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sábado, 11 de julio de 2026

MUSEO ETNOGRÁFICO DE GRANDAS DE SALIME "PEPE EL FERREIRO" (y 3) LA CAPILLA, A CASOA, LA CASA DE APEROS, EL CABAZO Y LA FÁBRICA DE GASEOSA

 

La capilla (cabecera) y A Casoa o Casona: Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"

Un hermoso camino de lousas de pizarra y de empedrado de regodones o cantos rodados marca el circuito a seguir para llegar a los lugares que nos quedan por ver en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"  al que le dedicamos esta tercera entrada de blog: primeramente la Capilla, cuya cabecera vemos a la derecha y, seguidamente, A Casoa o Casona, pero también visitaremos el almacén de Aperos de labranza, el Cabazo y la Fábrica de gaseosa (solemos poner en mayúscula los espacios concretos del Museo)


Dejamos a nuestra derecha la antigua Casa del Molinero, pues es donde tenía su despacho el fundador, creador, alma mater y director de este Museo, el genial José Naveiras Escanlar, bien conocido como Pepe El Ferreiro, cual puede visitarse, abierto al público desde 2024 en este Etnográfico de Grandas que, desde 2020 y recién fallecido Pepe, lleva añadido su apodo familiar, último exponente de una saga de ferreiros que vio cómo todo un mundo, el de la sociedad rural tradicional, desaparecía en poco tiempo y cuyo legado se consagró en preservar, pasando numerosos avatares de los que damos cumplida cuenta en los dos capítulos anteriores dedicado a nuestra visita


Delante de la Casa del Molinero está el Molino, con su cubo o banzao, que aprovecha el agua de un manantial para moler, como pudimos ver en la segunda entrada de blog dedicada al Museo. Aquí enfrente está la Eira, donde se hacía la mallega del trigo


Atrás han quedado también el Hórreo y la antigua Casa Rectoral con el Abeirugo y el Cabanón, entrada al Museo, que vino aquí en 1989 tras unos años, desde 1984, en su primera sede de los bajos del Ayuntamiento, siendo su base la colección de 'trastos viejos' que Pepe había recogido durante años en las aldeas del concejo y otros de los alrededores


Ironías de la historia, con el tiempo y sucesivas ampliaciones del Museo, algunas de las grandes novedades que, llegadas a lo largo del siglo XX y sobre todo a partir de su segunda mitad con la construcción del Salto de Salime, simbolizaron el final del 'mundo antiguo' grandalés, pasaron a ocupar su lugar en esta magna colección, al haber pasado a ser, a la vez y en el plazo de no muchas décadas, también 'trastos viejos'. Gran parte de ese 'nuevo' y ya 'viejo mundo' lo hallaremos dentro de A Casoa


A la derecha, el arroyo del manantial localizado al hacerse obras en el Museo, forma un canal, cerrado con lousas de pizarra, por donde el agua circula hacia la maquinaria del Molino gracias a un circuito cerrado de una bomba eléctrica que la bombea, haciendo una excepción al famoso refrán que dice que "agua pasada no mueve molino", pues aquí sí que lo mueve. Se recrea así el canal que llevaba el agua de los molinos al banzao, cubo o presa molinera

Compartimos este mapa de las instalaciones museísticas grandalesas. La Capilla es el número 19, donde empezamos nuestro periplo en esta tercera entrega


La Capilla del Museo, como A Casoa, forma parte de las ampliaciones sucesivas de la Casa Rectoral y su entorno primigenio. En su campo se plantó un sagrado teixo 'tejo' tan habituales en los campos de lugares sacros, parece que cristianizando cultos ancestrales


Este campo está en la zona norte de la Capilla, que era donde solían hacerse los cementerios, de ahí estas dos cruces que parece vienen del desaparecido cementerio de Salime que, como el pueblo, desapareció bajo el embalse en 1953


"La capilla del Museo, que tiene la advocación de San Juan Bautista, es un edificio de nueva construcción que se ciñe a las características edilicias de la arquitectura religiosa popular de la comarca: planta rectangular y cubierta de pizarra a tres aguas con línea cumbrera de lajas entrelazadas", así comienza la explicación que de este santuario nos ofrecen en la propia web del Museo. Es un elemento por lo tanto 'nuevo' aunque basado en la arquitectura popular de los eremitorios de la zona. En el interior sí hallaremos numerosos elementos antiguos


A Casoa se inauguró en 1999, es una "vivienda característica de la pequeña nobleza rural o de los campesinos más acomodados, que había en muchas parroquias asturianas. Para su construcción se emplearon materiales originarios de la casa “El Méndez” (Francos, Pezós/Pesoz), construida en el siglo XVII


De dicha casa procede la sillería de arenisca y los recercado de la ventana izquierda, del balcón y de las tres puertas de esta fachada principal


La ventana de la derecha la hizo el escultor japonés Tadanori Yamaguchi "en una colaboración desinteresada a través de la Escuela de Arte de la Universidad de Oviedo/Uviéu. El escudo, perteneciente a los Álvarez Castrillón, procede de la "Casa de José de Pepe" (Sanzo, Pezós/Pesoz)"


En A Casoa se han habilitado espacios que muestran 'novedades' aparecidas a lo largo del siglo XX sobre todo, como la tienda de ultramarinos, hospitalillo, dentista, barbería, servicio de correos y telecomunicaciones, escuelas nacionales, hospitalillo, sistemas de alumbrado, sastrería, etc., junto con dependencias de enseres y oficios más antiguos pero que pervivieron hasta esa centuria


Siguiendo el circuito que nos indica el trayecto por el Museo, pasaremos frente al portal de la entrada principal y delante de la puerta de la barbería para ir a la izquierda


A la derecha está el cobertizo-almacén de Aperos de labranza, propios sobre todo de la mecanización del sector agrícola, con máquinas y enseres ya producidos industrialmente que supusieron una primera importante transformación de las labores campesinas


De frente, hay un gran mural que representa una romería popular de principios del siglo XX, basándose en fotos de época y obra de la artista María del Roxo, de cuya inauguración, celebrando el cuarenta aniversario del Museo, da cuenta T. Cascudo para el periódico La Nueva España del 12-9-2024:
"La artista ovetense, pero con raíces en Ibias, María del Roxo ha puesto cara a la comunidad que mimó y usó el patrimonio que hoy se guarda en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime «Pepe el Ferreiro». Con motivo del 40.º aniversario del equipamiento ha realizado un mural figurativo, que no solo ha dado nueva vida a un rincón deslucido del museo, sino que permite «facilitar al público la interpretación de cómo eran los hombres y mujeres» que antaño poblaban el territorio. El mural, de casi ocho metros de largo y dos de alto, recrea un momento de una romería del siglo XIX. 
Aunque María del Roxo se dedica principalmente al retrato, lleva unos años realizando murales en el pueblo de Villaoril (Ibias) donde se hunden sus raíces. Cuenta que la llamada de la directora del Museo, Susana Hevia, fue una sorpresa «muy agradable» y se muestra encantada «de contribuir a hacer más bonito» el museo que concibió Pepe El Ferreiro, al que tuvo el honor de conocer. Ante de diseñar el mural hubo que reparar la pared que lo acoge, un muro de hormigón que unía la capilla con la casa de aperos y que no estaba en buen estado. 
«Teníamos dudas sobre si hacer algo actual retratando a la gente del pueblo, pero como es un museo etnográfico nos decantamos más por lo antiguo, así que se recrea una fiesta o romería popular de finales del siglo XIX», precisa la artista, que se inspiró en fotos de la época para dar forma a los personajes. «Los customicé al modo que tengo de pintar con planos más cubistas y usamos una gama de grises para la pintura», añade María del Roxo, que se pasó seis jornadas en Grandas dando forma al mural. Se lleva a casa una experiencia «increíble» y está encantada con la acogida y el trato recibido por el personal del museo y los vecinos. «Casi me quedo a vivir en Grandas, me quedan ganas de repetir. Estoy muy contenta con el resultado y con la acogida que la gente ha dado al mural, que es además un trabajo a la memoria de Pepe», añade. 
La directora del etnográfico grandalés cuenta que el trabajo cumple con varios objetivos, pues no solo se recupera un espacio «poco estético» del museo, sino que se amplían las actividades del centro al acoger una intervención artística contemporánea. «Ojalá podamos repetir intervenciones de este tipo y poner un espacio público a disposición de otras disciplinas», añade. Pero, sobre todo, Hevia pone el acento en la oportunidad que ofrece el mural para comprender mejor el museo y relacionar las casi 2.000 piezas que cobijan con las personas que les dieron uso. «Sirve como un recurso interpretativo y para resaltar de manera permanente que detrás de las piezas había y hay personas», apunta".

Los visitantes pudieron ver el trabajo de la artista durante su visita al Museo en los días que María del Roxo trabajó en él, constituyendo un nuevo aliciente para visitarlo:
"María del Roxo es una artista de amplia trayectoria, retratista y muralista, que está singularmente comprometida con el desarrollo de proyectos artísticos de vocación comunitaria en el ámbito rural y muy ligada al occidente asturiano. 
Con esta iniciativa, enmarcada en las actividades del 40º Aniversario del Museo, el centro abre sus puertas a expresiones artísticas contemporáneas e introduce en su recorrido una obra con vocación explicativa, que pretende facilitar al público la interpretación de cómo eran los hombres y mujeres de todas las edades y condiciones que integraban la comunidad portadora del patrimonio que custodia. Así, el mural pasará a formar parte de la exposición permanente del Museo".

Fijémonos en la representación de varios sacerdotes, como era usual en la liturgia de las fiestas parroquiales de las romerías, patronales o sacramentales. También en los atuendos de la gente. Además de su división social, mostrarían el paso de las prendas tradicionales 'traje del país', hecha normalmente en casa, a las de las confeccionadas por los sastres


Y nos dirigimos primeramente ya a la capilla, con su cubierta de lousas de pizarra y pequeña espadaña para una también pequeña campana, pequeño pórtico y cierre de reja de madera:
"El espacio se articula en tres ámbitos: portal abierto a los pies que antecede a un pórtico cerrado desde el que se accede a la nave única. El ingreso entre espacios se realiza a través de puertas adinteladas flanqueadas por vanos con barroteras de madera que permiten el paso de la luz natural, esquema característico de las capillas y ermitas rurales de la zona
Iglesias, capillas y ermitas eran un punto de referencia permanente en la vida de los campesinos.  Allí acudían semanalmente para cumplir con los cultos religiosos y siempre que había una festividad que celebrar. Eran también el escenario en que tenían lugar los acontecimientos que rubricaban los tiempos de su ciclo vital: bautismo, comunión, casamiento y, finalmente, los rituales de la muerte; ritos de paso que se celebraban en presencia de todos los vecinos y que certificaban su pertenencia a una comunidad que les reconocía y en la que se reconocían". 

Y de campanas nos escribe Pepe El Ferreiro en su blog con la entrada Campanada del día 12-1-2010:
"Dos metales como el cobre y el estaño, cuando están aleados en la proporción adecuada, pueden producir una entrañable sonoridad, que según las circunstancias, puede alegrar o acongojar nuestro ánimo. El toque festivo de la campana en la enhiesta torre del templo, contagia entusiasmo, alegría e invita al jolgorio. Sin embargo, el toque a rebato de esos bronces, nos aterrorizará porque algo grave ocurre en la aldea: un peligro inminente, o la casa de un vecino que es pasto de las llamas. Pero también, y para más dolor, nos anunciará su tañido, que alguien exhaló su último aliento. Por ese doblar de campañas, sabíamos si el deceso había ocurrido en el pueblo, en la parroquia, o si era hombre o mujer. Aquel lamento, producido por el badajo, al golpear en el borde de la campana del tann… y el tonn…. sostenidos, quedaban en su tañer, como sonido de diapasón, que hasta su última y casi inaudible nota, nos daba la triste noticia. Hoy ya no queda en los pueblos ese sacristán que nos comunique, a través del repicar: vida festiva, desgracia o muerte. Sin embargo, sí nos llega la estridencia de aquel que convierte sus acciones y lenguaje en badajo, que da la campanada, con el único fin de hacer oír su vanidosa conducta. Así, desde las altas torres de la jurisprudencia, con insensato criterio, un juez de meliflua o aflautada voz, hace sonar el gong; no para administrar justicia por los muertos, por los que en su día no se tañeron las campanas; sino para que se revuelvan los restos, que reposan en anónimas tumbas. Toque a rebato, para afligir aun más, aquéllos que se les quema el corazón llorando, en silencio, por sus antepasados. 
Que Dios le perdone Señoría, y que los finados descansen en paz.
Haxa salú

Como en todo el museo, aparecen elementos que nos llevan a preguntar qué son


Como es habitual los guías responderán nuestras dudas


Accedemos pues al interior del templo, donde como hemos dicho encontraremos piezas y elementos de importancia histórica y artística. "Las vigas pertenecieron al puente de Salime, localidad anegada por las aguas del embalse del mismo nombre. El retablo procede de la antigua capilla de Salime y la puerta policromada de ingreso a la nave de la capilla de Samartín d’Ozcos".


A nuestra izquierda un cepillo de las limosnas, un trobo o tronco hueco, empleado para meter los bastones quienes entraban a a los oficios, y una vitrina


Y en la vitrina, una concha, si bien esta no tiene que ver directamente con los peregrinos sino con el bautismo


Detrás hay expuesta ropa de bebé de la que habitualmente se empelaba para este sacramento, así como otros enseres litúrgicos. Compartimos el artículo de Pepe El Ferreiro dedicado a Los bautizos, incluido en su blog el 25-2-2014 aunque lo escribió tiempo atrás, como se lee en el encabezado:

"En Grandas de salime, a 23 de junio de 1997

Hace unos 50 años los niños eran bautizados a los pocos días de nacer. Era tal la premura que, en algunos casos, no se esperaba ni tres días para acristianar al infeliz pagano, que nada tenía que ver con la manzana que se comiera, en cierta ocasión, la casquivana y fogosa Eva. 

No estoy muy seguro, pero creo también recordar que no se ungía, con el mismo celo, a las clases más desprotegidas, aunque desprotegidos estábamos todos en mi pueblo. 

Qué gran acontecimiento era, por aquel entonces, el bautizo de un niño. Controlábamos todos los partos de la Parroquia. Aunque entonces los niños  venían de Paris, en el barrio del Ferreiro, bien fuese por precocidad, bien por ser de barrio marginal, no nos creíamos la versión que nos daban nuestros mayores. 

Se oficiaba el Sacramento del Bautismo, casi siempre, en semana y por la tarde, en la hora sexta, es decir, desde que el Sr. Cura dormía la siesta. Casos había, del niño rico, que era bautizado después de la dominical Misa de Doce. 

Se hacía necesario conocer de antemano quién apadrinaría en la fe cristiana al infiel. Si era desprendido, y nos parecía rico, estaba asegurado el éxito del acontecimiento, pues como del cielo caídos, habría caramelos, perrones, perrinas y hasta pesetas en algunos casos. 

Nos agolpábamos en derredor de la pila bautismal, de tal manera que Antón, el sacristán, también repartía coscorrones con profusión. 

Después de que el cura obligara al padrino a repetir los “fiden” de rigor, y que no le obligaba de palabra porque no sabía latín, pasaba a la sacristía el padre putativo en materia religiosa y moral, para firmar lo que había jurado en la jerga del oficiante. 

¡Qué larga se hacía aquella espera! ¡Qué griterío a la puerta de la Iglesia!. Griterío directamente relacionado con el tamaño de la bolsa de los caramelos, siempre custodiada por algún familiar del recién acuñado cristiano. Reyertas y luchas para defender el puesto más cercano a la puerta por donde debía aparecer el padrino. Puestos defendidos con audacia y que, a veces, los frustraba éste saliendo por la puerta lateral. 

Una vez que el padrino lograba calmar aquella algarabía, comenzaba a tirar los caramelos a grandes puñados. Ora a la diestra, ora a la siniestra. Aquella dulce lluvia nos hacía desplazarnos, cual alocado vendaval, delante del caprichoso repartidor de las sabrosas golosinas, perronas y pesetas “rubias". 

Si el resultado de la recogida de aquel maná era satisfactorio, se daban vivas a los padrinos. Solía ocurrir, en muchos bautizos procedentes de familias muy humildes y por desgracia proliferas, que, lógicamente, no encontraban al padrino acaudalado que pudiera permitirse el dispendio carameril. Entonces, de forma despiadada e inocente, los niños coreábamos a voces: “bautizo, bautizo cagao, si cojo al niño lo tiro al tejao”. Sometíamos al más humillante bochorno a aquellas, ya de por si, atribuladas familias, cuyos hijos no traían precisamente un pan bajo el brazo. 

Hubo cierto niño que por negligencia, pasó de los cinco años sin haber sido bautizado. Por su temprana edad podía creerse que su candidez y lenguaje correspondía al del inocente y tímido pagano. Cuando el párroco procedió a ungirle se sintió molesto, y al verterle agua bendita sobre su cabeza, dijo: -¡Hostia!, Sr. Cura, ¡qué fría está! 

Haxa salú 

Dedicado a José Luis Pascual, en compensación por el susto que pasó el día que se incendió la Colegiata de Grandas de Salime".

El cepillo de las limosnas, bajo el cuadro eléctrico. Cepillo es un diminutivo de 'cepo' o cofre y nada tiene que ver con el instrumento de cepillar. Compartimos de Wikipedia:

"Se llama cepillo o cepo a la caja que en una iglesia sirve para recoger las limosnas. Suele ser un cofre o caja de madera (u otros materiales) con una abertura para introducir las limosnas con destino piadoso o benéfico. 
En su formato más común se parece a las urnas de votos que se utilizan en las elecciones pero de menor tamaño. Suele ir cerrado con llave y a menudo tiene un sistema para sujetarlo a la pared de las iglesias o demás lugares donde se suelen depositar las ofrendas para los pobres. 
Historia 
El origen de estas arquillas de las iglesias en que se recogen las limosnas es muy antiguo. En el cap. XII. del lib. IV. de los Reyes leemos que el pontífice Joiada mandó hacer una arca y abrir encima de ella un agujero, la que colocó primero cerca del altar a mano derecha de los que entraban en la casa del Señor y luego según se desprende del capítulo XXIV de los Paralipómenos fue trasladada por disposición del rey Joas y para mayor comodidad de los oferentes fuera del atrio de los sacerdotes junto a la puerta del templo. En ella, los sacerdotes que estaban de guardia echaban todo el dinero que se ofrecía en el templo del Señor, el cual se invertía en reparar los daños que había hecho la impía Athalia en la casa de Dios, profanando las cosas consagradas de esta para adornar el templo de Baal. 
El papa Inocencio III a fines del siglo XII permitió que se colocasen en los templos algunos cepos para que los fieles pudiesen en todo tiempo echar en ellos sus limosnas. 
En los últimos años se han instalado cepillos electrónicos, en los que se puede dejar una contribución con tarjeta de crédito u otros medios telemáticos.


Detalle del trobo-bastonera


A la izquierda y apoyada en la reja, una cruz de las antiguas Santas Misiones que se llevaron a cabo a partir de la Guerra Civil y la posguerra para 're-cristianizar' a la sociedad tras el periodo republicano. En el Museo nos podrán decir su procedencia concreta


En el interior de la Capilla, de tejado de madera (cubierto por fuera de pizarra, como hemos dicho) hay una magna exposición de objetos litúrgicos, fotos de época e imaginería religiosa


Y este es un confesionario, "pequeño habitáculo aislado usado para el sacramento de la reconciliación en la Iglesia católica. En él, el sacerdote escucha las confesiones de las personas que se acercan a la iglesia. Generalmente se construye de madera. Su primera aparición fue en el Concilio de Trento, convocado por el papa Paulo III y que transcurrió entre los años 1542 y 1562" , como explica también la Wikipedia. Parece que sería además del tipo tradicional, según explican en el Glosario ilustrado del arte arquitectónico:
"(Es impropio llamarlo ‘confesionario’: manual del confesor y del penitente. Ver este artículo.)

Sagrado habitáculo donde se celebra el sacra­mento de la penitencia en una iglesia católica. Su uso se generalizó a partir del concilio de Trento (1545-1563). Fabricado por lo común en madera, es transportable en la mayoría de los casos. Adopta infinidad de estilos y diseños: desde el de apariencia muy humilde, semejante a un cajón grande o armario sin ornato aparente, al suntuoso y solemne, de rica labra (3), cual ambiciosa obra (1) de arte. Hay también confe­sonarios de obra (3) encastra­dos en el muro, integrados en la fábrica arquitectónica (muy escasos en España y especialmente presentes en el norte de Italia, en Austria y Alemania).

El confesonario tradicional dispone de un asiento interior para el confesor y una ventanilla con celosía a cada lado para oír la confesión de las mujeres, que se arrodillan por fuera a un costado del confesonario; cuando la parte frontal queda diáfana —en la mayoría de los casos— suelen los hombres confesarse por ella, y hacen servir la misma portezuela del confesonario como reclinatorio. El confesonario moderno no hace distinción de sexos y se pre­senta cerrado y con puertas, dotado de compartimentos individuales para confesor y penitente, con un mejor acomodo y mayor reserva.

El confesonario, sin embargo, tiene hoy muy poco uso y en algunas igle­sias ha sido ya retirado".

Al lado, un anda procesional empleada para transportar imágenes religiosas en las procesiones. Leemos en Wikitólica:
"Las andas procesionales, un elemento distintivo en las celebraciones católicas, son estructuras portátiles diseñadas para transportar imágenes sagradas, reliquias o el Santísimo Sacramento durante las procesiones. Estos soportes no son meros objetos utilitarios, sino que están imbuidos de un profundo significado teológico, litúrgico y cultural, reflejando la fe de la comunidad y su peregrinación espiritual. A lo largo de la historia de la Iglesia, las andas han evolucionado en forma y ornamentación, adaptándose a las tradiciones locales y a las particularidades de cada festividad".

Esto es otro tipo de anda, anda de difuntos, también llamada parihuelas y otros nombres de los que os darán oportuna cuenta en el Museo, empleada para transportar a los difuntos al funeral y al cementerio. Antaño no había coches ni carreteras, y aún cuando los hubo no llegaban a todos los pueblos, por lo que se transportaban así, a hombros hasta la iglesia parroquial y el camposanto


Esta es la puerta policromada por la que hemos accedido a la nave, procedente de Samartín d'Ozcos (San Martín de Oscos), como refería la entrada de la web del Museo


Y esta es otra cruz pero no de Santas Misiones sino de uso bastante diferente. Aquí dejamos que nos lo explique Pepe El Ferreiro con la entrada de su blog A Cruz de os probes, del 8-1-2010:

"Al citar "a cruz de os probes" no me refiero aquí a la penuria que arrastra el mendigo o el probe “d´po las portas”, como eran conocido el necesitado indigente en esta comarca. Ni tampoco a los que sin necesidad de ser mendicantes, estamos en ese grupo de los que con poco nos vamos arreglando. Y cuando aquí se dice exiguo, es comparándolo con lo que ganan aquéllos, que con nuestro salario anual, no les alcanzaría para un día en la suite del lujoso hotel. 
No amigos. Aquí la cruz de los pobres es algo material. Es la cruz de madera que había en las aldeas que prestaba un servicio a la equidad. La igualdad a todos los vecinos, para que la caridad fuera impartida con justicia. Y la verdad es que parece mentira que lo que debiera ser altruismo o generosidad, tuviera que ser regulado por un símbolo de la religión católica, para evitar que los que más tenían, se escabulleran del compromiso. Y aún así, escurrían el bulto pasando el compromiso a sus aparceros o caseros, que en definitiva también eran pobres. 
Les narro estas cosas antes de referirles en qué consistía la misión de esa cruz; que aunque a mí casa nunca llegó, mi padre, Benino el ferreiro, acogía a todos aquéllos necesitados que demandaban auxilio. Allí nunca les faltó comida y posada. 
No escogí el tema por ser Navidad, sino que como viene siendo costumbre, recurro a los fondos del Museo para mis crónicas. Y tampoco como un servicio al mismo, sino para que quede escrito y explicito, si así se le puede llamar. 
En las aldeas o pueblos, y no así en el centro de las villas, “os probes de polas portas” llegaban al atardecer a aquellas casas en las que sabían podían pernoctar en la calidez de la cuadra en el invierno, o en la mullida hierba seca del pajar en verano. En la villa buscaban estas posadas en los barrios marginales, porque en ellos encontraba la caridad; sentimiento solidario, que a veces no era otra cosa que sentirse satisfecho del propio destino, que el duro trabajo les aportaba a los que se veían en mejor situación que el indigente. Poco importan los motivos o la causa que los originaba; lo cierto es que el menesteroso obtenía sustento y el cobijo que en otra parte no encontraba. Sin embargo, esto daba lugar a que aquel continuo deambular de gentes sin techo, se convirtiera en una carga para algunas casas del vecindario. Para evitar este trastorno, estaba la cruz de los pobres, que era la señal de que en la casa en la que se hallaba depositada, habían dado posada al necesitado. De esta manera, el mendigo pasaba a la siguiente casa portando la cruz. Si se daba la circunstancia que había solicitado posada o refugio en cualquier casa, en la que no estuviera el lábaro, debía dirigirse en el vecindario a la poseedora de dicho distintivo, donde lo dirigían a la que estaba obligada por vez o por turno. 
En el Museo contamos con algunas de éstas, que cumplieron con esa función. Lo grave es que ahora en los pueblos no queda a quien pasar la cruz, pues en el barrio en que nací hay más de diez viviendas vacías y aunque no conocí –como dije- esa forma de acoger al necesitado, nunca faltaron en el lugar los desamparados. Por cierto, esa gente que tendía la mano ahora casi no la ve en los pueblos, porque ocupan las calles de las ciudades, y para evitarla miramos a otra parte. 
Haxa salú"

Este es un tipo de farol o farolillo que llevaban antes los párrocos cuando eran avisados de que alguien necesitaba la administración de los santos sacramentos en algunas casas. Dada las horas de oscuridad y penumbra durante gran parte del año, así como de las distancias a recorrer, se hacía necesario llevar estos artilugios con alguna luminaria tipo vela adentro. Fijémonos en los agujeros hechos para que pase la luz al exterior, con forma de flor o estrella hexapétala, círculos y demás elementos geométricos propios del arte popular desde tiempos ancestrales


Este parece un modelo más 'evolucionado' pues cuenta con cristales (la industria del vidrio no se extendió popularmente hasta las dos últimas décadas del siglo XIX). Dado que no había luz eléctrica, no había alumbrado público, y las linternas a pilas no empezaron a verse hasta principios del siglo XX. Recordemos que además, la luz eléctrica no llegó a muchos pueblos hasta bien pasada la posguerra, pese a estar muchos al lado del embalse de Salime hecho por entonces


Aquí tenemos otra cruz de las Santas Misiones


Silla para los fieles (no todas las capillas tenían bancos corridos) y pila de piedra para el agua bendita empotrada en la pared


Según avanzamos por la nave de la Capilla vamos a ver numerosos elementos más vinculados a los sacramentos, la liturgia, las misas...


Estampas, fotografías, recuerdos de bodas, bautizos, romerías, esquelas...


Estamos acostumbrados a las esquelas en prensa, pero en origen eran notas que, como estas, se colocaban en lugares públicos anunciando el fallecimiento de alguien, día y hora del funeral, familiares, mensajes, oraciones, etc., como dice la Wikipedia:
"Una esquela, a veces también llamado aviso fúnebre o aviso mortuorio,es una nota recuadrada en negro que publicada en un medio de comunicación o afichada en un lugar público, da noticia del fallecimiento de una persona. Primitivamente, se llamaba esquela a una carta breve que se utilizaba para citar o convidar a algunas personas a una reunión o a un homenaje. Posteriormente, este término derivó hacia el aviso del fallecimiento de una persona alcanzando finalmente el sentido actual, aunque el vocablo aún hoy día también se aplica para señalar cualquier mensaje breve y escrito, tanto impreso como manuscrito, dirigido a una persona concreta o dirigido a un colectivo, y que de alguna forma se entrega o se hace circular".

La asistencia a misas, fiestas, procesiones, bautizos, bodas, funerales, etc., era ocasión para que el vecindario de juntase y coincidiese todo él, o casi todo, en un lugar, lo que, además de para tratar asuntos del interés común, daba pie a que algún fotógrafo les fotografiase, máxime si era un acontecimiento social de especial relevancia donde la gente iría con su mejor ropa. Ello serviría además, como pudimos comprobar en el mural a la entrada, para ver los diferentes estamentos sociales existentes en un determinado lugar


Otras dos sillas tipo iglesia


Y al lado, justo debajo de las esquelas, un ataúd comunitario


Dada la pobreza imperante, los difuntos eran transportados en él, pero eran sacados cuando los enterraban, en nicho o entierran, y el ataúd se seguía empleando


En la pared, una calavera en una hornacina cerrada con cristal. Simbología funeraria que transmitía a los fieles la temporalidad de la vida humana


Avanzando hacia el altar con su retablo, veremos más piezas y fotografías a la izquierda


Una vitrina de pared muestra fotos y estampas dedicadas a las primeras comuniones, otro gran acontecimiento familiar y comunitario


Y a la derecha vemos cuadernos escolares y la pequeña pizarra que llevaba cada alumno, lo de libros y libretas personales tardaría en llegar


Cuaderno de escritura, de aritmética, de caligrafía, la pizarra y, abajo, un cuadernillo de Doctrina Cristiana


Fotos de comuniones, de niños y de niñas. En gran parte de los casos los trajes de comunión se prestaban, alquilaban, heredaban, como los de novia en las bodas


Más fotos y recuerdos de las primeras comuniones


Dos reclinatorios para arrodillarse y otra silla


Dibujo de temática religiosa enmarcado


Este es un confesionario del estilo más antiguo, mucho más simple que el que vimos antes. Sin embargo perviven en algunos lugares


Bordón de peregrino en forma de cruz, con la calabaza y la concha


Este candelabro triangular es el tenebrario, empleado para el Oficio de Tinieblas en Semana Santa, explicado así en Wikipedia:
"Se llamaba oficio de tinieblas (en latín: Tenebrae) a la ceremonia litúrgica católica que se celebraba en los tres días previos a la Pascua al caer la tarde (es decir, Miércoles Santo, Jueves Santo y Viernes Santo). Era el oficio ordinario correspondiente, en la Liturgia de las Horas, según el antiguo breviario romano, a los nocturnos o maitines y a los laudes, que fuera de la Semana Santa se rezaban a medianoche o muy de madrugada, como siguen haciendo muchas órdenes religiosas. 
Este oficio tiene su origen en la Alta Edad Media y tiene semejanzas con el oficio de difuntos. El oficio se realiza con todas las luces del templo apagadas, con excepción de las quince velas encendidas en un tenebrario (un candelabro triangular especial) en el centro del templo. 
Ceremonias litúrgicas de este tipo existen en la actualidad en la Iglesia católica, así como en las Iglesias luteranas, anglicanas, metodistas, calvinistas y en la iglesia ortodoxa de rito occidental. 
Historia 
En el Rito Romano de la Iglesia Católica, el oficio de tinieblas se celebraba en todas las iglesias con un número suficiente de clérigos hasta las reformas litúrgicas del Papa Pío XII en la década de 1950. Las tradiciones relativas a este oficio se remontan al menos al siglo IX. Durante la Semana Santa, los maitines, que se rezan unas horas después de la medianoche, y los laudes, que se rezan al amanecer, se adelantaban a la tarde o noche del día anterior para no interferir en los oficios y ceremonias propios de esta. Estos rezos se adelantaban a la víspera por la tarde empezando de tal manera que terminaran después de la puesta del sol, de allí el nombre de "tinieblas" o "tenebrae" en latín. 
Con la reforma de las ceremonias de Semana Santa por parte del Papa Pío XII en 1955, la Vigilia Pascual fue restaurada como un oficio nocturno, trasladando esa liturgia Pascual de la mañana del Sábado Santo a la noche siguiente y de la misma manera trasladó las liturgias principales del Jueves Santo y Viernes Santo de la mañana a la tarde o noche. Así, los maitines y laudes del Viernes Santo y el Sábado Santo ya no podían adelantarse a la noche anterior, e incluso los maitines y laudes del Jueves Santo sólo podían adelantarse en el caso de las iglesias catedrales en las que se celebraba la Misa Crismal el Jueves Santo. 
Finalmente, tras el Concilio Vaticano II, los maitines y laudes fueron completamente reformados a lo largo del año. Los maitines, por ejemplo, ya no tenían los nueve salmos y las laudes los cinco salmos que determinaban el número de velas apagadas en la celebración de las tinieblas. 
En la actualidad, las celebraciones que son denominadas oficio de tinieblas, así como las de otras denominaciones cristianas, pueden tener un contenido y estructuras muy diferentes dependiendo de la confesión, basadas, por ejemplo, en el Sermón de las Siete Palabras o en lecturas de la Pasión de Cristo. Es posible que se celebren solo un día de la Semana Santa, en particular el Miércoles Santo, y el número de velas, si es que se utilizan, puede variar. 
Liturgia 
Se coloca un gran candelabro triangular, llamado tenebrario porque sirve para estos oficios, en el presbiterio un poco más abajo del lugar en el que el subdiácono suele cantar la epístola. En él se colocan quince velas o cirios de color amarillo. Las primeras representan a los 11 apóstoles que se mantuvieron con Jesús, a pesar de la traición de Judas Iscariote. Las últimas, a las tres marías que siguieron a Jesucristo.[7][8] Y la Santísima Virgen María, esta última en el tenebrario es la vela más alta (y la que se puede diferenciar ya sea por su diseño más decoroso y trabajado) porque ella fue la una que creyó fielmente en la resurrección. 
Estando todas las velas encendidas y reunido el clero y hecha una breve oración y dicho en pie y en voz baja el padrenuestro, se entona el versículo del primer salmo. Todos se sientan y se cubre y no se vuelven a levantar hasta el Benedictus. Las lecciones y salmos terminan con una inflexión de voz particular porque no se dice Gloria Patri. Todo el clero se arrodilla cuando se canta Christus factus est... y permanece en esa posición hasta el fin. Luego, el oficiante canta el Miserere que puede cantar la música o los dos coros alternativamente a media voz y con alguna inflexión de voz. Se dice en voz baja para simbolizar el terror que se apoderó de los apóstoles cuando vieron preso a su Maestro por los romanos y también para simbolizar que durante su pasión apenas se oyó su palabra. 
Las velas se apagan progresivamente conforme avanza el oficio, una vela después de cada salmo, que simboliza que los apóstoles y las marías se fueron apartando o abandonando a Jesús sucesivamente cuando le vieron en poder de los romanos. La más alta de las velas no se apaga nunca y simboliza la fe constante que tuvo siempre María en la resurrección de su divino hijo. 
Acabado el Miserere el presidente perseverando de rodillas y un poco inclinada la cabeza dice en el mismo tono la oración Respice quaesumus hasta las palabras qui tecum vivit et regnat las cuales pronuncia en voz baja. Y acabada dicha oración en total oscuridad el oficiante, el resto del clero y los fieles golpean sus bancos con libros, matracas o con sus manos, produciendo un gran ruido por espacio de un padrenuestro en conmemoración del terremoto que acompañó a la oscuridad tras la muerte de Cristo en la Cruz de acuerdo con el Evangelio de Mateo".

Este tenebrario muestra sus preceptivas quince velas y, dentro del triángulo, tiene una roseta tallada. Leemos ahora la descripción de este objeto litúrgico también en la Wikipedia:

"Un tenebrario es un candelabro de forma triangular con quince velas, dispuestas escalonadamente, que se van apagando progresivamente durante el Oficio de tinieblas u Officium tenebrarum, en Semana Santa. 
En este oficio de tinieblas se cantan los salmos y las Lamentaciones del profeta cristiano y judío Jeremías, y al término de cada uno se van apagando las velas, normalmente amarillas, de este singular candelabro situado en el presbiterio, empezando por el ángulo inferior derecho, quedando encendida solamente la más alta, que en algunos sitios suele ser blanca. 
Hay testimonios de que el candelabro triangular para el oficio de tinieblas se usaba ya en el siglo VII, pues se menciona en un ordo de esa época publicado por Jean Mabillon; el número de velas ha variado en diferentes épocas y lugares; Amalario de Metz habla de veinticuatro velas y otros usaban tenebrarios de treinta, doce, nueve e incluso siete velas. En 1912, el tenebrario estaba hecho para sostener quince velas que, según el Caeremoniale Episcoporum (II, XXII, 4), debían ser de cera sin blanquear, aunque en algunas iglesias se usaba una vela blanca en el vértice del triángulo. Durante el servicio cada vela se apagaba al final de cada salmo alternativamente a cada lado del candelabro comenzando con la más baja. Como había nueve salmos en los maitines y cinco en los laudes, sólo se deja encendida la vela más alta del triángulo después de haber cantado todos los salmos. 
Simboliza el día de la muerte de Jesucristo en la Cruz. Las quince velas representan a los once apóstoles, las tres Marías y la Virgen María, es decir, aquellos que acompañaron a Jesús en el día simbolizado. El triángulo mismo simboliza la Santísima Trinidad; para algunos, la vela más alta representa a Cristo, mientras que otros afirman que es la Santísima Virgen, la única que creyó en la Resurrección, y la extinción gradual de las demás tiene que ver con la fe menguante de apóstoles y discípulos"

Esta sería una credencia, mesita que se sitúa al lado del altar para colocar los vasos sagrados y otros elementos litúrgicos relacionados con la Eucaristía. Como aquí, se cubre con un mantel blanco, con motivos religiosos que, en este caso, son similares al mantel del altar

La imagen del Niño Jesús rezando con la cruz detrás suele denominarse Niño Jesús de la Pasión o Divino Niño. Al lado hay una jarra para flores, con las que suele engalanarse la iglesia en las liturgias, detrás una vela de vaso y delante un recipiente de loza para limosnas


Más atrás hay otro jarrón, de loza, y a la izquierda un libro de oraciones


Otra cruz de las Santas Misiones. ¿Tendrá que ver esta especial incidencia re-evangelizadora de posguerra con la existencia en Grandas de una logia masónica denominada Amor y Trabajo que, como nos dice el erudito Víctor Guerra en su libro Los caminos a la catedral de Oviedo, fue fundada por José Naveiras Pastur, tío de Pepe El Ferreiro?


Arriba tenemos un cuadro de la Virgen de Fátima, cuyo culto de extendió rápidamente. A la izquierda una fotografía de lo que parecen también primeras comuniones, y en medio un exvoto, ofrenda votiva que en este caso representación en cera de una parte del cuerpo por la que se pedía su curación


Y ya llegamos al altar con su retablo, del que ya se ha dicho procede de la capilla del desaparecido pueblo de Salime. En el Museo os podrán decir de donde vino cada imagen


En lo alto San Pedro es siempre reconocible por llevar las llaves del cielo


La talla conserva parte de su policromía


Detrás, un óculo deja entrar algo de luz natural al interior


A la derecha nos parece reconocer a dos San Antonios, fáciles de identificar por el Niño en brazos. Ente ellos no obstante una pequeña imagen de un animal nos recuerda a la jabalina de San Antón Abad

A la izquierda, una Virgen coronada ha perdido su policromía y articulaciones

Pasamos ahora a los santos de la parte de abajo del retablo

San Juan Bautista, patrón de la Capilla, también fácil de identificar en su iconografía, con el Cordero a sus pies

Este sí es sin lugar a dudas San Antonio Abad o San Antón, acompañado de la jabalina que siempre le acompañó, defendiéndole de alimañas, después de que el santo curase a sus crías ciegas. En algunas representaciones, como esta, la jabalina tiene más pinta de cerdita doméstica que de animal salvaje. Dado que su festividad es el 17 de enero, es conocido en la zona como Santo Antón de Xineiro y Pepe El Ferreiro le dedica el artículo Ídolos e idolatría en su entrada de blog del día 25-12-2016:

"Había una vez en un templo una vetusta imagen muy deteriorada. El santo en ella representado era Santo Antón de Xineiro. La polilla y el raído esmalte o su inexistente policromía, había hecho mella en la que debiera ser su cualidad como representante de aquel santo patrón. El día 17 de enero, festividad y bendición de los animales, el clérigo en la misa enumeró en su homilía todos aquellos desperfectos, y los muchos milagros que Santo Antón hacía con sus protegidos. Como el lamento se hacía todos los años, era patético el disgusto de aquel mosén. Un iconoclasta ferreiro lo escuchaba sin mucho convencimiento, pero no aceptaba de buen grado sus quejas. Decidió acabar con la penuria y  para ello ofreció al cura la madera necesaria para la nueva talla del Santo, porque, aunque hereje, al menos así cambiaría el sermón del sacerdote. Hacía muchos años que en su huerta había cortado un peral bravo o sin injertos y como su madera era la indicada para tal fin, y sobraba mucha de la reservada para la relleira del pesebre de los bueyes, le daría a la Iglesia aquélla que por sus dimensiones permitieran la talla. Así lo hizo, y al año siguiente había en aquel retablo un hermoso santo Antón para curar los animales con su milagreiro recetario. A la salida de misa volvió el párroco a dar las gracias a aquél que había tenido a bien donar el pie del peral. Después de marchar éste, dijo el heterodoxo ferreiro para que lo oyeran los feligreses:

"Santo Antón, Santo Antón  
Hermao da relleira del pesebre dos meos bois 
Os milagros que tú fagas que m´os colguen dos collois.”

A aquel ferreiro se le puede acusar de irreverente, pero no de idolatra con la madera que había dado como ofrenda. Sus testículos no creo que se alteraran con el peso. 
Haxa salú".

Este nos ha resultado más difícil de identificar, tal vez San Juan de la Cruz. En el Museo sin duda lo sabrán mejor. Entre diversos objetos y estampas tenemos otros dos exvotos: una pierna y un brazo

El Misal o Libro de Misa, correctamente el Misal romano del que nos cuenta así la Wikipedia:

"El Misal romano (en latín, Missale Romanum) es el libro litúrgico de la Iglesia católica que contiene las ceremonias, oraciones y rúbricas para la celebración de la misa en el rito romano. 
Se le llama «romano» porque es el oficial del rito romano. Por ello, es el misal de uso más extendido dentro de la Iglesia católica. El mismo consta de tres partes: el Ordinario de la Misa, con las oraciones de cada día; el santoral y las Misas votivas, y Misas de difuntos. Aunque escrito en latín, la lengua oficial de la Iglesia, ha sido aprobado por todas las conferencias episcopales una versión en las lenguas vernáculas. 
La edición actual del misal, publicada por el papa Pablo VI en 1970, junto con los demás libros litúrgicos promulgados tras el Concilio Vaticano II, es la única expresión de la lex orandi del rito romano. No obstante, la actual normativa eclesiástica permite autorizar el uso de la liturgia romana anterior bajo ciertas condiciones".


