| A Proba de Burón desde la subida a Casa da Bastida. El Camino llega por los bosques a la izquierda |
En medio del valle del río da Proba, A Proba de Burón guarda la memoria de su antiguo esplendor cuando, tras su fundación hacia el año 1200, fue centro de un extensísimo territorio, A Terra de Burón, que comprendía los actuales concellos de A Fonsagrada y Negueira de Muñiz. Hasta tres hospitales de peregrinos y uno, más apartado, de leprosos, se fundaron en este que fue durante siglos el ramal principal del camino interior entre Asturias y Galicia, dominado por el castillo de A Fortaleza (a la izquierda de la foto), del que solo queda en pie la torre del homenaje, y la iglesia parroquial de Santa María Magdalena (más a la derecha). El Camino llegaba tras subir desde Paradanova el Monte do Marmoiral y bajar a este valle
Se dice que muy posiblemente el fundador de A Proba de Burón, a veces llamada A Puebla, fue el gran rey peregrino Alfonso IX, quien, incluso vía disposiciones regias, favoreció enormemente este itinerario interior entre Asturias y Galicia al amparo de las peregrinaciones jacobeas, como tuvimos ocasión de ver recorriendo el occidente asturiano. Se buscó, según parece, un lugar bien recogido y amparado de los fríos vientos del norte y rodeado de montañas, fértil y bastante llano, aunque en un promontorio sobre el río, libre de inundaciones, crecidas, barro y humedades
| Barrio de O Milladoiro (al sur de A Proba) y arriba a los lejos Os Chaos (A Fonsagrada) |
Asimismo, es un lugar más libre de nieves y nieblas que los altos circundantes, entre ellos el de A Fonsagrada, a una media de 952 metros sobre el nivel del mar frente a los 770 m de A Proba de Burón
No obstante, esa ventaja pudo convertirse en desventaja. Desde Paradanova hasta el collado al sur del Monte do Marmoiral por donde discurre el Camino, se pasa de los 843 m a los 911 m en menos de 800 m de distancia, pero luego, llega un gran descenso hasta la vega del río da Proba, a unos 690 m de altitud, es decir, un tremendo subeybaja
| A Proba de Burón y la subida por A Bastida hacia A Serra do Hospital |
Aunque lo pero es que, seguidamente, hay que volver a subir otro tanto y mucho más, pues por A Bastida arriba hay una larga cuesta de unos 8 kilómetros, casi que ininterrumpida, hasta los 1.025 m del Real Hospital de Santiago de Montouto, en A Serra do Hospital, donde se reúne con la ruta que desde Paradanova sube por A Fonsagrada (realmente esta ruta buronesa sube al menos hasta los 1.050 metros pues pasa muy cerca de la cima de A Lagoa Seca (1.107 m) y llega en bajada a las ruinas de dicho histórico hospital de peregrinos
| A Proba de Burón y, arriba entre los árboles, la Casa da Bastida |
El tener que subir mucho para luego bajar bastante otra vez hizo que, andado el tiempo, la ruta fonsagradina, en la que una vez que subes fuertemente desde Paradanova ya no tienes que bajar más, hizo que esta prevaleciese, pues es además corta, un kilómetro y pico solamente, pero que en subida se nota de manera muy acusada y especial. Se sabe que ya en el siglo XVIII la ruta por A Fonsagrada, no solo en lo relativo a peregrinos, sino de viajeros y mercancías en general era la favorita con diferencia
| A Proba de Burón desde el Camino |
Ello provocó, junto con otros factores, la prosperidad y crecimiento de A Fonsagrada frente a la decadencia de A Proba de Burón, lo que contribuyó, junto con la reivindicación vecinal fonsagradina asumida por familias influyentes allí radicadas, que A Fonsagrada pasase a ser la capital del concello en 1835, que pasaría además a llamarse Ayuntamiento Constitucional de A Fonsagrada, como se decía entonces. Un cuarto de siglo antes el conde de Altamira había sido despojado de su señorío sobre la Terra de Burón, que ejercía desde 1480, al ponerse final al Antiguo Régimen con las Cortes de Cádiz
Cuando a finales del siglo XIX se abrieron las nuevas carreteras a Lugo y a Asturias, que relegaron a los varias veces milenarios caminos reales, estas pasaron por A Fonsagrada y, con ellas, las nuevas rutas comerciales y de pasajeros, lo que marginó aún más a la antaño poderosa Pobra de Burón, que había pasado a ser una más de las parroquias del nuevo concello (del que a su vez se escindió Negueira de Muñiz en 1928)
| A Fonsagrada desde Xestoso de Riba. Subiendo de A Proba de Burón a la Serra do Hospital |
Con la recuperación de los caminos de Santiago a partir del famoso Xacobeo'93, se decidió hacer de ambos trayectos, el buronés y el fonsagradino rutas oficiales las dos dentro de Camino Primitivo. Sin embargo, la inmensísima mayoría de los peregrinos van por A Fonsagrada. Es más, dada la casi completa ausencia de servicios, entre ellos bares, tiendas albergues y otros alojamientos (salvo los apartamentos rurales Casa da Bastida), aquellos peregrinos que la hacen suelen pernoctar y avituallarse en A Fonsagrada
La mayor parte de los pocos peregrinos que hacen la ruta de A Proba de Burón suelen tener cierta veteranía y ya conocen bien la ruta por A Fonsagrada, deseando también conocer esta. Puede decirse que sus poco más de once kilómetros son especialmente recomendables para aquellos romeiros que buscan caminos solitarios, aunque bien señalizados, como es este el caso, cuyo mapa podemos ver, por ejemplo, si visitamos el Museo da Fonsagrada
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| Paradanova y su bifurcación desde A Fonsagrada |
En esta foto tomada desde la Avenida de Asturias de A Fonsagrada vemos la aldea de Paradanova, abajo en el valle, a donde llega el Camino de Santiago desde Silvela tras bajar el monte del Alto de Paradanova en lo que son los primeros kilómetros de Santiago en Galicia. Desde aquí divisamos bien la bifurcación de los dos caminos que allí se separan, el Camín da Granxa, que sube hacia A Fonsagrada, y el camino hacia A Proba de Burón, que inicia la subida por la ladera sur del Monte do Marmoiral pasando primeramente un pasadizo bajo la carretera LU-701
| Bifurcación de Paradanova |
Y esta es la bifurcación, tal y como la ven los peregrinos cuando llegan a ella tras dejar atrás la capilla de la Santa Cruz, que pudo estar ligada a la venta o posada caminera que dio nombre a Paradanova: a la izquierda se va hacia A Fonsagrada, alguna de cuyas casas vemos a lo lejos. A la derecha, todo recto, se va a A Proba de Burón
En pleno cruce y delante de esta casa vemos sendos mojones jacobitas que nos señalan ambas direcciones
En ellos se nos señala que por A Fonsagrada son 10, 145 kilómetros hasta el Real Hospital de Santiago de Montouto, en cuya capilla de Santiago se reúnen ambos caminos, mientras que por Burón (se entiende A Proba de Burón) son 11, 288 kilómetros
Una muy pequeña diferencia que, unida al 'sube-baja-sube-sube y sube del camino buronés fueron determinantes para que, sobre todo pasada la Edad Media, se prefiriese ampliamente la vía fonsagradina
También vemos, en la pequeña placa de este hito, la distancia que nos aguarda desde aquí a la Praza do Obradoiro (Kilómetro Cero del Camino) en Santiago de Compostela: 155, 965 kms
Al fondo, vemos el mojón que confirma la ruta a los que se dirigen a A Fonsagrada, pero nosotros en esta entrada hablamos del trayecto por A Proba de Burón. Aquí, casi tomado por la vegetación, se ha colocado un gran mapa de ambos itinerarios
Aquí tenemos pues ambos caminos que aquí se separan. Nosotros estamos arriba a la derecha mientras que la capilla de Santiago de Montouto está abajo a la izquierda. Es llamativo que al buronés (arriba en trazo naranja) se le califique de dificultad alta, suponemos que se deberá sobre todo a la larga subida desde el valle hasta la sierra y a la práctica ausencia de servicios
Hemos de decir que al ver cierta duplicidad de mojones son muy frecuentes los 'errores. No pocos peregrinos que van con idea de subir a A Fonsagrada, en vez de ir por la derecha siguen de frente, pues ven en la distancia el hito jacobita que indica a quienes escogen la vía buronesa meterse al subterráneo bajo la carretera
Algunos no se dan cuenta hasta que han subido bastante arriba y, cuando se percatan, deciden volver sobre sus pasos y regresar aquí
Realmente, tampoco sería necesario pues, una vez llegados a lo alto del collado existente entre A Fonsagrada y el Monte do Marmoiral, y antes de empezar a bajar al valle de A Proba de Burón, unas señales nos indican que podemos también dirigirnos a Fonsagrada, que vemos en lo alto, insistimos, por el barrio de Os Chaos
Aquellas son algunas casas de Os Chaos 'los llanos', zona de expansión urbana fonsagradina. Dicho camino pasa al otro lado de los edificios que estamos viendo
El Camino fonsagradino entra en la villa un poco más al sur, por la Avenida de Asturias (casas a la derecha de la foto), cruza a la rúa da Penela y enlaza con la rúa Burón, por donde va, atravesando Os Chaos, el camino de enlace. Más a la izquierda, A Copa da Auga o 'copa del agua', el depósito, se yergue en la zona más alta de la población, a 964 metros de altitud
Este es en realidad un antiguo tramo de la carretera LU-701 entre A Fonsagrada y el límite con Asturias en O Acevo, una calzada que, construida a finales del siglo XIX, tras hacerse la de A Fonsagrada-Lugo (actual LU-530), desbancó al antiguo Camín Real, Camín Francés de Asturias o, como se la denomina en 1265 "camino que ven d'Ovedo"
La carretera fue ensanchada y mejorada entre 2005 y 2009 y aquí se hizo otro trazado un poco más a la derecha, quedando este para la comunicación de las casas de esta zona de Paradanova
Atención y no sigamos de frente, hagamos caso al mojón y metámonos por el ya referido túnel bajo la carretera general
Un paso muy seguro para cruzar una carretera con bastante tráfico: mejor por abajo que por arriba
Al otro lado llegamos a una pista asfaltada y, de frente, tenemos otro mojón
"En la base de datos de Toponimia de Galicia aparecen varios lugares denominados Marmoiral o Marmoriais, así como un par de Mormeiral. En Portugal, asimismo, es un topónimo frecuente. Sobre ellos revisaremos el tema del arca marmorica que contenía, según dicen, los restos de Jacobo hijo del Zebedeo, o Santiago el Mayor. Los estudiosos que se han ocupado de este tipo de topónimos destacan la conexión directa de los mismos con tumbas o túmulos, o con algún tipo de monumento funerario conmemorativo, datados a lo largo de varias épocas, con lo que es difícil establecer a qué construcción se refería concretamente el término en cada momento. Llama la atención que en alguno de los casos hasta se recordaba a quién pertenecía:
- viam de Murmurais (año 1197)
- solebat andare caminum per Montizelos per unus mormorales qui sedent ibi (sin fecha). Los "montizelos" o mámoas apuntan a una necrópolis tumular
- ad pia do marmoiral (s. XIII). Aquí "pia" indica que el marmoiral era un conjunto de sepulcros antropomorfos tallados en la roca
- via veteris venit ad mormoriali domni Pelagii Truitosendiz (s. XIII)
- per marcos qui sunt positi in Marmorialibus et deinde per petram in qua est crux fixa (s. XIII)
Las explicaciones ofrecidas hasta la fecha van en dos direcciones principales, explicar el topónimo por el material con que estarían construidos, del latín marmoris, "mármol" (Rodríguez Colmenero), o por corrupción del latín memorialis, idea de tanto peso que ha acabado por traspasar el terreno de la mera hipótesis para sustituir en varios casos al topónimo y al nombre original.
Pero seguro que resulta aclaratorio para investigar su origen saber que en caló los términos mermóri y mnemóri designan una tumba, un sepulcro, lo mismo que el griego moderno mermourion. Y precisamente ninguno de ellos tiene nada que ver con el mármol, lo que nos conduce a cuestionar el material supuestamente marmoréo con el que, se cree, se construyó la tumba primitiva en que los discípulos depositaron el cuerpo del apóstol Santiago. Esa tumba sobre la que más tarde se construyó una catedral.
