| Llegada a Silvela |
Una pista 'alicatada', de zahorra y ensanchada, nos lleva de Barbeitos a Silvela, parroquia de Suarna, a solamente cuatro kilómetros de A Fonsagrada, capital del concello del mismo nombre, el primero de Galicia en el Camino Primitivo. Aquí empezamos a pisar asfalto en un tramo de la antigua carretera C-630 Pravia-Lugo, actual LU-701, que actualmente y desde las obras y reformas de 2008 pasa unos metros más a la izquierda
Un hermoso caserón de piedra vista, con exteriores bellamente ajardinados, nos recibe a la entrada de Silvela, topónimo que expresa un diminutivo de silva, literalmente 'selva', aunque realmente viene del latín silvam 'bosque' y que popularmente designa a zarzales, matorrales, brezos y demás plantas de sotobosque o bosque bajo
La LU-701 fue reacondicionada totalmente en 2008, eliminando curvas y cuestas, como estas de la antigua carretera en Silvela, paso actualmente del Camino de Santiago. La vía forma parte de la famosa 'Y' de A Fonsagrada, pues en el cruce de Barbeitos, que hemos dejado atrás, enlazan las rutas a Asturias por la costa, la LU-703, y hacia el interior, por esta misma LU-701
Por eso, todo este entorno entre la casa y la actual carretera ha quedado como camino de acceso a la misma únicamente y ha sido magníficamente cuidado con cultivos florales
Muy posiblemente Silvela fue eso, una pequeña silva, como dice su nombre, ganada para pastos y cultivos en tiempos inmemoriales por los sistemas de roza y quema aplicados desde el Neolítico. Los túmulos o medorras localizados a lo largo del Camino desde el Acevo guardan la memoria de aquellos primeros pobladores que conocieron las artes primigenias de la agricultura y la ganadería tras el ocaso de los cazadores-recolectores
La orografía montañosa de la zona, pues estamos en la cresta de A Serra de Follabal, a unos 870 metros de altura sobre el nivel del mar, hicieron que predominasen los usos ganaderos, de antiguo pastoriles, sobre los agrícolas, aunque cultivos como el cereal para hacer el pan en casa fueron indispensables, al menos hasta la especialización completa del agro gallego en la producción láctea y cárnica para abastecer a la creciente demanda de las ciudades
Esta señal nos advierte, a nosotros y a los conductores, que vamos a cruzar, por lo que hemos de estar muy atentos, dado que la carretera es de tráfico bastante continuo y, además y sobre todo, bastante veloz
No cruzaremos aún hasta un poco más adelante, donde hay una señal de paso de peatones, aunque esta vertical, sin paso de cebra pintado en el suelo, de frente a las siguientes casas de Silvela, de donde es originario este apellido que se asentó en Valladolid y algunos de cuyos miembros destacaron especialmente en la vida política, social y cultural española, como escribe el historiador Pedro Carasa Soto en su columna El Mirador de Clío, con su artículo Los Silvela echaron raíz en Valladolid para el periódico El Norte de Castilla del 4-11-2024:
"Dos generaciones de Silvelismo ejercieron un poder eficaz en Valladolid y España en el siglo XIX. La primera tuvo un liberalismo culto, internacional, crítico, ético y reformista excelente para Valladolid. Acompañaron al líder liberal de Valladolid en Cádiz, Evaristo Pérez de Castro, que veremos más tarde en esta pasarela. Ayudaron a salir de la crisis de antiguo régimen y arrancar con éxito la etapa de cambio burgués. Alimentaron aquí una cultura política inquieta, ilustrada y afrancesada. La segunda generación conservadora sustentó España y Valladolid en la crisis agraria de los ochenta y en la nacional del 98.
Vemos ahora la primera generación silvelista de 1808-57, cuando Valladolid aprendió un liberalismo inspirado en el francés que reforzó el anticarlismo y fundamentó el Reino de Ceres, financiero, ferroviario y harinero. Otro día veremos su segunda generación regeneracionista y anticacique, que ayudó a superar las crisis de fin de siglo.
Francisco Silvela Alonso de Illón inició en Cigales la primera progenie. Venía de Santa María de Silvela, camino primitivo lucense de Fonsagrada, donde se guarda el pan y el vino del peregrino.
Hijo suyo y de Micaela García de Aragón nació en Valladolid Manuel Silvela García Aragón (1781). Este culto liberal europeo, corregidor, abogado, magistrado y profesor de la Universidad de Valladolid, arraigó el Silvelismo. Vivió huérfano en Ávila, luego volvió a Valladolid donde estudió filosofía, teología y se licenció en leyes en 1808. Casó con María Blanco Cartagena, viuda de un familiar del posterior Emilio Ferrari. Desde la Sociedad Económica de Amigos del País mejoró la enseñanza y agricultura. Colaboró con letrados de la Real Chancillería.
José I le hizo Alcalde de Corte en Madrid en la guerra de la Independencia. Fue intérprete de los bonapartinos y sustrajo víctimas del furor militar. Fue templado, pero el absolutismo le exilió por afrancesado en 1810 y 1827 y viajó a Burdeos. Allí coincidió con Moratín (convivió, lo acompañó en su muerte y narró su vida), con Goya (que le hizo un romántico retrato) y con Mendivil. Creó el Colegio Silvela para españoles. En 1827 fue a París, donde fundó un Liceo Español con cátedras de historia, leyes y filosofía. Colaboró con Vadillo, Miñano, Ferrer y Salvá.
Escribió sobre España como patria en 1823. Sus 25 libros analizaron leyes, historia, teatro, memorias, filosofía, Biblioteca de Literatura Española y Compendio de Historia Antigua. Murió de tisis en 1832.
Su hijo Francisco Agustín Silvela Blanco nació en Valladolid (1803), donde se afincó como magistrado, jurisconsulto y administrativista. Purgado por apoyar la Pepa en 1823 también viajó a Burdeos, donde estudió literatura en el Colegio Real y Bachiller en Letras en su Universidad. Casó con Luisa Antonia de le Vielleuze, donostiarra de antecedentes belgas. Buen afrancesado, enseñó griego, humanidades, economía, derecho y dirigió el Colegio de su padre (1826-33). Frecuentó la cultura bordelesa en la Sociedad Filomática, Liceo, Sociedad de Agrónomos y Naturistas y Academia Real. Se hizo amigo en el exilio de Javier de Burgos. Luego se estableció en París, donde nació su hijo Manuel Silvela de le Vielleuze. Aquí se doctoró en leyes y entró en la Sociedad Geográfica Universal.