Vamos a mirar a hora todos los objetos litúrgicos y religiosos expuestos a la derecha del retablo


Otra cruz de las Santas Misiones, esta especialmente interesante pues es de 1928, anterior por tanto a la Guerra Civil y a la Segunda República. Es de los Padres Pasionistas. En medio, un corazón con una cruz encima y dentro las letras J.X.P. representa a Cristo. En el brazo inferior de la cruz leemos MEMORIA DE DON JOSÉ LÓPEZ VILLAR. Al lado, un cuadro de Cristo mostrando las Sagradas Escrituras


En la pared vemos al fondo varios tipos de matracas y carracas empleadas para la liturgia de la Semana Santa, sustituyendo por ejemplo a las campanas en señal de duelo los días de la Pasión. A la derecha hay algunos hostiarios, moldes para hacer hostias consagradas. Leemos de la ficha la la Universidad Complutense de Madrid del Molde de formas eucarísticas del Museo Arqueológico Nacional:
"Antes de calentarla, la masa del pan ácimo se colocaba encima de la plancha y se apretaban las tenazas del objeto, haciendo presión por ambos lados y rebasando el material sobrante por los bordes, mientras se sujetaban las puntas con una anilla. A su vez, las planchas imprimían dos formas grandes y dos pequeñas, las de mayor tamaño destinadas a la comunión del celebrante y las de menor tamaño para los fieles, siguiendo la tradición ya extendida desde el siglo XIV".

Aquí vemos el molde de dos hostias grandes y una pequeña, con diferentes representaciones de una cruz. En la web del Museo del Traje nos cuentan así:
"La celebración más importante de la Iglesia Católica es la Eucaristía. Los fieles se reúnen para conmemorar la muerte y resurrección de Jesús a través de la consagración, por parte del sacerdote, del pan como la carne de Jesús y del vino como su sangre. Tiene su origen en la última cena que celebró Jesús con sus discípulos y se celebra desde los primeros tiempos del Cristianismo. 
Para el rito de la consagración se utilizan las hostias, hoja redondas y delgadas de pan ácimo o sin levadura. Se hacían en el hostiario o molde de hierro de dos valvas accionadas por una tenaza que solían llevar grabados en una de sus planchas la cruz, el anagrama o Cristo u otros motivos relacionados. Parece ser que su uso está documentado desde el siglo VI o VII. Su elaboración se rodeaba de cierta reverencia y ha estado tradicionalmente vinculado a comunidades religiosas, especialmente de monjas. Sobre las planchas se vertía la masa, que se prensaba y se ponía al fuego hasta que se cocía. 
Herramientas similares a esta, pero obviamente sin motivos religiosos, se utilizaban también en la fabricación de las obleas para los barquillos o dulces hechos con una pasta similar pero que incluye además azúcar. 
Hoy, en ambos casos, esta delicada elaboración artesanal ha cedido el paso a la fabricación masiva en máquinas".

Estos son de hierro forjado y posiblemente los habrá hecho algún ferreiro de la zona


La apicultura fue y sigue siendo una de las actividades tradicionales del campo grandalés, la cera se vendía a los cereiros que, procedentes de Os Ancares iban comprándola de casa en casa


Farol procesional, elemento que nació como elemento práctico para iluminar el camino de las procesiones y comitivas nocturnas, el cual evolucionó desde simples velas o antorcha a estas piezas de arte sacro, engalanadas con filigranas y símbolos religiosos. Las hermandades los empleaban para alumbrar en la oscuridad, protegiendo las velas del viento y guiando a los fieles. La luz como guía simbolizaba además a Cristo o a la Iglesia como la Luz del Mundo


En otra credencia se exponen otros dos libros, otro tipo de matraca, una jarra de cristal, vino de misa, botella con flores...


La matraca que "se utiliza en las iglesias españolas durante la Semana Santa; antiguamente se utilizaba para enmudecer a la gente en los días de la Pasión o para despertarlos en maitines, cuando no se podían usar las campanas, también se utilizan en algunas las celebraciones litúrgicas. También en el ámbito de la Semana Santa, algunas hermandades penitenciales hacen sonar matracas durante el desfile procesional. La matraca se usa también para simular un terremoto en el Oficio de Tinieblas de la Semana Santa", leemos en Wikipedia


Este es el libro de la Oración de los fieles, del que nos dice así Jesús Luengo Mena en el Blog de la liturgia:
"La oración universal u oración de los fieles es la oración conclusiva de la Liturgia de la Palabra. Se dice tras la homilía o el Credo (si lo hay) y mediante ella el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por toda la humanidad. La asamblea expresa su súplica o bien con una invocación común, que se pronuncia después de cada intención, o con una oración en silencio. 
Esta oración también puede decirse fuera de la misa, en otras acciones litúrgicas y en ejercicios piadosos. 
Tiene varias partes: invitación, intenciones, respuesta o silencio y conclusión. Siempre la introduce el sacerdote o diácono y la concluye. Las intenciones las puede leer un lector (hombre o mujer). Si es misa con niños pueden hacerla ellos. En general, con un lector basta. No es recomendable una acumulación de lectores para dar una falseada apariencia de participación. Los lectores deben subir de la nave al presbiterio y tras hacer reverencia al altar se dirigen al sitio dispuesto (puede ser el ambón o mejor otro lugar diferenciado). El sacerdote dirige la oración desde la sede o desde el ambón. 
Las características de esta oración son varias:
· súplica al Padre
· es oración litúrgica
· participa todo el pueblo
· se pide por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo (de ahí su nombre de universal) 
Esta oración tiene un libro propio. El Libro de la Oración de los fieles es uno los libros litúrgicos, que contiene los distintos formularios de la Oración de los fieles para todo el Año litúrgico. 
Hay formularios para el Propio del Tiempo, para Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Triduo Pascual y tiempo de Pascua. También el Libro recoge oraciones para el 
Propio y Común de los Santos, Misas rituales, difuntos, etc. 
Las peticiones pueden prepararse por el equipo de liturgia, siguiendo la normativa al respecto".

Junto a la ventana del muro sur, una silla-confesionario


Y al lado, en la pared, otro hostiario


Salimos de la capilla y nos dirigimos acto seguido al cobertizo de Aperos de labranza


Fijémonos en el tejadillo de lajas de pizarra entrelazada, como la cubierta de la capilla. Observemos asimismo la galería acristalada de A Casoa, orientada al sur


En buena medida, más que aperos casi habría ya que hablar de maquinaria agrícola de producción industrial, que empieza a aparecer a finales del siglo XIX y se extiende paulatinamente a lo largo del XX, así sembradoras, arados, segadoras, etc. etc. etc.


Pero a la vez, los sistemas y maquinaria antiguos pervivieron mucho tiempo en determinados lugares y caserías concretas, de ahí el amplio elenco de ruedas de carro del país presentes en este espacio


Y un viejo arado, con pequeñas ruedas y todo de madera, salvo la reja


Estas y otras piezas y herramientas serían trabajo aún de los ferreiros y carpinteiros locales. En unas pequeñas etiquetas podemos saber algo de ellos y de su procedencia


Ruedas artesanas y segadoras industriales


Si bien han quedado obsoletas ante máquinas más modernas muchas de estas piezas aún las veremos en funcionamiento


Por contra, es extrañísimo, fuera de museos, fiestas, desfiles o exhibiciones, ver carros circulando con estas ruedas hoy en día, mismamente es extraño ver carros circulando, en general


"La incorporación de nuevos materiales de fabricación y el inicio de la producción mecanizada en serie introdujo cambios sustanciales en el modo de trabajo de los campesinos. Los tradicionales aperos elaborados por los carpinteros y herreros locales comenzaron a ser sustituidos por herramientas y máquinas de fabricación industrial que facilitaban y optimizaban sus tareas. En el cobertizo anexo a A Casoa se exponen desde arados y sembradoras aún de tracción animal hasta las primeras desgranadoras, aventadoras o trilladoras que incorporaron un motor estacionario", es lo que nos dicen de esta sección en la web del Museo


Si bien son máquinas y piezas que funcionaron hasta hace poco, el paso de la sociedad campesina a la urbana hace que sean unas grandes desconocidas para buena parte de la población, nacida en ciudades y que vive en áreas urbanas, por lo qué que mejor que recabar la oportuna información de los guías del museo


Trilladoras, desgranadoras, aventadoras. Como antes dijimos, grandes novedades de no hace aún tanto tiempo, considerado este en términos históricos, son ahora también trastos vellos 'viejos' y, por lo tanto, material de museo etnográfico


Y por ello comparten espacio con estas ruedas, propias de periodos más antiguos 


Ruedas de dos radios formados por una sola pieza


Y ruedas con radios en forma de 'H'


Una de las características de algunos fabricantes industriales de maquinaria agrícola era el gusto por pintar sus modelos con vivos colores


Y esta es la famosa trilladora de la fábrica de Ajuria, en Vitoria, fabricante muy importante de maquinaria agrícola. Ajuria inició su actividad en 1848 y paró en 1985. Hoy en día tanto sus productos como documentación, cartelería, prospectos, publicidad, etc., son hoy día muy preciados 


Estas ruedas son de roble y "tipo San Martín de Ocos", como trae su cartel. El carpinteiro es Antonio Santamarina Martínez y el ferreiro (de la de arriba) es Benino Naveiras Pereiras


Las tres tienen radios en forma de cruz. La de abajo y la de la derecha presentan únicamente la estructura de madera, hecha por Antonio


Estas máquinas transformaron el trabajo de la mallega o trillado del trigo, del que periódicamente se celebra una demostración en el Museo:
"La siembra, recolecta y procesamiento del cereal era una de las actividades en la que más tiempo y energía invertían las familias campesinas. Una vez recolectado el trigo o el centeno, era necesario separar el grano de la paja. Este proceso, denominado mallega (trilla),  se realizaba en agosto, tras la siega del cereal y era una actividad que concentraba gran número de personas, siendo motivo de reunión de familias y vecinos y de celebración festiva. 
El procedimiento más antiguo consistía en golpear las espigas con un mallo (mayal) y después aventar el grano en cribas, para dejarlo  limpio de “polvo y paja”. A comienzos del siglo XX, esta operación se vio facilitada con la incorporación al proceso de las malladoras  (trilladoras) y las aventadoras mecánicas. 
A través de la Asociación de Amigos tendremos la oportunidad de ver en funcionamiento estas, en su momento, innovadoras máquinas, en el eira (era) del Museo, recuperando uno de los trabajos fundamentales para el sostenimiento de la casa tradicional".

Campeva fue otro fabricante muy famoso de maquinaria agrícola fundada en 1950 y que estuvo en activo hasta 1996 en Campolongo, concello coruñés de Pontedeume. Como Ajuria tuvieron su época dorada, si bien en este caso no llegó al medio siglo. No obstante sus productos aún funcionan en algunos sitios, además de en este Museo, naturalmente


Aquí tenemos una de sus máquinas, a la que se pone a funcionar en la mallega que se celebra en la Eira del Museo, frente a la Casa del Molinero


Detrás está el trillo, un sistema antiguo para separar el trigo de la paja. Un tablero grueso rectangular hecho en este caso con tres tablas, cuya parte frontal está curvada hacia arriba como la de un trineo y su vientre totalmente lleno de piedras cortantes (lascas de sílex) incrustadas. Realmente es un sistema más propio de la meseta y zona mediterránea pero ocasionalmente aparecía alguno más al norte, en Cantabria por ejemplo, vendidos por los artesanos trilleros, llamados briqueros por ser fabricantes de bricas 'cribas' o chifleros, de chifla 'trillo'


Oras dos máquinas, la del fondeo de Ajuria. Como nota curiosa hemos de decir que el Palacio de Ajuria Enea, residencia oficial del lehendakari o presidente del Gobierno Vasco y de Euskadi, está vinculado con la familia fundadora de la empresa, en concreto con Serafín Ajuria Oirigoitia, quien mandó construirlo


Otras dos ruedas de carros del país: especialmente singular es la de la derecha


Y ahí tenemos una rueda de rayos o 'radios', que se hizo habitual en los carros de labranza construidos sobre todo a partir de las primeras carreteras entre los siglos XIX y XX


Abajo otro tipo de rueda de carro del país, toda ella de madera enteriza, sin radio alguno, hecha de tablas unidas


Ruedas más pequeñas, de arados, sembradoras y maquinaria similar, unos de madera y de hierro forjado y otros de acero, ya por tanto producción de industrias siderúrgicas


Tal y como hemos dicho, las novedades de hoy mañana se hacen obsoletas, se desechan y desaparecen o se conservan en un museo etnográfico con el transcurrir del tiempo


Damos la vuelta por el mismo pasillo mientras seguimos asombrándonos ante el amplio muestrario de máquinas y ruedas


Haz de la paja del trigo, empleada como forraje, sobre una de las máquinas


Detalle de los cordeles, hechos con la misma paja, con los que se ata el haz


Salimos de regreso al exterior por el mismo portón por el que hemos entrado


De frente, volvemos a ver la Capilla


Al lado el teixo y al fondo la Eira, el Molino y la Casa del Molinero


Siguiendo el circuito, nosotros vamos ahora a A Casoa, para ver todas sus dependencias



Fijémonos ahora bien en el blasón solariego de los Álvarez Castrillón


Justo debajo, el balcón, de hierro forjado y piedra de sillería a la vista


En él, en una placa también hecha de hierro forjado, se lee 
A CASOA 
ANO 1999

Ventana de la izquierda, donde vemos lo que puedan ser dos soles, o el sol y la luna como símbolo de la eternidad, con cara ojos y boca. También dos pequeñas flores de lis justo encima de cada una de las caras, a los lados de la ventana, remarcada esta por trazos lineales rectos en jambas y dintel


Y ventana de la derecha, la que hizo Tadanori Tamaguchi. Imita a la anterior pero le ha añadido una tercera cara, en medio y en la parte inferior, la cual se basa en las existentes en las corondias 'colondras' o tablas de la pared de hórreos y paneras del llamado estilo Allande y existentes en la zona


No vamos a entrar en A Casoa por la puerta principal y su portal sino por la de la izquierda, por la que entramos en la Barbería de Villaverde


Sobre ella vemos el cartel, que en realidad son dos unidos que sobresalen de la pared, hecho así con la idea de que puedan verse desde toda la calle


Al lado, otro cartel original es el de CORREOS y CAJA POSTAL DE AHORROS


Fijémonos también en el anagrama de Correos: un sobre sellado, coronado y laureado


El letrero es de una barbería que existió en Grandas de Salime, la de Dámaso Villaverde, abierta en 1929, es decir, dos décadas antes de la obra del embalse, y que cerró sus puertas en 1976


"En Grandas de Salime hubo dos barberías que no tuvieron continuidad tras la jubilación de sus propietarios. A partir de los años setenta, el servicio para hombres pasó a prestarse en las peluquerías de señoras", nos dicen en la web del Museo. "La colección fue completada con piezas cedidas por la peluquería Escotét, de Oviedo/Uviéu".


Como reiteramos, gran parte de A Casoa está dedicada a oficios y objetos relativamente recientes, al menos históricamente, algunos de los cuales siguen existiendo y empleándose con escasas transformaciones, otros han desaparecido


Peines y cepillos, máquinas cortapelos, colonias y lociones, recortadoras y máquinas de contornos, brochas y demás accesorios de afeitado. Incluso las generaciones más jóvenes conocen algunos de ellos


Lo mismo pasa con las marcas de algunos productos, algunas continúan existiendo, otras no


Sea como sea es un instrumental de lo más llamativo, pues además de su utilidad, ya había nuevos criterios de marketing, incluyendo su aspecto, lustroso, brillante, y su presentación


Puede decirse ya que todo son productos industriales, sin intervención de los artesanos locales o de la inventiva popular. En medio, dos suavizadores de cuchillas de afeitar, de cuero y con mango de madera


Las maquinillas de afeitar sustituyeron a las navajas de barbero fueron inventadas por King Camp Guillete hacia 1900 en base a modelos precedentes menos seguros contra los indeseados cortes. "Comenzó la producción en 1903, en que vendió 51 maquinillas y 168 cuchillas, mientras que al año siguiente, con una política de precios bajos, vendió 90.884 maquinillas y 123.648 cuchillas. En 1908 la empresa ya se había establecido en Estados Unidos, Canadá, Francia y el Reino Unido. En 1915 las ventas de cuchillas superaban los setenta millones de unidades", nos dice la Wikipedia. Las técnicas de marketing publicitario y la mejora de las comunicaciones hacían posible el triunfo de productos como estos en tan poco tiempo, pero no todos, ni mucho menos, corrieron la misma suerte


Una primera gran transformación del instrumental acontecería con la llegada de la luz eléctrica a todas las casas. La siguiente ya sería con las nuevas tecnologías, pero gran parte de estos productos, recalcamos, siguen usándose en nuestros días con sus correspondientes transformaciones, o algunos sin siquiera pasar por ellas


Un ejemplo de los cambios citados son las maquinillas de cortar el pelo, inventadas entre 1850 y 1890 por el barbero serbio Nikola Bizumic. "Si bien fueron ampliamente utilizadas en el pasado, la llegada y su reducción en el costo de las máquinas de cortar el cabello eléctricas, llevaron a su reemplazo en la mayoría de las ocasiones", dice también la Wikipedia


Y no es una sola pieza, aquí tenemos esta interesante colección


Elegantes muebles de barbería en tono blanco, lo que contrastaba con tiempos en los que predominaba el gusto por los muebles oscuros


Mueble-cajonera también en blanco, con la palancana y su soporte al lado y debajo la jofaina


Esta es una pieza que sí es posible que muchos desconozcan, se trata de unos calienta-pinzas para hacer la permanente. Habla de esta pieza en su blog Pepe El Ferreiro en esta entrada del 4-12-2009 titulada Descubrimiento:
"Hace aproximadamente veinte años, y en uno de esos viajes a donde comienza Somiedo y termina Belmonte de Miranda, me encontré en casa de Lolo, en Aguasmestas, el calienta pinzas de hacer la permanente. Allí lo tenía Evangelina, en una esquina de la entrada a su bar-tienda, como un elemento decorativo. A pesar que tenía la tapa bajada, vino a mi memoria aquel artilugio que de niño había visto en la peluquería de Leonor, en Grandas de Salime. 
No podría asegurarlo, pero desde luego aquello se parecía mucho a aquel vago recuerdo de la niñez. Es caso es que al levantar aquella cubierta, quedó ante mis ojos algo que me resultaba tan conocido, que no daba lugar a la duda. Manuel Menéndez Hidalgo y su esposa me informaron que había sido de Carmina, hermana del citado y que había ejercido ésta de peluquera, y era la causa por la que se encontraba en su casa. Tiempo después la adquirí, y hoy se puede ver en el Museo Etnográfico de Grandas. 
Como se haría largo contar la historia de las otras piezas, que acompañan en la peluquería, a esta “Eva Española”, y servían también para rizar y ondular los tupés, que debían dar gracia al peinado. Digamos que se trata de pinzas que son calentadas en infernillos de alcohol y algunas eléctricas. 
Hoy que forma parte el conjunto de la muestra, carece de importancia su adquisición, pero en su día fueron significativos y transcendentales los hallazgos; que es posible no perduraran en el tiempo si no fuera esta circunstancia. 
Espero no haberles aburrido con mis ilusionantes recuerdos, que se materializaron con el paso del tiempo. Lo de dar vueltas al buche, tirabuzón, caracolillo o rizo es defecto. También tienen otro nombre la falta. ¡Y basta ya! 
Haxa salú"

Más arriba siempre a mano está el botiquín, para cualquier corte o raspadura que se pudiera ocasionar. Sobre él algunos frascos de sales y el ventilador para los días calurosos


Y, también en la pared, uno de los famosos cuadros de mujeres del célebre pintor Julio Romero de Torres que en tantos negocios había, siempre a la vista


Junto a la palancana, recipiente de cobre para lavar la cabeza, estilo bacía, sobre trípode



Y una antigua silla de barbería, de madera


Se ha puesto una cuerda para evitar que nadie se siente en ella, pues parece cómoda


Enfrente de la silla, diversos elementos al lado de la puerta, entre los que podríamos destacar en primer lugar una máquina para ondular o rizar el cabello, marca Eva Española y de mediados del siglo XX, que funcionaba con luz eléctrica


Ahí están el cable y el enchufe de la toma de corriente. Antes de estas máquinas se empleaban los calienta-pinzas que acabamos de ver, unos se calentaban en un infiernillo de alcohol y otros directamente a fuego


Para rizar u ondular el cabello, los mechones de impregnaban con un líquido fijador, se envolvían con un papel y finalmente se les aplicaban las pinzas calentadas en los pivotes del aparato

Hoy: permanente estética titula Pepe El Ferreiro esta entrada en su blog a fecha 3-12-2009: 

"Una vecina mía cuando le preguntaron la edad dijo que tenía sesenta y trece. Yo tengo sesenta más siete, y vi crecer las plantas después de crecidas, les contaré una de esas mutaciones que se operan en la sociedad. 
Lo que ayer era signo de belleza, hoy no lo es. El cabello rizado, ondulado o simplemente agraciado, era un don. Era un distintivo de belleza física importante. Tanto es así, que se pagaba por rizarlo. Hoy, ¡para rizar el rizo! y demostrar la levedad de los imperativos de la moda, se “desriza”. Todo tipo de publicidad nos informa de los pasos y métodos a seguir, para que el pelo “luzca” lacio. Creo que hay hasta un sistema nipón que lo deja perfecto, hirsuto como el de la cabra. Además también es caro; como lo era hace sesenta… o más, hacerse la permanente. Esta consistía en lo inverso al sistema japonés. Con unos bigudíes de madera, unas papelinas impregnadas de cierto producto químico y unas pesadas pinzas, previamente calentadas en un aparato especial para tal fin, se lograba un ensortijado perfecto. Había dos tipos de enrizado: la susodicha “permanente” y el “caracolillo”. Es de suponer que de estos tipos de rizado hubiera ciertas diferencias; sobre todo en el precio. Por mi corta edad, no puedo dar información de cuál era más estético. Lo que sí recuerdo de aquellos tiempos era la canción que decía: 

Te has puesto la permanente

creyendo que te casabas,
te pondrás esa y otra
y te quedarás donde estabas.
 
Con la permanente y el caracolillo,
se te ha llenado la cabeza toda de piojillo
La culpa la tuvo tu madre
por darle las veinte pesetas
más le valiera darle los cuartos
para comprarse unas medias.
Esta canción suelo cantarla a los visitantes que se interesan por el aparato calienta pinzas; de la que se puede deducir el costo de tan artístico peinado. Lo que sí recuerdo, cuando niño, oír la crítica que se hacia a la emperifolladas damiselas, que se rizaban el cabello imitando a las razas más puras africanas. Esto tampoco debe extrañarnos tanto, porque en la actualidad hay tendencia hacia lo mulato; y para lograr ese color se exponen al sol, cuan campesinas extremeñas, obligadas por las circunstancias. Se hacía el reproche de aquel peinado, porque las señoritas que se habían sometido al embellecimiento de sus guedejas, con rizados mechones, cuidaban que el elevado costo fuera rentable, evitando su deterioro. Por cierto, el celo que se ponía en ese cuidado consistía en eludir el lavado de sus cabelleras; y he aquí que aquella falta de aseo, convirtiera sus cabezas en un confortable habitáculo para cáncanos o piojos y sus blancas liendres. Esto dio pie al estribillo de la canción. 
Cómo conseguí este aparato lo contaré otro día para ser permanente. 
Haxa salú"

El espejo, por supuesto, siempre de frente, para verse todo el tiempo. Al lado, un mapa de Asturias


Nos fotografiamos en el espejo mientras vemos otros útiles y lociones



Calendario de 1947 de Laboratorios Bouzo, la célebre Farmacia José Antonio Bouzo Villar de Ourense (Galicia), que suministraba


Junto a la puerta, el perchero de pie


A aquel lado de la puerta, armario acristalado tipo expositor con productos de barbería y droguería


Merece la pena detenerse y comprobar cómo muchas cosas siguen vigentes y otras lo estuvieron hasta hace poco


Los tan recordados, no siempre para bien, rollos de papel higiénico del Elefante, el primero fabricado en España, o eso se dice. Escribe de él Lucía Martín en Idealista News:
"Hay quien dice que el papel higiénico comúnmente conocido como El Elefante en la España de los 60-70 era puritita mentira. Primero, porque no se llamaba El Elefante sino Patentado, nada que ver, lo que pasa que un icónico elefante rojo sobre celofán amarillo que envolvía el rollo quiso que todo el mundo lo llamase así. Segundo, porque en el envoltorio ponía que eran 400 hojas y aquella tira eterna de papel no venía cortada, vamos, que era un Din A4 y arrégleselas el usuario como buenamente pueda. Tercero: la cuestión higiénica. Resulta que el celofán amarillo, uno de sus distintivos, cubría el contorno pero no la parte superior ni inferior del rollo, con lo cual, lo de la higiene… 
Pero los que usaron este papel sobre todo lo recuerdan por una cosa: más que un elemento destinado a la limpieza de las zonas íntimas, aquello parecía papel de lija que bien podía utilizarse para limar las asperezas de un bloque de madera. Tenía dos partes: una era mate y rasposa (lo de la lija que decíamos) y la otra era satinada, así que ni la una ni la otra eran convenientes si uno tenía delicada esa parte del cuerpo. 
El papel higiénico se popularizó tras la II Guerra Mundial, hasta entonces se consideraba un producto de lujo solo al alcance de las clases pudientes. ¿Con qué se limpiaba el común de los mortales hasta su llegada? Pues con páginas de papel de periódico cortadas a tamaño de media cuartilla porque sí, el periódico ha tenido otros usos aparte del de informar (o desinformar) y envolver bocatas. 
Lo cierto es que en cuanto a suavidad, el famoso El Elefante no distaba mucho de las páginas de periódico, la ventaja eso sí es que no soltaba tinta. Lo fabricó la empresa Papelera Española y se vendía por unidades, nada de paquetes de 6 o 12 rollos, no estaba la economía para dispendios. En España empezó a comercializarse en la década de los cincuenta. 
El caso es que como era el único del mercado, sin competencia, este papel se popularizó rápidamente pero en poco tiempo surgieron otras alternativas, igual de ásperas, pero que quisieron utilizar sus elementos distintivos para conseguir el mismo éxito. Y así surgió el papel El Hipopótamo que era una copia del anterior: paquidermo rojo, celofán amarillo y una extensión de 400 hojas que tampoco venían cortadas. El público se confundía entre ambos y lo compraba pensando que se trataba de El Elefante. Pero la inspiración animalística no acabó ahí, ni mucho menos: la empresa Papelera de Jaén lanzaría el papel El Brontops, un animal mitad elefante mitad rinoceronte ya extinguido aunque los que lo conocieron dicen que el dibujante no se esmeró mucho y aquello parecía cualquier cosa. Los colores seguían siendo los mismos, rojos sobre fondo amarillo. 
Después llegarían La Cebra, El Ciervo, El Tigre, La Pantera, El Mirlo, El Avestruz, El Coyote… Nunca hubo en este país tanta marca de papel higiénico inspirada en la fauna. Con el desarrollo los nombres empezaron a ser diferentes y aparecieron La Amapola, El Enanito, Ideal, La Pajarita.. 
Como el ser humano es singular, hay quien colecciona rollos de papel higiénico El Elefante que puede encontrarse en plataformas de subastas. Sin tener precios lujosos (aunque sí mucho más elevados que el que tenía cuando salió a la venta), los rollos se ofrecen por entre 6 y 20 euros. La nostalgia, ya se sabe, también es negocio".

Bálsamos, lociones, maquinillas de cortar el pelo...


Junto con ellos, frascos de colonias y demás fragancias


Cuchillas de maquinillas de afeitar, estuches de viajes con productos de aseo personal


Más tónicos y lociones


Maquinillas y brochas de afeitar junto con más objetos relacionados, como los asentadores de cuero o suavizadores de cuchilla


Navajas de afeitar...


Algunas de las primeras maquinillas eléctricas. Volvemos a recordar que lo que hoy es gran novedad antes de lo que pensamos puede estar en un museo etnográfico


Más bálsamo, alcohol, agua oxigenada, etc. Si bien no vamos a hacer un estudio de cada marca comprobamos cómo productos estilo Nivea, empresa fundada en 1911, son tan actuales como forman parte de la historia


Más estuches de viaje, cepillos y otras piezas, unas reconocibles y otras que han desaparecido de la circulación


Llamativos frascos


Otra cómoda silla de barbería con su correspondiente cordón que la preserva


Otra percha, esta de pared, para colgar las prendas y al lado de la puerta de la sastrería


Antes de pasar a la sastrería nos queda por ver varias cosas que hemos dejado atrás, frente a los sillones de barbero


Exposición de cuchillas de maquinilla de afeitar en sus llamativos envoltorios


Listas de precios de una barbería y diversos documentos relacionados con esta actividad


Los espejos y estantes de madera y cristal repletos de más productos


Estanterías con más productos de droguería y barbería


Fijémonos en el cable enrollado estilo antiguo y las llaves de luz de la época


Perfumeros con pulverizador de perfume y un suavizador de cuchillas de afeitar dentro de su estuche



Y no nos olvidemos de los sillones, no tan diferentes a los de hoy en día, sobre todo en las barberías o peluquerías de estilo más vintage. La primera silla reclinable con reposapiés se patentó en 1878 y en 1900 apareció el modelo que, con sus lógicas transformaciones, marcas, modelos y materiales, sigue empleándose en nuestros días


Básicamente todos ellos permiten al barbero controlar todas las posiciones del sillón, nos lo explica muy bien un barbero en el blog BarberForLife:
"La barbería o el sutil arte de "esculpir" el cabello es uno de los oficios más antiguos del mundo. No en la forma que conoces hoy pero casi. En las sociedades paleolíticas primitivas aquellos que cortaban o modelaban el cabello eran las personas de más alto rango en la tribu. En la cultura egipcia los barberos eran muy respetados y eran los encargados de afeitar todo el cuerpo a los sacerdotes del faraón, ritual que se repetía cada 3 días. Esta claro que el barbero no sería quien es sino fuera por sus manos pero para ello también se necesita rodear de un buen instrumental y en este post vamos a hablar de uno de los más característicos y estéticos, el sillón de barbero.  
Los barberos de antes ejercían de barberos, dentistas y cirujanos menores(Hasta su prohibición) y para ello usaban sillas de madera adecuadas a sus necesidades pero no fue hasta alrededor de 1850 cuando se empiezan a incorporar las mejoras que han dado forma al sillón que hoy día conocemos.  
En 1878 se patenta la primera silla reclinable con reposapíes por la empresa "Archer Company" de Saint Louis. Le siguió rápidamente una silla que se subía mecánicamente. Eugene Berninghaus de Cincinnati mejoró el diseño de Archer y presentó la primera silla giratoria con reclinable, el Paragon. Años antes, en 1871 se forma la empresa "Koch. Company" en Chicago y más tarde incorpora todas estas innovaciones en su silla mejorando los diseños de "Archer company" y "Berninghaus Co" logrando alcanzar una couta de ventas de más 35.000 sillas en el periodo anterior a 1885. Los productos de "Koch" eran de primera calidad prueba de ello es que algunos han llegado en optimas condiciones hasta nuestros días y son muy demandados. No se limitaron a la venta de sillones pues también distribuían espejos, postes, taburetes y puestos de limpieza. En 1897, Samuel Kline de "Kline Chair Company" patentó una silla. En 1905 presento una demanda por violación de patentes contra Theodore Koch pero fue anulada. Un año antes presentó una patente para una "silla ajustable" que le fue concedida en 1907.  
Todas estas innovaciones cambiaron radicalmente el mercado. Pasaron de una silla de madera a una silla que se reclinaba y que se podía subir haciendo girar el sillón hacía un lado para ajustar al cliente a nuestra altura, para bajarlo no había más que hacerlo girar en sentido contrario. 

En 1900 llega el sillón que revoluciono las sillas de barbero y hasta nuestros días se sigue usando este sistema aunque con algunas modificaciones.  Ernest Koken, un inmigrante alemán que ya a sus 19 años años destacaba por su buena reputación, creó una silla hidráulica que funcionaba sin necesidad de tener que hacer  girar el sillón, simplemente usando un "joystick de palanca lateral" que más tarde patento y que permitía a un barbero controlar las funciones mecánicas del sillón. Durante años esta empresa fue lider indiscutible del mercado ya que suministraba a las barberías cepillos, maquinas de corte, tijeras y mucho más. El edificio que albergo a esta empresa aún sigue en pie en estos días y esta ubicado en Saint Louis.  
A finales de los años 50, la industria americana de las sillas de barbero vendían 10.000 sillas al año para las más de 100.000 barberías que habían en EEUU. Con sede en Chicago, "Emil J.Paidar company" era el fabricante lider  de sillas de barbero a finales de los 50 con una versión similar a los sillones Koken.  A partir de de 1956, llego al mercado americano la empresa "Takara belmont Company"  y comenzó a importar duplicados casi exactos de Paidar un 20% o un 30 % más barato. La empresa "Koken" que estaba a cargo del hijo "Ernest Koken" se declaro en quiebra y fue adquirida por "Takara Belmont".  De esta manera "Takara Belmont" adquirió el edificio Koken y el equipo de producción en Saint Loius y en 1969 adquirió el nombre de Koken , toda su marca y sus patentes y en 1970 esta empresa tenía el 70% del mercado de EEUU superando a "Paidar" que antes tenía la misma cantidad. Poco a poco las ventas fueron bajando y años después la empresa "Paidar" acabó anunciando que estaban en quiebra lo que dejo a"Takara Belmont" lider indiscutible del mercado hasta nuestros días. La estrategia de esta empresa funciono bien, importaban los sillones a un costo más barato siendo muy parecidos en calidades  a los de las demás compañías lo que disparó sus ventas y provoco que todas las demás compañías acabaran en quiebra o compradas por "Belmont". Años después ampliaron su producción y ahora fabrican sillones para clínicas dentales, medicas y utensilios de peluquería. En 2011 sacaron una versión actual del sillón koken original llamada "Legacy 90" con precios que van desde los 4500€ hasta los 6000€. (...) 
Poco a poco se fue perdiendo el estilo de "barbería con un sillón" debido  a que el mercado bajo. En aquel entonces los hombres adoptaron estilos más femeninos como "looks" con el pelo largo y modernos. Se comenta por varias paginas que en los años 60 decayó el negocio por culpa de los "beatles" ya que ellos lucían sus melenas y los hombres buscaban más  hacerse peinados que cortes de pelo lo que conllevo que la peluquería unisex ganara mucho mercado. El modelo de barbería con más sillones y más personal se extendió más debido a que salía más rentable y generaba más ganancias. También bajo el mercado de afeitados debido a la introducción de cuchillas de uso domestico. La empresa "Gillete" revoluciono el mercado con sus cuchillas y hasta nuestro días sigue siendo líder en el mercado. Hoy en día multitud de marcas fabrican sillones pero ahora se enfocan más a estilo moderno, sin reclinable, sin hidráulico,  etc aunque aún es posible encontrar  modelos de sillón enfocados a barberías con diseños que a mi personalmente no me llaman mucho la atención.  
Desde hace un tiempo se esta empezando a recuperar el estilo del barbero y poco a poco va resurgiendo el movimiento antiguo. La gente demanda afeitados clásicos, cortes más de los años 30/40 y 50 lo que lleva a un aumento de la compra de sillones antiguos ya que muchos profesionales del sector quieren costumizar sus negocios dándole un estilo más vintage. 
Mi opinión al respecto de los sillones es la siguiente. Si un sillón que tiene 100 años, restaurado y operativo sigue funcionando a día de hoy y un sillón que compras en estos días no dura ni 2/3 años es que algo falla. ¿Cada día se fabrican peor las cosas? a mi o opinión así es, mi experiencia así lo demuestra. Hace 3 años compre unos sillones muy buenos decían(2600€ cada uno), Diseño al gusto, tapizado al gusto y muy resistente. Le he daño mucha batalla no os voy a engañar pero en los últimos meses me han dado muchos problemas. Si por el mismo precio pongo un sillón antiguo con el respectivo cache que eso da, sin dudarlo me voy a lo antiguo. Esta es mi humilde opinión".


Y de la barbería pasamos a la Sastrería, un negocio que llegaría con la construcción del embalse del Salto de Salime, pues entre 1948 y 1953 hubo en Grandas de Salime cinco oficiales sastres, junto con tres más de Boal y de A Fonsagrada que hacía ropa para los miles de trabajadores de la obra


Cuando el trabajo de construcción del embalse terminó, cuatro de aquellos sastres siguieron trabajando en Grandas, siendo el último de ellos  D. Antonio Vázquez Bellón, quien trabajó hasta su fallecimiento en 1997 con 82 años de edad


De su negocio proceden todos los muebles y herramientas de sastrería que vamos a ver, así como los patrones y algunas piezas que no llegaron a terminarse


La colección del taller de sastrería se completa con útiles de otros dos sastres, D. Alejandro Rodríguez y D. Severino García


Y de esta manera, de antiguos sastres y sus patrones y medidas escribía Pepe El Ferreiro para su blog "Un traje a medida", de fecha 18-10-2012:

"Hubo un tiempo en que había en Grandas de Salime cinco sastres, en el momento actual no queda ninguno. Tenían todos estos hombres tijera, escuadras, reglas y todo lo necesario para cortar y coser. Las reglas no debían de ser iguales para todos, porque por regla general, unos trajes sentaban bien y otros regular; el caso es que todos cosían y cortaban, posiblemente, por el trazo de la tiza. Los patrones sí eran, creo, muy parecidos, pero claro, el patrón o joven al que le hacían el traje no era igual, aunque el género fuera el mismo. Quiero decir el género masculino; porque el género de los trajes no era ni parecido, que se diga. 
Había trajes que temblaban al estornudar, otros que si la hombrera, que si el tiro de entrepierna molestaba a la derecha, que si al otro lado, a la izquierda, ¡en fin, trajes para todos! (igual que el café) pero que todos gastaban a disgusto su género de fábrica. Lo mismo va a ocurrir con el retal del Occidente Asturiano, que alguien quiere cortar al estilo del Continente africano; que me pareció siempre una aberración, urdida por los imperialistas que ocuparon esas tierras.  
Expongo aquí el caso de los sastres como ejemplo del mal hacer, y que en este caso va dirigida la crítica a Dn. Aladino Fernández, geógrafo de profesión; el cual merece una reprimenda por su ligereza al publicar en la Nueva España del lunes 8 de octubre, el artículo “La reorganización territorial ante la crisis”.  
Lo primero Sr. Geógrafo, es comprobar sobre el terreno su realidad geográfica, orográfica, social etc., cosa que dudo hiciera Usted. ¿O es qué acaso cree que Grandas de Salime o Ibias pueden ser capitales de un ayuntamiento junto con Degaña? Claro que, a lo mejor, el territorio por el que discurre la carretera en la zona de Galicia, cuenta Usted ya con la secesión, porque casi parece tierra de nadie, al igual que las citadas anteriormente. ¡Ah!, y estudie también dónde integrar la parroquia de los Coutos, porque creo que el embalse sobre el Navia, impide a los habitantes, que no saben nadar, cruzar hacia su capital, San Antolín. 
Soy, creo, lo suficiente consciente para no dar consejos a nadie; pero, al igual que un geógrafo lanza un globo sonda para ver la reacción de los ciudadanos, este ferreiro puede decir lo que le parece, y “cortarle un traje a medida”, a este geógrafo que nos da su “visión” con gafas de madera.  
Estoy plenamente de acuerdo con un nueva reorganización, pues en este sacrificado occidente, dejando al sur Ibias y Degaña, se crea un solo concejo con Grandas, Pesoz, una parte de Allande, San Matín de Oscos y un pueblos de Illano, dejando al norte Vegadeo, Villanueva y Santalla de Oscos, Taramundi etc.., porque los de la costa ya los integraron. Esto da lugar a que, contando los cinco concejos, unos completos y otros parcialmente, se sumen con ello mil quinientos habitantes, aproximadamente. No es que el número sea excesivo, pero esto es lo que hay. Lo que sí se puede llevar a cabo, para ser equitativos, y geográficamente, situar la administración en un punto más o menos equidistante para todos; en este caso ese lugar podía ser Pesoz. Pero aquí empezaran los gritos en el cielo, las voces discrepantes y, entonces, habría que llevarlo un poco más lejos, por ejemplo a Villarmarzo. Así el chovinismo paleto de los localismos queda desleído y neutralizado el poder consistorial; porque, como dijo Ortega y Gasset hace más de un siglo: “el particularismo es aquel estado de espíritu en que creemos no tener por qué contar con los demás. Unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, otras por excesivo menosprecio…”. Osease, seguimos siendo “invertebrados”, con masa cerebral nula. ¡Hay de aquél que haga mudar las cosas! ¡Las masas lo asediarán! 
Haxa salú".

