Eres el Peregrino Número

miércoles, 7 de mayo de 2014

IGLESIA Y HOSPITAL DE PEREGRINOS DE SOTO DE LUIÑA/SOUTU L.LUIÑA (ASTURIAS)


La espectacular torre de Santa María de Soto de Luiña/Soutu L.luiña
Entrando en la población por El Couto y El Cepéu.
 El Camino de la Costa o Camino Norte atraviesa de este a oeste el concejo asturiano de Cudillero/Cuideiru. Así tras dejar atrás La Concha Artedo la senda xacobea que sigue en buena parte el trazado del viejo Camín Real de la Costa viene, bajando por los montes del Picu Umayor, a salir a la recta llana de la N-632, donde entramos por los lugares de El Coutu y El Cepéu en Soto de Luiña/Soutu L.luiña, destacada población caminera donde da servicio un albergue de peregrinos, además de otros hospedajes.


Al adentrarnos en la población seguimos unos metros de senda fluvial antes de cruzar el puente sobre el río Esqueiro.


Al fondo nos acercamos paso a paso al centro del pueblo.


Estamos en los valles de Las Luiñas o Las L.luiñas, una de las partes que constituyeron el concejo de Cudillero/Cuideiru al independizarse estos territorios de Pravia en 1836.



Ya llegamos al puente sobre el río Esqueiro, sucesor de uno anterior de madera desaparecido en 1845.


Río Esqueiro.


Ya estamos en el centro de la localidad, camino de la iglesia y el albergue.


Vemos los primeros bares.


Y desde aquí las vegas del río, que va a desembocar a la cercana playa de San Pedro la Ribera.


Filas de casas y la iglesia al fondo.


Ahora es un lugar bastante tranquilo pero antaño todo el tráfico pasaba por aquí.


Casas desdejadas.


Vivienda tradicional bien mantenida, con larguísimo balcón corredor abierto a la calle.


Casas de traza urbana. Contamos con diversos servicios y comercios.


La iglesia parroquial de Santa María de Soto de Luiña/Soutu L.luiña empezó a construirse en 1712 por iniciativa de Antonio Bances Cuervo y Osorio de la Bimera.


La parroquia como tal se había constituido un siglo antes, en 1608, y la historia nos cuenta que los pescadores costearon la construcción de un primer templo anterior a este, en el lugar de una aún más vieja ermita dedicada a San Juan Bautista o a Santa Marina.


Las obras de 1712 comenzaron con la torre, terminada cuatro años más tarde, el elemento que más destaca en el conjunto arquitectónico, de planta cuadrada.


En esta fachada está el reloj, así como varias figuras de santos, cada uno en una hornacina que imita una ventana.


San Antonio de Padua.


San Juan Bautista.


San Martín Obispo.


Realmente or sus lados izquierdo, derecho y frontal la torre dispone varias representaciones de santos en hornacinas.


La parte baja dispone de tres arcos cubiertos y otro cerrado, el de la portada del santuario.


Este terminado en 1782.


Desde estos arcos vemos el pueblo: el Camino que viene.


El Camino y la calle.


El cruce que va a la Playa de San Pedro la Ribera...


Vamos a fijarnos ahora en las numerosas esculpidas en esta fachada.


En su primer piso tiene varios huecos y hornacinas con imágenes en piedra de santos: San Pedro, San Pablo, San Martín Obispo, Santa Inés, San Vicente Diácono, Santa Marina, esta última de madera y las anteriores de piedra y madera.


San Pablo.



San Pedro.



El segundo piso es el de las campanas y el la imagen de Santa María con el Niño, la patrona.



Otros santos representados son San Juan Bautista y San Antonio de Padua (talla en piedra), y Santa Ana y la Virgen con el Niño, de madera.


En el pico de la torre hay una pirámide octogonal con un gigante de piedra.


Pasamos al pórtico.


Bello y acogedor pórtico.


Portada del pórtico.


