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domingo, 10 de junio de 2018

DE SAN LÁZARO A LA CATEDRAL PASANDO POR EL FONTÁN (OVIEDO/UVIÉU, ASTURIAS): DONDE ACABA UN CAMINO Y EMPIEZAN OTROS (CAMINO DE SAN SALVADOR (Y 26)

Ana Ozores La Regenta recibe a los peregrinos del Camino de San Salvador a su llegada a la catedral
Barrio de San Lázaro, entrada al centro urbano de Oviedo/Uviéu 
Ya son, podemos decirlo, los metros finales del Camino de San Salvador cuando entramos en el ovetense barrio de San Lázaro bajando bajando por la carretera de La Bolgachina y cruzando aquí, el río Gafu. Entre diversas acepciones la palabra gafu (infectado, enfermo, malo, enfadado, etc.) también era sinónimo antaño de leproso. Algunos investigadores sostienen que quizás tenga que ver con las andanzas de los malatos que eran atendidos en la cercana Malatería de Cervielles o Entrecaminos, cuyo sucesor, el Albergue Cano Mata, actual Residencia San Lázaro, ya vemos al fondo. Una institución con nada menos que ocho siglos y medio de historia, pues su testimonio más antiguo es de una venta del año 1146 de María Pérez, que con su marido Juan Alfonso, venden una heredad a Giraldo Giraldi, vicario de Santa María de Cervielles, este mismo lugar ya mencionado en 1235 como Santa María y San Lázaro de Cervielles y que, en 1251, ya conocemos el nombre de una de sus pacientes "María Martín la malata de Cervielles", todo según los estudios del investigador José Ramón Tolivar Faes


Al pie de la histórica institución está el Parque de Invierno un verdadero cinturón verde y pulmón de naturaleza en torno a la ciudad


Aquí dejamos la calle Armando Collar para tomar la de La Malata, el antiguo camino, cuyo trazado se dirige a ese antiguo hospital de leprosos, del que sabemos, en 1261, del Superior del convento de Santa María y San Lázaro que lo amparaba, Juan Guibor. Esta zona fue, aún no hace demasiado tiempo, una zona rural del extrarradio, un tanto apartada de las antiguas murallas. A pesar de ello siempre existió el temor al contagio, especialmente a través del agua, tanto de ríos como de fuentes y acequias. Por ello en 1274 el Concejo de Oviedo estableció muy severas medidas para que los leprosos, entre los que había sin duda personas aquejadas por otras enfermedades que no eran lepra pero se tenían como tales y que como era común deambulaban con cierta libertad, no pasasen al interior de la ciudad... "sinon for el dia de la cruz ata el mediodia, et el malato que en otro tiempo y entrara enna villa por la primera primera vez sáquenlo a aguillonadas (golpes a manera de pinchazo) de la villa, et por la segunda vez que lo batan  (golpear repetidas veces) et por la tercera que lo quemen" . Nunca debieron de ser del todo siempre aplicadas estas salvajes órdenes pues, tal y como acontecía en otros lugares, existían andado el tiempo requerimientos al juez de alguna de las leproserías para que, como en 1543 "no consienta que ningún malato de su término aquí ande ni esté, especialmente un mozo de Lanera e Arango: que se notifique a los malatos que se vayan dentro de tercero día so pena de cient azotes"



Todavía en fecha tan tardía como 1737, no mucho antes de su clausura, el Ayuntamiento recuerda a los malatos la "prohibición de salir por las noches a pedir limosna, como solían hacerlo". Incluso poco antes de su clausura, en 1749, se percibe que leprosos solo debían ser ser una pequeña parte, pues se reglamenta que los pobres más enfermos y paupérrimos, los que se apiñaban en torno a los hornos del pan, fuera de la ciudad por orden tras los pavorosos incendios que la arrasaron, fuesen recogidos en San Lázaro... "Con motivo de albergarse en el horno de la Plaza considerable número de pobres, muchos gravemente enfermos, y hasta en el último término de la vida, con notorio desamparo y causándose además grave daño al vecindario, siendo posible que fuera ocasión de contagio, se dispuso tomar una resolución pronta y eficaz, para lo cual se recojan en el Hospital de San Lázaro de entre Caminos..." Así fue como en 1751, de los veintiún pacientes existentes fuesen dados de alta once "por reconocer hallarse libres de lepra" llegando a denunciarse con ironía por parte del Marqués de Camposagrado que "la Malatería de San Lázaro no sirve más que de alvergar Sarnosos que los Médicos baptizan con lepra"


En realidad, los malatos no eran únicamente leprosos, sino afectados de otros males de la piel, que como decíamos, se los tenía también considerados como lepra. Estas enfermedades horrorizaban a la sociedad de aquel tiempo, temerosa del riesto al contagio y espantada por las desfiguraciones y heridas causadas en la cara y el cuerpo de los que sufrían sus efectos. Por eso se buscaba apartarlos todo lo posible y por eso mismo fue que el amparo a estos marginados fue considerado como una de las máximas misiones caritativas de las órdenes religiosas, los nobles poderosos y los grandes reyes, al estar visto un acto supremo de caridad cristiana



Desde siempre, en la curación de esta enfermedad, intervinieron prácticas que buscaban remedios tanto naturales como sobrenaturales, basadas en el baño o inmersión en agua de determinadas fuentes y manantiales considerados salutíferos y a la vez milagrosos, una práctica muy habitual en todas las sociedades y religiones. No hemos de olvidar que el agua es un elemento de importancia vital en todas las creencias, pues siempre se presenta curativa y sanadora porque "lava y limpia", no solo los males físicos, sino también los "inmateriales" o espirituales, solo hay que pensar en el rito del bautismo, por ejemplo. Mucho primero que la moderna medicina los recuperase, celtas, romanos, griegos y otros pueblos de nuestro entorno cultural, tenían grandísimo aprecio por las fuentes milagrosas, a las que veían como morada de las divinidades de la salud, la fortuna y la naturaleza



Ademas de la curación por agua, tal vez en este río Gafu, que vemos canalizado en el Parque de Invierno, durante siglos la medida más eficaz contra la extensión de la enfermedad fue el aislamiento y la separación de los afectados. Pero este aislamiento en Asturias nunca fue muy estricto. Se sabe que en la mayoría de las malaterías asturianas los enfermos llegaban a hacer una vida casi normal, salían por campos y caminos, pedían limosna, cogían fruta de los árboles, entraban en las tabernas o, como en el caso de Vallobal, hasta dentro de las casas. También acudían a ferias y mercados, mismamente se casaban algunos con gente sana. Nunca que se sepa se oficiaron las macabras ceremonias, tan celebradas en otros lugares, en las que se solemnizaba la muerte del leproso para la vida en el mundo, y pese la existencia de ordenanzas que amenazaban con castigos a los malatos que no hicieran caso a la normativa que les conminaba a hacer vida aparte, andando libremente entre los sanos, a la hora de la verdad estos castigos rara vez se aplicaban


