| La capilla (cabecera) y A Casoa o Casona: Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" |
Un hermoso camino de lousas de pizarra y de empedrado de regodones o cantos rodados marca el circuito a seguir para llegar a los lugares que nos quedan por ver en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" al que le dedicamos esta tercera entrada de blog: primeramente la Capilla, cuya cabecera vemos a la derecha y, seguidamente, A Casoa o Casona, pero también visitaremos el almacén de Aperos de labranza, el Cabazo y la Fábrica de gaseosa (solemos poner en mayúscula los espacios concretos del Museo)
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| Plano en la web del Museo Etnográfio de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" |
"La artista ovetense, pero con raíces en Ibias, María del Roxo ha puesto cara a la comunidad que mimó y usó el patrimonio que hoy se guarda en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime «Pepe el Ferreiro». Con motivo del 40.º aniversario del equipamiento ha realizado un mural figurativo, que no solo ha dado nueva vida a un rincón deslucido del museo, sino que permite «facilitar al público la interpretación de cómo eran los hombres y mujeres» que antaño poblaban el territorio. El mural, de casi ocho metros de largo y dos de alto, recrea un momento de una romería del siglo XIX.
Aunque María del Roxo se dedica principalmente al retrato, lleva unos años realizando murales en el pueblo de Villaoril (Ibias) donde se hunden sus raíces. Cuenta que la llamada de la directora del Museo, Susana Hevia, fue una sorpresa «muy agradable» y se muestra encantada «de contribuir a hacer más bonito» el museo que concibió Pepe El Ferreiro, al que tuvo el honor de conocer. Ante de diseñar el mural hubo que reparar la pared que lo acoge, un muro de hormigón que unía la capilla con la casa de aperos y que no estaba en buen estado.
«Teníamos dudas sobre si hacer algo actual retratando a la gente del pueblo, pero como es un museo etnográfico nos decantamos más por lo antiguo, así que se recrea una fiesta o romería popular de finales del siglo XIX», precisa la artista, que se inspiró en fotos de la época para dar forma a los personajes. «Los customicé al modo que tengo de pintar con planos más cubistas y usamos una gama de grises para la pintura», añade María del Roxo, que se pasó seis jornadas en Grandas dando forma al mural. Se lleva a casa una experiencia «increíble» y está encantada con la acogida y el trato recibido por el personal del museo y los vecinos. «Casi me quedo a vivir en Grandas, me quedan ganas de repetir. Estoy muy contenta con el resultado y con la acogida que la gente ha dado al mural, que es además un trabajo a la memoria de Pepe», añade.
La directora del etnográfico grandalés cuenta que el trabajo cumple con varios objetivos, pues no solo se recupera un espacio «poco estético» del museo, sino que se amplían las actividades del centro al acoger una intervención artística contemporánea. «Ojalá podamos repetir intervenciones de este tipo y poner un espacio público a disposición de otras disciplinas», añade. Pero, sobre todo, Hevia pone el acento en la oportunidad que ofrece el mural para comprender mejor el museo y relacionar las casi 2.000 piezas que cobijan con las personas que les dieron uso. «Sirve como un recurso interpretativo y para resaltar de manera permanente que detrás de las piezas había y hay personas», apunta".
"María del Roxo es una artista de amplia trayectoria, retratista y muralista, que está singularmente comprometida con el desarrollo de proyectos artísticos de vocación comunitaria en el ámbito rural y muy ligada al occidente asturiano.
Con esta iniciativa, enmarcada en las actividades del 40º Aniversario del Museo, el centro abre sus puertas a expresiones artísticas contemporáneas e introduce en su recorrido una obra con vocación explicativa, que pretende facilitar al público la interpretación de cómo eran los hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que integraban la comunidad portadora del patrimonio que custodia. Así, el mural pasará a formar parte de la exposición permanente del Museo".
"El espacio se articula en tres ámbitos: portal abierto a los pies que antecede a un pórtico cerrado desde el que se accede a la nave única. El ingreso entre espacios se realiza a través de puertas adinteladas flanqueadas por vanos con barroteras de madera que permiten el paso de la luz natural, esquema característico de las capillas y ermitas rurales de la zona
Iglesias, capillas y ermitas eran un punto de referencia permanente en la vida de los campesinos. Allí acudían semanalmente para cumplir con los cultos religiosos y siempre que había una festividad que celebrar. Eran también el escenario en que tenían lugar los acontecimientos que rubricaban los tiempos de su ciclo vital: bautismo, comunión, casamiento y, finalmente, los rituales de la muerte; ritos de paso que se celebraban en presencia de todos los vecinos y que certificaban su pertenencia a una comunidad que les reconocía y en la que se reconocían".
"Dos metales como el cobre y el estaño, cuando están aleados en la proporción adecuada, pueden producir una entrañable sonoridad, que según las circunstancias, puede alegrar o acongojar nuestro ánimo. El toque festivo de la campana en la enhiesta torre del templo, contagia entusiasmo, alegría e invita al jolgorio. Sin embargo, el toque a rebato de esos bronces, nos aterrorizará porque algo grave ocurre en la aldea: un peligro inminente, o la casa de un vecino que es pasto de las llamas. Pero también, y para más dolor, nos anunciará su tañido, que alguien exhaló su último aliento. Por ese doblar de campañas, sabíamos si el deceso había ocurrido en el pueblo, en la parroquia, o si era hombre o mujer. Aquel lamento, producido por el badajo, al golpear en el borde de la campana del tann… y el tonn…. sostenidos, quedaban en su tañer, como sonido de diapasón, que hasta su última y casi inaudible nota, nos daba la triste noticia. Hoy ya no queda en los pueblos ese sacristán que nos comunique, a través del repicar: vida festiva, desgracia o muerte. Sin embargo, sí nos llega la estridencia de aquel que convierte sus acciones y lenguaje en badajo, que da la campanada, con el único fin de hacer oír su vanidosa conducta. Así, desde las altas torres de la jurisprudencia, con insensato criterio, un juez de meliflua o aflautada voz, hace sonar el gong; no para administrar justicia por los muertos, por los que en su día no se tañeron las campanas; sino para que se revuelvan los restos, que reposan en anónimas tumbas. Toque a rebato, para afligir aun más, aquéllos que se les quema el corazón llorando, en silencio, por sus antepasados.
Que Dios le perdone Señoría, y que los finados descansen en paz.
Haxa salú
Accedemos pues al interior del templo, donde como hemos dicho encontraremos piezas y elementos de importancia histórica y artística. "Las vigas pertenecieron al puente de Salime, localidad anegada por las aguas del embalse del mismo nombre. El retablo procede de la antigua capilla de Salime y la puerta policromada de ingreso a la nave de la capilla de Samartín d’Ozcos".
"En Grandas de salime, a 23 de junio de 1997
Hace unos 50 años los niños eran bautizados a los pocos días de nacer. Era tal la premura que, en algunos casos, no se esperaba ni tres días para acristianar al infeliz pagano, que nada tenía que ver con la manzana que se comiera, en cierta ocasión, la casquivana y fogosa Eva.
No estoy muy seguro, pero creo también recordar que no se ungía, con el mismo celo, a las clases más desprotegidas, aunque desprotegidos estábamos todos en mi pueblo.
Qué gran acontecimiento era, por aquel entonces, el bautizo de un niño. Controlábamos todos los partos de la Parroquia. Aunque entonces los niños venían de Paris, en el barrio del Ferreiro, bien fuese por precocidad, bien por ser de barrio marginal, no nos creíamos la versión que nos daban nuestros mayores.
Se oficiaba el Sacramento del Bautismo, casi siempre, en semana y por la tarde, en la hora sexta, es decir, desde que el Sr. Cura dormía la siesta. Casos había, del niño rico, que era bautizado después de la dominical Misa de Doce.
Se hacía necesario conocer de antemano quién apadrinaría en la fe cristiana al infiel. Si era desprendido, y nos parecía rico, estaba asegurado el éxito del acontecimiento, pues como del cielo caídos, habría caramelos, perrones, perrinas y hasta pesetas en algunos casos.
Nos agolpábamos en derredor de la pila bautismal, de tal manera que Antón, el sacristán, también repartía coscorrones con profusión.
Después de que el cura obligara al padrino a repetir los “fiden” de rigor, y que no le obligaba de palabra porque no sabía latín, pasaba a la sacristía el padre putativo en materia religiosa y moral, para firmar lo que había jurado en la jerga del oficiante.
¡Qué larga se hacía aquella espera! ¡Qué griterío a la puerta de la Iglesia!. Griterío directamente relacionado con el tamaño de la bolsa de los caramelos, siempre custodiada por algún familiar del recién acuñado cristiano. Reyertas y luchas para defender el puesto más cercano a la puerta por donde debía aparecer el padrino. Puestos defendidos con audacia y que, a veces, los frustraba éste saliendo por la puerta lateral.
Una vez que el padrino lograba calmar aquella algarabía, comenzaba a tirar los caramelos a grandes puñados. Ora a la diestra, ora a la siniestra. Aquella dulce lluvia nos hacía desplazarnos, cual alocado vendaval, delante del caprichoso repartidor de las sabrosas golosinas, perronas y pesetas “rubias".
Si el resultado de la recogida de aquel maná era satisfactorio, se daban vivas a los padrinos. Solía ocurrir, en muchos bautizos procedentes de familias muy humildes y por desgracia proliferas, que, lógicamente, no encontraban al padrino acaudalado que pudiera permitirse el dispendio carameril. Entonces, de forma despiadada e inocente, los niños coreábamos a voces: “bautizo, bautizo cagao, si cojo al niño lo tiro al tejao”. Sometíamos al más humillante bochorno a aquellas, ya de por si, atribuladas familias, cuyos hijos no traían precisamente un pan bajo el brazo.
Hubo cierto niño que por negligencia, pasó de los cinco años sin haber sido bautizado. Por su temprana edad podía creerse que su candidez y lenguaje correspondía al del inocente y tímido pagano. Cuando el párroco procedió a ungirle se sintió molesto, y al verterle agua bendita sobre su cabeza, dijo: -¡Hostia!, Sr. Cura, ¡qué fría está!
Haxa salú
Dedicado a José Luis Pascual, en compensación por el susto que pasó el día que se incendió la Colegiata de Grandas de Salime".
El cepillo de las limosnas, bajo el cuadro eléctrico. Cepillo es un diminutivo de 'cepo' o cofre y nada tiene que ver con el instrumento de cepillar. Compartimos de Wikipedia:
"Se llama cepillo o cepo a la caja que en una iglesia sirve para recoger las limosnas. Suele ser un cofre o caja de madera (u otros materiales) con una abertura para introducir las limosnas con destino piadoso o benéfico.
En su formato más común se parece a las urnas de votos que se utilizan en las elecciones pero de menor tamaño. Suele ir cerrado con llave y a menudo tiene un sistema para sujetarlo a la pared de las iglesias o demás lugares donde se suelen depositar las ofrendas para los pobres.
Historia
El origen de estas arquillas de las iglesias en que se recogen las limosnas es muy antiguo. En el cap. XII. del lib. IV. de los Reyes leemos que el pontífice Joiada mandó hacer una arca y abrir encima de ella un agujero, la que colocó primero cerca del altar a mano derecha de los que entraban en la casa del Señor y luego según se desprende del capítulo XXIV de los Paralipómenos fue trasladada por disposición del rey Joas y para mayor comodidad de los oferentes fuera del atrio de los sacerdotes junto a la puerta del templo. En ella, los sacerdotes que estaban de guardia echaban todo el dinero que se ofrecía en el templo del Señor, el cual se invertía en reparar los daños que había hecho la impía Athalia en la casa de Dios, profanando las cosas consagradas de esta para adornar el templo de Baal.
El papa Inocencio III a fines del siglo XII permitió que se colocasen en los templos algunos cepos para que los fieles pudiesen en todo tiempo echar en ellos sus limosnas.
En los últimos años se han instalado cepillos electrónicos, en los que se puede dejar una contribución con tarjeta de crédito u otros medios telemáticos.
"(Es impropio llamarlo ‘confesionario’: manual del confesor y del penitente. Ver este artículo.)Sagrado habitáculo donde se celebra el sacramento de la penitencia en una iglesia católica. Su uso se generalizó a partir del concilio de Trento (1545-1563). Fabricado por lo común en madera, es transportable en la mayoría de los casos. Adopta infinidad de estilos y diseños: desde el de apariencia muy humilde, semejante a un cajón grande o armario sin ornato aparente, al suntuoso y solemne, de rica labra (3), cual ambiciosa obra (1) de arte. Hay también confesonarios de obra (3) encastrados en el muro, integrados en la fábrica arquitectónica (muy escasos en España y especialmente presentes en el norte de Italia, en Austria y Alemania).El confesonario tradicional dispone de un asiento interior para el confesor y una ventanilla con celosía a cada lado para oír la confesión de las mujeres, que se arrodillan por fuera a un costado del confesonario; cuando la parte frontal queda diáfana —en la mayoría de los casos— suelen los hombres confesarse por ella, y hacen servir la misma portezuela del confesonario como reclinatorio. El confesonario moderno no hace distinción de sexos y se presenta cerrado y con puertas, dotado de compartimentos individuales para confesor y penitente, con un mejor acomodo y mayor reserva.El confesonario, sin embargo, tiene hoy muy poco uso y en algunas iglesias ha sido ya retirado".
"Las andas procesionales, un elemento distintivo en las celebraciones católicas, son estructuras portátiles diseñadas para transportar imágenes sagradas, reliquias o el Santísimo Sacramento durante las procesiones. Estos soportes no son meros objetos utilitarios, sino que están imbuidos de un profundo significado teológico, litúrgico y cultural, reflejando la fe de la comunidad y su peregrinación espiritual. A lo largo de la historia de la Iglesia, las andas han evolucionado en forma y ornamentación, adaptándose a las tradiciones locales y a las particularidades de cada festividad".
"Al citar "a cruz de os probes" no me refiero aquí a la penuria que arrastra el mendigo o el probe “d´po las portas”, como eran conocido el necesitado indigente en esta comarca. Ni tampoco a los que sin necesidad de ser mendicantes, estamos en ese grupo de los que con poco nos vamos arreglando. Y cuando aquí se dice exiguo, es comparándolo con lo que ganan aquéllos, que con nuestro salario anual, no les alcanzaría para un día en la suite del lujoso hotel.
No amigos. Aquí la cruz de los pobres es algo material. Es la cruz de madera que había en las aldeas que prestaba un servicio a la equidad. La igualdad a todos los vecinos, para que la caridad fuera impartida con justicia. Y la verdad es que parece mentira que lo que debiera ser altruismo o generosidad, tuviera que ser regulado por un símbolo de la religión católica, para evitar que los que más tenían, se escabulleran del compromiso. Y aún así, escurrían el bulto pasando el compromiso a sus aparceros o caseros, que en definitiva también eran pobres.
Les narro estas cosas antes de referirles en qué consistía la misión de esa cruz; que aunque a mí casa nunca llegó, mi padre, Benino el ferreiro, acogía a todos aquéllos necesitados que demandaban auxilio. Allí nunca les faltó comida y posada.
No escogí el tema por ser Navidad, sino que como viene siendo costumbre, recurro a los fondos del Museo para mis crónicas. Y tampoco como un servicio al mismo, sino para que quede escrito y explicito, si así se le puede llamar.
En las aldeas o pueblos, y no así en el centro de las villas, “os probes de polas portas” llegaban al atardecer a aquellas casas en las que sabían podían pernoctar en la calidez de la cuadra en el invierno, o en la mullida hierba seca del pajar en verano. En la villa buscaban estas posadas en los barrios marginales, porque en ellos encontraba la caridad; sentimiento solidario, que a veces no era otra cosa que sentirse satisfecho del propio destino, que el duro trabajo les aportaba a los que se veían en mejor situación que el indigente. Poco importan los motivos o la causa que los originaba; lo cierto es que el menesteroso obtenía sustento y el cobijo que en otra parte no encontraba. Sin embargo, esto daba lugar a que aquel continuo deambular de gentes sin techo, se convirtiera en una carga para algunas casas del vecindario. Para evitar este trastorno, estaba la cruz de los pobres, que era la señal de que en la casa en la que se hallaba depositada, habían dado posada al necesitado. De esta manera, el mendigo pasaba a la siguiente casa portando la cruz. Si se daba la circunstancia que había solicitado posada o refugio en cualquier casa, en la que no estuviera el lábaro, debía dirigirse en el vecindario a la poseedora de dicho distintivo, donde lo dirigían a la que estaba obligada por vez o por turno.
En el Museo contamos con algunas de éstas, que cumplieron con esa función. Lo grave es que ahora en los pueblos no queda a quien pasar la cruz, pues en el barrio en que nací hay más de diez viviendas vacías y aunque no conocí –como dije- esa forma de acoger al necesitado, nunca faltaron en el lugar los desamparados. Por cierto, esa gente que tendía la mano ahora casi no la ve en los pueblos, porque ocupan las calles de las ciudades, y para evitarla miramos a otra parte.
Haxa salú"
"Una esquela, a veces también llamado aviso fúnebre o aviso mortuorio,es una nota recuadrada en negro que publicada en un medio de comunicación o afichada en un lugar público, da noticia del fallecimiento de una persona. Primitivamente, se llamaba esquela a una carta breve que se utilizaba para citar o convidar a algunas personas a una reunión o a un homenaje. Posteriormente, este término derivó hacia el aviso del fallecimiento de una persona alcanzando finalmente el sentido actual, aunque el vocablo aún hoy día también se aplica para señalar cualquier mensaje breve y escrito, tanto impreso como manuscrito, dirigido a una persona concreta o dirigido a un colectivo, y que de alguna forma se entrega o se hace circular".
"Se llamaba oficio de tinieblas (en latín: Tenebrae) a la ceremonia litúrgica católica que se celebraba en los tres días previos a la Pascua al caer la tarde (es decir, Miércoles Santo, Jueves Santo y Viernes Santo). Era el oficio ordinario correspondiente, en la Liturgia de las Horas, según el antiguo breviario romano, a los nocturnos o maitines y a los laudes, que fuera de la Semana Santa se rezaban a medianoche o muy de madrugada, como siguen haciendo muchas órdenes religiosas.
Este oficio tiene su origen en la Alta Edad Media y tiene semejanzas con el oficio de difuntos. El oficio se realiza con todas las luces del templo apagadas, con excepción de las quince velas encendidas en un tenebrario (un candelabro triangular especial) en el centro del templo.
Ceremonias litúrgicas de este tipo existen en la actualidad en la Iglesia católica, así como en las Iglesias luteranas, anglicanas, metodistas, calvinistas y en la iglesia ortodoxa de rito occidental.
Historia
En el Rito Romano de la Iglesia Católica, el oficio de tinieblas se celebraba en todas las iglesias con un número suficiente de clérigos hasta las reformas litúrgicas del Papa Pío XII en la década de 1950. Las tradiciones relativas a este oficio se remontan al menos al siglo IX. Durante la Semana Santa, los maitines, que se rezan unas horas después de la medianoche, y los laudes, que se rezan al amanecer, se adelantaban a la tarde o noche del día anterior para no interferir en los oficios y ceremonias propios de esta. Estos rezos se adelantaban a la víspera por la tarde empezando de tal manera que terminaran después de la puesta del sol, de allí el nombre de "tinieblas" o "tenebrae" en latín.
Con la reforma de las ceremonias de Semana Santa por parte del Papa Pío XII en 1955, la Vigilia Pascual fue restaurada como un oficio nocturno, trasladando esa liturgia Pascual de la mañana del Sábado Santo a la noche siguiente y de la misma manera trasladó las liturgias principales del Jueves Santo y Viernes Santo de la mañana a la tarde o noche. Así, los maitines y laudes del Viernes Santo y el Sábado Santo ya no podían adelantarse a la noche anterior, e incluso los maitines y laudes del Jueves Santo sólo podían adelantarse en el caso de las iglesias catedrales en las que se celebraba la Misa Crismal el Jueves Santo.
Finalmente, tras el Concilio Vaticano II, los maitines y laudes fueron completamente reformados a lo largo del año. Los maitines, por ejemplo, ya no tenían los nueve salmos y las laudes los cinco salmos que determinaban el número de velas apagadas en la celebración de las tinieblas.
En la actualidad, las celebraciones que son denominadas oficio de tinieblas, así como las de otras denominaciones cristianas, pueden tener un contenido y estructuras muy diferentes dependiendo de la confesión, basadas, por ejemplo, en el Sermón de las Siete Palabras o en lecturas de la Pasión de Cristo. Es posible que se celebren solo un día de la Semana Santa, en particular el Miércoles Santo, y el número de velas, si es que se utilizan, puede variar.
Liturgia
Se coloca un gran candelabro triangular, llamado tenebrario porque sirve para estos oficios, en el presbiterio un poco más abajo del lugar en el que el subdiácono suele cantar la epístola. En él se colocan quince velas o cirios de color amarillo. Las primeras representan a los 11 apóstoles que se mantuvieron con Jesús, a pesar de la traición de Judas Iscariote. Las últimas, a las tres marías que siguieron a Jesucristo.[7][8] Y la Santísima Virgen María, esta última en el tenebrario es la vela más alta (y la que se puede diferenciar ya sea por su diseño más decoroso y trabajado) porque ella fue la una que creyó fielmente en la resurrección.
Estando todas las velas encendidas y reunido el clero y hecha una breve oración y dicho en pie y en voz baja el padrenuestro, se entona el versículo del primer salmo. Todos se sientan y se cubre y no se vuelven a levantar hasta el Benedictus. Las lecciones y salmos terminan con una inflexión de voz particular porque no se dice Gloria Patri. Todo el clero se arrodilla cuando se canta Christus factus est... y permanece en esa posición hasta el fin. Luego, el oficiante canta el Miserere que puede cantar la música o los dos coros alternativamente a media voz y con alguna inflexión de voz. Se dice en voz baja para simbolizar el terror que se apoderó de los apóstoles cuando vieron preso a su Maestro por los romanos y también para simbolizar que durante su pasión apenas se oyó su palabra.
Las velas se apagan progresivamente conforme avanza el oficio, una vela después de cada salmo, que simboliza que los apóstoles y las marías se fueron apartando o abandonando a Jesús sucesivamente cuando le vieron en poder de los romanos. La más alta de las velas no se apaga nunca y simboliza la fe constante que tuvo siempre María en la resurrección de su divino hijo.
Acabado el Miserere el presidente perseverando de rodillas y un poco inclinada la cabeza dice en el mismo tono la oración Respice quaesumus hasta las palabras qui tecum vivit et regnat las cuales pronuncia en voz baja. Y acabada dicha oración en total oscuridad el oficiante, el resto del clero y los fieles golpean sus bancos con libros, matracas o con sus manos, produciendo un gran ruido por espacio de un padrenuestro en conmemoración del terremoto que acompañó a la oscuridad tras la muerte de Cristo en la Cruz de acuerdo con el Evangelio de Mateo".
Este tenebrario muestra sus preceptivas quince velas y, dentro del triángulo, tiene una roseta tallada. Leemos ahora la descripción de este objeto litúrgico también en la Wikipedia:
"Un tenebrario es un candelabro de forma triangular con quince velas, dispuestas escalonadamente, que se van apagando progresivamente durante el Oficio de tinieblas u Officium tenebrarum, en Semana Santa.
En este oficio de tinieblas se cantan los salmos y las Lamentaciones del profeta cristiano y judío Jeremías, y al término de cada uno se van apagando las velas, normalmente amarillas, de este singular candelabro situado en el presbiterio, empezando por el ángulo inferior derecho, quedando encendida solamente la más alta, que en algunos sitios suele ser blanca.
Hay testimonios de que el candelabro triangular para el oficio de tinieblas se usaba ya en el siglo VII, pues se menciona en un ordo de esa época publicado por Jean Mabillon; el número de velas ha variado en diferentes épocas y lugares; Amalario de Metz habla de veinticuatro velas y otros usaban tenebrarios de treinta, doce, nueve e incluso siete velas. En 1912, el tenebrario estaba hecho para sostener quince velas que, según el Caeremoniale Episcoporum (II, XXII, 4), debían ser de cera sin blanquear, aunque en algunas iglesias se usaba una vela blanca en el vértice del triángulo. Durante el servicio cada vela se apagaba al final de cada salmo alternativamente a cada lado del candelabro comenzando con la más baja. Como había nueve salmos en los maitines y cinco en los laudes, sólo se deja encendida la vela más alta del triángulo después de haber cantado todos los salmos.
Simboliza el día de la muerte de Jesucristo en la Cruz. Las quince velas representan a los once apóstoles, las tres Marías y la Virgen María, es decir, aquellos que acompañaron a Jesús en el día simbolizado. El triángulo mismo simboliza la Santísima Trinidad; para algunos, la vela más alta representa a Cristo, mientras que otros afirman que es la Santísima Virgen, la única que creyó en la Resurrección, y la extinción gradual de las demás tiene que ver con la fe menguante de apóstoles y discípulos"
Esta sería una credencia, mesita que se sitúa al lado del altar para colocar los vasos sagrados y otros elementos litúrgicos relacionados con la Eucaristía. Como aquí, se cubre con un mantel blanco, con motivos religiosos que, en este caso, son similares al mantel del altar
La imagen del Niño Jesús rezando con la cruz detrás suele denominarse Niño Jesús de la Pasión o Divino Niño. Al lado hay una jarra para flores, con las que suele engalanarse la iglesia en las liturgias, detrás una vela de vaso y delante un recipiente de loza para limosnas
A la izquierda, una Virgen coronada ha perdido su policromía y articulaciones
Pasamos ahora a los santos de la parte de abajo del retablo
San Juan Bautista, patrón de la Capilla, también fácil de identificar en su iconografía, con el Cordero a sus pies
Este sí es sin lugar a dudas San Antonio Abad o San Antón, acompañado de la jabalina que siempre le acompañó, defendiéndole de alimañas, después de que el santo curase a sus crías ciegas. En algunas representaciones, como esta, la jabalina tiene más pinta de cerdita doméstica que de animal salvaje. Dado que su festividad es el 17 de enero, es conocido en la zona como Santo Antón de Xineiro y Pepe El Ferreiro le dedica el artículo Ídolos e idolatría en su entrada de blog del día 25-12-2016:
"Había una vez en un templo una vetusta imagen muy deteriorada. El santo en ella representado era Santo Antón de Xineiro. La polilla y el raído esmalte o su inexistente policromía, había hecho mella en la que debiera ser su cualidad como representante de aquel santo patrón. El día 17 de enero, festividad y bendición de los animales, el clérigo en la misa enumeró en su homilía todos aquellos desperfectos, y los muchos milagros que Santo Antón hacía con sus protegidos. Como el lamento se hacía todos los años, era patético el disgusto de aquel mosén. Un iconoclasta ferreiro lo escuchaba sin mucho convencimiento, pero no aceptaba de buen grado sus quejas. Decidió acabar con la penuria y para ello ofreció al cura la madera necesaria para la nueva talla del Santo, porque, aunque hereje, al menos así cambiaría el sermón del sacerdote. Hacía muchos años que en su huerta había cortado un peral bravo o sin injertos y como su madera era la indicada para tal fin, y sobraba mucha de la reservada para la relleira del pesebre de los bueyes, le daría a la Iglesia aquélla que por sus dimensiones permitieran la talla. Así lo hizo, y al año siguiente había en aquel retablo un hermoso santo Antón para curar los animales con su milagreiro recetario. A la salida de misa volvió el párroco a dar las gracias a aquél que había tenido a bien donar el pie del peral. Después de marchar éste, dijo el heterodoxo ferreiro para que lo oyeran los feligreses:
"Santo Antón, Santo Antón
Hermao da relleira del pesebre dos meos bois
Os milagros que tú fagas que m´os colguen dos collois.”
A aquel ferreiro se le puede acusar de irreverente, pero no de idolatra con la madera que había dado como ofrenda. Sus testículos no creo que se alteraran con el peso.
Haxa salú".
Este nos ha resultado más difícil de identificar, tal vez San Juan de la Cruz. En el Museo sin duda lo sabrán mejor. Entre diversos objetos y estampas tenemos otros dos exvotos: una pierna y un brazo
El Misal o Libro de Misa, correctamente el Misal romano del que nos cuenta así la Wikipedia:
"El Misal romano (en latín, Missale Romanum) es el libro litúrgico de la Iglesia católica que contiene las ceremonias, oraciones y rúbricas para la celebración de la misa en el rito romano.
Se le llama «romano» porque es el oficial del rito romano. Por ello, es el misal de uso más extendido dentro de la Iglesia católica. El mismo consta de tres partes: el Ordinario de la Misa, con las oraciones de cada día; el santoral y las Misas votivas, y Misas de difuntos. Aunque escrito en latín, la lengua oficial de la Iglesia, ha sido aprobado por todas las conferencias episcopales una versión en las lenguas vernáculas.
La edición actual del misal, publicada por el papa Pablo VI en 1970, junto con los demás libros litúrgicos promulgados tras el Concilio Vaticano II, es la única expresión de la lex orandi del rito romano. No obstante, la actual normativa eclesiástica permite autorizar el uso de la liturgia romana anterior bajo ciertas condiciones".
"Antes de calentarla, la masa del pan ácimo se colocaba encima de la plancha y se apretaban las tenazas del objeto, haciendo presión por ambos lados y rebasando el material sobrante por los bordes, mientras se sujetaban las puntas con una anilla. A su vez, las planchas imprimían dos formas grandes y dos pequeñas, las de mayor tamaño destinadas a la comunión del celebrante y las de menor tamaño para los fieles, siguiendo la tradición ya extendida desde el siglo XIV".
