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sábado, 15 de octubre de 2022

ARGUNADIEYU, LA ESPINA Y OREYANA: EL ÚLTIMO ALCALDE ESPAÑOL DE LA HABANA, LA DESTILERÍA DE LOS SERRANOS Y EL CAMPO DEL RIBADESELLA F.C. (ASTURIAS)

 

En Argunadieyu, el Camino Norte oficial que viene de Toriellu por la campiña del Infiernu, se reúne con el que viene de los espectaculares acantilados de ese nombre, los acantilados del Infiernu, que es una ruta alternativa que podemos seguir, si bien sensiblemente más larga, desde L'Arena, saliendo de Toriellu, para conocer tan espectacular paraje. Aquí el firme vuelve a estar asfaltado pues es el acceso rodado principal a esos imponentes cantiles desde la carretera AS-379, a la que vamos a dirigirnos ahora, camino de la villa del Sella, Ribadesella o Ribeseya, la capital del concejo homónimo, por La Espina, Oreyana y San Antoniu

A nuestra izquierda hay un pequeño altozano plantado de eucaliptos casi por entero, es El Cuetu Tresmonte, de unos 69 metros de altitud al norte del pueblo de Meluerda, uno de los que conforman la parroquia riosellana de Collera. En su cima el arqueólogo Eduardo Pérez Fernández localizó un recinto fortificado que bien podría ser un castro, "siendo entregada su correspondiente ficha en la Consejería de Educación, Ciencias y Deportes del Principáu d'Asturies para su inclusión en el Inventario Arqueológico Provincial el 18 de febrero de 2016", tal y como podemos leer en la página Arqueoastur, que prosigue así:

"Este recinto fortificado, situado en la rasa costera a unos 700 metros del frente litoral, a pesar de su modesta altitud, unos 69.28 metros, disfruta de un amplio dominio visual sobre el territorio circundante. El río Sella se encuentra a 1,3 km al SW del promontorio y a sus pies, unos metros al SE se encuentra la laguna estacional del Quérabu.

Se trata de un promontorio calcáreo estructurado en dos grandes plataformas diferenciadas en altura y resaltadas en todo su perímetro. El recinto fortificado se emplaza en la más alta de éstas, la septentrional, que se carácteriza por unas vertientes naturales muy abruptas. La plataforma inferior, que se ciñe inmediatamente al SW, se constituye como una explanada que también destaca sobre el entorno circundante por hallarse resaltada mediante taludes naturales, sin presentar indicios de restos defensivos artificiales.

El recinto es de planta más o menos ovalada con unas dimensiones de unos 128 x 70 metros, disponiéndose su espacio interno en abanico desde el extremo NW, con la cota más alta del promontorio, 69.28 m, dando lugar a una amplia plataforma de unos 6.300 m² muy apta para el hábitat, levemente buzonada y orientada al SE"


En la lejanía, al sur-suroeste, vemos parte de las tierras riosellanas al oeste del Sella, el antiguo territorio altomedieval de Letuas o Leduas, que se unió con este, el de Melorda, al este del río, con la fundación de la Puebla de Santa María Magdalena del Puerto hacia 1270 dentro de la iniciativa repobladora de los reyes castellanos, en este caso Alfonso X El Sabio, creando nuevas poblaciones aforadas que, libres del vasallaje de nobleza feudal terrateniente y monasterios, dinamizasen la economía del reino dependiendo directamente de la protección de la corona y teniendo amplia libertad para acoger nuevos a habitantes atraídos por estas ventajas, hechas patentes además en la celebración de mercados, ferias y otros numerosos alicientes, como la autogestión del comercio marítimo y la pesca por medio del correspondiente gremio de mareantes. 


Santa María Magdalena del Puerto o sencillamente El Puerto, pues fue creada sobre un portus preexistente, empezará a conocerse como Ribadesella o sus variantes precedentes, Riba de Salia y similares, al menos documentadamente, desde el siglo XVI, si bien el topónimo, posiblemente denominando a la zona del estuario en sus ambas márgenes (Riba de Selia, ripa de Selia), aparece ya en documentos al menos desde 1032. La denominación se extendería al también naciente concejo, que abandonaría las antiguas denominaciones de sus alfoces de Letuas y Melorda, ambos gobernados por un potestas o delegado real, del que se sabe en el caso de Letuas era en 1215 Sebastián Gutiérrez y en Melorda en 1241 Sebastián González. Se supone estas jurisdicciones habían sido parte de un territorio altomedieval más extenso, Primorias o Provincia Premoriense, que en la alta Edad Media se extendería por todo el oriente de Asturias y tal vez parte del occidente de la actual Cantabria


Aunque aún no divisamos el río Sella, oculto en su ancho y profundo valle, sí reconocemos perfectamente uno de los montes que se extienden al otro lado de sus riberas, como el Monte Moru, al sur del concejo riosellano, alargado de este a oeste desde las vegas de Cueves hasta Collía, en Parres, muy cerca de Arriondas/Les Arriondes. Algunas de sus alturas más prominentes son el Picu Moru (549 m), La Peruyalina (495 m), o más bajo pero bien prominente en su extremo oriental y sobre el naciente estuario, La Cruz (333 m) en la parte de Piedramala


La Cruz es fácil de identificar también por las antenas de su cima. A su lado derecho desemboca en el Sella el Ríu Cueves y a su izquierda La Riega Xinestral o La Xinestral de Castiellu, río que nace más al oeste, en La Forcada, y hace de frontera de concejos, perteneciendo La Cruz a Ribadesella/Ribeseya y, a su izquierda, La Corona Castiellu (544 m), también muy reconocible por su alto moño calizo (corona), a Parres


Los topónimos tipo castru o castiellu no siempre y necesariamente han de hacer referencia a recintos fortificados prerromanos, romanos o medievales, aunque en la mayor parte de los casos sea así, sino por la semejanza de peñas, montes e islotes con ellos, farallones verticales que por su inaccesibilidad recordaban a un castillo


Por su lado, La Cruz hace referencia bien a encrucijadas o bien a cruces que se tendían a colocar en alturas prominentes cristianizando posibles lugares de tradición pagana. En ese sentido Moru haría más referencia a eso, los antiguos, paganos, precristianos, que a musulmán, si bien en este caso parece delatar otro origen, la palabra mor, raíz lingüística preindoeuropea vinculada a piedra y roca, como Piedramala. En Toponimia asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos, el especialista Xosé Lluis García Arias lo explica así:

"En realidad parece que aluden a terrenos que fue ron comunales pero que se caracterizan por ser pedregosos. En este sentido se ha propuesto relacionarlos con una raíz preindoeuropea MOR- ‘piedra, roca’ que parece expandirse por zonas de Italia, Francia y España y que, entre nosotros, acaso explique el apelativo morra ‘cabeza’, morru ‘morro’ y, metafóricamente, ‘elevación del terreno’, así como el diminutivo morriyu ‘pedrusco’, todos ellos presentes en nuestra toponimia menor. La explicación etimológica dada, dentro de ese difícil mundo preindoeuropeo, parece más adecuada que la que quiere partir del lat. MORARI 

Mantenemos, sin embargo, alguna reserva acerca del origen prerromano del término pues hay que sospechar que moriya —> La Moría tratándose de terrenos comunales, esto es, sometidos a lo que el uso consuetudinario exige, podrían ser continuadores de un posible término formado sobre el lat. M¯OREM ‘costumbre’, ‘modo de comportarse’, acaso MORILIAM o MORICULAM. No sería de extrañar, por otra parte, que con expresiones similares se hayan cruzado los posibles derivados del también latino MORAM ‘tiempo que transcurre hasta que suceda una cosa’, ‘retraso de tiempo’, todo ello muy en consonancia con la referencia a la regulación de terrenos comunales en cuanto a épocas de apertura y cierra para su disfrute.

Como topónimos que podrían justificarse desde MOR- ‘piedra’ se citaron unos cuantos lugares habitados como La Mora, Mora, La Moral, Morea, Moriyón, Valle Moru, etc. y otros menores del tipo Mora, Moradiellos, Moratín, More, Moreda, Moredina, Morena, Morlongo, Moro, Moru, Moros... y otros muchos"


Entre las picudas cimas del Monte Moru reconocemos también, más al oeste, a la derecha, Les Llagunes (443 m) y La Peruyalina (495 m) ya citada, con laderas cubiertas de eucaliptos y monte bajo. Más allá reconocemos El Picu Valdefuentes (503 m) y el Altu la H.enosa (509 m). La montaña está recorrida por varias pistas que son la base de numerosas excursiones y se reconocen desde muchos kilómetros de distancia


A sus pies y a su derecha se halla el pueblo de Sardéu, en la parroquia riosellana de Moru, citado ya en el siglo 1215 como posesión del monasterio de Caravia. Está regado por el Ríu Llocu, aguas abajo llamado Samiguel y sus barrios se extienden por los lugares de La Corona, Llaneces, Ordiellu, Oril de Baxu y Oril de Riba, La Puente Ampudia, La Quintana Ució, Villar, L'Argañosu, L'Arquera, El Barréu, Casa Oteru, Teyéu, L'Ablanosa, El Corberu, San Xuan, Les Güelgues y Regodín


A la derecha destaca el Sueve, con los 1.161 metros del prominente Picu Pienzu, su máxima altitud. Poco más abajo habríamos de mencionar al Picu la Govieta (1.001 m) sito entre los concejos de Parres y Colunga. Y su derecha al Picu les Duernes (1.029 m) y El Sellón (1.027 m), estando aún más a la derecha y relativamente separado el también muy reconocible Picu Babú (929 m), también conocido como Los Foyos y Picu los Cuervos


A la izquierda del Pienzu nos fijaremos en el Picu Mirueñu (1.138 m), el segundo en altitud del Sueve. Más baja está Peña Corvera (963 m). Majestuosa serranía que desde el mar se adentra en el interior. Su topónimo habría querido buscarse en el pueblo de los suevos, que quizás hubiesen tenido en él un limes, dominando la franja costera del noroeste peninsular, pero cobra más fuerza ser una evolución de Iovis, Júpiter, padre de los dioses del panteón romano, para ser exactos sabino, pero en origen divinidad guerrera de tormentas y relámpagos, tal vez como la local céltica Taranis, mitos cristianizados en santos como Santa Bárbara y Santiago y popularmente evolucionados en el nuberu, genio astur de las nubes, los truenos y la tempestad, que desde estas alturas arrojaba sus granizos sobre los pueblos y campos de la contorna, siendo a veces conjurado tañendo campanas (a veces para disgusto del párroco, que lo consideraba paganismo), lanzando alpargatas de espaldas o poniendo cuchillos sobre la mesa con el filo hacia arriba, pues por todo ello se decía...
"Sentáu nel Picu Pienzu
mirando taba un nuberu
qu'esconxuró'l señor cura
antes llegare al eru"

Al pie del Sueve hay una peña también caliza como él, cuyo color claro la hace especialmente reconocible, La Peñe Pagadín (419 m), más cercana y más modesta en altitud pero que destaca mucho por su forma cónica a la derecha de la foto. Los vecinos dicen que cuando la niebla cubre la mitad de La Peñe Pagadín es que va a llover seguro... "Cuando La Peñe Pagadín nun se ve, les muyerines de Sotu y La Granda quitan la ropa". Aunque desde aquí no se aprecian bien, son en realidad varias cimas, todas ellas de fácil subida


Bajo La Peñe Pagadín está la famosa gruta de Cueva Rosa, de importantes resonancias mitológicas pues se contaban historia de tesoros, memoria quizás de sus prehistóricos pobladores paleolíticos (culturas solutrense y magdaleniense). En esa cueva se halla una de las colonias de murciélagos más importantes de Asturias y una numerosa cantidad de insectos, entre ellas un escarabajo único en el mundo, el Notidocharis Calabresi. Por todo ello la cueva tiene especial protección. Justo a su izquierda y también bajo el Sueve, tenemos El Picu Cabalgadoriu (446 m) en la Sierra de Collía, Calabrez o Coronas, al norte del concejo de Parres


A nuestra izquierda seguimos admirando el solar fortificado que fue El Cuetu Tresmonte. En la citada página Aqueoastur, del arqueólogo-descubridor del yacimiento Eduardo Pérez Fernández, se explica que su sistema de defensas se compone de una serie de terraplenes que rodean todo el promontorio:
"En la vertiente NE de la plataforma superior está defendida por un potentísimo terraplén escalonado en dos que asciende unos 20 metros desde la base de la elevación hacia la cima. La existencia de una posible muralla que lo culmina lo confirma la gran cantidad de derrumbes de arenisca que se acumulaban a lo largo de una banda de unos 20 metros de longitud en el sector NE. Tanto el flanco SE como principalmente el NW del promontorio presentan unas laderas muy aplomadas bajo dicho talud térreo, indicando claros indicios de haber sido verticalizadas artificialmente en algunos sectores y en otros aprovechado los propios desniveles naturales de la elevación.

En el frente SW del cerro, donde se une la plataforma superior con la inferior, se observa un complejo aparato defensivo,  conformado por el referido terraplén superior que se bifurca en dos segmentos.  El superior que alcanza hasta los 3 metros  y se integra en los desniveles de la ladera occidental. El inferior rodea toda la ladera oriental y parte de la meridional, justo donde se une la plataforma superior con la inferior.

