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jueves, 17 de septiembre de 2026

EL CAMINO POR A PROBA DE BURÓN 2 (GALICIA) O CHAO, 'EL BURÓN ROXO' Y 'PARADIÑAS', LA IGLESIA DE SANTA MARÍA MADANELA, 'A FORTALEZA' Y LA CAPILLA DE SAN XOSÉ: DONDE ELSA PATAKY HUYÓ DEL TERRIBLE "HOMBRE LOBO ROMASANTA"

Llegando a O Chao. A Proba de Burón

Desde la bifurcación de Paradanova, donde se separan los caminos de A Fonsagrada y de A Proba de Burón, hemos subido por la ladera del Monte do Marmoiral hasta el collado existente al norte del barrio fonsagradino de Os Chaos, donde empezamos una larga bajada por terrenos muy frondosos, de espesos bosques, que acaban aquí en la veiga del río da Proba, en A Proba de Burón, capital hasta 1835 de un extenso territorio, A Terra de Burón, conformado por los actuales concellos de A Fonsagrada y Negueira de Muñiz


Caminando en llano, junto a las praderías de la Casa da Ponte, en la ribera del río, salimos al camino vecinal asfaltado que comunica A Proba de Burón con A Fonsagrada por A Cruz Nova y nos dirigimos a esta antigua puebla de fundación regia, atribuida con casi total seguridad al rey-peregrino Alfonso IX hacia el año 1200 gran protector de esta ruta interior entre Asturias y Galicia, de gran antigüedad, auspiciando especialmente su uso por los peregrinos de la Sancta Ovetensis hacia Santiago de Compostela, haciendo caso a aquella máxima medieval que, en diferentes lenguas europeas, decía que "quien va a Santiago y no al Salvador visita al criado y olvida al señor"


Así se sabe que hubo hasta tres hospitales de peregrinos en A Proba de Burón, algo que solamente se daba en ciudades importantes como Oviedo, Lugo y la misma Compostela. Del primero de ellos, el de la Santísima Trinidad, se sabe fue fundado hacia 1338, mientras que de los otros dos, el de Santiago y el de la Reina, su primera referencia documental aparece en un testamento de 1384. Más arriba y fuera de la población, los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (desde 1530 Orden de Malta), tenían un enclave en A Bastida y, poco más allá, hubo una malatería de San Lázaro, hospital de leprosos


Como sucedió en todas las pueblas medievales, amparadas por los reyes como villas libres del vasallaje feudal y leales a la Corona, con sus fueros, mercados y administración propia y de su territorio, no tardó en caer en poder de la nobleza con los Trastámara y sus vicisitudes para hacerse con el trono castellano en cruentas guerras de cambiantes fidelidades, pasando luego por diversas manos hasta que en 1480 se hacen con A Proba y toda la Terra de Burón los condes de Altamira, cuyos abusos se hicieron notorios desde el primer momento, tal y como nos explican en Historia de A Fonsagrada de Fonsaweb:
"Durante la Edad Media, a diferencia de otras zonas de Galicia donde predominaban las instituciones eclesiásticas, los hidalgos rurales (nobles de menor rango) eran los principales perceptores de rentas en estas tierras. 
Este siglo estuvo marcado por las revueltas irmandiñas, en las que la población local se alzó contra los impuestos abusivos; sin embargo, en la práctica cambió poco la situación... Durante los días de las revueltas irmandiñas, los habitantes de Navia y Burón fueron liderados por Don Pedro Osorio, hijo del antiguo conde de Trastámara y hermano del marqués de Astorga. 
En 1458, Inés de Guzmán, señora del concejo, vendió los derechos administrativos y fiscales al conde de Lemos, Don Pedro Osorio, por 500.000 maravedíes. 
Pedro Álvarez Osorio, guarda mayor del rey, luchó contra la revuelta de las Hermandades —conocidas como los irmandiños— a finales del siglo XV. Fue una figura destacada en las cortes de Juan II (1405-1454) y Enrique IV (1454-1474) de Castilla y León. Cultivó la poesía y recibió los títulos de conde de Trastámara (4 de febrero de 1445) y conde de Lemos (26 de junio de 1456); este último conllevaba la dignidad de Grande de España. 
Hacia 1480: Este señorío pasó de la Casa de Lemos a la de la condesa de Altamira, doña Urraca Moscoso. La Casa de Altamira era una de las más importantes de Galicia en aquella época; administraba el municipio a través de un juez o merino (magistrado) nombrado por ella misma, gobernando las tierras de Burón hasta principios del siglo XIX. Entre las excepciones figuraban los cotos (jurisdicciones privadas) de O Padrón —regido por la encomienda de Portomarín—, Carballido (vinculado al monasterio de Villanueva de Oscos) y los cotos de Lamas de Moreira y Bustarvelle, que pertenecían a familias particulares. 
Hacia... 1480–1485: Los habitantes de Burón entablaron un pleito contra doña Urraca, alegando que esta imponía tributos excesivos. En 1490, la Real Chancillería de Valladolid dictó una sentencia que les obligaba a pagar 12.000 maravedíes anuales, prestar un día de servicio al año en la fortaleza de Pobra de Burón, acudir a la llamada a las armas cuando fueran convocados y realizar diversas entregas de ganado. Este fallo fue confirmado por los Reyes Católicos mediante una provisión ejecutoria que obligaba al municipio a efectuar el pago. 
Con este litigio, doña Urraca pretendía resarcirse de las pérdidas sufridas durante la rebelión irmandiña, en la que habían participado unos 10.000 hombres de Burón y Navia —encabezados por Pedro Osorio—, destruyendo la fortaleza que posteriormente hubo de ser reconstruida. 
1490: Además de la sentencia mencionada, este periodo marcó el asentamiento de las familias Montenegro y Páramo en la región".

Al otro lado del río da Proba, que no vemos pero cuya vegetación ribereña delata, está el barrio de Milladoiro 'humilladero', topónimo vinculado a las peregrinaciones y del que nuestro informante, el vecino de O Chao Antonio Fernández Rodríguez, Paradiñas, nos dice que conoció el montón de piedras que dejaban los peregrinos. Dado que se encuentra ligeramente desplazado del trazado caminero actualmente señalizado nos da qué pensar si el Camino original cruzaba el río por ahí y existía otro ramal caminero


Atrás ha quedado la Casa da Ponte, la que nos hemos encontrado nada más salir del bosque y la primera de A Proba de Burón por tanto en el Camino de Santiago


Los condes de Altamira nombraban los cargos de 'justicia y regimiento' pertinentes y cobraban las correspondientes rentas. Su castillo, del que solamente se conserva parte de la torre del homenaje, rehecho tras su destrucción por los irmandiños, amplia revuelta antiseñorial gallega que destruyó hasta 130 fortalezas nobiliarias, era el centro de gobierno de la extensísima Terra de Burón, de la que fueron despojados con la supresión de los señoríos por las Cortes de Cádiz hacia 1812


Estamos, dice el mojón, a 153,222 kilómetros de la Praza do Obradoiro, donde se encuentra el Kilómetro Cero del Camino, frente a la catedral de Santiago de Compostela


Para entrar en A Proba de Burón se pasaba A Ponte Grande, en contraposición con A Ponte Pequena que se encontraba en otro vado del río da Proba. En la actualidad hay un pequeño puente en este lugar, con dos barandillas


Es un puente de piedra con remate de hormigón para el paso de esta carretera local, con arco de medio punto, desde el que tenemos unas muy buenas vistas del barrio de O Chao


Según nos contaba Paradiñas, del Hospital de la Santísima Trinidad, o Santísima Trinidade, nada a la vista ha llegado aparentemente a nuestros días salvo la memoria popular, que dice estaba nada más pasar A Ponte Grande, detrás y al pie de la iglesia de Santa María Madanela, que vemos en lo alto de O Chao 'el llano'


Conserva esta iglesia el ábside semicircular de su estructura original románica. La web Románico digital dice sería del siglo XIII, lo que casaría muy bien con la noticia de la fundación de A Proba de Burón en 1200 por Alfonso IX. Ya que las iglesias de las nuevas pueblas solían construirse posteriormente incluso a las primeras casas. Es posible que los cultos en un principio se celebrasen en otro santuario cercano


El resto del templo obedece a las reformas posteriores, como las dos espadañas para sendos campanarios, uno al este y otro al oeste, la sacristía a la izquierda y el cementerio a la derecha, al norte, como era lo habitual. Más antiguamente los enterramientos se hacían en el interior y en su campo alrededor, el camposanto


Un poco a la derecha asoma la parte superior de una de las paredes de A Fortaleza, que se supone construida por los conde de Altamira. Tras su destrucción por los irmandiños en 1467 la condesa Doña Urraca de Moscoso obligó a los vecinos a reconstruirlo. "En el siglo XX fue vivienda, perdiéndose la mayor parte de sus piedras", dicen en MonumentalNet


Los condes de Altamira, como prácticamente toda la alta nobleza, dejaba sus territorios a cargo de los administradores y cargos por ellos elegidos y se establecían en la corte, donde se tomaban la decisiones y se ejercía el poder. El título fue otorgado en 1455 por Enrique IV de Castilla a favor de Lope Sánchez de Ulloa y Moscoso, señor de las casas de Altamira, referencia a la fortaleza de este nombre sita cerca de Brión (A Coruña), que era el centro de sus dominios, que gobernaban junto también con el condado de Trastámara. Cuando pasan de señores feudales a cortesanos van abandonando Galicia como lugar de residencia para establecerse en la corte, donde se toman las decisiones y se participa en la política general del reino. Así a partir del siglo XVI la mayor parte de los condes nacerán ya en Madrid


Vamos a cruzarnos con uno de los caminos que comunican con el barrio de Milladoiro. A lo lejos vemos las boscosas cuestas hacia A Bastida, que ya no cesarán hasta llegar al Real Hospital de Santiago de Montouto, donde este Camino se reúne con la ruta, mucho más transitada, de peregrinos por A Fonsagrada


Nosotros, en esta bifurcación, iremos a la derecha rumbo a O Chao que, como hemos dicho, es la cabeza de esta parroquia y antigua capital del extenso territorio de A Proba de Burón, que en su estudio A Casa de Altamira e A Proba de Burón, el historiador Pegerto Saavedra atribuye su fundación no a Alfonso IX sino a Alfonso X El Sabio, y no hacia 1200 sino hacia 1255, basándose en los estudios del también historiador José Antonio Álvarez Castrillón. Compartimos este trabajo pues pormenoriza muy bien la historia de A Proba y concello de Burón:
"1) Los condes de Altamira, señores del concello de Burón
Hasta la fecha, no se ha hallado el documento real que otorgó el título de "proba" (villa con fuero) y villa —actuando como centro administrativo del concello formado por las aldeas circundantes— a la localidad y parroquia conocida posteriormente como A Proba de Burón. Tras editar y estudiar minuciosamente la documentación del monasterio de Vilanova de Oscos, el historiador José Antonio Álvarez Castrillón señala que este acontecimiento probablemente tuvo lugar hacia 1255, por iniciativa del rey Alfonso X ("el Sabio"), quien concedió títulos similares a otros asentamientos de Galicia y Asturias (conocidos como polas o poblas). Registros de 1260 mencionan el municipio y a los alcaides de San Miguel de Burón, señalando la presencia de un notario real en la villa; en 1270, un hijo del propio monarca firmó una escritura en A Proba y, ya en 1280, el municipio utilizaba su propio sello para autenticar documentos.  
En aquella época, A Proba y su territorio circundante eran tierras de realengo (bajo dominio real directo), a excepción de ciertos cotos —como el de Carballido— que estaban bajo el señorío del monasterio de Vilanova. Sin embargo, esta situación cambiaría hacia 1370, perdurando dicho cambio durante siglos. El rey Enrique II, que ascendió al trono en 1369, concedió las probas de Burón y Navia a su sobrino, el conde Pedro; posteriormente, las tierras pasaron al hijo del conde, don Fadrique Enríquez. Tras su muerte en 1431, se sucedieron tiempos confusos en los que consta que ambos territorios y sus distritos asociados tuvieron diversos señores, como un cortesano vallisoletano llamado Juan de Viveiro (natural de dicha ciudad). El primer conde hereditario de Lemos fue el conde de Trastámara y marqués de Astorga, del linaje de los Osorio. En 1464 (con ratificación en 1483), don Álvaro Pérez Osorio, marqués de Astorga, cedió los territorios mencionados a su hijo, don Pedro Osorio de Villalobos —casado con doña Urraca de Moscoso, natural de Santiago de Compostela y miembro de la Casa de Altamira—. De este matrimonio, las tierras pasaron a su hijo, don Rodrigo Osorio de Moscoso, segundo conde de Altamira (título concedido en 1475), y posteriormente a sus sucesores hasta 1811, momento en el que se declaran abolidos los señoríos.  

