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martes, 12 de junio de 2018

EN LA PLAZA DE ALFONSO II EL CASTO: OVIEDO/UVIÉU (ASTURIAS): LOS PALACIOS. LA REGENTA Y LA CAPILLA DE LA BALESQUIDA

Plaza de Alfonso II El Casto y catedral de San Salvador

Una vez visitada la catedral de San Salvador de Oviedo/Uviéu y, ante la estatua de Alfonso II El Casto, el rey fundador, los peregrinos tienen la opción de, por la calle del Águila, tomar la ruta de la costa por el Camino Norte o ir hacia el occidente por el Camino Primitivo, la primer ruta xacobea de la historia, la que siguió este mismo rey a verificar el hallazgo de la que, según la tradición, sería la tumba del apóstol Santiago en Compostela, siendo así además Alfonso II el primer peregrino, al menos de nombre conocido


En el suelo, ante la catedral y la estatua del rey, una gran placa nos informa de esta historia y de las dos posibles rutas


El Camino del Norte y el Camino de la Costa


Pero antes de escoger el camino a seguir, y siguiendo la mirada del rey, vamos a conocer la plaza de su nombre, donde tantos peregrinos llegados de todo el orbe coinciden, y con ellos otras muchas gentes que pasan, llegan, cruzan y viajan, a descubrir la capital asturiana y todos sus rincones y monumentos


La Plaza de Alfonso II El Casto es un gran espacio rectagular a manera de explanada ante la catedral, pero no siempre fue así, antaño hubo casas, plazas y terrenos, como la Huerta de Heredia y las plazuelas de La Balesquida y de la propia catedral, donde se unían las principales calles gremiales de la ciudad, como la de La Platería, del gremio de plateros  o la de Los Albergueros, donde hubo albergues de peregrinos


Al fondo estuvo la Plazuela de la Balesquida, ante la capilla de este nombre. Ahí estaba la Huerta de Heredia, ante el Palacio de Valdecarzana y detrás de unas casas que fueron derribadas en 1928, consiguiendo unirla a la Plazuela de la Catedral y formar esta grandísima plaza. Hasta el siglo XIX hubo también una fuente ornamental que vino  de la calle Cimadevilla e instalada allí en tiempos de Carlos IV y que desapareció en el siglo XIX


La antigua Plazuela de la Catedral estaba formada por casas con soportales en forma de arco y era muy pequeña, si bien parece haberse formado como consecuencia del incendio de 1522 cuando se estipuló, en 1526, que no se reedificasen las casas aquí, con objeto de descongestionar el espacio delantero de la catedral, que antes de la plazuela estaba formado por callejuelas muy abigarradas. En 1591 otro incendio acabó con las huertas y las casas que habían sobrevivido al de 1522 y al recuperarse la zona tampoco fueron reconstruidas, quedando la plazuela así hasta su incorporación, junto con la de la Balesquida, a esta grab plaza en 1928


Justo al lado de la catedral y mirando a esta plaza está la iglesia de San Tirso del Real, de la que ya hemos hablado en la entrada de este blog dedicada a la llegada al templo de San Salvador


Su estructura actual responde a las reformas del siglo XVI, con su capilla de Santa Ana y a las restauraciones del siglo XX, pero recordemos que a su izquierda, en la calle de Santa Ana, está su original cabecera prerrománica pues fue este uno de los templos mandados edificar en tiempo del rey-fundador Alfonso II El Casto, por lo que está relacionado con la antigua basílica de San Salvador antecesora de la actual catedral gótica y con el mismo origen de la ciudad


En la fachada hay una imagen de San Tirso y abajo una inscripción


Al otro lado, a la derecha según lo vemos desde la catedral, hay un bloque de viviendas de moderno aspecto pegado al antiguo edificio de la Caja de Ahorros de Asturias, construido tras el derribo de las casas que aquí había en 1928 y según un proyecto de Enrique Rodríguez Bustelo. Al fondo a su izquierda hay dos importantes palacios, frente a La Balesquida


