| Campiello desde el Camino. Al fondo El Freisno, L'Espín, Borres, Samblismo y Sierra de Fonfaraón |
En la colina sobre dichos pueblos que vemos a lo lejos Están El Picón (756 m) y, a su izquierda, El Picu'l Cuernu (787 m) por cuya ladera sube el Camino de Santiago, el cual se bifurca en los dos caminos mencionados en el paraje de La Solana, justo encima de San Blismo (unas casas que vemos a lo lejos). La subida por La Ruta de los Hospitales aparece bien perfilada en la cuesta por la fala del Picu Caborno (1.107 m) y el Alto del Hospital (1.236 m) con El Picu Cimeiro (1.292 m), justo a su izquierda (y arriba a la izquierda de la foto)
"Casería de la parroquia de Bustiello (Tineo), distante 11,6 km desde Tineo, con acceso por la carretera TI-3, que desde Piedratecha enlaza con El Espín con la AS-219" nos dice de Campiello el Diccionario geográfico de Asturias. Ciudades, Villas y Pueblos publicado en 1998, fecha en la que nos daba un padrón de 18 habitantes, aportando un retazo de su historia en aquel año en el que la recuperación del Camino de Santiago ya estaba en marcha, a raíz principalmente del Xacobeo'93, pero cuando aún no se habían alcanzado las cotas de afluencia de peregrinos acontecidas dos y tres décadas después
Desde aquí, y sobre todo si se encuentran con la sierra despejada, sin nieblas, nieves ni brumas, muchos optarán por seguir dicha ruta, eminentemente montañera, mientras otros optarán por continuar por abajo hacia tierras allandesas. No es de extrañar que el escritor tinetense Xuan Bello le dedicara este verso, Nel Mul.leirosu, publicado en su obra El llibru vieyu de 1994:
Conocí un pastor en monte, na costera del Picu Mul.leirosu
hai una montonera d'años. Yo yera un novatín inda
pero llevaba de la mano la soledá. Alcuérdome que me dixo
que pel hibierno na cabana, cabe'l fueu, había vagar abondo
pa pensar na vida. Pienso agora nes manes del pastor, engarabíes
pol fríu de munchos iviernos, caleciéndose al amor del llar.
Cierra los güeyos y ve como s'aparten les imáxenes del día
en viniendo otres, duces o terribles, d'otru tiempu, que lu acompañen.
Ye un bierzu coloráu, que fixera so padre pa él, que yera un nen;
ve una casa que quema, que quema y depués, más tarde,
ve'l mundu convertise n'andamios y carpinteiros que xiplen, allegres,
Adios muchachos; ve bueis xuncíos; ve homes segar
praos de nublina; ve un barcu, ta viendo'l mar y la ciudá de L'Habana
y l'amanecerín del 2 de marzu de 1940; ente los rescualdos
mira la bataya de l'Ebru, caballos al avance, aquellos soldaos alemanes
en Tinéu, alredor d'una pipa vino, cantando un cantar mui triste.
Hai munchos años conocí un pastor, hai munchos años. Dicíame
que pel iviernu, na cabana, había bien de tiempu pa pensar na vida.
Yo yera un novatín inda, pero llevábame de la mano la soledá.
"Está emplazado a 605 m de altitud, en una planicie en la que existen interesantes túmulos funerarios prehistóricos", continúa explicando el Diccionario geográfico de Asturias, apuntando el poblamiento de estos lugares desde, al menos, el Neolítico y la Edad del Bronce, cuando con la agricultura y la ganadería se asentasen poblaciones permanentes comunicadas por el paso natural que se corresponde con estos pueblos, futuro camín real hacia Galicia, situado en una llana crestería que separa la cuenca fluvial del Ese-Esva al norte de la del Narcea al sur
"Caserío de la parroquia de San Esteban de Bustiello (Tineo). Está situado a una altitud de 630 m., dista de la capital municipal 11,6 km. y tiene una población de 23 habitantes. Un viejo parador de arrieros proporcionó a este lugar justa fama de buen comer. El jamón cocido, el pan de escanda, los potajes y la repostería son las especialidades más características del lugar.Hay un cantar vaqueiro que alude al mismo:De la venta de Campietchua la venta de Rusón,nunca vi miyores mozas, que las de Teixidad son...son grandes como patacasy blancas como un tizón."
Poco antes de entrar en Campiello la carretera hace un poco de curva a la derecha. Si bien no hay vereda peatonal el tráfico es más bien escaso, lo que no quiere decir que no exista, ni mucho menos, pues estamos en un lugar, reiteramos, de notable actividad, y no solamente del paso de peregrinos o de trasiego de comensales, en sus bares-tiendas-comercios, así como en su bolera de Bolo de Tineo o Bolo Celta
También pasan tractores, camiones de ganado, de recogida de leche, de material de construcción, furgonetas de reparto, etc., estemos pues siempre pendientes del trasiego de vehículos yendo y viniendo
Como también reiteramos, la belleza de estos paisajes compensa el asfalto de este trecho, pues estamos en un verdadero mirador de este tramo del valle del río Bárcena. Poco más abajo vemos la carretera local a Bustiello o Bustiel.lu, la cabeza de la parroquia, algo apartada del Camino y que no vemos desde él
"...creemos que la costumbre de ganar nuevos terrenos al monte o barbecho habría dado lugar a que los terrenos quemados y los nuevos pastos así obtenidos (inclu so los rebaños que pastaban en tales pastos) se denominaran con el genérico de bustos"
Un gran centro de acogida en dicho camino era el monasterio de San Miguel de Bárcena, pero por documentos se sabe que los pobladores de dichas brañas, en las que no había o apenas ventas camineras y mucho menos hospitales de romeros, solían acoger en sus casas a los viajeros y peregrinos que se aventurasen por aquellos indómitos derroteros, ansiando llegar al camino costanero en el vecino concejo de Valdés, el ahora llamado Camino Norte y que en documentos antiguos aparece, entre otras denominaciones, como Camino Francés que viene de Bayona
Si bien nunca se le hizo del todo absolutamente caso, sí consiguió que esta ruta, tanto la interior como la costera, fuesen las principales, al menos para los peregrinos, durante los siglos de las peregrinaciones históricas. A lo lejos, la sierra del Estoupo (848 m) es el cordal al que aquellos caminantes subían, desde Navelgas y Naraval, hacia el alto de Aristébano (donde se celebra desde 1958 el Festival Vaqueiro y de la Vaqueirada), buscando llegar a la capital valdesana, Luarca/L.luarca, cuyo puerto, ahora eminentemente pesquero y deportivo, fue uno de los más importantes del Cantábrico occidental al menos hasta bien entrado el siglo XIX
A la izquierda, el edificio e instalaciones de Almacenes Francos y a la derecha, la otra de las naves a la entradas del pueblo, pequeño, pues poco más allá de Casa Herminia ya salimos de él, pero con mucho trasiego de gentes, no solamente peregrinos, si bien estos le dan sin duda la más visible y nutrida presencia, al menos desde el comienzo de la primavera y hasta muy avanzado el otoño
"Rubén Francos, de 37 años de edad, siempre quiso regentar el comercio fundado por sus abuelos, Maximina Pérez y Maximino Francos, en 1954. Tras finalizar sus estudios de COU, comenzó a trabajar junto a sus padres, Ricardo Francos y María Díaz, en el negocio familiar. Lo suyo es vocacional. «Esto engancha», subraya sin titubeos. Y es que Rubén es el heredero de una tradición comercial que se remonta al menos tres siglos atrás, cuando sus antepasados eran propietarios de una venta de arrieros situada en la localidad tinetense de Campiello.
«Mi abuelos tenían una cantina. Tras el fallecimiento de mi abuelo, en 1929, mi abuela, María Pérez, se quedó al frente. Logró sacarlo adelante con gran esfuerzo puesto que no sabía leer ni escribir», comenta el hostelero Ricardo Francos, quien precisa que su tío Manuel tomó el relevo del negocio, que pasó a llamarse Casa Herminia. Mientras, su progenitor, Maximino, recibió en herencia una casa de labranza. «Mi padre se dedicaba al campo y también al comercio de jamones y de avellanas. Finalmente, en 1954, optó por abrir el bar tienda que actualmente regentamos», puntualiza.
Ricardo Francos recuerda a su padre como una persona hábil para los negocios. «Le encantaban. A pesar de que se jubiló en 1975, siguió aquí hasta su muerte, acaecida en 1989», precisa. Ricardo Francos se crió en el comercio junto a sus hermanas, Luisa y Eloína. «Ya atendíamos a los clientes con nueve años de edad. Más tarde, ellas se casaron y yo quedé ayudando a nuestros padres», comenta.
La década comprendida entre 1955 y 1965 fue una época dorada para Casa Ricardo. «Había mucha gente joven. En invierno hacíamos bailes amenizados por acordeonistas como Germán de La Bandera y Rosendo de San Fructuoso», subraya. La llegada de las salas de fiestas a Tineo, Salas y La Espina representó el fin de estos guateques.
En 1971, Ricardo Francos contrajo matrimonio con la salense María Díaz. Fruto del enlace nacieron Rubén, Alejandra y María. «Los años pasan volando. Ya llevo cuarenta años aquí. A lo largo de este tiempo, le he cogido mucho cariño a la gente. Tenemos mucho que agradecer a nuestra clientela», comenta Díaz, encandilada por el día a día en el chigre.
En Campiello sólo viven tres familias. La mayoría de los clientes de Casa Ricardo procede de otros pueblos o son peregrinos del camino de Santiago. «El número de peregrinos está creciendo. Es un gran incentivo», señala Rubén Francos, quien también dirige un almacén de piensos y una tienda de materiales de construcción. «Sería importante que se fijase la población de los pueblos», sostiene María Díaz. Su familia quiere seguir sumando páginas a la historia del bar tienda."
"La tradición es un signo de identidad en «Casa Herminia». Durante más de trescientos años este comercio ha servido como refugio para los caminantes del camino primitivo de Santiago. Sus orígenes se remontan al siglo XVII, época de la que se conservan documentos en los que se menciona la existencia de una venta en el mismo lugar que hoy ocupa este negocio tinetense. «Casa Herminia» no es un bar tienda al uso, es una especie de «oasis» que a lo largo de las décadas ha tratado de renovarse para hacer frente a los tiempos que corren.
El archivo diocesano de Oviedo conserva en sus anaqueles un legajo en el que se indica que en agosto de 1663 ya existía una venta de arrieros y mercaderes en Campiello. Según el investigador Salvador Fernández Fernández, esta hacienda rodeada por un pinar estaba regentada por Antonio Lorenzo y era también un lugar donde se daban cita los escribanos para redactar todo tipo de documentos.
A finales del primer cuarto del siglo XX, la venta fue objeto de un gran impulso de manos del matrimonio compuesto por Herminia Pérez y Manuel Francos. El negocio pasó a llamarse «Casa Herminia» y se reinventó como bar-tienda y casa de comidas. «El negocio alcanzó una gran fama gracias a los guisos de la abuela, quien llegó a contar entre sus comensales con conocidos personajes como Carmen Polo, Víctor Manuel o el pintor Nicanor Piñole», comenta Herminia Álvarez, actual regente del comercio, la cual prosigue añadiendo que «el artista gijonés incluso regaló uno de sus cuadros a la familia como señal de agradecimiento».
Herminia Pérez es recordada como «una institución». «Era muy conocida y respetada. Tras la Guerra Civil ayudó a sacar de la cárcel a mucha gente», advierte Álvarez, quien se casó en 1987 con Javier Crespo, heredero del bar-tienda. «Los abuelos regentaron el comercio hasta su fallecimiento. Manuel falleció en 1986 y Herminia cinco años después», precisa la hostelera.
Entonces, Herminia Álvarez, su esposo Javier y su cuñado Héctor comenzaron a dirigir el comercio con la ayuda de Oliva Fernández -sobrina de los fundadores- y de su esposo, Ceferino Crespo, fallecido recientemente. Los últimos lustros han sido de gran actividad en «Casa Herminia», cuyos designios van más allá de servir comidas, bebidas o vender ultramarinos. Cabe decir que la familia también se dedica a la distribución de piensos, posee una bolera y hace un año inauguró un albergue de peregrinos. «Tienes que buscar nuevos motivos para mantener las puertas abiertas. La ganadería y la agricultura están en declive y el poder adquisitivo de la zona ha descendido», lamenta Hermina Álvarez. Cada día, varios peregrinos se dejan caer por el local.
