| Grandas de Salime: Avenida del Ferreiro. A la derecha está el Museo Etnográfico |
Luego de la larga subida desde el Salto de Salime por Vistalegre y las laderas de los montes de As Campas y El Coto Grandas, dejamos la zona del gran embalse del Navia y llegamos a Grandas de Salime, capital del concejo del mismo nombre, el más occidental de Asturias en el Camino Primitivo, muy cerca ya por tanto de Galicia. Esta es la Avenida del Ferreiro, antigua calle Mayor, por donde sube el Camino desde el barrio de ese nombre, viendo a la derecha las dependencias de Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro", de inexcusable visita y, al fondo, las torres del reloj del Ayuntamiento (izda.) y de las campanas de la parroquial de San Salvador de Grandas, antigua colegiata y viejo monasterio, según las crónicas altomedievales
La subida desde el embalse y el poblado de Vistalegre a Grandas son unos seis kilómetros por la carretera AS-14 y sus veredas, salvo los dos últimos aproximadamente, en la que el Camino se adentra en los bosques de A Valía, en ladera septentrional de El Coto Grandas para salir aquí, al barrio El Ferreiro, las primeras casas de la villa capital del concejo, que dan vista al centro urbano y al paso del Camino, con la carretera en primer término y las verdes veigas de El Rigueirón o río de Grandas
El barrio de El Ferreiro debe su nombre a que en él se encontraba la forxa o fragua de El Ferreiro, apodo de la saga familiar de herreros del lugar, del que el más famoso fue sin duda José Naveiras Escanlar, más conocido como Pepe El Ferreiro, último exponente de un oficio antes extendidísimo y que desapareció. Pepe asistió al final de todo un mundo y por ello se empeñó en salvaguardar su legado, objetos, enseres, ingenios, tradiciones, herramientas y construcciones
"En el barrio del Ferreiro, (antes Hospital), éramos, entre niños y niñas, 24 que, aunque harapientos y mal nutridos, jugábamos mucho. La falta de pañuelo, para enjugar nuestro secretor apéndice nasal, lo suplíamos con las cortas mangas de nuestras raquíticas prendas de abrigo.
Como pueden ver, el insomnio me torna pedante, pero sé que sabrán disculpar esta manera de convertir la cuartilla en folio con valor económico, que si no llega al bolso, al menos enriquece el lenguaje.
Decía que allí estábamos, en aquel marginal barrio, una caterva de mocosos. No recuerdo ninguno con alergias, -excepto la de ir a la escuela-.
A Leandro le intervinieron quirúrgicamente para extirparle el apéndice cecal; a Joselo, que se había fracturado una pierna, se la enyesaron y como el prurito le molestaba, sacó con un alambre el algodón que había debajo de la escayola y así alivió el picor. Una prima mía también se fracturó una pierna. Antonio, un brazo al sobrepasar aquel improvisado trineo, el límite del muro, bajo el que había un desnivel de tres metros.
En el talón de mi pie derecho, entre la tibia y el tendón (mío, no de Aquiles), se clavó el diente de un utensilio llamado “garrancho” empleado para cavar “cuito” (estiércol). Ese mismo pie se escaldó con agua hirviendo en la caldera de la cocina. En fin, pequeños accidentes que no impidieron que los varones fuéramos a la mili.
¿Cómo nos curaron? ¡Qué tontería!. Como no había hospitales, y los médicos cobraban, nos curaban en casa. Sí, sí, en casa. Bueno a mi prima la curaron en casa, pero fue un traumatólogo de Lugo, el que de redujo la fractura y la enyesó, teniendo como mesa de operaciones la del comedor de mi tía. A Joselo, le arregló el desperfecto el Dtor. Moreda, de Ribadeo. Creo que a Leandro también le rajara hasta el interior del peritoneo, para extraer aquella vermicular víscera, aquel polifacético galeno. A mí me dieron manteca; manteca de cacao, sobre aquel pie que había dejado la epidermis dentro del calcetín. Antonio, el esquiador, tuvo suerte que su padre no le rompió el otro.
¿Qué ocurre en al actualidad, con un hospital en Jarrio, otro en Cangas y lo de Luarca?. Que hacen otro nuevo en Oviedo. ¿Pensarán cerrar los del Occidente, porque ahora no hay 25 niños/as en el barrio del Ferreiro de Grandas?...."
Más a la derecha, vemos otros barrios de la población, fuera del Camino pero inmediatos a él: El Palomar, El Campón, As Campas y Cimadevila. Por ahí va la Avenida de la Costa que, como su nombre indica, comunica con la costa por la carretera AS-12 o Corredor del Navia, que como su nombre indica comunica los concejos del Navia hasta la villa de este nombre, en la desembocadura del río. También, desde la vecina Pesoz o Pezós, capital del vecino concejo de este nombre, puede irse a Vegadeo/A Veiga (y a Ribadeo) por San Martín de Oscos/Samartín d'Ozcos y A Garganta vía carretera AS-11
La villa de Grandas vivió, como todo el concejo, un gran auge económico y poblacional durante la década aproximada que duraron las obras del Salto de Salime, pero una vez finalizadas estas, con la marcha masiva de los trabajadores y sus familias, la decadencia fue estrepitosa, pues no solamente se marcharon ellos, sino muchos vecinos, sobre todo los de los pueblos más afectados por el embalse, los que quedaron aislados y mal comunicados, pero también de todos los demás y de la propia capital, aunque esta sí logró al menos afianzarse como "centro comercial y de servicios del Alto Navia por antonomasia", como leemos en el Diccionario geográfico de Asturias: Ciudades, Villas y Pueblos, que presentaba así la situación en 1998, fecha de su publicación:
"La villa ha experimentado en las dos últimas décadas una notable transformación espacial, gracias al crecimiento de su caserío y a una mayor dotación de servicios. En estos últimos ha tenido especial incidencia la mejoría de las comunicaciones intra y extraurbanas, haciendo olvidar el largo y agotador camino que había que transitar desde cualquier punto de la comarca y que pervive en dichos populares como el de: "si vas a Grandas, leva pan nas mangas"
Vemos aquí la ladera de A Costa, topónimo que se repite constantemente aquí y allá y por doquier, perto que nada tiene que ver con litoral costero alguno sino con 'cuesta'. Por ahí entre los árboles va la carretera AS-12, que llega a la villa por Os Vales, unas casas que vemos en lo alto del collado
Más a la derecha es la ladera boscosa del monte As Campas, que por el este cierra el valle del Navia y por cuya falda hemos subido desde Vistalegre. El paisaje es verde y arbolado, de prados y boscajes, si bien es sin duda fruto del asentamiento humano secular en esta zona, pues el topónimo Grandas, muy extendido en plural, en singular y en sus variantes, alude a terrenos estériles, incultos y arenosos, al igual que el gallego y el portugués gándara. Es posible que su razón etimológica esté en la palabra prerromana ganda 'pared rocosa', que pasaría al romance gándara 'tierra inculta con maleza', como propone el filólogo Xulio Concepción en su Diccionario de la montaña asturiana
Por ello, la toponimia ofrece datos de cómo podría haber sido el terreno hace mucho tiempo, milenios incluso, aunque este haya cambiado a la hermosa veiga y colinas que vemos ahora. Una antigua tradición que nos transmite la Gran Enciclopedia Asturiana es que "la actual villa de Grandas fue edificada en el paraje donde se asentaba la braña de Salime", es decir, la majada o pastos de montaña del pueblo de Salime, abajo en el valle, desaparecido con el embalse
Pero es solamente una tradición o leyenda, lo que sabemos es que Grandas fue capital del concejo homónimo, al que se integró el de Salime en 1836. Ambos concejos fueron creados cuando se produjo la desamortización de Felipe II a finales del siglo XVI, por la que, de acuerdo con los papas y como manera de evitar la bancarrota española con las guerras de religión, grandes extensiones de territorios propiedad de la Iglesia, en este caso de la ovetense, pasaron a la Corona, que las subastó, aquí en dos lotes, origen de los dos concejos, comprando los propios vecinos su independencia en 1584, dotándose de ayuntamientos y ordenanzas
A la vez, haciendo una etapa corta, podremos disponer de tiempo para la inexcusable visita al Museo Etnográfico de Grandas de Salime, sucesivamente ampliado desde esta su nueva ubicación desde 1989 y del que vemos, en primer término alguna de sus dependencias, como la Rectoral, a la izquierda, parcialmente tapada y, a su derecha la panera y A Casoa o Casona. Asoma un poco también, más a la derecha, el Molino y la Casa del Molinero en cuyo piso alto tenía su despacho de trabajo Pepe El Ferreiro, incluido también actualmente en la visita al museo
Más cerca y a la derecha una gran casa-bloque, uno de los estilos arquitectónicos tradicionales en las casas campesinas del occidente asturiano, es la Casa del Hospital, sita bien a la vista desde el Camino, sobre los prados de las vegas de El Rigueirón
Era propiedad de los vecinos, sin embargo fue totalmente transformado tras su decadencia y desaparición, pasando a particulares que hicieron una casa campesina. Se desconoce si pueden quedar elementos originales de su cometido como hospedería de pobres y romeiros
Los primeros documentos que hablan de él son de los siglos XVI y XVII y de esa época podría datar su construcción, aunque no se descarta que anteriormente hubiese otro hospedaje similar ya desde el medievo. No deja de llamar la atención que no estuviese vinculado a la Colegiata, como lo estaba la cercana malatería de San Lázaro de Padraira, sino al vecindario
Un poco más arriba, el albergue El Salvador vendría a ser su sucesor en el tiempo, si bien de características totalmente diferentes, como totalmente diferentes son las de las actuales peregrinaciones
Es, pasando de la primera década del siglo XXI a la segunda cuando se perfila ya que el Camino ha de ser uno de los ejes del futuro grandalés. En nuestros días se ha pasado a una fase más, con varios albergues y alojamientos, algunos para peregrinos y otros, aunque no exclusivos, sí especialmente enfocados para ellos
Por entonces, años 2010 y 2011, aún era todo incipiente o casi y es, en este contexto, que coincidía con la famosa 'crisis española del ladrillo' o 'burbuja inmobiliaria', cuando el diario La Nueva España publica su serie Asturias. Viejas y nuevas polas, alguno de cuyos reportajes está dedicado a Grandas de Salime, como el titulado La que gobierna el Gran Navia, de Fermín Rodríguez y Rafael Menéndez, del Centro de Cooperación y Desarrollo Territorial, que plasman la idiosincrasia que se vivía en aquellos momentos, con el Camino y las comunicaciones como trasfondo:
"La villa de Grandas pertenece al reino cimero. Desde la alta meseta en que se ubica, orlada por los tajos profundos del río Navia y su afluente el Agüeria, gobierna la tierra media del Gran Navia. La alargada meseta culmina en el Acebo y Piedras Apañadas, aventados y solitarios lugares que por eso se hacen inevitables solares eólicos y también irremediable nudo de comunicaciones hacia los Oscos, Ibias y Fonsagrada, lo que revela el papel vertebral de la carretera naviega como colector de base del occidente astur y aún de las tierras vecinas gallegas y bercianas, lo que contrasta acusadamente con su estado actual, cosa que ayuda muy poco a la estructuración de esta Asturias interior de tantos olvidada.
