| O Chao, barrio principal de A Proba de Burón y, en el monte, la Casa da Bastida |
| Iglesia de Santa María Madanela y Casa da Bastida |
Más arriba, la antigua iglesia de San Miguel da Bastida sería asimismo de los siglos XII o XIII pero ya bajo la égida de los sanjuanistas o Caballeros/Hermanos Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, que extendieron sus dominios por todo el orbe cristiano y sus vías de peregrinación a partir de su primer hospital de peregrinos en Tierra Santa. Hacia allí sube el Camino de Santiago a partir de A Fortaleza, lo que queda de la torre del homenaje del también desaparecido castillo de los condes de Altamira, símbolo del paso de A Proba de Burón al régimen señorial en el siglo XV, cuando dejó de ser territorio realengo con los Trastámara
El tener que subir al Monte do Marmoiral desde A Paradanova, donde se separa del ramal que sube a A Fonsagrada, para luego tener una fuerte y larga bajada al valle del río da Proba, donde se asienta la población, y luego acometer la tremenda subida hacia A Serra do Hospital que empieza aquí, en A Bastida, hizo que muchos peregrinos, y viajeros en general prefiriesen, en número creciente, emplear la vía fonsagradina pues, tras un primer tramo en pronunciada cuesta hacia la villa, ya no tiene que bajar más para volver a subir y seguir subiendo y subiendo hasta A Serra do Hospital, sino que asciende, más cómoda y escalonadamente, hasta el collado de dicha serranía en el Real Hospital de Santiago de Montouto, donde se reúnen ambas vías
Si a esto le añadimos que esta vía buronesa por la que vamos nosotros es algo más de un kilómetro más larga la suerte estaba echada. No es una gran diferencia sobre el papel ni tal vez si caminamos en llano, pero sí se nota, y mucho, en las fragosidades de la montaña
| Vista de A Proba desde el Camino de A Bastida |
En el siglo XVIII ya la ruta fonsagradina le había ganado plenamente la partida a la buronesa, lo que provocó el crecimiento de A Fonsagrada y la decadencia de A Proba de Burón, lo que, llevó, junto con otros avatares políticos, a que perdiese la capitalidad en 1834 (otros señalan un año o dos después), siendo esta trasladada a A Fonsagrada, como hemos dicho, quedando A Proba de Burón a ser una parroquia más del nuevo concello o Ayuntamiento Constitucional, como se decía entonces que llevaría el nombre de su nueva capital
"A partir de mediados del siglo XVI, los Condes residieron en la corte, establecida en Madrid en 1561. Allí forjaron alianzas con poderosas familias aristocráticas españolas y ampliaron su patrimonio, incrementando tanto sus rentas como los títulos nobiliarios acumulados mediante matrimonios y otras vías. Hacia 1800, poseían bienes que abarcaban desde Elche hasta la Costa da Morte; en consecuencia, sus propiedades gallegas originales representaban solo una pequeña fracción del total, cumpliendo principalmente una función sentimental y simbólica, pues los Moscoso eran originarios de la comarca de Santiago. Desde allí se gestionaba la administración del gobierno y la recaudación de rentas de Burón, territorio que —junto con Navia, Castroverde, Luaces y Santirso de Abres— integraba el llamado «distrito de Asturias». Santiago era la sede del gobernador de los estados gallegos, quien en la práctica nombraba al meiriño (administrador o alguacil local) y al escribano oficial, además de proponer a los párrocos de las iglesias bajo patronazgo del Conde. Por lo general, los merinos pertenecían a la pequeña nobleza local o de los alrededores (como los Páramo de Vilabade, los Pardo Figueroa de Cuíñas, miembros de las familias Pasarín o Díaz de Freixo, etc.). Asimismo, el merino solía encargarse de cobrar las rentas derivadas de los foros (contratos de arrendamiento a largo plazo) de 57 explotaciones agrícolas del señorío"
Si bien no los condes, sí algunos familiares debieron residir aquí, pues un hermano del segundo conde, Rodrigo de Moscoso Osorio, llamado Don Bernaldino o Bernal, falleció en A Proba de Burón en 1492 y recibió sepultura en la iglesia parroquial, celebrando el párroco las correspondientes y estipuladas misas de aniversario
Cierra el valle por el este la boscosa ladera que desde el Monte do Marmoiral baja a A Proba de Burón esta vía buronesa tras la subida de Paradanova. Aquí abajo se encuentran las casas del barrio de Milladoiro, así denominado por el antiguo humilladero o montón de piedras que dejaban los peregrinos a su paso siguiendo una costumbre ancestral
Según nos contaba el erudito vecino de A Proba de Burón, Antonio Fernández Rodríguez, más conocido como Paradiñas, que conoció dicho milladoiro antes de que los retiraran y conoció el paso de peregrinos por el lugar, aquí se 'certificaba' el paso de los romeiros a Santiago. Todo ello nos hace pensar que por aquí habría estado uno de los hospitales de peregrinos de la antigüedad
Pero en la actualidad este barrio se encuentra en realidad ligeramente apartado de la señalización jacobea oficial, lo que nos hace pensar que el Camino original pasaba por allí, o al menos uno de sus ramales, pues se conoce la existencia de A Ponte Grande y A Ponte Pequena para pasar el río da Proba. Especial relevancia tiene la llamada Casa das Casoas y Torre do concello, de la que compartimos asimismo su descripción en Fonsaweb:
"Un conjunto de edificación rural compuesto por una casa de planta rectangular y una torre, ambas adosadas entre sí. La casa: debido a la inclinación del terreno, se accede directamente a la vivienda situada en la primera planta, mientras que las cuadras se ubican en la planta baja. Los muros son de mampostería de esquisto; destaca especialmente el dintel de la puerta de la cuadra, que presenta un sencillo arco de descarga. Cuenta con un tejado a dos aguas cubierto de pizarra. Junto con la torre, sirvió en su día como cárcel. La torre: presenta una planta cuadrada de 6,5 metros de lado. Los muros son de mampostería de esquisto, y los vanos están enmarcados con sillares de granito de mayor tamaño. Posee un tejado a cuatro aguas cubierto de pizarra. La torre es la parte más antigua del conjunto".
En la actualidad, y ante la casi absoluta ausencia de servicios en este trayecto, que es además un gran desconocido respecto a la muy transitada vía fonsagradina, hace que sean escasos los peregrinos que escojan esta opción por A Proba de Burón y, los que por aquí vienen suelen ser ya caminantes veteranos y experimentados, conocedores de la senda mayoritaria por A Fonsagrada, pero que gustan de descubrir trayectos jacobitas menos concurridos y más solitarios
Esta situación hace que, tanto los que vienen por la ruta buronesa como los que van por A Fonsagrada, pernocten o se avituallen en dicha villa capital del concejo, donde hay varios albergues, público y privados, junto con otros alojamientos, además de comercios, cajeros, farmacia, hostelería, etc.etc.etc.