Su primera impresión suele ser siempre la misma: «Los lugares como este no deberían de desaparecer». Sin embargo, la realidad es bien distinta. «Nos atiborran con impuestos por todos los lados», enfatiza Álvarez. Teme que ella, su marido y su cuñado sean la última generación al frente del centenario establecimiento. «Mis hijos, Judith y Boris, están estudiando fuera. A ellos les gusta esto pero es muy sacrificado. Trabajamos catorce horas diarias de lunes a domingo», comenta. Y, ¿compensa tanto sacrificio? «La gente del pueblo es como tu familia. Este es su lugar de encuentro».
"La localidad tinetense de Campiello, enclavada en un cruce de caminos, lleva más de una década siendo testigo de la capacidad dinamizadora del Camino Primitivo. Así, en pleno cruce, casi cara a cara, conviven Casa Herminia y Casa Ricardo. La primera fue casa de arrieros y mercaderes allá por 1780 y la segunda dio fonda a feriantes y hasta a obispos que confirmaban a los parroquianos a mediados del siglo XX. Hoy son bares-tienda, pero también albergues que han sabido aprovechar el tirón del Camino.
Hace doce años se abrió paso Casa Herminia, hoy con 18 plazas. Fue la pionera. «El peregrino es cada vez más exigente», afirma Herminia Álvarez, su gerente, que aún considera el albergue un complemento y no su actividad principal. Por ello, defiende, «se debería potenciar más el Camino».
Según el presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Astur-Galaico del Interior, Laureano García, en 2019 fueron 15.000 los peregrinos que pasaron por Tineo, sumando 19.500 pernoctaciones. «En 1992 hubo seis peregrinos. Hoy hay mucha iniciativa privada y se está generando actividad en los pueblos», señala.
Otro negocio que se subió al carro del Camino fue Casa Ricardo. Comenzó su andadura en 1955. Ahora, a sus 74 años, Ricardo Francos se jubila pero no echará el cierre. Cederá el testigo a la hostelera Yaiza Álvarez, que apostará por darle continuidad. «Hace diez años vimos que podría ser beneficioso para el negocio abrir un albergue, pues el Camino estaba creciendo mucho», describe Francos, que comprobó el poder «del boca a boca» para ganar reputación entre los peregrinos. «Son agradecidos y no buscan grandes lujos», asegura tras señalar que el negocio se hace con la suma de muchos peregrinos.
Una fórmula que espera aplicar la nueva gerente. «El peregrino deja dinero por donde se mueve», defiende Álvarez, convencida del futuro de este recurso. «Por ahora seguiré trabajando con mi madre, pero si hace falta, contrataré personal», anuncia. La joven reconoce sentir «vértigo» por la gestión de 26 plazas de albergue y el bar-tienda. Su periplo arrancará el 13 de julio."
"Las mochilas y los palos de peregrino forman parte del encanto de numerosos entornos asturianos. Cada año, el Occidente concentra en la época estival un sinfín de caminantes que peregrinan hacia Santiago de Compostela. El “boca a boca” y la “publicidad” son dos acciones que muchos los albergues del oeste asturiano coinciden en resaltar como causas de un fenómeno probado: cada vez hay más peregrinos.
“Son más y vienen antes”, señalan algunos alojamientos como el tinetense Casa Ricardo o el de Bodenaya, en Salas. Ambos corroboran “este año ha sido una locura ya desde abril”. Las clásicas recomendaciones son una de las posibles causas que algunos se atreven a destacar. Otros como el hostal moscón de Villa Palatina indican que puede deberse a la “publicidad” hacia el Camino Primitivo. Así lo ratifica la Oficina de Turismo de Salas, que apunta a iniciativas del Principado y de los ayuntamientos, como la representación de la partida del rey Alfonso II hacia Santiago, llevada a cabo en Oviedo hace unos días. En el evento, el actor Ramón Langa, caracterizado del famoso monarca, afirmó que el aumento de peregrinos en el Primitivo era constante, alrededor de un 20% más desde 2019.
847 peregrinos en junio, esa es la cifra aportada por la Asociación Astur-Leonesa de Amigos del Camino de Santiago, cuyo albergue es uno de los lugares de Oviedo donde más peregrinos obtienen la credencial antes de iniciar la marcha. Según informa su directiva, la asociación anotó 730 peregrinos en junio de 2024, lo que supone un incremento del 16%.
La Oficina de Turismo de Grado, por su parte, apuntó un total de 1.090 peregrinos desde marzo, un mes en cuya primera quincena se anotó un aumento del 50% respecto al año pasado, muestra de la antelación de la temporada este año. Salas señala un “incremento intenso”, mientras que Tineo indica alrededor de un 20% más de peregrinos en lo que va de julio respecto al mismo periodo el año pasado.
Alojamientos privados como El Albergue San Juan de Villapañada, en Grado, comentan también que esa mayor afluencia ha venido acompañada desde hace años de un mayor número de establecimientos privados, tanto en albergues como en casas rurales. Sin embargo, oferta y demanda parecen ajustarse en su perfecta medida, pues a pesar del mayor número de locales, los públicos concuerdan en que no existe una “competencia” ya que “siguen estando llenos”, según afirmaba la hospitalera del albergue de Salas, Mónica Suárez.
Casa Sueño, en Salas, ilustra la dualidad entre el clásico perfil de peregrino que se hospeda en los albergues, frente a un nuevo perfil de viajero que se queda con los hoteles y casas rurales. En este alojamiento, se ofrecen ambas opciones, y la del hotel cuenta en concreto con tres estrellas. “En agosto siempre tuve el hotel completo y no el albergue, ahora tengo las dos cosas llenas y en el hotel cada vez más peregrinos”, explica su dueña, “este año ellos fueron más rápidos reservando que los turistas vacacionales”.
A tan solo siete kilómetros de Casa Sueño se encuentra Casa Nueva, un alojamiento que reafirma la tendencia del peregrino a buscar alojamientos privados. En este caso, se trata de una casa rural que permite reservas para una noche, algo poco habitual en este tipo de servicios. “Podría estimar un 30% más de peregrinos que el año pasado, el permitir reservas de tan solo una noche es clave”, confirma su dueña.
El perfil de los caminantes es variado, si bien ciertas tendencias han comenzado a apreciarse en las habitaciones del Primitivo. Hospedajes como Casa Ricardo (Tineo), La Quintana (Grado), o incluso la Oficina de Turismo de Salas, destacan una presencia cada vez mayor del peregrino asiático. “Hace años vino la televisión japonesa para grabar el camino, con esta publicidad está creciendo el número de asiáticos aquí, antes iban más al Francés”, añade Yaiza Álvarez, dueña del local tinetense.
Las oficinas de turismo de los diferentes concejos nombrados coinciden al mostrar que alrededor del 30% de los huéspedes son españoles, mientras que la mayoría del 70% restante siguen siendo alemanes, italianos y estadounidenses. “Con la guerra de Ucrania notamos menos de países del Este, y este año han vuelto”, indicaba el albergue municipal de Salas, “los echábamos de menos porque eran un grupo importante”.
La hospitalera de este mismo albergue recalcaba, al igual que muchos otros, que en esta época muchos jóvenes posan la mochila académica y agarran la de montaña para recorrer el trayecto hasta Santiago. Si bien muchos de los alojamientos señalan que el Primitivo durante el resto de los meses tiene a personas de mayor edad por “ser más tranquilo”, coinciden en apuntar que los jóvenes aumentan el cupo en la temporada estival, sobre todo en albergues.
El Camino Primitivo guarda mucha historia y cada vez más personas parecen estar interesadas en conocerla de cerca. Si algo dejan claro estos datos, es que esta variante de la peregrinación a Santiago mantiene el Occidente vivo y transitado, y con tal afluencia los albergues se mantienen guardando miles de vivencias de todos aquellos dispuestos a compartirlas en los descansos entre las prolongadas jornadas de esfuerzo. “Aquí he visto de todo, me sorprendió este año ver desde familias con niños muy pequeños hasta una persona de 87 años que venía sola”, comentaba Alisson Bixby Bemus, del albergue de Bodenaya, “es súper inspirador”.
Casa Ricardo tiene esta hermosa terraza con toldo, orientada al norte, como la entrada al local, y por lo tanto a la buena sombra que tanto se agradece en verano
"Importante cruce de caminos, que fue desde antaño parador de arrieros y caminantes, tradición que mantienen viva l@s que dirigen sus pasos a Santiago de Compostela, bien sea por el camino histórico de Hospitales o por Pola de Allande.
Este pequeño núcleo, apenas formado por media docena de casas, otras tantas naves y varios silos, creció en torno a la popular “Casa Herminia”. Inicialmente como afamada casa de comidas y tienda, en la que el protagonista era su magnifico "Pote", para ir ampliando el negocio con la distribución de piensos y herramientas.
Hasta que la paulatina recuperación del Camino Primitivo y la estratégica situación de Campiello, lo convierten en frecuente lugar de parada para afrontar la etapa de Hospitales, lo que anima a Herminia a la creación de un albergue.
Aumentando paulatinamente sus servicios hasta la inauguración de las actuales instalaciones, ... en las que además del restaurante y el albergue, también dispone de hotel, supermercado y bolera. Además, en Campiello, existe otra tienda bar y otro albergue privado".
AÑO 1954 PORMAXIMINO FRANCOSYMAXIMINA PEREZ
Enfrente y según pasamos adentro, la barra del bar, lugar de encuentros y tertulias. "Puede decirse que Campiello ha convertido las peregrinaciones jacobeas en un modo de vida", afirma Miguel Barrero en Una etapa por la sierra de Tineo para La Voz de Asturias del 26-6-2016, a lo que añade que "Campiello constituye un buen lugar para detenerse tanto si se pretende hacer la ruta de Hospitales como si se busca concluir el Primitivo sin apurarse en exceso"
De frente a la puerta y a la izquierda de la barra, un grupo de peregrinos en la comida y, detrás, la tienda. Es la renovación y evolución de los antiguos comercios-mixtos antaño tan frecuentes en casi todos los pueblos, la cual casi es únicamente posible en aquellos que tienen concurrencia de gente. "Bar-tienda en Campiello (negocio familiar de varias generaciones) en el que se puede comprar prácticamente de todo: alimentación: charcutería, frutería, panadería, congelados, etc. También ferretería, droguería, etc. En el bar dan desayunos, pinchos, platos combinados...", así describen Casa Ricardo en la Guía Eroski
Pinchos, bocadillos, empanadas, sobaos, magdalenas, galletas, dulces y demás viandas para quien prefiera, tanto peregrinos como cualquiera que desee realizar un alto aquí, como el bibliotecario tinetense Manuel Santiago Pérez Fernández en sus pesquisas para el blog Tineo, sus cosas y las mías, cuando escribe: "Parada a tomar café en Casa Ricardo. Yaiza nos recibe con una sonrisa. Campiello es un enclave importante en el trayecto del Camino Primitivo por Tineo."
"Durante más de trescientos años este comercio ha servido como refugio para los caminantes del camino primitivo de Santiago. Sus orígenes se remontan al siglo XVII, época de la que se conservan documentos en los que se menciona la existencia de una venta en el mismo lugar que hoy ocupa este negocio tinetense. «Casa Herminia» no es un bar tienda al uso, es una especie de «oasis» que a lo largo de las décadas ha tratado de renovarse para hacer frente a los tiempos que corren.
Sorprendente, ya que se entra a una atiborrada tienda, con una barra de bar, donde se puede adquirir cualquier objeto que uno necesite en un momento dado, o que no necesite, ya que tienen de todo.
Preguntamos por el comedor, pequeño, sencillo, acogedor y nos recibe Herminia. Dicharachera, solícita nos cuenta cuales son los platos de ese día. Todos con productos caseros, de su huerta, de su granja, de la zona.
Nosotros pedimos Pote Asturiano, que casi se cortaba con cuchillo. De segundo Herminia nos recomendó Ternera Asada, y se presentó con una bandeja con carne, patatas y pimientos asados que casi no entraba en la mesa. De vez en cuando se pasaba por nuestro rincón y nos decía “no coméis nada” cuando se acabe os traigo más. Qué decir que no pudimos con ella. De postre Arroz con leche y luego café, infusiones y licores. De precio, bastante bien, 15 euros (año 2010) y la niña, 8 euros.
Eso sí, ya no cenamos, no nos entraba nada más."
"Casa Herminia se encuentra situada en Campiello (Tineo, Asturias), cruce de caminos y, antaño, parada obligada para Vaqueiros de Alzada, arrieros, tratantes, escribanos, otorgantes de escrituras y, especialmente, peregrinos en su camino hacia Santiago, que se reunían en esta Venta, que data del s. XVII.En la actualidad, nuestras instalaciones, que han sido recientemente reformadas y modernizadas, cuentan con Bar-Restaurante, Albergue de Peregrinos y Tienda, y con un nuevo Hotel Rural de dos estrellas, dotado con todo tipo de comodidades y una decoración exquisita. La atención y la hospitalidad de nuestro personal le permitirán disfrutar de una estancia inolvidable que le hará sentir como en su propia casa."