El valle del Agüeria es una profunda trinchera que al Oeste pone límite a la burbuja asturiana de Grandas, separándola de la de los Oscos, mientras que al Este la trinchera, aún más profunda, está anegada por las embalsadas aguas del Navia, que se prolongan por el vecino enclave gallego de Negueira de Muñiz. Entre ambos se extiende una superficie alomada y cubierta de praderías, en una de cuyas vallonadas se asienta la villa de Grandas, protegida de los vientos del Noroeste y suavemente tendida hacia el Mediodía, antes de caer hacia el profundo Navia.
El Navia hace décadas que vio anegado su valle por el embalse que sepultó puente y pueblos y hoy separa ambas márgenes. La vieja carretera, cortada en Villarpedre por las aguas, es hoy un buen símbolo de la marginalidad de Grandas y de su difícil comunicación con el centro del país, con la costa e incluso con las villas vecinas. Cuesta llegar a Grandas, pero el camino y la villa merecen el viaje, más fácil desde Fonsagrada debido al arreglo reciente de la carretera, lo que parece inclinar la villa hacia Galicia y la salida hacia Madrid. El valle del Navia y la carretera interior entre Oviedo y Lugo son ejes imprescindibles para la red asturiana de carreteras, por eso merecen ser reconsiderados y seguro que de ello se beneficiará la pequeña villa. Para llegar a Grandas desde cualquier parte de Asturias hay que hacer mucho camino, carretero y espiritual; es, por tanto, una villa de camino iniciático y, por eso, en el camino puede tener su futuro.
Pero, por el momento, la lejanía y las dificultades de comunicación parece que tienen algo que ver con que Grandas haya sido uno de los concejos que más población ha perdido en la primera década del siglo, ya sólo son 1.036 sus habitantes. De ellos, 504 corresponden a la villa, que tenía casi 600 en 2001. A falta de un adecuado antídoto, en forma de proyecto, el territorio del concejo se está despoblando a ritmo acelerado, pues 800 de sus residentes se concentran en la parroquia de la villa.
El asunto de las comunicaciones en el interior de Asturias es estratégico, porque de las carreteras y caminos depende la comunicación física. Son soportes de movilidad. Con la que se activan los proyectos de desarrollo territorial. Con ellos se logra el mantenimiento de un cierto grado de ocupación del territorio y un mundo rural vivo. Integran el amplio esquema de ordenación de su territorio, con el que de manera no espontánea el país se enfrenta de forma concertada a luchar por un futuro compartido por cada una de sus localidades. Y Grandas es la referencia urbana y de servicios del Navia interior, agreste y desconocido país donde se interpenetran tres grandes regiones españolas, por eso Grandas no debería ser vista como situada en una esquina, sino en el centro de tan singular país de capacidades territoriales muy atractivas y una evidente debilidad relativa. Centralidad interregional, camino, atractivos singulares y debilidad vital son elementos a conjugar por el futuro proyecto que Grandas debe presentar para el territorio de su gobierno como alternativa vital a la condena por inacción.
Hoy parece que la única idea para el Navia es producir energía eléctrica, en los viejos embalses y en los nuevos eólicos, sin apenas empleo vinculado ni, por tanto, población. Mientras, aguantan como pueden la ganadería y la industria de transformación agraria. Grandas parece quedar al margen de la vida regional, como hito en el viejo Camino de Santiago, entendido como simple recurso para mantener alguna actividad turística, sobre un eje de comunicación de impresionante paisaje e historia.
Pero tenemos aún una buena villa, prestadora de servicios básicos para una ya pequeña población rural y una inmensa población potencial que busca en otros lugares lo que aquí, Grandas, puede ofrecerle. Una burbuja todavía henchida de vida ganadera, forestal, industrial y de servicios que busca futuro y al que hay que ayudar a dar pasos hacia el exterior. Proyectándola lejos. En primer lugar, asegurando sus comunicaciones, afrontando la mejora radical de los ejes principales del occidente interior, de La Espina a Grandas, con túnel en El Palo, y a través del valle del Navia hasta Ibias. Ejes de futuro para un territorio que no está condenado a nada. El occidente interior tiene recursos y atractivo, aunque hoy la actividad se vuelca hacia la costa, a lo que ha contribuido poderosamente la construcción de la Autovía del Cantábrico.
El viejo Camino de Santiago está marcado por la presencia de hitos y villas como Grandas, que deben tener continuidad porque representan una parte fundamental del ser asturiano. Si un pedazo se necrosa la totalidad queda afectada. Diariamente hay que poner los medios para que esto no suceda, no solamente con el reequilibrio en los servicios, sino con proyectos de dinamización productiva, con la ganadería, la explotación forestal, la agroindustria y la producción eléctrica que han hecho la Grandas actual. A ello se le va añadiendo la actividad de ocio y turismo vinculado al patrimonio histórico, al camino, a la aventura y al embalse. Y al singular y atractivo paisaje. Son recursos suficientes para sostener lo que hay y para abrir paso a nuevas formas de actividad, de ver y entender el territorio. Abrir el futuro, diciendo no al despoblamiento e hinchando de actividad burbujas territoriales que se eleven desde los lugares del país para ser vistas desde el mundo.
Renovar los caminos
Grandas de Salime ha trabajado por la recuperación del antiguo Camino de Santiago y por vincular nuevas actividades. Y por recrear la actividad tradicional y darle un sitio en la nueva economía. Patrimonio histórico y museo son recursos fundamentales, junto a las actividades tradicionales. La villa grandalesa necesita empuje local para hacer más cosas y mantener el ritmo. Pero también necesita apoyos y mejoras, que solo pueden venir desde el exterior, como ocurre con las comunicaciones, tanto hacia la costa y la Autovía del Cantábrico como hacia el centro de Asturias. Hay que seguir renovando los caminos".
Nos detenemos a ver este panel del GR-109 con el que hemos coincidido, recordamos, en bastantes trechos camineros y carreteros a partir de Berducedo
No sigue exactamente el mismo itinerario. Aquí por ejemplo un ramal entra en Grandas pero el trayecto continúa hacia Castro por un itinerario diferente al Camino de Santiago
A pesar de ello, nos ofrece un buen mapa además de información adjunta con datos de interés, en este caso de la villa de Grandas, la Colegiata de San Salvador y el Museo Etnográfico
Otro panel es el del PR-AS 108 Ruta de los entornos de Grandas, con una ruta circular en torno a la población. También plasma un mapa que puede sernos de utilidad, al igual que textos y gráficos
Bifurcación y hacia abajo, en dirección a la carretera. Su trazado como hemos dicho obedece a la construcción del embalse, cuando se procedió a hacer una nueva desde Berducedo para comunicar Grandas de Salime, pues Salcedo con su puente y otros muchos lugares iban a quedar inundados. A partir de la Curva del Marco, cuando se une a la antigua carretera (actual GS-1), sigue un trazado bastante cercano al antiguo Camino, unos metros más abajoVemos el paso de cebra por el que vamos a cruzar para tomar el puente sobre El Rigueirón y seguir hacia la derecha por la Avenida de El Ferreiro (a no ser que vayamos a pernoctar en el albergue Porta de Grandas, que tenemos carretera adelante)
Frente al paso de peatones está la Casa del Ferreiro que dio nombre a la avenida y a este barrio que fue antes el del Hospital, apuntamos una vez más y apunta también Pepe El Ferreiro en otro capítulo de la serie Asturias. Viejas y nuevas polas, entrevistado por Marcos Palicio, "El Ferreiro" y la memoria recluida. Reiteramos que hemos de leerlo según el contexto de su época, recién estrenada la segunda década del siglo XXI, con unas situaciones similares en parte a las actuales pero acaso otras ya no tanto. Por entonces se había producido su destitución como director del museo en una decisión política que impactó en toda Asturias hondamente y en Grandas provocó una traumática brecha social que duró años:
"¿Aquel prado es suyo?