En el collado entre el Monte do Marmoiral y Os Chaos al que llega subiendo desde Paradanova esta vía buronesa hay, justo antes de empezar a bajar a A Proba, un desvío hacia el centro de A Fonsagrada por el barrio de Os Chaos, uniéndose al camino que ha subido a esa villa en el cruceiro entre la rúa Burón y rúa da Penela, cerca de la iglesia de Santa María da Fonsagrada
Asimismo, allí en Os Chaos y muy cerca de la Pensión Casa Manolo, sale el camino antiguo que comunicaba directamente A Fonsagrada y A Proba de Burón y que enlaza poco más abajo con la vía buronesa, el cual, aunque sin señalizar, puede emplearse por quienes, pernoctando en A Fonsagrada, quieran hacer esta ruta
En la actualidad baja por los bosques de esta ladera de la montaña la carretera LU-740, que es la comunicación rodada de la capital actual del concello con la antigua, la cual sale de la rotonda al lado de la estación de servicio (barrio de As Rodas) y pasa primeramente por el Camping A Fonsagrada, al pie de dicha población
Oculta totalmente por los árboles, no se ve la carretera, como tampoco se ve al Camino, que la cruza antes de llegar a la vega del río en la Casa da Ponte
Desde la Casa da Ponte salimos al camino vecinal que comunica el barrio de O Chao con la LU-740 y, por él, cruzamos el río da Proba para subir hacia las casas, pudiendo visitar, una vez llegados arriba, la iglesia de Santa María Madanela, tal y como hemos hecho en la segunda entrada dedicada a este camino buronés
Después, como ya hemos también explicado, salimos del pueblo por la capilla de San Xosé, pudiendo primeramente subir as ver un poco de cerca lo que queda de la torre de A Fortaleza, uno de los grandes símbolos de esta ruta, que corre peligro de completo y definitivo derrumbe
Un poco más arriba de A Fortaleza divisamos el barrio de A Cruz Nova, donde está el actual cementerio y donde el camino vecinal antes mencionado enlaza con la LU-740. Lo vemos bajando desde allí a A Chao sobre un prado y al pie de los bosques
La pérdida de capitalidad de A Proba de Burón hubo de ser un suceso sumamente impactante. Aún siglo y medio después un famoso vecino, Enrique Fernández, que gustaba llamarse El Burón Roxo, planteó a su regreso de la emigración en Barcelona, numerosas iniciativas para hacer resurgir la vieja puebla, no dudando en visitar el Archivo de Simancas en Valladolid para reunir documentación que le permitiese recuperar su condición capitalina
Con esta hermosa vista de A Proba de Burón desde el valle nos despedimos de esta población que, con sus tres hospitales de peregrinos, marcó la historia del Camino de Santiago aunque este su trayecto, pese a estar oficialmente señalizado, como el de A Fonsagrada, sigue siendo un gran desconocido. A ello se debe también que, cuando al finales del siglo XIX se trazaron las nuevas carreteras hacia Lugo y Asturias, estas se hicieron pasando por A Fonsagrada y otros pueblos del viejo Camino, pero no por A Proba de Burón, lo que contribuyó aún más a su decadencia, hasta desaparecer bares y tiendas
¿Qué sería necesario para que la variante de Burón fuese más popular?, se pregunta el peregrino, periodista e historiador, erudito divulgador de patrimonio de los caminos jacobitas Antón Pombo en su artículo Camino Primitivo: la variante de A Proba de Burón, publicado en Guía Gronze del 29-12-2020, y esto responde:
"1. Antes que nada, que se señalizara y potenciara el enlace que existe desde A Fonsagrada, pues se puede alcanzar sin dificultad la ruta alternativa sin necesidad de regresar a Paradanova. Basta con tomar, junto a la Pensión Casa Manolo, el titulado como Camiño da Proba, bonita pista de tierra en la que desemboca el procedente de Paradanova antes de cruzar la carretera LU-740.
2. Quizá tendría que modificarse la descripción que Turismo de Galicia hace, en el cartelón situado en Paradanova, de las dos variantes, calificando la de A Fonsagrada de dificultad Media, y la de «Burón», de Alta, que tampoco es para tanto, pues la de la primera nos parece realmente baja, y la de la segunda podríamos dejarla en media.
También los divulgadores tendríamos que recomendar esta ruta a quien prefiera los caminos de monte, silenciosos y solitarios, pues no cabe duda de que esta podría ser su mejor carta de presentación frente a una ruta, la inferior, «más domesticada».
Y todo ello sin olvidar la historicidad de una vía que atravesaba la que fue capital de la Terra do Burón, y antes que A Fonsagrada fuera la capital del municipio, contando con los hospitales medievales da Santa Trindade, da Reina, Santiago y San Lázaro, casi nada.
3. Otro problema es la ausencia de servicios. No es un tramo largo, cierto, pero si hubiese un albergue en A Proba de Burón otro gallo cantaría, o al menos un bar que destacase por su buen trato a los peregrinos".
"Regresamos al Camino Primitivo para plantearnos, como lo hicimos recientemente en A Gudiña o en Borres, una pregunta: ¿por qué casi nadie elige la alternativa septentrional la Proba do Burón?
Aquí la respuesta no tiene que ver con la distancia, ya que si desde la bifurcación situada en Paradanova, por la vía de A Fonsagrada son 10,145 km hasta Hospital de Montouto, a través de la de A Proba de Burón son 11,288, o sea, poco más de 1 km. Si la variante meridional gozara de predicamento pocos tendrían inconveniente en añadir esos 10-15 minutos a la marcha.
¿Se trata acaso de un problema relacionado con la orografía o la dureza del itinerario? Pues tampoco, ya que si bien hay algo más de cuesta por A Proba, siendo preciso bajar hasta el valle en el que se asiente el núcleo para retomar luego la cota de la sierra do Hospital, entre los 900 y los 1.087 m de altura, no existe una gran diferencia con la ruta meridional, que discurre entre los 850 y los 975 m.
A priori, además, la ruta septentrional de A Proba parecería tener más atractivo que la que prosigue en paralelo a la carretera LU-530, debiendo cruzarla varias veces.
¿Entonces, cuáles son los motivos de la deserción?
Pues bien, en primer lugar la rutina consolidada de las etapas y la oferta de los servicios, ya que en el Camino Primitivo, y menos en esta zona montañosa, no resulta tan fácil improvisar como en, por ejemplo, el Camino Francés o el Camino Norte.
A Fonsagrada se ha convertido en un fin de etapa fijo para la mayoría de peregrinos que, a su vez, han pasado la noche anterior en Grandas de Salime: 25,2 km, una distancia asequible y normal. Por dicho motivo, la oferta de alojamiento se ha multiplicado en los últimos años, y ahora la localidad ya cuenta con un excelente albergue público y otros tres privados, el último inaugurado este mismo año (Casa Cuartel). Al ser capital de concello, con una población que ronda los 1.100 habitantes, dispone además de todo tipo de servicios para el peregrino.
Asimismo, pasado A Fonsagrada, los peregrinos encontramos otro albergue-pensión próximo al camino, con bar-restaurante, en O Piñeiral, a 3,5 km de la villa".