Y esta es su acogedora entrada, en la esquina, dispuesta 'bajo techo' y donde se anuncian viandas y alojamiento. Un hermoso banco de madera de roble invita a sentarse
Herminia Álvarez Coto nos saluda y recibe. El nombre de la casa viene de la abuela de su marido Javier, Herminia Pérez, quien regentó como ya vimos con gran éxito el histórico negocio, famoso por su cocina y destacando en el pote de berzas y las truchas. Ahora Herminia y Javier están al frente, desde hace más de un cuarto de siglo. "Al pie de la ruta Jacobea inicial, allí donde hubo una remota parada de carros y arrieros, nos proponen gozo y reposo", escribe el historiador y gastrónomo Luis Antonio Alías en El Comercio del 9-11-2024:
"Hay restaurante grande a pie de barra para menús que aplauden peregrinos de todo el mundo. Hay comedor posterior que vibra alegre y ricamente con tinetenses y gentes de toda la rosa de los vientos. Hay albergue y hay hotel. Hay tienda de alimentación para el vecindario y para quien necesite proveer su mochila. Hay terrazas y miradores a un paisaje deslumbrante de valles ondulados, pastos, bosques y sierras lejanas. Hay un gran almacén con aroma de hierba seca empacada para vacas gourmet. Hay panera. Y hay una larga historia familiar que culmina al presente con dos hijos jóvenes que piensan seguir escribiéndola tras estudiar ingenierías y formarse fuera: quedan esperanzas de vida rural.
Casa Herminia lo es por la bisabuela de Javier, que así se llamaba, impulsora de un bar con fonda hace justo cien años, tras haber heredado poco más de una choza cocinera donde paraban los arrieros que iban y volvían hacia Galicia. Mujer con ánimo y fuerza, construyó, cocinó, pasó las dificultades de guerra y posguerra, y sus platos alcanzaron fama entre labradores y gente distinguida: por ejemplo, Carmen Polo de Franco se desviaba para disfrutar de su jamón y su cocido (¿pagaría?).
Al fallecer Herminia en 1991, ya llevaba años Oliva, la heredera, manteniendo cuidados y famas. Y junto a ella la cocinera actual, Herminia (¡casualidad asombrosa de homonimia escrita en el destino!) que casó con Javier, hijo de Oliva, y aprendió de su suegra mientras ambos renovaban el hospitalario complejo multifuncional que bordea la ruta original, la fundacional elegida por Alfonso II.
Como felizmente obliga Tineo, el pote de berzas (en horno de leña) del concejo resulta muy recomendable. Igual que la fabada, el chosco o los huesos de butietcho. Y respecto al nombrado Mejor pote 2018, destacar que sigue igual de bueno seis años después. Idem el pitu caleya, la ternera, el cabrito, las truchas o la merluza en salsa verde. Es que todo lleva ese toque familiar y casero que es capaz de retraernos a casa la güela.
Sitios así realzan el Camino asturiano. Y de no hacerlo, merecen exclusivamente el camino hasta ellos."
"El Camino de Santiago es una alquimia del tiempo sobre el alma, una aventura que cada año viven cientos de miles de personas. Jean-Cristophe Rufin emprende una de las grandes historias literarias de viajes de nuestros días, en la cual el prestigioso novelista, académico y diplomático relata su recorrido de ochocientos kilómetros por el Camino del Norte a Santiago de Compostela. En el trayecto, la experiencia física se transforma en una refl exión que invita a la búsqueda de uno mismo y a llevar una vida plena y consciente, más allá de lo trivial. Este inusitado peregrino se convierte en un observador lúcido que retrata con un sentido del humor único su travesía por las costas vascas y cantábricas hasta llegar a los montes de Galicia. Coloridos retratos, anécdotas divertidas, un delicioso ejercicio de autocrítica para quienes van a la búsqueda de nada y les mueve la pasión de seguir caminando."
"Cuando, como yo, antes de partir, no se sabe nada de Santiago de Compostela, uno se imagina un antiguo camino que discurre entre hierbas, y a unos peregrinos más o menos solitarios que lo conservan no sin dejar la huella de su paso en él. Craso error, que muy pronto se ve corregido en el momento mismo en que se va a buscar la famosa credencial, * documento obligatorio para acceder a los hospedajes para peregrinos.Se descubre entonces que el Camino es objeto, si no de un culto, al menos de una pasión, pasión que comparte gran número de quienes lo han recorrido. Detrás del viejo camino se esconde toda una organización: asociaciones, publicaciones, guías y servicios permanentes especializados. El Camino es una red, una hermandad, una internacional. Nadie está obligado a adherirse a ella, pero esta organización se advierte desde el mismo momento de partir, entregándoos la credencial, ese pasaporte que es mucho más que una cartulina folclórica. Pues, debidamente fichado como futuro ex peregrino, recibiréis en adelante boletines de estudios eruditos, invitaciones a hacer excursiones a pie e incluso, si vivís en determinadas ciudades, a sesiones de intercambio de experiencias, organizadas con viajeros que acaban de regresar. Estos encuentros amistosos en torno a una copa se conocen como el «vino del peregrino».Descubrí todo este mundo al entrar una tarde lluviosa en el pequeño establecimiento sito en la rue des Canettes de París, en el barrio de Saint-Sulpice, sede de la asociación de los Amigos de Santiago. El lugar choca, en medio de los bares a la última moda y de las tiendas de ropa. Su sala parroquial huele bien y el polvoriento desorden que reina en ella posee el sello inimitable de los locales llamados «asociativos». La persona que atiende es un hombre de cierta edad, hoy diríamos un «sénior», pero este término no forma parte del vocabulario jacobeo. No hay nadie más en el establecimiento y tendría la impresión de despertarlo si él no tratara por todos los medios de parecer atareado. La informática no ha tomado aún posesión del lugar. Aquí siguen reinando la ficha de cartulina amarilla, los desplegables ciclostilados, el sello borroso y su entintador metálico.Siento un cierto embarazo al declarar mi intención –aún no definitiva, pensaba– de ir a hacer el Camino de Santiago. El ambiente es el propio de un confesonario y todavía no sé que no se me hará la pregunta del «porqué». Saliendo al paso, intento unas justificaciones que son, evidentemente, falsas. El hombre sonríe y vuelve a preguntas de orden práctico: nombre, apellido, fecha de nacimiento.Poco a poco me lleva hasta el gran tema: si deseo adherirme a la asociación con el boletín –es más caro– o sin, es decir, pagando el mínimo: me da los precios de cada opción. Los pocos euros de diferencia le parecen suficientemente importantes como para lanzarse a una larga explicación sobre el contenido concreto de las dos formas de adhesión. Yo lo atribuyo a un loable deseo de solidaridad: no privar del Camino a los más modestos. A lo largo del camino, tendré ocasión de comprender que se trata de algo muy distinto: los peregrinos se pasan el tiempo evitando pagar. Lo cual no es a menudo una necesidad, sino más bien un deporte, un signo de pertenencia al club. He visto a caminantes, por otra parte pudientes, hacer interminables cálculos antes de decidir si encargarían un bocadillo (para cuatro) en un bar, o si harían tres kilómetros de más para comprarlo en una hipotética panadería. El peregrino de Santiago, que se llama un romero jacobeo, no es siempre pobre, ni mucho menos, pero se comporta como tal. Cabe asociar este comportamiento a uno de los tres votos que, con el de castidad y el de obediencia, marcan desde la Edad Media el ingreso en la vida religiosa; cabe también llamarlo más simplemente tacañería.Sea como fuere, desde el momento en que se cuenta con la credencial, uno es invitado a respetar este uso y a adaptarse a él: ya el peregrino se encamine o no hacia Dios (es asunto suyo), debe hacerlo en todo momento estando a la cuarta pregunta.Por supuesto, os cruzaréis también con mucha gente que ha preparado una peregrinación de lo más cómoda, de hotel en hotel, con autobús de lujo o serviciales taxis. Entre los romeros jacobeos se acostumbra a decir santurronamente: «Cada uno hace su camino como lo entiende». Sin embargo, no hace falta mucho tiempo para darse cuenta de que, detrás de esta manifestación de tolerancia, se esconde el sólido desprecio del «verdadero» peregrino por el «falso». El verdadero se reconoce por el hecho de que gasta lo menos posible. Cierto que puede ocurrir que el «verdadero» peregrino, a falta de alternativa, ya porque esté enfermo, ya porque los albergues estén llenos, tenga que ir a parar a un hotel –modesto a ser posible– y tratar con viajeros adinerados. No os quepa duda, sin embargo, de que no dejará de marcar la diferencia, por ejemplo zampándose todos los caramelos colocados imprudentemente en un platillo en la recepción.Desconocedor aún de todos estos usos, yo cometí mi primera torpeza: acepté regiamente la adhesión con boletín y sobre todo di a entender que tres euros de más no eran ningún problema.La persona que atendía me dio las gracias en nombre de la asociación, pero una fina sonrisa indicaba bastante a las claras que se compadecía un poco de mí. «Perdónale, Señor, porque no sabe (aún) lo que hace.»La credencial que entrega la Asociación de los Amigos de Santiago es un pedacito de cartón amarillento que se despliega en acordeón. A decir verdad, muy buena pinta no tiene y el supuesto futuro peregrino bromea al regresar a casa. Este documento en un papel sin duda reciclado tres veces, con sus gruesos recuadros destinados a recibir los sellos de cada etapa, lo cierto es que no tiene una apariencia muy seria. Pero con la credencial pasa como con todo lo demás. Su valor no se comprende más que al hacer el Camino.Sólo cuando uno la ha metido cien veces en la mochila, o cuando se la ha sacado empapada por el agua de una tormenta y ha habido que ponerla a secar sobre un inencontrable radiador, sólo cuando se ha temido haberla perdido y se la ha buscado febrilmente ante la mirada recelosa del encargado del albergue, sólo cuando al término de unas etapas agotadoras se la ha puesto, victoriosa, sobre la mesa de trabajo de un empleado de la oficina de turismo que, con aire de asco, la ha rozado con su sello oficial temiendo a todas luces ensuciarlo con ella, sólo cuando, llegado a Santiago de Compostela, uno la ha desplegado orgullosamente delante del representante del ayuntamiento para que redacte en latín el correspondiente certificado de peregrinación, se comprende el verdadero valor de esta reliquia. A la vuelta, la credencial figura entre los objetos supervivientes del Camino y que llevan las huellas de esta prueba.Sin que la comparación tenga evidentemente el más mínimo valor, diría que mi credencial arrugada, manchada y expuesta al sol, me hace pensar en esos trozos de papel que mi abuelo había traído a la vuelta de su cautiverio: los cupones de alimentos o para una visita médica debían de tener, para el deportado, un valor infinito e imagino con qué cuidado los conservaba encima.La diferencia con el Camino es que Santiago de Compostela no es un castigo, sino una prueba voluntaria. Eso al menos es lo que cree la gente, aunque esta opinión no tarda en verse contradicha por la experiencia. Cualquiera que haga el Camino acaba pronto o tarde por pensar que ha sido condenado a hacerlo. Que la condena venga de él mismo no cambia nada la cosa: las sanciones que uno mismo se impone no por ello son menos rigurosas, a menudo, que las que inflige la sociedad.Se parte para Santiago con la idea de libertad y uno pronto se encuentra que es, entre los otros, un simple presidiario de Santiago de Compostela. Sucio, agotado, obligado a llevar su carga durante todo el tiempo, el forzado del Camino conoce las alegrías de la fraternidad, a imagen de los prisioneros. ¿Cuántas veces, sentado en el suelo delante de un albergue entre otros piojosos, masajeándome los pies doloridos, comiendo una pitanza maloliente comprada a un precio irrisorio, soberbiamente ignorado por los viandantes normales, libres, bien vestidos y bien calzados, me he sentido un zek a la manera de Solzhenitsyn, uno de esos harapientos del Camino, a los que se llama peregrinos?He aquí a lo que nos condena la credencial. A la vuelta, lo que cuesta más de creer es decirse que, encima, se ha pagado para adquirirla."