Patrones y género para confeccionar los trajes a medida. En la actualidad, como se ha dicho, no hay sastres en Grandas de Salime, pero puede ser interesante compartir este artículo de Rosa Iglesias para el periódico El Comercio del 8-4-2019 titulado Los sastres que mantienen vivo el oficio:
"Son dos los tipos de confección que se trabajan en los talleres de sastrería, el oficio dedicado a la confección de trajes masculinos: el denominado 'bespoke', traje a la medida exacta de un cliente partiendo desde cero, y el llamado 'made to measure', que adapta un diseño existente a las medidas del cliente. La sastrería, de uno u otro tipo, vivió momentos de esplendor en la segunda mitad del siglo pasado. Había al menos un centenar repartidas por Asturias. «Era una costumbre, casi un ceremonial de entrada en la edad adulta, visitar al sastre y hacerse el primer traje». Así lo cuenta Javi Amador, titular de la conocida sastrería Boutique Juan, en Gijón, que no recuerda sus inicios con la aguja porque salía del colegio y corría al taller de su padre a enredar o a echar una mano como sastre piecero o sastrecillo, cuando contaba con ocho o diez años. Juan Amador, su padre, fue un sastre emblemático de Gijón que vistió a la plantilla del Sporting, a la policía municipal y a innumerables gijoneses. Eran buenos tiempos. A las jubilaciones de los profesionales clásicos vino a unirse la crisis, que mermó los presupuestos y el personal de los talleres. El desconocimiento del trabajo artesanal por parte del cliente actual, la creencia de que el traje era antiguo y aburrido y la masificación brutal del 'low cost' hicieron el resto. La sastrería es hoy negocio de unos pocos. Se siguen cosiendo en la Boutique Juan trajes de los de calle, pero los destinados a ceremonias suponen la mayor fuente de encargos. La estrella es el chaqué -que viene más corto y redondeado-, fundamentalmente para novios y testigos. Y escalando posiciones, el esmoquin. «Lo bueno que tiene la clientela que encarga trajes a medida es que sabe lo que quiere y aprecia el resultado», cuenta.
En Oviedo, al frente de la sastrería de su mismo nombre, se encuentra Plácido Iglesias, que continúa siendo el sastre más joven de la provincia, bien entrado en la cuarentena. Y está deseando pasar el testigo de ese título mientras atiende el trasiego de un taller que echa humo. Ayer se celebraron en Oviedo unos encuentros para profesionales del sector y seguidores de la sastrería organizadas y moderadas por el propio Iglesias, donde se trataron diferentes aspectos de la sastrería desde el punto de vista histórico, profesional y del usuario, con gran éxito de público. Entre los ponentes, Lucía Serrano (de Sastrería Serna), una de las pocas sastras que trabajan en España, haciendo visible a la mujer en los probadores, circunstancia impensable en otros tiempos. Y solo de visibilización se trata: el 70% por ciento del personal del taller fue siempre femenino. 
Plácido Iglesias es sastre por herencia y a los dieciocho años decidió 'probar' en el negocio familiar. Empezó con cinco años intensivos de taller y, ya como maestro sastre artesano, continúa probando a diario, pero trajes a sus clientes. Especialista en 'bespoke', recibe encargos de todo tipo y con la discreción propia de la profesión cuenta de un frac de gira para un director de orquesta, de una sotana que se luce en Lourdes y de unos cuantos chaqués y tuxedos en provincias y el extranjero. 
Coincide con Amador en que el esmoquin de fantasía está en auge. Y en que quizá el firmamento futbolístico tenga su responsabilidad: «Son los ídolos de hoy». El deseo de Iglesias y su «obligación» es que «el cliente, cuando se mire en el espejo, vea el reflejo de sí mismo». Y para eso hace falta conversar con él para seleccionar un tejido, color y forma adecuada, además de 50 horas de trabajo artesanal adaptado a la necesidad y morfología del cliente. Esa personalización pasa por la elección de silueta, solapas, botones, forros, largo de pernera, bolsillos... Y hasta forros lisos o estampados en todo tipo de motivos, incluidas las calaveras, que aquí el clasicismo se combina con el rock and roll si es preciso. 
Hasta el más mínimo detalle tiene en sastrería su explicación. Y para muestra un botón, o varios, como los que lleva la abotonadura en la bocamanga de las americanas, una solución que facilitaba el trabajo cuando quitarse la chaqueta no era una opción. Hasta el bolsillo 'ticket pocket' o cerillero, que para tales fines se sumaba a los dos tradicionales de la parte delantera. A día de hoy, cuentan, está a la baja el bolsillo interior para la pluma y gana enteros el dedicado al teléfono móvil. Porque la sastrería está sujeta a modas, que es lo que la mantiene viva y la convierte en elemento cultural. «Y es sostenible, pues un traje dura diez años, frente a la obsolescencia programada de otras opciones», explica Iglesias. 
Hay dos marcadas tendencias dentro de la sastrería: la británica, santo y seña del clasicismo, y la italiana, que abre el abanico a la fantasía en cuanto a tejidos y colorido. A medio camino entre Saville Road y el estilo napolitano está el modo de hacer español, que aguarda su relevo generacional en Asturias, pero empieza a reflorecer en las grandes capitales. Un sector sin desempleo que necesita nuevos profesionales. Un trabajo artesano que trata de hacer al individuo único en su vestimenta. Y ser único es la única solución a la globalización estética".

También en la revista Nortes aparece este reportaje-entrevista firmado por Bernardo Álvarez dedicado a Los hermanos Campal, los últimos sastres de pueblo:
"Una de las calles principales de Nava, por donde hasta hace unos años transcurría la autopista desde el centro de Asturias hacia Infiesto, Llanes o Santander. Ahora es casi una vía muerta en las tardes de invierno entresemana, desangelada y oscura, con bares y comercios vacíos. Entramos a uno de ellos guiados por el dandi, ensayista e historiador de la elegancia masculina Michel Suárez (Pola de Siero, 1971). Es una tienda de ropa de pueblo de ambiente vintage, que dirían los modernos, con moqueta granate y las paredes forradas de terciopelo verde aceituna. Pero no es a esto a lo que venimos. Suárez anda por aquí como por casa. Nos guía hasta detrás de la caja y abre una puerta en la esquina del fondo del local: 
—Bienvenidos a la máquina del tiempo. 
Lo que encontramos al otro lado es una estancia con suelo de baldosas, paredes blancas y ventanas enrejadas con vistas a un patio interior. Allí trabajan los gemelos Aurelio e Ignacio Campal-nacidos en Bimenes, hijos de un minero del Pozo Solvay- inclinados sobre unas mesas de madera lisa y reluciente, afanándose con sus vetustas máquinas de coser-“esta la usamos solo para remayar”– y pesados tijerones de acero. Para Míchel son simplemente “los maestros”. 
“A nuestro padre no le gustaba que fuéramos para la mina, porque de aquella enfermaba y era peligrosa”, cuenta Ignacio. Él les compró su primera máquina de coser para que aprendieran el oficio en el año 65, “cuando éramos críos”. Ahí sigue la máquina sobre una de las mesas del taller: “Hace ya más de cincuenta años que no se fabrican, pero hay uno en Oviedo que las arregla”. 
“Aprendimos con un sastre de Bimenes, que entonces tenía tres o cuatro sastres por lo menos”, rememora Aurelio, “de aquella había en todos los sitios porque toda la ropa se hacía en sastrería, no como hoy día”. Una vez adquiridos los rudimentos del trabajo alquilaron este local en Nava, donde llevan trabajando desde 1976. Por entonces tenían competencia en el pueblo: “Había dos sastres, y alguno que venía de fuera los sábados, cuando había mercado”. Hoy no es que no tengan competencia en Nava, es que no la tienen en toda Asturias. “La lucha de las máquinas contra las oficios”, como la caracteriza Suárez, la van ganando de largo las primeras. 
“Aquí el trabajo ye muy manual”, explica Ignacio, “la máquina usesla para hacer la costura, porque nun tendría sentido hacerla a mano. La máquina en realidad ya usábase cuando empezamos, todo a mano tampoco era, pero usábase muy acompañada”. Prescindir de la máquina para hacer un trabajo manual y a medida conlleva tiempo: “El horario nuestro ye diferente de 8 horas, echamos más. Ye difícil de contabilizar, pero solemos estar aquí desde las 6 de la mañana”. 
Hacer una chaqueta completa, por ejemplo, son sobre “40 y algo de horas”, estima Ignacio, mientras que en fábrica se despachan en pocos minutos. Michel me hace fijarme en el dobladillo de las solapas de una chaqueta: “En las prendas industriales, esto lleva un pegamento y, con un termofijado, se hace el pegado en cinco segundos. Ellos tardan tres horas en coserlo a mano. Es radicalmente antieconómico”. Y tal vez por eso sea tan bello y distinguido. 
Aunque tiene también su cuota de sufrimientos: el dolor de cuello por las largas horas encorvados sobre las telas, o los problemas de vista tras décadas cosiendo y enhebrando agujas. Pero se dedican a ello con gusto y un alto sentido del deber hacia sus creaciones: “A mí me han dicho en alguna ocasión que no pueden dormir si saben que hay una arruga o un dobladillo mal hecho en una de sus prendas”, dice Michel. Es casi devoción monástica por un oficio que se desempeña en silencio, solo interrumpido cuando un cliente entra a la tienda y, contrariados, tienen que dejar el trabajo para atenderlo: “Te fastidia que piquen”, reconocen, “porque ya estás en una marcha. Cuando estamos solos nos turnamos para salir una vez cada uno”. 
Ahora casi nunca están solos. Además de Ignacio y de Aurelio, en otra de las mesas trabaja José Ignacio Campal, el hijo treintañero de Ignacio que, tras graduarse en Económicas, se metió al taller para continuar la tradición: “Porque ye lo de casa, sino no creo yo que hubiese llegado a esto. El trabajo ye desconocido para los de mi edad, y yo lo aprendí aquí, como antes, de mi padre”. No se libró de la bronca al bajar al taller, como cuenta su padre: “Bronca lo mismo del tío que del padre, porque ye un trabajo duro, esclavo y muy sacrificado para lo que te da”. 
También es parte fundamental del negocio Vidalina, la esposa de Ignacio, y su hija Mayra. Se ocupa, como ella dice, “de todo lo mundano, que alguien lo tiene que hacer. Ir al banco y todas esas cosas”. “Ella es el alma del taller”, confirma Michel, “la que se encarga de cobrar y ese tipo de cosas, porque a los maestros no les gusta tratar de dinero. Y es cierto que gran parte del peso de estos oficios recaía sobre la mujer” 
“Esto es un reducto medieval”, continúa Suárez, “padre, madre, hijo, hija, tío…Muy pocos oficios hay en España en el que se tenga a un hijo aprendiendo en el taller. En sastrería, al menos, yo no conozco ningún caso así, con esta transmisión del saber entre generaciones”. 
“Antes”, este es un adverbio que aparece mucho en la conversación con los hermanos Campal, “en sastrería se trabajaba todo. Hoy en día, no. Viene gente de Oviedo, de La Pola, de La Felguera incluso”. Los encargos son sobre todo chaqués y trajes completos para bodas, “y alguno queda que trabaja de oficina y va de corbata, pero cada vez menos”. Aunque, puntualiza Michel, el paisanaje de la tienda es muy variado: “Puede venir por aquí un tratante de ganado con un fajo de billetes para hacerse un pantalón de mahón”. 
Pasaron años difíciles, con una clientela menguante, pero en los últimos tiempos “subió un poco otra vez”. En cualquier caso, se trata de un negocio muy golpeado por lo que los Campal llaman “la llegada de los chinos” ¿Y a qué se refieren con eso? “Fue cuando todas las marcas empezaron a llevar la producción a China porque se hacía más barato”, explica Ignacio, “paezme que el golpe empezó cuando Zara, que fue la primera que empezó a hacer allí para traerlo aquí. Igual hai treinta años de eso, hacia el 90”. 
Es un modelo de producción a gran escala, totalmente mecanizada, con uso extensivo de mano de obra y materiales baratos: “Eso ye otro mundo, nada que ver con lo nuestro”, dice Aurelio. “Por ejemplo”, prosigue, “esos trajes son de tela sintética, que no tienen nada que ver con una lana como esta”, y me invita a tocar. “Esas telas pueden valer a 1 o 2 euros el metro, y estas, una buena, puede costar 95 o 100 euros. Y después los forros, la mano de obra…Igual pueden hacer un traje en una hora, muy guapamente. Ye otro mundo totalmente distinto”. 
Eso se nota en el precio. En El Corte Inglés de Pola de Siero se puede comprar un traje completo por menos de 100 euros, mientras que uno confeccionado en el taller de los Campal puede andar cerca de los 1000. “Y la gente se queja, que sois unos ladrones y tal…ye que no da”, lamenta uno de los hermanos. “Pero es que esto es artesano”, defiende José Ignacio, “aquí viene el cliente y se le hace pa él na más” 
¿Y hay clientes dispuestos a pagar el precio, o es un oficio irremediablemente condenado a la extinción? Los Campal no son tan pesimistas como parecía en un principio: “Pensábamos que iba al exterminio total, pero estos últimos años empezó a resurgir”, dice Ignacio. “A mí paezme que no va a la extinción, que siempre queda alguien que siga el tema”. “Para estar condenado a la extinción”, remata José Ignacio con sorna, “nosotros no salimos de aquí. Hay poca gente que lo pide, pero no hay nadie más que lo haga”. Un razonamiento impecable. 
Michel Suárez tiene alrededor de cien corbatas-“casi todas del rastro, de entre 1 y 3 euros”-y un libro con un título de 41 palabras: De re vestiaria: Defensa del saber hacer de los maestros sastres artesanos y el elogio del arte de vestirse para guía y disfrute de elegantes, seguidos de abundantes comentarios críticos sobre su decadencia en la era del narcisismo y las máscaras (Trea, 2023). Poco más que añadir. 
“Tiras de un traje y te viene encima toda la condición humana. Es un espejo del mundo, porque vestirse es un acto cotidiano”, reflexiona. El ritmo de consumo actual impone “el querer algo rápido y barato, que se pueda sustituir. Pero esto es un proceso de coproducción, en la que entra mi relación con ellos y con mis trajes. Es una educación del gusto. El capitalismo nos vende todo como una experiencia, como una falsa experiencia, porque es una falsedad. No tienes ninguna experiencia, solo consumes. Venir aquí no tiene nada que ver, porque es fundamental la conversación”. 
Como es lógico, “aquí hay dinero, pero es lo menos importante, aunque no vamos a ser demagógicos: un obrero no puede pagar esto”. Dentro de los elevados precios, no obstante, la sastrería de los Campal es de las más económicas: “Les estoy agradecido, porque de no ser por ellos yo no podría haberme hecho ni un chaleco”. El coste, añade, puede quedar compensado por la calidad de la prenda: “La ropa, como todos los objetos, es un lugar de memoria, pero para que haya memoria tiene que haber durabilidad, que es una de las características de las sastrerías. Yo me sigo poniendo trajes de hace quince años, y espero que duren hasta los treinta”. 
Para Suárez los hermanos Campal son sin duda “artistas, porque crean formas. El traje es belleza”. Eso se va perdiendo con “la proletarización de los artesanos”, que produce prendas intercambiables y de baja calidad, además de “un despilfarro atroz, que es devastador en términos ecológicos”. En su libro recoge multitud de referencias históricas y artísticas en torno al poderoso simbolismo de la ropa. 
“He encontrado muchísimas cartas de fusilados que en su testamento se acuerdan de sus trajes: ¿por qué, en el último halo de tu existencia, te acuerdas de un traje? El mismo Ferrer i Guardia, antes de que le fusilasen, escribió una carta muy indignada quejándose de que no le dejaron cambiarse de traje para el fusilamiento”. 
O, por ejemplo, “durante el crack del 29: ves esas imágenes de la gente haciendo fila para una sopa, pero con una dignidad, y tan bien vestidos…Iban a mendigar un mendrugo de pan, sí, pero iban como el Gran Gatsby”. 
Y más aún: “Hay referencias en Hannah Arendt, o en Joan Didion, que se preguntan qué hacer con los trajes de su marido o de su padre muerto. Ósip Mandelshtam está deportado en la URSS, y está aferrado a su abrigo, porque podía renunciar a todo menos a su abrigo. Y lo mismo Oscar Wilde, cuando estaba en la cárcel de Reading, que solo pensaba en su abrigo”. 
Michel es algo más pesimista que sus maestros, y no oculta que ya está inquieto por si llegase el día de la extinción. 
-Y no sé qué será de mí cuando no pueda hacerme un traje de estos".

Es el historiador Michel Suárez, que también escribe Maestros sastres, artesanos en la encrucijada en la revista Atlántica XXII del 6-6-2018, quien advierte que ya en la década de 1960 no pocos profesionales se percataron de que era el suyo un oficio en extinción:
"Tristemente visionarios, muchos sastres intuyeron la progresiva desaparición de su oficio en los años setenta del pasado siglo, cuando aparecieron en España los pantalones vaqueros. En Asturias eran entonces centenares. Ahora no llegan a media docena, aunque su prestigio hace dudar de la muerte de la profesión. 
Como en toda época de profundas transformaciones tecnológicas, la actual fascinación por las conquistas del ingenio humano ha ocultado una cara poco amable del progreso. Los incontestables triunfos de la razón no solo han operado cambios decisivos en las formas de producción, sino también en las comunicaciones y en las costumbres, en los modos de vida y en las percepciones del mundo. 
A pesar de que ningún aspecto de la existencia se ha visto libre del incremento de la aceleración y la fluidez propios de la vida moderna, ha sido tal vez en el dominio de los oficios donde estos cambios han hecho mella de una forma más profunda. No se trata de un fenómeno nuevo; en realidad, la crisis del trabajo artesanal constituye una de las consecuencias más relevantes de la Modernidad. Sin embargo, los asombrosos avances producidos en el campo de los transportes, las comunicaciones y la informática han vuelto a sacudir con fuerza el árbol de los oficios. Excepto en rubros tradicionalmente exclusivos, como la peletería, la joyería o la relojería, el curso de la globalización ha polarizado el ámbito artesanal, confinando buena parte de su actividad entre los límites del comercio de lujo y los pasatiempos de aficionados entusiastas. 
En el caso del sector textil, la irrupción de las grandes corporaciones ha creado un escenario inquietante para la supervivencia de los maestros sastres artesanos. Y era de esperar: la naturaleza de un taller artesano tiene poco que ver con un modelo de negocio basado en el uso masivo de robots, la supresión de stocks y la externalización de la producción. De forma casi imperceptible, en las últimas décadas hemos asistido a la práctica desaparición de las sastrerías en los pueblos y los barrios populares de las ciudades. Antaño integrantes de un abigarrado paisaje comercial, los sastres han perdido protagonismo frente a una avalancha de ropa industrial para todos los gustos y bolsillos. “En la década de los setenta”, declara Pedro Solís, de Pañerías Aramo, un comercio de Oviedo que ha vinculado su suerte a la de los sastres, “había en Asturias entre trescientos y cuatrocientos maestros en activo; hoy, apenas restan cinco”. 
“La llegada de la confección industrial supuso un duro golpe para los sastres de los pueblos”, admiten con melancolía los hermanos Aurelio e Ignacio Campal, dos maestros sastres con 57 años de carrera a sus espaldas, en su taller de la localidad asturiana de Nava. “Resultó imposible competir con ropa barata y de diseño atractivo que carecía de las virtudes de los productos de sastrería, pero permitía adquirir un mayor número de prendas y substituirlas por otras en plazos cada vez más cortos”. 
Confrontados a los gigantes del textil y ante la carestía de aprendices vocacionales, un buen número de sastres han echado el cierre sin haber podido transmitir el secreto de su oficio. No es, por cierto, el caso de los Hermanos Campal; desde hace casi cinco años, el hijo de Ignacio, José Ignacio Campal, se aplica en el aprendizaje de las destrezas propias de la sastrería. “Hubiésemos preferido que se dedicase a otra cosa; con toda seguridad, tendrá que enfrentarse a un panorama profesional muy diferente del que nosotros conocimos cuando comenzamos. En todo caso, lo primordial es que aprenda el oficio a fondo y se convierta en un buen sastre. Esa será su mejor garantía para los inciertos tiempos que se avecinan”. Pero el caso de José Ignacio es la excepción que confirma la regla. 
Pocos pero consagrados 
Interrumpido el flujo de renovación, la escasez de maestros ha ejercido una presión sobre los precios que ha seleccionado de forma natural el público de las sastrerías. En este contexto, un puñado de sastres consagrados ha logrado preservar e incluso ampliar una clientela pudiente. “Nosotros no competimos con la confección industrial. Nuestros clientes procuran prendas exclusivas y de calidad que solo un sastre puede elaborar”, observa Plácido Iglesias, un joven maestro a cargo de la prestigiosa sastrería Plácido en Oviedo, abierta por su padre hace casi cuarenta años. “En realidad, hay un abismo entre lo que ambos ofrecemos”, afirma Plácido, mientras su padre asiente y agrega: “Quien sabe reconocer el trabajo y el esmero que encierran una chaqueta o un pantalón salidos de un taller artesano no suele equivocarse a la hora de decidir. Sabe que son dos productos completamente diferentes”. 
Más allá de las diferencias de prestigio y clientela existentes entre los sastres en activo, lo que resulta incuestionable es la merma de efectivos en el sector. Asociados a la presión de las corporaciones, los vaivenes de la moda y los fenómenos de cambio cultural, existen algunos elementos que han influido en este declive. En primer lugar, la vasta gama de prendas y diseños puestos al alcance de un público de masas ha modificado sensiblemente el perfil del comprador. La “moda rápida” ha estimulado un consumo que privilegia la cantidad y la rotación frente a la calidad y la selección. Este proceso, que tuvo su origen en la década de 1970, quebró una tradición a través de la cual los padres transmitían a sus hijos los códigos de vestimenta que habían recibido de sus mayores. Por primera vez, lo joven marcaba la pauta y eran los padres quienes imitaban el estilo desenfadado de los hijos. 
En segundo lugar, la comodidad se convirtió en una exigencia que orientó las decisiones de los consumidores. Nada ilustra mejor su importancia que la radicalidad con la que los multimillonarios inquilinos de Silicon Valley han impuesto el dress-down-code. Indiferentes a la carga simbólica de las ropas, los patrones de la industria de la alta tecnología han apostado por una mezcla incongruente de prendas deportivas y utilitarias. “Dentro de poco tiempo, en Europa acabaremos adoptando los códigos de informalidad y eclecticismo de los norteamericanos”, declara con pesar José Ángel Bernabé, un veterano sastre de Pola de Siero. “De confirmarse esa tendencia, los sastres se verán en apuros aún más serios”. “En realidad”, constata Plácido Iglesias hijo, “vestirse es una cuestión de respeto a los demás, pero también de educación del gusto; existe una gran preocupación social por la mejora de la calidad de vida, por la alimentación saludable, etc.. Sin embargo, esa inquietud no se ha trasladado al terreno de las ropas”. 
De forma general, los progresos de la informalidad y el paulatino retroceso del traje como opción para el tiempo de ocio han fomentado una percepción ceremonial y rancia de la sastrería. El hecho de que gran parte de los habituales usuarios del traje, profesionales en su inmensa mayoría, se decante habitualmente por cortes rutinarios y de una abrumadora monotonía cromática no ha ayudado a combatir este prejuicio. Como tampoco lo ha hecho el que muchos sastres no hayan sido capaces de renovar las hechuras, los diseños y la paleta de colores, algo que habría podido captar la atención de un púbico potencialmente amplio que no contemplaba la sastrería como una opción. 
El sociólogo americano Thorstein Veblen sugirió que los artesanos estaban destinados a ser malos comerciantes; sumergidos en una atmósfera de trabajo que exigía una atención concentrada y desprendimiento, las astucias del mundo exterior tenían que resultarles forzosamente hostiles. Sin embargo, valiéndose de las oportunidades que brindan las redes sociales, algunos jóvenes maestros han insuflado un nuevo aire al oficio; mostrando la enorme versatilidad de la elaboración sartorial, han salido de sus talleres para reivindicar el orgullo de la prenda de calidad, irrepetible y cosida a mano. 
Vestirse para la historia 
Esta visibilidad ha generado una reacción esperanzadora, especialmente entre jóvenes insatisfechos con la oferta de la confección industrial. Pero conviene no echar las campanas al vuelo. La recesión crónica y el debilitamiento de las clases medias continúan inclinando la sastrería hacia una minoría pudiente y algunos incondicionales dispuestos a realizar sacrificios económicos. Esta es una de las consecuencias inevitables de una civilización de la máquina que no espera por nadie y que ha erosionado un universo artesano estrechamente vinculado a la pericia manual y a grandes dosis de paciencia. Como el arte, por su propia idiosincrasia la artesanía es impermeable a la seducción del progreso. En el taller del sastre han evolucionado los tejidos, las máquinas de coser y las planchas, pero el conjunto de procedimientos que definen esta labor secular permanece, y permanecerá, inmutable. 
Aunque titubeante y en transición, no podemos hablar de un oficio desfondado. Los augurios no son excesivamente favorables, pero lo cierto es que la sastrería ha dado señales de renovado vigor en pleno apogeo del consumo indiscriminado, los outlets y las ventas por Internet. Cada día son más los que descubren este minucioso modo de elaborar prendas inimitables que es al mismo tiempo un espacio de encuentro directo entre un artesano y un cliente. “Sería una excelente noticia que este interés se tradujese en más vocaciones y en usuarios más sensibles a las virtudes de lo hecho a mano”, señala José Ángel Bernabé. 
Retomar el hilo de esta tradición de oficio, que favorece la comunicación personal en aras de la creación de un producto personalizado, tendría efectos benéficos para nuestra maltrecha memoria colectiva. Nos permitiría preservar formas de maestría artesanal capaces de proporcionar placer estético y utilidad a los hombres de cualquier época. Desperdiciar la fértil experiencia de los maestros que nos precedieron sería un error irreparable que nos condenaría a la insensible perfección de la máquina. Si aspiramos a vestirnos para la historia, como afirma el gran Gay Talese, solo la pericia de un sastre puede sellar el pasaporte para la posteridad".


En la foto, Antonio Vázquez Bellón, el último sastre de Grandas, en su sastrería con su nieto


Diploma de Cortador Graduado otorgado a Antonio Vázquez Bellón por el Profesor Cortador Ángel Ríos Fidalgo en 1945


Publicaciones de patrones y estilos de trajes de hombre y mujer de mediados del siglo XX


Construcción de la capa eclesiástica (manteo)  y de la cazadora


Traje de hombre en La Moda Elegante (Primavera 1952) y de mujer en La Mujer Elegante (Verano 1946)


Construcción de blusa para señora


Más trajes de mujer en La Mujer Elegante


Trajes de hombre en La Moda Elelgante (Invierno 1960-61)


Silla de trabajo y máquina de coser, donde se pasaban las horas


Nos hacemos una foto mirándonos al gran espejo de la sastrería


Pasamos a otra sección de la sastrería. Fijémonos en el aviso Los pagos al contado en el cristal


Más mesas de trabajo y gran colección de planchas, máquinas de coser, piezas y telas...


Trajes en proceso de confección


Otra silla y mesa de trabajo con máquina de coser


Modelo ilustrado que llamaba la atención y era un reclamo para encargar un buen traje


En la mesa de trabajo


Trabajo laborioso y artesano. De nuevo algo tan novedoso como la llegada de los sastres (antes de ellos la ropa se hacía en casa de lino y lana o se encargaban a los de las ciudades) duró apenas una generación antes de que se extinguiesen en Grandas de Salime y hoy su trabajo es material etnográfico


Unas cosas desaparecen pero otras permanecen, como Comercial Textil AG, empresa que sigue existiendo como AG Textil, ubicada en el Parque Empresarial de Elche y especializada en el suministro de tejidos para calzado y confección


Nutrido elenco de chaquetas y abrigos en percha


Material de la empresa Comercial Textil Cometa de Pedreguer (Alicante)


Otra mesa de trabajo con su máquina de coser y demás instrumental


Una Singer, famosa empresa de máquinas de coser estadounidense fundada en 1851 cuyos productos se extendieron por gran parte del mudo y es una de las marcas más reconocidas en su ámbito. Abajo a la izquierda, cajas de botones


Tabla para confeccionar y planchar mangas


Y algunos patrones


Como plancha de mangas este modelo sigue existiendo en la actualidad


Libros y cuadernos, como el Método de Corte Parker Minister del Instituto Americano. Se trata de un método histórico de corte y confección creado en el siglo XIX por el sastre británico Edward Minister


Rollos de tela


Máquinas de coser y dos planchas, una eléctrica


Útiles y herramientas de sastrería: escuadra, tijeras, marcadores de vestidos...


Tablas de planchar mangas, pesos de tela


Plancha de carbón o de brasas


Varios tipos de planchas, algunas también de carbón y brasas, otras eléctricas


Otras eran bloques macizos que se calentaban directamente sobre la chapa de una cocina de carbón o una estufa...


Salimos ya de la sastrería y nos encaminamos al pasillo


Pasillos, otro elemento de distribución y acceso a espacios y habitaciones de las casas más pudientes que con el tiempo se extendió a todo tipo de hogares


Fijémonos en las flechas para seguir el circuito por A Casoa del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"


Entramos así en la Cocina, elemento que empieza a aparecer en Grandas de Salime a principios del siglo XX procedente de las ciudades


Las cocinas sustituyen a las antiguas lareiras, como la que hemos visto expuesta en la Casa Rectoral, en la primera de estas tres entregas dedicadas al Museo, hasta hacerlas casi desaparecer


En vez del fuego del hogar, el nuevo centro de las nuevas cocinas es una cocina de hierro fundido que suele conocerse como 'cocina Bilbao' por su origen industrial vasco o 'cocina económica', la cual se alimenta de leña y/o carbón y tiene chimenea. Leemos en la web Patrimonio Industrial Vasco:
"Comúnmente llamadas «chapas», la cocina económica de leña fue muy popular durante las últimas décadas del siglo XIX y buena parte del XX. 
Básicamente eran un “todo en uno” y estaban pensadas para todas las necesidades de la casa, incluyendo la calefacción. La combustión se basa en un sistema de ventilación por convección regulado por un tiro en la chimenea y otro ubicado bajo el fuego, un hueco donde caen las brasas y la ceniza, muy importante para regular la ventilación. A la derecha está el horno y debajo una pequeña puerta para la limpieza interior. Lleva encimera de acero con varias arandelas que se pueden quitar dependiendo de la cantidad de fuego que se necesite y del diámetro de los recipientes de la cocina. Muchos modelos disponen de depósito de agua caliente. 
Aunque fueron muchos los tipos de cocinas económicas fabricadas, el tipo «Bilbao» fue una de las más comunes. 
Fueron fabricadas entre otros, en las fundiciones de Julián de Abando, Sagardui Hijos, Zubiaurre, Barrenechea, Aurrera, Juan Meaza, Coterón, Salgado, Corcho, etc.., que ofertaban una decena de modelos que variaban en tamaño y prestaciones y eran reconocibles por llevar en el frente una placa con el nombre de la fundición y número de modelo Tipo Bilbao. En los 40, adecuándose a la generalización del agua corriente en las viviendas, acoplaron un calderín para surtir de agua caliente a los grifos de fregaderos y cuartos de baño".

Las nuevas cocinas son de hierro fundido y de fabricación industrial y seguirán siendo el centro de reunión y trabajo de las casas y el centro de calor principal, pero transformarán totalmente su aspecto y estructura. Algunos paños de pared se alicatan, los suelos se cubren con baldonas, aparecen los nuevos muebles de cocina y grandes fregaderos y también cambian vajilla y cacharros de cocina procedentes de la industria, no ya de los ferreiros y los carpinteiros locales


Los cambios no se producen de un día para otro y hay un periodo de transición, pero estas cocinas triunfan por su funcionalidad en poco tiempo, si bien en las zonas rurales del occidente asturiano pervivirán las lareiras algún tiempo más


Nuevos cacharros de hierro esmaltado procedentes de las fundiciones bilbaínas y asturianas empezaron a llegar a la vez que se implantaban las nuevas cocinas, así como nuevas vajillas de loza, bandejas de acero inoxidable, vasos y recipientes de vidrio, etc. etc. etc. Esta producción industrial en serie sustituyó a la de los artesanos ferreiros, carpinteiros, torneiros y cuqueiros.


Los recipientes de hierro esmaltado eran llamados popularmente de porcelana y, cuando se estropeaban, se arreglaban con remedios caseros como sustituir con hojalata las partes agujereadas o deterioradas, recurriéndose a hojalateros ambulantes. Con el tiempo pudo hacerse en casa con chapas vendidas en las ferreterías para este fin. Aquí tenemos un puchero, una cafetera, una tartera o cazuela y una olla o pota, en la que apreciamos su parte inferior, la que está en contacto con la chapa de la cocina


Nuevos gustos llegaron a estas nuevas cocinas, cubiertas de azulejos y en las que, salvo excepciones, los nuevos cacharros desplazaron a los antiguos, llegando nuevas formas de cocinar y recetas. Compartimos parte de la entrada de blog de Pepe El Ferreiro Ferias de maestros del 18-8-2010:

"... la cocina en un museo está ligada y cohesionada con la nutrición de los miembros de la casa. Comemos los alimentos, cocinados o no, al margen del menaje que exista en la cocina, porque éstos nos sirvieron de medio para prepararlos y eran un referente que evolucionó con pocos cambios, al igual que los guisos. Por lo tanto, su estudio merece la misma atención que la olla, porque antropológicamente es un aspecto más del devenir biológico del hombre. 
En el Museo Etnográfico de Grandas de Salime se tenían en cuenta estos aspectos, por eso, en él aparecen también piezas como el bacín, el dompedro, el perico, la bacinilla, la letrina o el retrete, porque comer conduce a excretar lo comido, que como dijo Quevedo: «Caga el rey, el cura y el Papa y sin cagar nadie pasa». Así que nadie se extrañe de que en dicho lugar se traten temas ligados entre sí, que otros ignoran y creen que están dirigiendo un museo. Por eso es conveniente explicarlo aquí, para que se sepa que si los fragmentos de la Campa de Torres estuvieran restaurados, no habría lugar para confundir una vasija para el «garun» con un canto rodado. 
Como decía, en el museo se cocinaba, naturalmente. Se mataba el cerdo, se hacían los «roxoes» o fiesta de la matanza. Se cocían los cachelos con tocino, androlla, chorizo y se comía el botelo. Se hacía buen pan, igual se asaba un cordero que un cochinillo. Se celebraba la fiesta de Carnaval haciendo fillolos en la cocina. A estas celebraciones hay que añadir las fiestas del Santo Antón de Xaneiro y la de San Juan. Pero poco hacía falta para que surgieran otras, si un amigo aportaba las viandas y el vino para el ágape. En definitiva, eran actividades tan propias del Museo como hacer una tortilla con los huevos que ponían nuestras gallinas. 
La actividad del Museo era tan natural que incluso pretendí recuperar la cocina tradicional. La cocina tal como cocinaban nuestras madres y abuelas, en las que no faltarían los ricos potajes, la carne asada con patatas, el arroz o las patatas con bacalao; además de aquellos suculentos y sencillos postres. La recuperación de la cultura tradicional, que es estrictamente aquella que surgió del desarrollo diario de toda actividad, no tiene que estar ligada a nuevos conceptos teóricos por una falta de visión personal o, lo que puede ser peor, caer en manos de engreídos burócratas con algo que manipular en las costumbres populares. 
Y ahora sólo diré algo más: que los maledicientes dejen la estupidez aparcada cuando alguien, sin autoridad, les asigne un puesto, y sin meditar caen en el error de criticar las actuaciones de los demás porque no entienden nada. 
Haxa salú".

Flaneras, fiambreras, bizcochera y demás moldes y recipientes de acero inoxidable o aluminio, embudos, recipientes de barro procedente de Castilla...


La mejora de las comunicaciones propició el comercio y, con él, la adquisición de productos procedentes de otros lugares, antes no tan usuales. Grandes carros sustituyeron a las recuas de mulas cuando se abrieron las primeras carreteras y enseguida llegarían los primeros vehículos a motor, transportando gentes y mercancías


Las 'cocinas de carbón' se adaptaron a los cambios acaecidos con la llegada de la luz y del agua a todas las casas y pervivió hasta que llegaron las de gas y luego las de vitrocerámica. Aún existen algunas y gran parte de este material podría incluso conseguirse hoy en día


Algunas piezas son perfectamente reconocibles pues han llegado idénticas a nuestros días pero otras han evolucionado, aunque en lo básico siguen siendo las mismas


Una de ellas es la olla a presión, de la que esta es un modelo del año 1922 fabricada en Bilbao, de hierro fundido y esmaltada en blanco interior. Tiene un cierre hermético con tapa provista de una junta y una válvula de seguridad por la que salía el exceso de vapor y se regulaba la presión interior. No será habitual en las cocinas campesinas hasta que las lareiras fueron sustituidas por las cocinas económicas de leña o carbón


Garcillas, espumaderas, de metal y esmaltadas


Rebanadoras, picadoras, tanques, sartenes...


Las nuevas cocinas llevaban incorporado un horno muy accesible que permitía hacer nuevas recetas. Aquí tenemos unos moldes estilo sobaos


Ollas o potas de porcelana (hierro esmaltado), pronto llegarían las de acero inoxidable. Junto con el azulejo, el mármol, por lo general blanco, se hace presente en las cocinas, cosas ambas que siguen vigentes en nuestros días


Sartenes de hierro y esmaltadas, pasadores, pasapurés, más ollas de porcelana


Junto con este elenco de novedades, incluyendo las nuevas chocolateras, fiambreras, molinillos de café, hervidores de leche, etc., llegaron marcas de productos de alimentación, como el Cola-Cao, que aparece en 1945 y cuyas latas se incorporaron al ajuar doméstico para guardar todo tipo de cosas, fundamentalmente fabas, garbanzos, macarrones, etc. etc. etc. 


Mas garcillas, coladores, mangas de café, tijeras de cocina...


Grifos y grandes fregaderos se incorporaron a la cocina al llegar el agua corriente, así como muebles de cocina de gran capacidad


Fregaderos de mármol, con sumideros de acero inoxidable...


Grifos de diseño elegante, imitando los de las casas de los señores, hechos en acero inoxidable cromado que brillan como la plata


Sigue habiendo, por supuesto, piezas de madera, pero muchas ya no son hechas por los artesanos locales sino que viene de fuera, producidas también industrialmente en la mayor parte de los casos


Curioseamos por las estanterías. Tanques, tazas, botellas...


Platos y fuentes de porcelana, olla, pasapuré... piezas que seguimos viendo hoy en día, si bien ya algo desplazadas por nuevos modelos y tecnología


Fuentes de loza o cacho


Con la llegada del agua corriente a todas las casas, en muchas de ellas los útiles de la colada se incorporaron a la cocina, a veces en un espacio adyacente, el cuarto de lavar


En un principio se empleaban los útiles que se llevaban al lavadero, como la tabla de lavar, el balde, el jabón y otros. Luego llegarían las primeras lavadoras, como la del fondo


Y nuevos productos de limpieza, de venta en las droguerías o, más comúnmente, en las casi desaparecidas tiendas mixtas de bar y comercio


La ropa se secaba también en la casa y no en los prados alrededor del lavadero. Normalmente se tendía al exterior pero si llovía se colgaba en la cocina, aprovechando el calor


Un nuevo elemento se incorpora también, la mesa de cocina. Antaño lo habitual era comer y tertuliar alrededor del fuego de la lareira sentados en asientos corridos de madera (escanos) y sillas de tres patas (tayuelas), también de madera, como vimos en la Casa Rectoral. Con ellas llegaron las correspondientes sillas altas 


Se cubrían con hules o manteles comprados en las tiendas, especiales para estas mesas y estampados con dibujos de alimentos vegetales en muchos casos


El pan dejó de hacerse en casa, salvo para momentos especiales, se compraba en las tahonas de las villas y los panaderos lo repartían por los pueblos, primero en burro o a caballo, luego llegarían las furgonetas. El terreno del cereal pasaría a ser para pastos y forrajes principalmente, al especializarse el campo asturiano en la ganadería de leche y carne para satisfacer la demanda de los crecientes núcleos urbanos y áreas industriales


Nuevas bebidas se incorporan a la dieta, como la gaseosa, la cual gustaba de mezclarse con el vino de mesa para comer. En Grandas de Salime, como en tantos lugares se fundó una fábrica propia, La Grandalesa, a la que pertenece la botella de la izquierda. Si bien las aguas carbonatadas ya existían de antiguo, se dice que la costumbre de echarla al vino procede de latitudes más sureñas, como manera de combatir el calor, existiendo diferentes versiones del asunto. Compartimos la explicación que nos ofrece la web Vinetur:
"Como ocurre con muchas historias del acervo popular, el origen del vino con gaseosa cuenta con múltiples versiones. Pero hay una de estas historias que parece haberse erigido como la verdadera. Cuenta que en Córdoba, en la carretera del Brillante, existía una venta en la que hacer una parada en el camino, la Venta de Vargas. Allí, paraban los viajeros para degustar esta combinación de vino con gaseosa y paliar así el calor del verano cordobés. Una curiosa variación de esta historia es que el vino era de Valdepeñas, por lo que los parroquianos de la venta pedían un “Val-gas” que derivó en Valgas". 

Más arriba encima de la mesa hay un estante con ollas, calderos y otros cacharros esmaltados, en diferentes colores


Curioso cuadro de Reinas de Europa


Seguimos las flechas y salimos de la cocina por esta puerta


Dejamos momentáneamente A Casoa para dirigirnos a otra dependencia del Museo


Un cobertizo alberga otra colección realmente interesante relacionada con lo que acabamos de ver


La Fábrica de Gaseosas, con su maquinaria y un gran elenco de botellas, sifones y demás aparatos y recipientes. Leemos en la web del Museo:
"Las aguas carbonatadas efervescentes eran apreciadas desde antiguo por sus propiedades benéficas. Los modernos refrescos tuvieron su origen en las farmacias, donde los boticarios preparaban sus propias bebidas como remedio para aliviar la acidez o los malestares estomacales. La creciente demanda de estos productos y los avances en las técnicas de carbonatación y de encorchado propiciaron el inicio de la producción industrial. Durante años, las fábricas tuvieron una implantación eminentemente local, hasta el punto de que se estima que en torno a 1950 existían en España más de 5.000 fabricantes de bebidas gaseosas. 
Grandas de Salime contó con su propia fábrica de gaseosas, La Grandalesa, de la que procede parte de la maquinaria que se expone en la sala".