El siguiente elemento defensivo consiste en un parapeto que a modo de barrera corta el frente SW, sobresaliendo como testigo calcáreo, con una ancho de 5 metros y elevándose unos 2 metros sobre la parte interna del recinto. Su escarpe opuesto tiene unos 20 metros de altitud, abriéndose en su base un foso tallado en la caliza de unos 3 metros de ancho del que solo queda un corto tramo, quedando el resto colmatado por las labores de acondicionamiento agrícola que se llevaron a cabo en este sector. Su escarpe exterior presenta una altura muy inferior, en torno a los 3 metros"

A falta de más estudios se señala una posible periodización del yacimiento, en base a determinados hallazgos, en torno a la Edad del Hierro, así como su deterioro y lamentable destrucción:

"En superficie se puede apreciar material arqueológico disperso, desde pellas rubefactadas de arcilla en el gran terraplén del NW, hasta escorias y material lítico. En base a los restos materiales documentados, la propia morfología de lugar y con la cautela debida a la falta de una excavación arqueológica, puede proponerse una fase de ocupación por lo menos para una Edad del Hierro indeterminada, sin descartar fases posteriores o más antiguas.

En la actualidad, prácticamente toda su superficie se encuentra cubierta por una plantación de eucaliptos, lo que dificulta la interpretación de sus estructuras defensivas. Además, en los últimos años el uso de maquinaria pesada en los trabajos de tala ha arrasado y ocultado los derrumbes de la muralla de arenisca. El 66% de la superficie delimitada que incluye recinto y defensas se ha visto afectado por estos factores por lo que su estado de conservación es muy malo"


A su izquierda en la llanura, un muy importante espacio natural,  El Quérabu, un humedal, o llamarga, de gran valor ecológico, que guarda el misterio, aún no bien explicado, de su capacidad de llenarse y secarse de un día para otro y viceversa. Dice de ella Bárbara Morán en el reportaje que le dedica en La Nueva España el 12-5-2009, El Quérabu, las aguas del tesoro:
"Ribadesella cuenta con un tesoro natural desconocido: una laguna estacional (se seca durante una parte del año) situada en la zona conocida como El Quérabu, en las inmediaciones de la localidad riosellana de Collera. Es un espacio único, con un alto valor ecológico que, a día de hoy, se encuentra completamente desprotegido y, por lo tanto, expuesto a sufrir agresiones.

La laguna tiene una superficie de unas tres hectáreas y no está sola, sino que a su alrededor se forman hasta seis balsas estacionales de menor tamaño. La formación de la laguna de El Quérabu es un auténtico misterio, un enigma que no implica a ninguna criatura fantástica, como ocurre en el famoso lago Ness de Escocia, pero que no deja indiferente a nadie que, al pasar por la antigua carretera que comunica Llanes y Ribadesella vea esta enorme masa de agua en mitad de la campiña. Tampoco deja de sorprender a los propios riosellanos que desde siempre han convivido con ella. Y es que, aunque sea un elemento cotidiano de su paisaje, aún viven con extrañeza el hecho de que un día esté seca y, al siguiente, aparezca llena de agua.

Cuesta asimilar, en efecto, que una masa de agua de tales dimensiones pueda aparecer y desaparecer de un día para otro. Pero así ocurre. Los expertos en la materia señalan que no hay una época concreta en la que la laguna se llene, ni tampoco un período determinado en el que se seque. Aunque en abril suele estar seca, tampoco es un dato fiable, ya que el año pasado tuvo agua hasta junio y los vecinos más entrados en años aseguran haberla visto, hace tres décadas, rebosante de agua en pleno agosto.

Puede pensarse que el agua de la lluvia es la que crea esta laguna, pero no ocurre así. Da igual lo que llueva, que las cunetas, los prados y los caminos estén anegados. Esa situación no implica que en El Quérabu haya agua. La explicación científica de su formación es bien distinta y muy curiosa: el agua se filtra por el suelo de la laguna.

Los expertos señalan que, al estar formada toda la parte oriental del concejo por roca caliza, muy porosa, el nivel freático sube en la zona de la laguna y es entonces cuando se forma la lámina de agua en medio del campo.

Y si su aparición es un misterio, la existencia de la laguna constituye un secreto muy bien guardado por los riosellanos que han crecido viendo cómo a este rincón del concejo llegaban aves de muy variadas especies. Entre quienes han seguido de cerca la riqueza biológica de la laguna de El Quérabu se cuenta Francisco Vázquez, vicealcalde de Ribadesella y un apasionado de la ornitología y de la naturaleza. Vázquez valoró ayer que la laguna es un hábitat «digno de proteger» y afirmó que «allí hay una riqueza de especies mayor que en la ría del Sella». El Quérabu esconde muchos tesoros de orden biológico. En este espacio se pueden observar, cuando tiene agua, cerca de 200 especies de aves, entre ellas el zampullín común, la garza real, diversas limícolas, como el avefría, y el ánade azulón. También hay una gran riqueza en invertebrados acuáticos. Cabe destacar que en la laguna viven unos cangrejos de tamaño muy pequeño y que, fuera de esta laguna, sólo están presentes en otro humedal de Cataluña.

Motivos sobran para argumentar el valor ecológico de la laguna de El Quérabu. Pero este espacio sigue sin estar protegido. A este hecho se suma la circunstancia de que toda la zona está declarada reserva de caza y las aves que deciden asentarse en la laguna corren el riesgo de ser abatidas. El lugar no forma parte del catálogo de zonas húmedas de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico. Como consecuencia de no estar protegida, se han realizado rellenos y el Ayuntamiento autorizó hace unos años una pista para realizar prácticas de aeromodelismo. Tampoco ha sido considerado «lugar de importancia comunitaria» (LIC) ni disfruta de otra figura que garantice su protección. Más aún: la laguna ni siquiera aparece en los mapas"

Al sur de El Quérabu, El Palaciu Piles, en Collera, también llamado La Casona Piles, con su capilla-panteón, que vemos a su izquierda. Fue mandada construir por el emigrante cangués, nacido en la cercana parroquia de Margolles en 1873, Antonio Quesada y Soto, quien llegaría a ser el último alcalde español de La Habana entre 1895 y 1897, antes de la independencia de Cuba

La capilla, dedicada a Nuestra Señora del Carmen, se construyó después de la casona, en 1905, enmarcada por cuatro palmeras, donde están enterrados el fundador y su familia. Había emigrado muy joven a Cuba llamado por unos parientes establecidos en La Habana, que poseían un almacén dedicado a la venta de tabaco al por mayor llamado Antero González y Cía. Antonio hizo un importante capital y regresó a Asturias para casarse con su prima Rosario Quesada, con quien tuvo dos hijos. En el maravilloso blog Casonas de Indianos nos cuentan más de su biografía:

" Tras ser empleado de varios establecimientos pasó a integrarse en la sociedad Gratacós, Coro y Cía., comerciantes banqueros de La Habana, allí fue pupilo del asturiano Manuel Coro. Fue escalando posiciones en la compañía hasta que ésta pasó a denominarse “Coro, Quesada y Cía”, estaba situada en Obrapía nº 11. Al retirarse Coro, otro empleado asturiano, Pérez creó la sociedad Quesada, Pérez y Compañía. Antonio Quesada fue consejero de varias compañías y bancos. Llegó a ser alcalde de La Habana (1895-1897) y presidente de la Cámara de Comercio de la misma capital. Regresó a Gijón donde promocionó diversas firmas industriales. En 1908 fue nombrado consejero del Banco de Gijón. Murió en 1910, siendo sus sobrinos en La Habana los que continuaron con su casa de banca. Fue un gran benefactor para Collera y Ribadesella y por ello se le recuerda en un colorista panel cerámico en el que destacan la iglesia (patrocinó su reforma en 1905) y la antigua escuela de Collera que él financió.

Su hija Conchita se casó con el abogado Alberto de la Guardia, hijo del famoso arquitecto Juan Miguel de la Guardia y Ceinos, y no tuvieron descendencia. En la capilla de la finca descansan D. Antonio y su familia. Posteriormente la casa fue comprada por el profesor Manuel Antonio Martínez García"

Además de los de la capilla, El Palaciu Piles cuenta con más árboles ornamentales, además de cuadras, caballerizas, fuente (de 1892), panera y palomar. Gran parte de los indianos, oriundos del mundo rural, además de su mansión construían establos y sus dependencias, reservando el espacio para huertas y frutales, pues añoraban el ambiente campesino en el que nacieron. En Casonas de Indianos, además de un excelente reportaje fotográfico del conjunto de edificaciones y de estampas familiares, se adjunta este fragmento de la obra Recuerdos de un viaje, de quien fuera director del cubano Diario de la Marina, el villaviciosino Nicolás Rivero, plasmando una visita a esta casona:
"Llevónos don Antonio Quesada a su preciosa morada de Piles; atendiónos allí su buenísima familia como nosotros no nos merecíamos; paseamos dos días por aquellas huertas llenas de árboles frutales, cuyas ramas se doblaban y algunas se partían por no poder resistir el peso de la fruta ; nos fatigamos subiendo a las lomas vecinas tras del incansable ex-alcalde de la Habana; admiramos la cómoda, limpia, espaciosa, casa escuela que aquel indiano había ayudado en gran manera a edificar; fuimos un día a almorzar al hermoso chalet que don Ramón Cifuentes acaba de fabricar en el Carmen ; colmáronnos también de atenciones su joven, bella y elegante esposa y su señora madre política ; visitamos la escuela soberbia que frente a su casa levantó Cifuentes : acompañáronnos hasta Llanes aquellos amigos; pasamos una tarde viendo las antiguas murallas, la ría veneciana y algunos soberbios edificios de la original villa Llanisca ; y, al fin, salimos para la Montaña diciendo adiós, quizás para siempre, a la tierra de Asturias."

Antonio Quesada fue además un gran benefactor de Collera, en su honor y en el de otro notable hijo de esta parroquia, el piragüista Fran Llera, se celebró un homenaje en el año 2011 coincidiendo con las fiestas, así reflejado por el corresponsal Juan García para El Comercio el 13 de noviembre de ese año:

"La localidad riosellana de Collera celebró sus fiestas de la Esperanza con sendos homenajes al pasado y presente. En el primero de los capítulos destacó la inauguración de la cerámica histórica que el pueblo y el Ayuntamiento de Ribadesella le han dedicado al benefactor Antonio Quesada y Soto. Un colorista panel en el que destacan los edificios de la iglesia y la antigua escuela de Collera, inmuebles en los que se dejó notar la aportación de Antonio Quesada, el que fuera último alcalde de La Habana cuando la isla de Cuba aún era colonia española. Un indiano que patrocinó la reforma de la iglesia en 1905 y financió la construcción de las escuelas.

Ese mismo acto sirvió para descubrir una placa homenaje al piragüista local Fran Llera, nacido en Collera. Un deportista olímpico y bicampeón del mundo en la prueba de relevos que acogió con «emoción» el acto que le brindaron sus paisanos, «porque además llega un año que deportivamente no fue el mejor». Llera aún no ha conseguido la clasificación para las Olimpiadas de Londres, «pero actos como éste me dan fuerzas para seguir luchando». Lo volverá a intentar en la repesca del año que viene aunque ahora en la distancia de 200 metros. A la Federación Española aún le corresponden tres kayaks más para la Olimpiada y Fran Llera confía en ser tripulante de una de ellas. El palista también destacó el hecho de que su nombre quede con el acto del sábado ligado a Collera. «Me enorgullece y me halaga formar parte de un pueblo que además de ser el mío, siempre me ha arropado en todas las competiciones», añadió"

Antonio Quesada sufragó también la bolera de Collera y junto con otro indiano, Vicente Villar, donaron 2.000 pts. y 1.000 pts. respectivamente para la construcción del alcantarillado de la villa de Ribadesella/Ribeseya según datos de María Díaz Tuero y Nerea Jardón Bueno en su trabajo Repercusiones socio-económicas en el oriente de Asturias del fenómeno migratorio a América: los indianos, en el que leemos también:
"Durante el siglo XIX los índices de emigración hacia el continente americano aumentaron de manera progresiva, causando a finales de este siglo y principios del XX el gran éxodo que vivió el oriente asturiano. Este fenómeno se debe a un conjunto de factores que desde el siglo XVIII fueron provocando en Asturias una difícil situación, ante la cual la emigración era la mejor solución. Dicha situación se refleja por ejemplo en las palabras del padre Feijoo: 
"Qué se ve en toda esta provincia, sino gente que con lágrimas y gemidos busca el pan para su sustento? (…) Poco ha temíamos ver desierto este país, porque ya muchos de sus habitantes se iban a buscar la conservación de la vida en otros"
 El motivo principal por el que la población del oriente asturiano emigraba a América fue económico: la producción de recursos era insuficiente para abastecer a toda la población. Una serie de crisis a lo largo del siglo XIX dieron lugar a una auténtica situación de miseria y necesidad: - En 1847 tiene lugar en Ribadesella una crisis general de subsistencia. - En 1853 se da en Galicia y Asturias una gran hambruna, causada por la pérdida de cosechas. - La situación empeora en 1854, cuando la cosecha de maíz del municipio de Ribadesella, por ejemplo, no llega siquiera a la mitad de la ordinaria. Estas crisis dan lugar a una situación precaria que obliga a los jóvenes a emigrar. Aunque fue éste el principal motivo de la emigración del oriente asturiano, otros factores contribuyeron a este fenómeno: 
- El servicio militar: muchos jóvenes, además de un intento de mejorar sus condiciones de vida, veían en la emigración una manera de librarse del servicio y, por consiguiente, las posibles guerras en las que se viesen obligados a participar. 

- Mejora del estatus social: las familias veían en la emigración una posibilidad de mejora para sus hijos, de cambiar la situación de miseria vivida por otra mucho mejor. Por lo tanto se inculcaba a los hijos desde pequeños, aleccionándolos y preparándolos para la marcha, como si éste fuese el único futuro posible para los jóvenes. Eloy Vejo Velarde, quien emigró en 1918, afirma: ‹‹Apenas contaba uno con doce años nuestros padres ya nos inculcaban la idea›› De modo que América se convertía en ‹‹imán irresistible, panal de promesas y faro de esperanza››
Debido a los factores anteriores, todo el mundo tenía algún pariente, vecino o amigo que emigraba a América para intentar progresar. Eran los indianos; jóvenes cuya edad no superaba los veinte años (la edad media a la que los jóvenes emigraban es de 15 a 16 años) que abandonaban su casa, costumbres y familia con el fin de conseguir mejorar su calidad de vida y la de sus familiares. 