A la vez que la torre fueron construyéndose la capilla mayor y la del Rosario, obra esta del avilesino Pedro García quien la remata en 1717.


Y entre 1739-40 se hace la capilla de Santa Inés, patrocinada por Lope Matías Menéndez de Luarca y Tineo, para él y sus descendientes.


Esta capilla muestra el escudo de armas del linaje en el exterior.


Hacia 1750-52 culminan los trabajos de la nave central, con arcos, puertas y ventanas. En 1782 se acaba la puerta principal del templo y en 1783 se inauguran la capilla del Nazareno y la actual sacristía. Bastante después, en 1866, se hace la capilla de San Antonio, respetando el estilo barroco de la construcción.

Pasando al interior, el retablo barroco principal de la iglesia es el de la capilla mayor, que preside el santuario, revelándose obra del avilesino José Bernardo de la Meana, discípulo o seguidor del gran maestro Luis Fernández de la Vega. La imaginería es de otro destacado escultor, Francisco de Borja, pero varias de las tallas son en realidad posteriores a la guerra civil, pues parte de las antiguas sufrieron destrucción en la contienda. Al mismo Francisco de Borja se le tiene por autor del relieve central del retablo de Santa Inés, a la izquierda del altar, coronado por el escudo familiar de los Menéndez de Luarca y Tineo y donde sobresale especialmente la escena del Nacimiento. Por su parte el también avilesino Benito Álvarez es el artista del retablo de la capilla del Rosario, con sus medallones relativos a episodios de la vida de Cristo. Al mismo tiempo, artistas populares de talleres locales imitaron con acierto y esmero en otros retablos la esencia de otros más consagrados, tal es el caso del de Santa Rosa o el de San Antonio. Fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1984 y premio internacional Europa Nostra en 1988.


Detras de la iglesia y separada de esta por un tramo del Camín Real, se halla la Casa Rectoral, antiguo hospital de peregrinos del Camino de Santiago, dedicado a Nuestra Señora del Rosario y edificado entre los años 1713-16, contemporáneo pues a la iglesia.


Pero es obligado decir que antes que este existió otro, del que apareció una lápida con la fecha de 1516, mencionado posteriormente en documentos de 1607. Se supone era de una sola planta hasta que en 1655 el ala norte se transformó en establo y a la sur se le añadió otro piso.


Los dos hospitales convivieron una época, si bien el más antiguo fue quedando relegado ante el nuevo, iniciativa de Antonio Bances Candamo, quien cedió para ello su propia casa y dos montes aledaños, señalando que había "una gran falta de servir a los peregrinos que iban en romería a la Ciudad de Santiago, por ser camino público y real desde el reino de Francia y otras provincias".


El hospital tiene bajo y piso alto con tejado a cuatro aguas. Sus cuartos estaban bien soleados, circunstancia incrementada gracias al corredor que entonces tenía mirando al sur. Arriba estaba la antesala, salón chimenea, oratorio, despensas y alacenas. Abajo, la entrada principal tenía zaguán o antoxana junto cuarto dedicado a San Pedro con dos camas reservadas para peregrinos religiosos. Otros cuartos eran el de San Antonio, con tres camas para romeros enfermos, y la habitación para seis romeros pobres con antesala para las misas a los citados peregrinos enfermos. Había igualmente chimenea y cocina al lado de un cuarto para peregrinas solteras. Otros elementos, desaparecidos hoy día, eran el hórreo y la panera para guardar el grano y las cosechas, así como el horno para hacer el pan. Se conservan y han sido restaurados diversos frescos con imágenes religiosas y elementos decorativos, y en las partes de madera se tallaron buenos dibujos y figuras ornamentales. Entre las pinturas murales hay sencillas imágenes de San Antonio de Padua, San Jerónimo o San José con el Niño y algunos paisajes. Las caballerizas empezaron a habilitarse en 1741. Siete años después surge la idea de fusionar ambos hospitales, abandonándose el viejo, que en 1752 ya figura en estado ruinoso.