Así todas las referencias convienen en que Santiago estaba tumulatum o sepultum en un arca, que en el contexto galaico tiene el significado principal de "cista megalítica funeraria". Por este motivo supongo que las fuentes históricas que describen su sepulcro utilizan léxico derivado de la raíz MERMOR-, "sepultura", para calificar al arca que contenía su cuerpo, con el objeto de indicar que sería una cista funeraria y así distinguirla de otros tipos de arcas.
Por otra parte, la existencia real de esta raíz MERMOR- en Galicia se comprueba con la conservación en la toponimia de la forma abundancial Marmoiral, "campo de túmulos, necrópolis".
"Término latino citado también como achaia marmarica, aca marmarica y arcis marmaricis, con las dos siguientes traducciones posibles al español: arcas marmóreas y arcos marmóreos. Arcis marmoricis es la trascripción latina más común, asimilable según determinados estudiosos a arcos marmóreos. Alude al lugar en el que habría sido sepultado Santiago el Mayor.
El Breviarium Apostolorum, colección hagiográfica latina sobre los apóstoles, redactada en el sur de Francia o en el norte de Italia a finales del siglo VI o principios del VII, es la fuente escrita más antigua en la que se alude a la posibilidad de la estancia de Santiago el Mayor en la Península Ibérica. Señala que predicó en el extremo occidental del mundo y que está enterrado en Achaia Marmarica, un lugar o espacio no identificado, lo que disparó las especulaciones sobre esta segunda afirmación.
La posición más difundida, nacida en Compostela en el siglo XIX de la mano del historiador López Ferreiro y seguida por otros estudiosos como Guerra Campos (s. XX), sostiene que Achaia Marmorica se identificaría como arcis marmoricis -arcos marmóreos- y se correspondería con el espacio sepulcral de Compostela donde se encontró en el siglo IX el cuerpo que la tradición atribuye a Santiago el Mayor. Según ciertos textos de la alta Edad Media, el sepulcro apostólico descubierto estaba culminado por una bóveda de mármol.
El medievalista López Alsina cita varios de estos escritos de la alta Edad Media. Se refieren al lugar de la tumba de Santiago como el locus arcis marmoricis y a su enterramiento sub arcis marmoricis -bajo arcos de mármol-. Esta vieja fórmula fue desapareciendo -añade el mismo autor- siendo sustituida por la de su enterramiento en Compostela -requiescit in Gallecia in urbe Compostella- a medida que la ciudad de Santiago se convertía en una poderosa realidad urbana (s. XI).
Las obras de construcción de la actual catedral ayudaron a cambiar este enfoque. A principios del siglo XII se destruyó casi por completo lo que quedaba del edículo funerario original para dar forma, sobre él, al nuevo Altar Mayor. Con estas reformas desaparecieron las últimas posibilidades de seguir relacionando el sepulcro original con la fórmula arcis marmoricis. Sin embargo, el autor de la Historia compostelana (s. XII), que la escribe algo después de dichas obras y que se supone que llegó a conocer el edículo original, señala todavía que los discípulos enterraron a Santiago bajo marmoreis arcubus y que el obispo Teodomiro descubrió la tumba dentro de una domuncula -pequeña construcción- marmorea.
También se ha relacionado el término latino arcis con arca: un receptáculo donde se guarda algo de gran valor. Otros autores restan relevancia a la expresión arcis marmoricis. La consideran más una fórmula expresiva que un término con valor específico. Latinistas como Díaz y Díaz defienden que la forma original del Breviarium -Achaia Marmarica- es un topónimo no identificado, que algunos han querido situar en la antigua Marmárica -Libia-. Por lo tanto, no aludiría a un modo o espacio de enterramiento y su conversión en la forma arcis marmoricis no sería correcta. Un tema más para la especulación teórica, el misterio y las posibilidades abiertas de imaginar los tiempos más remotos del universo de Santiago".
Mucho más al norte son las sierras de Sendina o Barbellos y Ouroso, con el pico de este nombre (1.015 m) y el Alto da Garganta, paso a la desembocadura del Eo en el Mar Cantábrico
Entre el Camino, que sigue subiendo en rampa, asfaltado hasta la última casa, y la carretera, pasa una cuneta hormigón que canaliza el agua sobrante de las lluvias
Poco a poco el Camino sube hasta un nivel más alto que la carretera, siempre a la vista de Os Chaos, donde estuvo el campo de fútbol de la Sociedad Fonsagrada FC en su 'época gloriosa' (1956-1967), como la describe el erudito investigador José García en Amigos de Fonsagrada:
"Durante la primera etapa de este periodo el equipo fonsagradino estuvo presidido por el médico don Manuel de las Heras: el primer presidente de la Sociedad Fonsagrada FC., durante cuyo mandato se construyó el campo de fútbol de Os Chaos en unos terrenos situados en la zona norte de la villa propiedad de los hermanos Fernández Peñamaría (Os Figueiro). A partir de agosto de 1961 el club Fonsagrada FC pasó a estar presidido por Julio Salvador Gómez Fernández (Julito de Habilitado), quien iba a permanecer al frente del Fonsagrada FC hasta el año 1968, cuando desaparece la sociedad fundadora del equipo y cuando el terreno de Os Chaos pasa a ser propiedad del Ayuntamiento.
El equipo de esta irrepetible época entrenado por Fauste, un portero con un destacado curriculum profesional en las filas del Atlético Madrid y del Lugo, contaba con una excelente plantilla integrada sólo por jugadores locales; a saber: Armando - Maño, Quico do Torto, Castaño, Ovidio Castosa - Ruquito, los hermanos Sergio, José Manuel y Hortensio Saavedra, Manolín de Choa - Parrolín (el gran goleador), Castelao, Rafa, Fidel, los hermanos Rellán (Tino, Pepe y Tomás), Requejo, Evaristo, Ovidio da Pita, Leonardo Curiel etc".
Este camino buronés empieza a subir desde la misma Paradanova, por lo que la ascensión hacia el collado entre Os Chaos y el Monte do Marmoiral es más suave que la abrupta subida la población por la vía fonsagradina que, después de llanear un buen trecho por el valle del río de Arime, sube de repente por la que se ha dado en llamar 'cuesta del silencio', porque ni hablar se puede por acabar con la lengua fuera del esfuerzo
No obstante, se trata de una cuesta más larga si queremos emplearla para ir a A Fonsagrada, pues desde el collado habríamos de seguir subiendo hacia la izquierda, a Os Chaos
Este itinerario fue hace ya tiempo el único señalizado del Camino para subir a la villa. Quien esto escribe subió por él en 1993 y 1999, más adelante se señalizó el más directo, el de la 'cuesta del silencio' anteriormente dicha
Este itinerario fue hace ya tiempo el único señalizado del Camino para subir a la villa. Quien esto escribe subió por él en 1993 y 1999, más adelante se señalizó el más directo, el de la 'cuesta del silencio' anteriormente dicha. En esta foto nos hacemos una idea del trayecto que hay que hacer, para llegar al centro urbano, a la izquierda de la foto, desde Os Chaos, a la derecha
La 'cuesta del silencio' pasa al otro lado de los eucaliptos que vemos a la izquierda y llega al casco urbano por la Avenida de Asturias, tramo urbano de la carretera LU-701, yendo hacia la iglesia de Santa María da Fonsagrada y A Fonte Sacra por la rúa da Penela y Rúa Burón, donde como ya también hemos dicho se une al camino de Os Chaos, el que podemos emplear también para entrar en A Fonsagrada por esta vía buronesa
Realmente, según, el historiador y filólogo, pionero de la recuperación del Camino Primitivo, Ricardo Polín, la ruta original subía hacia A Fonsagrada por su parte más antigua, es decir hacia A Fonte Sagrada que le dio nombre a la población e iglesia de Santa María, tapada por los edificios al extremo sur de la villa, al pie de la Copa da Auga, continuando luego por la Rúa Maior que es actualmente trazado oficial del Camino de Santiago en el casco urbano
Mirando atrás, en Paradanova, vemos el lugar donde se han separado los caminos, bajo el Alto de Paradanova (933 m), que forma parte de A Serra de Follabal, por donde hemos venido tras dejar atrás Silvela, donde no pocos peregrinos se encomiendan a Santa Bárbara en su capilla, protectora contra los truenos, antes de acometer la subida a A Fonsagrada
El Camino ha llegado bajando por los bosques de la sierra. Estas poblaciones no se vieron afectadas por la construcción de la carretera de Lugo, acabada en diciembre de 1894, ni la de Asturias, construida a continuación, pues siguió pasando por los mismos núcleos de población que el antiguo Camín Real
Sí se vieron más afectados por el gran éxodo rural que aconteció, prácticamente en toda España y buena parte de Europa, al final de la posguerra sobre todo. Allí en medio habría estado la venta o mesón caminero que habría dado nombre a este enclave, con la capilla de Santa Cruz de Paradanova a su derecha, tapada por las casas de ese margen del Camino
Nos aguarda ahora una buena rampa pista arriba sin tregua, es la zona más pronunciada de la ascensión
A nuestra izquierda, la carretera con una buena vista de la cabecera del valle del Rego de Arime, por donde va el Camín da Granxa, al pie del Alto de Paradanova
Carballeira y piñeiral; avanzando el verano las hojas caídas y amontonadas en la vereda anuncian un ya cercano otoño
El Camino, pista alicatada, hace una curva a la derecha mientras va ganando altura por el Monte do Marmoiral
Se nos señala que estamos a kilómetro y medio de A Fonsagrada (realmente a la iglesia parroquial de Santa María sería, si no nos fallan los cálculos) y a dos kilómetros con doscientos metros de A Proba de Burón (a la iglesia de Santa María Magdalena nos sale también)
Los erizos crecen albergando en su interior las aún pequeñas castañas, que pronto caerán sobre el Camino. Si alguien las recoge, serán la esencia de los magostos de las fiestas de otoño
El camino es mullido, de tierra y algo de piedra. Puede formarse un poco de barro con las lluvias, pero no tengamos demasiado miedo de mancharnos las botas, demasiado hormigón, cemento y asfalto nos toca pisar ya
Con el frescor de la mañana, la humedad de la niebla recién disipada rezuma agua condensada y el olor a tierra mojada y a verdor perfuma el ambiente
Ya desde aquí, se nota que es un trayecto apetecible para el peregrino ya cansado de itinerarios muy transitados. "Así era el Camino Primitivo antes", exclamaba un veterano andarín cuando lo conoció
Una red separa el Camino de las fincas de la derecha, delimitadas a su vez entre ellas por setos y alambradas. Son prados de pasto o siega o, como se decía en los documentos de época, 'de diente y guadaña'
Aquí, un nuevo amigo en el Camino acude a recibirnos y darnos la bienvenida
El Camino baja muy plácidamente entre fincas y bajo castiñeiros y carballos
Llega ahora un tramo bastante recto mientras la fila de árboles sigue a la derecha a lo largo de toda su extensión
Naturalmente, las percepciones respecto al paisaje han cambiado de los peregrinos y viajeros de antaño a nosotros. Pensemos que en la segunda mitad del siglo XVIII, el propio Real Hospital de Santiago de Montouto, fundado en 1698 por el rey Carlos II sustituyendo a otro más antiguo de Pedro I de Castilla de 1357 para albergar peregrinos jacobitas, "recibe acusaciones de acoger a ladrones, bandidos y todo tipo de indeseables" de los que sus víctimas más indefensas serían sin duda los romeiros al atravesar parajes solitarios y boscosos, como este
Prados arriba a la izquierda, al otro lado de aquellas arboledas, está el barrio de Os Chaos, cuyos edificios ya no podemos ver desde aquí, su nombre, 'los llanos', revela la orografía zona más o menos llana al norte de la villa, hacia donde esta se extendió urbanísticamente a partir de su núcleo originario
El Camino hace un poco de congostra, camino encajado en su caja caminera que, aunque pudo ensancharse en algún momento para servicio a las fincas, podría delatar su antigüedad
Siguen los carballos mientras nos adentramos en un poco de umbría. Estamos ante un paisaje bellamente introspectivo, de ver apenas más de lo que tenemos justo enfrente y a los lados. Y así será durante la mayor parte del trayecto bajando al valle del río da Proba, por cuyas vegas entraremos en A Proba de Burón
De la penumbra al sol intenso de la mañana que da de pleno en este carballo, bajo el que caminamos ahora
Continúa así este trecho recto o casi recto, y llano o casi llano, por el que vamos inmersos en la naturaleza, adentrándonos en la fronda
El Camino hace ahora un poco de curva, pronto nos meteremos de veras en el corazón del bosque, allí a la derecha
Un poste de hormigón telefónico nos sirve como primera referencia para saber dónde dejaremos este camino para tomar el que baja hacia la derecha, hacia dicho bosque
Estemos atentos pues no es demasiado difícil despistarse y seguir de frente en esta bifurcación, sobre todo si la vegetación tapa el mojón que nos lo confirma: veámoslo a la derecha del poste
Entre ambos pasa el camino a la derecha que vamos a tomar ahora, dando vista de frente a un cortafuegos
Otro precioso itinerario por las fragas de bosque autóctono de carballeiras y castañares
La bajada se va haciendo más visible y perfectible, pero tampoco demasiado acusada. La vegetación forma una barrera vegetal a cada lado
Otro murete de piedras a la derecha asoma entre capas de musgos y plantas silvestres
Tras un tramo relativamente ancho la senda parece estrecharse ligeramente a partir de los siguientes árboles
Este descenso al valle es bellísimo, pero ya hemos dicho que, sin duda, los peregrinos de antaño tendrían otros sentimientos. Sin duda, ya avisados de los piadosos hospedajes de romeiros, ansiarían llegar al antiguo Hospital de la Santísima Trinidad que, según la memoria popular, estaría al mismo paso del río da Proba por A Ponte Grande, al pie de la iglesia
La boscosa senda hace una curva cerrada a la derecha: a partir de aquí la bajada se va haciendo un poco más acusada
Caminar por aquí es, al menos para nosotros, un verdadero encanto. Es en estos lugares donde recordamos al botánico y peregrino José Ramón López Valdés cuando dice "Cada bosque, ya sea castañal, robledal, sauceda o aliseda, actúa como una ciudad donde las plantas intercambian mensajes que los humanos nunca perciben del todo", según explica en su libro "Camino" en el Camino de Santiago (Castrillón), verdadera alegoría de lo vegetal en al senda jacobea
Hay ligeras curvas, siguiendo la orografía de la ladera de estas montañas en las que se asienta A Fonsagrada. Seguimos en constante bajada, ahora parece que ligeramente más suave, o esa sensación nos da
En todo momento, ya sea el Camino más ancho o más estrecho, la alfombra de hojas caídas cubre toda su superficie y parte de las paredes de su caja a lo largo del trayecto
Debajo hay, fundamentalmente, tierra y piedras, algunas quedan en la superficie, desprendidas de la muria
Aquí la bajada va a hacerse sensiblemente más abrupta pero, a la vez, más ancha
Ahí tenemos otra buena rampa es descenso, cuidado, sobre todo si está mojado, con los resbalones, no vayamos a caernos con todo el equipo
Luego de la subida desde Paradanova, este descenso al valle va a ser un buen rompepiernas, pero nada por lo que no hayamos pasado ya en el Camino Primitivo
Llega una zona con menos hojarasca alfombrando el suelo y algo más de hierba
Vista a nuestra izquierda: los helechos van cubriendo esta pradería sobre el Camino
De frente, otro pequeño túnel vegetal donde sentiremos sin duda gran algarabía al acercarnos
Y es que hay una casetas y un vallado con perros de caza aquí a la izquierdaSuelen sorprenderse pues son muy pocos los caminantes de esta senda, pese a ser ruta jacobea oficial
El Camino vuelve a ensancharse y se hace pista, pues es la comunicación rodada con estas fincas. Seguimos de frente todo recto y cuesta abajo
Hito del Camino a 154,387 kilómetros de la Praza do Obradoiro. La distancia va menguando metro a metro...