Un transeúnte preocupado preguntó en la fragua de José Naveiras Escanlar, «Pepe el Ferreiro», después de encontrarse una vaca muerta al pasar por una finca a la entrada de Grandas de Salime. «Era viernes, no vinieron a buscarla hasta el lunes por la mañana». Naveiras, fundador y ex director del Museo Etnográfico de la villa grandalesa, ha utilizado la anécdota para ilustrar el desinterés por la decadencia del campo en este lugar donde casi todo lo que queda de agrario está recluido en un museo. «Así nos va». Pepe remata el relato con el gesto torcido, mirando a su alrededor con la amargura del que puede poner caras y nombres al declive sin necesidad de salir de su barrio, de éste que fue siempre el «del hospital» -por el de peregrinos-, pero que ahora se llama «El Ferreiro» como su padre, su abuelo y él, según su versión, a causa de un error difundido a través del tiempo.
«Cuando yo me crié aquí, tenía 24 niños para jugar; ahora queda una persona». La progresión geométrica del desencanto rural tiene números exactos, calcula que «en los últimos cincuenta años, en todo este concejo han cerrado 92 negocios. A cuatro o cinco personas de media por cada uno saldrían cerca de cuatrocientas, más o menos los habitantes que tiene hoy la villa de Grandas». José Naveiras retrata la villa desde la puerta de la casa familiar y de la fragua que le da el sobrenombre; se ve el arranque de la avenida que también se llama «El Ferreiro» y que conduce al Museo Etnográfico, aquella misión al rescate del pasado que emprendió en 1986 sin llegar a imaginar nunca que acabaría sumando 11.000 piezas y que con el tiempo se ha demostrado indispensable. «Lo único que queda vivo es lo que te puedes encontrar allí», lamenta.
Está vivo porque todo lo expuesto es de verdad y funciona. Dentro hay un molino que muele, un horno que puede hacer pan, telares que tejen y una sastrería, un bar o una tienda de ultramarinos con instrumentos y mercancías reales, literalmente detenidos en el tiempo. De puertas afuera, no. «No quedó nada de todas aquellas historias que me contaban los paisanos, nada de lo que oí en esta fragua cuando venía a ayudar a mi padre con doce o trece años». Ni rastro de los cinco sastres y los cinco carpinteros que ejercieron aquí «en pleno apogeo del salto de Salime» ni, en fin, de aquel pueblo «autosuficiente» que tenía negocios de «vinos, licores, zapaterías, materiales de construcción....» Así no cuesta imaginar que el museo, como dice «El Ferreiro», se hiciese solo, que «no había más que recrear lo que había». «Cuando me preguntan cómo conseguimos recrear la tienda o el bar, por ejemplo, siempre digo lo mismo: cuando era niño, me mandaban a los recados y como el crío era siempre el último al que atendían y no llegaba al mostrador, me quedaba mirando para todo». Ahora que sus recuerdos son piezas de museo, Naveiras se reconoce a duras penas en aquel «idealista que creía que se podía hacer un país nuevo», pero no duda de la vigencia y la razón de ser de estos 3.100 metros cuadrados de exposición que una vez un alemán admirado, rememora Pepe, necesitó tres días completos para recorrer y entender plenamente.
Allí vive encerrado un universo agrario que no volverá y que de algún modo «había que salvar de la ruina» justo en aquel momento, asegura. Hacerlo fue «emocionante e importante», pero resulta que ahora tampoco está él. Pepe el Ferreiro fue destituido como director del centro en enero de 2010 levantando de golpe una sonora controversia, un movimiento de apoyo ciudadano y a la vez toda una fractura social en la villa grandalesa. «Me quedaron dentro hasta las gafas». Todavía protesta, pero se dice al tiempo complacido, una vez que el despido le ha dado para recoger manifestaciones de aliento, que no sabía que existían pero que le sirven, aunque algunas «sean interesadas», para testar afectos en el entorno. Las pancartas con su silueta y su despedida de siempre -«haxa salú»- que todavía empapelan algunas fachadas de Grandas componen, a su juicio, un mensaje «grandioso» sobre «el aprecio que me han mostrado aquí y fuera».
Desde este presente con muy poco rastro de lo que hubo, la mirada del Ferreiro sobre Grandas busca cobijo en el pasado a la mínima oportunidad de librarse del desasosiego que da, dice, «ver que no hay futuro en Grandas de Salime». Buena parte de la población que tuvo este lugar está «desaparecida» en eso que él llama el «triángulo de las Bermudas» y que tiene los vértices en Oviedo, Gijón y Avilés; a los que se han quedado «se les ha engañado vendiéndoles la alternativa del turismo cuando no hay tal cosa», concluye.
Tal vez por esa desazón que da el presente, Naveiras no duda cuando hay que escoger un refugio: «El castro». El Chao Samartín «emergió» en el monte, a unos pocos kilómetros de Grandas, como un aparente sinsentido, «con aquellas paredes que desde crío siempre me habían llamado la atención» y la sensación de que allí había «algo importante». Recuerda «la primera vivienda, hallada entre dos surcos de patatas», la emoción ante «el hacha de bronce que me enseñó un vecino en una finca de labor» o el hallazgo que confirmó que había en el asentamiento prerromano un servicio parecido al saneamiento que no llegó a Castro, el pueblo vecino, «hasta hace diez años».
Desde aquí tenemos una hermosa vista de la villa de Grandas, con el monte de A Serra en lontananza. Por esas laderas continuará el Camino, saliendo de la población por el barrio de El Carme, hacia Pico Vilar y A Farrapa, donde volveremos a encontrarnos con la AS-14 otro trecho, hasta pasada la factoría de Industrias Lácteas Monteverde, las del famoso queso Tres Oscos, del que hablaremos en su momento
"Se dice con algún fundamento que perteneció a los Templarios, y que tal vez habría en esta villa hospedería para los peregrinos que concurrían a visitar el sepulcro de Santiago, patrón de las Españas, pues así lo induce a creer las conchas o pechinas que se observan insculpidas en la piedra de la fahcada y sobre el arco (de la puerta interior)".
La segunda casa a la derecha, que apenas asoma, es la antigua Casa Rectoral o residencia del párroco, a donde vino en 1989 el Museo Etnográfico de Grandas de Salime, del que leemos en su propia web:
"El Museo Etnográfico de Grandas de Salime “Pepe el Ferreiro” es un museo público de carácter comarcal, cuya misión es reunir, custodiar, conservar, incrementar, investigar, comunicar y difundir el patrimonio material e inmaterial de carácter etnográfico de las comunidades del Occidente de Asturias.
El Museo fue fundado en el año 1984 sobre la base de la colección etnográfica reunida por J. Mª Naveiras Escanlar, “Pepe el Ferreiro”, quien fue su impulsor y director hasta el año 2010. Inicialmente instalado en los bajos del Ayuntamiento de Grandas de Salime, el Museo se trasladó a su actual ubicación en 1989, ocupando la antigua Casa Rectoral de la villa, que fue rehabilitada para la ocasión. Desde entonces el Museo ha continuado creciendo y hoy sus instalaciones ocupan una superficie de más de 3.000 m2. Las áreas de exposición se distribuyen en tres edificios principales que ejemplifican la arquitectura tradicional de la zona: Casa Rectoral, Casa del Molinero y A Casoa. Los espacios abiertos de tránsito se encuentran jalonados por arquitecturas menores y elementos muebles de finalidad específica, que también se integran en la exposición y entre los que se encuentran el molino, el hórreo, la panera, el cabazo o la capilla.
El núcleo central de la colección lo compone el elenco inicial recopilado por D. José María Naveiras Escanlar. Con posterioridad ha sufrido un incremento constante por adquisición pero, sobre todo, por donación y depósito de particulares. El repertorio material se centra en el modo de vida rural campesino tradicional y los oficios desarrollados en dicho medio, remitiendo su ámbito geográfico a los concejos del occidente asturiano, pero incorporando también muestras procedentes de otras zonas de Asturias, de diversas regiones peninsulares y de distintas áreas europeas".
Si bien la aparentemente etapa corta no lo es tanto, pues los casi 20 kilómetros desde Berducedo y los 16 desde A Mesa parecen más que asumibles en una mañana, pero las subidas, bajadas y revueltas hacen que en tiempo y esfuerzo la caminata dure bastante más, llegar a buena hora a Grandas puede permitirnos, además de descansar, realizar dos visitas muy importantes, una a este museo y otra a la Colegiata, donde, avanzada la tarde, se celebra la misa del peregrino (consultar horarios)
Una mini-etapa, desde el hotel, restaurante y albergue Las Grandas de Vistalegre puede ser también una solución óptima, máxime si deseamos descansar un día aprovechando que venimos a estar al mitad del Camino Primitivo y aún quedan al menos un par de etapas montañeras. Otra etapa 'mini', o continuidad de la anterior si empezamos en Vistalegre, puede ser hasta el albergue de Castro, a una hora de camino, visitando el Chao Samartín y su centro de interpretación. Luego ya toca una larga aunque también bellísima etapa hasta A Fonsagrada, entrando en Galicia
Llegados a la Casa del Ferreiro, que rebautizó al barrio, hemos de decir que en el mismo blog personal de José Naveiras Escanlar "Pepe El Ferreiro" podemos encontrar pensamientos, noticias y reflexiones, todo ello de él mismo y escritas de su puño y letra y del que compartimos este fragmento de la entrada titulada La abulia, del 2-1-2017:
"Conocí Grandas de Salime cuando había dieciséis chigres, algunos de ellos con fonda, y dos más que, aunque eran buenas ferreterías, despachaban vinos, refrescos y cervezas junto con bebidas espirituosas, que era lo que por aquel entonces se bebía. Las ferreterías que hoy quedan son el equivalente a un bazar que había en el pueblo. Cuatro carpinterías, cuatro zapateros, cinco sastres, cuatro ferrreiros, un fabricante de carros, cinco o diez guardias, tres coches de punto, un veterinario, un notario, un registrador de la propiedad, cinco comercios de tejidos, dos empresarios dedicados al transporte de materia de construcción, con un parque móvil de seis camiones, una fábrica de quesos que, aunque hoy perdura, su plantilla seguro que es menor; el secretario del Ayuntamiento que entonces vivía en el pueblo. Una empresa que ocupaba cincuenta y cinco empleados que hoy debe tener unos ocho. Dos curas con sus amas; hoy el cura debe llevar catorce parroquias. Y para asombro de todos, había un chigre en cada pueblo del concejo que no serían muchos, pero al menos diez cuento a vuela pluma. Lo mismo que las panaderías, que son más fácil de enumerar porque solo hay una, pero no así las llamadas que se debe hacer para comer el pan nuestro de cada día. O la farmacia, que va por el quinto traspaso y con una gran venta porque todos estamos enfermos".