La idea popular que existe del indiano es todo aquel que había conseguido “hacer las Américas”, como se decía en aquellos años, es decir, volver a casa con fama y riquezas tras largas temporadas en América, como un triunfador. Coincide con la idea de Hugh Thomas: ‹‹indiano designa a los españoles que emigraron al Nuevo Mundo y volvieron a España, normalmente con dinero, y a veces con grandes fortunas››

Por lo tanto, popularmente se cree que las consecuencias que conserva el oriente asturiano de la emigración se deben sólo a los que volvieron ricos, pero también tienen importancia los “americanos del pote”, como se conocía a los emigrantes que volvían a casa con los sueños frustrados, sin haber logrado hacer fortuna, ya que, aunque éstos no fueron los que tuvieron influencia en la labor filantrópica o en la arquitectura, sí contribuyeron a dejar la huella cultural y social que permanece en la actualidad"

Así fue, continúan las autoras de este estudio, cómo los indianos se convirtieron en personas respetadas por el resto la población; era causa de admiración el haber tenido el valor suficiente de cruzar el Atlántico, pasar largas temporadas lejos de familia y seres queridos y conseguir la fortuna necesaria para volver a casa hecho un triunfador:
" Además, como bien recoge Alfonso Camín en su libro Entre palmeras, en Asturias nunca se debían contar las penurias, sino todo lo bueno: ‹‹Las penas de los que emigramos han de quedar entre nosotros (…) Aquí triunfamos todos. ¿Entiendes?›› 

Por ello, cualquier emigrante que regresara “habiendo hecho las Américas” causaba una gran expectación a nivel social. Tanto es así que en los periódicos de la época se citaban a los indianos que volvían a casa tras haber conseguido hacer fortuna, por ejemplo en el periódico riosellano L’Atalaya o en el llanisco El Oriente de Asturias. Surgen en el folclore popular de principios del siglo XX canciones sobre indianos, que se difunden no sólo por los concejos asturianos más orientales, sino que llegan a pueblos más próximos a la zona central del Principado, como Villaviciosa. Ejemplo de ello son los versos que recuerda Jerónimo Tuero, nacido en el concejo de Villaviciosa en 1926: 
‹‹Americano del pote, cuando viniste, cuando llegaste, la cadena del reloj ya la luciste, ya la empeñaste›› 
(...) Aunque hubiesen sido vecinos, amigos o compañeros de clase antes de emigrar, compartiendo la misma situación de precariedad que el resto del pueblo, los indianos se convertían a la vuelta en hombres sabios, “viajados”, como se decía entonces, con enorme experiencia. De modo que se acudía a ellos en busca de consejo. Eran ellos también quienes solucionaban conflictos entre sus vecinos. 

Los indianos favorecen también la culturización de los parientes: al conseguir establecer negocios en América, necesitan personas con preparación que los puedan dirigir. Acuden así a sus familiares o conocidos de los pueblos de origen, a quienes les pagan los estudios en colegios y universidades privadas de España para luego llevarlos a América. 

Muchos de estos nuevos universitarios jamás habrían cursado estudios de no ser por sus parientes o conocidos indianos, sino que continuarían con las labores de sus progenitores, en la agricultura, ganadería… 

Aunque se vayan a América, los jóvenes con preparación repercuten en sus más allegados: con estudios, será más probable que sus parientes vayan también a la universidad (por el aumento de posibilidades económicas para pagarlo). Crece de esta forma cada vez más el círculo de gente preparada dentro los pueblos. 

La burguesía local de cada zona pasó a estar formada por este grupo de población, que se sentía ya por encima de los intereses del pueblo que no ha conocido mundo. Forman así una nueva clase, más elevada que la del resto del pueblo. En Ribadesella por ejemplo, puede hablarse de una “colonia americana”, formada por indianos que compartían las mismas actividades económicas, dotados de cierto prestigio. Se interesaban por libros, viajes y actividades que al pueblo llano le quedaban aún muy lejanas. 

Al ser los indianos los mayores propietarios y los más ricos, eran ellos los que llevaban las innovaciones a los pueblos, quienes contemplaban con admiración la llegada de novedades inalcanzables para los demás: el primer vehículo de Ribadesella (de Vicente Villar), el primer teléfono (de Manuel Martínez Pérez), los fonógrafos, radios, bañeras con agua… todas estas innovaciones llegaron a Ribadesella de la mano de indianos. 

Los habitantes del pueblo intentaban, tras ver las novedades de los indianos, conseguir muchas de ellas, aunque supusiesen para ellos un esfuerzo mayor. Por lo tanto, los “americanos” fueron los pioneros en el uso de novedades en los pueblos que, con el paso de los años, se popularizarían"

Mucho hemos hablado de los indianos en nuestro periplo por los pueblos, villas y ciudades del Camino Norte, y mucho hemos aún de hablar por todo cuanto su impronta marcó su historia, especialmente con muy notoria intensidad al menos hasta Ribadeo, ya en Galicia. Continuamos pues desde Argunadieyu camino con el Sueve siempre de frente, sierra de grandes pastos, ganadería de cabras y vacas de montaña, que por eso también se dice...
"Mázate lleche
del Puertu Sueve
y faite mantega
más blanca que ñeve"

(Bátete leche

del Puertu Sueve
y hazte manteca
más blanca que nieve)

El Sueve, el que fuera asimismo el último refugio de los famosos caballos asturcones, ya apreciados por los romanos antes incluso de su conquista del territorio asturcántabro, es una referencia geográfica de primer orden; si sus cumbres están cubiertas por las nubes o no se afirma...
"Si El Sueve pon la capa garra la tuya y escapa "
(señal que va a llover)

O también referido a la niebla...
"Malhaya sea la borrina
que asoma al Puertu Sueve
y nun traigo caperucha
pa tapame si llueve"

El Camino es en este trecho carretera local, se ensancha, suele ser tranquilo pero en determinados momentos, sobre todo veranos, festivos y fines de semana, hay un cierto tránsito de vehículos bastante continuo que van a o vienen de los muy visitados acantilados del Infiernu


Vamos caminando paralelos a la carretera AS-379, que pasa un poco más abajo a nuestra izquierda, bajo El Cuetu Tresmonte, aunque no llegamos a verla o muy poco. Aún nos aguarda un buen tramo, casi un kilómetro, antes de cruzarla en Oreyana


Más al sur del Cuetu Tresmonte vemos el ancho y profundo surco entre las montañas que conforma el valle del Sella con el Monte Moru y La Corona Castiellu a la derecha y La Sierra Escapa o de Cuana a la izquierda. A ambos lados había dos recintos fortificados más, uno sería en el mencionado monte de La Cruz, al que también se le llama Picu Moru por el monte en el que se encuentra, aunque en principio el verdadero Picu Moru se encuentra más atrás, al suroeste, como hemos dicho, y el otro sería a la izquierda La Corona o Colláu Castiellu. En el blog montañero de Bernardo Canga y Berta Piñán Descubre Asturias, apartado Naturaleza y Cultura, hallamos esta descripción:

"Encima de la localidad riosellana de Santianes (hay Santianes de Oba y Santianes del Agua), casi en el límite con tierras de Parres, se alzan dos picachos que tienen toda la traza de ser antiguas fortalezas para vigilar la desembocadura del caudaloso Sella (el viejo río "Salia") frontera de cantabros y astures. El monte de la orilla izquierda es el Picu Moru, que se eleva sobre la localidad de Tresmonte y la del mismo nombre, Moro, donde sigue en ruinas su importante iglesia parroquial, ante la desidia oficial (desde que se quemó en 1936). En la orilla derecha del Sella está el Picu La Corona, también conocido por El Castillu, o Collaú Castiellu. En este último (un viejo castro) se pueden observar ancestrales fortificaciones defensivas, como un pequeño foso y un muro de piedras, así como una especie de cueva-foso natural. Estos picos, aunque se alzan majestuosos y altivos sobre el valle del Sella, tan solo rondan los trescientos metros de altitud sobre el nivel del mar.

El Picu Moru da nombre a la sierra que continúa hacia el occidente: La Cuesta del Moru; y que pierde altura sobre la aldea de Sardéu, junto a la afamada Cueva Rosa (Covarosa) y el Picu Pagadín. En su cima se elevan antenas repetidoras, como en otros muchos montes asturianos. Pero el Picu La Corona o Castiellu está virgen y olvidado, sobre las localidades riosellenas de Llovio y Santianes, entre los ríos (o arroyos) del mismo nombre. A sus pies están los Campos de Oba, donde se celebran multitudinarias romerías con ocasión del Descenso Internacional del Sella, por tanto este pico una excelente atalaya para contemplar esa prueba folclórico-deportiva si estamos animados a caminar cuesta arriba algo más de una hora.

Los accesos a esa montaña son variados, pues téngase en cuenta que fue un punto importante, dado que servía como fortaleza de vigilancia del camino costero que cruzaba cerca de Ribadesella, así como del que venía de Cangas de Onís, tras juntarse allí las calzadas de Ponga (las que entraban en Asturias por los puertos de Arcenorio y Ventaniella) y la ahora denominada "Senda del Arcediano", también llamados "Caminos de La Sal", pues por ellos, entre otros productos, se llevaba la sal y pescados de la costa de Ribadesella a tierras leonesas, para canjearlos por cereales y vinos... Actualmente, cortado algún camino por la nueva Autovía del Cantábrico (A-8); los mejores senderos que posibilitan la ascensión al alto de La Corona parten de Llovio o de Santianes. Por el primer lugar dejando el pueblo, en fase de restauración de sus casas y subiendo por empinada pista que va al deposito de aguas de la localidad, se llega en una hora al final de ese camino. No se debe de coger un ramal que sale cerca de dicho "punto de agua", a la derecha (en la zona de Les Pandes) y que desciende a la carretera nacional N-634, bajo el viaducto de la A-8; ni otro que sale casi al final de la pista a la izquierda (éste va a la afamada cueva de Pinganón). Tras dejar la pista (que sube por Monte de Oba y Trasdoba) se toma, junto a una derruida cabaña, el "sendero de cabras", ascendente, que en otra media hora nos sitúa en la collada o Colláu Castiellu, al pie del pico que nos ocupa, desde allí, en dirección Oeste, en un cuarto de hora, trepando o escalando con sumo cuidado, llegaremos a la cumbre de La Corona, donde se ven sus muros y fosos defensivos, su impresionante precipicio y, sobre todo, su extraordinaria panorámica sobre el Sella y la hermosa villa de Ribadesella, con la desembocadura del famoso río. Esa vista, si no queremos "coronar" La Corona (por precaución o respeto a las alturas escabrosas), ya se contempla desde la collada del Castiellu. ¡Tengamos mucho cuidado!"


Efectivamente, el valle del Sella forma un gran pasillo natural directo entre las tierras del interior y de la costa. Unos pocos kilómetros más al sur su afluente el Piloña forma otro gran valle y paso directo hacia el centro de Asturias al enlazar más al oeste con el del Nora, ruta directa a Oviedo/Uviéu que empleaban también los peregrinos. Más allá es el Güeña el que conforma otro valle que comunica con el sector de los Picos de Europa por Cangues/Cangas de Onís y Onís, el cual además por el Altu Ortigueru o H.ortigueru comunica con el del Casañu en Cabrales, afluente a su vez del Deva, vía con Cantabria por el interior. Esas rutas históricas han sido en parte recuperadas, el menos el que sería su trazado principal al través del denominado Camín de los Santuarios, sendas a Covadonga y Santo Toribio de Liébana y camino jacobita a la ovetense catedral de San Salvador.  En el libro El Camino de Santiago por Asturias. Topoguía 2. Ruta de la Costa, de varios autores coordinados por la prestigiosa catedrática María Josefa Sanz Fuertes, leemos:
"De Ribadesella partía una vía interior, ruta alternativa para los jacobitas en su obligada romería a las santas reliquias ovetenses, que evitando el siempre difícil paso de la ría del Sella, la remontaba por su margen derecha. Esta desviación secundaria llevaba, en su primer tramo, a Arriondas, y surcaba el valle del Piloña por un recorrido que flanqueaban los monasterios medievales de San Martín de Soto de Dueñas y Santa María de Villamayor. Continuaba por la villa de Infiesto y en santuario rocoso de la Virgen de la Cueva, donde se funda en el siglo XVI un hospital. Salvado el cauca del Piloña, proseguía por su orilla izquierda hasta el desaparecido cenobio benedictino de San Bartolomé de Nava; llegando a Pola de Siero y Oviedo"

Para tomar esa ruta (o rutas, pues se sabe hubo varias a través del valle y de las montañas) hacia los valles del Sella y Piloña existió un servicio de barquerías muy cerca de aquí, en Lloviu, que también emplearían muchos peregrinos y viajeros como alternativa al de la villa de Ribadesella/Ribeseya, mucho más peligroso y expuesto a las corrientes al estar situado prácticamente en la bocana de la ría. El propio Carlos de Flandes, futuro Carlos I de España y V de Alemania, lo empleó en 1517 con su numeroso séquito viniendo de Colunga a la villa riosellana, aunque para ello hubo de hacer un muy sufrido rodeo. En el citado libro reseñado anteriormente leemos también:
"Quien no se desviaba hacia el interior pasaba la ría en la barca de pasaje de la villa, perteneciente al Gremio de Mareantes del puerto. El paso del Sella constituía, después del Deva, el segundo gran obstáculo al que se enfrentaban los romeros sobre este  penoso itinerario de la costa asturiana. Si las condiciones de l amar y el tiempo lo permitían, variables que no siempre eran favorables, la travesía, siempre lenta y peligrosa, sobrecogería el ánimo de los medrosos viajeros. Y buena prueba de ello es el largo rodeo que tuvo que realizar la comitiva de Carlos I cuando, tal como relata su cronista (Laurent Vital), llegados "a ese lugar convenía pasar un brazo de mar, de dos buenos tiros de arco de anchura, y convenía entrar hombres y caballos en botes profundos, de altos bordes, para sostenerse contra las olas de agua que allí sin altas cuando hace rudo tiempo, a causa de cuyos bordes nuestros caballos no querían penetrar en dichos botes"

Justo al sur de Lloviu, sobre un meandro del Sella y en medio del valle, había una fortaleza más, el castillo de Bivaone, en El Picu les Torres (141 m), que sería el centro administrativo desde los que los tenentes o potestas, representantes reales, gobernaban el  territorio en el nombre del rey antes de la fundación de la puebla riosellana hacia 1270. que lo sucedió en este cometido. De su historia leemos en Asturias concejo a concejo (volumen 4, dedicado a Ribadesella Caravia y Colunga) del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA):
"Situado en las inmediaciones del río Sella, Bivaone fue uno de los castillos que el conde Piniolo Jiménez y su esposa Aldonza, fundadores del monasterio de San Juan Bautista de Corias, cambiaron, junto con varias villas y tierras, el rey Bermudo III por el realengo de Cangas (del Narcea) y la mandación de Perpera en 1032.