Vuelve la bajada a no ser tan en pendiente y las hojas vuelven a cubrir el suelo. La foto es a finales del verano, como la mayor parte de las anteriores, pero la sensación otoñal es palpable
Aquí sí se ve claramente que en su tiempo se ensanchó bien y se allanó el firme para permitir el correcto paso de vehículos. Llega un tramo casi llano ahora
Hojas de castiñeiro, a cuya sombra andamos
Todo ello compone un encantador paseo por el bosque gallego, esencia de su paisaje más montaraz en esta zona de la montaña oriental lucense
En este claro a nuestra izquierda divisamos la boscosa cima del Monte do Marmoiral (935 m). Aquí abajo es la cabecera del valle del Rego de Trasmonte, afluente del río da Proba
Llegamos a una zona con mucha más claridad: es un cruce de caminos muy importante, en el que iremos a la derecha, siempre bajando y bajando
Este con el que nos cruzamos es el Camiño de A Proba de Burón, que comunicaba directamente A Fonsagrada con la antigua capital. Era muy empleado también por los arrieros maragatos que, desde Astorga, se dirigían a la costa, llevando productos del interior, de la meseta y del sur, aceite o pimentón entre algunos de los más importantes, y regresaban con productos del litoral, principalmente el pescado que ellos mismos cosechaban como fórmula de conservación
"En A Fonsagrada es alrededor de 1750 cuando se inician los mercados todos los sábados de mes, en los que se comerciaba con centeno, trigo, habas, manteca, castañas, sal, pescado y paños de Castilla. Además cada año hay la feria de Nuestra Señora de Septiembre, que dura cuatro o cinco días (el día 7, primer día feriado, era conocido como el día de las mantas, con compradores y vendedores de Castilla y Asturias, con diversos géneros y telas, caballos, mulas y otros tipo de ganados, así como plateros de la ciudad de Mondoñedo). También se celebran ferias el 20 de enero (San Sebastián), el 25 de marzo, el 25 de abril (San Marcos), el 16 de mayo (la Ascensión), el 4 de junio (Corpus y Santa Sabela), el 15 de agosto, el 21 de septiembre (San Mateo) y el 8 de noviembre. Eran también famosas las ferias que se celebraban en el contorno: En Padrón (la feria de San Mateo) y San Cibrán da Trapa, el 14 de septiembre, y en Lamas de Moreira también llegaron a celebrarse ferias el día 1 de cada mes. En el año 1845 era famosa una fábrica de manteca en Pobra de Burón y varios telares. (...)
En realidad a la actual comarca de la Maragatería se le llamaba antiguamente La Somoza (Sub-Montia), o lo que es lo mismo, debajo del monte. Será a partir del siglo XVI cuando a los arrieros empiece a llamárseles "maragatos". Maragatos serían, por tanto, los arrieros de la comarca de La Somoza, que se dedicaban a dicha actividad. Los maragatos o habitantes de la Magaratería han conservado costumbres propias, gastronomía, arquitectura popular, música y vestimenta, que son las principales manifestaciones culturales de este pueblo, practicaban la endogamia y vivian aislados de otras comunidades de la la zona. Una comarca muy abrupta y escabrosa, poco dada a la agricultura, pudo motivar que los habitantes de la zona escogieran el camino del comercio como forma de vida, dando lugar a una de las actividades por las que son conocidos: los "arrieros" (o transportadores de mercancías). El comercio se realizaba entre Galicia y Castilla, y en sus comienzos los salazones eran la principal fuente de comercio. Al principio eran "recueros", es decir usaban recuas de mulas para el transporte, pero luego empezarian a usar carromatos tirados por mulas y empezaron a ser llamados "arrieros".
Los maragatos y sus carretas iban por Ambasmestas, puerto del Portelo (Ancares), Pontes de Gatín, Navia de Suarna, Fonsagrada, Puebla de Burón, Carballido, Pontenova y llegarían al mar en Porto, Vegadeo. Puede uno imaginar mulas y carros transportando vino, sal, minerales y otros productos por esta vía de comunicación y de abastecimiento. Como huellas nos quedan la tradición, los caminos, los puentes, la estructura de los pueblos y la toponimia, en ausencia de documentos que posiblemente existen. En Doiras, comarca de los Ancares, persiste la tradición de que los arrieros pasaban por allí y por el puerto del Portelo. En Fonsagrada se oían, hace algunas décadas, conversaciones sobre arrieros. Los Maragatos (comarca de Astorga) acudían a las ferias de Fonsagrada a vender sus productos. En Vilamayor del Trobo se hablaba de tiempos en los se traía sal desde el núcleo comercial de Pontenova, y se llevaban allí a vender carbón vegetal, pieles y otros productos.
La ruta cruzaría el río por el gran puente medieval de Navia de Suarna, en el que hay quien ve restos de un antiguo puente romano, y pasada la sierra de Louxas cruzaría el río Lamas. La Fonsagrada primitiva tenía un eje central en torno a la cual seguramente se fueron construyendo casas con fines comerciales. La fuente que da nombre a la villa estaba en esta ruta, la iglesia y el antiguo ayuntamiento tienen la entrada por esta calle, que también pasa por la plaza de la villa. Algo similar ocurre en Puebla de Burón, donde el camino pasa al lado de la muralla de la antigua fortaleza, y lo mismo ocurre en Maderne, donde había dos cantinas en el camino, que también pasa por la iglesia. Cruzaría el río Rodil por el puente que lleva su nombre. En lo alto de la sierra de Carballido está la Pasada de Lodos, que podía ser un punto de paso, y muy cerca está la “Cruz da Graña”, una cruz que tiene la imagen de Cristo por una cara y la de Santa Bárbara por la otra. Esta cruz, como otras, parece indicar un punto de paso importante, un cruce de caminos, una conmemoración, o puede ser un símbolo al amparo de caminantes. La cruz gira sobre un pedestal de piedra, y la tradición cuenta que se cambiaba de orientación como señal de haber pasado por allí alguna vez.
Los maragatos utilizarón para su comercio las antiguas vías romanas, sobre todo la que lleva de Astorga a Braga (Lugo), y desde aquí por la Vía de la Plata continua hacia Madrid. También sus vías serían parte integrante del Camino de Santiago. A lo largo del tiempo cambiaron sus rutas según el comercio, pero prácticamente viajaban entre el norte de España, Galicia, Asturias, Cantabria y las ciudades de Castilla la Vieja. Su comercio principal eran el pescado y el carbón del norte, para transportarlos al sur, donde era cambiado por embutidos, productos de matanza y productos de secano y sal, que a su vez eran transportados al norte. Esta actividad se mantuvo hasta la llegada del ferrocarril, que les obligó a cambiar las costumbres y a establecerse en puntos fijos de Madrid y La Coruña con el fin de continuar con sus negocios.
Eran famosos por la manera en que protegían sus cargamentos, y se les consideraba transportistas más seguros y a quienes se les podía confiar mercancías de gran valor. Los maragatos, aparte de ser arrieros, se dedicaban a la agricultura y al cuidado de las recuas de mulas, necesarias para su trabajo. También se dedicaban a la actividad textil. La arriería, como símbolo de un pueblo ancestral, emerge de la magia de otro mundo recóndito y maldito. Es la pasión que queda de un recuerdo, y late en la memoria de los hombres. La tierra de los maragatos está llena de infinitos senderos que rememoran la devoción de unos seres que, por ser viajeros y emigrantes, hurgaron sus destinos en la tierra para buscar anhelo y hallar las viejas rutas que terminan donde el silencio llega.
Paradavella, a 20 kilómetros de A Fonsagrada, siempre fue un nudo de comunicaciones para los arrieros, ya antes de construirse la carretera de Lugo a Fonsagrada, debido al paso del Camino Real. En realidad la carretera siguió el trazado del camino desde Lugo hasta Pravia de Asturias (215 kilómetros). Por este Camino Real se transportaban todas las mercancías que se distribuían por esta parte de la provincia de Lugo, y que procedían de Castilla, de los puertos de La Coruña y Vigo y del resto de la costa de Galicia. A mediados del siglo XVIII (1750), Paradavella, con 75 habitantes, tenía dos importantes casas dedicadas a la venta de mercancías, la del Retiro y la de la Calzada. Aún mas recientemente, en 1970, Paradavella contaba con cuatro tiendas de ultramarinos, las cuatro con bar, y una de ellas con estanco y otra con ferretería, un comercio de telas, un herrero, un telar, un almacén de abonos y sal, así como dos sastres.
En A Fonsagrada, a mediados del siglo XX, eran conocidos dos arrieros que vivían en la villa. El señor Turia (así era conocido) había venido de Cuba, y vivía en la que posteriormente pasaría a ser "casa de Curiel", y realizaba todos los días la caminata hasta Paradavella, de 40 kilómetros ida y vuelta, a un almacén de sal. El otro, Aniceto “do Hospitaleiro”, realizaba dos viajes diarios desde Fonsagrada a los molinos de Rosario, sitos en San Pedro de Neiro, diez kilómetros ida y vuelta, con un peso de 25 kilogramos y la particularidad de que apenas veía. A Aniceto le sonrió la vida, aunque fue por poco tiempo, cuando consiguió entrar a forma parte de la familia de la O.N.C.E. en Lugo. Yo conocí y traté a ambos.