La abundancia de servicios en A Fonsagrada contrasta con la ausencia que de los mismos hay antes o después, al menos en el momento de escribir estas líneas. Desde Grandas de Salime, o poco más cerca, la aldea de Castro, en Asturias, a 26 km y 21 km de A Fonsagrada respectivamente, no hay donde pernoctar no sea vivaqueando. De la misma manera, hasta O Cádavo, capital del concello de Baleira, 25 km al oeste de A Fonsagrada, no hay de momento más albergues, pensiones ni hoteles y bares han quedado solo dos: en Paradavella y en A Lastra
El Camino es aquí sumamente hermoso, de tierra y piedra con un mullido tapiz de hojas caídas al suelo que anuncian la cercanía del otoño en estas fotos tomadas casi ya al final del verano
Algunas antiguas losas tal vez formen parte del desaparecido empedrado caminero. A la derecha, un viejo muro de piedras cubiertas de musgo separa el Camino del bosque y el exuberante sotobosque
Sí nos percatamos de que, nada más salir de A Proba de Burón, esta cuesta de A Bastida ya revela los fuertes repechos que aguardan al peregrino, los cuales hubieron de ser fundamentales para que triunfase la preferencia por la ruta fonsagradina para los peregrinos y demás transeúntes de antaño
El escritor Jesús Evaristo Casariego escribe en su libro Caminos y viajeros de Asturias, que el trayecto fonsagradino "resultaba más corto, pero era mucho más fragoso y en parte del año lo empachaba la nieve", sin embargo y a nuestro entender este sí que es más fragoso y abrupto y, aunque es cierto de A Proba de Burón a sus 700 metros está más libre de nieves y nieblas que A Fonsagrada, al depender del camino sobre las montañas en las que se asienta para las rutas a Asturias y la meseta y del de A Serra do Hospital para la de Lugo, si se empachaba de nieve el acceso a A Proba quedaba igualmente cortado
Enlazamos con un camino que viene a la izquierda y seguimos a la derecha. En este lugar y de frente, totalmente tragadas por la vegetación, están las ruinas, acaso ya solamente cimientos en el mejor de los casos, de la antigua iglesia de San Miguel da Bastida, templo románico desaparecido el cual se decidió reconstruirlo mucho más arriba y cercano a la sierra, en el barrio de Xestoso de Riba, posiblemente por su mejor comunicación con la carretera de Lugo (LU-730), que pasa por Vilardongo y Pedrafitelas, hitos además de la ruta fonsagradina
En este plano de Fonsaweb podemos ver la ubicación de la desaparecida iglesia respecto al Camino y la Casa da Bastida, la de turismo rural. Camino e iglesia aparecen pintadas de marrón, dado que el nuevo templo se reconstruyó en Xestoso de Riba con la misma advocación, San Miguel da Bastida, a veces hay cierta confusión entre su emplazamiento original y el actual en algunas guías y autores
Quienes se dirigen hacia Lugo suben desde los 650 metros que hay en la veiga del río da Proba hasta los aproximadamente 1.050 metros que hay en la cota máxima de esta camino buronés, pues pasa muy cerca de la cima de A Lagoa Seca o A Laguaseca (1.107 m), es decir, aún más altos que el Real Hospital de Santiago de Montouto, que se sitúa a 1.025 metros de altitud según el mapa de Iberpix, y al que se llega incluso bajando, empleando este camino
El que dicho hospital se haya refundado en 1698 en el lugar en el que está ahora reinando Carlos II (collado del dolmen de Pedras Dereitas), unión de caminos fonsagradino y buronés, respecto a su situación original, fundación de Pedro I de Castilla en 1357, junto al menhir de Pena Labrada, más alto y en plena ruta buronesa, plasma el cambio del flujo principal, en este caso de peregrinos, para quienes fundamentalmente se hizo dicho alojamiento, hacia la ruta de A Fonsagrada
Llegamos a un pequeño rellano, que es la entrada a una finca, y seguimos a la izquierda
Y aquí llegamos a la pista, apta para vehículos, que desde el barrio de Milladoiro comunica con la Casa da Bastida y de allí sigue a Xestoso de Riba, por lo que será por donde seguirá el Camino en su mayor parte rumbo a la sierra
Este primer tramo está hormigonado para permitir una mejor circulación del tráfico rodado hacia la Casa da Bastida, que veremos un poco más arriba. Ahí tenemos el mojón que nos indica la ruta a tomar
Prados abajo a la izquierda, una buena vista hacia la cabecera del valle del río da Proba, al que da sus aguas aquí el Rego de Pardiñas, que discurre a nuestros pies
Ahí en lo alto reconocemos algunas casas de A Fonsagrada. Ver la población arriba en la montaña nos recuerda siempre aquel dicho que asegura que "a A Fonsagrada nunca han bajado los lobos... porque tienen que subir"
A la izquierda asoma la Casa da Bastida. A partir de ella el Camino pierde el hormigón y pasa a ser pista de zahorra, pero sigue en fuerte subida en rampa
"Las primeras memorias de la Casa Da Bastida como lugar hospitalario se remontan al siglo XIV. Entre sus 16 acres de campo verde y agreste, hoy se levanta allí un antiguo casón de arquitectura tradicional en piedra y madera local entre bosques ancianos sobre las colinas que dominan la Proba de Burón, Concejo de Fonsagrada. Un paraje natural horadado por ríos y riachuelos, adornado aquí y allá con cruces de piedra, molinos, ruinas de su pasado Celta y Romano entre pueblos en los que parece no haber pasado el tiempo.
La casa rural de A Bastida se encuentra cerca del Camino de Santiago interior más antiguo, el Camino Antiguo, Camino Viejo o Camino Real, ruta original que luego resultara una alternativa en el nombre de Camino de Piedras Apañadas. A Bastida ha visto a lo largo de los siglos incontables peregrinos, viajantes, comerciantes y locales acudir a Casa Da Bastida para disfrutar de su hospitalidad, privilegiados alrededores y la cultura y cocina de la región.
Reformada y modernizada de una manera cariñosa, fiel a su pasado y estilo, la Casa Da Bastida sigue acogiendo a visitantes, peregrinos y locales. Hoy acoge turismo rural con todas las comodidades de un hogar moderno incluyendo en el alquiler de sus apartamentos rurales cocinas de equipamiento completo o acceso inalámbrico a Internet (WiFi). A ellos se suman aquellos del ámbito rural como el uso de hogares, estufas o cocinas leña. A las acogedores alojamientos rurales se suman las más de siete hectáreas de impecable campo, bosques autóctonos, riachuelos, ruinas Celtas y Romanas para disfrute de los huéspedes de la casa".
Como tantas veces decimos, el esfuerzo de las subidas se ve compensado por unos paisajes maravillosos, como va a ser este también el caso
Incluso aunque no haya encrucijadas, siempre tranquiliza ver una flecha o mojón cada cierto trecho, pues evita que pensemos si no nos hemos saltado algún desvío
Curva cerrada a la izquierda sin dejar nunca de subir
Más árboles en un magnífico trecho todo a la sombra. Se ve alguna rodada de vehículos pero es fácil que, según el día, no nos encontremos con nadie, o casi nadie, en todo el trayecto
El Camino sube por la cresta de una colina que forma un pasillo natural entre el valle del Rego de Pontetraves a la derecha y el Rego de Pardiñas a la izquierda
Edificios de la rúa Carrapita y Avenida de Galicia, por donde se sale de la villa, en ligera bajada, hacia el barrio de As Rodas, siguiendo el camino fonsagradino
Los hitos del Camino son muy útiles siempre pero especialmente con niebla, harto frecuente en estas alturas y especialmente densa muchas mañanas de verano por evaporación de grandes cantidades de agua y su condensación al atardecer. Suelen disiparse durante las mañanas pero tras enconada lucha, pues se retiran y vuelven a aparecer, bajando al valle y volviendo a subir al monte según brisas y corrientes térmicas, desapareciendo al calor del sol
No nos olvidemos que en los mojones tenemos, además de la concha y la flecha, los kilómetros que nos faltan hasta la Praza do Obradoiro de Santiago de Compostela, donde se encuentra el Kilómetro Cero del Camino
"He recorrido el Camino Primitivo en varias ocasiones. Y, sin embargo, hasta hace muy poco había una parte de su historia que permanecía fuera de mi experiencia como peregrino.
Esta vez, al llegar a A Fonsagrada, decidí abandonar por unas horas el itinerario más habitual y buscar aquel otro camino que, desde Paradanova, se dirige hacia A Pobra de Burón para alcanzar posteriormente el Hospital de Montouto.Lo que encontré fue mucho más que una variante.Encontré un camino antiguo.Un camino de montaña, silencioso, exigente, en algunos momentos áspero, pero extraordinariamente bello. Y, sobre todo, encontré un territorio en el que todavía parece posible escuchar el eco de aquellos peregrinos que durante siglos atravesaron estas montañas camino de Santiago.
Porque A Pobra de Burón no es una variante moderna del Camino Primitivo. Es, en realidad, uno de sus itinerarios históricos.
La propia documentación de delimitación del Camino Primitivo elaborada por la Xunta de Galicia distingue expresamente los dos trazados entre Paradanova y el Hospital de Montouto: el que pasa por A Fonsagrada y el que lo hace por A Pobra de Burón. Y señala que este último era el camino tradicional denominado Camín de Ovedo.
A Pobra de Burón, la villa que fue capital de estas montañas
Para comprender este camino hay que detenerse en A Pobra de Burón.
Hoy puede parecer un pequeño núcleo rural perdido en las montañas lucenses. Pero durante siglos desempeñó un papel muy distinto.