El matrimonio poseía quizás el castillo por mediación de doña Aldonza, cuyos padres, Munio Rodríguez "El Can" y Enderquina, habían fundado el monasterio de Santiago de Caravia y gozaban de cierto predominio en este territorio.

Era un centro administrativo y militar estratégico desde donde se controlaba el camino que desde el concejo, y siguiendo el surco del Piloña, se dirigía por Arriondas a Oviedo.

Posteriormente lo encontraremos entre los treinta castillos que el monarca Alfonso IX da como dote a su esposa doña Berenguela en 1199. Su tenente era por entonces Sebastián Gutiérres, quien poseía también el de La Isla (en Colunga)"

El hallazgo de dos muy llamativos cascos de antenas prerromanos, en concreto datados entre el Bronce final y la primera Edad del Hierro, precisamente cuando surge la cultura castreña, permiten asegurar que el castillo estaba sobre otra fortificación mucho más antigua


Las fortalezas, castros, castillos y fuertes, jalonaban todo el valle del Sella como el del Piloña y Güeña. El valle comunicaba al sur, con los importantes pasos de los puertos de Ventaniella y El Pontón, comunicación con la meseta. El trasiego de mercancías por aquí a través del muelle de Ribadesella/Ribeseya llegó a ser tan importante hasta entrado el siglo XX que hizo de él una de las instalaciones portuarias más importantes de Asturias, si bien no pudo competir con el gijonés nuevo puerto de El Musel, quedando relegado a pesquero y deportivo en nuestros días


Sin duda, tal elenco de fortificaciones guardaba todos las vías, fluviales, terrestres y marinas, en lo que fue esta franja en la que, además de separar los viejos alfoces de Letuas y Melorda, era el comienzo hacia el este de Primorias, una banda geográfica de tradición fronteriza de norte a sur que desde tiempo inmemorial separaba a los astures luggones de los cántabros salaenosorgenomescos y vadinienses


Dada la resistencia de estos pueblos a la conquista romana se sabe hubo de desembocar en estas costas, por esta su retaguardia, la flota de Aquitania para, por los pasos de estos valles y montañas, atacar su férrea defensa en la Cordillera Cantábrica, especialmente Picos de Europa y otros macizos, "a donde antes subirían las aguas del mar que no las armas de Roma". Es muy posible que de aquellos episodios hayan surgido las numerosas leyendas relativas a estos cordales costeros, por los que se dice la Virgen María, tras desembarcar en una de las playas (Cuevas del Mar, en Nueva) se dirigió a Covadonga huyendo de sus perseguidores moros. Muy posiblemente se trate de una cristianización de tradiciones ancestrales que vinculan estos legendarios parajes...


Siempre en llano y pisando asfalto pasamos ahora junto a una nave de ganado, saliendo de Argunadieyu. Estamos un poco al sur de la pequeña Playa de Arra y sus acantilados, que se ven desde los de L'Infiernu


Se sabe que antiguamente, tanto este camín real como otras sendas riosellanas, se reparaban y mantenían con una sisa o impuesto especial sobre las mercancías portuarias, según documentos de 1486, fecha que registra el paso de importante número de peregrinos "muchos caminantes, mayormente estrangeros que no son de la tierra", los cuales se dirigían a la piadosa institución que los albergaba, el Hospital de San Sebastián, sito donde ahora está la iglesia parroquial de Santa María Magdalena, acomodándose "los pobres e pelegrinos que aportaban a la dicha villa"


Este Hospital de San Sebastián cambiarían después su advocación a San Roque, santo peregrino occitano cuyo culto de extendió grandemente con las romerías jacobitas a Santiago a lo largo de todos sus caminos. En el caso este del actualmente llamado Camino Norte hubo otro dedicado a San Roque, muy importante, sito en la villa de Llanes, que seguramente empleaban muchos peregrinos para pernoctar en una jornada caminera anterior a esta, si bien tenían otro en Nueva, el de Nuestra Señora de la Blanca, así como algunas ventas y posadas, estas más empleadas por otros viajeros, arrieros, pastores y artesanos trashumantes. Más adelante, en Berbes, paso a Caravia, se fundaría en 1678 otro hospital de romeros, de muy corta vida pues pronto se arruinó y en 1702 se disolvió, subastándose sus bienes


Según dicho escrito de 1486, dicho hospital al que se dirigían los peregrinos que por aquí pasaban, había sido fundado a expensas del concejo, que por entonces había solicitado aplicar una sisa sobre el vino vendido en la población para acometer diversas obras, entre ellas este "ospital  para acoger". No se llevaban registros de hospedados, como hacen los albergues y demás alojamientos de hoy en día, a no ser que estos falleciesen en el hospital, pasando entonces sus nombres y origen a los libros parroquiales. Por ello sabemos de peregrinos y peregrinas de Cantabria, País Vasco, Navarra, Francia, Alemania, Inglaterra, Italia... y es que el Camino fue desde su origen un fenómeno eminentemente internacional 


En el siglo XVIII y como en el caso del de Berbes y otros muchos, el Hospital de San Roque languideció, entró en decadencia y se daba por desaparecido en los albores del siglo XIX, en 1802. En nuestros días existen en la villa, gran potencia turística, numerosos alojamientos, no especialmente dedicados a los peregrinos pero sí que en no pocos casos los acogen con gusto. Un albergue turístico-juvenil es el Roberto Frasinelli, en un magnífico emplazamiento al lado del extenso Arenal de Santa Marina, pero como albergue público, sucesor de la tradición hospitalaria riosellana, habríamos de ir al de las antiguas Escuelas de San Esteban (Leces), monte arriba y saliendo del casco urbano, a unos cinco kilómetros más allá del puente sobre el Sella


Sobre el matu, sebe o seto silvestre de la derecha asoman unos tejados: las primeras casas de La Espina, uno de los barrios o lugares de esta parroquia de Collera. Parece ser en concreto parte pertenecería al pueblo de Meluerda y parte al llamado Collera, la cabeza parroquial. El topónimo puede hacer referencia a plantas espinosas o ser una metáfora relacionada con algún accidente orográfico, similar por su forma al espinazo del cuerpo. En Toponimia Asturiana. El porqué de los nombres de nuestros pueblos el filólogo Xosé Lluis García Arias lo plantea así:
"Hay una gran lista de núcleos de población relacionados con los que encabezan el epígrafe; son masculinos y femeninos, singulares y plurales (...)

El problema etimológico estribaría ahora en saber si todos estos nombres de lugar son derivados del lat. SP¯INAM ‘arbusto espinoso’ , o de su variante masculina SP¯INUM ‘espino negro’ , o si, por el contrario, en algún caso, nos encontramos ante auténticas metáforas que se aplican a ciertas elevaciones del terreno por su semejanza con el espinazo animal"

Por su parte otro especialista, Julio Concepción Suárez, Xulio, en su Diccionario toponímico de la montaña asturiana, ahonda en esta explicación:
"Salvo excepciones concretas, el topónimo significa lo que parece, (la abundancia de espinos): en algún caso puede tratarse de una raíz prerromana interpretada por los lugareños.
En principio, por tanto, voz común para designar varios tipos de "espinas" y espineras (Crataegus monogyna J, Sorbus torminalis L). Era un arbusto muy estimado en las brañas y mayadas, por sus flores medicinales; y con el uso alimentario de sus bayas (uso animal y humano) en ciertas épocas

Hoy en día apenas se usan las espineras; pero tiempo atrás eran imprescindibles en el entorno rural: sobre todo ofrecían buena madera para algunos utensilios domésticos y buena leña para el fuego, como recuerda el refrán: "Si quies facer foguera / echa cheña de espinera"

Y otros muchos usos proporcionaban las espineras. Por ejemplo los lugareños recogían las flores en primavera por sus propiedades como tranquilizantes (los ansiolíticos ahora), enfermedades de corazón, angina de pecho, regular la tensión...

Sabido es también que las bayas del espino (las mayuncas), una vez bien maduras, vueltas en rojo intenso, se comían por los montes a falta de frutas más suculentas: tienen mucha piedra dentro, pero su abundancia en los racimos suplía entonces la falta de más carne en torno a la pepita"

Los usos alimenticios y medicinales de las plantas silvestres han prácticamente desaparecido hasta incluso de la memoria popular en nuestros días. Muchas casas campesinas se han además reformado y son importantes núcleos de turismo rural, tal que aquí, Casa Espina


Al pasar enfrente admiramos su bello jardín, donde un par de palmeras tal vez guarden también el testimonio de algún antiguo indiano. Más atrás, al otro lado de los ocalitos, están los acantilados de Arra


El Camino baja ligeramente en La Espina. Es cierto que a lo lejos, justo encima de la línea acantilada, una loma alargada se asemeja a una espina o espinazo, con lo que el topónimo puede tener cualquiera la de las dos acepciones, la de lugar que fue de espinas o espineras, como se sabe fue y sigue en parte siendo de encinas y encinares, o la forma del terreno al borde del acantilado sobre el mar, comparable a un espinazo


Es la zona de El Pedralín (de pedreros o pedrales), campos que acaban sobre los acantilados encima de otra de las inhóspitas y casi inaccesibles playas de este sector de costa, la de Arvidel o Arbidel, pequeña y de gran belleza pero sólo frecuentada por pescadores, justo antes del Monte Corberu, o más correctamente cabría escribir Corveru, lugar de cuervos, península sobre la misma bocana de la ría del Sella, puerto y villa de Ribadesella/Ribeseya


Arbidel es también como se denomina a la punta o cabo de este nombre, cuyos abruptos acantilados se reconocen perfectamente desde aquí


Vemos algunos ejemplares de encinas formando matas o matorrales, así como unos ocalitos o eucaliptos que crecen sobre el mismo borde del cantil


Sigue el Camino en suave y prolongado descenso por La Espina. La villa del Sella, Ribadesella/Ribeseya, está ahí mismo, al otro lado de las boscosas colinas de El Pedralín, pero no veremos sus primeras casas hasta estar, literalmente, sobre ella, a un paso de su emblemático puente sellero


A la derecha, un peñón de piedra caliza casi blanca parece ser uno de aquellos hitos milenarios que marcaban divisorias de pueblos, tierras y sendas ancestrales. Serían estos términos del viejo monasterio de San Martín de Collera, fundado en las cercanías por Vermudo González y su mujer Jimena y cedido en 1052 a la mitra ovetense, localizado "in Asturias territorio Melorda secus flumen Seliam", es decir, el territorio de Melorda, cuyo nombre conserva una de las aldeas de esta parroquia, Meluerda


Este territorio de Melorda, parte de la antigua Primorias, existió hasta la fundación de la villa riosellana, primeramente conocida como Santa María Magdalena del Puerto, hacia 1270. Aquel documento de 1052 delimitaba así su extensión:
"ex una parte per aqua de Selie et per Portum et per Sales et per montem Sancte Crucis et per flumine Amia et per Castro Loroso et per Cova Aguera"
Básicamente, por una parte el agua del río Sella con el enclava de Puerto donde se fundaría posteriormente la puebla, el lugar de Sales, que puede hacer referencia a una antigua estación salinera en la bocana de la ría, al sur los montes sacros de Cueva Negra y al este el Amia o río Mía, Aguamía, Guadamía o L'Aguadamía. No es de extrañar que la primera parroquia riosellana que figura en un documento medieval es precisamente esta de Collera, en 1147


Admiramos pues esta bella y extensa campiña que se extiende entre el Camino y el abrupto acantilado que nos oculta aquella loma tras las siguientes casas de Espina, sobre las playas, ocultas a nuestra vista y de difícil acceso, de Arra y Arvidel. 


