| Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro": la antigua Casa Rectoral |
Subiendo por la Avenida del Ferreiro, los peregrinos atraviesan el casco urbano de la villa de Grandas de Salime, capital del concejo homónimo, llegando al Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro" que desde 2020, año de la muerte de su creador, José Naveiras Escanlar, lleva en su nombre el apodo por el que más se le conocía, Pepe el Ferreiro, último exponente de una saga de herreros de largo oficio e historia que, asistiendo al declive y desaparición de un mundo, el de la sociedad rural tradicional de su entorno, sus usos, costumbres, objetos y memoria, se consagró en conservar y recoger, cultura material e inmaterial, haciendo una primera colección particular que sería el germen de este Museo Etnográfico, cuya primera sede, en los bajos del Ayuntamiento, se inauguró el 2 de junio de 1984 con cuatro salas. Cinco años más tarde se trasladaba, sumamente ampliado, aquí, a la antigua Casa Rectoral, donde asistiría a nuevas ampliaciones hasta nuestros días
| Grandas desde el Camino: a la izquierda la Avenida del Ferreiro y, en medio, el Museo Etnográfico |
"José María Naveiras Escanlar “Pepe el Ferreiro” (31 de marzo de 1942, Grandas de Salime – 13 de junio de 2020, Belmonte de Miranda), nació y creció en una familia campesina con larga tradición de ferreiros en su seno.
Por su trabajo en el taller de carpintería metálica en Grandas de Salime, Pepe visitaba con frecuencia las casas del concejo, en las que era habitual la presencia de útiles y herramientas abandonados. Sin una idea aún definida sobre qué hacer con ellas, comenzó a reunir piezas que, habiendo perdido su uso, se habían convertido en trastos viejos o “trastos vellos”, condenados al abandono o al fuego.
Su curiosidad natural no se limitó al rescate de piezas etnográficas. Su visión del patrimonio fue desde el principio integral, trascendiendo la mera acumulación artefactual de un coleccionista para interesarse por los procesos de producción, la estructura del territorio o la recuperación de oficios, actividades, técnicas y manifestaciones culturales, saberes y conocimientos que se perdían a un ritmo aún más rápido que el repertorio material.
En 1979, José María Naveiras era ya consciente de la necesidad de reunir, ordenar y de continuar rescatando todo ese patrimonio y así se lo planteó al entonces Consejero de Cultura y Deportes de la preautonomía asturiana, Atanasio Corte Zapico, y a Emilio Marcos Vallaure, gran conocedor del occidente asturiano y persona que ejercería un papel destacado en la creación del Museo.
Hubieron de pasar varios años y no pocas vicisitudes hasta que el 2 de junio de 1984 se inauguró el primer montaje del que ya entonces se denominó Museo Etnográfico de Grandas de Salime en el bajo de la Casa Consistorial del concejo. En total, cuatro salas en las que se instaló el repertorio etnográfico reunido hasta la fecha y también una muestra de material arqueológico reunido por Pepe. El local disponible limitaba las posibilidades de expansión y condicionaba el desarrollo del discurso, pero estaban ya presentes las principales líneas argumentales que se desplegarían después con mayor amplitud: la recreación de ambientes, el uso real de las piezas, la integración en el proyecto de artesanos y artesanas locales y la implicación de vecinos y personalidades de todo ámbito que habrían de favorecer la creación de la Asociación de Amigos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
En 1989 la colección se traslada a la antigua Casa Rectoral de Grandas de Salime, edificio del siglo XIX habilitado como Museo tras una rehabilitación en la que también se integraron elementos estructurales recuperados por Pepe y varios vecinos del concejo entre las ruinas de los pueblos anegados por el embalse de Salime.
La nueva ubicación constituyó en sí misma un elemento patrimonial que mostraba la estructura de la casa tradicional y permitía ampliar el área expositiva desarrollando con menos restricciones el concepto de “museo vivo” de José María Naveiras. Se sucedieron las demostraciones de oficios y actividades tradicionales, las jornadas y seminarios y se consolidó así la participación de artesanos y población local en la actividad diaria de la institución.
La necesidad de crecimiento del Museo se hizo evidente y se emprendió su ampliación, con edificios de nueva planta que reproducían arquitecturas tradicionales. Se instaló un molino hidráulico que durante años prestó servicio a los vecinos del pueblo interesados en su uso y el Museo ganó también espacio para su actividad interna disponiendo un taller metálico y de carpintería y zonas para exposiciones temporales, actividades y despachos. En 2004 se inauguró la capilla, también de nueva planta, hito final de un período de constante crecimiento.
Aún sin llegar a ver cumplidas sus aspiraciones iniciales, José María Naveiras consiguió materializar el concepto de Museo integral y vivo, siendo resultado final una brillante recreación de los espacios domésticos y las actividades productivas tal y como los había conocido su cronista.
El Museo que hoy disfrutamos es el legado tangible de Pepe. Unánimemente reconocido como uno de los mejores en su género, con una colección material ingente, sirvió y sigue sirviendo de ejemplo e inspiración para la creación de otros museos, dentro y fuera de Asturias.
El auténtico legado de Pepe el Ferreiro que traspasará generaciones, es, como el patrimonio que siempre quiso conservar, intangible. El proyecto se ha convertido en uno de los principales catalizadores del sentimiento de respeto generado entre los propios vecinos hacia formas de vidas pasadas, pero no tan lejanas, denostadas por sus propios protagonistas porque sobre ellos pesaba el lastre, forjado durante generaciones, del atraso, la miseria y el desvalimiento social. El tiempo y el éxito indiscutible del Museo han ayudado a modificar radicalmente el desprecio secular por lo propio y acentúan el respeto por los bienes que permiten recrear aquel mundo extinto en pocas décadas y que hoy es reivindicado como referente compartido y motivo de orgullo colectivo".
"El material constructivo básico, y casi exclusivo, es la pizarra, empleada en la mampostería de los muros, el recercado de los vanos y las cubiertas. La carpintería es de madera de castaño y, en menor medida, de roble. Los paramentos externos se encuentran enlucidos, acabado eminentemente funcional que favorece la impermeabilización de las paredes y que se encontraba sólo al alcance de los propietarios más pudientes. La distribución de la casa, previa a su reforma para museo, reservaba la planta alta para vivienda, con lareira o cocina, sala, dormitorio, despacho para el párroco y un par de cuartos; mientras que en el piso inferior se localizaban las cuadras y la bodega".
"En el Libro de Fábrica de la parroquia se anota en 1814 un gasto de “1.711 reales y 21 maravedíes que de los fondos de la fábrica tomaron los feligreses para dar principio a la casa Rectoral”. Los trabajos duraron varios años, con un coste total de 16.513 reales. Se destinaron 7.643 reales a la adquisición de materiales: “mil y sesenta palmos de tabla”; “vigas, maderas gruesas, viguetas, columnas y canteados”; “clavos de todo género, bisagras de todas clases, picaportes y cerraduras”; “la losa y su conducción”; “la cal y la arena con su conducción” y “la cantería labrada para las puertas y ventanas”. Los jornales de carpinteros, canteros y herreros ascendieron a 8.870 reales".
Fijémonos en cómo la casa se adapta al desnivel del terreno. Estas ventanas dan luz a las salas interiores, que pronto recorreremos visitando este magno espacio museístico. Podemos adelantar que aquí veremos "los espacios cotidianos de la vida de una casa rural tradicional, como son: la cocina, que es centro de la vida familiar, el cuarto o sala destinado a actos sociales y dormitorio, la alcoba o cuartín, destinado al matrimonio o los abuelos y lugar donde se guardaban las ropas de la casa", como bien explica un visitante, José Manuel González Puente en Asturias Fotos del Paraíso. Pero también veremos salas dedicadas a oficios tradicionales, junto con una vieja bodega, una cantina o taberna, telares y muchísimas cosas más, y eso solo en la Rectoral: afuera más
En la fachada, vemos los carteles que anuncian el acceso al Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro", cuyo sobrenombre fue añadido pocos días después de su fallecimiento. De esta manera daba la noticia la cadena COPE el 16-6-2020, junto con una breve historia del Museo y de cómo José Naveiras Escanlar llegó a impulsar tempranamente las excavaciones arqueológicas del poblado castreño del Chao Samartín, en Castro, también al paso del Camino, del que hablaremos ampliamente al llegar a dicho pueblo:
"El Museo Etnográfico de Grandas de Salime llevará el nombre de su fundador, José María Naveiras Escanlar, conocido popularmente como Pepe el Ferreiro, fallecido la semana pasada a los 78 años tras una vida dedicada al impulso de uno de los principales equipamientos culturales de la comarca suroccidental del Principado.
El anuncio lo ha realizado hoy la consejera de Cultura, Berta Piñán, que elevará la propuesta de denominarlo Museo Etnográfico "Pepe El Ferreiro" en la reunión que el próximo jueves celebrará el Consejo de Gobierno.
Naveiras, que ya había participado en el descubrimiento de los restos del Chao de San Martín, fundó en 1984 el museo de Grandas, donde llegó a atesorar más de 20.000 piezas, y lo convirtió en el centro de referencia de la etnografía de la Asturias rural y a recibir miles de visitantes al año.
Un repaso a la historia del Museo Etnográfico
El Museo Etnográfico de Grandas de Salime es un museo público de carácter comarcal, cuya misión es reunir, custodiar, conservar, incrementar, investigar, comunicar y difundir el patrimonio material e inmaterial de carácter etnográfico de las comunidades del Occidente de Asturias.
El Museo fue fundado en el año 1984 sobre la base de la colección etnográfica reunida por J. Mª Naveiras Escanlar, Pepe el Ferreiro, quien fue su impulsor y director hasta el año 2010. Inicialmente instalado en los bajos del Ayuntamiento de Grandas de Salime, el Museo se trasladó a su actual ubicación en 1989, ocupando la antigua Casa Rectoral de la villa, que fue rehabilitada para la ocasión. Desde entonces el Museo ha continuado creciendo y hoy sus instalaciones ocupan una superficie de más de 3.000 m2. Las áreas de exposición se distribuyen en tres edificios principales que ejemplifican la arquitectura tradicional de la zona: Casa Rectoral, Casa del Molinero y A Casoa. Los espacios abiertos de tránsito se encuentran jalonados por arquitecturas menores y elementos muebles de finalidad específica, que también se integran en la exposición y entre los que se encuentran el molino, el hórreo, la panera, el cabazo o la capilla.
El núcleo central de la colección lo compone el elenco inicial recopilado por D. José María Navieras Escanlar. Con posterioridad ha sufrido un incremento constante por adquisición pero, sobre todo, por donación y depósito de particulares. El repertorio material se centra en el modo de vida rural campesino tradicional y los oficios desarrollados en dicho medio, remitiendo su ámbito geográfico a los concejos del occidente asturiano, pero incorporando también muestras procedentes de otras zonas de Asturias, de diversas regiones peninsulares y de distintas áreas europeas".
"El museo etnográfico "Pepe el Ferreiro" de Grandas de Salime luce desde hoy novedad. Se trata de su nombre, que ahora aparece en la entrada del centro, con letras forjadas en hierro y hechas en directo para todos los que desearon ver el proceso durante el pasado viernes y ayer, sábado.
La asociación "Amigos del Museo de Grandas de Salime" fue la ideóloga. El Principado y la dirección del centro respaldaron la iniciativa justo en el año en el que el famoso centro cumple cuatro décadas. El resultado, es "vistoso y especial", según la directora, Susana Hevia, quien asegura que la forma de hacer el nuevo letrero "tiene en cuenta la idiosincrasia" del histórico museo creado en su día por el ferreiro grandalés José Naveiras Escanlar, más conocido como "Pepe el Ferreiro".
Precisamente la reunión de diez ferreiros de distintos puntos del país hizo posible la hazaña. El gallego José Ortiz fue el encargado del diseño inicial. "Se trata también de homenajear a Pepe el Ferreiro, un gran maestro del hierro y una gran persona", contó. El nuevo letrero está hecho con tres planchas de acero cortén separadas en altura entre sí 15 centímetros y colocados de forma escalonada. Sobre ellos, se lee: Museo Etnográfico; Grandas de Salime; Pepe el Ferreiro. La tipografía también es especial "porque recuerda con qué tipo de letra aprendía a escribir la generación de Pepe el Ferreiro". Al encuentro acudió el alcalde grandalés, Eustaquio Revilla, quien destacó el acto por ser el "estrella" del aniversario. El director general de Patrimonio Cultural, Pablo León, loó el trabajo de los artesanos y dijo que los actos del aniversario tienen repercusión en las visitas: en lo que va de año crecieron un 8% con respecto al mismo periodo del año anterior".
"Nacido en Grandas de Salime en 1942, cursó estudios de enseñanza primaria. Trabajó como herrero en la fragua de su padre y desempeñó otras actividades relacionadas con la metalurgia, lo que le sirvió para adoptar el sobrenombre de El Ferreiro.
En 1977, en compañía de dos amigos, descubrió los primeros restos del castro de Chao Samartín, en el mismo concejo de Grandas de Salime, en cuyas campañas de excavaciones arqueológicas colaboró. En el año 1983 fundó el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, que dirigió hasta su destitución en el año 2010 por parte del Patronato que lo gestionaba, surgiendo una plataforma de apoyo que reunió a más de cien asociaciones.[2] Durante sus años al frente del espacio expositivo consiguió un gran reconocimiento para la institución, constituyendo una referencia museográfica, didáctica e investigadora en temas de etnografía. Tras su fallecimiento, en junio de 2020, la Consejería de Cultura, Política Llingüística y Turismo del Principado de Asturias ha resuelto que el Museo Etnográfico de Grandas de Salime lleve su nombre.
En 2011 se afilió al partido político Foro Asturias, siendo nombrado vocal del Consejo de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias con el apoyo, también de Izquierda Unida y del Partido Popular. Fue miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) y participó como ponente en jornadas etnográficas en Islas Canarias, Galicia, Navarra, Principado de Asturias y en otras ciudades extranjeras como Zúrich y Basilea. Fue coautor de varias publicaciones, incluidas las guías del propio Museo de Grandas de Salime, y colaborador ocasional del diario regional La Nueva España.
Destacó, dentro de su labor de divulgación, el comisariado de varias muestras sobre etnografía en el Teatro Campoamor de Oviedo, en la Feria Internacional de Clermont-Ferrand (Francia), en el Museo de Bellas Artes de Asturias y en la Federación de Sociedades Asturianas en La Habana (Cuba).
Reconocimientos
1985: Entrega de la medalla de la Universidad de Oviedo durante el desarrollo del Curso de Extensión Universitaria “Primeras Jornadas de Etnografía y Etnología”.
1991: Premio “Principado de Asturias de Turismo”, concedido por la Consejería de Industria Turismo y Empleo.
1992: Socio de Honor de la Asociación para la Defensa del Patrimonio Cultural de Asturias.
1998: Premio “Chosco de Oro” de Navelgas (Tineo).
2002: Reconocimiento “Asturiano del mes de enero”, por el periódico La Nueva España.
2002: Premio de Turismo “Tierra Verde”, concedido por la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo (ASPET).
2002: Reconocimiento del Coro de Navia con motivo de su 25º aniversario.
2002: Distinción del Centro Asturiano de Sevilla.
2002: Primer galardón "Pendiente de Oro”, concedido por la Asociación de Hostelería y Comercio de Grandas de Salime.
2004: Premio “Urogallo de Bronce”, concedido por el Centro Asturiano de Madrid.
2005: Premio "Primer Quijote de Asturias", concedido por la Hermandad de la Probe (Morcín).
2006: Premio "Verdes valles mineros", de la Fundación Marino Gutiérrez Suárez (La Felguera).
2008: Reconocimiento de la Federación de Asociaciones Turísticas del Occidente de Asturias.
2008: Premio "Terra viva" de San Tirso de Abres.
Además, tiene otros reconocimientos otorgados por diversas instituciones de la península ibérica, así como el obsequio del Centro Asturiano de México".
Antes de entrar al Cabanón y pasar a la recepción, viendo al fondo el hórreo, vamos a fijarnos en las filigranas y detalles de la puerta y entrada
REFEZOSE ESTA CASA PAMVSEO ETNOGRÁFICONEL ANO MCMLXXXVIIICONSEJERIA DE CVLTURA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS
Pasamos pues al Cabanón, "espacio cubierto al que se accede una vez superado el vano de ingreso en el Museo", señalan en su página web
"En el cabanón se resguardaba de la intemperie el instrumental agrícola, en especial aperos de tiro que se movían con la fuerza de vacas o bueyes. Entre las piezas expuestas sobresale un carro del país, vehículo imprescindible en el laboreo campesino, empleado en el transporte de hierba, estiércol y en la recolección de las cosechas. Sobre el carro pueden verse varias grades (gradas), empleadas para desmenuzar los terrones de los sembrados".
"Desde el inicio del Museo, su fundador, José María Naveiras, “Pepe el Ferreiro”, planteó como uno de los objetivos del centro las intervenciones patrimoniales en el territorio que permitieran profundizar en su conocimiento y recuperar elementos arquitectónicos que hoy pueden verse en el Museo.
En 1986 las tareas de mantenimiento del embalse de Salime permitieron aflorar el caserío de los pueblos y aldeas anegados bajo sus aguas. El Museo, instalado en los bajos del Ayuntamiento, era ya una realidad desde 1984 y estaba en proceso su traslado a la antigua Casa Rectoral de la villa".
"La sillería de pizarra con la que estaban construidas las casas era una tentación para rehabilitar el edificio de la rectoral que albergaría el Museo. Por lo tanto, había que intentar recuperar alguna de aquellas piedras, no sólo por su valor arquitectónico, sino también por el valor intrínseco, histórico y sentimental que toda pieza aporta al Museo".
"Fueron varias las piezas que se rescataron y a las que se dio una segunda vida integrándolas en el Museo. El proceso requirió colaboración vecinal y mucho ingenio, ideando “Pepe el Ferreiro” un sistema de plataformas de flotación a las que se fijaron las piezas seleccionadas. De este modo, al finalizar las tareas de mantenimiento y subir de nuevo el nivel de agua del embalse, las plataformas también ascendieron, permitiendo acercar las piezas al embarcadero para ser transportadas".
"Acompañando a estos elementos se muestra una selección de útiles básicos en las tareas de siembra y siega. Entre ellos se exponen gadañas (guadañas) y angazos (rastrillos de madera) para segar y recoger la hierba, picas del toxo para desmenuzar el tojo que se daba a las caballerías, o un repertorio de arados de diversa tipología: araos de pao (arados de madera) con y sin orejeras, arados con vertedera de hierro o arados específicos para abrir las tierras en el monte y sembrar trigo o centeno, denominados cambelas".
Es en este contexto de 'fin del mundo' en lo referente a la desaparición rotunda y en poco tiempo de unos modos de vida que habían permanecido relativamente inalterados durante siglos, cuando surge la figura de Pepe El Ferreiro para que, al menos, su legado no se pierda y se transmita a lo largo del tiempo. Aunque aperos, sociedad y técnicas habían evolucionado y pasado por sus periodos históricos, la base campesina y con ella todo un mundo desapareció prácticamente en unos pocos años. Ironías de la historia, con el tiempo los mismos enseres y novedosos adelantos que trajo el embalse y el cambio de ciclo pasaron a ocupar su estancia en el museo en sus sucesivas ampliaciones, al pasar a ser, como los antiguos aperos, 'trastos viejos' que había que preservar de la desaparición y del olvido
![]() |
| Plano en la web del Museo Etnográfio de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" |
"El Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro" es una institución pública que reúne, conserva, estudia y difunde el patrimonio material e inmaterial de las comunidades campesinas del occidente de Asturias.Inaugurado el 2 de junio de 1984, ocupó inicialmente tres salas en los bajos del Ayuntamiento de Grandas de Salime, trasladándose a su actual ubicación en 1989.El repertorio material se centra en el modo de vida y oficios de la sociedad campesina tradicional. El núcleo central de una colección se que aproxima a las 20.000 piezas, lo compone el elenco iniciar recopilado por su fundador, D. José Naveiras Escanlar, "Pepe el Ferreiro". Su ámbito geográfico remite a los concejos del occidente asturiano, incorporando también muestras de piezas de otras zonas de Asturias, de diversas regiones peninsulares y de distintas áreas europeas.El criterio expositivo, mantenido desde su fundación, invita a una inmersión directa en los espacios, evitando las barreras entre las colecciones y el público".
"La primigenia casa Rectoral disponía de un hórreo que fue derruido en los primeros años del siglo XIX. En una sociedad de base campesina, estas construcciones resultaban imprescindibles para garantizar el almacenamiento y la conservación de los productos, razón que condujo a la parroquia en 1828 a reemplazar el hórreo desmantelado empleando “ochocientos reales que costó la panera u orrio que se halla en el corral de la rectoría para recoger el pan de diezmo, que no se podía pasar sin ella, tasola y preció el carpintero don Manuel Cotarelo, vecino del lugar de Balmaior [Bormaior] en dicha cantidad”. El nuevo hórreo se trajo del pueblo de Malneira, localizado a 5 km de Grandas de Salime, y se tuvieron que pagar 112 reales por desarmarlo, acarrearlo y conducirlo hasta la casa Rectoral, en cuya operación “se emplearon veinte carros”. Por último, se gastaron 367 reales en armar el hórreo y construir una cuadra o bodega debajo de él, así como en pagar cinco carros de losa que se trajeron desde Pelorde (Pezós/Pesoz), doscientos clavos de losar y la tabla para cubrir la cuadra. Este hórreo y su bodega se derribaron en los primeros años del siglo XX..."
