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sábado, 28 de diciembre de 2013

LA MALATERÍA DE SAN LÁZARO DE PADRAIRA: CUANDO LEPROSOS Y PEREGRINOS COINCIDÍAN EN LOS CAMINOS (GRANDAS DE SALIME, ASTURIAS) SOBRE EL VALLE DEL RÍO DA OLA Y ANTE LOS PETROGLIFOS DE A XORENGA

San Lázaro de Padraira, la capilla de la antigua malatería, junto al Camino

En medio de un tupido y precioso bosque autóctonos de robles, castaños y otras especies, la capilla de San Lázaro de Padraira, al lado mismo del Camino, evoca las historias de los pobres malatos o leprosos, así como afectados por otros males de la piel considerados por entonces como la misma enfermedad, que se alojaban en el antiguo albergue-hospital en el que vivían, apartados, pero solo muy relativamente, del mundo, a cierta distancia de zonas pobladas por el riesgo del contagio, pero a la vez en pleno Camín Real de Galicia o Camín Grande que, como su propio nombre indica, fue el principal entre Asturias y Galicia por el interior hasta la construcción de las carreteras, muy posiblemente al menos desde los tiempos del cercano Chao Samartín, castro o recinto fortificado que dio nombre al pueblo de Castro, muy cerca ya de la frontera gallega, poblado desde las postrimerías de la Edad del Bronce hasta la del Hierro y bien avanzada la romanización

El Camino, saliendo de Castro a Padraira

Saliendo de Castro, el Camino cruza la carretera local a Llandepereira y Trabada, muy cerca del Museo del Chao Samartín y sigue al otro lado, adentrándose en un bosquete en la zona de El Freixe, caminando en dirección sur por la ladera del monte de A Pena Redonda en dirección a Padraira, pueblo por el que pasaremos por su zona más alta, El Devellón, a medio kilómetro de aquí aproximadamente


El Camino sube suavemente a la sombra de los árboles durante estos primeros metros al salir de Castro, tras un tramo bastante llano atravesando el pueblo: es la antesala de la subida a A Serra do Acevo, donde se encuentra el paso de Asturias a Galicia, a solamente unos diez u once kilómetros de aquí


El Camino avanza recto a la sombra del robledal, encajado entre viejas murias de piedra cubiertas de vegetación. Estamos a unos 20 kilómetros de A Fonsagrada, en alguno de cuyos albergues y otros alojamientos los peregrinos suelen acabar esta etapa, saliendo del albergue de Castro o, desde más atrás, desde la villa de Grandas de Salime, que hemos dejado 5 kilómetros atrás


Prado abajo, enfrente de esta casa, discurre la carretera AS-12 o Corredor del Navia, que se dirige, como nosotros, al Alto do Acevo donde, al pasar a Galicia, será la LU-701. Coincidiremos con ella varias veces en nuestro trayecto hacia A Fonsagrada. Más allá está el valle del Río da Ola, cerrado al oeste por El Cerro Lourenzo con El Pastizal de Sobrenca en la loma de su colina. Más allá son las montañas del Alto Navia


Tendremos una mejor vista de nuestro entorno desde un poco más arriba; el Camino sigue subiendo poco a poco y siempre en recto, en dirección sur, retomando rumbo oeste cuando acometamos los repechos más duros hacia A Serra do Acevo, a partir de Penafonte, a unos 5 kilómetros


Cierra tradicional de fincas a base de chantos, grandes lajas pizarrosas hincadas en vertical. Muchos han desaparecido en favor de otros cerramientos pero no pocos se conservan, como este


Luego sigue una muria de piedras cubierta de vegetación; a la derecha hay otra, que sirve, además de separación, de contención del terreno en esta ladera, evitando argayos o corrimientos de tierra


Durante un trecho, los árboles forman a la derecha una densa barrera vegetal, pero a la izquierda un gran prado nos ofrece un claro desde el que tendremos buenas vistas, hacia el sur pero sobre todo al oeste


Ahí seguimos viendo la última casa de Castro en la AS-12 en dirección al Alto do Acevo. La carretera fue antes y hasta 2017 la AS-28, por lo que en algunas guías e incluso en señalética antigua aparece con dicha nomenclatura