Son los palacios de Valdecarzana, delante de donde estuvo la Huerta de Heredia, y el de Camposagrado. Entre ellos la calle de San Juan, que recuerda al antiguo hospìtal de peregrinos de este nombre, que estaba en el lugar



Este es el Palacio de Valdecarzana, edificado entre 1627 y 1629 para don Diego de Miranda, Marqués de Valdecarzana, linajuda estirpe asturiana que, afincándose en la capital, necesitaba afirmar su estatus social y económico construyendo un gran palacio en el que trabajaron los grandes maestros Juan de Naveda y Gonzalo Güemes Bracamonte


En 1768 la casa llevaba tiempo abandonada pues los marqueses se habían ido, es entonces cuando José Froilán de Heredia, canónigo de la catedral, la adquirió para sus sobrinos huérfanos encargando su rehabilitación a Manuel Reguera, quien derribó una antigua torre e ideó un patio central dándole a esta fachada, la sur, una mayor relevancia, conservando eso sí las tres alturas originales. Este arquitecto no obstante no fue quien acabó la obra pues tuvo un serio enfado con la propiedad


Aquí está la puerta de entrada, flanqueada por pilastras y arriba el balcón principal con el escudo de los Heredia entre dos semicolumnas dóricas. Arriba se colocó el escudo de los Heredia


Escudo enorme que ostenta a Hércules con el león de Nerea, mostrando la antigüedad de la estirpe


Fue durante tiempo residencia de la familia y quí vivió el alcalde Antonio Heredia Velarde. Luego perdió ese carácter palacial y pasó a ser casino entre el siglo XIX y 1931 y ahora es sede de la Audiencia Territorial de Asturias


Y este es el Palacio de Camposagrado, de la familia de los Bernaldo de Quirós, quienes empezando el siglo XVII emprendieron la reforma general de sus casonas, entre ellas las de Oviedo/Uviéu, siendo entonces cuando José Manuel Bernaldo de Quirós inicia su reforma en 1698, encargando las obras a los arquitectos Pedro Fernández Lorenzana y Domingo Suárez Solar, desestimándose no obstante el proyecto. Es entonces en 1719 cuando se escoge la idea de Francisco de la Riva Ladrón de Guevara, quien solo consigue hacer los cimientos, encargándose en 1744 Pedro Antonio Menéndez de Ambás de acabar las obras en el segundo piso respetando el proyecto del anterior salvo algunos cambios en el piso bajo y en el patio, dándose por terminado en 1752 si bien las rejas, balcones y obras de hierro se prolongaron unos cinco años más. Incendiado en 1934 fue restaurado en la posguerra por Enrique Rodríguez Bustelo. Es actualmente sede del Tribunal de Justicia y su fachada principal mira a la Plaza Porlier


Y justo enfrente tenemos la Capilla de la Balesquida, de grandísima tradición romera. Santuario de la Virgen de la Esperanza, que rememora a doña Velasquita Giráldez, en romance asturiano medieval Balesquida. Se trataba de una dama poderosa, de origen franco, memoria de los asentamientos en la ciudad de personas y familias venidas de la actual Francia y centro de Europa, atraídos por la vitalidad del lugar como gran centro de peregrinaciones (Las Reliquias del Salvador), lo que dio lugar a numerosas fiestas y ferias basadas en las célebres romerías. Estos francos acudieron con sus negocios comerciales y se hicieron vecinos plenos de la capital asturiana en poco tiempo. En el año 1232 Velasquita hizo donación en testamento a la cofradía de alfayates o sastres de muchas propiedades y bienes a cambio que estos sufragasen misas en su memoria y por su salvación