Volvió a Valladolid al morir Fernando VII en 1833. Javier de Burgos le ofreció cargos en toda España. Él, sus hijos y nietos lideraron la política de Ávila. Compró bienes desamortizados (350.000 rls), subdelegó Fomento, fue gobernador civil y profesor de la Escuela Normal. Entró en Sociedad de Amigos del País, Sociedad Económica, Milicia Nacional. Ayudó a coléricos, expósitos y campesinos y dotó al clero desamortizado. Fue doce veces diputado por Ávila (1837-43) y vicepresidió el Congreso. Ahí se ocupó de legislación provincial, jefes políticos, jurisdicción eclesiástica, enseñanza media, protocolo regio, extinción del carlismo y participación electoral.
Promovió la Pepa en 1836. Fue jefe político en Castellón, Lérida, Valencia y La Coruña, donde también fue magistrado de la Audiencia. Perteneció siempre a sus sociedades económicas. Inquieto cultural, en Madrid actuó en la Audiencia, Colegio de Abogados, Milicia Nacional, Ateneo, Sociedad Económica y Amigos del País. Contra Mendizábal, sentó los principios moderados de las elecciones. Reformó lo municipal y provincial, Diputaciones, consejos de provincia y jefes políticos. Sobre ello escribió un libro de inspiración francesa. Renunció a un nombramiento de ministro de Gracia y Justicia, pero lo fue de Gobernación (1838) y Gracia y Justicia (1840).
Tras rechazar las movilizaciones populares y la regencia de Espartero, fue magistrado de la Audiencia de Valladolid y presidente del Tribunal Supremo. Su liberalismo empujó el Reino de Ceres. Entró en la Sociedad Económica, Bellas Artes, Liceo Artístico y Junta de cárceles. Como senador vallisoletano y vitalicio, lideró debates eclesiásticos y hacendísticos. Tras el paréntesis del bienio progresista 1854-56, Francisco volvió al senado en Madrid, donde nacieron sus hijos, Luis y Francisco Silvela de le Vielleuze. Perteneció a la Cámara de S.M.
Murió de apoplejía en 1857. Fue modelo intelectual, judicial y político para sus hijos. Un destacado jurista que escribió sobre la abolición de la pena capital. Su viuda De le Vielleuze presidió la Junta Nacional de Damas en el III Centenario de la muerte de Santa Teresa en 1882.
Ambos Silvelas mostraron convicción de valores y comportamiento ético que pueden enseñar lo que a veces escasea en nuestra pobre cultura política".
Silvelista pues, de segunda generación, Manuel Silvela y García Aragón, nacido en Valladolid en 1781, fue magistrado, abogado y magistrado, si bien al quedar a los seis años huérfano de padre su mayor contacto familiar habría de ser con su familia materna, trasladándose a Ávila, donde inició sus estudios, trasladándose luego a Madrid, donde sus conocimientos de francés le sirvieron para ser intérprete cuando los franceses entraron en España y José I Bonaparte ocupó el trono. Su colaboración y cargos con las autoridades napoleónicas le costarían el exilio, donde conocería a Francisco de Goya y a Leandro Fernández de Moratín. Consultamos la Wikipedia:
"A los seis años quedó huérfano de padre trasladándose a Ávila con su tío Jacinto García de Aragón para realizar allí sus primeros estudios. Regresó posteriormente a Valladolid donde terminó sus estudios de Jurisprudencia, Filosofía y Teología. En 1806 se graduó de bachillerato a claustro pleno obteniendo en todos sus ejercicios el "nemine discrepante" y el 4 de enero de 1808 obtuvo la Licenciatura en Leyes y Cánones.
Ingresó como Individuo y Secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País contribuyendo desde allí al progreso de las escuelas de primeras letras y a varias mejoras en la agricultura y en la industria, de cuyas secciones fue presidente. Ocupó las cátedras de volumen y de código colaborando a su vez con los letrados José Morales Arnedo y José Díaz de Lavandero, conocidos abogados de la Chancillería de Valladolid.
Alcalde de Casa y Corte
Ante la imposibilidad de ejercer la profesión de abogado en Valladolid por constituir requisito imprescindible la incorporación al Colegio de Abogados (cuyas plazas estaban reducidas a cuarenta) se trasladó a Madrid donde sus maestros y compañeros de universidad estaban desempeñando importantes cargos públicos.
Silvela llegó a la capital, con el objetivo de solucionar la limitación de plazas en el Colegio de Valladolid, coincidiendo con la invasión francesa y la instalación en el trono del rey José I. En tan grave situación, Silvela fue requerido como intermediario entre españoles y franceses por su perfecto conocimiento del idioma galo.
Con el fin de atenuar la violencia de la contienda, aceptó el nombramiento de magistrado, ocupando a los 27 años una plaza de Alcalde de Casa y Corte, desde la que trató de evitar el mayor número posible de víctimas:
"He sacrificado a mi patria toda mi sensibilidad. Pudiendo con ventaja permutar mi situación por otra, preferí mantenerme en la más contraria al temple de mi alma, y consentí que las ingratas ocupaciones de mi destino desgarrasen a todas horas mis entrañas, dividendo con mis compañeros el placer de sustraer al furor militar el mayor número posible de víctimas"
Esta determinación era conocida en Madrid y los procesados por delitos políticos trataban de que fuera Silvela quien instruyera y fallara sus causas.
Sin embargo, el hecho de haber aceptado un cargo durante el gobierno francés le valió el apelativo de "afrancesado" y cuando el 13 de agosto de 1812 la Corte y las tropas de José I Bonaparte evacuaron Madrid y el nuevo gobierno dictó decretos contra los afrancesados y sus familias, Silvela decidió exiliarse a Burdeos para salvaguardar su integridad física y la de su mujer e hijos.
Exilio
Cuando se disponía a partir al exilio, personas de gran notoriedad en el nuevo orden de cosas trataron de convencerle de que permaneciera en España asegurándole que, lejos de tener que temer, la templanza y justificación con que se había conducido serían recompensadas.
Por el contrario, la Gaceta de Madrid de 25 de agosto de 1812 publicó un artículo en el que se nombraba a Silvela: «... cuán doloroso debe sernos que la humanidad del incauto Juez Silvela estuviese confundida con la tiranía de los afrancesados...».