Y así, a la puerta de la antigua forxa familiar, qué mejor que leer La fragua. Cosas elementales que se deben saber, del 21-3-2017:
"Decía mi padre, para introducirme en el manejo del oficio, que el ferreiro debía saber antes de llevar un hierro al fuego lo que iba a hacer con él. No servía de nada, una vez caliente, pensar dónde se iba a golpear para darle forma.
Uno de sus dichos era que en caso de error, el ferreiro debía medir corto y el carpintero largo. El primero podía estirar el hierro y el segundo cortar a madera sobrante. Si no era así, mal arreglo tenía el error de ambos. Y peor el del ferreiro.
No es fácil saber trabajar o forjar el hierro a escuadra y laminarlo debidamente. De uno cilíndrico hacerlo cuadrangular y poder convertir este en una cabilla, es decir, volver a darle la forma cilíndrica del principio.
Todo aquél que no sabía esos principios básicos, perdía el tiempo y el carbón. No hablaba de la pérdida de hierro porque curiosamente, éste no pierde en la forja nada más que una mínima parte de su materia.
Hay muchos secretos pero estos se aprenden con el desarrollo propio del oficio. Digamos que se tiene que tener cierta predisposición a la forja.
Decía también que “el ferro nun espera”. Se refería al calor. El hierro, en caliente, es moldeable y dúctil y, aunque en frío permite doblarse, “el que traballa en ferro frío, os pes fríos y a cabeza calente”. Esto hoy carece de sentido con las actuales tecnologías de trabajo. Además sabemos que as forxas ya desaparecieron.
Y siguiendo con esas tradiciones populares, digamos que:
“Muller del ferreiro nun hay muller como ela.
De día maza nel ferro, de noite el ferreiro nela” .
Les hablo de oficios perdidos. Perdidos con la edad y porque nos martelos nun hay mango que resista. Además, acaba apagándose el lume…si nun se lle da al barquín.
De todas maneras, de nada vale la intuición en la forxa. La intuición en este oficio, debe ser sustituida por la disposición.
Conclusión: las cosas hay que hacerlas en caliente.
Haxa salú".
Como hemos dicho, y como mandan la concha situada en la fachada de frente, sobre el porche y el mojón jacobita situado unos metros más allá, al final de la acera, aquí cruzaremos a la derecha la AS-14, siguiendo por este bulevar hasta el puente
Pero antes vamos a detenernos a contemplar unos llamativos detalles en esta fachada: primeramente las dos argollas situadas a ambos lados de la puerta, donde antaño se ataban las bridas de las caballerías
Tenemos una excelente muestra del trabajo de los Ferreiros de antaño, además de las argollas, clavos en la puerta y, en la pared, una imagen de un personaje literario sumamente familiar
Empezamos por la puerta y sus clavos, herraduras, tirador y otros detalles
Uno de ellos y muy a destacar las iniciales JNE, de José Naveiras Escanlar. Fijémonos a la vez en las filigranas de los embellecedores de estos clavos
Más clavos, los de arriba con cabeza 'de pirámide', como el tejado de un hórreo, 'a cuatro aguas'. Otros redondos
Más abajo y entre unos y otros, la hendidura provocada por una antigua herradura
Una de las argollas, la de la derecha
Y la imagen del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
Lanza, escudo y la bacía de barbero que él aseguraba era el yelmo de Mambrino lo hacen reconocible
Debajo, una mano sostiene un libro, El Quijote
Una artística escultura que muestra el arte de los ferreiros grandaleses
Suele ser fotografiada desde bastantes ángulos
"Se cita un hospital de peregrinos de Grandas en un inventario de los primeros años del siglo XIX", explica la Gran Enciclopedia Asturiana, lo que hace pensar que, como tantos otros, desapareció, tras larga decadencia dieciochesca, con la francesada o con las desamortizaciones eclesiásticas y civiles del siglo XIX. Este establecimiento era propiedad de los vecinos y formada parte de la nutrida red hospitalaria de esta fragosa ruta:
"Por Salime y Grandas pasó uno de los caminos jacobeos por el que transitaban de San Salvador de Oviedo a Compostela de Galicia. Fue la ruta del interior asturiano, que, pasando por la villa de Tineo, donde se encontraba el hospital de "Mater Christi", se adentraba en la hospedería del monasterio de Obona, según el privilegio concedido por Alfonso IX en 1222, por el que mandaba que el camino que iba de San Salvador a Santiago, en adelante pasase por su población de Tineo y después por Obona, prohibiendo se variase este camino (...). Losa peregrinos, ya en tierras allandesas, hacían escala en los hospitales de Cimadevilla, Fonfaraón, Valparaíso, Montefurado, Lago y Berducedo y se adentraban en el territorio de Salime, siguiendo el itinerario del camino francisco, es decir, "francés", donde encontraba seguro abrigo en la hospedería situada en las alturas de La Mesa, y después en los de Buspol Salime, y Grandas, siendo estos hospitales, para los peregrinos pobres, propios de los vecinos en los pueblos respectivos. La de Cuiña, situada en la parroquia de Peñafuente, estaba bajo el patronato de la conde de Altamira y, por último, entre estas instituciones benéficas, es de destacar también la Malatería de San Lázaro de Padraira, situada en el "camino francés", que partía de Grandas a Fonsagrada"
La intervención de Alfonso IX hubo de ser fundamental en la consolidación de esta ruta interior, muy abrupta y dura pero muy directa, tal y como resalta también el Gran Atlas del Principado de Asturias:
"Los siglos bajomedievales aparecen particularmente animados en este concejo suroccidental, sin duda por efecto de la ruta jacobea que atravesaba Asturias por el interior, en la que grandas constituía el último enclave asturiano de entidad. Este itinerario había sido promovido por el propio monarca Alfonso IX, quien, mediante un privilegio de 1222, obligaba a los peregrinos a que hiciesen el trayecto pasando por Tineo y Obona. Por otro privilegio que el mencionado Rey otorgó al monasterio de Corias se sabe que Alfonso IX se hallaba en aquella ocasión en San Salvador de Grandas era el mismo año en que había favorecido la variante itineraria que conducía a la localidad grandesa.
Vinculados a este difícil tramo del camino francés existieron en los términos del actual concejo una hospedería en el alto de La Mesa y hospitales en Buspol, Salime y Grandas; y otra hospedería en Cuiña (Peñafuente), sometida al patronato del conde de Altamira. Tras haber pasado el puerto del Acebo, cerca del sugerente topónimo de Piedras Apañadas. una vez en tierras gallegas, esperaba al peregrino el hospital de Fonfría, antes de alcanzar el de la Santísima Trinidad de la Puebla de Burón, fundado en la primera mitad del siglo XIV".
Sobre la impronta del Camino de Santiago en la villa y el concejo compartimos estos párrafos del trabajo El poblamiento altomedieval en el concejo de Grandas de Salime (Asturias). Un acercamiento desde la arqueología del territorio, de Pablo Folgueira Lombardero, arqueólogo y licenciado en Historia:
"En el concejo habría una importante infraestructura durante las Edades Media y Moderna para atender a los peregrinos. Así, en La Mesa había un hospital, otro en Buspol, a dos kilómetros de allí. Otro hospital estaría en la misma villa de Grandas. Otros restos asociados al Camino los tenemos en Padraira, donde había una capilla, malatería y lavapiés de San Lázaro, que funcionaba en el siglo XVI, y puede que antes. (...)
En el Concejo de Grandas, el Camino de Santiago, además de su evidente función como vía de peregrinación, tendría un papel determinante en relación con el poblamiento, al unir los núcleos habitados, permitiendo así un fácil movimiento de gentes y mercancías. El Camino sería así un elemento vertebrador del poblamiento, al unir los asentamientos y dinamizarlos, puesto que las fundaciones de albergues y hospitales convertían esos lugares en puntos de parada obligados. Todo esto haría que aquellos lugares por los que pasaba el Camino y en los que los peregrinos se detenían se convirtieran en lugares especialmente activos económicamente, porque atraerían a comerciantes interesados en vender sus productos a los peregrinos.
A la vez, el Camino de peregrinación supuso, no sólo para Grandas, sino en general para todo el Noroeste peninsular, una nueva organización del espacio y una reactivación de la vida económica. No obstante, parece que la organización de espacio asturiano no tiene demasiado que ver con las peregrinaciones. Lo que vemos es la adaptación del flujo de peregrinos a una vía que ya desde la Antigüedad estaba muy transitada. Entonces el tránsito por esta vía, que en la Antigüedad había dependido del flujo de oro, se haría porque sería la más adecuada para recorrer las grandes distancias que exigían la fe y con ella la peregrinación.
Hemos visto cómo el Camino de Santiago cruza Grandas todavía hoy, articulando el espacio como ya lo había hecho en época romana y permitiendo el contacto entre los núcleos de población. De hecho, si una vía se utiliza es porque tiene esa capacidad de articulación. La importancia del Camino de Santiago fue innegable durante la Edad Media, ya que supuso el aumento de los contactos de diversa índole con otros lugares de Europa y permitió la difusión de, por ejemplo, el Románico, estilo que también llegó a Grandas, como se ve en la fábrica de la colegiata de San Salvador, del siglo XIII.