A principios del pasado siglo dos arrieros procedentes de la comarca de la Maragatería leonesa eligieron las tierras buronesas, estableciendo en la villa fonsagradina su lugar de residencia, así como sendos negocios dedicados básicamente al comercio de vinos y de ultramarinos en general. Se trataba de dos cuñados oriundos del pueblo de Pradorrey-Brazuelo, muy próximo a la ciudad de Astorga: Uno de estos pioneros fue Víctor García Rodríguez, casado con Ramona García Barrio, un matrimonio que ya figuraba en un Directorio del partido judicial de Fonsagrada en el año 1911 como afincado en la Villa, regentando una “abacería” donde se vendía vino, cereales y ultramarinos en general.
Con el transcurso de los años y hasta hace poco tiempo, la “Casa de Víctor”estaba dedicada al comercio del vino y de otros productos de ese ramo (coloniales, ultramarinos, etc.). Durante muchos años también funcionó como fonda; el establecimiento estaba dotado además con un espacio en su zona de tienda para degustar queso castellano, sardinas de lata, y un buen pan del país: exquisitas viandas acompañadas de un vino razonablemente aceptable procedente del Bierzo leonés. Víctor García y su esposa Ramona tuvieron tres hijos quienes, igualmente, mantuvieron su residencia en A Fonsagrada con sus familias respectivas: Jesusa García García casada con Fernando Paz (del comercio). Jesusa y Carmen (una “sobrina” de su marido) regentaron una fonda situada en un buen edificio sito en la Avenida de Galicia, en cuyos bajos Fernando Paz se ocupaba de un negocio o taller de aparatos de radio y electricidad. Colindante con ese inmueble se encontraba el domicilio de la segunda hija del matrimonio de Víctor: María García García, casada con un tratante de ganado llamado José Pérez “O Chato”, oriundo de Asturias (Pola de Allande). Francisco García García, “Paco de Víctor”, casado con María Lopez Núñez, fue el que continuó con el negocio familiar, regentado por su única hija. A “Paco de Víctor”, siempre alegre y bromista, se le recuerda en su despacho de la tienda con enormes cristales de gafas, y conduciendo su camión por las calles de la villa, en el que nunca faltaba un leal guardián: un gran perro melenudo de fiera apariencia pero bondadoso como su amo.
El segundo de esos maragatos que se estableció en la Villa a principios del pasado siglo fue Isidro García Barrio, un personaje muy respetado por la honradez y la seriedad de las que hacía gala como persona y como comerciante. El periódico “O Tío Pepe”, editado en la villa por la familia Peñamaría, compartía igual opinión de “Don Isidro”, a quien se refirió al menos en dos ocasiones: una para alabarle por sus virtudes y en otra para informar de un cambio de domicilio que realizó ese año de 1913, de la casa de Correos -posiblemente la actual casa de Engracia- a otra en la misma calle que había pertenecido a Justiniano Rosón. Isidro García Barrio contrajo matrimonio con una buronesa perteciente a la influyente familia “Farruquín” llamada Emérita Díaz Vega, con quien no tuvo descendencia directa. Esta señora era hija de José Díaz Díaz, comerciante y político conservador, que estuvo al frente del Ayuntamiento de Fonsagrada en diversas ocasiones, incluida la última etapa de su vida durante la dictadura de Primo de Rivera. Isidro García Barrio, al carecer de descendientes propios, optó por prohijar a un sobrino, llamado Isidro García Pérez, quien en la década de los años treinta, ya se había trasladado a la villa, donde contrajo matrimonio en esa época con otra señorita buronesa de familia “bien”, llamada Inés Díaz Núñez, con quien tendría un único hijo: Isidro García Díaz, el heredero del gran emporio comercial construido por sus antecesores. Desgraciadamente, Inés Díaz falleció en 1941 en plena juventud, con 32 años. Con posterioridad, Isidro García Pérez contraería un segundo matrimonio con una hermana de su primera esposa, llamada Filomena Díaz Núñez, con quien no tuvo descendencia alguna. Isidro García Pérez, natural de Pradorrey (Astorga), hijo de Manuel García Barrio, era un arriero que visitaba regularmente las tierras de Burón. Este arriero y su esposa, Joaquina Pérez, tuvieron cinco hijos, tres de los cuales terminaron instalándose en la villa fonsagradina, de igual manera que lo hizo una sobrina de nombre Ramona García, quién contraería matrimonio en Fonsagrada con un buronés llamado Hermógenes López Méndez, “oficial habilitado del Juzgado Comarcal de Fonsagrada”, con quien tuvo tres hijos que todavía figuran en la memoria reciente de la Villa: José Benito (funcionario municipal), Isidro (policía municipal) y Hermógenes, "Nene" (emigrado a Francia).
El emporio comercial de la “casa de Isidro” alcanzó su máximo esplendor en los años 50 y 60 del pasado siglo, abarcando muchos frentes: en particular, el negocio del vino, abonos minerales, piensos, coloniales y todos los productos estancados del monopolio estatal: tabaco, papel sellado del Estado, sellos de Correos... (tenía la concesión "subalterna" para la distribución de esos productos a los estancos de la comarca). Los otros dos hermanos de Isidro García Pérez que se afincaron en A Fonsagrada despues del fallecimiento de su primera esposa fueron Emérita y José.
Emérita García Pérez, quien tras el segundo matrimonio de su hermano se independizaría al casarse con Amadeo Paredes Álvarez. Este matrimonio iba a regentar dos importantes negocios en nuestra villa: uno de ultramarinos y taberna/fonda, bajo la supervisión del marido, y un floreciente comercio de tejidos, al frente del cual iba a estar Emérita, y un hijo del matrimonio llamado José, un emprendedor y gran comerciante. Este matrimonio tuvo otros dos hijos: María Genoveva (maestra) y Emérita Paredes G. (funcionaria del Ministerio de Hacienda).
José García Pérez, quien tras colaborar durante unos años con su hermano Isidro también se independizó al casarse con Matilde Losada Mirón, oriunda de una pequeña aldea cercana a Samos por donde discurre el Camino de Santiago, había sido "prohijado" a los 12 años por su tío, Manuel Losada, y por Flora de Candahido, su esposa, quienes por esos años regentaban en la villa una peluquería, "A Barbeira" (nombre con el que fue y es conocida esta familia). El matrimonio García Losada regentaría un pequeño comercio de ropa y calzado, y traería a este mundo cuatro hijos: Manuel (Lolo), fallecido en 1972, Matilde (funcionara del Ayuntamiento de Lugo), Antonio y Jose (funcionario del Estado) García Losada".
Nos encontramos a 154,233 kilómetros de la Praza do Obradoiro, informa el mojón pertinente en este cruce
Esta ya es una pista ancha, de zahorra y, aunque no asfaltada, sí totalmente factible para el paso de vehículos, pero raro será que nos encontremos con alguno, a no ser de trabajo en las fincas cercanas
Esta pista sale del barrio de Os Chaos de A Fonsagrada y puede ser utilizada por aquellos que, durmiendo en la villa, quieran hacer esta ruta buronesa. Confluye con la Rúa Burón cerca de la pensión de Casa Manolo
Seguimos bajando de manera constante entre más arboledas y algunas fincas. No pasaremos más núcleos poblados hasta llegar a A Proba de Burón
También aquí son bien visibles los desmontes del ensanche de la pista efectuados en su momento en la franja izquierda en esta ladera de la montaña. En La memoria del valle de Burón, Gurmesindo Rego relata para El Progreso del 17-9-2010 cómo eran antiguamente este y todos los caminos:
"Los caminos eran profundos, con rocas muy desgastadas por las ruedas de los carros, actualmente sepultados bajo hormigón o asfalto; tenían tramos de barrizal con olor a fango y estiércol que requerían saltar de piedra en piedra para recorrerlos sin enfangarse, lo que pocas veces se conseguía. Enardecía contemplar el poder y el esfuerzo de las vacas tirando de pesados carros y oír el fuerte sonido de sus ejes".
La vegetación crece profusamente en las veredas, formando una infranqueable espesura
La pista es igual de ancha que una carretera local. A la derecha crece una buena mata de helechos que separan el Camino de las fincas colindantes
Otra hermosa vista del Monte do Marmoiral y nacimiento del Rego de Trasmonte en esta su cabecera del valle
Atención a la bifurcación que tenemos enfrente, bien señalizada por dos mojones
Tal y como nos indican, hemos de ir a la izquierda, estemos atentos de este y del siguiente hito jacobita
A la derecha se va a A Cruz Nova, que es uno de los barrios de A Proba de Burón, pero apartado del Camino señalizado, por lo que daríamos un importante rodeo
Insistimos pues en que tomemos el de la izquierda, más directo y que es el señalizado. Es posible que este fuese en tiempos el camino para caminantes y caballerías y el otro fuese para carros, pero es solo una elucubración
Lo que sí es cierto es que por aquí el descenso se vuelve más acusado y bajaremos aún más rápidamente
Bajando un poco más, la pista hace un ángulo recto en curva cerrada a la izquierda y vemos unas colinas en lontananza
Un poco más abajo, la pista hace otra curva cerrada, esta vez a la derecha
Y llegamos a la carretera LU-740, que cruzaremos en este lugar
A nuestra derecha llega una pista entre los árboles y unas señales nos indican el sitio del cruce
Está bien indicado a ambos lados de la calzada y no tiene porqué haber pérdida
Sí tener en cuenta que estamos en una curva de escasa visibilidad y que hemos de estar pendientes al cruzar del ocasional paso de algún vehículo
Como siempre, recordar que casi siempre oímos el motor que veamos al camión, coche o tractor, que se acerque por la carretera
Ahí tenemos la Casa da Bastida, en el barrio buronés de ese nombre, A Bastida. Está dedicada a apartamentos rurales, por lo que no está orientada a las pernoctas habituales de los peregrinos. No obstante, tenemos referencias que los pocos que hacen esta ruta y paran allí han sido bien tratados. Por supuesto, lo adecuado es llamar antes para cualquier cosa. Es una casa de labranza del siglo XIV detrás de la que pasa el Camino, saliendo de A Proba de Burón en continua ascensión. Veamos lo pronto que gana altura (pista arriba a la izquierda) por el Chao de Pruída
Una vez cruzamos, una señal advierte a los bicigrinos que hay una fuerte pendiente cuesta abajo, aún más pronunciada que la que acabamos de dejar atrás, y más angosta en ciertos lugares. En ese caso es posiblemente mejor que, o pongan pie a tierra o que sigan carretera abajo hasta A Cruz Nova, tomando al llegar allí (unas casas junto al cementerio) el desvío que baja a A Proba de Burón
Nosotros seguimos por el camino señalizado, que empieza en este suelo empedrado con losas al lado del mojón
Seguidamente, el suelo de piedra desaparece y empieza a ser de tierra y de hierba, con bastante hoja suelta, incluso en verano
Nos adentramos así de nuevo en un bosque, lo cual es la constante en toda la bajada desde el collado del Monte do Marmoiral
Y efectivamente, el descenso se hace aquí mucho más brusco, en caída picada da la sensación
La caja caminera es ancha aunque ya no es la pista que acabamos de dejar atrás
Es la bajada final hacia el valle, pero la del descenso más pronunciado sin duda, como bien podemos comprobar
Este trecho suele estar siempre en umbría y rezuma humedad, incluso en verano
Vamos a comprobar cómo cambia el paisaje según la estación: foto de finales del verano
Foto en invierno en el mismo lugar, a principios de febrero en concreto. Hay mucha más hojarasca y las hojas están recién caídas y más enteras
Tanto en invierno como en verano las hojas sueltas son un agradable mullido caminero, pero en ocasiones propensas a resbalones. Pisemos bien y con el oportuno cuidado
La senda se estrecha, o eso parece, ligeramente, pero sin problema para los caminantes, tal vez más dificultoso para las bicicletas
Alternan suelo de tierra, suelo de piedra y suelo de hierba
Entre el follaje vemos el Camino en el paso del río da Proba por A Ponte Grande subiendo por O Chao a la iglesia de Santa María Magdalena, A Madanela en la denominación autóctona, de la que reconocemos su ábside semicircular románico en la distancia. El resto del templo se debería a sucesivas reformas posteriores
Según leemos en Románico digital, su cronología no sería anterior al siglo XIII, lo que concuerda con la fundación de esta puebla, población dependiente de la Corona -en origen-, hacia 1200 por Fernando II:
"La iglesia ha sufrido diversas reformas que han modificado la mayor parte de su planteamiento románico original. Del edificio primitivo tan solo se conserva la cabecera, que está fuertemente modificada. En primer lugar, se le ha dado una mayor altura a los muros. En segundo lugar, en el interior, se ha renovado el arco de acceso al presbiterio, haciéndolo más amplio y apuntado acorde con la nave. Según los restos que quedan, no se habría de fechar antes del siglo XIII.