Las máquinas, ya plenamente industriales, son también, como las agrícolas, de muy vivos colores. Elaboraban gaseosas y sifones de las marcas La Grandalesa y La Ibérica 


Los primeros sifones aparecieron en las boticas como producto medicinal, dado que se creía en las propiedades salutíferas del agua carbonatada. El éxito fue tal que en prácticamente en todas las villas y ciudades había una fábrica sino varias. Eran recipientes cilíndricos cubiertos de una malla de alambre. Su tapón es metálico y a rosca y está provisto de llave para salida del líquido y un orificio a rosca para su llenado


Este tipo de sifones funcionaba con cargas individuales de gas. Con el tiempo la malla de alambre se sustituyó por plástico


Máquinas de sifones


Y detrás, un amplio muestrario de botellas


Estas son todas de sifones, con su clásico pitorro pero sin la malla exterior


Así podemos ver, en el cristal, los anagramas de cada marca y fábrica. Dada la cantidad de fábricas de sifones y gaseosas que existieron estos son numerosos y variados


El sifón tiene su origen en fórmulas para conseguir aguas carbónicas de manera artificial (soda), apreciadas en la industria farmacéutica por sus virtudes medicinales. Antes, se aprovechaba el agua carbonatada natural procedente de los manantiales de Seltz, en Alemania, de ahí que en un principio al sifón se le conociese como agua de Seltz, aunque ya no fuese este su origen


Según leemos en la Historia del sifón en la web Universo Madraza, fue hacia 1828 cuando se consiguió la primera fórmula para hacer esta agua carbonatada, que empezó empleándose en los hospitales, pasó a las farmacias y de ellas a las mesas


Ni que decir tiene que la expansión de la producción industrial de vidrio fue fundamental para la rápida expansión de estas y otras bebidas y su elaboración y distribución por todo el orbe. Solía echarse a bebidas alcohólicas como el vermut, el whisky y el vino, alcanzando este último gran popularidad.  Nos lo dice el gastrónomo Cristino Álvarez Herrera, Caius Apicius, en el diario La Vanguardia del 6-2-2014:
"Allá por los llamados "felices veinte" del siglo pasado, una popular artista, llamada La Chelito, estrenó una canción de cuyo título original ("La chula tanguista") no se acuerda casi nadie, porque todo el mundo la conoce por una frase de su estribillo: "vino tinto con sifón". 
El tal estribillo, en su grafía original, dice así: "yo no sé beber coñac, ni chartrés, ni cuantró, ni champán... ¡vino tinto con sifón!" Obviamente, el "chartrés" era licor Chartreuse, el "cuantró", Cointreau, y el champán, pues eso: champán, como se llamó en España toda la vida a los espumosos, fuesen o no elaborados en la Champagne. 
Vino tinto con sifón... Recuerdos de infancia, cuando de vez en cuando, en casa, me dejaban beber algo parecido, y digo algo parecido porque más que vino tinto con sifón era... sifón con vino tinto; les aseguro que en este caso el orden de los factores sí que altera el producto. 
Ya algo más crecido, me acuerdo de los aperitivos familiares del domingo, cuando toda la familia iba a tomar el aperitivo (decíamos "tomar el vermú", aunque solo lo bebiesen los adultos). 
El vermú solía tomarse con un golpe de ginebra seca, y el conjunto se agitaba... por el expeditivo sistema del sifonazo: se echaba un buen chorro de sifón, que revolucionaba los licores y conseguía una mezcla perfecta. 
Viejos y queridos sifones de las mesas familiares y de las terrazas elegantes... Hoy, en España, es muy raro ver un sifón, al contrario que en Argentina y Uruguay. La gente sustituyó el sifonazo por un chorrito de soda: no es para nada lo mismo. Con el sifón, lo importante no era la soda (llamada también agua de Seltz) que contenía, sino la presión con la que salía: ese era el secreto de una buena mezcla, de un buen vermú. 
El sifón, cosa curiosa, y metonimia sobre metonimia, que es, entre otras cosas, designar el continente por el contenido, o viceversa. Un sifón es, ante todo, un tubo; pero llamamos sifón a una botella especial, normalmente cubierta de una funda metálica para evitar riesgos, que contiene un tubo del que, mediante una llave, sale a presión agua con ácido carbónico, que se disocia en más agua y dióxido de carbono, que es de lo que están hechas las burbujas. 
¿Más metonimias? Pues sí, claro, porque no solo llamábamos sifón a la botella que contiene el mencionado tubo, sino también al agua carbonatada que contenía: "ponme un poco de sifón". Pero todo el mundo lo entendía, como todo el mundo entiende que quien se come un puchero se come en realidad lo que contiene, no el recipiente. 
Ha salido el agua carbonatada. Tiene partida de nacimiento, y padre conocido: Joseph Priestley, ciudadano inglés del XVIII que fue científico y teólogo, términos que entonces no eran antitéticos, como ahora. Su actividad abarcó muchos más campos: él también descubrió el oxígeno, aunque se atribuya la paternidad al francés Lavoisier. 
En cualquier caso, debemos las burbujas de la soda, el agua de Seltz, las gaseosas y los refrescos con gas a este ciudadano; lástima que dedicase sus esfuerzos solo a bebidas inocentes, dejando la gloria de las burbujas más famosas y alegres del mundo a un monje: Pierre Perignon, más conocido como Dom Perignon, responsable (o eso se dice, que muy claro no está) de las doradas burbujas del champaña. 
Pero volviendo al agua con gas, o carbonatada, la verdad es que no hay burbujas más chispeantes que las que suministra un buen sifón. Viejo compañero del vino y del vermú (que no es más que un vino bastante malo al que se adicionan un montón de hierbas), sería buena una campaña para evitar su desaparición definitiva... aunque en los países del Cono Sur antes citados no parece que corra demasiados riesgos. Y es que un buen sifonazo cambia mucho a quien lo recibe".

Tras unas décadas de triunfo general los sifones casi desaparecieron y pasaron a ser piezas de museo. Aunque existe un cierto renacer aplicándolos a la coctelería no ha terminado de recuperar ni de lejos el esplendor de épocas pasadas. Por eso la gastrónoma Claudia Polo se pregunta ¿Qué ha pasado con el sifón? La historia de este emblema del vermut en el periódico El País del 18-7-2024, donde cita a la historiadora e investigadora Silvia Isábal y sus trabajos:
"Llevamos intentando capturar burbujas dentro de una botella muchos siglos. Los romanos apreciaban las aguas carbonatadas naturales y, aunque ya entonces trataban de envasarlas, no fue hasta el siglo XVI cuando se empezó a intentar crearlas en un laboratorio. El primer sistema que industrializó la fabricación de agua con gas lo realizó Jean Jacob Schweppe en 1783 (sí, el de la tónica). En España, las primeras fábricas de estas “bebidas artificiales” datan de 1836. De todas formas, el verdadero auge no se da hasta comienzos del siglo XX, siendo la posguerra su momento de mayor expansión. Muchas de estas fábricas rellenabas sifones, así como todo tipo de refrescos e incluso cerveza. 
A Silvia Isábal (Binéfar, Huesca, 1963) le gusta definirse como rebuscadora. Sin embargo, el trabajo de investigación y recopilación que realiza en su blog, La historia antigua del sifón y los demás refrescos (sifonesantiguos.blogspot.com), demuestra una profundidad propia de un libro de historia. Hija, nieta, prima y sobrina de fabricantes de gaseosas, actualmente regenta la bodega Isábal, en su lugar de origen. “Mi abuelo empezó con 14 años a trabajar para un señor que tenía una fábrica en el pueblo de gaseosas y sifones. Al jubilarse le dejó la empresa a él y a un socio”, cuenta Isábal. En los años cincuenta, más de cinco mil pequeñas fábricas de gaseosas, sifones y refrescos se distribuían a lo largo de todo el territorio. “Cuando se hizo la transición al envase no retornable, la industria pegó un gran bajón y empezaron a morir estos pequeños negocios”, junto a la concatenación de las fábricas de refrescos. A lo largo de más de 13 años, Isábal ha recopilado información y archivos sobre estos productos: su historia, la evolución de sus envases y formatos, curiosidades y las fábricas más importantes que hubo en España y, especialmente, en Aragón. 
Aunque el sifón vive un momento de renacimiento gracias al boom del vermut y de lo castizo, su distribución no está del todo garantizada. No existe actualmente ninguna empresa que fabrique sifones en España. Para soportar la presión, el vidrio de la botella es extremadamente grueso, por lo que su producción es muy costosa. Todos los sifones que hay todavía en funcionamiento en las bodegas y que los nuevos locales utilizan son los que ya existen en el mercado. Cada sifón que se rompe es un paso más hacia su desaparición. Su fragilidad y obligación de ser rellenados uso tras uso, hacía necesaria la existencia de una industria local que abasteciese a los negocios de cerca. Una vez más, la estandarización y el imperio del plástico nos arrebata un elemento identitario con un valor histórico y artístico irremplazable. 
La variedad de sifones que se encontraban en la península respondía a la diversidad de fabricantes. Cada uno de ellos marcaba sus botellas, mallas y tapones con diseños únicos que ahora captan la atención de coleccionistas y buscadores de antigüedades. Como si de restos arqueológicos se tratase, su forma, la técnica de marcado y los materiales nos permiten ubicarlos en tiempo y espacio. Las primeras cabezas eran de color plateado, fabricadas de peltre o calamina —aleaciones con plomo—. Isábal indica que “a mayor ennegrecimiento indica una mayor cantidad de plomo y, por tanto, se pueden fechar como anteriores a 1920, año en que se prohibió este elemento en las aleaciones destinadas a las cabezas de sifón”. Muchas de estas —destacan las de la casa madrileña Vázquez del Saz— eran muy peculiares, con grabados y formas de animales o vegetales. A partir de los años cincuenta es mandatorio el revestimiento interior de plástico para que el líquido no estuviera en contacto con el metal. El cambio al plástico tuvo lugar a lo largo de la siguiente década y en 1975 se hace obligatorio. 
El manejo de los sifones era algo peligroso. Aunque el vidrio es muy grueso, la presión interior es altísima, y si caía al suelo y se rompía, podía causar daños importantes. Las mallas se popularizaron a finales de los sesenta para garantizar la seguridad y, gracias a ellas, también podemos conocer mucho sobre los sifones. Su colocación estandariza el modelo cilíndrico y uniformiza las botellas, al dejar de ser visibles sus grabados, relieves y sellos. Las primeras eran de goma y más tarde se popularizaron las de maya de plástico. 
Hubo algo que ayudó a este contenedor de líquido efervescente a sobrevivir a la llegada de los envases de un solo uso, a la estandarización de la industria alimentaria y a la globalización de las bebidas refrescantes. Tal vez fueron sus gruesos cristales. O su armadura de colores. Quizás esta manía de reunirnos alrededor de una mesa alta y resolver el mundo con un vaso de vermut o vino en la mano. Hoy, conforme los últimos fabricantes de gaseosas se jubilan, el sistema retornable del sifón se tambalea. Pablo Chueca está a los mandos del Bar Gilda, en Zaragoza, un lugar donde el vermut ocupa un lugar de importancia. Cuenta que “hasta hace dos años había un hombre en la ciudad que se encargaba de reponer a todas las bodegas. Cuando murió hubo un momento de stand-by y ahora mismo los sifones que utilizo los intercambio con la cervecera zaragozana Ambar”. Parece que podrían ser las cerveceras las que cojan el testigo de esas primeras fábricas que rellenaban a comienzos de siglo XX gaseosas y refrescos, casi con un romanticismo que agradece que también fuera cerveza lo que embotellaban entre sus paredes".

A mediados del siglo XX la gaseosa en botella de un solo uso fue sustituyendo al sifón recargable, aunque los cascos podían devolverse a la hora de adquirir otra botella


La marca que se llevó el 'gato al agua' en España en este sentido fue La Casera, con un gran marketing publicitario y amplio servicio de distribución, pero antes, recalcamos, hubo infinidad de marcas locales. Se mezcla preferentemente con vino tinto, dando lugar al 'tinto de verano', aunque en muchas mesas se bebía para comer, y se bebe, a lo largo de todo el año


Pensemos que en España el vino tinto con la botella de gaseosa (de diferentes marcas), se sigue ofreciendo como parte del menú en numerosísimos establecimientos


Una máquina de sifones funciona por tanto mediante la presión de gas comprimido. Al introducir una carga de gas en una botella hermética, el gas se disuelve con el líquido, haciéndose la soda


Y al presionar la palanca, la presión interna empuja el contenido hacia arriba por un tubo y lo expulsa


Un muy llamativo sistema de funcionamiento que los guías explicarán de primera mano


Y aquí tenemos una máquina para hacer soda, gaseosa. Leemos en la página del Muséu del Pueblu d'Asturies:
"En los años 50 había en nuestro país más de 5.000 fábricas de gaseosa, muchas de las cuales vendían en una pequeña área geográfica y cuyos nombres comerciales no se conocían más allá de los límites de su pueblo o provincia ¿Os acordáis de las gaseosas "La Xana", "Rosi", "La Panera" o "La Candasina", "La Pitusa", "La Langreana", "La Santina", "Rotella" , "Caudal" , "La Boalesa", "La Sin Rival" y un largo etcétera? Si es así os acordareis de aquellos tapones de bola, corona y porcelana a presión o de cuando se devolvía el casco en la tienda (un gesto muy ecológico por otra parte). Sin embargo, en los años 70 del siglo pasado, la entrada de grandes grupos como Pepsi o Coca-Cola provocó la concentración del sector y la desaparición de cientos de estas pequeñas marcas, que fueron absorbidas por sus competidores quedando sólo tres o cuatro marcas a nivel estatal. Con ello se perdió mucho más que un refresco..."

Esta carcasa debió ser la que recordó a Pepe El Ferreiro al ver en su niñez una película de temática medieval en la que los yelmos de los actores se parecían a ella. Lo escribe en Trompa entrada de su blog del 15-3-2013:

"Allá por el año 1948 comenzaba el cinematógrafo de Grandas a deslumbrar, en la oscuridad del local, a pequeños y mayores. Recuerdo aquel momento porque a mis seis años las imágenes de la pantalla vistas desde la tercera fila eran gigantescas. 
La Reina Santa, una película que se desarrollaba en la Edad Media, con sus medievales guerreros que protegían sus cabezas con yelmos parecidos a la carcasa de la máquina de llenar sifones en la fábrica de gaseosas de mi barrio. ¡Cuántos pequeños recuerdos de la niñez y no sé qué cené ayer!"

Hierros para marcar, similares a los del ganado, pero estos son para cajas de madera de bebidas. El de la izquierda con las letras G y S


Más estantes con botellas, no solamente de gaseosa y sifón


Pero todas ellas de bebidas carbonatadas, efervescentes, espumosas


Hasta de cerveza, muchas de ellas de la famosa marca asturiana El Águila Negra, cuya antigua fábrica de Colloto/Cualloto está muy cerca del paso del Camino Norte de Santiago entrando en la capital asturiana


Kas, La Casera y otras. Las marcas de las grandes corporaciones fueron haciendo desaparecer a las marcas locales


Botellas de La Casera, Revoltosa, La Grandalesa, etc. De Las botellas misteriosas, y con ellas de sus marcas, no pocas de gaseosa, escribe Xuan Bello en el periódico El Comercio del 11-3-2012:
"Al alcohol, de otra manera, se le llama espíritu. Así, según la hermosa definición de la Real Academia, esta palabra se refiere al «vapor sutilísimo que exhalan el vino y los licores». Tal vez por eso pensé siempre que las botellas tenían alma y algún cuento -como aquel incomparable de Stevenson, 'El diablo de la botella'- me empujó a fantasear, tantas veces, sobre ese silencio que se concentra en reflejos dorados en el interior de una botella vieja. Un anuncio en el periódico captó inmediatamente mi atención. Leí queriendo leer entre líneas: «Compro lotes de botellas o botellas sueltas llenas de licores y destilados antiguos, coñac, anís, licor de chartreuse verde y amarillo, botellas de abstenta, de vino antiguas... Todo pago al contado. Me desplazo para hacer las tasaciones». Comencé, como no podía ser de otra manera, a hacer mis cálculos: ¿para qué querría ese señor o señora comprar lotes de botellas de licor viejo? ¿A quién le puede interesar lo que duerme en las bodegas, desde hace años, su suave y traquilo sueño? ¿Sería acaso un temerario que buscase el diablo de la botella de Stevenson que daba todo lo que se le pidiese a cambio de una desgracia aún mayor que lo concedido? ¿Querría esas botellas para trajinar quizás aguardiente con destilados añejos? Me imaginé un inmenso alambique, de esos que se traen de matute de Portugal, y no me pude contener. Llamé al número que se indicaba y Eduardo Méndez, un gallego cordial, se puso al aparato. 
Rápidamente le planteé mis dudas y percibí, por su voz, cómo en su cara se esbozaba una sonrisa socarrona. 
-Soy coleccionista. Puede ser que el mayor coleccionista del norte de España. Tengo una colección impresionante. Si quiere, pase a verme. 
Comenzó con su afición hace ya diez años. En el Altu la Maera, en Siero, se encontró de casualidad con una caja de gaseosa antigua de esas que llevan cierre automático y toda la nostalgia del mundo en su interior. Eduardo Méndez en Monforte de Lemos, de donde es, había trabajado en su juventud en una fábrica de gaseosa y sintió el más sagrado de los deberes: la pasión. Recogió aquella caja abandonada y desde entonces no ha parado de recoger de un sitio u otro. Colecciona botellas de coñac, anís o gaseosa. La colección no se acaba nunca pues, como me dice, quien piensa que lo tiene todo ya se confunde. Me pone un ejemplo: el otro día en el rastro de Xixón se encontró con una botella de gaseosa de La Peral que ni intuía que existiese. 
-En el concejo de Xixón -me dice- había muchas marcas de gaseosa: La Santina, La Panera, Rosy, Sugar. 
Y me las describe con todo detalle. En la botella de la gaseosa Rosy se ve el muro de San Lorenzo, con una bañista al fondo. En la de Sugar un arlequín y la leyenda «gaseosa achampañada con azúcar». 
Mientras me lo cuenta, yo recuerdo la gaseosa Xana, que era la que bebíamos por Tineo. ¡Cuánto no daría yo por volver a estar, con cinco o seis años, en el bar de Samartín de Forcal.láu y pedirle a mi abuelo que le pidiese a David una xana! 
Igual sentimiento tendrá quien recuerde la Gaseosa La Sierra, que era de la allerana Cabanaquinta, o La Campanera, La Grandalesa, La Naviense. me dice que en Asturias, Cataluña, Galicia y Castilla las marcas de gaseosa eran innumerables, igual una por cada 200 habitantes. 
También colecciona sifones, que tiene mil y pico distintos, botellas de coñac de todas las marcas. Siempre a la espera de encontrar nuevas joyas, este gallego, asentado en Xixón hace muchos años, espera todavía el milagro. Curiosamente no bebe: le interesa el exterior que envuelve el secreto. Antón García me contó en una ocasión una anécdota de su pueblo. Un hombre, muy célebre en el sentido asturiano del término, vio cómo descargaban enfrente del bar un cargamento de botellas de coñac. Suspirando dijo: 
-¡Cuántas palabras van ahí! 
Las palabras: la botella que contiene el alma humana".

Los modelos más antiguos, independientemente de cada marca, estampaban su nombre en el mismo cristal, como hemos dicho


Las fábricas de gaseosas introdujeron innovaciones como añadir al agua carbonatada o soda sabores de cola, naranja y limón, principalmente


En un principio, el sistema de tapones de cerámica con cinta de goma para cerrar bien con ellos la boca de la botella fue el imperante en todas las marcas


Luego ya serían los tapones de plástico, material que llegaría a ser el más empleado también en las botellas, aunque no todas


Proceso de lavado de las botellas


Un sistema de reciclado que fue abandonado por 'exigencias del mercado'


Cepilladoras-limpiadoras, embotelladoras, etc. Una buena variedad de máquinas cada una con su función y razón de ser


Solamente verlas es un auténtico espectáculo, muy llamativas, como lo son las botellas


Artilugios prodigio de la revolución industrial que estuvieron en uso en muchos lugares hasta finales del siglo XX, sustituidos por otros sistemas más evolucionados y robotizados


De la misma manera que las grandes firmas del ramo hicieron a desaparecer a las industrias locales, la maquinaria de producción fue transformándose para alcanzar productos más competitivos en mercados de muy feroz competencia


Poderosas innovaciones que en unos años pasaron a ser piezas de museo


También las cajas de transporte de las botellas evolucionaron, de las de madera se pasó a estas metálicas. Luego ya llegaría el plástico


Lo cierto es que el funcionamiento y uso concreto de cada máquina lo explicarán mejor que nadie los guías del Museo, así como su procedencia y características


Sifones y gaseosas, en las antiguas cajas de madera...



Fijémonos también en el tejado del cobertizo, de madera y con poderosas vigas


Otro lugar admirable del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" que hemos visitado, saliendo de nuevo al exterior para continuar nuestro magnífico periplo museístico


Salimos de frente al Cabazo, entre cuyos cepos o muros de mampostería que sostienen su estructura encontraremos más maquinaria agrícola de los tiempos de la primera industrialización española


El Cabazo es, como el hórreo y la panera, un granero, dedicado especialmente al curado y secado del grano y también llamado hórreo gallego, para diferenciarlo del asturiano, si bien ambos modelos se extienden, según zonas y lugares, así como con sus variantes, a ambos lados de la frontera administrativa. Este modelo básico se encuentra en buena parte del occidente asturiano, casi toda Galicia y norte de Portugal. Para saber más, consultamos a la web del Museo y, en nuestra visita, a los propios guías:
"En términos generales consiste en una caja o cámara rectangular ventilada y elevada del suelo mediante muretes de mampostería sobre los que coloca una losa volada, denominada tornarratos, que impide el acceso de los roedores. Partiendo de esta concepción básica, son múltiples las variantes constructivas, observándose diferencias en tamaños, materiales empleados, acabados o morfología de los elementos sustentantes. 
El cabazo del Museo es una estructura de dimensiones modestas. Los costales o lados mayores de la cámara se cierran con listones de madera verticales asegurados por un listón horizontal, entre los que se deja un hueco para permitir el paso del aire. Los penales o lados menores son de mampostería revocada en la que se abren troneras o pequeños vanos rectangulares de ventilación. La cámara se eleva sobre dos muretes de mampostería vista, los cepos, dejando libre el espacio central. El acceso se realiza por uno de los penales mediante una escalera pétrea".

Apoyada en el cepo, una gran rueda de rayos


En el otro cepo y también apoyada otra rueda similar, más pequeña. Observemos los respiraderos en forma de saetera de las paredes laterales del Cabazo


Seguimos por este pequeño pasillo entre el Cabazo y A Casoa


Pequeños arados de hierro. Unas grandes lajas de pizarra o chantas separan este terreno enlosado del prado


El otro lado del cabazo, se dice que pertenecería al llamado estilo Mondoñedo al tener sus paredes hechas por listones de madera. Acercándonos a la costa convive con este el estilo Ribadeo, en las que las paredes son también de piedra, como las de los lados


Las piezas expuestas bajo el Cabazo


Seguimos camino y el pasillo se ensancha. A nuestra izquierda sigue la línea de chantas. A la derecha es la pared norte de A Casoa, la más umbría, y de frente volvemos a ver la Casa del Molinero


Más a la izquierda están el gallinero y el Cortín que, como el Banzao o presa y canal del Molino, visitamos en la entrega anterior de las tres partes en las que dividimos la visita a este Museo Etnográfico


Damos así la vuelta a A Casoa y volvemos a la fachada principal


Al fondo volvemos a ve pues la Capilla y su mural


Y por esta puerta de arco de medio punto regresamos al interior de A Casoa


No dejemos de ver nuevamente la ventana del artista Tadanori Yamaguchi...


Un buen lugar para descansar al sol es este hermoso escaño de madera...


Entramos en otro lugar verdaderamente espectacular, el Comercio de ultramarinos y trastienda, explicado de esta manera en la web del Museo:
"Tienda mixta similar a las que hasta tiempos recientes podían verse en villas y pueblos ofreciendo a su clientela todo tipo de productos. Estos establecimientos eran a la vez ferretería, mercería, tienda de textiles y calzado, droguería, papelería, comercio de alimentos, despacho de bebidas y dispensadores de productos tan variopintos como abonos, piensos o matarratas. No eran extraños los locales en los que se tostaba café e, incluso, se fabricaba chocolate.
Muchos de estos comercios eran al mismo tiempo la cantina del pueblo, convirtiéndose en centro de reunión de los vecinos que acudían a ver las novedades, charlar o jugar la partida".

La famosa tienda-bar o tienda-chigre de las que tan pocas quedan, aunque en algunos lugares de tránsito han tenido un limitado resurgir. Podemos decir que tenía otras muchas funciones. Por ejemplo, solía ser el primer lugar del pueblo al que llegaba el teléfono (derecha) y, durante muchos años, el único lugar que lo tenía


Del teléfono sobre el mostrador se pasó al de cabina dentro del local, luego llegaron los de echar monedas, que pervivieron, como las cabinas telefónicas, hasta la llegada y generalización de los teléfonos móviles


Aunque no había una norma general, solían tener una barra de bar y otra para despachar en la tienda. Lo mismo podías tomar una pinta de vino que hacer la compra, cortar el pelo, pues llegaban algunos barberos de las villas en los pueblos donde no había barbería, traer el ganado a ferrar al exterior, pues llegaban los ferradores, hacer una llamada de teléfono o recibirla


En muchos de estos establecimientos, los jueves por la tarde (antiguo festivo) o los domingos se apartaban mesas y sillas y se organizaban bailes, primero de gente cantando espontáneamente o músico local, pero enseguida con pianolas, gramolas y luego el tocadiscos con sus altavoces. A estas tiendas llegaron las primeras radios y televisiones


Aunque solían ser locales bastante grandes, la cantidad ingente de mercancías obligaba a exponerlas en todo el espacio disponible, incluso muchas de ellas colgando del techo, lo cual era una buena forma de verlas y un buen reclamo en una época en la que aún imperaba el dicho "el buen paño en el arca se vende", el cual entraría en confrontación con las técnicas de visibilización máxima, presentación y marketing del que estas tiendas fueron un precedente


No pocas veces, al ver, por ejemplo, unos cestos tan hermosos, alguien se acordaba que le vendría bien comprar uno


Si bien referido al bar-tienda de Casa Santiago en Oubona, en este mismo Camino Primitivo, y a otros de Asturias, es preciso y precioso compartir parte del artículo que el escritor Use Lahoz publica con el título Bares-tienda de Asturias, compañía y cuidado en lo rural, que podemos leer en El Asombrario & Co. el 30-3-2024:
"Larga vida al bar-tienda 
Los bares-tiendas forman parte de la memoria sentimental y colectiva de muchas generaciones de asturianos. (...) 
El bar-tienda representa la diferencia, un salto lateral, como el del caballo en el ajedrez, que decía Canetti. Entre un supermercado y un chigre, entre una abarrotería y un café de pueblo, entre un ultramarinos y un todo a cien, los bares-tienda gozaron durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX de un periodo de esplendor, de popularidad y de servicio a la comunidad. Aquí encontraba el campesinado literalmente de todo. Cada vez quedan menos. Son dignos de conservar. Un bar-tienda tenía los básicos que se precisaban para vivir: pilas, martillos, bisagras, pegamento, libretas, rotuladores, café, infusiones, magdalenas, galletas, cubiertas de ruedas, bombas para hincharlas, hoces, cerillas, latería y, además, y quizás más determinante, mesas, sillas y calor de lumbre que daban cobijo a todas las edades de pueblos en los que no quedan hoy más de 30 o 40 personas. 
Visitar un bar-tienda como este es lo que Esquirol llama cultivar el umbral. Dice el filósofo que “sin umbral todo sería igual”, todo sería lo mismo. La globalización y el capitalismo buscan desesperadamente lo indistinto, que todo sea igual en todas partes y que se gaste en ellas mucho dinero. Pero en realidad es la diferencia lo que orienta al viajero, y la homogeneidad lo que le aburre. “Cuando la niebla cae”, dice Esquirol, “los caminos se borran y todo parece igual. En cambio, cuando despeja, de nuevo se vislumbra el horizonte  y se recupera el sentido, la orientación”. 
Nada hay más bello para el viajero que el asombro. La filosofía y el viaje buscan la diferencia para entender el mundo. Y desde aquel bar-tienda de Santiago, en mitad de ninguna parte, entendí la vida de gente bien orientada y sin prisa, aquella que, como decía Machado, donde hay vino beben vino; donde no hay vino, agua fresca. 
No todo puede ser Starbucks. 
No se pueden entender los últimos 200 años de Asturias sin los bares-tienda. Por supuesto, no faltan voces que reivindican la resistencia de los pocos que siguen abiertos en Asturias (atención al de Cai Milio, de 1925, en Oviñana, Cudillero), igual que se reivindican las fotografías antiguas, como las de Ruth Matilda Anderson (Phelps, Nebraska, 1893 – Nueva York, 1983) que encontré en el libro Hallazgo de lo ignorado y que no envejecerán nunca. Famosa por sus expediciones por Zamora y León, Anderson también dejó huella en Asturias, y llevó a Estados Unidos toda esta autenticidad. En aquel bar-tienda, en fin, mientras tomaba un té y me reía con Fran y con Marta, evoqué en silencio al niño que fui y que pasaba veranos en un pueblo con un solo comercio en el que se vendía igualmente de todo. 
Elogios de la vida sencilla, los bares-tienda son faros que hacen brillar la diferencia y hablan de una manera muy concreta de vivir. Un bar-tienda es sinónimo de compañía, cuidado, contemplación, palabras entre las que el viajero asombrado siempre se siente muy a gusto. “Cada lugar tiene su luz”, dice Esquirol, “pero la luz no solo se percibe por los ojos. Se nota en el aire que se respira y en la tierra que se pisa”.

En la Casa Rectoral pudimos visitar la Cantina, negocio casi idéntico, aunque este del comercio mixto tienda-bar está mucho más surtido. Esta sería la parte más dedicada a bar, con todo tipo de bebidas y las más grandes novedades en este aspecto. Aquí empezaron a popularizarse en los pueblos, por ejemplo, los famosos cubalibres, entre otras muchas cosas


Vermuts, coñacs, ponches, anís, ginebras, ron, whisky, etc. que, en algunos casos se añadieron a las producciones locales de vinos, aguardientes y orujos y en otros las sustituyeron, sobre todo con el éxodo rural y/o el abandono de algunas producciones vinícolas en favor de pastos o repoblaciones forestales


Aquí empezarían a verse también las primeras cafeteras, sobre todo primeramente en los establecimientos de las villas capitales del concejo, aunque el café de manga siguió perviviendo en muchos pueblos hasta nuestros días incluso en algunos casos


Esta es una cafetera Omega, de mediados del siglo XX y fabricada en Rentería, la cual estuvo en el Bar de Modesto de aquí de Grandas de Salime en los tiempos de la construcción del embalse, cuando el local era muy concurrido por vecinos y trabajadores


Funcionaba indistintamente con electricidad o con gasolina, por lo que podía usarse pese a los habituales apagones de la luz. Tiene un depósito lateral que almacena hasta dos litros de café para hervir con la cafetera de mano en caso de gran demanda de los numerosos parroquianos


Debajo, vasos de chupitos, copas, vasos de vino, grandes de agua, vasos de tubo, jarras de vino y cafeteras de servir, jarras de cristal, novedades todo ello de la producción industrial del vidrio


Aunque tienen ya sus años, estas copas son perfectamente actuales, pues modelos similares podemos adquirirlos en cualquier tienda del ramo


Lo mismo con las copas, cafeteras esmaltadas, vasos largos y de tubo...


Copas de vino, jarras de ribeiro, fuentes para servir pinchos de los que acompañan la consumición, etc.


Los nuevos recipientes trajeron nuevos estilos de beber, como los chupitos, vasos y copas pequeños para tomar de un solo trago bebidas de alta graduación, muchas veces tras las comidas


Cacahuetes, expendedores de chuches y botellas y más botellas a discreción


En la barra, un Queso Tres Oscos, de la cercana fábrica de A Farrapa, de la que hablaremos, pues junto a ella pasa el Camino, saliendo de la villa de Grandas. La industria quesera es de 1970 pero sucede a una tradición artesanal y casera mucho más antigua


Y arriba, más y más botellas de vinos, licores, orujos, coñac, vermuts, ginebra, anís... de varios tamaños y presentaciones. Algunas han cambiado, otras desaparecido, pero otras son casi idénticas a las que podemos comprar hoy en día en la tienda o el supermercado


Vamos pasando de la barra del bar al mostrador de la tienda. Al final del primero encontramos este molinillo de café antiguo, pues el grano se molía en la misma tienda


Detrás, dispensador de aceite de mediados del siglo XX, pues al igual que el vino se vendió mucho tiempo en pellejos, el aceite se despachó a granel


Sobre él, botella para el aceite, el medidor-dispensador y otros objetos. A la izquierda, arcones para almacenaje y venta de garbanzos, lentejas y otras legumbres a granel, con sus pequeñas bolsas de papel o cartuchos. Pepe El Ferreiro escribe de ello en su blog con el título Plásticos a fecha 6-2-2017:

"Hace algunos años oí que desaparecerían las bolsas de plástico, es decir, que en las tiendas se volvería al esportillo y al cartucho de papel. Esto puede ser un poco exagerado,  pero no estaría de más que fuéramos adoptando aquella vieja costumbre.  
Para ir a la compra había, más o menos, los siguientes sistemas: el esportillo citado, que consistía en una espuerta pequeña hecha de anea o espadaña que, en el caso de Grandas, llamábamos esparto, como a la suela de las alpargatas. Estos esportillos eran de forma troncocónica, con el culo más estrecho que la boca, donde tejían unas pequeñas asas cilíndricas del mismo material, algo muy parecido a la empleita de las Islas Canarias de la que fabricaban el cordón para tejer. Tal y como ya dijimos, este esportillo era algo más pequeño que la espuerta y no solía durar mucho, aunque sí era compacto y soportaba bien el trato al que era sometido. Su precio, que no puedo precisar, no debía ser muy alto pues rondaría las tres o cuatro pesetas. 
Se usaban también envases de papel que llamábamos cartuchos y había de todos los tamaños según necesidades. 
Fue en aquellos tiempos en que todo producto comestible venía a granel. Sacos, bolsas de yute y esparto servían de contenedor de las distintas mercancías: arroz, café, azúcar, garbanzos…Solo los caramelos, con su papel celofán, y las galletas y rosquillas estaban envasados en su correspondiente envoltorio, tan llamativos que a los niños que hacíamos los recados nos despertaba la envidia a los pudientes. Lo que no se excluye es que de viejos tengamos la misma obligación pero sin antojos. 
Dentro de aquellos humildes medios de transporte, existían unas bolsas de cuero usadas para la compra en las tiendas de ultramarinos, que estaban hechas de pequeños trozos de cuero triangulares o cuadrados cosidos entre sí. Me imagino que eran recortes de otro producto fabricado, pero nunca pude saber de qué. 
No nos olvidemos que el aceite se servía al comercio en bidones o envases metálicos, por lo tanto, era también a granel igual que el vino que era servido en bocois, barricas, etc. La expendeduría de estos productos se hacía por medio de las botellas que el cliente tenía de su propiedad. 
No cito aquí los pellejos o colodras que los arrieros cargaban en sus acémilas. 
En la era de las bolsas,  del plástico y en la que todo parece aséptico, hablar de otros medios parece puro primitivismo. Sin embargo, recuerden que en el Atlántico ya hay una concentración de estos  materiales mayor que la Península Ibérica. 
Parece ser que a este desaguisado se le llama progreso cuando es solo hecatombe. Algún día alguien tomará medidas, pero seguro que será tarde. 
Haxa salú

Junto con el material más novedoso aún se ve algún elemento más antiguo y tradicional, como las jarras o zapicas de madera para líquido hechas por los artesanos torneiros o cunqueiros


Y con ellas cestos, sifones, garrafas, alguna bandeja, el Calendario Zaragozano y calendarios proporcionados por los proveedores


Barras de chorizo y salchichón colgando, cuadros de promoción de marcas y todo tipo de artilugios


También un antiguo modelo de echador o escanciador de sidra


No nos cansamos de mirar arriba y abajo, estas tiendas-bar eran un verdadero monumento al horror-vacui de lo provistas y abarrotadas que estaban, y acabamos de empezar


Cacharros para cocinar. Al fondo una caja de dulce de manzana de la famosa Industrial Zarracina, empresa gijonesa fundada a mediados del siglo XIX y que empezó comercializando sidra para los emigrantes de ultramar, exportándola a la emigración asturiana de ultramar con procedimiento champanizador. Hablamos de ella en una de las entradas que dedicamos al Camino Norte en este blog


El bacalao, colgando también del techo


Y más cachivaches y cacharros, pues estas tiendas eran ultramarinos, ferreterías, droguerías, bazares... ahí tenemos coladores, sopletes, picadoras, faroles; David Fernández Moro y Arnaud Späni, autores del libro Bares-tienda de Asturias, dicen así:
"Aunque el bar-tienda ha llegado a ser uno de los elementos más característicos de las localidades rurales asturianas, su nacimiento con el tiempo no se remonta a mucho tiempo atrás. Hay que diferenciar, de todos modos, la parte de bar, ya que las tabernas (chigres, en bable) existen desde hace siglos en el campo asturiano, y el negocio completo con tienda, que no tiene su inicio hasta la segunda mitad del siglo XIX, completando su desarrollo a lo largo del siglo pasado. También la venta de tabaco está en el origen de muchos de los establecimientos, ya que precisamente algunos de los bares-tienda que más tiempo tienen en la actualidad (...) se abrieron como estancos"

El escritor Ignacio Pulido, Diplomado en Conservación y restauración de Bienes Culturales, se ha ocupado de los chigres-tienda del occidente asturiano en otro libro muy a recomendar, Mostradores con solera, en el que explica el ambiente cotidiano en el devenir diario de estos negocios:
"Son varios los rincones de mi infancia que recuerdo con especial claridad. Uno de ellos el chigre de Mario, un pequeño bar-tienda al que solía acudir en compañía de mis tíos o de mis abuelos durante mis visitas al pueblo natal de mi madre, Caseras, en Soto del Barco. Mario era un hombre bonachón. Regentaba su comercio mixto desde hacía décadas. Allí se daban cita los vecinos para comprar el pan, otros productos de primera necesidad y todo un elenco de artículos que iban desde productos de limpieza hasta útiles para el día a día. Su local también era el punto de encuentro de los paisanos del pueblo, entre ellos mi abuelo Joaquín. Sentados en torno a una mesa de formica, se reunían para jugar las partidas de tute a la par que tomaban una pinta de vino y picaban unas tapas de taquitos de queso y jamón serrano, Yo les observaba mientras tomaba un Fruco de melocotón y comía un Phoskitos o una bolsa de patatas fritas"

La báscula antigua, con sus pesas y medidas, que en muchos lugares pervivió hasta la llegada de las balanzas digitales o el fin de la venta a granel, pues como las tiendas y supermercados de las ciudades, los comercios mixtos evolucionaron al autoservicio y productos envasados y en blíster:
"El tiempo no ha pasado en vano, para bien y para mal. Algunos de los establecimientos contemplados han cerrado sus puertas al carecer de un relevo generacional. Otros, en cambio, siguen abiertos cumpliendo a diario su cometido". 

Muchos de estos establecimientos surgieron con el capital indiano y la experiencia de los emigrantes retornados en negocios semejantes en los que trabajaron, algunos incluso fundaron, en ultramar. En otros casos fueron complemento a las economías familiares basadas en la agricultura, la ganadería u otras actividades:
"La diversificación de tareas es el denominador común de los bares-tienda. Se trata de supermercados a pequeña escala en los que es posible comprar desde comestibles, herramientas y artículos de droguería hasta ropa o calzado. Asimismo, también permiten disfrutar de un trago o matar el hambre con su sabroso plato de comida tradicional. Estas son sus funciones más evidentes, sin embargo, en los pueblos se suele destacar su carácter de auténticos "centro sociales".

Cortador de bacalao y cortadoras de fiambre. Aunque no solían nacer como casas de comidas, la presencia de obreros, como por ejemplo en el embalse de Salime, o la llegada de gentes a los mercados semanales, propiciaron que algunas tiendas mixtas empezasen a preparar condumios. Algunos restaurantes de los pueblos que existen hoy en día  tuvieron su origen en estos bares-tienda


En Grandas el comercio vivió su época dorada con la construcción del embalse, en el que algunos datos han llegado a dar la cifra de hasta 4.000 trabajadores en la década que duró la obra, a lo que habría que añadir a sus familias. Aunque en los poblados en los que se alojó había tiendas, cantinas y bailes, también iban a otros pueblos y, por supuesto a la capital del concejo. Cuando se fueron el cambio fue fulminante pues, al poco, empezaron a irse también los vecinos de los pueblos afectados, bien por haber sido inundados, por quedar aislados o mal comunicados, o por haber perdido sus tierras


Los cambios en ese aspecto fueron radicalmente drásticos, inmediatos y contundentes en Grandas de Salime, más incluso que en otras áreas asturianas. En su deseo por preservar este legado el Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro" nos muestra también este comercio mixto, en el que realmente no se vende nada pero dan ganas de pedir un vaso o comprar algo de queso, pan chorizo, unos clavos...


Cajoneras de venta de legumbres: a la derecha los garbanzos, seguidos de las lentejas, fabas, fabas pintas...


Encima, los cartuchos ya mencionados


La mejora de los transportes y las comunicaciones por carretera propiciaron que llegasen productos que aquí no se cultivaban, como los referidos garbanzos o aquí las lentejas


Y se vendían productos de procedencia más cercana como las fabas. Muchos campesinos las cultivaban para autoconsumo y también vendían su excedente en tiendas y mercados. Algunos abandonaron el trabajo del campo aunque siguiesen viviendo en los pueblos, otros se especializaron en forrajes para su ganadería y no tenían, o apenas, sitio para grandes huertos, por lo que también compraban en tienda productos de proximidad


Con el tiempo, incluso los productos autóctonos se vieron sustituidos o casi por otros procedentes de otras latitudes, sobre todo en las épocas que más escaseaban


Pastillas de jabón de lavar; a la izquierda toneles y soga, arriba mecheros, cajas de puros, una piedra de afilar...


Latas de aceite y pimentón, los primeros productos envasados que fueron sustituyendo paulatinamente la venta a granel


Quesos Tres Oscos y de otros lugares del occidente, como Abredo. También hay un bote de Nescafé, otro de Royal, una lata de yerba mate Livre, cajas de dulce de manzana industrial y demás comestibles


Más latas de pimentón, de conservas de galletas, productos preparados. Las novedades del mercado llegaban prontamente a estas tiendas


Botellas de vino, de diferentes procedencias, de champán, etc. Un capítulo aparte sería el de los proveedores de estas tiendas. A la vez, algunas efectuaban reparto y venta por los pueblos o caserías que carecían de comercio


Varias marcas de anís y de otros licores se producían en destilerías asturianas, pero gran parte procedía de fuera


Algunas marcas son, además de asturianas, mundialmente conocidas


Los tan sufridos primeros rollos de papel higiénico que recordaban a la lija, de los que ya nos hemos ocupado en la barbería


Todo tipo de cacharros y objetos: fuentes, velas, hueveras, espumaderas, garcillas, perchas de pared. Llevar las cuentas del debe y del haber con los pedidos y las ventas y compras no debía de ser tarea fácil


En las zonas más industriales, y Grandas lo fue durante la construcción del embalse, mucha gente compraba de fiado y se apuntaba en una libreta, saldándose cuentas cuando se cobraba mensualmente


Estas tiendas eran una forma de vida para familias enteras, que pasaron en ellas su vida, despachando, no pocas compatibilizándolo con el trabajo en el campo u otros oficios, al menos mientras se pudo


Barriles de salazones y otros productos, tarros de cristal para venta a granel, a veces de chuches y caramelos


La vieja caja registradora de familiar sonido, con su manivela, teclas de colores, números bien visibles y, debajo, el mueble oscuro de madera, para el dinero, guardar el cambio, las libretas de fiado, facturas de proveedores, etc. Hay algunos trofeos; no pocas de estas tiendas mixtas tenían bolera autóctona al exterior y otros espacios para deportes locales. Otras veces se jugaba enfrente, en la misma calle, o en un campo colindante. Fueron los primeros patrocinadores de los equipos de fútbol local. La tienda hacía muchas veces de vestuario


Sombreros y demás productos, pasamos de la zona más de comestibles a la de bazar-ferretería-droguería-zapatería-boutique...


Calzado y textil, zona de venta y arreglos varios


La mesa de esta parte de la tienda, totalmente repleta


Papel de envolver con la marca estampada y etiquetas


Máquina de arreglar zapatos


Estas chapas no sé para qué son ¿refuerzo de tacones?


