Capacidad extraordinaria con las manos
Es algo de lo que no se habló con tanta frecuencia, pero Pepe el Ferreiro, que conoció el oficio de herrero de la mano de su padre, a quien había empezado a ayudar en un taller para después pasar a trabajar el hierro. En Grandas de Salime se conoce muy bien su capacidad para reparar, para hacer cosas con las manos. “Era algo excepcional”, destaca la profesora del colegio y presidenta de la asociación cultural “El Carpio” de Grandas de Salime, Rosa Mojardín. Esta habilidad y capacidad de hacer con sus propias manos le dio muchos conocimientos de los materiales del campo.
8.- Fiel entrega a los demás
En Grandas de Salime, el concejo natal de Pepe el Ferreiro, y en toda Asturias, fue conocida y reconocida su cercanía con la gente. Pese a que su destitución como director del museo grandalés en 2010 (más tarde declarada por la justicia despido improcedente) generó mucha polémica y avivó enfrentamientos personales, en el pueblo grandalés y en los alrededores Pepe el Ferreiro siempre fue muy querido porque era honesto, cercano y bondadoso. Sus ganas de escuchar y conocer el mundo rural tenían en el paisanaje su mejor oportunidad.
9.- Descubrimiento de un castro excepcional
Fue Pepe el Ferreiro el primero en encontrar en la década de los setenta, habida cuenta de la cultura castreña de la zona, restos del yacimiento del Chao Samartín en una propiedad donde hasta se plantaban patatas. “La preocupación del señor Naveiras hizo posible la conservación de aquel extraordinario material y el conocimiento de su existencia por los investigadores universitarios”, detalla la Asociación de Amigos de Parque Histórico del Navia en su presentación oficial del yacimiento.
10.- Apoyo en la vecina Galicia
Siempre tuvo presente Pepe el Ferreiro a la vecina comunidad autónoma. Especial es el cariño de A Fonsagrada por el carismático Ferreiro, por eso su patronato loó su colaboración y su ilusión para que el museo comarcal de A Fonsagrada esté hoy abierto. Fue capaz de transmitir al concejo lucense vecino que con trabajo y emoción se podía levantar un museo".
"La consejera de de Cultura, Política Llingüística y Turismo, Berta Piñán ha anunciado este martes que el próximo jueves elevará al consejo de Gobierno la propuesta de poner el nombre de Pepe el Ferreriro al Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
Lo ha anunciado en su intervención ante el Pleno de la Junta General para responder a una interpelación del diputado de Foro, Adrián Pumares, sobre la restauración del Chao San Martín. Pumares ha mostrado sus condolencias por la muerte de José María Naveiras Escanlar, más conocido como Pepe el Ferreiro y anunciando que su grupo también presentará iniciativas para preservar su memoria.
La consejera se ha sumado a las palabras del diputado de Foro y ha destacado las aportaciones de Pepe el Ferreiro a la cultura y patrimonio asturiano.
El etnógrafo José María Naveiras Escanlar, Pepe El Ferreiro, falleció este sábado a los 78 años de edad. El fundador del Museo Etnográfico de Grandas de Salime era una de las personalidades más destacadas en la investigación de la cultura del Occidente asturiano.
Descubridor del Chao Samartín, en 1983 fundó el Museo de Grandas y en 2010 fue destituido por la Consejería de Cultura como director, lo que levantó una de las mayores polémicas referentes a la gestión del patrimonio vividas en la región".
"Hace ya días que deseaba escribir, pero como Ustedes recordarán, en cierta ocasión y por un hecho luctuoso, puse entonces “quiero escribir pero el llanto no me deja”. Esta frase es de Lope de Vega, y era oportuna en aquel momento en que mi afligido ánimo no era capaz de controlar los sentimientos. Hoy son otras las circunstancias y debo, con otros motivos y serenidad, dirigirme a Ustedes como si fuera un día más, en el que fuera a contarles otra de aquellas pueriles crónicas que atañen, en muchas ocasiones, facetas de mi vida particular. De todas maneras, poco importa, en momentos difíciles, el lamento en que puedo caer movido por la angustia, que quiera o no atenaza mi garganta.
Recurrí al título del hijo del carpintero, porque Él lucho contra el poder del Imperio Romano. Debía de ser muy peligroso para éste, cuando siendo de origen tan humilde y tan poca cosa, que los representantes del sistema establecido, lo crucificaron. La cruz, por aquel entonces, era un sistema de aniquilamiento brutal; pero los seres humanos, como parece que somos evolucionados, contamos con sofisticados medios menos escandalosos; aunque Guillotine también fue un tanto botarate. Además, al margen de esta consideración que sólo es para calmar la angustia interior, les diré que hay formas sibilinas de cortar cabezas, crucificar o tirar la piedra y esconder la mano. El caso es que si Él que era redentor y molestaba al poder, buscando justicia para los desprotegidos acabó de esa manera, ¿qué será del hijo de un ferreiro que nada sabe y sólo perseguía que el patrimonio y la cultura de la tierra que lo vio nacer fuera dignificada?
No es mi deseo convertir este alegato en un clamor en mi defensa ¡Qué va! Todo lo contrario; pero debo retomar lo poco o mucho que quede de mi vida, y nada mejor para esto que intentar escribir, aunque sé que esto resultará incoherente o cuando menos confuso. Pero, ¿saben una cosa? Cuando vuelva a ser normal (si es que alguna vez lo fui) les narraré esas historias que de una forma u otra, son parte de mi vida; y ésta como es natural, enlaza con el Museo de Grandas de Salime.
Ahora queridos amigos ¿cómo se puede dar las gracias a todos aquéllos que mostraron su inconmensurable apoyo contra este linchamiento moral? Les juro amigos, que no encuentro esas palabras; pero quiero de alguna manera hacerles llegar mi más sincero agradecimiento a esas personas que salen en mi defensa; tanto en los antiguos y nuevos medios, como en el correo, el teléfono o visitas personales. Gracias a ese calor humano, siento como no es tan difícil superar el atropello. También vayan las gracias y el perdón incluso a aquéllos que muestran ese odio visceral hacia mi persona. Es posible que estén satisfechos de tan ignominiosa acción, que en su insensatez, es posible les colme de dicha. Poco importa el daño que hayan hecho a mi persona, porque lo más grave es el que llevan infligiendo a esta zona Occidental de Asturias. No sólo al patrimonio, sino a estas desamparadas gentes de esta yerma tierra asturiana, en la que poco más queda en ella que la vetustez de sus habitantes. De el Museo, no se preocupen mis queridos amigos, porque eliminando el molesto ferreiro, todo serán mejoras en él. Esto me congratula, porque al fin y al cabo, fue por lo que luché siempre. Miren Ustedes por donde “no hay mal que por bien no venga”. Me dijo un amigo, que me visitó por la mañana, que al igual que Salomón, había optado por salvar la criatura, a pesar que me partiera el corazón perder el hijo. Pero algún día tenía que ser, porque de viejo no se pasa.
Como siempre, y sobre todo para la gente bien nacida: Haxa salú
"Un año y medio después de su destitución, José Naveiras, «Pepe el Ferreiro», saborea el triunfo de ver anulada por una jueza la decisión de apartarlo de la dirección del Museo Etnográfico de Grandas de Salime para poner en su lugar al arqueólogo Francisco Cuesta.
«Declarar nulo a un personaje es emitir un juicio, pero ya era nulo cuando se hizo cargo del museo». El desahogo de Naveiras llega tras meses de padecer el alejamiento de la que fue su obra y su mayor empeño. «La jueza dice ahora que yo tenía razón, pero el daño hecho no hay nada que lo pueda subsanar». Reconoce, no obstante, que «peor sería que dijera que tenían razón estos impresentables».
El Ferreiro no oculta el resquemor por lo sucedido, «por las horas sufridas desde la ventana de mi casa viendo cómo la inepcia se hace cargo de un proyecto que costó mucho sacar adelante». Ahora, se siente animado porque la sentencia «demuestra que hicieron algo injusto» y espera «volver un día por la puerta grande», aunque añade que nunca segundas partes fueron buenas.
Aunque en la actualidad está jubilado, piensa seguir dedicando todo el tiempo que sea necesario al museo; para ello se pone a disposición de la Consejería de Cultura para prestar los servicios que considere necesarios y aprovecha para reconocer su satisfacción por el actual equipo responsable. «Menos mal que la Consejería está en manos responsables», añade. Pepe el Ferreiro mantiene desde hace muchos años una estrecha amistad tanto con el consejero, Emilio Marcos Vallaure, como con el director de Patrimonio, Juaco López.
Tras manifestar su intención de seguir haciendo lo que hacía por el museo, no olvida a las muchas personas que le demostraron que estaban a su lado, a pesar de que como dice nunca hizo nada, «pensando que lo hacía para el pueblo, lo hice porque me satisfacía, al margen de que luego eso supusiera un beneficio para el pueblo».
Emilio Marcos Vallaure no quiso extenderse ayer sobre la decisión judicial que anula el nombramiento de Francisco Cuesta, aunque hizo referencia a la arbitrariedad con que se actuó desde la anterior Consejería de Cultura en todo lo relacionado con el museo. «La destitución de Pepe el Ferreiro fue una decisión injusta y arbitraria», señaló, «uno de los asuntos más dolorosos ocurridos en la cultura asturiana».
A la pregunta de los periodistas sobre la posibilidad de repescar a Naveiras, Marcos Vallaure hizo alusión a su condición de jubilado y aseguró que el asunto de la dirección del Etnográfico de Grandas se tratará en la próxima reunión del consorcio que lo gestiona. «Seguiremos con nuestra hoja de ruta para ponerlo en el buen camino». El consejero dejó clara también la que será su política de actuaciones a la hora de cubrir los puestos de dirección de algunos museos. «Actuaremos de acuerdo a los protocolos europeos y no como en el tercer mundo».
Pepe el Ferreiro é el "alma" del El Museo de Grandas, qué é como a xente chama al Museo Etnográfico de Grandas de Salime.Acordome dúa reunión, alló polos anos oitenta, na que asistiron arquelogos, responsables de patrimonio cultural del Principado de Asturias e defensores da cultura das terras Navia Eo. Discutíase sobre se era millor que os museos tuvesen en Oviedo, cerca da universidad, cerca dos estudiosos, en llugares de gran afluencia de público. Defendían algús que nas localidades de orixen das pezas de interés, podían existir copias, ben feitas, pero copias.E Pepe el ferreiro díxolo claro, ¿Queredes levar a moza e que nosoutros nos quedemos cúa fotografía da moza?Pepe representa un modelo a seguir, e él sabe que eu opino ésto. É un exemplo vivo de como a protección e a defensa da cultura propia é síntoma e requisito del desenvolvemento, entendido tamén como progreso económico.Ese espiritu pode tar nun artesano que fai galochas, pode tar nun empresario que inicia úa empresa de elaboración de embutidos seguindo técnicas que respeten os productos tradicionais, pode tar nun restaurante que sabe cocinar e presentar con xeito os productos da terra, pode tar núa universidad que sabe investigar e dar el lugar que merece al idioma propio dúa comunidad, pode tar nun Concello que sabe promocionar a cultura real e auténtica, que é a que se fai pra propia sociedad e non pra os turistas.
