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jueves, 16 de octubre de 2014

EL PALACIO DE FONFRÍA EN VALDEPARES: EL "EXCELENTE CAFÉ" DE LUIGI SALANDRA Y EL PASO DEL RÍO PORCÍA (EL FRANCO Y ENTRADA EN TAPIA DE CASARIEGO, ASTURIAS)


Palacio de Fonfría en Valdepares
Entrando en la parroquia de Valdepares (El Franco)
Una vez dejada atrás A Caridá (La Caridad), capital del concejo de El Franco, vamos entrando en la parroquia franquina de Valdepares por Os Carbayotes, bello paseo por senda asfaltada en las verdes praderías hacia Os Pradoes, por las vegas del río Piñeira o de Mernes, al norte de A Ronda.


Os Pradoes


Vega del río Piñeira, con San Pelayo al fondo, a donde nos dirigimos.


Buenas caserías.


Camino hacia San Pelayo o San Polayo.


Prados y bosquetes.


Camino y pianres.


Pasaremos entre aquellas casas.


Camino muy llano.


Girasoles.


Entrada florida.


Entrada en San Pelayo.


San Pelayo, con buenas casas, algunas dedicadas a alojamientos.


La carretera N-634, un poco más al norte.


Vaquerías en el pequeño valle.


Soberbia casa de piedra.


Fincas.


Buena y cuidada arquitectura popular.



Otra de las numerosas cruces de Santiago, obra del artesano Jesús Trabadelo González, de A Caridá, la capital franquina, instaladas en el trayecto xacobeo en el año 1993.


Cruzamos la carretera N-634.


Y llegamos al campo de la capilla de San Pelayo, que da nombre al pueblo.


Capilla reformada en el siglo XVIII sobre otra anterior.


También con su artesana Cruz de Santiago.

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A continuación dejamos el cruce que va a la Playa de Monellos.


Enseguida reconocemos en la lejanía un pueblo más del reocrrido.


Valdepares, cabeza de la parroquia.


Pueblo extendido linealmente en estos llanísimos campos de la rasa costera.


Palacio de Fonfría o de los Camposorio, del siglo XVI pero objeto de reformas posteriores, con mansión, blasones, capilla, torre, portada neoclásica y murallón almenado, así como fuente de aguas ferruginosas que da nombre al lugar.


En esta casona solariega debió ser donde el viajero-ingeniero Luigi Salandra tomo tomó "un excelente café" cuando paró en ella en 1797, uno de los primeros testimonios escritos referidos al consumo de café en Asturias.


Tal y como está escrito, da la impresión que no se tratase de una grandísima novedad, pues no en vano fue en ese siglo XVIII cuando el café triunfo definitivamente en Europa, cosa tan corriente y cotidiana que para nada nos hace pensar en los muchos problemas que trajo su éxito en la sociedad. Se trataba de un producto del que no se tiene constancia de su existencia antes del siglo XV, cuyo lugar de origen es Abisinia, actual Etiopía, en concreto de la comarca de Kafa. La tradición asegura que algunos pastores observaron el efecto tonificante que producía en sus animales la ingestión de la semilla de la planta del cafeto, y empezaron ellos a probarla. También se habla que en los monasterios allí existentes, principalmente cristitanos coptos, fue donde se perfiló su elaboración bebible tal y como hoy la conocemos, ya que era muy apreciado por los monjes dado que les ayudaba a mantenerse despiertos durante los oficios nocturnos. En un momento de Abisinia pasó el Mar Rojo y llegó a Yemen, extendiéndose por toda la península arábiga y por lo tanto a lo largo y ancho del mundo musulmán. Dado su éxito entre la población pronto se abrieron los primeros establecimientos que hoy llamamos cafés y cafeterías, pero es entonces cuando surge el problema, los guardianes de la religión observan los efectos que produce el consumo del café, animando a la reunión, la tertulia y el debate, la charla y la excitación. Ello, considerando los preceptos islámicos sobre la condena de la intoxicación, llevó a su pronta prohibición, cerrándose las cafeterías, ayudando en ello el poder político, que atribuía a esas reuniones para tomar café un foco de rebeldías y críticas a las autoridades. Poco no obstante pudo hacerse, pues ante el peso de la popularidad del café, aquellas vedas hubo que levantarlas y tanto triunfó que en algún país musulmán se estableció que una mujer podía divorciarse del marido si esta no le proporcionaba unos mínimos del negro y líquido tesoro.