En la bifurcación seguimos la cuesta arriba en dirección al solar de la antigua malatería, a la que en 1289 Don Pedro Díaz de Nava dona cien maravedís a esta y otras malaterías asturianas. En 1331 el poderoso noble Rodrigo Álvarez de las Asturias beneficia en su testamento a las malaterías asturianas y muy especialmente a las ovetenses de San Lázaro y de Paniceres con 400 maravedís por partida doble. En 1343 Don Fernando Álvarez Valdés, dispone en testamento que "bendan todas las mys bacas e todo lo que balieren mando que lo den a los lazerados de San Lazaro que moran en esta tierra de Asturias". En 1343 el mismo Fernando donará a las malaterías ovetense de San Lázaro y de Paniceres, al igual que a otras del centro de Asturias "sendas fanegas de pan en cada un logar"



Andado el tiempo el nombre de Cervielles, tal vez lugar de ciervos o tal vez lugar de ríos, se pierde, posiblemente debido a un cambio de titularidad al pasar del Convento de Santa María de San Lázaro al la Justicia y Regimiento de la Ciudad. Así empieza a simplificarse en San Lázaro: en 1458 aparece nombrada como Santa María Magdalena de San Lázaro de Entrecaminos, quizás como manera de diferenciarla de la otra, al norte de la ciudad, la de San Lázaro de Paniceres. Otras veces, como en el registro de los 150 maravedís del canónigo Don Alonso Rodríguez de Oviedo de 1493 aparece simplemente San Lázaro y en 1526 es denominada por última vez San Lázaro de Cervielles cuando por testamento Doña Mencía Fernández de León, esposa del Contador Don Rodrigo de la Rúa, dona a esta malatería y a la de Paniceres sendas fanegas de pan reflejando por escrito que se les den a "los pobres de las dichas casas, sin que el capellán ny mayordomo lieben ni hayan parte alguna dellas"



Es muy interesante un documento del Ayuntamiento fechado el 20 de agosto de 1526 por el que conocemos el tratamiento de una paciente, María González de Perera, consultada por el licenciado Prado Médico para discernir si padecía la enfermedad, dando positivo y dando la causa en contagio   "por la conversación que tubo con los leprosos", siendo ella enviada a Paniceres y otro leproso a la allí llamada San Lázaro del Camino. Ambas instituciones acogían enfermos de ambos sexos, lo que dio ocasión a que muchos intimasen, siendo también castigado, por ejemplo en 1524 se expulsa de la leprosería por esa razón a "Catalina, fija de Gonçalo Martíez de los Barreros, malata de la casa de San Lázaro, por dos meses y mas lo que fuere la voluntad de subceder, que no entre en la casa e no goce de la racion, e que por otros dos meses no aya racion e este en la casa, y que el pan de su ración lo distribuya el juez a otra pobre, y que del dia que paso fasta hoy no aya tampoco racion de dinero y lo aplicara para el reparo de la casa"



Cuando, al menos desde 1458, la ciudad tuvo la malatería a su cargo y con ello el derecho a nombrar capellán, debió haber normas administrativas que regulaban su funcionamiento, pero es en las llamadas Ordenanzas de Hernando de la Vega, dadas por los Reyes Católicos el 10 de junio de 1494, reescritas por Santos de San Pedro donde se lee que en ella se daba hospedaje a leprosos y a pobres, los cuales habían de ser visitados por el médico correspondiente, todo supervisado por un juez nombrado cada año por el Ayuntamiento, así como dos regidores que "rindan cuentas con el mayordomo de la Malatería". Debían mantenerse "doce o más leprosos, vecinos del concejo, y se de a cada uno 73 reales y medio de limosna por Navidad y otro tanto por San Juan. Que ninguno sea admitido sin declaración del Médico, ni sin información de pobreza, y que el Cura, Juez, Mayordomo, Escribano, malatos, etc. no cobren propina a los que ingresan". También se estipula que el capellán nombrado había de dar misa tres veces por semana y celebrar las festividades del hospital los días del Santo Ángel de la Guarda, San Lázaro y Santa María Magdalena. También que "por los inconvenientes que tiene que los dichos malatos anden por las calles de la Ciudad se les de una Criada", esto es, una mujer a su servicio que les pida limosna en su lugar, les sirva recados y les lleve el agua. Juez y médico habían de pasar por la malatería al menos dos veces al año, por Navidad y San Juan, dando de alta a los sanos, y el primero había de estar siempre para recibir a los pacientes a su ingreso, llevando los libros con sus datos y bienes el escribano del Ayuntamiento. Otro dato de importancia es que las atenciones del hospital se habían ampliado a los niños expósitos


Las limosnas, como vemos constituían otra de las fuentes de frinanciación de la malaterías, siempre como un cobrador como en 1523 Juan de Luna, al que se le manda que "pida para los malatos segund costumbre, (y) que una vaca vieja que la venda a quien mas por ella diere, e los maravedís los traiga a la casa de consistorio, dé orden o compre otra nueva para adelante, e Juan de Luna quedó e se obligó de acudir con los dineros e los traer a la dicha casa o comprar otra vaca para provecho de la obra de la casa de San Lázaro"


El ingreso en malaterías era comunmente pues para los pobres si bien en algún momento, como castigo, fueron encerrados nobles y hacendados caídos en desgracia con la idea que fuesen contagiados de lepra, tal y como le pasó a finales del siglo XV a Yvan  Bernaldo de Quirós, llevado allí por el poderoso Alonso de Quintanilla, favorito de los Reyes Católicos, a causa de un ultraje que le hizo su hijo Nuño Bernaldo de Quirós, al que castigó exponiéndole como a los bandidos en el muro del convento de Santa Clara y también aplicando la crueldad con su padre



No siempre las cuentas estaban bien llevadas, ya en 1499 "a pedimento de los pobres y leprosos de S. Lázaro de la Ciudad de Oviedo" se dicta sentencia de multa de 811 maravedís al escribano Juan de Verdemata a causa de ello, y que además subiría a los 10.000 si hace alguna "maña". En 1737 un documento informa que "el Hospital de San Lázaro fuera fundado hacía más de 200 años por los vecinos de Oviedo (sin duda cuando pasó a la ciudad) bajo el título de Santa Magdalena, con objeto de recoger leprosos, tomando después la casa el nombre de San Lázaro". Existe cierta confusión, pues existió también un Hospital de la Magdalena en la calle de este nombre, paso de este Camino, al menos desde 1458 y muy vinculado a este pues en el año de la peste de 1598 los enfermos albergados en él fueron traídos a San Lázaro al estar más apartado de la ciudad, sacándose de aquí a los leprosos, sin saberse a donde fueron trasladados. Meses después se ordena quemar las ropas de los apestados, pero señala el Gobernador que "en consideración a la mucha falta de ropa en todo este Principado (...) se ponga al aire y al sol para que consuma los malos bapores..."