La romería de los cofrades, perfectamente documentada en toda su historia, dio origen a las fiestas de La Balesquida, anunciadas por heraldo a caballo y que culminan con el Martes de Campo, donde se reparte el bollu preñáu de pan relleno de chorizo, así como el vino a los socios de la cofradía, que sigue existiendo en toda su plenitud tras esta laguísima trayectoria histórica. Se sale a los campos y plazas de la ciudad y sus alrededores, o a los bares, restaurantes y sidrerías, a dar cuenta de los manjares de la tierra. Esta afición a las fiestas ha dado nacimiento a esa copla o coletilla que dice: "xente d'Uviéu, tambor y gaita", a la que los ovetenses responden con un "y los d'alredor gaita y tambor". Unas tijeras en la ventana de la esquina hacen referencia a aquel gremio de los xastres  o sastres. La capilla tiene otra historia menos alegre, antaño en ella pasaban su última noche los condenados a muerte. Aún así existía algún modo de esquivar la ejecución en el último momento: si lograban saltar desde la mula que les llevaba al cadalso y agarrarse a las cadenas del edificio histórico de la Universidad, se acogían a sus fueros. Este edificio se halla a medio camino entre esta capilla y el Campo San Francisco, lugar de las ejecuciones. Dato de Dolores Medio en su novela Nosotros los Rivero


Las tijeras, símbolo de los sastres, xastres o alfayates



La capilla actual es de 1725 y estilo barroco con reconstrucción realizada en 1875, reformada en 1952 y con restauraciones que llegan a nuestros días


Pasamos pues por la puerta adentro


En el interior, muy reformado en las obras de 1952, hay tres retablos, el retablo mayor es del siglo XVII y barroco


Es ahí donde está la imagen de la Virgen de la Esperanza (s. XVIII) con un ángel a cada lado, siendo su atuendo donaciones de los cofrades y del Ayuntamiento, y arriba hay un relieve que representa al Espíritu Santo


Hay otros dos retablos dedicados a San Bernardo de Claraval (s. XVII) y a San Judas Tadeo (s. XVII-XVIII) y pueden verse cuadros con motivos de la vida de San Bernardo. También hay una talla gótica de la Virgen con el Niño del siglo XIII, gótico temprano


De la capilla de la Balesquida volveremos a salir a la plaza, viendo de frente la catedral y a la derecha San Tirso, donde reposan los restos de Velasquita Giráldez La Balesquida. A la derecha vamos ahora nosotros, hacia la calle La Rúa


Subimos las escaleras al lado de la monumental fuente de la plaza y viendo un grupo de viviendas de pisos, a la derecha de la iglesia de San Tirso, entre los que está, a la derecha, una de las ampliaciones del Museo de Bellas Artes de Asturias, al comienzo de la calle de la Rúa, por donde vienen los peregrinos que realizan el Camino del Salvador o de San Salvador, procedentes de León, y que han entrado en la ciudad por La Bolgachina y San Lázaro, llegando aquí por la calle Cimadevilla


En esta subida y pegando con la capilla de la Balesquida está la Casa de los Llanes, mandada construir en 1740 por don Menendo de Llanes-Campomanes, cabellero de Santiago, la cual lleva tiempo en obras, tapada por toldos


 A su izquierda la Casa de la Marquesa de San Juan de Nieva, construida en 1899 por Juan Miguel de la Guardia y Ceínos, quien trajo el eclectisimo francés, ahora es sede del Colegio de Notarios


Y a su izquierda uno de los monumentos más importantes del casco antiguo ovetense, la Casa de la Rúa, al comienzo de la calle de este nombre, del siglo XV, tardo-gótica, y uno de los pocos edificios que sobrevivieron al incendio de 1521


Hubo un edificio anterior, que por marcas de cantería se puede saber que era del siglo XIII, propiedad Alonso González de la Rúa. Se sabe que la actual casa se basa en una torre anterior, del siglo XIV, incluida en el edificio, que pasó a Rodrigo de la Rúa, Contador de los Reyes Católicos. De la parte como torre defensiva conserva esta fachada principal con su portada de arco dovelado


Acabando el siglo XV, perdido ya su carácter defensivo, se le abre a la torre la Ventana de la Cruz, así como las bolas decorativas de la cornisa. En el siglo XVIII pasó a llamarse Palacio de los Marqueses de Santa Cruz del Marcenado tras el matrimonio de Isabel Bernardo de la Rúa con Sebastián Vigil de Quiñones, caballero de la Orden de Calatrava y primer marqués del linaje, distinguido así por Carlos II