El ábside románico semicircular es más bajo y reducido que la nave y tiene adosada en el lado sur una sacristía. El material utilizado en los muros es la piedra del país, pequeña e irregular en la parte superior del paramento y más grande y cuadrada en la parte inferior, según se puede observar gracias a la pérdida del caleado en determinados lugares. En el exterior, una serie de losas puestas de canto que actúan como canecillos y que en algunos casos soportan trozos de una fina cornisa, también de losa, marcan la altura original del ábside".
Según el vecino Antonio Fernández Rodríguez, Paradiñas, al que tuve ocasión de conocer en 2026, "el Hospital de la Santísima Trinidad estaba pasando el río, a la entrada del pueblo", siendo del que quedaba aún memoria popular de los tres que habrían existido en la antigua puebla
En A Bastida, Paradiñas situaba su antigua iglesia parroquial de San Miguel justo antes de llegar a la casa de apartamentos rurales, la cual, arruinada, se llevó a Xestoso de Riba. Se trataba de un enclave que perteneció a la Orden de Malta, en origen de San Juan de Jerusalén
Paradiñas nos dice que también conoció la arruinada capilla de San Lázaro da Bastida, arriba en O Chao da Fonte, que fue de la malatería u hospital de leprosos de esa advocación, del que llegó a ver seis casas de los enfermos, "con una puerta estrecha y una ventanita, era muy triste". En las malaterías la advocación de San Lázaro suele estar vinculada a la de Santa María Magdalena (siempre según la confusión entre los diferentes lázaros de los evangelios), por lo que nos preguntamos si tendrá relación con que la parroquial de A Proba esté dedicada a dicha santa
Sigue la bajada toda en recto y en rampa, el ver el valle tan cerca anima sin duda al peregrino, no dejando de ser una pena que no haya servicios en la población, como se lamenta por ejemplo el peregrino, periodista e historiador, erudito divulgador de patrimonio de los caminos jacobitas Antón Pombo en su artículo Camino Primitivo: la variante de A Proba de Burón, publicado en Guía Gronze del 29-12-2020, cuando se pregunta ¿Qué sería necesario para que la variante de Burón fuese más popular?:
"1. Antes que nada, que se señalizara y potenciara el enlace que existe desde A Fonsagrada, pues se puede alcanzar sin dificultad la ruta alternativa sin necesidad de regresar a Paradanova. Basta con tomar, junto a la Pensión Casa Manolo, el titulado como Camiño da Proba, bonita pista de tierra en la que desemboca el procedente de Paradanova antes de cruzar la carretera LU-740.
2. Quizá tendría que modificarse la descripción que Turismo de Galicia hace, en el cartelón situado en Paradanova, de las dos variantes, calificando la de A Fonsagrada de dificultad Media, y la de «Burón», de Alta, que tampoco es para tanto, pues la de la primera nos parece realmente baja, y la de la segunda podríamos dejarla en media.
También los divulgadores tendríamos que recomendar esta ruta a quien prefiera los caminos de monte, silenciosos y solitarios, pues no cabe duda de que esta podría ser su mejor carta de presentación frente a una ruta, la inferior, «más domesticada».
Y todo ello sin olvidar la historicidad de una vía que atravesaba la que fue capital de la Terra do Burón, y antes que A Fonsagrada fuera la capital del municipio, contando con los hospitales medievales da Santa Trindade, da Reina, Santiago y San Lázaro, casi nada.
3. Otro problema es la ausencia de servicios. No es un tramo largo, cierto, pero si hubiese un albergue en A Proba de Burón otro gallo cantaría, o al menos un bar que destacase por su buen trato a los peregrinos".
"Regresamos al Camino Primitivo para plantearnos, como lo hicimos recientemente en A Gudiña o en Borres, una pregunta: ¿por qué casi nadie elige la alternativa septentrional la Proba do Burón?
Aquí la respuesta no tiene que ver con la distancia, ya que si desde la bifurcación situada en Paradanova, por la vía de A Fonsagrada son 10,145 km hasta Hospital de Montouto, a través de la de A Proba de Burón son 11,288, o sea, poco más de 1 km. Si la variante meridional gozara de predicamento pocos tendrían inconveniente en añadir esos 10-15 minutos a la marcha.
¿Se trata acaso de un problema relacionado con la orografía o la dureza del itinerario? Pues tampoco, ya que si bien hay algo más de cuesta por A Proba, siendo preciso bajar hasta el valle en el que se asiente el núcleo para retomar luego la cota de la sierra do Hospital, entre los 900 y los 1.087 m de altura, no existe una gran diferencia con la ruta meridional, que discurre entre los 850 y los 975 m.
A priori, además, la ruta septentrional de A Proba parecería tener más atractivo que la que prosigue en paralelo a la carretera LU-530, debiendo cruzarla varias veces.
¿Entonces, cuáles son los motivos de la deserción?
Pues bien, en primer lugar la rutina consolidada de las etapas y la oferta de los servicios, ya que en el Camino Primitivo, y menos en esta zona montañosa, no resulta tan fácil improvisar como en, por ejemplo, el Camino Francés o el Camino Norte.
A Fonsagrada se ha convertido en un fin de etapa fijo para la mayoría de peregrinos que, a su vez, han pasado la noche anterior en Grandas de Salime: 25,2 km, una distancia asequible y normal. Por dicho motivo, la oferta de alojamiento se ha multiplicado en los últimos años, y ahora la localidad ya cuenta con un excelente albergue público y otros tres privados, el último inaugurado este mismo año (Casa Cuartel). Al ser capital de concello, con una población que ronda los 1.100 habitantes, dispone además de todo tipo de servicios para el peregrino.
Asimismo, pasado A Fonsagrada, los peregrinos encontramos otro albergue-pensión próximo al camino, con bar-restaurante, en O Piñeiral, a 3,5 km de la villa".
La abundancia de servicios, entre ellos albergues, hotel, pensión, tiendas, farmacia, hostelería, cajeros, etc. en A Fonsagrada, la villa gallega más importante del Camino Primitivo desde aquí a Lugo, contrasta con la ausencia que hay antes o después, al menos en el momento de escribir estas líneas. Desde Grandas de Salime, o poco más cerca, la aldea de Castro, en Asturias, a 26 km y 21 km de A Fonsagrada respectivamente, no hay donde pernoctar no sea vivaqueando. De la misma manera, hasta O Cádavo, capital del concello de Baleira, 25 km al oeste de A Fonsagrada, no hay de momento más albergues, pensiones ni hoteles y bares han quedado solo dos: en Paradavella y en A Lastra
Podemos decir entonces que con algo más de razón esta de A Proba de Burón es una alternativa especialmente indicada para peregrinos que busquen sendas menos transitados y que estén avezados a algunas menos comodidades y servicios que, por otra parte y saliendo de O Piñeiral, tampoco tienen los romeiros que usan la mucho más caminada ruta fonsagradina hasta llegar a Paradanova
En esta otra foto invernal se aprecian mejor las casas entre las arboledas desnudas. Dejemos que Antón Pombo nos siga describiendo la ruta de principio a fin:
"Partimos de Paradanova, junto al marco 155,965, en paralelo a la LU-701, pasando bajo ella para iniciar una subida, por un camino ancho de tierra, hasta un aserradero desde el que divisamos la localidad de A Fonsagrada. Aquí un cartel viario señala 1,5 km a Fonsagrada, y 2,2 km a la Proba de Burón.
Comienza aquí un bonito descenso, entre robles y castaños, con tramos encajados y de firme pedregoso y resbaladizo cuando llueve. Escoltado por muros de piedra seca cubiertos de musgo, cruza la LU-740 para proseguir en pronunciado descenso hasta el valle.
Ya a la vista de A Proba, una pista asfaltada se dirige al antiguo núcleo cruzando los puentes Grande y Pequena por la Praza Mao-Tse-Tung, pasando junto a la iglesia de A Madalena (s. XII), de un par de hórreos teitados y de la Casa do Capador, para descender luego, a la vista de la arruinada torre medieval del castillo de los condes de Altamira que corona el otero, ante a la capilla de San Xosé (s. XVII). Un moderno edificio que antecede a la torre, cosas que solo pasan en la Galicia Canibal, ha destruido la armonía del conjunto en la salida del Camino.
Entre prados de siega comienza aquí una dura rampa por el Camiño da Bastida, siendo ahora constante la vista de A Fonsagrada al otro lado del valle. Nos causa profunda tristeza el comprobar que sus laderas van siendo repobladas de forma masiva por eucaliptos, hecho que acabará por destruir la belleza de una zona de montaña que hasta hace un par de décadas se había visto libre de esta plaga, mayormente promovida por las celulosas de Navia y Pontevedra, y por una visión antiecológica y cortoplacista del aprovechamiento forestal, algo que contrasta con la gestión que debería ser realizada en una Reserva da Biosfera, tal la que lleva el nombre de Eo, Oscos y Terras de Burón. La comparación con Asturias, todo lo que hemos visto en la zona de Tineo, Allande y Salime, es demoledora para Galicia, donde parece reinar la dejadez, el que cada uno haga de su capa un sayo, y el cortoplacismo político unido al beneficio rápido.
Sigamos…. Desde la Casa da Bastida una pista forestal de tierra asciende más suavemente entre repoblaciones de pino insigne y eucaliptos, con algunos abedules residuales que alternan con los pastizales, por el Chao de Pibial. La visión se extiende hacia el norte hasta una decena de leguas.
En todo momento bien balizado, el camino desemboca, en Xestoso de Riba (más hórreos teitados), en la carretera procedente de Vilardongo. La tomamos a la derecha para recuperar enseguida nuestro rumbo, a poniente, por una nueva pista forestal, denominada Camín Francés, que se dirige hacia un parque eólico.
Tras avanzar 1 km por un altiplano, un último ascenso, al pie de los aerogeneradores ocultos por un monte de pino negro y abedules, nos lleva a la máxima cota del tramo rodeando el pico Muradal: la Lomba das Modorras (a 1.087 m). A partir de aquí el paisaje se abre y ya divisamos, con la compañía de otro eólico, el asentamiento de Hospital de Montouto.
Hacia las ruinas del que fue estratégico y caritativo hospital, fundado por Pedro I el Cruel en 1357, nos dirigimos junto a un menhir, la Pedra Labrada, y a unos metros del monumental dolmen de Pedras Dereitas, que ha perdido su cubierta. A continuación atravesamos el Hospital Vello de Santiago de Montouto, cuyas ruinas han sido consolidadas (lástima que no se haya recuperado su función), para confluir, junto a la vieja ermita y la moderna capilla de Santiago, con la variante de A Fonsagrada".
Otro gran entusiasta de esta vía buronesa es Raúl Fernando Gómez Armenta, extraordinario divulgador de las rutas jacobeas (Senderos de la Sabiduría y Senderos Jacobeos) quien, también en la Guía Gronze y a fecha 14-8-2026, publica sus emocionadas impresiones cuando la conoció en A Proba de Burón y el Hospital de Montouto: caminar por la memoria olvidada del Camino Primitivo. Una variante histórica, que compartimos en su totalidad:
"He recorrido el Camino Primitivo en varias ocasiones. Y, sin embargo, hasta hace muy poco había una parte de su historia que permanecía fuera de mi experiencia como peregrino.
Esta vez, al llegar a A Fonsagrada, decidí abandonar por unas horas el itinerario más habitual y buscar aquel otro camino que, desde Paradanova, se dirige hacia A Pobra de Burón para alcanzar posteriormente el Hospital de Montouto.Lo que encontré fue mucho más que una variante.Encontré un camino antiguo.Un camino de montaña, silencioso, exigente, en algunos momentos áspero, pero extraordinariamente bello. Y, sobre todo, encontré un territorio en el que todavía parece posible escuchar el eco de aquellos peregrinos que durante siglos atravesaron estas montañas camino de Santiago.