Pomaradas o pumaraes, plantaciones de manzanos, su cultivo se intensificó a partir de la fundación en 1880 de la fábrica de sidra de los hermanos Blanco en la villa, uno de los pioneros de la industrialización riosellana, siendo tan grande su producción que llegaron a viajar a Francia para aprender a elaborar aguardiente de sidra estilo Calvados. El profesor Ramón Capín Rama escribe de ellos en La Nueva España el 26-7-2013:
"La familia Blanco ha estado arraigada en Ribadesella durante siglos. El primer ascendiente del que se tiene noticia se remonta al año 1514 con Juan Blanco, quien casa con María Llano, natural de Bones.
A través de varias generaciones llegamos a finales del siglo XIX con los hermanos Blanco Junco: María Teresa, Salvador, Benigno, Antonio, Ramón y José. 
En torno a 1870, Salvador y Benigno emigran a Cuba en el Bergantín Habana, velero de pasaje que hacía la ruta desde Ribadesella a aquella isla (por entonces colonia española). Tras unos pocos años de trabajo, les toca un generoso premio de lotería, de modo que regresan a Ribadesella y montan con sus demás hermanos una fábrica de sidra en el arenal de la playa de Santa Marina. 
En su artículo sobre «La emigración riosellana a América», publicado en la revista «La Plaza Nueva», el insigne historiador Juan José Pérez Valle revela la trascendencia de esta iniciativa empresarial: «En realidad no se puede hablar de actividad industrial fuera de lo que era la tradición artesanal, incluida la carpintería de ribera, hasta que los hermanos Blanco Junco sentaron las bases de la moderna industria en Ribadesella fundando en 1880 una importante fábrica de sidra». 
Debido al exceso de sidra por una abundante cosecha, los hermanos Blanco se ven en la obligación de tirar parte de la producción; de modo que deciden viajar a Francia para formarse en la elaboración de otros productos. Así, aprenden a fabricar calvados, aguardiente de sidra cuyo origen está en la localidad francesa del mismo nombre. 
Las sidras y aguardientes se venden por todas las provincias españolas, y se exportan a Europa (Inglaterra, Bélgica, Alemania, Holanda, Noruega) y a las Américas (Cuba, México, Brasil). Para la exportación, la empresa llega a poseer cuatro barcos, uno de los cuales, el «Robin» (petirrojo), está expuesto en un museo naval británico. Por su calidad, los productos llegan a ser galardonados en certámenes internacionales en varias ocasiones. 
Como vemos, resulta sorprendente que en una pequeña villa como era la Ribadesella de finales del siglo XIX se llegasen a desarrollar industrias de este calibre. 
En 1901 la empresa amplía su capital con nuevos socios, y pasa a denominarse Blanco, Saro y Cía. La actividad empresarial se extiende a la energía eléctrica mediante la compra de un molino en el salto de San Román, en el río Sella, lo cual redundará en la traída de la electricidad al pueblo. Según Juan José Pérez Valle, en 1950 la empresa hidroeléctrica llegó a generar 466.300 kW/h. 
Con el fin de tener agua corriente en casa, los hermanos Blanco deciden comprar un manantial del monte Tinganón. Tras realizar la traída de agua, la primera bañera que se instala en la villa es la de la esposa de Salvador, Nieves González Llerandi. Este hecho daría lugar a cotilleos que hoy resultan jocosos, como por ejemplo: «¿Viste a doña Nieves?, ¡qué gochona!, se baña todos los días». 
Más tarde, la empresa pasa a denominarse Gran Sidrería Modelo de Ribadesella y, a continuación, se convierte en sociedad anónima con la denominación El Sella. Posteriormente, la sociedad pasa a manos de la marquesa de Argüelles y Ramón Cifuentes para, finalmente, disolverse en 1957. 
Las instalaciones serían adquiridas por Avelina Cerra, viuda de Dionisio Ruisánchez, y remodeladas como centro de enseñanza y sede de la Fundación Ruisánchez, que aún perdura otorgando pensiones y becas a personas de la villa riosellana"

Esta parroquia de Collera vio menguada su extensión al fundarse la puebla bajomedieval en base al antiguo puerto preexistente. Las posesiones monacales, como las de la nobleza, entraron en lides con estas nuevas poblaciones que se convertían en los nuevos centros de poder auspiciados por la Corona. Además de San Martín de Collera tenían intereses en los antiguos alfoces riosellanos el monasterio ovetense de Santa María de la Vega y el llanisco de San Salvador de Celoriu, que en su carta fundacional recibe, entre otros, de parte de su promotora Gotrondo Petri, diversos bienes en "ripan Selie" la riba o ribera del Sella, como "Santa María de Melorda" (Meluerda)


En su libro El Camino de Santiago en Asturias. Itinerarios, el historiador Luis Antonio Alías dice que "El verano llena de bullicio la tranquila vida cotidiana de Ribadesella" a lo que añade más adelante:
"Los peregrinos ya no cuentan con el hospital que construyó en 1486 para acoger a pobres y romeros jacobeos y que, tras pasar su advocación de San Sebastián a San Roque, desapareció al finalizar el XVIII por total falta de recursos. Sí cuentan, en cambio, con buenas fondas y fogones"

Muy pronto, antes incluso de llegar al casco urbano, aún en esta parroquia, eminentemente rural-residencial, de Collera, hallaremos alguno de esos templos gastronómicos que tan buena fama han dado y dan a Ribadesella/Ribeseya. De momento, y atendiendo a las señales, nos disponemos a cruzar el paso a nivel, otro de los hitos de nuestra proximidad al paso del Sella


Se trata de un paso a nivel sin barreras pero con semáforos: el Camino sigue de frente cruzando la vía. En febrero de 2022 la empresa ferroviaria Adif anunció la adjudicación de las obras para eliminarlo mediante un paso inferior para vehículos y peatones, por lo que es fácil que cuando el peregrino pase se encuentre con este lugar transformado, esperamos que para bien, a no ser que se haga realidad el dicho de "las cosas de palacio van despacio". Así publicaba la noticia el día 17 de ese mes Cope Ribadesella:
"Los vecinos de Espina y los usuarios del camino de acceso a la playa de Arra y los acantilados de El Infierno, en el concejo de Ribadesella, han manifestado su satisfacción con el anuncio realizado esta mañana por Adif para la supresión del paso a nivel allí ubicado. Después de cinco años de espera y negociaciones, “la obra es muy deseada”, afirmó Juan Sánchez Yllán, vecino y propietario de varias casas vacacionales en este hermoso paraje.

Según este empresario, la supresión del paso a nivel servirá para mejorar la seguridad vial en la zona y “la accesibilidad tanto a la playa de Arra como a los acantilados de El Infierno, dos lugares que reciben muchas visitas de riosellanos que pasean por la zona y de turistas que se acercan a disfrutar del paisaje. “Hay fines de semana con mas de cien coches aparcados en los acantilados”, destacó.

El 80% de la obra se va a ejecutar sobre una finca propiedad de este vecino, una parcela en la que tiene plantados alrededor de mil pumares desde hace unos veinte años. El valor de la expropiación aún no lo ha cerrado, aún lo sigue negociando. “Nos falta una reunión”, dijo. Aún tiene tiempo para negociar ya que la obra no comenzará hasta después del verano, “porque así quedó aclarado en las muchas reuniones que hemos mantenido a lo largo de estos cinco años”. La obra no se ejecutará durante el verano debido al volumen de gente que transita por la zona. Ahora solo esperan que algún día también se acondicione el acceso peatonal a la playa de Arra"

Aquí se bifurca el Camino que, viniendo de la carretera AS-379 se dirige a los acantilados del Infiernu, este que estamos siguiendo, y el que va a dicha Playa de Arra, que es el ramal a nuestra derecha. Efectivamente los accesos a esa playa sufren mucho deterioro con los temporales y sus escaleras de acceso precisan de reparación, pues sino es casi innacesible


La llegada del ferrocarril, el 20 de julio de 1905, constituyó un gran acontecimiento para la comarca en un momento en el que parecía triunfar totalmente como gran medio de comunicación terrestre frente a las aún nacientes carreteras para carros y carruajes y cuando la industria del automóvil prácticamente aún no había nacido tampoco. El viaje inaugural fue todo él una fiesta, pues esta línea, por entonces de los Ferrocarriles Económicos de Asturias, enlazaba además en Llanes con la del Ferrocarril del Cantábrico procedente de Santander. Un tren llevaba a las autoridades, prensa e invitados siendo recibido con algarabía, incluyendo música, fanfarrias y sones de gaita, en las poblaciones por las que pasaba, parando en algunas estaciones antes de la de Llanes, siendo pronunciados los solemnes grandes discursos de rigor

En 1972 la empresa pública Feve absorbió estas ferroviarias privadas en un momento en el que las carreteras y la expansión de carreteras y automóviles, ya llevaban siendo una importante competencia para el ferrocarril, que arrastró una larga crisis, acentuada por el problemático y largo enlace con la del Estratégico de la línea Ferrol-Gijón que completaba el trazado cantábrico

En octubre de 2009 se instalaron las señales acústicas y luminosas de este paso. En el año 2013 Feve pasó a ser gestionada por Renfe Operadora y sus instalaciones a Adif, uno de sus grandes hitos es el tránsito, por las riberas del Sella, del afamado y alegre Tren Fluvial, que desde 1945 transporta numeroso público siguiendo la competición del mundialmente renombrado Descenso Internacional del Sella, la popularmente conocida como Fiesta les Piragües. Una buena descripción de la misma la realiza Miguel Rojo para El Comercio el 4-8-2017 en su "manual de instrucciones":

"A la fiesta se la llama directamente ‘les Piragües’. Así, uno dice que va a ‘les Piragües’ y no necesita más explicación. Quiere decir que desaparecerá hoy de casa y no sabe cuándo volverá. También se aceptan los términos ‘Fiesta de las piraguas’, en castellano, o el Sella. El Descenso del Sella es la prueba deportiva en torno a la cual gira la folixa, así que en el descenso participan los piragüistas, a bordo de unas 1.000 embarcaciones, distribuidas entre kayaks (K2 si van dos o K1 si va uno, con palas dobles) y canoas (C2 si van dos, C1 si va uno, con pala simple) y la categoría RR (kayak sin timón). Salen el sábado a mediodía desde el puente de Arriondas y llegan a Ribadesella. Lo digo porque, haga lo que haga usted a partir de ahora, no estaría mal ver, al menos una vez en la vida, la salida de Arriondas y la llegada de Ribadesella. 
Desde el miércoles empiezan a llegar al Oriente asturiano los grandes vividores del Sella, los que se pasan cinco o seis días de fiesta y dicen que será la última vez, pero nunca lo cumplen. Una fiesta de les Piragües estándar podría ser como sigue: hoy mismo, ir hacia Arriondas y acampar en alguna de las zonas habilitadas con un grupo de amigotes. La multitud anima a la convivencia festiva. Súrtase de comida y bebida para ir tirando, y no se olvide el agua. Si piensa dormir, aunque sea una horas, lleve algo que le sirva como almohada y son recomendables tapones para los oídos. Disfrute de las barras en la calle, de los bares, de la sidra, de todo lo que quiera y, si lo estima necesario, duerma un poco, porque a las 10.30 horas estaría bien estar viendo el desfile por las calles de Arriondas. Para esa hora llegan los trenes selleros a Arriondas, desde Oviedo y desde Ribadesella. Si Revilla está en el palco de autoridades durante el desfile, botará cuando se lo pidan. Hágalo. Y es una oportunidad única para ver a nuestros políticos con montera picona, chaleco y collar de flores, el uniforme oficial del Sella. Los sombreros de marcas comerciales, aunque quiten el sol, dicen los expertos que deberían abolirse. Llévelo si quiere, pero los clásicos le mirarán mal. Porque el Sella es más que una tradición, para los selleros auténticos es una religión instaurada por Dionisio de la Huerta y un grupo de amigos en 1929 y, si quiere vivir la fiesta y formar parte de ella, es mejor integrarse que conseguir que le miren como a un bicho raro. Después del desfile, a las 12, y este es el momento más espectacular de la jornada, se lee la salida en verso –la misma que leía el propio Dionisio con su voz quebrada– y el himno de Asturias, el ‘Asturias patria querida’, además del cañonazo de rigor –recuperado varios años después de que un ‘pequeño’ accidente volase parte de una casa en 1974 durante las fiestas del Carmen en Arriondas– darán la salida en el río a los palistas. Si a estas alturas no se le han puesto los pelos como escarpias es que aún no ha logrado vivir la fiesta. Pero puede seguir intentándolo en años venideros."

De Les Piragües habremos de hablar abundantemente cuando lleguemos al Sella, o más concretamente al puente riosellano, su emblemática meta. De momento aún no vemos el río pero sí su caja abierta entre las montañas al sur, frontera con el concejo de Cangues/Cangas de Onís a la izquierda y con el de Parres a la derecha

Ahí tenemos de nuevo el Monte Moru con La Corona Castiellu a la derecha y El Colláu Castiellu con La Corona a la derecha, topónimos tan parecidos que parecen idénticos. También a la izquierda y algo más lejos vemos el monte de Llordón, que cae sobre el Sella, en las estribaciones occidentales de la Sierra Escapa, abrupta crestería de ásperas laderas por cuya cresta discurre la divisoria de aguas canguesa y riosellana. Viene a ser la prolongación natural al norte de la Sierra de Santianes y al oeste de la de Cuana, si bien estas denominaciones suelen aplicarse a toda la montaña lo que da pie a ciertas confusiones 

Aquí están alguna de las casas de El Pandal, en Oreyana, barrio al norte de Collera, famoso por su campo de fútbol, donde juega el Ribadesella Club de Fútbol, junto al que pronto pasará el Camino, antes de subir a San Antoniu y entrar el el casco urbano por La Estación. Se trata de un lugar en el que se ve la transición de lo rural a lo residencial en los arrabales de la villa

Muestra de la presión urbanística vivida en el oriente asturiano fue el plan para construir aquí más de 1.000 nuevas viviendas entre la estación, el estadio y Espina, el cual afectaría mismamente al Camino de Santiago, proyecto que fue rechazado y del que daba de esta manera la noticia Juan García para El Comercio el 8-8-2007:

