La Ponte Cayés sobre el Nora, al fondo La Cuesta Naranco |
El Camino de Santiago del Norte pasa de la parroquia ovetense de Villaperi a la de Cayés, en Llanera, cruzando El Río Nora en La Ponte Cayés, viejo puente de piedra del que existe certeza documental escrita desde el siglo XIII pero cuya existencia revela ser muy anterior, acaso de época romana, sobre un vado fluvial mucho más antiguo, en uno de los caminos principales entre la costa y en interior, cercano al solar de la mítica civitas de Lucus Asturum, unos pocos kilómetros más al norte y en el mismo concejo de Llanera, centro administrativo romano en el territorio de la actual Asturias central, poblado por los astures luggones
Este antiguo molino harinero fue restaurado en 1997 pero su fábrica actual es del siglo XVIII, con dos pisos (casa-molino). Se sabe que esta presa afectó seriamente en 1522 a la estructura del puente, junto con las continuas riadas, lo que haría necesaria una de sus sucesivas reparaciones-reconstrucciones
"Tiene planta rectangular con puerta adintelada y cubierta a dos aguas. Hecho en mampostería, emplea el sillar en la puerta adintelada, esquinas y en los arcos bajo los que discurre el agua. Conserva su maquinaria en buen estado"
"Es el río principal que separa por el sur Llanera del concejo de Oviedo. A él vierten sus aguas varios arroyos que discurren por las citadas parroquias. Tal vez, Nora se remonte ya al preindoeuropeo, *N-R- (corriente de agua), el río importante en su tiempo: pesca en invierno, comunicaciones, transporte… El río Nora fue importante en su tiempo para toda la redonda; por ejemplo, tenía varias zonas de baños, a donde acudían las gentes de los alrededores a bañarse en verano. Así, en Cayés algunas eran más peligrosas, como El Camparanón. El Camparonín era menos peligroso, se bañaban hasta los más pequeños. En La Vega, las muyeres hacían en este tramo la colada sobre el río, y aprovechaban también para bañarse.En El Puente Cayés, había un remanso, no sólo para bañarse, sino que hasta tuvo una lancha para cruzar. Otra zona destacada de baños era El Molinón, en Guyame, San Cucao, donde todavía se conservan dos molinos."
"Son dos zonas del río Nora distinguidas por el nombre para describir las circunstancias de las aguas para bañarse. Los sufijos (aumentativo y diminutivo) reflejan lo bueno y lo malo: más peligroso, El Camparanón; nada peligroso, El Camparonín, en el que se bañaban hasta los más pequeños. Es la lengua al servicio del pueblo: dos campos (lat. CAMPUM), pero muy distintos para los usuarios. Los nombres avisan también, para ello los pusieron los pobladores precedentes en el tiempo, que tal vez hayan experimentado los peligros del río en esos tramos."
"Torca l’Arroyu fue descubierta durante la construcción de la nueva red de saneamiento de Llanera (Asturias, España). Es una pequeña cueva desarrollada en las calizas y margas del Cretácico superior rellena por sedimentos cuyo techo presenta una abertura tipo torca. El depósito tiene forma de cono cuyo vértice se encuentra bajo la torca y está formado por capas inclinadas depositadas a partir de los arrastres producidos en la ladera exterior. En estos niveles se recogieron materiales arqueológicos, restos óseos y fragmentos carbonosos. (...)Las dataciones de los huesos asociados a materiales arqueológicos nos indican la existencia en la ladera exterior de un asentamiento humano holoceno, cuyos materiales fueron arrastrados por la ladera y depositados en la cueva en una fecha posterior, como consecuencia del desarrollo de un incendio, proceso este que se repitió años después como atestigua la fecha más reciente. Las fechas 14C fueron sometidas a calibración dendrocronológica y comparadas con las de otros yacimientos cantábricos de similar cronología."
"La iglesia de La Ponte, en Cayés, es uno de los elementos más singulares del patrimonio de Llanera por muchos motivos, entre ellos su peculiar diseño de planta cuadrada y estilo barroco. Pero es su interior el que guarda las pistas del pasado esplendoroso de la familia que la ordenó construir: algunos de sus miembros reposan en tumbas dentro del templo y es uno de los enterramientos el que resulta más espectacular por su hermosa factura y por contar con un impresionante escudo de armas sobre el sepulcro.
La iglesia, del siglo XVII, es en realidad una capilla-panteón y fue Francisco Díaz de Campomanes y Cienfuegos quien ordenó edificarla para su familia frente a la casa que tenían en Cayés. En el suelo del ábside del templo hay varias sepulturas aunque en muy mal estado de conservación y ahora difíciles de apreciar pues sobre el piso hay restos de escombros de un derrumbe.
Pero lo que destaca dentro de la iglesia es el sepulcro empotrado bajo arcosolio, fechado en 1738 y construido por el maestro de cantería Gregorio de la Roza, según explica Ramón Rodríguez, director del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea) en su libro sobre el concejo de Llanera. Esta tumba, hermosa aún pese a su mal estado de conservación, la atribuye Rodríguez a miembros de la rama Campomanes Maldonado de esta familia.