"Durante anos sufrín muitímo con este museo. Encontrei úa incomprensión tremenda. Este museo costoume tamén lágrimas. Pasei por tolo por prestar atención a estas cosas, que non significan nada pra muita Xente. No se entende que alguen poda recoller cousas antiguas, abandonadas…Pero si ignoramos el pasado, ¿qué futuro imos ter?
Eu admiro a Pepe el Ferreiro"
"Este año mi colaboración con el libro de las fiestas patronales de Arroes quiero que esté dedicada a comentar algunas ideas sobre un personaje destacado de nuestra Cultura popular, como es José Naveiras,“Pepe el Ferreiro”, un buen amigo, creador y máximo impulsor del Museo Etnográfico de Grandas de Salime y que el día 26 de Enero de 2010 fue cesado y apartado de la dirección de su Museo por el Consorcio que lo gestiona, con una decisión injustificada que sorprendió a un gran número de asturianos, y que ha motivado un sentimiento de incredulidad no solo entre los habitantes de la zona occidental, sino entre todos aquellos conocedores de las instalaciones del Museo que dirigía “El Ferreiro” desde su creación.
Con este escrito pretendo mostrarle mi reconocimiento personal y un pequeño homenaje a este hombre que tanto ha hecho por nuestra cultura popular, dedicando una gran parte de su vida a restaurar, recuperar y exponer todos esos objetos y artefactos arcaicos que nos han legado nuestros antepasados, así algún día nuestros descendientes podrán entender como era la forma de vida de sus tatarabuelos.
Para mi personalmente el MUSEO ETNOGRÁFICO DE GRANDAS DE SALIME representa algo muy especial, lo conozco desde hace mas de veinticinco años y lo seguí muy de cerca, lo vi nacer, crecer y aumentar día a día y nunca pude imaginar que iba a tener que verlo pasar por momentos como los de este último año.
El Museo Etnográfico de Grandas de Salime fue fundado en el año1983 sobre la base de la colección particular de José Mª Naveiras Escanlar, que con su trabajo e ilusión ha materializado el museo más entrañable e importante de Asturias y uno de los mas destacados museos etnográficos de todo el país. Un museo vivo y dinámico cuya alma era su fundador. Nadie que conozca Grandas y su museo puede imaginarse el museo sin el Ferreiro. Es como si fuera él mismo otra pieza del museo, una pieza fundamental. Se puede decir que no tenía horarios para trabajar en el museo, que vivía prácticamente en el museo y para el museo, desde el mismo momento de su fundación y desde mucho antes, cuando recorría las casas y los pueblos buscando piezas para exponerla en unos locales que todavía ni siquiera existían. Tras ocupar durante años los bajos del Ayuntamiento, en 1989, la colección se traslada a su actual ubicación y el Museo inicia, bajo la dirección de su creador, un fructífero período de crecimiento y consolidación.
“El Ferreiro” está considerado como una autoridad en etnografía y tradiciones asturianas, una persona preocupada por la cultura y costumbres de Asturias, que ha empleado su vida en cuerpo y alma para conseguir recopilar una de las colecciones etnográficas más grandes e importantes de Europa, piezas que forman la colección que se expone en el Museo. Consiguió con poca ayuda y apenas medios, y con muchas incomprensiones ampliar y convertir la antigua Casa Rectoral de la pequeña villa occidental de Grandas de Salime, en toda una institución etnográfica, que hoy es referente para múltiples iniciativas de este tipo que se llevan a cabo en toda España.
En el Museo de Grandas, que numerosas y diversas voces reclaman que sea llamado el museo de Pepe el Ferreiro, funciona todo, entrar allí es como realizar un viaje al pasado. La cocina o llar y el horno se encendían y se cocina en ellos los platos tradicionales y en su cainzo se ahumaban los productos de la matanza. El Llagar y la prensa son reales y operativos, producen mosto que es fermentado en la bodega. Los molinos muelen el maíz y el trigo delante de los visitantes, el botiquín podría usarse sin más y las navajas de la barbería sólo necesitan la mano de un experto para dejar afeitado al más barbudo. La escuela parece dispuesta para empezar la clase en cualquier momento y que los pupitres están esperando ser ocupados por los nenos y nenas de antaño. La sastrería está tal como hace años la había dejado el sastre que la regentaba, lo mismo que el puesto del zapatero.
A mediados de agosto se hacia la trilla del trigo en la era, como se hacía hace unos cuantos años. Se trataba por tanto de un museo vivo, no de un museo virtual ni simbólico. En él todo es de verdad y todo es real. Cuando el visitante entra en la tienda museo, le parece que puede comprar cualquiera de las cosas expuestas en las estanterías o pedir un vaso de vino en la barra de la tienda- bar, cosas todas ellas factibles, pues todo está en activo y nada ha muerto, la historia sólo se ha parado para que penetremos en ella y disfrutemos del pasado desde el presente. Pepe Ferreiro no se imaginaba nunca el museo de otra manera.
Traigo aquí algunas reflexiones escritas por El Ferreiro de lo que el consideraba que debía ser un museo de las costumbre populares. “¿Qué es un museo etnográfico más que una recreación (no virtual) de unas formas de vida tradicionales? ¿Acaso no era el conjunto familiar una unidad de producción en el medio rural? Por lo tanto, éste ¿no debe reflejar fielmente esa realidad con todos sus medios? ¿O es que podemos, por una cuestión de estética trasnochada, prescindir de aquella cabaña ganadera, que era el sustento, junto con los productos agrícolas, de esa familia troncal? ¿Cree alguien que se puede hacer una obra de teatro sin actores?.”
“¿El molino, no era también ese mecanismo donde se muele el grano para más tarde hacer pan? ¿Debe ser estático?. El carpintero en su taller, ¿no hacía todos aquellos trabajos relacionados con la madera, que demandaba su clientela? ¿dicen algo sus inactivas herramientas en la deshabitada carpintería?”
“Ah! Y el ferreiro, que me atañe directamente, ¿Cuenta algo al visitante el inexistente crepitar del fuego en la fragua; o el sonido del yunque sobre el que se forja el hierro? ¿Y la tertulia de parroquianos puede ser evocada en los días de nieve, en una fría forxa, en la que los útiles, colocados en absurdos paneles, nos recuerdan que eran manejados con destreza por un fornido ferreiro?”
“En la bodega, si no se cuida el detalle de derramar algo de aguardiente por el suelo, pierde ese olor característico el local. Como se comprenderá fácilmente, los aromas forman parte, en un museo, de esas sensaciones que el visitante percibe; donde hasta una telaraña tiene significado, porque ésta es la red donde atrapa su propietaria la mosca y otros insectos. Al ser esto así, ¿por qué no elaborar vino y destilar de su orujo “aguardiente d´a terra” para que esa sensación sea natural y real?”.
“Además, vuelvo a repetir: un museo etnográfico es sólo el reflejo de unas formas de vida, en las que el ciclo anual es la imagen actual de tiempos pretéritos.”
Esto es lo que siempre pensó Pepe que debía ser su Museo y que nunca fue entendido por la administración, pero las mas de 22.000 visitas que año tras año pasaban por sus salas prueban lo acertado que estaba esta concepción de Museo de creador. No olvidemos que era con diferencia el museo etnográfico mas visitado , premiado y reconocido de nuestra comunidad.
En cualquier otro Museo dedicado a las Costumbres populares se suele sentir la frialdad de la añoranza y el recuerdo que nos trae una colección mas o menos numerosa de piezas y objetos colgados o colocados en vitrinas, en cambio en el Museo de Grandas con Pepe y su equipo de personas, era un museo que podíamos denominar de los sentidos pues se podían percibir los mas diversos olores, como los del vino elaborado en la bodega, del humo de la fragua, el del pan cocido en el horno, el de los chorizos ahumados en el cainzo, etc. Se podían tocar los objetos expuestos y sentir al tacto la textura de las maderas, de las telas tejidas en el telar. También se podían oír los más diversos sonidos de sus molinos, del martillo en la fragua, del torno de madera debajo del hórreo. Todas las piezas se podían ver sin ningún tipo de dificultad en espacios perfectamente ambientados y que parecía que estaban habitados y en uso. Por último en ciertas ocasiones el visitante podía también desarrollar el sentido del gusto, catando el vino de la bodega, los productos de la matanza, el sabor del pan amasado en la masera y cocido en el horno. En fin un autentico y extraordinario museo de las costumbres en el cual te sentías transportado a lugares y tiempos pasados.
Por todo esto no es de extrañar que desde su cese, Pepe haya recibido un masivo e incondicional apoyo popular de sus vecinos y conocidos. Nunca antes un hecho cultural, había provocado una respuesta semejante en Asturias, que se pude cifrar en más de 15.000 firmas a su favor entregadas en el Principado. La respuesta del mundo cultural ha sido unánime: profesores universitarios, técnicos culturales y directores de museos de toda la Península han manifestado de modo expreso y público su desacuerdo con las decisiones adoptadas, poniendo de manifiesto la relevancia que para la etnografía y la cultura popular tiene la obra de José Mª Naveiras.
A todo esto hay que sumar las numerosas contribuciones de periodistas, articulistas y colaboradores de la prensa regional que han manifestado en sus respectivos espacios su descontento con la medida y su estupor ante el modo en que se ha llevado a cabo.
Para terminar el 31 de enero de 2010 se constituyó en Grandas de Salime la Plataforma de apoyo a Pepe El Ferreiro, que en la actualidad cuenta con mas de 150 asociaciones culturales de toda Asturias y mas de 9700 amigos en la plataforma social de Facebook, esta plataforma señalaba en el comunicado que siguió a su constitución como objetivos los siguientes: Mostrar públicamente su reconocimiento a la intachable labor humana de Pepe El Ferreiro al frente del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, para la dignificación del medio rural y la cultura de los pueblos y la creación de tejido social en nuestra región.
Reprobar la decisión del Consorcio para la Gestión del Museo de Grandas del cese a D. José Mª Naveiras Escanlar “Pepe el Ferreiro” como director del mismo.
Solicitar al Consorcio para la Gestión del Museo de Grandas de Salime la readmisión de Pepe en su cargo de director y que el Museo pase a denominarse: Museo Etnografico de Grandas de Salime “Pepe el Ferreiro”.
La expresión HAXA SALÚ, con la que Pepe El Ferreiro siempre despide sus escritos, se convierte de forma espontánea en el lema de una reivindicación que une a ciudadanos de toda procedencia, condición social, económica e ideológica.
Solo que queda desear lo mejor para Pepe y su familia. ¡HAXA SALU!"