"Hay que saber, sin embargo, de qué estamos hablando. La verdadera credencial, a mis ojos, así como a los de los peregrinos que se creen dignos de este nombre, es un documento emitido en vuestro lugar de residencia y que os acompaña durante un largo camino. Sin embargo, no se tarda en descubrir que en cada etapa y hasta las últimas, es posible hacerse entregar el mismo documento. Los auténticos peregrinos ven como a impostores a los caminantes que se contentan con recorrer los últimos kilómetros y que tienen sin embargo la cara dura de agenciarse una credencial. ¡Como si ese turismo a pie de unos pocos días fuese comparable con los interminables recorridos de los peregrinos que han partido de Francia o de otros países de Europa! Hay un poco de esnobismo en esta reacción. Sin embargo, mientras se avanza por el Camino, se comprende poco a poco que hay cierta verdad en esta opinión. Es preciso reconocer, efectivamente, que el tiempo desempeña un papel esencial en la formación del «verdadero» caminante.El Camino es una alquimia del tiempo sobre el alma.s un proceso que no puede ser inmediato ni tan siquiera rápido. El peregrino que encadena las semanas a pie así lo experimenta. Más allá del orgullo un poco pueril que se puede sentir por haber realizado un esfuerzo notable con respecto a quienes se contentan con caminar ocho días, percibe una verdad más modesta y más profunda: no basta una marcha corta para acabar con los propios hábitos. Ella no transforma radicalmente a la persona. La piedra permanece en estado bruto, pues, para tallarla, se requiere un esfuerzo más largo, más frío y más barro, más hambre y menos horas de sueño.Es la razón por la que, en el camino hacia Santiago de Compostela, lo esencial no es el punto de llegada, común a todos, sino el punto de partida. Es él el que fija la sutil jerarquía que se establece entre los peregrinos. Cuando dos caminantes se encuentran, no se preguntan: «¿Adónde vas?», pues la respuesta es obvia, ni «¿Quién eres?», pues en el Camino no se es más que un pobre romero jacobeo. La pregunta que se hace es «¿De dónde has partido?». Y la respuesta permite inmediatamente saber ante quién está uno.Si el peregrino ha elegido un punto de partida a cien kilómetros de Santiago, se trata probablemente de un simple cazador de certificado: esta distancia es el mínimo requerido para ver que le entregan a uno a la llegada la famosa compostela en latín que certifica que se ha hecho la peregrinación. Esta distinción obtenida con el mínimo esfuerzo provoca en los «verdaderos» peregrinos una ironía mal disimulada. En la práctica, sólo se reconocen como integrantes de la hermandad los caminantes que han recorrido uno de los grandes itinerarios españoles, a partir de los Pirineos. Saint-Jean-Pied-de-Port, Hendaya, el Somport son puntos de partida honorables. A ellos se añade, en virtud de una tolerancia ligada a la Historia, el punto de partida de Oviedo. Aunque sea mucho más corto, el Camino Primitivo que parte de la capital de Asturias infunde respeto por dos razones: atraviesa unas altas montañas, con unos desniveles más pronunciados y, sobre todo, es el camino de los orígenes, el que siguió el rey Alfonso en el siglo IX para ir a ver los famosos restos de Santiago que un monje acababa de descubrir.La inmensa mayoría de los peregrinos sigue estos itinerarios clásicos, ya el Primitivo, ya los que parten de la frontera francesa. Existe, sin embargo, cierto número que vienen de mucho más lejos. Por fuerza, su aspecto no puede ser muy bueno. Algunos tienen una pinta francamente lastimosa. Uno casi diría que son de constitución delicada. Por otra parte, a menudo lo exageran un poco, para que así su efecto sea completo. A la pregunta: «¿De dónde has partido?», planteada con aplomo por un peregrino seguro de sí mismo porque ha empezado al pie de los Pirineos, ellos responden, tras un instante de fingida vacilación y bajando la vista modestamente: de «Le Puy» o de «Vézelay». Un silencio acoge estos títulos de gloria. Si los presentes llevaran sombreros, se los quitarían, en señal de respeto. Una vez lanzado este primer gancho, estos peregrinos de excepción añaden en general una cifra, que acaba de dejar fuera de combate a su interlocutor: «Ciento treinta y dos días», proclaman. Es el tiempo que llevan poniendo cada mañana un pie delante del otro.Yo he caminado con un joven estudiante que había partido de Namur. Llevaba una mochila enorme, repleta de objetos inútiles pero que tenían la propiedad de ser recuerdos recogidos a lo largo del camino. Me crucé con unas australianas que venían de Arlés o con un alemán que había partido de Colonia.En un transbordador, al atravesar uno de los ríos que estrían la costa cantábrica, me encontré con uno de la Alta Saboya que había partido de su casa, en Marignier, más allá de Ginebra. Me lo fui encontrado regularmente a partir de ese momento. No se puede decir que fuera muy buen caminante. Avanzaba incluso un poco a la buena de Dios y se perdía a menudo. Pero hiciera lo que hiciese, yo lo tenía colocado en un pedestal, pues me miraba desde lo alto de sus dos mil kilómetros.Parece que algunos peregrinos vienen aún de más lejos. Yo no me encontré con ninguno y tengo la impresión de que no es mucha la gente que ha tenido la oportunidad de verlos. Son seres fabulosos. Forman parte de las leyendas del Camino, que no faltan y que los peregrinos se transmiten en voz baja durante las veladas. Estos seres venidos de Escandinavia, de Rusia, de Tierra Santa, son unas magníficas quimeras. Limitado por su término, Santiago de Compostela, la peregrinación, gracias a ellos, no tiene ya límites en cuanto a los orígenes. En los mapas jacobeos, se ve correr como ríos todos esos caminos hacia el embudo pirenaico y luego España. Surcan de líneas toda la superficie de Europa y hacen soñar.Es cierto que el punto de partida no lo dice todo, pues existen también formas de trampear. La más practicada consiste en hacer el Camino por trechos. Se encuentra así a veces a caminantes que, a incitación de los anuncios, sacan un gran mapa: Vézelay, Arlés o París. Nos asalta la duda si aparecen extrañamente limpios o descansados, teniendo en cuenta los cientos de kilómetros que pretenden haber recorrido. Para despejar la sospecha, basta con hacer la pregunta asesina: «¿Lo has hecho… de una tirada?». El jactancioso baja entonces la cabeza, carraspea y acaba confesando que le ha llevado diez años efectuar el recorrido, por tramos de una semana. En realidad, partió la víspera. «Cada uno hace el Camino como lo entiende.» De acuerdo, pero, en cualquier caso, no hay que tomar a los hijos de Dios por el pito del sereno."
"¿Por qué?Es evidentemente la pregunta que se plantean los otros, incluso cuando no os la plantean.Cada vez que a la vuelta pronunciáis la frase: «He ido a Santiago de Compostela a pie», notaréis la misma expresión en las miradas. Delata en primer lugar asombro («¿Qué has ido a buscar allí?») y luego, por cierta manera de miraros con insistencia a hurtadillas, desconfianza.Rápidamente, se impone una conclusión: «Este tipo debe de tener un problema». Sentís que os domina el malestar. Afortunadamente, vivimos en un mundo en el que la tolerancia es una virtud: el interlocutor se recupera muy rápido. Deja asomar a su rostro una mímica entusiasta que expresa alegría, al tiempo que sorpresa. «¡Suerte la tuya!» Y añade, pues, puestos a mentir mejor hacerlo con convicción y énfasis: «Mi sueño es hacer un día ese camino…».La cuestión del «porqué» se detiene por lo general en esta frase. Al confesar que acaricia el mismo proyecto que vosotros, vuestro interlocutor os exime, al mismo tiempo que se exime a sí mismo, de que os extendáis sobre las razones que pueden mover a un adulto normalmente constituido a caminar cerca de mil kilómetros con una mochila a cuestas. Entonces, inmediatamente, se puede pasar al «cómo»: «¿Lo hiciste solo? ¿Por qué lugares pasaste? ¿Cuánto tiempo te llevó hacerlo?»Es una suerte que las cosas se desarrollen así. Pues las raras veces que, por el contrario, se me ha hecho frontalmente la pregunta: «¿Por qué fue usted a Santiago?», me ha costado responder. No es un signo de pudor, sino más bien de profunda perplejidad.En lugar de expresar el propio embarazo, la mejor solución es dar unos pocos indicios, si es necesario inventándolos, para desviar la curiosidad de quien os interroga y llevarle en pos de unas pistas falsas: «En la ciudad en que pasé mi infancia, había conchas de peregrino en los monumentos» (pista freudiana). «Me han fascinado de siempre las grandes peregrinaciones del mundo» (pista ecuménica). «Me interesa la Edad Media» (pista histórica). «Querría caminar hacia el sol poniente hasta encontrar el mar» (pista mística).«Necesitaba reflexionar.» Esta última respuesta es la más esperada, hasta el punto de que se la considera por lo general como la «buena» respuesta. Sin embargo, no es evidente que lo sea. ¿Acaso no se puede, e incluso es preferible, para reflexionar, quedarse en casa, tirado en la cama o arrellanado en el sillón, o, en última instancia, dar algunos pasos por un itinerario próximo y familiar?¿Cómo explicar, a quienes no lo han vivido, que el Camino tiene por efecto, si no por virtud, hacer olvidar las razones que han llevado a emprenderlo?La confusión y la multitud de los pensamientos que han movido a emprender el camino se ve sustituida por la simple obviedad de la marcha. Se ha partido, esto es todo. De esta manera es como se resuelve el problema del porqué: por medio del olvido. No se sabe ya lo que había antes. Como esos descubrimientos que acaban con todo lo que ha precedido, la peregrinación a Santiago de Compostela, tiránica, totalitaria, hace desaparecer las reflexiones que han llevado a emprenderla. Se percibe ya lo que constituye la naturaleza profunda del Camino. No es inofensiva como lo creen quienes no se han entregado a él. Es una fuerza. Se impone, os atrapa, os violenta y os forja. No os concede la palabra, sino que os hace callar. La mayoría de los peregrinos están convencidos, por otra parte, de que ellos no han decidido nada por sí mismos, sino que las cosas «se les han impuesto». No tomaron el Camino, sino que el Camino les tomó a ellos. Soy consciente de que tales palabras hacen que uno resulte sospechoso a los ojos de quienes no han conocido esta experiencia. Yo mismo, antes de partir, me habría encogido de hombros al oír este tipo de declaraciones. Apestan a secta. Hacen que la razón se subleve.Sin embargo, muy pronto pude comprobar lo exactas que eran. Cada vez que se ha tratado de tomar una decisión, he sentido actuar poderosamente el Camino sobre mí y convencerme, por no decir, vencerme.En un principio, había decidido simplemente hacer una larga marcha solitaria. Lo veía como un desafío deportivo, un modo de perder algunos kilos, una forma de preparar la temporada de montaña, una purga intelectual antes de emprender la redacción de un nuevo libro, el retorno a una necesaria humildad tras un período marcado por las funciones oficiales y por los honores… Nada de todo ello en particular, sino todo a la vez. Yo no tenía previsto precisamente recorrer el Camino de Santiago. No era más que una de las muchas opciones que contemplaba, eso creía yo al menos. Estaba aún en la fase en que se sueña con los libros, con los relatos, en que se miran fotos y páginas web de internet. Me creía libre de decidir, soberano. Lo que siguió me demostraría que estaba en un error.Poco a poco, mi elección se fue restringiendo y las opciones se concentraron (¡vaya, vaya!) en torno a los itinerarios hacia Santiago.Finalmente, me quedé solamente con dos posibilidades: la Alta Ruta pirenaica y el Camino de Santiago por el Norte. Los dos parten del mismo punto: Hendaya. Era posible, pues, posponer la decisión hasta el último momento. Podía incluso, si no había más remedio, elegir en el último minuto, una vez llegado al lugar. Reuní un equipo que podía convenir tanto para uno como para otro itinerario. La Alta Ruta atraviesa el macizo pirenaico de oeste a este. Son posibles diversas variantes: por senderos o «fuera de pista». Lleva alrededor de cuarenta días. Es más montañosa y más salvaje que el Camino. Me preparé, pues, para una larga marcha con una autonomía así total y en un ambiente frío. Quien puede lo más, puede lo menos: si elegía finalmente el camino de Santiago, me bastaría con desprenderme de algunos equipos de alta montaña y ya está. Me creía muy listo y parecía que hubiera preservado mi libertad hasta el final.Unos pretextos exteriores me ayudaron a revestir mi decisión final de una apariencia de racionalidad: la Alta Ruta, en el último momento, se reveló impracticable, porque «la estación estaba muy poco avanzada y algunos lugares de paso acaso resultasen delicados, etcétera». Opté por el Camino de Santiago de Compostela. A decir verdad, cuando lo pienso, no hice sino ceder a una atracción misteriosa y cada vez más fuerte. Por más que podía racionalizarlo, no se había tratado en ningún momento seriamente de emprender otra cosa. La variedad de los proyectos no era más que un embeleco, un medio cómodo para enmascarar esta evidencia desagradable: no había tenido en realidad elección. El virus de Santiago me había infectado profundamente. Ignoro por quién y para qué se produjo el contagio. Pero, tras una fase de incubación silenciosa, la enfermedad se manifestó y yo tenía todos los síntomas."