Comprendiendo que esta confusión podía implicar serios peligros para su familia, tomó la decisión de partir a Burdeos donde fijó desde entonces su residencia junto con su madre, mujer e hijos.
En la ciudad de Burdeos fundó el "Colegio Silvela", que se convirtió con el tiempo en un importante centro de educación para españoles y americanos.
Compartió exilio con sus grandes amigos Leandro Fernández de Moratín y Francisco de Goya. El primero le legó sus manuscritos, entre ellos el de Los orígenes del teatro español (que Silvela a su vez regaló al rey de España y que publicó en 1830 la Real Academia de la Historia) y el segundo dejó de él perenne recuerdo en célebres retratos, uno de los cuales se conserva en el Museo del Prado.
En 1827 se trasladó a París, donde fundó también un Liceo Español dedicado a la educación de más de cien alumnos procedentes de ambos hemisferios en idioma español. Silvela dirigía el colegio y, al mismo tiempo, regentaba las cátedras de historia antigua y moderna, legislación civil, penal y mercantil y filosofía. Asimismo redactó, modificó y completó muchos de los tratados y compendios que sirvieron de libros de texto para los alumnos.
En 1828 fue admitido entre los Árcades de Roma con el dictado de "Logisto Cario".
El 9 de mayo de 1832, a consecuencia de una enfermedad pulmonar que contrajo en 1828, falleció en Batignolles-Monceau tras haber recibido los auxilios espirituales y después de haber bendecido a toda su familia.
Su hijo Francisco Agustín y sus nietos Manuel, Luis y Francisco Silvela, alcanzaron una notable importancia en la España del siglo XIX y primeros años del XX".
Su hijo Francisco Agustín Silvela y Blanco, nacido en 1803 en tierras pucelanas, es pues ya la tercera generación silvelista española, magistrado, abogado y político, digno sucesor de su padre en los avatares decimonónicos:
"Francisco Agustín Silvela y Blanco nació en Valladolid, siendo bautizado en la parroquia de Santiago de dicha ciudad el 28 de agosto de 1803. Era hijo del escritor y magistrado español Manuel Silvela y García de Aragón, del que fue, en palabras de su padre, su "brazo derecho y depositario de todas mis ilusiones".
Francisco Agustín tenía merecida fama de docto y trabajador. En 1825 alcanzó el grado de bachiller en Artes por la Real Academia de Burdeos y en 1833 la licenciatura en leyes por la Universidad de París. Fue miembro de la Sociedad de Estadística Universal de la misma capital, individuo de la Real Academia de Ciencias y de otras entidades ilustres de Burdeos, catedrático de Humanidades, de Historia antigua y moderna y de Lengua Griega en varios establecimientos pedagógicos y académico de honor de la Real de Matemáticas y Nobles Artes de la Purísima Concepción de Valladolid.
Manuel Silvela, padre de Francisco Agustín, había aceptado el cargo de alcalde de casa y corte del gobierno invasor durante la ocupación francesa y, aunque lo utilizó para salvar las vidas de miles de compatriotas, ésta fue causa bastante para merecer de muchos del apelativo de "afrancesado" y verse obligado a emigrar para salvar su vida. Así, Francisco Agustín acompañó a sus padres al exilio en Francia.
Casó en la iglesia de San Severin de Burdeos el 30 de junio de 1827 con María Antonieta Luisa de Le Vielleuze y Sotés, hija del coronel del regimiento de Asturias Luis de Le Vielleuze, de ascendencia belga.
Tras la muerte de su padre, Francisco Agustín regresó a España con toda su familia, donde ocupó cargos importantes en la Administración de la época.
En 1843 el duque de Bailén (tutor de Isabel II) le nombró intendente de la Real Casa y Patrimonio, y con motivo de la declaración de la mayoría de edad de la Soberana, fue nombrado gentilhombre de cámara con ejercicio.
Falleció en Madrid el 20 de septiembre de 1857 y fue enterrado en el cementerio de la Sacramental de San Isidro de Madrid.
Carrera política
En el exilio francés contó con muy general simpatía entre los emigrados españoles de todos los colores, principalmente del antiguo josefino Francisco Javier de Burgos, refugiado en Francia como Silvela —en cuyo colegio se educaron los hijos de Burgos— y que, al morir Fernando VII en 1833, fue secretario del despacho y de Fomento con la reina gobernadora, María Cristina.
Javier de Burgos, desde la primera hora de su encumbramiento, correspondió a Manuel Silvela tomando bajo su amparo a su hijo Francisco Agustín.
En diciembre de 1833, Francisco Agustín Silvela fue nombrado secretario de la Subdelegación de Fomento en la provincia de Pontevedra, permutando a los pocos días este destino con el de secretario de Fomento en Ávila, punto de arranque de su carrera administrativa, en la cual alcanzaba tres años después el Gobierno Civil de Castellón de la Plana, cargo del que se retiró dejando generosamente a la Casa de Expósitos todo el ajuar de la suya. Un año después fue nombrado jefe político de Valencia y La Coruña.
Pasó luego al Gobierno Civil de Lérida, y más adelante a la plantilla del Ministerio de la Gobernación como vocal de la Junta Consultiva y jefe de Sección del Ministerio.
La revuelta política de aquella época le designó el 5 de diciembre de 1838 para ministro de la Gobernación de un gabinete efímero y, después de la revolución de 1840, lo fue algún tiempo de Gracia y Justicia con Valentín Ferraz como presidente, siendo su gestión en este ministerio tan relevante que las Cortes acordaron la impresión de todos los proyectos debidos a su iniciativa.
Entre 1837 y 1847 fue elegido varias veces diputado por Ávila, llegando a ser nombrado vicepresidente del Congreso de los Diputados.
En 1847 fue nombrado senador vitalicio
Carrera jurídica
Dentro del ámbito estrictamente jurídico, Silvela se recibió como abogado de los Tribunales del Reino de España en 1835 ingresando en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid tres años después.
En 1839 fue nombrado Magistrado de la Audiencia de La Coruña y en 1841 Magistrado de la de Valladolid, ascendiendo en 1843 a Magistrado del Tribunal Supremo y Presidente de la Sala de Indias en 1853.
En 1850 fue nombrado presidente de la Junta de Gobierno del Monte Pío de Jueces de Primera Instancia."