En sus buenos tiempos, el Hospital de Peregrinos del Rosario disponía de hospitalera, pues se estipulaba que el cargo fuese ocupado por mujer viuda o soltera sin hijos, como fue el caso de Catalina Espina y María Peláez, quienes atendían a los viandantes con pan, sal, agua y caldo caliente. Si algún romero moría era enterrado con idéntica liturgia a cualquier persona del pueblo, si bien solía buscarse entre sus ropas por si se hallaban elementos que demostrasen su religiosidad y, aunque eran normalmente pobres, cualquier dinero o cosa de valor que se encontrase valdría para sufragar gastos de funeral y entierro, figurando entonces en los Libros Sacramentales de Difuntos. Así en 1656 moría aquí Juan de Francia, en 1718 un romero de Sigüenza, en 1722 el piamontés Andino Bucio, quien hacía el viaje de regreso; en 1742 el navarro José, de Estella, en 1763 Martín Pettit Jean Perpeau-de la Dit, de Fornaitulle (Nancy, Francia)...


La historia de hospital y hospitaleras irá, como en otros casos, paralela a la pujanza y declive de las peregrinaciones, pues hospitales y romeros decayeron al ir llegando en siglo XIX,. Entonces una anciana se ocupaba de las instalaciones y la atención a los pocos peregrinos que acudían, sin otros administradores. El hospital dejó de prestar servicios en 1811, pasando luego el edificio a covertirse casa de los párrocos o rectoral, objeto de reformas que transformaron el inmueble, desapareciendo elementos como el corredor. La rectoral también languidecería con los años pues, tras caerse el tejado en 1983, fue restaurada con ayuda de la Junta Parroquial, Principado de Asturias y Arzobispado de Oviedo. Es Monumento Histórico-Artístico, casa de cultura y museo de escultura, orfebrería y Arte Sacro.


En este espacio entre iglesia y antiguo hospital pasamos al lado del ábside semicircular del templo.


Tras la iglesia, bajo su ábside semicircular, está la Fuente del Hospital, de tiempo "inmemorial", según la placa que plasma las fechas en las que se sabe fue restaurada: 1782, 1800, 1897 y 1992, fecha esta última en la que la población fue galardonada, junto con Novellana, por donde pasaremos, con el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias de la Fundación Príncipe.




Venimos de la fuente.


Ahora desde la iglesia y el hospital vamos a ir al puente sobre el arroyo Pico Medio, afluente del Esqueiro


Cruzamos el puente y seguimos unos metros la carretera que va a La Playa San Pedro la Ribera, pero ipso facto la dejamos a la izquierda entre estas casas, Las Casas del Porto. (véase la flecha amarilla)..


Elegante conjunto de casas tradicionales, bien restauradas.


Iniciamos una ligera subida.


No sin dejar de mirar esta fachada, con puerta de arco de medio punto y dos ventanas también.


"Siga la flecha".


Atención en esta casa, el camino continúa de frente pero a la derecha está el desvío al albergue de peregrinos.



Aprovecha el magnífico edificio de las antiguas escuelas, de una sola planta pero grande y de amplios ventanales, arquitectura llena de filigranas y detalles artísticos, como corresponde al gusto de las primeras décadas del siglo XX.


El albergue y el hospitalero fueron glosados por el escritor Xuan Bello en una de sus crónicas: Caminos secretos: un albergue para el otoño.


Desde el campo del albergue subimos un poco


Y salimos a la carretera


Junto enfrente del hotel


En esta zona hay edificios nuevos y comercios


Cruzamos la N-632 y nos dirigimos a la derecha del hotel


Pasando delante de esta casa


Seguimos por esta senda


Hay unas ruinas


La yedra va cubriendo el hórreo



Caminamos con la vega del arroyo y su arbolado ribereño a nuestra izquierda


Vamos ahora hacia aquella casa


Seguimos a la izquierda, junto al solar de otra que apenas conserva un par de muros o paredes


Y por aquí continuamos


Subimos un poco


Y llegamos al barrio de Ondina


Pasamos a la derecha de estas casas...