"La celebración más importante de la Iglesia Católica es la Eucaristía. Los fieles se reúnen para conmemorar la muerte y resurrección de Jesús a través de la consagración, por parte del sacerdote, del pan como la carne de Jesús y del vino como su sangre. Tiene su origen en la última cena que celebró Jesús con sus discípulos y se celebra desde los primeros tiempos del Cristianismo.
Para el rito de la consagración se utilizan las hostias, hoja redondas y delgadas de pan ácimo o sin levadura. Se hacían en el hostiario o molde de hierro de dos valvas accionadas por una tenaza que solían llevar grabados en una de sus planchas la cruz, el anagrama o Cristo u otros motivos relacionados. Parece ser que su uso está documentado desde el siglo VI o VII. Su elaboración se rodeaba de cierta reverencia y ha estado tradicionalmente vinculado a comunidades religiosas, especialmente de monjas. Sobre las planchas se vertía la masa, que se prensaba y se ponía al fuego hasta que se cocía.
Herramientas similares a esta, pero obviamente sin motivos religiosos, se utilizaban también en la fabricación de las obleas para los barquillos o dulces hechos con una pasta similar pero que incluye además azúcar.
Hoy, en ambos casos, esta delicada elaboración artesanal ha cedido el paso a la fabricación masiva en máquinas".
"La oración universal u oración de los fieles es la oración conclusiva de la Liturgia de la Palabra. Se dice tras la homilía o el Credo (si lo hay) y mediante ella el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por toda la humanidad. La asamblea expresa su súplica o bien con una invocación común, que se pronuncia después de cada intención, o con una oración en silencio.
Esta oración también puede decirse fuera de la misa, en otras acciones litúrgicas y en ejercicios piadosos.
Tiene varias partes: invitación, intenciones, respuesta o silencio y conclusión. Siempre la introduce el sacerdote o diácono y la concluye. Las intenciones las puede leer un lector (hombre o mujer). Si es misa con niños pueden hacerla ellos. En general, con un lector basta. No es recomendable una acumulación de lectores para dar una falseada apariencia de participación. Los lectores deben subir de la nave al presbiterio y tras hacer reverencia al altar se dirigen al sitio dispuesto (puede ser el ambón o mejor otro lugar diferenciado). El sacerdote dirige la oración desde la sede o desde el ambón.
Las características de esta oración son varias:· súplica al Padre
· es oración litúrgica
· participa todo el pueblo
· se pide por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo (de ahí su nombre de universal)
Esta oración tiene un libro propio. El Libro de la Oración de los fieles es uno los libros litúrgicos, que contiene los distintos formularios de la Oración de los fieles para todo el Año litúrgico.
Hay formularios para el Propio del Tiempo, para Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Triduo Pascual y tiempo de Pascua. También el Libro recoge oraciones para el
Propio y Común de los Santos, Misas rituales, difuntos, etc.
Las peticiones pueden prepararse por el equipo de liturgia, siguiendo la normativa al respecto".
Pero a la vez, los sistemas y maquinaria antiguos pervivieron mucho tiempo en determinados lugares y caserías concretas, de ahí el amplio elenco de ruedas de carro del país presentes en este espacio
Estas máquinas transformaron el trabajo de la mallega o trillado del trigo, del que periódicamente se celebra una demostración en el Museo:
"La siembra, recolecta y procesamiento del cereal era una de las actividades en la que más tiempo y energía invertían las familias campesinas. Una vez recolectado el trigo o el centeno, era necesario separar el grano de la paja. Este proceso, denominado mallega (trilla), se realizaba en agosto, tras la siega del cereal y era una actividad que concentraba gran número de personas, siendo motivo de reunión de familias y vecinos y de celebración festiva.
El procedimiento más antiguo consistía en golpear las espigas con un mallo (mayal) y después aventar el grano en cribas, para dejarlo limpio de “polvo y paja”. A comienzos del siglo XX, esta operación se vio facilitada con la incorporación al proceso de las malladoras (trilladoras) y las aventadoras mecánicas.
A través de la Asociación de Amigos tendremos la oportunidad de ver en funcionamiento estas, en su momento, innovadoras máquinas, en el eira (era) del Museo, recuperando uno de los trabajos fundamentales para el sostenimiento de la casa tradicional".
Ruedas más pequeñas, de arados, sembradoras y maquinaria similar, unos de madera y de hierro forjado y otros de acero, ya por tanto producción de industrias siderúrgicas
Siguiendo el circuito, nosotros vamos ahora a A Casoa, para ver todas sus dependencias
A CASOAANO 1999
Ventana de la izquierda, donde vemos lo que puedan ser dos soles, o el sol y la luna como símbolo de la eternidad, con cara ojos y boca. También dos pequeñas flores de lis justo encima de cada una de las caras, a los lados de la ventana, remarcada esta por trazos lineales rectos en jambas y dintel
Lo mismo pasa con las marcas de algunos productos, algunas continúan existiendo, otras no
Esta es una pieza que sí es posible que muchos desconozcan, se trata de unos calienta-pinzas para hacer la permanente. Habla de esta pieza en su blog Pepe El Ferreiro en esta entrada del 4-12-2009 titulada Descubrimiento:
"Hace aproximadamente veinte años, y en uno de esos viajes a donde comienza Somiedo y termina Belmonte de Miranda, me encontré en casa de Lolo, en Aguasmestas, el calienta pinzas de hacer la permanente. Allí lo tenía Evangelina, en una esquina de la entrada a su bar-tienda, como un elemento decorativo. A pesar que tenía la tapa bajada, vino a mi memoria aquel artilugio que de niño había visto en la peluquería de Leonor, en Grandas de Salime.
No podría asegurarlo, pero desde luego aquello se parecía mucho a aquel vago recuerdo de la niñez. Es caso es que al levantar aquella cubierta, quedó ante mis ojos algo que me resultaba tan conocido, que no daba lugar a la duda. Manuel Menéndez Hidalgo y su esposa me informaron que había sido de Carmina, hermana del citado y que había ejercido ésta de peluquera, y era la causa por la que se encontraba en su casa. Tiempo después la adquirí, y hoy se puede ver en el Museo Etnográfico de Grandas.
Como se haría largo contar la historia de las otras piezas, que acompañan en la peluquería, a esta “Eva Española”, y servían también para rizar y ondular los tupés, que debían dar gracia al peinado. Digamos que se trata de pinzas que son calentadas en infernillos de alcohol y algunas eléctricas.
Hoy que forma parte el conjunto de la muestra, carece de importancia su adquisición, pero en su día fueron significativos y transcendentales los hallazgos; que es posible no perduraran en el tiempo si no fuera esta circunstancia.
Espero no haberles aburrido con mis ilusionantes recuerdos, que se materializaron con el paso del tiempo. Lo de dar vueltas al buche, tirabuzón, caracolillo o rizo es defecto. También tienen otro nombre la falta. ¡Y basta ya!
Haxa salú"
Hoy: permanente estética titula Pepe El Ferreiro esta entrada en su blog a fecha 3-12-2009:
"Una vecina mía cuando le preguntaron la edad dijo que tenía sesenta y trece. Yo tengo sesenta más siete, y vi crecer las plantas después de crecidas, les contaré una de esas mutaciones que se operan en la sociedad.
Lo que ayer era signo de belleza, hoy no lo es. El cabello rizado, ondulado o simplemente agraciado, era un don. Era un distintivo de belleza física importante. Tanto es así, que se pagaba por rizarlo. Hoy, ¡para rizar el rizo! y demostrar la levedad de los imperativos de la moda, se “desriza”. Todo tipo de publicidad nos informa de los pasos y métodos a seguir, para que el pelo “luzca” lacio. Creo que hay hasta un sistema nipón que lo deja perfecto, hirsuto como el de la cabra. Además también es caro; como lo era hace sesenta… o más, hacerse la permanente. Esta consistía en lo inverso al sistema japonés. Con unos bigudíes de madera, unas papelinas impregnadas de cierto producto químico y unas pesadas pinzas, previamente calentadas en un aparato especial para tal fin, se lograba un ensortijado perfecto. Había dos tipos de enrizado: la susodicha “permanente” y el “caracolillo”. Es de suponer que de estos tipos de rizado hubiera ciertas diferencias; sobre todo en el precio. Por mi corta edad, no puedo dar información de cuál era más estético. Lo que sí recuerdo de aquellos tiempos era la canción que decía:
Te has puesto la permanente
creyendo que te casabas,
te pondrás esa y otra
y te quedarás donde estabas.
Con la permanente y el caracolillo,
se te ha llenado la cabeza toda de piojillo
La culpa la tuvo tu madre
por darle las veinte pesetas
más le valiera darle los cuartos
para comprarse unas medias.
Esta canción suelo cantarla a los visitantes que se interesan por el aparato calienta pinzas; de la que se puede deducir el costo de tan artístico peinado. Lo que sí recuerdo, cuando niño, oír la crítica que se hacia a la emperifolladas damiselas, que se rizaban el cabello imitando a las razas más puras africanas. Esto tampoco debe extrañarnos tanto, porque en la actualidad hay tendencia hacia lo mulato; y para lograr ese color se exponen al sol, cuan campesinas extremeñas, obligadas por las circunstancias. Se hacía el reproche de aquel peinado, porque las señoritas que se habían sometido al embellecimiento de sus guedejas, con rizados mechones, cuidaban que el elevado costo fuera rentable, evitando su deterioro. Por cierto, el celo que se ponía en ese cuidado consistía en eludir el lavado de sus cabelleras; y he aquí que aquella falta de aseo, convirtiera sus cabezas en un confortable habitáculo para cáncanos o piojos y sus blancas liendres. Esto dio pie al estribillo de la canción.
Cómo conseguí este aparato lo contaré otro día para ser permanente.
Haxa salú"
Calendario de 1947 de Laboratorios Bouzo, la célebre Farmacia José Antonio Bouzo Villar de Ourense (Galicia), que suministraba
"Hay quien dice que el papel higiénico comúnmente conocido como El Elefante en la España de los 60-70 era puritita mentira. Primero, porque no se llamaba El Elefante sino Patentado, nada que ver, lo que pasa que un icónico elefante rojo sobre celofán amarillo que envolvía el rollo quiso que todo el mundo lo llamase así. Segundo, porque en el envoltorio ponía que eran 400 hojas y aquella tira eterna de papel no venía cortada, vamos, que era un Din A4 y arrégleselas el usuario como buenamente pueda. Tercero: la cuestión higiénica. Resulta que el celofán amarillo, uno de sus distintivos, cubría el contorno pero no la parte superior ni inferior del rollo, con lo cual, lo de la higiene…
Pero los que usaron este papel sobre todo lo recuerdan por una cosa: más que un elemento destinado a la limpieza de las zonas íntimas, aquello parecía papel de lija que bien podía utilizarse para limar las asperezas de un bloque de madera. Tenía dos partes: una era mate y rasposa (lo de la lija que decíamos) y la otra era satinada, así que ni la una ni la otra eran convenientes si uno tenía delicada esa parte del cuerpo.
El papel higiénico se popularizó tras la II Guerra Mundial, hasta entonces se consideraba un producto de lujo solo al alcance de las clases pudientes. ¿Con qué se limpiaba el común de los mortales hasta su llegada? Pues con páginas de papel de periódico cortadas a tamaño de media cuartilla porque sí, el periódico ha tenido otros usos aparte del de informar (o desinformar) y envolver bocatas.
Lo cierto es que en cuanto a suavidad, el famoso El Elefante no distaba mucho de las páginas de periódico, la ventaja eso sí es que no soltaba tinta. Lo fabricó la empresa Papelera Española y se vendía por unidades, nada de paquetes de 6 o 12 rollos, no estaba la economía para dispendios. En España empezó a comercializarse en la década de los cincuenta.
El caso es que como era el único del mercado, sin competencia, este papel se popularizó rápidamente pero en poco tiempo surgieron otras alternativas, igual de ásperas, pero que quisieron utilizar sus elementos distintivos para conseguir el mismo éxito. Y así surgió el papel El Hipopótamo que era una copia del anterior: paquidermo rojo, celofán amarillo y una extensión de 400 hojas que tampoco venían cortadas. El público se confundía entre ambos y lo compraba pensando que se trataba de El Elefante. Pero la inspiración animalística no acabó ahí, ni mucho menos: la empresa Papelera de Jaén lanzaría el papel El Brontops, un animal mitad elefante mitad rinoceronte ya extinguido aunque los que lo conocieron dicen que el dibujante no se esmeró mucho y aquello parecía cualquier cosa. Los colores seguían siendo los mismos, rojos sobre fondo amarillo.
Después llegarían La Cebra, El Ciervo, El Tigre, La Pantera, El Mirlo, El Avestruz, El Coyote… Nunca hubo en este país tanta marca de papel higiénico inspirada en la fauna. Con el desarrollo los nombres empezaron a ser diferentes y aparecieron La Amapola, El Enanito, Ideal, La Pajarita..
Como el ser humano es singular, hay quien colecciona rollos de papel higiénico El Elefante que puede encontrarse en plataformas de subastas. Sin tener precios lujosos (aunque sí mucho más elevados que el que tenía cuando salió a la venta), los rollos se ofrecen por entre 6 y 20 euros. La nostalgia, ya se sabe, también es negocio".
Listas de precios de una barbería y diversos documentos relacionados con esta actividad
Y no nos olvidemos de los sillones, no tan diferentes a los de hoy en día, sobre todo en las barberías o peluquerías de estilo más vintage. La primera silla reclinable con reposapiés se patentó en 1878 y en 1900 apareció el modelo que, con sus lógicas transformaciones, marcas, modelos y materiales, sigue empleándose en nuestros días
"La barbería o el sutil arte de "esculpir" el cabello es uno de los oficios más antiguos del mundo. No en la forma que conoces hoy pero casi. En las sociedades paleolíticas primitivas aquellos que cortaban o modelaban el cabello eran las personas de más alto rango en la tribu. En la cultura egipcia los barberos eran muy respetados y eran los encargados de afeitar todo el cuerpo a los sacerdotes del faraón, ritual que se repetía cada 3 días. Esta claro que el barbero no sería quien es sino fuera por sus manos pero para ello también se necesita rodear de un buen instrumental y en este post vamos a hablar de uno de los más característicos y estéticos, el sillón de barbero.
Los barberos de antes ejercían de barberos, dentistas y cirujanos menores(Hasta su prohibición) y para ello usaban sillas de madera adecuadas a sus necesidades pero no fue hasta alrededor de 1850 cuando se empiezan a incorporar las mejoras que han dado forma al sillón que hoy día conocemos.
En 1878 se patenta la primera silla reclinable con reposapíes por la empresa "Archer Company" de Saint Louis. Le siguió rápidamente una silla que se subía mecánicamente. Eugene Berninghaus de Cincinnati mejoró el diseño de Archer y presentó la primera silla giratoria con reclinable, el Paragon. Años antes, en 1871 se forma la empresa "Koch. Company" en Chicago y más tarde incorpora todas estas innovaciones en su silla mejorando los diseños de "Archer company" y "Berninghaus Co" logrando alcanzar una couta de ventas de más 35.000 sillas en el periodo anterior a 1885. Los productos de "Koch" eran de primera calidad prueba de ello es que algunos han llegado en optimas condiciones hasta nuestros días y son muy demandados. No se limitaron a la venta de sillones pues también distribuían espejos, postes, taburetes y puestos de limpieza. En 1897, Samuel Kline de "Kline Chair Company" patentó una silla. En 1905 presento una demanda por violación de patentes contra Theodore Koch pero fue anulada. Un año antes presentó una patente para una "silla ajustable" que le fue concedida en 1907.
Todas estas innovaciones cambiaron radicalmente el mercado. Pasaron de una silla de madera a una silla que se reclinaba y que se podía subir haciendo girar el sillón hacía un lado para ajustar al cliente a nuestra altura, para bajarlo no había más que hacerlo girar en sentido contrario.
En 1900 llega el sillón que revoluciono las sillas de barbero y hasta nuestros días se sigue usando este sistema aunque con algunas modificaciones. Ernest Koken, un inmigrante alemán que ya a sus 19 años años destacaba por su buena reputación, creó una silla hidráulica que funcionaba sin necesidad de tener que hacer girar el sillón, simplemente usando un "joystick de palanca lateral" que más tarde patento y que permitía a un barbero controlar las funciones mecánicas del sillón. Durante años esta empresa fue lider indiscutible del mercado ya que suministraba a las barberías cepillos, maquinas de corte, tijeras y mucho más. El edificio que albergo a esta empresa aún sigue en pie en estos días y esta ubicado en Saint Louis.
A finales de los años 50, la industria americana de las sillas de barbero vendían 10.000 sillas al año para las más de 100.000 barberías que habían en EEUU. Con sede en Chicago, "Emil J.Paidar company" era el fabricante lider de sillas de barbero a finales de los 50 con una versión similar a los sillones Koken. A partir de de 1956, llego al mercado americano la empresa "Takara belmont Company" y comenzó a importar duplicados casi exactos de Paidar un 20% o un 30 % más barato. La empresa "Koken" que estaba a cargo del hijo "Ernest Koken" se declaro en quiebra y fue adquirida por "Takara Belmont". De esta manera "Takara Belmont" adquirió el edificio Koken y el equipo de producción en Saint Loius y en 1969 adquirió el nombre de Koken , toda su marca y sus patentes y en 1970 esta empresa tenía el 70% del mercado de EEUU superando a "Paidar" que antes tenía la misma cantidad. Poco a poco las ventas fueron bajando y años después la empresa "Paidar" acabó anunciando que estaban en quiebra lo que dejo a"Takara Belmont" lider indiscutible del mercado hasta nuestros días. La estrategia de esta empresa funciono bien, importaban los sillones a un costo más barato siendo muy parecidos en calidades a los de las demás compañías lo que disparó sus ventas y provoco que todas las demás compañías acabaran en quiebra o compradas por "Belmont". Años después ampliaron su producción y ahora fabrican sillones para clínicas dentales, medicas y utensilios de peluquería. En 2011 sacaron una versión actual del sillón koken original llamada "Legacy 90" con precios que van desde los 4500€ hasta los 6000€. (...)
Poco a poco se fue perdiendo el estilo de "barbería con un sillón" debido a que el mercado bajo. En aquel entonces los hombres adoptaron estilos más femeninos como "looks" con el pelo largo y modernos. Se comenta por varias paginas que en los años 60 decayó el negocio por culpa de los "beatles" ya que ellos lucían sus melenas y los hombres buscaban más hacerse peinados que cortes de pelo lo que conllevo que la peluquería unisex ganara mucho mercado. El modelo de barbería con más sillones y más personal se extendió más debido a que salía más rentable y generaba más ganancias. También bajo el mercado de afeitados debido a la introducción de cuchillas de uso domestico. La empresa "Gillete" revoluciono el mercado con sus cuchillas y hasta nuestro días sigue siendo líder en el mercado. Hoy en día multitud de marcas fabrican sillones pero ahora se enfocan más a estilo moderno, sin reclinable, sin hidráulico, etc aunque aún es posible encontrar modelos de sillón enfocados a barberías con diseños que a mi personalmente no me llaman mucho la atención.
Desde hace un tiempo se esta empezando a recuperar el estilo del barbero y poco a poco va resurgiendo el movimiento antiguo. La gente demanda afeitados clásicos, cortes más de los años 30/40 y 50 lo que lleva a un aumento de la compra de sillones antiguos ya que muchos profesionales del sector quieren costumizar sus negocios dándole un estilo más vintage.
Mi opinión al respecto de los sillones es la siguiente. Si un sillón que tiene 100 años, restaurado y operativo sigue funcionando a día de hoy y un sillón que compras en estos días no dura ni 2/3 años es que algo falla. ¿Cada día se fabrican peor las cosas? a mi o opinión así es, mi experiencia así lo demuestra. Hace 3 años compre unos sillones muy buenos decían(2600€ cada uno), Diseño al gusto, tapizado al gusto y muy resistente. Le he daño mucha batalla no os voy a engañar pero en los últimos meses me han dado muchos problemas. Si por el mismo precio pongo un sillón antiguo con el respectivo cache que eso da, sin dudarlo me voy a lo antiguo. Esta es mi humilde opinión".
"Hubo un tiempo en que había en Grandas de Salime cinco sastres, en el momento actual no queda ninguno. Tenían todos estos hombres tijera, escuadras, reglas y todo lo necesario para cortar y coser. Las reglas no debían de ser iguales para todos, porque por regla general, unos trajes sentaban bien y otros regular; el caso es que todos cosían y cortaban, posiblemente, por el trazo de la tiza. Los patrones sí eran, creo, muy parecidos, pero claro, el patrón o joven al que le hacían el traje no era igual, aunque el género fuera el mismo. Quiero decir el género masculino; porque el género de los trajes no era ni parecido, que se diga.
Había trajes que temblaban al estornudar, otros que si la hombrera, que si el tiro de entrepierna molestaba a la derecha, que si al otro lado, a la izquierda, ¡en fin, trajes para todos! (igual que el café) pero que todos gastaban a disgusto su género de fábrica. Lo mismo va a ocurrir con el retal del Occidente Asturiano, que alguien quiere cortar al estilo del Continente africano; que me pareció siempre una aberración, urdida por los imperialistas que ocuparon esas tierras.
Expongo aquí el caso de los sastres como ejemplo del mal hacer, y que en este caso va dirigida la crítica a Dn. Aladino Fernández, geógrafo de profesión; el cual merece una reprimenda por su ligereza al publicar en la Nueva España del lunes 8 de octubre, el artículo “La reorganización territorial ante la crisis”.
Lo primero Sr. Geógrafo, es comprobar sobre el terreno su realidad geográfica, orográfica, social etc., cosa que dudo hiciera Usted. ¿O es qué acaso cree que Grandas de Salime o Ibias pueden ser capitales de un ayuntamiento junto con Degaña? Claro que, a lo mejor, el territorio por el que discurre la carretera en la zona de Galicia, cuenta Usted ya con la secesión, porque casi parece tierra de nadie, al igual que las citadas anteriormente. ¡Ah!, y estudie también dónde integrar la parroquia de los Coutos, porque creo que el embalse sobre el Navia, impide a los habitantes, que no saben nadar, cruzar hacia su capital, San Antolín.
Soy, creo, lo suficiente consciente para no dar consejos a nadie; pero, al igual que un geógrafo lanza un globo sonda para ver la reacción de los ciudadanos, este ferreiro puede decir lo que le parece, y “cortarle un traje a medida”, a este geógrafo que nos da su “visión” con gafas de madera.
Estoy plenamente de acuerdo con un nueva reorganización, pues en este sacrificado occidente, dejando al sur Ibias y Degaña, se crea un solo concejo con Grandas, Pesoz, una parte de Allande, San Matín de Oscos y un pueblos de Illano, dejando al norte Vegadeo, Villanueva y Santalla de Oscos, Taramundi etc.., porque los de la costa ya los integraron. Esto da lugar a que, contando los cinco concejos, unos completos y otros parcialmente, se sumen con ello mil quinientos habitantes, aproximadamente. No es que el número sea excesivo, pero esto es lo que hay. Lo que sí se puede llevar a cabo, para ser equitativos, y geográficamente, situar la administración en un punto más o menos equidistante para todos; en este caso ese lugar podía ser Pesoz. Pero aquí empezaran los gritos en el cielo, las voces discrepantes y, entonces, habría que llevarlo un poco más lejos, por ejemplo a Villarmarzo. Así el chovinismo paleto de los localismos queda desleído y neutralizado el poder consistorial; porque, como dijo Ortega y Gasset hace más de un siglo: “el particularismo es aquel estado de espíritu en que creemos no tener por qué contar con los demás. Unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, otras por excesivo menosprecio…”. Osease, seguimos siendo “invertebrados”, con masa cerebral nula. ¡Hay de aquél que haga mudar las cosas! ¡Las masas lo asediarán!
Haxa salú".
"Son dos los tipos de confección que se trabajan en los talleres de sastrería, el oficio dedicado a la confección de trajes masculinos: el denominado 'bespoke', traje a la medida exacta de un cliente partiendo desde cero, y el llamado 'made to measure', que adapta un diseño existente a las medidas del cliente. La sastrería, de uno u otro tipo, vivió momentos de esplendor en la segunda mitad del siglo pasado. Había al menos un centenar repartidas por Asturias. «Era una costumbre, casi un ceremonial de entrada en la edad adulta, visitar al sastre y hacerse el primer traje». Así lo cuenta Javi Amador, titular de la conocida sastrería Boutique Juan, en Gijón, que no recuerda sus inicios con la aguja porque salía del colegio y corría al taller de su padre a enredar o a echar una mano como sastre piecero o sastrecillo, cuando contaba con ocho o diez años. Juan Amador, su padre, fue un sastre emblemático de Gijón que vistió a la plantilla del Sporting, a la policía municipal y a innumerables gijoneses. Eran buenos tiempos. A las jubilaciones de los profesionales clásicos vino a unirse la crisis, que mermó los presupuestos y el personal de los talleres. El desconocimiento del trabajo artesanal por parte del cliente actual, la creencia de que el traje era antiguo y aburrido y la masificación brutal del 'low cost' hicieron el resto. La sastrería es hoy negocio de unos pocos. Se siguen cosiendo en la Boutique Juan trajes de los de calle, pero los destinados a ceremonias suponen la mayor fuente de encargos. La estrella es el chaqué -que viene más corto y redondeado-, fundamentalmente para novios y testigos. Y escalando posiciones, el esmoquin. «Lo bueno que tiene la clientela que encarga trajes a medida es que sabe lo que quiere y aprecia el resultado», cuenta.
En Oviedo, al frente de la sastrería de su mismo nombre, se encuentra Plácido Iglesias, que continúa siendo el sastre más joven de la provincia, bien entrado en la cuarentena. Y está deseando pasar el testigo de ese título mientras atiende el trasiego de un taller que echa humo. Ayer se celebraron en Oviedo unos encuentros para profesionales del sector y seguidores de la sastrería organizadas y moderadas por el propio Iglesias, donde se trataron diferentes aspectos de la sastrería desde el punto de vista histórico, profesional y del usuario, con gran éxito de público. Entre los ponentes, Lucía Serrano (de Sastrería Serna), una de las pocas sastras que trabajan en España, haciendo visible a la mujer en los probadores, circunstancia impensable en otros tiempos. Y solo de visibilización se trata: el 70% por ciento del personal del taller fue siempre femenino.
Plácido Iglesias es sastre por herencia y a los dieciocho años decidió 'probar' en el negocio familiar. Empezó con cinco años intensivos de taller y, ya como maestro sastre artesano, continúa probando a diario, pero trajes a sus clientes. Especialista en 'bespoke', recibe encargos de todo tipo y con la discreción propia de la profesión cuenta de un frac de gira para un director de orquesta, de una sotana que se luce en Lourdes y de unos cuantos chaqués y tuxedos en provincias y el extranjero.
Coincide con Amador en que el esmoquin de fantasía está en auge. Y en que quizá el firmamento futbolístico tenga su responsabilidad: «Son los ídolos de hoy». El deseo de Iglesias y su «obligación» es que «el cliente, cuando se mire en el espejo, vea el reflejo de sí mismo». Y para eso hace falta conversar con él para seleccionar un tejido, color y forma adecuada, además de 50 horas de trabajo artesanal adaptado a la necesidad y morfología del cliente. Esa personalización pasa por la elección de silueta, solapas, botones, forros, largo de pernera, bolsillos... Y hasta forros lisos o estampados en todo tipo de motivos, incluidas las calaveras, que aquí el clasicismo se combina con el rock and roll si es preciso.
Hasta el más mínimo detalle tiene en sastrería su explicación. Y para muestra un botón, o varios, como los que lleva la abotonadura en la bocamanga de las americanas, una solución que facilitaba el trabajo cuando quitarse la chaqueta no era una opción. Hasta el bolsillo 'ticket pocket' o cerillero, que para tales fines se sumaba a los dos tradicionales de la parte delantera. A día de hoy, cuentan, está a la baja el bolsillo interior para la pluma y gana enteros el dedicado al teléfono móvil. Porque la sastrería está sujeta a modas, que es lo que la mantiene viva y la convierte en elemento cultural. «Y es sostenible, pues un traje dura diez años, frente a la obsolescencia programada de otras opciones», explica Iglesias.
Hay dos marcadas tendencias dentro de la sastrería: la británica, santo y seña del clasicismo, y la italiana, que abre el abanico a la fantasía en cuanto a tejidos y colorido. A medio camino entre Saville Road y el estilo napolitano está el modo de hacer español, que aguarda su relevo generacional en Asturias, pero empieza a reflorecer en las grandes capitales. Un sector sin desempleo que necesita nuevos profesionales. Un trabajo artesano que trata de hacer al individuo único en su vestimenta. Y ser único es la única solución a la globalización estética".
"Una de las calles principales de Nava, por donde hasta hace unos años transcurría la autopista desde el centro de Asturias hacia Infiesto, Llanes o Santander. Ahora es casi una vía muerta en las tardes de invierno entresemana, desangelada y oscura, con bares y comercios vacíos. Entramos a uno de ellos guiados por el dandi, ensayista e historiador de la elegancia masculina Michel Suárez (Pola de Siero, 1971). Es una tienda de ropa de pueblo de ambiente vintage, que dirían los modernos, con moqueta granate y las paredes forradas de terciopelo verde aceituna. Pero no es a esto a lo que venimos. Suárez anda por aquí como por casa. Nos guía hasta detrás de la caja y abre una puerta en la esquina del fondo del local:
—Bienvenidos a la máquina del tiempo.