Más antiguamente fue la comarcal C-630 Pravia-Lugo en el Plan Peña de 1939. Su origen sin embargo habría de ser anterior, en la red de carreteras que, en base a los 'caminos vecinales de primer orden', irían sustituyendo a los antiguos caminos reales, 'del reino' o Estado, de notoria antigüedad. Respecto a ello leemos en Amigos de Fonsagrada, firmado por José García:
"Con anterioridad a la construcción de la carretera Lugo - A Fonsagrada en su actual trazado, ambas poblaciones estaban comunicadas por un camino vecinal de primer orden que discurría por: Castroverde, Cádavo, Fontaneira, Degolada, Hospital (Montouto), Padrón y Fonsagrada. 
Según una Circular del Gobierno Provincial de Lugo de julio de 1850, además de este camino vecinal, la villa Fonsagrada también contaba con otros dos ramales de igual categoría que llegaban a los límites de la provincia de Asturias en Acebo y Couso da Trapa por Silvela, desde cuyo punto se separaban: el primero por Fonfría y el segundo por las inmediaciones de Barbeitos. 
Posiblemente, este segundo camino vecinal entre Fonsagrada y el Acebo pasando por Fonfría, sea el mismo al que se alude en la publicación “Itinerario Descriptivo Militar de España” con datos obtenidos entre 1866 y 1868, donde se contemplaba la existencia de un camino vecinal desde Lugo a Oviedo, por Fonsagrada, Grandas de Salime, Cangas de Tineo, Cornellana y Trubia (de 200,5 km.)"

Más allá de la carretera vemos la caída hacia el pequeño valle del Río da Ola con todos los montes y colinas que caen hacia el 'gran cañón' del Navia. Más a lo lejos, cierran dicho cañón las sierras de Buspol, Vilar, Gallardo y otras al oeste del río


La construcción de las carreteras, aptas para el paso de grandes carros y carruajes, luego de automóviles, trajo consigo la desaparición o abandono de los antiguos caminos reales, basados muchos en vías romanas y en mucho más antiguos aún senderos prehistóricos, que aprovechaban pasos naturales existentes desde que la actual orografía quedó modelada tal y como actualmente la conocemos. Los que no desaparecieron quedaron relegados a vías pecuarias (como por la que andamos ahora) o a veces se transformaron en caminos o carreteras locales más o menos renovados y reformados


Al otro lado de la carretera, al norte de Castro, se encuentra la pequeña aldea de Pedre, razón por la cual a esta parte del valle se la conoce como Val de Pedre o Valdepedre. Más allá son los cuetos de El Lombo (653 m) y El Pastizal (636 m), que separan este valle del formado por El Rigueiro del Soutón. Más allá está Valdacampa (652 m) y en la lejanía A Serra da Costa o Serra de Buspol, por cuyo collado de Os Coriscos (a la derecha de la foto), iniciamos la formidable bajada de Buspol al Salto de Salime para cruzar el Navia bajando su 'gran cañón'


Y estas son algunas casas de Castro al lado de la AS-12, cuyo trazado actual se debe a la rehabilitación integral de la antigua AS-28 acometida en 2008. Al fondo vemos Cereixeira con el monte A Bornela (748 m) justo detrás. Al otro lado está la villa de Grandas de Salime, capital del concejo. A lo lejos vemos A Serra de Carondio, cuya cota más alta son los 1.222 del pico del mismo nombre, y más a la izquierda tenemos El Pico Os Gargalóis o Castello (1.165 m) en A Serra de Prao Roque


Se vislumbra la existencia de otro profundo valle que forma otra gran hendidura orográfica o cañón, el del río Augüeira, afluente del Navia


El fino alambre de un pastor eléctrico revela los usos ganaderos de estas fincas. Al Camino, aquí un hermoso y estrecho sendero de tierra, sigue subiendo livianamente


Y volvemos a meternos en la sombra de la carballeira, que bien se agradece cuando castiga el sol


Los peregrinos que hayan salido del albergue de Castro podrán tomar esta senda con las primeras luces del alba (no se recomienda en absoluto caminar siendo aún de noche, pues es muy fácil no ver las señales y perderse). Quienes hayan salido de Grandas de Salime ya llevarán una hora y medio aproximadamente de recorrido