No siempre el que parece el camino más definido y principal es el que hay que seguir, no pocas veces hay casos más o menos similares a este, en el que hay que tomar otro
En su momento se pintó una flecha amarilla en el suelo pero ha desaparecido, tal vez gastada o bajo algún rebacheado del pavimento
Efectivamente, puede dar la impresión que entramos en un acceso particular al llegar a esta explanada, pero sigamos de frente hacia la casa
En A Serra de Liñares tenemos el Teso de Calvín (998 m) en cuya ladera vemos algunas casas de la aldea de O Vieiro. Más al fondo es el Monte da Raboa (969 m), con los puertos de la Cordillera Cantábrica en lontananza
Parece que ha venido a vernos el caballo blanco de Santiago que, aparte de la broma que siempre se hace preguntando por el color, es un símbolo ancestral que hunde sus orígenes en la mitología de los pueblos europeos. Nos dice así por ejemplo la Xacopedia...
"Es una de tantas adivinanzas que llevan implícita la respuesta, según explica el académico Xesús Ferro Ruibal. Se utiliza para comprobar si el interlocutor presta atención. Sólo alguien muy despistado no sabría decir de qué color es el caballo blanco de Santiago. De este tipo de adivinanzas hay docenas y docenas, pero esta es, sin duda, la más conocida.
Otra cuestión es por qué el caballo de Santiago es blanco. Ese es un tema más complejo. Américo Castro, uno de los grandes historiadores del siglo XX, sostenía que en las batallas de los reyes hispanos contra los musulmanes aparecieron luchando, de forma milagrosa, a favor de los cristianos Santiago y San Millán -no sólo Santiago- y que los dos montaban caballos blancos. En el altar mayor de San Martiño Pinario, en Compostela, se observa que en lo alto, a la derecha y a la izquierda, hay dos santos montados en caballos blancos: uno es el apóstol Santiago y otro San Millán, fraile que los benedictinos consideran suyo. Los dos luchan contra los musulmanes.
Américo Castro explica que también en la antigua Roma, en batallas decisivas, habían aparecido milagrosamente los Dióscuros, Cástor y Pólux, hijos de Zeus / Júpiter, luchando a favor de los romanos y montando sendos caballos blancos. Zeus (griego), Júpiter romano, es el dios del rayo y del trueno; de hecho, los antiguos le llamaban Júpiter Tonante y lo curioso es que Jesús en el Evangelio (Marcos 9,17) a Santiago y a su hermano Juan les llama Boanerges que precisamente significa ‘hijos del Trueno’. Aquí Américo Castro cierra su razonamiento; probablemente el culto a Santiago, iniciado en el siglo IX, es la cristianización de uno anterior dedicado a los Dióscuros. Américo Castro, en la explicación del origen del sepulcro de Santiago, va mucho más atrás que otros y no se queda en Prisciliano (siglo IV). Por lo tanto, el caballo blanco viene a representar un elemento inseparable del luchador venerado, ya desde antiguo, por eso la pregunta sobre su color contiene la redundancia en el propio enunciado.
En diversos milagros contenidos en el Códice Calixtino se hace referencia también a la aparición de Santiago Apóstol a lomos del caballo blanco, siempre para socorrer a aquellos que imploran su ayuda y, a continuación, les pide que emprendan el Camino de Santiago, como agradecimiento. Así, el caballo blanco aparece mencionado en los milagros IV, XV y XVI".
Tiene también una gran espadaña como campanario, pero sin campana, rematada no por una cruz sino por una estrella, uno de los símbolos de la ciudad de Santiago, por las luminarias que señalaron al ermitaño Paio el lugar del sepulcro del Apóstol y sus discípulos Teodoro y Atanasio. El suelo del pórtico, de losetas, está a un nivel superior al del suelo, lo que evita la entrada de agua y humedades
La presencia de la Cruz de Malta es sin duda una referencia a esta orden, originalmente de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, luego de Rodas y, desde 1530, de Malta, quienes tuvieron varios enclaves de su propiedad en el actual concello de A Fonsagrada, antigua Terra de Burón
El más cercano es el Hospital de Fonfría, cuyo edificio se conserva y tuvimos ocasión de conocer al pasar por allí. Después tenían las posesiones de O Padrón, a la salida de A Fonsagrada, y Paradavella, a punto de entrar en el vecino concello de Baleira. En el Camino de A Proba de Burón, antigua capital de la Terra de Burón, tenían el de A Bastida y, fuera del camino principal, había otro enclave sanjuanista, como también se llamaba a la Orden, en A Allonca, al norte de O Acevo
En la figura de la santa se representa a su derecha uno de sus símbolos, la torre como refugio de la fe en la Santísima Trinidad y el lugar en el que fue encerrada por su padre
A los lados de la ventana, sendos papeles con oraciones a Santa Bárbara. Fijémonos también en la ranura, debajo, para depositar las limosnas
Santa Bárbara benditaque en el cielo estás escrita,guarda pan y guara vinoy guarda a todo peregrino
Y esta es su traducción al inglés; como decimos, una versión especialmente dedicada a la senda jacobea y a los romeiros, para que no nos acordemos de ella solo cuando truena, en este pórtico tan apropiado para dar cobijo a los caminantes en circunstancias climatológicas adversas
"Los vecinos de A Fonsagrada lucen estos días una media sonrisa; porque mientras los políticos se felicitan por la declaración del Camiño Primitivo como Patrimonio Mundial de la Unesco, en este municipio de la montaña lucense saben, aunque no les guste presumir de ello, que fue su ardua labor, empezada hace más de veinte años, la que ha permitido que este reconocimiento sea posible. Porque sí, todo empezó en A Fonsagrada.
Corría el año 1992 y en A Fonsagrada confluyeron una serie de personalidades y de momentos históricos que hicieron de este municipio el escenario que vio nacer la recuperación de esta ruta a Santiago. El filólogo medieval Ricardo Polín, que en esa época era profesor en A Fonsagrada, llevaba tiempo ya estudiando esta ruta, la toponimia histórica, y las referencias que de ella había hecho Elías Valiña. Por otra parte, el Museo Etnográfico de A Fonsagrada, abierto desde 1984 y que entonces ya dirigía Juanjo Molina, pensó en organizar algún tipo de acto para dar a conocer la ruta.
Y así surgieron las primeras jornadas sobre el Camiño Primitivo, antes incluso del Xacobeo de 1993. Fue el primer escalón para reivindicar la importancia de esta ruta completamente abandonada por las Administraciones.