A la derecha está el Abeirugo o cobertizo, que cierra el corral de la Casa Rectoral por el este, donde se muestran principalmente máquinas y mecanismos para trabajar la madera. Más al fondo están el Molino, la Casa del Molinero con el despacho de Pepe El Ferreiro y Sala Polivalente y, a la izquierda, se va a la Capilla y a A Casoa, donde se muestran dependencias más modernas, con cosas que vinieron con el embalse o poco antes, e incluso posteriormente, sastrería, dentista, hospitalillo, tienda bar, fábrica de gaseosas, etc. etc. etc.
"Reproducción a escala de un mazo hidráulico a partir del mazo de Mazonovo, localizado en el cercano municipio de Santalla d’Ozcos.
La industria del hierro adquirió un gran desarrollo en el occidente de Asturias, sobre todo a partir de los siglos XVII y XVIII en que se generalizó el empleo de la rueda hidráulica. El proceso de transformación del hierro se iniciaba en las ferrerías, en las que se fundía el mineral de hierro y se obtenían unas barras. Estas barras se manipulaban en los mazos, donde se estiraban, adelgazaban o ensanchaban para poder trabajarlas y finalmente pasaban al taller del ferreiro, la forxa (fragua), donde se fabricaban las herramientas y productos finales. Mazo es el nombre que recibe tanto el gran martillo para batir el hierro como la instalación que lo alberga".
"En su configuración funcional, un mazo hidráulico como el de Mazonovo se compone de varias unidades articuladas en torno al eje agua–hierro: presa y canal (canle); cubo o depósito (banzado o banzao); rueda hidráulica (rodez); martillo pilón (mazo); fragua (con su hogar, fuelles y yunque); además de espacios de almacenamiento para barras de hierro, carbón vegetal y piezas terminadas, o auxiliares.
Antes de continuar, conviene aclarar los distintos significados que se otorgan a los términos mazo y fragua.
En Asturias especialmente, el término mazo designa tanto el martillo batidor como el conjunto de las instalaciones que lo alberga, subrayando la centralidad de este elemento en la organización espacial del taller. Por su parte, con el nombre de fragua se designa tanto el fogón u hogar en que se caldean los metales para forjarlos, como el conjunto del taller donde está instalada una fragua. Estas distinciones permitirán el uso ambivalente de estos términos a lo largo del texto".
"El principio de funcionamiento de una rueda hidráulica es simple y bien conocido.
Se trata de aprovechar la energía cinética del agua al caer verticalmente por gravedad desde una altura suficiente proyectada sobre las aspas de una rueda hidráulica (rodez) para provocar un movimiento cinético de giro. La rueda estará conectada por el brazo del eje a algún mecanismo de rotación, como las muelas de un molino, o de repiqueteo, como el mazo de una ferrería, como es este caso".
"Una rueda hidráulica o rodez consiste en una gran rueda de madera o de metal, con cierto número de palas o cajones dispuestos en el borde exterior para que sobre ellas pueda chocar el agua procedente de una tubería y provocar su giro o rotación.
La energía cinética del agua se consigue haciendo caer el agua por gravedad por un tubo desde una altura suficiente y hacer chocar el chorro sobre las paletas.
(...) en Mazonovo la energía cinética se consigue desde una altura de unos 4 metros y se utiliza una rueda de paletas (rueda vertical).
Una válvula o compuerta permite abrir y cerrar el paso del agua por un tubo cuadrado de madera desde la base del depósito hasta el nivel de las paletas.
Una de aquellas palancas (...) por arriba sirve para accionar manualmente y a voluntad la válvula desde el interior del mazo.
La rueda gira sobre el árbol (eje de levas) que es un tronco de roble de gran sección que actúa como eje de transmisión que penetra en el edificio desde el exterior y es el encargado de soportar las tensiones mecánicas del proceso".
"La rueda hidráulica movida por el impulso del agua comunica al eje un movimiento rotatorio.
Del eje sobresalen unos dientes a modo de levas y en su giro percuten sobre el extremo del mango del martillo que le obliga a bajar mientras el martillo sube.
El mazo cae y golpea en su movimiento oscilante el yunque. Repite el movimiento cuatro veces por cada giro completo de la rueda".
"Para moldear a golpes el hierro es necesario calentarlo a una temperatura algo superior a los 1.000º C, cuando toma un color rojizo antes de fundirse. En estas condiciones el metal se vuelve maleable y se le puede dar forma sin romperse. Este proceso de efectúa en la fragua.
El ciclo de trabajo sigue tres etapas básicas: calentamiento en la fragua, batido en el mazo y operaciones de acabado en el yunque, que incluyen enderezado, afinado de bordes, punzonado o doblado. El producto resultante puede ser tanto material semielaborado (p. ej. barras o pletinas adaptadas a las necesidades de otros talleres) como herramientas terminadas para la agricultura, la ganadería, la construcción o la decoración.
El conjunto de la fragua formada por el fogón o fragua en sentido restringido, donde se calienta el hierro y dos ámbitos de moldeo: el primero constituido por el mazo del martilló pilón, donde se da una primera forma al lingote de hierro que procede de la fundición, y el segundo el yunque de herrero donde un herrero con un mazo manual y martillos de diversos tamaños dará la forma final y el acabado a cada pieza, la cual también se va calentando en la fragua para poder ser moldeada a martillazos.
La fragua contiene un hogar que es un recipiente de piedra refractaria donde se carga el mineral o bloques de hierro junto con el carbón vegetal de castaño, para conseguir temperaturas del orden de 1.200 °C.
Para alcanzar estas temperaturas se debe insuflar un corriente aire. El sistema más extendido era mediante un fuelle que podía ser accionado a mano o por sistemas hidráulicos. En la actualidad se efectúa mediante un soplador eléctrico.
En Mazonovo se introdujo un sistema de soplado basado en una trompa de aire que es uno de los elementos más ingeniosos del complejo. Utiliza la caída de agua para succionar aire (aprovechando el efecto Venturi) y dirigirlo a través de un conducto hacia el corazón de la fragua. Esto proporciona un chorro de aire constante y frío que permite alcanzar altas temperaturas sin necesidad de fuelles manuales.
Este tirador que se eleva hasta el techo está acoplado a la segunda válvula o compuerta (...) por encima del banzao, que la abre y cierra manualmente para conseguir el efecto Venturi de insuflar aire al hogar de la fragua".
"El martillo pilón (mazo) es un artefacto que aplica el principio de la palanca de primer grado, donde el punto de apoyo (fulcro) se encuentra situado entre la fuerza aplicada (potencia/brazo de potencia) y la resistencia (carga/brazo de resistencia).
La palanca del mazo está formada por un grueso eje de madera de unos 3 metros.
El fulcro es una robusta estructura de madera donde se articula el movimiento de vaivén de la palanca. A la derecha en la imagen el brazo de potencia accionada por el eje del rodez. A la izquierda el brazo de resistencia con el mazo de acero de más de 100 kilos acoplado en el otro extremo.
El eje sobre el que gira la rueda hidráulica que penetra en el edificio termina como eje de levas. Las levas son unos salientes del tronco giratorio que, al tocar al extremo del eje de potencia lo desplazan hacia abajo, con la consiguiente elevación del brazo de resistencia con el mazo en el extremo. Cuando la leva deja de friccionar sobre la palanca ésta queda liberada, de forma que el gran peso del mazo provoca una rápida y potente caída sobre un yunque macizo situado en el suelo provocando un fuerte impacto.
Cuando una nueva leva vuelva a friccionar sobre el brazo de potencia se repetirá el mismo proceso, con un nuevo golpe. La variación de velocidad de la rueda hidráulica hará aumentar o disminuir el número de golpes del mazo.
Este es el efecto buscado para golpear y moldear el hierro candente que se coloca sobre un yunque clavado en el suelo".
"Llegamos a la parte sustancial de la función del mazo: el forjado del hierro con el mazo.
El herrero sostiene con unas tenazas o unos guantes una pieza incandescente de hierro que coloca sobre el yunque del suelo bajo para que el martillo del mazo la golpee repetidamente. Con habilidad va modificando su posición sobre el yunque para que la masa se vaya moldeando en las direcciones adecuadas al producto a elaborar, hasta obtener una forma bruta.
(...) con la mano derecha acciona el tirador de enlace con la válvula del cubo, haciendo aumentar o disminuir la velocidad del golpeteo.
Las operaciones fundamentales de serán: Estirar (alargar y adelgazar); afilar (formar borde/punta); espalmar (aplanar/ensanchar) y recalcar (engrosar o formar cabezas/refuerzos).
En el yunque el herrero efectúa la operación de acabado, dando la forma definitiva a la pieza a partir de la forma bruta que ha obtenido en el mazo.
Sobre el yunque distintas piezas brutas obtenidas en el mazo que deberán ser acabadas en el yunque.
Para el moldeado definitivo se procede siguiendo los mismos pasos de calentado y golpeo, pero ahora de forma manual sobre un yunque".
"La fragua, como conjunto construido dispone, además del taller de forja (fragua en sentido concreto), de un espacio de trabajo que permite la presencia simultánea de varios herreros, organizados en torno al martillo y a las forjas auxiliares. Esta configuración responde a una tradición comarcal en la que el mazo no es un recurso estrictamente doméstico, sino un pequeño centro protoindustrial"
Pero antes vamos desde la maqueta del Mazo a pasar al Corredor, viendo primeramente la parte de abajo. Esta es su descripción en la web del Museo
"Esta construcción auxiliar se sitúa en el corral de la Casa Rectoral, entre el cabanón y el edificio principal. Consiste en una estructura de dos alturas, con cubierta de losas, planta inferior abierta y corredor en la planta superior, sustentando por columnas de pizarra".
Entre las carretillas, otro arado, con un haz de tallos secos de espigas
Primeramente una escalera de madera, un cajón y su mesa
Este mecanismo de piedra de afilar dispone incluso de un paragüero. En el museo cada pieza es un mundo y cada espacio expositivo un universo de sabiduría popular y universal
Los arados, de diferentes estilos, tamaños y formas. El de abajo, pequeño, tiene una rueda. Buen ejemplo de inventiva
"Antecediendo al vano de entrada a la Casa Rectoral se dispone un corredor con balaustrada de madera que hace las veces de portal. Los corredores se popularizaron en la arquitectura asturiana a partir del siglo XVIII, convirtiéndose en uno de sus elementos más característicos. Sus funciones eran múltiples. Orientados normalmente a mediodía o al Este, los corredores eran fuente de luz y calor, secaderos de maíz y otros productos o tendal, prolongado en todo caso el espacio útil del interior de las viviendas".
"Hoy, el escatológico título, por su relación con las deposiciones, deyecciones o excrementos, (que los médicos llaman escíbalo, cuando la masa fecal se presenta dura y seca); que además tienen otro nombre que Ustedes y yo sabemos, le hará pensar que por ahí va el tema. Sin embargo, no haga ningún mohín, que pudiendo ser, de todo es bueno saber. Y si no, deje el periódico, o el artículo, para cuando vaya al escusado.
Si conoce el Museo de Grandas sabe que aquí tratamos de recuperar todo aquello, que en tiempos no muy lejanos, fue una forma de vida. Por lo tanto, esa dependencia de la casa, llamada retrete, cuarto escusado, servicio, letrina o water-closet, -porque lo inglés suena culto y más fino- recientemente se incorporó a esta casa. También sabrá que este Museo, se haya ubicado en la que fue la casa del cura.
Desde el año 1942, vivió Dn. Antonio Valledor, párroco de esta villa, en esta desvencijada vivienda. Este erudito y rechoncho sacerdote, dedicó su vida al culto y a la lectura. Su intelecto le aislaba de lo que podían ser comodidades, o necesidades elementales, excepto la de comer, pues fue un autentico tragaldabas. No le preocupaba reposar sus más de 130 Kg. en la tabla con tronera de la que estaba formado el asiento, para adoptar la sedente figura, que lo aliviaba fisiológicamente. Por desagracia, aquel retrete se había deteriorado totalmente, y el arquitecto encargado de la restauración del edificio, no entendió o no quiso dejar, al menos, el local acondicionado para que pudiera instalarse, de nuevo el retrete, y en su lugar quedo emplazado un tubo de PVC, como si de un inodoro moderno se tratara.
Aún en la década de los setenta, pocas viviendas contaban en esta zona con ese higiénico cuarto. Puede parecer tercermundista, pero así era. En las que lo había, consistía en una pequeña dependencia, al final de un pasillo; o en un corredor en el exterior donde se colocaba un asiento al que se le practicaba un agujero semi-elíptico en comunicación con la cuadra, o con un compartimento, en el que se ponía paja o cualquier otra materia vegetal. Era necesario retirar periódicamente, el estiércol que se acumulaba en aquellas letrinas.
El que se instaló en le Museo, tiene incorporado unos cómodos apoyabrazos. En una de las visitas que realicé al Museo de Balen-Berg, en Suiza, pude comprobar como ya, en el siglo XIX, solucionaban el problema de los purines y detritus humanos, recogiendo éstos en grandes toneles de madera, instalados en unos robustos carros, construidos para ese fin. Con estas cubas, se trasladaba aquel abono orgánico a las tierras, y era usado como fertilizante; lógicamente antes de la siembra.
Haxa salú para que nuestras necesidades fisiológicas -sean de carácter superior o inferior- nos proporcionen la satisfacción, y el cálido placer del buen defecar, o la placentera micción.
23 de diciembre de 2009
Sigamos 12 años después con la descripción.
Como entonces se dejó el asunto tratado, sin entrar a describir otros utensilios utilizados para el fin que nos ocupa, citémoslos ahora para que sean conocidos.
Al igual que la rara circunstancia que hubiera esos cuartos escusados en las casa, también eran desconocidos otros asientos equipados para tal fin. Puede añadirse que al orinal, bacinilla, bacín, perico, tito, beque, dompedro, dondiego y en definitiva todos estos útiles con distintos nombres, podían ser extraños en muchos hogares de la zona rural. No digamos nada de los denominados “dompedro” porque éstos sólo estaban asociados a las clases acomodadas; o lo que es lo mismo: la burguesía. Pero de las circunstancias de ciertas pasadas costumbres que pueden llamar nuestra atención, creo que se debe citar aquellos defecatorios colectivos, que datan ya de época anterior a los romanos y perduraron hasta casi el siglo XIX. Consistían en letrinas o cuartos escusados, provistos de un largo asiento con varios huecos desde los que se defecaba. Esta social costumbre permitía seguir el tema iniciado en la mesa, sin que la necesidad fisiológica lo aplazara o decayera su interés. En la actualidad es posible que prestaran un gran servicio a la afición futbolera.
Comencé el tema citando a Cervantes y ahora vuelvo a recurrir a él para dar sentido a la etimología de algunos nombres. Nos habla Dn. Quijote de la vasija de servidor al que llama perico. Parece ser que en las posadas, si se pedía “servicio”, te facilitaban el bacín o perico, que era usado para las deposiciones mayores. Con el fin de que no quedara el mal olor en el aposento, éste era retirado por el servidor. Es fácil deducir que ricos asientos, tapizados de cuero e incluso de terciopelo, figuraran entre el mobiliario, -tal y como los que hoy forman parte de os fondos del Museo- a los que sólo era necesario aportar el receptáculo de los excrementos. Creo que así resulte fácil deducir que “dompedro” derive del susodicho “perico”.
El bloguero que pidió hiciera un comentario de ese tema, solicitaba que recurriera al sarcasmo de Quevedo para desarrollarlo; por lo tanto recurro a él, y sea pues de norabuena, que el autor del Buscón, cargue con los “palominos” que manchen el texto, y allá él si hiede.
Siempre observé que los servicios de señoras, en los establecimientos públicos, están limpios. No es que yo los use, pero a veces su situación permite, de soslayo, echar una ojeada a esos recintos. Sin embargo los de caballeros son inmundas letrinas en muchos casos. Allí algunos desaprensivos se comportan tan incívicamente, que para colmo dejan huellas de todo tipo. Por regla general, denotan su poca educación en los escritos; donde el lenguaje soez y el mensaje caligráfico, reflejan la catadura del amanuense personaje. Pero no es de estos grotescos escritos, de lo que a fe mía y por honor, dejaré aquí constancia. Sólo doy noticia porque son otra deprimente muestra de la baja estofa, que pulula en una sociedad cada vez más inculta.
El estilo fino y culto de Quevedo y Cervantes, no llegó a las masas populares. Cuando se plasmaba o relataba alguna de sus historias, eran relatos que la transmisión oral fuera deformando, por eso es fácil entender que frases o versos escritos en los lugares citados, fueran o parecieran ingeniosos. Me refiero a aquéllos anteriores a 40 ó 50 años. Es más, si en algún momento se pudieron considerar vulgares, nunca lo fueron tanto como en la actualidad.
He aquí algunos de aquéllos:
“Lo que se compra en la plaza y se guisa en la cocina
Viene al fin a parar a esta …oficina.”
“En este lugar de la casa frío y mal oliente,
empuja el más cobarde y se ca… el más valiente”
“Ca… el cura, ca… el Papa
y sin ca… nadie pasa”
Bueno, pues nada más. Después de esta muestra de ingenio popular, que algunos tímidos poetas, sólo se atreven a mostrar en lo que es fácil, sea su único lugar de inspiración.
Haxa salú"
"Parece ser que en la casa de Dámaso Villaverde, en el segundo piso, vivía un guardia civil y su esposa. Casi seguro que esto fue antes de la guerra civil, porque más tarde se instaló allí el Sindicato Vertical del franquismo; claro que este matrimonio, como no tengo noticia que tuvieran hijos, bien pudiera ocupar sólo la cocina, la galería y el dormitorio y el Sindicato el resto de las dependencias. De cualquier manera, allí vivieron. Él se llamaba Felipe y ella Constanza. Ignoro el apellido porque mi informante tampoco lo sabía. Lo que sí recordaba era haber visto los fideos que fabricaban, colgados a secar en la galería.
Con estos datos se me plantea un dilema: la prensa de fabricar fideos que recogí en casa del barbero Dámaso ¿era de él o de este matrimonio? De todas formas, me la donó Manuel Villaverde Pérez, y no tiene demasiada importancia quién fue el usuario de la misma, ya que la certeza con la que un objeto del Museo puede ser documentado, no aumenta el valor museístico de éste. Su función, diseño o utilidad están, en definitiva, por encima de titularidad o propiedad; prueba de ello es que alguno de éstos ni siquiera tenían propietario, ya que fueron hallados en vertederos o abandonados. Claro que esto no impide, como en el caso de esta prensa o máquina de fideos, que expongamos en su ficha todos los datos que van apareciendo.
(En la página siguiente de esta pequeña agenda, hacía la siguiente anotación: aquí dejé la escritura al llamarme por teléfono mi amigo Sandalio Linera Martínez, al que debí acompañar, junto a sus compañeros de bufete que venían de Coruña, a visitar cierto pueblo del concejo de Allande.)
El encuentro con este amigo propició que ahora sepamos con seguridad la fecha en la que ocurrieron los hechos.
La prodigiosa memoria de Sandalio, le hacía recordar aquella familia del guardia civil. Estos tenían un hijo llamado Pascual, al que su madre, a veces, llamaba desde la galería diciendo:
-Sube, Pascualín, que hoy hay tortilla.
Ahora sabemos que los hechos ocurrieron en la década de los cuarenta, hacia el año 1947 ó 1948. Así que la duda queda despejada, aunque no podemos precisar cuándo se fabricó la máquina, ni tampoco cuándo la adquirió el matrimonio. Así mismo, también desconocemos los apellidos y el lugar de origen de la familia. Estos datos podrían recabarse ,seguramente, en el Cuartel de la Guardia Civil, pero no lo creo necesario.
Sólo nos resta dar las gracias a este amigo.
Máquina de fideos Fecha en que funcionó en Grandas 1947-1948 Donada por Manuel Villaverde Pérez Anteriores propietarios: Felipe, Constanza y su hijo Pascual.
En Grandas de Salime, a 27 de septiembre de 2012".
"Tras superar el zaguán se accede al ámbito estricto de la lareira, que ocupa un espacio cuadrangular situado a un nivel algo superior al del resto de ambientes de la cocina, todos ellos enlosados. En una posición central, ligeramente sobreelevado respecto al suelo circundante y delimitado por losas de pizarra verticales, se localiza el lar o fuego bajo de leña en el que se hacía la comida y donde se calentaba la familia. El riesgo de incendios se minimiza aumentando la distancia a la cubierta".