Si bien no tan dura como otras anteriores, la etapa hacia A Fonsagrada por A Serra do Acevo representa también un considerable esfuerzo. No olvidemos que seguimos en los tramos más montañeros del Camino Primitivo, los más abruptos, pero en los que radica su singular belleza


Volvemos de nuevo la vista atrás, hacia Valdepedre y Castro, con Pedre, A Bornela y Cereixeira en lontananza


A la derecha de A Bornela está El Chao da Serra, sus estribaciones meridionales. Un poco más abajo, por los prados de Os Chaos y Xuntacasa, baja desde A Farrapa el Camino de Santiago, tras subir allí desde El Carmen en Grandas. Esta bajada, poco más arriba de la AS-12, llega a Cereixeira, donde hemos salido un momento a la carretera antes de dejarla camino de Malneira


En Cereixeira comienza un trayecto muy llano que sigue por Malneira hasta Castro, todo prácticamente por parajes boscosos de arbolado autóctono de gran belleza, constituyendo una verdadera tregua en la cuesta o serie de cuestas, en continuo ascenso, a partir del Salto de Salime



Tras salir del bosque cerca de San Julián hay una pequeña rampa para subir a Castro pero el trayecto sigue siendo mayormente llano atravesando del pueblo desde el barrio de As Bobias (donde está el Albergue de Castro, (al fondo del todo a la derecha) hacia Fondodevila (a la derecha y más cerca) y PicodeVila (a la izquierda), donde está el Hotel Chao Samartín, saliendo del pueblo


En la carretera vemos las casas del Escamproiro, donde la AS-12 hace un par de curvas cerradas en forma de 'S'


Y aquí tenemos otra vista del pueblo de Pedre, de donde acaso sería oriundo el famoso "Pedro de Pedre, de Castro de Castro natural" que habría hecho o mandado construir "el puente de Salime, la iglesia y el hospital", así como "la catedral de Lugo, a donde se fue a enterrar", según una muy discutida inscripción que habría estado en la clave del antiguo puente de Salime, fechada en abril de 1113, de la que nada más se sabe que por dudosos comentarios y apuntes. La coincidencia radicaría en que un Pedro III Peregrino sería el obispo que mandó edificar la catedral de Lugo en 1129, en estilo románico y sobre un templo anterior


El puente y pueblo de Salime era el lugar por donde cruzaban el Navia los antiguos peregrinos a partir de la bajada de Buspol. En ambos enclaves existían además sendos hospitales de acogida. Era ese el camino principal para cruzar el Navia en este sector hasta que se hizo el puente de Salcedo para el paso de la carretera antigua desde Berducedo a finales del siglo XIX


La construcción del gran embalse de Salime supuso que ambos puentes y sus respectivos pueblos, junto con otros muchos, quedasen inundados bajo las aguas, por lo que fue preciso hacer una carretera nueva desde Berducedo a Grandas de Salime, la actual AS-14. Asimismo, cuando se quiso recuperar el antiguo camino interior de Galicia al calor de la revitalización de las peregrinaciones con el Xacobeo'93, no hubo más remedio que hacer un gran rodeo a partir de Buspol para tomar dicha carretera a partir de su paso sobre la presa, al perderse el trazado antiguo


El collado de Os Coriscos, por donde empieza la bajada, es fácil de identificar, justo a la izquierda del parque eólico del Pico Buspol (1.120 m), el más alto de la sierra. Un poco más abajo a su izquierda está el caserío de Buspol, paso del Camino y, fuera de él y un poco a la derecha, Vilar de Buspol


Nos percatamos del profundo tajo del 'cañón del Navia' producto de la erosión fluvial a lo largo de millones de años sobre la roca blanda pizarrosa. Esta profundidad favoreció que se construyesen tres embalses: este de Salime, inaugurado en 1955 tras nueve años de trabajos, el de Doiras anteriormente, en 1934 aguas abajo y, más cerca aún de la costa y más pequeño, el de Arbón, en 1967


Más a la derecha y más al sur tenemos, también sobre el cañón del Navia, El Pico de Valiel (868 m), con El Pico Canedo (1.009 m) más atrás y, a la derecha, la larga loma del Cordal de Berducedo. A lo lejos y más al este son las sierras de Llagos y el Valledor