Ferreiros en la forxa. Compartimos este extracto del artículo de su blog titulado Razón de contrapeso:
"Al intentar recuperar el local que fue forxa de mi padre, para hacer en ella algún trabajo que me permitiera ocupar mi tiempo libre, fue necesario colocar al barquín (fuelle) un contrapeso que equilibrara la palanca que lo acciona y permitiera al cuerpo de aspiración volver a su posición inicial de trabajo. Este contrapeso, no en todos los casos era de piedra, sin embargo, desde un principio quise que así fuera. Para ello comencé a buscar en el citado río un canto rodado que reuniera las condiciones de peso, y al mismo tiempo fuera estéticamente bonito. Aunque en el río todas las cuarcíticas piedras tienen su peculiaridad. Después de mucho buscar y rechazar aquéllas que no me parecían adecuadas, saqué cinco o seis y las cargué en el coche para trasladarlas a Grandas de Salime. Paseé por la orilla y los pedregales de lo que fue un caudaloso río, y estuve sentado sobre uno de estos pulidos pedernales. El murmullo de las aguas llevó mi imaginación hacia esa realidad de que las aguas se desplazan de forma continua cambiando de río. Pero cuál no sería mi asombro al darme cuenta que sus piedras también se mueven y desgastan. Su fondo no es constante. La riada había movido y desplazado posiblemente muchas de ellas. Así uno y otros razonamientos, que sí pensamos en los cambios que se operaran en un sólo siglo es realmente asombroso. Los humeiros (alisos) que en la actualidad crecen en las someras aguas, estarán muertos en ese espacio de tiempo: sus resecas maderas y añosos troncos viajarán corriente abajo en busca de la mar que los engullirá o serán sólo sedimento en la vega de San Esteban de Pravia. Pero si el tiempo lo consideramos en millones de años, esa piedra que sostuvo mi sedente figura será un pequeño grano de arena o incluso una molécula de fino lodo en lo que también es posible, pierda su nombre de ría porque sólo será una vasta extensión de tierra donde antes hubo un hermoso pueblo.
Qué fácil soñar que todo es perenne, cuando todo es nada y sólo nuestra embotada mente cree que nada cambia, que todo es una constante, y no nos damos cuenta que hasta los árboles giran por ese tropismo que les da vida. Conozco un vetusto tronco de castaño, de algo más de un metro de diámetro, que poco le faltó para dar casi dos vueltas. Es posible que alcanzara la vejez con más de trescientos años. Pero lo llamativo es que alguien varexará (vareará) sus castañas hacia el este y aquellas ramas estuvieran tiempo atrás en dirección norte.
Tempos fugit, que nos privas de nuestro río y de la vida.
Haxa salú.
Foto de una manifestación de apoyo a Pepe El Ferreiro en 2010 y titulares de la prensa de la época. En ese año José Naveiras Escanlar escribía en su blog, a fecha 22 de abril:
FORXA DE FERREIRO
“Reconocimiento”
José Mª Naveiras Escanlar
He sido vejado por mis semejantes.
Lo grave es que el daño me lo infligieron los de la misma especie.
Frases parecidas a la que encabeza esta crónica las escribí en esta misma agenda; lo doloroso es que la afrenta siempre vino de los semejantes. Claro que al pertenecer a la misma especie, pude haber sido tan injusto como uno más. No sería lo mismo que me hubiera mordido un perro, me diera una coz una mula, sufriera la terquedad de un jumento, me pinchara una abeja, o la víbora me inoculara su ponzoñoso veneno; porque cualquiera de estas acciones sería el reflejo de la autodefensa o la tozudez del irracional. Claro que la agresión o la cornada de la vaca viene a veces propinada por la zoomorfa figura humana. Quiero decir, que la conducta y los peores golpes son los de tus semejantes. Esto, dicho así, puede parecer que proviene de alguien que no rompe un plato y se queja del trato; pero como pertenezco a la especie, haría mal en excluirme de esos daños.
Hace años, creía que un país era el reflejo de los que viven en él. Lógicamente, ésta no era una imagen agradable que aquel espejo me mostraba y por tanto, pretendía cambiarla. No reparé en que al hacerlo podía hacer daño a mucha gente y me comporté mal. Mal porque hoy, vista la realidad, recapacitas y me doy cuenta que para este viaje no hacían falta alforjas.
Puedes golpear y ser golpeado, pero al final te das cuenta que cada sociedad es producto de cuestiones ajenas a ti. Si el poder es injusto pagarás las consecuencias; porque éste es “injustamente” ingrato. El tiempo y la vejez mostrarán tus errores e enjuiciarás los del prójimo, que a fin de cuentas, no es más que un pobre espécimen aunque esté en la política.
Después de morirse el Caudillo, fuimos un día dos amigos a visitar el Chao de Samartín. Nos acompañaba el entrañable Manuel Barcia Monteserín. Gracias a la amistad que me unía a él, nos permitió hacer una cata en su finca, después de cosechadas las patatas. Excavamos una vivienda y en ella aparecieron infinidad de fragmentos de cerámica. Ni hubo rigor científico, ni tampoco nos preocupaba esta descontextualización de aquellos materiales arqueológicos. Aún así, emprendimos un viaje a Oviedo, y dimos parte del hecho en la Universidad. Al cabo de unos años, comenzó la investigación y se transformó ésta en los resultados que muchos de Ustedes conocen y de los cuales dejé constancia en muchas de las crónicas, que se publicaron en este periódico.
Fue anárquica, e incluso podemos tachar de saqueo aquella actuación, pero lo que sí fue producto de la buena voluntad, que sólo perseguía dar a conocer lo que hoy lleva el nombre de Castro Chao Samartín. La actuación no sería buena, pero tampoco la considero tan desacertada. Éticamente cumplimos con lo que creo era nuestro deber.
Ahora vemos lo opuesto. Lo científicamente reprobable, censurable y que debiera ser duramente sancionado por la ley.
En la Campa de Torres, en Gijón, se encarga a un equipo la excavación del yacimiento. Se nombra director y subdirector del mismo a unos señores, que no voy a nombrar. El primero fallece y el segundo, como buen representante de quien lo había nombrado, se inhibe del caso; oculta el producto de lo exhumado y como recompensa, se le asigna la dirección de un Museo, que ni él ni quien lo nombra habían creado. Entra como un desaprensivo en el mismo y niega al fundador y responsable hasta sus efectos personales. Se comporta como el más grosero de los personajes, retirando con brusquedad de mis manos efectos personales, y dice que el inventario del citado Museo no está hecho. Junto con la responsable de Cultura, deja caer que hay dinero oculto y una dudosa contabilidad. Se confabula con un intrigante alcalde y entre ambos dan a entender que hay un Museo Etnográfico en Grandas de Salime, gracias al buen hacer de la Consejería de Cultura: sin tener en cuenta ningún factor de su fundación, ni a su creador; que no resulta grato para los mediocres y mal intencionados cargos políticos, y a los usurpadores “teóricos”, que no dan la cara, excepto para hacer daño.
Como pueden ver, este País es muy parecido, en sus maneras, a aquel otro del franquismo. Los caciques son más caciques, pues ni respetan edad, trayectoria ni los resultados. Abusan del poder, y con su nepotismo, se rodean de aduladores que los protegen.
Veremos a ver si esta eficiente Consejera obra en consecuencia y usa esa peculiar vara de medir para subsanar este vergonzoso conflicto del responsable de la Campa de Torres. Claro que el autor de este desaguisado, está avalado por un título, que parece conseguido en una tómbola benéfica. Así lo expreso. No es mi estilo hacer uso de eufemismos ni andar en ambages. Las cosas son como son y así trato de reflejarlas. De todas maneras, nadie es perfecto y a todo lo más que podemos aspirar es a ser educados; aunque a veces esa educación se escuda y oculta bajo la falsa capa del barniz de la hipocresía. Esta mala costumbre de la sinceridad me acarrea problemas , pero lo prefiero así a convertirme en ese cínico de falso oropel.
Como dije al principio, las acciones que a lo largo de la vida, lleves a cabo, te obligarán a pedir perdón o al menos disculpas. En este caso, tendría que hacerlo con muchas personas, pero como el tema que nos ocupa está en función de ese Museo, permítanme, aunque sea reiterativo, que aclare este punto; bien sabe Dios que lo hago por ética moral.
Cuando al fin se le da forma al Museo, se dio la circunstancia que Dn. Manuel Fernández de la Cera, hizo unas declaraciones en un periódico en las que obviaba este Centro. Como suelo hacer en mi forma irreflexiva de actuar, le escribí una carta; carta por cierto dura y que Dn. Manuel recuerda. A pesar de aquéllo, y mis continuas quejas, debo decir hoy que fue uno de los Consejeros a los que aprecio. Sé que el proyecto no era muy creíble; que a él le ocasioné trastornos, porque las bien pensantes cabezas que lo rodeaban tomaban a mofa aquéllo que un ferreiro se proponía hacer en Grandas de Salime, cuyo mal hacer sólo era cuidar de la historia de su tierra y de ese patrimonio que era de todos. Dicho esto, quiero que se sepa que desde aquí le digo: Gracias Manolo (permíteme este tuteo de confianza). Disculpa mi irascible carácter.
Pero aún hay más, porque haría mal sino lo cito aquí ¡Cómo no recordar a Dn. Pedro de Silva! Sí, Dn. Pedro ¿Recuerda Usted cuando le dije que me sentaría en la escalera del Palacio Regional hasta que el Presidente me recibiera? No hizo falta porque además de recibirme, atendió mi demanda y supo Usted encauzar o enderezar la postura (¿acertada?) del ferreiro. Gracias Dn. Pedro. Aunque usé el tuteo con su Consejero, sabe que lo haré con Usted cuando nos veamos.
Y ahora, ya que corresponde, no crea que me olvido de Dña. Victoria Rodríguez Escudero, que fue también Consejera, y de su Directora de Cultura en aquel momento, Dña. Trinidad Rodríguez, por aquel amable trato y el interés de Ustedes por lo que en el Museo acontecía. Gracias, queridas amigas.
Dejé para el final a cierta persona por una cuestión muy sencilla: cuando era una niña la traía en brazos; a ella y a una prima. Claro que era por egoísmo, dado que pretendía cortejar a la joven que las cuidaba. Esta chica fue también Directora de Cultura y en ella depositaba mi confianza. Pero claro, la amistad que me unía a sus padres y hermano no me permitió crearle problemas, porque la amistad, está por encima de los Museos, aunque éstos sean Etnográficos y estén en Grandas. Gracias María Jesús Queipo Pérez; sabes que te quiero y aprecio.
En fin, es duro tener que arrepentirse de los pecados, pero lo dicho: así son las cosas; pues justo es reconocer los errores para poder alardear de los aciertos.
¡Ah! Y no me importa haber sido vejado por los de mi especie; porque después de todo, en la diversidad está la riqueza de los seres humanos. Además, ¡qué sería de un mundo sin circo, clones o payasos!
Haxa salú.
"Más allá de la política están las personas, y este punto de encuentro entre amigos de distinto signo político siempre ha respetado las ideas de unos y otros. Vuestros esfuerzos a lo largo de estos meses han sido un constante soporte para mi y mi familia. Amigos que me habéis honrado con vuestra confianza, y que habéis dado muchas batallas publicas y privadas denunciando la situación que se ha vivido alrededor de un Museo, que os pertenece. Hoy se ha conocido mi afiliación a Foro Asturias. Pero sigo siendo el mismo Pepe que se siente muy orgulloso de que personas de distintos signos políticos hayan dado la cara por él. A todos ellos, un gran abrazo. Espero que entiendan este paso como una decisión personal que no puede negar lo que nos une. Siempre he creído que hay que comprometerse. Y, a mis años, no voy a cambiar.