Sin embargo, la incorporación de A Proba y el municipio de Burón al señorío de la Casa de Altamira no estuvo exenta de conflictos; los vecinos lucharon durante cerca de cuarenta años —primero ante el gobernador del Reino de Galicia y más tarde ante la Real Chancillería de Valladolid— para liberarse de sus nuevos señores y recuperar su condición de realengos, tal como lo habían sido antes de 1370. Durante el conflicto, que se prolongó hasta el periodo 1525-1530, los residentes solían reunirse en A Fonsagrada —entonces una pequeña parroquia que aspiraban a convertir en cabecera municipal si lograban su propósito— para evitar vivir bajo la sombra del castillo, símbolo del poder de los condes. No consiguieron su objetivo, en gran medida debido al respaldo que los condes recibían de los monarcas, a las tácticas torticeras de don Rodrigo y de sus parientes y allegados, y también porque un representante legal de los vecinos los traicionó y entregó documentos importantes a la parte contraria, impidiendo así que fueran presentados ante los jueces. En consecuencia, la primera sentencia de la Chancillería, emitida en marzo de 1490 a favor de doña Urraca de Moscoso, sirvió finalmente como título definitivo que garantizaba a los condes el señorío de Burón. El fallo establecía las obligaciones que los residentes locales debían cumplir anualmente con los condes en su calidad de señores: 

• Contribuir al mantenimiento de la fortaleza o castillo en buen estado.  
• Acudir a la llamada a las armas del señor en tiempos de guerra.  
• Abonar colectivamente una derrama o tributo de 12.000 maravedíes. • Aportar —por cada grupo de doce hogares— una tasa de matanza (equivalente al sacrificio de un animal), además de seis carneros y una gallina por hogar.  
• Pagar la luctuosa (un impuesto sucesorio consistente en un buey o una vaca) tras el fallecimiento del cabeza de familia. 
Estas obligaciones —algo atenuadas por un acuerdo de 1627— permanecieron vigentes hasta 1811; los hidalgos (pequeña nobleza) estaban exentos de pagarlas. Aparte de estas, existían las rentas de foro, percibidas por los señores en virtud de sus derechos de propiedad sobre diversas tierras, así como una parte de los diezmos de varias parroquias donde ostentaban el derecho de nombrar (designar) a los párrocos. No obstante, el señorío también conllevaba el elemento esencial de la autoridad judicial; los condes nombraban periódicamente a un meriiño (oficial de justicia) para resolver determinados litigios civiles y penales en primera instancia. Las partes litigantes podían apelar dichas decisiones ante el alcalde mayor de los dominios de Altamira —con sede en Santiago, en el palacio que los condes poseían donde hoy se encuentra el mercado municipal— y, posteriormente, ante la Real Audiencia del Reino de Galicia. Asimismo, nombraban a un escribano oficial para dar fe de las reuniones del concejo, los procedimientos judiciales y otros asuntos.  
Por su parte, los vecinos elegían cada año, el día de Reyes, a dos concejales y a dos procuradores generales) —uno en representación de la pequeña nobleza y el otro del estado llano—, mientras que los habitantes de A Proba gozaban del privilegio de elegir a su propio representante, un magistrado local (juez pedáneo), así como al magistrado de huérfanos de todo el municipio el día de Año Nuevo; este último se encargaba de inventariar los bienes de los fallecidos que dejaban hijos menores y de nombrar un tutor. En la década de 1720, los vecinos de A Proba intentaron constituirse en una especie de pequeña «república» dentro del municipio, alegando que la localidad no estaba sujeta al señorío del Conde, que el alguacil condal carecía de jurisdicción allí y que la autoridad residía exclusivamente en el magistrado local que ellos mismos elegían. Los abogados de los Condes demostraron, mediante pruebas documentales, que tal afirmación era infundada.  
No existe constancia de que los Condes de Altamira visitaran jamás Burón; sin embargo, un hermano del segundo Conde —llamado Don Bernaldino o Bernal— falleció en A Proba en 1492. Fue sepultado en la iglesia parroquial, y el párroco estaba obligado a celebrar misas en su memoria cada año. A partir de mediados del siglo XVI, los Condes residieron en la corte, establecida en Madrid en 1561. Allí forjaron alianzas con poderosas familias aristocráticas españolas y ampliaron su patrimonio, incrementando tanto sus rentas como los títulos nobiliarios acumulados mediante matrimonios y otras vías. Hacia 1800, poseían bienes que abarcaban desde Elche hasta la Costa da Morte; en consecuencia, sus propiedades gallegas originales representaban solo una pequeña fracción del total, cumpliendo principalmente una función sentimental y simbólica, pues los Moscoso eran originarios de la comarca de Santiago. Desde allí se gestionaba la administración del gobierno y la recaudación de rentas de Burón, territorio que —junto con Navia, Castroverde, Luaces y Santirso de Abres— integraba el llamado «distrito de Asturias». Santiago era la sede del gobernador de los estados gallegos, quien en la práctica nombraba al meiriño (administrador o alguacil local) y al escribano oficial, además de proponer a los párrocos de las iglesias bajo patronazgo del Conde. Por lo general, los merinos pertenecían a la pequeña nobleza local o de los alrededores (como los Páramo de Vilabade, los Pardo Figueroa de Cuíñas, miembros de las familias Pasarín o Díaz de Freixo, etc.). Asimismo, el merino solía encargarse de cobrar las rentas derivadas de los foros(contratos de arrendamiento a largo plazo) de 57 explotaciones agrícolas del señorío, las cuales en 1724 tributaban:  
38 ferrados de trigo.  
2.166 de centeno.  
12 carneros.  
25 libras de mantequilla y 36 de cera.  
11 cañados de vino, además de otros productos diversos.  
El valor total de estas rentas ascendía a 10.000 reales, cifra a la que debían sumarse:  
8.500 procedentes de la participación en los diezmos de diversas parroquias. 
290 por concepto de portazgos o derechos de tránsito de mercancías en A Fonsagrada y A Trapa.  
Los ingresos derivados de la luctuosa (impuesto de sucesión o derecho de luctuosa) y el pedido (tributo feudal).
Las atribuciones que los condes de Altamira ejercían como señores del municipio —en particular el nombramiento del merinoy del escribano, así como la recaudación de tributos como el pedido y la luctuosa— cesaron en agosto de 1811 con el decreto de abolición de los derechos señoriales promulgado por las Cortes de Cádiz; dicho decreto fue respetado parcialmente por Fernando VII en 1814, cuando declaró nula y sin valor la labor legislativa de las citadas Cortes. Dicho esto, los condes siguieron cobrando las rentas de los foros hasta que estos fueron redimidos, así como los diezmos hasta 1840. 
Desde 1811 en adelante, los funcionarios municipales fueron nombrados durante un tiempo por la Real Audiencia, mientras se consideraban diversas propuestas de reforma de la administración local, que incluían la creación de nuevos municipios. Estas reformas entraron en vigor en 1834, cuando el antiguo municipio de Burón se convirtió en el municipio de A Fonsagrada (aunque todavía se le conoce a veces como Burón), con su sede administrativa en esa localidad. Territorialmente, hubo pocos cambios, ya que el nuevo municipio solo perdió partes de las parroquias de San Xurxo y Santalla de Pequín, que se incorporaron a Meira. Sin embargo, posteriormente sufrió nuevas reducciones: en 1928 se creó el municipio de Negueira de Muñiz, que comprendía las parroquias de Negueira, Ernes, Barcela, Oubiaño y Rio de Porto, que en aquel entonces tenían una población combinada de más de 2000 habitantes; y en 1935 se estableció el municipio de Ribeira de Piquín. Separada de Meira, incorporó la parroquia de Santiago do Acevo —creada en 1891 mediante la división de la parroquia de Carballido— y que anteriormente había pertenecido a A Fonsagrada. Finalmente, en 1965, la parroquia de Os Vaos también pasó a formar parte —casi en su totalidad— del municipio de Ribeira de Piquín. En resumen, el antiguo municipio de Burón abarcaba una superficie de 540 km² y el municipio El actual municipio de A Fonsagrada tiene una superficie de 438,35 km² y 278 núcleos de población, incluidos aquellos que han quedado deshabitados. En 1860 había 323 aldeas, todas ellas habitadas".

En el cruce, hay un mojón al lado de una marquesina de autobús y al pie de una torre de la luz, en ella veremos un par de placas


Esta designa al camino que viene del barrio de Milladoiro como Avenida Río Eo. Su escudo no es el de A Fonsagrada, sino el que veremos prontamente en la capilla de San Xosé, saliendo del pueblo


Y esta denomina a esta encrucijada con el sorprendente nombre de Plaza Mao Tse-Tung. Se trata en realidad de una de las muchas iniciativas del llamado Burón Rojo, como gustaba de apodarse el emigrante Enrique Fernández, quien regresó a su tierra con el deseo de devolverle su perdido esplendor, pues amagó incluso con pleitear para recupera la capitalidad del concello, siendo protagonista de otras sonadas propuestas de las que escribe José de Cora, director de El Progreso, el 7-8-2019 en Burón, la aldea de las calles comunistas:

"Enrique Fernández transforma las fiestas de agosto en A Pobra para que chinche A Fonsagrada 
Hasta 1835 actuales municipios de A Fonsagrada y de Negueira de Muñiz forman el Concejo, o las Tierras, de Burón, con capitalidad en A Pobra de Burón. 
De aquella pérdida de categoría para los de Burón a favor de A Fonsagrada -separadas por tres km-, se deriva entre los primeros una tradición de agravio que en algunos casos sobrevive hasta hoy. En estas circunstancias discurre la vida de Enrique Fernández y Fernández (A Pobra de Burón, 1925), también llamado Enrique de Gabriel, porque ése es el nombre de la casa natal, o el Burón Rojo, como gusta bautizarse. 
Enrique nace noventa años después de que desaparezca Burón como capital del municipio. Sin embargo, la herida está tan fresca como el primer día. Al menos eso considera él cuando alcanza el uso de razón. 
Una vez superados los estudios elementales da con sus huesos en Barcelona y allí hace por la vida como guía del metro. De Barcelona viaja al Archivo General de Simancas, en Valladolid, en busca de papeles que le ayuden a defender los derechos históricos del Concejo de Burón y a su regreso trabaja por convertir en carretera los caminos que lo cruzan. 
Con el fin de que los vecinos no necesiten ir a Fonsagrada, se hace con una furgoneta donde rotula: «Comestibles El Buronés el más barato del norte de España». Por medio de ella vende a domicilio la cesta de la compra y poco le falta para acabar en la ruina. Por eso y por comprar la fortaleza de Burón, que pretende poner en valor sin ayudas de ningún tipo. También colabora en la llegada del teléfono, compra un órgano para la iglesia, limpia y regenta la cantina del lugar. Lo que sea con tal de engrandecer Burón. 
Y es entonces cuando Enrique y sus planes se dan a conocer fuera de Burón. Y lo hace de una forma sorprendente. Lo recuerdo con bastante exactitud. Un día de verano de 1985, o incluso antes, llega a la redacción de El Progreso la noticia de que en A Pobra de Burón están organizando para el mes de agosto unas fiestas excepcionales, pues el programa incluye números que evidentemente no pueden ser contratados por una población tan pequeña. En torno al día mayor, el 15 de agosto, el programa se inicia con fuegos artificiales “que describirán círculos de estrellas maravillosas para descender en forma de palmeras”. El pregonero será Rafael Alberti y actuará la Orquesta Sinfónica de Londres. La misa incluye el Cantum Sacrum de Rimsky Korsakov, y el torneo de fútbol lo disputan el Dinamo, de Kiev y el Estrella Roja, de Belgrado. El Fari, Diana Ross, Tina Turner y Juan Pardo completan unas fiestas imposibles de mejorar por el cercano y siempre odiado ayuntamiento de A Fonsagrada. 
Su iniciativa más duradera y la más comentada es cuando decide bautizar las calles de Burón con los nombres de personajes rusos y dirigentes comunistas internacionales, sabedor de que son los que más irritan al poder establecido, aunque hoy soplen aires de democracia. 
Enrique encarga unas placas de cerámica similares a las oficiales para distribuirlas a lo largo de las casas de Burón a su leal saber y entender en honra de Mao Tse Tung, de Carlos Marx, o del Dr. Fidel Castro, un título que alude a su doctorado en Derecho Civil. 
Otros vecinos residen en la Avenida Lenin o en otra que recuerda a Hô Chi Minh, aunque aquí el vietnamita adquiera un admirativo Oh Chi Minh, sin duda por la devoción que despierta el personaje. También las hay de Igor Stravinski, o del mariscal Gueorgui Konstantínovich Zhúkov".

Con motivo de una propuesta para que el Concello de A Fonsagrada retirase algunos nombres de este particular callejero buronés que, en principio, tampoco son oficiales, es Santi Delgado, también en El Progreso, quien incide en la figura de este muy activo vecino y sus actividades:

"Todo fue idea de Enrique Fernández, un vecino que costeó de su propio bolsillo las placas de este peculiar callejero. Cuando regresó de su etapa como emigrante en Barcelona, decidió costear las placas para las calles de A Proba de Burón, rotuladas como en cualquier ciudad. De esta forma, en los primeros años de la democracia, este núcleo rural se convirtió en un caso excepcional en Galicia. Y es que, además de los líderes comunistas, también tienen su espacio los compositores rusos Igor Stravinsky y Rimski-Kórsakov, así como la primera mujer astronauta, Valentina Tereshkova. 
La influencia de Enrique Fernández, conocido como el Burón Roxo, fue notable en el pueblo. Gracias a él, se reunieron las 22 solicitudes necesarias para que Telefónica ampliase la línea telefónica hasta A Proba, costeando él parte de la inversión. 
También sufragó la construcción de una carretera hasta Carracedo para evitar que los vecinos tuvieran que pasar por A Fonsagrada para ir a Lugo o Navia. Su generosidad se extendió a la organización de las fiestas patronales y a la venta de quesos a un precio inferior al de coste, que repartía en una furgoneta rotulada con el lema 'Comestibles El Buronés, el más barato del norte de España". 

El legado de Enrique Fernández en A Proba de Burón 

El amor de Enrique Fernández por su pueblo le llevó a adquirir el castillo de A Proba –ahora en otras manos– con el dinero que había ganado en Barcelona, con la intención de convertirlo en un reclamo turístico. 
Tras su fallecimiento, los vecinos de A Proba de Burón promovieron la colocación de una placa con su nombre a la entrada del núcleo. 

Anécdotas y curiosidades del 'Burón Roxo' 

La capacidad fabuladora de Enrique Fernández quedó patente en el cartel de las fiestas patronales de 1987, donde anunció la actuación del Coro del Ejército Rojo junto a la orquesta Unissón de Vigo. 
También propuso como pregonero a Rafael Alberti y dio noticia de un partido de fútbol entre el Dinamo de Kiev y el Estrella Roja de Belgrado. 
Su rivalidad con A Fonsagrada le llevó incluso a visitar el Archivo de Simancas en Valladolid para reunir documentación con el fin de que A Probra de Burón recuperase la capitalidad del municipio, perdida en 1839".

Caminamos pues hacia O Chao por el lugar donde habría estado el Hospital de la Santísima Trinidad. De los otros dos, el de Santiago y el de la Reina, desconocemos la ubicación pues parece que incluso se había perdido la memoria, al menos en nuestras pesquisas, pero dada la existencia de no pocos edificios antiguos en O Chao y O Milladoiro, algunos identificados como A Fábrica, A Ferrería, la Casa do Escribano y otras, podrían ubicarse en sus inmediaciones


Vista del valle del río da Proba a nuestra derecha, hacia el norte, por donde este camino enlaza en A Cruz Nova con la LU-740 que comunica con A Fonsagrada. A la izquierda cierra el valle A Lomba da Roxiña (802 m)


A la derecha los árboles nos ocultan las casas de A Cruz Nova, donde está también el cementerio, cerca de la ladera conocida como O Moudal


Se trata de estribaciones occidentales del Monte do Marmoiral, que ha quedado a nuestras espaldas y por donde hemos bajado atravesando sus densos bosques tras un primer tramo cuesta arriba desde Paradanova


Subir, bajar y volver a subir, unido a ser un trazado un poco más largo que el de A Fonsagrada, ocasionó que, dejado el medievo, el trayecto fonsagradino, más directo, fuese preferido a este, lo que, unido a otras vicisitudes, provocó la decadencia de A Proba de Burón, sobre todo en el siglo XVIII, perdiendo la capitalidad en 1835, fecha que algunos autores adelantan a 1834 y otros retrasan a 1836, posiblemente a causa de las diversas fases entre la aprobación del decreto correspondiente y su aplicación efectiva


Arriba, la iglesia parroquial de Santa María Madanela, que conserva su eje este oeste ábside-portada medieval, es testimonio de la fundación, auge y caída de A Proba de Burón, como leemos en Románico digital:
"El templo parroquial junto con los restos de la torre de homenaje son testimonio del brillante pasado de este pueblo. La iglesia se localiza en una zona elevada, el barrio de A Proba dominando el caserío donde se mezclan edificios modernos con otros de carácter más tradicional.