Lo que encontramos al otro lado es una estancia con suelo de baldosas, paredes blancas y ventanas enrejadas con vistas a un patio interior. Allí trabajan los gemelos Aurelio e Ignacio Campal-nacidos en Bimenes, hijos de un minero del Pozo Solvay- inclinados sobre unas mesas de madera lisa y reluciente, afanándose con sus vetustas máquinas de coser-“esta la usamos solo para remayar”– y pesados tijerones de acero. Para Míchel son simplemente “los maestros”.
“A nuestro padre no le gustaba que fuéramos para la mina, porque de aquella enfermaba y era peligrosa”, cuenta Ignacio. Él les compró su primera máquina de coser para que aprendieran el oficio en el año 65, “cuando éramos críos”. Ahí sigue la máquina sobre una de las mesas del taller: “Hace ya más de cincuenta años que no se fabrican, pero hay uno en Oviedo que las arregla”.
“Aprendimos con un sastre de Bimenes, que entonces tenía tres o cuatro sastres por lo menos”, rememora Aurelio, “de aquella había en todos los sitios porque toda la ropa se hacía en sastrería, no como hoy día”. Una vez adquiridos los rudimentos del trabajo alquilaron este local en Nava, donde llevan trabajando desde 1976. Por entonces tenían competencia en el pueblo: “Había dos sastres, y alguno que venía de fuera los sábados, cuando había mercado”. Hoy no es que no tengan competencia en Nava, es que no la tienen en toda Asturias. “La lucha de las máquinas contra las oficios”, como la caracteriza Suárez, la van ganando de largo las primeras.
“Aquí el trabajo ye muy manual”, explica Ignacio, “la máquina usesla para hacer la costura, porque nun tendría sentido hacerla a mano. La máquina en realidad ya usábase cuando empezamos, todo a mano tampoco era, pero usábase muy acompañada”. Prescindir de la máquina para hacer un trabajo manual y a medida conlleva tiempo: “El horario nuestro ye diferente de 8 horas, echamos más. Ye difícil de contabilizar, pero solemos estar aquí desde las 6 de la mañana”.
Hacer una chaqueta completa, por ejemplo, son sobre “40 y algo de horas”, estima Ignacio, mientras que en fábrica se despachan en pocos minutos. Michel me hace fijarme en el dobladillo de las solapas de una chaqueta: “En las prendas industriales, esto lleva un pegamento y, con un termofijado, se hace el pegado en cinco segundos. Ellos tardan tres horas en coserlo a mano. Es radicalmente antieconómico”. Y tal vez por eso sea tan bello y distinguido.
Aunque tiene también su cuota de sufrimientos: el dolor de cuello por las largas horas encorvados sobre las telas, o los problemas de vista tras décadas cosiendo y enhebrando agujas. Pero se dedican a ello con gusto y un alto sentido del deber hacia sus creaciones: “A mí me han dicho en alguna ocasión que no pueden dormir si saben que hay una arruga o un dobladillo mal hecho en una de sus prendas”, dice Michel. Es casi devoción monástica por un oficio que se desempeña en silencio, solo interrumpido cuando un cliente entra a la tienda y, contrariados, tienen que dejar el trabajo para atenderlo: “Te fastidia que piquen”, reconocen, “porque ya estás en una marcha. Cuando estamos solos nos turnamos para salir una vez cada uno”.
Ahora casi nunca están solos. Además de Ignacio y de Aurelio, en otra de las mesas trabaja José Ignacio Campal, el hijo treintañero de Ignacio que, tras graduarse en Económicas, se metió al taller para continuar la tradición: “Porque ye lo de casa, sino no creo yo que hubiese llegado a esto. El trabajo ye desconocido para los de mi edad, y yo lo aprendí aquí, como antes, de mi padre”. No se libró de la bronca al bajar al taller, como cuenta su padre: “Bronca lo mismo del tío que del padre, porque ye un trabajo duro, esclavo y muy sacrificado para lo que te da”.
También es parte fundamental del negocio Vidalina, la esposa de Ignacio, y su hija Mayra. Se ocupa, como ella dice, “de todo lo mundano, que alguien lo tiene que hacer. Ir al banco y todas esas cosas”. “Ella es el alma del taller”, confirma Michel, “la que se encarga de cobrar y ese tipo de cosas, porque a los maestros no les gusta tratar de dinero. Y es cierto que gran parte del peso de estos oficios recaía sobre la mujer”
“Esto es un reducto medieval”, continúa Suárez, “padre, madre, hijo, hija, tío…Muy pocos oficios hay en España en el que se tenga a un hijo aprendiendo en el taller. En sastrería, al menos, yo no conozco ningún caso así, con esta transmisión del saber entre generaciones”.
“Antes”, este es un adverbio que aparece mucho en la conversación con los hermanos Campal, “en sastrería se trabajaba todo. Hoy en día, no. Viene gente de Oviedo, de La Pola, de La Felguera incluso”. Los encargos son sobre todo chaqués y trajes completos para bodas, “y alguno queda que trabaja de oficina y va de corbata, pero cada vez menos”. Aunque, puntualiza Michel, el paisanaje de la tienda es muy variado: “Puede venir por aquí un tratante de ganado con un fajo de billetes para hacerse un pantalón de mahón”.
Pasaron años difíciles, con una clientela menguante, pero en los últimos tiempos “subió un poco otra vez”. En cualquier caso, se trata de un negocio muy golpeado por lo que los Campal llaman “la llegada de los chinos” ¿Y a qué se refieren con eso? “Fue cuando todas las marcas empezaron a llevar la producción a China porque se hacía más barato”, explica Ignacio, “paezme que el golpe empezó cuando Zara, que fue la primera que empezó a hacer allí para traerlo aquí. Igual hai treinta años de eso, hacia el 90”.
Es un modelo de producción a gran escala, totalmente mecanizada, con uso extensivo de mano de obra y materiales baratos: “Eso ye otro mundo, nada que ver con lo nuestro”, dice Aurelio. “Por ejemplo”, prosigue, “esos trajes son de tela sintética, que no tienen nada que ver con una lana como esta”, y me invita a tocar. “Esas telas pueden valer a 1 o 2 euros el metro, y estas, una buena, puede costar 95 o 100 euros. Y después los forros, la mano de obra…Igual pueden hacer un traje en una hora, muy guapamente. Ye otro mundo totalmente distinto”.
Eso se nota en el precio. En El Corte Inglés de Pola de Siero se puede comprar un traje completo por menos de 100 euros, mientras que uno confeccionado en el taller de los Campal puede andar cerca de los 1000. “Y la gente se queja, que sois unos ladrones y tal…ye que no da”, lamenta uno de los hermanos. “Pero es que esto es artesano”, defiende José Ignacio, “aquí viene el cliente y se le hace pa él na más”
¿Y hay clientes dispuestos a pagar el precio, o es un oficio irremediablemente condenado a la extinción? Los Campal no son tan pesimistas como parecía en un principio: “Pensábamos que iba al exterminio total, pero estos últimos años empezó a resurgir”, dice Ignacio. “A mí paezme que no va a la extinción, que siempre queda alguien que siga el tema”. “Para estar condenado a la extinción”, remata José Ignacio con sorna, “nosotros no salimos de aquí. Hay poca gente que lo pide, pero no hay nadie más que lo haga”. Un razonamiento impecable.
Michel Suárez tiene alrededor de cien corbatas-“casi todas del rastro, de entre 1 y 3 euros”-y un libro con un título de 41 palabras: De re vestiaria: Defensa del saber hacer de los maestros sastres artesanos y el elogio del arte de vestirse para guía y disfrute de elegantes, seguidos de abundantes comentarios críticos sobre su decadencia en la era del narcisismo y las máscaras (Trea, 2023). Poco más que añadir.
“Tiras de un traje y te viene encima toda la condición humana. Es un espejo del mundo, porque vestirse es un acto cotidiano”, reflexiona. El ritmo de consumo actual impone “el querer algo rápido y barato, que se pueda sustituir. Pero esto es un proceso de coproducción, en la que entra mi relación con ellos y con mis trajes. Es una educación del gusto. El capitalismo nos vende todo como una experiencia, como una falsa experiencia, porque es una falsedad. No tienes ninguna experiencia, solo consumes. Venir aquí no tiene nada que ver, porque es fundamental la conversación”.
Como es lógico, “aquí hay dinero, pero es lo menos importante, aunque no vamos a ser demagógicos: un obrero no puede pagar esto”. Dentro de los elevados precios, no obstante, la sastrería de los Campal es de las más económicas: “Les estoy agradecido, porque de no ser por ellos yo no podría haberme hecho ni un chaleco”. El coste, añade, puede quedar compensado por la calidad de la prenda: “La ropa, como todos los objetos, es un lugar de memoria, pero para que haya memoria tiene que haber durabilidad, que es una de las características de las sastrerías. Yo me sigo poniendo trajes de hace quince años, y espero que duren hasta los treinta”.
Para Suárez los hermanos Campal son sin duda “artistas, porque crean formas. El traje es belleza”. Eso se va perdiendo con “la proletarización de los artesanos”, que produce prendas intercambiables y de baja calidad, además de “un despilfarro atroz, que es devastador en términos ecológicos”. En su libro recoge multitud de referencias históricas y artísticas en torno al poderoso simbolismo de la ropa.
“He encontrado muchísimas cartas de fusilados que en su testamento se acuerdan de sus trajes: ¿por qué, en el último halo de tu existencia, te acuerdas de un traje? El mismo Ferrer i Guardia, antes de que le fusilasen, escribió una carta muy indignada quejándose de que no le dejaron cambiarse de traje para el fusilamiento”.
O, por ejemplo, “durante el crack del 29: ves esas imágenes de la gente haciendo fila para una sopa, pero con una dignidad, y tan bien vestidos…Iban a mendigar un mendrugo de pan, sí, pero iban como el Gran Gatsby”.
Y más aún: “Hay referencias en Hannah Arendt, o en Joan Didion, que se preguntan qué hacer con los trajes de su marido o de su padre muerto. Ósip Mandelshtam está deportado en la URSS, y está aferrado a su abrigo, porque podía renunciar a todo menos a su abrigo. Y lo mismo Oscar Wilde, cuando estaba en la cárcel de Reading, que solo pensaba en su abrigo”.
Michel es algo más pesimista que sus maestros, y no oculta que ya está inquieto por si llegase el día de la extinción.
-Y no sé qué será de mí cuando no pueda hacerme un traje de estos".
"Tristemente visionarios, muchos sastres intuyeron la progresiva desaparición de su oficio en los años setenta del pasado siglo, cuando aparecieron en España los pantalones vaqueros. En Asturias eran entonces centenares. Ahora no llegan a media docena, aunque su prestigio hace dudar de la muerte de la profesión.
Como en toda época de profundas transformaciones tecnológicas, la actual fascinación por las conquistas del ingenio humano ha ocultado una cara poco amable del progreso. Los incontestables triunfos de la razón no solo han operado cambios decisivos en las formas de producción, sino también en las comunicaciones y en las costumbres, en los modos de vida y en las percepciones del mundo.
A pesar de que ningún aspecto de la existencia se ha visto libre del incremento de la aceleración y la fluidez propios de la vida moderna, ha sido tal vez en el dominio de los oficios donde estos cambios han hecho mella de una forma más profunda. No se trata de un fenómeno nuevo; en realidad, la crisis del trabajo artesanal constituye una de las consecuencias más relevantes de la Modernidad. Sin embargo, los asombrosos avances producidos en el campo de los transportes, las comunicaciones y la informática han vuelto a sacudir con fuerza el árbol de los oficios. Excepto en rubros tradicionalmente exclusivos, como la peletería, la joyería o la relojería, el curso de la globalización ha polarizado el ámbito artesanal, confinando buena parte de su actividad entre los límites del comercio de lujo y los pasatiempos de aficionados entusiastas.
En el caso del sector textil, la irrupción de las grandes corporaciones ha creado un escenario inquietante para la supervivencia de los maestros sastres artesanos. Y era de esperar: la naturaleza de un taller artesano tiene poco que ver con un modelo de negocio basado en el uso masivo de robots, la supresión de stocks y la externalización de la producción. De forma casi imperceptible, en las últimas décadas hemos asistido a la práctica desaparición de las sastrerías en los pueblos y los barrios populares de las ciudades. Antaño integrantes de un abigarrado paisaje comercial, los sastres han perdido protagonismo frente a una avalancha de ropa industrial para todos los gustos y bolsillos. “En la década de los setenta”, declara Pedro Solís, de Pañerías Aramo, un comercio de Oviedo que ha vinculado su suerte a la de los sastres, “había en Asturias entre trescientos y cuatrocientos maestros en activo; hoy, apenas restan cinco”.
“La llegada de la confección industrial supuso un duro golpe para los sastres de los pueblos”, admiten con melancolía los hermanos Aurelio e Ignacio Campal, dos maestros sastres con 57 años de carrera a sus espaldas, en su taller de la localidad asturiana de Nava. “Resultó imposible competir con ropa barata y de diseño atractivo que carecía de las virtudes de los productos de sastrería, pero permitía adquirir un mayor número de prendas y substituirlas por otras en plazos cada vez más cortos”.
Confrontados a los gigantes del textil y ante la carestía de aprendices vocacionales, un buen número de sastres han echado el cierre sin haber podido transmitir el secreto de su oficio. No es, por cierto, el caso de los Hermanos Campal; desde hace casi cinco años, el hijo de Ignacio, José Ignacio Campal, se aplica en el aprendizaje de las destrezas propias de la sastrería. “Hubiésemos preferido que se dedicase a otra cosa; con toda seguridad, tendrá que enfrentarse a un panorama profesional muy diferente del que nosotros conocimos cuando comenzamos. En todo caso, lo primordial es que aprenda el oficio a fondo y se convierta en un buen sastre. Esa será su mejor garantía para los inciertos tiempos que se avecinan”. Pero el caso de José Ignacio es la excepción que confirma la regla.
Pocos pero consagrados
Interrumpido el flujo de renovación, la escasez de maestros ha ejercido una presión sobre los precios que ha seleccionado de forma natural el público de las sastrerías. En este contexto, un puñado de sastres consagrados ha logrado preservar e incluso ampliar una clientela pudiente. “Nosotros no competimos con la confección industrial. Nuestros clientes procuran prendas exclusivas y de calidad que solo un sastre puede elaborar”, observa Plácido Iglesias, un joven maestro a cargo de la prestigiosa sastrería Plácido en Oviedo, abierta por su padre hace casi cuarenta años. “En realidad, hay un abismo entre lo que ambos ofrecemos”, afirma Plácido, mientras su padre asiente y agrega: “Quien sabe reconocer el trabajo y el esmero que encierran una chaqueta o un pantalón salidos de un taller artesano no suele equivocarse a la hora de decidir. Sabe que son dos productos completamente diferentes”.
Más allá de las diferencias de prestigio y clientela existentes entre los sastres en activo, lo que resulta incuestionable es la merma de efectivos en el sector. Asociados a la presión de las corporaciones, los vaivenes de la moda y los fenómenos de cambio cultural, existen algunos elementos que han influido en este declive. En primer lugar, la vasta gama de prendas y diseños puestos al alcance de un público de masas ha modificado sensiblemente el perfil del comprador. La “moda rápida” ha estimulado un consumo que privilegia la cantidad y la rotación frente a la calidad y la selección. Este proceso, que tuvo su origen en la década de 1970, quebró una tradición a través de la cual los padres transmitían a sus hijos los códigos de vestimenta que habían recibido de sus mayores. Por primera vez, lo joven marcaba la pauta y eran los padres quienes imitaban el estilo desenfadado de los hijos.
En segundo lugar, la comodidad se convirtió en una exigencia que orientó las decisiones de los consumidores. Nada ilustra mejor su importancia que la radicalidad con la que los multimillonarios inquilinos de Silicon Valley han impuesto el dress-down-code. Indiferentes a la carga simbólica de las ropas, los patrones de la industria de la alta tecnología han apostado por una mezcla incongruente de prendas deportivas y utilitarias. “Dentro de poco tiempo, en Europa acabaremos adoptando los códigos de informalidad y eclecticismo de los norteamericanos”, declara con pesar José Ángel Bernabé, un veterano sastre de Pola de Siero. “De confirmarse esa tendencia, los sastres se verán en apuros aún más serios”. “En realidad”, constata Plácido Iglesias hijo, “vestirse es una cuestión de respeto a los demás, pero también de educación del gusto; existe una gran preocupación social por la mejora de la calidad de vida, por la alimentación saludable, etc.. Sin embargo, esa inquietud no se ha trasladado al terreno de las ropas”.
De forma general, los progresos de la informalidad y el paulatino retroceso del traje como opción para el tiempo de ocio han fomentado una percepción ceremonial y rancia de la sastrería. El hecho de que gran parte de los habituales usuarios del traje, profesionales en su inmensa mayoría, se decante habitualmente por cortes rutinarios y de una abrumadora monotonía cromática no ha ayudado a combatir este prejuicio. Como tampoco lo ha hecho el que muchos sastres no hayan sido capaces de renovar las hechuras, los diseños y la paleta de colores, algo que habría podido captar la atención de un púbico potencialmente amplio que no contemplaba la sastrería como una opción.
El sociólogo americano Thorstein Veblen sugirió que los artesanos estaban destinados a ser malos comerciantes; sumergidos en una atmósfera de trabajo que exigía una atención concentrada y desprendimiento, las astucias del mundo exterior tenían que resultarles forzosamente hostiles. Sin embargo, valiéndose de las oportunidades que brindan las redes sociales, algunos jóvenes maestros han insuflado un nuevo aire al oficio; mostrando la enorme versatilidad de la elaboración sartorial, han salido de sus talleres para reivindicar el orgullo de la prenda de calidad, irrepetible y cosida a mano.
Vestirse para la historia
Esta visibilidad ha generado una reacción esperanzadora, especialmente entre jóvenes insatisfechos con la oferta de la confección industrial. Pero conviene no echar las campanas al vuelo. La recesión crónica y el debilitamiento de las clases medias continúan inclinando la sastrería hacia una minoría pudiente y algunos incondicionales dispuestos a realizar sacrificios económicos. Esta es una de las consecuencias inevitables de una civilización de la máquina que no espera por nadie y que ha erosionado un universo artesano estrechamente vinculado a la pericia manual y a grandes dosis de paciencia. Como el arte, por su propia idiosincrasia la artesanía es impermeable a la seducción del progreso. En el taller del sastre han evolucionado los tejidos, las máquinas de coser y las planchas, pero el conjunto de procedimientos que definen esta labor secular permanece, y permanecerá, inmutable.
Aunque titubeante y en transición, no podemos hablar de un oficio desfondado. Los augurios no son excesivamente favorables, pero lo cierto es que la sastrería ha dado señales de renovado vigor en pleno apogeo del consumo indiscriminado, los outlets y las ventas por Internet. Cada día son más los que descubren este minucioso modo de elaborar prendas inimitables que es al mismo tiempo un espacio de encuentro directo entre un artesano y un cliente. “Sería una excelente noticia que este interés se tradujese en más vocaciones y en usuarios más sensibles a las virtudes de lo hecho a mano”, señala José Ángel Bernabé.
Retomar el hilo de esta tradición de oficio, que favorece la comunicación personal en aras de la creación de un producto personalizado, tendría efectos benéficos para nuestra maltrecha memoria colectiva. Nos permitiría preservar formas de maestría artesanal capaces de proporcionar placer estético y utilidad a los hombres de cualquier época. Desperdiciar la fértil experiencia de los maestros que nos precedieron sería un error irreparable que nos condenaría a la insensible perfección de la máquina. Si aspiramos a vestirnos para la historia, como afirma el gran Gay Talese, solo la pericia de un sastre puede sellar el pasaporte para la posteridad".
Pasamos a otra sección de la sastrería. Fijémonos en el aviso Los pagos al contado en el cristal
Una Singer, famosa empresa de máquinas de coser estadounidense fundada en 1851 cuyos productos se extendieron por gran parte del mudo y es una de las marcas más reconocidas en su ámbito. Abajo a la izquierda, cajas de botones
Pasillos, otro elemento de distribución y acceso a espacios y habitaciones de las casas más pudientes que con el tiempo se extendió a todo tipo de hogares
Fijémonos en las flechas para seguir el circuito por A Casoa del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"
Entramos así en la Cocina, elemento que empieza a aparecer en Grandas de Salime a principios del siglo XX procedente de las ciudades
Las cocinas sustituyen a las antiguas lareiras, como la que hemos visto expuesta en la Casa Rectoral, en la primera de estas tres entregas dedicadas al Museo, hasta hacerlas casi desaparecer
"Comúnmente llamadas «chapas», la cocina económica de leña fue muy popular durante las últimas décadas del siglo XIX y buena parte del XX.
Básicamente eran un “todo en uno” y estaban pensadas para todas las necesidades de la casa, incluyendo la calefacción. La combustión se basa en un sistema de ventilación por convección regulado por un tiro en la chimenea y otro ubicado bajo el fuego, un hueco donde caen las brasas y la ceniza, muy importante para regular la ventilación. A la derecha está el horno y debajo una pequeña puerta para la limpieza interior. Lleva encimera de acero con varias arandelas que se pueden quitar dependiendo de la cantidad de fuego que se necesite y del diámetro de los recipientes de la cocina. Muchos modelos disponen de depósito de agua caliente.
Aunque fueron muchos los tipos de cocinas económicas fabricadas, el tipo «Bilbao» fue una de las más comunes.
Fueron fabricadas entre otros, en las fundiciones de Julián de Abando, Sagardui Hijos, Zubiaurre, Barrenechea, Aurrera, Juan Meaza, Coterón, Salgado, Corcho, etc.., que ofertaban una decena de modelos que variaban en tamaño y prestaciones y eran reconocibles por llevar en el frente una placa con el nombre de la fundición y número de modelo Tipo Bilbao. En los 40, adecuándose a la generalización del agua corriente en las viviendas, acoplaron un calderín para surtir de agua caliente a los grifos de fregaderos y cuartos de baño".
Las nuevas cocinas son de hierro fundido y de fabricación industrial y seguirán siendo el centro de reunión y trabajo de las casas y el centro de calor principal, pero transformarán totalmente su aspecto y estructura. Algunos paños de pared se alicatan, los suelos se cubren con baldonas, aparecen los nuevos muebles de cocina y grandes fregaderos y también cambian vajilla y cacharros de cocina procedentes de la industria, no ya de los ferreiros y los carpinteiros locales
Nuevos cacharros de hierro esmaltado procedentes de las fundiciones bilbaínas y asturianas empezaron a llegar a la vez que se implantaban las nuevas cocinas, así como nuevas vajillas de loza, bandejas de acero inoxidable, vasos y recipientes de vidrio, etc. etc. etc. Esta producción industrial en serie sustituyó a la de los artesanos ferreiros, carpinteiros, torneiros y cuqueiros.
Los recipientes de hierro esmaltado eran llamados popularmente de porcelana y, cuando se estropeaban, se arreglaban con remedios caseros como sustituir con hojalata las partes agujereadas o deterioradas, recurriéndose a hojalateros ambulantes. Con el tiempo pudo hacerse en casa con chapas vendidas en las ferreterías para este fin. Aquí tenemos un puchero, una cafetera, una tartera o cazuela y una olla o pota, en la que apreciamos su parte inferior, la que está en contacto con la chapa de la cocina
Nuevos gustos llegaron a estas nuevas cocinas, cubiertas de azulejos y en las que, salvo excepciones, los nuevos cacharros desplazaron a los antiguos, llegando nuevas formas de cocinar y recetas. Compartimos parte de la entrada de blog de Pepe El Ferreiro Ferias de maestros del 18-8-2010:
"... la cocina en un museo está ligada y cohesionada con la nutrición de los miembros de la casa. Comemos los alimentos, cocinados o no, al margen del menaje que exista en la cocina, porque éstos nos sirvieron de medio para prepararlos y eran un referente que evolucionó con pocos cambios, al igual que los guisos. Por lo tanto, su estudio merece la misma atención que la olla, porque antropológicamente es un aspecto más del devenir biológico del hombre.
En el Museo Etnográfico de Grandas de Salime se tenían en cuenta estos aspectos, por eso, en él aparecen también piezas como el bacín, el dompedro, el perico, la bacinilla, la letrina o el retrete, porque comer conduce a excretar lo comido, que como dijo Quevedo: «Caga el rey, el cura y el Papa y sin cagar nadie pasa». Así que nadie se extrañe de que en dicho lugar se traten temas ligados entre sí, que otros ignoran y creen que están dirigiendo un museo. Por eso es conveniente explicarlo aquí, para que se sepa que si los fragmentos de la Campa de Torres estuvieran restaurados, no habría lugar para confundir una vasija para el «garun» con un canto rodado.
Como decía, en el museo se cocinaba, naturalmente. Se mataba el cerdo, se hacían los «roxoes» o fiesta de la matanza. Se cocían los cachelos con tocino, androlla, chorizo y se comía el botelo. Se hacía buen pan, igual se asaba un cordero que un cochinillo. Se celebraba la fiesta de Carnaval haciendo fillolos en la cocina. A estas celebraciones hay que añadir las fiestas del Santo Antón de Xaneiro y la de San Juan. Pero poco hacía falta para que surgieran otras, si un amigo aportaba las viandas y el vino para el ágape. En definitiva, eran actividades tan propias del Museo como hacer una tortilla con los huevos que ponían nuestras gallinas.
La actividad del Museo era tan natural que incluso pretendí recuperar la cocina tradicional. La cocina tal como cocinaban nuestras madres y abuelas, en las que no faltarían los ricos potajes, la carne asada con patatas, el arroz o las patatas con bacalao; además de aquellos suculentos y sencillos postres. La recuperación de la cultura tradicional, que es estrictamente aquella que surgió del desarrollo diario de toda actividad, no tiene que estar ligada a nuevos conceptos teóricos por una falta de visión personal o, lo que puede ser peor, caer en manos de engreídos burócratas con algo que manipular en las costumbres populares.
Y ahora sólo diré algo más: que los maledicientes dejen la estupidez aparcada cuando alguien, sin autoridad, les asigne un puesto, y sin meditar caen en el error de criticar las actuaciones de los demás porque no entienden nada.
Haxa salú".
La mejora de las comunicaciones propició el comercio y, con él, la adquisición de productos procedentes de otros lugares, antes no tan usuales. Grandes carros sustituyeron a las recuas de mulas cuando se abrieron las primeras carreteras y enseguida llegarían los primeros vehículos a motor, transportando gentes y mercancías
Ollas o potas de porcelana (hierro esmaltado), pronto llegarían las de acero inoxidable. Junto con el azulejo, el mármol, por lo general blanco, se hace presente en las cocinas, cosas ambas que siguen vigentes en nuestros días
Grifos y grandes fregaderos se incorporaron a la cocina al llegar el agua corriente, así como muebles de cocina de gran capacidad
Platos y fuentes de porcelana, olla, pasapuré... piezas que seguimos viendo hoy en día, si bien ya algo desplazadas por nuevos modelos y tecnología
Con la llegada del agua corriente a todas las casas, en muchas de ellas los útiles de la colada se incorporaron a la cocina, a veces en un espacio adyacente, el cuarto de lavar
La ropa se secaba también en la casa y no en los prados alrededor del lavadero. Normalmente se tendía al exterior pero si llovía se colgaba en la cocina, aprovechando el calor
Un nuevo elemento se incorpora también, la mesa de cocina. Antaño lo habitual era comer y tertuliar alrededor del fuego de la lareira sentados en asientos corridos de madera (escanos) y sillas de tres patas (tayuelas), también de madera, como vimos en la Casa Rectoral. Con ellas llegaron las correspondientes sillas altas
Se cubrían con hules o manteles comprados en las tiendas, especiales para estas mesas y estampados con dibujos de alimentos vegetales en muchos casos
Nuevas bebidas se incorporan a la dieta, como la gaseosa, la cual gustaba de mezclarse con el vino de mesa para comer. En Grandas de Salime, como en tantos lugares se fundó una fábrica propia, La Grandalesa, a la que pertenece la botella de la izquierda. Si bien las aguas carbonatadas ya existían de antiguo, se dice que la costumbre de echarla al vino procede de latitudes más sureñas, como manera de combatir el calor, existiendo diferentes versiones del asunto. Compartimos la explicación que nos ofrece la web Vinetur:
"Como ocurre con muchas historias del acervo popular, el origen del vino con gaseosa cuenta con múltiples versiones. Pero hay una de estas historias que parece haberse erigido como la verdadera. Cuenta que en Córdoba, en la carretera del Brillante, existía una venta en la que hacer una parada en el camino, la Venta de Vargas. Allí, paraban los viajeros para degustar esta combinación de vino con gaseosa y paliar así el calor del verano cordobés. Una curiosa variación de esta historia es que el vino era de Valdepeñas, por lo que los parroquianos de la venta pedían un “Val-gas” que derivó en Valgas".
Un cobertizo alberga otra colección realmente interesante relacionada con lo que acabamos de ver
"Las aguas carbonatadas efervescentes eran apreciadas desde antiguo por sus propiedades benéficas. Los modernos refrescos tuvieron su origen en las farmacias, donde los boticarios preparaban sus propias bebidas como remedio para aliviar la acidez o los malestares estomacales. La creciente demanda de estos productos y los avances en las técnicas de carbonatación y de encorchado propiciaron el inicio de la producción industrial. Durante años, las fábricas tuvieron una implantación eminentemente local, hasta el punto de que se estima que en torno a 1950 existían en España más de 5.000 fabricantes de bebidas gaseosas.