"Escritor y médico francés nacido el 28 de junio de 1952 en Bourges. Es presidente de Acción Contra el Hambre y uno de los fundadores de Médicos sin Fronteras, además de actual embajador de Francia en Senegal.
En 1977, tras completar sus estudios de Medicina, viajó a Tunez como voluntario. Lideró sus primeras misiones humanitarias en Eritrea, en donde conoció a la que se convertiría en su segunda esposa. Graduado por el Institut d´études politiques de Paris, en 1986 se convirtió en asesor del Secretario de Estado por los Derechos Humanos, publicando su primer libro, Le Piège humanitaire.
Ha publicado diversos ensayos y libros de no ficción, así como novelas. Como autor de ficción ha ganado los premios Goncourt de Primera Novela y Méditerranée (en 1997 con El abisinio), Interallié (en 1999 con Las causas perdidas) y Goncourt (en 2001 con Rojo Brasil).
Aparte de su labor como escritor, Rufin destaca como uno de los pioneros de los movimientos humanitarios denominados “sin fronteras”, habiendo liderado él mismo numerosas misiones en el este de África y América Latina."
«Un festín. Una combinación de retratos y anécotas, con una dosificación perfecta de profundidad y de capacidad de reírse de uno mismo. Llega el mejor Rufin.» Le Point
«Ni un segundo de aburrimiento a lo largo de estos 800 kilómetros y 224 páginas en las que asistimos a la mutación del académico y embajador en un celestial vagabundo.» Marianne Payot
«El académico y diplomático se nos revela tal como es: agudo, divertido y finalmente conmovedor.» Le Figaro Magazine
«Un apasionante relato de su viaje a Santiago.» Lire
«Un divertimento formidable.» Le Nouvel Observateur"
"Alguna vez en la vida hay que hacerlo. A pie, en bici, en coche, a caballo. Viviendo en la Península Ibérica, privarse del Camino de Santiago, esa ruta que patean millones de personas de todo el planeta, es un error fácil de evitar. No nos debería echar atrás lo de hacer la peregrinación a pie. No es lo mismo, pero también se peregrina paseando el alma en un coche. Tres días para recorrer el Camino Primitivo, el origen de todo. Son 14 jornadas para el auténtico peregrino, 323 kilómetros. No hay palabras justas que definan la experiencia. Solo sensaciones, vida y paisaje siguiendo las huellas del escritor (dos premios Goncourt) y fundador de Médicos sin Fronteras, Jean-Christophe Rufin en El Camino Inmortal. Para contar a tus nietos.
Jean-Christophe Rufin, novelista, médico, diplomático y aficionado a la montaña, se echó al Camino de Santiago dispuesto a no escribir ni una línea. Empezó un día de la segunda década de este siglo XXI. Tampoco dio más transcendencia al asunto –es montañero– ni recurrió al manido "necesitaba reflexionar" con que muchos justifican lo que no necesita explicación.
Unos meses después de acabar la experiencia, ya en el hogar, "en la prisión de la memoria, el Camino se despertaba, aporreaba los muros, me llamaba". Se rindió. El resultado fue El camino inmortal –en francés, Immortelle randonnée– 219 páginas que son una incitación a buscar "cielos resplandecientes y senderos fangosos, ermitas solitarias y costas batidas por las olas". Con sus textos subrayados emprendimos el viaje.
A falta de tiempo para hacer el Camino desde Hendaya, como nuestro autor, la elección fue acotarlo al Camino Primitivo en coche, el origen de todo. La experiencia no concede la credencial Compostela, pero aproxima a las razones de por qué hoy esta ruta medieval, mezcla de arte, historia, naturaleza y religión, es transitada por millones de personas de toda raza y creencia. Hemos topado con peregrinos y turis-peregrinos y de todos se aprende. Padecen el virus del Camino. Muy contagioso. (...)
'Casa Herminia' (Campiello) buena comida y buena cama
Primera sorpresa, 'Casa Herminia' está muy lejos ahora de ser una modesta casa rural, donde se daba de comer a los peregrinos lo que hubiera, todo muy rico, por parte de una señora muy mandona y arremangada. Es un establecimiento moderno, perfectamente señalizado, que ocupa varias entradas en la misma carretera y está repleto de extranjeros. Unos esperan a que les sellen las credenciales dentro de la tienda con aspecto de colmado y parada de gasolinera; otros, a obtener las habitaciones.
Da un poco de respeto preguntar por Herminia, aquella señora que describe el médico francés. Quizá se haya muerto. Ante la pregunta de si la señora vive, la carcajada de la empleada que sella a los peregrinos la jornada conmueve la fila. Está vivita y coleando. Y mucho.Herminia viste de verde claro, tiene una abundante melena rubia, una sonrisa que le llena toda la cara y no aparenta más de 50 años. Y sí, asegura que es la misma con la que se topó Jean-Christophe la primera vez que vino. "Luego ha regresado más veces. Hace unas semanas vino un amigo. Y mira, aquí mismo tengo su libro en francés dedicado". Sí, ahí está la edición francesa, en una esquina de la barra con otras guías y libros –más bien extranjeros– que hablan de Herminia.
Porque ella no para. Mientras la sigues por los pasillos, camino de colocar a tres turisperegrinas en su habitación –utilizan el servicio de Mochila Expres, visten ropa deportiva moderna para Instagram y vienen a disfrutar– va desgranando su historia. Llegó aquí vía matrimonio y se encontró con que la antigua pensión y casa de comidas de la abuela de su marido, que también se llamaba Herminia, podía ser una apertura al mundo en un lugar tan cerrado. Y empezó a pelear.
"En los años 80, las gentes de aquí aún se reían de ver a algún pobre peregrino, desarrapado que hacía el Camino. A mí siempre me gustaron. Yo estoy abierta al mundo y el mundo viene a mí a través de todos ellos. Me gustaba darles de comer, escuchar, hasta que convencí a lo míos –especialmente a mi marido– de que de esto se podía vivir. No había ni legislación sobre los albergues privados. Tuve que buscar y buscar. Amplié el negocio en el 2008, sí, cuando empezaba la crisis, y aquí estamos".
Todo ello lo cuenta mientras abre la ventana del dormitorio para las peregrinas, al tiempo que les convence de que la ruta más hermosa al día siguiente es la de Hospitales, la más antigua y que ella ha relanzado hace una década frente a Pola de Allande. Justo la que recomendó a Rufin y que le elevó a las más altas cotas espirituales. Algo que se repetirá en otros peregrinos con los que nos topamos, porque la división de opiniones sobre si estas rutas del Camino Primitivo son más o menos hermosas, o más que las de Roncesvalles es una constante.
Para entonces, camino de su cocina, Herminia ya ha entrado en la historia de su suegra y de ella misma. En su juventud currando en San Sebastián, en la alegría y éxitos de sus dos hijos y de lo que ama esta aventura en la que esté embarcada. "Distingo a la primera a los peregrinos de los turisperegrinos. No solo yo, cualquiera de los que nos dedicamos a esto, pero todos son respetables. Ahora hay muchos portugueses, en bicicleta. Y los asiáticos, hace ya unos años que vienen".
Tiene entre sus manos un enorme puchero de aluminio, con el que hace unos meses se presentó al concurso de "puchero" en honor de la otra Herminia, la abuela de su marido, la precursora. "Aprendí tanto de ella… Por aquí llegó a pasar la mujer de Franco una vez. Mi suegra daba de comer a todos. Así que en los tiempos duros pudo ir a ayudar a algunos que estaban en la cárcel porque conocía a los guardias que comían en su casa".
Ella piensa que el libro de Rufin se debió vender bastante en Francia y Bélgica porque son muchos los que llegan con él en la mochila. "Los peregrinos necesitan descanso, buena comida y buena cama. Vienen buscando algo, unos a sí mismos; otros no saben aún el qué. Pero es difícil que nadie vuelva sin algo en el interior", cuenta.
Y como el que rectifica ante las profundidades, salta a la parte material. "No sabéis la inversión que he hecho en colchones de viscoelástica, por ejemplo. El día antes de la inauguración, no hubo forma de que echara a un holandés que no me dejó ni quitar la funda esa noche… Yo soy muy creyente, pero el Camino acoge a todo el mundo. Hay muchos de otras religiones. He visto últimamente gente de Turquía, de Egipto –aunque hay cristianos allí, muchos– y del Líbano, por ejemplo".
Aquí se disputan animadísimas partidas de Bolo Celta, del que ya hemos hablado en varias entradas de blog a lo largo de este trayecto tinetense y del que compartimos un par de vídeos en esta misma bolera
"Especialidad de la modalidad deportiva Bolos. Se juega con 20 bolos de madera con la base cortada a nivel, con una inclinación igual a la de la piedra sobre la que se colocan. Consta de dos fases: bajada y subida.
Bajada: es lanzar la bola sobre los bolos que están a una distancia aproximada de 6 metros, con el objeto de desplazar los bolos lo más lejos o alto posible.
Subida: es lanzar la bola desde la raya 10 en dirección al lugar donde están plantados los bolos y derribar le mayor número posible."
Mucho más es lo que nos explican en la web del Ayuntamiento de Tineo:
"... sabemos que los bolos de Tineo han sido siempre el deporte autóctono de esta zona. Su práctica y afición siempre estuvieron unidas a la vida cotidiana de los habitantes de Tineo. Las boleras se ubicaban, en su mayoría, cerca de las iglesias, aprovechando la salida de misa para jugar una partida entre los amigos.
Con la emigración, muchos fueron los tinetenses que se llevaron con ellos esta modalidad, no sólo dentro de Asturias y del resto de España, sino también a Latinoamérica: Venezuela, México, Argentina...
Hoy en día, el juego de bolos de Tineo ha progresado, no sólo en cuanto a la mejora de las instalaciones, sino que además en la actualidad formamos parte de la Federación Asturiana de Bolos, por lo que ha dejado de ser una modalidad de unos cuantos amigos para convertirse en un deporte de alta competición.
Y gracias a toda esta historia: "De las modalidades de bolos existentes en Asturias, la tinetense es una de las más espectaculares y que más sorprende al que los contempla por primera vez".
La Bolera
En esta modalidad, destaca sobre todo su abultado número de bolos, record no sólo en las modalidades y en los juegos de España, sino también de Europa.
Actualmente se practica en un espacio rectangular de 30 a 35 metros de largo por 10 de ancho. Dentro de este espacio se sitúan los siguientes elementos: la losa o losera, a unos cuantos metros del poyo, con una suave inclinación hacia la cueva, lugar donde se sitúan los bolos. Las dimensiones de la losa varían entre los 80 y los 130 cm. de largo por 50 ó 110 cm. de ancho. Se colocaba una piedra lisa, normalmente de río o cantera. La condición indispensable era que fuese lo más uniforme posible. Sin embargo, en el pasado las dimensiones se ajustaban a las condiciones del campo, que generalmente se encontraba al lado de edificaciones religiosas.
El poyo mide unos 40 cm. de alto. Es el lugar de tiro de la bola, que antiguamente también se trataba de una piedra, pero esta vez de mayor tamaño y no necesariamente regular. Se colocaban dos poyos, uno para los zurdos y otro para los diestros. Delante del poyo se abre una zanja de aproximadamente medio metro que se llama cueva y es el lugar donde caen los tiradores de tal forma que el brazo ejecutor quede a una altura similar a la de la línea de bolos.
A unos 25 metros por delante de la losera o losa se marca en el suelo una línea, la raya del 10, bien mediante una línea pintada en blanco o segándola más profundamente. Desde esta línea y a otros 4 metros, se coloca un muro de 6 metros de alto llamado la viga o cuerda, considerado el límite de la bolera, aunque como veremos en la forma de puntuación, esta viga tiene mucha importancia y en varias ocasiones se ha de rodear para recoger los bolos caídos.
En esta modalidad, destaca sobre todo su abultado número de bolos, récord no sólo en las modalidades y en los juegos de España, sino también de Europa.
Puntuación
La partida se juega a cuatro juegos de 50 puntos cada uno, y en ella se hacen dos tipos de tirada. Se puede jugar uno contra uno, por parejas o por equipos de cuatro jugadores.
La primera tirada se llama bajar y se hace desde lo alto del poyo al tiempo que el jugador se lanza dentro de la cueva. Cada bolo tirado vale un punto, salvo los que pasan de la raya del 10 que valen 10 puntos cada uno, y los que saltan la viga, que valen 50 puntos, y que, por lo tanto, conceden la victoria al participante. A estos bolos se les llama acabones, porque con ellos finaliza el juego. Es fundamental para poder contar estos puntos que la bola pase de la ralla del 10 o si no la tirada es nula y se denomina que la Bola queixó.