En aquel entonces, ya en el siglo XVI, algunos viajeros europeos empezaron a escribir sobre el café y sus efectos, lo que conllevó su popularización, atribuyéndose a los mercaderes venecianos su introducción en Europa. Aquí pasó algo muy parecido al principio: primeramente se extendió rápidamente su consumo pero fue entonces cuando algunos religiosos pusieron en grito en el cielo. El los países protestantes de acusó al café, como al tabaco, de ser otros de los vicios traídos por los católicos, pero en los países católicos hubo clérigos que lo acusaban de ser bebida de Satanás, dado que entraba en competencia con el vino, sagrado en la liturgia por ser transformado en la sangre de Cristo. La discusión llegó al Vaticano, donde el Papa Clemente VIII llegó a probarlo para discernir entre su bondad o maldad como bebida de infieles. Tanto le gustó que afirmó que sería injusto dejar que únicamente los infieles disfrutasen de tal placer, llegando incluso a bautizar simbólicamente al café para que no cupiese ninguna duda.


En los países protestantes y en la mayoritariamente anglicana inglaterra también hubieron que levantar la mano ante esta gran difusión del café. En el siglo XVII abrieron por doquier cafeterías en Oxford, Londres, Berlín, etc.etc.etc. pero aún en tiempos de Federico El Grande de Prusia se suprimeron las últimas censuras a su comercio y consumo, pese a que todavía, avanzado el siglo XIX, existía bastante prevención contra su consumo en el norte de Europa. Mientras, en Rusia tomar el café podía acarrear prisión y hasta tortura, pues para más inri, cualquier estado de ansiedad o nerviosismo era prontamente atribuida a su consumo. En Estados Unidos, tras el motín del té en Boston, inicio de su guerra de independencia, fue considerado bebida nacional por oposición a los hábitos teínos ingleses. Al final el café derrotó toda oposición y fue tan totalmente aceptado que toda esta historia parece inverosímil cuando no ridícula, pero es cierta, pues hubo hacia él tanto o más miedo incluso que hoy en día ante las drogas duras.

Por su parte, el otro protagonista de esta historia, Luigi Salandra, fue un ingeniero italiano que viajó por España en el año 1797, viajero incansable que, imbuido por el espíritu de la Ilustración, relataba pormenorizadamente todos los detalles de su periplo. Su obra Viaje por España en 1797 es un manuscrito que permanece inédito y del que solo se han publicado y traducido algunas partes:

Por ello, cada vez que el peregrino se tome uno de esos estupendos cafés que reaniman el cuerpo y el alma, mente y espíritu, muchas veces tan necesario como unas buenas botas, principalmente por las mañanas, ha de tener tan presente que no fue tan del todo fácil que esto ocurriera y tiene, aquí en estos rinconces del  Camino, el testimonio de aquella verdadera odisea cafetera. Sin duda apetece, solo saberlo y pisar Valdepares, tomarse un café... en sus múltiples preparaciones.

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El Camino va directamente a la iglesia de San Bartolomé, célebre por el encuentro de las procesiones de hombres, con pendón rojo y de mujeres, con pendón morado, el domingo de Pascua, escenificándose un simulacro de enfrentamiento de pendones en el que estos se ondean con espectacular maestría.


 En el lado que mira al Camino muestra un reloj de sol y en su interior guarda antiquísimos retablos.


  La iglesia es de notable antiguedad histórica aunque también ampliada y reformada al lo largo del tiempo, con capillas laterales y sacristía.


Enfrente pasa el Camino. Desde aquí tenemos una buena vista de parte del pueblo de Valdepares.


Al oeste domina Valdepares La Torre, notable construcción que fuera una destacada quinta de tres pisos con palmeras, mirador y fachada azulejada, severamente arruinada tras el incendio sufrido en 1996.


Se trata en realidad de la profunda transformación de un edificio muy antiguo, donde tenía solar Diego García de Valdepares, bajo cuyos auspicios y negociaciones se formuló la creación del concejo en 1583.


Barrios al oeste de Valdepares.


Pasamos junto a las escuelas.


Cruz entre las escuelas y el Camino.


Frondoso parque al lado de la carretera.


Ahora cruzamos por enésima vez a la N-634 para seguir de frente por aquel Camino.


Atrás a la derecha ha quedado el restaurante y hospedaje Rego.


Buena señalización.


Pasamos junto a unas casas.


La Torre.


La carretera.


Campos muy llanos y casas esparcidas a distancia unas de otras es el hábitat que vemos ahora a nuestro alrededor.


Hacia La Molle.


Valdepares a nuestra derecha con el mar al fondo.


Verde campiña.


Cruz caminera.


Hortensias.


Más vistas de Valdepares, con La Torre al fondo.


Vamos hacia aquella casa.


Casa Luis de Tomasa.



Aun paso entramos en el pueblo de El Franco, antigua capital municipal y al que debe su nombre el concejo.


Paisajes de la rasa costera. El horizonte marino y la línea verde del campo se complementan.


Cabazo destartalado. Obsérvese la alternancia de teja y pizarra en su construcción.


Caserones...


... y chalets.


Entrando en El Franco.


Nuevo amigo en el Camino.


La yedra cubre algunas antiguas casas.