Por último, decir a todos que luche siempre por Asturias y no quiero ver como se sigue deteriorando.
Haxa salú".
"Pucha se le llama en el Occidente de Asturias a la boina, gorra o txapela.
Hace unos años, a un estudiante (creo que de Filología Hispánica) cuando se licenció, no le dejaron alguno de sus compañeros aparecer con boina en la orla de fin de carrera.
No se sabe muy bien por qué, la pucha o boina, ocasiona un rechazo por parte de algunas personas. Soy nieto e hijo de ferreiros. Mi abuelo usaba pucha, mi padre también y yo me sentía muy orgulloso de ver aquel fornido ferreiro con su impecable camisa blanca y su boina –siempre bien cuidada-.
De niño, de 8 o 10 años, alguien me regaló una pequeña pucha, que yo lucía porque con ella emulaba a mi padre y a los paisanos mayores. Después, de joven, deje de usarla para dejar ver mi ondulado pelo, que mostraba para conquistar alguna chica bonita cuán pavo real; coincidiendo con aquella época de los Beatles. Aunque mi melena no era tan larga, sí tenía en mi cogote y nuca unos ensortijados bucles. Pasó la loca juventud y volví a mi boina o pucha, tanto por motivos de trabajo como por preferencia hacia esa prenda de cabeza.
Mis puchas las compro en la sombrerería Alviñana, de Oviedo, pero hace unos meses, mi amigo Ceferino Trabadelo, a su paso por San Sebastián adquirió una. Tiene ésta 57 cm de aro o correa, lo que equivale al perímetro exterior de mi cabeza. El volumen craneano no se deduce por la medida exterior, por lo tanto mi “capacidad intelectual”, solo se puede averiguar juzgando mis acciones y mis obras.
Suelo usar con preferencia boinas o puchas de 12 o 13 pulgadas de diámetro exterior, y trato de que no se les caiga el remate o penacho que tiene en el centro, porque una “pucha capada”, es casi como una indignidad para un caballero cubierto.
Mi pucha me priva del frío y, a veces, entablo un coloquio con ella. Es vasca, por lo tanto, tiene orgullo y nobleza. Y naturalmente, “nobleza obliga”. Me da buenos consejos y evita que me comporte como un zafio gañán o me exprese en el vulgar y ofensivo lenguaje del marinero encargado de la sentina de su barco.
Quiero a mi apreciada pucha. Sin ella me siento incómodo, y suelo tocármela cuando saludo a una dama. Me descubro para sentarme en la mesa, para dormir y cuando entro en aquellos lugares que juzgo oportuno permanecer descubierto. Poco más puedo contar de mi amiga que no necesita presentación porque la ven en este periódico con bastante asiduidad.
En ese coloquio que dije antes mantengo con mi pucha, ésta me hizo un comentario que creo les gustará a ustedes. Voy a contarles de dónde proviene mi afición a la escritura.
Parece ser que Vulcano enseñó al hombre a trabajar el hierro, a doblegar su orgullosa rigidez mediante el fuego y la forja. Por medio de ese Dios, y por herencia genética, yo aprendí algo de ese arte. Mi niñez transcurrió en la fragua de mi padre, y en la carpintería de mi tío. En esos dos lugares escuchaba a aquellos nobles parroquianos e iba aprendiendo de sus costumbres. La formación “académica” era aquella que se aprendía en la escuela “nacional”, alternada con fragua, ganadería y agricultura.
Desde la adolescencia comencé a leer novelas de Oeste y de las del corazón. Tuve la suerte de contar con amigos más eruditos que yo, a los cuales tomaba como modelo. Uno de ellos era el Sr. Jesús María Álvarez Linera Martínez. Éste, me aconsejó otro tipo de lectura y gracias a él mis preferencias literarias cambiaron. Desde entonces, y más de 50 años, leo algo y asimilo lo que puedo. Trato de escribir expresando mis ideas libremente y jamás plagio textos de mis autores preferidos. Tengo pequeñas nociones de lo que es sujeto, verbo, predicado, sintaxis, prosodia y a veces sé distinguir entre aféresis, síncopa y apócope. Cuando formo una frase, si una palabra no me gusta, recurro al Diccionario de La Real Academia de la Lengua Española, y la sustituyo por la que considero más correcta. Por ejemplo, pongámonos en el caso, que alguien insulte a mi pucha, boina, gorra, txapela; hago un análisis del escrito y me pregunto: ¿merece la pena contestar a este sujeto? –si no me gusta sujeto, puedo poner: individuo, fulano, zascandil, botarate, tarambana, títere, enredador, chisgarabís, mequetrefe, presuntuoso, estúpido, afectado, mediocre, lerdo, ido, babieca, memo, necio, insolente, maldiciente, hipócrita, murmurador, deslenguado- y si descubro que puedo recurrir a cualquier calificativo, y alguno más, le digo a mi autodidacta pucha:
-Querida, no vamos a contestar porque el Diccionario nos ayuda pero no nos eleva. Además, contra los resentidos sociales, los que tiene complejos y doble personalidad, no sirve luchar. Bastante desgracia tienen con sus taras y sus irrefrenables odios provocados por esa visceral envidia que los corroe. Lo que natura non da, Salamanca non dona.
Haxa salú. Yo escribo, ustedes me leen, luego existo".
"Decía mi padre, para introducirme en el manejo del oficio, que el ferreiro debía saber antes de llevar un hierro al fuego lo que iba a hacer con él. No servía de nada, una vez caliente, pensar dónde se iba a golpear para darle forma.
Uno de sus dichos era que en caso de error, el ferreiro debía medir corto y el carpintero largo. El primero podía estirar el hierro y el segundo cortar a madera sobrante. Si no era así, mal arreglo tenía el error de ambos. Y peor el del ferreiro.
No es fácil saber trabajar o forjar el hierro a escuadra y laminarlo debidamente. De uno cilíndrico hacerlo cuadrangular y poder convertir este en una cabilla, es decir, volver a darle la forma cilíndrica del principio.
Todo aquél que no sabía esos principios básicos, perdía el tiempo y el carbón. No hablaba de la pérdida de hierro porque curiosamente, éste no pierde en la forja nada más que una mínima parte de su materia.
Hay muchos secretos pero estos se aprenden con el desarrollo propio del oficio. Digamos que se tiene que tener cierta predisposición a la forja.
Decía también que “el ferro nun espera”. Se refería al calor. El hierro, en caliente, es moldeable y dúctil y, aunque en frío permite doblarse, “el que traballa en ferro frío, os pes fríos y a cabeza calente”. Esto hoy carece de sentido con las actuales tecnologías de trabajo. Además sabemos que as forxas ya desaparecieron.
Y siguiendo con esas tradiciones populares, digamos que:
“Muller del ferreiro nun hay muller como ela.
De día maza nel ferro, de noite el ferreiro nela” .
Les hablo de oficios perdidos. Perdidos con la edad y porque nos martelos nun hay mango que resista. Además, acaba apagándose el lume…si nun se lle da al barquín.
De todas maneras, de nada vale la intuición en la forxa. La intuición en este oficio, debe ser sustituida por la disposición.
Conclusión: las cosas hay que hacerlas en caliente.
Haxa salú".
"Parece ser, según dicen, que al comenzar un año, en ese cómputo general de marcar el tiempo, nunca faltan los buenos propósitos. No sé si es así o no porque soy un poco anárquico y no hay en mí un orden. Lo que significa que toda regla tiene su excepción. Pero este año me propuse escribir, como el pasado, todos los días si no es sobre una cosa sobre otra y así hasta donde llegue. La intención basta...
Suelo escribir más de lo que va apareciendo en el blog. Yo no sé a estas alturas que es esto, pero me imagino que es una cosa parecida a meterse en la vida de los demás y no crean que me gusta mucho. No por nada importante, pero me da la impresión que es algo así como leer por compromiso. Si esto es así no haga caso, no lo lea, aunque también la prensa se lee casi por costumbre y ya cuesta más de un euro.
Pero de lo que se trata aquí es de comprobar hasta cuándo pueden durar las intenciones y mientras tanto escribir. Por mucho que sea no creo que llegue al mes que viene. Esto puede ser mucho decir. En fin, que como no tienen coste económico yo sigo y los demás escogen. La verdad es que no merece mucho la pena.
Da la impresión de que falta algo, pero no se preocupen, otro día nos excederemos.
Haxa salú".
"Cierta conseja dice: “entre todos la matamos y ella sola se murió”. Así que llamemos las cosas por su nombre y no culpemos de este desastre a los que pagan una matrícula industrial o, en otras palabras: pagan sus impuestos.
Hay una dolencia que llaman los galenos masiva, provocada a veces por ellos mismos por negligencia y que el juramento hipocrático, para muchos, es que si no es gato es gata. Es algo así como matar moscas a cañonazos o recetarle al que ya no está bien, muchos medicamentos tirando de Vademécum.
Recurro al símil médico porque al enfermo terminal no hay masiva que le evite su óbito. Al depauperado y hético concejo no le sirven cataplasmas ni paños calientes: se va irremisiblemente por muchos cuidados que se le dispensen. Es lógico que suframos por aquello que tuvo tiempos mejores, pero esto no tiene remedio.
Es probable que nuestros hosteleros no tengan iniciativas, ingenio y más capacidad pero como no son líquenes, que junto al musgo hagan esa simbiosis que les permite vivir del aire, no sirve esperar de ellos que nos den el gusto de tener sus puertas abiertas.
Conocí Grandas de Salime cuando había dieciséis chigres, algunos de ellos con fonda, y dos más que, aunque eran buenas ferreterías, despachaban vinos, refrescos y cervezas junto con bebidas espirituosas, que era lo que por aquel entonces se bebía. Las ferreterías que hoy quedan son el equivalente a un bazar que había en el pueblo. Cuatro carpinterías, cuatro zapateros, cinco sastres, cuatro ferrreiros, un fabricante de carros, cinco o diez guardias, tres coches de punto, un veterinario, un notario, un registrador de la propiedad, cinco comercios de tejidos, dos empresarios dedicados al transporte de materia de construcción, con un parque móvil de seis camiones, una fábrica de quesos que, aunque hoy perdura, su plantilla seguro que es menor; el secretario del Ayuntamiento que entonces vivía en el pueblo. Una empresa que ocupaba cincuenta y cinco empleados que hoy debe tener unos ocho. Dos curas con sus amas; hoy el cura debe llevar catorce parroquias. Y para asombro de todos, había un chigre en cada pueblo del concejo que no serían muchos, pero al menos diez cuento a vuela pluma. Lo mismo que las panaderías, que son más fácil de enumerar porque solo hay una, pero no así las llamadas que se debe hacer para comer el pan nuestro de cada día. O la farmacia, que va por el quinto traspaso y con una gran venta porque todos estamos enfermos.