"La casa de Campomanes fue fundada en 1610 por don Juan de Illanes, dignidad del cabildo de la Catedral de Oviedo para su hermana doña María de Illanes, casada con Francisco Díaz de Campomanes, señor de la casa de la Torre de Barrios de Luna (León) en cuya iglesia parroquial se conserva un sepulcro con las mismas armas que tienen sus descendientes en la capilla de La Ponte de Cayés", explica Rodríguez en su trabajo.
El escudo de armas del sepulcro de Llanera es uno de los elementos que mejor se conserva del conjunto y constituye una pieza digna de ver, aunque la capilla es de propiedad privada y por ello no accesible al interior, aunque sí puede verse desde el exterior, ya que está justo al lado de la carretera. Son sus nuevos dueños -la propiedad la adquirieron hace poco tiempo- los que han rehabilitado el tejado del templo para frenar el deterioro del inmueble."
La fachada principal tiene dos niveles, en el inferior está la puerta de acceso, adintelada, con sendos vanos adintelados a cada lado, ventanas que han quedado al nivel del pavimento. Arriba, una hornacina estaría destinada a albergar una imagen religiosa
En el año 2013 otra periodista, Ruth Arias, publica para otro periódico, El Comercio, que Cultura ordena la reconstrucción de La Ponte Cayés, a fecha 1 de mayo:
«La reconstrucción de la cubierta, previo amarre y consolidación de la coronación de los muros». Esa obra es el mínimo que la Consejería de Cultura exige a los propietarios de la capilla de La Ponte, la actual marquesa de Santa Cruz de Marcenado. El requerimiento pide al Ayuntamiento de Llanera que ordene «el cumplimiento del deber de conservación» de la capilla, un edificio incluido dentro del Catálogo urbanístico de protección integral, y marca unas actuaciones prioritarias. Entre ellas, la elaboración en un plazo de tres meses de un documento técnico sobre la seguridad estructural del edificio que estudie cuáles son las causas de los daños de las fachadas Oeste y Sur, así como la limpieza del interior y de la vegetación «que coloniza los muros».
La maleza impide prácticamente la entrada al edificio, cuya puerta ha quedado situada además a un nivel inferior al de la carretera. El inmueble presenta humedades desde hace años, y la techumbre se derrumbó hace alrededor de año y medio. Los daños, ni siquiera han podido ser evaluados, ya que cuando el pasado verano un técnico de la consejería acudió a hacer una inspección, no pudo acceder.
La asociación de vecinos de Cayés pedía entonces que se instase a la propiedad a ejecutar los arreglos, y Cultura ha terminado por darle la razón y realizar el requerimiento. Pero el interés de la consejería va incluso más allá, y estudiará la posibilidad de incluir, no sólo la capilla, sino también otras construcciones como el palacio de los Díaz Campomanes, el puente y el molino de Cayés en el Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias «dado el interés del conjunto de elementos que se sitúan en la vía complementaria del Camino de Santiago, de gran tránsito de peregrinos que se dirigen de Oviedo a Avilés».
Por otra parte, Cultura también traslada al Ayuntamiento de Llanera «la preocupación por los daños que en el conjunto pudiera producir el tránsito intensivo de vehículos pesados». Los camiones atraviesan el puente y pasan al lado de la capilla, por lo que exige una evaluación de posibles daños. Otro tanto para los vecinos de Cayés."
"Tiene origen medieval aunque a lo largo de su vida ha sufrido varias reparaciones y reconstrucciones. De su fábrica medieval no queda ningún resto, siendo su traza actual del siglo XVI. «La ponte» de Cayés es mencionada en la carta-puebla otorgada Alfonso X el Sabio al concejo de Siero, en 1270. Alrededor de finales del siglo XV se realizó una intervención para reparar los daños causados por el tránsito de carros, que fue prohibido. Para ello se colocó una piedra de gran tamaño en medio de él. Por el puente pasaba el camino real que comunicaba la ciudad de Oviedo con la villa de Avilés y su puerto, a través de Llanera y Corvera, siendo una de las principales vía de comunicación de Asturias. En el siglo XVI el puente sufrió diversas reparaciones debido a las riadas del Nora, que en 1522 se vio agravada por la presa del molino y la de 1552, en que perdió uno de sus seis pilares. Posteriormente hubo otras intervenciones en los siglos XIX y XX, tras la Guerra Civil. Actualmente tiene dos arcos de diferente tamaño, estando el central, de mayor tamaño y sobre el cauce del río, reconstruido con hormigón armado."