El valledor es fácilmente reconocible, además de por su altitud, por sus roquedos y grandes canchales producto también de la erosión sobre la roca pizarrosa, a lo que contribuyen las cicatrices de las explotaciones auríferas romanas que se aplicaron intensamente hasta el siglo III. Tanto el nombre de la sierra, Valledor 'valle de oro' como el río que pasa a sus pies, El Río d'Or o río de Oro, afluente del Navia, son testimonio de aquellas labores mineras


La aparentemente corta distancia sobre el mapa y el papel entre Buspol y Grandas, o mejor dicho, desde A Mesa, al otro lado de la sierra (15 km) o desde Berducedo (20 km), pueblos ambos donde están los anteriores albergues, hace pensar en una etapa corta y relativamente llevadera en cuanto a fuerzas y horarios, pero las formidables subidas y bajadas en el trayecto hacia Grandas de Salime se cobran su tributo


Sí es factible y recomendable, una vez en Grandas, tener un día de asueto a mitad del Camino Primitivo para, además de descansar y reponerse, poder visitar el imponente Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro", asistir a la misa del peregrino en la antigua colegiata de San Salvador de Grandas y disfrutar de los alicientes que nos ofrece la población


Al mismo tiempo, una 'mini-etapa' hacia Castro nos permitiría conocer el recinto castreño del Chao Samartín y sus sorprendentes hallazgos e historia. Luego, frescos y descansados, acometeríamos la ruta hacia A Serra do Acevo en marcha hacia las ya muy próximas tierras gallegas y fonsagradinas


Cierto es que el peregrino no tiene tiempo a verlo todo y conocerlo todo parando aquí y allá, pero también se merece un descanso y recrear además del cuerpo la mente y el espíritu. "Para correr tengo once meses y medio más al año", nos decía en su día un peregrino haciendo el Primitivo


Naturalmente luego cada uno hace el camino que más o menos quiere, más o menos puede o más o menos le dejan. A veces es imposible zafarse del frenesí cotidiano y la velocidad de los acontecimientos incluso en nuestro tiempo libre, descansos y vacaciones, con días y horarios ajustados, pero otras sí lo es, aunque por propia inercia tendemos a carreras y prisas innecesariamente. Más que plantearnos hacer el Camino Primitivo en doce, en diez, en ocho o en nueve días, tal vez sería lo mejor plantearse hacerlo en veinte, para disfrutarlo sin agobios, a poder ser y si somos capaces


Nuestro buen amigo peregrino, botánico y escritor José Ramón López Valdés, en su libro "Camino" en el Camino de Santiago (Castrillón), publica su Manifiesto Vegetal, en el que dice así:
"Vivimos en un mundo que glorifica la velocidad. Que premia la acción invisible, el logro inmediato, la productividad sin pausa. Pero las raíces no entienden de eso. Su sabiduría es lenta. Su lenguaje es el del tiempo profundo. El de las estaciones. El de la espera fértil.

Aprender a caminar con raíces es aprender a ir despacio. A saborear cada paso. A detenerse sin culpa. A escuchar los sonidos del suelo. A leer los mensajes de las hojas. A respirar con el ritmo de lo vivo.

Cada paso que dan en el Camino -o en tu vida- puede ser una oración si estás presente. Cada piedra puede ser un maestro. Cada encuentro, un espejo. Pero para eso, necesitas estar. Estar de verdad. Con el cuerpo, con la atención, con el alma".

Dicen que las cajas camineras profundas, como esta, revelan la antigüedad del Camino, y si este formó parte de antiguas sendas prehistóricas de paso hacia el puerto, romanizadas tras la conquista del territorio y que hicieron del Chao Samartín un castro mercantil a partir del anterior prerromano agroganadero y artesano, así debe ser sin duda


Acaso la famosa vía Lucus Asturum-Lucus Augusti, llamada la Autopista del Oro, predecesora del Camín Grande o de Galicia era esta misma senda por la que ahora estamos pasando, o al menos uno de sus principales ramales, pues en el medievo llegó a ser, reiteramos, el principal camino interior de Asturias a Galicia, y por ello paso y trasiego de peregrinos desde la Sancta Ovetensis a la Santa Apostolica et Metropolitana Ecclesia Compostellana, caminos de Santiago y del Salvador