Grandas de Salime contó con su propia fábrica de gaseosas, La Grandalesa, de la que procede parte de la maquinaria que se expone en la sala".
"Allá por los llamados "felices veinte" del siglo pasado, una popular artista, llamada La Chelito, estrenó una canción de cuyo título original ("La chula tanguista") no se acuerda casi nadie, porque todo el mundo la conoce por una frase de su estribillo: "vino tinto con sifón".
El tal estribillo, en su grafía original, dice así: "yo no sé beber coñac, ni chartrés, ni cuantró, ni champán... ¡vino tinto con sifón!" Obviamente, el "chartrés" era licor Chartreuse, el "cuantró", Cointreau, y el champán, pues eso: champán, como se llamó en España toda la vida a los espumosos, fuesen o no elaborados en la Champagne.
Vino tinto con sifón... Recuerdos de infancia, cuando de vez en cuando, en casa, me dejaban beber algo parecido, y digo algo parecido porque más que vino tinto con sifón era... sifón con vino tinto; les aseguro que en este caso el orden de los factores sí que altera el producto.
Ya algo más crecido, me acuerdo de los aperitivos familiares del domingo, cuando toda la familia iba a tomar el aperitivo (decíamos "tomar el vermú", aunque solo lo bebiesen los adultos).
El vermú solía tomarse con un golpe de ginebra seca, y el conjunto se agitaba... por el expeditivo sistema del sifonazo: se echaba un buen chorro de sifón, que revolucionaba los licores y conseguía una mezcla perfecta.
Viejos y queridos sifones de las mesas familiares y de las terrazas elegantes... Hoy, en España, es muy raro ver un sifón, al contrario que en Argentina y Uruguay. La gente sustituyó el sifonazo por un chorrito de soda: no es para nada lo mismo. Con el sifón, lo importante no era la soda (llamada también agua de Seltz) que contenía, sino la presión con la que salía: ese era el secreto de una buena mezcla, de un buen vermú.
El sifón, cosa curiosa, y metonimia sobre metonimia, que es, entre otras cosas, designar el continente por el contenido, o viceversa. Un sifón es, ante todo, un tubo; pero llamamos sifón a una botella especial, normalmente cubierta de una funda metálica para evitar riesgos, que contiene un tubo del que, mediante una llave, sale a presión agua con ácido carbónico, que se disocia en más agua y dióxido de carbono, que es de lo que están hechas las burbujas.
¿Más metonimias? Pues sí, claro, porque no solo llamábamos sifón a la botella que contiene el mencionado tubo, sino también al agua carbonatada que contenía: "ponme un poco de sifón". Pero todo el mundo lo entendía, como todo el mundo entiende que quien se come un puchero se come en realidad lo que contiene, no el recipiente.
Ha salido el agua carbonatada. Tiene partida de nacimiento, y padre conocido: Joseph Priestley, ciudadano inglés del XVIII que fue científico y teólogo, términos que entonces no eran antitéticos, como ahora. Su actividad abarcó muchos más campos: él también descubrió el oxígeno, aunque se atribuya la paternidad al francés Lavoisier.
En cualquier caso, debemos las burbujas de la soda, el agua de Seltz, las gaseosas y los refrescos con gas a este ciudadano; lástima que dedicase sus esfuerzos solo a bebidas inocentes, dejando la gloria de las burbujas más famosas y alegres del mundo a un monje: Pierre Perignon, más conocido como Dom Perignon, responsable (o eso se dice, que muy claro no está) de las doradas burbujas del champaña.
Pero volviendo al agua con gas, o carbonatada, la verdad es que no hay burbujas más chispeantes que las que suministra un buen sifón. Viejo compañero del vino y del vermú (que no es más que un vino bastante malo al que se adicionan un montón de hierbas), sería buena una campaña para evitar su desaparición definitiva... aunque en los países del Cono Sur antes citados no parece que corra demasiados riesgos. Y es que un buen sifonazo cambia mucho a quien lo recibe".
"Llevamos intentando capturar burbujas dentro de una botella muchos siglos. Los romanos apreciaban las aguas carbonatadas naturales y, aunque ya entonces trataban de envasarlas, no fue hasta el siglo XVI cuando se empezó a intentar crearlas en un laboratorio. El primer sistema que industrializó la fabricación de agua con gas lo realizó Jean Jacob Schweppe en 1783 (sí, el de la tónica). En España, las primeras fábricas de estas “bebidas artificiales” datan de 1836. De todas formas, el verdadero auge no se da hasta comienzos del siglo XX, siendo la posguerra su momento de mayor expansión. Muchas de estas fábricas rellenabas sifones, así como todo tipo de refrescos e incluso cerveza.
A Silvia Isábal (Binéfar, Huesca, 1963) le gusta definirse como rebuscadora. Sin embargo, el trabajo de investigación y recopilación que realiza en su blog, La historia antigua del sifón y los demás refrescos (sifonesantiguos.blogspot.com), demuestra una profundidad propia de un libro de historia. Hija, nieta, prima y sobrina de fabricantes de gaseosas, actualmente regenta la bodega Isábal, en su lugar de origen. “Mi abuelo empezó con 14 años a trabajar para un señor que tenía una fábrica en el pueblo de gaseosas y sifones. Al jubilarse le dejó la empresa a él y a un socio”, cuenta Isábal. En los años cincuenta, más de cinco mil pequeñas fábricas de gaseosas, sifones y refrescos se distribuían a lo largo de todo el territorio. “Cuando se hizo la transición al envase no retornable, la industria pegó un gran bajón y empezaron a morir estos pequeños negocios”, junto a la concatenación de las fábricas de refrescos. A lo largo de más de 13 años, Isábal ha recopilado información y archivos sobre estos productos: su historia, la evolución de sus envases y formatos, curiosidades y las fábricas más importantes que hubo en España y, especialmente, en Aragón.
Aunque el sifón vive un momento de renacimiento gracias al boom del vermut y de lo castizo, su distribución no está del todo garantizada. No existe actualmente ninguna empresa que fabrique sifones en España. Para soportar la presión, el vidrio de la botella es extremadamente grueso, por lo que su producción es muy costosa. Todos los sifones que hay todavía en funcionamiento en las bodegas y que los nuevos locales utilizan son los que ya existen en el mercado. Cada sifón que se rompe es un paso más hacia su desaparición. Su fragilidad y obligación de ser rellenados uso tras uso, hacía necesaria la existencia de una industria local que abasteciese a los negocios de cerca. Una vez más, la estandarización y el imperio del plástico nos arrebata un elemento identitario con un valor histórico y artístico irremplazable.
La variedad de sifones que se encontraban en la península respondía a la diversidad de fabricantes. Cada uno de ellos marcaba sus botellas, mallas y tapones con diseños únicos que ahora captan la atención de coleccionistas y buscadores de antigüedades. Como si de restos arqueológicos se tratase, su forma, la técnica de marcado y los materiales nos permiten ubicarlos en tiempo y espacio. Las primeras cabezas eran de color plateado, fabricadas de peltre o calamina —aleaciones con plomo—. Isábal indica que “a mayor ennegrecimiento indica una mayor cantidad de plomo y, por tanto, se pueden fechar como anteriores a 1920, año en que se prohibió este elemento en las aleaciones destinadas a las cabezas de sifón”. Muchas de estas —destacan las de la casa madrileña Vázquez del Saz— eran muy peculiares, con grabados y formas de animales o vegetales. A partir de los años cincuenta es mandatorio el revestimiento interior de plástico para que el líquido no estuviera en contacto con el metal. El cambio al plástico tuvo lugar a lo largo de la siguiente década y en 1975 se hace obligatorio.
El manejo de los sifones era algo peligroso. Aunque el vidrio es muy grueso, la presión interior es altísima, y si caía al suelo y se rompía, podía causar daños importantes. Las mallas se popularizaron a finales de los sesenta para garantizar la seguridad y, gracias a ellas, también podemos conocer mucho sobre los sifones. Su colocación estandariza el modelo cilíndrico y uniformiza las botellas, al dejar de ser visibles sus grabados, relieves y sellos. Las primeras eran de goma y más tarde se popularizaron las de maya de plástico.
Hubo algo que ayudó a este contenedor de líquido efervescente a sobrevivir a la llegada de los envases de un solo uso, a la estandarización de la industria alimentaria y a la globalización de las bebidas refrescantes. Tal vez fueron sus gruesos cristales. O su armadura de colores. Quizás esta manía de reunirnos alrededor de una mesa alta y resolver el mundo con un vaso de vermut o vino en la mano. Hoy, conforme los últimos fabricantes de gaseosas se jubilan, el sistema retornable del sifón se tambalea. Pablo Chueca está a los mandos del Bar Gilda, en Zaragoza, un lugar donde el vermut ocupa un lugar de importancia. Cuenta que “hasta hace dos años había un hombre en la ciudad que se encargaba de reponer a todas las bodegas. Cuando murió hubo un momento de stand-by y ahora mismo los sifones que utilizo los intercambio con la cervecera zaragozana Ambar”. Parece que podrían ser las cerveceras las que cojan el testigo de esas primeras fábricas que rellenaban a comienzos de siglo XX gaseosas y refrescos, casi con un romanticismo que agradece que también fuera cerveza lo que embotellaban entre sus paredes".
Una máquina de sifones funciona por tanto mediante la presión de gas comprimido. Al introducir una carga de gas en una botella hermética, el gas se disuelve con el líquido, haciéndose la soda
"En los años 50 había en nuestro país más de 5.000 fábricas de gaseosa, muchas de las cuales vendían en una pequeña área geográfica y cuyos nombres comerciales no se conocían más allá de los límites de su pueblo o provincia ¿Os acordáis de las gaseosas "La Xana", "Rosi", "La Panera" o "La Candasina", "La Pitusa", "La Langreana", "La Santina", "Rotella" , "Caudal" , "La Boalesa", "La Sin Rival" y un largo etcétera? Si es así os acordareis de aquellos tapones de bola, corona y porcelana a presión o de cuando se devolvía el casco en la tienda (un gesto muy ecológico por otra parte). Sin embargo, en los años 70 del siglo pasado, la entrada de grandes grupos como Pepsi o Coca-Cola provocó la concentración del sector y la desaparición de cientos de estas pequeñas marcas, que fueron absorbidas por sus competidores quedando sólo tres o cuatro marcas a nivel estatal. Con ello se perdió mucho más que un refresco..."
"Allá por el año 1948 comenzaba el cinematógrafo de Grandas a deslumbrar, en la oscuridad del local, a pequeños y mayores. Recuerdo aquel momento porque a mis seis años las imágenes de la pantalla vistas desde la tercera fila eran gigantescas.
La Reina Santa, una película que se desarrollaba en la Edad Media, con sus medievales guerreros que protegían sus cabezas con yelmos parecidos a la carcasa de la máquina de llenar sifones en la fábrica de gaseosas de mi barrio. ¡Cuántos pequeños recuerdos de la niñez y no sé qué cené ayer!"
Hasta de cerveza, muchas de ellas de la famosa marca asturiana El Águila Negra, cuya antigua fábrica de Colloto/Cualloto está muy cerca del paso del Camino Norte de Santiago entrando en la capital asturiana
"Al alcohol, de otra manera, se le llama espíritu. Así, según la hermosa definición de la Real Academia, esta palabra se refiere al «vapor sutilísimo que exhalan el vino y los licores». Tal vez por eso pensé siempre que las botellas tenían alma y algún cuento -como aquel incomparable de Stevenson, 'El diablo de la botella'- me empujó a fantasear, tantas veces, sobre ese silencio que se concentra en reflejos dorados en el interior de una botella vieja. Un anuncio en el periódico captó inmediatamente mi atención. Leí queriendo leer entre líneas: «Compro lotes de botellas o botellas sueltas llenas de licores y destilados antiguos, coñac, anís, licor de chartreuse verde y amarillo, botellas de abstenta, de vino antiguas... Todo pago al contado. Me desplazo para hacer las tasaciones». Comencé, como no podía ser de otra manera, a hacer mis cálculos: ¿para qué querría ese señor o señora comprar lotes de botellas de licor viejo? ¿A quién le puede interesar lo que duerme en las bodegas, desde hace años, su suave y traquilo sueño? ¿Sería acaso un temerario que buscase el diablo de la botella de Stevenson que daba todo lo que se le pidiese a cambio de una desgracia aún mayor que lo concedido? ¿Querría esas botellas para trajinar quizás aguardiente con destilados añejos? Me imaginé un inmenso alambique, de esos que se traen de matute de Portugal, y no me pude contener. Llamé al número que se indicaba y Eduardo Méndez, un gallego cordial, se puso al aparato.
Rápidamente le planteé mis dudas y percibí, por su voz, cómo en su cara se esbozaba una sonrisa socarrona.
-Soy coleccionista. Puede ser que el mayor coleccionista del norte de España. Tengo una colección impresionante. Si quiere, pase a verme.
Comenzó con su afición hace ya diez años. En el Altu la Maera, en Siero, se encontró de casualidad con una caja de gaseosa antigua de esas que llevan cierre automático y toda la nostalgia del mundo en su interior. Eduardo Méndez en Monforte de Lemos, de donde es, había trabajado en su juventud en una fábrica de gaseosa y sintió el más sagrado de los deberes: la pasión. Recogió aquella caja abandonada y desde entonces no ha parado de recoger de un sitio u otro. Colecciona botellas de coñac, anís o gaseosa. La colección no se acaba nunca pues, como me dice, quien piensa que lo tiene todo ya se confunde. Me pone un ejemplo: el otro día en el rastro de Xixón se encontró con una botella de gaseosa de La Peral que ni intuía que existiese.
-En el concejo de Xixón -me dice- había muchas marcas de gaseosa: La Santina, La Panera, Rosy, Sugar.
Y me las describe con todo detalle. En la botella de la gaseosa Rosy se ve el muro de San Lorenzo, con una bañista al fondo. En la de Sugar un arlequín y la leyenda «gaseosa achampañada con azúcar».
Mientras me lo cuenta, yo recuerdo la gaseosa Xana, que era la que bebíamos por Tineo. ¡Cuánto no daría yo por volver a estar, con cinco o seis años, en el bar de Samartín de Forcal.láu y pedirle a mi abuelo que le pidiese a David una xana!
Igual sentimiento tendrá quien recuerde la Gaseosa La Sierra, que era de la allerana Cabanaquinta, o La Campanera, La Grandalesa, La Naviense. me dice que en Asturias, Cataluña, Galicia y Castilla las marcas de gaseosa eran innumerables, igual una por cada 200 habitantes.
También colecciona sifones, que tiene mil y pico distintos, botellas de coñac de todas las marcas. Siempre a la espera de encontrar nuevas joyas, este gallego, asentado en Xixón hace muchos años, espera todavía el milagro. Curiosamente no bebe: le interesa el exterior que envuelve el secreto. Antón García me contó en una ocasión una anécdota de su pueblo. Un hombre, muy célebre en el sentido asturiano del término, vio cómo descargaban enfrente del bar un cargamento de botellas de coñac. Suspirando dijo:
-¡Cuántas palabras van ahí!
Las palabras: la botella que contiene el alma humana".
Los modelos más antiguos, independientemente de cada marca, estampaban su nombre en el mismo cristal, como hemos dicho
Luego ya serían los tapones de plástico, material que llegaría a ser el más empleado también en las botellas, aunque no todas
Artilugios prodigio de la revolución industrial que estuvieron en uso en muchos lugares hasta finales del siglo XX, sustituidos por otros sistemas más evolucionados y robotizados
También las cajas de transporte de las botellas evolucionaron, de las de madera se pasó a estas metálicas. Luego ya llegaría el plástico
Lo cierto es que el funcionamiento y uso concreto de cada máquina lo explicarán mejor que nadie los guías del Museo, así como su procedencia y características
Otro lugar admirable del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" que hemos visitado, saliendo de nuevo al exterior para continuar nuestro magnífico periplo museístico
Salimos de frente al Cabazo, entre cuyos cepos o muros de mampostería que sostienen su estructura encontraremos más maquinaria agrícola de los tiempos de la primera industrialización española
El Cabazo es, como el hórreo y la panera, un granero, dedicado especialmente al curado y secado del grano y también llamado hórreo gallego, para diferenciarlo del asturiano, si bien ambos modelos se extienden, según zonas y lugares, así como con sus variantes, a ambos lados de la frontera administrativa. Este modelo básico se encuentra en buena parte del occidente asturiano, casi toda Galicia y norte de Portugal. Para saber más, consultamos a la web del Museo y, en nuestra visita, a los propios guías:
"En términos generales consiste en una caja o cámara rectangular ventilada y elevada del suelo mediante muretes de mampostería sobre los que coloca una losa volada, denominada tornarratos, que impide el acceso de los roedores. Partiendo de esta concepción básica, son múltiples las variantes constructivas, observándose diferencias en tamaños, materiales empleados, acabados o morfología de los elementos sustentantes.
El cabazo del Museo es una estructura de dimensiones modestas. Los costales o lados mayores de la cámara se cierran con listones de madera verticales asegurados por un listón horizontal, entre los que se deja un hueco para permitir el paso del aire. Los penales o lados menores son de mampostería revocada en la que se abren troneras o pequeños vanos rectangulares de ventilación. La cámara se eleva sobre dos muretes de mampostería vista, los cepos, dejando libre el espacio central. El acceso se realiza por uno de los penales mediante una escalera pétrea".
Al fondo volvemos a ve pues la Capilla y su mural
"Tienda mixta similar a las que hasta tiempos recientes podían verse en villas y pueblos ofreciendo a su clientela todo tipo de productos. Estos establecimientos eran a la vez ferretería, mercería, tienda de textiles y calzado, droguería, papelería, comercio de alimentos, despacho de bebidas y dispensadores de productos tan variopintos como abonos, piensos o matarratas. No eran extraños los locales en los que se tostaba café e, incluso, se fabricaba chocolate.
Muchos de estos comercios eran al mismo tiempo la cantina del pueblo, convirtiéndose en centro de reunión de los vecinos que acudían a ver las novedades, charlar o jugar la partida".
"Larga vida al bar-tienda
Los bares-tiendas forman parte de la memoria sentimental y colectiva de muchas generaciones de asturianos. (...)
El bar-tienda representa la diferencia, un salto lateral, como el del caballo en el ajedrez, que decía Canetti. Entre un supermercado y un chigre, entre una abarrotería y un café de pueblo, entre un ultramarinos y un todo a cien, los bares-tienda gozaron durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX de un periodo de esplendor, de popularidad y de servicio a la comunidad. Aquí encontraba el campesinado literalmente de todo. Cada vez quedan menos. Son dignos de conservar. Un bar-tienda tenía los básicos que se precisaban para vivir: pilas, martillos, bisagras, pegamento, libretas, rotuladores, café, infusiones, magdalenas, galletas, cubiertas de ruedas, bombas para hincharlas, hoces, cerillas, latería y, además, y quizás más determinante, mesas, sillas y calor de lumbre que daban cobijo a todas las edades de pueblos en los que no quedan hoy más de 30 o 40 personas.
Visitar un bar-tienda como este es lo que Esquirol llama cultivar el umbral. Dice el filósofo que “sin umbral todo sería igual”, todo sería lo mismo. La globalización y el capitalismo buscan desesperadamente lo indistinto, que todo sea igual en todas partes y que se gaste en ellas mucho dinero. Pero en realidad es la diferencia lo que orienta al viajero, y la homogeneidad lo que le aburre. “Cuando la niebla cae”, dice Esquirol, “los caminos se borran y todo parece igual. En cambio, cuando despeja, de nuevo se vislumbra el horizonte y se recupera el sentido, la orientación”.
Nada hay más bello para el viajero que el asombro. La filosofía y el viaje buscan la diferencia para entender el mundo. Y desde aquel bar-tienda de Santiago, en mitad de ninguna parte, entendí la vida de gente bien orientada y sin prisa, aquella que, como decía Machado, donde hay vino beben vino; donde no hay vino, agua fresca.
No todo puede ser Starbucks.
No se pueden entender los últimos 200 años de Asturias sin los bares-tienda. Por supuesto, no faltan voces que reivindican la resistencia de los pocos que siguen abiertos en Asturias (atención al de Cai Milio, de 1925, en Oviñana, Cudillero), igual que se reivindican las fotografías antiguas, como las de Ruth Matilda Anderson (Phelps, Nebraska, 1893 – Nueva York, 1983) que encontré en el libro Hallazgo de lo ignorado y que no envejecerán nunca. Famosa por sus expediciones por Zamora y León, Anderson también dejó huella en Asturias, y llevó a Estados Unidos toda esta autenticidad. En aquel bar-tienda, en fin, mientras tomaba un té y me reía con Fran y con Marta, evoqué en silencio al niño que fui y que pasaba veranos en un pueblo con un solo comercio en el que se vendía igualmente de todo.
Elogios de la vida sencilla, los bares-tienda son faros que hacen brillar la diferencia y hablan de una manera muy concreta de vivir. Un bar-tienda es sinónimo de compañía, cuidado, contemplación, palabras entre las que el viajero asombrado siempre se siente muy a gusto. “Cada lugar tiene su luz”, dice Esquirol, “pero la luz no solo se percibe por los ojos. Se nota en el aire que se respira y en la tierra que se pisa”.
Esta es una cafetera Omega, de mediados del siglo XX y fabricada en Rentería, la cual estuvo en el Bar de Modesto de aquí de Grandas de Salime en los tiempos de la construcción del embalse, cuando el local era muy concurrido por vecinos y trabajadores
Vamos pasando de la barra del bar al mostrador de la tienda. Al final del primero encontramos este molinillo de café antiguo, pues el grano se molía en la misma tienda
"Hace algunos años oí que desaparecerían las bolsas de plástico, es decir, que en las tiendas se volvería al esportillo y al cartucho de papel. Esto puede ser un poco exagerado, pero no estaría de más que fuéramos adoptando aquella vieja costumbre.
Para ir a la compra había, más o menos, los siguientes sistemas: el esportillo citado, que consistía en una espuerta pequeña hecha de anea o espadaña que, en el caso de Grandas, llamábamos esparto, como a la suela de las alpargatas. Estos esportillos eran de forma troncocónica, con el culo más estrecho que la boca, donde tejían unas pequeñas asas cilíndricas del mismo material, algo muy parecido a la empleita de las Islas Canarias de la que fabricaban el cordón para tejer. Tal y como ya dijimos, este esportillo era algo más pequeño que la espuerta y no solía durar mucho, aunque sí era compacto y soportaba bien el trato al que era sometido. Su precio, que no puedo precisar, no debía ser muy alto pues rondaría las tres o cuatro pesetas.
Se usaban también envases de papel que llamábamos cartuchos y había de todos los tamaños según necesidades.
Fue en aquellos tiempos en que todo producto comestible venía a granel. Sacos, bolsas de yute y esparto servían de contenedor de las distintas mercancías: arroz, café, azúcar, garbanzos…Solo los caramelos, con su papel celofán, y las galletas y rosquillas estaban envasados en su correspondiente envoltorio, tan llamativos que a los niños que hacíamos los recados nos despertaba la envidia a los pudientes. Lo que no se excluye es que de viejos tengamos la misma obligación pero sin antojos.
Dentro de aquellos humildes medios de transporte, existían unas bolsas de cuero usadas para la compra en las tiendas de ultramarinos, que estaban hechas de pequeños trozos de cuero triangulares o cuadrados cosidos entre sí. Me imagino que eran recortes de otro producto fabricado, pero nunca pude saber de qué.
No nos olvidemos que el aceite se servía al comercio en bidones o envases metálicos, por lo tanto, era también a granel igual que el vino que era servido en bocois, barricas, etc. La expendeduría de estos productos se hacía por medio de las botellas que el cliente tenía de su propiedad.
No cito aquí los pellejos o colodras que los arrieros cargaban en sus acémilas.
En la era de las bolsas, del plástico y en la que todo parece aséptico, hablar de otros medios parece puro primitivismo. Sin embargo, recuerden que en el Atlántico ya hay una concentración de estos materiales mayor que la Península Ibérica.
Parece ser que a este desaguisado se le llama progreso cuando es solo hecatombe. Algún día alguien tomará medidas, pero seguro que será tarde.
Haxa salú
No nos cansamos de mirar arriba y abajo, estas tiendas-bar eran un verdadero monumento al horror-vacui de lo provistas y abarrotadas que estaban, y acabamos de empezar
Cacharros para cocinar. Al fondo una caja de dulce de manzana de la famosa Industrial Zarracina, empresa gijonesa fundada a mediados del siglo XIX y que empezó comercializando sidra para los emigrantes de ultramar, exportándola a la emigración asturiana de ultramar con procedimiento champanizador. Hablamos de ella en una de las entradas que dedicamos al Camino Norte en este blog
Y más cachivaches y cacharros, pues estas tiendas eran ultramarinos, ferreterías, droguerías, bazares... ahí tenemos coladores, sopletes, picadoras, faroles; David Fernández Moro y Arnaud Späni, autores del libro Bares-tienda de Asturias, dicen así:
"Aunque el bar-tienda ha llegado a ser uno de los elementos más característicos de las localidades rurales asturianas, su nacimiento con el tiempo no se remonta a mucho tiempo atrás. Hay que diferenciar, de todos modos, la parte de bar, ya que las tabernas (chigres, en bable) existen desde hace siglos en el campo asturiano, y el negocio completo con tienda, que no tiene su inicio hasta la segunda mitad del siglo XIX, completando su desarrollo a lo largo del siglo pasado. También la venta de tabaco está en el origen de muchos de los establecimientos, ya que precisamente algunos de los bares-tienda que más tiempo tienen en la actualidad (...) se abrieron como estancos"
"Son varios los rincones de mi infancia que recuerdo con especial claridad. Uno de ellos el chigre de Mario, un pequeño bar-tienda al que solía acudir en compañía de mis tíos o de mis abuelos durante mis visitas al pueblo natal de mi madre, Caseras, en Soto del Barco. Mario era un hombre bonachón. Regentaba su comercio mixto desde hacía décadas. Allí se daban cita los vecinos para comprar el pan, otros productos de primera necesidad y todo un elenco de artículos que iban desde productos de limpieza hasta útiles para el día a día. Su local también era el punto de encuentro de los paisanos del pueblo, entre ellos mi abuelo Joaquín. Sentados en torno a una mesa de formica, se reunían para jugar las partidas de tute a la par que tomaban una pinta de vino y picaban unas tapas de taquitos de queso y jamón serrano, Yo les observaba mientras tomaba un Fruco de melocotón y comía un Phoskitos o una bolsa de patatas fritas"
"El tiempo no ha pasado en vano, para bien y para mal. Algunos de los establecimientos contemplados han cerrado sus puertas al carecer de un relevo generacional. Otros, en cambio, siguen abiertos cumpliendo a diario su cometido".
"La diversificación de tareas es el denominador común de los bares-tienda. Se trata de supermercados a pequeña escala en los que es posible comprar desde comestibles, herramientas y artículos de droguería hasta ropa o calzado. Asimismo, también permiten disfrutar de un trago o matar el hambre con su sabroso plato de comida tradicional. Estas son sus funciones más evidentes, sin embargo, en los pueblos se suele destacar su carácter de auténticos "centro sociales".
Cortador de bacalao y cortadoras de fiambre. Aunque no solían nacer como casas de comidas, la presencia de obreros, como por ejemplo en el embalse de Salime, o la llegada de gentes a los mercados semanales, propiciaron que algunas tiendas mixtas empezasen a preparar condumios. Algunos restaurantes de los pueblos que existen hoy en día tuvieron su origen en estos bares-tienda
En Grandas el comercio vivió su época dorada con la construcción del embalse, en el que algunos datos han llegado a dar la cifra de hasta 4.000 trabajadores en la década que duró la obra, a lo que habría que añadir a sus familias. Aunque en los poblados en los que se alojó había tiendas, cantinas y bailes, también iban a otros pueblos y, por supuesto a la capital del concejo. Cuando se fueron el cambio fue fulminante pues, al poco, empezaron a irse también los vecinos de los pueblos afectados, bien por haber sido inundados, por quedar aislados o mal comunicados, o por haber perdido sus tierras
Los cambios en ese aspecto fueron radicalmente drásticos, inmediatos y contundentes en Grandas de Salime, más incluso que en otras áreas asturianas. En su deseo por preservar este legado el Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" nos muestra también este comercio mixto, en el que realmente no se vende nada pero dan ganas de pedir un vaso o comprar algo de queso, pan chorizo, unos clavos...
Cajoneras de venta de legumbres: a la derecha los garbanzos, seguidos de las lentejas, fabas, fabas pintas...