"... alisedas ribereñas, que se ubican en las riberas del río Nora y sus afluentes y se asientan en suelos ricos en bases. Además del aliso (Alnus glutinosa), están presentes los fresnos (Frasinus excelsior), carbayos (Quercus robur), olmos (Ulmus glabra) y sauces arbóreos (Salix alba y Salis fragilis). Abundan los arbustos, como la zarza (Rubus ulmifolius), el avellano (Corylus avellana), el saúco (Sambucus nigra), el laurel (Laurel nobilis) o el cornejo (Cornus sanguinea), y el sotobosque es muy diverso, Entre las plantas más llamativas de estos medios podemos citar el zubón, suelda o sanatodo (Hypericum androsaenum), de grandes flores amarillas y frutos tipo baya, muy utilizados por la medicina popular y, sobre todo, a lo largo del Nora, las alisedas incorporan una rara y llamativa planta de grandes flores azules, el acónito o matalobos lusitano (Aconitus napellus subps. lusitanicum), siendo este territorio de Asturias donde se conoce esta planta. La orla arbustiva más típica de estos bosques de ribera son las saucedas de salguera negra (Saliz antrocinerea), y en algunos tramos del Nora es posible contemplar, por delante de las alisedas, las saucedas blancas ribereñas (Salix alba). Una gran parte de los terrenos de la vega del Nora, cuya potencialidad corresponde a bosques ribereños de alisos, ha sido transformada por el hombre en prados que ofrecen la ventaja de producir hierba fresca en verano, cuando en los asentados en la ladera la producción puede llegar a paralizarse por la escasa disponibilidad hídrica del suelo. Estos bosques de ribera están protegidos por ley, ya que figuran como hábitat prioritario en el Anexo I de la Directiva 92/43 de la Unión Europea, relativa a la conservación de hábitats naturales y de la fauna y flora silvestre de Europa".
Después de ver el puente retomamos el Camino, dejando a nuestra izquerda El Camín de la Ponte y continuando por la Carretera Cayés LL-11, dando vista a El Palaciu o casa de los Díaz Campomanes, linaje oriundo de Barrios de Luna, al norte de León, asentado en Asturias por matrimonio de María de Illanes, dueña de esta casa, y Francisco Díaz Campomanes
"En La Ponte de Cayés, adosado a la derecha del palacio, noble edificio reedificado en 1836, y hoy día todo el conjunto propiedad de ciudadanos chinos. Difícil precisar sus inicios, que se suponen sobre 1955, cuando se recuerda a Baltasar Fernández, natural de Fitoria y su mujer Mercedes Peláez Martínez, de Cayés, al frente del mismo. Posteriormente estaría al frente Pepe el Cubano también conocido como Pepe Rogelio, de Villaperi y en otro momento, Manuel Seijas y su mujer María, a quienes siguió uno de sus hijos.Terminó su actividad en la década de 1990. Un mostrador de madera frente a la puerta de entrada, una puerta de acceso al piso de arriba tras el mostrador, y algunas mesas del mismo material donde se servían menús y se jugaba a las cartas, son los recuerdos que perduran en los mayores del lugar. Era tradicional jugarse una botella de sidra en las partidas de bolos en la bolera de cuatreada que tenía delante del edificio"
El Camino, aquí carretera local, sube todo recto un buen tramo al lado del viejo muro de la casa, al que habremos de ir bien pegados pues, como podemos comprobar, no existe arcén y apenas una estrecha franja de cuneta
Recalcamos que, aunque el tráfico no es tan intenso, ni mucho menos, como el de las carreteras generales, no es inapreciable ni ocasional tampoco, e incluye el paso de camiones, pues no olvidemos la cercanía a las canteras del Naranco ni a dos de los grandes polígonos industriales de Asturias, Silvota y Asipo, que son además de los pioneros
Este trayecto por carretera se prolonga unos 600 metros, hasta llegar al campo de la iglesia parroquial de Cayés, al otro lado de los árboles del fondo, donde tomaremos un ramal a la izquierda que nos subirá a las casas del pueblo de Campiello
Si bien es un trayecto por asfalto y en el que hay que ir bastante pendientes de los coches que puedan venir, el entorno es muy agradable, de arboledas, campiña y matorrales ribereños, según nos despedimos del Nora, aunque no aún de su gran valle y cuenca fluvial
Subiendo recto y en rampa, aunque suavemente, el Camino gana altura mientras sigue, a nuestra izquierda, el largo muro de El Palaciu, cubierto de vegetación
Los árboles señalan nuestra proximidad a la iglesia parroquial y a la subida a Campiello, pero también la inmediatez de una curva cerrada a la izquierda, sin visibilidad
Bien arrimados seguimos subiendo especialmente atentos en este lugar, La Viña, un topónimo que delata antiguos cultivos vinícolas de los que no queda ni memoria, reflejado en la Carta paleolítica de Cayés, del erudito Emilio Marcos Vallaure (año 1965), que podemos ver en las páginas 64 y 65 del libro Llanera de Ramón Rodríguez Álvarez
El muro se cubre de helechos y, como podemos comprobar, no hay espacio entre la calzada y la tapia
Cruce de caminos y llegamos a Campiello, uno de los barrios de esta parroquia de Cayés y diminutivo de 'campo', del que Xulio Concepción nos da noticia en su trabajo:
"Barrio más alto de la parroquia, en el que sobrevive un texu centenario. En el lugar de La Ermita se dice que hubo capilla, aunque no quedan vestigios; aquí se mayaba el trigo o la erga, el pan, para separar el grano de la poxa (la cascarilla), antes de aventarlo (limpiarlo lanzándolo al viento con la estrategia especial de las muyeres). Había varias erías: Cafernández, Los Eros, Las Viñas…"
Aquí, ante el polideportivo, hay una bifurcación, en la que seguimos por la derecha, subiendo y rectos
Aquí está el azulejo con la concha y la flecha que nos lo indica. En el artículo De La Ponte a Villar, el tramo jacobeo de Llanera que conecta del Camino Primitivo y el de la Costa, la periodista Sara Arias publica en La Nueva España del 13-10-2023, este resumen del itinerario jacobita por el concejo, con interesantes datos:
"El tramo del Camino de Santiago que discurre por Llanera atraviesa el municipio de Sur a Norte en un recorrido considerable, de algo más de diez kilómetros, no excesivamente duro, pues discurre en llano buena parte del trayecto, si bien cuenta con algunas subidas que requieren esfuerzo. Realizarlo puede llevar entre hora y media y dos horas de tiempo, aunque todo depende del ritmo que se lleve y si se hacen paradas o no para descansar o disfrutar de las panorámicas y el patrimonio que va saliendo al paso. Lo ideal es organizar una escapada de un día al concejo para pasar la mañana y la tarde, pararse a comer en un área recreativa y poder aprovechar y conocer bien lo que esta ruta ofrece al visitante.