En el caso de Grandas creemos que su importancia tuvo que ser capital. En efecto, aunque ahora el Camino de Santiago es una ruta más turística que otra cosa y las vías de comunicación más importantes poco tienen que ver con él, no cabe duda de que en la Edad Media canalizó los flujos de gentes, mercancías e ideas de manera clara, siendo una vía de comunicación de primer orden. Su paso por Grandas debió de significar la llegada a esas tierras de gran cantidad de influencias. La cantidad de personas que cruzaban estos territorios queda demostrada por la cantidad de hospitales y albergues que se fueron fundando a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna. El paso del Camino por aquí supuso la inclusión de Grandas en las corrientes económicas más importantes de la época, concediéndole una situación que poco tendrá que ver con su posición periférica y casi marginal dentro de los flujos de comunicación actuales".
Desde aquí contemplamos la cuesta en la que se asienta la villa de Grandas, orientada al este-suroeste bien a resguardo de los vientos del norte. Las menciones a un antiguo monasterio podría dar pie a pensar que, como en otros casos, estaríamos ante la cristianización de un enclave caminero de gran antigüedad, pero es una simple conjetura. La advocación a San Salvador, como la Sancta Ovetensis, podría señalar una antigua y temprana vinculación con la capital asturiana y su iglesia-catedral, la cual tendría sus antiguas rutas de peregrinación, pues como se decía en toda Europa desde la Edad Media, "quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y olvida al señor"
Detrás de las casas de El Ferreiro o barrio del Hospital, hermosamente restauradas, se extienden los bosques del monte del Coto Grandas, de la que esta es su ladera septentrional, A Costa del Coto. Predominan los castaños, carbayos, hayas y por supuesto, pinares repoblados a partir de 1955, cuando se terminó la obra del embalse, como alternativa a la pérdida de las tierras más productivas del concejo en las vegas del Navia
Nosotros seguimos por la acera derecha, más ancha, aunque su espacio está ocupado por los troncos muy podados de una fila de tilos, árboles antiguos y venerables
Tal y como nos orienta el mojón que vemos al otro lado de la carretera, aquí iremos a la derecha, tomando el puente sobre El Rigueirón, río o Riegueiro de Grandas, a no ser, ni qué decir tiene, que nos dirijamos al albergue Porta de Grandas antes mencionado, el cual vemos poco más allá, cuando la AS-14 pasa a ser la Avenida de los Tilos en su tramo urbano
Podemos decir que, aunque no se la vea, al fondo y más allá del albergue, vemos los árboles del Parque Joaquín Vaquero Palacios, autor del proyecto del embalse de Salime, incluyendo todo el conjunto de presa, central hidroeléctrica, zona de obras y todas sus dependencias y poblados, incluida la antigua Casa de Dirección, que no vemos pero que está tras dicho parque
Al empezar el puente vemos el antiguo lavadero, que ha sido restaurado, donde antaño se hacía la colada antes de que se dispusiera felizmente de agua en todas las casas
A la izquierda, la gran finca del albergue Porta de Grandas, en la veiga del Rigueirón, con su prado y frutales, así como mesas donde descansan y se solazan los peregrinos en esta zona de esparcimiento
Aquí a la izquierda también, las escaleras que bajan al lavadero
El lavadero, la finca, el albergue y la Avenida de los Tilos
Una gran concha en la pared que mira al Camino lo identifica. M. Fernández y M. Guntín le dedican un amplio artículo en el periódico La Voz de Galicia del 18-9-2022 titulado La gallega que está al frente del último albergue antes de llegar a A Fonsagrada: "No 98 os peregrinos eran bichos raros" que compartimos el título tal cual aunque no es realmente 'el último albergue antes de llegar a A Fonsagrada y los autores denominan erróneamente Camino de Invierno al Camino Primitivo:
"María José Gontad Fraga es una gallega adoptada y adaptada en Grandas de Salime. Se marchó de Pontevedra por amor, y ahora capitanea el último albergue de peregrinos privado que aparece antes de llegar a la comarca de A Fonsagrada. Dos décadas después de su aterrizaje, Gontad cuenta que arrancó este proyecto en septiembre del 2019, poco antes de que estallase la pandemia de coronavirus. «Traballamos setembro e outubro, pechamos por tempada e ao final, levabamos pouco máis de 15 días cando xa nos pecharon de todo», explica. Su viaje empresarial comenzó entre geles y mascarillas pero ella, que ya lleva el mismo tiempo en Grandas que en su terriña natal, explica que ilusión y esfuerzo fueron los motores de este proyecto al que se enfrenta acompañada por su marido.
A la pregunta de por qué un albergue, que además lleva el nombre de Porta de Grandas, Gontad explica que tiene también una casa rural al otro lado del pueblo, pero el Camino de Invierno pasa a dos kilómetros y medio. «Cando eu cheguei, no ano 1998, non se sabía que por aquí pasaba o Camiño. Aparecía un peregrino cada moito tempo, e era un bicho raro. A xente non os coñecía. Os tres primeiros anos tras instalarme en Grandas tiven un bar, e cando me entrou nel o primeiro peregrino dixéronme que era un vagabundo, daquela eran bichos raros!», cuenta María José entre risas.
Fue en el año 2000 cuando el Camino de Invierno empezó a ganarse la fama. «Agora, a xente vai uniformada, case non distingues ao turista do peregrino», desgrana María José. Por aquel entonces apenas había albergues, y aquí fue donde Gontad vio su nicho de mercado, que tardó años en materializar ya que tuvo la precaución de esperar a que el Camino ganase recorrido. «A min e ao meu marido sempre nos chamou a atención o tema do Camiño, apareceu a oportunidade e lanzámonos», cuenta ella desde el interior del albergue, en el que domina la piedra tradicional gallega.
Con una habitación matrimonial, otra doble y tres compartidas, Porta de Grandas tiene capacidad para un total de 30 personas. De este matrimonio es el mérito de abrir el primer albergue de peregrinos del ayuntamiento, situado en la última etapa del Camino de Invierno antes de que los caminantes se adentren en la comarca de A Fonsagrada. «O nome de ‘Porta’ é en honor a que son galega, e en asturiano tamén se di así», explica María José.
En cuanto al trato con los peregrinos, la pareja no duda en decir que hay de todo: «Máis do 90 % resulta ser xente marabillosa, pero cando che toca algún raro... Dende a pandemia notamos que todo o mundo é máis esixente. Piden cambios de habitación, quéixanse de deixar os zapatos fóra da habitación...». Lo que está claro es que «el Camino está de moda», dice convencida esta gallega. Y aquí, por 15 euros, los peregrinos pueden disfrutar de la antesala a su estancia en Galicia.
Sin embargo, la fama tiene a veces una doble cara. «Eu creo que hai xente que fai o Camiño por postureo. E iso velo claramente cando chegan porque te das conta de que non están preparados e que ata se queixan de que hai moitas subidas e baixadas!».
En la entrevista se plasma muy bien la situación del Camino y las nuevas motivaciones y actitudes entre algunos de sus caminantes, empezando ya la tercera década del siglo XXI, percibiendo los cambios acontecidos en la mentalidad de no pocos nuevos usuarios del mismo
Cartel de entrada a la finca del albergue. A partir de aquí el suelo está adoquinado, si bien la calle no es exclusivamente peatonal
Pasamos junto a la portilla de la finca, que es para uso de los alojados en el albergue Porta de Grandas
Al fondo a la izquierda y más allá de los árboles de esta parcela vemos los edificios de la calle Pedro de Pedre, entrada al centro de Grandas por la carretera, donde están el Café de Jaime y el restaurante y hotel A Reigada, dos populares establecimientos grandaleses muy visitados por los peregrinos
La calle está dedicada al mítico Pedro de Pedre, al que una misteriosa inscripción en el arco del desaparecido puente de Salime, sobre el Navia, la atribuía su construcción (otros dicen que fue el diablo), así como del antiguo hospital de peregrinos y de la catedral de Lugo nada menos. Se trata de una leyenda, con un muy misterioso trasfondo, que no tiene visos de realidad, ni siquiera la inscripción misma, pero de la que hemos hablado abundantemente bajando de Buspol al Salto de Salime y Vistalegre
Y así, en el artículo Grandas y el incierto Pedro de Pedre, el escritor Pablo Antón Marín Estrada recrea en el periódico El Comercio del 5-9-2021 esta leyenda literariamente, basándose en el también escritor Miguel Barrero y su libro Las tierras del fin del mundo:
"Si Oviedo puede presumir de contar con una calle, la del Carpio, que dio identidad a un personaje de leyenda como Bernardo, el vencedor de Carlomagno en Roncesvalles, otra villa del Camino, Grandas de Salime, tiene el honor de haberle dedicado una de sus rúas principales a un ser imaginario o al menos del que no hay más pistas que su nombre en una copla de la tradición oral: Pedro de Pedre.
El escritor Miguel Barrero recoge este misterio en las sabrosas páginas de 'Las tierras del fin del mundo', la crónica de su viaje a Compostela por la vía primitiva, y con fina malla hilvana esta historia suspensiva con la del diablo que explicaría, por etimología popular, el origen de los nombres de Salime y Subsalime, hoy lugares sepultados bajo las aguas del colosal embalse del Navia.
Los versos que lo recuerdan se contaba que estuvieron inscritos en el antiguo puente de piedra construido en tiempos de Felipe II y del que conocemos la imagen fotografiada a finales del XIX por Octavio Belmunt para su 'Asturias' con Fermín Canella.
Levantado en unos peñascos a una notable altura sobre el cauce escarpado del río, evoca inevitablemente a tantos de esos puentes de incierto origen cuyo alzado se atribuía al señor de los infiernos.