Al final de la cuesta de la calle de La Malatería hay una bifurcación, en la que vamos a la izquierda, saliendo a la calle Gil Blas, justo al lado de esta residencia, sucesora de aquella malatería que, pese a todos los quebrantos, disponía de buenas prebendas pues se consignan de los siglos XVI al XVIII más de veinte escrituras de propiedades de esta malatería en concejos desde la cordillera hasta el mar: Ayer, Mieres, Oviedo/Uviéu y Carreño. En la capital y su entorno poesía la Huerta de María Blanca, casa y tierra de Fumaxil, una bodega en la Calleja Baja de San Lázaro, donde también tenía la casa de El Rincón, al igual que el prado y huerta de La Cámara y la casa de la Regencia en la calle de Cimadevilla, junto a la torre principal del Ayuntamiento. Otra importante posesión era "la Venta y vienes que llaman del Gallo, sitos en términos de este nombre", que en "1696 el hospital de San Lázaro dio en foro a Manuel Albarez Santullano y su mujer". Otros ingresos eran "dos Privilegios de los juros (deuda pública del Reino de Castilla) situados en Madrid sobre Rentas de Alcavalas y Salinas, expedidos en 26-III.1659", "el primero sobre el primer medio por ciento de la Ciudad de Oviedo, y el segundo sobre la Renta de Salinas de Galicia y Asturias"


En la calle iremos a la derecha, viendo los edificios enfrente de la antigua malatería, de la que sabemos que en 1574 solo había dos enfermos, dato que se conoce por la documentación expedida al ingresar un tercero, Alonso de Ables, con plaza vacante al fallecer la residente María González. Sin embargo en otras fechas, como 1626 se dice que había "bastantes malatos"


Algunos capellanes llegaron a ascender a puestos catedralicios, como en 1673 Don Mateo García Escajadillo, que renuncia a su cargo y residencia al ser ascendido a "Canónigo de la Santa Catedral". También hubo penurias, en 1699 se sabe que algunos enfermos había muerto por falta de sustento y se exige que se les abonen los 73 reales que se les deben de las pagas de Navidad y San Juan


Y esta es la fachada principal del edificio actual. El antiguo hospital tuvo una capilla dedicada a San Lázaro pero existió también una cofradía del Santo Ángel de la Guarda, santos de los que el famoso escultor del barroco asturiano Antonio de Borja hizo las imágenes


No mucho antes del cierre de la Malatería de San Lázaro, en 1734, una criada, Josefa Suárez, vecina de este barrio, pide los cuatro ducados asignados por llevar el agua a los malatos, tres ferradas, antiguos cubos, diario, manifestando ella que, a causa de secarse la cercana fuente de Fumaxil, debía ir a las fuentes de la ciudad, incrementándose notablemente su trabajo y acordando a causa de ello el Ayuntamiento darle once reales más


Enfrente de la Residencia de San Lázaro cruzamos la calle Gil Blas


Y tomamos a la izquierda la calle Aurelio de Llano


Y así vemos, ya a nuestras espaldas, la fachada del edificio que sucedió al Hospital de San Lázaro. En 1751 el Regente Gil de Jaz solicita a Fernando VI centralizar los recursos de todas las malaterías en un solo hospicio general que se construyese a tal efecto. La endemia leprosa casi había desaparecido y era necesario optimizar recursos en beneficio de los pobres sanos, los niños abandonados y cuidar y hacer valerse a los inválidos, sufragándolo con las posesiones y rentas de los viejos lazaretos que ya iban languideciendo, manifestando que "en esta ciudad ay un ospital llamado de San Lázaro, administrado por su Ayuntº, sin que conste de su fundación, en el cual se reziben y curan los leprosos, con la renta de sus posesiones, foros y zensos, que llega en cada un año a 6.301 reales y 26 mrs. despues de aver padecido considerables quiebras por falta de cuidado y malversazion de sus caudales; cuio edificio tiene Iglesia y alguna avitazion capaz de alvergar a vastantes Pobres, y como quiera que el mal de la lepra se aya por la misericordia de Dios tan raro en España, se podrá estimar este ospital con su renta a la erección y manutenzión que propongo de un ospìzio, para lo qual solo se nezesita de la Real Voluntad de V. M. por el derecho que atribuyen a la Corona las leyes de estos Reynos sobre las Casas de S. Lazaro y porque aunque lo administre la Ciudad se entiende que tiene el uso precariamente..." y de esta manera, tras algunas discusiones, el Ayuntamiento cedió en favor del proyecto de hacer en la ciudad un nuevo Real Hospicio que se inauguró al lado del Campo San Francisco


Las malaterías así traspasaron sus funciones al citado Real Hospicio de Oviedo, si bien esta de San Lázaro conservó un tiempo su "sala separada para leprosos" y transformó luego su cometido. Extinguida en el siglo XVIII, la malatería se transformó en 1754 en asilo de ancianos y enfermos mentales desamparados. Luego, con las reformas de 1929, es el Albergue Cano Mata, nombre en honor de su benefactor Víctor Julio Cano y Mata Vigil. Actualmente es la Residencia San Lázaro que, transformada, continúa su antigua labor social cara a los nuevos tiempos, con Albergue de Transeúntes, Casa de Acogida y Centro de Día



Subimos así calle Aurelio de Llano arriba. A partir del siglo XVIII, con la construcción de la Carretera de Castilla, la ciudad se fue prolongando hasta aquí, si bien estos barrios durante la Guerra Civil quedaron arrasados en el Asedio de Oviedo.


En 1939 se redactó y aprobó un plan de reconstrucción de la ciudad en el que, dada la destrucción total de barrios como San Lázaro se transformó su fisonomía y se aprovechó para una mejora viaria respecto a los atestados poblamientos anteriores


Al fondo, en medio de los edificios, vemos ya el Seminario Metropolitano de Oviedo, en cuyos bajos, mirando a la calle Leopoldo Alas, está el Albergue de Peregrinos El Salvador


Farola Fernandina, un estilo que veremos mucho en la capital


Aquí, en una pequeña rotonda, salimos a la calle Muñoz Degraín, con la idea de cruzarla hacia el seminario, que seguimos viendo al fondo


 Vamos a la derecha donde está el paso de peatones


Justo antes del paso de cebra hallamos esta estatua del Apóstol Santiago


Es una escultura de Santiago Peregrino ataviado con bordón con calabaza, escarcela, sombrero, conchas y libro del Nuevo Testamento, instalada en el año 2007 bajo los auspicios del Ayuntamiento y de la Asociación Astur-Leonesa de Amigos del Camino de Santiago