La iglesia ha sufrido diversas reformas que han modificado la mayor parte de su planteamiento románico original. Del edificio primitivo tan solo se conserva la cabecera, que está fuertemente modificada. En primer lugar, se le ha dado una mayor altura a los muros. En segundo lugar, en el interior, se ha renovado el arco de acceso al presbiterio, haciéndolo más amplio y apuntado acorde con la nave. Según los restos que quedan, no se habría de fechar antes del siglo XIII. 

El ábside románico semicircular es más bajo y reducido que la nave y tiene adosada en el lado sur una sacristía. El material utilizado en los muros es la piedra del país, pequeña e irregular en la parte superior del paramento y más grande y cuadrada en la parte inferior, según se puede observar gracias a la pérdida del caleado en determinados lugares. En el exterior, una serie de losas puestas de canto que actúan como canecillos y que en algunos casos soportan trozos de una fina cornisa, también de losa, marcan la altura original del ábside".

Vamos dejando la vega del río para subir el promontorio, de cota 701 m en A Fortaleza, en el que se asienta A Proba de Burón, un hermoso lugar en medio de un fértil valle, cercano a su cabecera, cuya altitud, sensiblemente más baja que la de A Fonsagrada que, con sus 952 metros de altura media es la capital de concello más alta de Galicia, hacía de este un lugar en principio más habitable y libre de nieves que la antigua Fontem Albei romana, como se identifica a la villa fonsagradina en el Itinerario de Antonino (red viaria romana del siglo III) como parte de la ruta Lucus Asturum-Lucus Augusti


Sin embargo, como ya hemos dicho, el trayecto fonsagradino, pese a la existencia en A Proba de Burón de hasta tres hospitales de acogida, sería el preferido con el tiempo por los peregrinos y los demás viajeros. El que hacia 1750 se empezasen a celebrar mercados en A Fonsagrada todos los sábados plasma este desplazamiento del eje principal de comunicaciones. Aún así en A Proba de Burón se mantuvo cierta actividad comercial, como señala el historiador Manuel Curiel en su blog Maragatos de Lugo:
"En A Fonsagrada es alrededor de 1750 cuando se inician los mercados todos los sábados de mes, en los que se comerciaba con centeno, trigo, habas, manteca, castañas, sal,  pescado y paños de Castilla. Además cada año hay la feria de Nuestra Señora de Septiembre, que dura cuatro o cinco días (el día 7, primer día feriado, era conocido como el día de las mantas, con compradores y vendedores de Castilla y Asturias, con diversos géneros y telas, caballos, mulas y otros tipo de ganados, así como plateros de la ciudad de Mondoñedo). También se celebran ferias el 20 de enero (San Sebastián), el 25 de marzo, el 25 de abril (San Marcos), el 16 de mayo (la Ascensión), el 4 de junio (Corpus y Santa Sabela), el 15 de agosto, el 21 de septiembre (San Mateo) y el 8 de noviembre. Eran también famosas las ferias que se celebraban en el contorno: En Padrón (la feria de San Mateo) y San Cibrán da Trapa, el 14 de septiembre, y en Lamas de Moreira también llegaron a celebrarse ferias el día 1 de cada mes. En el año 1845 era famosa una fábrica de manteca en Pobra de Burón y varios telares".

Y así, cuando a finales del siglo XIX se abren las nuevas carreteras a Lugo y a Asturias, A Proba de Burón quedará aún más relegada de los nuevos y crecientes flujos de transporte de viajeros y mercancías. En la actualidad la población carece prácticamente de servicios, por lo que, los pocos peregrinos que hacen esta ruta buronesa suelen pernoctar en A Fonsagrada


Además del eje Asturias-Galicia, por A Proba de Burón pasaba el sur a norte entre la meseta y la costa por el estuario del Eo, con ramales también hacia Meira y Mondoñedo, muy empleados por los arrieros maragatos que, desde la zona de Astorga, hacían la ruta al litoral mercadeando con productos del interior y del sur, como el aceite de oliva y el pimentón, regresando por el mismo camino con producciones costeras, sobre todo pescado salazonado o escabechado por ellos mimos en los mismos puertos


Con las nuevas carreteras que relegaron a los viejos caminos a vías pecuarias y vecinales aquel flujo también cesó en A Proba de Burón que, en la actualidad, carece de todo comercio ni bar. Algo que lamenta por ejemplo el peregrino, periodista e historiador, erudito divulgador de patrimonio de los caminos jacobitas Antón Pombo en Camino Primitivo: la variante de A Proba de Burón, publicado en Guía Gronze del 29-12-2020, cuando se pregunta ¿Qué sería necesario para que la variante de Burón fuese más popular?:

"1. Antes que nada, que se señalizara y potenciara el enlace que existe desde A Fonsagrada, pues se puede alcanzar sin dificultad la ruta alternativa sin necesidad de regresar a Paradanova. Basta con tomar, junto a la Pensión Casa Manolo, el titulado como Camiño da Proba, bonita pista de tierra en la que desemboca el procedente de Paradanova antes de cruzar la carretera LU-740. 
2. Quizá tendría que modificarse la descripción que Turismo de Galicia hace, en el cartelón situado en Paradanova, de las dos variantes, calificando la de A Fonsagrada de dificultad Media, y la de «Burón», de Alta, que tampoco es para tanto, pues la de la primera nos parece realmente baja, y la de la segunda podríamos dejarla en media. 
También los divulgadores tendríamos que recomendar esta ruta a quien prefiera los caminos de monte, silenciosos y solitarios, pues no cabe duda de que esta podría ser su mejor carta de presentación frente a una ruta, la inferior, «más domesticada». 
Y todo ello sin olvidar la historicidad de una vía que atravesaba la que fue capital de la Terra do Burón, y antes que A Fonsagrada fuera la capital del municipio, contando con los hospitales medievales da Santa Trindade, da Reina, Santiago y San Lázaro, casi nada. 
3. Otro problema es la ausencia de servicios. No es un tramo largo, cierto, pero si hubiese un albergue en A Proba de Burón otro gallo cantaría, o al menos un bar que destacase por su buen trato a los peregrinos".

Bifurcación y a la derecha ante esta pared rocosa bajo el campo de la iglesia y casas circundantes


Seguimos cuesta arriba entre este gran muro y las casas de la derecha


Fijémonos en la forma de las esquinas de alguna de ellas, hecha así para facilitar el paso de vehículos


Antigua cuadra y gran cobertizo a nuestra derecha


Louxas de pizarra apiladas contra la pared, listas para ser empleadas en cualquier trabajo de arreglo de cubiertas de casas, cuadras, hórreos, tendejones...


Como en tantas, la traza campesina original va transformándose en residencial según se abandonan, o transforman, las labores agropecuarias tradicionales


Seguimos subiendo según nos acercamos a una encrucijada, en la que el Camino continuará a la izquierda


De frente tenemos Casa de Jaime, como podemos leer en su fachada al acercarnos


Bajo el nombre de la casa, con letras de azulejo, vemos un artístico reloj de sol


Y casi en la esquina, otra de las placas del callejero de El Burón Roxo, Enrique Fernández, de quien vuelve a ocuparse El Progreso, con la firma de Silvia Iglesia, a fecha 21-5-2026:
"... para la gente de A Proba los rótulos "non teñen connotación que supoña malestar; máis ben é algo pintoresco, que chama a atención dos que veñen por aquí", indica uno de los vecinos. 
En los recovecos de Burón se esconden en placas de porcelana azul, además de los nombres de los tres revolucionarios, el de la pensadora Concepción Arenal; el del compositor Igor Stravinski; el de la primera mujer astronauta, Valentina Tereshkova; el del mariscal Zhúkov; el del exdirigente vietnamita Ho Chi Minh rebautizado como 'Oh Chi Minh'; o el del filósofo Karl Marx, entre otras muchas referencias.  
La idea partió de Enrique Fernández, un oriundo de Burón que, tras su regreso de la emigración en Barcelona, invirtió toda su fortuna en tratar de devolver a su parroquia natal el esplendor de antaño como capitalidad municipal. Para ello abrió carreteras; trajo la línea telefónica; vio —y nombró— plazas, calles y avenidas donde apenas había caminos, y se hizo con una furgoneta en la que repartía artículos de primera necesidad a bajo precio. Incluso 'programó' fiestas que, de ser reales, ocuparían todas las cabeceras: en los carteles figuraban desde la Orquesta Sinfónica de Londres hasta El Fari, Diana Ross y Tina Turner, además de Rafael Alberti como pregonero y partido entre el Dinamo de Kiev y el Estrella Roja de Belgrado. 
A su "gran" legado se refieren los buroneses cuando defienden las insignias que desde hace más de cuatro décadas penden de fachadas de viviendas particulares. "Se os veciños estivésemos descontentos poderiamos ter quitado as placas das casas, pero ninguén o fixo", sostiene otro residente.  
Y es que el nomenclátor diseñado por Fernández —quien fue homenajeado tras su fallecimiento— carece de validez administrativa y, por ende, de regulación". 

Efectivamente, lo cierto es que, además de no ser denominaciones oficiales, no todas las placas se refieren a personajes de marcado sesto político, como esta de la Plaza del Dr. Fleming. Hace años se realizaba un reconocimiento vecinal a su promotor, del que daba noticia para El Progreso del 5-6-2017 Francisco García con el título Homenaje al prócer rojo de Burón, Enrique Fernández:
"Antepoñía os intereses do pobo ao seu propio benestar", así definía este domingo Felipe Martínez, un vecino de A Pobra de Burón, la trayectoria de Enrique Fernández, un prócer rojo, simpatizante del comunismo, que soñó con devolver a su localidad natal la capitalidad del municipio, que perdió a favor de A Fonsagrada en 1839. No lo consiguió, pero su labor en su pueblo natal, del que emigró como muchos otros para volver décadas después, fue muy importante para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Burón y este domingo, poco después de su fallecimiento, se lo agradecieron descubriendo una placa con su nombre en la carretera que comunica la localidad con A Fonsagrada y que fue financiada por él mismo. 
Al acto asistió su viuda, Ángeles Campos, y sus dos hijos Martín y Daniel Fernández Campos, además de la práctica totalidad del pueblo, que con su presencia quería agradecer todo lo que hizo Enríque Fernández cuando volvió a Burón en la década de los ochenta. A él le deben los vecinos que el camino que llevaba A Fonsagrada, y que Enrique recorría todos los días en los años cuarenta para ir a la escuela, se convirtiera en una carretera y después llegó la línea telefónica y las furgonetas de reparto de alimentos frescos, que antes no podían acceder a la localidad, lo que obligaba a los vecinos a trasladarse a A Fonsagrada para comprar cualquier producto. Incluso adquirió la torre de Burón, que se encuentra en ruinas, con el objetivo de restaurarla en algún momento y conseguir que recuperase el esplendor perdido hace siglos. 
Su obsesión por Burón era tan grande que gastó una buena parte de lo ahorrado como guía turístico en Barcelona, puesto que logró por hablar varios idiomas, y estuvo al borde de la ruina en diversas ocasiones.
Secundino Fernández, uno de los organizadores del homenaje, recordó la bonhomía de Enrique y su continua preocupación por el pueblo y sus habitantes, mientras que su hijo Daniel agradeció el reconocimiento y el cariño demostrado por los vecinos hacia su padre con este homenaje. 
CALLEJERO 
La placa con el nombre de Enrique Fernández completará un callejero, elaborado y financiado por el mismo, en el que las vías tienen nombres de líderes comunistas como Lenin o Mao Tse Tung, en placas iguales que las oficiales que fueron encargadas y pagadas directamente de su bolsillo. 
Otra de las facetas de las que se ocupó varios años fue de la organización de las fiestas patronales, con unos carteles anunciadores que no tenían desperdicio. El mismo los diseñaba y, además de las orquestas reales, su imaginación le llevaba a incluir actuaciones de gran tirón como las de la Orquesta Sinfónica de Londres o una misa de Korsakov.  
Él mismo se definía como un "filántropo, polifacético y mago de la luz", que no consiguió su objetivo de arrebatar la capitalidad del municipio a A Fonsagrada, aunque llegó hasta el Archivo de Simancas, en Valladolid, para reunir documentación que respaldase sus intenciones. Sin embargo, fue un auténtico prócer de Burón y sus vecinos quisieron este domingo agradecérselo y su nombre figurará para siempre en la principal vía de acceso a la localidad".

Como hemos dicho, el Camino sube a la izquierda en esta bifurcación de calles en la Plaza del Dr. Fleming


Pegado al muro de piedra que tenemos enfrente, tenemos el siguiente mojón indicador


Por aquí sigue la cuesta a la Plaza de la Constitución, la explanada central del pueblo, donde acabaremos la subida


Estamos a 152,966 kilómetros de la Praza do Obradoiro. Paso a paso, metro a metro la distancia va disminuyendo


Cruzaremos la plaza en diagonal, en dirección al otro extremo donde, si nos fijamos, hay otro mojón más, junto al muro de la casa blanca


A la izquierda, hay hórreo de los pocos que mantienen su cubierta vegetal de teito de palla, otro de los símbolos de A Proba de Burón y elemento emblemático de su patrimonio


Como curiosidad, decir que la calle que vemos enfrente, a la derecha de esta casa, es la Avenida de Lenin, pero nosotros ya hemos dicho que vamos a la izquierda, cruzando toda la plaza hasta la casa del fondo, la de la chimenea alta, la Casa do Capador


Aquí se acaba la cuesta; la plaza es una explanada asfaltada por donde sigue el Camino y por donde se va también a la iglesia


Huerta de berzas y hórreo de teito de palla, que algunos llaman hórreo-palloza, testimonio del buen hacer de los teitadores de la zona, de los poquísimos que quedan, al ser un oficio casi en extinción


El hórreo, la huerta y la casa, separados del Camino por esta parede de piedra


Al fondo empezamos a ver la parte delantera de la iglesia de Santa María Madanela da Proba de Burón, no el mismo camino pero sí a escasos metros de él, un poco más allá de la Casa do Capador


Observamos al pasar el magnífico porte del hórreo de teito de palla, de planta cuadrada sostenido sobre cuatro pés o pegollos de madera que se yerguen a su vez encima de cuatro pilares hechos de piedras. Las muelas o louxas colocadas en horizontal sobre los cuatro pés se llaman tornarratos pues evitan que los ratones accedan al interior del granero, que era su función esencial, además de la de despensa en general


Al fondo, la casa. Sin lugar a dudas, por su escasez, se trata de una de las singularidades de esta ruta en cuanto a patrimonio se refieres


Atravesamos la explanada en dirección a la Casa do Capador: el Camino sigue a su derecha, hacia A Fortaleza, como señale el mojón que hay justo antes del cruce


Pero antes y dada su importancia y proximidad, vamos a visitar la iglesia de Santa María Madanela en un corto desvío. Además, desde su campo tenemos excelentes vistas de la subida hacia A Bastida y del barrio de Milladoiro, siendo un buen lugar descansar antes de acometer la que ya será una subida casi continua a la Serra do Hospital

VISITA A LA IGLESIA DE SANTA MARÍA MADANELA DA PROBA DE BURÓN:


Un camino hormigonado y ancho nos lleva a la iglesia, la advocación a Santa María Magdalena nos hace pensar en una posible vinculación de este templo con la malatería de San Lázaro da Bastida, pues ambos eran hermanos y sus respectivas advocaciones solían coincidir entre el hospital y su capilla-santuario


Pasamos al lado de un almacén cobertizo y subimos al campo en lo alto del promontorio sobre el que se asienta la parroquial, con excelentes vistas, insistimos, como pronto vamos a comprobar


Aquí vemos otra de las placas de El Burón Roxo, la del Paseo de la Alameda, sin más consideraciones políticas. Eso sí, sin álamos. La Xacopedia dice que la iglesia es "un templo románico del que conserva un ábside semicircular. La nave del templo está cubierta con bóveda de cañón dividida en tres tramos por arcos muy apuntados que reposan sobre pilastras anchas. El retablo del altar mayor es de origen barroco, reformado en 1855, dedicado a Santa María Madanela".