"En una esquina se sitúa el guindaste, estructura de madera integrada por un pie derecho y un brazo giratorio de cuyo extremo pende la garmalleira, cadena regulable de la que se cuelgan los potes de tres pies de hierro fundido o las calderas de hierro o cobre en las que se elaboraba la comida. Este mecanismo permitía acercar o alejar los recipientes al fuego, según fuera necesario. Para evitar la exposición directa de los recipientes de base plana a la lumbre se empleaban las estrepias (trébedes).
En torno al hogar central, ocupando tres de sus lados, se dispone un escaño de madera de castaño en el que se ancla una mesa abatible que se baja para comer y se retira cuando se precisa espacio para otras labores. Diversos tallolos (banquetas) se distribuyen en la zona de paso, ampliando los lugares de asiento de los nutridos grupos familiares. Empotradas en la pared, alrededor del escaño, varias alacenas cerradas sirven para almacenar alimentos y albergar vajilla y enseres. Utensilios de cocina de uso cotidiano como tixelas (sartenes), chocolateras de hierro fundido y de cobre, morteros, garfelos (cacillos de hierro), coladores, molinillos de café, cacerolas… se distribuyen por la estancia, concentrándose en el conqueiro (vasar) y las trabeiras (estanterías). Junto a ellos pueden verse también tambores para asar las castañas, planchas para la ropa o elementos de iluminación como carburos, lámparas de aceite y portavelas".
"Veinte personas de las asociaciones "Amigos del Museo de Grandas de Salime" y "El Carpio", ambas de Grandas de Salime, se reunieron con el experto en tradición oral asturiana Xosé Antón Fernández, "Ambás", para escuchar todo lo que cuenta el Museo Etnográfico Pepe El Ferreiro a través de sus espacios y material. Fue una actividad mágica porque celebra el 40º aniversario de prestigioso y famoso centro cultural y porque logró parar el tiempo para volver atrás.
El grupo empezó su andadura en a lareira, donde "Ambás" explicó con maestría qué se hacía antes en la cocina. No se trató solo de enumerar acciones, sino más bien de recrearlas, pero sin excesos teatrales. "Poder contar que patrimonio material no se puede entender sin el patrimonio inmaterial es un regalo", dijo el especialista, quien presentó la peculiar actividad como un regalo que él mismo quiso entregar a los amantes del museo y a aquellos que trabajan en la conservación del centro grandalés. "Aquí (en a lareira) se cantaba, se rezaba, se dormía la siesta, se blanqueaba la ropa blanca...", recordó "Ambás", quien no se detuvo en la numeración ni en la explicación. Con esta seguridad que solo ofrece la persona que estudia a fondo una temática, el por un día guía del Museo Etnográfico Pepe el Ferreiro, recreó la bendición del horno del pan, colocó a paira (pala) y el rodalo del forno como se hacía antaño (recordando la Cruz de San Andrés), buscó una mazadeira y recitó: "Maza meu leite senón comereite, maza mía nata senón douche a gata". "Ambás" contó con maestría un cuento popular y se atrevió con el romance "A mal casada", recreó cómo se utilizaba a tixela y una llave para hacer música o cómo se dormía a los bebés con el movimiento la cadena de el llar o a gamayeira da lareira. Y después de hacerlo todo y bajo la atenta mirada de los participantes expresó un lamento: "Cada día hay menos gente con quien hablar de estas cosas, de cómo, por ejemplo, se curaban as espías venenosas, de sapo o de sapagueira".
Arriba, curan colgados los chorizos; en la pared, infinidad de utensilios y, también, el armario de las vajillas, bien provisto:
"Sobre el hogar se coloca en altura un entramado de cañas o varas, denominado caínzo, del que se colgaba el embutido, la carne de salazón, las castañas o cualquier otro producto que necesitase un proceso de curado mediante humo. La Casa Rectoral disponía de una chimenea hecha con tablas y varas entretejidas cubiertas con cal y barro, privilegio de las casas acomodadas como ésta y que no estaba al alcance de las viviendas campesinas, en las que el humo se evacuaba por los resquicios de ventanas y tejado".
"Frente a la lareira se encuentra el forno (horno) en el que se cocía el alimento básico de la familia: el pan. Fabricado con ladrillos o tejas, barro y piedras de pizarra y arenisca, el horno traza un perímetro semicircular que se destaca en planta al exterior de la vivienda. Su frente cuenta con una porta (puerta) por donde se atiza e introduce el pan. Se cubre con una visera de pizarra que evita que las chispas salgan hacia el techo de madera y provoquen un incendio. Bajo la puerta se abre el sinceiro (cenicero), en el que se depositan las ascuas y cenizas. Junto al forno están siempre dispuestas las pairas (palas), el rodalo, el baxase (escoba de ramas) y la forqueta. Para cocer el pan se atiza el horno con leña hasta que las paredes estén “blancas” (incandescentes). En ese momento se limpia y se mete el pan a cocer. En cada hornada se cocían unas nueve fogazas (hogazas) y un bolo (bollo) de tocino o chorizo. La elaboración del pan era un trabajo exclusivamente femenino. Se amasaba cada quince días y casi siempre la víspera de una fiesta o de una faena que requiriese concurso de los vecinos, a los que se ofrecía una comida abundante. Antes de meter el pan al forno se hacía una cruz y se imploraba con rezos para que saliera bueno: ”A San Pantaleón, que lo saque bon, a San Justo, que de pouco lo volva muito, y a San Vicente, que lo acreciente, y a San Bartolo, que saque von bolo, y a San Froilán, que saque bon pan” (Ouría, concejo de Ibias)".
"Al llegar a cierta edad es cuando descubres que los mitos o las leyendas son solo eso. No es precisamente porque la ficción sea un descubrimiento en el que solo llegando a viejo se manifieste la revelación. La candidez se pierde mucho antes, pero la quimera de la tradición no llega a manifestarse nunca ni tampoco desaparece del todo. Recuerdas las narraciones que los mayores contaban y sobrecogían tu asustado ánimo que, en la soledad del oscuro cuarto donde debías dormir, se acentuaba. Es posible que aquellas historias no fueran cosa seria, porque aquéllos que las relataban se reían. Pero ¡quién podía comprender los extraños fenómenos que desde el más allá nos amenazaban continuamente! ¿Cómo se podía permanecer indiferente ante a Lapasinza, el Home del saco, el Papón, a Bruxa, el Trasno, as Encantadas, el Sumicio, el Demo burlón, el Nuveiro, a Zamparrampa y varios más?.
¿Por qué esta querencia hacia los miedos ancestrales? ¿Qué motivo nos mueve a insistir sobre esos mitos, que perdieron su poder ante los cambios que se gestaron en una sociedad cuyos valores son puramente económicos? Hoy, tanto los entes que asustaban a los niños como los ocultos tesoros, deben ser buscados en los medios de poder; que además manejan las mentes como hilos, al final de los cuales, pendemos como indefensas marionetas de una ingente masa que, ineluctablemente, nos mantienen en vilo.
Fue en el pasado y es en la actualidad un fenómeno que afecta a los grupos sociales menos instruidos, convirtiéndonos así en los más vulnerables, papanatas de los rayos catódicos o del cuarto estado de la materia. Por lo tanto, como nada importa que nos imbuya más en el estado hipnótico, volvamos a esos inofensivos y fantásticos mitos.
Fue a Lapasinza un ser nada mitológico, cuya ocupación consistía en esparcir la ceniza y desordenar la cocina de lareira. Naturalmente, al cambiar esa lareira por las modernas cocinas de carbón o económicas, quedó sin ese lugar en el cual se entretenía después que los miembros de la casa se iban a dormir. Su quehacer era altamente sonoro, e igual que su primo el Trasno, podía causar una gran inquietud entre aquéllos que dedicaban unas horas al merecido descanso. Reposo que sin saber muy bien por qué, lo alteraba más en la época invernal que en la estival o de faenas agrícolas; pues hete aquí que las polavilas, sólo eran propias de tiempos más desocupados, en que la Lapasinza, la Zamparrampa y el Trasno, que todo lo trastocaban en la casa, tenían un protagonismo mayor.
No se trata de desprestigiar a tan dignos representantes de la noche, pero sí enmarcarlos dentro del periodo o jornada que les compete en el ciclo vital del campesino. No es lo mismo dar la lata al que se levanta a las nueve que al que lo hace a las cinco de la mañana. Además, tampoco es tan influenciable el que madruga si lo esperan las duras faenas agrícolas.
As Encantadas, por regla general, eran mujeres que sin saber muy bien por qué, quedaban sujetas a un sortilegio que las mantenía eternamente ocultas. Ocultas relativamente, pues las noches de clara luna, podían ser vistas por algún apuesto galán cuando se peinaban con sus peines de oro en aquellos manantiales de cristalinas aguas, que nadie sabía donde manaban. Cierto es que busqué en esas fuentes que fluyen en los montes después de la invernada, y jamás vi huellas de tan míticos seres. Es posible que sus aposentos estén en desconocidos veneros o fluvial hontanar, donde ese líquido -para as Encantadas-, brota sin disminuir su caudal durante todo el año. La fantasía durante el pastoreo, en la soledad de los bosques, obligaba a buscar con ahínco alguna bella dama, a la que se podía haber “dejado encantada”.
Trato a parte merecen as bruxas, desgreñadas damas cuyo cometido tiene la particularidad de influir en la vida de los humanos y, algunos de ellos, llevamos un diente de la raíz de una liliácea para neutralizar los nefastos efectos de semejantes seres. En el pueblo de Villarpedre, tierra de mis abuelos maternos y muy dados a esta creencia, posiblemente sus habitantes de dividieran en dos bandos: las brujas y los que creían en ellas. Lo grave es que nunca se sabía cuales eran unos u otros. Pero véase una muestra: en cierta ocasión, un pariente del que esto cuenta, pasó con el rebaño de ovejas ante una encantadora nigromántica y en el acto cayeron 19 ovejas como fulminadas. Menos mal que pasado un rato se recuperaron. Pero lo ocurrido sirvió para demostrar que no era encantadora. Era más bien fea. De todas maneras… haberlas hailas. ¡Qué se lo pregunten a mi tío Quico!.
No faltaba tampoco la búsqueda de los tesoros ¿Quién podía renunciar a encontrarse con aquella enorme piel de uro llena de monedas? O ese carnero, que el muy cabrito, escondía su áureo vellocino. El caballero y su caballo, todo unido como ecuestre figura, del despreciable metal. Y para hacer más codiciado un tesoro, alguien fabricó, con aurum, unos bolos con su bola y los ocultó en sabe dios que cueva. Tanto era así, que hasta los yacimientos arqueológicos sufrieron la agresión de esforzados campesinos que creían poder salir de la miseria, cavando con denodado tesón, las ruinas de aquellos moros que habían dejado sus fortunas para riqueza de ilusos.
Creo que del Papón y del Home del Saco hablaremos en otra ocasión.
Haxa salú"
"El lino es una planta leñosa cuya conversión en fibras útiles para el hilado y tejido precisa un largo proceso de transformación en el que intervienen labores e instrumentos muy diversos. Primero, las semillas (linazas) se separan de los tallos en los ripos, pasando los manojos de plantas entre unos dientes de madera. Para quebrar sus partes leñosas, el lino se agrama o machaca en pisones, afitones o agramadeiras. A continuación, en las espadelas, se golpean los haces de lino sobre el canto de una tabla colocada verticalmente para separar las agramizas o desperdicios. Por último, el lino se pasa por los restrelos, entre cuyas púas de hierro se limpian definitivamente las fibras útiles y se separan las hebras finas o cerro y las bastas o estopa sin romperse".
"Desde el origen mismo de la humanidad ha existido la necesidad de abrigarse y vestirse, bien sea por razones climáticas o por las convenciones sociales que han ido evolucionando durante los siglos. En Asturies, húmeda y fría, siempre ha tenido una gran importancia la confección textil de origen animal o vegetal. En los tiempos más antiguos se usaban las pieles de animales para cubrirse, pero con el paso del tiempo aparecen técnicas nuevas que facilitan el aprovechamiento de otros productos que se encontraban fácilmente al alcance.La producción de fibras textiles como la lana y el lino (también, en mucha menor medida, el cáñamo) ha ocupado durante siglos el invierno de las mujeres asturianas que se reunían alrededor del hogar para hacer el filandón. Esta labor cotidiana era parte fundamental de la vida y, así, era muy frecuente que los mozos regalasen a sus prometidas husos y ruecas, lo cual revela el enorme aprecio de esta labor. Estas actividades textiles en las sociedades rurales preindustriales tuvieron una gran importancia social y económica hasta épocas muy cercanas.Desde un punto de vista histórico podemos encontrar referencia a ambas fibras en multitud de fuentes. Ya en la Edad Media se importaban paños finos procedentes de los Países Bajos y Castilla, que iban dirigidos a las clases más pudientes. Gonzalo Morís (Enciclopedia de la Asturias popular) menciona la gran producción de lienzo de lino de la zona occidental durante todo el siglo XVII, que tenía una enorme demanda. Incluso comienzan las importaciones desde fuera de España, y pone como ejemplo la importación de lino en rama, procedente de los países Bálticos, debido a su escasa producción en Asturies".
Así, la fibras gruesas se dejaban para los tejidos más bastos y las más delgadas para las ropas finas y delicadas. Explicamos ahora todo el proceso de la mano de los Cartafueyos d'El Ventolín:
"El lino es una planta herbácea de 0'30 a 1'10 m. de alto, que se compone de una sustancia leñosa (70%), interior, y de una sustancia filamentosa (30%), exterior, de la cual se extrae la fibra textil. En Asturies fue un cultivo muy extendido desde antiguo. Este arbusto procede de la linaza, cuya harina se usó mucho para cataplasmas. Se siembra en el mes de octubre, en un campo previamente preparado. Al poco de germinar, se rastrilla la tierra, arrancando las hierbas inútiles que nacen en el linar. Una vez madura la planta, cuando llega el mes de mayo o junio, es el tiempo de la recogida. Se hace arrancando la planta a mano y atándola en manojos, que se colgarán después en el pajar, en el corredor o en la panera, para que seque.El proceso de la domesticación del lino se produjo en los primeros momentos del Neolítico, como un proceso más de esta revolución cultural, pues se han encontrado restos de semillas de lino cultivado. Este proceso de domesticación debió obedecer sencillamente al deseo de la gente de disponer de sus fibras y semillas con mayor comodidad, de tal manera que las especies salvajes comenzarían a recolectarse y plantarse sus semillas en tierras abonadas, en las cercanías de los poblados.Como materia textil, el lino es una fibra vegetal que presenta unas características muy especiales, que han contribuido a que éste haya podido soportar la competencia de las demás fibras animales. En primer lugar, su elasticidad, por medio de la cual el tejido puede soportar tensiones y presiones que otros no aguantarían, lo que lo hace idóneo, por ejemplo, para la fabricación de velas. En segundo lugar, su suavidad lo convierte en apto para la elaboración de ropas interiores. Y, por último, su espléndido color blanco, que se incrementa cuanto más se lava. Comprendemos por qué constituyó un elemento de tanta aceptación en el mundo antiguo.En Egipto, la industria del lino era una de las principales, siendo objeto de un comercio de exportación importantísimo. Se cultivaba también en Arabia, de donde se exportaba a Roma; en Palestina, especialmente en las riberas del Jordán; y en Galilea, que contaba con famosas fábricas para la exportación en las que trabajaban mujeres. Después de las conquistas romanas, Roma se surtía de lino, en bruto o manufacturado, de todas las provincias del imperio que lo producían.Centrándonos en su cultivo y elaboración hemos de destacar que esta planta requiere tierra de buen fondo, fértil, sustanciosa, ligera y suave. Comenzando con la preparación del terreno: la tierra ha de estar desmenuzada y suelta, sin que presente terrones, pues la semilla del lino no podría germinar en otras condiciones. A continuación, se efectúa la siembra, que se suele realizar en primavera, y a partir de este momento se riega y se le hace un escardado cuando ha crecido unos centímetros.La planta se considera madura cuando granan las semillas y se arranca con raíz, recogiéndolo en pequeños puñados y limpiando la tierra que trae consigo (julio – agosto).Para convertir las plantas en fibras textiles era necesario realizar varias operaciones muy bien descritas por Jose Manuel Feito en su obra La artesanía popular asturiana.1. Secar los manojos de plantas al sol.2. Desbagar o separar las semillas de los tallos, guardándolas para otras siembras, con el debagadoiru o ripu.3. Sumergir las plantas en un remanso de un río o arroyo, durante una semana, con el fin de pudrir la parte leñosa de los tallos.4. Secar los manojos al sol.5. Agramar o machacar los tallos con un mazo de madera, una agramadera o un tajo, para romper las fibras leñosas.6. Espadar o golpear los tallos con una espadilla sobre el borde de una tabla, hasta que se eliminan las partes leñosas, separando de ellas las fibras. En algunos sitios se restregaban sobre una tabla vertical.7. Rastrillar o pasar las fibras por un rastrillo para limpiarlas totalmente, y clasificarlas según su finura. Las primeras fibras que quedan en las púas del rastrillo son las estopas; en una segunda vuelta va quedando en las púas lo que se llama mediana y en las manos de la mujer las fibras más finas o cerro. Con esta operación el lino quedaba preparado para hilar.8. Hilar las fibras rastrilladas. Con la ayuda del huso se producía el hilo, haciendo con él cadejos.9. El lino se blanqueaba por medio de repetidas coladas y de su exposición al sol. La colada se realizaba en un entremisu o bogadoiru provisto de una tina en cuyo interior se metían las madejas. Por encima se colocaba una tela con ceniza de madera (preferentemente de roble, haya y fresno), hojas de laurel y hiedra, éstas para perfumar las madejas, y sobre todo ello se echaba agua caliente. La combinación entre la ceniza y el agua actuaba como la lejía, y blanqueaba el lino. Las coladas se repetían seis o siete veces, lavando las madejas con agua entre cada operación.10. El telar conformaría el tejido, y con el batán se refinaría y adelgazaría.11. Las telas así obtenidas eran coloreadas con tintes naturales, que desde tiempos atrás eran ya conocidos, generalmente de origen vegetal, raíces, ramas y frutos. Completaban la elaboración de los trajes los sastres, que eran numerosos en los distintos concejos.El lino se cultivó ampliamente en Asturies hasta su decadencia con la entrada de material ya elaborado a lo largo del siglo XIX. Si bien es un cultivo prácticamente desaparecido de nuestras tierras su importancia fue tal que aún se ve reflejada para siempre en nuestra toponimia. Así es frecuente encontrar poblaciones y lugares en toda Asturies del tipo Llinares, La Llinariega o Les Llinariegues, que hacen honor a este cultivo tradicional tan cotidiano en las vidas de nuestros antepasados".
"Desde que el ser humano descubrió cómo domesticar a los animales y empezó a conocer las posibilidades que estos le ofrecían, la lana ha sido una de las materias primas más utilizadas para la realización de vestimentas. Son muchos los testimonios que narran el esquilado de las ovejas desde la Antigüedad, proceso que ha permanecido invariable hasta el siglo XX. El cuidado de las ovejas y la obtención y tratamiento de la lana ha sido algo propio de casi todos los pueblos del planeta y ha sido parte fundamental de la cultura tradicional asturiana hasta fechas muy recientes.La lana es una fibra cuya calidad depende de la raza de ovejas. Se distinguían dos clases: la "lana fina", que procedía de las ovejas merinas o trashumantes, y la "lana burda" de las ovejas del país. La lana más corriente en Asturies era la última, que se sacaba de la raza asturiana de oveya xalda, hoy protegida por nuestra legislación.Las ovejas se solían esquilar en mayo y junio con luna menguante, y se separaban los vellones según su calidad. Con la llegada del buen tiempo, se cortaba la lana de las ovejas que había crecido a lo largo de la temporada. A este proceso también se le denomina trasquilar.Antiguamente se reunían los pastores para realizar esta actividad en un trabajo cooperativo y rentabilizar la mano de obra. De esta manera, tenían posibilidades de relación personal unos con otros, ya que la vida de los pastores implicaba muchas horas de soledad en los montes. Si el rebaño era grande, el dueño sacrificaba algún cordero y esta actividad se convertía en fiesta. Con el fin de que el ganado estuviese quieto se le ataban las patas para no hacerles daño con las tijeras. Se inicia el proceso por el abdomen y las patas, que por estar más en contacto con el suelo darán una lana más sucia y de inferior calidad. Se finaliza en el lomo, cuya lana es de mejor calidad y está más limpia.Una vez cortada la lana, se seleccionaban los vellones según su calidad. Se limpiaba a mano de las impurezas, y para asegurarse de que la lana estaba limpia, se lavaba posteriormente con agua hirviendo y ceniza o jabón (elaborado también de modo tradicional, con grasas animales y sosa cáustica) con el fin de blanquearla. Finalmente se aclaraba con agua fría y se dejaba secar al sol, tendiéndola normalmente en los corredores de las viviendas o en los hórreos y paneras. En esta operación, realizada en el verano, la lana suele perder la mitad de su peso. Posteriormente se escarmenan o carmenan los vellones de lana sin romperlos, dejándola más algodonosa.Una vez preparados y secos los vellones eran estirados a mano, para después proceder al cardado y peinado, que dejaba la lana fina y lista para el hilado".