La famosa trova grandalesa asigna la autoría de su desaparecido puente y de otras obras no menos monumentales a ese tal Pedro de Pedre: «De Castro natural/ hizo el puente de Salime/ la iglesia i el hospital/ i la catedral de Lugo/ a donde se fue a enterrar».
En su peregrinación a Santiago, Barrero relata que, a su paso por Lugo, se entretuvo sin éxito en indagar por las paredes de la catedral en busca de alguna inscripción que diera visos de realidad, aunque fuesen muy remotos, a los dos últimos versos.
Tampoco se haya documentado por ninguna parte que este natural de Castro interviniese en la construcción de San Salvador de Grandas ni en su hospital de peregrinos. Bastaría fijarse en las diferentes fechas de edificación de las cuatro monumentos para desechar por imposible cualquier intervención de Pedro de Pedre, salvo que tuviera, además de una poderosa vocación de arquitecto e ingeniero, el don de la inmortalidad. O, la que nos parece más verosímil tratándose de un personaje imaginario, que fuese el mismo diablo en persona.
El argumento más directo para echar abajo esta posibilidad sería el de plantear para qué iba a querer el diablo levantar en la ruta que seguían los peregrinos jacobeos un puente, una iglesia, un hospital y una catedral.
Solo podría rebatirlo una suposición aún más disparatada, aunque no insostenible: que el constructor hubiese llegado a Grandas de peregrino. El mismo Cunqueiro que tanto escribió de demonología no descartaba que tal vez más de un cofrade de Satán hubiese peregrinado a Santiago, mezclado con devotos de buena fe venidos de todos los pagos de Europa. Como los frailes, los había también de órdenes menores y mayores, incluso hermanos legos en luciferías.
Desde luego, el nombre Pedro de Pedre no desentonaría entre los que se conocen de tantos de estos diablicos de insignificante escalafón.
El mago de Mondoñedo, de haber sabido del grandalés, le habría inventado enseguida una historia. Que salió de Carcasona, confundido entre unos penitentes redimidos del verdugo a cambio de ir a buscar el perdón del Santo Apóstol en su sepulcro galaico y que lo hizo por no tener valor suficiente para robar el alma de una muchacha que vendía manzanas reinetas en el mercado de los lunes en Bastide Saint Louis.
Sabía que su Señor de las Tinieblas no le iba a perdonar por ello y buscaba el favor del único capaz de librarlo de su ira: el señor Santiago.
En su peregrinaje había sufrido hambre y sed, frío, aguaceros, el tórrido sol de los páramos, la soledad y la enfermedad.
Cerca ya del final del trayecto, tras visitar San Salvador en Oviedo, cruzó el Palo y llegó a Grandas de Salime. Era un día de mercado, apenas entrado el otoño, y en una esquina vio a una joven vendiendo manzanas y castañas. Tenía la misma sonrisa de la de Carcasona. Venía de Castro a sacar en la villa cuatro perronas con los frutos que daba la pumarada de casa. En esta ocasión, Pedro de Pedre -el nombre que con el que se le presentó- no pudo evitar querer robarle el alma a una mujer tan hermosa.
Si al final logró vencer la tentación, tal vez cogiese su bordón y su calabaza para continuar camino. A la salida de Grandas en dirección al Acebo, iría canturreando aquella tonada mortificadora de lo que pudo ser y no fue: «Pedro de Pedre/ de Castro natural/ hizo el puente de Salime/ la iglesia y el hospital...».
El Camino, ancho y llano, llega a una bifurcación, A Cruz, en la que nosotros habremos de ir a la izquierda
Pasamos frente al edificio de la Parrillada, uno de los antiguos bares que hubo antaño en Grandas. Observemos el azulejo azul de la concha amarilla tan característico en el itinerario asturiano del Camino Primitivo. De este lugar escribe en su blog Pepe El Ferreiro en la entrada El país de los excesos, del 15-1-2010 y la que compartimos lo siguiente:
"En la calle Mayor (hoy Ferreiro) existe un cruce de caminos al que siempre denominamos como la Cruz. Entre la casa ya citada (de Juan) y este punto hay algo más de 100 metros. Desde éste al Ferreiro otro tanto, y así mismo, otros tantos a la casa del Hospital, o Lazareto que fue de Santiago. Ahora coloquemos una bombilla de 25 W. en cada lugar que hacen un número de 4. Si quiere conocer la relación lumínica de estas lámparas con cualquiera de los actuales medios, les diré que es algo mayor que la que irradia una vela. Por lo tanto, aquellos puntos luminosos, nos servían de referencia en las oscuras noches, como estrella polar, en la navegación a vela (entiéndase aquí el juego de palabras). Hoy esos espacios los cubren 11 poderosas lámparas. Si a esto sumamos otras 14 en el barrio del Ferreiro, son un total de 25. La iluminación mejoró hasta tal punto que si calculamos una media de 3 focos o puntos de luz cada 100 mts, llegamos a la conclusión que muchas más de 1500 lámparas rompen la oscuridad de la noche, en las desérticas calles de mi perdida aldea. Y con esto no quiero decir que haya que volver a esa penumbra en la que transcurrió una parte de mi vida. No, no se trata de eso, sino de paliar el despilfarro energético y la contaminación lumínica. Esta contaminación no es sólo aquélla que desde muchos puntos a 15 Km. divisamos, sino también la relación de cada Kw. consumido con la polución atmosférica".
La Avenida del Ferreiro empieza aquí a subir suavemente hacia el centro de Grandas, camino de la iglesia y del Ayuntamiento, pero antes pasaremos por el Museo Etnográfico, cuyas instalaciones seguimos viendo un poco más adelante y a la derecha
Esta antigua calle Mayor, antaño el camino principal antes de que se construyese la carretera, apenas tiene tráfico pero en festivos, temporada alta y días de especial número de visitas y actividad en el museo sí puede tener algo más de trasiego
Es, de todas manera, bastante ancha, tiene además aceras y por ello no ha de darnos especialmente problemas en nuestro recorrido urbano por la capital grandalesa
Ahí tenemos la Casa del Molinero, con el molino enfrente, el cual podremos ver funcionar en nuestra visita. También vemos A Meda o vara de hierba. De estos elementos nos cuentan así en la web del Museo:
"La meda o vara de hierba constituye un auténtico símbolo del modo de vida campesina. Consiste en un poste central, una vara, normalmente de castaño, en torno a la cual se va acumulando la hierba de la siega ya seca, formando un círculo en la base cuyo diámetro va decreciendo en altura hasta configurar una forma cónica. Servía como almacén del heno con que se alimentaba el ganado. Con esta disposición, la hierba seca podía conservarse a la intemperie durante largo tiempo y ser empleada como forraje en los períodos de estío o carestía.
En 1994 se construyó en el Museo un molino hidráulico harinero que alberga los mecanismos de tres muelas distintas. El aporte hídrico proviene del pequeño arroyo que discurre por el recinto del Museo. Para solventar la escasez de agua durante el estío se recurrió a un ingenioso mecanismo por el que una bomba eléctrica impulsa el caudal del acuífero hallado al excavar los cimientos del molino, generando un circuito cerrado que proporciona a este molino la particularidad de moverse, contradiciendo al conocido refrán “agua pasada no mueve molino”.
El banzao (cubo) del molino, donde se acumula el agua que mueve los rodeznos, procede de Villaperi (Oviedo/Uviéu) y data de 1869. Fue desmontado piedra a piedra y reconstruido con la colaboración de la Confederación Hidrográfica del Norte. Las máquinas de los molinos fueron adquiridas en Valdoria (Siero), Nogueiróu (Grandas de Salime) y Colada (Ayande) y corresponden a modelos diferentes
La Casa del Molinero es una edificación contemporánea que aúna las características distintivas de la arquitectura tradicional de la comarca. Se trata de una construcción de dos plantas y desván con cubierta de pizarra.
El ingreso a la planta baja se produce por la fachada occidental, a través de un gran vano adintelado resguardado de la intemperie por el volado de la galería del piso superior. Este era el espacio en que habitualmente se ubicaban las cuadras en la casa campesina tradicional. El ingreso a la planta superior, donde se localizaría la vivienda, se realiza a través de una galería a la que se accede mediante unas escaleras integradas en el alzado. Las fachadas septentrional y oriental cuentan con sendos corredores volados sobre columnas de pizarra, otro de los elementos distintivos de estas casas.
En el desván se abren unos pequeños huecos rectangulares cuya función era permitir el acceso de las palomas. Estas aves se criaban para aprovechar la carne de los pichones y la palomina o excremento de paloma. Los pichones eran un plato muy estimado y su caldo estaba muy recomendado para enfermos y convalecientes. La palomina se empleaba como abono para las tierras. La explotación de las palomas tuvo cierta relevancia hasta el primer tercio del siglo XX y las casas de cierta entidad contaban con palomar en sus desvanes. En la finca colindante al Museo por el norte puede contemplarse un palomar exento de planta circular. Edificaciones de esta envergadura no fueron muy frecuentes en Asturias y siempre eran propiedad de casa fuertes que escenificaban a través de ellas su solvencia y prestigio.
El edificio está destinado al trabajo interno del centro y acoge también los espacios polivalentes del Museo. En la planta baja se localizan los talleres de carpintería y restauración. En el piso superior, despachos, almacenes y las salas para las exposiciones temporales, eventos y talleres".