Porque A Pobra de Burón no es una variante moderna del Camino Primitivo. Es, en realidad, uno de sus itinerarios históricos.
La propia documentación de delimitación del Camino Primitivo elaborada por la Xunta de Galicia distingue expresamente los dos trazados entre Paradanova y el Hospital de Montouto: el que pasa por A Fonsagrada y el que lo hace por A Pobra de Burón. Y señala que este último era el camino tradicional denominado Camín de Ovedo.
A Pobra de Burón, la villa que fue capital de estas montañas
Para comprender este camino hay que detenerse en A Pobra de Burón.
Hoy puede parecer un pequeño núcleo rural perdido en las montañas lucenses. Pero durante siglos desempeñó un papel muy distinto.
A Pobra de Burón fue la capital del antiguo territorio y municipio de Burón hasta el siglo XIX. La documentación histórica sitúa su fundación en el contexto de la política de creación de pueblas desarrollada por Alfonso IX, aunque la propia documentación patrimonial advierte de que no conocemos con absoluta certeza el momento exacto de su creación.
Lo que sí sabemos es que ya en la segunda mitad del siglo XIII A Pobra de Burón aparece estrechamente relacionada con el camino que venía de Oviedo.
Y esto es fundamental.
No estamos ante una población que casualmente quedó al lado del Camino. La población y el camino formaron parte de una misma realidad histórica.
Por aquí pasaban caminantes, comerciantes, viajeros y peregrinos que atravesaban las montañas entre Asturias, Lugo y Compostela.
La investigación histórica ha documentado incluso que en el siglo XIII aparece la referencia al “camino que ven d'Ovedo”, mientras que la documentación de la Xunta recoge que el itinerario procedente de Paradanova pasaba por A Pobra y posteriormente por San Miguel da Bastida antes de alcanzar Montouto.
Una villa de peregrinos y hospitales
Quizá uno de los aspectos más sorprendentes de A Pobra de Burón sea su relación con la hospitalidad medieval.
La villa llegó a contar con varias instituciones hospitalarias destinadas a la atención de peregrinos y caminantes.
La documentación histórica menciona el Hospital de la Santa Trinidad, el Hospital de la Reina, el Hospital de Santiago y la malatería u Hospital de San Lázaro.
No es un dato menor.
Cuando encontramos varios hospitales vinculados a una población medieval situada en un itinerario jacobeo, estamos ante una evidencia muy poderosa de que el tránsito de personas por aquel lugar tuvo una importancia considerable.
Uno de ellos, el Hospital de la Santa Trinidad, está documentado ya en el siglo XIV. En 1378 sus fundadores revocaron el poder otorgado para nombrar hospitaleros, y años después aparece documentada la voluntad de que sus bienes siguieran destinados a garantizar la hospitalidad de los caminantes y romeros.
Incluso el testamento de un hidalgo de Burón, Alvar Alfonso, permite conocer la existencia de varios de estos establecimientos y su relación con los peregrinos.
Por tanto, cuando hoy descendemos desde A Fonsagrada hacia A Pobra de Burón no estamos simplemente haciendo una excursión por el valle.
Estamos recorriendo un territorio hospitalario medieval.
El paisaje: primero bajar para después volver a subir
Y aquí aparece una de las razones por las que esta variante ha quedado relegada.
Hay que pagar un precio físico para recorrerla.
Desde A Fonsagrada el camino pierde altura rápidamente en dirección al valle de A Pobra de Burón. El peregrino abandona la posición elevada de la villa y se introduce en un paisaje completamente diferente.
Pero precisamente ese descenso es uno de los grandes atractivos de la ruta.
El camino se va encajando entre robles, castaños, muros de piedra seca, helechos y vegetación atlántica, hasta alcanzar el valle donde aparece A Pobra.
La documentación oficial de la Xunta describe especialmente el tramo anterior a la villa como una congostra de gran interés paisajístico, entre bosques de carballos y bidueiros, antes de abrirse el paisaje hacia el valle de Burón.
Es uno de esos caminos en los que el paisaje no se contempla solamente.
Se atraviesa.
Se huele.
Se escucha.
Se toca.
La piedra de los muros, el barro después de la lluvia, las hojas, la sombra de los árboles y, de vez en cuando, esa sensación tan propia del Camino Primitivo de estar caminando por un lugar en el que el tiempo parece haberse quedado detenido.
A Pobra aparece en el valle
Y entonces aparece la antigua villa.
A Pobra de Burón se encuentra en una posición estratégica dentro del valle, dominada por los restos de su antigua fortaleza.
La torre y fortaleza de Burón son testimonio de la importancia política que llegó a adquirir el lugar. La documentación medieval y bajomedieval demuestra la existencia de una estructura fortificada y de una población organizada, con sus propias autoridades y conflictos jurisdiccionales.
También permanece la iglesia de Santa María Magdalena, de origen medieval, junto a otros elementos de arquitectura tradicional.
Pero quizá lo más emocionante para el peregrino actual sea contemplar todo esto intentando imaginar la villa cuando constituía la capital del territorio.
Entonces resulta más fácil comprender por qué este camino tuvo tanta importancia.
Y después de Burón comienza la verdadera prueba
Desde A Pobra comienza otro camino.
Hay que volver a ganar altura.
Y aquí comprendí perfectamente por qué este itinerario fue perdiendo protagonismo.
La subida hacia la sierra es constante y en determinados puntos exigente. El peregrino vuelve a abandonar el valle para recuperar progresivamente las cotas de montaña.
Pero la dureza tiene su recompensa.
La Xunta describe cómo, después de abandonar Burón, el camino asciende hasta alcanzar los altos de Xestoso y Carballal y continúa por la ladera de la Serra do Hospital antes de dirigirse hacia Montouto.
El paisaje vuelve a cambiar.
Los bosques dejan paso progresivamente a espacios más abiertos. Las perspectivas se amplían y aparecen las grandes panorámicas de las montañas de Burón.
En algunos puntos uno tiene la sensación de caminar por una auténtica balconada natural.
Y entonces aparece otro elemento característico del paisaje contemporáneo: los aerogeneradores.
Son una presencia moderna sobre unas montañas que, sin embargo, conservan una estructura paisajística antiquísima.
Montouto: cuando el Camino necesitaba un hospital
Después de la ascensión aparece uno de los lugares más fascinantes de este itinerario: el Hospital de Santiago de Montouto.
Hoy vemos ruinas.
Pero durante siglos aquello fue mucho más que unas piedras.
Fue refugio.
Fue hospital.
Fue lugar de acogida.
Fue, probablemente, una cuestión de supervivencia.
El Hospital Real de Santiago de Montouto fue fundado por iniciativa del rey Pedro I de Castilla en 1357, en un lugar especialmente duro para quienes atravesaban estas montañas. La documentación de la Xunta confirma la fundación regia y la relación directa del hospital con el Camino.
Y hay algo que me parece especialmente significativo.
El hospital no se construyó aquí por casualidad.
Se construyó porque los peregrinos necesitaban ayuda en este tramo de montaña.
Frío.
Nieve.
Viento.
Niebla.
Hambre.
Cansancio.
Heridas.
En invierno, alcanzar Montouto podía marcar la diferencia entre continuar el viaje o quedar atrapado en la sierra.
El hospital que cambió de lugar
Una de las historias más interesantes de Montouto es que el hospital que hoy contemplamos no ocupa exactamente el emplazamiento de la primera fundación.
El primitivo Hospital Real se encontraba en otro punto, relacionado con la antigua ruta que llegaba desde A Pobra de Burón.
Posteriormente, en 1698, se construyó un nuevo hospital en un emplazamiento considerado más apropiado para atender a los peregrinos. La documentación patrimonial de la Xunta recoge incluso el testimonio de un vecino que explica que aquel año se había construido el nuevo Hospital Real “en parte más a propósito para los pasajeros y peregrinos”.
La construcción quedó vinculada a las dos ramas del Camino que finalmente confluyen en Montouto.
Es decir:
Montouto no era solamente un hospital al lado del Camino.
Era el lugar donde los dos caminos se encontraban.
El que llegaba por A Fonsagrada.
Y el que llegaba por A Pobra de Burón.
Una hospitalidad pensada para el invierno
Hay un detalle histórico que me parece extraordinariamente revelador.
Una cédula de Carlos II de finales del siglo XVII establecía las obligaciones del hospital respecto a los peregrinos.
La finalidad era muy concreta: acogerlos y atenderlos, especialmente en las durísimas condiciones del invierno.
La documentación relacionada con el hospital habla de la obligación de recoger a los peregrinos y de proporcionarles refugio, y otras fuentes conservan la referencia a las campanas que debían ayudar a orientar a quienes atravesaban la montaña en noches de oscuridad y mal tiempo.
Cuando uno está allí y contempla las montañas, comprende perfectamente la razón de aquellas disposiciones.
Hoy llevamos teléfono móvil, GPS, ropa técnica, impermeable, mapas digitales y previsiones meteorológicas.
El peregrino medieval tenía sus piernas.
Su bordón.
Su fe.
Y, en determinadas noches, quizá el sonido lejano de una campana.
Un hospital junto a un monumento mucho más antiguo
Pero Montouto guarda otra sorpresa.
Junto al hospital se encuentra el dolmen de As Pedras Dereitas, perteneciente al paisaje megalítico de estas montañas.
Y aquí se produce una de esas maravillosas superposiciones históricas que tanto abundan en el Camino de Santiago.
Un monumento funerario prehistórico.
Un antiguo camino.
Un hospital medieval.
Una capilla.
Y peregrinos contemporáneos.
Todo en el mismo lugar.
El dolmen nos recuerda que el paisaje que hoy recorremos como peregrinos ya había sido considerado especial miles de años antes de que existiera el Camino de Santiago. La propia información turística oficial de Galicia integra el hospital y el dolmen dentro de este conjunto patrimonial.
Es difícil encontrar una mejor metáfora de lo que es el Camino: una sucesión de caminos sobre caminos.
¿Por qué desapareció esta ruta?
Esta es quizá la pregunta que más me hice mientras caminaba.
Si el itinerario por A Pobra de Burón es histórico, si atravesaba la antigua capital del territorio, si tenía hospitales y si finalmente confluía con el otro camino en Montouto...
¿Por qué hoy lo conoce tan poca gente?
La respuesta tiene varias causas.
Una de ellas fue la creciente importancia de A Fonsagrada como núcleo de población y centro administrativo.
La otra fue la comodidad.
El trazado por A Fonsagrada terminó consolidándose porque permitía mantener al peregrino en una cota relativamente elevada y ofrecía servicios de alojamiento, alimentación y asistencia.
La propia documentación histórica recoge que el camino por Fonsagrada resultaba más corto, aunque también podía verse afectado por la nieve y presentaba sus propias dificultades.
Con el tiempo, la antigua ruta por Burón fue quedando en segundo plano.
Y el cambio administrativo terminó de reforzar la situación.
En 1835, A Fonsagrada sustituyó a A Pobra de Burón como capital del municipio.
La geografía política acabó modificando también la geografía del Camino.
Una ruta para quien quiera caminar con la historia
Después de haberla recorrido, creo que esta variante merece ser contemplada de una manera diferente.
No recomendaría hacerla simplemente porque sea "otra opción".
La recomendaría precisamente porque es historia.
Porque permite comprender que el Camino Primitivo no ha sido nunca una única línea trazada sobre un mapa.
Ha sido una red de caminos, atajos, variantes y alternativas que fueron cambiando con el tiempo según las necesidades de los peregrinos, las condiciones del terreno, la existencia de hospitales, la evolución de las poblaciones y hasta los cambios políticos y administrativos.
La variante de A Pobra de Burón conserva una extraordinaria autenticidad precisamente porque no parece diseñada para el peregrino contemporáneo.
No busca agradarnos.
No busca facilitarnos el camino.
Nos obliga a bajar.
Y después nos obliga a subir.
Nos lleva por bosques.
Nos introduce en una antigua villa.
Nos enfrenta con sus ruinas.
Nos conduce hacia una sierra.
Y finalmente nos entrega Montouto.
Una ruta exigente, pero extraordinariamente bella
Hay que advertirlo: no es un recorrido para quien busque comodidad.
El descenso desde A Fonsagrada hacia A Pobra se hace notar en las piernas, y la posterior subida hacia Montouto exige un esfuerzo considerable.