La otra tirada se llama subir, y se hace desde la viga lanzando la bola rodando por el suelo contra los bolos desde la línea de 10, valiendo un punto cada bolo caído. Si el jugador no tira ningún bolo, pierde la mano u orden de tirada, lo cual es muy importante en este juego, ya que se trata de ser el primero en llegar a obtener los 50 puntos. Por eso, antes de empezar, se sortea el orden de tirada que luego puede cambiar.
Bolos y Bolas
Los bolos con los que se juegan son 20, pese a que antiguamente se jugaba con un número variable que dependía de las dimensiones de la losa.
Los bolos eran hechos de madera de haya o manzano, salvo en el caso de competiciones federadas que siempre son de encina, y tienen entre 15 y 18 centímetros de altura, 3 centímetros de diámetro y una circunferencia de 12 centímetros. Se tallan con un hacha, dándoles 6 lados, y la base cortada a bisela o un poco inclinada para que se sostengan bien sobre la losera. Su peso es de 200 gramos aproximadamente.
Las bolas estaban hechas de maderas muy duras, como el haya, encina o quebracho (árbol argentino traído por los españoles emigrantes), y generalmente torneadas. Su peso y diámetro varía en función de la mano del jugador que la vaya a usar. La necesidad de que tengan un peso alto obliga a practicarles un agujero, en el cual se echa plomo fundido, con lo que se lastra y el peso de la bola aumenta. En la actualidad esta operación ya casi no se realiza, pues se hacen de fibra de plástico con plomo en el interior. En las competiciones federadas se prohíbe el uso de bolas de mayor diámetro que 35 cm."
Y es que aquí, a la derecha del portón de esta nave, vemos la entrada al albergue o Refugio de peregrinos Casa Herminia. Hay una máquina de vending y, al lado, un tejadillo a tres aguas sostenido por dos columnas protege la puerta de inclemencias del tiempo
A la subida L'Estoupoy la baxada de Nerael galán perdéu la capala moza'l mantón de seda
Había peregrinos que, desde San Miguel de Bárcena, decidían no proseguir hacia el mar sino retomar el camino interior, para lo que habrían de remontar río arriba el valle del Bárcena hacia Ricastiello para subir a La Mortera por Santiago Cerredo (Santiáu)
Los ríos que nacen de aquí hacia abajo a la izquierda ya forman parte de la cuenca del Narcea. Como bien podemos comprobar, caminamos por el límite natural de estas dos grandes cuencas fluviales asturianas
Desde El Palo, precisamente, empezaremos a ver, en lontananza, Galicia. Esta proximidad geográfica ya se hace patente en que, no solamente monasterios gallegos tenían posesiones en esta zona, sino incluso la misma Iglesia de Santiago, como el famoso Hospital de La Espina, fundado por el rey Alfonso III El Magno y por él a la mitra compostelana entregado, si son ciertos, y no interpolaciones posteriores, los documentos que avalan esta cesión. En su biografía en la Xacopedia se afirma al respecto lo siguiente;
"El rey magno fue el primer monarca en tomar medidas para establecer fundaciones hospitalarias en los nacientes itinerarios de peregrinación a Compostela por Galicia y Asturias. Lo que algunos consideran el primer hospital para peregrinos se creó en el 883, durante su mandato, en Villarmilde -Asturias- en la vía que enlazaba Oviedo con el santuario compostelano. Es el itinerario seguido con probabilidad por el propio monarca y por sus antecesores desde Oviedo a Compostela. Coincide en gran medida con la actual ruta del Camino Primitivo a Santiago, así conocida por ser la más antigua de las vías jacobeas."
A la derecha, la cuesta en bajada al valle del río Bárcena y sus afluentes, cuenca fluvial del Ese-Esva, reiteramos
A la izquierda lo mismo pero en la cuenca del Narcea, al sur. De frente esta continuidad de separación de ambas vertientes la constituye la loma de El Coladoiro con Los Carbayales, El Picón y El Picu'l Cuernu, 'La Espina' de Las Morteras de Villarmilde donde Alfonso III El Magno habría fundado aquel antiguo y primigenio hospital de peregrinos que donó a la Iglesia de Santiago
El Camino serpentea para ir perdiendo más altura en suave descenso junto a la primera casa de El Freisno, con su vieja panera. Un poco más atrás reconocemos el tejado de la segunda, Casa Carlos
"Por la extensa vega se camina ahora hacia Villajulián por intrincado camino a veces muy encharcado con intrincados tramos que suben y bajan entre las tierras de labor y los pinos abundantes, salteando pequeños regatos o en ocasiones por praderas que han borrado la huella jacobea. Todo ello hasta remontar hasta aproximarse a la carretera que atraviesa Campiello, que quedará a la derecha del caminante."
"La ruta confluye en la ermita de la Magdalena El Freisno por un robledal precedido por una campera donde se celebra la tradicional fiesta de la patrona de esta localidad, que atrae a muchos devotos marianos el primer domingo de septiembre"
Es entonces cuando advierte de la existencia del castro astur, el cual muy posiblemente vigilaría la senda en esta estratégica comarca castreña y aurífera. Esta es parte de su ficha en ArqueoAstur:
"Se localiza en un promontorio en ladera de 552 msnm, en la vertiente meridional del cordal de Campiello.
Recinto de planta oval de 75 metros de longitud y superficie abombada con un crestón central. Los elementos defensivos fueron reconocidos en el flanco NW, donde se une a la sierra, y se componen de un talud concéntrico y cinco fosos que también avanzan parcialmente por el frente oriental. La secuencia defensiva desde el recinto se compone de un primer foso muy colmatado de 2-13 metros de ancho y una profundidad de 1-4 a lo largo de la vertiente NE y otro en la vertiente septentrional precedido por un parapeto elevado de apenas 1,5 metros. Este foso presenta 2-10 metros de ancho y 1,5-4 metros de profundidad. A continuación se levanta un parapeto de 2,5 metros de grosor seguido de un segundo foso de 2,5-9,5 metros de ancho y 1-2,5 metros de profundidad. Éste y el primero se transforman en un talud que rodea el lado NW. El siguiente conjunto defensivo está compuesto por otro parapeto de 2,5 metros de ancho y un foso de 3,50-10 metros de ancho y 1,50-3 metros de profundidad. Tras otro parapeto de 4,5 metros de ancho en la cima se abre el último foso, de 6-10 metros de ancho 1,50-1,70 metros metros de profundidad. Los dos últimos fosos convergen en uno sólo de grandes proporciones ladera abajo (Camino Mayor y Rodríguez Otero, 1989).
También ha sido descrito como castro de medianas dimensiones, con un aparato defensivo de 4 fosos con parapetos en el sector NW. El foso interno tiene 3 metros de ancho y 5 metros de profundidad, el segundo 2 metros de anchura y otros tantos de profundidad, el tercero, 4 metros de anchura y 4 metros de profundidad. El externo, 5 metros de anchura y apenas 1,5 metros de profundidad. Los tres contrafosos intermedios tienen una media de 3 metros de altura (Fanjul Peraza, 2005 y 2014)."
"Mediante este sistema los mineros excavaban galerías verticales de donde en diversos puntos partían otras horizontales y ciegas. En un momento dado, se soltaba en tromba a través de ellas agua, que previamente había sido acumulada en depósitos y presas, lo que provocaba la compresión del aire atrapado en su interior y hacía explotar el conglomerado de arcilla y roca que formaba la montaña. La masa de lodo obtenida se conducía por gravedad hasta los canales de lavado y filtrado. Los canales de filtrado eran estructuras de madera en las que se hacía pasar la masa resultante, una vez extraídos los cantos rodados, que se amontonaban formando lo que hoy conocemos como "murias" o "pedreiras", y se obtenía el oro a través de filtros realizados con ramas de brezo.[Se precisaba de una gran cantidad de agua que se recolectaba por los alrededores mediante grandes infraestructuras hidráulicas y, así, en Las Médulas hay más de 400 km de canales con algunos de más de 100 km, y siempre a una altura superior a la de la explotación.
Tradicionalmente esta técnica fue atribuida a la ingeniería romana; sin embargo, el estudio de diversos castros astures cuyos materiales se adscriben únicamente a la Edad del Hierro (Castro de Ceruñales, Noceda del Bierzo, La Cogollina, Teberga) y cuyas defensas han sido excavadas mediante la técnica de Ruina Montium, permiten hoy día afirmar que se trataba de un sistema prerromano y tradicional de la minería de los astures."
"El auge actual de la minería del oro en Asturias ha revitalizado el interés del público por una actividad que, aunque olvidada, cuenta con una historia milenaria en la región. Las antiguas labores emprendidas durante la dominación romana se desperdigan sobre las montañas del occidente asturiano como testimonio de la riqueza oculta bajo la superficie y que hace casi dos mil años abasteció las arcas del imperio más poderoso del mundo.
Sin embargo, este capítulo de la minería en Asturias que alcanzó su cenit durante los dos primeros siglos de la Era, contaba con antecedentes muy importantes, y también muy antiguos.
El origen de la minería se documenta desde tiempos prehistóricos y está directamente relacionada con la necesidad de abastecimiento de materias primas para la fabricación de herramientas y objetos de adorno. La gran demanda durante el neolítico de piedras de calidad como el sílex dio origen a una verdadera minería subterránea, un fenómeno documentado desde el V milenio a.C. y con numerosos testimonios conocidos desde Suecia a la Península Ibérica.
En Asturias una gran cuenta de azabache fue hallada entre el ajuar funerario de un dolmen del Monte Areo (Carreño), construido entre el IV y III milenio a.C.
El oro nativo recuperado en los pláceres fluviales también cuenta con testimonios prehistóricos en la región. Es el caso del anillo "de tiras" recuperado durante la excavación del dólmen lenense de La Mata'l Casare, una obra megalítica mucho más antigua pero reutilizada en tiempos calcolíticos (finales del III milenio).
Siglos más tarde, la obtención de cobre generó una notable actividad minera. El método inicial de laboreo a base de pozos y trincheras a cielo abierto, que era ya en el V milenio a. C., fue posteriormente mejorado con sistemas más sofisticados que recurrieron para el beneficio del mineral a galerías profundas y técnicas muy avanzadas de extracción.
Asturias cuenta con ejemplos excepcionales de este tipo de minería donde se extrajeron mediante intrincadas redes de galerías y técnicas complejas de laboreo toneladas de mineral cuprífero que abastecieron los primeros talleres metalúrgicos desde tiempos calcolíticos hasta la Edad del Bronce, es decir a lo largo de más de 1.500 años a partir del 2500 a.C.
La bibliografía incorporada en este capítulo, generada esencialmente a partir de los fructíferos trabajos del Dr. de Blas Cortina en los conjuntos mineros de El Milagro (Onís) y El Aramo (Riosa), aporta la información más avanzada respecto a estos episodios que, aunque poco conocidos y casi siempre relegados a notas marginales cuando se trata la historia de la minería en Asturias, representan un hito arqueológico de categoría internacional, tanto por la magnitud de las labores como por su extraordinaria conservación.
Plinio el Viejo daba cuenta de la obtención en el noroeste de veinte mil libras de oro anuales, unos 6.540 kg, de los cuales la mayor parte provendría de territorio astur. Si bien, sobre el testimonio se mantienen algunas reservas, lo cierto es que la actividad minera, y en particular el beneficio del oro, se convirtió bajo dominio romano en una actividad esencial en la vida de las comunidades indígenas astur-galaicas. Baste recordar que sólo en territorio de la actual Asturias fueron removidos, según F.J. Sánchez Palencia y V. Suárez, unos 75.000.000 m3 de material aurífero que proporcionó en torno a la mitad de los 230.000 kg producidos en toda la zona.
Tradicionalmente se considera que la explotación del oro se mantuvo durante siglos como actividad más o menos habitual de las comunidades que ocuparon la Asturias protohistórica pero sin superar un estadio tecnológico elemental cuyo fin era la recuperación y transformación mecánica de las pepitas retenidas en los placeres fluviales. Sólo avanzado ya el siglo I d.C., a partir de los años 70 con la dinastía flavia en el trono imperial, habría conocido Asturias la implantación generalizada de una minería compleja de los yacimientos auríferos.
En la actualidad puede afirmarse que la práctica de la minería compleja del oro, entendida ésta como los procedimientos de reconocimiento y explotación de yacimientos primarios, y el consiguiente progreso en las técnicas metalúrgicas, fue conocida y practicada por las comunidades protohistóricas de Asturias varios siglos antes de su incorporación al Imperio Romano.
Así los demuestran las labores de interior identificadas en las minas de oro de Boinás, en Belmonte de Miranda, datadas mediante Carbono 14 y dendrocronología.