A Pobra de Burón fue la capital del antiguo territorio y municipio de Burón hasta el siglo XIX. La documentación histórica sitúa su fundación en el contexto de la política de creación de pueblas desarrollada por Alfonso IX, aunque la propia documentación patrimonial advierte de que no conocemos con absoluta certeza el momento exacto de su creación.
Lo que sí sabemos es que ya en la segunda mitad del siglo XIII A Pobra de Burón aparece estrechamente relacionada con el camino que venía de Oviedo.
Y esto es fundamental.
No estamos ante una población que casualmente quedó al lado del Camino. La población y el camino formaron parte de una misma realidad histórica.
Por aquí pasaban caminantes, comerciantes, viajeros y peregrinos que atravesaban las montañas entre Asturias, Lugo y Compostela.
La investigación histórica ha documentado incluso que en el siglo XIII aparece la referencia al “camino que ven d'Ovedo”, mientras que la documentación de la Xunta recoge que el itinerario procedente de Paradanova pasaba por A Pobra y posteriormente por San Miguel da Bastida antes de alcanzar Montouto.
Una villa de peregrinos y hospitales
Quizá uno de los aspectos más sorprendentes de A Pobra de Burón sea su relación con la hospitalidad medieval.
La villa llegó a contar con varias instituciones hospitalarias destinadas a la atención de peregrinos y caminantes.
La documentación histórica menciona el Hospital de la Santa Trinidad, el Hospital de la Reina, el Hospital de Santiago y la malatería u Hospital de San Lázaro.
No es un dato menor.
Cuando encontramos varios hospitales vinculados a una población medieval situada en un itinerario jacobeo, estamos ante una evidencia muy poderosa de que el tránsito de personas por aquel lugar tuvo una importancia considerable.
Uno de ellos, el Hospital de la Santa Trinidad, está documentado ya en el siglo XIV. En 1378 sus fundadores revocaron el poder otorgado para nombrar hospitaleros, y años después aparece documentada la voluntad de que sus bienes siguieran destinados a garantizar la hospitalidad de los caminantes y romeros.
Incluso el testamento de un hidalgo de Burón, Alvar Alfonso, permite conocer la existencia de varios de estos establecimientos y su relación con los peregrinos.
Por tanto, cuando hoy descendemos desde A Fonsagrada hacia A Pobra de Burón no estamos simplemente haciendo una excursión por el valle.
Estamos recorriendo un territorio hospitalario medieval.
El paisaje: primero bajar para después volver a subir
Y aquí aparece una de las razones por las que esta variante ha quedado relegada.
Hay que pagar un precio físico para recorrerla.
Desde A Fonsagrada el camino pierde altura rápidamente en dirección al valle de A Pobra de Burón. El peregrino abandona la posición elevada de la villa y se introduce en un paisaje completamente diferente.
Pero precisamente ese descenso es uno de los grandes atractivos de la ruta.
El camino se va encajando entre robles, castaños, muros de piedra seca, helechos y vegetación atlántica, hasta alcanzar el valle donde aparece A Pobra.
La documentación oficial de la Xunta describe especialmente el tramo anterior a la villa como una congostra de gran interés paisajístico, entre bosques de carballos y bidueiros, antes de abrirse el paisaje hacia el valle de Burón.
Es uno de esos caminos en los que el paisaje no se contempla solamente.
Se atraviesa.
Se huele.
Se escucha.
Se toca.
La piedra de los muros, el barro después de la lluvia, las hojas, la sombra de los árboles y, de vez en cuando, esa sensación tan propia del Camino Primitivo de estar caminando por un lugar en el que el tiempo parece haberse quedado detenido.
A Pobra aparece en el valle
Y entonces aparece la antigua villa.
A Pobra de Burón se encuentra en una posición estratégica dentro del valle, dominada por los restos de su antigua fortaleza.
La torre y fortaleza de Burón son testimonio de la importancia política que llegó a adquirir el lugar. La documentación medieval y bajomedieval demuestra la existencia de una estructura fortificada y de una población organizada, con sus propias autoridades y conflictos jurisdiccionales.
También permanece la iglesia de Santa María Magdalena, de origen medieval, junto a otros elementos de arquitectura tradicional.
Pero quizá lo más emocionante para el peregrino actual sea contemplar todo esto intentando imaginar la villa cuando constituía la capital del territorio.
Entonces resulta más fácil comprender por qué este camino tuvo tanta importancia.
Y después de Burón comienza la verdadera prueba
Desde A Pobra comienza otro camino.
Hay que volver a ganar altura.
Y aquí comprendí perfectamente por qué este itinerario fue perdiendo protagonismo.
La subida hacia la sierra es constante y en determinados puntos exigente. El peregrino vuelve a abandonar el valle para recuperar progresivamente las cotas de montaña.
Pero la dureza tiene su recompensa.
La Xunta describe cómo, después de abandonar Burón, el camino asciende hasta alcanzar los altos de Xestoso y Carballal y continúa por la ladera de la Serra do Hospital antes de dirigirse hacia Montouto.
El paisaje vuelve a cambiar.
Los bosques dejan paso progresivamente a espacios más abiertos. Las perspectivas se amplían y aparecen las grandes panorámicas de las montañas de Burón.
En algunos puntos uno tiene la sensación de caminar por una auténtica balconada natural.
Y entonces aparece otro elemento característico del paisaje contemporáneo: los aerogeneradores.
Son una presencia moderna sobre unas montañas que, sin embargo, conservan una estructura paisajística antiquísima.
Montouto: cuando el Camino necesitaba un hospital
Después de la ascensión aparece uno de los lugares más fascinantes de este itinerario: el Hospital de Santiago de Montouto.
Hoy vemos ruinas.
Pero durante siglos aquello fue mucho más que unas piedras.
Fue refugio.
Fue hospital.
Fue lugar de acogida.
Fue, probablemente, una cuestión de supervivencia.
El Hospital Real de Santiago de Montouto fue fundado por iniciativa del rey Pedro I de Castilla en 1357, en un lugar especialmente duro para quienes atravesaban estas montañas. La documentación de la Xunta confirma la fundación regia y la relación directa del hospital con el Camino.
Y hay algo que me parece especialmente significativo.
El hospital no se construyó aquí por casualidad.
Se construyó porque los peregrinos necesitaban ayuda en este tramo de montaña.
Frío.
Nieve.
Viento.
Niebla.
Hambre.
Cansancio.
Heridas.
En invierno, alcanzar Montouto podía marcar la diferencia entre continuar el viaje o quedar atrapado en la sierra.
El hospital que cambió de lugar
Una de las historias más interesantes de Montouto es que el hospital que hoy contemplamos no ocupa exactamente el emplazamiento de la primera fundación.
El primitivo Hospital Real se encontraba en otro punto, relacionado con la antigua ruta que llegaba desde A Pobra de Burón.
Posteriormente, en 1698, se construyó un nuevo hospital en un emplazamiento considerado más apropiado para atender a los peregrinos. La documentación patrimonial de la Xunta recoge incluso el testimonio de un vecino que explica que aquel año se había construido el nuevo Hospital Real “en parte más a propósito para los pasajeros y peregrinos”.
La construcción quedó vinculada a las dos ramas del Camino que finalmente confluyen en Montouto.
Es decir:
Montouto no era solamente un hospital al lado del Camino.
Era el lugar donde los dos caminos se encontraban.
El que llegaba por A Fonsagrada.
Y el que llegaba por A Pobra de Burón.
Una hospitalidad pensada para el invierno
Hay un detalle histórico que me parece extraordinariamente revelador.
Una cédula de Carlos II de finales del siglo XVII establecía las obligaciones del hospital respecto a los peregrinos.
La finalidad era muy concreta: acogerlos y atenderlos, especialmente en las durísimas condiciones del invierno.
La documentación relacionada con el hospital habla de la obligación de recoger a los peregrinos y de proporcionarles refugio, y otras fuentes conservan la referencia a las campanas que debían ayudar a orientar a quienes atravesaban la montaña en noches de oscuridad y mal tiempo.