"El Ayuntamiento de Ribadesella ha rechazado y denegado el Plan Parcial de Oreyana presentado por la promotora Coto de los Ferranes, propietaria del 83% del terreno urbanizable incluido en ese sector de desarrollo urbanístico. 
La Comisión Municipal de Gobierno, integrada por concejales del PSOE e IU, adoptó esa decisión de forma unánime y sin fisura alguna, amparándose en los informes negativos presentados por los servicios técnico y jurídico del Ayuntamiento. Según esos informes, el plan incrementa la superficie y la edificabilidad del suelo, alterando incluso su clasificación urbanística. 
El Plan Parcial de Oreyana pretendía levantar 1.160 nuevas viviendas en una superficie superior a 458.000 metros cuadrados de terreno, 65.000 metros más de los que vienen recogidos en la vigentes Normas Subsidiarias del Planeamiento Urbanístico. En esa «desmesurada» ampliación quedan recogidos 50.000 metros de pronunciada pendiente y difícil desarrollo situados al sur de la actuación, una parcela de 3.000 metros situada junto a la estación de FEVE actualmente reservada para equipamiento público y algo más de diez mil metros al norte, en la zona de Espina próxima al acantilado y playa de Arra, calificados como Suelo No Urbanizable de Costas e incluidos en el Plan de Ordenación del Litoral Asturiano (POLA). Un plan parcial que en definitiva y según el concejal de urbanismo, Francisco Vázquez, «pretendía una modificación encubierta de las normas, motivo suficiente para rechazarlo». 
Pero es que además, según el concejal, el documento presentado por la promotora está «vacío de contenidos». Su memoria informativa es «muy escueta», en opinión del arquitecto municipal. El plan no tiene en cuenta ninguna de las infraestructuras existentes en la zona (viales o línea de ferrocarril), ni las redes de servicios existentes y tampoco hace mención alguna a que el ámbito de actuación es atravesado longitudinalmente por un elemento cultural tan significativo como el Conjunto Histórico del Camino de Santiago. «Además, en él se incluyen como propios terrenos de titularidad pública y no se especifica la propiedad del suelo que tampoco es suyo», añadió Vázquez. 
La relación de carencias aún es mayor. El plan no define las zonas en las que se prevé el suelo correspondiente al 10% de cesión al Ayuntamiento, ni parcelación, ordenación geométrica de manzanas, ni ordenación volumétrica alguna. Tampoco se especifican los espacios de uso público o de equipamiento comercial, ni los refuerzos a realizar en los sistemas generales. A su vez, no se recogen los plazos establecidos para cada una de las fases de obra o para dar cumplimiento a la cesión de suelo, ni nada se explica sobre las soluciones previstas para la red viaria interior del sector y su enlace con el viario general, la carretera comarcal AS-263. 
Por último, el plan presentado tampoco contiene la documentación preceptiva que permita llevar a cabo un proceso de evaluación ambiental ni los estudios sobre la repercusión que tendrá sobre el tráfico rodado en la villa o sobre los recursos hídricos disponibles..." 

Cruzando la vía, vemos ya muy cerca las casas de la carretera, donde cruzaremos la AS-379 para bajar al campo de fútbol

Más lejos de las casas, si los eucaliptos no han crecido mucho, podremos ver la mansión de la Finca San Antoniu, fácil de reconocer por las dos grandes palmeras que tiene enfrente de su fachada este, con gran galería en su piso superior. En las inmediaciones se encuentra la Cueva San Antoniu, con restos de conchas y un caballo pintado en negro en una de sus paredes, descubierta en 1912 por el arqueólogo Eduardo Hernández-Pacheco. Es Bien de Interés Cultural desde 1985 y por ello el lugar goza también de especial protección

Dejamos pues Espina y entramos en Oreyana, quedando a nuestras espaldas ya La Peñe les Pandes y Sierra la Cueva Negra, que se extiende, paralela a la costa, entre los ríos Sella y Nueva



El topónimo Oreyana parece venir de un antropónimo o nombre de persona, muy posiblemente romano o altomedieval, pues figura en la diplomática del medievo como Oreliana


Otra maravillosa vista de las sierras paralelas al este del Sella, asomando en la distancia, en medio de la foto, la aldea de Collera, la cabeza de esta parroquia homónima, donde estuvo el desaparecido monasterio de San Martín que organizó en buena parte el territorio altomedieval de Melorda, el cual se cree se encontraba entre Collera y la vecina aldea de Meluerda (la que conserva el nombre del antiguo territorio), en el lugar de El Retiro, situado un poco más al este, en El Camín de Misa


El territorio pasó a depender del naciente alfoz riosellano con la fundación de su puebla hacia 1270, pero en 1308 y como pago a sus cambiantes fidelidades, el rey Fernando IV cedió tierra y villa al conde de Noreña Rodrigo Álvarez de las Asturias, cuyo último descendiente falleció en 1926 en la casona de El Colláu, según leemos en La noble historia de Collera, reportaje de Patricia Martínez para La Nueva España publicado el 21-11-2012:
"Aquel primer noble era, además de Mayor de Asturias, «Señor de Noreña, de Trastámara y padre adoptivo del Rey Enrique II de Castilla», enumera Serrano. Gran amante de la historia local, el empresario de la «Destilería Los Serranos» señala que «han pasado muchos siglos y sigo fiel a mi pensamiento, en el deseo de que conserve aún el eco de las campanas de su viejo monasterio, donde seguro que su sonido inclinó a la oración a miles de lugareños, reyes, obispos, guerreros, ilustres personajes o peregrinos camino a Santiago».

Pero no se acabó entonces la relevancia social de Collera, sino que hay constancia de que a comienzos del siglo XVII ya funcionaban las escuelas y la iglesia. En el caso de las primeras, Serrano refiere «datos del año 1661 que, en busca de un maestro, habían nombrado a don Pedro González con un sueldo de 1.300 reales». También existe evidencia escrita de la iglesia en aquel tiempo e incluso antes, pues en la década de los treinta de aquel siglo «ya había enterramientos en el interior del templo», como explica el párroco actual, Eusebio González.

Con el siglo XIX llegaron, como a buena parte del municipio y de la comarca, las emigraciones a las Américas y en Collera «existieron vecinos notables que, emigrantes en su vuelta a la aldea, reformaron la iglesia y las escuelas, como los hermanos Ramón y Antonio Quesada Soto, en su día alcalde de la Habana». En honor de Antonio Quesada, tío abuelo de Serrano, están dedicadas las palabras del mural de cerámica de Collera, en el que aparecen los dos edificios con los que contribuyó, la iglesia y las escuelas. El empresario también recuerda a «Francisco, Manuel y José Escalante, el citado don Eduardo y mi bisabuelo Bernardo Llano, industrial que ya destilaba enviando su aguardiente a las Américas». El abuelo y el tío de Serrano pusieron en marcha una fábrica en 1895 en el municipio toledano de Quintanar de la Orden, después abrieron una sede en Oviedo y en 1960 «Destilerías Los Serranos» llegó a Collera. El empresario subraya que la localidad «sigue con su actividad creadora, donde destaca su ganadería, su huerta, sus empresas de destilerías, pintura y carpintería, hoteles y restaurantes».

En uno de ellos, en La Chopera, trabaja Jairo Cueto, quien también preside la asociación de festejos, integrada por siete jóvenes del pueblo y encargada de organizar las dos fiestas, San Antonio y La Esperanza. La juventud de Collera también ha creado un grupo en la red social Facebook en el que piden «colaboración y que se solucione» el acceso al pedral de Arra, que lleva seis veranos consecutivos cerrado por un argayo. Cueto explica que hay mucha gente estudiando fuera, aunque «en verano sí hay movimiento».

Ana María Bode es la alcaldesa pedánea de Collera y señala que en el pueblo están «muy contentos con el Ayuntamiento de Ribadesella». Entre las últimas obras que han realizado, Bode enumera el arreglo del camino que llaman «El de misa», el antiguo lavadero, que data de 1947 y se rehabilitó el pasado verano, una tubería de agua que iba por la carretera y el lugar donde están los contenedores de basura, entre otras"

Efectivamente, Collera es aldea famosa hoy en día por ser el solar de la célebre destilería Los Serranos, licores artesanos, licores, aguardientes y anisados de Asturias, fundada en 1880. Por aquel entonces, Bernardo Llano, abuelo de Carmen, madre de Los Serranos, se inició en la toledana población de Quintanar de la Orden en la destilación, gracias una fórmula heredada de los monjes del monasterio del lugar, y puso en marcha sus propios alambiques, exportando sus destilados a América. El resto de la historia la plasmamos tal cual de su página de empresa:

"Por parte paterna, La Familia Serrano a través de los Hermanos Francisco y Julián Serrano López-Brea, tío abuelo y abuelo de los actuales, fundan en el año 1895 en Oviedo, Anís de la Asturiana. Años más tarde, en 1915, instalan otra nueva en Quintanar de la Orden (Toledo) en unión de una fábrica de alcoholes como creadores de su propia materia prima.
Más tarde, en 1960 Emilio y sus hijos Emilio, Julián, Ramón, Javier y José Luis abre otras nuevas destilerías y bodegas en San Martín de Collera. Le dan a esta nueva industria el encanto de elaborar sus fabricados con productos cultivados en la zona y un surtido de licores tales como: manzana, guindas, avellanas, hierbas, anisados y otros, sin olvidarse de impulsar el Aguardiente de Sidra, del que más tarde logran por su gran calidad el reconocimiento de la Comunidad Europea. 
La preocupación constante de Los Serranos por elaborar productos naturales, les lleva a conseguir en 1989 el Reconocimiento Europeo de Calidad por su aguardiente"


El 13 de enero de 2020 El Comercio publica una extensa entrevista con el empresario Emilio Serrano y firmada por Miguel Rojo y titulada "Los alambiques fueron mis maestros", de la que extraemos algunos retazos que plasman esta historia...
"Es amable en el trato, cauto, cuidadoso a la hora de elegir sus palabras. Emilio Serrano San Martín de Collera, 1933) es enseña del empresariado asturiano: su familia de destiladores levantó marcas como Anís de la Asturiana, Tico-Tico y Los Serranos, que desde su fábrica riosellana sigue comercializando licores por toda España. Impulsor del turismo en Asturias, es uno de los que dio el visto bueno al eslogan de ' Asturias, Paraíso Natural' (...)
-Estudió Ciencias Náuticas en Barcelona, pero acabó destilando licores en Ribadesella. ¿Qué le llevó a cambiar el agua del mar por el goteo incesante del alambique ?

 -Me llevó a ello la marcha de mi abuelo y mi padre de Anís de la Asturiana para fundar unas nuevas destilerías en Madrid y Ribadesella. Ellos no querían que la tradición se perdiera y me incliné por la decisión familiar. No me arrepiento, la destilación hizo de mí un observador paciente y los alambiques fueron mis profesores y maestros en muchas de mis decisiones a tomar. Sin duda que siento la nostalgia de lo que el mar me hubiera dado. Llegué a la conclusión que tanto en tierra como en mar nunca hay calma del todo. Y en uno y otro lugar la felicidad se encuentra cuando se vive con intensidad el tiempo que se ama. Hoy mar y alambiques son en mi vida fieles compañeros. Por ello agradezco a mi abuelo Julián, mi padre Emilio y mis tíos Juan y Víctor que me integrasen en el campo de la destilación. 
-¿Cuál es su primer recuerdo relacionado con destilería? 
-De muy niño. Primero en Oviedo, luego en Quintanar de la Orden, en Toledo, con mi padre y mi abuelo. Acudía todos los días a llevarles el desayuno en una cesta que preparaba mi abuela y revolvía por todos los rincones de la fábrica. Anís de la Asturiana sigue en el mismo lugar y hace unos años regresé. Mis recuerdos afloraron de nuevo a aquella época infantil donde empecé a conocer los milagros y misterios que la destilación encierra en esa paciencia que el alambique sabe ofrecer a quien lo maneja de por vida. 
-Fue su padre quien regresó a Ribadesella en 1960 con el Anís Tico- Tico. ¿Qué le hizo volver? 
-Los orígenes en el oficio de destilador vienen en mi familia desde siglos. En mi aldea existía el Monasterio de San Martín de Tours y uno de mis antepasados maternos, Miguel Llano, corrido el año 1700, ya conocía a través de los monjes los secretos de la destilación del aguardiente de sidra. Años más tarde, mi bisabuelo Bernardo, junto con los Hermanos Blanco, cogió el testigo y desde sus magnificas destilerías de Ribadesella lo dieron a conocer en Europa y América, llegando a tener barcos de su propiedad para su comercialización. Es coincidencia que, por parte paterna, en el año 1895, los hermanos Francisco y Julián Serrano, mi abuelo, fundaran en Oviedo Anís de la Asturiana y posteriormente otra destilería en Quintanar de la Orden en 1916 para atender el mercado central de España. Más tarde, a partir de 1949, se disgrega la familia y aparecen otras marcas: La Asturiana sigue en Quintanar, La Praviana y S3 en Oviedo, Tico-Tico en Madrid y Los Serranos en Ribadesella. Como puede apreciar, ejercer de destiladores fue, es y confío en que seguirá siendo el futuro familiar. 
-Después se puso al frente de Los Serranos junto con sus hermanos Julián, Ramón, Javier y José Luis. ¿Qué recuerdos guarda de aquellos primeros años?. 
-Fue en el año 1960 cuando sobre los terrenos que en 1880 mi bisabuelo tuvo su destilería se instalaron Los Serranos. Existía ya una larga experiencia y sobre ella se empezaron a destilar, además del anís y el aguardiente de sidra, otros nuevos elaborados de menos graduación que el mercado solicitaba: licores de guindas, hierbas, avellana, melocotón, miel y que hoy siguen siendo actualidad. La familia, ya en la quinta generación, y los herederos que hoy se ocupan, Cristina, Emilio, José Luis y Víctor, siguen el ejemplo de sus antepasados. Mantienen la fe del consejo heredado conservando la tradición, reforzada con la innovación de los nuevos tiempos. Aquellos primeros años fueron muy ilusionantes (...) 
-Sé que anda con un nuevo libro. ¿Puede adelantarme qué recuerdos está destilando ahora? 
-En esta ocasión son dos. Uno ya está terminado. Es una colaboración compartida con la Fundación Valdés-Salas. Tras una muy amplia colaboración con los catedráticos de Economía Joaquín Ocampo y Joaquín Lorences se unieron el catedrático de Organización de empresas Esteban García-Canal y la profesora de Historia Económica de la Universidad de Oviedo Patricia Suárez Cano. Se trabajó intensamente y se reflejaron multitud de datos de empresas españolas y asturianas, con especial atención a la nuestra. El libro lleva por título 'El caso Destilerías Los Serranos'. A primeros de este año saldrá de imprenta el segundo, 'Brisas de mar y silencios', que es un poco cajón de sastre de mis artículos y charlas"

Años antes, en 2008 y con motivo del centenario de la destilería, el gastrónomo Pepe Iglesias publicaba este artículo dedicado a Los Serranos en su Enciclopedia de Gastronomía:

"Celebrar el centenario de una empresa puede resultar un acto más protocolario que informativo periodísticamente hablando, sin embargo cuando esta empresa lleva cien años fabricando licores y aguardientes exclusivamente mediante la destilación de productos naturales como son las frutas y la sidra, el acontecimiento se convierte en noticia porque desgraciadamente las sobremesas españolas se han convertido en esta última década en un verdadero escaparate de mariconadas sintéticas con nombres anglosajones y fabricadas vaya usted a saber donde.