Como anécdota hemos de decir que, el día de su inauguración, las autoridades no pudieron quitar la tela que lo cubría llegando a pedir colaboración a los vecinos asistentes, consiguiéndolo un niño de cuatro años, Antonio Crespo González, ayudado por su abuelo


Peana de la escultura


 El Apóstol da la bienvenida a los peregrinos


 Y mira hacia el Camino, en dirección a la Catedral de San Salvador


Cruzamos pues la calle


Y siguiendo ahora por Leopoldo Alas


Hay conchas de bronce en el suelo


Seguimos por la acera


Nos acercamos pues al Seminario Metropolitano de Oviedo, cuya primera piedra se puso el día 14 de mayr de 1942 en El Prau Picón, donde la Iglesia tenía terrenos en el campo de la ermita de San Cipriano, comprándose además otros colindantes y construyéndose con proyecto del arquitecto Gabriel de la Torriente. En 1945 se inauguró la biblioteca y se incorporaron los seminaristas teólogos, filósofos y de Humanidades



El 19 de marzo de 1949 se celebraba el final de los trabajos en la iglesia mayor y en 1954 se inauguraba oficialmente el edificio. Actualmente dada las escasas vocaciones se ha reconvertido el Seminario Menor en colegio diocesano de chicos y chicas


Desde el año 1564, conclusión del Concilio de Trento y gracias a una Real Cédula de Felipe II, se crearon numerosos seminarios en España con la idea de formar al clero para combatir la expansión del protestantismo. Fue entonces cuando el obispo ovetense Jerónimo de Velasco, que había ido a Trento, insistió en el Concilio Provincial Compostelano celebrado en Salamanca en crear pronto estos seminarios pero, fallecido poco después, no fue hasta veinte años más tarde con el prelado Diego Aponte de Quiñones cuando se fundase el primer seminario conciliar en la ciudad, Seminario de San Lorenzo. Su traslado a Málaga y la oposición del Cabildo, alegando los numerosos colegios religiosos que ya existían aquí por aquel tiempo, hicieron que no se construyese


Más tarde otro obispo, Juan Avelino Castrillón, intentó recuperar la idea del seminario pero no fructificó. Se creó uno en Contrueces (Gijón/Xixón) el 1 de noviembre de 1742 pero resultó otro fracaso. y sus sucesores no mostraron interés en seguir con el proyecto Más adelante los obispos Agustín González Pisador y Juan de Llano Ponte sí lo intentaron pero los problemas planteados por el Consejo de Castilla fueron insalvables


Por fin en 1896 se funda un seminario en el antiguo Convento de Santo Domingo, sito cerca de aquí, en El Campillín, pero al no estar en buen estado se construye uno nuevo a instancias del obispo Ramón Martínez Vigil y dedicado a Snto Tomás de Aquino, inaugurado el 1 de octubre de 1903. En 1917, ante necesidad de un cuartel para el ejército para sofocar la huelga revolucionaria el obispo Baztáb y Urniza ha de venderlo al Estado, regresando el seminario a Santo Domingo hasta la Revolución de 1934, cuando se trasladó al monasterio de Valdediós


Y como ya comentamos en plena posguerra se construye el nuevo seminario aquí, en Prau Picón, cuya primera noticia se remonta al año 1705, cuando el Cabildo catedralicio le da a un canónigo los prados de "San Cipriano de Arriba de la Puerta Nueva que llaman Picón". En 1808 estuvo allí el cementerio, cuya capilla era la de San Cipriano. Seis décadas después y ante el crecimiento de la ciudad con el aumento de población es trasladado a las afueras, a Los Arenales. La parcela sería urbanizada tiempo después, en 1930, previa autorización del Ayuntamiento a Manuel Cuesta


Y aquí, en los bajos, está el Albergue El Salvador


En la pared la placa, en la puerta avisos


Y la concha xacobea


Estos edificios de construyeron tras la guerra civil. Antes de la contienda la calle eran filas de viviendas populares que resultaron muy dañadas por los combates


Aquí están las flechas del Camino


Caminamos por las aceras


Sombre nosotros más edificios del seminario


Hay un pequeño bosquete


Las clásicas farolas


Edificios con espacio para jardines


Al otro lado está El Campillín


 Seguimos calle adelante


Y empezamos a bajar junto a este seto


Edificios clásicos de mediados del siglo XX, levantados al reordenarse todos estos barrios tras las destrucciones bélicas


Seguimos en bajada


Y así llegamos a El Campillín. Al fondo empieza El Antiguo, el casco histórico


El Campillín era un campo entre la calle La Luneta, actual calle Arzobispo Guisasola, esta que tenemos enfrente y que vamos a cruzar, a la calle Marqués de Gastañaga y Plaza Santo Domingo, donde estuvo el convento-seminario. En 1346, cuando esto eran las afueras de la ciudad, se denominaba Sitio o Prado de los Ferreros. A causa de los incendios hubo disposiciones para que hornos y otras labores con fuego se emplazasen fuera de la población. En 1731 se traslada aquí el horno de La Plaza, siendo llamado el lugar El Campillín. Un camino empedrado lo atravesaba de parte a parte y aparece mencionado como Calle de los Ángeles de Atrás


Desde tiempos seculares entraban por aquí los peregrinos a la ciudad. A la izquierda la calle Magdalena, donde estuvo el hospital de esta advocación, nos llevará a la catedral


Y cruzamos la calle Arzobispo Guisasola en El Campillín, donde fue creciendo la población hacia la Carretera de Castilla, que empezó a hacerse en 1771, y de allí a San Lázaro, entonces una aldea del extrarradio en torno a la vieja malatería. Todo esto era un barrio, donde en disposición de 21 de enero de 1829 el Ayuntamiento ordenó cerrar los portales a causa de la prostitución. Poco después, a mediados de esa centuria, vivía aquí el célebre Benito Pérez de Valdés el Botánico, médico, farmacéutico, naturalista y escritor en castellano y asturiano, citado por el médico Théopile Roussel en su Tratado de la Pelagra (París 1866). Sus costumbres peculiares quedaron de manifiesto cuando colocó un cartel en El Campillín que ponía "Barrio de quien tiene, come". El barrio aquí emplazado era la parte trasera de las casas que daban a la Plaza de Santo Domingo


El barrio fue de los que quedaron destrozados con la guerra, siendo en 1970 cuando se inaugura el actual parque, donde se instala el rastro los domingos, tal y como se hacía antes de la contienda


Los peregrinos vuelven a pisar estos caminos...