"Una vez esquilados y lavados los vellones de lana, el primer paso para la obtención del hilo era el 'cardado': la lana después de lavada, se quedaba un poco apelmazada, y era necesario deshilarla bien antes de proceder a su hilado. En este proceso, que requería mucha paciencia, se utilizaban ambas manos en operación conjunta. Se ponía entonces la lana entre las cardas, y se cardaba o peinaba en el mismo sentido hasta separar bien los hilos, y cuando ya estaba bien cardada, y se quería sacar de la carda, esta se pasaba en sentido contrario para desenredar la lana. Tipológicamente, este instrumento corresponde a los modelos más arcaicos."
"Para hilar el lino y la lana manualmente se empleaban rocas (ruecas), fusos (husos) y parafusas, de los que se ofrece una muestra variada. Algunas ruecas presentan una esmerada decoración con diseños geométricos incisos, letras y figuras de animales. Se exponen también tornos de filar, útiles originarios de la Edad Media que, a pesar de posibilitar un hilado mejor y más rápido, nunca se generalizaron en el campo asturiano porque carecían de la movilidad del fuso y la roca que permitían a la mujer hilar en cualquier momento y lugar".
"El telar es la maquina encargada de mantener alineados y estirados los hilos de urdimbre, para recibir el hilo de trama y cruzarse. El ligamento (manera de entrecruzarse los hilos de urdimbre y trama) más sencillo es el tafetán, siendo este el más regular de todos. El hilo de la trama pasa alternadamente por encima y debajo de los hilos de la urdimbre en cada vuelta, el tafetán de lino recibe el nombre de lienzo, que es sobre el que se desarrolla la posibilidad de bordar “a hilos contados”.
No es fácil desarrollar la tecnología del telar para los profanos, baste decir que en sus inicios fue vertical en todas las culturas y la urdimbre se mantenía tirante por medio de pesas en cada hilo de urdimbre o bien se sujetaban en dos listones de madera. Esta técnica se denomina de alto lizo, continúa en la actualidad y el dibujo se hace a mano, es decir, levantas a mano los hilos de urdimbre para pasar el hilo de trama.
En occidente en el S. X se inventó el telar horizontal de pedales (Bajo lizo) máquina que hasta la industrialización fue capaz de dar impresionantes telas con la conjunción del aumento de los lizos. Estos son el mecanismo que unidos a un pedal acciona la subida de un conjunto de hilos de urdimbre, como es lógico pensar, cuantos más lizos y pedales más posibilidades de hacer dibujo, labrarlo en la propia tela".
"El proceso de cambio en la sociedad asturiana a partir de los años 50 del siglo XX supuso la gran modernización de la industria, la comunicación y la forma de vida en nuestro país, lo que facilitó el acceso a nuevas fibras como el algodón y las denominadas artificiales y sintéticas, frente a las tradicionales como el lino, lana y seda. El algodón supone el punto de partida de la Revolución Industrial y compite fuertemente con el lino. La lana se ve desplazada por las fibras sintéticas y artificiales, que adquieren gran desarrollo en la década de los años 50, y la seda sufrirá un proceso parecido con la introducción de fibras como el rayón.El posterior cambio socioeconómico que se genera en la década de los años 60 y 70 supone una nueva vuelta de tuerca a este proceso de abandono total de las fibras tradicionales: aparece el éxodo de las áreas rurales a las urbanas, determinadas prendas pierden totalmente su función puesto que se abandonan muchas de las actividades agrícolas y ganaderas, y sobre todo, la globalización industrial y económica hace que no sea en absoluto rentable producir fibras y tejidos de manera local frente a las importadas de otras tierras, mucho más competitivas en todos los aspectos.Hoy día se puede comprobar que aún existen algunos telares que se mantienen en activo, pero subsisten gracias al uso de determinadas prendas de carácter ritual y folclórico muy presentes en nuestra comunidad y que la industria afortunadamente no ha contemplado. El uso de la indumentaria tradicional en los numerosos grupos de baile y en las bandas de gaitas a lo largo de toda nuestra geografía facilita la supervivencia de unas telas y unos tejidos que han sido y son parte distintiva de nuestra identidad como pueblo".
"Este espacio dedicado a las hilanderas y a las obras de arte que hacían antaño las mujeres de la zona rural también cautivó a los presentes. La presencia de la hija de la mujer que hiló en el telar, Elena Lozano, conmovió al público: "No me enseñó a hilar porque ella pasó mucho frío".
"Para poder ser tejido en el telar, el hilo debe estar preparado adecuadamente, proceso para el que son necesarios varios instrumentos: los sarelos (sarillos) con los que se forman las madejas, las devanadoiras o argadelos en los que se ovillan las madejas y, por último, las rodas dos canelos o caneleiros donde los ovillos de hilo se convierten en canillas, las cuales, introducidas en la nezcla o lanzadeira (lanzadera) del telar forman la trama del tejido".
"El hilado era un trabajo exclusivamente femenino. Las mujeres hilaban a todas horas y en todos los lugares. Los instrumentos empleados eran muy sencillos: la rueca, que era una vara delgada donde se colocaba el copo de lana o lino; y el huso, palo pequeño torneado provisto de un rodete, en el que se enrollaban los filamentos hilados. En la rueca va enganchado el copo de lana o el lino; en el huso se enrollaban las hebras una vez hiladas.También se hilaba con los tornos de hilar, utensilios inventados en la Edad Media y muy extendidos por Europa, con los que se lograba una mayor productividad y un hilo más homogéneo. En Asturies su empleo nunca tuvo gran aceptación, a pesar de que en los siglos XVIII y XIX hubo varios intentos para difundir su uso entre las campesinas. Las razones de este rechazo fueron el elevado precio de los tornos, con respecto a la rueca y al huso, y la facilidad de trasladar éstos, lo que permitía compaginar el hilado con otras actividades agrícolas. Por último, se empleaba la torcedera (que es un instrumento similar al huso, pero de mayor tamaño) con un gancho, para hacer un hilo fuerte, uniendo dos. Para hilar era habitual que las mujeres y mozas se reunieran durante el otoño e invierno en los filandones, files o polaviḷḷas.Una vez hilado el material se procedía a la elaboración de cadejos con las aspas. Éstos más tarde se transformaban en ovillos con la ayuda de devanadoras, quedando de esta manera las fibras textiles listas para tejer en el telar y para hacer medias o calzas. Pero antes de hacer los ovillos, las madejas de lino se blanqueaban y las de lana blanca, a veces, se teñían. Tras esto, las madejas se convertían en ovillos mediante las devanaderas.Finalmente, se secaban y oreaban durante un tiempo. Las madejas de lana se teñían, antiguamente, con sustancias naturales y, modernamente, con anilinas. Los hilos coloreados se destinaban para las ropas de vestir y colchas de cama. Los colores más comunes eran el amarillo, colorado, azul y verde, y algunas de las materias naturales más empleadas eran las cortezas de aliso y nogal, las hojas de nozal, la corteza de nuez, las moras verdes y maduras, la cáscara de cebolla, la cochinilla y el añil. Para fijar los colores se utilizaba la piedra de alumbre".
"El lino y la lana son las materias primas de fibras textiles a las que tenía acceso el pueblo llano a través de los siglos dado que eran las que podían obtener en el país.
Cada una de estas dos fibras textiles eran las utilizadas para las diferentes necesidades y las diferentes funciones de las telas. La lana en su color natural o teñida se utilizaba por su especial capacidad de termoaislante, para prendas y ropas de abrigo además de que abatanadas (golpeadas) adquirían la cualidad del paño impermeable. Normalmente la lana era ya comprada en rollos de paño para ser cortada para las ropas o bien salían del telar siendo ya sobre todo colchas labradas o mantas en el propio telar.
El lino, en cambio, servía a todos los demás menesteres necesarios, ropa de cama, cortinas, colchas, paños rituales de ofrendas, paños de mano, toallas, manteles, servilletas, y lencería, camisones y camisas galanas noviales y eran todos estos tipos de ajuar los que recibían la labra del bordado, secularmente en lana y lino teñido en el país, los más pudientes sedas y posteriormente algodón".
"Como él mismo cita “era un cultivo que llenaba el tiempo y le otorgaba a las vivencias humanas del mismo un ritmo muy definido y marcado, debido a la repetición de las mismas labores en las mismas épocas de cada año; y de este proceso repetitivo surgía la tradición de este cultivo y de sus técnicas de preparado, hilado y tejido.”
En la actualidad es difícil entender lo que para los pueblos y sus gentes era el cultivo y los trabajos del lino, su tejido y su adorno. Las mujeres que hacían todo el trabajo hasta llegar a obtener el hilo en ovillo daban la fibra para el tejido en telar, que lo hacían “tecedores”, maestros, oficiales y aprendices del oficio. De vuelta a casa el hilo tejido volvía a caer en manos de mujeres que cortaban, bordaban, cosían, deshilaban.
El trabajo del lino es fundamentalmente femenino, en algunas comarcas españolas como la asturiana había también tejedoras (no se sabe de ninguna en la provincia de Salamanca) que seguramente nunca fueron registradas así.
El medio rural vivió profundamente la economía de medios, así las familias cultivaban y trabajaban su lino, y este solo salía en muchas ocasiones para ser tejido en otros pueblos. En algunas casas había un telar artesano como lo demuestran los legajos testamentarios".
“La fila (o filandón) es el sitio donde se reúnen las vecinas para hilar. Sentadas en tayuelas, con la rueca en la cintura, y la rocada sujeta con el adornado roqueru de paño, van mesando el cerro poco a poco con los dedos de la mano izquierda, mientras que con los de la derecha voltean el fusu que retuerce el naciente hilo y lo envuelven a su alrededor hasta completar la mazorca. Se oye el riflar de los mozos que se acercan a la fila; las jóvenes les ofrecen asiento a su lado, y mientras el fusu gira y gira entre los dedos de la joven, el galán habla de amores. Y a veces, la moza que no está emparejada suele iniciar las canciones de pique (...) Y alguna vieja burlona canta, allá al borde del llar:Filandango me voy, filandango me vengo,filandango me voy, en la rueca lo tengo.”Aurelio del Llano, Del folklore asturiano. Mitos. Supersticiones. Costumbres, 1922Les files, filandones, polaviḷḷas o calechos son reuniones de mujeres para hilar la lana y el lino que tienen lugar durante las noches de invierno, normalmente en la cocina, a las que acuden también los hombres, aunque como meros espectadores que animaban el ambiente; el hablar, comentar sucesos, contar historias, gastar bromas acabó siendo de tal importancia que por fila se entiende también la reunión de gente para hablar o pasar el tiempo sin más. Sin duda los filandones eran un pretexto para la diversión, en ellos se recitaban romances y narraban cuentos e historias antiguas; se decían adivinanzas, se jugaba y, si había espacio suficiente, se bailaba. Eran unas reuniones de trabajo en las que las personas más viejas transmitían oralmente a los jóvenes los conocimientos, creencias y valores de la sociedad tradicional.En la obra de Palacio Valdés se celebran en las casas más importantes, como las de don Álvaro Estrada, Juan Quirós, don Félix o en la suya propia: «Las mujerucas hilaban y mi madre hilaba también sirviéndose de una preciosa rueca con incrustaciones de marfil que le había regalado mi abuelo» (NN, 19) y « […] recibía por las noches buen golpe de labradoras que hilaban su copo sentadas en el suelo. Se formaba de este modo una tertulia de quince o veinte personas» (NN, 48). En El señorito Octavio, se nos describe como sigue: «y durante las interminables noches de invierno hilar, en compañía de la familia y algunas vecinas, en el vasto y oscuro salón de la casa, algunas varas de lienzo burdo para sábanas […] y fijando la rueca en la cintura empezaban a hacer rodar los husos, mojando repetidas veces con la lengua el lino, del cual tiraban por breves intervalos» (SO, 19-20)Los filandones eran también lugares de transmisión de conocimientos. Muchas de las actividades textiles se realizaban en grupos; existía una cooperación de los vecinos de la comunidad. Esta cooperación formaba parte de los ritos de interrelación que se desarrollaban en estas sociedades preindustriales. Los lugares de hilado, como los filandones en Asturies, los fiadeiros en Galicia etc., donde se reunían para realizar los procesos de hilado, eran sitios que, además del trabajo, servían como lugares de transmisión, creación y readaptación de manifestaciones populares. Aquí se transmitían y se inventaban refranes, proverbios, dichos, adivinanzas, dictados tópicos, romances, cuentos y chascarrillos, coplillas, canciones, juegos, etc.Los cantares con el tema de los filandones son numerosos. Algunos los cantaban las propias mujeres que participaban en la tarea comunitaria:Cola rueca nuna manoy el fusu na faltriqueravoi pa casa la vecinaa marmurar de vida ayena.Cola rueca na cinturayo me gano'l mio dineroPoco se gana filandomenos se gana dormiendo.Otras las cantaban los galanes para cortejar con la moza que les gustaba:Texedora, el to telard'oru tien la llanzadera¡quién la pudiere robary al telar y a ti con ella!Tres coses quixere,si dios me les diere,la texedora, el telar y la que texe".
"En el siglo XVIII la producción textil de lienzos de lino continuó su desarrollo en el noroeste peninsular, con destino a los mercados locales y foráneos. A comienzos del siglo XIX, la política ilustrada, a través de las Sociedades Económicas de Amigos del País y la acción del Estado, promovió la mejora de las técnicas textiles, con la introducción de agramaderas, tornos de hilar, etc. y la creación de fábricas de lienzo, que no tuvieron mucho éxito.
La producción textil como industria propiamente dicha no alcanzó su apogeo hasta finales del siglo XVIII y parte del XIX, siglo en el que se generaliza el uso del algodón y las fibras sintéticas, lo que supondría el principio del fin de la producción artesanal de las fibras para los tejidos, a pesar del uso generalizado de ropa fabricada con lino, cáñamo y lana, fibras que eran producidas, hiladas y tejidas en las propias casas. Este es el siglo en que se generaliza la difusión entre los campesinos de tejidos de algodón catalanes, que sustituyeron al lino, y de paños castellanos y leoneses que compitieron con las estameñas de lana asturiana. En esta época comienza la instalación en Uviéu y Xixón de comerciantes de origen catalán (Masaveu, Godó), leonés (Botas) y castellano (Herrero), que se enriquecieron con la venta de estos géneros. A fines del siglo se abren en Asturies varias fábricas de tejidos con máquinas de vapor, entre las que destacó la sociedad "La Algodonera de Gijón", fundada en 1899.
Durante el siglo XX el cultivo del lino, las técnicas textiles tradicionales y los filandones se convirtieron en unas actividades del pasado, que solamente se practicaban en los concejos más aislados de nuestra tierra. La rápida desaparición de todas estas labores domésticas, tan importantes en siglos anteriores, movió a folcloristas y etnógrafos a estudiar y recopilar información sobre aquellas manufacturas textiles. Entre estas destacan las descripciones pormenorizadas que realizaron Fritz Krüger, Fausto Vigil o el propio Aurelio de Llano".
"Existen numerosos tipos de máquinas de punto, que van desde simples bobinas o plantillas de cartón sin partes móviles a mecanismos altamente complejos controlados por la electrónica. Todos, sin embargo, producen diversos tipos de tejidos de punto, usualmente planos o tubulares, y de diversos grados de complejidad. El patrón del punto se puede seleccionar mediante la manipulación manual de las agujas, con botones y marcadores, tarjetas perforadas o dispositivos electrónicos de lectura de patrones".
"Antes del siglo XVI, todo tejido de punto se hacía usando un par de varillas o un bastidor de clavijas que podía ser plano o circular.
La máquina de punto fue inventada por un clérigo inglés llamado William Lee en 1589. Quien, junto con su hermano James, presentó su invento en la corte de la reina Isabel I de Inglaterra quien le negó la patente por la posible oposición del gremio de las tejedoras. Finalmente se marchó a Francia, adonde fue bien recibido y donde Maximilien de Béthune ordenó la construcción de la primera fábrica textil en Ruan en 1612. Aun así, su invención no fue bien apreciada y su reconocimiento no se dio hasta después de su muerte".
Siguiendo con el procedimiento de las tricotadoras o tricotosas expuestas vamos a seguir ofreciendo la versión de la Wikipedia para que la contrastéis con lo que os digan aquí y todos podamos sacar nuestras conclusiones y enseñanzas:
"El bastidor de clavijas lleva una serie de agujas en línea, que es la base de la máquina. Cada clavija lleva en la parte superior una cruceta que sirve para mantener un su sitio los bucles de la lana.
En un principio se arrolla el hilo en torno a cada cruceta de la línea y luego invirtiendo la dirección se le hace pasar sucesivamente a través de la parte frontal de cada bucle.
El bucle primitivo sale de su clavija pasando sobre el hilo que forma entonces el bucle siguiente en cada cruceta; el proceso continua en cada clavija hasta que se ha formado una nueva hilera de puntos, se vuelve a invertir la dirección, se hace una nueva hilera y así continua el proceso hasta obtener el resultado".
Otro apartado sería el de las técnicas de teñido del lino y la lana. Compartimos de nuevo de los Cartafueyos d'El Ventolín:
"Los tintes naturales fueron los únicos usados desde la antigüedad, hasta que se descubrieron los sintéticos a mediados del siglo XIX, para satisfacer la necesidad de llevar el color a las ropas que formaban parte de la vida cotidiana. Los tintes naturales se obtienen a partir de diversas fuentes vegetales, minerales o incluso animales. Los colorantes naturales al alcance de la mano suelen ser principalmente aquellos de origen vegetal, como plantas, cortezas, flores o frutos.La paleta que ofrece más frecuentemente el uso de estos colorantes contiene en su mayoría tonos cálidos, desde los marrones, naranjas y ocres hasta los amarillos y verdes.Por lo general obtendremos la materia prima para teñir de alguna especie vegetal que se encuentre en la zona donde nos encontramos realizando la actividad. Por ello es muy importante identificar cuáles son las alternativas de recolección y las épocas del año para cada especie tintórea.Entre otros podríamos destacar estos de nuestra tierra:Rojo: Moras de zarza.Marrón: Cáscara de nuez.Amarillo: Cáscara de cebolla, raíz de jara, barba de maíz o azafrán silvestre.Granate: Bayas de saúco.Beige: Cáscara exterior de la castaña. Rosa:Flores de digital.Negro: Corteza de roble"
"La sala o cuarto era una estancia de dimensiones notables destinada a acoger actos sociales relevantes. En ella tenían lugar los banquetes de los días de fiesta y también en ella se celebraban bautizos, bodas, entierros y filandones.
Con anterioridad al siglo XIX eran muy pocas las casas campesinas que disponían de sala. Es a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con la generalización de las casas de dos plantas, cuando comienza a ser común habilitar este tipo de cuartos en el piso superior. En estas estancias se ubican el mobiliario y los objetos novedosos que se van incorporando a los tradicionales usos rurales; elementos de prestigio que las convierten en auténticas salas de recepción y representación. La numerosa composición de los grupos familiares forzó el carácter polivalente de estos cuartos que cumplieron, en muchas ocasiones, funciones de dormitorio".
De acuerdo con ello, aquí se exponen camas, mesitas de noche, cuadros, objetos de adorno, instrumentos musicales, regalos y elementos de ornamentación, fotografías antiguas...
Cámaras de fotos, escritorios, cofres, y muchas cosas que de otra manera tendrían difícil cabida, por tamaño y espacio, en las casas más antiguas y tradicionalmente campesinas
Arcón de madera tallado; una vez más vemos el tetrasquel y la hexapétala. Ahora con un polisquel en medio
Escudos solariegos de diferentes casonas del concejo. En medio hay un mapa con su ubicación
Las galerías acristaladas se generalizan con la expansión de la industria del vidrio, sobre todo a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX. Muchos antiguos corredores se cierran con ellas pues es una manera de integrar estos espacios térmicamente con el interior de la vivienda. Atendamos a la web del Museo:
"El cerramiento posibilitó la diversificación de funciones de estos espacios que, aún teniendo como uso preferente el almacenamiento y secado de productos, se transformaron en muchos casos en una estancia más de la vivienda. Algunas galerías se usaron como dormitorios o, como en este caso, se destinaron al desarrollo de actividades que, como la costura, se veían beneficiadas por el caudal de luz y calor que proporcionaban".