Un pequeño parque con bancos y columpios en medio de las casas de El Viso


En el centro del pueblo. Véanse los "picos" en el remate superior del alerón del tejado de algunas viviendas, característica de la arquitectura tradicional de la zona.


Seguimos haciendo ruta...



En este cruce vamos a la izquierda.


Y seguimos adelante.


Camperas llanísimas.


Más casas con "sus picos".


Quintanas.


Periplo por la campiña que nos llevará a una granja en la zona de El Morillón, bajando nosotros a la izquierda por senda terrera y arbolada. Véase la flecha amarilla que nos advierte.


Bajada y desvío a la derecha. Obsérvese el hito caminero.


Bajada a la sombra de laureles y otros arbustos.


Estamos en el lugar de A Canteira.


La senda se estrecha.


La senda se ensancha.


Firme de tierra y hojarasca.


Y cruce, ¡otra vez! de la carretera general, para bajar a Porcía.


Bajada parcialmente asfaltada.


Pasamos junto a estas casas.


Y sigue la bajada, ahora por este estrecho paso.


Entre la tapia y los arbustos.


Tapia a la izquierda.


Y a partir de aquí paredón a la derecha.


Aquí empezamos a ver el río Porcía.


Estamos descendiendo a las bucólicas riberas del río Porcía, próximo a desembocar en la playa homónima.


Otro grupo de casas.


El río.


Ahora, sobre el Camino y a su derecha tenemos la ermita de los Remedios, fundada por García de Valdepares en 1612 y donada en 1972 a la iglesia de esta parroquia.


Se celebra solemne fiesta de Os Romedios y sendas procesiones el ocho de septiembre, una religiosa desde el puente y otra profana en la alameda de la orilla, espacio protegido por su importancia natural.


También aquí, Cruz santiaguera.


La portada.


Y sobre ella, esculpido en piedra, un motivo ornamental vegetal.


Ventanuca.


Portada de acceso.


Interior del santuario.


La veneradísima Virgen de los Remedios. Os Romedios.




Volvemos al Camino, el cual pasa entre las dos casas.


Un antiguo forno, horno de la vivienda, donde se hacía el pan.


Puente sobre el río Porcía, del que tenemos noticias escritas desde 1672 y en el Catastro de la Ensenada se dice tenía el de entonces cinco arcos, existiendo allí una venta del marqués de Santa María del Villar, administrada en su nombre por su criado Plácido Blanco con unos beneficios de cuatrocientos reales de vellón al año.



Poco más abajo en la vega descubrimos el antiguo molino y es de destacar la memoria del antiguo hospital-albergería de pobres que aquí existió, propiedad de Ramón Murias.


No muy lejos asoma parcialmente la Playa de Porcía.


Al pasar el puente habremos salido del conceyo de El Franco para entrar en el de Tapia de Casariego por términos de la parroquia de Campos y Salave.


Primeros metros del Camino en el concejo de Tapia de Casariego. Aquí estuvo antaño La Venta de Porcía.


Concha peregrina.


Saliendo a la carretera.


Aquí, luego de las casas de la Venta de Porcía y antes del cruce de la carretera, nos desviamos a la derecha por dura subida hormigonada en L'Outeiro.


Subida corta pero directa y fuerte.


Las conchas confirman que vamos bien.


Casas de L'Outeiro.


Un poco más de subida.






Concha y grifo de la fuente.


Va acabándose la cuesta.


En la aldea de Campos, una de las que componen la parroquia de Campos y Salave.


Se trataba en realidad de dos parroquias tapiegas que se fusionaron en el año 1891.


Queda a nuestra izquierda la extensa finca del soberbio Palacio de Campos, originario del siglo XV pero con grandes ampliaciones, cuenta con capilla propia y también se le denomina Casona de los Magdalena por ser estos sus propietarios durante gran parte del siglo XX.


También sería posible que el "excelente café" de Luigi Salandra hubiese sido servido en esta casona, dado que no está del todo claro a qué palacio de la zona se refiere en sus crónicas.



Aquí seguimos ruta por terreno llano.


Casas y cabazos.


Nos acercamos a El Barreiro, A Cruz da Caleya.


Este es un lugar muy importante, pues aquí, detrás de estas las antiguas escuelas, hemos de decidirnos entre continuar por lo que era el "camino principal" o la variante de Tapia, últimamente muy empleada. Esta última sigue de frente mientras la primera, la que va a Tol y As Figueiras (Figueras), ya en Castropol, se dirige al sur. Ambas confluirán en A Ponte dos Santos, sobre la Ría del Eo o de Ribadeo, paso de Asturias a Galicia, aunque un camino más, el más antiguo, se dirige hacia Vegadeo/ A Veiga y de allí a Abres para pasar a Galicia por tierras de Trabada. Mismamente para pasar la ría había a su vez otras opciones, una cruzar en lancha por As Figueiras o Figueras y otra por Castropol. El "abanico" se rutas se abre antes de pasar a Galicia.