De todas maneras también recalcamos que románico sería en origen, conservando de esa época (s. XIII) su ábside semicircular, aunque también remozado, en la cabecera. Todo lo demás serían añadidos posteriores, como las espadañas o el cementerio, cuyos altos muros cierran este su recinto adosado a la pared norte de la iglesia


Efectivamente, sus dos espadañas, una sobre la portada occidental y otra sobre el espacio entre la cubierta de la nave y la cabecera o ábside, le confieren especial singularidad. Las espadañas tienen la clásica ornamentación dieciochesca de pináculos rematados en esferas


Observemos la solución de las cumbreras tanto de la nave como del tejadillo a dos aguas del portón del camposanto, echo de louxas, lajas o losetas de pizarra redondeadas y encajadas sucesivamente una tras otra


Una cruz remata el tejadillo. Fijémonos también en este poderoso contrafuerte adosado al muro del cementerio


Sobre él un, murete de piedras guarda la subida al campanario para que los campaneros toquen las campanas con seguridad


Dado que se encuentra sin revocar puede dar la impresión de que se trata de alguna estructura de la iglesia más antigua, pero en principio se trata de lo que parece un añadido para mejorar la seguridad de quienes suban al campanario


Una vista de esta espadaña delantera de frente, rematada en frontón triangular. Unas fotografías de las campanas y de sus inscripciones podemos encontrarlas en la web badaladas.gal. Observemos la ventana que da luz natural a la nave


Y en la fachada un detalle ornamental pequeño pero muy interesante


Una corona real simboliza la fundación regia de A Proba de Burón, bien por Alfonso IX, bien por Alfonso X, pero que siempre fue anhelo para Burón volver a ser territorio realengo cuando cayó en la órbita de los poderes feudales, de los que no se desprendió hasta las Cortes de Cádiz, como hemos dicho


La portada, de piedra de sillería, es sencilla, y sin mayor ornamentación, pero fijémonos en un detalle en la puerta


Un tipo de embellecedor de cerradura muy artístico y rematado en una pequeña paloma volando que puede representar al Espíritu Santo. Sin duda debe ser un trabajo de los antiguos afamados ferreiros que hubo en la zona


En esta esquina derecha, un pináculo solitario revela que, en la izquierda pudo existir otro que se eliminó al hacer el murete de protección de la subida de los campaneros. Ahora vemos la cruz que remata la espadaña, sobre su frontón triangular


Pasaremos ahora al lado sur, donde hay una entrada lateral al templo y, arriba, otras dos ventanas


Al fondo está la sacristía y, en este hermoso campo de la iglesia crece un hermoso teixo 'tejo', árbol especialmente relacionado con espacios sagrados


Este lugar es un precioso mirador hacia Milladoiro y A Bastida, antigua posesión de los caballeros hospitalarios de San Juan de Jerusalén, dependiente de su Encomienda de Portomarín una de las cinco que tuvo esta Orden en Galicia, la cual se expandió por los caminos de peregrinación de la cristiandad a partir de su Hospital de San Juan Bautista de Jerusalén


También vemos, a la derecha, la salida del pueblo por el Camino de Santiago, subiendo hacia A Bastida entre prados para luego meterse en el bosque


El Camino sale del pueblo pasando junto a la capilla de San Xosé, del siglo XVIII. Al fondo vemos las vegas del Rego de Pontetraves y una de las casas del barrio de Trambasaguas, así como espléndidas huertas


La capilla se construyó en estilo barroco dentro del recinto fortificado del castillo de A Fortaleza, de la que volvemos a ver lo poco que de ella queda en otro de los promontorios que dominan A Proba y su valle


Incluida en la Lista Roja de patrimonio español en riesgo de desaparición de Hispania Nostra, su ficha nos dice que "se trata de una torre de planta cuadrada de mampostería y cuatro alturas con un levantamiento de 15 metros. Estaba integrada en un cinturón defensivo mayor que contaba con cuatro torreones y del que se conserva principalmente la esquina noreste. La fachada este de la torre, que mira hacia la iglesia parroquial, conserva cuatro huecos fruto de transformaciones posteriores abiertos con dinteles y jambas de madera típicos de la arquitectura tradicional de la zona".


La subida desde la capilla de San Xosé, repetimos, apenas va a tener ya tregua hasta lo alto de A Sera do Hospital, cuyas cimas no vemos desde aquí. Un poco más arriba, entre los árboles, se encuentran, totalmente cubiertas de vegetación la última vez que estuvimos, las ruinas de la iglesia de San Miguel da Bastida, de origen románico y, por tanto, de los tiempos de los Hermanos o Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén


Dado que la Encomienda de Portomarín a la que pertenecía A Bastida se funda en 1158 por una concesión de Fernando II a esta orden hospitalaria, es posible que ya estuviesen presentes en Burón antes de la fundación de A Proba. Sus bienes serían desamortizados en 1836, prácticamente a la vez que esta población pierde su capitalidad y en plena Primera Guerra Carlista, cuando las partida carlista local (guerrilla), la Partida de Burón,  intentó infructuosamente tomar la nueva capital. Nos lo explica el investigador José García en Amigos de Fonsagrada:
"La primera guerra carlista se desarrolló en España entre los meses de octubre de 1833 y agosto de 1839; el origen de esta cruenta y prolongada guerra civil se halla en la contienda sucesoria entablada entre los isabelinos, partidarios de Isabel II, hija de Fernando VII, y los carlistas que apoyaban a Carlos María Isidro, hermano del rey y tío de Isabel, a quien sus seguidores consideraban el legítimo heredero de la Corona, de acuerdo con la Ley Sálica que vetaba a las mujeres para ocupar tan alta dignidad. Cuestión hereditaria aparte, entre los partidarios de uno y otro bando también existían importantes diferencias ideológicas, por cuanto los carlistas eran partidarios de una monarquía absoluta, mientras que los isabelinos (también llamados cristinos) defendían el sistema liberal que consagraba la Constitución de 1812. 
La primera guerra carlista en Galicia 
Galicia no se vio libre de esta contienda, aunque a diferencia de lo ocurrido en otras regiones, en el territorio gallego no se produjeron enfrentamientos armados entre los ejércitos de ambos bandos, ya que los carlistas nunca llegaron a disponer de un ejército propio en Galicia, aunque sí con numerosas partidas guerrilleras que actuaron por gran parte de su geografía. 
Las partidas gallegas iniciaron su actividad bélica, de forma descoordinada y por separado, tras fracasar en un proyecto de operación en la que estaba previsto que participasen todas las partidas carlistas gallegas con la que pretendían alcanzar la toma militar de la ciudad de Lugo (febrero de 1834) 
Como iba a ocurrir en otras ocasiones, la operación de Lugo no se llevó a cabo por la incomparecencia de gran parte de las partidas, varios de cuyos líderes no estaban de acuerdo con ese tipo de operativa militar mediante la utilización de un ejército regular, y sí por un despliegue de partidas, que de esa manera podrían actuar con autonomía propia en sus territorios de influencia. Entre los líderes carlistas más carismáticos, se encontraban los hermanos Juan (O Cura de Freixo) y Francisco Xavier Martínez Villaverde, quienes fueron los encargados de organizar la PARTIDA DE BURÓN: el primero, en calidad de “comandante” de la partida, esto es, como organizador y coordinador de la partida; mientras que el segundo, Francisco Xavier, un ex militar de carrera depurado en 1832, como jefe operativo de la partida. 
La “Fuensagrada”: un nido de águilas, una plaza militar pretendida por liberales y por carlistas 
Según un acreditado analista de las actividades bélicas desarrolladas en las tierras buronesas durante la primera guerra carlista, A Fonsagrada era “una plaza que (los carlistas) se obstinan en atacar básicamente porque desde aquel nido de águilas resultaba fácil a los cristinos (ejército liberal) controlar a las gentes de los valles de Burón y de Navia” 
El llamado Cura de Freixo fue el organizador de la Partida de Burón, tal como el propio cura proclama en un memorándum que envió al pretendiente carlista en 1836: Don Juan Martínez Villaverde, Arcediano de Mellid, canónigo proscrito de la SIC de Mondoñedo, y comandante de la partida carlista que bajo la denominación del Cura de Freyjo….En ese mismo documento también reconocía lo mucho que le importaba a la causa carlista que se armasen los montañeses de Burón y de toda la margen izquierda del Navia. 
Con esos presupuestos, desde el inicio de las hostilidades, la partida buronesa, reforzada con otras facciones guerrilleras de esa zona, planificó varias operaciones a realizar en 1835 con el objetivo de tomar militarmente la villa fonsagradina; dichas operaciones se quedaron en simples intentonas, saldándose con otros tantos fracasos motivados, entre otras razones de peso, por la insubordinación e indisciplina de los jefes de las facciones. 
Simultáneamente, el Gobierno constitucional y la Capitanía General de Galicia, conscientes de la importancia estratégica de la villa fonsagradina y con el fin de mantener bajo su control las tierras y de las gentes de Burón, Navia, Piquín, Oscos y Grandas, adoptaron medidas políticas y algunos acuerdos excepcionales; a saber: 
- La Villa de A Fonsagrada, en sustitución de la Puebla de Burón, pasó a convertirse en capital del ayuntamiento y del partido judicial de Fonsagrada. El primer alcalde constitucional nombrado en junio de 1834 fue un tal Pedro Rodríguez, un leal servidor de la causa isabelina quien en agosto de ese mismo año tomó la decisión de crear en la villa una milicia urbana encargada de colaborar con el ejército en la defensa de los intereses de nuestra legítima Reina Doña Isabel 
- En los dos últimos meses del año 1935, tras el incremento de las actividades bélicas de las partidas carlistas, el Capitán General de Galicia declaró el ESTADO DE GUERRA en varios partidos judiciales gallegos, incluyendo entre ellos al de Fonsagrada. En diciembre de ese año, el mismo Capitán General, Pablo Moriillo en un “artículo de oficio” ordenó la colocación en la Fonsagrada un comandante militar de la clase de jefes encargado con los competentes números de tropas de perseguir y aniquilar las facciones que existan o se formen por la parte de Asturias, cuidando especialmente que impidan la aproximación de los facciosos al camino real. 
La Capitanía General de Galicia desde el inicio de las actividades bélicas de las partidas intentó con éxito transformar a la Villa de A Fonsagrada en un fortín para evitar que las tierras de Burón pudieran ser utilizadas por los carlistas como un terreno liberado, un vivero de guerrilleros y un refugio seguro para los líderes de las partidas. En cualquier caso, se trataba de una zona con una población y un clero a quienes se les presumía afines al carlismo; un territorio montañoso y abrupto, muy deficientemente comunicado pese a tratarse de un importante cruce de caminos entre Asturias y Galicia (el camino real entre Oviedo y Lugo). 
La frustrada toma militar de A Fonsagrada: tres intentos carlistas en 1834 
1) Enero de 1835, El Cura de Freixo da el visto bueno a una operación organizada por un tal José Álvarez Pérez, caudillo de una facción carlista de la zona naviega. La acción iba a realizarse el 23 de enero y en ella iba a participar la facción del citado José Álvarez, así como la partida de Burón comandada por Francisco Xavier Martínez Villaverde. Por razones desconocidas, ni Álvarez ni su facción que, según él, iba a estar integrada por “cien hombres”, comparecieron en la fecha señalada para el ataque, motivo que obligó al Cura de Freixo a suspender la acción. 
2) El segundo intento que tenía que haberse realizado el 1 de julio de 1835 bajo la dirección del Cura de Freixo, estaba respaldado por todos los caudillos de la Partida de Burón: Francisco Xavier Martínez, José Álvarez Peña, José Ramón Soto (a) Mosteiro y Manuel Álvarez (a) Señorito o Cojo de Bullán. 
Según el memorándum redactado por el referido Cura, la partida, integrada por unos 100 hombres, llegó a concentrarse en un punto cercano a la villa fonsagradina (posiblemente en la Lagoa Seca), mientras que el destacamento militar de Fonsagrada contaba con 130 soldados, bien atrincherados en el entorno de la iglesia parroquial. 
A la vista de la desigualdad de las fuerzas contendientes y de las medidas de fortificación adoptadas por el Corregidor del Destacamento, los caudillos de la partida, se supone que bien asesorados por el Cura de Freixo, optaron por abandonar el proyecto sin llegar a entablar batalla, dirigiéndose, primero, al Cereixal – Becerrreá, donde atacaron con éxito a una unidad militar, para posteriormente retornar a las tierras buronesas, siendo sorprendidos por un destacamento militar de Lugo el 6 de julio en el lugar del Traveiro. 
3) El tercer y último intento para llevar a cabo la toma de A Fonsagrada se produjo en septiembre de 1835, aunque en este caso sí se llegó a producir un cruento enfrentamiento armado entre la partida de Burón y las “columnas del Catón de Fuensagrada”, al frente de las cuales se encontraba un eficaz comandante militar, el coronel Ignacio Acha. El resultado de este enfrentamiento fue favorable a la causa isabelina, si hacemos caso a un parte militar firmado por el referido coronel Acha el día 3 de septiembre, donde se puede leer lo siguiente: al fin hoy he visto la cara a los facciosos de Burón, una completa dispersión con ocho muertos vistos, muchos heridos, dos caballos muertos y otros cuatro cogidos, incluida la yegua del cabecilla Evangelista, muchas armas y otros efectos…ha sido el resultado. 
Según la versión de estos mismos hechos, elaborada por el Cura de Freixo en el mencionado memorándum, el resultado final de este ataque no fue, precisamente, el que describe el coronel isabelino, ya que el destacamento a sus órdenes, tras hostigar a la partida que se encontraba concentrada a más de media legua de la villa, se encerró en su principal fuerte que era la iglesia, rodeada con parapetos y un tambor que le contribuían mucho a su defensa: la mayor parte de los urbanos (milicia urbana no militar) habían escapado a poco de principiarse el fuego y los pocos que se mantuvieron firmes se encerraron en el fuerte y allí se mantuvieron unos y otros; el enemigo perdió en este encuentro doce hombres….El corregidor y los más exaltados se habían fuga mucho antes de trabarse la contienda, M hermano tuvo dos muertos, un herido y un caballo muerto; Álvarez Pérez tuvo un muerto. 
En cualquier caso, el Cura de Freixo no se sentía muy orgulloso de esta refriega ya que concluye su informe afirmando que esta jornada ventajosa al parecer no lo fue en realidad: Burón se quedó como estaba con su corregidor y su destacamento que bien reforzado en breves días hizo muchos estragos en el país 
El destino final de los líderes de la Partida de Burón: 
- El Cura de Freixo se exilió en San Juan de Luz (Francia) donde residía la corte del Pretendiente Carlos María Isidro. Falleció de muerte natural en esa ciudad francesa en febrero de 1843. El alias utilizado por este sacerdote se debe a su estancia en las tierras de Burón, ya que fue párroco de San Lorenzo de Degolada y de sus unidades anexas de San Xoan de la Lastra y de San Julián de Freixo durante una larga etapa, entre losaños 1813 y 1824 
- Francisco Xavier Martínez Villaverde falleció en una acción armada el 30 de mayo de 1836 en las proximidades de la ciudad de Lugo. 
- José Ramón González Soto (a) Mosteiro y Evangelista, era natural de Mosteiro – Navia de Suarna, fue apresado en un operativo en las proximidades de A Fonsagrada el 5 de octubre de 1838; sería ajusticiado en la Puebla de Burón y su cadáver expuesto como trofeo militar en la iglesia del pueblo. 
- Manuel Álvarez Fernández, natural de Bullán – Becerreá, conocido por los alias de Señorito o Cojo de Bullán; falleció en un enfrentamiento armado que sostuvo con las tropas fonsagradinas el 16 de marzo de 1837 en la localidad de Xestoso".