Latas de aceite y pimentón, los primeros productos envasados que fueron sustituyendo paulatinamente la venta a granel
Más latas de pimentón, de conservas de galletas, productos preparados. Las novedades del mercado llegaban prontamente a estas tiendas
Varias marcas de anís y de otros licores se producían en destilerías asturianas, pero gran parte procedía de fuera
Los tan sufridos primeros rollos de papel higiénico que recordaban a la lija, de los que ya nos hemos ocupado en la barbería
En las zonas más industriales, y Grandas lo fue durante la construcción del embalse, mucha gente compraba de fiado y se apuntaba en una libreta, saldándose cuentas cuando se cobraba mensualmente
Barriles de salazones y otros productos, tarros de cristal para venta a granel, a veces de chuches y caramelos
La vieja caja registradora de familiar sonido, con su manivela, teclas de colores, números bien visibles y, debajo, el mueble oscuro de madera, para el dinero, guardar el cambio, las libretas de fiado, facturas de proveedores, etc. Hay algunos trofeos; no pocas de estas tiendas mixtas tenían bolera autóctona al exterior y otros espacios para deportes locales. Otras veces se jugaba enfrente, en la misma calle, o en un campo colindante. Fueron los primeros patrocinadores de los equipos de fútbol local. La tienda hacía muchas veces de vestuario
La mesa de esta parte de la tienda, totalmente repleta
Más marcas conocidas, que daban sus carteles como publicidad en las mismas tiendas
Más productos para el calzado y varias libretas, cuadernos, lápices y bolígrafos, material de uso escolar y de oficina
Más carteles publicitarios de marcas, este en forma de gran espejo
Hay que mirar en todas direcciones, también arriba, por supuesto: calzado de trabajo de suela de madera, alpargatas, botas, gruesos calcetines de lana, al lado y al fondo cajas de productos de textil, ropa y telas, botones...
Correas, trampas para ratones, fuelles, lecheras, calderos, hervidores de leche, vaya memoria que hay que tener por controlarlo todo, precios, ubicación, cantidades, pedidos... no es de extrañar que no pocos muchachos criados en este mundo comercial local y minucioso llegasen a ser auténticos lumbreras
Gaxapos o zapicos, entre multitud de nombres, para guardar las piedras de afilar. Hemos tenido oportunidad de ver una buena colección de ellos, muchos hechos artesanalmente con hueso, en el espacio expositivo de la Casa Rectoral
Aceiteras, espitas, tiestos, madreñas, picadoras de carne, barrenas, taladros, faroles, farolillos y mil cosas que no sé nombrar o me equivoco si lo hago
El reloj de pared, similar a muchos modelos actuales. Se fue extendiendo también por las casas, pues antes solamente las más poderosas disponían de un costoso reloj de carrillón. Las horas se sabían por las campanadas de la iglesia parroquial o la torre del reloj de las villas
Este es el zaguán o recibidor frente a la puerta principal
En la pared, llaman la atención las sacas de las cartas, que son de las décadas de 1960 a 2000. La historia del actual logo nos la cuenta la sección de historia del diario ABC del 5-6-2019, con motivo de nuevos cambios posteriores a estos:
"Con trescientos años a la espalda, Correos ha renovada esta semana su imagen de marca tras 19 años anclada al milímetro en el mismo logo. La apuesta de la empresa por la simplicidad, la sostenibilidad, la modernidad y, a la vez, por la tradición, hacen que se mantenga la cornamusa (una trompeta larga de metal) y la corona, así como el color amarillo de la compañía, pero se ha eliminado el nombre, con la intención de conseguir una imagen «más sencilla, abierta y ágil».
Actualizado o no, el logo seguirá siendo uno de los más característicos para los españoles. El color amarillo y el símbolo de una trompeta son desde hace trescientos años sinónimos de mensajería y de fronteras reducidas a la mínima expresión en Europa, y no solo en nuestro país. Su origen se suele vincular a la familia italiana de los Tasso y a otro pioneros de los servicios postales europeos en el siglo XVI.
La importancia de un color
Los Tasso desplegaron su servicio de correo por Borgoña, Flandes, Italia, España (de la mano de Francisco de Tassis ), Alemania y Francia. En 1624 fueron nombrados condes, y en 1650 se trasladaron a Alemania, donde cambiaron su apellido por el de Thurn und Taxis, mientras que en España fueron conocidos como Tassis. Aunque perdieron el monopolio cuando el correo pasó a ser competencia de los gobiernos, las suyas y las iniciativas de sus competidores permanecen. Sin ir más lejos, cuando transportaban el correo a caballo, los carteros o «postillones» tocaban un cuerno de caza para avisar de su presencia al llegar a las poblaciones. El amarillo, por su parte, estaba presente en el escudo de la familia Thurn und Taxis, así como en los carros que empleaban. Hoy, ese mismo color lo está en numerosas empresas de mensajería en Europa.
El logo de Correos en España recoge esa misma tradición: tanto el tono amarillo como la característica cornamusa están presentes desde su primera imagen de marca.
Obra del diseñador Cruz Novillo (autor también de la rosa del PSOE y de símbolo de la Cope), el emblemático logo se estrenó en 1977 como imagen de la Dirección General de Correos y Telégrafos y de la Caja Postal. Junto al amarillo clásico de los servicios de correos foráneos, la imagen original tenía el rojo como protagonista porque, según explicaba el propio Cruz Novillo en ABC, «nadie mejor que los organismos públicos como Correos para representar en su emblema los colores de la bandera nacional».
Como ocurre hoy, a principios de los años noventa la marca Correos decidió modernizarse, de modo que sustituyó el color rojo por el gris, y colocó el lema Correos y Telégrafos bajo el símbolo, que permaneció inalterable. La siguiente renovación tuvo lugar en los años 2000, cuando desapareció la palabra Telégrafos del nombre y el gris pasó a ser ahora azul oscuro".
Muchos carteros rurales solían hacer los recorridos a pie incluso en fechas recientes. Isabel Villar Arandojo recuerda al cartero de su pueblo en el cercano concejo de Ibias y escribe así de él en Ibias: el sol de Asturias:
"Hoy voy a hablar un poco sobre un oficio del que antiguamente dependían la mayor parte de las esperanzas de los pueblos, este era ni más ni menos que el de Cartero, y yo he tenido la suerte de conocer a uno de los más famosos que hubo en Ibias, Basilio el de casa Marcelo de Omente. Me he acordado al ver una foto con un grupo de personas alrededor del "lume". Esto no era nada extraño no hace muchos años , en la foto está mi abuela Elena del Roxo, un señor que era de Andeo, veo y conozco las manos de mi abuelo Sabino del roxo y como no a Basilio el cartero. Sabiendo como era de dicharachero y alegre seguro que además de entregarles las cartas estaba contandoles algún cuento de los que él solía comentar. Les diría de los lobos, del tiempo o simplemente charlarían sobre los cupones que les traía el correo y del subsidio que también él les pagaba.
La verdad que él era un hombre que pocas veces se enfadaba, y que cumplía con un servicio no solo para el pueblo de Omente sino que para los otros pueblos que le correspondían en el reparto del correo, disponía de pocos medios no como hoy en día y prácticamente realizó su trabajo siempre a pie aunque hiciese sol o mal tiempo. En resumen fue un buen hombre que traía y llevaba sonrisas y lagrimas que la gente depositaba en aquellas cartas y siempre lo hizo con honradez y buen humor. Hoy en día su hijo Manuel Angel trabaja haciendo el mismo recorrido que hacía su padre y aunque el tiene más medios a su disposición hay que decir que la mayor parte de las veces desde parte de ese recorrido lo realiza caminando como si quisiese no olvidar lo que su padre hacía, Manuel heredo de su padre el ser una bellísima persona y la capacidad de decir siempre que sí a los recados que le mandes, pero esto también lo hace su hermana Pilar y como no es un orgullo haberles conocido".
La evolución de los teléfonos: teléfono portátil, cajas que guardan teléfonos de campaña, teléfono fijo con teclado y visor...
Cámara de Video 8 AF de Sony. En la zona más occidental de Asturias emitieron las televisiones locales de Tele Occidente y Localia Navia
Pero antes de la televisión llegó la radio. Hemos visto ya algunas radios antiguas en otros lugares del Museo, como la Cantina, y aquí tenemos alguna más
Nada más llegar arriba tenemos parte de la sección de caza, que veremos en dos bloques pues un cordel cierra el paso por esta parte, viendo la otra zona luego de dar toda la vuelta a esta planta. A la derecha tenemos el chuzo, arma tipo lanza empleada para defensa contra alimañas pero también contra bandidos y en la guerra
Un Cuento de chuzos es el que firma Pepe El Ferreiro en su blog el 19-1-2010:
"(Atendiendo a la petición que Roberto me hizo a través de un comentario suyo en la crónica “A brosa”, paso a relatar la siguiente)
Resulta que el que solicita describa los chuzos, es descendiente directo y lógicamente voy a complacerle porque era él muy niño cuando conseguí esas primeras armas. Baste decir que hace tantos años que ni siquiera había Museo en Grandas de Salime, y es posible que él jugara con esos pilum. Cuando visité Navia de Suarna por primera vez –de eso hace unos treinta y cinco años- me presentó Benito Caramés, a un amigo que tenía en dicha villa. El patronímico era Calvo, creo que por su apellido. Este industrial de la madera había descubierto que cargar su carroceta con muebles antiguos era más rentable y, con menos esfuerzo, que cortar árboles en el monte. Así que dejó esta tarea a los obreros y él se dedicó al lucrativo negocio de anticuario. Camiones cargados de todo tipo de antiguallas partían de ese hermoso pueblo, anejo a los Ancares, con destino a Italia, Francia y otros puntos de nuestro país. Calvo, vendía también al por menor; pero debía de tenerse cierto cuidado con sus mañas de pícaro comerciante, pues te podía vender una pistola o un arcabuz como antiguo y ser una réplica actual; sometida al envejecimiento, colocándola entre la sal y más tarde en la tierra. Pero sí era cierto que tenía de todo y todo era vendible para él. Si te dejabas engatusar te saldaba la Tizona del Cid, por poco dinero. Les digo que conmigo lo intentó, y la toledana espada era cierto que portaba ese nombre grabado en la hoja; lo malo es que el cromado estaba impecable. Al margen de esta anécdota, fue allí donde adquirí los tres chuzos. Claro que para esto me interesé por una figura ecuestre, de calamina, del caballero andante, Don Quijote, y una pieza de cerámica, para restar importancia a lo que en realidad deseaba adquirir. Aún así, en el remaqueo por tales menudencias le dije que había que incluir aquellas “lanzas de ferreiro” que había en el rincón. Accedió, pero para ello hube de aportar otras 1500 pesetas de entonces, que junto a lo anterior eran casi mil duros. Recuerdo con cierta agudeza a este personaje; ya fallecido el hombre en un accidente de tráfico. Fue chuzón, pero él no hacia las tizonas.
Los chuzos consisten en armas en forma de pincho o de bayoneta, que son ofensivas o defensivas. Eran utilizadas también para la caza. Son de acero y tienen un alojamiento para un largo mango de madera, que le da forma de lanza. Es de suponer que fue una de las primeras armas, aunque en otro tiempo, fueran de piedra y después de bronce. Los pilún o jabalinas romanas siguen apareciendo en los yacimientos arqueológicos. Si quieren ver algunos visiten el Chao de Samartín, en el pueblo de Castro.
Los chuzos de los serenos recuerdo que los vi en Madrid en el año 1965. Por cierto, el sereno era de Cangas; recorría la calle San Marcos, y fue también el primer sereno que conocí.
La pica o lanza, la usaban los soldados de infantería y hay un dicho popular que siempre llamó mi atención:”poner una pica en Flandes”; que no sirve para nada, clavándola en la tierra sobre su ofensiva punta. Algo como lo que quiso hacer el de Greenpeace en Copenhague, sin darse cuenta que Flandes quedaba más abajo, y que a los que contaminan no les tose nadie. Donde sí hay unas enhiestas lanzas es en el cuadro de Velázquez. Pero lo de Breda, se queda en eso: “pintar como querer”, porque magnánimos no creo que fueran los españoles. Otro lugar donde, al parecer, se clavaban erectos los chuzos, era en un cepo colocado estratégicamente a la entrada de las iglesias o templos. Tampoco me parece que fuera con el fin de que los fieles se mostrasen inermes ante el clérigo; no, más bien serían por si había cierto disentimiento con él o los oficiantes.
Las armas las carga el diablo: ¡Coloquen, coloquen de sobremango (quien la empuñe) a un botarate! Claro que hay otras armas más ofensivas: ¡Sitúe a alguien detrás de un facistol, un micrófono, déjenle redactar un periódico o manejar una redacción de TV y verá! (Los del otro atril, son esos que en campaña prometen y dicen gobernar).
Sigamos con el tema del chuzo; porque chuzón no es un chuzo grande, sino el astuto, ladino o taimado, que suele ser más peligroso. Así que miremos hacia el pasado.
Perdida en la noche de los tiempos la historia de guerras entre humanos, llegamos a la conclusión de que los que fomentan la destrucción o aniquilación de las capas más desprotegida, son individuos que incitan a ese ingenuo grupo. Es tal su evolución en conseguir la manera perfecta de matar, que el chuzo inventado para cazar, lo convirtieron los inductores a la guerra, en un arrojadizo venablo. Fue tan efectivo, lanzándolo los combatientes al unísono, que las hordas atacantes llegaron a crear la frase: “caen chuzos de punta”. Claro esto lo dijeron los que quedaban entre los espacios donde no cayeron chuzos. Los demás que ganas les iba a quedar de decir frases célebres. Miren Ustedes como sería, que los romanos, que fueron unos estrategas muy inteligentes, para evitar las tormentas de chuzos”, inventaron la táctica de poner los escudos de paraguas, -cuando aún no existían los paraguas- y le llamaron “escudo”, o la “tortuga”; porque debajo se “atechaba” la centuria. Aquel caparazón de cuero o metal, guarecía hasta una legión. ¡Claro! ¡Cada romano llevaba un escudo! Bueno, el caso es que nadie sabe muy bien porque cuando llueve mucho, o diluvia, se dice “llueve a chuzos” Para mí que la nueva frase data de cuando se consiguieron esas perfectas formas de despanzurrar a la gente; los ejércitos se volvieron blandengues, y a las gotas de agua les dieron en llamar chuzos. Son además, tan refinados, los que promueven las guerras, y con tan sofisticados medios, que desde un sofá y mediante un teléfono “rojo”, pueden activar armas, que algunos llaman de destrucción más IVA. Debe ser el impuesto de reconstrucción, incluido en el misil.
Tampoco debe extenderse uno tanto con el origen de esas frases, porque al fin y al cabo, los chuzos eran para cazar ¡Y vaya cataplines que había que poner, para esperar con la jabalina, apoyada en el suelo, a que se ensartara en ella la jabalina, o su compañero el jabalí!
Este cuento se lo pude haber contado a Roberto cuando era pequeño; pero cuando es uno joven estos detalles pasan inadvertidos. Pero también pudo ser que careciera de importancia para él. De niño no hay tiempo para nada. Lo malo es que sólo se da uno cuenta desde que se envejece".
Esta parte está casi toda dedicada a las ratoneras y demás trampas contra roedores, aunque también veremos alguna de piezas mayores
Esto ya serían trampas más grandes, tipo cepos en los que el animal metía la pata y quedaba atrapado, empleado para osos, lobos y zorros principalmente. En la actualidad están prohibidas:
"Las capturas se abordaban también con trampas de mayor envergadura, algunas de ellas con una entidad constructiva importante, caso del couso y del pesugo. El couso es una trampa para lobos que consiste, en su modalidad más común, en un amplio hoyo cercado por un ancho muro de mampostería de entre dos y tres metros de altura, rematado con losas dispuestas formando un voladizo interior. Dentro del recinto se colocaba una presa para atraer al animal, que una vez había accedido no podía salir. Los pesugos se usaban sólo para cazar osos y consistían, según describe Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Histórico (1845-1850) al referirse a uno localizado en Armenande (Ayande) “en una larga viga apoyada en una colmena y cubierta con un ramaje espeso, que forma una especie de caseta con solo una entrada, y por donde el oso descubre la colmena: este entra ansioso a apoderarse de aquella, y tan luego como la abraza y hace el esfuerzo natural para separarla de su sitio, se desploman la viga y caseta, quedando el oso a merced del cazador”.
Rateiras de alambre, ya de fabricación industrial, donde los ratones entraban al cebo, se posaban sobre la chapa, caían adentro, la chapa se cerraba y ya no podían salir
Rateira de agujeros y otro ingenio en el que el animal quedaba atrapado dentro. Por su tamaño ya sería para ratas o similares
Se nota que estamos pasando a las trampas para animales tipo perdices, las trapelas
La actividad cinegética se basaba casi toda en la colocación de este tipo de trampas en los lugares de paso de los animales, pero todo cambió con la generalización del uso de armas de fuego. Aquí tenemos por ejemplo un cuerno de caza para la pólvora y algunos estuches y latas
Máquinas para cargar los cartuchos y diversos enseres relacionados con esta operación
"Hace ya más de medio siglo había por costumbre en algunos pueblos o villas acudir a sus ferias o mercados, porque allí se reunían los maestros que se dedicaban a dar clase a los niños en las aldeas sin escuela. Éstos eran contratados según su valía o conocimientos, que tenían reconocidos por fama o por su larga experiencia. Lógicamente, aquellos más preparados cobraban más y no podían ser convenidos sus honorarios por aquellas aldeas que no reunían la suficiente pecunia para mejorar la calidad de la enseñanza, de aquella caterva que en el invierno acudía a la escuela, puesto que el resto del año ayudaba a las faenas agrícolas.
Eran estos maestros personas instruidas y con un gran saber popular, gracias a las cuales se enseñaba a leer, escribir, las cuatro reglas, historia, etcétera. Estaban también aquellos maestros que fueran represaliados después de la Guerra Civil y daban clases, incluso, durante todo el año, de forma un tanto anónima y consentida.
Fue una lástima que hayan desaparecido, tanto unos como otros; así como las escuelas que tanto costó construir, y aquellas del franquismo que provocaron el éxodo del los pueblos y el empobrecimiento cultural de los que en el campo se quedaron. Claro que un pueblo necio e inculto es más manejable. Pero esto no es todo, si comparamos aquellas «oposiciones» de la feria con el momento actual, que no opta a los mejores para cubrir la plaza de un museo cualquiera, en el que el saber popular es imprescindible.
Claro que ni yo sé casi nada y además soy un modesto diletante en materia de etnografía; el entusiasmo, a veces, me desbordaba".
En este espacio se ve la evolución de la escuela a lo largo de buena parte de esa centuria. Aquí tenemos estos pupitres de madera que llegaron, al menos, hasta la década de 1970. Al fondo, dos antiguos mapas de España y de Europa y, a la derecha, un triciclo
"Cuando hace casi 67 años comencé la Escuela Nacional, no podía pensar que alguna vez iba a dejar escrito una parte de aquella experiencia educativa. No voy a exponer aquí aquellos momentos tan lejanos, pero sí dejar constancia de uno de ellos, ocurrido hace poco, que guarda relación con mi época estudiantil.
En el año 1952 pasamos a la escuela “de arriba”, o de D. Fernando Iglesias, maestro que nos daba a leer Don Quijote de la Mancha. Tenía esta novela de Cervantes aproximadamente la mitad de páginas de la edición del Quijote que manejo en la actualidad. Era, lisa y llanamente, una versión del personaje y nada más. Las dudas que pudieran surgir en la lectura, por lo del lenguaje en castellano antiguo, no eran resueltas con esta larga explicación que ahora nos aportan diversos personajes. Tenías que estar atento a la lectura que de él hacía tu compañero porque si en maestro mandaba pasar el libro, debías seguir leyendo en el mismo lugar que se había dejado. Pero no es de estos nimios detalles de lo que quería hablar.
El Don Quijote, de D. Miguel de Cervantes, en una edición de D. Francisco Rico, cuenta con la colaboración de D. Joaquín Forradellas, y el estudio preliminar de D. Fernando Lázaro Carreter y prologado por Jean Ganavaggio, Sylvia Roubaud y Antonio Close. Es de Editorial Crítica, de Barcelona. No especifica el año de edición, pero me imagino debe ser poco después del año 2000. Se dan estos datos por una sencilla razón: desde éstas anotaciones, en la tercera página, al comienzo de la obra, y teniendo en cuenta que el resumen cronológico de la vida de D. Miguel ocupa 6 páginas, son unas 68 las ocupadas por esta otra.
Si tenemos en cuenta que las aclaraciones que al pie de página aparecen durante toda la obra (puedo decir, sin temor a equivocarme, que de las 1094 que consta casi el 30%) no son nada más que dedicadas a la aclaración de frases y diálogos hechas por estas personas citadas anteriormente, 330 páginas solo son el lucimiento personal de estos señores/as.
No digo que no esté bien y sean oportunas las aclaraciones, sino que no debieran aparecer en ésta obra por innecesarias. Superfluas, podemos decir, porque considero que en la lectura cada individuo debe buscar el significado por su cuenta, y en el lugar que considere oportuno.
Dije mal cuando anoté que no hay fecha de edición. Es del año 2001. El error de data no es grande, es mayor el de haber obviado estos datos, que como cualquiera puede esperar, están a nombre de los citados.
Haxa salú"
"En un rincón del occidente de Asturias, no importa cual que por su forma de hablar se identifica, ocurrió hace años un hecho lamentable: el sufrimiento de un niño que debía asistir a las clases que impartía un docente castellano-parlante, leso filólogo o teniente de oído.
Aquel atribulado niño, traspasaba el umbral de la puerta de la escuela preso del más aterrador pánico. Sus vísceras daban la impresión de ahogarlo. En su cabeza aún estaba presente el dolor sordo que los nudillos del maestro, en el arte de hacer daño, le habían inferido el día anterior.
El probe Manolín creía que era normal. Él no sabía nada de coeficientes intelectuales, pero tampoco se consideraba más torpe que cualquiera de sus compañeros. Por lo tanto, no entendía como era el centro de las iras de aquel hombre, que le llamaba pícaro cuando contestaba correctamente a sus preguntas.
¿Era acaso, aquel representante de la “Cultura” oficial, un sádico que la había tomado con él?.
Sí, era cierto que se había vuelto taciturno y, a veces, se negaba a contestar. Pero, ¿no era preferible y sensato permanecer callado, que exponerse a recibir un coscorrón? Contestar suponía, cuando menos, oír unos improperios que lo vejaban ante toda la clase. ¡Qué horrible padecimiento era tragarse aquellas lágrimas, y sentir aquel nudo en la garganta que sólo cedía cuando rompía a llorar, en la soledad que le brindaba aquel prado donde pastaban sus vacas!. ¡Cuánto agravio! ¡Qué humillación ir a la escuela!.
No podía decir nada a sus padres. Ellos creerían que intentaba eludir la asistencia a clase. Además, ¿cómo explicárselo, si sus progenitores hablaban igual que él, y si se expresaban en castellano, lo hacían mal?
¡Probe Manolín!. ¿Malditas vocales!, ¡Si eran cinco... cinco nada más, y él se las sabía todas!.
¿Por qué le llamaba taimado aquel maestro, cuando le preguntaba que letra era aquélla? Si la “a” era “a”, -¡Pero si é ua “a”, Sr. Maestro! ¿Non ve que “é ua a”?, -pensaba Manolín, para sus adentros, en el gallego de la Asturias Occidental.
¡Ah!, si Manolín se diera cuenta que aquel docente, en su prístina ignorancia, desconocía que na nosa fala se excluía la “s” del verbo y aquella “n” intervocálica del adjetivo.
¡Ay!, ¡Si lo supieras Manolín!, esa sí que iba a ser “ua” boa causa pa rirse do mestre, que te faía chorar, porque tú, no sabías decirle en castellano: es una “a”, y por lo tanto él, en su obcecación, creía que tú le nombrabas, cada vez, cuatro vocales para acertar una.
Haxa salú y maestros observadores (por lo menos)".
El mapa de la Europa anterior a la caída del Muro de Berlín. Algunos países ya no existen y han aparecido otros nuevos
Recorriendo estos pasillos siempre entra a muchos algo de pánico rememorando momentos en los que el maestro te mandaba ir al 'encerado' o pizarra o a entregarle algún trabajo, examen, etc. También a recibir algún castigo físico
El encerado es del tipo antiguo, no de pizarra sino de madera pintada de negro. Crucifijo, bandera, cuadro del Caudillo, cuadro de Isaac Newton bola del mundo y demás enseres
La bola del mundo, botella de tinta, bombo de números para algún juego y demás objetos relacionados con la docencia
Otra bola del mundo y círculo de meses y estaciones. Al fondo un dibujo de Miguel de Cervantes Saavedra
Y así nos acercamos ya a la mesa del maestro, reviviendo en nuestra memoria momentos de la infancia y vida escolar
Volvemos a la puerta por la que hemos entrado a la Escuela y seguimos de frente
Vamos a ver esta vitrina: arriba a la derecha el Nuevo Catón, libro de Gramática básica para comenzar en la escritura y la lectura
Un microscopio y un manual para su uso en la escuela. Al lado un secador de tinta hecho de madera, estilo balancín
Sello, tinteros, más material de plástica y dibujo y un proyector
Más gráficos de anatomía del cuerpo humano y otras dos vitrinas
Una trompeta o turullo hecha de corteza o similar. Sin duda hemos de requerir la ayuda del guía del Museo para discernir qué es cada cosa
Tal vez este sea el maletín de la máquina de escribir portátil que vimos encima
Bolas de acero, pistola, plancha y sartén de juguete. A la derecha una funda de lo que parecen unos anteojos y más allá un puzzle de madera llamado Cruz del Diablo
Al lado, otro puzzle de madera es la Cruz del Maestro
Una especie de manual de instrucciones referentes a formas a conseguir armar con esta estructura
Hemos hablado de Pesos y medidas y ahora vamos a ver toda una sala así denominada por estar enteramente dedicada a esta materia
Aquí tenemos un cartel, igual que el que vimos en la Escuela, que sirvió para familiarizar a la gente con el Sistema Métrico Decimal, en cuya elaboración, por cierto, participó un asturiano, Agustín de Pedrayes, leemos en Wikipedia:
"Por invitación del gobierno francés (1798) fue nombrado, juntamente con Gabriel Ciscar, representante de España para que concurriera con los sabios designados por Francia para fijar el fundamento de un nuevo sistema de pesas y medidas sencillo, claro y preciso, que pudiera sustituir ventajosamente a los usados en las diferentes naciones y regiones. Posiblemente fue el primer congreso internacional de la historia. A propuesta de Pedrayes, se adoptó el círculo repetidor de Jean-Charles de Borda para la medición del arco de meridiano que va de Dunquerque a Barcelona, y que había de servir de base para la división del cuadrante de la circunferencia terrestre en diez millones de partes: una de éstas sería el metro, que en griego quiere decir "medida", esto es, "la diez millonésima parte de la distancia desde el ecuador hasta el polo Norte a lo largo de un gran círculo".
Durante los dos años que estuvo en París ocupado en la tarea, pudo dedicar algún tiempo para la publicación de un Tratado de Matemáticas que le atribuye Marcelino Menéndez y Pelayo en su La ciencia española (1887) y del que, sin embargo, no se ha podido encontrar ningún ejemplar en las bibliotecas de España, Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. En esos dos años en París, el matemático asturiano se ganó el respeto de los científicos europeos más importantes de la época, siendo mucho más valorado que en España, de modo que en las actas de la Academia de Ciencias de París se le calificó de sabio.También ideó un comparador, de cuya realización encargó al hábil constructor de aparatos de precisión Étienne Lenoir, y que reunía señaladas ventajas sobre el empleado en París por la Comisión de Pesas y Medidas. Este comparador fue presentado al rey Carlos IV, que deseaba verlo, según Real Orden de 21 de enero de 1801.[9]
En España, el Sistema Métrico Decimal, en el que participó Agustín de Pedrayes, junto con Gabriel Ciscar, se implantó en el sistema educativo con la ley de 19 de julio de 1849, que concedía gran importancia en el uso de las nuevas medidas, y que incluía una Tabla de correspondencia recíproca entre las pesas y medidas métricas, mandadas emplear en España por la ley de 19 de julio de 1849, y las que actualmente están en uso, según resulta de los trabajos ejecutados en los años de 1798 a 1800 por D. Gabriel Ciscar y D. Agustín Pedrayes,… (...)
El 26 de febrero de 1925 la ciudad de Oviedo en reconocimiento a su figura bautizó una calle en su honor bajo la denominación «Matemático Pedrayes».
"-Longitud: vara (0,85m), cuarta (0,21m) y pulgada (0,02m)- Capacidad para áridos: la fanega (48 kg), el ferrado (12 kg) y el tego (6 kg)-Capacidad para líquidos: la cañada (4,56l), el cuartillo (0,57l) y el cuarterón (0,14l)-Medidas de peso: el quintal (57,5 kg), la arroba (14,3 kg), la libra (0,57 kg) y la onza (0,028 kg)-Medidas agrarias y superficie: la fanega de tierra (7,86 áreas), la vara cuadrada (0,73 m) y la cuarta cuadrada (0,46 m)".
"La balanza romana (del latín statera romāna, estatera) es un instrumento que sirve para pesar, compuesto por una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo. El cuerpo que se ha de pesar se coloca en el extremo del brazo menor, y se equilibra con un pilón o peso constante que se hace correr sobre el brazo mayor, donde se halla retrasada la escala.Características
La exactitud y precisión de la romana depende de la calidad de los materiales con que ha sido fabricada y del calibrado de la barra y el pilón. Se han llegado a realizar romanas de acero inoxidable, de gran resistencia al uso en el tiempo y con capacidad para pesar gramos con total fiabilidad. El principio de su funcionamiento está basado en las propiedades de las palancas, donde el peso del cuerpo a pesar se contrarresta con el contrapeso del pilón que puede deslizarse a lo largo de una regla graduada.
Aunque existen diversos modelos de romanas, todas tienen un brazo en forma de regla graduada larga, donde se lee el peso, y otro más corto, del que se suspende el cuerpo a pesar, bien sea colocándolo en un plato o colgándolo de un gancho.