El itinerario parte de la zona de La Ponte, en Cayés, un punto en el que ya hay mucho para ver. El puente sobre el río Nora, la capilla del siglo XVII vinculada a la Casa de los Díaz de Campomanes que se sitúa justo en frente y el Molín de la Ponte, rehabilitado y que se considera el más antiguo de Asturias.
"Clasificado tradicionalmente como edificación documentada en el año 1267, sin embargo se ha podido localizar una cita anterior donde figura incluido en el Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo en la donación efectuada por el rey Ordoño II, el 8 de agosto del año 921", figura en el expediente de la consejería de Cultura sobre este elemento que forma parte del conjunto de La Ponte.
"Clasificado tradicionalmente como edificación documentada en el año 1267, sin embargo se ha podido localizar una cita anterior donde figura incluido en el Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo en la donación efectuada por el rey Ordoño II, el 8 de agosto del año 921", figura en el expediente de la consejería de Cultura sobre este elemento que forma parte del conjunto de La Ponte.
Dejamos atrás este lugar y subimos en dirección a Campiello, donde hay un área recreativa. Frente a ella, la iglesia de San Martín. La ruta sigue pasando el antiguo lavadero de Cayés en dirección a Ables. Son numerosas a lo largo de trayecto las conchas de cerámica que indican la dirección correcta, así que hay pocas opciones de pérdida.
Dejamos atrás este lugar y subimos en dirección a Campiello, donde hay un área recreativa. Frente a ella, la iglesia de San Martín. La ruta sigue pasando el antiguo lavadero de Cayés en dirección a Ables. Son numerosas a lo largo de trayecto las conchas de cerámica que indican la dirección correcta, así que hay pocas opciones de pérdida.
Por esta zona, el caminante irá viendo panorámicas de Ables, Severies, el monte La Cogolla, Posada o Santu Firme. Siguiendo el camino se llega a Posada, capital del concejo, donde, en caso de ser un peregrino, se puede sellar la credencial en la oficina de turismo.A Posada se llega por la zona de El Cruce. Luego la ruta jacobea se dirige por la Avenida en Oviedo para encarar la subida a Santu Firme por las calles Carrión y Quintana. Retomando la carretera y, bordeando la ladera del Monte Santu Firme, el recorrido va hasta el Alto de la Miranda. "Se continúa por la carretera local LL-9, cruzando para ello unas vías de ferrocarril y tomando el camino que cruza el río de Villar. Se entra desde aquí en el concejo de Corvera por los pueblos de La Sota y Solís", describe el itinerario la información municipal que pone en este punto el fin del Camino en Llanera al enlazar ya con los tramos de la comarca de Avilés."
A la derecha la Casa Luciano Arroyo, con piso alto, corredor y palmera en su parcela. Más a la derecha vemos la iglesia parroquial, dedicada a San Martín y llamada La Catedralina tras su construcción, sustituyendo al templo anterior, entre finales de la década de 1920 y principios de la de 1930, por iniciativa del entonces párroco, Manuel Antuña
Al pie del área recreativa hay una curva, aunque con algo más de visibilidad que la anterior, si bien los árboles pueden ocultarnos los vehículos que vienen
La concha nos confirma que hemos de seguir de frente y cuesta arriba en este cruce, siempre por la carretera, dejando a la izquierda El Camín de Pustiello
No obstante, al empezar la curva ya podríamos meternos a la izquierda por el área recreativa y tomar el ramal que sube al núcleo principal de Campiello. Nosotros vamos a seguir de frente para ir a ver La Catedralina, siguiendo la señalización oficial
Y acto seguido también, tomar en esta bifurcación el ramal a la izquierda, que es un atajo que sube al lavadero de Campiello, donde enlazaríamos con el camino que sube de la iglesia cruzando la carretera
Pero, como hemos dicho, queremos ver La Catedralina, por lo que continuamos unos metros más por la LL-11 o Carretera de Cayés y pasamos delante de esta casa...
"Tiene la iglesia de San Martín de Cayés, en Llanera, una historia que algunos vecinos aún recuerdan pese al tiempo transcurrido desde que se produjo. En unos años hará un siglo que el entonces párroco, Manuel Antuña, puso todo su empeño en remodelar el templo dotándolo de una hermosa torre y en convertir su entorno en un bonito paraje que destacase en la localidad. Lo consiguió, porque el lugar, arreglado gracias a cuantiosas donaciones del propio cura, los vecinos y otros benefactores, sigue llamando hoy la atención del visitante.