Hace unos diez años irrumpió en España el aguardiente de pera Williams, una verdadera delicia pero que costaba un ojo de la cara porque se elaboraba mediante la destilación de mostos fermentados, o sea de vino de pera.
Luego llegaron los sucedáneos y algunos clientes se asombraban de como una copa de aguardiente de verdad, por aquel entonces tampoco se llevaba esa moda de los chupitos, costaba 1.000pts, mientras que una de esa nuevos licores "ligth" se servía a 100pts. 
Hoy esos sucedáneos, licores sintéticos, han ganado la batalla y quizás socialmente sea justo porque así cualquiera puede endulzarse la boca con un chupito de manzana, pero gastronómicamente es una verdadera aberración, una infamia.
Sin embargo Emilio Serrano es uno de esos Quijotes que aun se pasean por los caminos con su lanza en ristre en busca de gigantes camuflados de molinos y si bien se ha llevado más de un revolcón por defender el honor de su Dulcinea licorera, también hay que decir que ha hecho blanco en alguna ocasión dejando al Goliat de la administración con sus partes al aire. 
En su destilería familiar de Collera, Emilio y sus hermanos preparan auténtico Calvados, o sea brandy de sidra y de una calidad tan excepcional que presentado ante el comité de análisis enológicos de la CEE, en el 1989 consiguió brillantemente superar las pruebas para lograr la inscripción oficial del Aguardiente de sidra de Asturias junto a los ya famosos Calvados y Eau-de-vie de cidre de Bretagne, Maine y Normandie ( Diario oficial de las Comunidades Europeas, Nº L 160/16 del 12/6/89).
Nadie le apoyó en su gesta, nadie le financió sus costosos estudios del producto ni le facilitó la gestión burocrática, pero Asturias ya tiene a su alcance una denominación de origen europea y con una normativa estricta de calidad. 
Claro que ahora quieren subirse al carro muchos espabilados que intentan presionar a Los Serranos para que transijan con la flexibilización de las normas de calidad que el superó, pero Emilio exige al Indo que estas se cumplan si quieren abrir una D.O.: "Si quieren aprovecharse de todo mi trabajo y mi inversión yo se lo pongo a su disposición, pero cumpliendo a raja tabla las condiciones de calidad. Si quieren vender basura sintética amparada por una D.O. fraudulenta, que vayan a buscar primos a otra parte."
Cada año Emilio recorre toda España para comprar sus guindas (el anís de guindas es una de sus especialidades) avellanas, manzanas y melocotones, que luego pondrá a macerar en depósitos de acero dotados de la más avanzada tecnología.
También compra sidra a los lagareros de la Nava y de Villaviciosa que luego destila pacientemente en los mismos alambiques de cobre que hace cien años su abuelo instaló en la preciosa aldea del concejo de Ribadesella y después deja reposar esas holandas en barricas de roble hasta que adquieren su clásico color natural de brandy, lo que se conoce como Calvados. Para cada litro de Calvados hacen falta seis de sidra, lo que hace de este aguardiente un brandy de alto precio, pero lo bueno se paga y como dice Emilio: "En una comida por la que pagas mil duros ¿cómo es posible que te regateen las diez pesetas de diferencia que puede haber entre un aguardiente natural de los míos y uno de esos sintéticos con que suelen obsequiarte?" 
Pues sí D. Emilio tiene usted razón, es como colgarle a un santo dos pistolas, pero en nuestra hostelería pasan cosas muy peregrinas. En cualquier caso y creo que en nombre de todos los aficionados a la buena mesa, acepte usted mis felicitaciones por este centenario y por favor, siga usted haciendo aguardientes naturales con guindas de verdad, manzanas, avellanas, melocotones o lo que pille, pero como hasta ahora, a golpe de alambique, con calma y sin frasquito"

La Peñe les Pandes va quedando atrás, a sus pies, entre Oreyana y Collera existe el topónimo La Barquera, un lugar también llamado Armazones, topónimo de delata haber sido lugar de construcción de barcas para el secular paso del Sella antes de la existencia de puentes


A nuestra izquierda vamos viendo cada vez mejor la carretera AS-379, que hasta agosto de 2019 fue la AS-263, por lo que es posible que en alguna guías, libros, blogs y mapas aún aparezca con su antigua nomenclatura. Más antiguamente fue la N-634, la antaño popularmente conocida como la Ribadesella-Llanes (o la Llanes-Ribadesella) según se mire, cuya construcción transformó en vía local y pecuaria este el antiguo Camín Real de la Costa


Allí, con una magnífica vista a La Peñe les Pandes al este, que ya va quedando atrás, está el restaurante La Cerezal, uno de los templos gastronómicos riosellanos a los que antes nos habíamos referido, regentado por Olegario García y su esposa, la gran cocinera Mª Ángeles, tal y como leemos en Guía Repsol:
"Saliendo de Ribadesella hacia Llanes, en la carretera AS-263, es fácil toparse con una amplia casa que alberga 'La Cerezal', un restaurante muy popular en la zona por su especialidad: el arroz con bogavante. Olegario García lleva el negocio junto a su mujer María de los Ángeles Villa –alma de la cocina– y sus dos hijos, Alejandro y Pedro. "Somos la tercera generación", dice Alejandro, mientras recuerda cómo fueron sus abuelos los que iniciaron el negocio familiar a unos 80 kilómetros de Ribadesella, en el pueblo de La Cerezal, que hoy da nombre a esta casa de comidas."

Nuestro camino, que es aquí carretera local a Arra, Espina, Argunadieyu y El Infiernu, pasa al lado que eleva el trazado ferroviario a nuestra derecha. Sobre este muro, que en su momento parece debió se ser reparado, se extiende el balasto o base de piedras sobre la que se asienta la vía. Pero mejor definición es la que hace el Diccionario Ferroviario:
"Lecho de material granular pétreo (silíceo o calizo) de fácil drenaje, que se tiende sobre la explanación de la vía para asentar y sujetar sobre ella las traviesas y cuya función es evitar que la vía se mueva y contribuir a la distribución del peso de los trenes"

Estamos además muy cerca ya de la estación, que veremos justo a la entrada del casco urbano riosellano

Mirando a la izquierda veremos ahora, detrás de La Cerezal, El Cuetu Tresmonte por su cara oeste. Más allá las casas de L'Arrionda

Y más lejos aún y continuidad de La Peñe les Pandes y Sierra la Cueva Negra, el mítico y mitológico Picu Mediudía, cuyas tradiciones marianas y otras tanto entusiasmaron a los peregrinos según pasaban por Villah.ormesLa Venta CastañedaNuevaPiñeres y Pría...

De frente, llegamos las casas del cruce con la carretera: hemos de estar especialmente a la entrada de vehículos, a veces muy frecuente, rumbo a los acantilados

Vemos a unos peregrinos caminar por el arcén: como hemos dicho, en este lugar habremos de cruzar la AS-379 al otro lado hasta la bajada al estadio de fútbol, que empezamos a ver desde aquí, abajo a la izquierda de la foto. Arriba y casi oculta por el arbolado, la finca San Antoniu

Muchas casas han sido restauradas o reformadas y destinadas a vivienda vacacional o segunda residencia. Ya en 1970, en la primera edición de la Gran Enciclopedia Asturiana, se dice así del turismo en Ribadesella:

"región de creciente nivel turístico (...). En efecto actualmente en Ribadesella constituye el turismo una importante fuente de riqueza. Zona de veraneo por excelencia, presenta este concejo numerosos alicientes al visitante, que durante la estación estival acude a su circunscripción en busca de las múltiples posibilidades de recreo que se le ofrecen"

La carretera, la que luego sería N-634, más tarde AS-263 y ahora AS-379 se hizo, coincidiendo más o menos con el ferrocarril, empezando el siglo XX y sería la principal vía de tránsito de vehículos y comunicación entre Asturias, Cantabria, País Vasco y Francia hasta la culminación de la Autovía del Cantábrico (A-8), que la sustituyó

Al llegar aquí hemos de extremar al máximo la precaución, a pesar de la autovía la carretera sigue teniendo muy intenso tráfico, especialmente en verano, a veces casi masificado coincidiendo con días de playa y fiestas

Además, hay que cruzar justo donde un largo tramo recto de su trazado hace un poco de curva antes del casco urbano de Ribadesella/Ribeseya, por lo que hay, justo enfrente, un tramo de visibilidad relativamente limitada, como podemos comprobar

Casi hay que ir tanteando, mirado a ambos lados, para cruzar al otro lado y emplear para continuar el arcén izquierdo, como es preceptivo. En nuestra opinión se hace muy necesaria la instalación de señales lumínicas que adviertan a los conductores del paso de peregrinos, a veces especialmente continuo también en verano, que es cuando la mayor parte de la gente dispone de vacaciones o descansos para hacer el Camino

Ya al otro lado vemos este pequeño valle en el que se asientan algunas casas y el campo de fútbol cerrado al oeste por el monte de Los Armazones, justo al norte de La Barquera

El arcén no es muy ancho pero algo es algo: urge solucionar este grave inconveniente que se encuentran los peregrinos a la entrada de Ribadesella/Ribeseya, por el bien, seguridad y tranquilidad de todos

Sobre nosotros las casas de Arvidel, antesala de la villa y paso a dicha playa y Pedrales: paralela a la carretera la vía del tren, que sigue más elevada que esta. Como curiosidad hemos de decir que existió un proyecto (año 1906), nunca hecho realidad, para comunicar por ferrocarril directamente la villa con Gijón/Xixón, el Ferrocarril de las Cinco Villas, pues además de Ribadesella/Ribeseya iría por Caravia, Colunga y Villaviciosa. Pese a hacerse los pertinentes estudios y otorgarse las oportunas concesiones nunca llegó a materializarse

Los altos postes de los focos de iluminación delatan el lugar en el que se encuentra el Estadio Oreyana, una buena referencia visual para nosotros pues poco más adelante bajaremos a él dejando la carretera

Es el campo de fútbol del Ribadesella C.F., equipo fundado en 1949 y que a los dos años de fundación disputaría su primer partido internacional, una historia muy poco conocida, pues se trataba de "los tripulantes del buque holandés Elsemburgh, buque que fue cargado con mineral de hierro procedente de Vidiago y con destino a Rotterdam. Ganaron los riosellanos por 4-3" según leemos en la revista La Plaza Nueva nº 50 (año 2020)  de la Asociación de Amigos de Ribadesella

 Hasta 1988 el Ribadesella jugó en categorías regionales, su primer ascenso a Tercera división ocurrió en la temporada 1987/88 tras lograr el tercer puesto de la Regional Preferente el año 2001/02 consiguió un efímero ascenso a Segunda División B tras eliminar en la liguilla de ascenso al Betanzos F.C., a la U.D. San Sebastián de los Reyes y a la Gimnástica Segoviana. Descendió al año siguiente, volviendo a Tercera División, tras acabar colista del grupo 1 de Segunda B. Leemos en Wikipedia:

"En los últimos años, problemas institucionales​ y económicos han hecho que el equipo descendiera dos temporadas seguidas desde Tercera División hasta Primera Regional. El club sigue inmerso en diversos problemas, lo que ha provocado que en los últimos años haya estado cerca de su desaparición"

Más allá, sobre estos tejados, divisamos las casas de Valpiñuela, dedicadas al turismo rural, apartadas del casco urbano pero a un kilómetro escaso del centro de la villa


Más allá de San Antoniu son los montes de Los Armazones, El Barrial: al otro lado está el citado lugar o aldea de La Barquera, barrio de Collera póximo al Sella


La Corona Castiellu y la cumbre de La Cruz, en Monte Moru asoman sobre el encinar en El Camín del Fuerte


Atención, en esta pista hormigonada que baja a la izquierda dejaremos la AS-379 para bajar al campo de fútbol

Realmente no se adelanta nada en sí, porque luego de bajar habremos de volver a subir de nuevo a la carretera por la entrada a la finca San Antoniu pero al menos nos aparta del sufrido asfalto y del tráfico durante un bello tramo que culmina en un bosque

Esta sería la continuidad del viejo camín real costero, según leemos en el antes mencionado libro El Camino de Santiago por Asturias. Topoguía 2. Ruta de la Costa:

"... hasta la llegada a Ribadesella se conservan algunos retazos del antiguo trazado en las inmediaciones del campo de fútbol y de la estación de ferrocarril"


Este tramo recuperado si bien un poco más largo, nos libra de la carretera un buen trecho. Aquí acaba el suelo de hormigón y comienza el de hierba y tierra. De frente el monte Los Armazones