Por ello se ven los escudos de la orden en la fachada. Es entonces cuando se le añade un cuerpo adosado en estilo barroco para ampliarlo. En 1828 se añadió un jardín interior y en 1929 se acomete una primer rehabilitación, dedicada al interior. Fue restaurada en el año 2008 por especialistas de la Universidad y actualmente en ella se celebran eventos


Delante de la Casa de la Rúa Ana Ozores La Regenta,  contempla con su estilizada figura de hierro forjado a quienes se acercan a la plaza, fotografiándose a diario cientos de personas con ella, guardando incluso cola


 La Regenta, obra en bronce de Mauro Álvarez Fernández, es una de las tan destacadas estatuas de la capital asturiana, idealización física de la protagonista de la novela de Leopoldo Alas Clarín en la que criticaba la hipocresía social de las influyentes capas medias y altas de la capital asturiana en la época decimonónica, pero tan extrapolable a otros tiempos y lugares que dice que, de no haber existido El Quijote, sería La Regenta la novela por antonomasia de las letras españolas



En esta Plaza de Alfonso II El Casto queremos recomendar a todo el que venga a la ciudad, disponer de al menos una jornada para conocer bien el casco antiguo, soberbiamente recuperado, el Ayuntamiento, San Isidoro, el mercado de El Fontán, las murallas, las rúas viejas, la calle Gascona, la fuente la Foncalada, la iglesia de Santuyano (de los tiempos del Rey Casto), o los monumentos del Arte Asturiano del Monte Naranco, sin desdeñar el Campo San Francisco, la calle Uría, y otros espacios y lugares próximos y que tanto tienen que ver con la historia asturiana y de las mismas peregrinaciones


Podemos realizar por ello un periplo por los alrededores más inmediatos a esta plaza. Para ello, desde la estatua de La Regenta, volvemos a bajar las escaleras


Pasando al lado de la fuente con su estanque



Y viendo el arranque de la calle La Rúa, con el edificio añadido a la casa medieval en el siglo XVIII. De esa calle y de todo el trayecto viniendo de San Lázaro hablamos en el capítulo pertinente de este blog dedicado al Camino de San Salvador


Y así desde la capilla de La Balesquida nos dirigimos a la Plaza de Porlier


Pasando de nuevo al lado del Palacio de Camposagrado. Antaño hubo en esta fachada, la sur, no tan ostentosa como las este y oeste, una puerta que comunicaba con un antiguo jardín privado


Esta es la fachada principal del palacio que mira a la Plaza de Porlier, con sus balcones y escudos. Luego de su creación por Felipe V en 1716 la Audiencia vino aquí en 1862 tras haber estado primeramente en el Palacio de Vistalegre y en la calle Cimadevilla. Hoy Tribunal Superior de Justicia de Asturias


Esta más pequeña que la Plaza de Alfonso II El Casto o de la Catedral y con algo de arbolado ornamental



Fue llamada primeramente Plaza de la Fortaleza pues aquí tuvo Alfonso III El Magno un fuerte-Castillo emplazado tal vez sobre un más antiguo castro astur. Esa fortaleza fue destruida accidentalmente por una explosión en 1716 a causa de un accidente con varios barriles de pólvora depositados por la Junta General del Principado. La situación del recinto fortificado ya venía siendo mala pues en 1640 se había tratado de su posible reconstrucción. Durante la francesada fue destruido  por el general napoleónico Bonnet para hacerlo cárcel, siendo luego sufragada su reconstrucción con impuestos por la Diputación en 1818, actuación que transformó su aspecto con nueva fachada barroca. En 1820 con el Trienio Liberal esta plaza pasó a llamarse Juan Díaz Porlier en honor a este militar que se había sublevado en 1815 contra el absolutismo de Fernando VII.