Cuando uno está allí y contempla las montañas, comprende perfectamente la razón de aquellas disposiciones.
Hoy llevamos teléfono móvil, GPS, ropa técnica, impermeable, mapas digitales y previsiones meteorológicas.
El peregrino medieval tenía sus piernas.
Su bordón.
Su fe.
Y, en determinadas noches, quizá el sonido lejano de una campana.
Un hospital junto a un monumento mucho más antiguo
Pero Montouto guarda otra sorpresa.
Junto al hospital se encuentra el dolmen de As Pedras Dereitas, perteneciente al paisaje megalítico de estas montañas.
Y aquí se produce una de esas maravillosas superposiciones históricas que tanto abundan en el Camino de Santiago.
Un monumento funerario prehistórico.
Un antiguo camino.
Un hospital medieval.
Una capilla.
Y peregrinos contemporáneos.
Todo en el mismo lugar.
El dolmen nos recuerda que el paisaje que hoy recorremos como peregrinos ya había sido considerado especial miles de años antes de que existiera el Camino de Santiago. La propia información turística oficial de Galicia integra el hospital y el dolmen dentro de este conjunto patrimonial.
Es difícil encontrar una mejor metáfora de lo que es el Camino: una sucesión de caminos sobre caminos.
¿Por qué desapareció esta ruta?
Esta es quizá la pregunta que más me hice mientras caminaba.
Si el itinerario por A Pobra de Burón es histórico, si atravesaba la antigua capital del territorio, si tenía hospitales y si finalmente confluía con el otro camino en Montouto...
¿Por qué hoy lo conoce tan poca gente?
La respuesta tiene varias causas.
Una de ellas fue la creciente importancia de A Fonsagrada como núcleo de población y centro administrativo.
La otra fue la comodidad.
El trazado por A Fonsagrada terminó consolidándose porque permitía mantener al peregrino en una cota relativamente elevada y ofrecía servicios de alojamiento, alimentación y asistencia.
La propia documentación histórica recoge que el camino por Fonsagrada resultaba más corto, aunque también podía verse afectado por la nieve y presentaba sus propias dificultades.
Con el tiempo, la antigua ruta por Burón fue quedando en segundo plano.
Y el cambio administrativo terminó de reforzar la situación.
En 1835, A Fonsagrada sustituyó a A Pobra de Burón como capital del municipio.
La geografía política acabó modificando también la geografía del Camino.
Una ruta para quien quiera caminar con la historia
Después de haberla recorrido, creo que esta variante merece ser contemplada de una manera diferente.
No recomendaría hacerla simplemente porque sea "otra opción".
La recomendaría precisamente porque es historia.
Porque permite comprender que el Camino Primitivo no ha sido nunca una única línea trazada sobre un mapa.
Ha sido una red de caminos, atajos, variantes y alternativas que fueron cambiando con el tiempo según las necesidades de los peregrinos, las condiciones del terreno, la existencia de hospitales, la evolución de las poblaciones y hasta los cambios políticos y administrativos.
La variante de A Pobra de Burón conserva una extraordinaria autenticidad precisamente porque no parece diseñada para el peregrino contemporáneo.
No busca agradarnos.
No busca facilitarnos el camino.
Nos obliga a bajar.
Y después nos obliga a subir.
Nos lleva por bosques.
Nos introduce en una antigua villa.
Nos enfrenta con sus ruinas.
Nos conduce hacia una sierra.
Y finalmente nos entrega Montouto.
Una ruta exigente, pero extraordinariamente bella
Hay que advertirlo: no es un recorrido para quien busque comodidad.
El descenso desde A Fonsagrada hacia A Pobra se hace notar en las piernas, y la posterior subida hacia Montouto exige un esfuerzo considerable.
Pero la dificultad forma parte de su encanto.
Una ruta histórica no debería medirse solamente en kilómetros.
Hay caminos que se recorren con los pies.
Y hay caminos que, además, se recorren con la memoria.
Este es uno de ellos.
Las panorámicas abiertas desde las alturas, los bosques de robles y castaños, los caminos encajados entre muros, las aldeas, los restos de la fortaleza de Burón, los viejos caminos de piedra y finalmente el conjunto de Montouto convierten esta variante en una de las experiencias paisajísticas e históricas más interesantes de este sector del Camino Primitivo.
La Xunta de Galicia reconoce expresamente el tramo Paradanova-A Pobra-Montouto como parte del trazado histórico del Camino Primitivo y destaca tanto su valor patrimonial como paisajístico.
Una invitación a caminar por el Camino que casi olvidamos
Cuando llegué a Montouto y contemplé las ruinas del hospital, pensé en todos aquellos peregrinos que llegaron hasta aquí muchos siglos antes.
Quizá llegaron agotados.
Quizá mojados.
Quizá con los pies heridos.
Quizá rezando para encontrar refugio antes de que cayese la noche.
Y allí estaba el hospital.
Una casa en medio de la montaña.
Una puerta abierta.
Un fuego.
Una cama.
Una sopa caliente.
Y probablemente alguien dispuesto a recibirlos.
Hoy quedan las piedras.
Pero las piedras cuentan.
Cuentan que por aquí pasó mucha gente.
Cuentan que A Pobra de Burón fue una villa importante.
Cuentan que hubo hospitales.
Cuentan que el rey Pedro I quiso proteger a los peregrinos.
Cuentan que Carlos II volvió a ordenar que se atendiese a quienes atravesaban estas montañas.
Y cuentan, sobre todo, que el Camino Primitivo fue mucho más complejo de lo que hoy vemos en nuestros mapas y guías.
Por eso creo que merece la pena recuperar esta variante.
No para competir con el itinerario de A Fonsagrada.
Sino para completarlo.
Porque después de caminar por A Pobra de Burón uno comprende que el Camino Primitivo no termina de entenderse hasta que se conocen sus caminos olvidados.
Y este, el que une A Pobra de Burón con el Hospital de Montouto, es uno de ellos.
Un camino duro.
Un camino hermoso.
Un camino histórico.
Y, sobre todo, un camino que todavía tiene algo que decirnos.
Quizá por eso, cuando uno abandona Montouto y continúa hacia Santiago, ya no siente que está caminando por una simple variante.
Siente que acaba de recuperar un pequeño fragmento de la memoria del Camino.
Ultreia et Suseia. Buenos Caminos y Buenos Vientos
Raúl-Fernando Gómez Armenta
Senderos de la Sabiduría y Senderos Jacobeos".
Observemos cómo el musgo crece en los postes y estacas de la alambrada de las fincas
Cuencas fluviales que se extienden ambas hacia el norte, buscando las desembocaduras de ambos ríos en el Mar Cantábrico, al otro lado de las serranías que estamos viendo en la lejanía
"La quiastolita llegó a los museos y colecciones europeas a mediados del siglo XVI, como un amuleto o recuerdo aportado por los peregrinos que volvían de Santiago de Compostela. En los catálogos se cita con el nombre de "lapis crucifer" o "lapis cruciatur", traducible por "piedra de cruz". la primera representación gráfica de una quiastolita aparece en el libro de Laet, De Gemmis et Lapidibus, publicado en 1648. Posteriormente apareció representada en otras obras. Entre las imágenes más notables están las de la Metallotheca, catálogo de la colección de minerales del Vaticano, preparada por Mercati pero publicada en 1717, mucho después de su muerte (y de la desaparición de la colección). Las planchas fueron grabadas por Eisenhot hacia 1580. Entre las secciones de quiastolita puede verse un ejemplar tallado en cabujón para su uso como gema.
Durante varios siglos solamente se conocían los yacimientos asturianos, situados en el entorno de Boal, hasta que a principios del siglo XVIII se encontró en el río de Las Cruces (que tomó el nombre precisamente de la presencia de esta piedra), un afluente del río Laraquete, en Chile. A mediados de ese siglo se encontraron también en Salles de Rohan (Francia), y posteriormente en otros muchos lugares".