No obstante, sólo tras la conquista romana la minería se implanta en la región como actividad industrial a gran escala. Es probable que las explotaciones más tempranas arrancasen en las primeras décadas de la Era en los ricos depósitos de los valles del Narcea y Pigüeña.
Las comunidades castreñas, hasta entonces aglutinadas en torno a sus poblados fortificados, socialmente segmentarias y economía de base agropastoril de orientación autárquica, se incorporan ahora a una organización suprarregional, que establece su dependencia de una autoridad superior cuyo destino principal es la obtención de tributos.
En el caso de los castros occidentales, poderosas razones impulsaron la adaptación de los viejos núcleos al nuevo orden establecido bajo dominio romano, fundamentalmente la necesidad estatal de organizar la explotación de un territorio rico en depósitos auríferos cuyo beneficio resultaba, tras la reforma monetaria de Augusto, de extraordinaria importancia para la buena marcha de las finanzas imperiales.
Se conjugaron así condicionantes decisivos que habrían de caracterizar la implantación romana inicial sobre los antiguos castros y su territorio colindante: la necesidad de un control policial efectivo y la capacidad técnica suficiente para la identificación y puesta en marcha de las explotaciones mineras.
En estas condiciones resultó inexcusable la participación del ejército en su condición de instrumento idóneo para dirigir y tutelar la organización del trabajo, establecer las cargas tributarias asumibles por cada comunidad (entre las que es probable se contase también el trabajo en las minas) y garantizar su percepción. De esta forma fueron varios los castros que adquirieron durante las décadas centrales del siglo I d.C. el perfil marcadamente militar que denuncia su registro arqueológico.
La unidad administrativa básica de esta organización fue la civitas, figura jurídica que se sirvió de lugares con secular tradición de centralidad, caso del Chao Samartín, San Chuis o La Campa Torres, para brindar el escenario adecuado al ejercicio del poder en sus vertientes judicial, fiscal y militar. Tal elección recayó en núcleos en los que convergían además otras funciones, ejercidas probablemente desde tiempo ancestral, que permitirían identificarlos con alguna de las entidades de población mencionadas en las fuentes de la época, caso de La Campa Torres con Noega o el Chao Samartín con Ocela."
Antaño, cuando Casa Carlos abría sus puertas, era un componente más de la celebración... además de un buen lugar para tomar algo todos los días, parada que fue también de peregrinos que algunos conocimos
El tejo de Casa Carlos y uno de los carbayos de este robledal y campo de romerías forman aquí un hermoso arco o puente vegetal
La carbayera se extiende de la carretera a la izquierda, al fondo empezamos a ver la capilla de Santa María Magdalena
En la Edad Media se menciona a esta aldea cono Frexnedo y se dice que era "tota de Foro de Bárcena" pero que "las mestas de Frexnedo" eran por mitad del rey y del monasterio de Bárcena. Es decir, serían parte de territorio realengo tras la fundación de la Puebla de Tinegio por Alfonso IX y parte del cenobio de San Miguel de Bárcena
"La altura al alero no rebasa los tres metros. Carece de espadaña y en su lugar luce una pequeña cruz metálica. La cubierta está dispuesta a tres vertientes. El pequeño porche mide siete metros cuadrados y el habitáculo interior quince."
"El sencillo y rústico santuario de La Magdalena El Fresno, en las cercanías de la aldea de El Espín en la parroquia de Sangoñedo y al borde del camino francés, a pesar de su humilde arquitectura rural, es lugar de amplia devoción mariana muy concurrida el día de su fiesta que se celebra el domingo cercano al 8 de septiembre.La ermita de planta cuadrada que no mide más de cinco metros de lado, recoge en su interior la venerada imagen de La Magdalena..."
"Según la tradición ortodoxa, María Magdalena se retiró a Éfeso con la Virgen María y el apóstol Juan, y murió allí. En 886 sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla, donde se conservan en la actualidad. Gregorio de Tours (De miraculis, I, xxx) corrobora la tradición de que se retiró a Éfeso, y no menciona ninguna relación con Francia.
Más adelante, sin embargo, surgió en el mundo católico una tradición diferente, según la cual María Magdalena (identificada aquí con María de Betania), su hermano Lázaro y Maximino, uno de los setenta y dos discípulos, así como algunos compañeros, viajaron en barca por el Mar Mediterráneo huyendo de las persecuciones en Tierra Santa y desembarcaron finalmente en el lugar llamado Saintes Maries de la Mer, cerca de Arlés. Posteriormente, María Magdalena viajó hasta Marsella, desde donde emprendió, supuestamente, la evangelización de Provenza, para después retirarse a una cueva -La Sainte-Baume- en las cercanías de Marsella, donde habría llevado una vida de penitencia durante 30 años. Según esta leyenda, cuando llegó la hora de su muerte fue llevada por los ángeles a Aix-en-Provence, al oratorio de San Maximino, donde recibió el viático. Su cuerpo fue sepultado en un oratorio construido por Maximino en Villa Lata, conocido desde entonces como St. Maximin. (...)
El primer lugar de Francia en el que se sabe que hubo culto a María Magdalena fue la ciudad de Vézelay, en Borgoña. Aunque, según parece, en sus inicios el templo de Vézelay estaba dedicado a la virgen María, y no a María Magdalena, por alguna razón los monjes decidieron que la abadía era el lugar de enterramiento de María Magdalena, y están atestiguadas las peregrinaciones al sepulcro de María Magdalena en Vézelay desde al menos 1030. El 27 de abril de 1050, una bula del papa León IX colocaba oficialmente la abadía de Vézelay bajo el patronazgo de María Magdalena. Santiago de la Vorágine refiere la versión oficial del traslado de las reliquias de la santa desde su sepulcro en el oratorio de San Maximino en Aix-en-Provence hasta la recién fundada abadía de Vézelay, en 771. El san Maximino de esta leyenda es un personaje que combina rasgos del obispo histórico Maximino con el Maximino que según la leyenda acompañó a María Magdalena, Marta y Lázaro a Provenza.
Un culto posterior que atrajo numerosos peregrinos se inició cuando el cuerpo de María Magdalena fue oficialmente descubierto, el 9 de septiembre de 1279, en Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, Provenza, por el entonces príncipe de Salerno, futuro rey Carlos II de Nápoles. En esa ubicación se construyó un gran monasterio dominico, de estilo gótico, uno de los más importantes del sur de Francia.
En 1600, las supuestas reliquias fueron depositadas en un sarcófago mandado realizar por el papa Clemente VIII, pero la cabeza se depositó aparte, en un relicario. Las reliquias fueron profanadas durante la Revolución francesa. En 1814 se restauró el templo y se recuperó la cabeza de la santa, que se venera actualmente en ese lugar."
"La tradición religiosa dice que éste es uno de los siete santuarios marianos cuyas puertas se miran entre sí, unas para otras, pero que no han de verse desde los altozanos que ocupan, ni sentirse sus campanas. Celebran todas ellas el 8 de septiembre su festividad y las peregrinaciones de devotos son muy numerosas. Las más concurridas y famosas están en Covadonga, el Acebo en Cangas del Narcea y en este concejo de Tineo, éste de la Magdalena y la Virgen de Coldobrero en la parroquia de rellanos."
"Sin llegar a poner el pie en el asfalto de la carretera que conduce a la general Luarca-Pola, se sigue el camino por senda, también vecinal y asfaltada, en medio de las casas del Fresno de San Martín al llegar al Espín"
"... a tres leguas al sur de la villa de Tineo, cuyo primer desgaje ocurrió a fines del siglo pasado y habiéndose agrandado sucesivamente en los tempporales de lluvia, es hoy la mayor y más asombrosa de Asturias, y concluirá en los siglos venideros con cortar hondamente en dos la elevada sierra de la Cabra, en cuya ladera occidental se halla este hundimiento, y ha cortado ya más de la mitad del espesor o anco de dicha sierra, tiñendo de blanco con sus arenas en tiempo de lluvia el agua del río Genesztaza que corre por su pie."
Pero al no estar indicado aquí y sí un poco más adelante, donde lo veremos desde el Camino, vamos a continuar por la TI-3 tal y como nos indica el mojón
Bajo las faldas del Monte'l Caladoiro, a nuestra derecha, nace otro de los arroyos que dan sus aguas al río Bárcena. Poco más al norte, La Sierra Pedruces va ocultándose a nuestra vista...
Los Quiñones seguirán luchando por estas posesiones, como durante los ataques de Diego Fernández de Quiñones, primer conde de Luna, en 1428, pero en 1434 el rey se las dará al conde d'Armagnac, noble francés. Aún en 1473 vuelven a los Quiñones con Enrique IV y en 1494 los Reyes Católicos les exigen su entrega. Forzados a ello esta estirpe pleiteará hasta 1533 por ello, si bien infrucutosamente, pues se reincorporan definitivamente a la Corona, apareciendo el concejo con voz y voto en la Junta General del Principado a partir de 1601, si bien aún con algunos enclaves señoriales y monacales que pervivirán hasta las reformas liberales y desamortizaciones del siglo XIX
Hemos llegado al kilómetro 7 de la TI-3 en esta recta, carretera que dejaremos enseguida, poco más allá de esta casa
La TI-3 sigue de la siguiente curva a la derecha para enlazar con la AS-219 un poco más adelante, frente a los bosques del Caladoiro, pero nosotros la dejamos justamente aquí
"La localidad de Bárcena del Monasterio, situada en un profundo valle que recorre el río Canero, se encuentra a 17 km de la villa de Tineo y a 63 de Oviedo. Las menciones documentales a esta localidad, según refleja el propio topónimo, están estrechamente relacionadas con el monasterio fundado en su territorio.En origen, dicho monasterio surgió a fines del primer tercio del siglo X como cenobio familiar por iniciativa de Fruela Velaz y su mujer Totilde, personajes pertenecientes a una de las familias más poderosas del occidente astur. Su iglesia, consagrada a San Miguel, tiene constatada su existencia a fines del siglo XI, y se ha relacionado con una supuesta herencia de Alfonso II, Fruela II y después la del hijo de éste, Alfonso Froilaz, que en 922 pasaría al conde Fruela Velaz. Éste, con su esposa, recibió la iglesia de sus antepasados en estado ruinoso. Posteriormente, con ayuda de su hijo primogénito Vermudo, reconstruyó y erigió el monasterio destinado a una pequeña comunidad de monjas sanctimoniales, pero guardando al mismo tiempo el carácter de iglesia propia en régimen de herederos.Cuando su padre cede la iglesia a Vermudo, ésta viene con las propiedades de la villa de Valle de San Martín y de Varcenillo o Barciniella, a orillas del río, que había sido propiedad de Tello Sobélliz, merino del conde. Vermudo le añadió las heredades de Río Cosindi, Villar Pedríz –llamada después Villar del Monasterio, (donde se hace enterrar)– y la Rebollosa. Tras su muerte, sin descendientes, el monasterio pasa a manos de sus hermanos Suario, Ordoño y Jimena Vélaz. Pasa también a la hija de esta última, Aragonti, que, casada con Ximeno Xeméniz, es madre de Piniolo Xeméniz, fundador junto con su mujer Ildoncia del monasterio cangués de San Juan Bautista de Corias. La hermana de Piniolo y bisnieta de los fundadores de San Miguel de Bárcena, Auria Xeméniz, ejerció como abadesa en este monasterio durante el tiempo que fue cenobio femenino: Auria Xemeniz sororis comitis Piniolo (...) regebat monasterium cum sanctimonialibus.En el 1007 el monasterio comienza a recibir las primeras donaciones ajenas a la familia y sale del régimen de herederos. Será tres años después, en el 1010, cuando por causas desconocidas se sustituye la comunidad de monjas por una de monjes. Alfonso V concede al futuro cenobio masculino un término de gran extensión, una amplia donación en realengo, hombres de mandación real y gran numero de libertades y exenciones para que pudiera empezar a funcionar. Pero en el 1017 aún estaba a su frente la condesa Auria. A la muerte de ésta, en 1044, Bárcena pasa a su hermano Piniolo como filial de Corias, momento en el que parece poblarse el monasterio con su nueva configuración.El territorio delimitado por el rey Alfonso V comprendería: Lucernas (Bárcena, Tineo), Villa Proli (Villapro, Troncedo), Sabadel (Sabadel de Troncedo, Tineo), Andernol (Anderve, sierra de S. Martín Cangas del Narcea), Anzes (Anzas, Bustiello, Tineo) y Olleiros (Olleros, Bárcena, Tineo). De este modo, se absorbió parte del realengo de los monarcas leoneses en el occidente astur entre las sierras y el mar, donde el rey cedió en donación montes, pastos y brañas, de las cuales menciona las de Cestañol, Valvenato, Faldo de Luso, Braña Traviesa, Ordial de Yuso, Busmontan, una mitad de braña Mesme, Pozales, la Candana, Buspolil, mitad de Acevedo de Villar, Trasmir, mitad de Buscamine, Aguanercio, declarando el rey poder conservar su poder en otras tantas, concediendo todo el montazgo de la tierra de Tineo, desde Cabruñana hasta Leitariegos.Las últimas menciones de Bárcena como casa independiente aparecen en la dotación de Villant y Villa de Muannes, territorio de Valdés, otorgadas por Oveco Roderici.En 1044 tuvo lugar la solemne fundación del monasterio de San Juan Bautista de Corias, teniendo como filiales a Bárcena, Canero y Miudes, monasterios que le aportaron un tercio de sus ingresos. Bárcena además debía otorgar un poco más en periodo festivo, como seña de vasallaje. Durante el resto del siglo XI, Bárcena se siguió gobernando con total autonomía con el abad Angilanus (Vigila) al frente. Recibió donaciones piadosas como las de Collada (1063), Naravalle (1063), Sarcenada (1085), Ervol, San Vicente de Erguisande y la Barrera (1088).A inicios del siglo XII tiene lugar un pleito contra el monasterio promovido por el conde de la mandación de Bárcena, Pedro Peláez, en nombre de Alfonso VI. Pedro Peláez era un noble poderoso casado con Gelovira, hija de Pedro Alfonso, de la estirpe de herederos de Cibagio. Su poder sobre el occidente era total, excepto en los territorios monacales, lo cual le suponía una disminución de ingresos al estar estos exentos de pagar tributo. Peláez reclamó a Bárcena sus poderes sobre el coto que le había sido concedido en tiempos de Alfonso V, ya que alegaba que éstos lo habían ocupado arbitrariamente. El abad Munio de Corias salió en defensa de Bárcena, llegando la contienda a la curia de León, con el resultado de una sentencia favorable al monasterio, de fecha de 15 de mayo de 1101. En estas fechas, Bárcena ya estaba habitada por monjes benedictinos provenientes de Corias. En el primer tercio del XII Corias absorbe totalmente al monasterio.En el XIII, cuando se inicia la decadencia de Corias, el monasterio de Bárcena experimenta un nuevo auge y, paradójicamente, se destituye a su abad para supeditar el monasterio a la autoridad de los abades cangueses."