Mirando hacia la calle Magdalena, veremos también el arranque de la calle Campomanes, donde nació el escritor  Ramón Pérez de Ayala. Allí, si bien lo vemos de espalda es el Monumento a Campomanes, de Amado González Hevia Favila, del año 2002


Es un homenaje al primer Conde de Campomanes, Pedro Rodríguez de Campomanes, gran estadista asturiano de la Ilustración que llegó a Ministro de Hacienda con Carlos III y que vivió las vicisitudes del siglo XVIII español


Cruzamos así pues a El Campillín y vamos a la izquierda


A lo lejos el antiguo Colegio Hispania, actual sede del Colegio de Arquitectos. Ahí está la Plaza de Santo Domingo


A nuestra izquierda, siempre de espalda, la estatua de Campomanes


De frente la calle Magdalena, la de la llamada Puerta Nueva, para diferenciarla de la Puerta Mayor o antigua de la muralla medieval, sita más allá, donde está el Ayuntamiento, por donde también habremos de pasar. Esta Puerta Nueva tenía un arco con un Cristo y así se llamó todo su recorrido hasta la Plaza Mayor, hoy de la Constitución, y así debió continuar hasta el siglo XVII ó XVIII, cuando se popularizó el nombre del hospital de esta advocación radicado en esta calle


Cruzamos la calle Marqués de Gastañaga, antigua calle del Matadero, viendo enfrente la farmacia De la Vega, la más antigua de la ciudad de las que ha llegado a nuestros días, fundada en 1934 justo antes de la Revolución de Asturias, sobreviviendo a los bombardeos y también a la Guerra Civil


Y tomamos la peatonal calle de la Magdalena. El casco antiguo no fue el más afectado por el largo asedio de la ciudad en 1936 y la estabilización de frentes en 1937 en el entorno de la ciudad. Sin embargo, hasta aquí desde San Lázaro quedó casi todo destruido


Esta es la fachada que mira a la calle del Palacio de Vistalegre, que fue sede de la Real Audiencia en 1718. En 1836 padeció el primero de los incendios de su historia, por lo que fue muy reformado. Desde 1991 son viviendas. La entrada principal mira al otro lado, a la Plaza del Fontán


Esta primera casa a la derecha es donde nació Indalecio Prieto en 1833, activo político socialista que llegó a Ministro de Hacienda durante la II República, participó en la Revolución de Octubre, por lo que se exilió, regresando a España tras la victoria electoral del Frente Popular en 1936, siendo Ministro de Marina y Aire en la Guerra Civil, tras la que se exilia en México, donde fallece en 1962


Una placa le recuerda


La calle Magdalena o antes de la Puerta Nueva fue un arrabal caminero de la ciudad, el primero que se extendió fuera de la ciudad extramuros por el viejo camino a Castilla, después carretera, por donde entraban arrieros y peregrinos


Como prolongación de la calle Cimadevilla, una de las del Oviedo/Uviéu intramuros, en el siglo XIX se convirtió en una gran calle comercial y fue la principal de la ciudad hasta primeros del siglo XX, predominando mercerías y confiterías, aunque también fondas, paso continuo de gentes y carruajes. Una de ellas padeció incendio, la de Manteola. Los incendios de la ciudad fueron de alguna manera el origen de este antiguo arrabal, hoy en el "centro del centro" de la ciudad


Comercio importantes fueron La confitería Niza, la Librería Guillaume con sus recuerdos, las mercerías, donde tantos botones había, de Ramón Cuesta, El Cisne, el taller del Bisoñés, el almacén de Herrero, el bazar de Saturnino Calvo, la guarnicionería de Geijo, la droguería de Maraña, o la joyería de Pedro Álvarez


La novelista Dolores Medio escribió, estando en el número 23 de esta calle, la famosa novela de ambiente ovetense Nosotros los RiveroEl Camino sigue la calle de frente pero a la izquierda empieza el mercado de El Fontán


El Fontán y su entorno de casas y palacios es uno de esos conjuntos históricos y monumentales de la ciudad que es obligado conocer, tanto si hay mercado como si no, pues su plaza porticada con terrazas, comercios y sidrerías es una de las señas de identidad de la población. Luego, antes de seguir camino, tendremos oportunidad


Tras el voraz incendio que padeció la ciudad en 1521 los panaderos fueron obligados a tener sus hornos fuera de la ciudad antigua y se establecieron aquí, entre la Puerta Mayor de la muralla (actual Ayuntamiento, hasta la Puerta Nueva, donde tenían sus hornos, lejos entonces de las casas, casi todas de madera, para evitar nuevas catástrofes, este pudo ser el origen de este primer barrio extramuros. En torno a esos hornos siempre había gente que, aprovechando la concurrencia a la búsqueda de calor y comida, era asidua y practicamente pasaba la vida en torno a los hornos y su ambiente, creándose lo que hoy llamaríamos una cierta "fauna urbana" o... periurbana en este caso


Además de gente y exactamente por las mismas razones, visitaba los hornos y sus inmediaciones una gran legión de gatos. Esta fue la razón por la que, antes de carbayones, a los ovetenses les llamasen los gatos del fornu. Luego, al crecer la población, saldrían a El Campillín


Tal vez por eso dice la canción...

"A la entrada de Oviedo y a la salida 
hay una panadera, muncho me mira. 

Ay, qué panadera. 
Ay qué panaderina, l'alma me lleva. 

Esa panaderilla que va por allí 

yo la llamo y la llamo y un quier venir

Ay, qué panadera. 
Ay qué panaderina, l'alma me lleva" 



Grandiosa galería y balconadas,todo asomado sobre la calle. Zona de bares y comercios en la actualidad


Atención a aquel edificio de fachada de piedra, muy importante para la historia del Camino. Allí estuvo el Hospital de la Magdalena, que da nombre a la calle, y del que se conserva la capilla. Ya se sabe de su existencia según Tolivar Faes desde 1458, es decir, cuando aún no había más que campos, un camino y poco más


De aquí fueron trasladados a San Lázaro los apestados por la epidemia de 1598. Estaba a cargo de atender a los enfermos de ambos hospitales el boticario Santiago Monterrey


Su origen real es incierto, algunos estudiosos le suponen fundación medieval, diciéndose que, en el siglo XVI, el obispo Gerónimo Velasco se llevó los documentos fundacionales para un estudio y nunca más volvieron a aparecer, pero lo que es la creación del hospital tal y como se conoció en la Edad Moderna se vincula, como tantas otras, a la fundación de una capellanía en la capilla preexistente por parte de Lucrecia Vigil, hija de Bernabé de Vigil el Viejo, regidor de la ciudad, y viuda del también regidor Lope Bernardo de Miranda


La investigadora Yayoi Kawamura señala que eran esta capilla y hospital sede de la cofradía de los carniceros, los cuales habían de aportar un toro todos los años para encabezar la procesión del Corpus Christi, existiendo un documento del año 1578 por el que se lo recuerda el propio Ayuntamiento


En el año 1610 se inicia la construcción de una nueva fábrica para este hospital, que es la que ha llegado a nuestros días, obra del arquitecto Gonzalo de Güemes Bracamonte dentro del estilo clasicista herreriano en boga en aquel momento