En fin, antes fue lo que fue y ahora no es. La época dorada pasó y ahora solo queda decadencia declive como recuerdo de ese pasado. La abulia no se contagia, es el efecto de mirar siempre para las mismas caras que, por cierto, no son muchas. Hacer un oasis en el desierto es lo único que se puede llevar a cabo porque agua no faltará. El que crea que la zona rural se puede salvar a estas alturas, dígnese a hacerlo.
Que Tánatos nos pille en buen momento.
Haxa salú al menos".
"Anoté en otra agenda: “se breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo”. Ésto dijo Dn. Miguel de Cervantes. Lo triste, lo doloroso, es cuando ni siquiera la brevedad, es cualidad que te asista. Así que en este caso lo sucinto o escueto está condicionado por el estado emocional, en el que estoy inmerso, y no por el sabio consejo cervantino.Este blog, más que ese cuaderno de notas, es ese lugar de silencio, de reserva, en el que parece no haber nadie quien lo habite. Poco falta para que así sea pues como suele suceder, no sólo no se está cuando no se existe, sino que no se existe porque no se está; y que en Grandas convertimos en la frase:”el que nun aparece, escaece”.Pero veamos ahora una cuestión física de la que no soy culpable: el lápiz o portaminas con el que escribo, es cónico por el extremo donde asoma la barrita de grafito. Este pequeño cono metálico lleva tiempo imantado; quiero decir que tiende a separarse del papel y apuntar hacia aquéllo que lo ofende. Es decir: sólo desea escribir sobre la necedad que nos circunda, y piensa que el cretinismo, majadería y estupidez, es un mal que hay que sufrir cuan plaga de una época; donde los charlatanes de feria están asentados en un hemiciclo, donde está prohibido tener juicio. No sé imaginan Vs. Ms. el trabajo que me da reprimir este vitriólico o ponzoñoso lápiz de ese magnetismo, que repele la inepcia Hoy debí empuñarlo medio aletargado, porque sino no creo que así dejara expresarme. ¡Qué manía tiene, el muy cuitado, hacia los mentecatos! Esperemos que se le pase con el apoyo que recibe de todos Ustedes. Denle tiempo, porque no hay aversión que dure siempre.Por cierto, hace días conocí a la madre de María del Roxo; me saludó en Oviedo, porque asoció mi boina con el “ferreiro”. Fue una grata sorpresa, entre las que me brinda mucha gente.El día que mi lápiz se vuelva dócil, hablaremos de esta etapa.Haxa salú".
"Hace no mucho dos amigos de Oviedo, precisamente ésos que me introdujeron en este “cainzo”, -al que Ustedes llaman blog-, me enviaron un tema que trata sobre el marketing cultural: ¿Cómo se vende un museo? Sin embargo, nada dice ese informe de cómo hacerlo. De todas maneras son interesantes sus propuestas aún en teoría, y no seré yo quien trate de rebatir sus argumentos porque ignoro a que tipo de museos se refieren los autores de este trabajo.
(Léase: http://www.materiabiz.com/mbz/economiayfinanzas/nota.vsp?nid=42801)
Así que, An y Antuan: hablemos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, y veamos cierta hipótesis, para mí, madre de todos los males.
Primero y fundamental: los museos según los define el “Consejo Internacional de Museos” (ICOM) reconoce como cualidad de éstos “toda institución permanente que conserva y presenta colecciones de objetos de carácter cultural o científico, con fines de estudio, educación y deleite” Por lo tanto, nos quedaremos con lo definido y no entraremos en los cuatro apartados en que este Organismo, agrupa las temáticas de los que se entiende por museos (Más adelante daremos otra definición).
Ahora veamos lo que le dice Georges Henri Rivière, autor del “Tratado de la Museología”, a Dña. A, Gruner Schlumberger, copartícipe entre otros, de este trabajo y que ella cita en el prólogo del mismo:
“Mira, pequeña, el éxito de un museo no se mide por el número de visitantes que recibe, sino por el número de visitantes a los que ha enseñado alguna cosa. No se mide por el número de objetos que expone, sino por el número de objetos que los visitantes han logrado aprehender en su entorno humano. No se mide por su extensión, sino por la cantidad de espacio que el público puede, de manera razonable, recorrer en aras de un verdadero aprovechamiento. Eso es el museo. Si no, no es más que una especie de “matadero cultural”, del que se sale reducido en forma de salchichón”.
Quiero recalcar aquí que esto lo dijo alguien hace más de treinta años. Y al mismo tiempo repetir que nunca un museo debe estar en función de las visitas que recibe, porque entonces nos convertimos en ese atractivo folclórico, que criticó con razón, Dn. Gustavo Bueno, cuando dijo lo de “etnocidio consumado”, al referirse a las costumbres populares.
Es más, yo diría que los museos debieran tener el acceso restringido: que sólo accedieran a él los interesados en su contenido. No se trata de limitar las visitas, sino que éstas estuvieran en función del “aprovechamiento” que al conjunto de la sociedad aporta. Lo demás es puro “marketing”, totalmente rechazable.
Pero podemos citar aquí, que al margen de esos principios por los que debe regirse un museo, no hay nada que le impida ser rentable. Y entendemos por rentable, aquello, que sin ser autosuficiente, no sea una carga para las arcas públicas o al menos sea leve. Y aquí si que debo hacer hincapié en esa suposición, muy particular, que cité antes.
En un País, en el que el ministro de cultura es nombrado por un presidente de gobierno, entendemos que ese cargo, es de confianza del que lo nombra; al margen de las condiciones que pueda reunir o eso que llaman currículo. El ministro nombra director de un organismo a su afín, con el mismo criterio. Aquí ya tenemos a tres implicados en algo que les puede resultar desconocido o al menos complejo. Si uno de ellos discrepa, el mismo dedo que lo nombra, coge la pluma que firma su cese. En este orden podemos descender hasta donde juzguen ustedes oportuno.
Ahora vayamos a cosas más concretas en cuanto a que un director, esté sujeto o no, a esa arbitrariedad –también en el caso de los museos etnográficos- está limitado. No por un nombramiento caprichoso, sino un poco por esa inercia e incapacidad, que comienza en los estamentos superiores anteriormente citados.
Es fácil que no lo exprese bien pero al menos trataré de hacerlo.
Por desgracia en este País no hubo nunca un planteamiento museístico serio. La cultura popular nunca preocupó en las esferas del poder. Además, tampoco influía para que aquéllos que aspiraban a ese poder les preocupase su influjo. Tanto es así, que este espacio quedó yermo y desamparado. Pero veamos:
Los museos de artes y tradiciones populares, etnográficos o como Ustedes gusten llamarles, fueron realizados por diletantes o por ilusos nostálgicos, que creían que algo se podía salvar de la abulia administrativa. Sería largo contar aquí qué motivos les movieron, y también detallar las múltiples adversidades por las que pasaron para vencer la inepcia de aquéllos, que es posible fueran tan legos en esos temas como su autor. Y lo digo así porque a éstos en realidad, lo que les ocurría es que desconocían o despreciaban este medio. Así fue y así ocurrió, y así nos vimos, ante ese individuo que por respetar o venerar su pasado, su patrimonio o su historia acaba ninguneado por un estulto poder; más preocupado, en algunos casos, por la icnología, que estudia la huella del fósil, que por la reciente historia de su padre o su abuelo. Así caemos en montajes de pluriometano y fantasía de los que no importa su rentabilidad.
La brevedad en la exposición de unos hechos no resulta fácil, al menos para mí. Por lo tanto, no me inclinaré hacia lo sucinto, porque esto conduciría a no concatenar la realidad con aquéllos que considero responsables.
Si volvemos sobre los nombramientos nos daremos cuenta que el poder es piramidal. Pero no el de una pirámide cuya base fuera un polígono de varios lados, que a fin de cuentas, daría lugar a varias “caras”. No, todo lo contrario, es tetraédrico; esa pirámide que tiene como base el triángulo equilátero y colóquese de una u otra forma, siempre es lo mismo. Esto da lugar a que la “cultura” del pueblo no se tenga en cuenta, porque el poder y “recomendados” se convierten a eso que llaman nepotismo. Este razonamiento o teoría, me condujo a pensar, que geométricamente hablando, carecería de importancia la forma regular de ese cuerpo. Sin embargo, en el hexaedro, descompuesto en pirámides cuadrangulares truncadas, el poder se situaría en el centro y no en la cúspide. Así al menos cualquiera de sus caras representarían al “pueblo”, y el hueco interior el “vacío absoluto”. En fin, algo de utopía no está mal.
Veamos esa nueva definición de museo: “institución permanente, sin fines lucrativos, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, y que realiza investigaciones concernientes a los testimonios materiales del hombre y de su medio ambiente, los adquiere, los conserva, los comunica y especialmente los expone con fines de estudio, de educación y delectación”.
Como se puede ver no dejan lugar a la duda estos nuevos estatutos de ese Organismo Internacional de Museos. Nos sigue dando a entender que éstos no persiguen fines económicos, ni siquiera para paliar sus costes al igual que la enseñanza. Pero ya llegados aquí, veamos por qué el Museo Etnográfico de Grandas, no funciona como negocio, al que se puede añadir la falta de criterio mercantilista de su director.
Empecemos por volver a citar la nefasta pirámide, que con omnímodo poder entiende o se inmiscuye en lo que no domina.
Imagínense Ustedes cualquier consejería de una comunidad autónoma, también desconocida. El consejero o responsable, lo extraemos de cualquiera de esos lugares donde, precisamente, no tiene un brillo espectacular, ni presta un gran servicio a la sociedad que dicen sirve. Se le da autonomía para que escoja sus colaboradores (recomendándole alguno). Pueden provenir éstos de la sanidad, enseñanza o cualquier organismo, lo más alejado posible de los temas que deba resolver. Al ocupar sus despachos, se creen imbuidos de saber único que los eleva sobre los demás. A esto añadimos que manejan un presupuesto, proveniente de las arcas públicas, y con ese dinero alardean de hacer algo por el Patrimonio. Patrimonio, que por cierto, se les recomendó cuidar y no lo hacen. Entonces ¿qué hacen? Nada, convertirse en burócratas de un pomposo organismo y entorpecer la labor de todo aquél que desee hacer algo.
Hace ya más de treinta años fundé este pequeño Museo, gracias a unos amigos, responsables de la Consejería de Cultura, en la incipiente preautonomía. Cito esta fecha porque una idea no se la puede dar cuerpo cuando se expone, pero sí cuando cuenta con los avales firmes de aquéllos que creen en ti y te apoyan de forma incondicional. Así surgió y se llevó a cabo. Claro que sin ese dinero público no habría sido posible; pero una cosa es esto y algo muy distinto que se venda como favor; lo que es obligación además del ninguneo citado, que por ofensivo es imperdonable, cuando este procede de sujetos espurios.
Pero en fin, al margen de estas críticas, no exentas de un dolido resentimiento, sigamos con ese planteamiento museológico, de lo que podían haber sido centros, como en el que en este caso nos ocupa. Debe también considerarse que el tema aquí tratado, está siempre referido a la etnografía, por lo tanto no se enjuiciarían los aciertos que en otros campos hayan tenido, por casualidad, esos “responsables culturales”.