Madreñas y alpargatas y calcetines gruesos para calzarlas, los cuales sustituyeron a los antiguos escarpinos 


Tarro de almidón y un tipo de prensa


Billetes del ayer...


Betún y demás productos de droguería y limpieza


Más marcas conocidas, que daban sus carteles como publicidad en las mismas tiendas


Al fondo cajas de calzado, de botones, telas, zapatos y playeros a la vista, libros de contabilidad, estufas de gas, botes de pintura e infinidad de cosas y objetos más


Más productos para el calzado y varias libretas, cuadernos, lápices y bolígrafos, material de uso escolar y de oficina


Pronto llegarían los libros de texto para cada alumno pero esto ya supuso un avance respecto al pizarrín de antaño


Más carteles publicitarios de marcas, este en forma de gran espejo


Un descorchador de botellas tipo chigre, nombre del objeto que hace esta operación y que dio nombre a un tipo de bar popular


Hay que mirar en todas direcciones, también arriba, por supuesto: calzado de trabajo de suela de madera, alpargatas, botas, gruesos calcetines de lana, al lado y al fondo cajas de productos de textil, ropa y telas, botones...


Cajas de plomos, llaves de luz de pared, de pera, enchufes, portalámparas, cajas de plomos. Cuando cada casa estuvo conectada a la red general se multiplicó la venta de material eléctrico


Cajas de género textil, camisas, sujetadores, etc.


Reconocemos desde los libros de contabilidad a gaxapos de plástico, pasando por picadoras de carne, tirantes, corbatas madreñas y mil artículos más. A la izquierda y apoyada en la pared la indispensable escalera plegable para acceder a la mercancía colocada en sitios altos. Más tarde llegarían las escaleras de aluminio, mucho más ligeras



Resaltan por su color las telas de cuadros rojos y azules sobre blanco


Cadenas para el ganado, guadañas, cencerros, sogas...


Correas, trampas para ratones, fuelles, lecheras, calderos, hervidores de leche, vaya memoria que hay que tener por controlarlo todo, precios, ubicación, cantidades, pedidos... no es de extrañar que no pocos muchachos criados en este mundo comercial local y minucioso llegasen a ser auténticos lumbreras


Gaxapos o zapicos, entre multitud de nombres, para guardar las piedras de afilar. Hemos tenido oportunidad de ver una buena colección de ellos, muchos hechos artesanalmente con hueso, en el espacio expositivo de la Casa Rectoral


Instrumental de madera para cocinar. Además de venderlo el tendero se presupone ha de tener idea de qué es y cómo y para qué se emplea cada pieza. Ahí es nada, pues ha de dar muchas veces las pertinentes explicaciones


Ollas, sartenes, cazos, un buen ejercicio mental es asimismo proceder a los inventarios


Aceiteras, espitas, tiestos, madreñas, picadoras de carne, barrenas, taladros, faroles, farolillos y mil cosas que no sé nombrar o me equivoco si lo hago


Muchas cosas se cuelgan en grupos, como haces o racimos


Más espitas-grifo para toneles, pipas, barriles...


Botijos, cantimploras, cuchillos, todo tipo de recipientes, aparatos para hacer embutidos, candados...


Bisagras, material de fontanería, poleas...


Más barrenas y cencerros, serruchos, sulfatadoras, cerraduras, tiradores, manillas de puerta...


Otro espejo-cartel publicitario, este de la famosa Mantequera de Tineo, de la que hablamos a nuestro paso por el concejo, en concreto por el pueblo de El Pedregal


Fijémonos en la foto antigua colocada en la parte inferior derecha 


Mesa con periódico y maletas de viaje. Enfrente de estos establecimientos solían tener parada fija las líneas regulares de autobús


Tostador de café, pues muchas veces también se tostaba en la misma tienda, pues venía a granel. Luego ya vino tostado y empaquetado


Preciosa colección de carteles publicitarios de todo tipo de artículos


Ahí tenemos hasta unas raquetas, no de tenis sino de nieve, para ajustar al calzado


Cajas de pilas, más tarde llegarían los blíster y las tiendas tenderán a ser de autoservicio. Platos de esmalte, de loza, tazas, pinceles...


Periódico Esta hora y los famosos gatos de la publicidad de conservas ¡MIAU!


Anís Principado, empresa fundada en 1895


Camión y camionero. Al fondo vemos la entrada a la central eléctrica del embalse de Salime, junto a la que hemos pasado haciendo camino


Vamos a fijarnos en esta mesa según casi salimos ya de la Tienda


Debajo, cajas de botellas con las letras G y S que antes vimos en el hierro de marcar en la fábrica de gaseosas


Sobre ella, balanza de pesar sacos, bidón expendedor y soga


Reloj de pared, espejo con anuncio de Codorníu y otros dos carteles de marcas


Fósforo Ferrero y Salchichones Abella


Cervezas el Águila y Tío Pepe


El reloj de pared, similar a muchos modelos actuales. Se fue extendiendo también por las casas, pues antes solamente las más poderosas disponían de un costoso reloj de carrillón. Las horas se sabían por las campanadas de la iglesia parroquial o la torre del reloj de las villas


Cesto, escoba y recogedor junto a la puerta


Y una foto en el espejo...


Este es el zaguán o recibidor frente a la puerta principal


Atención a las flechas en el suelo, pues ellas nos guiarán


En este recibidor está la sección de Comunicaciones, con la Oficina de Correos


En la pared, llaman la atención las sacas de las cartas, que son de las décadas de 1960 a 2000. La historia del actual logo nos la cuenta la sección de historia del diario ABC del 5-6-2019, con motivo de nuevos cambios posteriores a estos:
"Con trescientos años a la espalda, Correos ha renovada esta semana su imagen de marca tras 19 años anclada al milímetro en el mismo logo. La apuesta de la empresa por la simplicidad, la sostenibilidad, la modernidad y, a la vez, por la tradición, hacen que se mantenga la cornamusa (una trompeta larga de metal) y la corona, así como el color amarillo de la compañía, pero se ha eliminado el nombre, con la intención de conseguir una imagen «más sencilla, abierta y ágil». 
Actualizado o no, el logo seguirá siendo uno de los más característicos para los españoles. El color amarillo y el símbolo de una trompeta son desde hace trescientos años sinónimos de mensajería y de fronteras reducidas a la mínima expresión en Europa, y no solo en nuestro país. Su origen se suele vincular a la familia italiana de los Tasso y a otro pioneros de los servicios postales europeos en el siglo XVI. 
La importancia de un color 
Los Tasso desplegaron su servicio de correo por Borgoña, Flandes, Italia, España (de la mano de Francisco de Tassis ), Alemania y Francia. En 1624 fueron nombrados condes, y en 1650 se trasladaron a Alemania, donde cambiaron su apellido por el de Thurn und Taxis, mientras que en España fueron conocidos como Tassis. Aunque perdieron el monopolio cuando el correo pasó a ser competencia de los gobiernos, las suyas y las iniciativas de sus competidores permanecen. Sin ir más lejos, cuando transportaban el correo a caballo, los carteros o «postillones» tocaban un cuerno de caza para avisar de su presencia al llegar a las poblaciones. El amarillo, por su parte, estaba presente en el escudo de la familia Thurn und Taxis, así como en los carros que empleaban. Hoy, ese mismo color lo está en numerosas empresas de mensajería en Europa. 
El logo de Correos en España recoge esa misma tradición: tanto el tono amarillo como la característica cornamusa están presentes desde su primera imagen de marca. 
Obra del diseñador Cruz Novillo (autor también de la rosa del PSOE y de símbolo de la Cope), el emblemático logo se estrenó en 1977 como imagen de la Dirección General de Correos y Telégrafos y de la Caja Postal. Junto al amarillo clásico de los servicios de correos foráneos, la imagen original tenía el rojo como protagonista porque, según explicaba el propio Cruz Novillo en ABC, «nadie mejor que los organismos públicos como Correos para representar en su emblema los colores de la bandera nacional». 
Como ocurre hoy, a principios de los años noventa la marca Correos decidió modernizarse, de modo que sustituyó el color rojo por el gris, y colocó el lema Correos y Telégrafos bajo el símbolo, que permaneció inalterable. La siguiente renovación tuvo lugar en los años 2000, cuando desapareció la palabra Telégrafos del nombre y el gris pasó a ser ahora azul oscuro".

Y en este mueble vemos la chapa, color azul intenso, de un buzón de Correos, con letras grandes en blanco, para que se vean bien


Exposición de tampones antiguos de Correos en esta vitrina


En la pared de enfrente, sobre otra saca y al lado de la puerta, dos gorras de cartero, las cuales constituyeron su imagen más conocida durante décadas


En este vestíbulo vamos a ver no solamente elementos del correo sino otros medios de comunicación básicos del mundo rural, la telegrafía y la telefonía


Sobre las sacas, algunos tipos de antiguos maletines de cartero, otro elemento que los identificó durante décadas antes de la implantación de los carritos, muy similares a los de la compra, a partir de 2005. Luego llegaron patinetes motorizados y otros adelantos. Los primeros es fácil que no tarden pues, en estar presentes en este Museo


Las sacas y los bolsos o maletines de cartero tienen una larga historia, muy anterior a la de estos modelos. Los maletines de cartero ya existían desde la Edad Media, aunque su diseño moderno se estableció desde finales del siglo XIX y principios del XX


Las sacas o vajillas eran llevadas a caballo de una ciudad a otra en los primeros tiempos, luego en carros con las primeras carreteras y luego con los primeros automóviles. Al llegar a las villas se hacían cargo de ellas los carteros rurales, que solían tener un estatus algo diferente a los urbanos, como trabajar a tiempo parcial. Algunos dueños de algunas tiendas mixtas como la que acabamos de ver, por ejemplo, ejercían este y otros oficios


Muchos carteros rurales solían hacer los recorridos a pie incluso en fechas recientes. Isabel Villar Arandojo recuerda al cartero de su pueblo en el cercano concejo de Ibias y escribe así de él en Ibias: el sol de Asturias:
"Hoy voy a hablar un poco sobre un oficio del que antiguamente dependían la mayor parte de las esperanzas de los pueblos, este era ni más ni menos que el de Cartero, y yo he tenido la suerte de conocer a uno de los más famosos que hubo en Ibias, Basilio el de casa Marcelo de Omente. Me he acordado al ver una foto con un grupo de personas alrededor del "lume". Esto no era nada extraño no hace muchos años , en la foto está mi abuela Elena del Roxo, un señor que era de Andeo, veo y conozco las manos de mi abuelo Sabino del roxo y como no a Basilio el cartero. Sabiendo como era de dicharachero y alegre seguro que además de entregarles las cartas estaba contandoles algún cuento de los que él solía comentar. Les diría de los lobos, del tiempo o simplemente charlarían sobre los cupones que les traía el correo y del subsidio que también él les pagaba. 
La verdad que él era un hombre que pocas veces se enfadaba, y que cumplía con un servicio no solo para el pueblo de Omente sino que para los otros pueblos que le correspondían en el reparto del correo, disponía de pocos medios no como hoy en día y prácticamente realizó su trabajo siempre a pie aunque hiciese sol o mal tiempo. En resumen fue un buen hombre que traía y llevaba sonrisas y lagrimas que la gente depositaba en aquellas cartas y siempre lo hizo con honradez y buen humor. Hoy en día su hijo Manuel Angel trabaja haciendo el mismo recorrido que hacía su padre y aunque el tiene más medios a su disposición hay que decir que la mayor parte de las veces desde parte de ese recorrido lo realiza caminando como si quisiese no olvidar lo que su padre hacía, Manuel heredo de su padre el ser una bellísima persona y la capacidad de decir siempre que sí a los recados que le mandes, pero esto también lo hace su hermana Pilar y como no es un orgullo haberles conocido".

Sobre la vitrina, una báscula para pesar cartas y pequeños paquetes, de las que estuvieron vigentes hasta la llegada de las electrónicas. Recordemos, ya que viene al caso, que la Oficina de Correos de Grandas de Salime se encuentra en los bajos de la Casa de Cultura, en la calle El Salvador número 6, no demasiado lejos de la Colegiata y del Camino


Antiguo telégrafo. La red telegráfica española se creó en 1855; su época dorada fue de 1875 a 1924, pues aunque los primeros teléfonos llegaron en 1878 este servicio estaba integrado en la Dirección General de Telégrafos hasta que en el citado año de 1924 se creó la Compañía Telefónica


Y pasamos ahora pues al espacio dedicado al teléfono y la telefonía, desde los primeros modelos y la centralita a los primeros teléfonos móviles


Las centralita, con sus cables. Un aparato que pocos han conocido funcionando pero tremendamente popularizado por el cine. Abajo un manual de uso, pues en muchos casos las centralitas de teléfonos no estaban a cargo de personal de telefónica, telégrafos ni correos, sino de una familia particular, mediante un contrato en régimen familiar, a veces propietarios también de una tienda mixta


Modelo antiguo de teléfono de pared y guía telefónica. Los primeros teléfonos llegaron a Grandas gracias a los emigrantes de la Sociedad de Hijos de Grandas de Salime en Cuba


Un teléfono de manivela, que generaba su propia corriente eléctrica. Al girarla accionaba un generador, el magneto, que enviaba una señal a la centralita para que el operador realizara la conexión manual


La evolución de los teléfonos: teléfono portátil, cajas que guardan teléfonos de campaña, teléfono fijo con teclado y visor...


Llegamos al teléfono móvil, con dos modelos que son ya verdadero material etnográfico


Cámara de Video 8 AF de Sony. En la zona más occidental de Asturias emitieron las televisiones locales de Tele Occidente y Localia Navia


Pero antes de la televisión llegó la radio. Hemos visto ya algunas radios antiguas en otros lugares del Museo, como la Cantina, y aquí tenemos alguna más


La incorporación de gran número de trabajadores a las obras del embalse permitió la aparición de toda clase de innovaciones en diferentes campos, entre ellos también el de las comunicaciones, incluyendo sus apartados de información y entretenimiento, ofrecidos por la radio


Parece una antigua emisora de radio, pero mejor que nos diga el guía lo que realmente es



Y ahora sí, ahora ya subimos escaleras arriba hacia la planta alta de A Casoa


En la pared, diversas litografías muy interesantes, como la de este llagar de viga


Un batán, o eso nos parece


Y diversos ingenios más...


Espacio pues también para el arte vinculado a la etnografía


Cuadro de inspiración impresionista del trabajo en un forno


Nada más llegar arriba tenemos parte de la sección de caza, que veremos en dos bloques pues un cordel cierra el paso por esta parte, viendo la otra zona luego de dar toda la vuelta a esta planta. A la derecha tenemos el chuzo, arma tipo lanza empleada para defensa contra alimañas pero también contra bandidos y en la guerra


Pasó a ser utilizada simbólicamente en algunas ceremonias y a partir del siglo XIX su uso cotidiano quedó restringido a los serenos hasta su extinción total acabando el siglo XX Cuando algunas ciudades los reinstauraron empezando el siglo XXI ya no llevaban chuzos


 Un Cuento de chuzos es el que firma Pepe El Ferreiro en su blog el 19-1-2010:

"(Atendiendo a la petición que Roberto me hizo a través de un comentario suyo en la crónica “A brosa”, paso a relatar la siguiente)

Resulta que el que solicita describa los chuzos, es descendiente directo y lógicamente voy a complacerle porque era él muy niño cuando conseguí esas primeras armas. Baste decir que hace tantos años que ni siquiera había Museo en Grandas de Salime, y es posible que él jugara con esos pilum. Cuando visité Navia de Suarna por primera vez –de eso hace unos treinta y cinco años- me presentó Benito Caramés, a un amigo que tenía en dicha villa. El patronímico era Calvo, creo que por su apellido. Este industrial de la madera había descubierto que cargar su carroceta con muebles antiguos era más rentable y, con menos esfuerzo, que cortar árboles en el monte. Así que dejó esta tarea a los obreros y él se dedicó al lucrativo negocio de anticuario. Camiones cargados de todo tipo de antiguallas partían de ese hermoso pueblo, anejo a los Ancares, con destino a Italia, Francia y otros puntos de nuestro país. Calvo, vendía también al por menor; pero debía de tenerse cierto cuidado con sus mañas de pícaro comerciante, pues te podía vender una pistola o un arcabuz como antiguo y ser una réplica actual; sometida al envejecimiento, colocándola entre la sal y más tarde en la tierra. Pero sí era cierto que tenía de todo y todo era vendible para él. Si te dejabas engatusar te saldaba la Tizona del Cid, por poco dinero. Les digo que conmigo lo intentó, y la toledana espada era cierto que portaba ese nombre grabado en la hoja; lo malo es que el cromado estaba impecable. Al margen de esta anécdota, fue allí donde adquirí los tres chuzos. Claro que para esto me interesé por una figura ecuestre, de calamina, del caballero andante, Don Quijote, y una pieza de cerámica, para restar importancia a lo que en realidad deseaba adquirir. Aún así, en el remaqueo por tales menudencias le dije que había que incluir aquellas “lanzas de ferreiro” que había en el rincón. Accedió, pero para ello hube de aportar otras 1500 pesetas de entonces, que junto a lo anterior eran casi mil duros. Recuerdo con cierta agudeza a este personaje; ya fallecido el hombre en un accidente de tráfico. Fue chuzón, pero él no hacia las tizonas. 
Los chuzos consisten en armas en forma de pincho o de bayoneta, que son ofensivas o defensivas. Eran utilizadas también para la caza. Son de acero y tienen un alojamiento para un largo mango de madera, que le da forma de lanza. Es de suponer que fue una de las primeras armas, aunque en otro tiempo, fueran de piedra y después de bronce. Los pilún o jabalinas romanas siguen apareciendo en los yacimientos arqueológicos. Si quieren ver algunos visiten el Chao de Samartín, en el pueblo de Castro. 
Los chuzos de los serenos recuerdo que los vi en Madrid en el año 1965. Por cierto, el sereno era de Cangas; recorría la calle San Marcos, y fue también el primer sereno que conocí. 
La pica o lanza, la usaban los soldados de infantería y hay un dicho popular que siempre llamó mi atención:”poner una pica en Flandes”; que no sirve para nada, clavándola en la tierra sobre su ofensiva punta. Algo como lo que quiso hacer el de Greenpeace en Copenhague, sin darse cuenta que Flandes quedaba más abajo, y que a los que contaminan no les tose nadie. Donde sí hay unas enhiestas lanzas es en el cuadro de Velázquez. Pero lo de Breda, se queda en eso: “pintar como querer”, porque magnánimos no creo que fueran los españoles. Otro lugar donde, al parecer, se clavaban erectos los chuzos, era en un cepo colocado estratégicamente a la entrada de las iglesias o templos. Tampoco me parece que fuera con el fin de que los fieles se mostrasen inermes ante el clérigo; no, más bien serían por si había cierto disentimiento con él o los oficiantes. 
Las armas las carga el diablo: ¡Coloquen, coloquen de sobremango (quien la empuñe) a un botarate! Claro que hay otras armas más ofensivas: ¡Sitúe a alguien detrás de un facistol, un micrófono, déjenle redactar un periódico o manejar una redacción de TV y verá! (Los del otro atril, son esos que en campaña prometen y dicen gobernar). 
Sigamos con el tema del chuzo; porque chuzón no es un chuzo grande, sino el astuto, ladino o taimado, que suele ser más peligroso. Así que miremos hacia el pasado. 
Perdida en la noche de los tiempos la historia de guerras entre humanos, llegamos a la conclusión de que los que fomentan la destrucción o aniquilación de las capas más desprotegida, son individuos que incitan a ese ingenuo grupo. Es tal su evolución en conseguir la manera perfecta de matar, que el chuzo inventado para cazar, lo convirtieron los inductores a la guerra, en un arrojadizo venablo. Fue tan efectivo, lanzándolo los combatientes al unísono, que las hordas atacantes llegaron a crear la frase: “caen chuzos de punta”. Claro esto lo dijeron los que quedaban entre los espacios donde no cayeron chuzos. Los demás que ganas les iba a quedar de decir frases célebres. Miren Ustedes como sería, que los romanos, que fueron unos estrategas muy inteligentes, para evitar las tormentas de chuzos”, inventaron la táctica de poner los escudos de paraguas, -cuando aún no existían los paraguas- y le llamaron “escudo”, o la “tortuga”; porque debajo se “atechaba” la centuria. Aquel caparazón de cuero o metal, guarecía hasta una legión. ¡Claro! ¡Cada romano llevaba un escudo! Bueno, el caso es que nadie sabe muy bien porque cuando llueve mucho, o diluvia, se dice “llueve a chuzos” Para mí que la nueva frase data de cuando se consiguieron esas perfectas formas de despanzurrar a la gente; los ejércitos se volvieron blandengues, y a las gotas de agua les dieron en llamar chuzos. Son además, tan refinados, los que promueven las guerras, y con tan sofisticados medios, que desde un sofá y mediante un teléfono “rojo”, pueden activar armas, que algunos llaman de destrucción más IVA. Debe ser el impuesto de reconstrucción, incluido en el misil. 
Tampoco debe extenderse uno tanto con el origen de esas frases, porque al fin y al cabo, los chuzos eran para cazar ¡Y vaya cataplines que había que poner, para esperar con la jabalina, apoyada en el suelo, a que se ensartara en ella la jabalina, o su compañero el jabalí! 
Este cuento se lo pude haber contado a Roberto cuando era pequeño; pero cuando es uno joven estos detalles pasan inadvertidos. Pero también pudo ser que careciera de importancia para él. De niño no hay tiempo para nada. Lo malo es que sólo se da uno cuenta desde que se envejece".

Esta parte está casi toda dedicada a las ratoneras y demás trampas contra roedores, aunque también veremos alguna de piezas mayores


Los ratones acechaban permanentemente las despensas de comida, de ahí que hórreos, paneras y cabazos, los grandes graneros, se hicieran elevados sobre el suelo, pero también entraban en las casas, en las cocinas, cuartos, en las cuadras y en los molinos, donde ya vimos alguno de estos mecanismos, llamados rateiras 'ratoneras'


Esta rateira es de madera de castaño y fabricación artesanal, cuya forma recuerda a la guillotina. Es un pequeño armazón de madera que permitía sujetar en lo alto un contrapeso. Cuando el ratón entraba atraído por el cebo movía el disparador, se soltaba el mazo de madera, siendo aplastado


La batalla para defender los alimentos era continua en las casas en las que los suelos de tabla irregular y puertas desajustadas hacían fácil la entrada de roedores. En ocasiones había verdaderas plagas, podían atacar dolorosamente si se sentían atrapados y transmitían enfermedades


Antes de la llegada de las ratoneras de fabricación industrial, que se vendían en las tiendas mixtas, en cada casa se valían como podían haciendo dispositivos ellos mismos. Había gente verdaderamente mañosa haciéndolos, a los que muchas veces se recurría



Esto ya serían trampas más grandes, tipo cepos en los que el animal metía la pata y quedaba atrapado, empleado para osos, lobos y zorros principalmente. En la actualidad están prohibidas:
"Las capturas se abordaban también con trampas de mayor envergadura, algunas de ellas con una entidad constructiva importante, caso del couso y del pesugo. El couso es una trampa para lobos que consiste, en su modalidad más común, en un amplio hoyo cercado por un ancho muro de mampostería de entre dos y tres metros de altura, rematado con losas dispuestas formando un voladizo interior.  Dentro del recinto se colocaba una presa para atraer al animal, que una vez había accedido no podía salir.  Los pesugos se usaban sólo para cazar osos y consistían, según describe Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Histórico (1845-1850) al referirse a uno localizado en Armenande (Ayande) “en una larga viga apoyada en una colmena y cubierta con un ramaje espeso, que forma una especie de caseta con solo una entrada, y por donde el oso descubre la colmena: este entra ansioso a apoderarse de aquella, y tan luego como la abraza y hace el esfuerzo natural para separarla de su sitio, se desploman la viga y caseta, quedando el oso a merced del cazador”.

Rateiras de alambre, ya de fabricación industrial, donde los ratones entraban al cebo, se posaban sobre la chapa, caían adentro, la chapa se cerraba y ya no podían salir


Rateira de agujeros y otro ingenio en el que el animal quedaba atrapado dentro. Por su tamaño ya sería para ratas o similares


Trampas de volteo, que se colocaba en el suelo sobre un agujero hecho a propósito: lo pisaba el animal, caía en el pozo y no podía salir


Se nota que estamos pasando a las trampas para animales tipo perdices, las trapelas


Algunos artilugios son sencillos y elementales pero tremendamente prácticos, como esta estructura de madera con un pedazo de mazorca de maíz. Cuando la perdiz la picotea todo se viene a bajo y cae sobre el ave esta lousa de pizarra, lo suficientemente pesada y grande como para atraparla



Esta actividad cinegética, si bien protegía sembrados, ya se empleaba para conseguir recursos con los que complementar la dieta campesina, especialmente pobre en las frecuentes hambrunas


La actividad cinegética se basaba casi toda en la colocación de este tipo de trampas en los lugares de paso de los animales, pero todo cambió con la generalización del uso de armas de fuego. Aquí tenemos por ejemplo un cuerno de caza para la pólvora y algunos estuches y latas



Cartuchos de escopeta


Máquinas para cargar los cartuchos y diversos enseres relacionados con esta operación


Bolsas de pólvora, estuches de utensilios


Exposición de moldes, enseres y materiales para fabricar postas y balas de los siglos XIX y XX


Era imprescindible tener una gran pericia que evitase deformidades en las piezas y con ello accidentes


La extensión de la venta de munición ya hecha y su reglamentación fueron poniendo fin a la fabricación artesanal de piezas y elementos. No olvidemos que la tenencia de armas de fuego fue aplicando una legislación especial cada vez más estricta desde la misma fábrica. A diferencia de armas blancas de caza o trampas no podía fabricarlas cualquier particular


Desde esta sección cinegética vamos a movernos pasillo adelante a otros espacios expositivos de esta planta alta de A Casoa


Al fondo se ven unos pupitres, indudablemente hemos llegado a la Escuela


Las escuelas fueron otra gran novedad que en el concejo de Grandas de Salime llegó avanzando el siglo XX, antes se daban clases en casas particulares o en los pórticos de las iglesias. Compartimos otro extracto de la entrada de blog Ferias de maestros del 18-8-2010 que firma Pepe El Ferreiro:

"Hace ya más de medio siglo había por costumbre en algunos pueblos o villas acudir a sus ferias o mercados, porque allí se reunían los maestros que se dedicaban a dar clase a los niños en las aldeas sin escuela. Éstos eran contratados según su valía o conocimientos, que tenían reconocidos por fama o por su larga experiencia. Lógicamente, aquellos más preparados cobraban más y no podían ser convenidos sus honorarios por aquellas aldeas que no reunían la suficiente pecunia para mejorar la calidad de la enseñanza, de aquella caterva que en el invierno acudía a la escuela, puesto que el resto del año ayudaba a las faenas agrícolas. 
Eran estos maestros personas instruidas y con un gran saber popular, gracias a las cuales se enseñaba a leer, escribir, las cuatro reglas, historia, etcétera. Estaban también aquellos maestros que fueran represaliados después de la Guerra Civil y daban clases, incluso, durante todo el año, de forma un tanto anónima y consentida. 
Fue una lástima que hayan desaparecido, tanto unos como otros; así como las escuelas que tanto costó construir, y aquellas del franquismo que provocaron el éxodo del los pueblos y el empobrecimiento cultural de los que en el campo se quedaron. Claro que un pueblo necio e inculto es más manejable. Pero esto no es todo, si comparamos aquellas «oposiciones» de la feria con el momento actual, que no opta a los mejores para cubrir la plaza de un museo cualquiera, en el que el saber popular es imprescindible. 
Claro que ni yo sé casi nada y además soy un modesto diletante en materia de etnografía; el entusiasmo, a veces, me desbordaba". 

En este espacio se ve la evolución de la escuela a lo largo de buena parte de esa centuria. Aquí tenemos estos pupitres de madera que llegaron, al menos, hasta la década de 1970. Al fondo, dos antiguos mapas de España y de Europa y, a la derecha, un triciclo


Junto con el material escolar veremos algunos juguetes de niñas y niños de antaño. Los más pudientes podían comprarlos pero muchos se hacían en casa, siempre había también en esto gente más o menos mañosa


La vieja estufa, que calentaba la gélida aula


El aula: esta sería en parte una escuela de la posguerra civil hasta los años 1970, la Escuela Nacional que conoció Pepe El Ferreiro y de la que escribe en Los entuertos vistos por un ferreiro, entrada de blog del 12-3-2015:

"Cuando hace casi 67 años comencé la Escuela Nacional, no podía pensar que alguna vez  iba a dejar escrito una parte de aquella experiencia educativa. No voy a exponer aquí aquellos momentos tan lejanos, pero sí dejar constancia de uno de ellos, ocurrido hace poco, que guarda relación con mi época estudiantil. 
En el año 1952 pasamos a la escuela “de arriba”, o de D. Fernando Iglesias, maestro que nos daba a leer Don Quijote de la Mancha. Tenía esta novela de Cervantes aproximadamente la mitad de páginas de la edición del Quijote que manejo en la actualidad. Era, lisa y llanamente, una versión del personaje y nada más. Las dudas que pudieran surgir en la lectura, por lo del lenguaje en castellano antiguo, no eran resueltas con esta larga explicación que ahora nos aportan diversos personajes. Tenías que estar atento a la lectura que de él hacía tu compañero porque si en maestro mandaba pasar el libro, debías seguir leyendo en el mismo lugar que se había dejado. Pero no es de estos nimios detalles de lo que quería hablar. 
El Don Quijote, de D. Miguel de Cervantes, en una edición de D. Francisco Rico, cuenta con la colaboración de D. Joaquín Forradellas, y el estudio preliminar de D. Fernando Lázaro  Carreter y prologado por Jean Ganavaggio, Sylvia Roubaud y Antonio Close. Es de Editorial Crítica, de Barcelona. No especifica el año de edición, pero me imagino debe ser poco después del año 2000. Se dan estos datos por una sencilla razón: desde éstas anotaciones, en la tercera página, al comienzo de la obra, y teniendo en cuenta que el resumen cronológico de la vida de D. Miguel ocupa 6 páginas, son unas 68 las ocupadas por esta otra. 
Si tenemos en cuenta que las aclaraciones que al pie de página aparecen durante toda la obra (puedo decir, sin temor a equivocarme, que de las 1094 que consta casi el 30%) no son nada más que dedicadas a la aclaración de frases y diálogos hechas por estas personas citadas anteriormente, 330 páginas solo son el lucimiento personal de estos señores/as. 
No digo que no esté bien y sean oportunas las aclaraciones, sino que no debieran aparecer en ésta obra por innecesarias. Superfluas, podemos decir, porque considero que en la lectura cada individuo debe buscar el significado por su cuenta, y en el lugar que considere oportuno. 
Dije mal cuando anoté que no hay fecha de edición. Es del año 2001. El error de data no es grande, es mayor el de haber obviado estos datos, que como cualquiera puede esperar, están a nombre de los citados. 
Haxa salú"

Y también en E ua a, Sr. Maestro del 28-3-2014:

"En un rincón del occidente de Asturias, no importa cual que por su forma de hablar se identifica, ocurrió hace años un hecho lamentable: el sufrimiento de un niño que debía asistir a las clases que impartía un docente castellano-parlante, leso filólogo o teniente de oído. 
Aquel atribulado niño, traspasaba el umbral de la puerta de la escuela preso del más aterrador pánico. Sus vísceras daban la impresión de ahogarlo. En su cabeza aún estaba presente el dolor sordo que los nudillos del maestro, en el arte de hacer daño, le habían inferido el día anterior. 
El probe Manolín creía que era normal. Él no sabía nada de coeficientes intelectuales, pero tampoco se consideraba más torpe que cualquiera de sus compañeros. Por lo tanto, no entendía como era el centro de las iras de aquel hombre, que le llamaba pícaro cuando contestaba correctamente a sus preguntas. 
¿Era acaso, aquel representante de la “Cultura” oficial, un sádico que la había tomado con él?. 
Sí, era cierto que se había vuelto taciturno y, a veces, se negaba a contestar. Pero, ¿no era preferible y sensato permanecer callado, que exponerse a recibir un coscorrón? Contestar suponía, cuando menos, oír unos improperios que lo vejaban ante toda la clase. ¡Qué horrible padecimiento era tragarse aquellas lágrimas, y sentir aquel nudo en la garganta que sólo cedía cuando rompía a llorar, en la soledad que le brindaba aquel prado donde pastaban sus vacas!. ¡Cuánto agravio! ¡Qué humillación ir a la escuela!. 
No podía decir nada  a sus padres. Ellos creerían que intentaba eludir la asistencia a clase. Además, ¿cómo explicárselo, si sus progenitores hablaban igual que él, y si se expresaban en castellano, lo hacían mal? 
¡Probe Manolín!. ¿Malditas vocales!, ¡Si eran cinco... cinco nada más, y él se las sabía todas!. 
¿Por qué le llamaba taimado aquel maestro, cuando le preguntaba que letra era aquélla? Si la “a” era “a”, -¡Pero si é ua “a”, Sr. Maestro! ¿Non ve que “é ua a”?, -pensaba Manolín, para sus adentros, en el gallego de la Asturias Occidental. 
¡Ah!, si Manolín se diera cuenta que aquel docente, en su prístina ignorancia, desconocía que na nosa fala se excluía la “s” del verbo y aquella “n” intervocálica del adjetivo. 
¡Ay!, ¡Si lo supieras Manolín!, esa sí que iba a ser “ua” boa causa pa rirse do mestre, que te faía  chorar, porque tú, no sabías decirle en castellano: es una “a”, y por lo tanto él, en su obcecación, creía que tú le nombrabas, cada vez, cuatro vocales para acertar una. 
Haxa salú y maestros observadores (por lo menos)".

Fue en buena parte la escuela que conoció también el que esto suscribe. Es cierto que unos treinta años después de Pepe, pero algunas cosas como estos pupitres, si bien ya obsoletos en los años 1970, me tocaron en algún curso, y no de los primeros, ya hacia 1977 a 1980. Los mapas de pared sí eran idénticos a estos


Ya había mesas y sillas individuales pero por alguna razón en algún curso se reaprovechó material antiguo. Como ya éramos algo mayores y habíamos conocido las anteriores resultaron un tanto incómodas en comparación, por su inclinación, por su dureza en el pompis y porque estábamos demasiado pegados uno a otro al ser ya algo grandes, pero era lo que tocaba


El mapa de la Europa anterior a la caída del Muro de Berlín. Algunos países ya no existen y han aparecido otros nuevos


El mapa de la España anterior a la Constitución de 1978 con el irresoluble 'problema' de la colocación de las Islas Canarias, que hizo pensar a generaciones enteras que estaban al sur de Baleares, por mucho que se explicase


Y este es un cartel de las Primeras Jornadas de Cultura Popular difundida a través de la Escuela, que se celebraron en Grandas de Salime los días 6, 7 y 8 de mayo de 2005


Recorriendo estos pasillos siempre entra a muchos algo de pánico rememorando momentos en los que el maestro te mandaba ir al 'encerado' o pizarra o a entregarle algún trabajo, examen, etc. También a recibir algún castigo físico


Las ventanas, amplias, para que entrase buena luz


El encerado es del tipo antiguo, no de pizarra sino de madera pintada de negro. Crucifijo, bandera, cuadro del Caudillo, cuadro de Isaac Newton bola del mundo y demás enseres


Armario con exposición de material escolar


La bola del mundo, botella de tinta, bombo de números para algún juego y demás objetos relacionados con la docencia


Cuadernillos y libretas


Recipientes de tinta, plumas, cuadernos escolares


Pizarrines y su descripción en una de las fichas del Museo...



En este pizarrín podemos leer:

"Inaugurose esta Escuela en el año 1994 y fue trasladada a este local el 19 de marzo de 2.005"


La famosa caja de formas geométricas de madera


Cilindro, cubo, esfera, semiesfera, pirámide, prismas, etc., etc. etc. 


Otra bola del mundo y círculo de meses y estaciones. Al fondo un dibujo de Miguel de Cervantes Saavedra


Balanza de pesas y medidas


Maletín de material didáctico para uso en la escuela


Libros de texto y Enciclopedia Álvarez. Durante años fueron de uso compartido


Y así nos acercamos ya a la mesa del maestro, reviviendo en nuestra memoria momentos de la infancia y vida escolar


Mesa y material del trabajo del maestro, entre él la temida regla de madera


Enciclopedias, sellos...


Otro pizarrín


Seguimos nuestro deambular por la Escuela, ahora nos acercamos a un gran armario con numerosos libros expuestos


Cuadro de la Inmaculada Concepción en la pared


Un Mapamundi


Sirenas para anunciar entrada y salida de las clases...


Fotos de maestros y alumnado, junto a otro globo terráqueo


Fotografía de 1935 de la clase de Doña Aurora, según leemos en el marco


Mucha atención a este cuadro


Completo compendio de básculas, patrones, pesas y medidas, muy gráfico 


Libros de Literatura, Ciencias, Geografía y otras materias


Cuadernos de dibujo y  caligrafía, silabarios...


Gráfico dedicado a El Alcoholismo y sus efectos desastrosos


Mapa físico de Asia


Historia de España, Historia Universal


Enciclopedias escolares


Nueva Enciclopedia Escolar, Inglés, Lecturas, Aritmética


Geografía e Historia


Título de Maestro de Primera Enseñanza


Más libros de todo tipo de materias


Nuevas enciclopedias escolares


Amplia gama de títulos y especialidades. Recordemos que en las escuelas rurales los alumnos de diferentes cursos compartían el mismo aula y, según el método de estudios imperantes, los mayores ayudaban a los más pequeños


A partir de las concentraciones escolares muchas escuelas rurales desaparecieron, otras aguantaron más, hasta nuestros días, como colegios rurales agrupados, para los primeros cursos y preescolar


No todo es estudiar, también hay que jugar, he aquí una carrilana, juguete de fabricación casera artesanal. Básicamente imitaba a un automóvil con una plataforma de madera en la que se ponían cuatro ruedas con sus ejes, volante que dirigía el rumbo gracias a una cadena que lo unía con las ruedas delanteras. La única propulsión la daba el terreno, en bajada, organizándose competiciones que aún se anuncian en algunas fiestas


Así se ve el aula desde aquí con todos los pupitres y demás espacios expositivos existentes dentro de la Escuela


Certificado de Estudios Primarios


Mapa de Oceanía


Maleta de escolín o escolina años 1970, ya de fabricación industrial y comprada en alguna tienda


Volvemos a la puerta por la que hemos entrado a la Escuela y seguimos de frente


Perchero antiguo donde los escolinos dejaban las prendas y capirotes contra el frío y la lluvia


Las madreñas, de los alumnos y los maestros, se dejaban aquí también, a la puerta


Había prendas confeccionadas pero otras eran mantas y sacos


Dando la vuelta a toda la escuela, volvemos hacia la estufa para ver otra sección didácticas. En parte dedicada a las Ciencias pero también con elementos de otras materias algunos juegos y juguetes


Los grandes gráficos tipo póster dedicados al cuerpo humano: Anatomía 


Vamos a ver esta vitrina: arriba a la derecha el Nuevo Catón, libro de Gramática básica para comenzar en la escritura y la lectura


Ejercicios de redacción, dictado, ortografía, caligrafía, dibujo de mapas...


Un microscopio y un manual para su uso en la escuela. Al lado un secador de tinta hecho de madera, estilo balancín


Carpetas de deapositivas Estudio de lenguajes visuales y material de dibujo técnico


Sello, tinteros, más material de plástica y dibujo y un proyector


Un proyector de diapositivas Enosa 300 de los años 1960


Compás y material de dibujo técnico


Plumas, tinta, sello...



Más gráficos de anatomía del cuerpo humano y otras dos vitrinas


En esta hay recortables, juegos, máquina de escribir portátil, juegos, maletines


Recortables de vestidos


Máquina de escribir portátil y diversos juegos y juguetes


Peonzas, gomeros, tirachinas, un teléfono de caxirolos 'latas' hecho con hojalata, cuerda y vejiga de cerdo. Con las mazorcas se hacían todo tipo de juegos y juguetes. La peonza y el burrito pudieron ser de los primeros juguetes comprados que llegaron a las casas más populares


Una trompeta o turullo hecha de corteza o similar. Sin duda hemos de requerir la ayuda del guía del Museo para discernir qué es cada cosa


Tal vez este sea el maletín de la máquina de escribir portátil que vimos encima


Bolas de acero, pistola, plancha y sartén de juguete. A la derecha una funda de lo que parecen unos anteojos y más allá un puzzle de madera llamado Cruz del Diablo


Al lado, otro puzzle de madera es la Cruz del Maestro


Una especie de manual de instrucciones referentes a formas a conseguir armar con esta estructura


Estamos ya ante juegos y juguetes comprados en tiendas, como este coche de plástico que nos recuerda al R-8. Un poco más allá otra plancha de juguete


Y un tren de hojalata. Este trineo de madera en miniatura tiene pinta de ser artesanal, posiblemente para jugar con muñecas y muñecos


Carteles de películas, folletos, monedas bonos y tan abundante y variado material que requerimos sin duda nos ayude el guía


Libro de geografía mundial Países y mares y Diccionario de la Lengua Española, entre otras cosas...


Hemos hablado de Pesos y medidas y ahora vamos a ver toda una sala así denominada por estar enteramente dedicada a esta materia


Balanzas de diferentes tipos y jarras con diversas medidas de capacidad


Medidas oficiales contraladas y legisladas. Hasta el siglo XIX los pesos y medidas eran diferentes en cada rincón del mundo y, en el caso de Asturias, en cada concejo o partido judicial


A mediados del siglo XIX y como en toda España se impone por ley el sistema métrico decimal en todo el estado, buscando aunar las unidades de peso y medida en el Estado. La ley estipulaba el material a emplear y su manejo


Se consiguió unificar con carácter general las transacciones comerciales aunque las medidas antiguas siguieron perviviendo mucho tiempo, incluso aparecen en censos y otros documentos oficiales durante años


Pero el sistema métrico se generalizó del todo paulatinamente, aunque en el medio rural siguen usándose pesos y medidas hasta nuestros días en diferentes trasaciones


El material de peso y medida había de pasar las oportunas inspecciones y existían multas pertinentes si era manipulado


Otra vitrina con más jarras y medidas de capacidad, además de monedas acuñadas


Jarras de Decalitro y Medio Decalitro


Medidas de capacidad del Sistema Métrico Decimal S.C.P.