En la Casa del Molinero está también la Sala Pepe El Ferreiro, que abrió sus puertas a las visitas del publico el 23-6-2023, y así daba noticia de esta inauguración la corresponsal de La Nueva España Ana Paz Paredes con su artículo Pepe el Ferreiro vuelve a su despacho:
"La mesa en la que trabajaba y que ahora alberga parte de sus cuadernos de campo, con sus dibujos y anotaciones; los tréboles de cuatro hojas que tanto gustaba coleccionar; su agenda; el diccionario de María Moliner y también las gafas y la pluma con la que solía escribir, además de su chaqueta de pana, las galochas (madreñas) y la boina. Objetos todos de José María Naveiras Escanlar, "Pepe el Ferreriro", que se exhiben desde ayer en una sala dedicada a su memoria en el museo que él puso en marcha: el Museo Etnográfico Pepe el Ferreiro, en Grandas de Salime. Esa sala fue inaugurada, como si de un acto de restitución se tratara, por la consejera de Cultura, Llingüistica y Turismo del Principado de Asturias, Berta Piñán, con asistencia también del director general de Cultura y Patrimonio, Pablo León.
En palabra de uno de sus hijos, Roberto Naveiras García, "es un espacio expositivo que conserva el espíritu de mi padre. Está además en la Casa del Molinero donde él tenía su despacho, por lo que no hubo que hacer cambios drásticos. Aquí están buena parte de las cosas que le definían. Tal parece, cuando entras, que acaba de salir de su despacho para ir a comer a casa".
Roberto Naveiras junto a sus hermanos Pablo y Belinda y su madre, Olga García, la viuda de Pepe El Ferreiro, acudieron a la inauguración acompañados también por varios miembros de la Asociación de Amigos del Museo. La sala, además de objetos personales, incorpora también diversos paneles explicativos del trabajo constante de José María Naveiras para poner en marcha un "museo vivo". Sin olvidar su visión integral de recuperación del patrimonio y de las costumbres de la sociedad campesina, entre otras cuestiones.
Berta Piñán admitió que con esta sala se reconoce como se merece "a Pepe el Ferreiro, al que debemos tanto en la etnografía asturiana; no sólo por el museo, también por una forma de trabajar dentro del territorio. Nos demostró cómo un proyecto personal puede convertirse en colectivo, llegando a afectar no sólo al concejo de Grandas de Salime sino a toda Asturias. No olvidemos que sólo el año pasado este museo recibió cerca de 11.000 visitantes". Una restitución completa de una figura que en su día vivió el enfrentamiento abierto con los responsables culturales del Principado.
Ayer Piñán afirmó que con el gesto inaugural "buscamos preservar la memoria y el trabajo del impulsor de este museo. Su aportación para poner en valor la cultura asturiana y el medio rural fue incalculable. Él quería un museo vivo y lo consiguió. Nuestro esfuerzo va a seguir encaminado mantener el espíritu innovador que le caracterizó siempre. Mi agradecimiento a su familia por su ayuda para hacer realidad este espacio que estoy segura va a interesar a cuantos vengan".
Y ¿qué diría hoy Pepe el Ferreiro viéndose a sí mismo formando parte, también, de su propio museo? Ante eso su hijo Roberto Naveiras señalaba con humor que, conociendo a su padre, "no creo que le resultase chocante ni que le causase sorpresa verse también él, incorporado a este museo que tantos desvelos le costó. Creo que lo entendería, no ya porque se considerase a sí mismo una pieza de museo, pero sí que sabía que era un personaje", matiza.
La exposición se completa con un audiovisual con material gráfico de los fondos del museo, de la Asociación de Amigos del Museo y de la familia Naveiras, así como diplomas y trofeos que en su día se le concedieron, cedidos por su familia. La música que lo acompaña es una de sus piezas favoritas, "El bolero de Ravel". Y al salir quizá cabría decir, como él escribía al final de sus artículos, aquello de "Haxa salú, que fame nun faltará".
Deseamos compartir además el artículo que el periodista Xuan Cándano le dedica al genial grandalés en Nortes titulado Pepe El Ferreiro, las élites y el pueblo:
"Cuando Pepe el Ferreiro empezó a buscar y rescatar por las casas de su comarca todo tipo de chismes, artilugios y aparatos desechables, esos de los que se desprendían las familias y estaban destinados a acabar en el camión de la basura, sus propios vecinos lo tomaban por loco. Acabaron apilados durante años en un bajo municipal de Grandas de Salime hasta que fueron las primeras piezas exhibidas en el Museo Etnográfico, esa obra enteramente suya que acabó provocando admiración en toda España.
Cuando Pepe fue a la Facultad de Historia de la Universidad de Oviedo con algunas piezas que rescató con sus propias manos del Chao Samartín, donde estaba convencido de que se hallaba enterrado un auténtico tesoro arqueológico, lo ignoraron completamente. Hasta que muchos años después se comenzó a excavar ese castro prerromano, hoy el más importante del Norte peninsular.
Así era Pepe. Inquieto, curioso, un campesino sabio y autodidacta, tozudo, luchador, inquebrantable. Su Museo es mucho más que una colección de piezas y objetos de la vida cotidiana de los vecinos de una comarca aún aislada de los grandes centros urbanos. Su apertura, tras años de lucha contra el escepticismo oficial y el de sus propios vecinos, y de ver museos y colecciones etnográficas en sus viajes por Europa, supuso también la recuperación del orgullo y la autoestima del mundo rural, que en Grandas se sacudió los complejos forjados por siglos de paternalismo y arrogancia de señorito ante los aldeanos. Todavía hoy llamar a alguien aldeano, o sea, aludir al habitante de una aldea, se usa peyorativamente.
El Museo de Pepe no solo es un centro de vanguardia en etnografía, un referente nacional; también es un lugar diferente, alejado de las normas, las rigideces y las distancias del academicismo. Es un Museo vivo donde los objetos se pueden tocar. Y mientras Pepe estuvo al frente, cualquier visitante se podía incluso tomar un orujo casero con el director mientras oía de su voz todo tipo de explicaciones o relatos, porque sus narraciones orales, en las que nunca faltaba el humor, también formaban parte de la magia del lugar.
Los que tuvimos la suerte de ver el Museo nacer y crecer vertiginosamente, como el número de sus visitantes, que se acercaban a Grandas solo para recorrer todos sus rincones, nunca olvidaremos la conmoción y la carga emocional que suponían aquellas visitas. Tampoco a su padre, ese ferreiro de profesión toda su vida, que seguía trabajando el fierro en el Museo, y no apeaba la boina, como su hijo.
Cercano, cariñoso y próximo a los de abajo, Pepe solía ser duro, implacable, incluso arisco con los de arriba. La moqueta y el despacho oficial, como la burocracia y el intervencionismo estatal, eran para él una carga insoportable que solo le provocaba rechazo. Y no lo disimulaba, porque era un espíritu libre y mordaz que jamás ocultó lo que pensaba, ni en público ni en privado.
Cuando empezamos con ATLÁNTICA XXII quise que fuera uno de los primeros protagonistas de “La Galería de heterodoxos”, una de sus secciones más leídas. Para hacerle la entrevista hasta Grandas nos fuimos Paco Paredes y yo en una gélida tarde de invierno, que acabó siendo cálida y didáctica, como siempre que hacías tertulia con Pepe. Poco después de publicarse la entrevista, a finales de 2009, el gobierno de Vicente Álvarez Areces, al que citaba en sus respuestas, y no favorablemente, lo cesó de la dirección de su Museo. Pepe y yo teníamos pocas dudas de la relación entre su despido y la entrevista, que debió de ser para Areces la gota que colmó el vaso de su paciencia sobre aquel ferreiro rebelde e insolente. El escándalo que provocó aquella medida, el apoyo popular a Pepe, la división en Grandas y la cascada de despropósitos tanto en el Museo como en el Chao Samartín, donde el purgado fue el arqueólogo Ángel Villa por apoyar al Ferreiro, son de sobra conocidos. Detrás estuvo siempre la alianza entre el caciquismo municipal local y el Principado, principal responsable de sus desmanes.
Pepe el Ferreiro representa lo mejor de la rica cultura popular universal, hecha por artistas y artesanos anónimos desde el inicio de la humanidad. Y en Asturias el desprecio y el hostigamiento de las poderosas élites urbanas, asentadas en los gobiernos, las administraciones o la Universidad, hacia sus representantes y sus expresiones. Un fenómeno que se observa también muy claramente con la lengua. Nadie como Pepe, que hablaba el gallego de Asturias de su zona, lo padeció con tanta crueldad. Hasta el final. Murió, admirado y respetado por la gente, e ignorado y maltratado por gobernantes y poderosos. Es para sentirse muy orgulloso, porque en un país como éste eso es el mayor de los elogios".
La Avenida del Ferreiro pierde su adoquinado y avanza recta y en ligera subida entre las casas y el muro de una finca. Muchos peregrinos entran ya directos a ver el museo, pero los más suelen buscar primero descanso y acomodo. Decir, eso sí, que no vayamos con el tiempo justo y que dispongamos de, al menos, la hora y media estipulada de visita individual. En relación con ello compartimos también de la web del Museo:
"La visita individual no requiere reserva previa. Se puede adquirir la entrada online a través del siguiente enlace: Compra de entradas.
La visita es libre. En la recepción del Museo, junto con la entrada, se facilita una guía de mano disponible en español, inglés, francés y gallego-asturiano. Antes de iniciar la visita, personal del Museo recibe a los visitantes y ofrece unas orientaciones básicas sobre la naturaleza del centro, sus colecciones y el recorrido aconsejado.
Se realizan visitas guiadas a la exposición permanente, sin coste adicional con la entrada del Museo en fechas puntuales.
Para participar es imprescindible adquirir la entrada al Museo seleccionando la fecha de la visita y el horario correspondiente al de la visita guiada, en el siguiente enlace: Compra de entradas. También se pueden adquirir en taquilla el mismo día de la visita si hubiera disponibilidad y online hasta las 15:00 horas del día antes. Las plazas son limitadas (10) y la visita está dirigida a todos los públicos (menores de 12 años acompañados).