Hasta principios del siglo XX era esta una explanada algo más alta que las aceras de la Audiencia, estando aquí, por la actual calle Mendizábal, sostenida por un muro que servía de paseo. En 1903 el Ayuntamiento decidió ajardinar este espacio y traer una baranda del Campo de San Francisco y en 1929 se instaló en el lugar del viejo fuerte el edificio de Telefónica que vemos en nuestros días


La plaza es solar de mercados y fiestas, principalmente durante las romerías de San Mateo y L'Ascensión, pero no es infrecuente ver a los gaiteros y danzantes en cualquier época del año



Mirando a la Plaza de Porlier está el Palacio del Conde Toreno, contruido entre 1673 y 1675 por el arquitecto Gregorio de la Roza a encargo de otra familia nobiliaria asturiana asentada en la capital, los Mallez Doriga. Antaño la muralla entraba en la plaza desde la calle Ramón y Cajal en paralelo con este palacio, cerca del que estaba la llamada Puerta del Campo, que se propuso demoler en 1808 al ser un basurero. Aquí nació José María Queipo de Llano, VII Conde de Toreno, embajador en Inglaterra de la Junta General del Principado al declarar esta la guerra a Napoleón en 1808



Pasó de 1958 a 1987 Biblioteca Pública Provincial y posteriormente sede del Real Instituto de Estudios Asturianos


Cierran la plaza por el oeste el antiguo Banco Asturiano, que también fue el Hotel Covadonga, y a su derecha el Teatro Filarmónica



El Banco Asturiano fue construido en estilo modernista, con su llamativa cúpula, a finales del siglo XIX por Juan Miguel de la Guardia allí donde estaba antes el Colegio de San Gregorio, fundado, como la Universidad de Oviedo, por Fernando Valdés-Salas, cuyo edificio, sito a la izquierda, en la calle Fruela, visitaremos prontamente. Este colegio era llamado de Los Pardos a causa del color de la beca de los estudiantes residentes. El acta de fundación es del 8 de enero de 1557 si bien ya llevaba tiempo dando sus clases. Viene a ser el precedente inmediato de la universidad ovetense pues en ese año adquiere un solar donde iba a hacerse en primer edificio de la Universidad de Oviedo


Por su parte el Teatro de la Filarmónica abrió sus puertas en 1944, obra de Ramón González Villamil, a raíz de la necesidad de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, nacida en 1907, de disponer de un local propio. Es uno de los teatros de la ciudad, pues antes la sociedad ofrecía sus conciertos en el Campoamor


Una estatua de Úrculo"El Regreso de Williams B. Arrensberg" denota una cierta alegoría viajera, representando a un hombre rodeado de baúles y maletas


Ante él la Plaza Porlier y sus mercados


Tras él, más allá del Banco Asturiano, el edificio histórico de la Universidad


Edificio histórico de la Universidad de Oviedo, fundada por el arzobispo e inquisidor general Fernando Valdés Salas, aunque inaugurada en 1608, cuarenta años después de su muerte. Fue diseñado por Rodrigo Gil de Hontañón y Juan del Ribero Rada. La torre es de 1859, hecha por Luis Céspedes para campanario y observatorio astronómico, ahora es para el reloj


El edificio es de planta cuadrada y liso por el exterior, hecho con sillares de piedra. Si seguimos por la calle Fruela podremos acercarnos a su entrada principal (más allá podremos acercarnos al Campo San Francisco el gran parque de la ciudad). La Universidad fue realidad gracias al testamento y otras disposiciones del dicho promotor Fernando de Valdés-Salas entre 1566 y 1568 y tras la fundación, también en la ciudad, del Colegio de San Gregorio o de Los Pardos, para el estudio de Gramática y Latinidad. Tuvo fuero por bula de ereción del Papa Gregorio XIII en 1574 y nació bajo patronato de Felipe III tal y como solicitaba su fundador. El edificio se inaugura en 21 de septiembre de 1608, fiesta de San Mateo, primeramente para Artes, Cánones, Leyes y Teología con apenas cien estudiantes. En 1618 ya hay un cambio de estatutos y de organización y Felipe IV le otorga nuevas rentas que le permiten sostenerse en la penuria económica que padecía, siendo este monarca considerado refundador de la institución