Para equilibrar la romana, hay que mover el pilón a lo largo de la regla graduada. Cuando la romana está equilibrada, la barra graduada está totalmente horizontal y el punto de la regla en que está situado el pilón permite leer el peso de la mercancía.
Desde mediados del siglo XX, las romanas fueron quedando obsoletas y están siendo sustituidas por balanzas de muelles y, más adelante, electrónicas de lectura directa, mucho más exactas y precisas. Su uso actual queda limitado a zonas rurales poco desarrolladas.
Las pesadas con la romana, así como con la balanza clásica, no dependen de la intensidad gravitatoria en el lugar, ya que su fundamento es compensar los momentos creados por el cuerpo a pesar y el momento antagonista que hace el pilón. Con una báscula electrónica, o con un dinamómetro, el peso sería diferente en función de la intensidad del campo gravitatorio.
Por ejemplo, si se coloca 1 kg de tomates en el gancho de la romana, el pilón de la romana no variará su posición, bien sea en el valle o en el altiplano; si utilizásemos una báscula electrónica, la medida en el valle sería mayor que en el altiplano.
Es decir, la balanza y la romana comparan masas y la báscula mide fuerzas".
Los términos báscula y balanza suelen entremezclarse a nivel popular. Aquí, las de las derecha las vemos denominadas como báscula portátil, balanza de mano, gancho pesador, balanza de bolsillo, balanza de muelle, báscula dinamométrica, etc. Son muy prácticas en los mercados y también tienen su versión digital. Arriba a la izquierda balanza de hierro de dos platos
Con sus formas y modelos siguió empleándose bastante tiempo en muchos comercios. Quien esto escribe la utilizó mucho en la ferretería de su padre para pesar clavos a granel, y estuvo allí en servicio hasta principios de la década de 1990, cuando ya se desechó en favor la venta en blíster (o por cajas)
Gran balanza de pesos grandes y báscula de sacos. Esta segunda aún podía verse en uso en algunos lugares muy a principios del siglo XXI, puede decirse que ha sido 'desterrada' con la generalización de los modelos digitalizados
"Cadena de agrimensor, también llamada cadena de Gunter.
La cadena de agrimensor es un instrumento que se utiliza como unidad de longitud para medir terrenos y distancias agrarias.
Es una cadena metálica articulada, lo que facilita su transporte y manejo. Se compone de varias unidades (barritas metálicas) de la misma longitud unidas entre sí por los extremos mediante dos anillas o eslabones, y cada extremo termina en un asa o manija también metálica. De un eslabón cuelga un clavo para fijar la cadena al terreno y facilitar la medición, que coincide con el punto que marca el centro de la cadena. No posee marcadores a intervalos regulares, como en otros ejemplares de cadenas de agrimensor.
Esta pieza en concreto es una media cadena de Gunter, de 10 metros de longitud total, la mitad del original. La cadena original, llamada cadena de Gunter en honor de su inventor, tenía una longitud total de 66 pies (20,11 metros) y estaba compuesta por 100 eslabones de 7,2 pulgadas cada uno.
Cada varilla o eslabón mide 20 cm (referencia tomada desde la mitad de la anilla hasta la mitad de la siguiente anilla, a ambos lados de la varilla), así que cada 5 eslabones hacen un metro (unidad fundamental del sistema métrico) y este punto se suele señalizar mediante una chapa metálica dentada. Para medir con exactitud hay que estirar la cadena de forma que quede bien tensa, y tener en cuenta que al estar hecha de metal, normalmente hierro y bronce, se dilata con el calor y es menos precisa que las cintas métricas de aluminio o las reglas de madera".
"El matemático y astrónomo inglés Edmund Gunter (Hertfordshire, 1581-Londres, 1626) diseñó esta cadena en 1620, y se convirtió en una medida oficial del sistema de medida de los países anglosajones, que continúa utilizándose en la actualidad. Las unidades básicas para medidas de longitud del sistema inglés (Sistema Imperial Británico) son :
Pie, pulgada, yarda, cadena de Gunter.1 pulgada = 2.54 cmUn dato curioso es que la cadena de Gunter corresponde la medida exacta del campo de cricket".
1 pie = 12 pulgadas = 30.48 cm.
1 yarda = 3 pies = 91.44 cm.
1 cadena de Gunter (100 eslabones) = 66 pies = 20,11 m.
Tengamos presente que, a nivel popular y como nos explican en la web de la empresa de medidas Gran Group, en España las palabras báscula y balanza suelen emplearse como sinónimos aunque realmente no sea así. La báscula se asocia más con la medición de la masa y aparece más frecuentemente esta denominación en contextos más técnicos, mientras que la balanza, en el lenguaje cotidiano se emplea más para la medición de el peso. Compartimos de la empresa BRM Balanzas Registradoras Madrid:
"Básicamente, una balanza mide la masa de un objeto. Y una báscula mide su peso. Bien, tenemos que aclarar los conceptos básicos: diferencia entre peso y masa. La masa y el peso son diferentes propiedades del mismo objeto, que se definen en el ámbito de la física. La masa es una medida de la cantidad de materia que posee un cuerpo mientras que el peso es una medida de la fuerza que es causada sobre el cuerpo por el campo gravitatorio. La masa se mide en kilogramos (kg) y se mide usando una balanza. El peso se mide en Newton (N) y se mide con una báscula, si bien el resultado es expresado en kilogramos.
Una curiosidad: la masa de un objeto sería igual se mida donde se mide,en la Tierra o en la Luna. En cambio, en cambio, el peso de un objeto sería diferente en la Tierra y en la Luna – eso es porque la fuerza de la gravedad es diferente en ambos lugares.
Actualmente existen tres tipos de básculas: mecánicas y electrónicas y electromecánicas o (híbridas). En el caso de las básculas mecánicas, las mismas pueden ser por contrapeso, con muelle elástico o puente con sistema de palancaje.
Dado que las básculas miden el peso, donde la gravitación es un factor primordial, tienen que calibrarse periódicamente y cuando son trasladadas, debido a las variaciones en la intensidad gravitatoria de unos lugares a otros. La calibración se hace por comparación con pesas patrones que a su vez estén calibradas con mayor precisión que la correspondiente a la balanza a calibrar según un sistema internacional de trazabilidad y certificación".
Pasamos a la sala de Madreñas, galochas y zocas, calzado de madera de uso habitual entre los campesinos pero también en buena parte de la población en general. Sus técnicas de fabricación estaban a cargo de los galocheiros o madreñeros, artesanos especializados en este oficio. Aquí vemos sus herramientas, su banco de trabajo
Junto con el material de trabajo se expone una colección de madreñas, galochas y zocas cuyo núcleo principal es aportada al Museo por el ingeniero industrial y Doctor en Ingeniería por la Universidad Politécnica de Madrid Alfonso Fernández Canteli, autor del estudio La madreña: tipología y distribución en el norte español que, publicado en 1987, plantea una clasificación que es la que se toma como referencia en esta exposición de la que nos cuentan así en la web del Museo:
"Las piezas proceden de Asturias, Galicia, León, Cantabria y en menor medida de otras regiones de la Península Ibérica y Europa. Tan extensa como su implantación geográfica es la multiplicidad de modelos y versiones de calzados que se fabricaban en madera, con variaciones que afectan a su denominación, morfología, acabados y decoración".
Proceso de fabricación, donde se muestra la fabricación de este calzado de madera desde que toma forma procediendo a su desbastado inicial
Del zueco pasamos a otra galocha, también de la zona astur-galaica. De las diferencias entre unas y otras pueden decirnos en el mismo Museo. Básicamente y a riesgo de equivocarnos podríamos decir que el zueco es de una pieza mientras que la galocha incluyes los tres tacos o tacones, dos delanteros y uno trasero
El banco de madreñero o galocheiro, básicamente idéntico en amplias áreas geográficas. La pieza se sujetaba en base a cuñas de madera y tornos, por lo que podía trabajarse cómodamente. Este es de madera de roble, fresno y castaño
Estas dos tienen un mango especialmente hecho para trabajar en un banco alto
Y estas son galochas de hombre hechas por él
Seguimos deambulando por esta sala galocheira, viendo otros útiles de trabajo y piezas, estas dedicadas a la fase preliminar, la de talar el árbol y preparar su tronco antes de empezar a hacer las galochas
Para esmaltar o desbastar el taco en el que se fabricará la galocha este se apoya en el picadeiro. Este es de madera o castaño
En la pared, y justo encima del cartel informativo, dos de las varias piezas expuestas
Otro cesto de los empleados sobre todo para trabajos de costura. Ni que decir tiene que valían para cualquier necesidad de transporte o almacenaje del usuario
En la pared, bandeja de tiras de madera, para uso doméstico en el servicio de mesa, o transporte y almacenamiento de ropa y enseres
Cesto salmonero, con asas y dividido en tres compartimentos, empleado para el transporte del salmón. El Navia por río salmonero por excelencia hasta la construcción de los embalses
Cesto de sembrar, de entretejido de tiras de madera. En él se llevaban las semillas durante la siembra y se guardaban y transportaban pequeños frutos
Cesto de pesca para transporte del pescado y los aparejos
"La pesca de anguilas, truchas y salmones era una actividad importante que se practicaba sobre todo en los pueblos situados a orillas del río Navia o río grande y que cesó en gran medida cuando la construcción de los embalses de Doiras y Salime hizo inviable la subida desde el mar de salmones y anguilas. Las capturas se realizaban a mano o bien recurriendo a redes y trampas o a útiles específicos como fisgas (arpones de tres dientes) y cañas".
Entre ellos, una cesta de pesca, con cinto o correa, y varios tipos de nasa, aparejo de pesca empleado para pescar truchas en ríos pequeños, regueiros y canales de molinos, del que existen muchas variantes, aunque el sistema básico es el mismo. Consiste en que las presas queden atrapadas adentro al introducirse en él. Este modelo es de tiras finas de madera de avellano y tiene dos bocas. la mayor con forma de embudo elíptico y otra más pequeña tubular de sección circular
Otra nasa, esta de largar varas de avellano, sin entretejer, y una sola boca
Y estos son fisgas, especie de arpón-triente para pesca de grandes ejemplares tipo salmón. Pepe El Ferreiro en su blog le dedica dos entradas el 23-1-2010, una es Fisgas:
"Para alternar con los ditos populares, seguirán las fisgas a los chuzos. Y es que curiosamente, este tema es para seguir fisgando como “curioso” en las armas arrojadizas. Y aunque este fisgar sólo es para dar a conocer las fisgas, que las incluimos en las artes de pesca, creo que merece la pena la curiosidad. O séase que bien o mal el juego de palabras no tiene más sentido que engancharlo, figuradamente, en las fisgas. ¿Saben el cuento de la buena pipa que…? Pues eso, pues eso ¡Y miren Vs. Ms., que no les voy a contar todos los detalles sobre su adquisición, para no extenderme demasiado! Y por cierto, sin fisgar: ¿Es V.M. de las personas que no le queda tiempo a leer? ¡Entonces para qué empezó! ¿Por fisgar? Pues ahora, por fisgón lea, lea. ¡Y si no, a husmear a otra parte! Sabe que fisga también significa burla, que con cierto arte se le hace a una persona. Se acabó, ahora va ya en serio.
La fisga se la define como un tridente de tres púas, con muerte; que son esos pequeños ganchos que lleva en cada diente, similar a los anzuelos, para impedir que una vez clavados en el pez, éste se desenganche. Como se puede comprobar, en la colección de la que forman parte en los fondos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, esta descripción no se ajusta a la realidad, porque aunque si aparecen algunas de tres, las hay de cuatro, cinco, seis y siete púas. Es llamativo que el número de siete se repite en muchas de éstas. Me imagino que por cabalístico, pues si fuera por efectividad, el guarismo aparecería reproducido en cualquiera de las otras, Hice hincapié en este detalle porque algunos visitantes del Museo suelen llamar tridentes a las fisgas, sin tener en cuenta el número de dientes; creo que por esa cuestión mitológica del tridente de Neptuno y las aguas. Desde luego esa asociación no es del todo descabellada si se tiene en cuenta que la fisga es un útil para la pesca del salmón (salmo, -onis) en los ríos.
La técnica consiste en desplazarse a la orilla de un río salmonero, una noche de luna, armado con la fisga, mangada tal y como aparece en la fotografía. Hay que tener en cuenta –aunque no se dijo- que los salmones deben estar en plena acción amorosa; es decir, en la freza, que es el momento en el que la hembra deposita sus huevos en el fondo arenoso del río, y el macho con los suyos los fecunda. En esa procreadora danza, tanto el macho como su abnegada compañera, dejan ver sus plateados abdómenes, que delatan su situación; momento que aprovecha el pescador para lanzar su fisga y quedarse con el final de la cuerda que está atada al mango. Lo que ocurre es que si V.M. quiere ver la barriga a los salmones, tendrá que desplazarse a un río de Canadá, porque en los de Asturias ya casi no quedan.
Puede parecerles cruel y desagradable esta forma de pesca, sin embargo, se practicó durante siglos y siguió habiendo salmones. Por lo tanto, nuestra trasnochada sensibilidad ecológica deja bastante que desear.
Con el fin de que siga "enganchado" a la fisga, y para los que no “quieren caldo, taza y media”, les contaré en otra entrega, historias de fisgas y salmones.
Haxa salú".
"Dije que no quería aburrirles con mis relatos sobre los fondos del Museo pero van a disculparme esta tendencia, porque como comprenderán, lo que trato es de documentar éstos. Si además sirven para que su entretenimiento no sea de tedio, mejor que mejor. De todas maneras, si es de hastío lo lamento. Vayan pues estos datos.
Hace bastantes años, un amigo que se llamaba Manuel Lougedo y era conocido como Louxedín de Vilarmayor -ya fallecido- al ver a fisga que yo había expuesto en el Museo, me dijo que en su casa había una. Mejor dicho no en su casa, sino en un pajar-bodega que poseía en Sanmayor. Este lugar está ya muy cerca del río Agüeira, afluente del Navia. Allí había quedado escondida, hacía muchos años, dado que el pescar con fisga estaba prohibido. Como es de suponer, Louxedín me narró la parte de la historia que él desde niño oyera contar a su padre y al abuelo. Se da la circunstancia que un hermano de su padre había emigrado a Cuba a finales del siglo XIX. Después de años en la antillana isla, vuelve este emigrante a su pueblo natal, entre 1925 y 1930. Una noche, después de la cena de los roxois, que se celebra con motivo de la matanza de los cerdos, y muy de madrugada, sale de la casa del vecino donde había sido invitado en compañía de unos amigos. Era al parecer en el mes de diciembre y la luna llena iluminaba toda la aldea. Nuestro personaje obligado a la diáspora, recordó con nostalgia aquellas noches que en su juventud, y acompañado de alguno de aquellos contertulios, bajaban a “sacar” algún salmón al río de Sanmayor, como era conocido en el pueblo; porque los ríos, se conocen en cada lugar por el nombre del pueblo o caserío por donde pasan. Y ahí tienen Ustedes que bastó el comentario del “cubano” para que se organizara la expedición de pesca. Parten ladera abajo desde la aldea, para llegar hasta el cauce de aquellas aguas donde el teleósteo y plateado pez daba fin a su periplo vital. Recogieran un trecho antes, en la bodega, la fisga y empezaron las tentativas de lance. Aún no llevaban media hora de acecho en la despejada noche, cuando son divisados aquellos iridiscentes destellos de los salmónidos. En uno de estos brillantes y rápidos movimientos, lanzó el “gallego” de cuba su fisga ¡y cual no sería su sorpresa que aquella fatídica lanzada hizo presa en los dos salmones, que frezaban y fueron pescados!
Concluye así la historia de la fisga de Louxedín. La que le sigue es breve.
Haxa salú"
Ventana principal de A Casoa, con vistas a la Casa del Molinero, la Eira, el Molino y el barrio de El Ferreiro o del Hospital, con el monte de El Coto Grandas enfrente, por donde viene el Camino de Santiago, entrando en la villa de Grandas
Fuente de cerámica de Faro
Fue entonces, en 1960, cuando se abrió esta clínica dentista que ahora exponen su material en el museo. Esta parte es el sillón del dentista con su unidad auxiliar. El sillón propiamente dicho lo forman la base, el asiento, el respaldo, reposabrazos y cabezal
Suele ser de maderas nobles, como la caoba, hecha por lo tanto de manera industrial en empresas especializadas
Aquí hay decenas de lentes de cristal con los que se graduaba la vista. Sistemas evolucionados pero muy parecidos siguen en uso
Cuadro gráfico con las partes del ojo. Sirven para explicarle al paciente el origen concreto de algún posible problema de visión
"Las colmenas tradicionales en Asturias son verticales y fijistas, es decir, los panales están fijos al recipiente y sólo pueden extraerse rompiéndolos. Por el contrario, en las colmenas modernas movilistas los panales están colocados en unos cuadros que se sacan sin romper y se vuelven a introducir después de extraer la miel. La ventaja de este último sistema no reside únicamente en extraer la cosecha de miel sin daño para las abejas, sino también en poder observar el estado de la colonia y manipularla con gran facilidad.Los nombres que reciben las colmenas antiguas no son los mismos en toda la región, de oriente a occidente podemos encontrar los siguientes: cubu (del latín cubus), caxiellu o caxellu (del latÍn capsa), trubiecu1, truébanu, truóbano y trobo. El término más extendido es truébano, que se utiliza en todo el área del asturiano occidental y en gran parte del asturiano central, donde convive con caxiellu. El origen de ese nombre, así como el de trobo que aparece en el área del dominio lingüístico del gallegoasturiano, es incierto. Ambas son palabras utilizadas en el noroeste de la Península Ibérica para denominar diversos utensilios formados a partir de un tronco hueco, una pieza de corcho o un trabajo de cestería".
En Asturias existen tres tipos de colmenas fijistas (trobos o truébanos), que se distinguen por su forma y por el material con que están fabricadas trobos de tronco hueco, trobos de tablas y trobos de corcho:
"Los dos primeros son los más generalizados, especialmente los fabricados con un tronco hueco, mientras que los de corcho se reducen a varios concejos del extremo occidental (Allande, Grandas de Salime, los Ozcos, Boal, Pezós, Eilao) donde las sufreiras o corcheiras (alcornoques) son relativamente frecuentes. La fabricación de los truébanos corre a cargo de los mismos apicultores, que no recurren a ninguna persona ajena a la casa. La labor se lleva a cabo durante los meses de invierno (de noviembre a marzo) aprovechando el menor trabajo en la agricultura y ganadería, y debido a que es la época más propicia para talar los árboles.Las maderas más utilizadas son las de castañal (castaño), carbayo (roble) y cereizal (cerezo). Los apicultores prefieren las dos primeras porque son maderas "muy calientes" y la última debido a que su "olor es muy del gusto de las abeyas, y dan más miel"; de todas maneras la madera de cerezo es una de las que los campesinos consideran que pone a las abejas gafas o agresivas. También se utilizan las maderas de teixu (tejo),figal (higuera), xardón (acebo) y teya (tilo), que algunos campesinos consideran apropiadas para contener abejas y otros, en cambio, poco recomendables para ese fin.
La altura de los truébanos oscila entre 45 y 55 centímetros, y su diámetro entre 35 y 45 centímetros; en general, se valoran más los pequeños que los grandes. "Los trobos pequenos tendrán menos [miel] pero aguantan mejor el tiempo y producen más enjambres, porque la casa grande lleva mucho más tiempo llenarla [de abejas]" (Grandas de Salime).Para confeccionar los truébanos de tronco se escogen árboles que tengan el corazón podre; una vez talados y troceados se vacía su interior de dos maneras diferentes: una, con la ayuda de una gubia grande y un mazo de madera con el que se golpea aquella; y otra, hendiendo el trozo de madera por la mitad, longitudinalmente, con unas pinas (cuñas) de hierro, y labrando con un hacha y una azuela cada parte, finalmente se vuelven a unir con dos pares de tornos (clavijas de madera) que atraviesan interiormente ambas partes, o con dos herraduras viejas que se clavan por el exterior. A veces se descortezan para evitar la propagación de insectos, aunque lo más corriente es que se conserve la corteza del árbol para dar más abrigo a las abejas. Las colmenas de tronco son las más abundantes de la región y en muchas parroquias las únicas que utilizan los campesinos.Los truébanos de caja se hacen con cuatro tablas de castaño, roble o cerezo, que se clavan con tomos de madera o con puntas de hierro. Donde se cosecha corcho no es raro encontrar ejemplares fabricados con dos tablas de madera y dos planchas de corcho. Para muchos abeyeiros estas colmenas no son muy recomendables, pues las tablas a la larga se "abarquillan, rajan y desclavan, quedando en muchos casos las abejas a la intemperie.Por último, los truébanos de corcho se confeccionan, claro está, con la corteza que se saca de las sufreiras (alcornoques). Los campesinos distinguen dos clases de árboles: sufreira blancal y sufreira moural, de las cuales la primera produce un corcho mejor, porque es más macizo y caliente para las abejas, mientras que la segunda da un corcho más poroso y más propenso a abrirse y tener resquicios. También se prefiere más el corcho de los alcornoques criados a solano que a umbría. Las épocas de escorchar son los meses de mayo y junio, y de agosto y septiembre, que es cuando el árbol tiene más celo (savia) y el corcho se desprende más fácilmente. Para evitar la polilla las cortas deben realizarse con la luna en menguante. El corcho apropiado para fabricar un truébano debe tener dos o tres centímetros de grueso, lo cual sólo se consigue con cortezas que tengan en torno a siete años de crecimiento. Antes de poblar de abejas una colmena de corcho es necesario que seque durante un año, "porque el corcho verde es para las abejas como una casa recién pintada para las personas" (Grandas de Salime).Las colmenas de este material son las más apreciadas por los abeyeiros de los concejos donde existen alcornoques, que las consideran el abrigo más cálido de las abejas. Los campesinos que no tienen alcornoques o los de concejos vecinos en los que no existe esta especie, adquieren el corcho bien comprando a sus dueños la cosecha de corcho y cortándola ellos mismos, bien adquiriendo los truébanos listos para usar. Hasta hace unos años no era raro ver en las ferias y los mercados de los concejos del occidente de la región vendedores de colmenas y tapas de corcho".
Centrifugadoras de miel, antiguo extractor de miel artesanal que aprovechaba la fuerza centrífuga de un mecanismo de manivela por el que se podía extraer la miel de los cuadros sin destruir los panales. Primero se retiraba la cera de las celdas (desoperculado) y, al girar la máquina, la miel salía despedida hacia las paredes del tambor. Esta máquina fue un invento del apicultor austroitaliano (entonces Venecia, su ciudad natal, pertenecía a Austria) Francesco de Hruschka, de cuya biografía e historia de este dispositivo nos cuenta así la Wikipedia:
"Francesco De Hruschka (1813-1888) fue un oficial y apicultor austríacoitaliano conocido como el inventor del extractor de miel, un invento que presentó en 1865 en la Conferencia de Apicultores de Brno.
Prestó servicios al ejército y la armada imperial austríaca. Se retiró con el grado de mayor y regresó a su tierra natal cerca de Venecia, Italia. Allí instaló una empresa grande que exportaba abejas Italianas a Alemania, también fabricaba colmenas y otros artículos.
En la reunión de la Asociación de Apicultura de Brünnen (Brno) en 1865, a la cual asistían personalidades como Gregorio Mendel exponiendo trabajos en 1871, y en la Exposición de Insectos de París en 1868, De Hruschka presentó un extractor de miel tangencial accionado por correas. Su inspiración provino de observar a su hijo que revoleaba algunos panales en una canasta encima de su cabeza. El extractor de miel fue presentado bajo el nombre comercial de De Hruschka que era Angelo Lessane, Dolo, Venecia.
En 1873 F. R. Cheshire describió esta máquina como una adaptación de la secadora centrífuga, consistente en una tina de madera dentro de la cual rotaba una jaula metálica perforada con el extremo superior abierto. La jaula interna giraba sobre un eje tirado al principio por una cuerda, pero en modelos posteriores por una correa sin fin de una rueda de transmisión.
Al poco tiempo de ser observado este extractor en Inglaterra y Estados Unidos surgieron variaciones de esta máquina, reemplazando la tina de madera, por hojalata con todas las combinaciones posible de partes móviles y tambores interiores y exteriores, equipos para invertir los cuadros móviles con los panales sin necesidad de retirarlos de la jaula, y variaciones en la jaula. Estas adaptaciones continúan hasta nuestros días, siguiendo todas el mismo principio de extracción de la miel, que es la fuerza centrífuga.
Es por ello que podemos atribuir a Francesco De Hruschka, la invención del extractor de miel centrífugo. La importancia de este descubrimiento es crucial para el desarrollo de la apicultura, debido a que ya no es necesaria la destrucción del panal para obtener la miel, con lo cual se deja de sacrificar las mejores colmenas para obtener el producto. Sin duda es una invención asociada a la aparición del cuadro móvil de Lorenzo Langstroth."
"En la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de los esfuerzos iniciados un siglo antes, la apicultura conocerá su propia revolución, gracias a tres inventos fundamentales: la colmena de cuadros móviles, la cera estampada y el extractor de fuerza centrífuga.La colmena de cuadros móviles o colmena movilista fue inventada en 1851 por el norteamericano L. Lorrain Langstroth (1810-1895). La idea de estas colmenas era antigua y en la primera mitad del siglo XIX se hicieron varios intentos (Prokopowitsch, en Rusia; Debeauvoys, en Francia y Munn, en Inglaterra), pero sin resultados, "porque las abej s pegaban a la colmena los cuadros que estaban demasiado cercanos en sus extremos"_ Hasta Langstroth nunca nadie supo llevarla a la práctica, que además construyó un modelo tan perfecto que hasta la fecha sólo ha sufrido pequeños cambios o variaciones de poca importancia. Los cuadros movibles de Langstroth están colgados y separados entre sí y los costados de la colmena unos 8 mm, lo que permite a las abejas circular y a los apicultores poder observar y manejar las colonias de abejas con gran facilidad, así como tratar sus enfermedades.En 1857, el alemán J. Mehring coloca por primera vez en un cuadro móvil una lámina de cera estampada con un dibujo, por ambas caras, de celdas hexagonales. De esta manera, las abejas no tenían que fabricar los panales, y ahorraban materia prima, trabajo y tiempo, produciendo una mayor cosecha de miel.Por último, el veneciano De Hruschka inventa en esos años el primer extractor de miel a fuerza centrífuga, en cuyo interior se colocan los cuadros llenos de miel y desoperculados. Su uso permite extraer la miel de los panales sin romperlos, pudiendo aprovecharse las láminas de cera durante varias temporadas.La difusión de estos tres inventos, que van íntimamente unidos, fue rápida en algunos países europeos y en los ambientes apícolas ilustrados. Con ellos se inicia la explotación intensiva de miel en las colmenas, pasando la producción de cera a un puesto secundario.En España la difusión de colmenas de esta clase fue tardía, debido al desinterés que existió durante la segunda mitad del siglo XIX en las instituciones oficiales con relación a la apicultura. Al contrario de lo que había sucedido en las postrimerías del siglo XVIII, en que la proliferación de tratados apícolas estuvo motivada por la escasez de cera y los precios elevados de esta sustancia y la miel, a partir de mediados de la centuria pasada decrecen tanto el consumo como el valor de la cera y, sobre todo, de la miel. La primera, aunque era la única luminaria permitida en las iglesias, padeció la competencia de las velas de estearina, esperma y parafina, y la miel, debido al considerable descenso del precio del azúcar, dejó de ser un alimento "de un uso muy frecuente" y quedó relegado a un empleo farmacéutico y a ser el "azúcar de los pobres". En consecuencia, hasta finales del siglo XIX no llegarán a España las primeras colmenas movilistas, y su introducción y difusión se deberán a iniciativas particulares aisladas".
"El extractor de miel es una centrífuga cuyo eje puede trabajar de manera vertical o bien horizontal. En él se colocan los marcos móviles con los panales de cera que contienen la miel, por fuerza centrífuga esta sale de las celdas hexagonales de los panales estampándose contra las paredes de la máquina. Ha habido una evolución en este tipo de maquinaria a través del tiempo, en un principio eran manuales y para dos o cuatro marcos, normalmente de chapa. En la actualidad tienen gran capacidad de marcos (entre 80 y 120) a los fines de realizar mayor trabajo, presentando controladores de revoluciones, canastos que permiten una carga rápida, motores potentes, sistemas de autofrenado, y normalmente son construidos en acero inoxidable especial para la industria alimenticia. Una vez que la miel es recolectada en el extractor o en un foso de acero inoxidable, por medio de bombas a paletas es enviada a decantadores, o directamente a los tambores".