Las dos puertas, un tanto asimétricas respecto a la composición de la fachada, responden a sus usos como capilla, puerta izquierda, y hospital y sede gremial, puerta derecha, por donde se iba a los cuartos de abajo y se subía por escalera a los de arriba


Una hornacina era el lugar donde se expone la imagen de la santa


Andado el tiempo, entre los siglos XVIII y XIX, era centro de acogida de mujeres pobres y enfermas, celebrándose las fiestas de Pentecostés y de María Magdalena, esta normalmente el 22 de julio


En 1877 hubo reformas en tejado y campanario. Parece ser tenía un alerón muy saliente y los canalones, colgando, amenazaban caer sobre los transeúntes. Un tiempo después, con los modernos hospitales y los cambios económicos y sociales sus funciones desaparecieron, pero no así la capilla, cuyo interior fue reformado totalmente en 1979, manteniéndose la fachada


El día 4 de noviembre de 1665 se refleja la actuación del primer ensanche de la ciudad, fuera del casco medieval, hacia El Fontán y la calle que va a la Puerta Nueva. El comercio moderno, nacido en la calle Cimadevilla se prolongó por el nuevo arrabal urbano a partir de mediados del siglo XIX instalándose también bancos y veniendo a residir numerosos profesionales, muchos procedentes de León


Y ya salimos a la Plaza de la Constitución, ante el Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu, construido donde estaba la Puerta Mayor de la muralla



La estructura aprovecha la planta de la vieja muralla, donde estaba la Puerta Mayor, por lo que aquí podríamos decir que estamos saliendo del que fue recinto fortificado de la ciudad, justo donde siglos ha estaba la picota, en la que se exhibía a los condenados a manera de escarnio al lado de esta entrada a la ciudad, así como un cadalso documentado en el siglo XIII. Fue además mercado y campo de romerías. A partir de aquí, se instalaron los hornos de los panaderos fuera de la ciudad para prevenir incendios, registrándose documentalmente uno de ellos en el año 1600


En 1659 el gobernador Santos de San Pedro quien sugirió hacer esta plaza, comenzando las obras en el mes de abril con diseño del arquitecto Marcos Velasco Agüero y un presupuesto de 3.500 ducados que hubo que rebajar pues otro arquitecto, Juan de Celis, compitió por el remate de la obra. Se instaló además una magnífica fuente de cuatro caños que sería demolida por razones urbanísticas a mediados del siglo XIX, cuando ya estaba llegando al agua corriente a las casas de la ciudad


El edificio del Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu fue proyectado en 1622 por Juan de Naveda y su cuerpo central y ala occidental construido por este y por Pedro Tresaguas, mientras el ala este fue trabajo de Marcos Velasco en 1659, dándose las obras por concluidas en 1671


Un siglo después hubo reformas a cargo de Francisco Pruneda y se restauró en los años 40 del siglo XX tras las destrucciones de la guerra civil, rediseñándose la torre central donde está el arco que da paso a la calle Cimavilla, en el lugar de la antigua puerta de la muralla que comunicaba con este Camino


Antes el Consistorio se reunía en un edificio de 1495 que estaría en el lugar en el que se haría esta plaza, en la calle del Carpio, a la derecha del actual Ayuntamiento, siendo entonces cuando empezaría a llamarse al lugar Plaza de la Ciudad, al menos desde 1505 según se desprende de un acta municipal del mes de julio


El Concejo hacía lo mismo en un inmueble que hacía esquina entre las calles Jesús y del Peso, justo a la izquierda. Antes se sabía que las reuniones se celebraban en el atrio de la iglesia de San Tirso, al lado de la catedral


Este león de mármol fue instalado en 1803 en la citada fuente de cuatro caños de la plaza. Es obra de Gabriel Antonio Fernández Tonín y fue traído aquí, bajo uno de los arcos de los soportales del Ayuntamiento, tras su demolición


Con el nuevo Ayuntamiento fue esta la Plaza Mayor, así denominada hasta las reformas de 1812 de las Cortes de Cádiz, cuando el diputado Antonio de Capmany Suris y de Montpaláu propuso denominar así a todas las plazas de España donde se proclamase la Constitución recién promulgada, por lo que el Consistorio así lo dispuso el 16 de agosto de ese año. Luego, con la vuelta del absolutismo de Fernando VII pasaría a ser la Plaza Real. En 1820 con el Trienio Liberal vuelve a ser de la Constitución y tres años más tarde, tras la Invasión de lo Cien Mil Hijos de San Luis, regresa de nuevo el absolutismo y se repone Plaza Real hasta la muerte de Fernando VII en 1833. En 1873 es llamada Plaza de la República con la proclamación de la I República Española pero esta dura tan poco que se restituye Plaza de la Constitución por la de 1869. Hay un intento infructuoso de llamarla Plaza Municipal. En 1937 los sublevados en la Guerra Civil restituyen el nombre de Plaza Mayor y, con la Constitución de 1978 vuelve una vez más a este nombre. Es rehabilitada en 1992 con proyecto de Francisco Pol, cambiando el asfalto por losas de piedra dado su nuevo carácter peatonal


En esta plaza hay también animadas terrazas


Mirando a esta plaza tenemos otros edificios notables, si bien no tan antiguos, como el del antiguo Banco de Oviedo (el de la derecha de la foto)


Fue construido hacia 1915 y su arquitecto es una entre Julio Galán o Manuel del Busto. Si la información no nos falla por aquella época ya estaba fusionado con el Banco de España. El Banco de Oviedo se creó en 1864 y se fusionó con este diez años después


Al lado del Ayuntamiento y mirando también para esta Plaza de la Constitución, está la iglesia de San Isidoro el Real, de planta de cruz latina y construida entre los años 1576 y 1587 con la idea que tuviese dos torres, pero al final se quedó solo con una, tal y como ya pasaba con la de la misma catedral. Su benefactora fue Magdalena de Ulloa, viuda de Luis Méndez Quixada, que en su disposición testamentaria deseaba formase parte de una nueva fundación jesuítica, un colegio de la Orden al que el templo estaría vinculado



Se trataba del Colegio de San Matías, fundado como tal en 1645 por iniciativa del Arzobispo de Granada, que lo había sido de Oviedo, Martín Carrillo Alderete y construido entre los años 1646 y 1681 con obras y proyecto a cargo de varios arquitectos entre los que destaca Francisco Martínez Camina



El prelado fundador del colegio se halla enterrado en esta iglesia, sede de las activa Cofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores


El colegio jesuítico estaba donde es ahora el mercado cubierto de El Fontán, ya que el centro fue derribado en 1873, más de un siglo después de la expulsión de la Compañía de Jesús de España decretada en el reinado de Carlos III


 El mercado cubierto empezó a construirse en 1882 predominando el hierro y el cristal