Especial relevancia en las monedas. Se daba el caso en el que el metal del que estaban hechas, algunas de oro y, sobre todo, plata, llegaba a subir el valor del material del metal del que estaban hechas más que la cantidad marcada en la moneda, lo que llevaba a que fuesen fundidas


Estos juegos de pesas estuvieron utilizándose en muchos sitios, como las tiendas mixtas por ejemplo, al vender material a granel, desde alimentación a clavos, por ejemplo, hasta la irrupción de las básculas y balanzas digitales


Aquí tenemos un cartel, igual que el que vimos en la Escuela, que sirvió para familiarizar a la gente con el Sistema Métrico Decimal, en cuya elaboración, por cierto, participó un asturiano, Agustín de Pedrayes, leemos en Wikipedia:
"Por invitación del gobierno francés (1798) fue nombrado, juntamente con Gabriel Ciscar, representante de España para que concurriera con los sabios designados por Francia para fijar el fundamento de un nuevo sistema de pesas y medidas sencillo, claro y preciso, que pudiera sustituir ventajosamente a los usados en las diferentes naciones y regiones. Posiblemente fue el primer congreso internacional de la historia. A propuesta de Pedrayes, se adoptó el círculo repetidor de Jean-Charles de Borda para la medición del arco de meridiano que va de Dunquerque a Barcelona, y que había de servir de base para la división del cuadrante de la circunferencia terrestre en diez millones de partes: una de éstas sería el metro, que en griego quiere decir "medida", esto es, "la diez millonésima parte de la distancia desde el ecuador hasta el polo Norte a lo largo de un gran círculo". 
Durante los dos años que estuvo en París ocupado en la tarea, pudo dedicar algún tiempo para la publicación de un Tratado de Matemáticas que le atribuye Marcelino Menéndez y Pelayo en su La ciencia española (1887) y del que, sin embargo, no se ha podido encontrar ningún ejemplar en las bibliotecas de España, Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. En esos dos años en París, el matemático asturiano se ganó el respeto de los científicos europeos más importantes de la época, siendo mucho más valorado que en España, de modo que en las actas de la Academia de Ciencias de París se le calificó de sabio.También ideó un comparador, de cuya realización encargó al hábil constructor de aparatos de precisión Étienne Lenoir, y que reunía señaladas ventajas sobre el empleado en París por la Comisión de Pesas y Medidas. Este comparador fue presentado al rey Carlos IV, que deseaba verlo, según Real Orden de 21 de enero de 1801.[9] 
En España, el Sistema Métrico Decimal, en el que participó Agustín de Pedrayes, junto con Gabriel Ciscar, se implantó en el sistema educativo con la ley de 19 de julio de 1849, que concedía gran importancia en el uso de las nuevas medidas, y que incluía una Tabla de correspondencia recíproca entre las pesas y medidas métricas, mandadas emplear en España por la ley de 19 de julio de 1849, y las que actualmente están en uso, según resulta de los trabajos ejecutados en los años de 1798 a 1800 por D. Gabriel Ciscar y D. Agustín Pedrayes,… (...) 
El 26 de febrero de 1925 la ciudad de Oviedo en reconocimiento a su figura bautizó una calle en su honor bajo la denominación «Matemático Pedrayes».

Cubos de capacidad, en el suelo


En esta sala se exponen balanzas, básculas, romanas, básculas dinamométricas, pesas y recipientes de diversas medidas


En 1852, las medidas en uso en el partido de Grandas de Salime eran así, según informa el Museo:
"-Longitud: vara (0,85m), cuarta (0,21m) y pulgada (0,02m)

- Capacidad para áridos: la fanega (48 kg), el ferrado (12 kg) y el tego (6 kg)

-Capacidad para líquidos: la cañada (4,56l), el cuartillo (0,57l) y el cuarterón (0,14l)

-Medidas de peso: el quintal (57,5 kg), la arroba (14,3 kg), la libra (0,57 kg) y la onza (0,028 kg)

-Medidas agrarias y superficie: la fanega de tierra (7,86 áreas), la vara cuadrada (0,73 m) y la cuarta cuadrada (0,46 m)".

Romanas, balanza empleada desde tiempos muy antiguos, pues su nombre evoca que su forma definitiva se asentó con la romanización, al estar su origen en la Roma Antigua


A lo largo de los siglos el sistema evolucionó, si bien se siguió empleando tanto en su manera más sencilla y arcaica como en su forma más elaborada. Su descripción la compartimos de Wikipedia:
"La balanza romana (del latín statera romāna, estatera) es un instrumento que sirve para pesar, compuesto por una palanca de brazos muy desiguales, con el fiel sobre el punto de apoyo. El cuerpo que se ha de pesar se coloca en el extremo del brazo menor, y se equilibra con un pilón o peso constante que se hace correr sobre el brazo mayor, donde se halla retrasada la escala.

Características 
La exactitud y precisión de la romana depende de la calidad de los materiales con que ha sido fabricada y del calibrado de la barra y el pilón. Se han llegado a realizar romanas de acero inoxidable, de gran resistencia al uso en el tiempo y con capacidad para pesar gramos con total fiabilidad. El principio de su funcionamiento está basado en las propiedades de las palancas, donde el peso del cuerpo a pesar se contrarresta con el contrapeso del pilón que puede deslizarse a lo largo de una regla graduada. 
Aunque existen diversos modelos de romanas, todas tienen un brazo en forma de regla graduada larga, donde se lee el peso, y otro más corto, del que se suspende el cuerpo a pesar, bien sea colocándolo en un plato o colgándolo de un gancho. 
Para equilibrar la romana, hay que mover el pilón a lo largo de la regla graduada. Cuando la romana está equilibrada, la barra graduada está totalmente horizontal y el punto de la regla en que está situado el pilón permite leer el peso de la mercancía. 
Desde mediados del siglo XX, las romanas fueron quedando obsoletas y están siendo sustituidas por balanzas de muelles y, más adelante, electrónicas de lectura directa, mucho más exactas y precisas. Su uso actual queda limitado a zonas rurales poco desarrolladas. 
Las pesadas con la romana, así como con la balanza clásica, no dependen de la intensidad gravitatoria en el lugar, ya que su fundamento es compensar los momentos creados por el cuerpo a pesar y el momento antagonista que hace el pilón. Con una báscula electrónica, o con un dinamómetro, el peso sería diferente en función de la intensidad del campo gravitatorio. 
Por ejemplo, si se coloca 1 kg de tomates en el gancho de la romana, el pilón de la romana no variará su posición, bien sea en el valle o en el altiplano; si utilizásemos una báscula electrónica, la medida en el valle sería mayor que en el altiplano.

Es decir, la balanza y la romana comparan masas y la báscula mide fuerzas".


Llegó a mantenerse su uso bastante tiempo después de llegadas las básculas mecánicas, sobre todo en el ámbito rural y en ferias, mercados y algunos comercios, si bien cada vez más minoritariamente. Su uso práctico, fuera de exhibiciones y recreaciones, puede decirse que desapareció con las básculas electrónicas, más rápidas y precisas y a las que se da mayor fiabilidad


Los términos báscula y balanza suelen entremezclarse a nivel popular. Aquí, las de las derecha las vemos denominadas como báscula portátil, balanza de mano, gancho pesador, balanza de bolsillo, balanza de muelle, báscula dinamométrica, etc. Son muy prácticas en los mercados y también tienen su versión digital. Arriba a la izquierda balanza de hierro de dos platos


Con sus formas y modelos siguió empleándose bastante tiempo en muchos comercios. Quien esto escribe la utilizó mucho en la ferretería de su padre para pesar clavos a granel, y estuvo allí en servicio hasta principios de la década de 1990, cuando ya se desechó en favor la venta en blíster (o por cajas)


Gran balanza de pesos grandes y báscula de sacos. Esta segunda aún podía verse en uso en algunos lugares muy a principios del siglo XXI, puede decirse que ha sido 'desterrada' con la generalización de los modelos digitalizados


Dos modelos de pesos, este de argolla


Y este de agarradera, ambos de 20 kilos


Arriba, colgando del techo, hay una cadena de Gunter, empleada para medir fincas, también llamada decámetro de agrimensor, invención del matemático inglés Edmund Gunter


Se extiende por buena parte de dos de las paredes de esta sala y, aunque fue muy empleada en los países de habla anglosajona, fundamental entre otras cosas para los primeros asentamientos ingleses en Norteamérica (actuales Canadá y Estados Unidos), se empleó también en otros países, entre ellos España


Esta cadena de Gunter o de agrimensor sería pues la versión española de la misa, por lo que vamos a compartir la descripción que nos da la ficha de CERES (Colecciones en Red). En el Museo podrán corroborar si coincide o no con las características de esta:
"Cadena de agrimensor, también llamada cadena de Gunter. 
La cadena de agrimensor es un instrumento que se utiliza como unidad de longitud para medir terrenos y distancias agrarias. 
Es una cadena metálica articulada, lo que facilita su transporte y manejo. Se compone de varias unidades (barritas metálicas) de la misma longitud unidas entre sí por los extremos mediante dos anillas o eslabones, y cada extremo termina en un asa o manija también metálica. De un eslabón cuelga un clavo para fijar la cadena al terreno y facilitar la medición, que coincide con el punto que marca el centro de la cadena. No posee marcadores a intervalos regulares, como en otros ejemplares de cadenas de agrimensor. 
Esta pieza en concreto es una media cadena de Gunter, de 10 metros de longitud total, la mitad del original. La cadena original, llamada cadena de Gunter en honor de su inventor, tenía una longitud total de 66 pies (20,11 metros) y estaba compuesta por 100 eslabones de 7,2 pulgadas cada uno. 
Cada varilla o eslabón mide 20 cm (referencia tomada desde la mitad de la anilla hasta la mitad de la siguiente anilla, a ambos lados de la varilla), así que cada 5 eslabones hacen un metro (unidad fundamental del sistema métrico) y este punto se suele señalizar mediante una chapa metálica dentada. Para medir con exactitud hay que estirar la cadena de forma que quede bien tensa, y tener en cuenta que al estar hecha de metal, normalmente hierro y bronce, se dilata con el calor y es menos precisa que las cintas métricas de aluminio o las reglas de madera".

La cadena formaría parte de todo un instrumental de medición de terrenos del que formarían parte estacas, jalones o picas balizadoras para clavar en el suelo, así como la escuadra de agrimensor o cartabón. La versión inglesa original de Gunter sería esta:
"El matemático y astrónomo inglés Edmund Gunter (Hertfordshire, 1581-Londres, 1626) diseñó esta cadena en 1620, y se convirtió en una medida oficial del sistema de medida de los países anglosajones, que continúa utilizándose en la actualidad. Las unidades básicas para medidas de longitud del sistema inglés (Sistema Imperial Británico) son :
Pie, pulgada, yarda, cadena de Gunter.
1 pulgada = 2.54 cm
1 pie = 12 pulgadas = 30.48 cm.
1 yarda = 3 pies = 91.44 cm.
1 cadena de Gunter (100 eslabones) = 66 pies = 20,11 m.
Un dato curioso es que la cadena de Gunter corresponde la medida exacta del campo de cricket".

Sobre pedestal una báscula de cocina, de un solo plato, llamada en muchos lugares simplemente 'pesa'


Tengamos presente que, a nivel popular y como nos explican en la web de la empresa de medidas Gran Group, en España las palabras báscula y balanza suelen emplearse como sinónimos aunque realmente no sea así. La báscula se asocia más con la medición de la masa y aparece más frecuentemente esta denominación en contextos más técnicos, mientras que la balanza, en el lenguaje cotidiano se emplea más para la medición de el peso. Compartimos de la empresa BRM Balanzas Registradoras Madrid:
"Básicamente, una balanza mide la masa de un objeto. Y una báscula mide su peso. Bien, tenemos que aclarar los conceptos básicos: diferencia entre peso y masa. La masa y el peso son diferentes propiedades del mismo objeto, que se definen en el ámbito de la física. La masa es una medida de la cantidad de materia que posee un cuerpo mientras que el peso es una medida de la fuerza que es causada sobre el cuerpo por el campo gravitatorio. La masa se mide en kilogramos (kg) y se mide usando una balanza. El peso se mide en Newton (N) y se mide con una báscula, si bien el resultado es expresado en kilogramos. 
Una curiosidad: la masa de un objeto sería igual se mida donde se mide,en la Tierra o en la Luna. En cambio, en cambio, el peso de un objeto sería diferente en la Tierra y en la Luna – eso es porque la fuerza de la gravedad es diferente en ambos lugares. 
Actualmente existen tres tipos de básculas: mecánicas y electrónicas y electromecánicas o (híbridas). En el caso de las básculas mecánicas, las mismas pueden ser por contrapeso, con muelle elástico o puente con sistema de palancaje. 
Dado que las básculas miden el peso, donde la gravitación es un factor primordial, tienen que calibrarse periódicamente y cuando son trasladadas, debido a las variaciones en la intensidad gravitatoria de unos lugares a otros. La calibración se hace por comparación con pesas patrones que a su vez estén calibradas con mayor precisión que la correspondiente a la balanza a calibrar según un sistema internacional de trazabilidad y certificación".

Entre básculas y balanzas también encontramos otras piezas, como este tallímetro para tallar la altura de la gente, hecho de madera. Existía en ámbitos médicos, tanto civiles como militares


Modelo de balanza tipo balancín, también para grandes pesos como este barril. Se engancha con un sistema de cabrias similar al que hemos visto en el Molino del Museo para quitar y poner las muelas delo molino


Otra báscula de grande pesos y balanza 'de saco', o eso entendemos, pero repetimos aún a riesgo de parecer pesados, dejemos que el guía del Museo nos asesore


Independientemente de nombres y usos estamos ante una exposición muy completa si tenemos en cuenta la cantidad de objetos, enseres y materias de las que se ocupa este Museo, desde pesas y medidas hasta el cultivo de lino, desde el arte sacro popular a la barbería, de la artesanía en madera a la molienda de cereales


Peso de cinco kilos en 'columpio'


Y este de dos kilos, en báscula de ruedas


Observemos el dispositivo de funcionamiento


Parece un cubo destinado al pesado de áridos, cementos, arenas y similares


Recorriendo la estancia vemos cómo evolucionaron estos aparatos y sus formas y tamaños


Hay piezas realmente llamativas, como esta balanza de cuerpo de mármol


Y este es un tego, medida de capacidad para cereales en Grandas de Salime, que equivalía a seis kilos de centeno. Era asimismo empleado como medida de superficie pues en base a él se sabía cuánto terreno se sembrada con la semilla de centeno que aquí entraba. Para la exactitud de la medida de empleaba el rasero, pieza que se apoyaba en los laterales del tego y que se pasaba por encima, eliminando el sobrante, de ahí viene la expresión 'medir con distinto rasero'. Ambas piezas son de madera de castaño, mostrando el rasero una filigrana decorativa hecha de arcos concéntricos tallados


Y otra estantería de pesos y medidas de capacidad


Diferentes modelos de pesas y balanzas


Pesos en forma de onzas del sistema le libras


Estas con ranura para encajar en barra


Más medidas de capacidad estilo tego, en madera


Este más pequeño


Sobre la puerta, dos modelos de los conocidos metros de carpintero, a manera de reglas plegables


Pasamos a la sala de Madreñas, galochas y zocas, calzado de madera de uso habitual entre los campesinos pero también en buena parte de la población en general. Sus técnicas de fabricación estaban a cargo de los galocheiros o madreñeros, artesanos especializados en este oficio. Aquí vemos sus herramientas, su banco de trabajo


Junto con el material de trabajo se expone una colección de madreñas, galochas y zocas cuyo núcleo principal es aportada al Museo por el ingeniero industrial y Doctor en Ingeniería por la Universidad Politécnica de Madrid Alfonso Fernández Canteli, autor del estudio La madreña: tipología y distribución en el norte español que, publicado en 1987, plantea una clasificación que es la que se toma como referencia en esta exposición de la que nos cuentan así en la web del Museo:
"Las piezas proceden de Asturias, Galicia, León, Cantabria y en menor medida de otras regiones de la Península Ibérica y Europa. Tan extensa como su implantación geográfica es la multiplicidad de modelos y versiones de calzados que se fabricaban en madera, con variaciones que afectan a su denominación, morfología, acabados y decoración".

Proceso de fabricación, donde se muestra la fabricación de este calzado de madera desde que toma forma procediendo a su desbastado inicial


Estos palitos aparentemente simples son dos modelos de las medidas que empleaban los galocheiros para el interior y el exterior de la galocha según el número de calzado que fueran a fabricar


Y esto son dos piezas dentro de las fases del referido proceso de fabricación


Y esto son galochas, que es la versión y denominación más común en Grandas de Salime y concejos de la comarca. Dispone de un taco delantero y otro trasero, ambos forrados con pletinas de hierro claveteadas para impedir su desgaste. Una varilla de hierro sirve de refuerzo a la altura de la boca. La de la derecha muestra filigranas decorativas en forma de lazos, que son también propias de la zona. Como las madreñas, se calzada en principio con un calcetín de lana o escarpín


A la derecha tenemos una muestra de cómo se calzaba una galocha. A la izquierda tenemos una albarca, más propia de Cantabria, también con decoración


Seguidamente a la izquierda hay una madreña, especialmente empleada en el centro de Asturias y en el oriente y asimismo decorada


Siguen las madreñas, hermosamente talladas con detalles decorativos


La extensión del calzado comprado en tiendas, tipo alpargatas-zapatillas produjo un cambio de fabricación para que este pudiese usarse en vez de los escarpinos calzando madreñas, por lo que se hizo la boca bastante más grande


Los escarpinos desaparecieron prácticamente así como las madreñas de boca pequeña para ellos, salvo para lucir el traje del país en ocasiones especiales, festivas, solemnes...


Pasamos al zueco, as zocas fueron propias de la zona astur-galaica. Todo el calzado de madera comparte su uso pensado para aislarse del frío y la humedad (charcos, barro, nieve). Fue en su tiempo también muy empleado en la industria por ese motivo, e incluso en algunos núcleos urbanos antes del pavimentado y asfaltado de las calles


Del zueco pasamos a otra galocha, también de la zona astur-galaica. De las diferencias entre unas y otras pueden decirnos en el mismo Museo. Básicamente y a riesgo de equivocarnos podríamos decir que el zueco es de una pieza mientras que la galocha incluyes los tres tacos o tacones, dos delanteros y uno trasero


Una madreña lisa, salvo con una pequeña línea grabada, y pintada de negro. La pintura se empleaba como aislante de la humedad y el desgaste, como en otros modelos los barnices. Al principio no se pintaban sino que se ahumaban a fuego o se untaban con una mezcla de aceite y hollín. A la izquierda, otra albarca con decoración


Vistos varios de estos modelos de calzado de madera vamos ahora a ver las herramientas e instrumental de los artesanos fabricantes


El banco de madreñero o galocheiro, básicamente idéntico en amplias áreas geográficas. La pieza se sujetaba en base a cuñas de madera y tornos, por lo que podía trabajarse cómodamente. Este es de madera de roble, fresno y castaño


Había banco alto, como este es el caso, y banco bajo, donde el galocheiro (vamos a emplear más el término más oriundo de esta zona) trabajaba sentado


Un ejemplo de cómo se ajustaba y sujetaba la pieza a trabajar


Serrucho, hecho de acero y madera de haya, que se utilizaba para delimitar los tacos marcando los límites del sobrante de madera, que se retirará seguidamente con la azuela. A su derecha es el mazo, que se utiliza para afirmar las cuñas o sistemas de sujeción se la galocha al banco, y para golpear la gubia durante el vaciado, siendo este modelo de madera de abedul y avellano. La gubia, de hierro y acero, es la herramienta de la derecha, con la que se vacía la parte de la madreña en la que se va a meter el pie. Se golpeaba con el mazo para mayor penetración


Las legras son varias de hierro y punta de acero con empuñadura de madera empleada para ahuecar las galochas. Cada artesano disponía de varias, con filos diferenciados según qué marte de la galocha se va a vaciar


Estas son de hierro, acero y su mango de madera de fresno y abedul


Estas dos tienen un mango especialmente hecho para trabajar en un banco alto


Estos son los tarabelos o taladros, barrenas de boca grande empleadas para fura o perforar inicialmente el sobrante de madera interior de la galocha que luego terminará de vaciarse con las legras


Están hechos de hierro, acero y madera de avellano


Este es otro tipo de banco alto, hecho de un tronco al que se le han hecho tres patas. Está pensado para furar o vaciar la galocha con el tarabelo y legrar o afinar con la legra


La galocha queda fijada aquí con sus correspondientes cuñas


Y esto son axolas o azuelas, empleadas para desbastar, dar la forma exterior definitiva y perfilar los tacones en el caso de las madreñas


Dos tipos de raseiro o rasero. Hoja metálica con dos agarraderas laterales para agarrarla con las manos y alisar el exterior de las galochas. La de abajo tiene un protector de corte hecho de madera de castaño


Trabajando con el raseiro


Y estas son herramientas para decorar: cuchillos, navajas, punzones y ralladores, pequeñas herramientas punzantes con filos y cortes diversos, dependiendo del diseño


Una foto del trabajo de decoración


Y este es un banco bajo de galocheiro, el más común en la zona de Grandas, de madera de abedul y con argolla para acoplar la cuitela o cuchilla, hoja de acero plana y alargada


La cuitela se acopla por un extremo al banco y se emplea para alisar el exterior de la galocha


A esta labor se la denomina acuitelar y la cuitela es de hierro, acero y madera de fresno


Detalle de la argolla


Este es el galocheiro Emilio Álvarez García trabajando en este mismo banco


Una pantalla de vídeo nos presenta las fases de esta labor este es su texto explicativo



Entrevista a José Blanco Álvarez, el último galocheiro


Y estas son galochas de hombre hechas por él


Tienen sus tacos ferrados con clavos, que como se ha dicho los protegía del desgaste, haciendo durar más el calzado


Son de madera de abedul y presentan las clásicas filigranas de lazos habituales en esta comarca. Los adornos tallados hacían más atractivo el acabado y solían gustar a los compradores


Y estas son las galochas de mujer, que se distinguen de las de hombre por una cresta tallada de arriba abajo en la madera del talón


Seguimos deambulando por esta sala galocheira, viendo otros útiles de trabajo y piezas, estas dedicadas a la fase preliminar, la de talar el árbol y preparar su tronco antes de empezar a hacer las galochas


La labor empieza con el tronzador para cortar el árbol y luego tronzar o trocear el tronco a la medida adecuada para hacer las galochas. Es de hierro, acero y madera de fresno


En algunas ocasiones el galocheiro desbastaba la madera en el monte para ir dándole forma, de esta manera eliminaba mucho material sobrante y facilitaba el transporte de las piezas ahorrándose peso. Esta es madera de aliso


Para desbastar se empleaba la brosa o hacha, configurando la forma inicial de la galocha. Esta operación se denominaba esmaltar, por lo que están son unas galochas esmaltadas, esto es, 'desbastadas' que no cubiertas de esmalte


Para esmaltar o desbastar el taco en el que se fabricará la galocha este se apoya en el picadeiro. Este es de madera o castaño


En este caso los tacos o porciones de tronco cortadas se han traído en bruto hasta el picadeiro, donde se empieza a dar forma a la galocha


Este es un cesto de herramientas hecho de madera de roble y avellano, empleado para guardarlas y transportarlas durante el trabajo ambulante


Y este es un cajón de herramientas con función similar. Este está hecho de madera de pino castaño y abedul


Y este es un banco de trabajo menos usual en la comarca en el que llama la atención su elaborado sistema de sujeción de piezas


Y este es un tornillo de banco, similar al empleado por José Blanco, que facilita la sujeción de la galocha para su vaciado


Es de hierro, acero y madera de roble. Fijémonos en lo bien agarrado que está


Detalle de la boca de la galocha


Y pasamos ahora a la sección dedicada a la Cestería en Asturias, arte del entretejido de varas o tiras de madera que está arqueológicamente demostrada su presencia en Asturias en la primera Edad del Hierro, unos tres mil años atrás pero que, sin embargo, posiblemente su origen sea aún muy anterior


Hoy en día apenas quedan cesteiros o cesteros, pero décadas atrás eran numerosos. La técnica pervivió milenios gracias a su materia prima abundante, a que para trabajarla apenas se necesitan herramientas, a que el producto es duradero y abarca desde recipientes a muebles, tabiques, nasas, etc., por lo que se empleaba en todos los ámbitos, el campo, la mar, la ciudad, los talleres, fábricas y minas, la construcción y el comercio...


En la pared, y justo encima del cartel informativo, dos de las varias piezas expuestas


La pieza grande es una pala hecha de entretejido de mimbre descortezado, empleada para airear y sacar el polvo de colchones, mantas y demás textiles


Y la pequeña un sonajero para los niños, también de mimbre descortezado


Y aquí, un sillón del mismo material y unos cuantos cestos


Cesta de entretejido de varas para uso doméstico, empleada como frutero, panera, costurero, etc.


Otro cesto de los empleados sobre todo para trabajos de costura. Ni que decir tiene que valían para cualquier necesidad de transporte o almacenaje del usuario


Un ropero esquinero con tapa


Cada pieza tiene su etiqueta



El sillón con sus cestos de asa grande, aquí empleados para llevar ovillos y útiles de costura



En la pared, bandeja de tiras de madera, para uso doméstico en el servicio de mesa, o transporte y almacenamiento de ropa y enseres


Más piezas a la izquierda, encima y debajo de la ventana


Cesta con dos asas, muy empleada para ropa, ovillos y labores de costura


Panera, para el pan, pero también para frutero, bandeja, etc.


En esta mesa tenemos, a la izquierda una goxa o macona, en medio una cesta de la merienda y a la derecha un cesto con dos asas y una funda de botella


La primera se emplea para transporte y almacenaje de productos agrícolas, principalmente las cosechas de cereal


La cesta de la merienda ya lo dice su nombre. Solían dedicarse para llevar la comida a los que trabajaban en el campo. A la vuelta podía cargarse de productos agrícolas


El cesto con dos asas, decorado con pirograbado, es empleado como panera, frutero, fuente, costurero...


La funda de botella protege la misma y facilita su transporte y manejo


Seguimos contemplando esta completa muestra...


Cesto salmonero, con asas y dividido en tres compartimentos, empleado para el transporte del salmón. El Navia por río salmonero por excelencia hasta la construcción de los embalses


Peselo
, para recolección y transporte de uvas de la vendimia y otras cosechas, así como leña y otros materiales


Otra cesta de la merienda para llevar la comida y transportar y almacenar productos agrícolas


Otra goxa o macona



Arriba a la izquierda, otra cesta-panera



Nasa para la pesca de entretejido de varas


Otro estilo de nasa, esta hecha de tiras de madera


Cesto de sembrar, de entretejido de tiras de madera. En él se llevaban las semillas durante la siembra y se guardaban y transportaban pequeños frutos


Cesto con asa empleado aquí como huevera


Cesto con asa para pequeños productos hortofrutícolas


Cesto de pesca para transporte del pescado y los aparejos


Cesto de sembrar con decoración en el asa de círculos pirograbados


Cesta de transporte con tapa, para comida, ropa y demás enseres


Funda de garrafón, para su protección y mejor transporte


Otra cesta de transporte, esta más grande y de dos tapas



Y en la cesta, otras dos botellas enfundadas


Llegamos al final de esta sala volviendo a la sección de galochas, madreñas, zocas y albarcas


Avanzamos pues hacia la sala de Artes de caza y pesca, de la que antes, en el pasillo, vimos las trampas


Llegados aquí, seguiremos viendo útiles de pesca y leemos en la web del Museo:
"La pesca de anguilas, truchas y salmones era una actividad importante que se practicaba sobre todo en los pueblos situados a orillas del río Navia o río grande y que cesó en gran medida cuando la construcción de los embalses de Doiras y Salime hizo inviable la subida desde el mar de salmones y anguilas. Las capturas se realizaban a mano o bien recurriendo a redes y trampas o a útiles específicos como fisgas (arpones de tres dientes) y cañas".

Entre ellos, una cesta de pesca, con cinto o correa, y varios tipos de nasa, aparejo de pesca empleado para pescar truchas en ríos pequeños, regueiros y canales de molinos, del que existen muchas variantes, aunque el sistema básico es el mismo. Consiste en que las presas queden atrapadas adentro al introducirse en él. Este modelo es de tiras finas de madera de avellano y tiene dos bocas. la mayor con forma de embudo elíptico y otra más pequeña tubular de sección circular


Otra nasa, esta de largar varas de avellano, sin entretejer, y una sola boca


Esta a la derecha de la cesta es una nasa de malla de red dispuesta entre varas


Y estos son fisgas, especie de arpón-triente para pesca de grandes ejemplares tipo salmón. Pepe El Ferreiro en su blog le dedica dos entradas el 23-1-2010, una es Fisgas:

"Para alternar con los ditos populares, seguirán las fisgas a los chuzos. Y es que curiosamente, este tema es para seguir fisgando como “curioso” en las armas arrojadizas. Y aunque este fisgar sólo es para dar a conocer las fisgas, que las incluimos en las artes de pesca, creo que merece la pena la curiosidad. O séase que bien o mal el juego de palabras no tiene más sentido que engancharlo, figuradamente, en las fisgas. ¿Saben el cuento de la buena pipa que…? Pues eso, pues eso ¡Y miren Vs. Ms., que no les voy a contar todos los detalles sobre su adquisición, para no extenderme demasiado! Y por cierto, sin fisgar: ¿Es V.M. de las personas que no le queda tiempo a leer? ¡Entonces para qué empezó! ¿Por fisgar? Pues ahora, por fisgón lea, lea. ¡Y si no, a husmear a otra parte! Sabe que fisga también significa burla, que con cierto arte se le hace a una persona. Se acabó, ahora va ya en serio. 
La fisga se la define como un tridente de tres púas, con muerte; que son esos pequeños ganchos que lleva en cada diente, similar a los anzuelos, para impedir que una vez clavados en el pez, éste se desenganche. Como se puede comprobar, en la colección de la que forman parte en los fondos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, esta descripción no se ajusta a la realidad, porque aunque si aparecen algunas de tres, las hay de cuatro, cinco, seis y siete púas. Es llamativo que el número de siete se repite en muchas de éstas. Me imagino que por cabalístico, pues si fuera por efectividad, el guarismo aparecería reproducido en cualquiera de las otras, Hice hincapié en este detalle porque algunos visitantes del Museo suelen llamar tridentes a las fisgas, sin tener en cuenta el número de dientes; creo que por esa cuestión mitológica del tridente de Neptuno y las aguas. Desde luego esa asociación no es del todo descabellada si se tiene en cuenta que la fisga es un útil para la pesca del salmón (salmo, -onis) en los ríos. 
La técnica consiste en desplazarse a la orilla de un río salmonero, una noche de luna, armado con la fisga, mangada tal y como aparece en la fotografía. Hay que tener en cuenta –aunque no se dijo- que los salmones deben estar en plena acción amorosa; es decir, en la freza, que es el momento en el que la hembra deposita sus huevos en el fondo arenoso del río, y el macho con los suyos los fecunda. En esa procreadora danza, tanto el macho como su abnegada compañera, dejan ver sus plateados abdómenes, que delatan su situación; momento que aprovecha el pescador para lanzar su fisga y quedarse con el final de la cuerda que está atada al mango. Lo que ocurre es que si V.M. quiere ver la barriga a los salmones, tendrá que desplazarse a un río de Canadá, porque en los de Asturias ya casi no quedan. 
Puede parecerles cruel y desagradable esta forma de pesca, sin embargo, se practicó durante siglos y siguió habiendo salmones. Por lo tanto, nuestra trasnochada sensibilidad ecológica deja bastante que desear. 
Con el fin de que siga "enganchado" a la fisga, y para los que no “quieren caldo, taza y media”, les contaré en otra entrega, historias de fisgas y salmones. 
Haxa salú".

Y otra es Historia de dos fisgas, 23-1-2010

"Dije que no quería aburrirles con mis relatos sobre los fondos del Museo pero van a disculparme esta tendencia, porque como comprenderán, lo que trato es de documentar éstos. Si además sirven para que su entretenimiento no sea de tedio, mejor que mejor. De todas maneras, si es de hastío lo lamento. Vayan pues estos datos. 
Hace bastantes años, un amigo que se llamaba Manuel Lougedo y era conocido como Louxedín de Vilarmayor -ya fallecido- al ver a fisga que yo había expuesto en el Museo, me dijo que en su casa había una. Mejor dicho no en su casa, sino en un pajar-bodega que poseía en Sanmayor. Este lugar está ya muy cerca del río Agüeira, afluente del Navia. Allí había quedado escondida, hacía muchos años, dado que el pescar con fisga estaba prohibido. Como es de suponer, Louxedín me narró la parte de la historia que él desde niño oyera contar a su padre y al abuelo. Se da la circunstancia que un hermano de su padre había emigrado a Cuba a finales del siglo XIX. Después de años en la antillana isla, vuelve este emigrante a su pueblo natal, entre 1925 y 1930. Una noche, después de la cena de los roxois, que se celebra con motivo de la matanza de los cerdos, y muy de madrugada, sale de la casa del vecino donde había sido invitado en compañía de unos amigos. Era al parecer en el mes de diciembre y la luna llena iluminaba toda la aldea. Nuestro personaje obligado a la diáspora, recordó con nostalgia aquellas noches que en su juventud, y acompañado de alguno de aquellos contertulios, bajaban a “sacar” algún salmón al río de Sanmayor, como era conocido en el pueblo; porque los ríos, se conocen en cada lugar por el nombre del pueblo o caserío por donde pasan. Y ahí tienen Ustedes que bastó el comentario del “cubano” para que se organizara la expedición de pesca. Parten ladera abajo desde la aldea, para llegar hasta el cauce de aquellas aguas donde el teleósteo y plateado pez daba fin a su periplo vital. Recogieran un trecho antes, en la bodega, la fisga y empezaron las tentativas de lance. Aún no llevaban media hora de acecho en la despejada noche, cuando son divisados aquellos iridiscentes destellos de los salmónidos. En uno de estos brillantes y rápidos movimientos, lanzó el “gallego” de cuba su fisga ¡y cual no sería su sorpresa que aquella fatídica lanzada hizo presa en los dos salmones, que frezaban y fueron pescados! 
Concluye así la historia de la fisga de Louxedín. La que le sigue es breve. 
Haxa salú"

Ventana principal de A Casoa, con vistas a la Casa del Molinero, la Eira, el Molino y el barrio de El Ferreiro o del Hospital, con el monte de El Coto Grandas enfrente, por donde viene el Camino de Santiago, entrando en la villa de Grandas


Más nasas y fisga, aquí leemos la descripción de la ficha correspondiente, expuesta en la pared



En la mesa, se exponen diversos aparejos de pesca ya no artesanales sino de producción industrial y que se compraban en las tiendas


Varios tipos de anzuelos de la marca VMC


Carrete de caña de pescar, hilos de pesca, cebos...


Y más parejos de anzuelos, cebos artificiales y otras piezas


Arca o hucha, bajo la mesa


A lado, otro tipo de arcón, con los clásicos adornos geométricos del arte popular que podemos ver también en hórreos y otras construcciones y objetos de madera


Fuente de cerámica de Faro


Y volvemos a otra parte de la sección de trampas, que cuando vinimos estaba separada de la otra, que vimos al subir, por un cordón


Capos grandes, hechos por ferreiros o bien industrialmente


Trapelas artesanas, hechas de varas de madera colocadas en forma de pirámide


Y ahora, ¡al dentista!, cambiamos totalmente de temática


Se trata de una de las grandes innovaciones que trajo la obra del embalse de Salime, la clínica dentista que abrió en Grandas el doctor grandalés y natural de esta villa D. Tomás Fernández Linera, y es que, como leemos en la web del Museo, "La presencia excepcional en el ámbito rural de un servicio como éste encuentra su explicación en la transformación económica y social que sufrió la comarca como consecuencia de la construcción del Salto de Salime".


Además de los miles de personas que trabajaron en la obra, muchos desplazados a los poblados o a la misma Grandas de Salime con sus familias, cuando esta obra terminó, aún quedaron en la presa unos 50 empleados que "junto a sus familias y el resto de la población del concejo, a la que hay que añadir los vecinos de los cercanos municipios de los Ozcos, Ayande, Pezós, Eilao en Asturias y Negueira de Muñiz en Galicia, constituían una demanda suficiente para garantizar la viabilidad del negocio, máxime cuando para encontrar otro establecimiento similar había que desplazarse a Veiga, Navia, A Fonsagrada, Tinéu o Cangas del Narcea".


Fue entonces, en 1960, cuando se abrió esta clínica dentista que ahora exponen su material en el museo. Esta parte es el sillón del dentista con su unidad auxiliar. El sillón propiamente dicho lo forman la base, el asiento, el respaldo, reposabrazos y cabezal


El 'temido' sillón del dentista y su instrumental, sin embargo, esto fue una gratísima novedad. Antes, si no se podía o quería ir a las villas reseñadas, los remedios 'caseros' eran mucho más peligrosos, dolorosos y peligrosos. Aquí están la unidad de control, la escupidera y grifo, sistema de aspiración, lámpara operatoria y pedal


Y esta es la clásica mesa circular del instrumental odontológico


Pequeños cajones y huecos de distribución cerrados con portezuela de cristal



Al lado, mesa y material de botica


Báscula de precisión mortero de loza y mazo de metal


Mecha de alcohol y rodillo de botica, instrumental para hacer preparados y medicinas


Encima, plantas medicinales puestas a curar


Y un gran cuadro a ellas dedicado


Y ahora vamos al oculista, también con sus aparatos e instrumental: ala derecha la caja o mueble de lentes de prueba, al lado de la silla del paciente, metálica y esmaltada en blanco


Suele ser de maderas nobles, como la caoba, hecha por lo tanto de manera industrial en empresas especializadas


Aquí hay decenas de lentes de cristal con los que se graduaba la vista. Sistemas evolucionados pero muy parecidos siguen en uso


Cuadro gráfico con las partes del ojo. Sirven para explicarle al paciente el origen concreto de algún posible problema de visión


Mesa de material oftalmológico e informes



Al lado, lámpara de exploración ocular


Orla de la Facultad de Medicina, Escuela de Estomatología Madrid 1958-59


Pasamos ahora a la galería de esta planta alta de A Casoa, donde vemos primeramente un trobo, tronco hueco para las abejas. Efectivamente cambiamos de nuevo totalmente de materia


El trobo es una colmena hecha de madera de castaño en la que se cobijan y crían las abejas formando enjambre Por lo general se aprovechaba un tronco ya hueco, lo que simplificaba el trabajo de vaciado. También son frecuentes los hechos de corteza de sufreira 'alcornoque'. Para que no lloviese dentro se cerraba con una tapa de corcho o caldulla y se cubría con una losa de pizarra o cuberta, sobre la que podría colocarse una piedra de cierto peso para asegurarla. Solían colocarse varios trobos dentro de un recinto cerrado circular o cortín, hecho con piedras, para protegerlas del ataque de los osos 'golosos'


Trobos y panales. En su libro Las abejas, la miel y la cera en la sociedad tradicional asturiana, el etnógrafo Xuaco López Álvarez nos dice, en el apartado dedicado a Las colmenas dentro del capítulo de La cría de abejas lo siguiente:
"Las colmenas tradicionales en Asturias son verticales y fijistas, es decir, los panales están fijos al recipiente y sólo pueden extraerse rompiéndolos. Por el contrario, en las colmenas modernas movilistas los panales están colocados en unos cuadros que se sacan sin romper y se vuelven a introducir después de extraer la miel. La ventaja de este último sistema no reside únicamente en extraer la cosecha de miel sin daño para las abejas, sino también en poder observar el estado de la colonia y manipularla con gran facilidad. 

Los nombres que reciben las colmenas antiguas no son los mismos en toda la región, de oriente a occidente podemos encontrar los siguientes: cubu (del latín cubus), caxiellu o caxellu (del latÍn capsa), trubiecu1, truébanu, truóbano y trobo. El término más extendido es truébano, que se utiliza en todo el área del asturiano occidental y en gran parte del asturiano central, donde convive con caxiellu. El origen de ese nombre, así como el de trobo que aparece en el área del dominio lingüístico del gallegoasturiano, es incierto. Ambas son palabras utilizadas en el noroeste de la Península Ibérica para denominar diversos utensilios formados a partir de un tronco hueco, una pieza de corcho o un trabajo de cestería".

Nos dice asimismo que las colmenas de cuadros móviles suelen conocerse entre los campesinos por "colmenas modernas", "colmenas artificiales" o "cajas", y en ningún caso se las llama con los nombres antes mencionados para las colmenas tradicionales


En Asturias existen tres tipos de colmenas fijistas (trobos o truébanos), que se distinguen por su forma y por el material con que están fabricadas trobos de tronco hueco, trobos de tablas y trobos de corcho:
"Los dos primeros son los más generalizados, especialmente los fabricados con un tronco hueco, mientras que los de corcho se reducen a varios concejos del extremo occidental (Allande, Grandas de Salime, los Ozcos, Boal, Pezós, Eilao) donde las sufreiras o corcheiras (alcornoques) son relativamente frecuentes. La fabricación de los truébanos corre a cargo de los mismos apicultores, que no recurren a ninguna persona ajena a la casa. La labor se lleva a cabo durante los meses de invierno (de noviembre a marzo) aprovechando el menor trabajo en la agricultura y ganadería, y debido a que es la época más propicia para talar los árboles. 

Las maderas más utilizadas son las de castañal (castaño), carbayo (roble) y cereizal (cerezo). Los apicultores prefieren las dos primeras porque son maderas "muy calientes" y la última debido a que su "olor es muy del gusto de las abeyas, y dan más miel"; de todas maneras la madera de cerezo es una de las que los campesinos consideran que pone a las abejas gafas o agresivas. También se utilizan las maderas de teixu (tejo),figal (higuera), xardón (acebo) y teya (tilo), que algunos campesinos consideran apropiadas para contener abejas y otros, en cambio, poco recomendables para ese fin.

La altura de los truébanos oscila entre 45 y 55 centímetros, y su diámetro entre 35 y 45 centímetros; en general, se valoran más los pequeños que los grandes. "Los trobos pequenos tendrán menos [miel] pero aguantan mejor el tiempo y producen más enjambres, porque la casa grande lleva mucho más tiempo llenarla [de abejas]" (Grandas de Salime). 

Para confeccionar los truébanos de tronco se escogen árboles que tengan el corazón podre; una vez talados y troceados se vacía su interior de dos maneras diferentes: una, con la ayuda de una gubia grande y un mazo de madera con el que se golpea aquella; y otra, hendiendo el trozo de madera por la mitad, longitudinalmente, con unas pinas (cuñas) de hierro, y labrando con un hacha y una azuela cada parte, finalmente se vuelven a unir con dos pares de tornos (clavijas de madera) que atraviesan interiormente ambas partes, o con dos herraduras viejas que se clavan por el exterior. A veces se descortezan para evitar la propagación de insectos, aunque lo más corriente es que se conserve la corteza del árbol para dar más abrigo a las abejas. Las colmenas de tronco son las más abundantes de la región y en muchas parroquias las únicas que utilizan los campesinos. 