La movida de A Fonsagrada
En la sociedad fonsagradina se daba el caldo de cultivo idóneo para que estas reivindicaciones no cayesen en saco roto: la famosa Movida de A Fonsagrada, una auténtica revolución social que tuvo lugar en aquellos años. Juanjo Molina recuerda que se estaban llevando a cabo numerosas movilizaciones vecinales para impedir la pérdida de una serie de servicios comarcales que la Xunta pretendía trasladar: extensión agraria, forestal, la cabecera de comarca... «Había unha conciencia social e identitaria importante (...) E ese sentimento de identidade forte trasladouse ao Camiño», aclara. Ricardo Polín añade: «Houbo unha auténtica revolución na Fonsagrada, unha loita polos valores, unha conciencia de que lles estaban roubando a dignidade como pobo, e así se identificaron tamén coa perda da vía xacobea». Y es que por parte de las Administraciones no hubo apoyo, al contrario: «A Xunta insistía en chamarlle Camiño da Fonsagrada para restarlle importancia e devalualo, e gran parte dos alcaldes estaba en contra de recuperar a ruta porque dicían que crearía dificultades na ordenación do territorio e no desenvolvemento urbanístico».
«Querían facer del un ramal do Camiño Norte e chamalo Camiño da Fonsagrada, pero a historia non pode borrarse», afirma José Manuel Saavedra, Selelo, uno de los vecinos más activos en la Movida da Fonsagrada. Y es que los vecinos sabían desde siempre de la existencia del Camiño, y los peregrinos, siempre extranjeros, nunca dejaron de pasar por allí. Pero, con los estudios de gente como Polín, como Nicandro Ares o como numerosos profesores de Asturias -comunidad pionera en la recuperación de la ruta-, se dio a conocer también que esta es la primera vía documentada a Compostela. Fue el rey Alfonso II el Casto el que se considera el primer peregrino, que hizo el itinerario desde Oviedo hasta la capital gallega para visitar la tumba del Apóstol.
Y A Fonsagrada se volcó a lo grande con esta reivindicación. El primer paso fue recorrer la ruta para conocerla, limpiarla y señalizarla. «Formáronse brigadas de veciños para marcar os tramos, colocar paneis informativos e rozar o Camiño, que estaba irrecoñecible nalgunha zona pola maleza», dice Molina. E incluso construyeron la capilla de Montouto, donde desde entonces cada 25 de julio celebran la fiesta de Santiago.
Las primeras jornadas sobre el Camiño reunieron a expertos gallegos y asturianos
El Museo Etnográfico de A Fonsagrada se planteó en 1992 ser una plataforma para impulsar el Camiño Primitivo y para ello contaron con el apoyo de Ricardo Polín, que suministró el trabajo que ya había iniciado, y con el de Asturias, para realizar las primeras jornadas sobre el Camiño, en junio de 1992. «Xa daquela en Asturias estaba avanzada a recuperación e estaban moi activas as asociacións de Oviedo, coas que tivemos os primeiros contactos e contaxiáronnos o seu entusiasmo», afirma Juanjo Molina. Participaron asociaciones de Asturias, historiadores, empresas asturianas (como de transporte ecuestre)... «Foi un ano de gran unidade aquel 1992», recuerda Ricardo Polín. En todo aquel trabajo, además de los fonsagradinos, también se volcaron el Museo de Melide, vecinos de San Román da Retorta en Guntín, la revista Lucensia, profesores de la Universidad de Oviedo, historiadores gallegos..."
"Más que un estudioso de la cultura jacobea, que también lo fue, este conocido escritor gallego destaca sobre todo por las evocadoras crónicas que hace de ella y de sus personajes, ya sean reales o imaginarios. Su intensa relación con la ciudad de Santiago de Compostela lo llevó a conocer de primera mano las leyendas y tradiciones jacobeas y a través de estas llegó al Camino de Santiago, que incluye en distintos artículos, tanto en español como en gallego, desde principios de los años cuarenta, trabajos de una gran calidad literaria, casi todos ellos fueron recogidos en distintos libros recopilatorios, sobre todo después de su muerte. Destaca, en todo caso, un libro anterior, El Camino de Santiago, publicado por el diario Faro de Vigo en 1965. En él narra el recorrido del autor y el fotógrafo Magar por el Camino Francés en Galicia en 1962. Fue un proyecto llevado a cabo con la colaboración del Ministerio de Información y Turismo, que pretendía relanzar el Camino como ruta turístico-cultural con vistas al Jubileo de 1965. El trabajo se publicó primeramente a modo de crónicas en dicho periódico. Como ha señalado Francisco Singul, que prologó la reedición de esta obra en 2004, Cunqueiro, que veía en el antiguo camino de las peregrinaciones un fabuloso mundo perdido, “repite varias veces su pena por la inexistencia de romeros, exhibiendo una nostalgia poética por los peregrinos de antaño, las leyendas y tradiciones piadosas, las obras de arte que pueblan la ruta y la mudanza de los tiempos”
"Sacerdote, hospitalero, licenciado en Derecho, doctor en Teología, estudioso y promotor del Camino de Santiago (Sarria, Lugo 1929-Lugo 1989). Fue párroco de O Cebreiro, en la entrada del Camino Francés en Galicia, desde que se ordenó como sacerdote, en septiembre de 1957, hasta su muerte. Dedicó toda su vida a trabajar en el cuidado del Camino de Santiago y murió en el hospital de Calde, en Lugo, el 11 de diciembre de 1989, tras una penosa enfermedad.
Pionero destacado en el inicio de la promoción del Camino de Santiago, ya desde los años sesenta participa, con otras 37 personas vinculadas directamente al Camino, en el I Encuentro Jacobeo celebrado en Santiago de Compostela, en mayo de 1985. De allí sale con el nombramiento de comisario del Camino del Santiago, cargo que le enorgullece y que desempeña con absoluta eficacia. El citado encuentro fue una reunión de gran importancia, con una amplia representación de Galicia y con participantes procedentes de Logroño, Burgos, Madrid, Palencia, Ponferrada, Astorga y Vega de Valcarce, entre otros lugares. Los participantes observaban que se estaban acercando tiempos del revivir jacobeo, como un fenómeno sociocultural y económico de gran magnitud. La iniciativa arrancara del Centro de Estudios Jacobeos.