Esta es la puerta principal, entre columnas dóricas y con los escudos universitarios en lo alto


En el claustro, visible muchas veces desde la puerta de la calle, se levanta la estatua del fundador, Valdés Salas, obra de Cipriano Folgueras. La estatua sustituye a un busto de Isabel II retirado en 1869 tras su derrocamiento



Fernando Valdés-Salas nació en Salas, villa asturiana de su estirpe, en 1483,  y fue estudiante del Colegio de San Bartolomé de Salamanca, donde llegó a ser catedrático de cánones. Fue deán de la catedral de Oviedo y en 1525 miembro del Consejo de la Inquisición. En 1532 presidente de la Real Chancillería de Valladolid, sirivió a Carlos I en Flandes y Alemania (allí Carlos V), ostentando los obispados de Elna en Cataluña, Orense, Oviedo, León y Sigüenza, llegando a presidente del Consejo de Estado, Arzobispo de Sevilla en 1546. En 1547 logra el cargo de Inquisidor General, consiguiendo en 1559 la autorización del Papa Paulo IV para condenar a muerte a los miembros más activos de las nacientes comunidades luteranas de España, presidiendo los dramáticos autos de fe de Valladolid y Sevilla


Publicó asimismo un índice de libros prohibidos y redactó unas instrucciones para el Santo Oficio. Desempeñando sus cargos realizó diferentes fundaciones, como la de la Universidad de Oviedo, aunque él no la vería en vida


Las demoras en la puesta en marcha de la Universidad empezaron cuando el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, quien ya había trabajado en las universidesde de Salamanca y Alcalá de Henares hubo de ir cediendo la dirección de la obra a causa de la edad, primeramente a Juan del Ribero y después a Diego Vélez, lo que causó diferencias entre ellos y los testamentarios. En 1578 Juan Osorio Valdés, hijo del fundador, visita el lugar y como resultado es demolido parte importante de los construido. A pesar de ello estaba practicamente acabado en 1590, si bien entre obras menores y otras vicisitudes no se acabaría hasta 1609


En 1568 Fernando de Valdés-Salas también contemplaba la creación del que sería el Colegio de Niñas Huérfanas Recoletas bajo patronato del rector y claustro universitario en un inmueble de la calle del Campo, al lado de la Universidad, que sigue existiendo pero solo la fachada, el cual no tuvo actividad hasta 1676, estando en funcionamientos hasta mediados del siglo XX. A este se le añadieron en 1768 las rentas y edificio del malogrado Hospital de Estudiantes, también fundado por el inquisidor pero cuya existencia languidecía tras su constitución oficial por parte de sus albaceas testamentarios en 1614


Esta es una vista del edificio histórico universitario desde la calle Ramón y Cajal, cerca de la antigua muralla de la ciudad. La construcción conserva en líneas generas la concepción austera de Gil Hontañón a pesar de los cambios del hijo del inquisidor, Osorio Valdés. Basándose en el tardogótico en el que fue formado el arquitecto se evoluciona al clasicismo con escasa ornamentación, salvo en el friso o cenefa que recorre todo el edificio, en la ya citada vista portada de acceso y en los escudos familiares de los Valdés Salas sitos en las cuatro esquinas


El edificio padeció la destrucción de octubre de 1934 y la guerra civil, quedando en pie solo la torre muy afectada y la estatua del fundador, desapareciendo su biblioteca, construida por Manuel Reguera en 1770, perdiéndose todos sus fondos, si bien el conjunto fue reconstruido siguiendo fielmente el original


Luego de conocer estos lugares, tan cercanos y llenos de historia regresamos, por la Plaza de Alfonso II El Casto, a la calle del Águila


Y en la calle del Águila nos decidimos a seguir hacia Santiago de Compostela, bien yendo a la izquierda y empezando el Camino Primitivo para salir del casco antiguo por El Ensanche o bien seguir el Camino Norte por Gascona, tal y como nos señalan placa de bronce en el suelo e indicaciones