Para que su estancia resulte una experiencia gratificante tenga en cuenta las siguientes recomendaciones:
La duración estimada de la visita es de una hora y media. Es conveniente preparar el viaje con antelación y acceder al Museo con tiempo suficiente para poder disfrutar el recorrido sin prisas.
Los guarda-guías del centro están a su disposición para atender cualquier duda o circunstancia que se produzca durante su estancia en el Museo.
Es aconsejable seguir el recorrido indicado para garantizar una visita completa de todas las instalaciones.
Consulte los horarios y tarifas vigentes".
Y esta es la Casa Rectoral, el edificio primigenio del Museo Etnográfico tras su traslado aquí desde los bajos del Ayuntamiento. Fue construida en 1814 en el lugar de otra más antigua que fue derribada por su mal estado. Si bien ya en el siglo XVIII se veía la necesidad de hacer una nueva la obra se fue retrasando muchísimo, primero por la falta de presupuesto y después por la francesada o Guerra de la Independencia
Es llamativo que, aunque cerca de la iglesia, no estaba en su más cercana inmediatez y esto serían por entonces las afueras de la población en El Camín Antiguo. Con el final del dominio de la mitra ovetense del territorio de Grandas en 1583 el templo de San Salvador dejó de ser colegiata y pasó a ser la nueva iglesia parroquial. Es muy posible que por entonces ya se decidiese construir una rectoral para residencia del párroco, lo que no sabemos era si se trataba de una casa nueva o aprovechaba una construcción anterior. Seguimos leyendo en la web del Museo:
"En el Libro de Fábrica de la parroquia se anota en 1814 un gasto de “1.711 reales y 21 maravedíes que de los fondos de la fábrica tomaron los feligreses para dar principio a la casa Rectoral”. Los trabajos duraron varios años, con un coste total de 16.513 reales. Se destinaron 7.643 reales a la adquisición de materiales: “mil y sesenta palmos de tabla”; “vigas, maderas gruesas, viguetas, columnas y canteados”; “clavos de todo género, bisagras de todas clases, picaportes y cerraduras”; “la losa y su conducción”; “la cal y la arena con su conducción” y “la cantería labrada para las puertas y ventanas”. Los jornales de carpinteros, canteros y herreros ascendieron a 8.870 reales. La primigenia casa Rectoral disponía de un hórreo que fue derruido en los primeros años del siglo XIX. En una sociedad de base campesina, estas construcciones resultaban imprescindibles para garantizar el almacenamiento y la conservación de los productos, razón que condujo a la parroquia en 1828 a reemplazar el hórreo desmantelado empleando “ochocientos reales que costó la panera u orrio que se halla en el corral de la rectoría para recoger el pan de diezmo, que no se podía pasar sin ella, tasola y preció el carpintero don Manuel Cotarelo, vecino del lugar de Balmaior [Bormaior] en dicha cantidad”. El nuevo hórreo se trajo del pueblo de Malneira, localizado a 5 km de Grandas de Salime, y se tuvieron que pagar 112 reales por desarmarlo, acarrearlo y conducirlo hasta la casa Rectoral, en cuya operación “se emplearon veinte carros”. Por último, se gastaron 367 reales en armar el hórreo y construir una cuadra o bodega debajo de él, así como en pagar cinco carros de losa que se trajeron desde Pelorde (Pezós/Pesoz), doscientos clavos de losar y la tabla para cubrir la cuadra. Este hórreo y su bodega se derribaron en los primeros años del siglo XX. El edificio rectoral decimonónico responde plenamente a los criterios de la arquitectura popular de la comarca. El material constructivo básico, y casi exclusivo, es la pizarra, empleada en la mampostería de los muros, el recercado de los vanos y las cubiertas. La carpintería es de madera de castaño y, en menor medida, de roble. Los paramentos externos se encuentran enlucidos, acabado eminentemente funcional que favorece la impermeabilización de las paredes y que se encontraba sólo al alcance de los propietarios más pudientes. La distribución de la casa, previa a su reforma para museo, reservaba la planta alta para vivienda, con lareira o cocina, sala, dormitorio, despacho para el párroco y un par de cuartos; mientras que en el piso inferior se localizaban las cuadras y la bodega".
Podríamos imaginarnos si antes del siglo XVI habría existido alguna conexión directa entre la Colegiata de San Salvador y algunos edificios anteriores dependientes de sus monjes, los cuales hubieran servido después para ubicar al párroco de Grandas y un nuevo hospital de peregrinos, de propiedad vecinal ambos, pero entramos de nuevo en un terreno de conjeturas
Lo que sí sabemos es que, aparte de sus datos de construcción original y avatares posteriores, la Casa Rectoral fue reformada en 1989 para ubicar la nueva sede del Museo en un espacio más grande y con espaciosas salas y ya con un espacio exterior donde estaban el hórreo, la panera y otras estancias y edificios que fueron ampliándose en años sucesivos
Y ya están esperando por nosotros para nuestra visita a las puertas de esta magna epopeya museística que entendemos es visita obligada, e inolvidable, para todo aquel que pase por Grandas, compartimos del apartado dedicado a la Sala Polivalente de la web del Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe el Ferreiro" una biografía de José Naveiras Escanlar vinculada a ese su gran sueño y su gran obra, que vamos a conocer inmediatamente:
"José María Naveiras Escanlar “Pepe el Ferreiro” (31 de marzo de 1942, Grandas de Salime – 13 de junio de 2020, Belmonte de Miranda), nació y creció en una familia campesina con larga tradición de ferreiros en su seno.
Por su trabajo en el taller de carpintería metálica en Grandas de Salime, Pepe visitaba con frecuencia las casas del concejo, en las que era habitual la presencia de útiles y herramientas abandonados. Sin una idea aún definida sobre qué hacer con ellas, comenzó a reunir piezas que, habiendo perdido su uso, se habían convertido en trastos viejos o “trastos vellos”, condenados al abandono o al fuego.
Su curiosidad natural no se limitó al rescate de piezas etnográficas. Su visión del patrimonio fue desde el principio integral, trascendiendo la mera acumulación artefactual de un coleccionista para interesarse por los procesos de producción, la estructura del territorio o la recuperación de oficios, actividades, técnicas y manifestaciones culturales, saberes y conocimientos que se perdían a un ritmo aún más rápido que el repertorio material.
En 1979, José María Naveiras era ya consciente de la necesidad de reunir, ordenar y de continuar rescatando todo ese patrimonio y así se lo planteó al entonces Consejero de Cultura y Deportes de la preautonomía asturiana, Atanasio Corte Zapico, y a Emilio Marcos Vallaure, gran conocedor del occidente asturiano y persona que ejercería un papel destacado en la creación del Museo.
Hubieron de pasar varios años y no pocas vicisitudes hasta que el 2 de junio de 1984 se inauguró el primer montaje del que ya entonces se denominó Museo Etnográfico de Grandas de Salime en el bajo de la Casa Consistorial del concejo. En total, cuatro salas en las que se instaló el repertorio etnográfico reunido hasta la fecha y también una muestra de material arqueológico reunido por Pepe. El local disponible limitaba las posibilidades de expansión y condicionaba el desarrollo del discurso, pero estaban ya presentes las principales líneas argumentales que se desplegarían después con mayor amplitud: la recreación de ambientes, el uso real de las piezas, la integración en el proyecto de artesanos y artesanas locales y la implicación de vecinos y personalidades de todo ámbito que habrían de favorecer la creación de la Asociación de Amigos del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
En 1989 la colección se traslada a la antigua Casa Rectoral de Grandas de Salime, edificio del siglo XIX habilitado como Museo tras una rehabilitación en la que también se integraron elementos estructurales recuperados por Pepe y varios vecinos del concejo entre las ruinas de los pueblos anegados por el embalse de Salime.
La nueva ubicación constituyó en sí misma un elemento patrimonial que mostraba la estructura de la casa tradicional y permitía ampliar el área expositiva desarrollando con menos restricciones el concepto de “museo vivo” de José María Naveiras. Se sucedieron las demostraciones de oficios y actividades tradicionales, las jornadas y seminarios y se consolidó así la participación de artesanos y población local en la actividad diaria de la institución.
La necesidad de crecimiento del Museo se hizo evidente y se emprendió su ampliación, con edificios de nueva planta que reproducían arquitecturas tradicionales. Se instaló un molino hidráulico que durante años prestó servicio a los vecinos del pueblo interesados en su uso y el Museo ganó también espacio para su actividad interna disponiendo un taller metálico y de carpintería y zonas para exposiciones temporales, actividades y despachos. En 2004 se inauguró la capilla, también de nueva planta, hito final de un período de constante crecimiento.
Aún sin llegar a ver cumplidas sus aspiraciones iniciales, José María Naveiras consiguió materializar el concepto de Museo integral y vivo, siendo resultado final una brillante recreación de los espacios domésticos y las actividades productivas tal y como los había conocido su cronista.
El Museo que hoy disfrutamos es el legado tangible de Pepe. Unánimemente reconocido como uno de los mejores en su género, con una colección material ingente, sirvió y sigue sirviendo de ejemplo e inspiración para la creación de otros museos, dentro y fuera de Asturias.
El auténtico legado de Pepe el Ferreiro que traspasará generaciones, es, como el patrimonio que siempre quiso conservar, intangible. El proyecto se ha convertido en uno de los principales catalizadores del sentimiento de respeto generado entre los propios vecinos hacia formas de vidas pasadas, pero no tan lejanas, denostadas por sus propios protagonistas porque sobre ellos pesaba el lastre, forjado durante generaciones, del atraso, la miseria y el desvalimiento social. El tiempo y el éxito indiscutible del Museo han ayudado a modificar radicalmente el desprecio secular por lo propio y acentúan el respeto por los bienes que permiten recrear aquel mundo extinto en pocas décadas y que hoy es reivindicado como referente compartido y motivo de orgullo colectivo".
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