Subimos un poco más


Y junto a esta cabaña de maderea volvemos a salir a la carretera general


Subimos por ella


Viejas casas.


El barrio de Ondina a nuestras espaldas.


Arriba tal vez podamos reconocer El Xalé (chalet) de Goico, caserón cuyo dueño, emigrante a Cuba, arruinó su fortuna, invertida en bolsa, en el crack de 1929, sucidándose de un disparo en esta misma casa.


Al lado de la carretera La Fuente del Gochu, llamada de esta forma pues su caño tiene una cabeza que se asemeja a un gochu (cerdo).



Poco después nos desviamos de la carretera a la derecha para subir por La Cuesta La Torre, una fuerte subida pedregosa y estrecha en un bosque donde predominan los eucaliptos.


Al principio el repecho es fuerte.


Pero pronto se va suavizando.


Las piedras se cubren de musgos.


Y los bordes de helechos.


Ganamos altura


Cesa la subida al enlazar con una pista en la que iremos a la izquierda


En llanol y recto


Para salir a la carretera


Y cruzar frente al camposanto siguiendo a la derecha


A la derecha


Tomamos esta senda viendo a la derecha la ronda de Ouviñana, enlace de carretera general, ramal a Cabo Vidío y carretera nacional


Nosotros vamos hacia la izquierda


Y tras pasar el camposanto subimos a Las Chabolas, un par de casas en la N-632.


Llanurrozu, parroquia de Ouviñana, el cual extiende su caserío por la rasa del Cabo Vidío


Pasando lo que fue una antigua teyera o fábrica de tejas y ladrillos en Las Chabolas llegamos a este hotel a mano izquierda.
 

Las señales nos indican dirigirnos a la izquierda


Y es que allí hay un importante cruce caminero.


Pasado el hotel podemos seguir la carretera por la ruta de Las Ballotas o tomar el histórico camino de la sierra de Las Palancas, El Camín de los Vaqueiros.  Antaño era este el más conveniente y empleado, ahora es el más inhóspito y duro aunque bellísimo (el de la izquierda), solo recomendado a gente más o menos experta en excursiones montañeras y en óptimas condiciones físicas pues es además muy solitario.


El de Las Ballotas, transformado en carretera en gran  parte, es pese a ello más seguro, fácil y cómodo a pesar de las grandes vueltas y revueltas que da para salvar la sinuosidad de las boscosas laderas, pasando por diferentes pueblos y cercano a muchas playas.


No obstante, en aquellos tramos en los que separa de la nacional, aunque naturales y muy hermosos, sí mostrarán en determinados lugares la antaño célebre fragosidad del camino de Las Ballotas, pues pese a estar prácticamente en línea de costa recordarán una ruta de montaña con sus subidas, bajadas y bosques casi selváticos. Pero por su parte, los kilómetros que andemos a lo largo la N-632, pese a sus largas y pronunciadas curvas, son ahora prácticamente un paseo, calzada no muy ancha y casi vacía, aunque no descuidemos la atención pues apenas tiene arcenes y en verano suelen pasar más coches. Parece mentira que hasta hace un par de décadas fuese la comunicación costera principal, aparte del ferrocarril, entre Asturias y Galicia. Su dureza de antaño no impidió que fuese esta la ruta seguida por Antonio de Lalaing, cronista de Felipe el Hermoso y su séquito durante su viaje por España en 1502. Aunque Felipe I El Hermoso visitó Santiago en su momento, su cronista decidió separarse de la comitiva real en Burgos, y vía León alcanzó Oviedo/Uviéu, para dirigirse por la costa a Santiago acompañado de su propio séquito. Resumiendo, en circunstancias normales seguir el Camino de Las Ballotas carretera adelante. Expertos caminantes pueden emplear el otro, el Camino de Las Palancas, con atención y no les defraudará para nada, pese a una irregular señalización. De los dos hablamos en las oportunas entradas del blog.
















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