El detalle de las obras realizadas, cómo se pagaron y el afán del cura por sacar adelante el proyecto de mejora de la iglesia se puede leer en una de las páginas del desaparecido diario Región de fecha 29 de enero de 1931. “Existe beneplácito de los vecinos de la parroquia de San Martín de Cayés hacia su querido párroco don Manuel M. Antuña por su loable entusiasmo en favor de la Casa de Dios, que en la actualidad se halla como una ‘catedralina”, se lee en la crónica periodística, que así apoda al templo por los numerosos arreglos que se hacen en el plazo de pocos años.
Los benefactores que hicieron posible convertir una humilde iglesia en una de mayor porte, arreglar y reparar el cementerio anexo y embellecer todo el conjunto son siempre los mismos: los vecinos, las donaciones de las empresas pujantes entonces en la zona y el cura, que siempre ponía lo que faltaba para llegar al total o, si acaso, aportaba por delante cantidades íntegras para algunos trabajos.
El plan del “virtuoso” sacerdote, tal y como le califica la crónica periodística, se inició en septiembre de 1925, con la obra del nuevo presbiterio. El importe fue de 5.706, 45 de las antiguas pesetas, “habiendo contribuido para estas obras don Juan Álvarez Quintana, que en paz descanse, con 2.000 pesetas”, la “suscripción de los vecinos y alguna limosna de particulares 866 pesetas y 15 céntimos, el párroco con 2.850,30 pesetas”. Por su parte, “la Fábrica de Coruño dio las maderas, el techo, bóvedas, ventanas, puertas y andamios, más un carpintero unos cuantos días” y “la Fábrica Guisasola todo el ladrillo que se empleó y sufragó los gastos de decorado interior de dicho presbiterio”.
Las mejoras siguieron en septiembre de 1929, con la ampliación del cementerio anexo. El coste fue de 3.149,9 de las antiguas pesetas. “Contribuyeron varios vecinos a razón de 50 pesetas por cada sepultura propia adquirida (...), contando entre estos a la Fábrica de Coruño, que adquirió la propiedad de diez sepulturas. para el depósito de cadáveres (...)”.
Según el relato periodístico, el 12 de mayo de 1930 se terminaron asimismo los trabajos de construcción de la torre nueva de la iglesia, que incluyó la compra de una campana de 505 kilos de peso. “Costearon estas obras la Fábrica de Coruño, que prestó parte de la madera para el andamio, algunos sacos de cemento, unos hierros para sostener la campana y un obrero dos días para colocar esta y el pararrayos. La Fábrica de los Señores Guisasola Hermanos dio cientos de ladrillos y, el resto del importe, 9.634,64 pesetas, lo abonó el párroco”, se cuenta en Región.
El 20 de junio de 1930 se terminaron las obras de ampliación del campo de la iglesia. Costaron 3.008 pesetas que pagó íntegramente el cura. Y el 22 de diciembre de ese año se terminó el camino que, partiendo del campo de la iglesia, terminaba en la rectoral. “Contribuyen a la obra de esta carretera la Fábrica de Coruño, que dio más de 20 kilos de pólvora, que arregló repetidamente las herramientas, dio la gandinga que cubrió la carretera y la transportaron en carros los vecinos del barrio de Campillo. El resto del importe, 966,50 pesetas, a que ascendió la mano de obra, fue abonado por el párroco”, se recoge en el artículo de prensa.
El templo y su entorno sigue siendo hoy uno de los atractivos de la parroquia..."
"La iglesia parroquial de Cayés, cuyo santo titular es San Martín, tiene la estructura y distribución propias de las iglesias rurales asturianas de los siglos XVIII y XIX, aunque ha sido modificada en el XX. Es de una sola nave, con coro de fábrica y crucero marcado en la planta, cabecera pentagonal, así como sacristía adosada al lado de la Epístola. El pórtico lateral está cerrado y tiene a los pies una torre, del siglo XX, de estilo historicista, diseñada por José Crabiffosse"
"El aspecto actual de la iglesia parroquial de Cayés, dedicada a San Martín, lo debe todo a los años finales de la década de los años 20 del siglo pasado, cuando el párroco Manuel M. Antuña puso su empeño y dedicación a mejorar tanto el edificio como el cementerio anexo, dándole un nuevo aspecto a la construcción, tal y como podemos apreciar (...)
Antes de eso, la primera noticia relacionada con este templo que localizamos en la prensa, concretamente en el periódico La Época el 28 de febrero de 1850, es la del nombramiento De Francisco Álvarez Nava como párroco de Cayés, iglesia que en 1866 recibirá la ingrata visita de los ladrones, quienes se llevaron las joyas de la iglesia, sin que la noticia aparecida en el rotativo La Esperanza el 1 de octubre de ese año, de más detalles al respecto.
La prensa será la fuente de información fundamental para seguir las sucesivas obras llevadas a cabo en la parroquial, con un primer punto de atención en el año 1915, en el cual sabemos, gracias a la Revista Asturias, que están próximas a su finalización las obras en el templo, sin que se nos proporcione información adicional, así que no podemos saber el alcance de las mismas.Las obras más en serio parece que dieron comienzo, o al menos esa era la intención, en el año 1923, cuando el corresponsal de La Voz de Asturias, informa de la realización de «obras de alguna importancia en la iglesia parroquial de Cayés, a fin de dar cumplimiento a una cláusula testamentaria de D. Juan Álvarez Quintanal», obras a las que también contribuirán los vecinos de la parroquia con el fin de «dar más amplitud a dichas obras con lo que ganará mucho en esbeltez».