En estas calles es el mercado al aire libre, el cual al estar en lo que fueron los campos circundantes a la antigua ciudad, era lugar elegido por los campesinos de las aldeas de los alrededores para vender sus productos, a los que siguieron los artesanos


En asturiano fontán es un charco, un charco grande o charcón, y aquí hubo uno, auténtica laguna formada por manantiales naturales que brotan en el lugar. Se formaban lodazales y era insalubre. Los documentos hablan que incluso hubo algún ahogado, por ello en el siglo XVI se decide secar el fontán y aprovechar el manantial para hacer una fuente y lavadero públicos, obra acabada en 1559


Cuando la obra patrocinada para el colegio jesuítico por Magdalena de Ulloa fianlizó en 1587 se aprovecharon los materiales sobrantes para realizar una primer urbanización de la plaza y acto seguido unas escuelas


 En el siglo XVII se habilita un corral de comedias


En 1792 se construye una plaza rectangular con idea del arquitecto municipal Francisco de Pruneda y cañal, pero no siempre respetada pues se hicieron casas de diferentes alturas y estilos, todas ellas dando, eso sí, a un patio central común abierto al exterior por varios pasadizos bajo el piso alto de determinadas viviendas.


En principio fueron tiendas, con columnas y soportales afuera y en el citado patio común.



Luego muchas pasaron a ser domicilios particulares, haciendo cada propietario los cambios que estimaba oportunos a su manera.


Sigue habiendo varias tiendas, normalmente dedicadas a productos autóctonos, y bares y sidrerías.


En 1981 se restauró el conjunto


En 1996 fue totalmente derribado, menos Casa Ramón, reedificándose totalmente en 1997


Se celebra mercado jueves, sábados y domingos


Las gentes de la aldea siguen trayendo sus productos, pero como en todos estos lugares actualmente, se vende ropa, bisutería y numerosas mercancías


Antaño había numerosos puestos artesanos, como el de los célebres zapateros de Noreña, villa próxima


Ante El Fontán, la Plaza Daoiz y Velarde


Y aquí está el monumento a las Vendedoras del Fontán, de 1996 y hecho en bronce


Amado González Hevia "Favila" es su autor


Concurridas terrazas...


Punto y lugar de encuentro


Al fondo de la Plaza Daoiz y Velarde está a la izquierda el Palacio del Duque del Parque, de Trelles o del Marqués de San Feliz y al fondo a la derecha la Biblioteca de Asturias, donde estuvo la casa de comedias


Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala, fundada en 1987 sobre la que fue Casa de Comedias o Teatro del Fontán. Su origen data de 1666, cuando el Ayuntamiento saca a subasta su construcción, dirigida poco después por el arquitecto Ignacio de Cagigal e inaugurándose en 1670. En 1799 el edificio fue reedificado y renovado en 1849 pero ello no le libró de una mala vejez y a finales de esa centuria del s. XIX se decidió construir un nuevo teatro, el Teatro Campoamor, en otra parte de la ciudad, en El Ensanche, la parte de la población que se iba extendiendo más allá de las murallas hacia la Estación de Norte, inaugurada en 1874 (zona de paso del Camino). El Teatro del Fontán fue derribado en 1901 exceptuando esta fachada. Luego de varias utilidades pasó a ser sede de esta biblioteca


Por su parte el Palacio del Duque del Parque, de Trelles o del Marqués de San Feli, es una obra maestra del barroco del primer tercio del siglo XVIII a cargo de Francisco de la Riva y Ladrón de Guevara y tenido por el más emblemático de los palacios barrocos de la capital asturiana


Al fondo están las caballerizas


 El Cañu del Fontán, fuente inaugurada en 1657, está al pie del palacio. Se tapó a principios del siglo XX y se recuperó décadas después.


Son en realidad dos los caños de la fuente. Para beber hay que bajar los escalones y arrodillarse, lo que dio lugar a coplas y comentarios sobre la "genuflexión" obligada ante este manantial. El satírico poeta, peridiodista y humorista Luis de Tapia Romero le dedicó estos versos

Caño de tan bajo trazo hacía al más alto ser
doblar el recio espinazo
al inclinarse a beber.
Y tan humilde ejercicio
iba quitando, en verdad,
a muchas gentes el vicio
de su altiva vanidad.
En Oviedo, cuando alguno,
por su abolengo o su prez
presumía, inoportuno,
de mal fundada altivez
la turba de gente nueva
decía de tal truhán hay que llevalu a que beba
en el cañu del Fontán



La noche en Daoíz y Velarde...


Tras nuestra irresistible visita a El Fontán hemos de regresar a San Isidoro y a la Plaza de la Constitución



Hemos de seguir camino


Pasando bajo el arco de Cimadevilla, hacia lo que fue el Oviedo/Uviéu intramuros, ruta a la Catedral de San Salvador


Allí se inicia la calle de este nombre, antigua calle mayor de la ciudad medieval amurallada que tenía aquí una de sus puertas


Dentro del arco veremos algunas inscripciones notables


La de las obras de reedificación de 1780, las de Francisco Pruneda


Y salimos a la calle Cimadevilla


Los actuales edificios son mayoritariamente de entre los siglos XIX al XX, si bien construidos sobre el emplazamiento de los antiguos, los cuales eran de madera y fueron desapareciendo, en su mayor parte a causa de los incendios de desolaron la ciudad. Los mayores se registran en la  Edad Media, sobre todo en 1385 con el asedio de Enrique de Trastámara, pero el más pavoroso fue el de la Nochebuena de 1521, por el que se obligó a panaderos, ferreros, etc a ejercer su trabajo fuera al descubrirse que había sido ocasionado por la chispa de un horno


Aquel incendio asoló esta calle y toda la ciudad hasta la Puerta de Gascona, al norte de las murallas, arrasando varias iglesias y monasterios en torno a la Catedral de San Salvador, la cual tambíen resultó afectada si bien permaneció en pie, pero quedando la ciudad tan esquilmada que hubo que renunciar a construir su segunda torre

Aquel incendio asoló esta calle y toda la ciudad hasta la Puerta de Gascona, al norte de las murallas, arrasando varias iglesias y monasterios en torno a la Catedral de San Salvador, la cual tambíen resultó afectada si bien permaneció en pie, pero quedando la ciudad tan esquilmada que hubo que renunciar a construir su segunda torre


Por si fuera poco al año siguiente hubo un terremoto en junio y en septiembre diluvio, por lo que en 1525 Carlos I otorga un mercado los jueves sin alcabalas ni impuesto alguno con el fin de recuperarse de tanto desastre


Entre los muchos edificios destruidos por aquel entonces estaba el Hospital de San Nicolás, sito en esta calle y fundado por Alfonso II El Casto que en el siglo XIV era de la cofradía de los zapateros, si bien fue reconstruido en el siglo XVII