Vista la Galería regresamos a la Sala
Otros métodos eran las botellas con agua caliente o un ladrillo calentado al fuego y envuelto en un paño. Más tarde llegarían las bolsas de goma de agua caliente. Muchas veces forradas de fieltro. El calor elemental en una casa lo ofrecían el fuego de la cocina y el de los animales en las cuadras, pues estas solían ponerse debajo de los dormitorios. Compartimos del blog de Pepe El Ferreiro la entrada Calefactores envases, del 15-12-2009, en la que se nos describe muy amenamente la función de este artilugio:
"¿Es posible que sólo viva uno de recuerdos? Creo que estos temas sobre el Museo me retrotraigan tanto en el tiempo, que alteren en sentido negativo, la oscura masa gris de mi cerebro. Seguro que llamar oscura a la materia encerrada en el cráneo es acertado. No recuerdo el nombre del científico o filósofo que dijo que era una da las vísceras mejor protegidas y en la más completa oscuridad. En mi caso, añado aquí ceguera, atraso y abstracción. No por nada, sino por aquello de que se niega a expresar lo que recuerdo con nitidez. ¡Y vuelta! ¿Qué importa esta vieja y limitada cabeza?
Siguiendo con esas pequeñas cosas que guarda el Museo, digamos que sólo el recuerdo de lo necesarias que fueron, era motivo suficiente para comentarlas y describirlas. Permítaseme también que el relato vaya acompañado de cierto escalofrío, producido por el recuerdo de estos útiles en los gélidos días invernales, en los que eran usados.
La casa en que nací esta situada en el barrio que hoy llaman el Ferreiro. Su orientación hacia el nordeste hace que su parte posterior quede hacia el sur; en la que la ladera del monte llamado el Coto, impide la entrada del sol en el invierno. Este barrio, por consiguiente, es la zona más umbría y fría de la villa de Grandas. En esa estación del año, en que las xeladas y la niebla calan hasta los huesos, era normal ver los cristales de las ventanas con esos artísticos dibujos, que las bajas temperaturas imprimen en su condensación interior. Las mañanas se convertían en suplicio al tener que abandonar el cálido lecho. Pero: ¿qué había ocurrido la noche anterior para llegar a ese cobijo de blancas sábanas? Que el tormento había sido mayor, pensando en cómo acceder a la fría cama, en la que se percibía hasta la humedad de aquellos tejidos. De poco servía que en la planta baja la fragua del ferreiro hubiera caldeado durante el día ligeramente la estancia superior. Por lo tanto, cuanto más se alargase la permanencia cerca del hogar de la cocina, más se alejaba en el tiempo el momento de acostar el aterido cuerpo en el lecho.
Como algo providencial a esa duda estaban los elementos que servían de caldeo a la cama; que no era otra cosa que una botella con agua caliente. Esta agua, de la caldera de la cocina, debía cuidarse no excediera su temperatura a la que soportaba el vidrio, pues de lo contrario podía romperse y su contenido derramarse por el colchón, el cual no era fácil secar en el invierno. Todo el que era propietario de una botella de cerámica de ginebra, era afortunado, pues la radiación calorífica y duración era mayor. Había también otro sistema que consistía en calentar un ladrillo y envolverlo en un paño. Y lo que fue un verdadero avance en cuanto a su rendimiento, es la conocida bolsa de goma, que cuando tenía la funda de fieltro, era sentirse gratamente caldeado en las sábanas. No había en la zona los famosos calienta-camas de otros lugares, sólo el envase de latón que me dio un amigo figura entre esos elementos de caldeo.
La técnica consistía en ir empujando con los pies la improvisada estufa. Como es natural imaginarse, la posición al cobijarse entre las sábanas era de contorsión fetal; y la cabeza además de plegada sobre el pecho, debía permanecer tapada con las mantas, para que aumentase el “confort” la respiración. Sin embargo, de vez en cuando la sacaba uno ligeramente, para aspirar el refrigerado oxígeno del cuarto.
Haxa salú, y disculpen Vs. Ms. el silencio de este cainzo".
Estampas del ayer: sobre la ventana una foto del valle del Navia antes de ser inundado por el embalse
Y estas son fotografías de diversos elementos relacionados con el Museo, desde fotos de la antigua Rectoral a lugares de los que proceden algunas piezas, como el arco de piedra de Salime
Un baúl de guardar enseres, antaño empleado en muchas casas y aún hoy en día elemento sobradamente conocido
"El tabaco, traído por los conquistadores españoles de América y difundido con enorme rapidez por Europa, se empleó, en un principio, con fines medicinales y hasta la Revolución Industrial no fue un problema importante de salud y un modelo de comportamiento nocivo.
En la década de los años 20 del pasado siglo los hermanos Victorero, de , hijos de Ramón Victorero y de Teresa Lucio, muy conocida en la localidad por el apodo de “Teresina” idearon una liadora de tabaco que abarataba y facilitaba el precio del cigarrillo hecho en casa. Se trata de un artilugio de metal, cuero y madera, una máquina atornillada a una peana de madera cuadrangular moldurada. La estructura posee un depósito en la parte delantera con una cinta de cuero engomado que envuelve los cigarrillos. Dispone de una tolva para picar el tabaco, un depósito de agua y un portapapeles. (...)
Los Victorero emigraron a la región mexicana de Coahuila en torno a 1890 y se asentaron en el núcleo de Torreón, zona que despegaría económicamente con gran fuerza a comienzos del siglo XX gracias a la llegada del ferrocarril y a los asentamientos de empresarios nacionales y extranjeros que aprovecharon de modo exitoso esas nuevas comunicaciones.
Francisco, Agustín, Ángel y Antonio levantaron el comercio de papelería y tabacos “El Modelo” en el número 57 de la esquina entre las avenidas Zaragoza e Hidalgo y pronto se labró un prestigio entre los establecimientos de la zona. Tras el estallido de la revolución de 1910, liderada por Pancho Villa contra el gobierno de Victoriano Huerta, los Victorero abandonaron el país vía Texas y vendieron la papelería a su amigo y administrador, el también asturiano Isaac Villanueva Fernández. De regreso a Lastres se dedicaron al cultivo del algodón que llegó a alcanzar una altísima demanda debido a las necesidades provocadas por la Primera Guerra Mundial en la realización de uniformes y prendas de vestir para los soldados del frente.
El afán emprendedor de la familia no se detuvo. En 1910 fundaron una nueva empresa: Agustín Victorero y Hermanos para comercializar la primera máquina para liar cigarrillos, realizada en metal esmaltado y baquelita, con un diseño innovador y revolucionario. Surgió de la mente de Antonio, apodado “El Chispa” por ingenio y carácter inquietos. Para homenajear a la familia bautizó la máquina con el nombre de Victoria (del apellido Victorero) que lucía en letras doradas sobre una chapa con el sol naciente.
La máquina liaba el cigarrillo de modo automático, lo engomaba e incluso le añadía el filtro. A diferencia de los cigarros habanos que se realizaban con hojas enteras, el tabaco empleado se picaba y se introducía en la tolva. A través de un sistema de distribución se depositaba en el cigarrillo la cantidad exacta de tabaco requerida y, a continuación, se envolvía en el papel tomado del depósito. Después, tirando de la manilla corredera, se desprendía el cigarrillo listo para ser consumido.
Su precio era de unas 125 pesetas en los años de su producción y utilizaba distintos eslóganes, tales como “todos los fumadores de buen gusto hacen sus cigarrillos con la máquina Victoria”, “higiénica, bonita y práctica” o “el fumador se deleita con los cigarrillos de la dueña del hogar cuando están hechos con la máquina Victoria”.
La máquina fue patentada por vez primera en España con el número 59.655 en 1915 (a la que seguirían otras nuevas patentes en los años 1916, 1921, 1933, 1934 y 1936) y tuvo enorme difusión en Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia con nuevas patentes en estos países. Logró los Grandes Premios en las exposiciones internacionales de Roma, Génova y Barcelona y no tuvo competencia en el mercado hasta la aparición, en 1941, de la máquina Conchita en Oviedo.
Fue un invento único y singular fruto del esfuerzo de una de las más ilustres familias lastrenses, los Victorero, siempre avezada en el campo de los negocios e importante benefactora de Lastres, donde financió obras eléctricas en el municipio, creó una biblioteca y un ambulatorio, reconstruyó la iglesia destruida en la Guerra Civil y pagó la formación y estudios de jóvenes seminaristas.
Facilitaron información de los Victorero Emilio José Bande, Rosa María Martin e Ignacio de la Lastra, del Museo Nacional de Ciencia y tecnología y el documental sobre la familia Victorero realizado por Gonzalo Tapia y titulado "Los Victorero, memoria de una familia".
La llegada de las barberías supuso una gran innovación, pues solían estar en las villas principales, acudiendo mucha gente de los pueblos, a veces aprovechando por ejemplo los días de mercado. También algunos barberos se desplazaban a las aldeas que tuvieran, por ejemplo, uno de aquellos comercios-mixtos, estilo tienda bar, que tenían 'de todo' y constituían un centro de servicios
"Arqueológicamente se ha comprobado que la producción alfarera en esta aldea se remonta al menos al siglo XI. El catastro del Marqués de la Ensenada, en el siglo XVII, ya constata la presencia de 72 alfareros. Coincidiendo con la etapa de la industrialización, cuando el vidrio y el metal vinieron a suplir rotundamente los usos del barro, Faro se fue despoblando y sus alfareros emigraban a los núcleos rurales, donde aún era una necesidad sus productos. El Oriente de Asturias acaparó buena parte de esa emigración, siendo famosos los alfareros de Piloña, Parres y, principalmente, Cangas de Onís, donde llegaron a existir cinco alfarerías. El sobrenombre de Barrio de los alfares, con el que se conoce a la zona alta de Cangas, es un vestigio de aquel pequeño esplendor.
En la aldea de Faro sólo se conserva un alfarería de carácter familiar, empeñada en mantener la producción y enfocando su trabajo a los nuevos usos de la cerámica: su valor estético y decorativo por encima de cualquier otro. Las formas que hoy en día se trabajan en Limanes son los platos, escudielles, botijos, figuras: el gallu y la gallina, botíes o bacenilla; también se trabajan nuevas líneas como las cenefas, los revestimientos para interiores y exteriores y algún que otro regalo de empresa.
La cerámica básica de Faro puede diferenciarse claramente en dos tipos. La de color pardo oscuro, a veces casi negro, que se obtiene con la mezcla de tres barros a alta temperatura, muy ricos en materias silíceas y ferruginosas que se extraen de la misma zona; y la cerámica vidriada, esmaltada en blanco con decoraciones en verde, amarillo, marrón y azul.
Los motivos decorativos son geométricos y naturalistas, vegetales y animales. Entre estos últimos destaca la “paxara”: mitad pez, mitad pájaro"
"La última excavación en la que estoy participando en 2023 está relacionada con el estudio sobre el origen de la cerámica de Faro. Se trata de un tipo de fabricación local de la zona de Oviedo que alcanzó una gran difusión, sobre todo por el territorio asturiano, pero que también se exportó vía marítima.
Os dejo información de la primera presentación de los resultados a la prensa por el director del proyecto arqueológico, Alfonso Fanjul Peraza.
Fuente: Ayuntamiento de Oviedo
La excavación en el alfar de Casa Tudela permite datar el inicio cerámica vidriada de Faro a finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna
Los trabajos, que se están desarrollando desde el mes de octubre, han permitido localizar ya 870 piezas, no sólo platos y vasijas, sino algunas mucho más peculiares como juguetes.
El concejal de Cultura, David Álvarez, ha presentado esta mañana, en rueda de prensa, el resultado de hallazgos arqueológicos llevados a cabo en las ruinas del antiguo alfar de Casa Tudela de Faro por el arqueólogo Alfonso Fanjul, también presente en la comparecencia, al igual que Eva Sánchez, secretaria de la Asociación de Amigos de la Alfarería de Faro y Javier Nievas, responsable de Medio Rural de Caja Rural de Asturias.
El edil ha subrayado que la investigación arqueológica “ha permitido descubrir novedades que se basan en las excavaciones que está desarrollando el director de las mismas, Alfonso Fanjul Peraza, en las ruinas del antiguo alfar de Casa Tudela, en la localidad de Faro, dentro de un proyecto impulsado por la Fundación Municipal de Cultura y financiado por la Asociación de Amigos de la Cerámica de Faro y la Fundación Caja Rural de Asturias. Las excavaciones que se están desarrollando desde el mes de octubre, tienen como objetivo conocer el origen y la evolución de la cerámica de Faro, continuando los trabajos iniciados hace una década, por el mismo equipo con la excavación de otros tres antiguos alfares”.
Las primeras conclusiones, “apuntan al antiguo alfar de Casa Tudela como un emplazamiento clave a la hora de poder estudiar la introducción del vidriado en la cerámica asturiana. La presencia de algunas piezas vidriadas muy antiguas en los niveles iniciales del alfar, mezcladas con otras piezas que se mueven entre la Edad Media y los comienzos de la Edad Moderna, convierten a Casa Tudela en un espacio excepcional para aclarar el debate sobre la introducción de la cerámica vidriada en Asturias. El carbono 14 que se plantea realizar sobre restos de carbones procedentes del horno del alfar, en su primer nivel de producción cerámica, permitirá definir con detalle los años en los que se origina la producción. De los cientos de fragmentos cerámicos descubiertos hasta el momento, aparecen de forma excepcional, al menos una decena de decoraciones vidriadas inéditas, desconocidas hasta la fecha en la cerámica de Faro, y que ayudarán a los arqueólogos e historiadores de disponer de un corpus completo de material, que a su vez nos sirve para datar otros yacimientos asturianos. Entre las tipologías de piezas hay una diversidad de producciones, habiéndose documentado en los estratos diferentes modas productivas, como la fabricación de grandes fuentes en el siglo XVIII, pequeños platos decorados durante toda la Edad Moderna, así como juguetes en forma de pequeños utensilios de cocina, muy de moda entre los siglos XVIII y XIX”, ha indicado el responsable municipal de Cultura.
“Aparte de finalizar la excavación, y poder datar los inicios de la cerámica vidriada en Faro, la recogida de muestras de carbones, y de polen, nos permitirá ver la evolución de la tecnología industrial y el paisaje del entorno de la localidad alfarera a través de diversos siglos”, ha añadido Álvarez.
El arqueólogo Alfonso Fanjul, director de las excavaciones, ha explicado “que las piezas halladas han conseguido datar la aparición de la cerámica vidriada en Faro entre finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna”. Los trabajos, “que se están desarrollando desde el pasado mes de octubre, han permitido localizar ya 870 piezas, no sólo platos y vasijas –algunas expuestas en la presentación-, sino algunas mucho más peculiares como juguetes”, ha añadido. Al cortar uno de los testares de cerámica aparece la vida del alfar y se ve cómo cambian las modas, en el caso de Casa Tudela hasta 1.900 que es cuando termina la actividad”.
“Desde Caja Rural somos conscientes de la riqueza patrimonial en Asturias, concentrado en gran parte en el medio rural que quizás no hayamos sabido rentabilizar. Deben emerger actividades de esta índole para convertir la arqueología en este caso en dinamizador cultural y social”, ha subrayado Javier Nievas y ha subrayado “el éxito del trabajo de Alfonso Fanjul”.
Eva Sánchez, secretaria de la Asociación de Amigos de la Alfarería de Faro ha agradecido a la Fundación Municipal de Cultura la subvención anual y ha recordado “2023 como un año trágico con la explosión de la alfarería de Selito pero también como el resurgir gracias a la labor de una alfarera para que no muera”.
En el año 1728 se anota en el Libro de Acuerdos del Ayuntamiento de Oviedo el pago de "1.500 caños" destinados a las fuentes públicas y encargados a un alfarero de Faro, cuyo topónimo se ha querido vincular en alguna ocasión con 'alfar' pero debe tener más que ver con su elevada situación y estar en un lugar, o en sus inmediaciones, La Grandota, donde se harían señales por medio de fogatas, que era el significado de un faro en la antigüedad
"La ocupación de este territorio viene de antiguo, con restos prehistóricos de hace 70.000 años y asentamientos castreños, aunque sería a lo largo de la Edad Media cuando cobrase importancia por su situación estratégica de cruce de vías de comunicación y su dependencia del gran monasterio de San Pelayo. También sería en ésta época cuando empezase a despuntar su actividad alfarera, por la que es conocida fuera de nuestras fronteras. Hoy en día, junto con una pequeña actividad agro-ganadera, Faro es fundamentalmente un lugar residencial.
La alfarería faruca cuenta con dos vertientes: la cerámica negra, obtenida por reducción de un barro rico en hierro y que ya está documentada desde el siglo XI a través de diversas formas cerradas (puchero, barbón, penada, jarra de sidra…), y la cerámica vidriada y esmaltada, que aparece desde el XIII (escudilla, plato, jarra, botijo…). Esta última tiene la peculiaridad de contar con dos cocciones, la segunda de ellas para fijar el esmalte y la pintura, con decoraciones geométricas, vegetales y zoomorfas, la más singular la páxara, siendo los colores más representativos el verde y amarillo.
El siglo XVIII fue el momento de mayor con esplendor, con más de 70 alfareros. La llegada de la loza haría que poco a poco decayese la actividad, hasta llegar al único taller alfarero que pervive desde mediados del siglo XX realizando las piezas tal y como se hacían desde el Medievo.
Actualmente solamente se conserva un taller alfarero en Faro, es de José Manuel Vega “Selito”, último de una estirpe alfarera que se remonta a la Edad Media. Cuenta con un aprendiz que hace vislumbrar un futuro para esta actividad. Desde hace años, a través de la Asociación de Amigos de la Alfarería de Faro, se viene trabajando en la creación de un Centro de Alfarería, aunque diversos trámites administrativos y demoras hacen que aún sea un proyecto. A lo largo del tiempo se realizan diversas actividades de promoción como jornadas de estudio, informes patrimoniales, visitas interpretativas, la otorgación anual del Premio Barbón de Faro o la asistencia a ferias, como la Feria de Cerámica Creativa de Oviedo".
Y otro geométrico-naturalista: un trisquel
La cubre asimismo una colcha o manta elaborada en telar de bajo lizo, compuesta por dos paños de algodón cosidos entre sí por el revés. La decoración se hizo a base de lana de colores de la trama
La mesita de noche ya con sus frascos de perfume y cremas y una lámpara de vela, cuyo fondo dorado ampliaba el foco de luz. Fijémonos también en el orinal debajo de la cama
Armario estilo alacena con vajillas, botellas, vasos, copas, etc. y, arriba, más recipientes de cerámica
"Por lo común, los dormitorios en las casas campesinas eran pocos y pequeños y su mobiliario pobre y parco. A mediados del siglo XVIII, la mayoría de las viviendas tenían uno o dos cuartos y había algunas que no contaban con él. Los miembros de una familia dormían todos en un cuarto o sala común con la excepción, si era posible, de los padres y los abuelos. Las camas, como la que se expone, eran camas de relleira o tablas con jergón de hojas de maíz, sábanas de lino y una colcha".
La mesita, con su vela y el libro de oraciones
Visto pues el Cuartín regresaremos a ver lo que nos queda de la Sala
Recipientes de cerámica encima de ella, el de la izquierda de cerámica de Faro
Reloj de carrillón, de gran ostentación en las casas principales, baúl de viaje, mecedora y otro armario para las vajillas
Y nos dirigimos hacia las escaleras que bajan a la antigua cuadra...
"La escalera que comunica las dos plantas de la Casa Rectoral es, además de un espacio de tránsito, un área expositiva más del Museo.
En el rellano del piso superior sobresale una gran hucha (arca) para almacenar trigo o centeno. Se exhibe también una muestra de los diversos modelos de gaxapos, cachapas, zapicos, cornos o canaos, denominaciones con las que se conoce en Asturias el recipiente que se emplea para transportar la piedra de afilar durante la siega. El segador lo lleva colgado a la cintura mientras trabaja y, dentro, la piedra va parcialmente sumergida en agua para facilitar el afilado y forrada con hierba para evitar que se balancee y el agua se derrame".
Durante la siega, la guadaña ha de ser afilada cada cierto tiempo para que no pierda capacidad de corte, por eso se requiere tener a mano siempre la piedra de afilar en un recipiente accesible en todo momento
"Con el nombre de corno da pedra se conoce un recipiente empleado para guardar y transportar la piedra de afilar durante la siega. Se obtenía a partir de un cuerno de vaca o de buey al que, dependiendo de su forma y dimensiones, se le redondeaba el pitón o bien se cortaba, cerrando la apertura con un tapón.
La finalidad de este utensilio era proporcionar al segador un acceso rápido y cómodo a la piedra de afilar, a la que se recurría de forma continua durante la faena para mantener el corte de la guadaña en perfecto estado de uso. Los cornos se dotaban de una pequeña asa que permitía llevarlos colgados en la cintura. La piedra iba sumergida parcialmente en agua, de modo que se mantenía siempre húmeda, garantizando su eficacia. El corno se rellenaba con hierba para evitar holguras e impedir que la piedra se golpeara contra las paredes del recipiente.
Utensilios con la misma finalidad se fabricaron también en madera. En el conjunto de Asturias son varios los apelativos utilizados para referirse a este objeto, entre ellos gaxapo, cachapo, zapico o canao, cuya mayor o menor implantación varía en función de cada zona geográfica. En el territorio de influencia del Museo se impuso la expresión corno, al ser el cuerno vacuno el material preferente empleado en su fabricación y se utiliza, por extensión, para referirse a todos los útiles con la misma función, con independencia del material en que hayan sido elaborados.