Será el diario Región el 29 de enero de 1931, quien nos dejará un listado detallado de las obras llevadas a cabo bajo la dirección del párroco Antuña, durante el quinquenio anterior. Obras que habían dado comienzo en 1925 dotando a la iglesia de un nuevo presbiterio, obra que superó ligeramente las 5.700 pts de la época, de las cuales 2.000 salieron del testamento de Juan Álvarez Quintanal, y el propio párroco aportará poco más de 2.800 pts. El resto del dinero se obtuvo por medio de limosnas y aportaciones de particulares
La Fábrica de Explosivos facilitó la madera para el techo, la bóveda, ventanas, puerta y andamios, además de pagar al carpintero. Por su parte, Cerámicas Guisasola aportó todo el ladrillo necesario y corrió con los gastos del decorado interior del nuevo presbiterio.
Cuatro años después, en 1929, se concluyeron las obras del cementerio, iniciadas un año antes, por un importe de 3.149,99 pts., sufragadas con el aporte de 50 pts por parte de cada vecino que tuviera una sepultura en propiedad en el campo santo, entre los que se encontraba Cerámicas Guisasola al adquirir una decena de sepulturas, además de aportar el ladrillo y la teja para el depósito de cadáveres y el adorno del montante del muro de cierre. El terreno para hacer la ampliación, se obtuvo por medio de una donación realizada por la esposa de Javier Cavanilles.
El 16 de septiembre de 1929 se dio inicio a la obra de la torre de ladrillo y cemento, que vio su finalización el 12 de mayo de 1930, completada con la adquisición de una campana de media tonelada de peso, obras en las que de nuevo la implicación de la fábrica de Coruño fue determinante, cediendo la madera para el andamiaje, y los elementos necesarios para elevar la campana a su ubicación definitiva, junto con la colocación del pararrayos. Por su parte, Guisasola aportó otra vez ladrillos y 9.634,61 pts necesarias para cumplir con el presupuesto de la obra.El 20 de junio de 1930 las obras del campanario fueron finalizadas. Sin embargo, la actividad constructiva del párroco no se detuvo ahí, sino que procedió a la compra de dos días de bueyes de terreno, con el fin de dotar a la iglesia de un campo que le diera más prestancia al edificio. Un campo delimitado con un muro en el que se abrió una zona de entrada, y cuyo coste total, cifrado en 3.008,20 pts salieron, según el diario Región, del propio bolsillo del párroco.
Item más. en diciembre de ese año finalizaron las obras del camino que unía la iglesia con la casa parroquial, de nuevo gracias a la inestimable ayuda de la Fábrica de Explosivos, que proporcionó la pólvora necesaria y el material para el firme, que fue transportado por los vecinos del barrio de Campiello, en sus carros. La cantidad económica de 966,50 pts restante, de nuevo fue aportada por el sacerdote.
En agosto de ese año, se estaban culminando las obras de la nueva capilla del Santo Cristo con la que se dotó al templo, así como la ampliación de la sacristía, que culminarían una remodelación total del templo que habían costado más de 20.000 pts de la época, en total.
Ya en el siglo XXI, concretamente en diciembre de 2003, la estructura de buena parte de la techumbre no aguantó más y se produjo un hundimiento, afortunadamente, en un momento en el que no había ninguna persona en su interior, que obligó a trasladar el culto durante un largo periodo de tiempo hasta que se puedo solucionar el problema y volver a abrirla al culto."
Es El Camín de Campiello, que tiene un buen repecho, el cual podemos dividir en dos partes
En cuanto al lavadero, este fue restaurado en 2010 como elemento del patrimonio local que, si bien ya no está en uso desde que llegó el agua corriente en las casas, guarda el testimonio histórico de los tiempos en los que se acudía a hacer la colada desde las antiguas caserías del barrio, así como a por agua y a dar de beber al ganado
En él, una concha y una flecha amarilla nos señalan continuar por el segundo trecho en cuesta, hasta las casas
La fuente, de agua potable, sigue utilizándose ocasionalmente pues cogen agua paseantes y peregrinos, dando servicio al área recreativa. Dispone de un caño tipo grifo, abajo en el sumidero se llenaban les ferraes o recipientes para el agua, así como bidones, calderos, botellas, hoy en día se llenan las cantimploras. A la derecha y pegado a la pared hay un banco corrido muy ancho en el que se colocaban la ropa y los enseres de las lavaderas
Hay muchas casas nuevas, otras más antiguas han sido reformadas al desaparecer las caserías; como tantas zonas rurales, de campesinas han pasado a ser residenciales
Y esta es la razón por la que se ven riestres de panoyes colgando de los corredores de algunos hórreos y casas, como este. Ocasionalmente y para momentos especiales también se elabora alguna boroña o pan de maíz. Al fondo una construcción de piedra nos llama la atención: El Palaciu Cadaxe o La Casona
Es un robusto caserón, tal vez en origen una torre o casa-fuerte medieval, pero cuya actual fábrica con cuerpo central y sendas torres laterales correspondería a los siglos XVII-XIX. Esta estructura es muy habitual en los palacios asturianos, tanto rurales como urbanos, de esa época. Leemos de él en el libro Llanera:
"En Cadaxe (Cayés) se conserva una construcción denominada El Palacio, cuya fábrica actual podría fecharse entre los siglos XVII y XIX. Tiene forma de U, con brazos desiguales que enmarcan un patio cerrado por murete y portilla. En el brazo más largo se encuentra la parte más vieja, que parece corresponder a una antigua torre de probable origen medieval, con vanos escasos, pequeños y asimétricos. El resto del edificio parece más moderno, pero en todo caso anterior al siglo XIX. Al patio se abren varias puertas y un corredor en el piso. El otro brazo, ancho y menos profundo, dispone de vanos de mayores dimensiones y mejor ordenados. La fachada lateral es más regular y en el piso tiene ventanas cuadradas. Los vanos de la fachada posterior son de pequeño tamaño y posición asimétrica. En este palacio había un escudo, hoy en paradero desconocido, que podría pertenecer a la familia Gayo. El edificio, tal como hoy lo conocemos, con dos cuerpos elevados en alzado, patio abierto y corredor interior, sigue los esquemas arquitectónicos utilizados en Asturias para la construcción de casonas rurales barrocas."