Nos encaminamos rectos hacia el Estadio Oreyana, con capacidad para 3.500 espectadores y que dispone de dos pequeñas gradas cubiertas, una en un lateral del terreno de juego, con los colores del club, y la otra en el fondo tras la portería norte. El suelo del campo es de hierba sintética y la superficie total del estadio tiene unas dimensiones de 104 x 69 m


El Camino llanea: a la derecha un campo de frutales y a la izquierda un prado de pasto. Sobre el estadio una gran plantación de ocalitos sustituye a las autóctonas encinas. Un bello tramo del Camín Real de la Costa por la campiña de Oreyana, a escasos metros ya del Sella


Caminamos en dirección sur: vemos a la izquierda la Sierra Escapa con el Mofrechu y toda la línea de montañas al este del Sella que nos ha servido de referencia geográfica durante los tramos anteriores, viniendo de Nueva, Pría, Cuerres y Toriellu


Por las montañas existían y existen, como en los valles, pasos entre la costa y el interior, a través de sus puertos, pero únicamente eran empleados, secularmente, por los pastores hacia sus majadas o por algún viajero ocasional que por alguna razón deseaba eludir los caminos principales


Al acercarnos al campo del Ribadesella no podemos por menos recordar las emociones de aquel año del ascenso, el memorable 2002, cuando era entrenador el renombrado Josu Uribe y el campo aún era de hierba natural. Era el 30 de junio la última jornada y un golazo desde fuera del área de Entrialgo frente al Betanzos supuso el triunfo y el ascenso, desbordándose la alegría el entusiasmo


Aquel año, visitaron Oreyana equipos como el Real Madrid B, el Pontevedra o la Cultural, entre otros de esa categoría, pero la euforia duró poco, pronto llegaron las derrotas y el descenso. Años atrás el equipo había vivido ya sus mejores tiempos, aquel ascenso a Regional Preferente también muy recordado por los más veteranos, a los que el corresponsal Juan García dedicó este reportaje para El Comercio, publicado el 7-5-2019 y titulado Los veteranos del Ribadesella reviven su época dorada:
"La segunda mitad de los años 70 fue una época dorada en la historia del Ribadesella C.F. Los mayores del lugar la recuerdan por los dos ascensos consecutivos logrados bajo la presidencia de Claudio Valdés y la dirección técnica de Custodio Gonçalves, 'El Portu de Colunga'. Entre 1976 y 1979 el equipo pasó de la Segunda Regional a la Regional Preferente con unos resultados espectaculares. De hecho, el segundo ascenso se consiguió con 96 goles a favor y tan solo treinta en contra gracias a una plantilla que atemorizaba a sus rivales. Buena parte de aquellos jugadores y de su directiva se reunía este fin de semana en Ribadesella para recordar aquellos tiempos pasados.

El promotor del encuentro fue Fernando Magalhaes 'Nani', hijo de 'El Portu', que recuerda con nostalgia unos años que vivió desde la perspectiva de un niño que acompañaba a su padre a partidos y entrenamientos. «Yo disfruté de aquello al máximo, para mí fue como una aventura», explicó. El propio 'Nani' tiene memorizada aquella plantilla como si fuera hoy. Como portero 'El Pilu' de Colunga. De laterales, Molleda y Mundo. En el centro de la defensa, José y Juan Carlos. En el medio del campo, Carús, Artidiello y Roberto. Y en la delantera, el trío de goleadores: Germán, Gustavo y Fran 'El Médico'.

Hace dos años, algunos de estos veteranos jugadores le ofrecieron un pequeño homenaje al que fuera su guía deportivo y entrenador. En el marco de una comida le entregaron una placa y reloj de recuerdo. Dos años después se han vuelto a reunir, «pero esta vez aún fue más emocionante gracias a la presencia de Claudio, el presidente, y otros miembros de aquella directiva», destacó Nani. En total fueron cerca de cuarenta los que se reunieron en El Ancla. Solo lamentó la ausencia del popular hostelero Sebas Fernández, otro miembro de la directiva fallecido en septiembre de 2013.

El Ribadesella contaba por aquel entonces con más de 350 socios y cada partido que jugaba en casa solía reunir a alrededor de 1.500 espectadores. Eran tiempos de esplendor deportivo y bonanza económica con primas impensables en la actualidad. Tras el ascenso a Preferente, la directiva los premió con un viaje a Portugal. «Hasta Oporto se fletó un autobús entero y allí estuvieron una semana de hotel con partidos amistosos, homenajes y una fiesta que duró siete días», recordó Nani.

Con el paso de los años, el club volvió a vivir su segunda época dorada, la del ascenso a la Segunda B (2002) bajo la presidencia de Ramón Soto y Josu Uribe en el banquillo. Sin embargo, desde que en el año 2011 dejó la Tercera División, no corren buenos tiempos por Oreyana. El equipo sigue haciendo el ascensor entre Preferente y Primera Regional. De hecho, este fin de semana bajaba a la Primera, una desilusión ligeramente compensada con el ascenso del equipo prebenjamín"

Los años de crisis hicieron que en el año 2021 dimitiese el presidente del club, Miguel Codesal, sin relevo ni candidatos, por lo que se constituye una junta gestora encabezada por cinco personas, entre ellas dos jugadores en activo, David Pérez (Davo), y Cristian Cuanda, la cual se completa con tres autónomos y empresarios, todos ellos comprometidos con los anteriores a evitar la desaparición del club, Jorge Martínez, Javier Rojo y Juan Carlos Fernández


Llegados a la explanada del estadio, nos dirigimos a la derecha


Fijémonos en las flechas amarillas pintadas en el muro exterior de la grada norte


La explanada forma una ancha calle asfaltada que se prolonga en dirección oeste hacia la entrada principal


Allí están las arboledas de Valpiñuela, por donde subiremos a San Antoniu, a las puertas de la población

Pasamos el portón de acceso y en el cruce con el ramal asfaltado que constituyen el acceso principal al campo seguiremos entonces de frente, empezando a subir

El lugar suele ser muy apacible y tranquilo, casi solitario, a excepción de los días de partido, entrenamientos, etc.

Y así iniciamos el ascenso por esta bello bosquete en el que los árboles autóctonos alternan con los ocalitos

Se trata ya del último repecho antes de entrar en la llamada villa del Sella, no demasiado pronunciado pero sí lo suficiente para los ya mortificados huesos y músculos de muchos peregrinos que, en no pocos casos, ya llevarán bastantes horas de camino, y unas cuantas etapas atrás si han comenzado, como es preceptivo, el Camino Norte en Bayona o en Irún

Pese a la subida, el trayecto es precioso y apacible, agradeciéndose su sombra en días de verano y de inmenso calor

Y ya vemos de nuevo arriba la carretera, a nuestra derecha, a la que como hemos dicho vamos a volver a salir tras dejar atrás Oreyana

Aquí se la conoce como La Carretera la Estación. Sobre ella, las casas del camino de El Pedralín y Arvidel

El Camino es una vieja mezcla agrietada de lo que parece hormigón o cemento y asfalto. Por suerte no suelen pasar vehículos por él. Fijémonos en la vieja muria de piedras de la derecha y en la tupida ladera, casi selvática. Sin embargo comprobamos que las veredas suelen limpiarse y segarse en condiciones

Seguiría este antiguo Camino en 1790, el ilustrado prócer Gaspar Melchor de Jovellanos, realizando pesquisas industriales y mineras por el oriente de Asturias, si bien tal vez un tanto insatisfecho pues parece llegó a la población en mal día, a la que llegó a calificar de "lugar desprovisto", que de ser así, sería todo lo contrario de hoy en día, pues afirmaba que "sólo hallaos huevos; ni carne; ni leche, ni pescado, ni confitería"... lo dicho, al revés que ahora, que en este turístico enclave hallaremos buenas viandas por doquier, incluyendo las muy preciadas confiterías riosellanas

Sin embargo, anotaba Jovellanos en sus Diarios los yacimientos de carbón que iba encontrando en sus indagaciones por el oriente, para las que se basaba en un informe anterior:

"Minas de carbón contenidas en la representación o informe del Sr. Piles, de 24 de febrero de 1790:

En la hería de Ballota y Castro Molina, en el partido de Llanes.

En las parroquias de Ontoria y Pría en el mismo concejo (...)

En jurisdicción de Ribadesella; en el monte de Corvero y otras partes, a poca distancia de esta villa"

A pesar de ello estas minas de carbón de los alrededores de la localidad nunca serían explotadas, la minería riosellana vendrían después, con el plomo argentífero de San Esteban de Lleces a finales del siglo XIX y el espato-caliza en la parroquia de Berbes, al lado de Caravia. Las grandes industrias del concejo serían las conserveras



Rampa final de la cuesta, donde ya llegamos de nuevo a la AS-379 o Carretera la Estación, que pronto volveremos a cruzar

Esta carretera acaba abajo, en pleno casco urbano, en la N-632, que es la que pasa el puente del Sella. Pero antaño los peregrinos habían de dirigirse al otro extremo de la villa, a la capilla de Santa Ana, del Gremio de Mareantes, pues allí estaba la barca, casi en la boca de la ría, que cruzaba a los viajeros y sus mercancías al otro lado, al Arenal de Santa Marina, donde estaba la Casa de las Ballenas

Allí de frente tenemos El Puente San Antoniu, sobre el ferrocarril, barrio o lugar así llamado por la existencia de una antigua capilla de esta advocación a la entrada de este importante enclave portuario, pesquero, ballenero, artesano y comercial

Y esta es la entrada a la finca, diseñada por el arquitecto Maxi Blanco, promotor además de importantes iniciativas culturales en el oriente de Asturias. Entre otras iniciativas fue el creador del Museo de la Cerámica y los Relojes Basilio Sobrecueva, en la canguesa aldea de Muñigu, en plena ruta a Covadonga

Si nos acercamos a uno de los portones, una placa, colocada en 1998, lo recuerda. Fallecido el 20 de marzo de 2012, al día siguiente Ramón Díaz publica este interesante resumen de su biografía en La Nueva España:

"Cangas de Onís perdió ayer a uno de sus vecinos más ejemplares, respetados y queridos. Maxi Blanco del Dago, creador del Museo «Basilio Sobrecueva» de la cerámica y los relojes, fallecía a primera hora de la mañana. Aunque Maxi Blanco llevaba ya varios meses con problemas de salud, nada hacía presagiar su fallecimiento, que ha provocado hondo pesar en toda la comarca oriental, donde era muy conocido y estimado.

Blanco, que hubiera cumplido 64 años el próximo 8 de septiembre, día de la Santina, era arquitecto técnico -de ahí el apodo por el que era conocido, «Maxi, el aparejador»- e interiorista. Y también un destacado coleccionista: era dueño de una de las mejores colecciones de cerámica de España, con más de 2.500 piezas, algunas de ellas de incalculable valor; poseía una espléndida colección de relojes antiguos; y, además, había reunido la mejor colección de dibujos de Roberto Frassinelli, «El alemán de Corao».

Maxi Blanco, había sido designado «Asturiano del mes» por LA NUEVA ESPAÑA en septiembre de 1996, por su labor y entrega en favor de la cultura asturiana; en especial, por su principal proyecto, el Museo «Basilio Sobrecueva», que abrió el 2 de junio de 1995 en la localidad de Muñigu, muy cerca de Covadonga, y que cerró en 2004 por la falta de apoyos de la Administración pública, que se empeñaba en ver la instalación, en palabras del propio Maxi Blanco, «más como un negocio privado que como una entidad cultural». Ello a pesar de que el museo, además de su importancia ceramista, poseía una enorme riqueza bibliográfica, particularmente sobre Cangas de Onís y Covadonga, y otros objetos de enorme valor, como el cuadro «Coronación de Pelayo», de Madrazo.

Maxi Blanco, creador de una Escuela de cerámica en 1988, siempre tuvo en su cabeza que aquel cierre era provisional: quería abrir de nuevo el museo, en Corao, en la casona en la que residió Roberto Frassinelli, que el aparejador adquirió y reformó para tal fin. Hace unos meses, la Consejería de Cultura anunciaba que respaldaría la apertura, este año, del Museo «Basilio Sobrecueva» en Corao, mediante la firma de un convenio con Maxi Blanco. El aparejador cangués no ha podido ver cumplido su sueño."

El Puente San Antoniu pasa sobre la vía del ferrocarril al llegar al kilómetro 1 de la carretera AS-379. Volvemos a caminar por un arcén mientras vemos ya los primeros bloques de pisos en el barrio de El Fuerte, topónimo que recuerda las antiguas fortificaciones riosellanas para defensa de villa y puerto, reforzadas notablemente en 1574 a causa de la guerra contra Holanda

Allí está también La Estación, inaugurada el 20 de julio de 1905 a la vez que el ferrocarril, por entonces como hemos dicho de los Económicos de Asturias. Uno de sus ramales se dirige al Puente del Sella y solamente se emplea para el tren fluvial de Les Piragües, cuyo primer servicio se realizó en 1945, en plena posguerra

En la distancia y al oeste reconocemos muy bien la alta silueta caliza del Sueve con los 1.161 metros de altura del Picu Pienzu. Más a la derecha se adentra hacia el mar La Sierra del Fitu, dominada por las cumbres de Poares o Peña'l Fitu (629 m), Gobia (538 m) y La Cruz de Llames (598 m), frontera con Caravia y Parres. A la izquierda asoma la cima de La Peñe Pagadín (419 m), más pequeña pero más cercana

El Puente San Antoniu no puede decirse que sea una entrada pintoresca ni especialmente bella para entrar en una población tan emblemática del Camino Norte como es Ribadesella/Ribeseya ,pero es la que sigue con más fidelidad el recorrido del antiguo Camín Real de la Costa, itinerario de peregrinos, arrieros y viajeros durante milenios, cuyo trazado quedó cortado por la vía férrea en aquel ya lejano año de 1905. Poco más abajo, en El Portiellu, sí nos adentraremos en el centro histórico riosellano, con sus casas de época, edificios blasonados, plazas y soportales











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