"En el periodo comprendido entre los años 1214 y 1222, el rey Alfonso IX de León vino con sus cortesanos a sus tierras del occidente asturiano para tomar cuenta de sus pertenencias territoriales y desvincularlas de los distintos Monasterios que por aquí tanto habían proliferado.La primera de ellas, como rey, ya que en 1204 había visitado Bárcena con asunto parecido al que ahora le movía a desplazarse a estas comarcas, la realizó el Monarca en el año 1214, también para averiguar el estado de sus posesiones. Este acontecimiento quedó reflejado en el Libro Registro de Corias. y de ello recuperamos parre de lo que dice:"El susodicho rey en persona vino al monasterio de Bárcena con los mencionados nobles, y los indagadores más arriba mencionados eligieron a hombres cualificados de esta tierra a quienes hicieron jurar sobre los sagrados Santos Evangelios que indagarían la verdad acerca de este asunto. Estos son nominalmente: Pelayo Francés, archipresvitero de Francos; Juan Petri de Lantero; Pedro Petli de la Oteda; Pelayo Petri de San Pedro; Pelayo Judicio; y el archipresvitero de Sardaín, llamado Juan Martínez"
(Colección de textos y documentos para la historia de Asturias (1). Javier Rguez. Muñoz, p. 200)Sobre este mismo hecho, recoge en sus manuscritos el genealogista tinetense M.A. Cavallero:"...volviemdo este R. Dn. Alfonso a Barcena con el mismo Obpº de Oviedo y su hermano Fernando Fdez. de Cabrera y otros nobles Srs. como Gonzalo Menendi de Cangas y otras personas para que inquiriese los vienes y esclavos que tenía el Cvtº el Rey con los Monasterios e Iglesias y los parientes como lo hicieron, dando mitad a Corias, mitad al R. y algunas otras iglesias, era de 1252, año de 1214" (O.C. p. 31)De este primer viaje, no solamente visitó Bárcena, sino que también realizó otras indagaciones, in situ, en Corias, etc."
Pero como ya hemos reiterado, desde Bárcena también puede retomarse "la ruta interior y principal", como dice Rafael Lorenzo. Aunque hoy en día ni es Camino de Santiago oficial ni está señalizado como tal estimamos muy interesante compartir su periplo de la mano de este historiador y su obra:
"Desde Bárcena del Monasterio puede retomarse LA RUTA PRINCIPAL, siguiendo el camino que desde el kilómetro 38 de la carretera (Luarca-Pola), por su derecha, asciende no muy pendiente, hacia la casería de Carbajal, habitada por unas 30 personas en 7 de sus 8 casas.A poco menos de medio kilómetro se encuentra la aldea de San Andrés, donde residen unas 40 personas en 10 casas, entre las que destaca en su parte más alta la ermita.Por entre las casa de este lugar se desciende en dirección a San Vicente de la Cabuerna, casería de tan sólo 3 casas entre las que se reparten 7 personas. Junto a ellas, la Ermita de San Vicente, que atesora una imagen del santo cristo del siglo XV.Después de pasar San Vicente, el camino se vuelve llano hasta llegar a Cerecedo, donde residen 14 personas habitantes de 8 casas muy desperdigadas entre sí.Durante los siguientes dos kilómetros, se suceden una serie de altibajos que hacen subir y bajar el camino convirtiéndolo en penoso, se le conoce como "El Camín del Prado", hasta alcanzar la aldea de Villarino del Monte, que pertenece a la parroquia de Bores y la componen 14 casas, tan sólo 6 habitadas por 12 personas.Después ha de descenderse de modo poco empinando, dejando atrás el alto de Pedruces, de 687 metros de altitud, para recorrer un par de kilómetros en dirección oeste hasta recabar en la aldea de El Prado, perteneciente al término parroquial de Collada, y en la que residen unas 15 personas en 7 casas. Por su lado Sur las rodea el arroyo de La Rebollada, que deberá cruzarse y tomar el camino ascendente que durante unos 500 metros alcanza Riocastiello, aldea perteneciente a al parroquia de Cerredo y que está habitada por cerca del centenar de personas, en 30 de las 35 casas que configuran esta población de casas rurales, algunas significativas entre las que se encuentra la ermita de San Juan. Riocastiello fue capital parroquial y hoy tiene su propio consultorio médico y en sus contornos se conservan restos castreños y de minería romana.
De Riocastiello se toma dirección sur para acercarse al río Bárcena que discurre por la izquierda del caminante. A poco menos de dos kilómetros se alcanza La Fanosa, aldea de 14 habitantes moradores de cuatro de sus cinco casas. Hay un molino antiguo que antaño movía el río Bárcena. Muy cerca, un puente también viejo, tras el cual, el camino se vuelve empinado al tomar la salida hacia El Rellón, una aldea en la que viven doce personas en cuatro casas, separadas dos a dos y bordeadas por el arroyo de Santiago Cerredo por el Sureste.
Continúa la ascensión hasta alcanzar los seiscientos metros de altura, durante un kilómetro para toparse con un pequeño lago a la derecha de la senda y concluir el ascenso en el alto de El Carbayón a 667 metros.
Por su falda meridional se desciende un corto trayecto de unos doscientos metros hasta alcanzar las primeras casas septentrionales de Santiago Cerredo donde se enlazará con LA RUTA PRINCIPAL que conduce a La Mortera, a un par de kilómetros, por la carretera del pueblo."
Como tantas veces decimos, muchos peregrinos optaban por bajar a la costa si las condiciones climáticas imperantes no aconsejaban subir a las montañas de La Sierra Fonfaraón, a las que nos acercamos paso a paso
"... desde la población actual de Fresno en el concejo tinetense, esta vía antigua se dirigiría hacia El Espín, para avanzar a continuación (a una altura que bascula en torno a los 700 ms.) hacia Borres y la Mortera, en cuyos alrededores se han detectado restos de dos explotaciones mineras de oro de época romana sobre yacimiento primario (filón stock-wer); el sistema de aprovechamiento de dichos tajos auríferos se identifica con las explotaciones más comunes utilizadas por los romanos, las constituidas por las cortas a cielo abierto.Entre ambas poblaciones actuales, un poco en dirección hacia el norte, se halla enclavado el complejo de canalizaciones de agua correspondientes a la explotación romana de Santiago de Cerredo, así como la explotación romana de oro; este yacimiento se cataloga como de tipo filón stock-werk, estando configurado, desde el punto de vista geológico-minero, a base de cuarcita con penetraciones de pirita.A continuación dicho camino ascendería hacia la zona de Colinas (a una altura cercana a los 750 ms.); este recorrido tan antiguo aún es posible observarlo en la actualidad en ciertos tramos próximos a la carretera, que tal vez se identifiquen plenamente con el trazado correspondiente al primitivo camino de peregrinación de época medieval.Desde la actual población de Colinas, donde contamos igualmente con vestigios evidentes de aprovechamientos mineros desde tiempos muy antiguos, el trazado de dicha vía ascendería hasta Porciles (a unos 770 ms. de altitud), en cuyo territorio existen indicios de que pudo existir un recinto de población castreña de época romana así como un yacimiento aurífero, de acuerdo con lo que se desprende de la existencia de una «freita» (corte del terreno) bastante pronunciada y de un canal de desagüe, destinado sin duda a provocar la ruina montium (derrumbe/ desmonte) del terreno perteneciente a la explotación y contribuir a su laboreo.Seguidamente este camino antiguo enfilaría las estribaciones de la Sierra de Fonfaraón, donde se produciría una bifurcación, de manera que, además del llamado «camino del Hospital» mencionado más arriba, que transitaría por las estribaciones de dicho relieve montañoso, otro ramal desembocaría en Lavadoira, justamente en el límite existente entre los concejos de Tineo y Allande, a una altura próxima a los 800 ms.En este enclave territorial existen indicios evidentes de explotaciones antiguas relacionadas con los recursos mineros de oro, cuyas tareas se llevarían a cabo sobre yacimientos primarios (filón stock-werk): se trata de cortas a cielo abierto, enclavadas a unos 980-1.000 ms. de altura, que todavía conservan visibles los restos de la canalización del agua (3 canales al menos, y muy posiblemente un cuarto).Ya en el concejo allandés, y a una altura próxima a los 700 ms., transitaría por un recorrido que enlazaba con el de la actual carretera LuarcaPola de Allande, en concreto por un lugar relativamente cercano a la población de Ferroy, significativo topónimo que tal vez debido a su denominación tengamos que relacionar con extracciones de hierro ya desde esa época romana más antigua.De esta manera, tras discurrir por el suelo cercano a Penablanca, continuaría descendiendo hasta desembocar en el territorio correspondiente a la actual capital del concejo, dejando a su derecha el poblado castreño ubicado en la zona de Cimadevilla, a una altura aproximada de 560 ms."
Y allá tenemos El Buñu, donde estaba el coto de San Lázaro de Mirallo, que pertenecía al conde de Miranda, medía dos leguas de perímetro y su mayor hacendado era el cura párroco. Mirallo o Mirayu "es citado en la escritura fundacional del monasterio de Corias, y documentos posteriores se refieren a Miraio superiore (que fue propiedad del conde Piniolo), y Miraio de iusano, que fue de Suario Vermuti, el cual vendió una mitad de ella al abad Munio de Corias", explica el Diccionario geográfico de Asturias, que añade que "La malatería de Mirallo tuvo como patrono al conde de Miranda, como señor de la casa de Salas, y en 1779 aún existían tres casas donde se acogía a los malatos"
Seguimos camino cuesta abajo, en dirección al bosquete ribereño que delata el curso del arroyo que forma este pequeño valle
Otra hermosísima estampa de los prados, la antigua escuela, abandonada tras la concentración escolar de los años 1970, y las casas
Más abajo, la aldea de Pereda de Sangoñedo (Preda) y el profundo valle del Regueiru Villaverde bajo El Tesu Faidiel (535 m) y La Cima las Güertas, en la ladera del Alto la Cierva
Un profundo surco a nuestra derecha sirve para que baje por él el agua sobrante de las lluvias y no enfangue todo el Camino
Hermosa celosía natural que forman las hojas y las ramas filtrando la luz del sol y formando un hermoso efecto en esta bella umbría
Acabando ya definitivamente la cuesta nos dirigimos hacia "El Valle del Reñeiro" y "Las Tieiras", así denominado porque hasta hace algunas décadas existía en este lugar una tejera", dice Rafael Lorenzo
Y nos acercaremos a Borres o Bourres, pueblo que empezaremos a ver, ya muy próximo, más allá de aquellas arboledas


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