"...antigua torre solariega de considerables dimensiones y estructura compleja. La parte sur, con una irregular distribución y característica escasez de vanos, podría corresponder a una primitiva torre, con pequeño cuerpo adosado (anterior al siglo XVII). El resto de la construcción, con corredor de madera actual y patio de entrada, sería más reciente (con todo, anterior al XIX) y en sus lienzos ya se advierten vanos de mayores dimensiones dispuestos con más orden. El conjunto actual, con fachada principal hacia el oeste, dos cuerpos elevados en alzado, con patio abierto y corredor interior en ángulo recto, no difiere demasiado de los esquemas aplicados en otras casonas de tipo rural a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Su carácter popular es evidente, y también su antigüedad. Caso de coincidir con la denominación popular (el Palacio) con la utilizada por Sarandeses en su obra sobre heráldica asturiana, esta casona tendría un escudo, hoy no localizable, que podría arrojar información sobre su origen".
Las casas de arriba señalan el final de esta corta pero empinada ascensión
Aquí a la izquierda es un buen lugar para hacer un alto y contemplar el paisaje
Ahí abajo tenemos en primer plano el lavadero de Campiello y les castañales del área recreativa. Más allá, por la ladera occidental del monte baja a Llaviada (Villaperi) el Camino, que ha salido del casco urbano ovetense por El Pontón de Vaqueros, subiendo a Cuyences. Desde Llaviada desciende a Poyana para ganar La Ponte Cayés y el paso del Nora en El Pedregal
"La cantera de Ensidesa se abre en la parte baja de la zona central de la parroquia de Villaperi y se va extendiendo hacia el oeste-suroeste. Las instalaciones de machaqueo, clasificación y expedición se sitúan en El Llugarín; el valle de la Guañal, más alto y distante, será el vertedero de escombros. Más tarde, las excavaciones irán avanzando hacia el camino vecinal centenario de Oviedo a Llanera por La Vara y Folgueras, que será el límite máximo de la concesión actual. Entre 1964 y 1968 se exploró el terreno y se instalaron las infraestructuras necesarias para la explotación. Ensidesa compró terrenos, como la inmensa posesión de Los Prados, La Quinta, en cuyas construcciones tuvo un tiempo las oficinas de la explotación, pero también expropió en gran escala. En 1968 el Consejo de Ministros declaró la urgencia de expropiar un gran número de fincas y en 1970 acordó reconocer a Ensidesa el derecho a acogerse a los beneficios de la le y el de ocupación urgente de ciento ocho fincas expropiadas (más adelante habrá más expropiaciones). En 1969 o 1970 comenzaron las obras para un ferrocarril, inaugurado en 1974, para trasladar la piedra de la cantera del Naranco hasta la estación de Lugones y, desde ahí, a Trasona, Poago y la cementera de Tudela-Veguín en el concejo de Oviedo. Este ferrocarril, para cuya construcción también se expropiaron terrenos a ambos lados del río Nora, en las parroquias de Villaperi y Lugones"
"Aunque para los habitantes de la capital estas explotaciones pasan casi desapercibidas, en cuanto nos asomamos a los límites con el concejo de Llanera podemos observar el desmesurado impacto visual que producen. Degradación paisajística que podemos empezar a considerar, por los años en funcionamiento y las ampliaciones concedidas, como una constante histórica. (...)
En la cara norte del Naranco estamos asistiendo a un impacto ambiental y paisajístico que está alcanzando la categoría de irreversible, porque no existe una planificación física del espacio, ni una propuesta de política territorial coherente y comprometida con la defensa y conservación de la naturaleza. Su entorno morfológico no admite más agresiones porque de oeste a este, entre Brañes y Lugones, las canteras lo han convertido en un panorama lunar..."