Las elaboraciones sobre cuerno de vacuno son las que presentan una menor complejidad técnica al trabajar sobre una materia prima que apenas requiere manipulación para cumplir su función. Los cornos estaban al alcance de cualquier campesino que sólo tenía que adecuarlo añadiendo el asa y, en su caso, el cierre de la base para evitar deslizamientos de la piedra".
"Se trata de un objeto eminentemente utilitario al que, no obstante, sus usuarios personalizaban para diferenciarlos del resto. La relevancia que sus propietarios otorgaron a este utensilio se hace más evidente en los ejemplares de madera, material que permite una mayor diversificación formal, requiere una cualificación técnica y permite la introducción de elaboradas decoraciones talladas o pintadas. En el caso de los cornos, la personalización va desde introducción de marcas de propiedad sobre la superficie del corno a la aplicación de una compleja decoración incisa sobre toda la superficie.
El período de siega era una cita señalada en el calendario laboral de la comunidad, que participaba de forma conjunta en las jornadas de trabajo, si bien el empleo de la guadaña era una labor preferentemente masculina".
"Realmente debe llamársele jamugas aunque no exista el plural, porque es un sólo artilugio. Por cierto éste, y de los cuales hay cuatro en el Museo Etnográfico (diversidad), tiene una pequeña historia. Claro que en éste, todos sus fondos nos cuentan algo. Debe ser algo así como el animismo o el poder del objeto, en cuanto a su pasado. Suelo repetir bastantes veces esto, por lo tanto dejémoslo así.
Según ese Diccionario, que dije poseer, del año 1912, vean que curiosa definición nos da del utensilio (es la misma que en la actualidad) en la fala de esta terra se le llaman jamuas ou xamuas.
Jamugas. Femenino ¿plural? Silla de tijera, con patas curvas y correones para apoyar espalda, y brazos, que se coloca sobre el aparejo de las caballerías para montar cómodamente a mujeriegas.
Como se puede ver en la fotografía, esta explicación no se ajusta a la realidad. Posiblemente por una confusión, en la que se mezcla la silla articulada o de tijera, con asiento de cuero o terciopelo; que también recibe el mismo nombre.
Les aseguro que mi sedente figura reposa sobre una de éstas; con respaldo de terciopelo doble y asiento del mismo material; reforzada su parte inferior con bandas de arpillera. Maticemos que se debe tener en cuenta, al referirse a “montar mujeriegas”, (citadas hasta por Cervantes) que éstas no son otras que aquellas mujeres débiles, a las que resultaba difícil mantenerse en la montura. También se las cita para aquellos casos en que la emperifollada dama viajaba a la romería u otro lugar. Es por esto por lo que considero oportuno describir aquí el útil usado para este menester, y su “breve” historia.
Esta xamua, en madera de nogal lleva como base dos maderas curvadas sobre las que asientan los soportes del respaldo y unidas entre sí por dos travesaños. Éstos, en su parte central, tienen los alojamientos por las que puede pasar una correa o cincha para fijar el conjunto a la albarda de la montura. El respaldo es curvo y está rematado en los extremos por unas sierpes o cabezas de dragón, en las que aparecen sus dentaduras pintadas de blanco, y las comisuras y bordes de las bocas de rojo, como imitación a sangre. El travesaño delantero dispone de dos alojamientos más para suspender sobre ellos unas correas que hacen de soporte de una tabla horizontal donde apoyaba los pies la inestable amazona.
Esta jamua, además de esa utilización, para la que fue fabricada, tiene respecto al Museo, otras connotaciones. Su significado en el mismo, está ligada a un alto cargo cultural. Por circunstancias que ahora sería largo de explicar suelo repetir que en este Centro, ningún cargo político empleó dinero efectivo de su cartera. Quiere decir esto que el coste económico o inversión oficial procede de los caudales públicos: por lo tanto es de todos los asturianos (de los fondos que lo forman ya hablaremos); sin embargo, hay alguna excepción: la xamua, y aquéllos que están ligados o los que fueron o son políticos eventuales, -que en este caso la xamua es asiento simbólico de su donante, si un día se cae de la burra- Pero demos veraz noticia de su adquisición. Cuando descubrí, hace varios años, en el pueblo de Argul, Pesoz, esta interesante pieza, intenté comprársela al que por entonces era propietario, creo que por indiviso, de la misma. Su coste podía ser en aquel entonces, desproporcionado, o así lo consideré y se lo hice saber a Dn. Manuel Fernández de la Cera, Consejero de Cultura y Deportes, pensando en que este Organismo abonara su importe. ¡Cuál no sería mi sorpresa cuando Dn. Manuel sacó su cartera y me entregó 10.000 pesetas, y me dijo que la pagaba él de su bolsillo! Así fue como esta compra se llevó acabo. Por lo tanto, démosle aquí las gracias al benefactor, al margen de los múltiples reproches, de los que se hizo merecedor. Nobleza obliga.
Haxa salú"
"Mientras se desciende a la planta baja, puede contemplarse la amplia colección de xugos (yugos) del Museo Etnográfico de Grandas de Salime «Pepe El Ferreiro». Proceden, en su mayor parte, de distintos lugares de Asturias y también de Galicia, País Vasco, Madrid y Portugal. Esta colección permite comparar los distintos modelos de yugos que existen en la Península Ibérica, oponiendo los cornales; es decir, aquellos que van atados a los cuernos del animal y que son de uso más generalizado; a los yugulares, tipo que se sujeta al cuello de las reses, restringido a algunas áreas gallegas".
"El yugo o xugo junto con las mullidas o mulidas, entre otros nombres, simboliza la esencia del trabajo rural en los pueblos. Tradicionalmente elaborado en madera de fresno, el xugo servía para unir a dos animales de tiro, como bueyes o vacas, formando la yunta. Se colocaba sobre la cabeza de las reses y se aseguraba con las mulidas atado a los cuernos, permitiendo realizar tareas como arar la tierra o tirar del carro. Su función principal era distribuir de manera uniforme el peso y la fuerza que los animales debían ejercer, facilitando así las labores del campo y el transporte.
Existen dos tipos de xugos: el yugular o “de canga” usado principalmente en Galicia y Cataluña y el de cornal, llamado “de mulida”, de uso más frecuente en el resto del país. El yugular, tenia unas abrazaderas que lo sujetan al cuello de la res y el de cornal se utilizaba con las mulidas, unas piezas de cuero acolchadas que se colocaban entre la cabeza del animal y el xugo. Su función principal es la protección del animal del contacto directo con la madera del xugo, distribuyendo mejor la presión de tiro y ofreciendo una mayor comodidad a los animales.
La longitud normal de un xugo es de un metro, pero para arar se empleaba uno especial de metro y medio, más ligero, con el fin de que las reses vayan más separadas evitando así que pisen las plantas, había también uno pequeño de una sola res para situaciones en las que solo se podía emplear una. Otros elementos complementaban su uso, como las sogas o cornales: largas cintas de cuero que unían las vacas o los bueyes con las mulidas al xugo. También estaba la dobla o dopra, una correa utilizada para fijar el xugo al carro. Todo este conjunto estaba diseñado para asegurar que el xugo permaneciera firme y que los animales pudieran tirar del carro o el arado sin sufrir daños".
Algunos xugos parecen salirse completamente de lo normal, fijémonos en aquel
Vista de la pared de enfrente, la de la ventana. Estos elementos pueden sernos familiares, pero ya más de verlos en estampas, películas, museos o adornando tabernas, sidrerías y mesones que siendo empleados en las labores del campo
Abajo llegamos en primer lugar al Taller del zapateiro, oficio no muy antiguo "en estas comarcas en las que el calzado tradicional eran las madreñas, galochas o zocas de madera y las abarcas de cuero", explican en la web del Museo. Muestra de ello es que en el siglo XVIII no se registra la existencia de ninguno, ni aquí ni en los concejos asturianos y gallegos de los alrededores
Bajo el hueco de la escalera, en la planta baja, se encuentra recreado el taller de un zapateiro (zapatero) con su silla y mesa de trabajo, ambas de poca altura para facilitar la precisión de su tarea, sus útiles de trabajo, máquina de coser, hormas de diversos tamaños, zapatos en proceso de elaboración y una muestra de los productos acabados que se ofrecían al público, entre ellos varias abarcas de goma que ejemplifican la adaptación de las formas antiguas a los nuevos materiales.
"Características de Máquina antigua de coser zapatos Singer 1920
Características:
Hierro forjadoMarca: SingerNº F9141840Modelo: 29K1
Antigüedad: Principios del siglo XX
Observaciones y notas: Soberbia máquina de coser cuero para zapateros, de la mítica marca de coser Singer, totalmente original; fue una de las primeras máquinas utilizadas por zapateros para coser zapatos, cuero, piel, ... de la historia. Sin duda alguna los guarnicioneros también precisaban de una Singer 29K1.
En toda la gama de costura de cuero, esta es una de las máquinas más prácticas jamás inventadas.
Se utiliza ampliamente en todo el mundo para la reparación de botas y zapatos, trabajos de peletería, encuadernación de pantuflas, trabajos de arneses, etc.
La costura se realiza en el extremo exterior del brazo, que puede insertarse en el interior de aberturas muy pequeñas y largas, como punteras de zapatos y botas, etc.
La máquina es inigualable para reparar botas y zapatos y coserá más cerca de la punta de una bota que cualquier otra; usará hilo encerado y basto, haciendo una costura apretada; también utiliza una aguja fina e hilo".
Las herramientas, hilos, clavos y demás instrumental de trabajo
"Los trabajos relacionados con el cultivo de la vid y la elaboración del vino llevan asociado un instrumental específico que puede verse en la sala: máquinas para azufrar y sulfatar las viñas, embudos, canadas (jarras que contienen una cañada o 4,56 litros), cachos (cuencos), botas de cuero con boquiles de madera, cubas para almacenar el vino..."
"Los lagares eran sistemas tradicionales empleados para el prensado de la uva. Sus precedentes se pierden en épocas muy remotas pero este tipo de lagar está documentado en la Edad Media y comenzaron su decadencia a finales del siglo XIX con la introducción de las prensas verticales.
Muchos de ellos eran de carácter comunal y al igual que los molinos eran utilizados por turnos entre los vecinos. Debido a su relativa complejidad y al desembolso económico en su construcción muchos de estos lagares pertenecían muy a menudo a grandes casas hidalgas y al mismo clero quienes tenían recursos económicos fuertes".
Y aquí tenemos un alambique de cobre para hacer el orujo. Compartimos ahora algo de sus características y proceso de elaboración del artículo Fabricación de Orujo en el Occidente de Asturias de la web Tous pa Tous de Cangas del Narcea:
"En la zona occidental de las viejas Asturias, donde aun se cultiva la viña, denominase orujo no al hollejo de la uva, sino al alcohol destilado del mismo por medio de un sencillo alambique de construcción casera. Cuando se pisa la uva, esta es introducida con todo el escobajo en la tina, donde se produce la primera fermentación del mosto por espacio de unas tres semanas. Al cabo de este tiempo se trasiega a las cubas donde ha de sufrir la segunda fermentación, en tanto que el magayu u orujo (que en Grandas de Salime llaman bullo) es llevado a la prensa de husillo para extraer el pie que es un vino de segunda calidad, inferior al del mosto, pero que puede mezclarse con éste para homogeneizar el conjunto. Según se apriete más o menos el magayu, se obtendrá después menos o más orujo, es decir, alcohol etílico.
El alambique o alquitara suele ser de construcción muy sencilla, siendo los mejores los que poseen la caldera de cobre; pero son más frecuentes los económicos fabricados con bidones o depósitos de chapa de hierro de 200 a 300 litros de cabida. A estos se les ajusta una tapadera de cierre hermético y un tubo vertical al que se adapta un terminal de cobre llamado “el capuchu”, que va dentro de un depósito de agua corriente y sirve de condensador de los vapores del orujo, el cual sale al exterior por un tubito lateral, cayendo en forma de delgado hilillo líquido en la garrafa dispuesta al efecto para recogerlo.
Para alcanzar este resultado, ha de prepararse cuidadosamente todo el proceso, necesitándose una persona dedicada a él, sin prisas ni impaciencias: en el fondo de la caldera hay que colocar una capa de paja, preferentemente de centeno (que da menos color al orujo y aguanta bien el calor), aunque en caso de carecer de ella sirve también la de trigo u otra similar. Ya dispuesta esta capa con espesor de algunos centímetros, se echan unos dos baldes de agua (es decir, unos 30 litros) para una caldera de 220 litros, añadiendo la carga de magayu o bullo y apretando ligeramente, hasta llenar la caldera, la cual deberá ser seguidamente cerrada con la tapa ajustada, y cegando cualquier pequeña rendija o fisura por donde pudiera escapar el vapor, con barro o cualquier otro material fácil de encontrar en el medio rural. Se coloca la capucha o refrigerante, se hace gotear el agua de refrigeración y se procede a encender y atizar el fuego, el cual solo puede ser vivo al principio hasta el momento de empezar a hervir la mezcla (cosa que se alcanzar hacia los 90 minutos de haber encendido el fuego). En este punto debe mantenerse la fuerza del fuego más suave, para conseguir una destilación lenta y continuada, ya que si fuera rápida, arrastraría mucha agua y se obtendría un orujo muy flojo, y si fuera demasiado lenta se alargaría la operación hasta la noche (es decir, muchas horas) con poco rendimiento y gran molestia.
La paja de centeno cumple la importante misión de evitar que el magayu se queme o “afume”, accidente que daría mal aroma al producto destilado. Para hacer el fuego tiene especial valor el disponer de buena leña de roble o de faya y, aun mejor, de los cepos o torgos de las carroubas (raíces) de la uz moural (la uz o brezo blancal se arranca mal y, además, tiene poca cabeza y es mala de trocear; en cambio la uz moural es fácilmente arrancable con picachón y proporciona un excelente torgo, muy apto para el fuego, donde genera excelente borrayu o brasa de larga duración). Al cabo de unas siete horas de haber encendido el fuego y tras una destilación de cuatro o cinco horas, debe desocuparse la caldeira, vaciándola de todos los restos, útiles ya solo para el estercolero, pudiendo repetirse la operación en sucesivos días. Es un trabajo que exige paciencia y atención constante al proceso, para evitar tanto el detenimiento de la destilación como el que el exceso de calor la provoque demasiado rápida. Se obtiene así, un orujo o alcohol de una riqueza que oscila entre el 40 y el 60%, generalmente algo más rico al principio y más flojo al final.
Se calcula que para una caldera de doscientos litros de cabida se colocan unos ochenta kilogramos de magayu (tres cestos o maniegos), de los cuales se obtienen entre cinco y doce litros de orujo, según varios factores: cual haya sido el grado de previo estrujado, la calidad meteorológica del año, la madurez de la uva empleada y el grado de apuramiento en la destilación; el promedio normal para dicha carga es de nueve litros. Pero las antiguas viñas de Sanformar (en las aldeas anegadas por el embalse de Grandas de Salime) alcanzaban a dar hasta los 13 litros de aguardiente para la misma carga, en tanto que otras de Arganza (Tineo) solo llegaban a los cinco; eran la consecuencia de las distintas calidades de sus viñas, condicionadas tanto por el emplazamiento y orientación, como por la naturaleza de los terrenos y el régimen de trabajos y cuidados aplicados a ellas.
La fabricación de orujos o aguardientes es una práctica muy extendida en toda la comarca vitivinícola del occidente de Asturias, si bien la paulatina reducción de ésta la va haciendo desaparecer poco a poco, conservándose hoy en Cangas del Narcea, Ibias, Los Oscos, Pesoz, Allande y pocos concejos más. Antaño fue una manera de conseguir un beneficio marginal a la cosecha de vino, y su venta se ha venido haciendo en chigres y locales similares, donde los asiduos clientes suelen apreciarlos más que a conocidos productos alcohólicos con nombres comerciales famosos y de precio muy superior.
La cantidad de orujo obtenida al cabo del año es difícil de conocer, por ser la fabricación muy irregular y en régimen de pura artesanía rural. Últimamente se utilizan para obtener este licor, no solo los magayus autóctonos sino también los de uvas traídas directamente desde las tierras leonesas, uvas que vienen a sumar sus mostos a los caldos conseguidos en las ya escasas hectáreas de viñas aun cultivadas en nuestras tierras del occidente astur"
Diversos fusos para el lagar, colocados encima de la puerta que nos lleva a la Cantina, otra sala del Museo
Y, a la izquierda, una barra de despachar. Es algo casi idéntico a una tienda-bar, si bien esta más especializada en bebidas y determinados productos, como nos explican en el Museo:
"En los pueblos de cierta importancia, en las cabeceras parroquiales y en las ventas o viviendas situadas al borde de los caminos reales, se instalaban tabernas que ofrecían al público bebidas, comestibles derivados del cerdo y productos que no se fabricaban en las casas como conservas, galletas y caramelos, papel para escribir y fumar, velas y linternas para el alumbrado, cerillas y, en algunos casos, tabaco. La hospitalidad era norma habitual en las cantinas, siendo no pocas las ocasiones en las que el forastero de tránsito compartía la propia comida cocinada para la casa".
Quesos y otros productos complementan la tienda-bar. Cuando pasemos al interior de A Casoa encontraremos otra aún mucho más surtida
Se fabricó en un torno de media volta, de los que veremos algunos ejemplos cuando veamos la sala dedicada al trabajo del torneiro, antiguo oficio de fabricación de cuencos, escudillas, vasijas y otros recipientes de madera para el ajuar doméstico. Este tipo de torno permitía ajustar el giro según el objeto que se quería hacer. Primero se torneaba media superficie y después la otra media. Así, y de una sola pieza, podían hacerse jarras como esta, evitando tener que añadir luego asa y piquera. Al lado, un sistema de medida más elaborado, fruto de la industrialización
La mesa y el tapete, aquí los parroquianos jugaban a las cartas. La evolución del comercio mixto tienda-bar hizo que algunos pasasen a ofrecer comidas. No pocos establecimientos evolucionaron hasta restaurantes, ya sin tienda ni bodega, eso los que no desaparecieron
No dejemos dejar pasar, a la entrada de la Cantina, un elemento muy importante
Cuadro de la Lareira del Museo, que antes vimos
Llenadoras de botellas manuales tipo fuelle, muy antiguas
"El carácter autárquico de la economía del mundo rural y la escasa capacidad adquisitiva de los campesinos no resultaban un gran estímulo para el desarrollo de actividades no agrícolas. Entre los pocos oficios consolidados se encontraban aquellos que usaban la madera como materia prima de trabajo".
No eran carpinteiros todos a secas ni mucho menos, sino que había artesanos especializados, como los cuchareiros, fabricantes de cucharas y demás cubertería de cocina en madera
"Una de las actividades con carta de naturaleza propia era la de los serradores, que cortaban el árbol en el monte con el hacha o tronzador y la procesaban serrándola con una sierra de aire o una sierra portuguesa". Seguimos orientándonos siguiendo la web del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro"
No os fieis de nuestras someras explicaciones y confiad mejor en el personal del Museo, además de en su propia web, por supuesto, aunque allí no estén las más de 20.000 piezas que se dice existen expuestas en él
Entre las hachas o brosas tenemos, de izquierda a derecha: brosa del país, brosa portuguesa, brosa santanderina y brosa del país pa os nois 'hacha para los nudos'. En su cuento A brosa, Pepe El Ferreiro nos deleita en su blog sobre cómo se fabrica una de ellas:
"-¿Cómo? ¿Quién habla?
-Eo, eo, a brosa
-Pero no puede ser, ¿desde cuándo un objeto inanimado puede hablar?
-Desde siempre. Todo, todo lo que hay en la naturaleza habla. No importa si es vegetal animal o mineral. Hablamos todos; a nuestra manera, pero sí transmitimos sensaciones y mensajes, que el ser humano no capta porque vive inmerso en sus quehaceres, mezquindades e intrigas.
-¿Ah sí? Pero eso es animismo; la doctrina de Stahl, que considera el alma como principio de todas las cosas, o fenómenos vitales. Él como médico, se dio cuenta que en todo hay vida.
-Claro por eso yo soy brosa y comunico mi existencia por medio de mi composición atómica. Si no fuera así mis átomos se desintegrarían y ¡hasta luego, Lucas!
-Pero al margen de esto ¡qué puede ser o no! ¿Tú qué eres? Porque te presentas como ”brosa”; me hablas en el gallego del Occidente asturiano, al presentarte; contestas a mis preguntas en castellano. ¿Puedes explicármelo, o ser más explícita?
-¡Cómo no! A brosa é el meo nombre. El falar galego o castellano, é por motivo da diglosia. Quere decir esto que nas zonas con bilingüismo, imponse el que é oficial sobre el minoritario-mayoritario.
-¿Cómo, cómo? Si es minoritario no puede ser lo contrario.
-Sí, home. Muy sencillo: el castellano é oficial, el galego de aiquí non, y é mayoritario.
-Creo que queda claro así. Exprésate en el oficial que llega a todos los asturianos por igual y así cortamos el tema.