Pero la dificultad forma parte de su encanto.
Una ruta histórica no debería medirse solamente en kilómetros.
Hay caminos que se recorren con los pies.
Y hay caminos que, además, se recorren con la memoria.
Este es uno de ellos.
Las panorámicas abiertas desde las alturas, los bosques de robles y castaños, los caminos encajados entre muros, las aldeas, los restos de la fortaleza de Burón, los viejos caminos de piedra y finalmente el conjunto de Montouto convierten esta variante en una de las experiencias paisajísticas e históricas más interesantes de este sector del Camino Primitivo.
La Xunta de Galicia reconoce expresamente el tramo Paradanova-A Pobra-Montouto como parte del trazado histórico del Camino Primitivo y destaca tanto su valor patrimonial como paisajístico.
Una invitación a caminar por el Camino que casi olvidamos
Cuando llegué a Montouto y contemplé las ruinas del hospital, pensé en todos aquellos peregrinos que llegaron hasta aquí muchos siglos antes.
Quizá llegaron agotados.
Quizá mojados.
Quizá con los pies heridos.
Quizá rezando para encontrar refugio antes de que cayese la noche.
Y allí estaba el hospital.
Una casa en medio de la montaña.
Una puerta abierta.
Un fuego.
Una cama.
Una sopa caliente.
Y probablemente alguien dispuesto a recibirlos.
Hoy quedan las piedras.
Pero las piedras cuentan.
Cuentan que por aquí pasó mucha gente.
Cuentan que A Pobra de Burón fue una villa importante.
Cuentan que hubo hospitales.
Cuentan que el rey Pedro I quiso proteger a los peregrinos.
Cuentan que Carlos II volvió a ordenar que se atendiese a quienes atravesaban estas montañas.
Y cuentan, sobre todo, que el Camino Primitivo fue mucho más complejo de lo que hoy vemos en nuestros mapas y guías.
Por eso creo que merece la pena recuperar esta variante.
No para competir con el itinerario de A Fonsagrada.
Sino para completarlo.
Porque después de caminar por A Pobra de Burón uno comprende que el Camino Primitivo no termina de entenderse hasta que se conocen sus caminos olvidados.
Y este, el que une A Pobra de Burón con el Hospital de Montouto, es uno de ellos.
Un camino duro.
Un camino hermoso.
Un camino histórico.
Y, sobre todo, un camino que todavía tiene algo que decirnos.
Quizá por eso, cuando uno abandona Montouto y continúa hacia Santiago, ya no siente que está caminando por una simple variante.
Siente que acaba de recuperar un pequeño fragmento de la memoria del Camino.
Ultreia et Suseia. Buenos Caminos y Buenos Vientos
Raúl-Fernando Gómez Armenta
Senderos de la Sabiduría y Senderos Jacobeos".
Por eso, si las viejas piedras cubiertas de musgo pudiesen hablar, ¡cuántas cosas nos dirían!...
Si bien el sol domina ya el panorama tras vencer a la niebla en su 'combate' de tantísimas mañanas, el la profundidad del bosque sigue la penumbra, si bien con la celosía formada por el ramaje con algunos de sus rayos que sí llegan a tocar el suelo, tal que aquí, donde las copas de los árboles "impedían ver el cielo, aunque entre las hojas se filtraban rayos dorados de sol", como bellamente escribe en su libro José Manuel López Valdés
Es un giro completo de 360 grados en esta hermosa y exuberante arboleda que antecede a los campos abiertos de la veiga del río da Proba, "uno de los núcleos medievales más significativos en el Camino Primitivo y como tránsito de la ruta de peregrinación referida como “Camino d´Ovedo” se constata documentalmente desde el siglo XIII", seguimos leyendo
"Cada gesto humano que respeta el Camino se convierte en un hilo más en la red de la vida, una conexión entre el presente y quienes lo recorrieron siglos atrás", continuamos leyendo en "Camino" en el Camino de Santiago y su Manifiesto Vegetal, con las plantas que "no caminan, pero bailan. Bailan con la brisa. Bailan con la luz. Bailan con el paso de las estaciones..."
El suelo se cubre de hojas. "Cuando una flor cae al suelo, no se lamenta ni resiste. Se entrega para nutrir la tierra y dar vida a nuevas semillas", evoca López Valdés en estos sentimientos plasmados en sus frases escritas en su obra
La pared de roca y tierra, bien sujeta por tan portentosas raíces arbóreas, ye yergue como un paredón verticalmente, sobre el Camino
Y sobre el Camino se inclinan algunos árboles, que extienden sus ramas encima de él, componiendo una llamativa arcada vegetal
A nuestra derecha, la entrada a una finca, donde vemos un portón metálico y una estructura para que crezca la parra
Estamos justo encima de la Casa da Ponte, sita esta un poco más abajo, donde se acaba el descenso. Este es un hermoso mirador hacia la antigua capital buronesa
Prado abajo vemos el Camino, que sale a la vía local asfaltada que comunica, en A Cruz Nova, con la carretera LU-740 que acabamos de cruzar. Por ahí se sube al barrio de O Chao, el principal de A Proba de Burón. Un poco a la izquierda vemos las casas del de O Milladoiro
Ahí volvemos a ver la iglesia parroquial de A Maladena o Santa María Magdalena de A Proba de Burón y, a la derecha, A Fortaleza, un par de paredes de la torre del homenaje del que fuera poderoso castillo de los condes de Altamira. La antigua muralla y el castillo fueron derribados al final de la Edad Media por las autoridades del rey tras el asesinato aquí de García Fernández de Valcarce dentro de las disputas nobiliarias por las que los monarcas volvían a tener autoridad sobre la nobleza local. Leemos de Galicia Máxica:
"A las ruinas de la torre de Burón se le conoce en el lugar como «A Fortaleza» y también es conocida como Torre de los Condes de Altamira. Es paso de peregrinos en su viaje por el Camino Primitivo y también estaba a los pies de un antiguo camino que unía A Fonsagrada con Meira.
A Proba de Burón fue capital de concello de un amplio territorio que abarcaba parte de A Fonsagrada, Negueira de Muñiz y Ribeira de Piquín. Se mantuvo así hasta mediados de la década de los años 30 del siglo XIX, cuando pasó la capital a ser A Fonsagrada.
Los restos de lo que fue una buena fortaleza de hasta cuatro torreones languidecen en el centro de la aldea de O Chao. Poco queda de este castillo que en la actualidad está en manos privadas y por ello no es visitable.
Conservamos parte de una de sus torres, que se encuentra en un estado deplorable. Esta se levanta unos 15 metros y en su origen contaba con tres plantas.
Se sabe bien que esta villa de A Proba de Burón fue fundada aproximadamente en el año 1200 gracias a Alfonso IX. Ya a mediados del siglo XIV, estas tierras pasan al dominio de los Trastámara.
En 1458 se convierte en señora del concello Inés de Guzmán quién vendió posteriormente los derechos del señorío a Pedro de Osorio, Conde de Lemos.
La existencia del castillo de Burón está documentada en el siglo XV, probablemente mandada construir por los Condes de Altamira.
En 1467 y en el marco de la revuelta Irmandiña, el castillo anterior fue destruido. Doña Urraca de Moscoso, señora del lugar en aquellos momentos, obliga a los vecinos a reconstruirlo".
Estamos en el "Camiño que ven de Ovedo", tal y como se cita en documento del año 1265 allí donde se cruza con el que va a Meira y a Mondoñedo, así como con la ruta de la arriería maragata entre la costa y la meseta. La puebla fue fundada hacia el año 1200 por la iniciativa repobladora de monarcas como Alfonso IX, los cuales pretendían reorganizar sus reinos arrebatando con más o menos éxito y durante más o menos tiempo el poder directo que ejercían sobre sus tierras y vasallos monasterios y nobleza terrateniente, creando estas pueblas (de ahí A Proba) gracias a la concesión de la Carta Puebla, documento que daba a sus moradores importantes derechos y libertades para la época, haciendo de estas pujantes villas nuevos centros administrativos de sus alfoces, origen de los actuales concellos
Anteriormente a la concesión real, los monasteiros de Santa María de Vilanova de Oscos en Asturias y de Santa María de Meira en Galicia ejercían libremente su señorío sobre tan extenso territorio. Después siguieron manteniendo tierras y derechos pero en conflicto constante con el Concello vecinal, surgiendo continuos litigios, pleitos y negociaciones
Pese todo aquellos fueros, los antiguos señores siguieron ejerciendo, por su cuenta o en nombre del monarca como sus representantes, una notable influencia, volviendo a caer no pocas de nuevo bajo su órbita. Así en el siglo XIV la Terra de Burón y otros territorios gallegos pasarán a los condes de Trastámara, pero luego el rey Pedro I se las dará a su aliado Pedro de Castro. Más tarde, con el triunfo definitivo de los trastamaristas en las guerras y disputas en las que se hicieron con la corona, volverán a su órbita de poder, pasando al final a los condes de Altamira. Exponemos parte de esta historia de vasallaje feudal tal y como aparece en Historia de A Fonsagrada de Fonsaweb:
"Siglo XIII
c. 1200: Se funda la villa de Pobra de Burón, posiblemente por Alfonso IX; esta abarcaba los municipios de Fonsagrada y Negueira.
1265: Un documento hallado en el Monasterio de Meira muestra al municipio de Burón funcionando de manera organizada...(...)
1281: La familia Pasarín goza de gran poder y realiza importantes donaciones al Monasterio de Meira.
Siglo XIV
Hacia mediados de siglo, estas tierras pasaron a estar bajo el dominio de los condes de Trastámara.
1368/1369: Se funda el Hospital Real de Peregrinos de Montouto —posiblemente por Pedro I "el Cruel"— para atender a los peregrinos que viajaban de Oviedo a Santiago. Se sabe que su primer administrador fue Rodrigo Yáñez.
1480: El municipio de Burón pasa a manos del conde de Altamira.
Siglo XV
Durante la Edad Media, a diferencia de otras zonas de Galicia donde predominaban las instituciones eclesiásticas, los hidalgos rurales (pequeña nobleza) eran los principales perceptores de rentas en estas tierras.
Este siglo estuvo marcado por las Revueltas Irmandiñas, en las que la población local se alzó contra los impuestos abusivos; sin embargo, en la práctica, hubo pocos cambios. Durante los levantamientos irmandiños, las gentes de Navia y Burón fueron lideradas por Don Pedro Osorio, hijo del antiguo conde de Trastámara y hermano del marqués de Astorga.
En 1458, Inés de Guzmán, señora de la jurisdicción, vendió los derechos administrativos y fiscales al conde de Lemos, Don Pedro Osorio, por 500.000 maravedíes.
Pedro Álvarez Osorio, adelantado mayor del rey, combatió la revuelta de las Hermandades —o Irmandiños— a finales del siglo XV. Fue una figura destacada en las cortes de Juan II (1405-1454) y Enrique IV (1454-1474) de Castilla y León. Cultivó la poesía y recibió los títulos de conde de Trastámara (4 de febrero de 1445) y conde de Lemos (26 de junio de 1456); este último conllevaba la dignidad de Grande de España.
c. 1480: Este señorío pasó de la Casa de Lemos a la de la condesa de Altamira, doña Urraca Moscoso. La Casa de Altamira era una de las más importantes de Galicia en aquella época; administraba el municipio mediante un juez o merino (magistrado) de su propia designación y gobernó las tierras de Burón hasta principios del siglo XIX, a excepción de los cotos (jurisdicciones privadas) de O Padrón, regido por la encomienda de Portomarín; Carballido, vinculado al monasterio de Villanueva de Oscos; y los cotos de Lamas de Moreira y Bustarvelle, pertenecientes a familias particulares.
c. 1480–1485: Los habitantes de Burón entablaron un pleito contra doña Urraca, alegando que esta imponía tributos excesivos. En 1490, la Real Chancillería de Valladolid dictó sentencia obligándoles a pagar 12.000 maravedíes anuales, prestar un día de servicio al año en la fortaleza de Pobra de Burón, acudir a la llamada a la guerra cuando fueran convocados y realizar diversas entregas de ganado. Este fallo fue confirmado por los Reyes Católicos mediante una provisión ejecutoria que obligaba al municipio a realizar el pago.
Con este litigio, doña Urraca pretendía resarcirse de las pérdidas sufridas durante la rebelión irmandiña, en la que participaron unos 10.000 hombres de Burón y Navia —encabezados por Pedro Osorio—, quienes destruyeron la fortaleza, la cual hubo de ser reconstruida posteriormente.