Bajo nosotros, Casa Paradiñas, con otro hórreo de notable interés, de cubierta a cuatro aguas y de pizarra. Paradiñas es como se conoce a Antonio Fernández Rodríguez, O home do tempo de Burón, como le llama también Nieves Neira en El Progreso del 12-2-2020 (traducimos 'libremente' de aquella manera):
"Antonio Fernández sabe interpretar las previsiones meteorológicas de todo el año y calcular el mejor momento para podar árboles, cortarse el pelo o limpiar la vegetación. A sus más de 90 años, gracias a su excelente memoria, es capaz de recitar en rima todos los detalles del calendario. 
Cualquiera que tenga la suerte de conocer a Antonio Fernández puede predecir el tiempo de todo el año. «Hoy estamos en el *resorte* de febrero», dijo durante aquella primera conversación en su casa de A Proba de Burón. Era el 14 de enero. Tal como le enseñó su abuelo de Sequeiro, los primeros 24 días del calendario determinan el tiempo de los doce meses. El primer día corresponde a enero; el segundo, a febrero; el tercero, a marzo... y así sucesivamente hasta diciembre. Este cómputo inicial se denomina *sorte* (suerte). Pero como nada en el mundo permanece estático —y menos aún el clima—, a la *sorte* le sigue el *resorte* (contrasuerte), que abarca del 13 al 24 de enero. Para saber qué nos depara febrero, por ejemplo, habría que calcular un promedio entre el día 2 —que fue soleado— y el 14, que fue ventoso. En cualquier caso, como él comenta ahora —ya bien entrado este mes que nos tiene a todos desconcertados, aunque en su cocina todo parezca estar en orden—: «febreiro, frebas dá. E se non é á entrada, á saída o recordará». (Febrero trae sus rachas de frío intenso; si no al principio, te lo recordará al final): 
Carmen, su esposa, sonríe de vez en cuando mientras escucha a su marido desde el banco junto a la chimenea: «siempre tan ingenioso», comenta ella. Él muestra la leña antes de echarla a las llamas. «Es roble y tiene tres años, pero está en muy buen estado porque se cortó en fase de luna menguante; si se hubiera cortado en luna creciente, a estas alturas la corteza ya se estaría desprendiendo», explica. «La luna influye enormemente en la madera», afirma. No es nada que los mayores de su tierra no supieran ya. «Sabían elegir bien la luna», señala, observando los soportes de sauce que aún sostienen el hórreo en el corral, una estructura que él calcula que tiene doscientos años de antigüedad. Antonio supera los noventa años. Sin duda, las estrellas también acertaron con él. 
EL CABELLO DE LA LUNA. A los ojos de la luna, los humanos somos como árboles. El cabello tarda más en volver a crecer si se corta durante la luna menguante, pero rebrota con más fuerza, asegura él. Lo mismo ocurre con los manzanos del huerto. Y con las estacas de abedul para las judías: «si se cortan en luna creciente, estas varas —que no son más que albura— no duran más de dos años; sin embargo, estas llevan ya siete», aclara. Los niños son «concebidos» en luna creciente y las niñas en menguante, y no salen del vientre materno hasta que la luna está llena. 
«¡Cuánto sabe Antonio! ¡Sabe cuándo plantar ajos, cebollas y berzas para que no se espiguen! ¡Y qué memoria tiene!», comenta el vecino que les visita en esta mañana de febrero. «Repaso mi lista mental por las noches», dice el hombre, que presume de conocer los apellidos asociados a cada casa de Burón —y de poseer una memoria verdaderamente impresionante—. Y de memoria sabe que "cando chega a nebra a Padrón, e dá a volta ata Navia, sol que rabia. E se baixa a Burón, auga a trombón" o que "cando o Muradal pon o capelo, os outros tesos tremen co medo, menos o Montouto, que pode poñer outro", relata, explicando que ese «capelo» es, en este caso, un sombrero de niebla. 
Un hombre de tal sabiduría habla de sus maestros. Aprendió estos dichos de un anciano de Mourisco. Recuerda vívidamente los conocimientos sobre la luna que le transmitió un médico durante la guerra. Se acuerda de la vecina de Burón que una vez puso sesenta remiendos a su falda. Habla de su padre —«un zurdo de mano muy segura» que trabajó en la industria maderera en Cuba y le enseñó «las tres formas en que puede caer un árbol»— y de su abuelo, que era zuequero. Ahora son sus nietos quienes aprenden de él. Sean o no conscientes de ello, empiezan a comprender que hay algo certero en la manera misma en que él mira a la luna".

Al otro lado del valle del Rego de Pontetraves, afluente del río da Proba, vemos la Casa da Bastida, de apartamentos rurales, prácticamente el único alojamiento que hay en esta ruta buronesa, no orientado precisamente al tipo albergue o pequeña pensión que suelen emplear los peregrinos pero de los que sabemos que, los que aquí estuvieron, fueron gustosamente recibidos. Un poco a la derecha, entre los árboles, estaba la iglesia de San Miguel da Bastida, la cual no se reconstruyó sino que se hizo nueva en Xestoso de Riba, uno de los barrios de la parroquia, por alguna de cuyas casas, aunque no por la iglesia, pasará el Camino


Hemos de decir que Paradiñas fue además maestro en A Proba de Burón, y en homenaje a esta faceta le entrevistan Uxía Carrera y M. Fernández para el periódico La Voz de Galicia del 18-3-2023 y en la que relata, además, buena parte de su biografía:
"Reducir la población analfabeta en el rural de Lugo de principios del siglos pasado fue un mérito que estuvo en manos de vecinos que decidieron recorrerse las aldeas enseñando lo básico a pequeños grupos de niños. Empezaron cobrando en ferrados, sobre todo de centeno,y terminaron haciéndolo gratis o recibiendo una escasa compensación metálica. Una de esas figuras fue Antonio Fernández, de A Fonsagrada, que heredó el modelo de enseñanza de las escuelas de ferrado, aunque en su época ya pagaban «con cartos ou tamén con patacas». A sus 94 años, recuerda que «dábame pena que moitos quedasen analfabetos». 
 La historia de Antonio «élle moi larga», adelanta. Nació en 1928 en A Pobra de Burón, la antigua capitalidad de A Fonsagrada. Toda su vida se dedicó al campo, incluso desde niño. En aquel momento, no se podía acudir a la escuela hasta los siete años. En la aldea donde nació ya había un colegio oficial, a diferencia de en gran parte del amplio concello. Estudió en aquella escuela hasta que tuvo que hacer el servicio militar obligatorio. 
«Cheguei a sarxento e na mili aprendín moito de outros compañeiros», asegura. En la materia que más maña demostró fue en las matemáticas, lo que le llevó a discusiones —amigables— con otro coronel. «El facía o cálculo co número pi 3,14 e eu 3,1416 porque así mo ensinaran», recuerda. Fernández podría haber continuado en el mundo militar, pero en Galicia tenía un «porvir» que no iba a conseguir ahí: «Non estar subordinado». 

De sustituto a particular

 Lo que marcó la vida de Antonio fue su capacidad para aprender rápido. Sin título ni formación oficial, cuando regresó de la mili con apenas 18 años se hizo «escolante». «Había moito nenos que non podían ir á escola oficial porque os pais non podían pagala», recuerda. Y este lucense no quería ver como muchos vecinos seguían siendo analfabetos

Lo primero que hizo fue sustituir aun compañero en una escuela oficial. Después, compaginó la labor en el campo con las clases particulares que él ofrecía de manera extraoficial, es decir, también fuera del poder eclesiástico. La escuela la llevaba a cuestas, ya que su modo de trabajo era acudir por temporadas a una aldea concreta donde una familia o un grupo de vecinos acordaba con él que diese clase a sus hijos.

Fernández pasaba un par de años yendo a la mejor casa del pueblo para enseñar a leer y a escribir, y algo de matemáticas. Cada uno de los padres pagaba por su hijo. «Non estaba moi ben pagado, pero eu era o único mestre que había fóra das escolas oficiais». 

El veterano maestro fonsagradino asegura que, algunas veces no ganaba nada, otras la familia le daba lo que podía en especie y después comenzaron a pagarle en metálico. A Fonsagrada fue uno de los municipios lucense donde más se extendieron las escuelas de ferrado. Antonio relata que en «ferradas» de trigo o centeno cobraban las generaciones anteriores a él de maestros. Lo cierto es que en la provincia de Lugo, el pago en especie desapareció antes que en otras zonas de Galicia, como A Coruña. Eso sí, por cada niño que recibía clase pagaban la cantidad equivalente el precio que tenía el ferrado de centeno en la feria. «Cando eu comecei de mozo, aínda se veía nalgunhas aldeas o pago, por exemplo, en patacas», recuerda. 

Clases de noche con un candil de carburo

Para compaginar su faceta de labriego con la de maestro, Antonio Fernández comenzó dando clases por las noches, durante una hora y media. «Aquí chegou a luz eléctrica nas Navidades do ano 1940, e mira que fomos bastante adiantamos», recuerda. Aun así, el fonsagradino confiesa que todavía dio clases a algunos niño con un candil de carburo. No veía en la escuela ni tampoco a veces en el camino. «Tiña que camiñar de noite dous ou tres quilómetros ata chegar á aldea».

Aunque el escolante también dio clase de día para alguna de las familias que así lo pedía. «En Xestoso de Riba din clases de ía, se había un neno ía un día, se había dous nenos, dous días...». También en Paradanova dio clases a los niños de toda una familia e incluso se quedaba a dormir con ellos. «As días máis novan acabaron sendo maestras». Antonio todavía se acuerda de todos sus alumnos: «Aos que me parecían máis intelixentes gustábame levarlle caramelos».

Los medios con los que contaba, a diferencia de las escuelas oficiales, eran los mínimos. «Tiña collido cabeceiras de camas vellas que tiñan un cuadro de castaño ben limpo para escribir neles con tiza, así podíamos plantexar un problema». Al principio, no tenía ni libros ni material. 

Antonio cree que el secreto era que «sempre me gustou moito ler». De hecho, a sus 94 años todavía recibe agradecido los libros regalados de sus amigos que le llegan desde toda la provincia. «Perdín moita vista», lamento. Lo que sí le gusta ver es cómo ayudó a alfabetizar a cientos de sus vecinos.

La provincia de Lugo fue el principal escenario de los "escolantes"

La historia de maestros como Antonio Fernández se dio principalmente en las provincias de Lugo y Ourense. Según recoge el investigador lucense Narciso de Gabriel, en su publicación Escolantes e escolas de ferrado, en 1865 había en la provincia 457 de las denominadas como «escuelas privadas temporales». Los «escolantes» no eran más que los vecinos mejor formados que decidían enseñar a aquellos que no podían ir a la escuela privada. Algunos establecían su propio local, muchos en su casa, y otros eran ambulantes e iban a cada una de las aldeas. Coexistían las escuelas pagadas en metálico con las pagadas en especie, que en Lugo desaparecieron en el siglo XX. La más demandada era el centeno, seguida del trigo o el maíz. Se pagaba por niño y por temporada.

La mayoría de estos maestros compaginaban la enseñanza con otra actividad principal, la mayoría como labradores. La utilizaban como complemento económico a los beneficios que les daba el campo. El propio calendario escolar estaba condicionado al calendario agrícola. Era una actividad casi exclusiva de hombres, aunque en los últimos años también hubo maestras. Incluso los alumnos eran mayoritariamente niños.Lo que comenzó como escuelas de ferrado por su método de pago continuó con el mismo método, pero pagado en metálico, hasta los años 70. Con la aparición de escuelas públicas y accesibles fueron desapareciendo. Su enseñanza llegó hasta las casas donde nunca podría haber entrado un libro, por razones económicas —por eso pagaban en especie— o también de territorio. «Algúns nenos estaban a oito quilómetros da escola máis próxima, como ían camiñar tanto!», apunta el fonsagradino Antonio Fernández".



Antonio Fernández Rodríguez Paradiñas me contaba que en el barrio de Milladoiro, que vemos parcialmente desde aquí, se 'certificaba' a los peregrinos que pasaban por esta ruta, lo que, añadido a que también decía haber conocido el montón de piedras, depositadas según antiquísimas tradiciones por los peregrinos a su paso, y que dio nombre al barrio, nos hace pensar en que hubo de ser parte tal vez del camino original, o de otro ramal


Lo cierto es que existe un buen Camino desde Milladoiro hacia A Bastida, siendo acceso rodado a los apartamentos de turismo rural y que el barrio tuvo su importancia. Fonsaweb nos cuenta que ahí están Casa Benigno, Casa de Alexos, Casa de Boucilla, Casa de Chancreiro, Casa de Fábrica (¿la antigua mantequera?), Casa de Milio, Casa de Nino, Casa de Ovidio, Casa de Pardo, Casa de Valdomuiño y Casa Grande


Especial relevancia tiene la llamada Casa das Casoas y Torre do concello, de la que compartimos asimismo su pormenorizada descripción en Fonsaweb:
"Un conjunto de edificación rural compuesto por una casa de planta rectangular y una torre, ambas adosadas entre sí. La casa: debido a la inclinación del terreno, se accede directamente a la vivienda situada en la primera planta, mientras que las cuadras se ubican en la planta baja. Los muros son de mampostería de esquisto; destaca especialmente el dintel de la puerta de la cuadra, que presenta un sencillo arco de descarga. Cuenta con un tejado a dos aguas cubierto de pizarra. Junto con la torre, sirvió en su día como cárcel. La torre: presenta una planta cuadrada de 6,5 metros de lado. Los muros son de mampostería de esquisto, y los vanos están enmarcados con sillares de granito de mayor tamaño. Posee un tejado a cuatro aguas cubierto de pizarra. La torre es la parte más antigua del conjunto".