-¡Cómo que cortamos! ¡Cortarei eo, que son brosa y falo!
-¡Cuidado con lo del falo, que puede dar lugar a mal entendidos!
-¡Oye el pijo aiquí eres tú! Eo non falo del falo. Falo por que falo! Y falar, hablar y parlar é lo mismo. Y ahora corto.
-Me refería a suspender el tema, sobre el uso de dos lenguas en esta zona de Asturias.
-De acuerdo, pero repito, corto eo, que son brosa.
-¿Qué es una “brosa”?
-Una brosa es un útil de trabajo que sirve para cortar. Estoy hecha de acero, en parte, puesto que en este país, el hierro y el acero se entienden como dos metales distintos. Sin embargo, el acero, es un hierro endurecido mediante aleación de otros productos que sería largo de explicar. La brosa que te habla, que soy yo, fui hecha o fabricada en un mazo; concretamente en el Mazonovo de Santalla de Oscos. Viendo a un ferreiro darme forma parece sencillo pero es complejo.
Primero se forja en una pletina o yanta ancha y gruesa, de 20 cm. de largo, según el tamaño que se desee sea la brosa, en su parte central, hasta dejarla de unos 4 ó 5 líneas (los ferreiros en esta zona llaman líneas a los milímetros). Después se sigue forjando los extremos hasta darles forma de cuña trapezoidal; doblándola a continuación por el centro, sin que se junten los extremos de las cuñas o trapecios. A continuación hay que forjar otra pieza. Ésta sí debe ser de aceiro (acero) por ser la boca de corte. También asemeja el trapecio, pero con cuña por ambas partes del mismo. Éste se inserta en el encaje de la primera pieza, y es a partir de aquí donde voy tomando forma de brosa; o lo que en castellano llaman hacha. Pero claro, estas dos piezas deben consolidarse entre sí, para lo que han de pasar por un proceso llamado “calda”. Esta calda no es otra cosa que unir, por medio de la soldadura el conjunto. Dicho así, en el siglo veintiuno, con los modernos sistemas de soldadura, parece algo tan sencillo, que no plantea ningún problema. Pero hete aquí que la cosa es más compleja. Soldar el metal, mediante el calor del hogar de la fragua es arduo. Aquí es donde el ferreiro muestra su pericia, porque “caldear” es, además de sofocante, un arte. Cómo será, que hasta Belcebú, que conoce bien todo aquello relacionado con el fuego, en cierta ocasión que andaba por esta tierra de buena gente, no quiso decirle a Martín, el ferreiro, como se caldeaba el hierro; porque era para él una desconocida técnica. Sin embargo, el ferreiro, que por pelear con fuego también era algo diablo, se las ingenió, para descubrir el bien guardado secreto del demonio. Para ello recurrió a una argucia, que consistió en mandar a un niño, al que llamaban Farruco, que corriera por el pueblo diciendo: ¡Martín caldeo, Martín caldeo! Él que oyó esto enfurecido exclamó: ¡terra ou barro ye botou! Así fue como Martín, el ferreiro, aprendió a caldear; pues la caldea consiste en calentar las dos piezas en el fuego, hasta que se funde la superficie en ambas y luego con un rápido martilleo, sobre el yunque, quedan unidas entre sí. Después se rematan las imperfecciones, se afila y se le da “trompa”; que no es otra cosa que calentar el acero y enfriarlo con rapidez para que se endurezca. La técnica de templar es complicada, porque después de endurecido, se calienta ligeramente para que no sea tan frágil y se rompa, al golpear el corte en la madera. Después de terminada se le coloca un mango en el hueco que quedó al doblar la pieza, que se le llama “ollo” (ojo), y ya tenemos la herramienta terminada. No sé si entendiste todo el proceso de mi fabricación; pero lo importante de mi forma y función, es el servicio que presté como útil de trabajo.
-Me imagino que sí; que en una sociedad en la que la tecnología era totalmente desconocida tus prestaciones serían extraordinarias.
-No es una cuestión de vanidad o ponderar excesivamente mi función; pero poco hay en la colectividad campesina, en la que mi actuación no ha sido importante y primordial. Incluso como arma, también decidí batallas puesto que mi existencia es anterior a la espada. El hacha o mi evolución desde la de piedra, bronce o la actual de acero.
Haxa salú"
Grabado de época que representa el trabajo de los haceros con la denominación de sus enseres, herramientas y labores
Se requiere mucha habilidad, además de una buena técnica, para aprovechar la madera al máximo con el menor desperdicio posible. Asimismo, es importantísimo garantizar el estado de las piezas elaboradas y que estas no tengan elementos que puedan estropearlas y que rompan o cedan
Tras preparar el tronco había diferentes técnicas de aserrado, como la llamada 'a cuartos', según la cual lo primero que se hacía era cortar el tronco en cuatro cuartos que se trabajan por separado, consiguiéndose tablas muy estables, con un veteado muy uniforme y menor tendencia a torcerse o encogerse
"Los carpinteiros (carpinteros) fabricaban aperos agrícolas y todo tipo de mobiliario doméstico, además de elementos constructivos como puertas, ventanas o vigas. Por regla general, dominaban la técnica de otros oficios, como el de cantero o herrero, lo que les permitía, en muchas ocasiones, diversificar su trabajo. Es el caso, por ejemplo, de Lulo de Benino, carpintero-herrero de Bisuyu (Cangas de Narcea) que construía un par de ruedas de carro por jornada de trabajo. En el taller del carpinteiro no faltaba nunca su banco de trabajo ni las herramientas asociadas a su oficio: brosas o hachas, axolas o azuelas, cepillos, garlopas, trinchas o formones, serróis o serruchos, sierras de marquetería, etc".
En el suelo, una de las especialidades de la carpintería que requiere el dominio de las artes de la forja: la fabricación de ruedas de carro
No es de extrañar que, incluso gente que no era en principio gran aficionada a los museos, al entrar en este se sienta absorbida de tal forma por todo lo que ve que el tiempo se les pase en un santiamén. Y aún no hemos salido de la Casa Rectoral
Azuelas de carpintería, que básicamente son hacha de mango corto con el filo no paralelo sino perpendicular al mismo. Tiene muchísimos empleos según para qué pieza de carpintería
Muchas de estas piezas estuvieron en uso hasta hace muy poco. A su vez fueron sustituidas por otras más evolucionadas acordes con la tecnología. La carpintería industrial sustituyó a las antiguas sagas familiares de carpinteiros, como pasó con todas las labores preindustriales o protoindustriales. Sin embargo, siguen existiendo algunos pequeños talleres donde podemos seguir viendo en pleno uso alguna de ellas
Cayados, otro elemento que sigue en boga y que podemos encontrar en muchas tiendas y mercados. Junto con otros tipos de bastones y palos también muy empleados por caminantes y peregrinos, si bien han quedado muy relegados tras la aparición de los bastones metálicos, ligeros y plegables
Otra especialización del trabajo de la madera, los cesteiros. Esta artesanía fue esencial desde los mismos albores del Neolítico para transportar topo tipo de productos y materiales. Leemos en La cestería en Asturias del Muséu del Pueblu d'Asturies:
"El entretejido de varas o tiras de madera está documentado arqueológicamente en Asturias en la Primera Edad del Hierro, hace unos tres mil años, pero el empleo de esta técnica es mucho más antiguo. Las razones de su pervivencia hasta hoy son comprensibles: la materia prima es abundante, accesible y barata; es fácil de trabajar y casi no requiere herramientas; el producto es duradero y se adapta a cualquier necesidad: recipientes de diferentes formas y tamaños, muebles, nasas, cajas de carros, tabiques, etc. Es, además, una actividad sostenible y 100% ecológica: no contamina, favorece la limpieza del monte y utiliza materiales biodegradables.La cestería se emplea en todos los espacios y ámbitos de la vida humana: en el campo, en la mar y en la ciudad; en la casa y en los talleres, fábricas y minas; también en la construcción y el comercio.Hoy, en Asturias, casi no quedan cesteros y los productos de esta clase proceden de Salamanca o China. Habría que repensar el futuro de la cestería asturiana, promoviendo su uso y nuevos diseños. Para ello es importante no olvidar el conocimiento técnico de los últimos artesanos, aprovechando su experiencia y enseñanza".
En primer término tenemos un banco de cuitelar o cepillar las costelas, que son las tiras de madera con las que se hacen las cestas y cestos
Ocupando toda la zona central de la Sala de la Madera se exponen una serie de marcos acristalados con muestras de cada tipo de madera y su uso
Representan a cinco árboles habituales en el entorno con sus características y usos
"La fragua es el taller del ferreiro (herrero) y en él son elementos imprescindibles la mesa de trabajo, colocada siempre junto a una ventana, y la forxa. Integran la forxa un regazal, cajón de madera y losas de pizarra relleno de barro y en el que se enciende el fuego con carbón vegetal, y un barquín manual que inyecta aire en el hogar para avivar el fuego. Al lado de la fragua se sitúa una pila con agua para templar el hierro y un par de yunques: uno macizo, a incre de ferro y otro más fino, a incre de faer argolas (argollas).
El instrumental del ferreiro es amplio y variado e incluye, entre otras herramientas, parafusas (parahúsos) para taladrar el hierro, tenazas, craveiras para hacer clavos, torno, taladros o curvadoras para las guarniciones y llantas metálicas de las ruedas del carro del país. Para la fabricación de estas últimas era necesaria la concurrencia de un carpintero o bien de una persona con conocimiento de las técnicas de ambos oficios".
Tras una época dorada en el siglo XVIII comienza su decadencia con la fundación de empresas siderúrgicas como Duro Felguera en 1858, pero no de repente, sino ya acabando el siglo XIX sobre todo
La desaparición de las forxas llegaría con el siglo XX, rematada con el 'gran éxodo' acontecido tras la construcción del embalse del Salto de Salime. En la actualidad en el occidente algunas fraguas supervivientes tienen que ver con ciertos trabajos de artesanía, clavos, navajas, muy especializados
El propio Pepe El Ferreiro, como hemos dicho, fue el último exponente de una saga familiar. Fue el ver cómo se acababa un mundo cuando nació en él la idea de que su memoria no acabase en el olvido
"La fragua es el lugar donde el herrero o ferreru labra el hierro, elabora o repara clavos, sartenes, aperos, herraduras, ruedas, etc., serían les fragües el tercer escalón de un proceso metalúrgico elemental donde las ferrerías fundían el mineral de hierro, los mazos o martinetes, tan abundantes en el occidente de Asturias, lo transformaban en productos en bruto antes de pasar a las fraguas para ser convertidos en útiles de todo tipo".(...) debemos sorprendernos , como ya indicaba José Caveda en 1850, de la inventiva y producción "…salida de las pobres fraguas del país y fabricadas por simples artesanos, (muchas veces semi-analfabetos -añadiría yo) que reparten su tiempo entre el yunque y la labranza, pueda expenderse con tanta conveniencia y producirse de tan recomendables condiciones".Las fraguas, a diferencia de las herrerías no utilizaban agua para mover el martillo. En ellas, donde todo el trabajo era manual, eran imprescindibles cuatro elementos: fragua, martillo, yunque y fuelle o barquín.El fuego se hacía en la meseta-hogar de la fragua y se utilizaba tanto carbón de mina como carbón vegetal, considerándose éste último como el más adecuado para templar. El carbón vegetal solían hacerlo los propios herreros con madera de roble, piorno y uz. Hay constancia de que los vecinos de Cogollo, en Les Regueres, desde siglos atrás, se dedicaban a fabricarlo.Para mantener la temperatura alta era preciso avivar constantemente el fuego, con el fuelle o barquín, especie de ventilador de grandes dimensiones, movido por una cadena que accionaba una palanqueta y un contrapeso. El yunque o yuncla, también llamado incla si bien era de pequeño tamaño, constituíaun pesado elemento más o menos rectangular cuyos extremos, conocidos por bigornias, tenían forma piramidal por uno y cónica por el otro, que ayudaban a dar la forma deseada a las piezas en construcción.Sobre el yunque se golpeaba el material con el porrón, manejado por el ayudante donde la voz del herrero-artesano marcaba la alternancia entre el llano y peña de sus extremos, según se buscara ensanchar o alargar el hierro. Había dos clases de martillos: martillo de peña utilizado para estirar el metal y martillo de bola, para remachar. Además, gran variedad de utillaje completaba el ajuar de nuestras fraguas: tenazas, claveras, tijeras, furadores, etc.Los fuelles o barquines "capaces de hacer feliz o desgraciado al herrero", se componen de tres partes independientes: el cuerpo principal, donde entra el aire y se comprime; la válvula o abertura de entrada del aire, y la boquilla, por donde sale el aire hacia el hogar. La sección de la boquilla de salida influirá en la velocidad que adquiere el aire insuflado, siendo mayor cuanto menor sea dicha sección.El cuerpo de un barquín está formado por dos tapas de madera con forma de una pera gigante seccionada, que van unidas en la parte más estrecha a un cabezal mediante bisagras. En su interior, varios aros de madera le dan consistencia, todo ello recubierto exteriormente de un cuero blando y flexible curtido, de piel de buey, clavado sobre los bordes de las tablas, conformando un recipiente lo más estanco posible.Cuando las tablas del fuelle se alejan una de otra por el accionamiento del dispositivo que las mueve, (bien pedal, rabil o cadena con accionamiento manual) el aire entra llenando el cuerpo del fuelle; cuando se acercan, se cierra la válvula y el aire es expedido con fuerza por la boquilla y el cañón hacia la tobera del hogar.En la fragua se trabajaba a lo largo de todo el año y, muy especialmente, en los días de invierno muy apropiados para estar al lado del fuego y a cubierto, convirtiéndose les fragües en un símil de casino depueblo. Arreglar, ensamblar o incluso construir todo tipo de herramientas agrícolas como gavites, tazones, salladores, semadores, foces, focetes, pales, gadaños, fierros de cabruñar, pales, fesories, ferradures de caballerías, cachivaches de cocina, dientes de les grades, martillos, tornillería, arados, rejas, picos, carros, chapas para las cocinas de carbón, argolles, ganchos de cocina, paletas de carbón, trébedes, etc.; también se reparaban carros y, en algunos casos, se fabricaban.Así como un taller de carros lleva gran parte de carpintería y requiere también el concurso del ferreru, la actividad de éste como tal ferreru debe entenderse, tanto al proceso de manufacturar el hierro en la fragua como al de ferrar animales en el potro (vacuno) o fuera de él (caballerías). Algunos incluso hacían sangrías o curaban heridas en las pezuñas de los animales, con la aplicación de productos veterinarios y los vendajes consiguientes, como yo vi hacer tantas veces a mi padre".
"Hace años me llama por teléfono Amadeo Méndez, al que yo no conocía, y me comunica la intención de donarme unas piezas de la vieja fragua de su padre. Me dice que es algo que tiene a bien poner a mi disposición para que yo custodie y considere propios. Lógicamente adquiero ese compromiso y me desplazo a Villacondide (Coaña), para ver in situ aquellas entrañables herramientas de la forxa del ferreiro de ese lugar. Allí estaba la viuda, Vidalina, que sabía que a partir de aquellos momentos sólo quedaría en el local el vacío de toda una vida de trabajos y sacrificios que había compartido con su marido Ramón, el ferreiro de Villacondide.
Por una parte disfrutaba recogiendo aquellas herramientas; por otra, sentía la incómoda sensación de ser el que desvalijaba el local donde alguien, con el mismo oficio que mi padre, y el mío desde la niñez, había forjado el hierro bajo el sofocante calor de la fragua. Es algo así como quitarle a alguien lo íntimo de su historia. Pero, claro, allí estaba aquel espectacular taladro de manubrio, con su volante de inercia, que enriquecería los fondos de la «forxa» del Museo Etnográfico de Grandas.
Sin embargo, aquí retrocederemos hasta finales del siglo XIX, para ubicar una fragua portátil; de un tiempo en que lo normal de la «forxa» de un ferreiro era el «barquín» o fuelle, que insuflaba el aire en el hogar donde se caldeaba el hierro que el ferreiro forjaría en caliente.
Me imagino, en aquella época, el asombro de los fuertes herreros, oyendo hablar de un sistema «moderno» que soplaba el fuego sin el rudimentario barquín. Y no sería para menos puesto que esta fragua, fabricada en los EE UU de América, fue propiedad de una empresa italiana, que hizo allá por el año 1910 unas prospecciones en unas minas de oro de la comarca.
Este artilugio fue recuperado por un vecino, que debió de usarlo durante un tiempo. Más tarde, al igual que gran parte de nuestro patrimonio, permaneció olvidado largo tiempo, hasta que al fin un día vino a parar a mis manos y, por fin, con muchos años y herrumbre encima, quedó integrada en los fondos de ese -nunca bien considerado- Museo de Grandas. Lo de respetado o apreciado es referido a los que carecen de sensibilidad.
Así seguimos con una historia en la que sólo nuestros deudos hablan a través de lo que fueron sus enseres. Y seguiremos también haciendo el recorrido por estas dependencias del Museo, aunque fueran clausuradas todas sus puertas y ventanas. Sólo el pensamiento, la mente, los recuerdos son patrimonio propio, y éstos no se pueden hurtar. Lo único que haremos será cambiar el título, en memoria de mi padre, que siempre dijo aquello de «acotar con mortos». Por eso, de ahora en adelante daremos pasos por el Museo, que nos hablan de su historia; que conviertan el deambular por él en el mítico recuerdo que al viejo los más viejos legaron.
Así que haxa salú por «ver, oír y sentir» en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime".
Apenas queda espacio libre para coloca una pieza más...
Cortador de tubos, o eso parece
Dado que José Naveiras Escanlar fue ferreiro no debe de extrañarnos este completo despliegue de piezas y herramientas del oficio
Y así, con la certeza de que en el Museo nos asesorarán como es menester, salimos de la Forxa y volvemos a la Sala de la Madera en dirección a la salida, pero antes de salir, aún tenemos una estancia más, a la derecha
"La vajilla de las casas campesinas era casi en su totalidad de madera torneada. En el siglo XVI, Eugenio de Salazar escribe sobre los vecinos de Tormaleo (Ibias): “Es gente de tanta punta, que comen beben en platos y escudillas de palo por no comer ni beber en platos de Talavera, ni vidrio de Veneçia, que dicen que es suçio y que se haze de barro”. Más próximos a nosotros, los inventarios de bienes realizados en el siglo XIX mencionan muchos recipientes de madera en las casas y pocos de cerámica. En el territorio en que se inscribe el Museo no existía ningún centro alfarero y las pocas piezas de barro que se usaban procedían de Ḷḷamas del Mouru (Cangas del Narcea), Castilla y, sobre todo, Galicia.
El torno que se utilizaba para la madera era de pedal y media vuelta. Se trata de una maquina sencilla que permitía a los torneiros de Estierna y El Vau (Ibias) trasladarse temporalmente a León, Castilla y Extremadura a fabricar cacharros por las casas. La madera empleada era la de castañeiro (castaño), bidueira (abedul) y salgueira (sauce).
Las formas que se fabricaban eran variadas y abarcaban diferentes necesidades de la vida rural. Para comer y otros usos domésticos había concas (cuencos), pratos (platos), bacicas (fuentes), trilladeiras o riladeiras para cortar la carne, saleros y cimbreiras (fiambreras) para llevar la comida al monte. Para la matanza había arameños, maseiras o artesas grandes en las que se echaba la carne y se adobaba. Para fabricar manteca había olas o mazadeiras en las que se mazaba o batía la nata con una parafusa. Para el vino había embudos para los trasiegos, canadas para medir, cachos para beber, etc."
Según entramos, veremos en este expositor algunos productos de loas más habituales de los torneiros, como jarras en sus diferentes modelos, zapicas, cuencos, escudillas y, delante, un torno en el proceso de fabricación de un cuenco. Periódicamente, sobre todo en verano y fechas de mayor afluencia de gentes, se celebran jornadas de exhibición del trabajo de los artesanos de cada oficio
Este torno es de los llamados de media volta, uno de los modelos más tradicionales y antiguos. Leemos de nuevo en la web del Museo:
"Este tipo de torno, cuyo momento de aparición no puede precisarse, alcanzó una amplia difusión en la Europa occidental. Es el más sencillo de los ingenios destinados a tornear.
El soporte lo constituye una pieza de madera horizontal atravesada por dos pies verticales, uno de los cuales sobrepasa de forma destacada el plano de la mesa. La mesa dispone de una ranura longitudinal en la que se encaja otra pieza vertical que se desplaza por la ranura, fijándose con una cuña. Los dos elementos verticales sirven de anclaje a la rebola o forma, pieza cilíndrica de madera provista en uno de sus extremos de varios pinchos de hierro que se clavan a la madera que se va a tornear.
El movimiento se obtiene pisando los pedales, unidos por una correa a una vara verde que actúa de resorte. La correa se enrolla alrededor de la rebola, de modo que al accionar el pedal gira sobre su eje y transmite el movimiento a la pieza a tornear.