1490: Además de la sentencia mencionada y del notable asentamiento de la familia Montenegro en estas tierras...
1498: Se tiene constancia del nombramiento de otros administradores del Hospital Real de Peregrinos de Montouto, lo que confirma que este continuaba en pleno funcionamiento".
Y así, llegaríamos a 1835, cuando "Debido al importante crecimiento de A Fonsagrada y ante el colapso económico de A Pobra de Burón —o bien debido a la influencia de las grandes familias—, la capital del municipio pasa a ser A Fonsagrada"
Un arroyuelo cruza aquí el Camino a punto de acabar el largo descenso desde el Monte do Marmoiral
El agua mana de un caño a la izquierda
Quizás sea esta la antigua Fonte da Pousa citada por Ricardo Polín en la bajada a A Probam o uno de sus manantiales, que podría ser la clásica fuente donde la gente se lavaba antes de entrar en las poblaciones de importancia, especialmente los peregrinos que buscaban ser admitidos y atendidos en los hospitales de acogida
Ya casi caminando en llano el Camino hace curva a la derecha
Y enlaza con el camino de acceso a la Casa da Ponte, que asoma a la izquierda
Aquí se acaba el suelo de hierba y empieza el de hormigón
Al pie de este majestuoso castiñeiro iremos a la derecha, tal y como manda el mojón que tenemos a la derecha
Y ya en la veiga del río da Proba nos acercamos a O Chao, al barrio principal de este histórico pueblo caminero que fue escenario cinematográfico al rodarse parte de la película Romasanta. La caza de la bestia, dirigida por Paco Plaza y estrenada en 2004, en la que se recrea la impactante historia del Hombre lobo de Allariz, Manuel Blanco Romasanta, afectado de licantropía que cometió graves crímenes a mediados del siglo XIX, con la participación de estrellas del celuloide como Elsa Pataky y Julian Sands. El hombre lobo llega a A Fonsagrada, titulaba su crónica de la filmación María Cuadrado para La Voz de Galicia del 12-8-2003:
"A cuarenta grados no es fácil soportar un rodaje y menos cuando la intención del director es la de disfrutar de la siempre fresca Galicia. Paco Plaza vivió ayer un día intenso en medio de un campo de centeno del coto de caza de Pobra do Burón, en A Fonsagrada (Lugo). Lleva varios días rodando en tierra gallega, en Sarria y O Incio, para llevarse a Cataluña exteriores que le permitan revivir en película la historia encarnada por Manuel Blanco Romasanta, protagonizada por el actor Julian Sands y la actriz Elsa Pataky, y producida por Filmax. Leandro Quintana es figurante. A sus 70 años reconoce que es toda una aventura, pero insiste en que pasó la selección del cásting «por saber montar a cabalo coma un profesional». Como para el resto de los miembros del equipo, su día jornada comenzó a las siete y media de la mañana. Cinco horas después, el rodaje en exteriores continuaba en el lugar de A Ermida, donde el director supervisó las tomas desde una carpa de tela, acorde con el paisaje. A la orden de «Silencio aquí por favor», discurrió la grabación en parajes tan aislados que obligan al equipo a disponer de servicio técnico, de vestuario y de transporte en un campo próximo. De la comida se encarga Miguel, sorprendido del calor y cansado de limpiar continuamente el polvo de los platos. Sólo las bebidas frías y una máquina de sulfatar ayudan a sobrellevar el calor, insoportable para quienes visten trajes de época complementados con gruesas medias, zuecos o zapatos de cuero. Entre secuencia y secuencia, Elsa Pataky se guarece bajo un paraguas familiar en tonos ocre. En un momento de descanso atiende a la prensa y confiesa la fascinación que siente por su personaje, Bárbara García, hermana de la novia de Romasanta, el hombre lobo gallego. Asegura que rodar en pueblos prácticamente deshabitados le ayuda a concentrarse en su papel «un paso más en mi trayectoria cinematográfica». El protagonista, Julian Sands, al que acompaña un traductor, cree que el proyecto es apasionante y que lo más llamativo es que el personaje se mueve entre la ficción y la realidad. Esta observación la respalda el director, Paco Plaza, que espera «poder devolverle las pesadillas de joven a mi madre, que es de Guitiriz». Insiste en que la declaración de Manuel Blanco en el juicio inspiró su película. «Este proyecto implicaba venir a rodar aquí; en el resto de España no encuentras unos parajes similares a éstos. Además, el paisaje gallego se presta a la imaginación», aseguró el director de la película..."
Pese a que la decadencia de A Proba de Burón se manifestaba plenamente frente a la creciente prosperidad de A Fonsagrada en el siglo XVIII, la pérdida de la capitalidad debió de ser un acontecimiento realmente impactante. Exist aún una cierta pica vecinal y corren leyendas que narran "trampas" de los fonsagradinos, como que "se llevaron la imagen de la Virgen" para asentar en la montaña la nueva capital del nuevo concello de A Fonsagrada
Bien avanzado el siglo XX un vecino, Enrique Fernández, intentó pleitear para devolverle su capitalidad a A Proba de Burón, siendo esta una de las muchas iniciativas del llamado Burón Rojo, como gustaba de apodarse, siendo protagonista de otras sonadas propuestas y actuaciones de las que escribe José de Cora, director de El Progreso, el 7-8-2019 en Burón, la aldea de las calles comunistas:
"Enrique Fernández transforma las fiestas de agosto en A Pobra para que chinche A Fonsagrada
Hasta 1835 los actuales municipios de A Fonsagrada y de Negueira de Muñiz forman el Concejo, o las Tierras, de Burón, con capitalidad en A Pobra de Burón.
De aquella pérdida de categoría para los de Burón a favor de A Fonsagrada -separadas por tres km-, se deriva entre los primeros una tradición de agravio que en algunos casos sobrevive hasta hoy. En estas circunstancias discurre la vida de Enrique Fernández y Fernández (A Pobra de Burón, 1925), también llamado Enrique de Gabriel, porque ése es el nombre de la casa natal, o el Burón Rojo, como gusta bautizarse.
Enrique nace noventa años después de que desaparezca Burón como capital del municipio. Sin embargo, la herida está tan fresca como el primer día. Al menos eso considera él cuando alcanza el uso de razón.
Una vez superados los estudios elementales da con sus huesos en Barcelona y allí hace por la vida como guía del metro. De Barcelona viaja al Archivo General de Simancas, en Valladolid, en busca de papeles que le ayuden a defender los derechos históricos del Concejo de Burón y a su regreso trabaja por convertir en carretera los caminos que lo cruzan.
Con el fin de que los vecinos no necesiten ir a Fonsagrada, se hace con una furgoneta donde rotula: «Comestibles El Buronés el más barato del norte de España». Por medio de ella vende a domicilio la cesta de la compra y poco le falta para acabar en la ruina. Por eso y por comprar la fortaleza de Burón, que pretende poner en valor sin ayudas de ningún tipo. También colabora en la llegada del teléfono, compra un órgano para la iglesia, limpia y regenta la cantina del lugar. Lo que sea con tal de engrandecer Burón.
Y es entonces cuando Enrique y sus planes se dan a conocer fuera de Burón. Y lo hace de una forma sorprendente. Lo recuerdo con bastante exactitud. Un día de verano de 1985, o incluso antes, llega a la redacción de El Progreso la noticia de que en A Pobra de Burón están organizando para el mes de agosto unas fiestas excepcionales, pues el programa incluye números que evidentemente no pueden ser contratados por una población tan pequeña. En torno al día mayor, el 15 de agosto, el programa se inicia con fuegos artificiales “que describirán círculos de estrellas maravillosas para descender en forma de palmeras”. El pregonero será Rafael Alberti y actuará la Orquesta Sinfónica de Londres. La misa incluye el Cantum Sacrum de Rimsky Korsakov, y el torneo de fútbol lo disputan el Dinamo, de Kiev y el Estrella Roja, de Belgrado. El Fari, Diana Ross, Tina Turner y Juan Pardo completan unas fiestas imposibles de mejorar por el cercano y siempre odiado ayuntamiento de A Fonsagrada.
Su iniciativa más duradera y la más comentada es cuando decide bautizar las calles de Burón con los nombres de personajes rusos y dirigentes comunistas internacionales, sabedor de que son los que más irritan al poder establecido, aunque hoy soplen aires de democracia.
Enrique encarga unas placas de cerámica similares a las oficiales para distribuirlas a lo largo de las casas de Burón a su leal saber y entender en honra de Mao Tse Tung, de Carlos Marx, o del Dr. Fidel Castro, un título que alude a su doctorado en Derecho Civil.
Otros vecinos residen en la Avenida Lenin o en otra que recuerda a Hô Chi Minh, aunque aquí el vietnamita adquiera un admirativo Oh Chi Minh, sin duda por la devoción que despierta el personaje. También las hay de Igor Stravinski, o del mariscal Gueorgui Konstantínovich Zhúkov".
Con motivo de una propuesta para que el Concello de A Fonsagrada retirase algunos nombres de este particular callejero buronés que, en principio, tampoco son oficiales, es Santi Delgado, también en El Progreso, quien incide en la figura de este muy activo vecino y sus actividades:
"Todo fue idea de Enrique Fernández, un vecino que costeó de su propio bolsillo las placas de este peculiar callejero. Cuando regresó de su etapa como emigrante en Barcelona, decidió costear las placas para las calles de A Proba de Burón, rotuladas como en cualquier ciudad. De esta forma, en los primeros años de la democracia, este núcleo rural se convirtió en un caso excepcional en Galicia. Y es que, además de los líderes comunistas, también tienen su espacio los compositores rusos Igor Stravinsky y Rimski-Kórsakov, así como la primera mujer astronauta, Valentina Tereshkova.
La influencia de Enrique Fernández, conocido como el Burón Roxo, fue notable en el pueblo. Gracias a él, se reunieron las 22 solicitudes necesarias para que Telefónica ampliase la línea telefónica hasta A Proba, costeando él parte de la inversión.
También sufragó la construcción de una carretera hasta Carracedo para evitar que los vecinos tuvieran que pasar por A Fonsagrada para ir a Lugo o Navia. Su generosidad se extendió a la organización de las fiestas patronales y a la venta de quesos a un precio inferior al de coste, que repartía en una furgoneta rotulada con el lema 'Comestibles El Buronés, el más barato del norte de España".
El legado de Enrique Fernández en A Proba de Burón
El amor de Enrique Fernández por su pueblo le llevó a adquirir el castillo de A Proba –ahora en otras manos– con el dinero que había ganado en Barcelona, con la intención de convertirlo en un reclamo turístico.
Tras su fallecimiento, los vecinos de A Proba de Burón promovieron la colocación de una placa con su nombre a la entrada del núcleo.
Anécdotas y curiosidades del 'Burón Roxo'
La capacidad fabuladora de Enrique Fernández quedó patente en el cartel de las fiestas patronales de 1987, donde anunció la actuación del Coro del Ejército Rojo junto a la orquesta Unissón de Vigo.
También propuso como pregonero a Rafael Alberti y dio noticia de un partido de fútbol entre el Dinamo de Kiev y el Estrella Roja de Belgrado.
Su rivalidad con A Fonsagrada le llevó incluso a visitar el Archivo de Simancas en Valladolid para reunir documentación con el fin de que A Probra de Burón recuperase la capitalidad del municipio, perdida en 1839".
Un poco más allá, en la ladera de A Loma Roxiña, vemos algunas casas de otro de los barrios de A Proba: Trambasaugas o Ambasaguas, así llamado por estar justo sobre la unión del río da Proba con su afluente el río de Pontetraves, topónimo que, como el de A Ponte Grande, aquí a la entrada del pueblo, hacen referencia a los antiguos puentes que comunicaban ambas orillas del valle
Estamos, según la placa del mojón, a 153, 286 kilómetros de la Praza do Obradoiro
Unos metros más allá salimos al camino vecinal asfaltado que comunica A Proba de Burón con la LU-740 por A Cruz Nova. Yendo por él hacia la izquierda cruzaremos A Ponte Grande y, pasando por el solar del antiguo Hospital de la Santísima Trinidad, del que solo parece quedar el recuerdo subiremos por O Chao arriba hacia la iglesia de A Maladena o Santa María Magdalena, la torre de A Fortaleza y la capilla de San Xosé...
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