"La teoría más clásica y de más amplia aceptación acerca del proceso mineralógico metamórfico que permite que se formen estas curiosas cruces se apoya en la tesis propuesta por Frondel en 1934 acerca de la incrustación selectiva de impurezas en los cristales. Según esto, los cristales de andalucita, que son de crecimiento rápido, van incluyendo impurezas carbonosas mientras crecen y estas se van acumulando solo en determinados puntos (en las esquinas de los cristales). En la medida en que va aumentando la concentración de inclusiones (fundamentalmente grafito) en esos lugares, se va inhibiendo (desacelerando) el crecimiento del cristal. Esto concentra las inclusiones en la característica cruz de malta porque va produciendo reentrantes, donde el grafito es absorbido por el crecimiento del porfiroblasto de la andalucita. Este ciclo (crecimiento-retardo-crecimiento) se repite y va formando un patrón que se asemeja a una pluma de grafito en los cuatro brazos de distribución radial.
Estas «gemas», aunque opacas, pueden ser pulidas con fines de joyería y otros propósitos ornamentales. Tienen gran atractivo debido al simbolismo de la forma de cruz, se utilizan con frecuencia como amuletos, ofrecen espacio a la fantasía y a que se difundan localmente diversas leyendas sobre el origen de ellas".
Como se ha dicho, este y otros cotos sanjuanistas fonsagradinos (antaño buroneses por extensión) dependían de la Encomienda de Portomarín, una de las cinco que tuvieron en Galicia, fundada en 1158 por concesión de Fernando II, lo que lleva a pensar en que los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, si estos cotos vienen de esa época fundacional o de poco después, ya podrían estar presentes en el Camino antes de la fundación de A Proba de Burón en 1200 o 1255, tal y como comentábamos al principio de esta entrada
Ahora tenemos también extensas praderías a nuestra izquierda, separadas unas de otras por setos silvestres, también llamados sebes, como hemos visto en Asturias. A lo lejos, las arboledas, algunas eucaliptales, de Os Bragais
El paso de A Fonsagrada hacia O Padrón se hace en una suave bajada por el barrio de As Rodas, donde están la gasolinera y, a la izquierda, la rotonda donde empieza la carretera LU-740 que baja la Camping y A Proba de Burón
Las líneas de cumbres más altas, plagadas de eólicos, señalan por esa zona la frontera con Asturias
Y, más acá, son las 'más suaves colinas' de la montaña fonsagradina, notan suaves cuando toca subirlas y bajarlas a pie, como bien nos damos cuenta
La lejanía de las sierras allandesas y otras son el recuerdo permanente de que, si hemos podidas pasarlas sin problema, el resto, de aquí a Santiago, ya 'está chupao', como bien podríamos asegurar
El Camino ya casi llanea, estamos llegando a Xestoso de Riba y es, recalcamos, uno de los escasos tramos llanos, o mayormente llanos de esta subida
Bifurcación y de frente, el mojón que vemos un poco más adelante nos lo indica. Las vacas siguen mirándonos con indisimulada extrañeza. Aparte de los ganaderos pocos circulan por estos puertos buroneses, y menos andando
El Teso das Medorras está delante del Pico do Muradal y entre A Lagoa Seca y el Monte de Vaubello. Más acá tenemos el Chao de Mourisco, sobre la cabecera del valle del rego del mismo nombre
Monte de Reposeiras (838 m) y, en la distancia, el de A Cruz do Pito (848 m)
Otra vez el contraste de usos del suelo: a la derecha pastizales, a la izquierda crecen helechales y, unos metros más allá, piñeirales
Otra hermosa vista de la aldea de Mourisco con el Monte de Vaubello a sus espaldas. Mouros, en el sentido de 'no cristianos' en general eran, en el acervo popular, los 'antiguos', los constructores de las medorras, de los castros y de otros lugares semejantes, pero el topónimo acaso tenga más que ver con la raíz preindoeuropea mor en el sentido de 'piedra' o 'roca' o incluso un antropónimo Maurus, nombre de algún antiguo posesor de época romana o altomedieval
Pacios, por su parte, refleja en su nombre las casas de la pequeña hidalguía o nobleza rural de pequeños y medianos propietarios, también llamadas pazos en gallego, especialmente relevantes en la antigua Terra de Burón
Bellísima estampa hacia el norte con A Valiña de Santestevo en lontananza y los altos de Castañoso cerrando el valle. A lo lejos está A Serra do Corno do Cervo
Seguimos viento los altozanos de A Cruz do Pito. En días muy claros pueden reconocerse las sierras que separan A Terra Chá de A Mariña
"1) Los condes de Altamira, señores del concello de Burón
Hasta la fecha, no se ha hallado el documento real que otorgó el título de "proba" (villa con fuero) y villa —actuando como centro administrativo del concello formado por las aldeas circundantes— a la localidad y parroquia conocida posteriormente como A Proba de Burón. Tras editar y estudiar minuciosamente la documentación del monasterio de Vilanova de Oscos, el historiador José Antonio Álvarez Castrillón señala que este acontecimiento probablemente tuvo lugar hacia 1255, por iniciativa del rey Alfonso X ("el Sabio"), quien concedió títulos similares a otros asentamientos de Galicia y Asturias (conocidos como polas o poblas). Registros de 1260 mencionan el municipio y a los alcaides de San Miguel de Burón, señalando la presencia de un notario real en la villa; en 1270, un hijo del propio monarca firmó una escritura en A Proba y, ya en 1280, el municipio utilizaba su propio sello para autenticar documentos.
En aquella época, A Proba y su territorio circundante eran tierras de realengo (bajo dominio real directo), a excepción de ciertos cotos —como el de Carballido— que estaban bajo el señorío del monasterio de Vilanova. Sin embargo, esta situación cambiaría hacia 1370, perdurando dicho cambio durante siglos. El rey Enrique II, que ascendió al trono en 1369, concedió las probas de Burón y Navia a su sobrino, el conde Pedro; posteriormente, las tierras pasaron al hijo del conde, don Fadrique Enríquez. Tras su muerte en 1431, se sucedieron tiempos confusos en los que consta que ambos territorios y sus distritos asociados tuvieron diversos señores, como un cortesano vallisoletano llamado Juan de Viveiro (natural de dicha ciudad). El primer conde hereditario de Lemos fue el conde de Trastámara y marqués de Astorga, del linaje de los Osorio. En 1464 (con ratificación en 1483), don Álvaro Pérez Osorio, marqués de Astorga, cedió los territorios mencionados a su hijo, don Pedro Osorio de Villalobos —casado con doña Urraca de Moscoso, natural de Santiago de Compostela y miembro de la Casa de Altamira—. De este matrimonio, las tierras pasaron a su hijo, don Rodrigo Osorio de Moscoso, segundo conde de Altamira (título concedido en 1475), y posteriormente a sus sucesores hasta 1811, momento en el que se declaran abolidos los señoríos.
Sin embargo, la incorporación de A Proba y el municipio de Burón al señorío de la Casa de Altamira no estuvo exenta de conflictos; los vecinos lucharon durante cerca de cuarenta años —primero ante el gobernador del Reino de Galicia y más tarde ante la Real Chancillería de Valladolid— para liberarse de sus nuevos señores y recuperar su condición de realengos, tal como lo habían sido antes de 1370. Durante el conflicto, que se prolongó hasta el periodo 1525-1530, los residentes solían reunirse en A Fonsagrada —entonces una pequeña parroquia que aspiraban a convertir en cabecera municipal si lograban su propósito— para evitar vivir bajo la sombra del castillo, símbolo del poder de los condes. No consiguieron su objetivo, en gran medida debido al respaldo que los condes recibían de los monarcas, a las tácticas torticeras de don Rodrigo y de sus parientes y allegados, y también porque un representante legal de los vecinos los traicionó y entregó documentos importantes a la parte contraria, impidiendo así que fueran presentados ante los jueces. En consecuencia, la primera sentencia de la Chancillería, emitida en marzo de 1490 a favor de doña Urraca de Moscoso, sirvió finalmente como título definitivo que garantizaba a los condes el señorío de Burón. El fallo establecía las obligaciones que los residentes locales debían cumplir anualmente con los condes en su calidad de señores:
• Contribuir al mantenimiento de la fortaleza o castillo en buen estado.