Por los bosques de la izquierda comunica con A Fonsagrada, la capital del concello, la carretera LU-740, que pasa junto al camping. A la derecha es el Monte de Cotos (758 m) y, a lo lejos, al sur, los altos de O Padrón, paso del camino fonsagradino y antiguo enclave que también fue de la Orden de Malta y San Juan de Jerusalén, que parece no quería dejar sin su presencia ninguna de las dos vías 


A la sombra del teixo es un buen lugar para descansar en este banco corrido adosado al murete de piedras que separa el campo de la iglesia de la caída hacia el camino que pasa frente a Casa Paradiñas


Vamos a ir ahora hacia la sacristía, elemento que se añadió a este lado meridional del templo, entre la nave y el ábside semicircular de la cabecera


El muro, del campo de la iglesia, aquí reconstruido, es un hermoso mirador sobre el valle del río da Proba, corazón histórico de la antigua Terra de Burón, cuyos señores siempre quisieron ver antiguas glorias heráldicas en leyendas como la de Juan Osorio, dueño de estas tierra que habría luchado con Don Pelayo en Covadonga, como reseña el historiador Amor Meilán


Llegamos al final del muro y llegamos al camino que comunica la iglesia con Casa Paradiñas. Por esta zona habría estado la antigua escuela


Y sobre el camino, en el que nosotros iremos a la izquierda, para ver el ábside, se yergue un soberbio manzano


Desde aquí tenemos otra vista de otro sector del valle, precisamente por donde hemos venido: ahí abajo tenemos el camino que comunica A Proba de Burón con la LU-740 por A Cruz Nova. Nosotros hemos salido a él ahí en medio de la vega, antes de cruzar el puente, tras acabar de bajar por los bosques de la derecha en la Casa da Ponte


La sacristía, encajada adosada entre la nave de la iglesia y el ábside semicircular. Estas dependencias, si bien ya se añadían a los templos entre los siglos XIII y XVI, alcanzaron mayor profusión tras el Concilio de Trento y sus nuevas disposiciones litúrgicas, como lugar donde los párrocos se preparan, oran y visten antes de las celebraciones religiosas, además de ser donde se guardan elementos como cálices, copones, libros religiosos, hábitos y hostias sin consagrar


Tenemos desde aquí una encantadora vista de la iglesia con su campo y tejo, árbol de la vida por estar siempre verde al no ser de hoja caduca, de la muerte por la alta toxicidad de sus componentes, y de la eternidad por su longevidad, todo un simbolismo aplicado en su presencia en lugares sacros


Otro ventanuco en la sacristía. Su sensación interior se estipula fuese de limpieza, solemnidad y recogimiento, de lo que se hacía responsable un sacristán. Aquí se guardaban además los libros parroquiales y otros documentos y se lavaban los elementos litúrgicos en una pileta especial, el sacrarium


Solían estar, como esta, lo más cerca posible del altar mayor, donde el párroco oficia la misa, de ahí su añadido a la misma cabecera


Sin duda, al añadirse la sacristía, se reformó el ábside románico, lo que no quita que se hubiese hecho más veces, antes o después. No se conservan canecillos ni ventanas decoradas ni con las típicas formas de arcos de medio punto de la época


Pero una línea de piedras sin cincelar, a manera de antiguos canecillos, delata la que fue su altura original antes de que se procediese a su recrecido


Ha desaparecido la ventana central que solían tener estas cabeceras, por la cual entraba al altar la luz del sol del amanecer y la mañana temprana. Es posible que se estimase innecesaria cuando se colocó el retablo en época barroca


Sigue a la derecha la línea de piedras que, colocadas de canto, muestran lo que fue el antiguo tamaño de la cabecera


Es muy posible que, en sustitución de la ventana central románica del ábside se abriesen estos pequeños ventanucos laterales abocinados que diesen alto de luz natural al altar mayo, evitando una total penumbra


Arriba, la otra espadaña de la iglesia, de un solo vano para una sola campana


Hemos dado así toda la vuelta alrededor de la iglesia y, bordeando el muro del cementerio, nos disponemos a retomar el Camino


Desde aquí tenemos una muy sugerente vista de A Fortaleza, con el monte A Roxiña o Lomba da Roxiña (802 m) al fondo, al noroeste


Más a la izquierda son los montes de A Cruz (857 m) y Chao de Pruída (882 m), así como la boscosa subida a A Bastida


Si no los condes, sí sus representantes, tendrían un control total sobre la población y sus accesos, incluyendo quién o qué entraba, salía o por sus rúas se movía
 

Desde los pisos más altos se llega a ver incluso algo del camino fonsagradino por la zona de O Padrón. No es difícil que a veces mirasen inquietos el trasiego de gentes y mercancías por el trazado de su 'competencia'


Como se ha dicho, los grandes vanos de las ventanas no son originales de la torre sino que estos se abrieron cuando se empleó como vivienda en el siglo XX, cuando más se deterioró el conjunto


Regresamos de vuelta a la Plaza de la Constitución, en medio de O Chao, barrio principal de este histórico pueblo caminero que fue escenario cinematográfico al rodarse aquí parte de la película Romasanta. La caza de la bestia, dirigida por Paco Plaza y estrenada en 2004, en la que se recrea la impactante historia del Hombre lobo de Allariz, Manuel Blanco Romasanta, afectado de licantropía que cometió graves crímenes a mediados del siglo XIX, con la participación de estrellas del celuloide como Elsa Pataky y Julian Sands


 El hombre lobo llega a A Fonsagrada, era como titulaba, muy sugerentemente, su crónica de la filmación María Cuadrado para La Voz de Galicia del 12-8-2003:

"A cuarenta grados no es fácil soportar un rodaje y menos cuando la intención del director es la de disfrutar de la siempre fresca Galicia. Paco Plaza vivió ayer un día intenso en medio de un campo de centeno del coto de caza de Pobra do Burón, en A Fonsagrada (Lugo). Lleva varios días rodando en tierra gallega, en Sarria y O Incio, para llevarse a Cataluña exteriores que le permitan revivir en película la historia encarnada por Manuel Blanco Romasanta, protagonizada por el actor Julian Sands y la actriz Elsa Pataky, y producida por Filmax. Leandro Quintana es figurante. A sus 70 años reconoce que es toda una aventura, pero insiste en que pasó la selección del cásting «por saber montar a cabalo coma un profesional». Como para el resto de los miembros del equipo, su día jornada comenzó a las siete y media de la mañana. Cinco horas después, el rodaje en exteriores continuaba en el lugar de A Ermida, donde el director supervisó las tomas desde una carpa de tela, acorde con el paisaje. A la orden de «Silencio aquí por favor», discurrió la grabación en parajes tan aislados que obligan al equipo a disponer de servicio técnico, de vestuario y de transporte en un campo próximo. De la comida se encarga Miguel, sorprendido del calor y cansado de limpiar continuamente el polvo de los platos. Sólo las bebidas frías y una máquina de sulfatar ayudan a sobrellevar el calor, insoportable para quienes visten trajes de época complementados con gruesas medias, zuecos o zapatos de cuero. Entre secuencia y secuencia, Elsa Pataky se guarece bajo un paraguas familiar en tonos ocre. En un momento de descanso atiende a la prensa y confiesa la fascinación que siente por su personaje, Bárbara García, hermana de la novia de Romasanta, el hombre lobo gallego. Asegura que rodar en pueblos prácticamente deshabitados le ayuda a concentrarse en su papel «un paso más en mi trayectoria cinematográfica». El protagonista, Julian Sands, al que acompaña un traductor, cree que el proyecto es apasionante y que lo más llamativo es que el personaje se mueve entre la ficción y la realidad. Esta observación la respalda el director, Paco Plaza, que espera «poder devolverle las pesadillas de joven a mi madre, que es de Guitiriz». Insiste en que la declaración de Manuel Blanco en el juicio inspiró su película. «Este proyecto implicaba venir a rodar aquí; en el resto de España no encuentras unos parajes similares a éstos. Además, el paisaje gallego se presta a la imaginación», aseguró el director de la película..."

Aunque basada en un personaje real, Manuelo Blanco Romasanta, el hombre-lobo de Allariz, la película, no obstante, difiere en muchos puntos de lo que realmente sucedió e incluso, se incorporan personajes que no existieron. No obstante, dado su interés para la historia del lugar, compartimos su argumento de Filmax...
"Galicia, 1850. Los bosques están plagados de lobos. Cada vez son más los desaparecidos. Los cadáveres mutilados presentan heridas salvajes junto a incisiones propias de un cirujano. Esa contradicción aterroriza a los aldeanos que no se atreven a cruzar los bosques. La leyenda del hombre lobo se expande. 
Bárbara y su hermana Josefa viven en una casa en mitad del bosque. Solo cuando llega Manuel, un vendedor ambulante y amante de Josefa, de quién Bárbara está secretamente enamorada, se sienten a salvo. 
Manuel acompaña a Josefa a la ciudad. Cuando regresa entre él y Bárbara surge una desgarradora historia de amor. Pero la sospecha de que su hermana nunca llegó a la ciudad se apodera de Bárbara ¿Por qué Manuel es el único que no teme cruzar el bosque? ¿Qué secreto esconde su viejo carromato?. La sospecha se convierte en certeza: Manuel es el hombre lobo al que todos temen. La felicidad se convierte en el más puro horror. El amor en odio. Y el deseo en venganza. Bárbara es capaz de todo por acabar con él. 
Manuel es capturado. En su defensa afirma ser víctima de una maldición que le convertía en hombre lobo. La sociedad se divide en dos. Mientras los aldeanos temen que sus crímenes queden impunes, los burgueses, capitaneados por Mr.Philips, un reputado antropólogo criminal, justifican sus actos al considerarle licántropo. 
Pero ¿quién es realmente Manuel? ¿un asesino? ¿un hombre lobo? ¿o un licántropo?. Manuel es el único que sabe la verdad. 
La película está basada en la historia real de Manuel Blanco Romasanta, el vendedor ambulante que confesó haber matado a trece personas y utilizado su grasa para hacer jabón. Romasanta fue juzgado en Allaríz en 1852 y evitó la condena a muerte alegando que en realidad era un hombre-lobo. Bárbara fue la única superviviente de cuatro hermanas. 
Estreno: 12 de mayo de 2004"

Y este, es el cartel de la película, de la que también deseamos compartir lo que nos explica la Wikipedia respecto tanto a su sinopsis como a las partes no históricas, premios y la novela (no documentos oficiales del proceso) en la que se basó:
"Romasanta (Romasanta, la caza de la bestia en Argentina/España) es una película hispano-italiana y británica de terror de 2004 dirigida por Paco Plaza y protagonizada por Julian Sands, Elsa Pataky y John Sharian. 
El filme está basado en la novela de Alfredo Conde, cuyo argumento está a su vez basado en la historia real de Manuel Blanco Romasanta, conocido como «El Hombre Lobo de Allariz». Se rodó entre el 28 de julio y el 29 de septiembre de 2003 en diversas localidades de Barcelona y Galicia. 
Sinopsis 
La historia está ambientada en un pueblo de Galicia en 1850. Bárbara (Pataky) y su hermana Josefa viven en mitad del bosque. No se atreven a salir debido a los asesinatos masivos que ocurren en la zona, debido a los cuales la leyenda de un hombre lobo se expande. Un día llega un vendedor ambulante llamado Manuel Blanco Romasanta (Sands), amante de Josefa, del que Bárbara está enamorada en secreto. Romasanta acompaña a Josefa a la ciudad, pero ésta nunca llegará a su destino. Y es que, al parecer, Romasanta es el hombre lobo al que todos temen. 
Cuando finalmente es capturado, alega en su defensa que es víctima de una terrible maldición. La sociedad se divide: de una parte, los aldeanos exigen que se castigue a Romasanta, mientras los burgueses, con un reputado antropólogo al frente, justifican sus actos al considerar que padece la licantropía en forma de enfermedad mental. 
Relación entre ficción y los hechos históricos 
La historia narrada en la película ofrece muchas diferencias con la auténtica vida y muerte de Manuel (o Manuela) Blanco Romasanta. Comenzando por el físico del personaje (que según los testimonios, no llegaba siquiera a medir 140 cm); la historia de los crímenes que cometió (con la inclusión en la película del personaje de Bárbara, que no existió en la vida real); su detención y, finalmente, la muerte del criminal (entonces aún se ignoraba la causa real del fallecimiento, pero en ningún caso sucedió como en la película). 
Premios 
Premio al mejor director en el Festival de Cine de Málaga. 
Nominado a los Premios Goya 2004 a la Mejor fotografía y mejores efectos especiales".

Sin lobishomes a la vista, admiramos esta entrañable estampa de las casas de A Proba dispuestas alrededor de la plaza, presidida por el hórreo de teito de palla


Y ahí tenemos el hito jacobita que nos indica continuar ruta, yendo ahora a la izquierda...

SIGUIENDO CAMINO POR A PROBA DE BURÓN:


El Camino, ahora de hormigón, pasa delante de la Casa do Capador, cuyo nombre leemos pintado en una sierra de tronzón (de dos personas), colocada en la fachada y a la izquierda de la entrada, a un nivel superior esta que el Camino, que baja por este callejón


Una espesa y bella para escribe sobre el muro de piedra de la casa a la derecha


Tras una corta bajada la rúa se hace llana al pasar entre un grupo de casas, entre las que luce un muy llamativo hórreo


Y a la derecha, encima de este garaje, asoman de nuevo las dos plantas superiores, o la pared que queda de ellas, de A Fortaleza


Otra encantadora casa labrega de estilo tradicional rehabilitado, con la cuadra abajo y arriba la vivienda


El hórreo es muy llamativo y tal parece la reforma de uno más antiguo, con placas de pizarra gris y otras en rojo entre listones en blanco, así como ventanas de cristales. El tejado conserva su estructura de louxas y a cuatro aguas


Esta misma traza, igual en unos casos y en otros parecida, existe en otros hórreos de este mismo concello de A Fonsagrada, por lo que es posible que estas reformas las acometiese el mismo taller: Llencias (Suarna), Vilar de Sucarral (Vieiro), Vilarello (Neiro), Penamaría (A Trapa)...


Fijémonos abajo en los pés o pegollos, colocados sobre pilares-pedestales


Pintados de rojo y blanco, al lado de ellos se apila la leña y, el espacio debajo del hórreo se destina a mesas y columpios


Constituye un buen lugar para solazarse llueva o haga sol


Se guardan aperos, se tiende la ropa...