Así que para terminar empecemos: ¿Qué es un museo etnográfico más que una recreación (no virtual) de unas formas de vida tradicionales? ¿Acaso no era el conjunto familiar una unidad de producción en el medio rural? Por lo tanto, éste ¿no debe reflejar fielmente esa realidad con todos sus medios? ¿O es que podemos, por una cuestión de estética trasnochada, prescindir de aquella cabaña ganadera, que era el sustento, junto con los productos agrícolas, de esa familia troncal? ¿Cree alguien que se puede hacer una obra de teatro sin actores? Muchos dirán: sí, hacemos una “comedia” y la titulamos museo.
Al lado de la casa, el hórreo, la panera y el pajar ¿no eran acaso almacenes para los productos que el campesino cultivaba y cosechaba?
¿El molino, no era también ese mecanismo donde se muele el grano para más tarde hacer pan? ¿Debe ser estático?
El carpintero en su taller, ¿no hacía todos aquellos trabajos relacionados con la madera, que demandaba su clientela? ¿dicen algo sus inactivas herramientas en la deshabitada carpintería?
¡Ah! Y el ferreiro, que me atañe directamente, ¿Cuenta algo al visitante el inexistente crepitar del fuego en la fragua; o el sonido del yunque sobre el que se forja el hierro? ¿Y la tertulia de parroquianos puede ser evocada en los días de nieve, en una fría forxa, en la que los sus útiles, colocados en absurdos paneles, nos recuerdan que eran manejados con destreza por un fornido ferreiro? No amigos, sólo allí donde el artesano da vida a su oficio, tienen sentido las cosas y no son meras herramientas a las que, por desgracia, asociamos con el pasado.
El zapatero debía seguir en ese lugar porque nunca faltaría calzado para mantenerlo activo.
¿Qué no podría contar de la tornería, que en este caso fue recuperada por el Museo, y hoy representada por el artífice Arturo Iglesias Martínez? Gracias a él contamos con ese oficio que magistralmente recrea. ¿No es acaso un medio de producción que debiera ser explotado?
En la bodega, si no se cuida el detalle de derramar algo de aguardiente por el suelo, pierde ese olor característico el local. Como se comprenderá fácilmente, los aromas forman parte, en un museo, de esas sensaciones que el visitante percibe; donde hasta una telaraña tiene significado, porque ésta es la red donde atrapa su propietaria la mosca y otros insectos. Al ser esto así, ¿por qué no elaborar vino y destilar de su orujo “aguardiente d´a terra” para que esa sensación sea natural y real?
La cantina, el comercio de ultramarinos, tejidos, calzados y materiales diversos que se hayan expuestos ¿por qué no dar vida a esos locales, vendiendo en ellos otros productos actuales que no los privasen de lo allí mostrado?
La fábrica de gaseosas, o la de chocolate ¿por qué no se fabrican esas espumosas bebidas? Y el chocolate elaborado en esa fábrica de principios del siglo pasado, ¿no podría muy bien volver a percibirse su dulzón aroma, de vez en cuando en el Museo grandalés? Esto, junto con la recuperación de la cocina tradicional, convertiría a este Centro en un atractivo cultural y sensorial. No como algo folclórico, como se dijo al principio, sino como esa explotación natural de los recursos que antaño se producían. Además, vuelvo a repetir: un museo etnográfico es sólo el reflejo de unas formas de vida, en las que el ciclo anual es la imagen actual de tiempos pretéritos.
Pueden resultar insoportables estas continuas reiteraciones, pero qué quieren que les diga, aún después de esta machaconería, no fue tenido en cuenta el planteamiento; porque no se propone en esta tierra nuestra, hacer algo realmente serio, riguroso, respetuoso con las costumbres, y ante todo, lógico y sensato.
Es posible que este proyecto se vea descabellado en cuanto a hacerlo viable por una cuestión del elemento humano necesario; que puede aparecer como algo exagerado. Sin embargo, desde el punto de vista museológico, es factible, porque éste se basa en la realidad o circunstancia; que al igual que en cualquier explotación agrícola, ganadera o industrial, era desempeñada por personas que entendían de más de una función; como ocurría con los oficios en la mayoría de los casos.
Si Don Julio Caro Baroja, hace muchos años, tuvo la desgracia de chocar con el muro de la incomprensión “oficial”, y aun así, desarrolló el proyecto del Museo del Pueblo Español que sigue vigente, ¿cómo es posible que sigamos igual? Además tampoco será tan difícil, tomándolo como ejemplo, plantar el germen que representa más o menos el dos por cien de aquel acertado plan museológico.
¿Qué les parece si les digo que es una lástima hacer esta exposición de intenciones, por “predicar en el desierto”. Ni hechos, palabras o actos, sirven de mucho.
Por lo tanto: no hay más preguntas, conjeturas o respuestas ante el total mutismo y sordera administrativa. Claro que la falta de lisonja es una lacra para que este Museo funcione o se le preste más atención; puesto que la adulación es canto de sirenas para los son poco objetivos.
Haxa salú, que el “marketing” de nuestro Museo, no presenta problemas –queriendo-"
"Miren Ustedes por donde hechos acaecidos hace muchos años vuelven a tomar o ser noticia en la actualidad. Corría el año 1863 y al Ministerio encargado de los asuntos de pesas y medidas le pareció oportuno adoptar el Sistema Métrico Decimal, que en otros países de Europa iba a regir en breve. Lógicamente, los ingleses que son muy suyos, no quisieron saber nada y conservaron sus medidas; medidas que los salvan de la mediocridad imperante por haber tomado “medidas”. El adocenamiento se refiere a nosotros por tomar medidas equivocadas. Ya verán.
Como aquí andábamos cada cual con sus pesos nos hacían las libras y los billetes los ingleses. Para lo demás, nos arreglábamos con la vara. Sí porque hasta con la “vara” se tomaban medidas de espalda en las fiestas. Había también leguas que tenían pies, varas y tercias. Esto quiere decir que según se terciaba era más larga o más corta. Como la fanega, que podía ser costal; y la fanega gallega, más grande en el este que en el oeste; sin embargo, en Grandas era menos que en Lugo. Así que con este lío alguien se dijo: hagamos un sistema que sirva para afanar igual, aunque en Castilla cosechen más trigo. En fin, que el “escrúpulo” era insensible y junto con el adarme sólo serviría para dejarlos de recuerdo en los ayuntamientos. El “escrúpulo” allí quedó como testigo, como medida de peso (24 grs.) y el “adarme”, que es el de tres tomines o porción mínima de una cosa, quedaron como prueba de lo que sólo se podría estafar en los organismos (según Ley). Esto como cualquiera puede ver, no servía para nada. ¡Y claro, nadie quería ser Alcalde! Entonces (forzoso) el Gobernador los nombraba a dedo; como ahora otros altos cargos.
Pero hete aquí que se fueron perdiendo los “escrúpulos”. Se perdieron de arriba abajo. El esmero, la pulcritud, la honorabilidad, la ética fue sustituida por la falta de “escrupulosidad” y así llegamos hasta hoy que está en su punto más álgido, en el que se compite por ser más sinvergüenza, por falta de las medidas de “peso”.
Ya ven que no hace falta leer entre líneas.
¿Acaso tendrá alguna relación esto con mi destitución hace ocho meses? ¿No quedará ningún escrúpulo en la Consejería de Cultura? ¡Qué país!
Haxa salú.
"Citado en los diccionarios geográficos de los siglos XVIII y XIX, fue reconocido en 1967 por José Manuel González y Fernández-Valles y José Lombardía Zardaín e incluido en el Inventario Arqueológico del concejo de Grandas de Salime elaborado en 1989 por Ángel Villa Valdés. La revisión de unos materiales procedentes del yacimiento custodiados por José María Navieras Escanlar, “Pepe el Ferreiro”, en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime propició entre 1990 y 1994 una serie de excavaciones arqueológicas dirigidas por Elías Carrocera Fernández. A partir de 1995 y hasta 2009 fueron llevadas a cabo por el equipo de técnicos coordinados por Ángel Villa Valdés como parte del Plan Arqueológico Director de la Cuenca del Navia, bajo la tutela y patrocinio del Principado de Asturias, de la Asociación de Amigos del Parque Histórico del Navia y la colaboración del Ayuntamiento de Grandas de Salime".
"En Latinoamérica, parece ser que siguen llamando computador al aparato que hoy resuelve algo más que complicadas operaciones matemáticas. Yo ni siquiera puedo poner nombre al “chisme”, porque sé para que sirve, pero no sé manejarlo. Quiero decir que me va muy mal para leer en su pantalla, y su técnica resulta complicada para un ferreiro; la técnica del manejo no la de sus "jigas y megavits". De todas formas estos desordenadores cerebrales son unos resabidos de cuidado: ¡se creen que lo saben todo! Además su desfachatez e incultura es manifiestamente ofensiva. Escribes coucilloes, eixe y treitoiras y el pedante sabelotodo, además de poner los caracteres en rojo, ¡se atreve hasta corregirlo! Este ignaro y cretino, desconoce que el eje del carro del país, gira sobre esas fundamentales piezas ¡Me va a dar lecciones este engreído! Sin embargo puso mal en mi hológrafo escrito “Sociedad materialista”: “Tablas”, “ver”, “eleve” y”prédica” y no se enteró.
Ahora les explicaré mis limitaciones (no todas porque se haría muy extenso el cainzo). Ignoro todo lo relacionado con el ordenador. Mis autógrafos –escritos- los pasa al blog, Elena. Ella me transmite lo que contestan, y gracias a su buen hacer, estoy en contacto con Ustedes. Les ruego disculpen que no conteste a todos, pero la verdad es que estoy “enganchado”. Lamento que muchos se quejen de que me extiendo demasiado: pero las cosas “son como son”, porque sino no son. Para Morse estuvo bien con el telégrafo. Además el lenguaje, para mí, resulta apasionante. He aquí la égloga campestre, verbosidad excesiva; y humilde culto a Cervantes, por eso de: “vueltas dabais en la manta querido Sancho. En la manta no, V.M: en el aire”
Permito el manteo…en el espacio
Haxa salú
Más abajo, cuando alguien saluda en los comentarios y pregunta quién es Elena, leemos lo siguiente:
"Pues se puede decir que soy el enlace entre el ferreiro y el ciberespacio ya que transcribo sus crónicas y las cuelgo en la red, mantengo el blog, contesto sus correos, le busco información en "gugle" etc. vamos, todo lo que provenga del ordenador hacia Pepe y viceversa, pasa por mis manos.
Para mí es un placer esta tarea ya que me permite leer en primicia todos sus artículos y comentarlos, aunque algunas veces el tema manca.
Además de unirme una cercana relación familiar con Pepe, también es mi jefe, así que tengo que hacerle un poco la pelota de vez en cuando.
Un saludo para todos
Elena López"
"A Jose Naveiras Escanlar, Pepe el Ferreiro. Mas que un ferreiro un alquimista, un Rey Midas, un portentoso perseo;capaz, al mismo tiempo, de decapitar a la Medusa y de trasmutar la humilde madera y el mero hierro en codiciados objeto de museo. Que tu estrella brille siempre en el cielo.