La atención a los peregrinos, con la creación de refugios y albergues, y la información a estos y a la sociedad fueron dos temas importantes tratados en la reunión, en la que se acuerda la creación de una tarjeta o carné del peregrino y la edición de un Boletín del Camino de Santiago, una publicación que, a lo largo de dos años, dirigió y editó el mismo Valiña Sampedro, con gran esfuerzo personal. En el Congreso Internacional del Camino de Santiago que se celebró dos años más tarde, del 23 al 26 de septiembre de 1987, en Jaca, este boletín se reconvierte en la revista Peregrino, que sigue editando la Federación de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago.
Elías Valiña fue el promotor, impulsor, programador y coordinador del Congreso Internacional del Camino de Santiago de Jaca, que se celebró dos años antes de su muerte y que sirvió para reafirmar los valores de libertad, solidaridad y justicia que la Ruta Jacobea representaba, estableciendo acuerdos fundamentales para su futuro, como el tiempo demostraría. Entre los congresistas era patente el afán por los trabajos de identificación de los Caminos de Santiago sobre el territorio europeo, por la señalización de los puntos de interés y por desarrollar una acción coordinada de restauración del patrimonio monumental y natural situado en los entornos de las diversas rutas.
Precisamente, estos temas eran motivo de preocupación permanente del cura de O Cebreiro y él mismo, con sus propias manos y con la colaboración de otros voluntarios amantes del Camino, señalizó, desde los años ochenta, la ruta desde Roncesvalles a Santiago de Compostela con la flecha amarilla, ahora, señal internacionalmente conocida y reconocida.
La formación personal y la de los jóvenes era una obsesión para este hombre, que terminó los estudios de Derecho Canónico y que, en 1965, defiende en la Universidad Pontificia de Salamanca su tesis doctoral, El Camino de Santiago: estudio histórico-jurídico, publicada en 1990. Por este trabajo el Consejo Superior de Investigaciones Científicas le concede el Premio Antonio de Lebrija.
Entre sus estudios de investigación es obligado referirse a El inventario artístico de Lugo y su provincia, una obra que él coordinada y en la que participan otros investigadores, estudiando la etnografía y el patrimonio artístico y arquitectónico de la provincia. Son 2.674 páginas, distribuidas de modo desigual en seis volúmenes, con texto y con 929 láminas. Otra obra importante es el catálogo de los archivos parroquiales de la Diócesis de Lugo, galardonada en 1972 con el Premio José María Cuadrado y publicada por la Diputación Provincial de Lugo en 1991.
Una importante faceta de este cura estudioso e investigador fue la elaboración de guías del Camino de Santiago. Con texto, fotos y una buena cartografía se orientaba a los peregrinos para que siguieran el Camino, en las distintas etapas. Solo dos de estas guías se editaron antes de su muerte, la primera, titulada Camino a Compostela (1971) y la segunda, en 1985. Antes de este año, coincidiendo con el Jubileo de 1982, había intentado sacar a la luz la primera guía jacobea moderna, pero no lo logró. Sólo consiguió que el Gobierno central publicase una especie de revista con el trabajo, en el que colaboraron expertos de todo el Camino Francés. Se tituló Guía del peregrino. El Camino de Santiago.
Investigador, valedor de la Ruta, defensor de los intereses de las gentes que viven en los entornos del Camino, promotor y divulgador del espíritu y de la cultura jacobea, restaurador del poblado de O Cebreiro, de la hospedería y de la iglesia de Santa María, Elías Valiña fue un cura revolucionario al servicio de los humildes".
"En 1991, ante la inminencia del Año Santo compostelano de 1993, el Gobierno gallego estableció un programa de actividades para promover el evento con una clara finalidad turístico-cultural. Frente a la denominación dada por la Iglesia a esta celebración -Año Jubilar compostelano 1993-, basada en la tradición religiosa, el poder político gallego bautizó su propuesta promocional como Xacobeo 93, una marca con su correspondiente logotipo y mascota -el Pelegrín-. Era una iniciativa inédita y tenía un triple objetivo: la atención a los peregrinos, la dotación de servicios y mejora del Camino Francés, y la difusión internacional del evento y el acervo jacobeo mediante una amplia programación promocional y cultural, con exposiciones, conciertos con la presencia de algunas de las estrellas más sobresalientes de la música internacional, encuentros científicos y culturales, etc.
Los positivos resultados socioeconómicos y promocionales de la iniciativa -se denominó Plan Xacobeo 93 y en principio iba a limitarse al año 1993- animaron al Gobierno gallego a impulsar iniciativas similares, adaptadas y renovadas según las circunstancias, para los jubileos compostelanos siguientes (1999, 2004 y 2010).
Xacobeo 93
El Xacobeo 93 fue posible gracias a la confluencia en el tiempo de cuatro factores: existía el precedente de los primeros intentos de recuperación del mundo jacobeo con finalidades turístico-culturales impulsados en los años sesenta por el Gobierno franquista, con epicentro en el Año Santo de 1965; la estructura política autonómica surgida del proceso democrático español estaba ya consolidada y se disponía de ideas y medios para afrontar este reto desde nuevas perspectivas socio-culturales; desde principios de la segunda mitad del siglo XX se abría paso una nueva visión internacional que resaltaba el valor del Camino como elemento de gran significado en el proceso histórico europeo, y, por último, el desarrollo del turismo religioso y cultural a principios de los años noventa era una realidad joven y en claro proceso de expansión, y ambos podían confluir de forma natural en el acervo jacobeo, un mundo singular y atractivo.
La idea del Xacobeo 93 surge en Galicia hacia 1991 para responder a los retos del previsible incremento de afluencia a Santiago que ocasionaría el Año Santo de 1993, el primero desde 1982. Pero la intención política básica inicial pronto manifiesta su deseo de ir más allá y convertir el acontecimiento en motor socioeconómico. El ejemplo inmediato lo ofrecían las Olimpiadas de Barcelona y la Expo 92 de Sevilla. En este caso, el mecanismo de activación sería el creciente prestigio del Camino de Santiago, al que estaban empezando a volver los peregrinos -de un modo nuevo que mezclaba espiritualidad, cultura y turismo-, pero que seguía en un estado de semiabandono.
El Gobierno autonómico gallego, encabezado por el Partido Popular (PP), logró la colaboración del Ejecutivo central, presidido por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que tomó diversas iniciativas a favor de la ciudad de Santiago -se creó un mecanismo específico de inversiones para ella- y de las restantes comunidades autónomas del Camino. Para ello se promovió un organismo de acción conjunta, el Consejo Jacobeo. Varias de las comunidades de los Caminos Francés y del Norte también tomaron determinadas decisiones promocionales y de recuperación de estas rutas -en algún caso ya las venían aplicando desde años antes-.