Enlazamos con otro camino y seguimos a la izquierda. Aquí empezaría el desaparecido lienzo amurallado del viejo castillo que, como otros tantos, languideció al perder validez como baluarte, derruyéndose sus muros y siendo aprovechadas sus piedras como cantera pública 


Es muy fácil, por tanto, que estas casas, cuadras y muros se hayan construido aprovechando materiales del castillo y de su muralla exterior


El Camino efectivamente, sigue a la izquierda, pero ya que estamos aquí vamos a subir un momento hasta la torre, desviándonos un instante para tomar el camino de tierra que tenemos enfrente, entre estas casas y a la derecha

VISITANDO A FORTALEZA:


Una suave cuesta de hierba y piedra crece entre los restos de lo que fue un antiguo empedrado. Echando a volar la imaginación, nos figuramos que aquí, frente a esta encrucijada, estuviese la puerta, o una de las puertas, de la desaparecida muralla


No hemos encontrado ninguna recreación de cómo podría haber sido ese castillo con sus torreones y murallas, por lo que solamente nos queda eso, la imaginación, para figurárnoslo, así como el contexto en el que se construyó, cuando esta, como otras pueblas y territorios de realengo volvieron a caer en la órbita señorial del vasallaje feudal, como quedó claramente reflejado por los representantes del estamento popular en las Cortes de Burgos de 1373, donde, aunque Galicia no se encontraba representadas en ellas, se denunciaba:
 «... algunos rricos omes e cavalleros e escuderos de nuestro rregnos que comarcaran con algunas fibdades e villas e logares e que les fazian suyos, e otrosi que fazian nueva mente casas fuertes en peijuizio de los vezinos de las dichas cibdades e villas e lugares»

Las viejas piedras de casas y cuadras guardan el testimonio de todos aquellos siglos pasados, de esplendor y decadencia de A Proba de Burón. "Los restos de lo que fue una buena fortaleza de hasta cuatro torreones languidecen en el centro de la aldea de O Chao. Poco queda de este castillo que en la actualidad está en manos privadas y por ello no es visitable", informan en Galicia Máxica


Y continúan explicando que solamente se conserva esto, "parte de una de sus torres, que se encuentra en un estado deplorable. Esta se levanta unos 15 metros y en su origen contaba con tres plantas", siendo muy posible, a la vista está, que continúe desmoronándose aún más de no ponerse remedio alguno


Crecen hierbas, hiedra y vegetación, todo un bosquete de árboles. Vamos a acercarnos un poco más hasta donde buenamente podamos mientras nos cuentan también de su historia en Fonsaweb:
"Esta es la torre del antiguo castillo; actualmente, solo permanece en pie una pequeña sección de la torre del homenaje. Sus gruesos muros constan de dos paramentos exteriores de mampostería de esquisto y un núcleo de cascotes y argamasa de arcilla encalada. 
La torre fue reconstruida por la familia Moscoso tras la Revuelta Irmandiña. 
Las fuentes documentales indican que el complejo del castillo contaba originalmente con varias torres. Etimológicamente, el término «Burón» deriva del latín «Burun», que aparece en los itinerarios romanos. 
Entre 1480 y 1485, los habitantes de Burón emprendieron una acción legal contra doña Urraca, alegando que les imponía tributos excesivos. En 1490, la Real Chancillería de Valladolid dictó sentencia obligándoles a pagar 12.000 maravedís anuales, prestar un día de servicio al año en la fortaleza de Pobra de Burón, acudir a la llamada a las armas cuando fueran convocados y realizar diversas entregas de ganado. Esta sentencia fue confirmada por los Reyes Católicos mediante un decreto ejecutivo que obligaba al municipio a realizar el pago. 
Con este litigio, doña Urraca pretendía resarcirse de las pérdidas sufridas durante la Revuelta Irmandiña, en la que participaron unos 10.000 hombres de Burón y Navia —liderados por Pedro Osorio—, quienes destruyeron la fortaleza que posteriormente hubo de ser reconstruida. 
Protegido bajo la declaración genérica del Decreto del 22 de abril de 1949 y la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español".

Sigue subiendo la senda de verde hierba camino de la torre superviviente de A Fortaleza, de la que escribe Silvia Iglesia en El Progreso del 31-7-2025 con motivo de su inclusión en la Lista Roja de patrimonio amenazado:
"La torre, de planta cuadrada de mampostería, fue destruida y posteriormente reedificada tras las Revoltas Irmandiñas del siglo XV. Ya en el siglo XVIII se construiría dentro de su perímetro defensivo la capilla barroca de San Xosé. 
La edificación, de titularidad privada, catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y cuyas referencias se remontan a escritos datados en el año 1467, es de cuatro alturas y unos 15 metros. 
Según señala Hispania Nostra, estaba integrada en un cinto defensivo mayor que contaba con cuatro torreones. De él solo se conserva la esquina noreste. 
La torre, de planta cuadrada de mampostería, fue destruida y posteriormente reedificada tras las Revoltas Irmandiñas del siglo XV. Ya en el siglo XVIII se construiría dentro de su perímetro defensivo la capilla barroca de San Xosé. 
La edificación, de titularidad privada, catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC) y cuyas referencias se remontan a escritos datados en el año 1467, es de cuatro alturas y unos 15 metros. 
Según señala Hispania Nostra, estaba integrada en un cinto defensivo mayor que contaba con cuatro torreones. De él solo se conserva la esquina noreste. 
El mal estado que presenta la fortaleza, enclavada en medio de las casas que conforman el núcleo de A Proba de Burón, ya fue motivo de alerta por parte de colectivos y particulares. Así, su presencia se integra en un singular conjunto histórico y arquitectónico conocido además por su curioso callejero, formado por nombres de diversos mandatarios y pensadores comunistas, desde Lenin hasta Mao Tse-Tung, o de célebres personajes rusos, como la primera mujer en viajar al espacio, Valentina Tereshkova.

En Castillos y fortalezas medievales de España se nos destaca que la mayor destrucción de este conjunto de A Fortaleza aconteció ya muy entrado el siglo XX:
El castillo de Pobra de Burón ya existía en 1467 cuando fue atacado por los Irmandiños mandados por Pedro de Osorio. En 1490 pertenecía a Dña. Urraca de Moscoso, que obligó a los vecinos a reparar los daños causados por los Irmandiños. En 1559 pertenecía al Conde de Altamira. 
El castillo militar de Pobra de Burón era de planta cuadrada, está construido en mampostería, se componía de un recinto del que hoy sólo quedan vestigios y su castillo se cree que tuvo 4 torres esquineras, fue destruido casi por completo a mediados de los años 60 del siglo XX. 
Actualmente sólo se encuentra en pie una de sus torres de planta cuadrada y que conserva 15 m. de altura, esta torre tenía 3 pisos y que por desgracia hoy día ha perdido la merlatura* (Es cada uno de los incrementos de mampostería erigida a intervalos regulares que rodean las paredes perimetrales de castillos, torres, edificios, etc. (Conjunto de almena o almenaje). Su función principal era la de «defensa pasiva» para proteger a los sitiados que desde el lanzamiento de las flechas para luchar garantizando un refugio, sirvió también como «defensa activa» de hecho podría ser socavada si es necesario caer sobre los atacantes que intentaban escalar la pared o que se llena antes de que las puertas). Hubo viviendas dentro en el castillo, hoy abandonadas y ruinosas".

¿Cimientos de la antigua muralla o paredes de piedra hechas con sus restos posteriormente?. De nuevo ha de jugar nuestra imaginación para pensar en el aspecto que tendría esta construcción cuando disponía de cuatro torres y muralla alrededor. Del castillo y su torre 'superiviviente' cuentan de esta manera en Culturaleza:
"Su fortaleza, atribuida a los condes de Altamira y fechada en el siglo XIV, se construyó con gruesos muros de mampostería de esquisto rellenos de cachotería y mortero. De las varias torres que tuvo solo queda una, arruinada. Los irmandiños, capitaneados por Pedro Osorio, la derribaron en la revuelta del siglo XV y después los Moscoso les obligaron a levantarla de nuevo".

Otro de los grandes alicientes para hacer esta ruta buronesa, sin lugar a dudas, al menos para los peregrinos que, como nosotros, gustan de la historia y el patrimonio y pensamos que el Camino no es solo andar y correr


"La Torre de los Condes de Altamira en A Proba de Burón, un símbolo de poder y resistencia, sigue siendo testigo de la historia que marcó las Terras de Burón. Este imponente vestigio medieval no solo habla de arquitectura defensiva, sino también de una época en la que la Montaña de Lugo era clave en el desarrollo político y cultural de Galicia", es lo que nos destacan en la web Terras de Burón


Y aquí tenemos las tres grandes ventanas resultado de las reformas de la torre para vivienda que fueron parece ser la causa de su ruina final. Leemos así en Arteguías respecto a estas construcciones:
"El norte peninsular y las comunidades cantábricas presentan un patrimonio militar medieval bastante distinto al que encontramos en el centro y sur de España. 
Aunque es cierto que existen importantes castillos, cuantitativamente son mayoría las torres señoriales bajomedievales. Se trata de torres construidas entre los siglos XIV y XV y que constan de un edificio de moderadas dimensiones, normalmente de planta cuadrangular, aunque también las hay cilíndricas. En ocasiones estas torres tuvieron recintos amurallados de pequeñas dimensiones alrededor como protección".
 
Acercándonos, empezamos a ver ahora parte de la pared septentrional, lo que queda de ella en pie. Compartimos estas consideraciones sobre los baluartes gallegos en el blog Torres, castillos y fortalezas:
"Ya en la baja edad media, sí que encontramos un buen número de restos de castillos medievales ligados a las luchas de poder entre las casas nobles y entre los reinos en formación. Castillos que en su mayor parte fueron asolados en el siglo XV por la muy intensa e interesante, casi única en España, revuelta de los irmandiños. Esta revuelta de campesinos contra el poder de los nobles o de la Iglesia arrasó la inmensa mayoría de los castillos medievales de Galicia. Muy pocos salieron indemnes y lograron perdurar hasta hoy (...).
Una nueva ola de destrucción se abatió sobre los castillos de Galicia tras la orden de los Reyes Católicos de desmocharlos en su lucha contra el poder de la nobleza gallega, siempre levantisca y sospechosa de escasa lealtad hacia los lejanos monarcas".

Hiedra y demás vegetación crecen profusamente por sus muros. En lo alto de la torre, otra de las ventanas abiertas cuando se transformó en vivienda, habitada hasta la década de 1960. Más atrás estaría otra de sus cuatro torres


Pese a que como dice Pegerto Saavedra no existe constancia de que los condes de Altamira visitasen jamás Burón, la torre sería símbolo de su señorío, aún cuando ya había perdido su valor defensivo y sus dueños residían en Madrid desde el siglo XVI, al lado de la corte. Sin embargo, reformadas como pazo o casoa, siguieron siendo morada durante varios siglos más, algunas hasta nuestros días, otras no con tanta suerte, como esta. Son las fortalezas de contiendas y piedra, como les dice en su blog Cultura y paisaje Belén Blanco Mouriz:
"Nuestros castillos se funden con el paisaje que los acogen con una naturalidad sorprendente; o se integran en el conjunto arquitectónico de los pueblos en los que se erigen, hasta el punto que parece que paisaje y castillo, villa y fortaleza crecieron unidos. Al lado de estos baluartes y de sus elementos defensivos, existe una sublimación de componentes inmateriales. Eso indica que las villas gallegas en las que se emplazan se identifican con estas arquitecturas llenas de contenido.
Por su grandiosidad y por su acervo histórico, estos antiguos edificios se han transformado en elementos patrimoniales culturales que nos transmiten una emoción y unos pormenores estéticos; sin olvidar su mutación en imprescindibles destinos turísticos y de ocio. Y es que muchos de nuestros castillos invitan al visitante a realizar diversas actividades. Una de las nuevas funciones es su conversión en parador nacional, o bien en museos -uniendo realidad y misterio, pasado y presente-, en auténticos miradores o, incluso, en pazos que, todavía, mantienen en pie alguna torre o coronan sus murallas con simbólicas almenas.

La consolidación de los restos de estos bastiones defensivos, junto con sus excavaciones arqueológicas, deberían convertirse en medidas a adoptar por parte de las políticas culturales actuales de la Xunta de Galicia y demás organismos, puesto que una construcción ruinosa equivale a una comunidad que se olvida de su propia historia.

Por otro lado, una fortaleza rehabilitada y recuperada se constituye en un elemento más de nuestro patrimonio cultural, en arquitecturas vivas, llenas de contenidos eternos, que nos ayudarán a alcanzar una mejor comprensión de nuestra historia. Es éste, pues, un acicate más para luchar por la conservación de estas gallardas construcciones llenas de grandeza y cargadas de futuro y que mantienen inalterable el recuerdo de unas tierras y de sus gentes".

Por eso es que la periodista María Cedrón dice que Galicia es el país de las torres en ruinas, titulando así así su artículo para La Voz de Galicia del 17-11-201 donde dice así:
"Cuando a un norteamericano de clase media le comentan que en Galicia hay torres medievales a punto de derrumbarse y pocos son los que hacen algo para conservarlas, se echa las manos a la cabeza. Lo hace porque en su país el patrimonio histórico es tan escaso que cualquier pequeña huella que dé cuenta de su pasado es perfectamente indicada, protegida y promovida para el turismo. En España, y en concreto en Galicia, ocurre justo lo contrario. El patrimonio histórico es tan extenso que, aunque como apuntan desde la asociación Hispania Nostra, se ha avanzado mucho en los últimos cuarenta años, «todavía queda mucho camino por recorrer». 
Los obstáculos que hay que salvar no son pocos. Sobre todo porque la mayoría están en manos de particulares que no tienen recursos para mantenerlos. Una solución, comentan los expertos consultados, es llegar a acuerdos con los dueños para buscar una fórmula de gestión que permita no solo su restauración, sino también su mantenimiento. (...) 
«Hai centos de torres e castrelos por toda Galicia que están en ruínas. O problema é que a maior parte está en mans privadas», apunta Xabier Moure, historiador del grupo Os Ancares. Todos ellos están declarados bienes de interés cultural (BIC). 
La nueva Lei de Patrimonio de Galicia, aprobada el año pasado, dicta que son los dueños de esas torres los que deben encargarse de su mantenimiento y, en el caso extremo de que corran peligro de derrumbe y estos se desentiendan, los concellos deberían poner en alerta a la Administración autonómica para que tome medidas. «A lei non se está aplicando porque habería que obrigar a consolidar eses monumentos. Non digo que se restauren por completo, pero tamén é verdade que o esforzo económico non é asumible para moitos dos propietarios», dice. 
La solución al problema no resulta sencilla. Uno de los portavoces de Hispania Nostra, Víctor Antona, explica que en el caso de las torres, lo mismo que ocurre con el patrimonio de la Iglesia, la mayor parte son de particulares que no tienen recursos para mantener tanto patrimonio. «Un camino es que los traspasen o cedan para que sean los gobiernos local, autonómico o central los que inviertan en ellos». 
Con todo, a su juicio, no es lo mismo una torre que esté cerca de una casco urbano, que puede abrirse al turismo, que otra que esté en mitad del campo y sea de acceso complicado. «Hay que buscar acuerdos entre todas las partes, desde los propietarios a la Administración y la propia sociedad, porque no solo hay que sufragar la restauración, también el mantenimiento», apunta. 
En este sentido, el responsable del colectivo para a Defensa do Patrimonio Cultural Galego (Apatrigal), Carlos Henrique Fernández, aboga por buscarles un nuevo uso para sacarlas de la condena al derrumbe. ¿Cuál? Desde el turístico al hotelero, o incluso crear oficinas para la Administración".