Una vara curva provista de muescas, el pao del torno, permite al torneiro, apoyado en el pao de atrás, mantener el pulso firme y variar el ángulo de las herramientas en función de sus necesidades.
Con el torno de media volta, los artesanos se desplazaban ofreciendo sus servicios o cumpliendo encargos. En Ibias (Asturias), la actividad se consolidó como un oficio con entidad propia al que se dedicaban casi en exclusiva los denominados tixileiros o cunqueiros. Realizaban grandes desplazamientos para los que se agrupaban en cuadrillas y llegaron a desarrollar una jerga propia.
Producciones del torno de media volta
La vajilla de las casas campesinas era casi en su totalidad de madera torneada. La más utilizada era la de salgueiro, abedul y castaño. El propio artesano se ocupaba de su selección y se aseguraba de que se encontrara en su momento óptimo para trabajarla: ni muy verde, para evitar el exceso de agua, ni muy seca, pues su dureza impediría el torneado.
Una vez concluidas y antes de estar listas para su uso, las piezas se dejaban secar con lentitud, evitando los contrastes de temperatura.
Las formas que se fabricaban eran variadas y atendían las diferentes necesidades de la vida rural: preparación, conservación y transporte de alimentos, servicio de mesa, elaboración de manteca y tareas relacionadas con la matanza y la producción de vino, entre otras".
Un libro a recomendar aquí es La tornería en el Occidente asturiano, del etnógrafo Armando Graña García y publicado por este mismo Museo, el cual empieza así:
"La tornería, un oficio tradicional doméstico. En Asturias, como en toda la región cantábrica, las abundantes precipitaciones, lo templado de las temperaturas y la rugosa topografía determinan unas condiciones naturales idóneas para el desarrollo de especies vegetales de porte arbóreo, tales como roble, haya, castaño y muchas otras. Las manchas forestales de la región facilitaron el aprovechamiento por el hombre de los recursos madereros, que durante mucho tiempo han sido elemento imprescindible en la vida campesina de los asturianos, bien como material de construcción o para la confección de aperos agrícolas e instrumentos domésticos, bien como combustible.
Quizá sólo sean dos las aplicaciones de la madera que han sido ampliamente divulgadas, incorporándose a una imagen de lo típico y tradicional asturiano que no trasciende lo anecdótico: su uso en la construcción de los graneros levantados sobre el suelo (los hórreos) y su transformación en calzado (las madreñas). Pero aunque nada más que estos aspectos hayan merecido la «consagración» que supone aparecer en la mayor parte de las tarjetas postales que se han hecho sobre Asturias, hay muchas otras actividades alrededor de la madera que han de merecer nuestra atención. Veamos una de ellas: la tornería.
La tornería, o arte de fabricar recipientes de madera ahuecada, es un antiguo oficio artesanal que ha sobrevivido hasta hace unas décadas en el extremo suroccidental de Asturias pero que en la actualidad puede considerarse desaparecido, al menos en sus términos tradicionales. Hemos de precisar que si bien la labra de vasijas de madera puede ser espontánea y elemental, hasta nuestros días han llegado dos técnicas o maneras distintas que responden a dos niveles técnicos también distintos: una de ellas, la más sencilla y sin duda anterior, consiste en el vaciado manual de la madera mediante el uso de una simple azuela, con la que se redondea también el exterior de la pieza (técnica de ahuecamiento manual); la otra, más elaborada, utiliza el tomo mecánico, que permite aplicar el movimiento circular a la talla, con lo que se obtienen piezas de gran perfección y regularidad, de acabado similar al de las piezas cerámicas trabajadas con tomo y algunas ventajas sobre éstas, como son su poco peso y nula fragilidad. El uso del tomo supone un gran adelanto con respecto a la talla a mano, pues se evitan las gruesas paredes obtenidas con la azuela, de superficie irregular y en ocasiones tosco acabado, a la vez que supone una importante economía de tiempo y trabajo. La aparición de este tomo fue seguida de su rápida expansión por toda Europa, dando origen a un auténtico oficio, al que da nombre el propio artefacto: la tornería.
Muchas veces el uso de cacharros de madera se considera poco menos que una actividad «espontánea» en el hombre, dentro de una argumentación que remonta el origen de tales artefactos a inconcretas edades prehistóricas, en base a la supuesta sencillez de la técnica y a la facilidad de obtención de la materia prima. Aunque es indudable que la madera ha sido siempre uno de los materiales más asequibles y fáciles de trabajar, la confección de recipientes de madera en las comunidades campesinas de la Europa occidental es un tema más complejo que exige ser analizado con cierto detalle y con el enfoque necesario para deslindar qué hay en ella de pervivencias antiguas y qué de procesos técnicos más recientes. El «cómo y con qué se hace» tiene su importancia, ya que los utensilios de talla y los mecanismos usados varían según los lugares y en función de los distintos estadios tecnológicos y de las condiciones históricas y geográficas de cada sitio. Lo que encontramos hoy día unas veces son primitivos procedimientos fabriles, apenas modificados en mucho tiempo, en tanto que otras veces los cambios han sido sustanciales".
"En Asturias no contamos con vestigios materiales de objetos torneados en épocas antiguas, tales como testimonios arqueológicos o similares. Sin embargo sí conocemos escuetas pero precisas informaciones de autores antiguos que confirman lo remoto de su uso, aunque sin precisar nada acerca de la técnica utilizada. Así el geógrafo Estrabón, de origen griego pero escribiendo en época ya romana, describe, en el siglo 1 a. de C., entre otros, a los habitantes de lo que hoyes Asturias: «Todos estos pobladores de las montañas son sobrios [ ... ] Los hombres van vestidos de negro, llevando la mayoría el «ságos», con el cual duermen en sus lechos de paja. Usan de vasos labrados en madera, como los keltoi. Las mujeres llevan vestidos con adornos florales ... ».No hubieron de variar mucho las condiciones de vida en algunas zonas de la Cordillera Cantábrica entre los primeros siglos de nuestra era y los comienzos de la Edad Moderna, pues el licenciado Eugenio de Salazar tuvo ocasión de dejar un testimonio muy semejante, aunque con un tono decididamente mordaz, a mediados del siglo XVI, a raíz de su permanencia por· razones de oficio en el lugar de Tormaleo, del concejo de Ibias. En un jugoso texto va describiendo las condiciones de vida de sus habitantes y las construcciones circulares cubiertas de paja, utilizadas como vivienda por hombres y. animales, que son un excepcional ejemplo de pervivencia de las casas prerromanas hasta nuestros días; habla de la afición de sus pobladores a las bellotas, castañas y vino, y de que «Es gente de tanta punta, que comen y beben en platos y escudillas de palo por no comer ni beber en platos de Talavera, ni vidrio de Venecia, que dizen que es sucio y que se haze de varro».En las tierras que visitó Eugenio de Salazar no se limitaban a usar «platos y escudillas de palo», como él dice, sino que también los fabricaban con buen arte, y sin duda con mucha mayor dedicación que en el resto de Asturias. Actividad que continuó hasta nuestro siglo, y a la que se refirieron, a fines del pasado, O. Bellmunt y F. Canella, al decir que «artesoneros de fama son los de Degaña, aunque «en competencia con artesoneros asturianos invaden la provincia los de Galicia, y dícese que asentados cerca del mar en Pravia de Aquende unos gallegos industriales de escudillas, fundaron a Cudillero hacia el siglo XIII»
Como tantísimos oficios artesanos-tradicionales, fue desapareciendo con la producción industrial, aunque no de un día para otro, pues existió hasta bien avanzado el siglo XX. La Guerra Civil, la dura posguerra y el impresionante éxodo rural acaecido sobre todo pasada esta hubieron de ser su canto del cisne. Por contraste es en ese periodo de las primera mitad de dicho siglo cuando aparecen los testimonios escritos más precisos:
"Hemos de esperar hasta entrado nuestro siglo, cuando el oficio era todavía ocupación importante de los cunqueiros de Ibias, para que aparezcan las páginas escritas con mayor detalle sobre el tema; atraído por lo que él llamó una «supervivencia asturiana de un antiguo oficio europeo», el investigador alemán Fritz Krüger publicó un interesante artículo en el año 1952, a partir de datos obtenidos en 1927, en el que, aunque interesado por los aspectos lingüísticos del asunto, no deja de ofrecer una rápida y precisa visión del proceso de trabajo, instrumental utilizado, área de actuación de los artesanos y piezas producidas, completado con interesantes fotografías . Por desgracia desde la ya lejana fecha de publicación de este trabajo nadie trató de continuar la 'línea emprendida por Krüger, y las transformaciones posteriores impiden que alguien pueda hacerlo ya. Tan sólo otro filólogo, Joseph A. Fernández, incluyó en su tesis doctoral sobre el habla de Sistema, en Ibias, un capítulo acerca del vocabulario del torno, repitiendo y completando en parte las informaciones del alemán.Para Krüger «sería interesante discutir el problema de la significación que la actividad y el modo de vida de nuestro tornero asturiano tiene desde el punto de vista social y el papel que su actividad desempeña en la esfera de la industria casera ... ».En la actualidad es imposible tratar de precisar estas cuestiones, ya que nuestro conocimiento de la tornería se debe exclusivamente a los pocos textos escritos sobre el tema y a los frutos de una labor de rastreo casi arqueológica, pues la tornería como oficio ha desaparecido por completo".
"Son varios los espacios en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime destinados a mostrar el oficio del trabajo en madera, pero es imposible no detenerse bajo el hórreo, guiados por el sonido del torno de media volta que maneja Arturo Iglesias. Natural del pueblo de Viladefondo, se aficionó a la tornería con 16 años y, desde hace 27, trabaja y hace demostraciones en el museo.
Conoció de cerca el trabajo de José María Muiña, el torneiro de Xestoselo, y aunque ya había hechos sus primeros intentos en un torno de pedal y giro continuo, tras ver a Muiña, comenzó con el torno de media volta.
En sus exhibiciones da forma a todos los utensilios que en su día componían la vajilla tradicional de la zona.
Durante algún tiempo impartió cursos de tornería en el museo, una idea que confía en recuperar para que el oficio no desaparezca.
Arturo es uno de los pocos artesanos que quedan en la zona y es habitual que lo inviten a participar en todo tipo de exposiciones, exhibiciones de artesanía tradicional y en ferias y mercados, donde también vende sus productos".
Los cunqueiros de Ibias se dedicaban exclusivamente al oficio, pero para ello no tenían otro remedio que acudir ellos mismos a los mercados, haciendo y vendiendo sus productos, pero no solamente los cercanos, sino realizando, como otros artesanos, grandes emigraciones estacionales de varios meses que abarcaban hasta Castilla, Extremadura y Andalucía. Por contra, los otros torneiros no solían salir de su parroquia salvo en casos puntuales. En el caso de José Mª Muíña este aprendió de torneiros gallegos, mientras que Emilio de Collada, torneiro allandés que aún ejerce, lo hizo con los cunqueiros
"El torno empleado por los torneiros de cuencos es un antiguo modelo de pedal y vara, que, al decir de Krüger, estuvo extendido en otro tiempo por toda la Europa occidental. Su aparición se produjo en un momento impreciso y fue seguida de su rápida expansión por todo el ámbito. Posteriormente surgieron diseños más evolucionados técnicamente, como son el torno de ballesta o el de volante, y ya en nuestros días el de motor; pero sobre otros tornos hablaremos más adelante.El torno de pedal es de todos ellos el de funcionamiento más sencillo; su utilización en Asturias hasta hace menos de veinte años puede ser considerado un hecho excepcional, y él mismo una auténtica reliquia de los oficios artesanos, que en Europa ya había sido sustituido por modelos más desarrollados y sólo podía verse expuesto en las salas de algunos museos etnológicos. Claro que hoy día la situación se ha invertido, y así, mientras los viejos tornos europeos continúan visibles en los mismos museos, de nuestros artesanos se ha borrado casi hasta el recuerdo, y nada queda de los tornos, convertida su madera en leña de fuegos invernales".
"Una vez preparado el trozo de madera se coloca en el tomo, para lo cual se traza el punto central de su base mediante dos diagonales que se cruzan y se hace en él un pequeño rebaje, que luego seryirá para encajarlo en el aguichón. Eo la boca se clavan los pinchos de hierro de la rebola, y alrededor de ésta se pasa la correa, dándole dos vueltas. El pedazo de madera a tornear y la rebola forman ahora un todo, que se encaja en los picas de hierro, los aguichois, cuidándose bien de que todo quede centrado en un mismo eje. Este es uno de los detalles más delicados de todo el trabajo de tornería, pues del centrado depende en buena parte el resultado final; cuando una pieza se descentra en mitad de la operación muy pocas veces puede volverse a enderezar, y generalmente debe desecharse.El torneado se comienza por el exterior, apoyando levemente la legra en la superficie de la madera y eliminando en primer lugar las irregularidades más acusadas, para pasar luego a tallar cuidadosamente toda la superficie moviendo poco a poco la herramienta para rebajar la madera y alcanzar la curvatura adecuada.A continuación se procede al vaciado del interior, buscando primero ahondar hasta el fondo y después rematar las paredes hasta darles el grosor definitivo, que ha de ser fino. En muchas piezas los bordes deben ser gruesos, e incluso con reborde engrosado, pero hay otras, como. los cachos para beber vino, que se caracterizan por lo delgado de sus paredes y bordes.Por último se procede a decorar la vasija, mediante varias líneas rehundidas en la superficie exterior, que sirven de adorno y dan cierto ritmo a la figura. Cada artesano tenía una disposición propia de tales líneas, a modo de firma, y así Emilio de Colada las distribuye en grupos de tres que se repiten espacialmente en el perfil del cacharro. Tan sólo queda pulir la superficie exterior con papel de lija, que viene a sustituir a la piel del pez de este nombre, que era utilizada anteriormente.Al terminar el torneado queda dentro del recipiente un taco cilíndrico de madera, que es la parte en la que se clavó la «rebola», y que por eso mismo no pudo eliminarse al tornear. Se retira el cuenco del torno, debiendo quitarse entonces la rebola; éste es otro de los momentos delicados, pues al golpearla para aflojar los pinchos de hierro se puede rajar la madera .. Luego se corta el cilindro de madera con la azuela y se remata la base por el exterior. Ahora ya está terminado totalmente el torneado".
Las herramientas, que parece ser no eran tan numerosas como en otros oficios, pero sumamente eficaces en buenas manos:
"Pocos utensilios le eran precisos al torneiro para realizar sus cuencos: un torno, varias legras, y otras herramientas para preparar la madera, como hachas y azuelas; además solía ayudarse de un banco de carpintero. Normalmente se colocaba al aire libre, bajo un hórreo o dentro de un corredor para protegerse del mal tiempo. En sus desplazamientos tan sólo llevaba las piezas imprescindibles, es decir, algunos elementos del torno y las legras. El resto del instrumental era común en cualquier pueblo y en cuanto al torno, no había ninguna dificultad en improvisar uno de cuatro tablas y dos maderos".
"Perforar con una sola mano se considera uno de los grandes logros de la innovación en taladros eléctricos. De igual modo, nuestros antepasados hubieron de pergeñar muchos ingenios hasta dar con una máquina que pudiese rotar la pieza dejando a la vez una mano libre para manipular la herramienta.
La palabra torno viene del latín tornus y esta del griego tórnos, término que significa 'giro'. Sin giro —ya sea de la pieza o de la herramienta— el proceso de torneado no existe como tal y no sería sino talla.
El torno de carpintero no es una máquina-herramienta reciente. Milenios atrás, el hombre experimenta un notable deseo por dominar el torneado de la madera, primero, y más tarde del metal, lo que le lleva a inventar el torno.
Sobra decirlo, el primer torno para madera aparece mucho antes que el motor eléctrico. Por medio de diversos ingenios mecánicos los músculos aportaban el movimiento de la pieza en los tornos primitivos.
Pero, dado que dos manos no bastan para girar la pieza y a la vez quitar la madera sobrante con la herramienta de corte, lo primero que se le pasa por la cabeza al artesano es ir en busca de un ayudante. Más tarde, recurrirá a partes de su propio cuerpo, como los pies y las rodillas.
De una u otra forma, los antiguos tornos mecánicos para madera (...) constituyen los precursores del actual torno de carpintero. (...)
Ciertos historiadores sugieren que las primeras máquinas para tornear se inventaron en torno al año 1000 a. e. c. En todo caso, la imagen más antigua conservada de un artefacto para tornear es la hallada en Egipto en las paredes de la tumba de Petosiris. Data del siglo iii a. e. c".
"En esta máquina el movimiento de giro resulta de la flexión de una ballesta; es decir, un conjunto de pletinas de distinto largo apiladas unas encima de otras en orden decreciente, las más largas dispuestas en la parte superior.
El principio de funcionamiento de este torno de carpintero se basa en una cuerda resistente que se ata a la ballesta por uno de los extremos. La cuerda baja desde la ballesta (situada en lo alto del torno) y se enrolla alrededor de la pieza de madera, sujeta por el punto del torno en el cabezal. La cuerda rodea a la pieza y el chicote restante (cabo suelto de la cuerda) baja hasta el pedal del torno, que también se ata.
¿Cómo funciona este torno de carpintero? Cuando se pisa el pedal, la cuerda se enrolla un poco más sobre la madera. De resultas, el otro cabo se acorta y tira de la ballesta, que se tensa. Al tiempo que esto ocurre, la pieza de madera gira en un sentido.
Cuando el pedal se suelta, la ballesta recupera su forma y tira de la cuerda. La pieza gira de nuevo, pero esta vez en sentido opuesto. Como es evidente, el pedal recupera ahora su posición y sube al punto inicial. El torno queda así listo para repetir de nuevo el proceso".
"En este tipo de tornos la rotación necesaria para tornear se consigue a través de un volante de inercia que, accionado manualmente por un ayudante, transmite el movimiento al cabezal del torno, al que está unido mediante una cuerda. Se genera de esta manera un giro continuo que se traslada a la madera a trabajar, encajada entre dos piezas verticales.
El torno, (...) perteneció a Fermín del Campo Rodríguez (1896-1975), “Firme del Pico del Vilar”, constructor de gaitas y gaitero grandalés. El torno es una creación propia para la que reutilizó un banco de carpintero como mesa del torno y fabricó un soporte específico para vaciar la copa del roncón de las gaitas.
"Fermín do Campo de Grandas de Salime fue constructor y gaitero, además de muchas otras cosas, pues era un hombre de grandes habilidades. Sus gaitas tuvieron mucha fama y fueron empleadas en toda la zona Eo-naviega, siendo un perfecto ejemplo de esta particular y hermosa tipología. Fermín construyó punteros en modo de Sol, es decir, con subtónicas abajo y arriba, pero también en modo de Do, todos los que hemos conseguido documentar tienen las tónicas prácticamente en altura de Do".
"A pesar de todas las precauciones que se toman, los cuencos y los platos de madera se rajan con frecuencia, sobre todo cuando han sido usados durante mucho tiempo. Si ello sucede se pueden reparar como se hace con los cacharros cerámicos, lañándolos con pequeñas grapas de alambre. Otras veces el daño es mayor y se produce un hueco en la madera..."
Armando Graña recopila en su obra una amplia gama de productos elaborados por los cunqueiros, además de las concas, platos llanos y hondos, bacicas, cachos, soperas, morteros de mano, ollas, saleros y embudos y un larguísimo etcétera
"... pueden compararse las formas del occidente de Asturias con otras procedentes de Campu Casu, en el Oriente, expuestas en el Museo Arqueológico de Oviedo. Idéntica coincidencia se produce entre las formas asturianas y las fabricadas por torneiros de toda Europa y de España; ello puede indicar que la expansión del torno del pedal, reflejada en la denominación «tomeiro» y sus variantes locales, fue acompañada de gran parte, sino todas, las formas torneadas. Baste citar aquí la producción de los cercanos torneiros gallegos y del norte de León, o la alejada de los bretones."
Algunos objetos tienen su color de madera natural pero otros muestran un color oscuro que recuerda al de la cerámica negra tan apreciada en la zona
Hemos recorrido ya toda la Casa Rectoral, por lo que salimos de la Sala de la Tornería y, desde la de madera, volvemos al exterior
Y regresamos al Corral o corralada pasando primeramente junto a la maqueta del Mazo de Mazonovo, que admiramos una vez más mientras dejamos a la izquierda el Corredor con sus columnas cilíndricas de pizarra, donde vimos material del canteiro, carretillas, rodas o molas de afilar, etc.
Después de subir las escaleras seguimos de frente dejando a la izquierda la recepción
Y regresamos al Hórreo, donde comenzamos una nueva parte de nuestro recorrido, en principio por el exterior
Naturalmente, no todos los tamaños y formas son iguales, empezando porque hay pie derecho y pie izquierdo. Por ello aquí están los modelos a seguir
Y ahora pasaremos hacia el Hórreo, que con la Panera, el Molino, la Casa del Molinero y otros espacios formarán parte de la segunda entrada de las tres que le dedicamos a este Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro"

.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu visita y contribuir con tu comentario... Únete a la Página Oficial en Facebook para descubrir nuevos contenidos....Ultreia!