• Acudir a la llamada a las armas del señor en tiempos de guerra.
• Abonar colectivamente una derrama o tributo de 12.000 maravedíes. • Aportar —por cada grupo de doce hogares— una tasa de matanza (equivalente al sacrificio de un animal), además de seis carneros y una gallina por hogar.
• Pagar la luctuosa (un impuesto sucesorio consistente en un buey o una vaca) tras el fallecimiento del cabeza de familia.Estas obligaciones —algo atenuadas por un acuerdo de 1627— permanecieron vigentes hasta 1811; los hidalgos (pequeña nobleza) estaban exentos de pagarlas. Aparte de estas, existían las rentas de foro, percibidas por los señores en virtud de sus derechos de propiedad sobre diversas tierras, así como una parte de los diezmos de varias parroquias donde ostentaban el derecho de nombrar (designar) a los párrocos. No obstante, el señorío también conllevaba el elemento esencial de la autoridad judicial; los condes nombraban periódicamente a un meriiño (oficial de justicia) para resolver determinados litigios civiles y penales en primera instancia. Las partes litigantes podían apelar dichas decisiones ante el alcalde mayor de los dominios de Altamira —con sede en Santiago, en el palacio que los condes poseían donde hoy se encuentra el mercado municipal— y, posteriormente, ante la Real Audiencia del Reino de Galicia. Asimismo, nombraban a un escribano oficial para dar fe de las reuniones del concejo, los procedimientos judiciales y otros asuntos.
Por su parte, los vecinos elegían cada año, el día de Reyes, a dos concejales y a dos procuradores generales) —uno en representación de la pequeña nobleza y el otro del estado llano—, mientras que los habitantes de A Proba gozaban del privilegio de elegir a su propio representante, un magistrado local (juez pedáneo), así como al magistrado de huérfanos de todo el municipio el día de Año Nuevo; este último se encargaba de inventariar los bienes de los fallecidos que dejaban hijos menores y de nombrar un tutor. En la década de 1720, los vecinos de A Proba intentaron constituirse en una especie de pequeña «república» dentro del municipio, alegando que la localidad no estaba sujeta al señorío del Conde, que el alguacil condal carecía de jurisdicción allí y que la autoridad residía exclusivamente en el magistrado local que ellos mismos elegían. Los abogados de los Condes demostraron, mediante pruebas documentales, que tal afirmación era infundada. (...)
Las atribuciones que los condes de Altamira ejercían como señores del municipio —en particular el nombramiento del merino y del escribano, así como la recaudación de tributos como el pedido y la luctuosa— cesaron en agosto de 1811 con el decreto de abolición de los derechos señoriales promulgado por las Cortes de Cádiz; dicho decreto fue respetado parcialmente por Fernando VII en 1814, cuando declaró nula y sin valor la labor legislativa de las citadas Cortes. Dicho esto, los condes siguieron cobrando las rentas de los foros hasta que estos fueron redimidos, así como los diezmos hasta 1840.
Desde 1811 en adelante, los funcionarios municipales fueron nombrados durante un tiempo por la Real Audiencia, mientras se consideraban diversas propuestas de reforma de la administración local, que incluían la creación de nuevos municipios. Estas reformas entraron en vigor en 1834, cuando el antiguo municipio de Burón se convirtió en el municipio de A Fonsagrada (aunque todavía se le conoce a veces como Burón), con su sede administrativa en esa localidad. Territorialmente, hubo pocos cambios, ya que el nuevo municipio solo perdió partes de las parroquias de San Xurxo y Santalla de Pequín, que se incorporaron a Meira. Sin embargo, posteriormente sufrió nuevas reducciones: en 1928 se creó el municipio de Negueira de Muñiz, que comprendía las parroquias de Negueira, Ernes, Barcela, Oubiaño y Rio de Porto, que en aquel entonces tenían una población combinada de más de 2000 habitantes; y en 1935 se estableció el municipio de Ribeira de Piquín. Separada de Meira, incorporó la parroquia de Santiago do Acevo —creada en 1891 mediante la división de la parroquia de Carballido— y que anteriormente había pertenecido a A Fonsagrada. Finalmente, en 1965, la parroquia de Os Vaos también pasó a formar parte —casi en su totalidad— del municipio de Ribeira de Piquín. En resumen, el antiguo municipio de Burón abarcaba una superficie de 540 km² y el municipio El actual municipio de A Fonsagrada tiene una superficie de 438,35 km² y 278 núcleos de población, incluidos aquellos que han quedado deshabitados. En 1860 había 323 aldeas, todas ellas habitadas".
"La primera guerra carlista se desarrolló en España entre los meses de octubre de 1833 y agosto de 1839; el origen de esta cruenta y prolongada guerra civil se halla en la contienda sucesoria entablada entre los isabelinos, partidarios de Isabel II, hija de Fernando VII, y los carlistas que apoyaban a Carlos María Isidro, hermano del rey y tío de Isabel, a quien sus seguidores consideraban el legítimo heredero de la Corona, de acuerdo con la Ley Sálica que vetaba a las mujeres para ocupar tan alta dignidad. Cuestión hereditaria aparte, entre los partidarios de uno y otro bando también existían importantes diferencias ideológicas, por cuanto los carlistas eran partidarios de una monarquía absoluta, mientras que los isabelinos (también llamados cristinos) defendían el sistema liberal que consagraba la Constitución de 1812.
La primera guerra carlista en Galicia
Galicia no se vio libre de esta contienda, aunque a diferencia de lo ocurrido en otras regiones, en el territorio gallego no se produjeron enfrentamientos armados entre los ejércitos de ambos bandos, ya que los carlistas nunca llegaron a disponer de un ejército propio en Galicia, aunque sí con numerosas partidas guerrilleras que actuaron por gran parte de su geografía.
Las partidas gallegas iniciaron su actividad bélica, de forma descoordinada y por separado, tras fracasar en un proyecto de operación en la que estaba previsto que participasen todas las partidas carlistas gallegas con la que pretendían alcanzar la toma militar de la ciudad de Lugo (febrero de 1834)
Como iba a ocurrir en otras ocasiones, la operación de Lugo no se llevó a cabo por la incomparecencia de gran parte de las partidas, varios de cuyos líderes no estaban de acuerdo con ese tipo de operativa militar mediante la utilización de un ejército regular, y sí por un despliegue de partidas, que de esa manera podrían actuar con autonomía propia en sus territorios de influencia. Entre los líderes carlistas más carismáticos, se encontraban los hermanos Juan (O Cura de Freixo) y Francisco Xavier Martínez Villaverde, quienes fueron los encargados de organizar la PARTIDA DE BURÓN: el primero, en calidad de “comandante” de la partida, esto es, como organizador y coordinador de la partida; mientras que el segundo, Francisco Xavier, un ex militar de carrera depurado en 1832, como jefe operativo de la partida.
La “Fuensagrada”: un nido de águilas, una plaza militar pretendida por liberales y por carlistas
Según un acreditado analista de las actividades bélicas desarrolladas en las tierras buronesas durante la primera guerra carlista, A Fonsagrada era “una plaza que (los carlistas) se obstinan en atacar básicamente porque desde aquel nido de águilas resultaba fácil a los cristinos (ejército liberal) controlar a las gentes de los valles de Burón y de Navia”
El llamado Cura de Freixo fue el organizador de la Partida de Burón, tal como el propio cura proclama en un memorándum que envió al pretendiente carlista en 1836: Don Juan Martínez Villaverde, Arcediano de Mellid, canónigo proscrito de la SIC de Mondoñedo, y comandante de la partida carlista que bajo la denominación del Cura de Freyjo….En ese mismo documento también reconocía lo mucho que le importaba a la causa carlista que se armasen los montañeses de Burón y de toda la margen izquierda del Navia.