Querido Pepe: sólo tu has hecho
De lo cotidiano, algo eterno;
Del trabajo duro, mensaje tierno.
Orgulloso puedes sacar bien pecho.
Años buscando entre lo maltrecho,
En la canícula, en frío invierno,
Protegido con elegante terno,
Guardando todo bajo férrero techo
Pasa el tiempo, te quieren jubilar.
No saben de tu saber inmenso
Y que eres del pueblo el gran pilar
Crece en Salime clamor intenso
De ver siempre tu figura desfilar
Por TU MUSEO: también así yo pienso.
Con cariño,admiración y respeto de
Carlos Castaño Barroeta, vecino, amigo y galeno, que
pasó de vanidoso doctor de ciudad a
orgulloso medico del pueblo"
Libros y cuadernos
"Hace tiempo escribía o enviaba pequeñas crónicas y artículos de opinión a algunos periódicos o llamémoslos medios de deformación. Digo esto porque llegué a la conclusión que sólo se publica aquello que interesa al medio. Es decir, aquello que por una u otra causa beneficia. La libertad está secuestrada por diversos poderes; no importa de qué índole, pero sobre todo económicos y políticos. También es posible que mis opiniones fueran pueriles; pero me llama la atención que en algún momento, mi ingenuidad fuera válida y años más tarde no. Sin embargo, de viejo creo que me volví más crítico. En fin, que es de todos conocido este fenómeno, y lo que interesa ahora es saber que gracias a esa decepción estoy escribiendo en eso que ustedes denominan BLOG, por recomendación de dos amigos (Ana y Antonio). Así me conducen a la exosfera, donde la inmensidad del cosmos permite ver con precisión el microscópico espacio de una redacción y las atómicas mentes de quienes la controlan.BLOG
No tengo la más ligera idea de lo que significa esta palabra. Sé que es inglesa y muy usada en esos medios de comunicación por Internet. Tampoco me preocupa excesivamente porque al fin y al cabo conozco vagamente su fin. Además, en una lengua que está sujeta a neologismos, que se imponen como barbarismos a las vernáculas expresiones del país, no es para andarse con purismos de viejo chocho o senil. Diré incluso, para seguir la corriente, que voy a adoptar este dislate lingüístico en mi entrada a este nuevo blog.
Resulta que Anne y su consorte Antoine, o Antonino, que es musical como en italiano, y no el Ton inglés, que es sonido grave de campana entre niebla londinense, se empeñaron en que debía hacer este ¡blog! Y como “block” en alemán, también significa bloque en castellano, vete a saber si esto no es un bloc de hojas, en las que se puede escribir y que los demás contestan en ese cuadernillo. Y al final, quedan mis dudas claras, nítidas y diáfanas como aguas de riachuelo de nevada montaña. Sea como quiera, pero ahí va el “blog”. Aunque me gustaría que en vez de “blog” se denominara cruz de ferro, -como ferreiro que soy- y que al igual que en el Camín de Santiago, los caminantes del “blog” fueran acumulando líticos mensajes en su base , hasta hacinar tantos “zamoucos” o “gouños”, -que son esos cuarcíticos pedernales, que vulgarmente llaman cantos rodados-, que mantuvieran erecta la cruz. O también desearía que simbolizase esa alegoría religiosa que es el “mandala” porque desde el centro del círculo se irradiaría el mensaje, que al ser captado por receptores sensibles, nos uniera en el “mantra” sánscrito del pensamiento universal. Es decir, buscar un mundo mejor. Esto me hace recordar esos símbolos religiosos del budismo, que desde un eje o palo central, sustentan unas cuerdas, de las que penden unas guirnaldas o pequeños retazos de coloridas telas, que encarnan los deseos de los creyentes. Porque me imagino, el fin que persigue la bitácora del blog, no es sólo la incidencia de la deriva del humano viajar en esa nave de la vida; sino que como esa guirnalda, agitada por el gélido viento que azota la montaña, prender en ella los mensajes de nuestras cotidianas acciones, como recado del buen hacer.
La verdad es que no creí nunca que acogería con entusiasmo esta forma de comunicación, o esto que llaman Web. Sólo gracias a la ayuda de mi hija política, Elena, y mi hijo Roberto, logré entender, como neófito, este principio, que bien usado, puede ser de gran interés. Digo lo de bien usado por enriquecedor, y que parece ser, que en él no hay lugar para el anonimato. Si algo detesto es la incógnita que representa aquel que vilmente se oculta tras el ignominioso anónimo. Son para mí infames personajes, que no merecen un lugar en la sociedad, por su cobardía y vituperable conducta.
Para comenzar, repito que me resulta totalmente desconocido el lenguaje que aquí se pueda usar. Y me refiero a colgar escritos en este soporte, o cuaderno bitacórico, manejado por caprichos militares (recordemos que en su génesis, estos medios de comunicación servían para fines bélicos, y las armas las carga el diablo). Es decir, esa red o telaraña, dependiente de artificiales cuerpos celestes, como son los satélites de la comunicación, que tienen la levedad, no sólo gravitatoria, y orbital, sino también aquélla que está sujeta a la hegemonía de las estrellas. Estrellas colocadas en cuellos, hombreras o en sobremangas, que se consideran con el derecho a mantener el orden mundial; sabedores ellos de que pueden jugar con el mundo, con cambiar una clave. Al igual que Chaplin jugaba con él en el gran Dictador; o el mundo de Dn. Francisco de Quevedo: “la mitad de él llorando y la otra mitad riéndose de los que lloran”. Así que de estar a merced de algo tan trivial, usémoslo mientras dure el frágil juguete concebido para la guerra. ¡Ojo! con mis razonamientos que pueden estar equivocados. Después de todo, la perspectiva u ótica de un ferreiro, es fácil que esté deformada por las limitaciones a las que está sometido. Por lo tanto, se admiten reproches, y a poder ser: mejor consejos. Y no caigan en esa mitad que citó Quevedo, aunque este humilde servidor de lugar a ello.
Al llegar aquí quedo en blanco y me pregunto: ¿y ahora qué? ¿Cómo sigo? ¿Hay algún orden? ¿Algún método? O simplemente divago, y en ese desconcierto, espero a que el numen inspire mi viejo cerebro. De todas maneras, mientras esto ocurre o no, insertaré algunos temas, que a lo largo de la trayectoria del Museo fueron surgiendo. Con esto no sólo gano tiempo, sino que voy entrando en materia y descubriendo (si llego a tanto) de qué va esto de los blogs, zamoucos, gouños, mandalas, mantras, cruz de ferro, guirnaldas de coloridas telas, mensajes de buena voluntad, o como Ustedes lo quieran llamar. Paso por alto los usos, que parece ser se dan al blog en el etéreo espacio sideral, con retorno a este conflictivo planeta.
Lo que sí termino es con el consabido “haxa salú”; que para aquéllos desconocedores de la frase, les diré que significa en nuestro vilipendiado gallego- occidental de Asturias: “Haya salud”, porque fame igual no falta".
Sello y fichas
"Entre mis preferencias musicales y manías del tarareo, hay tres o cuatro referidas a la música clásica. Una de ellas es del compositor Maurice Ravel, con su Bolero. Como saben Ustedes, en ese concierto van incorporándose instrumentos y sus intérpretes, al mismo tiempo que la sintonía y la inflexión de sus acordes, aumentan de volumen. De esta manera, cada vez con más intensidad, suenan los repetidos sonidos, que me conducen al paroxismo o frenesí, en el que llego a convertirme en el director de la orquesta. Como comprenderán esta mutación es sólo mímica, pero sí es cierto que emocionante. La melodía llega a mis conductos auditivos y éstos la transmiten al cerebro. Allí, sin saber si la sensibilidad interpretativa es acertada o no, se convierte en esa sensación placentera, y por lo tanto es algo inherente a mi persona. Es más: si mi melomanía es incorrecta, no por eso nadie cercena, amputa o mutila mis orejas. Sin embargo, vean ahora como mis derechos como ciudadano pueden ser avasallados, sin tener en cuenta aquello concerniente al individuo y de lo que nunca debe ser privado.
Mediante clases teóricas y prácticas se me hace poseedor de un documento -personal e intransferible- que me faculta para transitar, por las vías públicas adecuadas, con un vehículo a motor. El citado documento, me obliga a cumplir con las obligaciones que el código de circulación exige. Por cierto, estas normas son promulgadas por los mismos que me autorizan o capacitan -bien o mal- para hacer uso de las mismas; dando así ejemplo de su buen hacer. Sin embargo, no es así. Su mala conciencia o contradicción los convierte en hipócritas: hacen o legislan mal y lo corrigen con otra ley que conculca mis derechos. Es tal el atropello que debieran ser sancionados con la privación de libertad y fuertes multas, tal como ellos imponen a los demás. Ese documento o carné, al igual que mi sentido de la música, es personal, por lo tanto intocable. ¡Ah! Pero no. Vean sino la argucia de la que se sirven: nos dan el título bajo el compromiso de cumplir con las normas. Nos sancionan si no lo hacemos; y como en las vías somos irresponsables, en vez de educarnos para que seamos cívicamente correctos nos endilgan la ley que les permite quedarse con ese personal documento. Y que vergüenza: ¡le llaman puntos a la desfachatez! Cuando los únicos “puntos” impresentables son aquéllos que promulgan la Ley, que contradice al código, que exige el cumplimiento de la misma, y atenta contra los intereses del ciudadano. Como si a cualquier titulado, por imprudente, se le pudiera desposeer de su título; porque de ser esto así, había que retirar los puntos a muchos “puntos”. ¡Qué país!
Llega a mis oídos los armónicos acordes de Bolero, que aunque se repiten, no son inconsecuentes.
Haxa salú"
En el mismo periódico y dieciocho años y medio más tarde, el 14 de junio de 2020, Ana Serrano y Elena Fernández Pello realizaban esta semblanza biográfica con la noticia de su fallecimiento:
"José María Naveiras Escanlar, "Pepe el Ferreiro", fundador del Museo Etnográfico de Grandas de Salime y descubridor del Chao San Martín en los años 70, falleció ayer al mediodía, a los 78 años, en su casa de Aguasmestas, en Belmonte de Miranda. De allí es originaria su esposa, Olga García López, y allí murió, en su cama y rodeado de su familia, su mujer y sus hijos Pablo, Roberto y Belinda. Etnógrafo autodidacta y apasionado, defensor de la cultura popular y del patrimonio rural, visionario y obstinado, firme en la defensa de sus convicciones, el Ferreiro deja una huella imborrable en Grandas de Salime y en Asturias, y su pérdida es irreparable para la cultura popular. El sábado que viene, a la una de la tarde en la colegiata de Grandas de Salime se celebrará un funeral y hoy, a iniciativa de los vecinos y a las 12 de la mañana, está anunciado un homenaje a las puertas del Museo al que Pepe entregó su vida.