"Los panales o setas que se extraen de las colmenas están formados por unas celdillas hexagonales de cera, en cuyo interior han depositado las abejas la miel. Lógicamente, para aprovechar ambas sustancias, miel y cera, era necesario separarlas, operación que se realizaba en la sociedad tradicional de varias formas: a) apretando directamente los panales con las manos; b) exprimiéndolos con una palanca de madera; c) dejando que la miel saliera sola; y d) prensando los panales en unas prensas de miel. Los dos primeros eran los métodos más extendidos en Asturias, mientras que los dos últimos sólo los utilizaban unos pocos campesinos, y nunca llegaron a ser característicos de una zona determinada.El sistema más generalizado en Asturias era coger los panales con las manos y estrujarlos con fuerza. Para que saliera la miel sin dificultad era necesario hacer esta operación al poco tiempo de extraer los panales de la colmena, cuando todavía estaban calientes; de este modo la cera quedaba convertida en bolas y la miel caía a un recipiente colocado debajo. A menudo en este recipiente se ponía un colador para recoger la porquería que llevan los panales (abejas muertas, larvas, capullos, etc.), y dejar así la miel limpia.Otros métodos muy extendidos por el centro de la región (Quirós, Llena, Piloña, Llaviana) consistÍan en meter los panales en un saco limpio y apretarlos con una palanca o un mango de madera, hasta que soltaban toda la miel. En unos concejos el saco tenía una forma de manga y se colocaba sobre una tabla inclinada; la palanca la sujetaban dos personas que presionaban los panales, con lo cual la miel arroyaba por la tabla y caía en un balde colocado debajo. En otros lugares colgaban el saco de un palo atravesado, y con dos palos pequeños lo estripaban (estrujaban), dándole vueltas hasta que sacaban toda la miel.El tercer método empleado para separar la miel de la cera era dejando que la primera destilase sola, gota a gota, y sin presión de ningún tipo sobre los panales. Era un modo muy poco utilizado y su uso entre los campesinos, a tenor de la información recogida, debe ser reciente. Un informante de Busloñe, concejo de Morcín, describe así este sistema: "Primero facíanlo venga apretar, venga apretar [los panales], pero yo no, yo cortábalo en pedacinos grandes, echábalo en una bolsa de rede y colgábalo ahí en la cocina a la calor durante la noche, y el miel pingaba en un caldero. Y tando bien caliente pingábalo todo, mejor que apretándolo. Pola mañana cogíes la bolsa y si taba ligera ye que hubiera salido todo, si pesaba entonces ye que faltaba. Y claro, así ye mejor, porque la cera quedaba por sí". Este sistema es el que recomiendan los tratadistas agronómicos antiguos, desde Columela en el siglo I a Sampil en 1798, que hablan de dos o tres calidades de miel, según el sistema de extracción: la miel que sale sola, sin apretar ni estrujar los panales, es la "miel virgen" o "miel prima"; la que se extrae a continuación deshaciendo los panales es la "miel segunda", que es de inferior calidad que la anterior, y, finalmente, la última miel o "melote", que se consigue estrujando los panales con toda la fuerza posible, es de ínfima calidad y se utiliza para untar las colmenas, alimentar a las abejas o como medicina para los animales. Sin embargo, a pesar de los tratados apícolas, los campesinos asturianos siempre exprimieron la miel que cosechaban en una sola operación y por tanto tampoco distinguían tres categorías de miel.Por último, también en Asturias se extraía la miel exprimiendo los panales en unas prensas dedicadas únicamente a este fin. Su empleo era muy limitado y se reducía a unas pocas casas repartidas por la región. La construcción de estas prensas se debe a campesinos curiosos que llegaron a confeccionarlas por varios caminos: copiar un modelo visto en otro sitio y saber adaptar un tipo de prensa conocido, como las de sidra o vino, a otro producto. En todo caso el uso de estas prensas no va más allá de la segunda mitad de la centuria pasada, pues a fines del siglo XVIII los tratados de apicultura no recomiendan, ni tan siquiera mencionan, el empleo de prensas para la miel. Aparatos similares a los que aparecen en Asturias también existen en otras regiones españolas: Galicia, Cantabria y País Valenciano".
Estos son unos fustes para prensar la cera, de los que nos cuenta Xuaco López en el apartado de su libro dedicado a La preparación y limpieza de la cera:
"... está formado por dos tablas alargadas (cuya longitud oscila entre un metro y 150 cm), más anchas por abajo que por la empuñadura, unidas por sus extremos inferiores con una correa o un par de bisagras de hierro; todos los ejemplares que conocemos son de madera de castaño. Para exprimir la cera se echaba derretida dentro de un saco, el cual se colocaba entre las dos tablas y se oprimía con fuerza hasta que salía toda la cera; la porquería quedaba en el saco y la cera limpia se recogía en un cacharro. Los fustes se utilizaban en el concejo de Ibias y en el vecino de Navia de Suarna (Lugo). Los pocos ejemplares que conocemos pertenecen a la colección etnográfica de la Asociación Cultural "Antola" de San Antolín de Ibias y al Museo Etnográfico de Grandas de Salime".
"Los métodos domésticos utilizados por los campesinos difieren bastante de los de las cererías especializadas. La confección de velas era una labor casera que realizaban preferentemente las mujeres en la cocina de sus casas. Sin embargo, era un trabajo masculino cuando su fabricación constituía una actividad económica de cierta importancia para la familia. El sistema más utilizado y extendido en nuestra región consistía en cortar un trozo de cera limpia de un panal (pan o torta) y ablandarlo con agua caliente o poniéndolo junto a la cocina de leña. Una vez que la cera tenía plasticidad se amasaba con las manos y se estiraba encima de una mesa hasta dejarla "fina como un frisuelo". A continuación se arrollaba la cera con una tabla de madera hasta darle la forma de una vela. Para introducir el pábilo de algodón se calentaba la hoja de un cuchillo al fuego y con ella se abría longitudinalmente la vela; se metía el pábilo en la ranura y por último, se volvía a calentar un poco la vela y se le pasaba la tabla por encima hasta dejarla lista.Otro sistema bastante utilizado, que es una variante del anterior, consiste en meter el pábilo cuando la cera esta estirada sobre la mesa; con la mecha dentro se enrolla la cera dándole la forma de vela del mismo modo que en el caso anterior".
"1). Moldes fabricados con el arna (corteza enteriza) de una rama de castaño y con cañas de cañavera (bambú), que se cortaban entre dos nudos. En ambos casos se introducía el pábilo dentro del molde y se vertía la cera líquida; cuando la cera solidificaba se rompía el molde para sacar la vela.2). Moldes de hojalata para fabricar una o varias velas (4 o 12). Los pocos ejemplos que conocemos pertenecen a casas de propietarios y a parroquias rurales, y responden a un tipo de moldes muy difundido en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX. El sistema de fabricación era similar al practicado con los moldes anteriores, aunque en estos de hojalata se sacaban las velas solidificadas introduciendo el molde en agua caliente.3). Molde bivalvo de madera de castaño (68 x 16 cm) para confeccionar cuatro velas de 65 cm de largo y 2 cm de grosor. Este molde está en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime y fue adquirido a un anticuario del concejo de Valdés; lo más probable es que perteneciese a una parroquia de la marina del occidente asturiano. El molde tiene en los costados largos un par de bisagras y dos aldabas pequeñas, y en sus extremos está cerrado con sendas chapas de hojalata: una tiene cuatro perforaciones diminutas para sujetar en ellas los pábilos, y la otra sólo tapa la mitad del molde para permitir el vaciado de la cera líquida.En cuanto al método de fabricación de velas por inmersión vertical del pábilo, no parece que estuviera muy extendido en Asturias. El único testimonio de su existencia son dos recipientes prismáticos (44 x 74 x 17 cm y 37 x 47 x 17 cm), hechos en una misma pieza de madera de castaño, procedentes del Valledor (concejo de Allande), que en la actualidad pertenecen al Museo Etnográfico de Grandas de Salime. La función de estos recipientes era contener cera o sebo de oveja líquidos en donde se sumergían los pábilos para fabricar las velas. Los pábilos se sujetaban en una tablilla alargada y se introducían en el caldo las veces que fuera necesario hasta conseguir las velas".
Al pie de la colmena, una torta de cera, es llamativo que el antiguo hospital de peregrinos de Buspol, aquí en Grandas, junto al que hemos pasado al empezar el descenso al Salto de Salime, pagase a la mitra ovetense como tributo "una libra de cera en torta" a la vez que Asturias era deficitaria en su producción, así como en la de miel, por lo que acudían vendiendo ambos productos los referidos cereiros y los mieleros de la Alcarria:
"En nuestra región el número de cereros profesionales nunca fue grande, y su localización rara vez traspasó los núcleos urbanos más importantes. A mediados del siglo XVIII, el número de personas que se declara cerero de profesión en el catastro de Ensenada es insignificante, y ello es debido a que los que se dedicaban a este ramo lo compaginaban con otra actividad principal: taberneros74 y principalmente, como fue tradicional hasta fecha cercana, confiteros. Chocolateros, bizcocheros y confiteros sólo había, según dicho catastro, en Oviedo (28), Xixón (27), Avilés (16) y Llanes (5), pero por desgracia son muy pocos los datos que tenemos para poder evaluar su trabajo como cereros. De este modo, en las respuestas a dicho catastro en Xixón, sólo dos confiteros se declaran cereros, y en Llanes, ningún bizcochero alude a su dedicación a la cera. En 1771 el "Gremio de confiteros y chocolateros y zereros" de Oviedo estaba formado por 33 personas, de las cuales 16 especifican que son molenderos de chocolate; sin embargo, tampoco esta fuente de información nos proporciona datos precisos sobre el trabajo y el tiempo que dedicaban estos oficiales a la cera"."La producción de miel en la mayor parte de Asturias no era capaz de satisfacer las necesidades de los campesinos, ni de la población urbana que en la región comienza a aumentar considerablemente durante la segunda mitad del siglo XIX. A pesar de que el consumo de miel no era muy grande, pues ya hemos visto en el capítulo anterior que su uso no pasaba de ser una medicina, era necesario importar miel de fuera para satisfacer la demanda existente. La escasa producción de los campesinos de la zona centro-oriental de la región, incapaces técnicamente de aumentar la cosecha de miel, era la principal causa de este déficit. Por otra parte, la zona occidental producía bastante cantidad de miel, pero su objetivo no era la venta sino el autoconsumo, y en consecuencia nunca existieron, ni tan siquiera se intentaron crear, sistemas de distribución y comercialización para la miel.Estas razones motivaron que nuestra región se convirtiera en un lugar tradicional de venta de los mieleros46 (meleros) procedentes de La Alcarria (provincia de Guadalajara), cuya miel es desde antiguo una de las más conocidas de toda España.Los alcarreños, al parecer, comenzaron la venta ambulante en el siglo XIX, y por lo que respecta a Asturias así debe ser pues Sampil Labiades en su tratado apícola, publicado en 1798, cita a los cereros que compraban la cera por los pueblos de la región, pero nunca menciona a los meleros. Junto a estos tratantes ambulantes también existía un comercio de menor entidad, formado por campesinos asturianos que se desplazaban a León y Castilla a vender productos del país, en especial avellanas, y de retorno traían miel y la vendían en sus parroquias. Los alcarreños, procedentes casi en su totalidad del pueblo de Peñalver, se repartían entre ellos sus zonas de venta, para evitar la competencia y el trabajo vano. Sus mercados más importantes los tenían en diversas provincias del norte de España: Asturias, Valladolid, Santander, Bilbao, Alava y Logroño; también Madrid, debido a su proximidad con La Alcarria, era un lugar importante de venta (...)Los meleros que llegaban a nuestra provincia sólo recorrían la zona centro-oriental. Sobre ellos hemos recogido información en los concejos de Grao, Teberga, Ayer, Bimenes, Llaviana, Parres y Cangues d'Onís, y todavía los hemos visto ejercer su trabajo en Oviedo51. Andaban tanto por zonas rurales apartadas como por las ciudades y núcleos industriales. Iban casi siempre solos y llevaban la miel metida en un par de pellejos que cargaban sobre una caballería. Pasaban por los pueblos voceando: "¡Mielero, miel, miel de La Alcarria!". Después de la Guerra Civil dejaron de traer las caballerías y se desplazaban en coches de línea, andando por los pueblos y ciudades con una barrica llena de miel y una alforja de lana con quesos, ambas colgadas de los hombros.Los campesinos que no tenían colmenas les compraban a menudo un poco de miel para tener en casa. "Había gente que les compraba un poco [de miel], porque el dinero non daba pa más". La miel se adquiría como una medicina que era necesario tener siempre a mano: "los mieleros vendían mucha miel pa los catarros; venían en invierno y vendían mucho a los mineros, porque los silicóticos tomaban una cucharada pola mañana pa los pulmones" (La Sienra, concejo de Bimenes).
A los meleros se les consideraba personas humildes ("unos amiseriaos") y buenas, aunque la miel que vendían, según los campesinos, no lo era tanto. Para los paisanos todo aquel que tuviera que salir de casa a ganarse la vida, sobre todo aquellos que tenían que vivir errantes, eran dignos de lástima, porque eso significaba que la tierra de uno era pobre y no daba lo suficiente para sobrevivir".
"Los descubrimientos que sobre la naturaleza y el comportamiento de las abejas se van difundiendo a lo largo del siglo XVIII propician una reflexión y un replanteamiento profundo de las técnicas apícolas antiguas, que incitan a los agrónomos a mejorar y transformar en gran medida la cría de las abejas. En efecto, es imposible separar el desarrollo de los conocimientos científicos de las innovaciones técnicas que se realizan en este ramo a partir de mediados del siglo XVIII y que culminarán en la segunda mitad del siglo XIX.En el Siglo de las Luces se inventan muchas colmenas nuevas con formas y tamaños diversos, aunque todas ellas fijistas, con las que se pretende sustituir a las tradicionales y aumentar la producción de miel y cera (...)
En la primera mitad del siglo XIX existen en nuestro país dos grupos de autores apícolas: unos rechazan algunos de los descubrimientos de los naturalistas extranjeros y propician el uso de las colmenas tradicionales, defendiendo en ambos casos las ideas antiguas; y otros son directos seguidores de la apicultura gestada durante la Ilustración dieciochesca, en concreto de la apicultura difundida por los agrónomos franceses".
"Nació en La Riera (concejo de Colunga) y fue el primogénito de una familia "pobre, muy pobre, aunque hidalgos de todos quatro costados desde inmemorial". Con gran esfuerzo de sus padres termina los estudios de Gramática y marcha a Valladolid, donde continúa su formación con los dominicos en el colegio de San Gregario. En esta ciudad entra a trabajar de criado en varias casas, como en la del relator don Bernardo del Valle, "en donde -según dice él mismo- estube diez meses con indecibles trabajos, que nunca supe estar caliente en la cama, tal era ella", y más tarde en la del mercader Juan de Molinedo, "cuya muger me miraba como si fuera su hijo". Gracias a la ayuda de estos últimos patrones y de varios padres dominicos se ordena en el convento de San Pablo de Valladolid, donde profesa con el nombre de fray Toribio de Santo Tomás. A partir de entonces su vida transcurrirá en distintos conventos de la orden, localizados en Vitoria, Pamplona, León, Tabara (Zamora), Segovia y Tuy (Pontevedra); en este último lugar alcanza el grado de prior. También recorrió las comarcas de Trasmiera y La Liébana (Cantabria), y la merindad de Valdeburón (León) en calidad de predicador.Entre 1711 y 1712 escribe un completísimo tratado agronómico, que titula Arte General de Grangerías, dirigido a un sobrino suyo que vive en La Riera, con el fin de que éste mejore y amplíe la casería "para salir de pobre". El texto está hecho expresamente para ser aplicado en las tierras y montes de La Riera, a cuyos lugares remite con frecuencia Pumarada, y en él se describen y proponen para su aplicación no sólo prácticas y técnicas características de Asturias, sino también otras muchas que aprendió en los lugares donde estuvo destinado.
La obra es una enciclopedia de la vida rural, que intenta dirigir al "amado sobrino" en todos los aspectos de su existencia, desde la educación y el matrimonio de los hijos, la vida sexual y el vestido, hasta la siembra de cereales, el piando de árboles y la cría de ganados. Se divide en dos partes: la "Grangería Espiritual" y las "Grangerías Temporales". La primera parte trata, como el mismo autor señala, de la salvación del alma, y en ella se explican los mandamientos de la ley de Dios y las diligencias que debe seguir el cristiano para guardar dicha ley. En sus páginas aparecen, junto a la doctrina cristiana, muchas recomendaciones prácticas sobre las cualidades de la mujer, el gobierno del concejo de Colunga, la herencia, las obligaciones de los curas párrocos, jueces, regidores y escribanos, etc. La segunda parte agrupa todo lo relacionado con el gobierno de la casería y las técnicas de producción rural: árboles, prados, ganados, cultivo de cereales, huerta, abejas, sidra, aperos y herramientas, carro, basorios o narrias, casa y cabañas, etc. Pumarada describe en su tratado lo que él considera una casería ideal. Su mayor pretensión es que la casa sea una unidad de producción completamente autosuficiente; su sobrino, siguiendo todos sus consejos, no tendría que depender de nadie, sólo de su propio trabajo y del Arte General de Grangerías, para conseguir y mantener una casa fuerte y libre de foros, censos, arrendamientos, camuñas (aparcerías), etc.
Lógicamente la casería perfecta que propone Pumarada a su sobrino tenía que contar con colmenas, por ello dedica sesenta folios de su obra a tratar "del colmenar y todo govierno de abejas para en los Montes de tu Riera". Según él, nadie "puede negar que si hay estrella con ellas es riquísima, y de mucho interés y regalo la grangería de las abejas. Y por eso para la casa de un padre de familia, que se precia de buen grangero, es un perteneciente grande tener un afamado colmenar, ahí hasta cien cubos de abejas y quantos más pueda". Ahora bien, para tener fortuna con las abejas su recomendación es "que prometas buen quiñón de la cera al Criador destas avecicas, Nro. Sr. Jesucristo, para emplear su precio en decir misas por sus amiguitas ánimas de Purgatorio, redimidas con la preciosísima sangre de su Magestad infinita. Que con tan necesitados aparceros creo que tendrás en esta grangería una oriental estrella"Las creencias sobre las abejas y su naturaleza, así como los temas que trata son los mismos que aparecen en todos los autores agrícolas de los siglos XVI a XVIII: las características que debe tener un buen colmenar; las clases de colmenas y sus materiales, que no difieren en nada de las tradicionales; la captura de los enjambres, siguiendo el sistema común; la alimentación y la limpieza que deben practicar los "peritos colmenistas". Pumarada hace especial hincapié en tres asuntos: la captura de colmenas silvestres, y la recolección de su miel y cera en los árboles y peñas de los bosques; el "arte para partir los enjambres", que es el remedio más eficaz "para que ningún nuevo enjambre de sus abejas se le pierda, ni vaya de la colmena", y el modo de "escolmenarlas" o "robar a las abejas el tesoro de su miel y cera". En este último punto Pumarada ataca a los campesinos que matan sus abejas y también a los que "parten a mitad sus colmenas, un año las roban por una cabeza y otro por la otra", y recomienda extraer toda la miel y cera de las colmenas antes del 15 de septiembre, traspasando las abejas a una colmena vacía. Este sistema debió de observarlo Pumarada en algún lugar del suroeste de Castilla o en Extremadura, pues todavía lo utilizan los apicultores de las provincias de Badajoz y Huelva, con unos resultados, por cierto, poco recomendables debido a la altísima mortandad de colmenas que se produce durante el invierno y la primavera; sin embargo, nuestro autor opina que las abejas "como son ya entonces matriegas" recuperarán las vituallas en poco tiempo".
"La fidelidad de Sampil hacia su protector fue tan grande, que en 1801 cuando éste fue desterrado a Mallorca, él se encargó de llevar a Madrid las quejas y demandas de Jovellanos al rey, por lo que fue encarcelado por espacio de cuatro meses y desterrado a Mieres. En su casa permaneció encerrado por miedo a las denuncias de sus paisanos, y bajo la vigilancia directa del obispo de la diócesis. En 1807 escribe a Jovellanos:"Amigo mío, esta vida del más severo cartujo, que en los principios me era sumamente dura, porque mi genio, como usted no ignora, nada inclinado era a ella, al presente, después de dos años y medio de noviciado, me es tan amable que con dificultad me resolvería a entrar en sociedad con los demás hombres, aunque las cosas todas mudaran de repente de aspecto".Sampil representa muy bien el espíritu ilustrado del siglo XVIII y la nueva actitud que existe ante la realidad que le rodea; en él se unen un interés grande por las nuevas ideas desarrolladas en el extranjero y por la experiencia práctica de esas ideas. Era un persona muy aficionada "al trabajo de manos", cuya amarga situación en los primeros años del siglo XIX le impulsaron a buscar una casa con huerta para alejarse de Mieres y dedicarse al cultivo del campo; así se lo cuenta en 1807 a Jovellanos:"Si entre éstas encuentro un corto terreno de mediana fertilidad, pero con riego, no se me escapará con tal que esté retirado de pueblo agregado, y en él haré un humilde tugurio del que ya tengo hecha la planta, donde acabaré los cortos días que me restan, cultivando por mí mismo la tierra que deberá alimentarme, porque de las rentas eclesiásticas me quedan ya pocas esperanzas".Sin embargo, antes de esta etapa, su interés por las nuevas experiencias agrícolas no sólo fue para él un asunto personal, sino que consideró casi una obligación difundirlas a través de publicaciones de pequeño tamaño y lectura fácil, para mejorar el estado de los labradores. En 1798 publicó sus dos únicos tratados agrícolas, ambos dedicados a Jovellanos, que son El jardinero instruido ó tratado físico de la vejetación, cultivo y poda de los árboles frutales y Nuevo plan de colmenas. En ellos se recopilan los trabajos llevados a cabo por diversos autores extranjeros y la propia experiencia de Sampil en ambos ramos. El tratado sobre las abejas, como ya dijimos, debe mucho al Diccionario de Rozier y a veces lo copia literalmente. En el prólogo del libro se ataca con dureza a todos los autores antiguos y modernos (Virgilio, Columela, Herrera) que han escrito sobre el cultivo de las abejas, así como a la "inmemorial costumbre, voz más perjudicial a la agricultura -escribe Sampil-, que los terribles meteoros, porque al fin estos son pasageros, pero aquélla sigue de generación en generación de acuerdo con la ignorancia, para que jamás se olviden los errados procedimientos de nuestros abuelos". Sampil considera que entre los labradores "hay pocos exemplos que imitar, y si se encuentra alguno es bien señalado". Los únicos conocimientos válidos para resucitar la aletargada agricultura española son los que proceden de la observaci6n escrupulosa combinada con "la meditación más reflexa", que practican algunos autores extranjeros.En cuanto al modo de propagar esas ideas y técnicas nuevas, el único modo posible, según nuestro autor, era con la ayuda de los curas párrocos, pues su influencia entre los campesinos era grande y además su esfuerzo redundaría al final en beneficio propio. (...)La idea de utilizar a los párrocos para difundir los nuevos conocimientos agrícolas también había surgido en el extranjero, en concreto fue lanzada por el italiano Griselini, y en España su mayor reflejo fue la publicaci6n con apoyo oficial del Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos (1797-1808).El tratado apícola de Sampil está dividido en dos partes. La primera se dedica Íntegramente a describir la naturaleza de las abejas, así como sus productos básicos (cera, miel, própolis). La segunda parte recoge las recomendaciones prácticas para la cría de las abejas, deteniéndose principalmente en las "colmenas de altos" o cajones sobrepuestos inventadas por Palteau y perfeccionadas por Carne de Blangy"
"Nació en Saliencia (concejo de Somiedo). Estudió en el Seminario de Oviedo y se ordenó sacerdote en 1894. Su primer destino fue como mayordomo del obispo Martínez Vigil; cuatro años más tarde ingresa en la Beneficiencia Provincial, trabajando primero como capellán del Hospicio y pasando al cabo de dos años al Hospital. En 1925 cesa en este cargo, y comienza su dedicación plena en los servicios agropecuarios de la Diputación Provincial. Ese año es nombrado "encargado de dar lecciones de Apicultura en los Centros de Enseñanza, para propagar los métodos modernos de dicha industria". En 1935, se ofrece para instalar y regir las secciones de apicultura, cunicultura y avicultura en la Granja del Hospital Psiquiátrico, y después de la Guerra Civil volverá a estas mismas labores. De todos modos, su dedicación más intensa y querida fue la apicultura, lo que le valió el nombre de "el cura les abeyes".En un primer momento Flórez trabajó en un laboratorio formado por él en el Hospital provincial, trasladándose enseguida al "caserón de San Lázaro" (casa de caridad), situado en el barrio de ese nombre en Oviedo, donde creó un centro api-sericícola. En 1927, el caserón es derribado y la Diputación arrienda una finca en las afueras de la ciudad, denominada la "Quinta del Obispo", para dedicarla únicamente al fomento de la cría de abejas y gusanos de seda.Flórez consideraba que la apicultura era una fuente de riqueza "que bien explotada pudiera en estos tiempos de penuria, sacar de apuros económicos a numerosos campesinos y a muchos obreros manuales y profesionales, cuyo ameno y fácil trabajo redundaría por añadidura en beneficio de la agricultura" por el trabajo polinizador de las abejas. El mismo declaraba en 1964 que las abejas "además de mi interés, fueron mi medio de vida", pues durante muchos años la venta de miel, recogida en sus propias colmenas, le proporcionará unos ingresos económicos importantes.Sus ideas divulgadoras se resumen en los seis objetivos que establece en el proyecto que en 1925 envía a la Diputación para crear una "escuela práctica de apicultura": 1) Dirección de "colmenares oficiales o particulares con colmenas de variados tipos, para dar en ellos públicamente conferencias y lecciones prácticas y comparar el rendimiento en orden a la adopción del mejor modelo"; 2) Auxiliar a los principiantes en la confección de las colmenas y orientar sus trabajos; 3) Dar conferencias teórico-prácticas en los centros docentes y en las Sociedades agrícolas; 4) Publicar en la prensa regional los trabajos apícolas que deben realizarse en las diferentes estaciones; 5) "Contestar a las consultas que le hagan de palabra o por escrito"; y 6) "Fomentar las relaciones entre los apicultores, para que se presten mutua ayuda y consigan ventajas económicas en las compraventas".Carlos Flórez pensaba que era fundamental que los propios campesinos pudieran observar y convencerse por sí mismos de las ventajas de la apicultura moderna; por ello, toda su labor de divulgación se basaba en un contacto permanente con los aficionados a la apicultura y sobre todo con "los más afamados apicultores", pues éstos siempre podían influir en el resto de los campesinos. Estas ideas le llevaron a recorrer muchos concejos y a instalar entre 1926 y 1933 cerca de 3.000 colmenas modernas diseminadas por toda la región. "Durante estos siete años -escribe Flórez- se prodigaron los cursillos, las visitas al colmenar oficial y las consultas particulares, aparte de la copiosa correspondencia. Aunque mi obligación se reducía a la enseñanza en los centros docentes, le di la posible amplitud en beneficio del público sin distinción de ideas ni de condición social, a no ser en los casos de manifiesta incapacidad o cuando después de comprarles colmenas, abejas, cera u otros enseres costosos, los favorecidos se llamaban a Andana y ni siquiera daban las gracias. Escuso decir que abundan tales personas, sobre todo en la clase acomodada".Uno de los principales objetivos de Flórez era que los campesinos interesados en la apicultura moderna no dependieran de los elevados precios que tenía el material apícola (colmenas de cuadros, extractor, ahumadores, plantilla para estampillar la cera, etc.), ni que este hecho fuera una barrera para ellos. Con el fin de evitar esto hizo siempre especial hincapié "en que los aficionados no se supeditasen a las casas constructoras, porque ganarían mucho en calidad y precio fabricando en la localidad sus enseres" 72; y, además, para que los campesinos tuvieran un modelo de colmena para copiar, promovió que la Diputación provincial entregase a todas las escuelas y personas, "aficionadas de garantía", que lo solicitasen una o varias colmenas modernas. Los campesinos a cambio de una colmena de cuadros móviles tenían que entregar una tradicional o fijista poblada de abejas, que la Diputación cedía a las escuelas para iniciarse en este cultivo.Las preocupaciones de Flórez se reflejan muy bien en el material que presenta en el Pabellón de Asturias de la Exposición Nacional de Ganadería de 1926, donde expuso colmenas Layens y Dadant, "fabricadas en Asturias a precio asequible", y también un tipo de colmena "ideado y ensayado por él con muy favorable éxito en los valles altos de Asturias". Este modelo consiste en una colmena tipo Layens, en la que Flórez colocó una separación para almacenar miel paralela a la piquera; de este modo, la colmena queda dividida en dos mitades, evitando los inconvenientes del enfriamiento, esté o no lleno el almacén y sin que sea preciso sacar los cuadros de él. Según los redactores de la revista La Colmena, Flórez "ha tratado de resolver y, a nuestro juicio, resuelto, unos problemas locales que dificultaban el desarrollo de la apicultura, de la que es D. Carlos un apóstol en el Principado".Para Flórez, los maestros y las escuelas eran las personas y los lugares más apropiados para fomentar el interés por la apicultura en el campo asturiano, y por ello organizó en muchos centros escolares "cotos apícolas" a los que proveía del material apropiado. En 1928, tenía formados 74 centros de enseñanza en los que estaban repartidas 465 colmenas. La Guerra Civil acabó con toda esta labor, que volvió a reiniciarse en 1941 con la misma política de los "cotos apícolas" y la entrega de colmenas a campesinos.En 1960, cuando ya estaba jubilado, la Diputación Provincial le publicó un folleto titulado Nociones de apicultura, en el que describe de un modo muy sencillo las técnicas apícolas modernas y los diversos tipos de colmenas movilistas (Layens, Dadant, Root), entre los que está el modelo inventado por él. El "cura les abeyes" fue un hombre de acción, que hasta los últimos años de su larga vida tuvo una vitalidad y una capacidad de trabajo muy grandes. Todo su programa divulgativo estuvo basado en ofrecer el auxilio necesario a los campesinos interesados ("aficionados") en el cultivo de las abejas, observando cierto respeto por las colmenas tradicionales. Las palabras escritas por Carlos Flórez en un artículo periodístico publicado en 1906, refiriéndose a los desvelos de un ingeniero, Ricardo Acebal, por instalar una piscifactoría en Asturias, y del poco caso que se le hacía, sirven muy bien para conocer su espíritu y sus ideas:"Este gran patriota, convencido de la importancia, que había de tener nuestra piscifactoría, viene persiguiendo su realización con perseverancia impropia de nuestro carácter y digna de otro país, porque aquí se perpetuará en estatuas la memoria de cualquier guerrero, que tenga el único mérito de haber arrebatado muchas vidas a la humanidad, o la del charlatán, que en lugar elevado pronuncie tan brillantes cuanto estériles discursos; pero el funcionario, que estudia con afán allá en el fondo de su oficina los progresos de las naciones más adelantadas para enriquecer con ellos la suya, o que trabaja y lucha por hacer bien al país, vive olvidado de todos, recibiendo a cambio de tantos sacrificios un sueldo mezquino, prenda segura de lo poco en que se estiman sus desvelos".