Reconocida la torre hasta al menos donde podemos pasar con cierta comodidad, regresamos al Camino tal y por donde hemos venido. No podemos dejar de mirar muros y suelo buscando señales de aquel mítico castillo buronés


Castillo, o castillos, pues fueron dos lo que aquí hubo, el primero destruido por los irmandiños, como ya se ha dicho y reiterado. Su revuelta antiseñorial se cebó especialmente en los castillos nobiliarios, construidos muchos de ellos, como fue este el caso por la nobleza que se adueñaba de pueblas libres y sus territorios. El resultado serían las hermandades y la Revuelta Irmandiña, como explica el historiador Adrián Arcaz Pozo en La tenencia de fortalezas nobiliarias en Galicia y su proyección en los dominios de órdenes militares durante la baja Edad Media:
"El número creciente de fortalezas en el solar gallego (...) se convertirán en símbolos del poder nobiliario y, por tanto, en algo odioso y opresivo para el campesinado, ya que desde muchas de ellas, constituidas en verdaderos refugios de bandidos, se realizaban las acciones delictivas en el entorno de su territorio. 

Las actividades de los malhechores realizando malfetrías era norma común en Castilla, donde semejantes hechos aparecen siempre vinculados a diversas categorías nobiliarias compuestas por infantes, ricos hombres, hidalgos y caballeros infanzones. La misma Orden militar de Santiago, desde los tiempos de su maestre el infante don Enrique (1409-45), se había cuidado de que en sus territorios ningún comendador mayor, comendador o subcomendador, incluidos sus alcaides de castillos y casas fuertes, no amparasen, defendiesen o encubriesen a delincuente alguno ni «malherores» en sus términos.

Dichos males y agravios fueron prácticas habituales a lo largo de toda la Edad Media gallega, realizadas por señores malhechores que acompañados con sus respectivas clientelas feudales tiranizaban y saqueaban los territorios desde sus fortalezas. Los hidalgos, que fueron bastante numerosos en Galicia, trataron por todos los medios de ponerse al servicio de los grandes nobles u otros de menor categoría para intentar mejorar su nivel de vida y situación social, empleando, si fuera preciso, el robo —en muchos casos planeado por sus mismos señores— a campesinos, entidades monásticas y Órdenes militares.

Conviene subrayar que estos comportamientos de la nobleza gallega se inscriben claramente en una mentalidad caballeresca que cobra nuevo auge en la Europa occidental de finales del Medievo, si bien, aquí, se presenta muy acusada, hasta el punto de que propició la emisión por el propio papado de sucesivas bulas contra la actuación de la nobleza a lo largo del siglo XV. A ello habría que unir como factor determinante de estos comportamientos, las largas ausencias de los monarcas castellanos, puesto que desde 1376 a 1486 —período que casi coincide con la crisis y ofensiva señorial centrada entre 1369 y 1467, abarcando los reinados completos de Juan I, Enrique III, Juan n y Enrique IV, es decir, durante 110 años— ninguno de éstos monarcas visitó Galicia; tales ausencias crearon una idea difusa de la justicia del rey a nivel popular, pasando ésta a ser desempeñada de forma arbitraria por los más poderosos que en sus manos se convirtió en una herramienta con que justificar el uso abusivo de los agravios que cometían reiteradamente sobre sus súbditos, en particular, y contra todo el cuerpo social, en general. 

La situación descrita provocará una reacción del mundo urbano y rural que solicitó de los reyes la formación de hermandades, al igual que ocurrió en Castilla, que pusiesen freno a los desmanes de los ladrones y bandoleros, creando una mentalidad justiciera que volviese a instaurar la justicia y el orden público. (...)

Tal estado de cosas condujo a los representantes del tercer estado a solicitar a Juan II en las Cortes de Valladolid de 1451 la constitución de hermandades para defenderse de la expansión señorial^. Estas hermandades provinciales y locales darán paso en 1465 a la «Hermandad general de los Reynos de Castilla y León», en una coyuntura favorable que coincidió con la anarquía política existente en todo el reino, los efectos negativos de la peste y los llamados «malos años» que se sitúan en tomo a 1465-7. De ella formará parte la irmandade gallega de 1467 que sur giría con un claro sentido antiseñorial al identificar a los malhechores con las casas fuertes de los nobles. 

La Santa Irmandade gallega comenzó a ser constituida a partir de 1465 y arranca de la Junta de la Santa Hermandad que se puso en marcha en Segovia en octubre de 1464, tal como nos lo refiere en su crónica Alonso de Falencia: 
«... lo angustioso de las circunstancias aconsejó celebrar juntas y establecer con juramente una Hermandad común para salvaguardar el país. A esta tentativa de los naturales de Segovia se ahirieron...; los gallegos todos tiranizados durante largas épocas por sus señores... En corto tiempo los gallegos no sólo arrancaron de las selvas a los fascinerosos y los arrastraron al patíbulo, sino que se apoderaron de fortalezas tenidas por inexpugnables». 
Durante los años de 1465 y 1466 las actividades de las hermandades gallegas no fueron muchas, hasta que en el año de 1467 se produjo el verdadero inicio de la revuelta irmandiña con el derrocamiento de las fortalezas por los reiterados agravios cometidos desde ellas. Serán los concejos —de Orense, Betanzos— La Coruña, Ferrol, Pontedeume, Santiago, Pontevedra y Lugo— los que soliciten una provisión a Enrique IV para hacer una hermandad en el reino de Galicia, apareciendo las ciudades como los auténticos centros motores de la organización y extensión de la Santa Irmandade que harán causa común con los campesinos. Esta unión del medio urbano y rural actuando conjuntamente en las asambleas fundadoras de la hermandad, demuestra la solidaria amalgama entre la ciudad y el campo frente al mismo enemigo común: la nobleza. 

La actuación de los irmandiños se centró primordialmente en el derrocamiento de las fortalezas y la aplicación de justicia para hacer respetar el derecho y la seguridad pública, pues en este segundo aspecto muchos eran los agravios y delitos atribuidos a los malhechores señoriales, entre los que se pueden establecer los siguientes: robos —tomar bienes, matar y comer bueyes y vacas, comer haciendas, hurtar, robar y saltear caminos, robar la tierra—, muerte de hombres, forzar mujeres, prisiones —detener hombres—, rescates, pingar, quemar casas, acoger malhechores e imposiciones por fuerza.

La demolición de fortalezas constituyó, por tanto, la obra más significativa del levantamiento irmandiño, al constituir éstas, como ya se ha indicado, el símbolo coactivo del poder nobiliario, desde donde se realizaban la mayor parte de los actos delictivos. Vasco de Aponte indica al respecto: «... logo en este tiempo se levantó la hermandad, que todos los villanos se levantaron contra sus señores, en que derrocaron quantas fortalezas havía en Galicia, excepto la fortaleza de Pambre». Fortaleza que alzándose sobre la margen izquierda del río Pambre, afluente del Ulla, había sido construida en los últimos años del siglo XTV por don Gonzalo Ozores de Ulloa a su regreso de Francia. 

Los irmandiños debieron de demoler 130 fortalezas en menos de dos años. Así lo afirma a mediados del siglo XVI el Licenciado Molina cuando se lamenta en su obra de que «... ay en este reyno muy fermosas fortalezas y de gentiles fuerzas y edificios y oviera muchas más si a manos no ovieran sido derribadas». Entre las fortalezas caídas se encontraban las de Borrajeros en Mellid; la torre de Malpica en tierra de Quiroga; el castillo de Covadoso junto a Ribadavia; a las que se agregarían las de Cabanelas; Amoeiro; Castro Caldelas; Sarria; Castro de Rey y Chantada del conde de Lemos; Abeancos; Juvencos; Aranga y Orcellón de la Casa de Ulloa; Ribadavia, Arcos y torre de Peroja del conde de Ribadavia, Portomarín, Galdrome y Santa Ougea de Pedro Álvarez de Portomarín; San Payo de Vasco de Seixas; Villa Mourel de López de Villa Mourel y otras muchas de difícil identificación".

Al fondo volvemos a ver la iglesia de Santa María Madanela de acabamos de visitar. Ahora apreciamos muy bien sus llamativas espadañas y el muro de la subida al campanario en su fachada occidental


Y al fondo, la frondosa espesura por la que hemos bajado del Monte do Marmoiral, al norte de Os Chaos de A Fonsagrada


Vueltos así al Camino, retomamos la senda jacobita yendo a la derecha

SALIENDO DE A PROBA DE BURÓN POR LA CAPILLA DE SAN XOSÉ:


El Camino sigue siendo mayormente llano al pasar junto a las últimas casas del pueblo, pero pronto empezará la cuesta a la Casa da Bastida pasando junto al solar de la antigua iglesia románica de San Miguel


Será únicamente la primera parte de una prolongada ascensión hacia Xestoso de Riba y A Serra do Hospital por el menhir de Pena Labrada, solar del primer Real Hospital de Santiago de Montouto, el Hospital Vello, fundado por Pedro I de Castilla en 1367. Un kilómetro escaso más allá encontraremos el nuevo, reconstrucción de Carlos II en 1698. En su capilla de Santiago nos uniremos al camino fonsagradino, el más transitado por los peregrinos, del que nos hemos separado en Paradanova, al pie de A Fonsagrada


Muros, o restos de muros, de buena piedra de sillería, nos hacen pensar en que puedan ser, o haber sido, parte de los cimientos de la muralla del viejo castillo de A Proba de Burón


Y por supuesto, también estas soberbias construcciones de piedra que nos encontramos al lado del Camino


Y aquí, otra de las placas de El Burón Roxo, la dedicada a Concepción Arenal. Atentos nuevamente al escudo


A Bastida, que empieza allí enfrente cuesta arriba, es en realidad una parroquia aparte de A Proba de Burón y uno de los lugares que, dentro de su término, los condes de Altamira no dominarían al formar parte de las posesiones de los sanjuanistas u Orden de Malta, las cuales tenían repartidas por toda Galicia y, especialmente, en la antigua Terra de Burón 


Más muros de piedra, este bastante alto, en la zona donde más o menos habría estado el lienzo de la muralla del desaparecido castillo de los Altamira


A la derecha, un sendero tiene pinta de haber sido tal vez otro antiguo acceso de la muralla hacia el castillo. Nosotros seguiremos de frente todo recto y en llano por el camino asfaltado


La muralla seguiría por aquí si, como dice Hispania Nostra, la capilla se hizo en el siglo XVIII dentro del recinto defensivo del castillo. Nos da en pensar que a esas alturas la muralla ya estaría más que obsoleta que y con sus piedras se construiría este santuario


El tejado es de pizarra, como es lo usual, y entre la ornamentación exterior no pueden faltar los pináculos rematados en bola tan del gusto de la época


Presenta nave de planta cuadrada, preciosa espadaña y gran cabecera cuadrada para el altar mayor


Enfrente y tras enlazar con otro camino, la ruta jacobea sale de las casas de O Chao para prontamente subir prados arriba hacia los bosques de A Bastida
.

La capilla dicen en Fonsaweb que está hecha en piedra de mampostería de esquisto y su fachada barroca anuncia ya el neoclasicismo dieciochesco


La espadaña del campanario tiene dos vanos pero ninguna campana en este momento. El superior, muy pequeño, parece meramente decorativo, "presenta dos vanos arqueados; su sección inferior es cuadrada, mientras que la superior es más pequeña y culmina en un tímpano curvo", explican también en Fonsaweb


Dos elementos en curva salen de los extremos de la fachada, donde hay sendos pináculos y ascienden hasta la base de la espadaña, siguiendo un esquema característico del gusto barroco


Una artística ventana proporciona luz natural al interior. Sobre ella prestemos atención al escudo, pues es el que se representa en las placas del callejero de El Burón Roxo


Bajo un querubín se muestran las armas de los linajes del castillo, o eso suponemos, que serían quienes auspiciarían la construcción de la capilla


Como la iglesia, es difícil encontrar esta capilla abierta, pero al menos podemos ver el interior por un ventanuco-mirilla que hay en la puerta


Ahí vemos el altar, en la cabecera, separada de la nave por un arco de medio punto liso pero con restos de abundante policromía de temática geométrica y vegetal. El retablo es barroco


En él se ve al patrón, San José, que lleva en la mano izquierda su símbolo, la flor de nardo, mientras que con la izquierda parece llevaría la del Niño Jesús, cuya imagen habría desaparecido. Una pequeña escalera debe ser la del descendimiento de la cruz y, por lo tanto, uno de los símbolos de la Pasión de Cristo


En la pared, en un gran hueco-hornacina, hay otro retablo de estilo más neoclásico que ha perdido las imágenes


Este camino sale de O Chao y sigue asfaltado hasta el de Milladoiro, pero nosotros lo dejaremos unos metros más adelante para tomar el ramal que sube a A Bastida y que ya vemos desde aquí


Mirando atrás, vamos despidiéndonos de O Chao con esta bonita estampa de la capilla y de la iglesia parroquial


El llamativo muro de piedra de la subida al campanario destaca en la lejanía. Más atrás son los altozanos cercanos a A Cruz Nova


Fuente del Rego de Pontetraves. Las traves son en principio vigas que se ponen sobre los arroyos para cruzarlos, por lo que sería esta su etimología. Respecto a Burón, lo más fácil es que se deba a la raíz prerromana bur, variante de mur 'roca, monte' que, con el sufijo on, también prerromano, relacionado con las corrientes fluviales, tendría un significado como 'el agua de la montaña'


El abrevadero está repleto de agua hasta arriba. Unas mangueras delatan que sirve para el riego de estos campos. Un poco más allá está el antiguo lavadero


Campos de calabazas, berzas, patatas y otros productos en estas huertas que se extienden hasta el barrio de Trambasaugas, cuyas casas vemos en la falda de A Roxiña


Paradiñas nos explicaba que su nombre se debe a que sus casas se encuentran entre dos ríos, este Rego de Pontetraves y el río da Proba, que sigue a su derecha, hacia el norte


Por ahí arriba va el viejo camino a Meira, cuyo monasterio tenía propiedades en la antigua Terra de Burón. De ahí también se iría a Mondoñedo, antigua capital de una de las antiguas siete provincias del Reino de Galicia


La cuba del agua, para llevarlo al ganado a las fincas


Seguidamente, el mojón nos indica tomar el camino de la derecha que, subiendo entre los prados, nos lleva a A Bastida, empezando la subida a A Serra do Hospital por estas que fueron posesiones de la Orden de Malta o de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Según subimos, tendremos admirables vistas de A Proba de Burón y su valle...














































































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