Los truébanos de caja se hacen con cuatro tablas de castaño, roble o cerezo, que se clavan con tomos de madera o con puntas de hierro. Donde se cosecha corcho no es raro encontrar ejemplares fabricados con dos tablas de madera y dos planchas de corcho. Para muchos abeyeiros estas colmenas no son muy recomendables, pues las tablas a la larga se "abarquillan, rajan y desclavan, quedando en muchos casos las abejas a la intemperie.

Por último, los truébanos de corcho se confeccionan, claro está, con la corteza que se saca de las sufreiras (alcornoques). Los campesinos distinguen dos clases de árboles: sufreira blancal y sufreira moural, de las cuales la primera produce un corcho mejor, porque es más macizo y caliente para las abejas, mientras que la segunda da un corcho más poroso y más propenso a abrirse y tener resquicios. También se prefiere más el corcho de los alcornoques criados a solano que a umbría. Las épocas de escorchar son los meses de mayo y junio, y de agosto y septiembre, que es cuando el árbol tiene más celo (savia) y el corcho se desprende más fácilmente. Para evitar la polilla las cortas deben realizarse con la luna en menguante. El corcho apropiado para fabricar un truébano debe tener dos o tres centímetros de grueso, lo cual sólo se consigue con cortezas que tengan en torno a siete años de crecimiento. Antes de poblar de abejas una colmena de corcho es necesario que seque durante un año, "porque el corcho verde es para las abejas como una casa recién pintada para las personas" (Grandas de Salime).

Las colmenas de este material son las más apreciadas por los abeyeiros de los concejos donde existen alcornoques, que las consideran el abrigo más cálido de las abejas. Los campesinos que no tienen alcornoques o los de concejos vecinos en los que no existe esta especie, adquieren el corcho bien comprando a sus dueños la cosecha de corcho y cortándola ellos mismos, bien adquiriendo los truébanos listos para usar. Hasta hace unos años no era raro ver en las ferias y los mercados de los concejos del occidente de la región vendedores de colmenas y tapas de corcho".

Aprovechemos la ocasión para alzar la vista y mirar por los cristales


Ahí está la Capilla, esta es la galería de A Casoa que antes veíamos desde abajo


Casas de la Avenida del Ferreiro, por donde caminaremos dentro de poco


Nos dirigimos ahora al otro extremo de la galería


Centrifugadoras de miel, antiguo extractor de miel artesanal que aprovechaba la fuerza centrífuga de un mecanismo de manivela por el que se podía extraer la miel de los cuadros sin destruir los panales. Primero se retiraba la cera de las celdas (desoperculado) y, al girar la máquina, la miel salía despedida hacia las paredes del tambor. Esta máquina fue un invento del apicultor austroitaliano (entonces Venecia, su ciudad natal, pertenecía a Austria) Francesco de Hruschka, de cuya biografía e historia de este dispositivo nos cuenta así la Wikipedia:
"Francesco De Hruschka (1813-1888) fue un oficial y apicultor austríacoitaliano conocido como el inventor del extractor de miel, un invento que presentó en 1865 en la Conferencia de Apicultores de Brno. 
Prestó servicios al ejército y la armada imperial austríaca. Se retiró con el grado de mayor y regresó a su tierra natal cerca de Venecia, Italia. Allí instaló una empresa grande que exportaba abejas Italianas a Alemania, también fabricaba colmenas y otros artículos. 
En la reunión de la Asociación de Apicultura de Brünnen (Brno) en 1865, a la cual asistían personalidades como Gregorio Mendel exponiendo trabajos en 1871, y en la Exposición de Insectos de París en 1868, De Hruschka presentó un extractor de miel tangencial accionado por correas. Su inspiración provino de observar a su hijo que revoleaba algunos panales en una canasta encima de su cabeza. El extractor de miel fue presentado bajo el nombre comercial de De Hruschka que era Angelo Lessane, Dolo, Venecia. 
En 1873 F. R. Cheshire describió esta máquina como una adaptación de la secadora centrífuga, consistente en una tina de madera dentro de la cual rotaba una jaula metálica perforada con el extremo superior abierto. La jaula interna giraba sobre un eje tirado al principio por una cuerda, pero en modelos posteriores por una correa sin fin de una rueda de transmisión. 
Al poco tiempo de ser observado este extractor en Inglaterra y Estados Unidos surgieron variaciones de esta máquina, reemplazando la tina de madera, por hojalata con todas las combinaciones posible de partes móviles y tambores interiores y exteriores, equipos para invertir los cuadros móviles con los panales sin necesidad de retirarlos de la jaula, y variaciones en la jaula. Estas adaptaciones continúan hasta nuestros días, siguiendo todas el mismo principio de extracción de la miel, que es la fuerza centrífuga. 
Es por ello que podemos atribuir a Francesco De Hruschka, la invención del extractor de miel centrífugo. La importancia de este descubrimiento es crucial para el desarrollo de la apicultura, debido a que ya no es necesaria la destrucción del panal para obtener la miel, con lo cual se deja de sacrificar las mejores colmenas para obtener el producto. Sin duda es una invención asociada a la aparición del cuadro móvil de Lorenzo Langstroth."

Este y otros magníficos inventos tardaron bastante en triunfar en España, nos explica Xuaco López:
"En la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de los esfuerzos iniciados un siglo antes, la apicultura conocerá su propia revolución, gracias a tres inventos fundamentales: la colmena de cuadros móviles, la cera estampada y el extractor de fuerza centrífuga. 

La colmena de cuadros móviles o colmena movilista fue inventada en 1851 por el norteamericano L. Lorrain Langstroth (1810-1895). La idea de estas colmenas era antigua y en la primera mitad del siglo XIX se hicieron varios intentos (Prokopowitsch, en Rusia; Debeauvoys, en Francia y Munn, en Inglaterra), pero sin resultados, "porque las abej s pegaban a la colmena los cuadros que estaban demasiado cercanos en sus extremos"_ Hasta Langstroth nunca nadie supo llevarla a la práctica, que además construyó un modelo tan perfecto que hasta la fecha sólo ha sufrido pequeños cambios o variaciones de poca importancia. Los cuadros movibles de Langstroth están colgados y separados entre sí y los costados de la colmena unos 8 mm, lo que permite a las abejas circular y a los apicultores poder observar y manejar las colonias de abejas con gran facilidad, así como tratar sus enfermedades.

En 1857, el alemán J. Mehring coloca por primera vez en un cuadro móvil una lámina de cera estampada con un dibujo, por ambas caras, de celdas hexagonales. De esta manera, las abejas no tenían que fabricar los panales, y ahorraban materia prima, trabajo y tiempo, produciendo una mayor cosecha de miel. 

Por último, el veneciano De Hruschka inventa en esos años el primer extractor de miel a fuerza centrífuga, en cuyo interior se colocan los cuadros llenos de miel y desoperculados. Su uso permite extraer la miel de los panales sin romperlos, pudiendo aprovecharse las láminas de cera durante varias temporadas

La difusión de estos tres inventos, que van íntimamente unidos, fue rápida en algunos países europeos y en los ambientes apícolas ilustrados. Con ellos se inicia la explotación intensiva de miel en las colmenas, pasando la producción de cera a un puesto secundario. 

En España la difusión de colmenas de esta clase fue tardía, debido al desinterés que existió durante la segunda mitad del siglo XIX en las instituciones oficiales con relación a la apicultura. Al contrario de lo que había sucedido en las postrimerías del siglo XVIII, en que la proliferación de tratados apícolas estuvo motivada por la escasez de cera y los precios elevados de esta sustancia y la miel, a partir de mediados de la centuria pasada decrecen tanto el consumo como el valor de la cera y, sobre todo, de la miel. La primera, aunque era la única luminaria permitida en las iglesias, padeció la competencia de las velas de estearina, esperma y parafina, y la miel, debido al considerable descenso del precio del azúcar, dejó de ser un alimento "de un uso muy frecuente" y quedó relegado a un empleo farmacéutico y a ser el "azúcar de los pobres". En consecuencia, hasta finales del siglo XIX no llegarán a España las primeras colmenas movilistas, y su introducción y difusión se deberán a iniciativas particulares aisladas".

Actualmente, los modelos modernos son de acero inoxidable y funcionan a motor En la Página de Bedri nos resumen así su evolución:
"El extractor de miel es una centrífuga cuyo eje puede trabajar de manera vertical o bien horizontal. En él se colocan los marcos móviles con los panales de cera que contienen la miel, por fuerza centrífuga esta sale de las celdas hexagonales de los panales estampándose contra las paredes de la máquina. Ha habido una evolución en este tipo de maquinaria a través del tiempo, en un principio eran manuales y para dos o cuatro marcos, normalmente de chapa. En la actualidad tienen gran capacidad de marcos (entre 80 y 120) a los fines de realizar mayor trabajo, presentando controladores de revoluciones, canastos que permiten una carga rápida, motores potentes, sistemas de autofrenado, y normalmente son construidos en acero inoxidable especial para la industria alimenticia. Una vez que la miel es recolectada en el extractor o en un foso de acero inoxidable, por medio de bombas a paletas es enviada a decantadores, o directamente a los tambores".

Prensa para la miel, un método también evolucionado respecto a los tradicionales pero poco empleado también en Asturias. Seguimos leyendo a Xuaco López:
"Los panales o setas que se extraen de las colmenas están formados por unas celdillas hexagonales de cera, en cuyo interior han depositado las abejas la miel. Lógicamente, para aprovechar ambas sustancias, miel y cera, era necesario separarlas, operación que se realizaba en la sociedad tradicional de varias formas: a) apretando directamente los panales con las manos; b) exprimiéndolos con una palanca de madera; c) dejando que la miel saliera sola; y d) prensando los panales en unas prensas de miel. Los dos primeros eran los métodos más extendidos en Asturias, mientras que los dos últimos sólo los utilizaban unos pocos campesinos, y nunca llegaron a ser característicos de una zona determinada. 

El sistema más generalizado en Asturias era coger los panales con las manos y estrujarlos con fuerza. Para que saliera la miel sin dificultad era necesario hacer esta operación al poco tiempo de extraer los panales de la colmena, cuando todavía estaban calientes; de este modo la cera quedaba convertida en bolas y la miel caía a un recipiente colocado debajo. A menudo en este recipiente se ponía un colador para recoger la porquería que llevan los panales (abejas muertas, larvas, capullos, etc.), y dejar así la miel limpia. 

Otros métodos muy extendidos por el centro de la región (Quirós, Llena, Piloña, Llaviana) consistÍan en meter los panales en un saco limpio y apretarlos con una palanca o un mango de madera, hasta que soltaban toda la miel. En unos concejos el saco tenía una forma de manga y se colocaba sobre una tabla inclinada; la palanca la sujetaban dos personas que presionaban los panales, con lo cual la miel arroyaba por la tabla y caía en un balde colocado debajo. En otros lugares colgaban el saco de un palo atravesado, y con dos palos pequeños lo estripaban (estrujaban), dándole vueltas hasta que sacaban toda la miel. 

El tercer método empleado para separar la miel de la cera era dejando que la primera destilase sola, gota a gota, y sin presión de ningún tipo sobre los panales. Era un modo muy poco utilizado y su uso entre los campesinos, a tenor de la información recogida, debe ser reciente. Un informante de Busloñe, concejo de Morcín, describe así este sistema: "Primero facíanlo venga apretar, venga apretar [los panales], pero yo no, yo cortábalo en pedacinos grandes, echábalo en una bolsa de rede y colgábalo ahí en la cocina a la calor durante la noche, y el miel pingaba en un caldero. Y tando bien caliente pingábalo todo, mejor que apretándolo. Pola mañana cogíes la bolsa y si taba ligera ye que hubiera salido todo, si pesaba entonces ye que faltaba. Y claro, así ye mejor, porque la cera quedaba por sí". Este sistema es el que recomiendan los tratadistas agronómicos antiguos, desde Columela en el siglo I a Sampil en 1798, que hablan de dos o tres calidades de miel, según el sistema de extracción: la miel que sale sola, sin apretar ni estrujar los panales, es la "miel virgen" o "miel prima"; la que se extrae a continuación deshaciendo los panales es la "miel segunda", que es de inferior calidad que la anterior, y, finalmente, la última miel o "melote", que se consigue estrujando los panales con toda la fuerza posible, es de ínfima calidad y se utiliza para untar las colmenas, alimentar a las abejas o como medicina para los animales. Sin embargo, a pesar de los tratados apícolas, los campesinos asturianos siempre exprimieron la miel que cosechaban en una sola operación y por tanto tampoco distinguían tres categorías de miel. 

Por último, también en Asturias se extraía la miel exprimiendo los panales en unas prensas dedicadas únicamente a este fin. Su empleo era muy limitado y se reducía a unas pocas casas repartidas por la región. La construcción de estas prensas se debe a campesinos curiosos que llegaron a confeccionarlas por varios caminos: copiar un modelo visto en otro sitio y saber adaptar un tipo de prensa conocido, como las de sidra o vino, a otro producto. En todo caso el uso de estas prensas no va más allá de la segunda mitad de la centuria pasada, pues a fines del siglo XVIII los tratados de apicultura no recomiendan, ni tan siquiera mencionan, el empleo de prensas para la miel. Aparatos similares a los que aparecen en Asturias también existen en otras regiones españolas: Galicia, Cantabria y País Valenciano".

En primer término, un trobo da mel, del que nos cuenta Xuaco López que "La miel se guardaba en recipientes de madera y barro. Entre los primeros se utilizaban barricas, recipientes de madera torneada y trobos da mel o truébanos del miel, que son unos troncos huecos (alrededor de 50 x 35 cm), parecidos a las colmenas que llevan su mismo nombre, con fondo y tapa de madera, en los que se almacenaba la miel en muchas casas de los concej os de Ibias, Allande, Cangas del Narcea, Grandas de Salime, etc. Estos recipientes eran de madera de castaño y se colocaban en el zaguán de la casa y en el hórreo o panera", como el que vemos en primer término. Seguidamente y avanzando por la galería vemos más elementos del trabajo con las abejas


Estos son unos fustes para prensar la cera, de los que nos cuenta Xuaco López en el apartado de su libro dedicado a La preparación y limpieza de la cera:
"... está formado por dos tablas alargadas (cuya longitud oscila entre un metro y 150 cm), más anchas por abajo que por la empuñadura, unidas por sus extremos inferiores con una correa o un par de bisagras de hierro; todos los ejemplares que conocemos son de madera de castaño. Para exprimir la cera se echaba derretida dentro de un saco, el cual se colocaba entre las dos tablas y se oprimía con fuerza hasta que salía toda la cera; la porquería quedaba en el saco y la cera limpia se recogía en un cacharro. Los fustes se utilizaban en el concejo de Ibias y en el vecino de Navia de Suarna (Lugo). Los pocos ejemplares que conocemos pertenecen a la colección etnográfica de la Asociación Cultural "Antola" de San Antolín de Ibias y al Museo Etnográfico de Grandas de Salime". 

Diverso instrumental para trabajar con la cera. La producción artesanal de la misma, como la de la miel, difiere bastante de la más artesanal-protoindustrial de los cereiros que recorrían Asturias procedentes sobre todo de la Maragatería y Ancares:
"Los métodos domésticos utilizados por los campesinos difieren bastante de los de las cererías especializadas. La confección de velas era una labor casera que realizaban preferentemente las mujeres en la cocina de sus casas. Sin embargo, era un trabajo masculino cuando su fabricación constituía una actividad económica de cierta importancia para la familia. El sistema más utilizado y extendido en nuestra región consistía en cortar un trozo de cera limpia de un panal (pan o torta) y ablandarlo con agua caliente o poniéndolo junto a la cocina de leña. Una vez que la cera tenía plasticidad se amasaba con las manos y se estiraba encima de una mesa hasta dejarla "fina como un frisuelo". A continuación se arrollaba la cera con una tabla de madera hasta darle la forma de una vela. Para introducir el pábilo de algodón se calentaba la hoja de un cuchillo al fuego y con ella se abría longitudinalmente la vela; se metía el pábilo en la ranura y por último, se volvía a calentar un poco la vela y se le pasaba la tabla por encima hasta dejarla lista.

Otro sistema bastante utilizado, que es una variante del anterior, consiste en meter el pábilo cuando la cera esta estirada sobre la mesa; con la mecha dentro se enrolla la cera dándole la forma de vela del mismo modo que en el caso anterior". 

Aunque los anteriores eran los dos modos más corrientes de confeccionar velas en casa, también Xuaco López nos informa de otros dos métodos utilizados en el campo asturiano: los moldes, como el que vemos a la izquierda y la inmersión vertical, que se realizaba en estos recipientes de madera alargados, 'moldes bivalvos de madera de castaño' los describe Xuaco López dentro de los tres modelos que existieron en Asturias
"1). Moldes fabricados con el arna (corteza enteriza) de una rama de castaño y con cañas de cañavera (bambú), que se cortaban entre dos nudos. En ambos casos se introducía el pábilo dentro del molde y se vertía la cera líquida; cuando la cera solidificaba se rompía el molde para sacar la vela. 

2). Moldes de hojalata para fabricar una o varias velas (4 o 12). Los pocos ejemplos que conocemos pertenecen a casas de propietarios y a parroquias rurales, y responden a un tipo de moldes muy difundido en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX. El sistema de fabricación era similar al practicado con los moldes anteriores, aunque en estos de hojalata se sacaban las velas solidificadas introduciendo el molde en agua caliente. 

3). Molde bivalvo de madera de castaño (68 x 16 cm) para confeccionar cuatro velas de 65 cm de largo y 2 cm de grosor. Este molde está en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime y fue adquirido a un anticuario del concejo de Valdés; lo más probable es que perteneciese a una parroquia de la marina del occidente asturiano. El molde tiene en los costados largos un par de bisagras y dos aldabas pequeñas, y en sus extremos está cerrado con sendas chapas de hojalata: una tiene cuatro perforaciones diminutas para sujetar en ellas los pábilos, y la otra sólo tapa la mitad del molde para permitir el vaciado de la cera líquida. 

En cuanto al método de fabricación de velas por inmersión vertical del pábilo, no parece que estuviera muy extendido en Asturias. El único testimonio de su existencia son dos recipientes prismáticos (44 x 74 x 17 cm y 37 x 47 x 17 cm), hechos en una misma pieza de madera de castaño, procedentes del Valledor (concejo de Allande), que en la actualidad pertenecen al Museo Etnográfico de Grandas de Salime. La función de estos recipientes era contener cera o sebo de oveja líquidos en donde se sumergían los pábilos para fabricar las velas. Los pábilos se sujetaban en una tablilla alargada y se introducían en el caldo las veces que fuera necesario hasta conseguir las velas".  

Tipos de velas, muy empleados en la liturgia y también como sistema de alumbrado en las casas, unas torta de cera, un trobo y una colmena de cuadros móviles de Langstroth de la que antes de ha hablado


Al pie de la colmena, una torta de cera, es llamativo que el antiguo hospital de peregrinos de Buspol, aquí en Grandas, junto al que hemos pasado al empezar el descenso al Salto de Salime, pagase a la mitra ovetense como tributo "una libra de cera en torta" a la vez que Asturias era deficitaria en su producción, así como en la de miel, por lo que acudían vendiendo ambos productos los referidos cereiros y los mieleros de la Alcarria:
"En nuestra región el número de cereros profesionales nunca fue grande, y su localización rara vez traspasó los núcleos urbanos más importantes. A mediados del siglo XVIII, el número de personas que se declara cerero de profesión en el catastro de Ensenada es insignificante, y ello es debido a que los que se dedicaban a este ramo lo compaginaban con otra actividad principal: taberneros74 y principalmente, como fue tradicional hasta fecha cercana, confiteros. Chocolateros, bizcocheros y confiteros sólo había, según dicho catastro, en Oviedo (28), Xixón (27), Avilés (16) y Llanes (5), pero por desgracia son muy pocos los datos que tenemos para poder evaluar su trabajo como cereros. De este modo, en las respuestas a dicho catastro en Xixón, sólo dos confiteros se declaran cereros, y en Llanes, ningún bizcochero alude a su dedicación a la cera. En 1771 el "Gremio de confiteros y chocolateros y zereros" de Oviedo estaba formado por 33 personas, de las cuales 16 especifican que son molenderos de chocolate; sin embargo, tampoco esta fuente de información nos proporciona datos precisos sobre el trabajo y el tiempo que dedicaban estos oficiales a la cera".

"La producción de miel en la mayor parte de Asturias no era capaz de satisfacer las necesidades de los campesinos, ni de la población urbana que en la región comienza a aumentar considerablemente durante la segunda mitad del siglo XIX. A pesar de que el consumo de miel no era muy grande, pues ya hemos visto en el capítulo anterior que su uso no pasaba de ser una medicina, era necesario importar miel de fuera para satisfacer la demanda existente. La escasa producción de los campesinos de la zona centro-oriental de la región, incapaces técnicamente de aumentar la cosecha de miel, era la principal causa de este déficit. Por otra parte, la zona occidental producía bastante cantidad de miel, pero su objetivo no era la venta sino el autoconsumo, y en consecuencia nunca existieron, ni tan siquiera se intentaron crear, sistemas de distribución y comercialización para la miel. 

Estas razones motivaron que nuestra región se convirtiera en un lugar tradicional de venta de los mieleros46 (meleros) procedentes de La Alcarria (provincia de Guadalajara), cuya miel es desde antiguo una de las más conocidas de toda España.

Los alcarreños, al parecer, comenzaron la venta ambulante en el siglo XIX, y por lo que respecta a Asturias así debe ser pues Sampil Labiades en su tratado apícola, publicado en 1798, cita a los cereros que compraban la cera por los pueblos de la región, pero nunca menciona a los meleros. Junto a estos tratantes ambulantes también existía un comercio de menor entidad, formado por campesinos asturianos que se desplazaban a León y Castilla a vender productos del país, en especial avellanas, y de retorno traían miel y la vendían en sus parroquias. Los alcarreños, procedentes casi en su totalidad del pueblo de Peñalver, se repartían entre ellos sus zonas de venta, para evitar la competencia y el trabajo vano. Sus mercados más importantes los tenían en diversas provincias del norte de España: Asturias, Valladolid, Santander, Bilbao, Alava y Logroño; también Madrid, debido a su proximidad con La Alcarria, era un lugar importante de venta (...)

Los meleros que llegaban a nuestra provincia sólo recorrían la zona centro-oriental. Sobre ellos hemos recogido información en los concejos de Grao, Teberga, Ayer, Bimenes, Llaviana, Parres y Cangues d'Onís, y todavía los hemos visto ejercer su trabajo en Oviedo51. Andaban tanto por zonas rurales apartadas como por las ciudades y núcleos industriales. Iban casi siempre solos y llevaban la miel metida en un par de pellejos que cargaban sobre una caballería. Pasaban por los pueblos voceando: "¡Mielero, miel, miel de La Alcarria!". Después de la Guerra Civil dejaron de traer las caballerías y se desplazaban en coches de línea, andando por los pueblos y ciudades con una barrica llena de miel y una alforja de lana con quesos, ambas colgadas de los hombros. 

Los campesinos que no tenían colmenas les compraban a menudo un poco de miel para tener en casa. "Había gente que les compraba un poco [de miel], porque el dinero non daba pa más". La miel se adquiría como una medicina que era necesario tener siempre a mano: "los mieleros vendían mucha miel pa los catarros; venían en invierno y vendían mucho a los mineros, porque los silicóticos tomaban una cucharada pola mañana pa los pulmones" (La Sienra, concejo de Bimenes).  
A los meleros se les consideraba personas humildes ("unos amiseriaos") y buenas, aunque la miel que vendían, según los campesinos, no lo era tanto. Para los paisanos todo aquel que tuviera que salir de casa a ganarse la vida, sobre todo aquellos que tenían que vivir errantes, eran dignos de lástima, porque eso significaba que la tierra de uno era pobre y no daba lo suficiente para sobrevivir".

Damos la vuelta por el corredor. La apatía institucional hacia la apicultura contrastaba con el interés de los ilustrados dieciochescos, con precedentes anteriores, auspiciados por descubrimientos científicos gracias por ejemplo a la invención del microscopio, lo que permitió analizar mejor a las abejas y su mundo:
"Los descubrimientos que sobre la naturaleza y el comportamiento de las abejas se van difundiendo a lo largo del siglo XVIII propician una reflexión y un replanteamiento profundo de las técnicas apícolas antiguas, que incitan a los agrónomos a mejorar y transformar en gran medida la cría de las abejas. En efecto, es imposible separar el desarrollo de los conocimientos científicos de las innovaciones técnicas que se realizan en este ramo a partir de mediados del siglo XVIII y que culminarán en la segunda mitad del siglo XIX. 

En el Siglo de las Luces se inventan muchas colmenas nuevas con formas y tamaños diversos, aunque todas ellas fijistas, con las que se pretende sustituir a las tradicionales y aumentar la producción de miel y cera (...)

En la primera mitad del siglo XIX existen en nuestro país dos grupos de autores apícolas: unos rechazan algunos de los descubrimientos de los naturalistas extranjeros y propician el uso de las colmenas tradicionales, defendiendo en ambos casos las ideas antiguas; y otros son directos seguidores de la apicultura gestada durante la Ilustración dieciochesca, en concreto de la apicultura difundida por los agrónomos franceses".


Los asturianos que estudiaron y divulgaron las técnicas de la nueva apicultura en esos tiempos son principalmente Fray Toribio de Pumarada y Toyos (n.1668), José Antonio Sampil Labiades (1756-1829), a los que habría que añadir la Sociedad Económica de Amigosdel País de Asturias. Compartimos la biografía del primero que nos ofrece Xuaco López_
"Nació en La Riera (concejo de Colunga) y fue el primogénito de una familia "pobre, muy pobre, aunque hidalgos de todos quatro costados desde inmemorial". Con gran esfuerzo de sus padres termina los estudios de Gramática y marcha a Valladolid, donde continúa su formación con los dominicos en el colegio de San Gregario. En esta ciudad entra a trabajar de criado en varias casas, como en la del relator don Bernardo del Valle, "en donde -según dice él mismo- estube diez meses con indecibles trabajos, que nunca supe estar caliente en la cama, tal era ella", y más tarde en la del mercader Juan de Molinedo, "cuya muger me miraba como si fuera su hijo". Gracias a la ayuda de estos últimos patrones y de varios padres dominicos se ordena en el convento de San Pablo de Valladolid, donde profesa con el nombre de fray Toribio de Santo Tomás. A partir de entonces su vida transcurrirá en distintos conventos de la orden, localizados en Vitoria, Pamplona, León, Tabara (Zamora), Segovia y Tuy (Pontevedra); en este último lugar alcanza el grado de prior. También recorrió las comarcas de Trasmiera y La Liébana (Cantabria), y la merindad de Valdeburón (León) en calidad de predicador. 

Entre 1711 y 1712 escribe un completísimo tratado agronómico, que titula Arte General de Grangerías, dirigido a un sobrino suyo que vive en La Riera, con el fin de que éste mejore y amplíe la casería "para salir de pobre". El texto está hecho expresamente para ser aplicado en las tierras y montes de La Riera, a cuyos lugares remite con frecuencia Pumarada, y en él se describen y proponen para su aplicación no sólo prácticas y técnicas características de Asturias, sino también otras muchas que aprendió en los lugares donde estuvo destinado.

La obra es una enciclopedia de la vida rural, que intenta dirigir al "amado sobrino" en todos los aspectos de su existencia, desde la educación y el matrimonio de los hijos, la vida sexual y el vestido, hasta la siembra de cereales, el piando de árboles y la cría de ganados. Se divide en dos partes: la "Grangería Espiritual" y las "Grangerías Temporales". La primera parte trata, como el mismo autor señala, de la salvación del alma, y en ella se explican los mandamientos de la ley de Dios y las diligencias que debe seguir el cristiano para guardar dicha ley. En sus páginas aparecen, junto a la doctrina cristiana, muchas recomendaciones prácticas sobre las cualidades de la mujer, el gobierno del concejo de Colunga, la herencia, las obligaciones de los curas párrocos, jueces, regidores y escribanos, etc. La segunda parte agrupa todo lo relacionado con el gobierno de la casería y las técnicas de producción rural: árboles, prados, ganados, cultivo de cereales, huerta, abejas, sidra, aperos y herramientas, carro, basorios o narrias, casa y cabañas, etc. Pumarada describe en su tratado lo que él considera una casería ideal. Su mayor pretensión es que la casa sea una unidad de producción completamente autosuficiente; su sobrino, siguiendo todos sus consejos, no tendría que depender de nadie, sólo de su propio trabajo y del Arte General de Grangerías, para conseguir y mantener una casa fuerte y libre de foros, censos, arrendamientos, camuñas (aparcerías), etc.

Lógicamente la casería perfecta que propone Pumarada a su sobrino tenía que contar con colmenas, por ello dedica sesenta folios de su obra a tratar "del colmenar y todo govierno de abejas para en los Montes de tu Riera". Según él, nadie "puede negar que si hay estrella con ellas es riquísima, y de mucho interés y regalo la grangería de las abejas. Y por eso para la casa de un padre de familia, que se precia de buen grangero, es un perteneciente grande tener un afamado colmenar, ahí hasta cien cubos de abejas y quantos más pueda". Ahora bien, para tener fortuna con las abejas su recomendación es "que prometas buen quiñón de la cera al Criador destas avecicas, Nro. Sr. Jesucristo, para emplear su precio en decir misas por sus amiguitas ánimas de Purgatorio, redimidas con la preciosísima sangre de su Magestad infinita. Que con tan necesitados aparceros creo que tendrás en esta grangería una oriental estrella"

Las creencias sobre las abejas y su naturaleza, así como los temas que trata son los mismos que aparecen en todos los autores agrícolas de los siglos XVI a XVIII: las características que debe tener un buen colmenar; las clases de colmenas y sus materiales, que no difieren en nada de las tradicionales; la captura de los enjambres, siguiendo el sistema común; la alimentación y la limpieza que deben practicar los "peritos colmenistas". Pumarada hace especial hincapié en tres asuntos: la captura de colmenas silvestres, y la recolección de su miel y cera en los árboles y peñas de los bosques; el "arte para partir los enjambres", que es el remedio más eficaz "para que ningún nuevo enjambre de sus abejas se le pierda, ni vaya de la colmena", y el modo de "escolmenarlas" o "robar a las abejas el tesoro de su miel y cera". En este último punto Pumarada ataca a los campesinos que matan sus abejas y también a los que "parten a mitad sus colmenas, un año las roban por una cabeza y otro por la otra", y recomienda extraer toda la miel y cera de las colmenas antes del 15 de septiembre, traspasando las abejas a una colmena vacía. Este sistema debió de observarlo Pumarada en algún lugar del suroeste de Castilla o en Extremadura, pues todavía lo utilizan los apicultores de las provincias de Badajoz y Huelva, con unos resultados, por cierto, poco recomendables debido a la altísima mortandad de colmenas que se produce durante el invierno y la primavera; sin embargo, nuestro autor opina que las abejas "como son ya entonces matriegas" recuperarán las vituallas en poco tiempo". 

De José Antonio Sampil Labiades Xuaco López nos dice que nació en Mieres en el seno de una familia acomodada y fue uno de los personajes más representativos del clero ilustrado asturiano, cuya vida estuvo enteramente marcada por la amistad con el ilustrado gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos, quien lo acogió en su casa como capellán y apoderado:
"La fidelidad de Sampil hacia su protector fue tan grande, que en 1801 cuando éste fue desterrado a Mallorca, él se encargó de llevar a Madrid las quejas y demandas de Jovellanos al rey, por lo que fue encarcelado por espacio de cuatro meses y desterrado a Mieres. En su casa permaneció encerrado por miedo a las denuncias de sus paisanos, y bajo la vigilancia directa del obispo de la diócesis. En 1807 escribe a Jovellanos: 
"Amigo mío, esta vida del más severo cartujo, que en los principios me era sumamente dura, porque mi genio, como usted no ignora, nada inclinado era a ella, al presente, después de dos años y medio de noviciado, me es tan amable que con dificultad me resolvería a entrar en sociedad con los demás hombres, aunque las cosas todas mudaran de repente de aspecto". 
Sampil representa muy bien el espíritu ilustrado del siglo XVIII y la nueva actitud que existe ante la realidad que le rodea; en él se unen un interés grande por las nuevas ideas desarrolladas en el extranjero y por la experiencia práctica de esas ideas. Era un persona muy aficionada "al trabajo de manos", cuya amarga situación en los primeros años del siglo XIX le impulsaron a buscar una casa con huerta para alejarse de Mieres y dedicarse al cultivo del campo; así se lo cuenta en 1807 a Jovellanos: 
"Si entre éstas encuentro un corto terreno de mediana fertilidad, pero con riego, no se me escapará con tal que esté retirado de pueblo agregado, y en él haré un humilde tugurio del que ya tengo hecha la planta, donde acabaré los cortos días que me restan, cultivando por mí mismo la tierra que deberá alimentarme, porque de las rentas eclesiásticas me quedan ya pocas esperanzas".
Sin embargo, antes de esta etapa, su interés por las nuevas experiencias agrícolas no sólo fue para él un asunto personal, sino que consideró casi una obligación difundirlas a través de publicaciones de pequeño tamaño y lectura fácil, para mejorar el estado de los labradores. En 1798 publicó sus dos únicos tratados agrícolas, ambos dedicados a Jovellanos, que son El jardinero instruido ó tratado físico de la vejetación, cultivo y poda de los árboles frutales y Nuevo plan de colmenas. En ellos se recopilan los trabajos llevados a cabo por diversos autores extranjeros y la propia experiencia de Sampil en ambos ramos. El tratado sobre las abejas, como ya dijimos, debe mucho al Diccionario de Rozier y a veces lo copia literalmente. En el prólogo del libro se ataca con dureza a todos los autores antiguos y modernos (Virgilio, Columela, Herrera) que han escrito sobre el cultivo de las abejas, así como a la "inmemorial costumbre, voz más perjudicial a la agricultura -escribe Sampil-, que los terribles meteoros, porque al fin estos son pasageros, pero aquélla sigue de generación en generación de acuerdo con la ignorancia, para que jamás se olviden los errados procedimientos de nuestros abuelos". Sampil considera que entre los labradores "hay pocos exemplos que imitar, y si se encuentra alguno es bien señalado". Los únicos conocimientos válidos para resucitar la aletargada agricultura española son los que proceden de la observaci6n escrupulosa combinada con "la meditación más reflexa", que practican algunos autores extranjeros.

En cuanto al modo de propagar esas ideas y técnicas nuevas, el único modo posible, según nuestro autor, era con la ayuda de los curas párrocos, pues su influencia entre los campesinos era grande y además su esfuerzo redundaría al final en beneficio propio. (...)

La idea de utilizar a los párrocos para difundir los nuevos conocimientos agrícolas también había surgido en el extranjero, en concreto fue lanzada por el italiano Griselini, y en España su mayor reflejo fue la publicaci6n con apoyo oficial del Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos (1797-1808).

El tratado apícola de Sampil está dividido en dos partes. La primera se dedica Íntegramente a describir la naturaleza de las abejas, así como sus productos básicos (cera, miel, própolis). La segunda parte recoge las recomendaciones prácticas para la cría de las abejas, deteniéndose principalmente en las "colmenas de altos" o cajones sobrepuestos inventadas por Palteau y perfeccionadas por Carne de Blangy"

En cuanto las Sociedades Económicas de Amigos del País, Xuaco López nos cuenta que comenzaron a crearse en España durante el último cuarto del siglo XVIII, como un instrumento de la política ilustrada llevada a cabo durante los reinados borbónicos de esa época. El conde de Campomanes, amigo de Jovellanos fue, desde el poder, el principal promotor de estas asociaciones integradas por nobles y clérigos, cuyos fines eran fomentar la mejora de la agricultura y la industria, así como la divulgación de los nuevos conocimientos y técnicas que en el siglo XVIII se desarrollan en el extranjero, incluyendo las apícolas. Una de sus muchas actividades en este campo fue, por ejemplo, la convocatoria de premios a la cría de abejas


Y es posteriormente, a caballo entre los siglos XIX y XX, cuando surge la figura de Carlos Flórez Lorenzo (1870-1967), conocido como El cura les abeyes:
"Nació en Saliencia (concejo de Somiedo). Estudió en el Seminario de Oviedo y se ordenó sacerdote en 1894. Su primer destino fue como mayordomo del obispo Martínez Vigil; cuatro años más tarde ingresa en la Beneficiencia Provincial, trabajando primero como capellán del Hospicio y pasando al cabo de dos años al Hospital. En 1925 cesa en este cargo, y comienza su dedicación plena en los servicios agropecuarios de la Diputación Provincial. Ese año es nombrado "encargado de dar lecciones de Apicultura en los Centros de Enseñanza, para propagar los métodos modernos de dicha industria". En 1935, se ofrece para instalar y regir las secciones de apicultura, cunicultura y avicultura en la Granja del Hospital Psiquiátrico, y después de la Guerra Civil volverá a estas mismas labores. De todos modos, su dedicación más intensa y querida fue la apicultura, lo que le valió el nombre de "el cura les abeyes". 

En un primer momento Flórez trabajó en un laboratorio formado por él en el Hospital provincial, trasladándose enseguida al "caserón de San Lázaro" (casa de caridad), situado en el barrio de ese nombre en Oviedo, donde creó un centro api-sericícola. En 1927, el caserón es derribado y la Diputación arrienda una finca en las afueras de la ciudad, denominada la "Quinta del Obispo", para dedicarla únicamente al fomento de la cría de abejas y gusanos de seda. 

Flórez consideraba que la apicultura era una fuente de riqueza "que bien explotada pudiera en estos tiempos de penuria, sacar de apuros económicos a numerosos campesinos y a muchos obreros manuales y profesionales, cuyo ameno y fácil trabajo redundaría por añadidura en beneficio de la agricultura" por el trabajo polinizador de las abejas. El mismo declaraba en 1964 que las abejas "además de mi interés, fueron mi medio de vida", pues durante muchos años la venta de miel, recogida en sus propias colmenas, le proporcionará unos ingresos económicos importantes. 

Sus ideas divulgadoras se resumen en los seis objetivos que establece en el proyecto que en 1925 envía a la Diputación para crear una "escuela práctica de apicultura": 1) Dirección de "colmenares oficiales o particulares con colmenas de variados tipos, para dar en ellos públicamente conferencias y lecciones prácticas y comparar el rendimiento en orden a la adopción del mejor modelo"; 2) Auxiliar a los principiantes en la confección de las colmenas y orientar sus trabajos; 3) Dar conferencias teórico-prácticas en los centros docentes y en las Sociedades agrícolas; 4) Publicar en la prensa regional los trabajos apícolas que deben realizarse en las diferentes estaciones; 5) "Contestar a las consultas que le hagan de palabra o por escrito"; y 6) "Fomentar las relaciones entre los apicultores, para que se presten mutua ayuda y consigan ventajas económicas en las compraventas".

Carlos Flórez pensaba que era fundamental que los propios campesinos pudieran observar y convencerse por sí mismos de las ventajas de la apicultura moderna; por ello, toda su labor de divulgación se basaba en un contacto permanente con los aficionados a la apicultura y sobre todo con "los más afamados apicultores", pues éstos siempre podían influir en el resto de los campesinos. Estas ideas le llevaron a recorrer muchos concejos y a instalar entre 1926 y 1933 cerca de 3.000 colmenas modernas diseminadas por toda la región. "Durante estos siete años -escribe Flórez- se prodigaron los cursillos, las visitas al colmenar oficial y las consultas particulares, aparte de la copiosa correspondencia. Aunque mi obligación se reducía a la enseñanza en los centros docentes, le di la posible amplitud en beneficio del público sin distinción de ideas ni de condición social, a no ser en los casos de manifiesta incapacidad o cuando después de comprarles colmenas, abejas, cera u otros enseres costosos, los favorecidos se llamaban a Andana y ni siquiera daban las gracias. Escuso decir que abundan tales personas, sobre todo en la clase acomodada".


Uno de los principales objetivos de Flórez era que los campesinos interesados en la apicultura moderna no dependieran de los elevados precios que tenía el material apícola (colmenas de cuadros, extractor, ahumadores, plantilla para estampillar la cera, etc.), ni que este hecho fuera una barrera para ellos. Con el fin de evitar esto hizo siempre especial hincapié "en que los aficionados no se supeditasen a las casas constructoras, porque ganarían mucho en calidad y precio fabricando en la localidad sus enseres" 72; y, además, para que los campesinos tuvieran un modelo de colmena para copiar, promovió que la Diputación provincial entregase a todas las escuelas y personas, "aficionadas de garantía", que lo solicitasen una o varias colmenas modernas. Los campesinos a cambio de una colmena de cuadros móviles tenían que entregar una tradicional o fijista poblada de abejas, que la Diputación cedía a las escuelas para iniciarse en este cultivo. 

Las preocupaciones de Flórez se reflejan muy bien en el material que presenta en el Pabellón de Asturias de la Exposición Nacional de Ganadería de 1926, donde expuso colmenas Layens y Dadant, "fabricadas en Asturias a precio asequible", y también un tipo de colmena "ideado y ensayado por él con muy favorable éxito en los valles altos de Asturias". Este modelo consiste en una colmena tipo Layens, en la que Flórez colocó una separación para almacenar miel paralela a la piquera; de este modo, la colmena queda dividida en dos mitades, evitando los inconvenientes del enfriamiento, esté o no lleno el almacén y sin que sea preciso sacar los cuadros de él. Según los redactores de la revista La Colmena, Flórez "ha tratado de resolver y, a nuestro juicio, resuelto, unos problemas locales que dificultaban el desarrollo de la apicultura, de la que es D. Carlos un apóstol en el Principado". 

Para Flórez, los maestros y las escuelas eran las personas y los lugares más apropiados para fomentar el interés por la apicultura en el campo asturiano, y por ello organizó en muchos centros escolares "cotos apícolas" a los que proveía del material apropiado. En 1928, tenía formados 74 centros de enseñanza en los que estaban repartidas 465 colmenas. La Guerra Civil acabó con toda esta labor, que volvió a reiniciarse en 1941 con la misma política de los "cotos apícolas" y la entrega de colmenas a campesinos. 