El gran rey peregrino Alfonso IX, como ya vimos a nuestro paso por tierras tinetenses, dispuso en 1222, cuando pasaba por aquí en romería a Santiago, una serie de normas y privilegios que favorecieron enormemente a este camino interior asturiano. Ya su padre Fernando II, quien auspició nada menos que la construcción del Pórtico de la Gloria, había concedido el antiguo monasterio de San Salvador de Grandas (anteriormente de Dubris) a la mitra ovetense en 1186, junto con sus extensas pertenencias, como leemos en Románico digital:
"Antes de la Edad Media el territorio de Grandas gozaba ya de considerable actividad gracias a los asentamientos prerromanos de pueblos especializados en el trabajo de los metales, factor que serviría de reclamo para posteriores asentamientos romanos dedicados a la explotación minera. La documentación más antigua referida a Grandas es la aparecida en el testamento de Tructino Veremudis y su esposa Fakilo, recogida en el Libro de los Testamentos, donde se menciona la donación realizada el 30 de mayo del año 972 a la iglesia de Oviedo de muchos bienes heredados de sus padres con la principal propiedad del monasterio de Gandras (Grandas) y de una amplia serie de iglesias y propiedades dependientes que formaban el arciprestazgo del “Honor de Grandas” que dominaba un extenso territorio en Asturias y en Galicia. Aunque como en tantos casos ya mencionados, el documento parece corresponder a una de las interpolaciones del obispo don Pelayo, está dando cuenta de la importancia concedida en el siglo XII a dicho territorio. En el año 1186 Fernando II donó a la iglesia de Oviedo la tierra de San Salvador de Grandas junto con el castillo de Burón, que comprendía la mayor parte del territorio entre los ríos Navia y Eo. Otro dato histórico destacado fue el el paso de Alfonso IX por Grandas en el año 1222 en su peregrinación a Santiago de Compostela por el camino jacobeo interior. Ya fuera de la etapa medieval, durante el reinado de Felipe II en el año 1584, Grandas pasó a formar parte de las propiedades de la corona". 

Esto no sería posible sin la existencia de un camino secular muy antiguo y de gran importancia, como es este, desde el que vemos ya algunas de las primeras casas de Padraira, situadas a media ladera entre el Camino y la carretera. Enfrente sigue, de norte a sur y en paralelo, el valle del Río da Ola, con Cerro Lourenzo y El Pastizal de Sobrenca enfrente


A lo lejos, la verde campiña de Llandecarballo por la zona de Fonteseca. Un poco más a la izquierda están las famosas inscripciones megalíticas o petroglifos de A Xorenga, muy cerca de los túmulos de El Canadeiro, antiquísimos testimonios del poblamiento de estos parajes desde el Neolítico y Edad del Bronce. La vista llega al Pico Busbeirón (1.286 m) al sur-suroeste, otro de los que se yerguen sobre el cañón del Navia, donde entroncan las sierras de Vilar y Gallardo, frontera entre los concejos asturianos de Allande y de Ibias con el gallego de Negueira de Muñiz


Más al este, Bustagudo (1.292 m), en los Picos de la Gubia, al sur del Valledor y en la divisoria de Allande con Cangas del Narcea


Más a la derecha, tomando como referencia A Pena Xorenga, la de los petroglifos, divisamos mucho más al sur algunos picachos nevados, aún avanzada la primavera: los dosmiles de este sector de la Cordillera Cantábrica, en los puertos y pasos de Cantas del Narcea a Ibias, Degaña y el valle leonés de Laciana o L.laciana


Los 2.007 metros del Cuetu Arbas son la cumbre cimeira de esa zona, cerca del puerto de Leitariegos o L.leitariegos, una de las principales comunicaciones con la meseta


El Camino se 'hunde' en este trecho en un estrecho surco pétreo, terrero y vegetal mientras sigue su prolongada cuesta


Y del paisaje extrospectivo abierto a lejanos horizontes, pasamos en un instante al introspectivo de ver únicamente nuestro entorno más inmediato, poco más que lo que tenemos delante