El Museo Etnográfico de Grandas de Salime, creado a partir de la colección de útiles y mobiliario que recogió por desvanes y sótanos de las casas del concejo, es sin duda su gran obra. Se instaló primero en los bajos del Ayuntamiento, en 1984, y unos años después, en 1989, pasó a la casa rectoral. En 2010 José Naveiras fue destituido de la dirección por el consorcio que lo gestionaba, que cuestionaba su particular manera de hacer las cosas. Hubo movilizaciones, posicionamientos en favor y en contra y el asunto acabó en los tribunales.
Pese a aquellos tristes episodios, nunca nadie cuestionó el amor del Ferreiro hacia su pueblo ni el mérito de haber embarcado a sus vecinos en un proyecto que parecía de locos, el del Museo, y que ha acabado haciendo de Grandas de Salime una referencia de la etnografía asturiana y española. José Naveiras devolvió la autoestima a su gente y en unos años en los que "ser de pueblo" era un demérito le inculcó el orgullo de su origen.
Gran divulgador y estudioso autodidacta de la cultura asturiana, tras su salida de la dirección del museo se afilió a , partido al que asesoraba en materia etnográfica y cultural. Años antes había sido designado por IU como su representante en el Consejo de Patrimonio Cultural del Principado. El Ferreiro, tan singular, era inclasificable también en lo político. Pepe Cachafeiro, alcalde de Grandas de Salime durante 19 años, primero con UCD y luego en el PP, y fallecido el año pasado, fue uno de sus principales valedores para sacar adelante y mantener el Museo de Grandas. La bandera del Ferreiro fue siempre, por encima de las siglas, la de la defensa de la cultura popular y la tradición.
Xuacu López, el del Museo del Pueblo de Asturias, se esforzaba ayer en contener la emoción para recordar al amigo. "Sin Pepe el Ferreiro no estaríamos hablando hoy de Grandas. A Pepe hay que darle las gracias, todos los asturianos y sobre todo los que estamos interesados por la etnografía, el desarrollo y el turismo rural". López lo conoció unos años antes de la apertura del Museo de Grandas, en el taller en el que trabajaba. "Tenía aquella energía, se empeñó en que había que reivindicar aquel mundo y sobre todo el patrimonio rural...", recuerda. "Todos los ayuntamientos querían tener un Pepe el Ferreiro", comenta y cuenta cómo aquel amor por la cultura popular era un legado que había recibido de su padre, dotado también de una personalidad arrebatadora. Manuel Fernández de la Cera, consejero de Cultura en los años 80, habla del Ferreiro como de "un tipo genial. Nadie hubiera sido capaz de hacer lo que él hizo y esa obra quedará para siempre".
Miembro del Real de Estudios Asturias (RIDEA), sus estudios y trabajos de campo le valieron numerosos premios, entre ellos el de Asturiano del Mes que le otorgó LA NUEVA ESPAÑA en 2002 o el Urogallo de bronce del Centro Asturiano de Madrid.
Pepe el Ferreiro era muy querido en Grandas de Salime, el pueblo donde nació y vivió, que cuidó, promocionó y mimó hasta el final de sus días. Su pueblo era su vida. "Nos puso en el mapa", le agradecía ayer, muy emocionada, la presidenta de la asociación Amigos del Museo de Grandas de Salime, Idima López, para quien el Ferreiro, con su personalidad "singular", ya forma parte del imaginario colectivo del Occidente.
Grandas recordará a Pepe el Ferreiro por su espíritu luchador. La actual directora del Museo Etnográfico de Grandas, Susana Hevia, habla con mucho pesar sobre él. "El Museo era su casa", contó, y su muerte deja al pueblo "como huérfano". Hevia valora su "talento, la visión, el trabajo y la constancia" y asegura que gracias a todo ello el Museo de Grandas de Salime es una referencia en España: "La forma de construirlo y de entenderlo fue única".
María Jesús Queipo, ex directora general de Cultura y vecina de Grandas durante su infancia y su juventud, creció a la sombra de la enorme personalidad de El Ferreiro y años después, desde su cargo, colaboró estrechamente con él. "Es un referente en mi vida. Transmitió al pueblo el querer por sus cosas, era irascible pero generoso, sensible a más no poder. La historia de Grandas no se entiende sin El Ferreiro: en Grandas hay dos hitos importantes, la construcción del embalse en los años 50 y el Museo Etnográfico en el 83", afirma Queipo, que lo tiene por "un adelantado a su tiempo: cuando nadie hablaba de la España vaciada, él se daba cuenta de que había un mundo que estaba desapareciendo".
El Ferreiro recorrió las caserías con denuedo, recopilando vestigios del pasado para salvarlos del olvido. Estudió la historia y las tradiciones del Occidente asturiano con pasión. Autodidacta, "era un hombre muy culto", explica su amiga Rosa Monjardín, y "se formó como pudo, con lo que había entonces, y siempre, o casi siempre, venció en sus propósitos por su fuerte carácter".
El alcalde de Grandas de Salime, Eustaquio Revilla, que protagonizó sonados desencuentros con el Ferreiro, lamentaba ayer su pérdida en nombre de toda la Corporación municipal grandalesa. "Fue un vecino que hizo mucho por el concejo; gracias a su labor Grandas de Salime es conocido en Asturias y en toda España", reconoció.
La familia del Ferreiro agradecía ayer las incesantes muestras de cariño recibidas durante todo el día. Como homenaje a su padre su hijo Pablo Naveiras pidió a LA NUEVA ESPAÑA que le despidiéramos como él tenía por costumbre hacer. Allá va: "¡Haxa salú!".
"Este título sugiere algo muy distinto a cojinetes, que por concomitancia con aquellas frases populares repetíamos como aciertos, cuando sólo eran vulgarismos. Una de éstas era la que decía que “bombín es a bombón, como cojín es a X”. Quiero decir que los nombres que reciben n´a fala d´aiquí, objetos y oraciones gramaticales, poco tienen en común con la traducción al castellano, aunque el gallego sea la raíz de este último.
Pero bueno, no es cuestión ahora de filología, porque aunque la regla de tres sea directa, es indirectamente inversa al asunto que nos ocupa.
¿Qué es hovo y que es sapo, si incluso ambos son la misma cosa? Aunque parezca un juego de palabras así es, pues ambos son una cosa u otra según el lugar que ocupen en el mecanismo del molino. Y de molinos va el tema, porque de sus cojinetes o quicios de éstos, trataremos para que gire. Para dar vueltas la muela y no sacar de quicio el argumento, y sí, que el quicial, sea el giro que abra la ventana, que de luz al hermafroditismo funcional del hovo que es sapo o el sapo que es hovo.
Lógicamente cuando comencé a instalar el Museo recogí materiales o fondos de todo tipo. Si bien es cierto que muchos años antes ya había recuperado algunos. Sin embargo respecto a cojinetes de molino no había tenido la suerte de dar con ellos. Esto es posible que fuera debido a que su uso aún seguía activo. El caso es que a partir de 1983, los encontré de todo tipo, como verán Ustedes. Pero centremos la atención en qué consisten, para a través de su función identificarlos, por su nombre y por la materia de la que están compuestos.
Hovo, sapo, peón y peonera, aguillón y porca; o también buxa y rangua, son los nombres que recibe en la fala occidental, en asturiano y en gallego.
Por su naturaleza o material del que están hechos haremos tres grupos: Líticos, bronce y acero.
Así que ahora vayamos al lugar y función que ocupan en el molino.
El rodezno o rodicio que mueve la muela de este milenario artefacto es impulsado por el agua. Se apoya para su giro en ese cojinete ya mencionado, compuesto por esas partes que reciben los nombres citados. Para entender esos nombres debemos trasladarnos en el tiempo, porque si no carece de sentido el significado.
Sin la más mínima duda los primeros molinos de agua giraron sobre cojinetes de piedra. He aquí que para lograr ese movimiento se recurrió a un pequeño canto rodado de río parecido a un huevo que gira sobre el sapo. El sapo, en gallego, es una pequeña concavidad en una piedra que está alojada en el travesaño (ponte) que sustenta el eje vertical del rodezno y la muela. El material, por regla general cuarcítico (ferreal), resiste la fricción porque lo lubrifica y refrigera el agua que salpican los alabes o pelas del mecanismo hidráulico. En este caso los dos elementos son independientes y no existe esa conjunción o esa dualidad de función que citábamos al principio y que da lugar a confusión. Pero veamos la causa:
Cuando es usado el bronce para este fin, surgen cojinetes de diversas formas. Entre éstos aparecen dados y conos. Se ve que en algún momento un hábil ferreiro se le ocurrió combinar ambas y así logró que el cojinete sirviera para dos funciones en sus posiciones distintas cada uno: dos como hovo y cuatro como sapo. Por lo tanto, ese sencillo y andrógino diseño permitió al molinero disponer de doce posiciones para que su arcaico rodezno girara por un tiempo, que no se puede precisar son exactitud.
Los de acero imitan a éstos, pero se ve que no eran tan eficientes, a juzgar por lo limitado de su uso. Y ya para dar así por terminado el tema, digamos que el nombre de buxa, viene de peón o peonza que es el nombre en gallego recibe este juguete, fabricado con madera de boxe (boj). La rangua, que como se deduce es el sapo o porca, nadie me informó de dónde deriva este nombre: por lo tanto dejémoslo como una curiosidad no recogida en ningún tratado de etnografía.
Hace tres años en Santa Lucía, Gran Canaria, en las II Jornadas de Observación y Gestión de Patrimonio, fui a visitar a un gran amigo y consumado artista en cuanto a la elaboración de cestería con enea, paja de centeno y corteza de zarza. Allí Dn. Juan Ramírez, me mostró su pequeño museo y su arte en el oficio. Pero mi sorpresa fue grande cuando descubrí que usaba para compactar las fibras vegetales del fondo de sus taños y balayos, un cojinete de molino, de bronce en forma de cruz. Al ver que me interesaba por él me lo regaló. Lo llamativo de este diseño, hizo que en el aeropuerto me consideraran, en el control, miembro o mosén de alguna extraña religión. Como pueden ver en la fotografía la conjunción del sapo (dado) y la cruz, sobre la peana que imita la muela se han convertido en alegoría o símbolo del molino. Al fin y al cabo, misticismo o culto a comer pan en tiempos pretéritos.
Considero oportuno citar aquí un famoso fundidor de hovos y sapos natural de Vegadeo, que era conocido por el apodo de Fernando el “dos potes”, porque este hombre tenía una fundición en esa localidad en la que fabricaba potes e incluso reformaba motores de gasolina a gasoil. También conocí a Cesar, de Sarceda, Santalla de Oscos, que fue un consumado fundidor. En Grandas de Salime, hubo dos molineros que fundían los cojinetes para sus ingenios de molienda: Severo, del Mazo y Jesús Carvajal, de Aviñola. De este último es posible que un día narre su inquietud por la electricidad y el comienzo de fabricación de una dinamo.
Haxa salú".
La gran sala polivalente, con una de sus exposiciones temporales
Dependencias entre las que nos quedan por ver la Capilla, A Casoa, la exposición de Aperos de labranza, la Fábrica de gaseosas y el Cabazo, hacia donde nos encaminamos ya...
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