En 1960, cuando ya estaba jubilado, la Diputación Provincial le publicó un folleto titulado Nociones de apicultura, en el que describe de un modo muy sencillo las técnicas apícolas modernas y los diversos tipos de colmenas movilistas (Layens, Dadant, Root), entre los que está el modelo inventado por él. El "cura les abeyes" fue un hombre de acción, que hasta los últimos años de su larga vida tuvo una vitalidad y una capacidad de trabajo muy grandes. Todo su programa divulgativo estuvo basado en ofrecer el auxilio necesario a los campesinos interesados ("aficionados") en el cultivo de las abejas, observando cierto respeto por las colmenas tradicionales. Las palabras escritas por Carlos Flórez en un artículo periodístico publicado en 1906, refiriéndose a los desvelos de un ingeniero, Ricardo Acebal, por instalar una piscifactoría en Asturias, y del poco caso que se le hacía, sirven muy bien para conocer su espíritu y sus ideas: 
"Este gran patriota, convencido de la importancia, que había de tener nuestra piscifactoría, viene persiguiendo su realización con perseverancia impropia de nuestro carácter y digna de otro país, porque aquí se perpetuará en estatuas la memoria de cualquier guerrero, que tenga el único mérito de haber arrebatado muchas vidas a la humanidad, o la del charlatán, que en lugar elevado pronuncie tan brillantes cuanto estériles discursos; pero el funcionario, que estudia con afán allá en el fondo de su oficina los progresos de las naciones más adelantadas para enriquecer con ellos la suya, o que trabaja y lucha por hacer bien al país, vive olvidado de todos, recibiendo a cambio de tantos sacrificios un sueldo mezquino, prenda segura de lo poco en que se estiman sus desvelos".

Vista la galería con la sección de Apicultura volvemos a entrar en la sala del oculista y pasamos al siguiente espacio museístico de este Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"


El Hospitalillo, cuyas piezas y elementos proceden básicamente del pequeño hospital que se puso en funcionamiento al hacer el embalse del Salto de Salime, "que aunque destinado a sus trabajadores y atender las numerosas incidencias laborales, prestaba también servicios privados a los vecinos".


Era el llamado Hospital de Obra, complejo sanitario con 10 camas, quirófano y rayos X que construyó la empresa del embalse, Saltos del Navia (constituida por Hidroeléctrica del Cantábrico y Electra de Viesgo con respaldo del Banco Urquijo), que funcionó de manera temporal entre 1945 y 1954


Antes de ello, o se empleaban remedios caseros si se podía o había que desplazarse más de cien kilómetros a la capital asturiana por muy difíciles carreteras de montaña. Los traslados solían hacerse en caballerías o en los primeros vehículos de línea cuando se abrieron las primeras carreteras acabando el siglo XIX


En la actualidad, los vecinos disponen de consultorio médico, que es a donde pueden acudir también peregrinos y visitantes. Para casos más graves está el Hospital Comarcal Carmen y Severo Ochoa de Cangas del Narcea


Botes porta-curas de acero inoxidable


Material del que están hechos prácticamente todos los objetos e instrumentos de este armario-expositor, material óptimo para su higiene y esterilización


Pinzas quirúrgicas, bisturís, tenacillas...


Este material estaba en gran parte especializado en curas de pequeños accidentes de los trabajadores o hacer las primeras de los accidentes más graves, así como patologías frecuentes


Muchas son piezas que, o bien siguen utilizándose (con sus lógicas evoluciones) o lo fueron hasta fechas históricamente bastante recientes


Sillas para examinar sentados a los pacientes


Un esterilizador eléctrico y bandejas médicas esmaltadas, como las sillas, otro material bueno para limpiar y esterilizar, pues carece de poros


Como siempre decimos y repetimos hasta la saciedad, el personal del Museo nos asesorará mejor que estos comentarios míos a pie de foto


Si tenemos además la suerte de que nos acompañe un médico en nuestra visita o alguien familiarizado con este instrumental mejor que mejor aún


Pasamos así de pieza a pieza y de expositor en expositor


Una camilla de la época, visiblemente bien usada. A la izquierda una caja para transportar material de primeros auxilios, o eso parece...


Otro armario expositor con útiles y elementos diversos


Otros dos botes porta-curas en acero inoxidable


Parece básicamente material de lavativas, pero mejor que nos los confirmen en el mismo Museo


Y complementos mucho más avanzados que, pasando unas décadas, también se quedaron obsoletos y pasaron a ser material museístico



Novedades de ayer por la tarde, 'antiguallas' hoy, pero que tantísimo bien hicieron a trabajadores (familias incluidas) y vecinos


La mesa del médico, con su lámpara, bata, aparatos, ficheros



Y otra silla esmaltada


Otra vitrina-armario con abundante instrumental médico


Está relacionado con cajas metálicas para dicho instrumental


Más jeringas, frascos, fonendoscopios...


Y más piezas y objetos que muchos habremos visto en nuestras visitas al doctor



Un esterilizador antiguo en acero inoxidable y dos chatas de hospital


Un modelo habitual de mediados del siglo XX


Chatas esmaltadas. Décadas después serían sustituidas por modelos de plástico


Botiquín y transporte de equipo sanitario


De esta panera, nos acercamos a la siguiente vitrina sanitaria


Báscula para bebés esmaltada en blanco y con los aparatos de medición en bronce


Guantes y aparato relacionado con la ayuda al parto


Más tipos de tenazas, pinzas, tijeras, bisturís


En la pared, instrumental veterinario






Y encima, una reproducción del gran mural de Joaquín Vaquero Turcios en el que se repasa la historia de la construcción del Salto de Salime, sito en su sala de Turbinas. Nos cuenta de él Natalia Tielve García en la web Patrimoniu Industrial:
"El monumental aprovechamiento hidroeléctrico de Salime, construido entre los años 1945 y 1955, es una soberbia manifestación de la labor integradora desarrollada por Joaquín Vaquero Palacios en colaboración con su hijo Joaquín Vaquero Turcios. 
En la sala de turbinas de la Central de Salime encontramos dos de las intervenciones más interesantes: una composición geométrica que reproduce la descarga eléctrica entre dos polos y un gran friso narrativo que da cuenta de la laboriosa experiencia constructiva del salto. La composición, a gran escala, exige una lectura continua para aprehender el relato, la narración de los trabajos emprendidos desde la génesis del proyecto hasta llegar a las aplicaciones de la electricidad y de sus protagonistas. 
El relato plástico arranca con la invención del Salto y la representación de los Consejeros de las empresas promotoras -Hidroeléctrica del Cantábrico S.A. y Electra de Viesgo, S.A.-  así como de los Ingenieros responsables de los estudios técnicos. A la síntesis de los trabajos constructivos -accesos, transporte y edificios– siguen los Obreros, protagonistas del tramo central del mural; les sobrevuela la escena de la Pietá, en la que una mujer apesadumbrada sostiene entre sus brazos a un obrero, en recuerdo de los fallecidos durante las obras. Continúan el relato los Directores y los Artistas: el padre, Vaquero Palacios, representado como escultor; el hijo, Vaquero Turcios, como pintor. 
Más adelante, junto a la alusión al embalsamiento y el hundimiento de las fincas y edificios preexistentes, son esquemáticamente reproducidos los elementos que integran el salto: la presa, el aliviadero, la central, la subestación de intemperie, los grupos de turbina-alternador, los mandos y el transformador. Culmina el mural con el encendido de una bombilla y la producción de la energía, el calor, la fuerza, la luz y sus líneas de transporte. 
El resultado es una obra rotunda y equilibrada en la que quedan armónicamente acompasados verismo y simbolismo. El tratamiento digno, severo y solemne de las monumentales figuras, de porte épico, la rotundidad plástica, la vivacidad cromática e intensidad emotiva nos permiten enlazarlo con las composiciones del muralismo mexicano".

Los descubridores del lugar: la profundidad del valle del Navia, estrecho, hondo y largo, fue la razón por la que se hicieron este y otros embalses. Siguen a la derecha el trabajo de los topógrafos, las reuniones empresariales y a continuación arquitectos, ingenieros y demás especialistas trabajando en los planos


El trabajo del transporte de materiales, el teleférico, los camiones (su escaso número en la posguerra motivo la solución del teleférico), y hasta los bueyes que tiraron de los carros


Todo el sistema de hormigoneras, andamiajes y también los trabajadores


Una Piedad (arriba) sobre los trabajadores hace referencia a los muy numerosos accidentes laborales. También vemos un poblado


El encofrado, de nuevo los topógrafos e ingenieros, e incluso abajo vemos a Joaquín Vaquero Turcios esculpiendo en piedra a la Virgen de la Luz que vimos en el embalse


A la derecha, el trabajo en las turbinas y en la central eléctrica, actualmente automatizado en su totalidad. Arriba otro grupo de trabajadores y sus familias con otro de los poblados al fondo


Las torres de alta tensión que soportan el cableado que transporta la energía producida en el embalse. A la derecha ejemplos de utilidad de la energía eléctrica, desde la bombilla, luz y sonido a la misma industria


Pasamos a continuación a la sala de los Sistemas de alumbrado, no todo eléctrico ni mucho menos. Tengamos en cuenta que, en otro de los grandes contrastes aquí existentes, pese a estar junta a una de las centrales más grandes de Europa en cuanto a su capacidad muchos pueblos de su entorno carecieron de luz hasta fechas extraordinariamente tardías


Otros, si bien tenían luz gracias al embalse, padecían numerosos cortes de energía y eran frecuentísimos los apagones, por lo que los sistemas de alumbrado antiguos pervivieron durante muchísimo tiempo


De ahí que en esta sala veamos desde sujeta velas y candiles a bombillas, lámparas, carburos y linternas de diferentes épocas y estilos, pues llegaron incluso a convivir en muchos pueblos con o antes de la luz eléctrica. Consultamos la web del Museo lo que nos cuenta respecto a esta sala:
"La vida del campesino estaba marcada por la luz del sol. Por la noche, la única luz de la casa era el fuego de la lareira y, si era necesario, se encendía un candil de aceite o una garabuya o cádaba, rama de uz (brezo) seca que se colgaba en el paparote manteniendo la llama bastante tiempo. Estos sistemas se alternaban con faroles de petróleo y lámparas de carburo.  Las velas de cera fueron escasamente usadas en los ambientes domésticos, siendo su uso preferente el religioso. Ocasionalmente se fabricaban velas de sebo de oveja para el uso corriente.
La luz eléctrica comenzó a llegar a la comarca en la segunda década del siglo XX. Su ritmo de introducción fue muy lento y la mayoría de las parroquias no dispusieron de ella hasta mediados los años 40, siendo varios los pueblos que se mantuvieron sin luz eléctrica hasta la década de los 80".

Todos estos dispositivos se empleaban para la iluminación dentro de las casas, colgándonos en lugares estratégicos o llevándolos en la mano de un lugar a otro al desplazarse


Los candiles tienen un depósito en la parte superior, uno para meter el combustible, de aceite o gas, sellado con un tapón y otro rematado con un pequeño tubo cilíndrico en el que se insertaba una mecha de algodón o tira de lienzo para producir la llama


Portavelas, candiles, lámpara de alcohol


Otro buen muestrario


Faroles de mano...








Linternas a pilas


Lámparas de carburo...








Un gran adelanto, máquina de rayos X. Fijémonos en la gran bombilla del techo


"El descubrimiento de los rayos X fue uno de los avances científicos más importantes en la historia. El autor de este hallazgo fue el físico Wilhem Conrad Röntgen, quien descubrió esta técnica de forma accidental en su laboratorio en 1895. Con el paso de los años, se convirtió en una herramienta fundamental en el campo de la medicina, la industria y la seguridad. Las máquinas de rayos X antiguas supusieron una revolución en el sector sanitario, concretamente en el área del diagnóstico por imágenes", leemos en la página 4D Médica:
"Los rayos X fueron descubiertos el 8 de noviembre de 1895 por el físico Wilhelm Conrad Röntgen, en Hamburgo, Alemania. Tras sus estudios de ingeniería médica, se introdujo en el mundo de la física y obtuvo sus primeros hallazgos mientras estudiaba el poder de la penetración de los rayos catódicos. 
A lo largo de su investigación, identificó que una pantalla fluorescente cercana emitía un resplandor, a pesar de que había objetos sólidos entre la fuente de radiación y la pantalla. Este fenómeno indicaba que una nueva forma de radiación, invisible al ojo humano, era capaz de atravesar objetos opacos y proyectar su imagen en una superficie. Röntgen lo denominó “rayos X”, utilizando la letra “X” para indicar que se trataba de un fenómeno desconocido. 
Röntgen, con la ayuda de su esposa, Anna Bertha Ludwig, descubrió que al sostener un aro de plomo podía ver los huesos de la mano de su esposa junto con su anillo de boda. El físico decidió imprimir la imagen y, para ello, le pidió a su esposa que colocara su mano izquierda sobre una placa de metal para poder fotografiarla, dando lugar a la primera radiografía. 
En enero de 1896, Röntgen publicó su descubrimiento en el artículo “Sobre una nueva clase de rayos”. Pocas semanas después, la noticia se difundió rápidamente por todo el mundo y, ese mismo año, las primeras aplicaciones médicas comenzaron a desarrollarse. 
Este descubrimiento revolucionó la medicina y le otorgó a Röntgen el primer premio Nobel de Física en 1901, siendo el primer galardonado en la historia de estos premios. A lo largo de la historia, varios médicos aplicaron la radiación de los rayos X para tratar afecciones dermatológicas y algunos tipos de cáncer, como el de células basales, cáncer de útero y leucemia. 
No obstante, el primer médico radiólogo que investigó sobre su aplicación y el desarrollo de la práctica radiológica fue Albers-Schönberg. El autor realizó la primera publicación sobre radiología a nivel mundial, titulada “El progreso sobre las áreas de los rayos X”. Posteriormente, empezaron a desarrollarse las primeras máquinas de rayos X. 
Actualmente, los rayos X representan una de las tecnologías de diagnóstico por imágenes más utilizadas. Las radiaciones electromagnéticas que generan los rayos X tienen la capacidad de atravesar la materia orgánica e impresionarla en una placa con material fotográfico. Posteriormente, generan imágenes médicas en tonos negros, grises y blancos de las estructuras internas del cuerpo humano, dando lugar a lo que se conoce como radiografía. 
El empleo de esta tecnología permite diagnosticar múltiples enfermedades y lesiones, por lo que se utiliza en diferentes técnicas y equipamientos médicos, tanto de forma íntegra como en combinación con técnicas nucleares. Desde la radiografía convencional, la tomografía computarizada o TAC, la mamografía, la fluoroscopia y la angiografía hasta la densimetría ósea. 
Las primeras máquinas de rayos X antiguas estaban basadas en el tubo de Crookes, un dispositivo de vidrio al vacío que generaba electrones a partir de una corriente eléctrica. Estos electrones chocaban contra un material metálico, produciendo los rayos X, que podían atravesar tejidos blandos y proyectar una imagen de los huesos sobre una placa fotográfica".

Esta habría sido la máquina de rayos X del antiguo hospitalillo del Salto de Salime, la cual permitiría entre otras cosas ver las lesiones de los huesos y su evolución


Recorremos la sala y con sorpresa admiramos y contemplamos más ingenios lumínicos y demás luminarias


Candil y pieza para colgarlo estilo lámpara de piel


Una vitrina llena de candiles


Uno de ellos de cerámica, similar a los de los castros romanizados de la zona


Todo tipo de modelos...



Lámparas de gas





Vista así la sala de Sistemas de alumbrado vamos acabando nuestro recorrido por A Casoa


Pasamos de nuevo junto a la sección de trampas de caza y bajamos por las mismas escaleras por las que hemos subido (hay también ascensor)


Y volvemos a la Sala de Comunicaciones


Salimos al exterior por la puerta principal, la de arco de medio punto


Aquí tenemos una antigua máquina de moler cacao y hacer chocolate, industria que se extendió ampliamente por Asturias y, en concreto por esta zona más occidental, a través del puerto de la Vega de Ribadeo, actualmente Vegadeo/A Veiga, como nos leemos en Monasterios, salud y burguesía. 1850-1975: auge y declive de la industria chocolatera en Asturias, de Lucía Vigón Menéndez, máster de Comunicación y periodismo gastronómico de The Foodie Studies:
"los principales puertos de arribo del cacao eran Villaviciosa, Vega de Ribadeo, San Esteban de Pravia, Ribadesella, Llanes, Luarca, Lastres y Gijón. Villaviciosa y Ribadesella principalmente por su mayor cercanía a Santander, lugar de procedencia de gran parte del cacao en un principio. Y Luarca y Gijón porque son centros fundamentales de elaboración del cacao, de ahí el gran crecimiento de su importación de 1844 a 1845 en detrimento de otros puertos. 
Se debe también observar el importante crecimiento en Vega de Ribadeoclaramente por su mayor cercanía a Galicia y, por lo tanto, a La Coruña, puerto de procedencia de gran parte de la carga de chocolate que se importa en Asturias. Este caso es una muestra de que, en 1845, el cacao parece proceder, en mayor medida, de La Coruña, disminuyendo así la introducción del cacao a través de barcos procedentes de Santander. El hecho de que la importación en los puertos orientales disminuya y la de los occidentales aumente posiblemente se debe a temas arancelarios o cuestiones administrativas similares que hacen más ventajoso el arribo desde La Coruña. 
(...) llama la atención que el nivel de introducción de azúcar en Asturias no varía en consonancia con el crecimiento o disminución de la importación del cacao, lo cual se debe, por una parte, a que gran parte del azúcar se utilizaba para otros tipos de elaboraciones y, por otra parte, a la existencia de diversas fábricas de producción de azúcar en Asturias. (...) 
La ruta del cacao presenta un trazado complejo y varía dependiendo de las épocas y la política del momento en España. Como ya se ha comentado, el chocolate en un principio, hasta finales del siglo XIX, llegaba de América, en particular de Venezuela y México, aunque también en cierta medida de Colombia y Ecuador, al puerto de Cádiz para, desde allí, distribuirse a los principales puertos de la Península, entre ellos el de La Coruña y el de Santander. De estos dos últimos partían hacia Asturias barcos de menor calado para poder arribar en puertos asturianos incluso de pequeñas dimensiones como Puerto de Vega. 
Más adelante, a principios del siglo XX, a causa de la independencia de las colonias de América del Sur y el afianzamiento de la colonia de Guinea Ecuatorial (antigua Guinea Española) y, en particular, de la isla Bioko (antigua Fernando Poo), el chocolate procede, principalmente, de estas zonas de África. De ahí viaja a los puertos españoles con mayor tráfico de naves, ya no solo Cádiz, como sucedía con el cacao importado de América. A partir de 1935, el Comité Sindical del Cacao, organismo regulador de la importación y precios del cacao, resulta clave para que el cacao proceda ya, en su totalidad, de África y, en concreto, de la ya mencionada Guinea Ecuatorial".

Fijémonos en los moldes para las onzas o tabletas, seguimos esta apasionante historia:
"El chocolate en Asturias se realizaba con cacao, azúcar y, en determinados casos, se añadía canela. El método de elaboración consistía en limpiar los granos, descascarillarlos y tostarlos. Posteriormente se molían, en un principio a mano, sobre una piedra, llamada metate, bajo la cual se insertaba un fuego para fundirlo creando así una pasta. Luego dicha pasta se mezclaba con azúcar (y, a veces, canela) y se insertaba en moldes, generalmente de una libra (460 g) dividida en 16 onzas. En un estadio posterior de elaboración del cacao, se usan molinos de tracción animal, como el hallado en el Monasterio de Corias, que data del último tercio del siglo XIX. 
En la segunda mitad del silgo XIX, se empieza a contar con tostadoras y refinadoras del cacao semiindustriales. Y, en pocos años, todo el proceso de elaboración del cacao será totalmente industrial, utilizando para la realización del chocolate maquinaria a vapor, en un principio y, posteriormente, eléctrica. De cualquier forma, en el siglo XIX los paladares más refinados solicitaban que su chocolate fuera molido a mano, al considerarlo más selecto. 
Al ser el chocolate a la taza, durante muchos años, el único chocolate que se disfrutaba en Asturias, se elaboraron diversos utensilios para su realización y disfrute doméstico. La chocolatera fue uno de estos y se realizó en metal (cobre, acero), cerámica y barro. Cabe destacar que la primera chocolatera producida en hierro en España la llevó a cabo la fábrica gijonesa de Laviada, así como la primera de acero con interior de cerámica. Por otro lado, las industrias gijonesas también fueron prolíficas en la producción de objetos para servir el chocolate: jícaras, jarras de porcelana, plata o alpaca. Entre los alfares dedicados a la producción de objetos para la degustación del cacao se encuentran los de Faro y Llamas de Mouro. Destaca también la fábrica “La Asturiana”, creada en Gijón en 1874 por Mariano Suárez Pola, la cual tenía una enorme producción de objetos de loza de todo tipo, incluidas tazas y platos para chocolate a la taza (algunas de las cuales se pueden ver el Museo del Pueblo de Asturias de Gijón). En el siglo XVIII y hasta mediados del siglo XIX en Asturias el chocolate se consumía a la taza, también como remedio medicinal. 
Posteriormente, con la inclusión de nuevas maquinarias, norias, refinadoras, batidoras, estufas de conservación, refrigeradoras, muchas de ellas procedentes de Astorga, de nuevas técnicas, como el concheado, y útiles varios, como la prensa del cacao, capaz de extraer la manteca de cacao (operación necesaria para hacer tabletas), procedente del Norte y el Centro de Europa, la tableta de chocolate irrumpía con fuerza. Su poderío se consolidaba, en Asturias, a partir del último tercio del siglo XIX. Es entonces cuando se incluye leche, en polvo, y se empiezan a proponer, tímidamente, variedades con frutos secos, en particular avellanas, muy típicas de la zona. A comienzos del siglo XX ya empezaban a elaborarse bombones y en 1950 hasta un bombón helado, denominado Frescolina, fabricado por Chocolates Kike".

A este otro lado de la puerta una pieza más antigua, para moler el cacao manualmente, el referido metate hecho enteramente de piedra y cuyo origen procede de Mesoamérica, según nos explica la Wikipedia:
"El metate (del náhuatl metlatl), kaʼ (en maya yucateco), o yooso (en mixteco) es un utensilio de cocina utilizado en diversas culturas de Mesoamérica desde tiempos prehispánicos para moler granos como los de maíz o los de cacao, chiles para mole e incluso arroz. Se compone de dos elementos: una plancha rectangular de piedra pulida con tres o cuatro patas, y el metlapile (metlapilli) o mano de metate, el rodillo cilíndrico que se toma con ambas manos para moler los granos. La versión más sencilla, la cual carece de piernas, se denomina huilanche (huilantli). 
Su uso se extiende por el sur de México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, y Costa Rica, pero con la aparición de molinos mecánicos, prácticamente ha desaparecido. 
Se estima que el uso de metates comenzó en el período Cenolítico superior (5000-3000 a. C.) de la de la historia mesoamericana, así como en el Arcaico medio en el suroeste de los Estados Unidos (3500 a. C.). Los metates más antiguos encontrados eran planos o con forma de cuenca; Los metates en forma de artesa se empezaron a utilizar en el suroeste alrededor del año 450 a. C. (...) 
El metate es un instrumento de molienda que puede encontrarse en diversos tamaños, desde ejemplares de pocos centímetros hasta otros que superan el metro de longitud. Ha desempeñado un papel fundamental en la economía doméstica tradicional, ya que, antes de la invención de los molinos y licuadoras eléctricas, constituía el principal medio para obtener harinas, salsas y otros productos molidos. Su uso se extendía también a la preparación de colorantes a base de tierras y otros materiales. Debido a su amplia distribución geográfica y a la diversidad de formas que presenta, se le considera uno de los instrumentos más antiguos utilizados por el ser humano. 
Como herramienta de molienda, el metate se fabrica con materiales duros y de baja porosidad, lo que facilita su limpieza y evita la mezcla de sabores entre usos. Tradicionalmente, se elabora con piedra volcánica, aunque también existen ejemplares hechos de barro cocido o piedra metamórfica, como el granito. Este último material, por su costo elevado, estaba reservado para metates de mayor valor, que en ocasiones eran decorados con grabados o inscripciones para facilitar su identificación. 
En algunas culturas, el metate formaba parte del ajuar matrimonial, y su ruptura era considerada una grave ofensa. Por su utilidad y simbolismo, era una de las piezas más valiosas del hogar".

Estas son pues sus dos piezas básicas, la base y el rodillo, ambos de piedra, de ahí que este tipo de elaboración se llamase "a brazo" o "a la piedra". Seguimos leyendo el estudio de Lucía Vigón Menéndez:
"... el chocolate, en el siglo XIX, es una auténtica moda. Los Ilustrados, como Jovellanos, a finales del siglo XVIII se reunían disfrutando de una larga merienda de chocolate a la taza y pastas. Entre los intelectuales, los cafés literarios, como el Dindurra, en Gijón, fundado en 1899, constituían un lugar en el que reunirse a debatir, la mayoría de las veces, en torno a un chocolate. 
Las señoras de la alta burguesía también eran “adictas” a esta deliciosa bebida la cual, a la par que ser saludable resultaba ser un buen modo de demostrar su clase. Disfrutaban del chocolate, con amigas, en finas porcelanas alemanas en saloncitos plagados de objetos lujosos y, tal vez, con un piano con el que amenizar la velada. Ya en la época de la Guerra Civil y la posguerra, donde la escasez de alimentos era la seña de identidad de Asturias y de España, el que podía disfrutar de chocolate era un privilegiado, por clase o por contactos. 
A partir de los años 60-70, con la entrada de chocolates extranjeros en el comercio asturiano, se convierte en síntoma de buen gusto todo lo extranjero: chocolates importados, de sabores “exóticos”, con formas especiales. Aunque ya antes este gusto por lo extranjero denotaba clase, por ello La Primitiva Indiana proponía, a finales del siglo XIX, dos tipos de chocolate “Gijón” (más barato) y “París” (más caro), ambos elaborados en Gijón Los bombones siempre, en todas las épocas, han representado un modo de distinción dentro del propio mundo del chocolate. En Asturias los de Peñalba, de Oviedo, han sido durante años los más reconocidos. Actualmente la oferta chocolatera es más amplia y especialidades como las tradicionales forgaxes de la Confitería Sebastián o los modernos bombones de la Pomme Sucre, en Gijón, constituyen buenos ejemplos de lo que una élite golosa busca en el chocolate, en este momento, en Asturias".

Estos datos se refieren sobre todo a la elaboración y consumo del chocolate en los ambientes urbanos y, sobre todo burgueses, de las ciudades del centro de Asturias, pero también a nivel popular su consumo se extendió, incluyendo las zonas rurales, como pudimos ver también en la amplia gama de chocolateras que hemos visto recorriendo el museo. Compartimos de Chocolate y publicidad en Asturias. Colección del Muséu del Pueblu d'Asturies:
"La fabricación de chocolate en Asturias se remonta al siglo XVII. Entre 1860 y 1960 existieron en Asturias más 300 fábricas de chocolate, y entre 1925 y 1945 fue la cuarta productora de este alimento en España, detrás de las provincias de Barcelona, Valencia y Madrid. Las fábricas estaban repartidas por casi todos los concejos de Asturias: las ciudades de Gijón, Oviedo y Avilés, la mayor parte de las villas y numerosos pueblos. 
Hasta mediados del siglo XIX, el chocolate se elaboraba artesanalmente con metates o molinos de mano, y a partir de 1853 comienza a fabricarse con máquinas movidas a vapor. Es con su industrialización cuando el chocolate empieza a generar una abundante publicidad con impresos comerciales, envoltorios, carteles, álbumes y cromos, así como objetos en lo que se anunciaban las diferentes marcas. Esta industria estimuló el diseño y las artes gráficas en Asturias. Fueron muy famosos los álbumes de la marca “La Cibeles” (Oviedo y Siero) realizados por “Alfonso”, Alfonso Iglesias de Vivigo (Navia, 1910-Oviedo, 1988), así como los de “La Primitiva Indiana”, “La Herminia”, "Kike" y "Aguirre", de Gijón, y"Agustina", de Ujo (Mieres)".

La Capilla y el mural, que dejamos ahora a nuestra derecha. "De origen azteca, el chocolate llegó a España en el siglo XVI y se extendió gracias a las órdenes religiosas. Era un alimento de lujo para clérigos y clases sociales altas", nos dicen en el blog Descubriendo Asturias, a lo que añaden:
"En 1752 había en Asturias 29 chocolateros: 23 en Oviedo, 4 en Avilés, 1 en Llanes y otro en Gijón. Su consumo se generaliza en la segunda mitad del siglo XIX gracias al aumento de la producción del cacao, la mecanización y la publicidad.  
El chocolate se elaboraba artesanalmente “a brazo” o “a la piedra”. En 1853 comienza en Asturias su fabricación industrial en “La Perla Americana”, de Oviedo. A principios del siglo XX había 70 fábricas y en los años treinta, su época de esplendor, llegan a 100. Este número se mantiene hasta la década de los sesenta en la que se inicia el declive de la industria chocolatera asturiana, quedando en la actualidad solamente una fábrica en Meres (Siero). Hoy, son los museos y los coleccionistas los que conservan la historia del chocolate en Asturias. 
Desde el siglo XVII hasta el XIX, el chocolate se consume básicamente como bebida caliente. A mediados del siglo XIX se solidifica ofreciendo una forma nueva: la tableta o libra dividida en onzas. Posteriormente aparecen nuevas formulas como el chocolate con leche, la crema de cacao o el cacao en polvo. 
Las empresas chocolateras asturianas eran, por lo general, de carácter familiar y vendían sus productos en el ámbito local y regional. Influyeron en la vida social y económica de Asturias y contribuyeron a la expansión de la industria litográfica (fabricantes de envueltas y envases) y de las empresas publicitarias. Las fábricas de chocolate optaron por personalizar la presentación de sus productos, de manera que fuera más fácil su identificación y se distinguieran de la competencia".

De frente, la Casa del Molinero, que hemos visitado en la entrada de blog nº 2 dedicada a este Museo, junto con el despacho de José Naveiras Escanlar, Pepe El Ferreiro, fundador, director y alma mater del mismo


Ahí tenemos el puente sobre el arroyo formado por un manantial natural hallado al hacerse la ampliación del Museo por esta parte, el cual hacer funcionar las muelas del Molino que hay enfrente, que se retroalimenta gracias a un sistema de bombeo eléctrico, aprovechando la misma agua


Se trata de un banzao o pequeña presa delimitada por estos chantos o lajas de pizarra colocadas hincadas en vertical en la orilla


Y ahí tenemos la Maqueta del Batán, otro ingenio hidráulico antaño muy extendido en los ríos cuyos funcionamiento y características nos explican también en la web del Museo:
"Reproducción a escala de un batán, máquina de madera, generalmente de roble, integrada por dos mazos que son impulsados alternativamente empleando la fuerza del agua transmitida por una rueda hidráulica. Los batanes se empleaban para golpear, desengrasar y enfurtir los tejidos elaborados en el telar. Durante un período de tiempo que podía superar las 24 horas, los paños eran rítmicamente golpeados por los mazos del batán hasta transformase en un tejido más tupido y compacto. Al requerir energía hidráulica para su funcionamiento, los batanes se ubicaban normalmente en las orillas de algún río o arroyo".

Y en el blog Mitología Asturiana nos cuentan así de estos ingenios:
"En los batanes, al contrario que en los molinos, el agua no se desviaba directamente del río, se tomaba del desagüe del molino situado aguas arriba. Entonces era conducida por una presa hasta el cubu (cubo) de piedra labrada, saliendo a presión por el sálibu o saliu(canal). Un pequeño cuerno de madera proyectaba el agua contra les aspes (palas) hechas de madera de aliso o humero (aliso, humero, carbayo y castaño resisten mejor el agua). Las palas formaban la rueda motriz vertical cuyo movimiento hacía girar el eje horizontal (árbol) en el que había dos pestañas que movían rítmicamente los mayos (mazos) abatanando telas bastas de lana y sarga que colocadas en un arcón (cajón de madera) cerrado por tres de los lados, eran golpeadas, desengrasadas y enfurtidas para transformarlas en sayales, escarpines, faldas o pantalones.

A mediados del siglo XVIII había en Asturias cerca de 200 batanes funcionando, según
datos recogidos en el Catastro del Marqués de la Ensenada. En la actualidad sólo quedan algunos restos diseminados por la geografía asturiana cuya existencia queda reflejada en la toponimia de los pueblos o en el recuerdo de las personas más ancianas del lugar donde se asentaban. Hasta comienzos de los años 60 del siglo pasado

funcionaron batanes en Allande y en Cangas del Narcea. El de Parada de Navelgas (Tineo), tuvo como últimos clientes a los vaqueiros de las brañas cercanas que pagaban al pisador o batanero 8 pesetas (0,05 €) por cada vara de tela abatanada (Asociación Cultural Manxelón, 2000). En el oriente asturiano a los batanes les llaman Trillones en consonancia con el último batán en uso, el de la Quintana de los Trillones (Cangas de Onís)".

Atrás están el gallinero y el cortín, de los que también hablamos en la segunda entrada dedicada al Museo



Al lado, la bomba manual de agua


Y los hermosos y vistosos peces rojos del banzao


Nos dirigimos a la salida, pasando junto al Hórreo y la Panera


Y por El Cabanón salimos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"


Retomamos pues el Camino por la Avenida del Ferreiro, así llamada por ser la que comunicaba el centro de Grandas, alrededor de la Colegiata y el Ayuntamiento, con el barrio de El Ferreiro, originalmente barrio del Hospital por haber estado en él el antiguo hospital de peregrinos


Esta fue la antigua calle Mayor, la principal de la población y entrada en la misma hasta que se hizo la primera carretera, que venía de Berducedo (Allande) por El Valledor y el puente de Salcedo, donde cruzaba el Navia


La construcción del Salto de Salime obligó a construir una nueva carretera, la actual AS-14, con cuyo trazado urbano, la calle Pedro de Pedre, enlazaremos unos metros más allá


La Avenida del Ferreiro sube recta y suavemente en dirección a la Plaza de la Constitución, donde empieza dicha calle y termina para nosotros esta avenida. Allí vemos el edificio del Ayuntamiento de Grandas de Salime, inconfundible por su torre-campanario metálica y picuda que se ve en la distancia


En una parte de los bajos del Ayuntamiento, estuvo antaño, el primer Museo Etnográfico, antes de ser trasladado en 1984 a la antigua rectoral. Antes aún estuvieron años atrás las viejas escuelas


Ese local fue el que ocupó posteriormente como primera sede el  Albergue de Peregrinos El Salvador de Grandas de Salime, que entró en funcionamiento en 1993 cara al famoso Xacobeo de ese año. El aumento de peregrinos motivó que fuese trasladado a la Avenida de la Costa nº 20, a cierta distancia del trazado del Camino, aunque ocupando ya un edificio entero de dos plantas


La casa consistorial se construyó en 1912 en un periodo, a caballo entre los siglos XIX y XX, en el que muchos concejos asturianos quisieron dignificar sus ayuntamientos habilitándolos con toda clase de mejoras, empezando por su luminosidad, salubridad, etc., para mejorar las tareas administrativas y reuniones de los concejales y los plenos


Grandas de Salime se instituyó como concejo en 1836, durante las reformas liberales, al unirse los de Salime y Grandas. Las tierras habían sido propiedad de la Iglesia ovetense hasta que con la Desamortización de Felipe II, en 1584, se crearon los citados concejos que decidían unirse dos siglos y medio después


Estamos en la última villa, capital de concejo, asturiana antes de entrar en Galicia, de cuya frontera nos separan unos 14 kilómetros. Además del Albergue Público El Salvador antes citado, otros alojamientos, albergues privados, hotel, pensión, etc., se encuentran mayormente en el entorno del Ayuntamiento y la Colegiata


Aceras de losas flanquean la Avenida del Ferreiro a ambos lados. Aunque veamos coches aparcados no es una vía de demasiado tránsito en comparación con la calle Pedro de Pedre y Plaza de la Constitución, a donde vamos a llegar


Según nos acercamos, vemos mejor el Ayuntamiento con la torre del reloj público, cuya maquinaria fue instalada por el famoso relojero leonés Antonio Canseco y Escudero, nacido en Rabanal del Camino y de tan insigne biografía que de ella se ocupa hasta la Real Academia de la Historia:
"Debió de iniciar su aprendizaje en su ciudad na­tal. Viajó a Madrid a la edad de veinte años y para entonces ya había fabricado un reloj de pesas, pa­tentado con el nombre “sistema Canseco”. Abrió primero tienda en Madrid, en la calle Mayor, nú­mero 55. Después se trasladó a la plaza del Ángel, número 10, esquina a la calle de San Sebastián. Por último, aparece localizado en la calle Mesón de Paredes, número 21. Estaba en posesión del “Privilegio de Invención en España y Francia”, que le permitía montar el reloj que él mismo había diseñado. Estable­ció contactos con la región francesa de Morbier, cer­cana a Morez, zona relojera de gran tradición, que le suministraba parte de su maquinaria, que él adaptaba a las necesidades del establecimiento.
Construyó un gran reloj de autómatas, conocido durante muchos años como el de “los chinos”, por te­ner dos figuras policromadas casi de tamaño natural, un chino y una china, delante de la máquina del reloj, que hacían sonar la campana tirando de un cordón al dar la hora. Este reloj aparece mencionado por Benito Pérez Galdós en su novela Misericordia. 
El 28 de agosto de 1889 entregó un reloj y sus cam­panas al Ayuntamiento de Aranjuez. En su catálogo aparece como “Campanario de 4 columnas de fundi­ción de hierro dulce. Modelo A”. 
Construyó también el reloj de torre del Hospital Militar de Carabanchel (actual Hospital General de la Defensa), instalado el 31 de mayo de 1893 y res­taurado recientemente, con gran acierto, por Pedro Portellano Pérez, coronel de Sanidad. Una de las dos campanas que coronaban el conjunto del reloj, la más pequeña, fue fabricada también en los talleres de Canseco en 1892. En ella consta, aparte del nombre de Canseco y la fecha de fabricación, la inscripción “Proveedor de la Real Casa”. 
Fue autor también de un reloj para el Palacio Real de Madrid y de otro para el monasterio de El Esco­rial. Suyos son también los relojes de torre de Órgiva (Granada), de Vegas del Condado, de su pueblo natal, Rabanal del Camino (León), de Santa Colomba de Somoza (León) y el de la antigua cárcel, hoy Archivo Histórico Provincial de León, construido en 1885. 
Falleció en su domicilio madrileño del paseo de las Delicias, en 1917".

Con motivo de la restauración acometida en el reloj en 2012, es decir, un siglo exacto después de su colocación, el corresponsal del periódico La Nueva España Ana M. Serrano publicaba la noticia Grandas vuelve a sentir las campanas, a día 12 de noviembre de dicho año, aportándonos varios interesantes datos que queremos compartir:
"El reloj del Ayuntamiento de Grandas de Salime, con cien años de antigüedad, vuelve a dar las horas. La maquinaria dejó de funcionar por una avería que se detectó hace unas semanas y el Ayuntamiento grandalés contrató a una empresa viguesa especialista en las maquinarias de relojes centenarios, con el fin de solucionar un problema en esta pieza emblemática para la villa grandalesa. 
La empresa desplazó a un técnico y un ayudante que realizaron una revisión general y repusieron un piñón de la maquinaria que hacía mover la agujas del reloj, y que estaba roto. Este piñón tuvo que ser elaborado en el taller de la compañía gallega, con el fin de adaptarlo a las medidas que necesitaba el mecanismo. 
El alcalde de Grandas, Eustaquio Revilla, destacó ayer la importancia del reloj para Grandas por su proyección histórica. En los últimos años, la maquinaría no había tenido problemas. El reloj del Ayuntamiento alerta de las horas en punto gracias a una campana situada en un templete en el piso superior. Según los expertos que han solucionado la avería, la maquinaria tiene una particularidad: no funciona con pesas como la inmensa mayoría de estos relojes, sino con unos inmensos «muelles reales» de lámina de acero (la «cuerda» de los relojes de pulsera, bolsillo y algunos de pared). 
«Es sumamente importante que existan personas con sensibilidad para conservar nuestro patrimonio», indicó Pedro Pagán, de la empresa viguesa, y también artífice de la puesta en marcha del reloj de la torre de Figueras. 
El reloj de Grandas tiene la firma «Canseco», según las investigacinoes de los especialistas. Antonio Canseco (1838-1917) fue un reputado profesional de la relojería que instaló múltiples relojes de torre en varios lugares de España. Se cree que Canseco trajo las maquinarias de la region de Jura. En España, las adaptaba según las necesidades del lugar de colocación. 
El reloj el Ayuntamiento de Grandas de Salime tiene dos cuerpos: movimiento y sonería. Los especialistas necesitaron dos días de trabajos para dar con la avería y solucionar el problema, que necesitó de la construcción de una pieza específica".

La construcción del Salto de Salime confirmó a Grandas de Salime como pequeña cabeza comarcal de los concejos de esta zona del extremo suroccidental asturiano, pero aún así padeció desde entonces, como todo el concejo, una drástica caída de población que continúa en nuestros días


La creación del Museo Etnográfico de Grandas de Salime primero y la llegada de peregrinos por el Camino de Santiago después la situó en el mapa cultural a nivel internacional y favoreció la aparición de algunos negocios o la viabilidad de otros, aunque ha seguido cerrando a medida que disminuye la población


Antiguo solar a la izquierda, cuando la acera se estrecha antes de llegar al Ayuntamiento


El Camino seguirá del frente y, desde el Ayuntamiento, cruza al fondo la calle Méndez Valledor para dirigirse a la iglesia parroquial de San Salvador, antigua e histórica colegiata, cuya torre y pórtico circundante empezamos a ver desde aquí


Su origen parece estar en un monasterio dedicado a San Salvador de Dubris, en un documento fechado en el siglo X aunque en realidad es un par de centurias posterior. La advocación a San Salvador, como la Sancta Ovetensis, hace pensar en su vinculación a la mitra ovetense y a esta antigua ruta interior de Asturias a Galicia


A la derecha, en la esquina, está la tienda de ultramarinos de Alimentación Martínez, una de las tiendas donde podremos avituallarnos para nuestra cena comunitaria en el albergue o para llevar en la mochila emprendiendo una nueva etapa


Si tenemos oportunidad, sobre todo si nos alojamos aquí, no dejamos de visitar la Colegiata de San Salvador de Grandas de Salime con sus tesoros artísticos e históricos, donde al caer la tarde se celebran las misas del peregrino (consultar horarios). El Camino, recalcamos, sigue de frente desde su torre hacia Casa Sánchez y su capilla de la Inmaculada, empezando la cuesta rumbo al barrio de El Carme, también con capilla venerada, por donde se sale de la villa hacia Picovilar y A Farrapa


A nuestra derecha quienes deseen ir al albergue público subirán a él por la Avenida de la Costa, donde hay más tiendas, bares, hotel, etc., y a nuestra izquierda queda la citada calle Pedro de Pedre, dedicada a un personaje enigmático del que hablamos en su momento y volveremos a hacerlo. Allí están los renombrados establecimientos de El Café de Jaime y A Reigada, además de la Farmacia 




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