Caminamos en dirección sur por la falda oeste del monte de A Pena Redonda, que forma una larga colina con varias cotas de altitud más o menos similar que hemos visto según bajábamos de A Farrapa a Cereixeira, aunque desde aquí, evidentemente no


El bosque se hace especialmente tupido a ambos lados, aunque no están lejos los prados de Padraira, unos metros más abajo


La hojarasca forma un manto en el suelo de la caja caminera, se deshace y forma tierra, tierra y hojas que hacen de esta una senda mullida y agradable de caminar, aunque cuando llueva se convierta en barro


Lo recto del trazado nos recuerda a las vías romanas aunque, a tenor de la antigüedad de los enclaves arqueológicos cercanos, es fácil que el Camino sea incluso mucho más antiguo


Un poco más arriba aparecen unas ruinas en medio del bosque y al lado del Camino


Es una antigua casa, cuadra o cabaña, acaso testimonio de cuando era este el camino principal, antes de la carretera. Escribe José Ramón López Valdés en su obra:
"El Camino atraviesa zonas donde lo humano dejó su marca: pueblos, puentes, calles, monumentos, ermitas, fuentes y lavaderos y construcciones antiguas que algún día fueron centros de vida intensa. Con el abandono de algunos lugares, la naturaleza se convierte en conquistadora silenciosa. Hierbas, flores y semillas se instalan en grietas de paredes y suelos, en el asfalto y entre piedras, reclamando el espacio que una vez les fue arrebatado. Ortigas, tréboles, margaritas, llantén, zarzaparrilla y pequeñas plantas silvestres emergen con fuerza, y hasta los árboles jóvenes encuentran rendijas donde enraizar".

Va desmoronándose paulatinamente y es más que posible que sus últimas paredes se vayan viniendo abajo y desaparezca entre la maleza. Observemos un par de flechas amarillas pintadas en sus piedras


El Camino, siempre de tierra y algo de piedra, sigue subiendo, suavemente pero siempre en cuesta, sin pausa...


A los lados, las viejas murias se cubre de musgo, líquenes, helechos... los árboles y sus ramas componen una celosía natural que filtra la luz en tonos suaves que resaltan el verde de la primavera


Eran estos normalmente 'caminos de herradura', así llamados porque solamente eran aptos para el paso de viandantes, caballerías y ganados. Las recuas de los arrieros, los grandes transportistas de la antigüedad, los recorrían en todas direcciones. Siguiéndolos irían muchos peregrinos, desconocedores en su mayor parte del itinerario que les aguardaba, así como detrás de otros viajeros, como ganaderos trashumantes, pastores, artesanos ambulantes, emigrantes estacionales, campesinos yendo y viniendo de ferias y mercados, etc., etc., etc.


Ahora, a la izquierda hay un prado y, poco más adelante, una casa, El Devellón, en la zona alta del pueblo de Padraira, perteneciente a la parroquia de Grandas, la de la capital del concejo. Recordemos una vez más que en Asturias, como en Galicia y otros lugares del mundo, la parroquia rural tiene entidad geo-administrativa propia, no solamente en el sentido religioso, formada por diferentes núcleos de población la mayor parte de las veces, aldeas, caseríos y lugares


Y aquí tenemos otro bello paisaje del valle del Río da Ola con A Pena Xorenga y su hermosa loma de pastizales sobre los bosques que caen el río y, a lo lejos las montañas del Alto Navia, con las del Alto Narcea en la distancia


Y aquí abajo la AS-12 en la recta de Padraira. Domina la escena a lo lejos El Pico Busbeirón, pero lo mismo hacen las demás cumbres del Alto Navia, según hacia donde miremos


Antiguamente existía una línea, la de los Veigas, de autocares que hacían el servicio entre Grandas de Salime y A Fonsagrada, fundada en 1925 por la familia Veiga Caldeiro y actualmente conocida como Autocares Her-Vei S.L.; no obstante no existe actualmente línea regular entra ambas poblaciones, por lo que, de tener que desplazarse de una a otra, hay que contar con un servicio de taxi o similar


El contraste entre los espesos bosques y las praderías grandes y abiertas destaca en el paisaje más inmediato, con las serranías al fondo, al este, en el horizonte


Las murias de piedra pueden ser también muy antiguas, la de la izquierda delimita el Camino y lo separa de la finca; la de la derecha hace de muro de contención del terreno pendiente