Vista la galería con la sección de Apicultura volvemos a entrar en la sala del oculista y pasamos al siguiente espacio museístico de este Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"
Muchas son piezas que, o bien siguen utilizándose (con sus lógicas evoluciones) o lo fueron hasta fechas históricamente bastante recientes
Si tenemos además la suerte de que nos acompañe un médico en nuestra visita o alguien familiarizado con este instrumental mejor que mejor aún
Pasamos así de pieza a pieza y de expositor en expositor
Y complementos mucho más avanzados que, pasando unas décadas, también se quedaron obsoletos y pasaron a ser material museístico
Novedades de ayer por la tarde, 'antiguallas' hoy, pero que tantísimo bien hicieron a trabajadores (familias incluidas) y vecinos
Está relacionado con cajas metálicas para dicho instrumental
Un esterilizador antiguo en acero inoxidable y dos chatas de hospital
En la pared, instrumental veterinario
Y encima, una reproducción del gran mural de Joaquín Vaquero Turcios en el que se repasa la historia de la construcción del Salto de Salime, sito en su sala de Turbinas. Nos cuenta de él Natalia Tielve García en la web Patrimoniu Industrial:
"El monumental aprovechamiento hidroeléctrico de Salime, construido entre los años 1945 y 1955, es una soberbia manifestación de la labor integradora desarrollada por Joaquín Vaquero Palacios en colaboración con su hijo Joaquín Vaquero Turcios.
En la sala de turbinas de la Central de Salime encontramos dos de las intervenciones más interesantes: una composición geométrica que reproduce la descarga eléctrica entre dos polos y un gran friso narrativo que da cuenta de la laboriosa experiencia constructiva del salto. La composición, a gran escala, exige una lectura continua para aprehender el relato, la narración de los trabajos emprendidos desde la génesis del proyecto hasta llegar a las aplicaciones de la electricidad y de sus protagonistas.
El relato plástico arranca con la invención del Salto y la representación de los Consejeros de las empresas promotoras -Hidroeléctrica del Cantábrico S.A. y Electra de Viesgo, S.A.- así como de los Ingenieros responsables de los estudios técnicos. A la síntesis de los trabajos constructivos -accesos, transporte y edificios– siguen los Obreros, protagonistas del tramo central del mural; les sobrevuela la escena de la Pietá, en la que una mujer apesadumbrada sostiene entre sus brazos a un obrero, en recuerdo de los fallecidos durante las obras. Continúan el relato los Directores y los Artistas: el padre, Vaquero Palacios, representado como escultor; el hijo, Vaquero Turcios, como pintor.
Más adelante, junto a la alusión al embalsamiento y el hundimiento de las fincas y edificios preexistentes, son esquemáticamente reproducidos los elementos que integran el salto: la presa, el aliviadero, la central, la subestación de intemperie, los grupos de turbina-alternador, los mandos y el transformador. Culmina el mural con el encendido de una bombilla y la producción de la energía, el calor, la fuerza, la luz y sus líneas de transporte.
El resultado es una obra rotunda y equilibrada en la que quedan armónicamente acompasados verismo y simbolismo. El tratamiento digno, severo y solemne de las monumentales figuras, de porte épico, la rotundidad plástica, la vivacidad cromática e intensidad emotiva nos permiten enlazarlo con las composiciones del muralismo mexicano".
Las torres de alta tensión que soportan el cableado que transporta la energía producida en el embalse. A la derecha ejemplos de utilidad de la energía eléctrica, desde la bombilla, luz y sonido a la misma industria
"La vida del campesino estaba marcada por la luz del sol. Por la noche, la única luz de la casa era el fuego de la lareira y, si era necesario, se encendía un candil de aceite o una garabuya o cádaba, rama de uz (brezo) seca que se colgaba en el paparote manteniendo la llama bastante tiempo. Estos sistemas se alternaban con faroles de petróleo y lámparas de carburo. Las velas de cera fueron escasamente usadas en los ambientes domésticos, siendo su uso preferente el religioso. Ocasionalmente se fabricaban velas de sebo de oveja para el uso corriente.
La luz eléctrica comenzó a llegar a la comarca en la segunda década del siglo XX. Su ritmo de introducción fue muy lento y la mayoría de las parroquias no dispusieron de ella hasta mediados los años 40, siendo varios los pueblos que se mantuvieron sin luz eléctrica hasta la década de los 80".
Todos estos dispositivos se empleaban para la iluminación dentro de las casas, colgándonos en lugares estratégicos o llevándolos en la mano de un lugar a otro al desplazarse
"Los rayos X fueron descubiertos el 8 de noviembre de 1895 por el físico Wilhelm Conrad Röntgen, en Hamburgo, Alemania. Tras sus estudios de ingeniería médica, se introdujo en el mundo de la física y obtuvo sus primeros hallazgos mientras estudiaba el poder de la penetración de los rayos catódicos.
A lo largo de su investigación, identificó que una pantalla fluorescente cercana emitía un resplandor, a pesar de que había objetos sólidos entre la fuente de radiación y la pantalla. Este fenómeno indicaba que una nueva forma de radiación, invisible al ojo humano, era capaz de atravesar objetos opacos y proyectar su imagen en una superficie. Röntgen lo denominó “rayos X”, utilizando la letra “X” para indicar que se trataba de un fenómeno desconocido.
Röntgen, con la ayuda de su esposa, Anna Bertha Ludwig, descubrió que al sostener un aro de plomo podía ver los huesos de la mano de su esposa junto con su anillo de boda. El físico decidió imprimir la imagen y, para ello, le pidió a su esposa que colocara su mano izquierda sobre una placa de metal para poder fotografiarla, dando lugar a la primera radiografía.
En enero de 1896, Röntgen publicó su descubrimiento en el artículo “Sobre una nueva clase de rayos”. Pocas semanas después, la noticia se difundió rápidamente por todo el mundo y, ese mismo año, las primeras aplicaciones médicas comenzaron a desarrollarse.
Este descubrimiento revolucionó la medicina y le otorgó a Röntgen el primer premio Nobel de Física en 1901, siendo el primer galardonado en la historia de estos premios. A lo largo de la historia, varios médicos aplicaron la radiación de los rayos X para tratar afecciones dermatológicas y algunos tipos de cáncer, como el de células basales, cáncer de útero y leucemia.
No obstante, el primer médico radiólogo que investigó sobre su aplicación y el desarrollo de la práctica radiológica fue Albers-Schönberg. El autor realizó la primera publicación sobre radiología a nivel mundial, titulada “El progreso sobre las áreas de los rayos X”. Posteriormente, empezaron a desarrollarse las primeras máquinas de rayos X.
Actualmente, los rayos X representan una de las tecnologías de diagnóstico por imágenes más utilizadas. Las radiaciones electromagnéticas que generan los rayos X tienen la capacidad de atravesar la materia orgánica e impresionarla en una placa con material fotográfico. Posteriormente, generan imágenes médicas en tonos negros, grises y blancos de las estructuras internas del cuerpo humano, dando lugar a lo que se conoce como radiografía.
El empleo de esta tecnología permite diagnosticar múltiples enfermedades y lesiones, por lo que se utiliza en diferentes técnicas y equipamientos médicos, tanto de forma íntegra como en combinación con técnicas nucleares. Desde la radiografía convencional, la tomografía computarizada o TAC, la mamografía, la fluoroscopia y la angiografía hasta la densimetría ósea.
Las primeras máquinas de rayos X antiguas estaban basadas en el tubo de Crookes, un dispositivo de vidrio al vacío que generaba electrones a partir de una corriente eléctrica. Estos electrones chocaban contra un material metálico, produciendo los rayos X, que podían atravesar tejidos blandos y proyectar una imagen de los huesos sobre una placa fotográfica".
Salimos al exterior por la puerta principal, la de arco de medio punto
"los principales puertos de arribo del cacao eran Villaviciosa, Vega de Ribadeo, San Esteban de Pravia, Ribadesella, Llanes, Luarca, Lastres y Gijón. Villaviciosa y Ribadesella principalmente por su mayor cercanía a Santander, lugar de procedencia de gran parte del cacao en un principio. Y Luarca y Gijón porque son centros fundamentales de elaboración del cacao, de ahí el gran crecimiento de su importación de 1844 a 1845 en detrimento de otros puertos.
Se debe también observar el importante crecimiento en Vega de Ribadeo, claramente por su mayor cercanía a Galicia y, por lo tanto, a La Coruña, puerto de procedencia de gran parte de la carga de chocolate que se importa en Asturias. Este caso es una muestra de que, en 1845, el cacao parece proceder, en mayor medida, de La Coruña, disminuyendo así la introducción del cacao a través de barcos procedentes de Santander. El hecho de que la importación en los puertos orientales disminuya y la de los occidentales aumente posiblemente se debe a temas arancelarios o cuestiones administrativas similares que hacen más ventajoso el arribo desde La Coruña.
(...) llama la atención que el nivel de introducción de azúcar en Asturias no varía en consonancia con el crecimiento o disminución de la importación del cacao, lo cual se debe, por una parte, a que gran parte del azúcar se utilizaba para otros tipos de elaboraciones y, por otra parte, a la existencia de diversas fábricas de producción de azúcar en Asturias. (...)
La ruta del cacao presenta un trazado complejo y varía dependiendo de las épocas y la política del momento en España. Como ya se ha comentado, el chocolate en un principio, hasta finales del siglo XIX, llegaba de América, en particular de Venezuela y México, aunque también en cierta medida de Colombia y Ecuador, al puerto de Cádiz para, desde allí, distribuirse a los principales puertos de la Península, entre ellos el de La Coruña y el de Santander. De estos dos últimos partían hacia Asturias barcos de menor calado para poder arribar en puertos asturianos incluso de pequeñas dimensiones como Puerto de Vega.
Más adelante, a principios del siglo XX, a causa de la independencia de las colonias de América del Sur y el afianzamiento de la colonia de Guinea Ecuatorial (antigua Guinea Española) y, en particular, de la isla Bioko (antigua Fernando Poo), el chocolate procede, principalmente, de estas zonas de África. De ahí viaja a los puertos españoles con mayor tráfico de naves, ya no solo Cádiz, como sucedía con el cacao importado de América. A partir de 1935, el Comité Sindical del Cacao, organismo regulador de la importación y precios del cacao, resulta clave para que el cacao proceda ya, en su totalidad, de África y, en concreto, de la ya mencionada Guinea Ecuatorial".
"El chocolate en Asturias se realizaba con cacao, azúcar y, en determinados casos, se añadía canela. El método de elaboración consistía en limpiar los granos, descascarillarlos y tostarlos. Posteriormente se molían, en un principio a mano, sobre una piedra, llamada metate, bajo la cual se insertaba un fuego para fundirlo creando así una pasta. Luego dicha pasta se mezclaba con azúcar (y, a veces, canela) y se insertaba en moldes, generalmente de una libra (460 g) dividida en 16 onzas. En un estadio posterior de elaboración del cacao, se usan molinos de tracción animal, como el hallado en el Monasterio de Corias, que data del último tercio del siglo XIX.
En la segunda mitad del silgo XIX, se empieza a contar con tostadoras y refinadoras del cacao semiindustriales. Y, en pocos años, todo el proceso de elaboración del cacao será totalmente industrial, utilizando para la realización del chocolate maquinaria a vapor, en un principio y, posteriormente, eléctrica. De cualquier forma, en el siglo XIX los paladares más refinados solicitaban que su chocolate fuera molido a mano, al considerarlo más selecto.
Al ser el chocolate a la taza, durante muchos años, el único chocolate que se disfrutaba en Asturias, se elaboraron diversos utensilios para su realización y disfrute doméstico. La chocolatera fue uno de estos y se realizó en metal (cobre, acero), cerámica y barro. Cabe destacar que la primera chocolatera producida en hierro en España la llevó a cabo la fábrica gijonesa de Laviada, así como la primera de acero con interior de cerámica. Por otro lado, las industrias gijonesas también fueron prolíficas en la producción de objetos para servir el chocolate: jícaras, jarras de porcelana, plata o alpaca. Entre los alfares dedicados a la producción de objetos para la degustación del cacao se encuentran los de Faro y Llamas de Mouro. Destaca también la fábrica “La Asturiana”, creada en Gijón en 1874 por Mariano Suárez Pola, la cual tenía una enorme producción de objetos de loza de todo tipo, incluidas tazas y platos para chocolate a la taza (algunas de las cuales se pueden ver el Museo del Pueblo de Asturias de Gijón). En el siglo XVIII y hasta mediados del siglo XIX en Asturias el chocolate se consumía a la taza, también como remedio medicinal.
Posteriormente, con la inclusión de nuevas maquinarias, norias, refinadoras, batidoras, estufas de conservación, refrigeradoras, muchas de ellas procedentes de Astorga, de nuevas técnicas, como el concheado, y útiles varios, como la prensa del cacao, capaz de extraer la manteca de cacao (operación necesaria para hacer tabletas), procedente del Norte y el Centro de Europa, la tableta de chocolate irrumpía con fuerza. Su poderío se consolidaba, en Asturias, a partir del último tercio del siglo XIX. Es entonces cuando se incluye leche, en polvo, y se empiezan a proponer, tímidamente, variedades con frutos secos, en particular avellanas, muy típicas de la zona. A comienzos del siglo XX ya empezaban a elaborarse bombones y en 1950 hasta un bombón helado, denominado Frescolina, fabricado por Chocolates Kike".
"El metate (del náhuatl metlatl), kaʼ (en maya yucateco), o yooso (en mixteco) es un utensilio de cocina utilizado en diversas culturas de Mesoamérica desde tiempos prehispánicos para moler granos como los de maíz o los de cacao, chiles para mole e incluso arroz. Se compone de dos elementos: una plancha rectangular de piedra pulida con tres o cuatro patas, y el metlapile (metlapilli) o mano de metate, el rodillo cilíndrico que se toma con ambas manos para moler los granos. La versión más sencilla, la cual carece de piernas, se denomina huilanche (huilantli).
Su uso se extiende por el sur de México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, y Costa Rica, pero con la aparición de molinos mecánicos, prácticamente ha desaparecido.
Se estima que el uso de metates comenzó en el período Cenolítico superior (5000-3000 a. C.) de la de la historia mesoamericana, así como en el Arcaico medio en el suroeste de los Estados Unidos (3500 a. C.). Los metates más antiguos encontrados eran planos o con forma de cuenca; Los metates en forma de artesa se empezaron a utilizar en el suroeste alrededor del año 450 a. C. (...)
El metate es un instrumento de molienda que puede encontrarse en diversos tamaños, desde ejemplares de pocos centímetros hasta otros que superan el metro de longitud. Ha desempeñado un papel fundamental en la economía doméstica tradicional, ya que, antes de la invención de los molinos y licuadoras eléctricas, constituía el principal medio para obtener harinas, salsas y otros productos molidos. Su uso se extendía también a la preparación de colorantes a base de tierras y otros materiales. Debido a su amplia distribución geográfica y a la diversidad de formas que presenta, se le considera uno de los instrumentos más antiguos utilizados por el ser humano.
Como herramienta de molienda, el metate se fabrica con materiales duros y de baja porosidad, lo que facilita su limpieza y evita la mezcla de sabores entre usos. Tradicionalmente, se elabora con piedra volcánica, aunque también existen ejemplares hechos de barro cocido o piedra metamórfica, como el granito. Este último material, por su costo elevado, estaba reservado para metates de mayor valor, que en ocasiones eran decorados con grabados o inscripciones para facilitar su identificación.
En algunas culturas, el metate formaba parte del ajuar matrimonial, y su ruptura era considerada una grave ofensa. Por su utilidad y simbolismo, era una de las piezas más valiosas del hogar".
Estas son pues sus dos piezas básicas, la base y el rodillo, ambos de piedra, de ahí que este tipo de elaboración se llamase "a brazo" o "a la piedra". Seguimos leyendo el estudio de Lucía Vigón Menéndez:
"... el chocolate, en el siglo XIX, es una auténtica moda. Los Ilustrados, como Jovellanos, a finales del siglo XVIII se reunían disfrutando de una larga merienda de chocolate a la taza y pastas. Entre los intelectuales, los cafés literarios, como el Dindurra, en Gijón, fundado en 1899, constituían un lugar en el que reunirse a debatir, la mayoría de las veces, en torno a un chocolate.
Las señoras de la alta burguesía también eran “adictas” a esta deliciosa bebida la cual, a la par que ser saludable resultaba ser un buen modo de demostrar su clase. Disfrutaban del chocolate, con amigas, en finas porcelanas alemanas en saloncitos plagados de objetos lujosos y, tal vez, con un piano con el que amenizar la velada. Ya en la época de la Guerra Civil y la posguerra, donde la escasez de alimentos era la seña de identidad de Asturias y de España, el que podía disfrutar de chocolate era un privilegiado, por clase o por contactos.
A partir de los años 60-70, con la entrada de chocolates extranjeros en el comercio asturiano, se convierte en síntoma de buen gusto todo lo extranjero: chocolates importados, de sabores “exóticos”, con formas especiales. Aunque ya antes este gusto por lo extranjero denotaba clase, por ello La Primitiva Indiana proponía, a finales del siglo XIX, dos tipos de chocolate “Gijón” (más barato) y “París” (más caro), ambos elaborados en Gijón Los bombones siempre, en todas las épocas, han representado un modo de distinción dentro del propio mundo del chocolate. En Asturias los de Peñalba, de Oviedo, han sido durante años los más reconocidos. Actualmente la oferta chocolatera es más amplia y especialidades como las tradicionales forgaxes de la Confitería Sebastián o los modernos bombones de la Pomme Sucre, en Gijón, constituyen buenos ejemplos de lo que una élite golosa busca en el chocolate, en este momento, en Asturias".
"La fabricación de chocolate en Asturias se remonta al siglo XVII. Entre 1860 y 1960 existieron en Asturias más 300 fábricas de chocolate, y entre 1925 y 1945 fue la cuarta productora de este alimento en España, detrás de las provincias de Barcelona, Valencia y Madrid. Las fábricas estaban repartidas por casi todos los concejos de Asturias: las ciudades de Gijón, Oviedo y Avilés, la mayor parte de las villas y numerosos pueblos.
Hasta mediados del siglo XIX, el chocolate se elaboraba artesanalmente con metates o molinos de mano, y a partir de 1853 comienza a fabricarse con máquinas movidas a vapor. Es con su industrialización cuando el chocolate empieza a generar una abundante publicidad con impresos comerciales, envoltorios, carteles, álbumes y cromos, así como objetos en lo que se anunciaban las diferentes marcas. Esta industria estimuló el diseño y las artes gráficas en Asturias. Fueron muy famosos los álbumes de la marca “La Cibeles” (Oviedo y Siero) realizados por “Alfonso”, Alfonso Iglesias de Vivigo (Navia, 1910-Oviedo, 1988), así como los de “La Primitiva Indiana”, “La Herminia”, "Kike" y "Aguirre", de Gijón, y"Agustina", de Ujo (Mieres)".
"En 1752 había en Asturias 29 chocolateros: 23 en Oviedo, 4 en Avilés, 1 en Llanes y otro en Gijón. Su consumo se generaliza en la segunda mitad del siglo XIX gracias al aumento de la producción del cacao, la mecanización y la publicidad.
El chocolate se elaboraba artesanalmente “a brazo” o “a la piedra”. En 1853 comienza en Asturias su fabricación industrial en “La Perla Americana”, de Oviedo. A principios del siglo XX había 70 fábricas y en los años treinta, su época de esplendor, llegan a 100. Este número se mantiene hasta la década de los sesenta en la que se inicia el declive de la industria chocolatera asturiana, quedando en la actualidad solamente una fábrica en Meres (Siero). Hoy, son los museos y los coleccionistas los que conservan la historia del chocolate en Asturias.
Desde el siglo XVII hasta el XIX, el chocolate se consume básicamente como bebida caliente. A mediados del siglo XIX se solidifica ofreciendo una forma nueva: la tableta o libra dividida en onzas. Posteriormente aparecen nuevas formulas como el chocolate con leche, la crema de cacao o el cacao en polvo.
Las empresas chocolateras asturianas eran, por lo general, de carácter familiar y vendían sus productos en el ámbito local y regional. Influyeron en la vida social y económica de Asturias y contribuyeron a la expansión de la industria litográfica (fabricantes de envueltas y envases) y de las empresas publicitarias. Las fábricas de chocolate optaron por personalizar la presentación de sus productos, de manera que fuera más fácil su identificación y se distinguieran de la competencia".
"Reproducción a escala de un batán, máquina de madera, generalmente de roble, integrada por dos mazos que son impulsados alternativamente empleando la fuerza del agua transmitida por una rueda hidráulica. Los batanes se empleaban para golpear, desengrasar y enfurtir los tejidos elaborados en el telar. Durante un período de tiempo que podía superar las 24 horas, los paños eran rítmicamente golpeados por los mazos del batán hasta transformase en un tejido más tupido y compacto. Al requerir energía hidráulica para su funcionamiento, los batanes se ubicaban normalmente en las orillas de algún río o arroyo".
"En los batanes, al contrario que en los molinos, el agua no se desviaba directamente del río, se tomaba del desagüe del molino situado aguas arriba. Entonces era conducida por una presa hasta el cubu (cubo) de piedra labrada, saliendo a presión por el sálibu o saliu(canal). Un pequeño cuerno de madera proyectaba el agua contra les aspes (palas) hechas de madera de aliso o humero (aliso, humero, carbayo y castaño resisten mejor el agua). Las palas formaban la rueda motriz vertical cuyo movimiento hacía girar el eje horizontal (árbol) en el que había dos pestañas que movían rítmicamente los mayos (mazos) abatanando telas bastas de lana y sarga que colocadas en un arcón (cajón de madera) cerrado por tres de los lados, eran golpeadas, desengrasadas y enfurtidas para transformarlas en sayales, escarpines, faldas o pantalones.
A mediados del siglo XVIII había en Asturias cerca de 200 batanes funcionando, según
datos recogidos en el Catastro del Marqués de la Ensenada. En la actualidad sólo quedan algunos restos diseminados por la geografía asturiana cuya existencia queda reflejada en la toponimia de los pueblos o en el recuerdo de las personas más ancianas del lugar donde se asentaban. Hasta comienzos de los años 60 del siglo pasado
funcionaron batanes en Allande y en Cangas del Narcea. El de Parada de Navelgas (Tineo), tuvo como últimos clientes a los vaqueiros de las brañas cercanas que pagaban al pisador o batanero 8 pesetas (0,05 €) por cada vara de tela abatanada (Asociación Cultural Manxelón, 2000). En el oriente asturiano a los batanes les llaman Trillones en consonancia con el último batán en uso, el de la Quintana de los Trillones (Cangas de Onís)".
Nos dirigimos a la salida, pasando junto al Hórreo y la Panera
Retomamos pues el Camino por la Avenida del Ferreiro, así llamada por ser la que comunicaba el centro de Grandas, alrededor de la Colegiata y el Ayuntamiento, con el barrio de El Ferreiro, originalmente barrio del Hospital por haber estado en él el antiguo hospital de peregrinos
La Avenida del Ferreiro sube recta y suavemente en dirección a la Plaza de la Constitución, donde empieza dicha calle y termina para nosotros esta avenida. Allí vemos el edificio del Ayuntamiento de Grandas de Salime, inconfundible por su torre-campanario metálica y picuda que se ve en la distancia
Ese local fue el que ocupó posteriormente como primera sede el Albergue de Peregrinos El Salvador de Grandas de Salime, que entró en funcionamiento en 1993 cara al famoso Xacobeo de ese año. El aumento de peregrinos motivó que fuese trasladado a la Avenida de la Costa nº 20, a cierta distancia del trazado del Camino, aunque ocupando ya un edificio entero de dos plantas
Aceras de losas flanquean la Avenida del Ferreiro a ambos lados. Aunque veamos coches aparcados no es una vía de demasiado tránsito en comparación con la calle Pedro de Pedre y Plaza de la Constitución, a donde vamos a llegar
"Debió de iniciar su aprendizaje en su ciudad natal. Viajó a Madrid a la edad de veinte años y para entonces ya había fabricado un reloj de pesas, patentado con el nombre “sistema Canseco”. Abrió primero tienda en Madrid, en la calle Mayor, número 55. Después se trasladó a la plaza del Ángel, número 10, esquina a la calle de San Sebastián. Por último, aparece localizado en la calle Mesón de Paredes, número 21. Estaba en posesión del “Privilegio de Invención en España y Francia”, que le permitía montar el reloj que él mismo había diseñado. Estableció contactos con la región francesa de Morbier, cercana a Morez, zona relojera de gran tradición, que le suministraba parte de su maquinaria, que él adaptaba a las necesidades del establecimiento.
Construyó un gran reloj de autómatas, conocido durante muchos años como el de “los chinos”, por tener dos figuras policromadas casi de tamaño natural, un chino y una china, delante de la máquina del reloj, que hacían sonar la campana tirando de un cordón al dar la hora. Este reloj aparece mencionado por Benito Pérez Galdós en su novela Misericordia.
El 28 de agosto de 1889 entregó un reloj y sus campanas al Ayuntamiento de Aranjuez. En su catálogo aparece como “Campanario de 4 columnas de fundición de hierro dulce. Modelo A”.
Construyó también el reloj de torre del Hospital Militar de Carabanchel (actual Hospital General de la Defensa), instalado el 31 de mayo de 1893 y restaurado recientemente, con gran acierto, por Pedro Portellano Pérez, coronel de Sanidad. Una de las dos campanas que coronaban el conjunto del reloj, la más pequeña, fue fabricada también en los talleres de Canseco en 1892. En ella consta, aparte del nombre de Canseco y la fecha de fabricación, la inscripción “Proveedor de la Real Casa”.
Fue autor también de un reloj para el Palacio Real de Madrid y de otro para el monasterio de El Escorial. Suyos son también los relojes de torre de Órgiva (Granada), de Vegas del Condado, de su pueblo natal, Rabanal del Camino (León), de Santa Colomba de Somoza (León) y el de la antigua cárcel, hoy Archivo Histórico Provincial de León, construido en 1885.
Falleció en su domicilio madrileño del paseo de las Delicias, en 1917".
"El reloj del Ayuntamiento de Grandas de Salime, con cien años de antigüedad, vuelve a dar las horas. La maquinaria dejó de funcionar por una avería que se detectó hace unas semanas y el Ayuntamiento grandalés contrató a una empresa viguesa especialista en las maquinarias de relojes centenarios, con el fin de solucionar un problema en esta pieza emblemática para la villa grandalesa.
La empresa desplazó a un técnico y un ayudante que realizaron una revisión general y repusieron un piñón de la maquinaria que hacía mover la agujas del reloj, y que estaba roto. Este piñón tuvo que ser elaborado en el taller de la compañía gallega, con el fin de adaptarlo a las medidas que necesitaba el mecanismo.
El alcalde de Grandas, Eustaquio Revilla, destacó ayer la importancia del reloj para Grandas por su proyección histórica. En los últimos años, la maquinaría no había tenido problemas. El reloj del Ayuntamiento alerta de las horas en punto gracias a una campana situada en un templete en el piso superior. Según los expertos que han solucionado la avería, la maquinaria tiene una particularidad: no funciona con pesas como la inmensa mayoría de estos relojes, sino con unos inmensos «muelles reales» de lámina de acero (la «cuerda» de los relojes de pulsera, bolsillo y algunos de pared).
«Es sumamente importante que existan personas con sensibilidad para conservar nuestro patrimonio», indicó Pedro Pagán, de la empresa viguesa, y también artífice de la puesta en marcha del reloj de la torre de Figueras.
El reloj de Grandas tiene la firma «Canseco», según las investigacinoes de los especialistas. Antonio Canseco (1838-1917) fue un reputado profesional de la relojería que instaló múltiples relojes de torre en varios lugares de España. Se cree que Canseco trajo las maquinarias de la region de Jura. En España, las adaptaba según las necesidades del lugar de colocación.
El reloj el Ayuntamiento de Grandas de Salime tiene dos cuerpos: movimiento y sonería. Los especialistas necesitaron dos días de trabajos para dar con la avería y solucionar el problema, que necesitó de la construcción de una pieza específica".
Su origen parece estar en un monasterio dedicado a San Salvador de Dubris, en un documento fechado en el siglo X aunque en realidad es un par de centurias posterior. La advocación a San Salvador, como la Sancta Ovetensis, hace pensar en su vinculación a la mitra ovetense y a esta antigua ruta interior de Asturias a Galicia

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