Por lo tanto, por primera vez en la historia, el apoyo político a los años santos compostelanos y al Camino de Santiago se concretó en una serie de proyectos propios, alternativos y complementarios, de alcance estatal y autonómico. Fueron, además, unas iniciativas ajenas por vez primera al poder eclesiástico, aunque procurando coordinar con este los asuntos más sensibles y financiando parte de sus actividades. El tronco principal del proyecto, impulsado desde Galicia, se denominó Xacobeo 93 a efectos promocionales, teniendo como símbolo la mascota Pelegrín, una extraña pero eficaz recreación del peregrino tradicional. El resultado más visible fue una gran respuesta de muchos españoles -con eco en el extranjero- que descubrieron, de pronto, el Camino de Santiago -concurrido de forma ininterrumpida desde ese año- y el mundo jacobeo.
Ante el inusual protagonismo de las administraciones públicas en una celebración que la Iglesia sentía como propia, no faltó algún desencuentro. Al final, las heridas cicatrizaron sin mayor problema. Ayudaron a ello los positivos resultados económicos y la gran afluencia de peregrinos y turistas -unos cinco millones visitaron Santiago-. En un año de recesión económica como fue 1993, Galicia -la comunidad más beneficiada por la celebración, como meta del Camino y principal inversora en el evento- fue una de las cuatro únicas comunidades autónomas españolas en las que creció el PIB -un 1,20%-. Hubo críticas ocasionales desde instancias políticas y de determinados colectivos del Camino de Santiago, que lamentaron su repentina masificación y el carácter agresivo de ciertas intervenciones, y de alguna zona de Galicia que se sintió discriminada".
Este hito que nos recuerda a las piedras dolménicas, además de ser una alegoría que nos recuerda la abundancia de megalitos en las inmediaciones del Camino, es también otro buen lugar para hacer un alto al empezar este primer repecho
A la derecha, en oro pequeño campo a la sombra de los árboles, hay alguna mesa más. Va a ser imposible resistirse a unos momentos de relax y reposo. Nuestro cuerpo nos lo agradecerá cara a la acometida final
Avanzando la mañana los peregrinos, deseosos de llegar a A Fonsagrada en buena hora, tal vez pensando en sus renombradas pulperías y otras fondas de prestigio en potajes, caldos y butelos, apuran el paso pese a las inclementes cuestas que nos aguardan
Y es que, después de ver, aparentemente tan próxima, la villa de A Fonsagrada desde A Serra do Acevo, bastante antes del mediodía si se ha madrugado lo suficiente, da en pensarse que se llega a la población con bastante tiempo para comer en ella, sensación que se incrementa al llegar a Fonfría e incluso en Barbeitos, pero no siempre resulta así y es muy probable que sea ya en la tarde cuando se llegue a la mítica Fontem Albei del Itinerario de Antonino (siglo III)
Por eso, nuestra cita con las viandas fonsagradinas tal vez haya de esperar a la cena, en el bar o en la comunitaria del albergue, como antes al menos era habitual. O no, o también podremos haber tomado nuestro tentempié, o comido de mesa y mantel en el mesón e histórica venta de A Casa do Acebo o en el Mesón Catro Ventos de Barbeitos, que visitamos en las correspondientes entradas de blog
Si pensábamos que las etapas montañeras del Camino Primitivo ya habían pasado, este repecho nos devuelve a la realidad. No, no son ya las subidas de A Serra do Acevo, de Grandas de Salime, A Mesa o El Palo, pero tampoco están nada mal, sobre todo para quien ya lleva kilómetros y cansancio a sus sufridas espaldas
Ahí tenemos el Monte Llencias (932 m), la primera de las tres cuestas, prácticamente una por cada kilómetro, que nos aguardan hasta A Fonsagrada
Realmente, si bosques, pinares y eucaliptales nos lo permiten, sí que puede verse una parte de A Fonsagrada desde un recodo del Camino: en concreto el extremo norte de la misma, donde se encuentra el Instituto de Enseñanza Secundaria Fontem Albei, barrio de Os Chaos, que podemos considerar el edificio más septentrional del casco urbano. Un poco más al norte de ve el collado por donde va la ruta a A Proba de Burón, uno de los dos trazados camineros del cruce de Paradanova, hacia donde nos dirigimos. Más a la izquierda, vemos el Camino, que comienza otra cuesta, y la carretera, un poco más abajo
Llega otro tramo recto y llano por el que, aunque vayamos muy fatigados y a pleno sol, podremos avanzar a paso alegre y resuelto... o más o menos, según las circunstancias de cada uno, claro
La pista vuelve a hacer un poco de curva a la derecha donde una barrera vegetal separa esta caja caminera de la carretera
Una buena franja de hierba verde separa Camino y carretera. Cuando esta se mejoró en 2008 se hicieron con buen criterio estas pistas paralelas para evitar a los peregrinos la peligrosidad de aquellos tramos en los que, como este, coincidían ambas vías, donde los peregrinos circulaban hasta entonces por el asfalto
"El trayecto Lugo – Fonsagrada: cuando era un “camino vecinal de primer orden
Con anterioridad a la construcción de la carretera Lugo - A Fonsagrada en su actual trazado, ambas poblaciones estaban comunicadas por un camino vecinal de primer orden que discurría por: Castroverde, Cádavo, Fontaneira, Degolada, Hospital (Montouto), Padrón y Fonsagrada.
Según una Circular del Gobierno Provincial de Lugo de julio de 1850, además de este camino vecinal, la villa Fonsagrada también contaba con otros dos ramales de igual categoría que llegaban a los límites de la provincia de Asturias en Acebo y Couso da Trapa por Silvela, desde cuyo punto se separaban: el primero por Fonfría y el segundo por las inmediaciones de Barbeitos.
Posiblemente, este segundo camino vecinal entre Fonsagrada y el Acebo pasando por Fonfría, sea el mismo al que se alude en la publicación “Itinerario Descriptivo Militar de España” con datos obtenidos entre 1866 y 1868, donde se contemplaba la existencia de un camino vecinal desde Lugo a Oviedo, por Fonsagrada, Grandas de Salime, Cangas de Tineo, Cornellana y Trubia (de 200,5 km.)