El propio topónimo Padraira parece tener relación con 'piedra', o en concreto con la raíz latina petram, aunque por eso mismo no es descartable un antropónimo relacionado con Petrus, que sería el nombre de un antiguo posesor. Sea como fuere, los topónimos relacionados con piedra, peña y roca están intensamente presentes en toda esta zona de A Pena Redonda y El Monte de Padraira


Más complicado podría ser saber la etimología de El Devellón, que rebela ser un aumentativo, posiblemente de devesa 'dehesa', terreno acotado (del latín defendere, 'proteger, rechazar, prohibir'). Dado que este acotamiento solía referirse a la prohibición de talas de árboles, en algunos sitios devesa pasó a significar 'robledal', especie imperante en este trayecto. Esta es la parte posterior de la casa, con el clásico añadido para hacer el cuarto de baño cuando se dispuso de agua corriente


El Camino sigue subiendo a su derecha; parte de la muria de cierre se ha caído y sigue desmoronándose


Desde aquí tenemos otra amplísima vista hacia A Serra de Buspol o Serra da Costa, ahora prácticamente en toda su longitud, de norte a sur


Al norte su estribación más septentrional es el Alto de Vallongo (1.082 m). Más a la derecha está El Penedo dos Coriscos (1.092 m), con Buspol y el collado de Os Coriscos a continuación


Siempre nos maravillamos de la impresionante bajada que hemos hecho por Buspol hasta El Salto de Salime, que vista desde aquí parece casi una pared vertical, como la de un gigantesco acantilado, aunque desde aquí apenas vemos la parte superior de la montaña, con El Pico Buspol y su parque eólico como referencia más destacada visualmente


Más a la derecha, de nuevo El Pico de Valiel y detrás, El Canedo con la imponente serranía de El Valledor al oeste, gran muralla natural de piedra clara en la dorsal que separa las cuencas fluviales del Navia y del Narcea


En El Devellón nos acercamos a unas fincas y a un cruce de caminos: vemos desde aquí ye el mojón


A nuestra izquierda, la casa: parece que esta primera, de piedra, fuese la antigua, siendo construida la otra, anexa, posteriormente. Enfrente hay un rellano a manera de corralada, cerrado por chantos que lo separan de la finca


Ahora atentos al llegar a la intersección de caminos, aunque no ha de tener mayor complicación


Nosotros seguiremos de frente, subiendo: el de la izquierda, hormigonado a partir de este cruce, baja hacia la carretera entre las demás casas de esta parte de Padraira


El mojón nos confirma aquí la dirección a seguir, monte arriba de nuevo


A nuestra izquierda, una espléndida huerta que se extiende cuesta abajo hasta las casas del pueblo, dando vista a Fonteseca y El Pastizal de Sobrenca, sobre el valle del Río da Ola 


Huerta de berzas para hacer extraordinarios potes. Observemos los tejados: el de la primera casa presenta cumbrera de lousas de pizarra encajadas, mientras que el de la segunda esta está rematada por una línea de tejas. Las dos son soluciones características de estas construcciones


Llama la atención de línea descendente a partir del Pico Busbeirón hacia la izquierda: son el realidad dos lomas que, en la distancia, parecen una sola al ser la segunda, la de A Serra de Gallardo, la más alta, donde destacan, a partir del Busbeirón, A Pena da Madera (1.216 m), El Pico Privafornela (1.091 m), A Pena Cornelos (1.023 m), A Pena Aguia (1.008 m) y A Penona (985 m). A lo lejos aún destaca el penedo claro de Bustagudo, con sus 1.292 metros, como ya hemos dicho


Continúa la cuesta, ahora bajo las ramas del frondoso castañar. Caminamos inmersos en un bucólico paraje rural que hemos de apreciar. "Mientras avanzo, siento la textura del Camino de Santiago, la mezcla de piedra tierra y raíces", escribe en en el capítulo 4 de su libro, dedicado a "la voz que escucha bajo nuestros pies", José Ramón López Valdés:
"... la sintonía que surge cuando el humano camina con respeto, cuando su pisada no es solo un acto mecánico, sino un diálogo silencioso con el suelo. Bajo la bota, la energía se transmite: la tierra responde con latidos, los árboles captan la vibración y las raíces ajustan su crecimiento, las semillas germinan y se adaptan. En esa comunicación invisible reside la inteligencia de lo vegetal"

Paisaje introspectivo, rodeados de 'lo vegetal'...