La relación del Naranco con la piedra de sus rocosas entrañas viene tan de antiguo que incluso existe una leyenda mitológica sobre su formación, sería la tumba de "un gigante llamado Noraco que reinaba en Asturias y que fue enterrado allí. Al morir, los habitantes habrían echado tantas piedras sobre su tumba que habrían formado un monte", leemos en la Enciclopedia de Oviedo, que también nos aporta su origen real y geológico:
"La formación del monte se produjo durante los periodos herciniano y alpino, en el primero se formó la parte más elevada del Naranco y durante el periodo alpino se plegaron los estratos del cretáceo formando la ladera meridional."
Continuamos la subida, los últimos metros ya de este ascenso, en partes, desde La Ponte Cayés a Campiello, con las casas del Camín de les Peñuques, entre Campiello y Cadaxe, prado arriba a nuestra derecha. En el pueblo hubo dos chigres, de los que nos habla también Chema Martínez:
"Bar el Chaquetu (1917-1937)En Campiello, Cayés, conocido también como Casa Manuel de Carmen, fue fundado por Manuel Cuervo Fernández (1878-1948), natural de Cadage, abierto aproximadamente en 1917 y cerrado durante la Guerra Civil. Manuel enviudó muy joven y le ayudó en el bar su hija Josefa Cuervo García (1904-1988), nacida en la casa de Campiello y tiempo después, tras casarse en 1926, también el marido de ésta, José González García, (1902-1953), natural de Villaperi. Era el típico chigre de pueblo, probablemente también con algo de tienda, que ocupaba la parte delantera de un edifi cio de dos plantas que, sin rastro del bar, aún está en pie. A la parte derecha del edificio y unos metros separada de éste, estaba la bolera de cuatreada.""Casa Nati (1956-1962)
Para algunos, también conocido como El Fondín, estaba ubicado en Campiello y fueron sus fundadores el matrimonio formado por José Álvarez Heres, (1928- 2008) Pepe Riaño, natural del barrio de Riaño en Villaperi y Natividad Álvarez Álvarez (1932-2016), nacida en Castiello, Brañes.La mayor dedicación al bar corría a cargo de Nati, pues José, conocido como Pepe Riaño por el lugar de nacimiento, era carpintero, profesión que desarrolló en varias fi rmas comerciales, tenía estudios de artes y ofi cios, hacía tallas en madera algunas de las cuáles pueden observarse hoy día en diferentes establecimientos hosteleros por Llanera, e incluso impartió clases sobre madera en actividades organizadas por el Ayuntamiento llanerense.En los pocos años de actividad que tuvo, hay quien cree recordar que despachaba también comestibles y su hija tiene oído que los callos que salían de la cocina de Nati eran popularmente muy apreciados."
Con El Camín de les Peñuques nos cruzaremos ahora, acabando la cuesta, es nuestra llegada al Alto la Ermita y a la gran llanura de Llanera
Llegando arriba, en dicho cruce y al lado de la casa de piedra de la derecha , tenemos otro buen mirador para contemplar el valle
Más a la izquierda asoma un poco de Llugones, en Siero, población que conserva el nombre de los astures luggones (hijos de Lug) que poblaban estos parajes y, arriba en lo alto, El Picu la Grandota (508 m), uno de los muchos yacimientos castreños localizados en torno al valle
Su cota más alta es La Triguera (1.295 m), aunque su prolongación septentrional, El Tarnu (1.123 m), a la izquierda, forma un peñasco fácil de distinguir y que le da su peculiar forma a la montaña
Sobre las arboledas del Nora se yerguen las chimeneas de la antigua empresa de Cerámicas Guisasola, fundada en 1868 y pionera en la industrialización del valle
Ya acabada la cuesta y como hemos dicho, enlazamos con El Camín de les Peñuques y seguimos a la izquierda, ya en el Alto de la Ermita, cuyo topónimo revela la antigua existencia de un pequeño santuario, como nos cuenta Xulio Concepción:
"Campiello (Cayés). Barrio más alto de la parroquia, en el que sobrevive un texu centenario. En el lugar de La Ermita se dice que hubo capilla, aunque no quedan vestigios; aquí se mayaba el trigo o la erga, el pan, para separar el grano de la poxa (la cascarilla), antes de aventarlo (limpiarlo lanzándolo al viento con la estrategia especial de las muyeres). Había varias erías: Cafernández, Los Eros, Las Viñas…"
Ya prácticamente llaneando continuamos junto al muro que cierra esta finca, la de Casa Alejo, que vemos al fondo
Concha (elemento identificativo) y flecha (elemento direccional) en su sitio, bien la la vista
El Camino, encajado entre sendos muros, sube ahora suavemente unos metros más
Ahora, cruce y a la derecha
Pasada la casa del balcón otra bifurcación, y en ella iremos a la izquierda
Tomamos aquí El Camín de los Eros
También aquí, en el muro de hormigón, concha y flechas, que nos encaminan hacia aquel grupo de abetos
Y ahora, saliendo de Campiello, ya entenderemos porqué Llanera se llama Llanera...
Bifurcación y a la derecha, todo de frente. Aquí, Los Eros, son prados y tierras de cultivo, un topónimo bien explicado por Xulio Concepción:
"Del latín AGROS (campos, tierras laborables). Son lugares soleados, más bien secanos, propos del cereal sobre todo, pues así la paja no crece demasiado ni cae con el orbayu de San Juan. Si, además, tenían agua corriente de río, permitían otros sembrados que los puramente cerealísticos"
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