Lugo – Fonsagrada: carretera de tercer orden
En diciembre de 1866 se publicó el proyecto de construcción de la primera sección de la carretera de tercer orden de Lugo al confín de la provincia de Oviedo por Fonsagrada. Según ese proyecto, dicha carretera iba a discurrir por los puntos de la Chanca, Carballido de Arriba, Bascuas, Romeán, Castroverde, Vilalle, montes del Cádavo, por la meseta de la Vaqueriza, a fondear por los montes de Feiria, volviendo a bajar por la divisoria del Eo y el Neira, para subir al alto de la Fontaneira, cortando los estribos de Matanzas y el de Trabeiros, punto de paso forzado en esta cordillera hasta Fonsagrada
Diez años más tarde, el Plan General de Carreteras de 1877, incluía en su programación la construcción de una CARRETERA DE TERCER ORDEN para cubrir el trayecto Lugo a Ouviaño, por Castroverde y Fonsagrada.
El pueblo de Ouviaño en los planes de carreteras de lo siglo XIX y de gran parte del XX había sido elegido el gran nudo de las comunicaciones viarias entre Lugo, Asturias, la costa lucense y el Bierzo leonés. En ese mismo, en el citado Plan de Carreteras de 1877, también preveía la construcción de dos carreteras de tercero orden entre Vegadeo a Ouviaño por Grandas de Salime; y otra de Ouviaño a Sarria por Cervantes de Becerreá
La construcción de la carretera de tercer orden: Lugo - Fonsagrada
Inicio: En abril de 1875, la Comisión de Fomento de la Diputación lucense admitía el retraso en que se encuentra la carretera del Estado denominada de Lugo al confín de la provincia de Oviedo cuyo estado de abandono en que la tiene el contratista D. Tomás de Ayala está causando inmesos perjuicios al público. En septiembre de ese año, referido el contratista Ayala insertaba en la prensa provincial una oferta de trabajo para peones, canteros y machacadores de piedra, si bien el inicio de las obras no se produjo hasta dos años más tarte con el tramo que va desde la Estación del Ferrocarril hasta el arroyo de la Chanca (este primer tramo finalizaría en mayo de 1880)
La construcción: la construcción de la carretera de Lugo - A Fonsagrada se prolongó durante un largo periodo de tiempo, ralentizándose especialmente las obras a partir del Cádavo, como así lo denunció el diario El Regional de Lugo en su edición del sábado 29 de agosto de 1885:
Las relaciones comerciales entre la villa de Fonsagrada y esta capital (Lugo) y el mejor servicio público demandan un arreglo en el camino que media entre ambos pueblos y especialmente entre La Lastra y Paradavella, en tanto no termine la histórica carretera que lleva el nombre de Lugo – Ouviaño y que pasa de 12 años en construcción
La reparación que pedimos no necesita razonamientos: entre la Lastra y Paradavella es imposible casi el tráfico con particularidad para la conducción de géneros y de cargas; próxima la concurrida feria de Burón sería conveniente hacer un arreglo en el camino antiguo que cortó e inutilizó la carretera para permitir el tránsito siquiera los días de feria.
De esta breve crónica se infiere que la carretera Lugo – Fonsagrada tardó en concluirse cerca de veinte años, un periodo extraordinariamente largo durante el cual el transporte de viajeros y de mercancías, en la mayor parte de ese trayecto, tuvo que seguir realzándose mediante carros y carruajes por el antiguo camino vecinal de tercer orden.
Concretamente, el transporte de viajeros, mercancías, bagajes y correo ambas poblaciones hasta bien entrado el siglo XX, se efectuaba mediante carruajes (viajeros), carros (mercancías) y caballerías (correo)
La Casa Arrieta de Lugo hasta la aparición de los vehículos a motor, ofrecía un servicio alterno de carruajes destinado al transporte de viajeros con salida de Lugo los días pares a las 5 de la mañana con los siguientes precios a Fonsagrada 24 reales; al Cádavo, 12, a Castroverde 8, y a San Payo 6
Fin de la obra: A principios de diciembre de 1894 se dio por finalizada la construcción de tan ansiada carretera cuya entrada al pueblo fonsagradino iba a realizarse por el actual acceso (carretera de debajo del muro); por tal motivo, en mayo de 1893 el ayuntamiento fonsagradino anticipándose al final de la obra, sacó a subasta las obras de ensanche, alineación y construcción de la calle del Campo con el fin de que partiendo del centro de la parte superior del pueblo ponga en comunicación con la carretera del Estado de Lugo a Ouviaño (esta calle del Campo – actual Rosalía de Castro – se iniciaba “en la parte superior del pueblo” – calle Mayor -, desde donde partía la anterior vía de acceso a la Villa).
Por otra parte, la construcción de la travesía Fonsagrada (actuales calles Galicia y Asturias) para prolongación hacia Asturias (carretera Fonsagrada – La Garganta) salió a subasta en 1894 y el inicio de las obras se llevó a cabo en 1895".
En Asturias, el viejo camino, aquí solapado por la carretera hasta que se hizo la pista paralela a ella, tenía varios nombres, como hemos visto, tanto generales, como locales, como pudimos ver, Camín Real de Galicia, Camín Francés o Camín Francisco eran los más aplicados con generalidad, y entre Allande y Grandas de Salime conocimos denominaciones locales como Camín Antiguo, Camín Grande, Camín Francés...
"Por la tierra de Breogán el Camino Primitivo recorre los actuales municipios de A Fonsagrada (antigua Puebla de Burón), Baleira, Castroverde, Lugo, Gutín de Pallares, Friol, Palas de Rei, Toques, Melide, Arzúa, O Pino e Compostela -caminando antes por Camín, luego por Camiño: dejando tras de sí hablas de bordois, bordôs y bordóns..."
Hemos de recordar que en Galicia, como en Asturias, Cantabria y País Vasco, no existe la estabilidad climática que en otras latitudes y, por lo tanto, nadie puede garantizar plenamente el tiempo que hará, muchas veces ni de un día para otro, como advierten los mismos partes metereológicos. Y así, si bien A Fonsagrada se la considera "el pueblo más fresco de España, con apenas 15,5 metros de media en verano", como resalta Raquel Noya al anunciar estos datos para Informativos Telecinco el 21-8-2026, se puede producir la inversión técnica por la que aquí haya sol e intenso calor mientras, por ejemplo, en la ciudad de Lugo esté fresco y nublado. Resumiendo, el clima es mucho más imprevisible, por ejemplo, que al otro lado de la Cordillera Cantábrica, sin ir más lejos
| Capilla de Paradanova. Licencia CC-BY-SA, autor: Xurde Morán |

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