En 1691 se sabe estaba también bajo la advocación de Santiago y que, aunque miraba a esta calle, su entrada era por la calle del Peso. ya estaba en decadencia y desapareció en 1837 definitivamente, al unificarse los hospitales ovetenses en un Hospital General, en el sentido más moderno de centro sanitario que hospedaje de pobres, enfermos y peregrinos que fue el que prevaleció hasta bien pasada la Edad Media


Esta es una vivienda unifamiliar construida hacia 1945 por Julio Galán Gómez sobre algún edificio afectado por la guerra. Esta relacionado con el de Banca Masaveu, al lado


A la derecha vemos el edificio de Banca Masaveu, construido en 1882 por Javier Aguirre y tiene fachada atrás, por Trascorrales


Otro gran ejemplo de la arquitectura urbana de esta calle


La calle es denominada por Leopoldo Alas Clarín en La Regenta, donde plasma un crítica a la sociedad ovetense de su tiempo, como Encimada


Estos son los antiguos Almacenes Masavéu, construcción modernista, que también tiene artística fachada en la calle del Peso. Es de los años 1910-15 y se atribuye a J. Galán Carbajal


Esta es Casa Tuero, también edificio modernista de hacia 1905 obra de Mariano Marín Magadan


Casa Tuero con sus galerías y balcones


Hay numerosos comercios y bares y cafés, algunos de animadas tertulias, sacan sus terrazas a la calle. A los lados salen ramales por los que pueden visitarse otros lugares del casco antiguo, como Trascorrales y su entorno


Al fondo, edificios de viviendas de 1880


En el edificio del medio vemos, arriba, un blasón solariego


Entre los dos balcones


Allá por 1865  la piedra dejó se ser seña de identidad de los edificios pudientes y empiezan a construirse edificios burgueses para gentes de negocios, funcionarios, comerciantes, etc. dentro de las corrientes artísticas urbanas de la época


Por aquí pasaremos a la calle La Rúa


En la esquina de estas calles con Altamirano una placas rememoran el alzamiento contra Napoleón de 1808 en su centenario


Esta es del centenario, en 1908


 En el bicentenario, año 2008, se ensalza también la Constitución de 1812, la de las Cortes de Cádiz


La calle de la Rúa, que es como decir "calle de la calle" era en la Edad Media llamada de los Tenderos o Cambiadores, registrándose ya entonces una intensa actividad comercial con la masiva llegada de peregrinos y, con ellos, órdenes religiosas, comerciantes, etc. Quemó prácticamente entera en el incendio de 1521, por ello en este tramo hasta la Plaza de la Catedral o de Alfonso II El Casto, predominan las casas de los siglos XVII y XVIII


Fue La Rúa, junto con la de Cimadevilla, la arteria principal de la ciudad hasta que se construyó la calle Uría bien avanzado el siglo XIX, para comunicar la ciudad con la Estación del Norte, recién llegado el ferrocarril, dirección en la que se produciría el gran Ensanche del casco urbano, en dirección oeste


La calle y sus gentes fueron escenario e inspiración para Pérez de Ayala en su novela Belarmino y Apolonio


El peregrino sigue su camino hacia la catedral admirando las piedras de la historia...


Y aquí están la Casa de Oviedo-Portal, del siglo XVII, al igual que la casa siguiente, la de Carbajal-Solís, sede, junto con el Palacio de Velarde, del Museo de Bellas Artes de Asturias. Se desconoce la fecha concreta de construcción ni su arquitecto pero sí que fue para el regidor de la ciudad Fernando de Oviedo-Portal. Sí sabemos del dueño de la otra, Juan de Carbajal-Solís, también regidor, que por diversas obras y acuerdos de 1660 sabemos que su fachada fue obra de Melchor de Velasco Agüero y que tal vez fuese el mismo para las dos. En 1870 sus entonces dueños, los condes de Revillagigedo, la reforman para casa de vecinos transformando interior y fachada. En 1982 es adquirida para ampliar el citado Museo de Bellas Artes


Es construcción estrecha pero con mucho fondo al ganar espacio detrás, de tres plantas. Abajo estaban las cocinas, cochera y cuadra, en la primera el salón, comedor y habitaciones principales, en la segunda más habitaciones y servidumbre y arriba el desván. Es de las casas de piedra, en este caso arenisca, que triunfaban en las clases más altas hasta finales del siglo XIX



El escudo de armas fue puesto en la cornisa en las reformas de 1870 para en su lugar abrir una ventana central



Luego están las Casas de Carbajal Solís. El Palacio de Velarde, barroco de 1765 y obra del arquitecto Manuel Reguera, tiene su fachada mirando a la calle de Santa Ana


En las obras de ampliación del museo se halló una fuente, datada en el siglo III, La Fuente la Rúa, que teóricamente sería muy anterior a la fundación de la ciudad por Máximo y Frómista a partir de un pequeño cenobio bajo el reinado de Fruela, pero eso no quiere decir que, como es sabido, en algún momento hubiese habido asentamientos más antiguos, pues en la ciudad y sus inmediaciones se han localizado villas romanas y castros astures


La Fuente la Rúa odría estar relacionada con la de La Foncalada, más allá de Gascona, al norte de las murallas, como una fuente caminera pues estaríamos en la calzada a Lucus Asturum (Llugo de Llanera), un poco más al norte, donde parece haber estado el importante enclave de ese nombre, ese sí datado en tiempos de Roma


Y ahora, con gran emoción nos acercamos a la Plaza de la Catedral, la Plaza de Alfonso II El Casto, la ansiada meta del Camino de San Salvador


Este inmueble, un edifico de finales del siglo XIX cuya entrada principal mira a la plaza, obra de Juan Miguel de la Guardia, es también parte de la ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias según el proyecto de Francisco José Mangado


De frente, el Palacio de Valdecarzana es el primer monumento de importancia que vemos en esta plaza, construido entre 1627 y 1629


Pero es sin duda Ana Ozores La Regenta quien recibe ante la catedral a todos los que aquí se acercan, especialmente a los peregrinos del Camino de San Salvador, que se topan con ella de frente


La Regenta, obra en bronce de Mauro Álvarez Fernández, es una de las tan destacadas estatuas de la capital asturiana, idealización física de la protagonista de la novela de Leopoldo Alas Clarín en la que criticaba la hipocresía social de las influyentes capas medias y altas de la capital asturiana en la época decimonónica, pero tan extrapolable a otros tiempos y lugares que se dice que, de no haber existido El Quijote, sería La Regenta la novela por antonomasia de las letras españolas


Y ante La Regenta, la Catedral de San Salvador: nos disponemos a entrar en ella, conociendo esta plaza y continuando después por otros caminos, rumbo a Santiago de Compostela, pues de aquí, de esta misma explanada sale el Camino Primitivo y llega y continúa el Camino Norte o de la Costa, con los que compartimos por lo tanto la entrada de blog a ella correspondiente




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