Con esos presupuestos, desde el inicio de las hostilidades, la partida buronesa, reforzada con otras facciones guerrilleras de esa zona, planificó varias operaciones a realizar en 1835 con el objetivo de tomar militarmente la villa fonsagradina; dichas operaciones se quedaron en simples intentonas, saldándose con otros tantos fracasos motivados, entre otras razones de peso, por la insubordinación e indisciplina de los jefes de las facciones.
Simultáneamente, el Gobierno constitucional y la Capitanía General de Galicia, conscientes de la importancia estratégica de la villa fonsagradina y con el fin de mantener bajo su control las tierras y de las gentes de Burón, Navia, Piquín, Oscos y Grandas, adoptaron medidas políticas y algunos acuerdos excepcionales; a saber:
- La Villa de A Fonsagrada, en sustitución de la Puebla de Burón, pasó a convertirse en capital del ayuntamiento y del partido judicial de Fonsagrada. El primer alcalde constitucional nombrado en junio de 1834 fue un tal Pedro Rodríguez, un leal servidor de la causa isabelina quien en agosto de ese mismo año tomó la decisión de crear en la villa una milicia urbana encargada de colaborar con el ejército en la defensa de los intereses de nuestra legítima Reina Doña Isabel
- En los dos últimos meses del año 1935, tras el incremento de las actividades bélicas de las partidas carlistas, el Capitán General de Galicia declaró el ESTADO DE GUERRA en varios partidos judiciales gallegos, incluyendo entre ellos al de Fonsagrada. En diciembre de ese año, el mismo Capitán General, Pablo Moriillo en un “artículo de oficio” ordenó la colocación en la Fonsagrada un comandante militar de la clase de jefes encargado con los competentes números de tropas de perseguir y aniquilar las facciones que existan o se formen por la parte de Asturias, cuidando especialmente que impidan la aproximación de los facciosos al camino real.
La Capitanía General de Galicia desde el inicio de las actividades bélicas de las partidas intentó con éxito transformar a la Villa de A Fonsagrada en un fortín para evitar que las tierras de Burón pudieran ser utilizadas por los carlistas como un terreno liberado, un vivero de guerrilleros y un refugio seguro para los líderes de las partidas. En cualquier caso, se trataba de una zona con una población y un clero a quienes se les presumía afines al carlismo; un territorio montañoso y abrupto, muy deficientemente comunicado pese a tratarse de un importante cruce de caminos entre Asturias y Galicia (el camino real entre Oviedo y Lugo).
La frustrada toma militar de A Fonsagrada: tres intentos carlistas en 1834
1) Enero de 1835, El Cura de Freixo da el visto bueno a una operación organizada por un tal José Álvarez Pérez, caudillo de una facción carlista de la zona naviega. La acción iba a realizarse el 23 de enero y en ella iba a participar la facción del citado José Álvarez, así como la partida de Burón comandada por Francisco Xavier Martínez Villaverde. Por razones desconocidas, ni Álvarez ni su facción que, según él, iba a estar integrada por “cien hombres”, comparecieron en la fecha señalada para el ataque, motivo que obligó al Cura de Freixo a suspender la acción.
2) El segundo intento que tenía que haberse realizado el 1 de julio de 1835 bajo la dirección del Cura de Freixo, estaba respaldado por todos los caudillos de la Partida de Burón: Francisco Xavier Martínez, José Álvarez Peña, José Ramón Soto (a) Mosteiro y Manuel Álvarez (a) Señorito o Cojo de Bullán.
Según el memorándum redactado por el referido Cura, la partida, integrada por unos 100 hombres, llegó a concentrarse en un punto cercano a la villa fonsagradina (posiblemente en la Lagoa Seca), mientras que el destacamento militar de Fonsagrada contaba con 130 soldados, bien atrincherados en el entorno de la iglesia parroquial.
A la vista de la desigualdad de las fuerzas contendientes y de las medidas de fortificación adoptadas por el Corregidor del Destacamento, los caudillos de la partida, se supone que bien asesorados por el Cura de Freixo, optaron por abandonar el proyecto sin llegar a entablar batalla, dirigiéndose, primero, al Cereixal – Becerrreá, donde atacaron con éxito a una unidad militar, para posteriormente retornar a las tierras buronesas, siendo sorprendidos por un destacamento militar de Lugo el 6 de julio en el lugar del Traveiro.
3) El tercer y último intento para llevar a cabo la toma de A Fonsagrada se produjo en septiembre de 1835, aunque en este caso sí se llegó a producir un cruento enfrentamiento armado entre la partida de Burón y las “columnas del Catón de Fuensagrada”, al frente de las cuales se encontraba un eficaz comandante militar, el coronel Ignacio Acha. El resultado de este enfrentamiento fue favorable a la causa isabelina, si hacemos caso a un parte militar firmado por el referido coronel Acha el día 3 de septiembre, donde se puede leer lo siguiente: al fin hoy he visto la cara a los facciosos de Burón, una completa dispersión con ocho muertos vistos, muchos heridos, dos caballos muertos y otros cuatro cogidos, incluida la yegua del cabecilla Evangelista, muchas armas y otros efectos…ha sido el resultado.
Según la versión de estos mismos hechos, elaborada por el Cura de Freixo en el mencionado memorándum, el resultado final de este ataque no fue, precisamente, el que describe el coronel isabelino, ya que el destacamento a sus órdenes, tras hostigar a la partida que se encontraba concentrada a más de media legua de la villa, se encerró en su principal fuerte que era la iglesia, rodeada con parapetos y un tambor que le contribuían mucho a su defensa: la mayor parte de los urbanos (milicia urbana no militar) habían escapado a poco de principiarse el fuego y los pocos que se mantuvieron firmes se encerraron en el fuerte y allí se mantuvieron unos y otros; el enemigo perdió en este encuentro doce hombres….El corregidor y los más exaltados se habían fuga mucho antes de trabarse la contienda, M hermano tuvo dos muertos, un herido y un caballo muerto; Álvarez Pérez tuvo un muerto.
En cualquier caso, el Cura de Freixo no se sentía muy orgulloso de esta refriega ya que concluye su informe afirmando que esta jornada ventajosa al parecer no lo fue en realidad: Burón se quedó como estaba con su corregidor y su destacamento que bien reforzado en breves días hizo muchos estragos en el país
El destino final de los líderes de la Partida de Burón:
- El Cura de Freixo se exilió en San Juan de Luz (Francia) donde residía la corte del Pretendiente Carlos María Isidro. Falleció de muerte natural en esa ciudad francesa en febrero de 1843. El alias utilizado por este sacerdote se debe a su estancia en las tierras de Burón, ya que fue párroco de San Lorenzo de Degolada y de sus unidades anexas de San Xoan de la Lastra y de San Julián de Freixo durante una larga etapa, entre losaños 1813 y 1824
- Francisco Xavier Martínez Villaverde falleció en una acción armada el 30 de mayo de 1836 en las proximidades de la ciudad de Lugo.
- José Ramón González Soto (a) Mosteiro y Evangelista, era natural de Mosteiro – Navia de Suarna, fue apresado en un operativo en las proximidades de A Fonsagrada el 5 de octubre de 1838; sería ajusticiado en la Puebla de Burón y su cadáver expuesto como trofeo militar en la iglesia del pueblo.
- Manuel Álvarez Fernández, natural de Bullán – Becerreá, conocido por los alias de Señorito o Cojo de Bullán; falleció en un enfrentamiento armado que sostuvo con las tropas fonsagradinas el 16 de marzo de 1837 en la localidad de Xestoso".
El Camino pasa justo por los pinares que asoman sobre los bosquetes de su cima, lo que nos da una idea del repecho que nos tocará subir inmediatamente


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