Que se abre aquí y allá a lo extrospectivo, del valle a las colinas y a los puertos de la Cordillera, con más casas de Padraira en primer término


Como hemos dicho, la mayoría están a media ladera entre la carretera y el Camino, quizás como manera de aprovechar el terreno, hoy día todo él de pastos pero que en tiempos hubo de tener más espacio para cultivos, sobre todo de cereales, indispensables cuando se hacía el pan, base alimenticia, en casa


Siguiendo la tónica habitual en este trecho, a la derecha el bosque forma una barrera natural infranqueable, mientras a la izquierda las fincas llegan del Camino a la carretera


Según avanzamos contemplamos extraordinarias vistas, a veces deteniéndonos un momento, aprovechando para recuperar el aliento, otras veces a la vez que caminamos


Una verdadera atalaya natural sobre una parte del suroccidente asturiano, puertos que son pasos naturales hacia Galicia y León


Existieron hacia occidente otros caminos secundarios a través del valledor, sus valles y montañas, pero como pasó con el principal, y su sustituto la primera carretera (por el puente de Salcedo), quedaron cortados por el embalse


Verdaderamente, el gran impacto que provocó en estos concejos del Alto Navia el embalse de Salime fue tal que otro que se proyectó a la vez, aún más grande, aguas arriba, el del Gran Suarna en Riodeporcos (Ibias), nunca llegó a realizarse, aunque de vez en cuando, cada ciertos años, alguien saca el viejo proyecto de un cajón, pero hasta ahora a venido volviéndose a meterlo en él. Nos lo explican en La ventana del paraíso en sus Crónicas del Navia:
"La planificación del Salto de Salime, terminado en 1955, cambiaría para siempre a Riodeporcos, pues es entonces cuando se construye el puente colgante que une el pueblo con la ribera lucense del Navia, superando las aguas embalsadas que cubrieron hasta esta zona las gargantas de este río. La fiebre de los pantanos que tenía como objetivo convertir estos territorios en un gran generador eléctrico hizo que también se planificase otro embalse, el Salto del Gran Suarna, cuyas bárbaras dimensiones iban a superar a la de Salime y a cometer la barbaridad de anegar tal superficie que incluso Navia de Suarna quedaría bajo las aguas. Como al cocer todo mengua, ya entrados los sesenta y visto que igual no era tan necesario, los responsables de este proyecto cuya presa se iba a situar en Riodeporcos decidieron reducir las dimensiones del invento, que acabaría cayendo en el olvido. Hay que decir, sin embargo, que el proyecto ha intentado volver a ponerse sobre la mesa en varias ocasiones, una de ellas no hace muchos años aunque por el momento las cuestiones medioambientales han dado carpetazo al asunto".

Si bien mientras duraron las obras el aumento poblacional fue drástico con los miles de trabajadores que acudieron, gran parte acompañados de sus familias, tras su marcha al acabarse el trabajo en 1955 fue acompañada de la de muchos vecinos a continuación: la pérdida de las tierras más fértiles del valle, inundadas por las aguas, al igual que muchos pueblos y caseríos, la incomunicación de otros cuyo acceso principal quedó cortado y otros factores provocaron una sangría poblacional que continúa en nuestros días, la cual afectó tanto a los pueblos directamente perjudicados o desaparecidos por la presa, como a todos los demás. Si bien se hizo un embalse aguas abajo en 1967, el de Arbón, sus reducidas dimensiones en comparación con el de Salime, no causó un impacto tan acusado, como no lo causó anteriormente el de Doiras, el primero del Navia, en 1934, precedente del de Salime


Si bien se intentó fijar población con repoblaciones forestales de especies de crecimiento rápido esto no se consiguió. En la actualidad, y con el paulatino abandono del campo, se buscan nuevos alicientes en el sector servicios vinculado al Camino de Santiago y al turismo cultural y natural (Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro", Chao Samartín, etc.) que, si bien son una bienvenida alternativa, no han conseguido poner fin al despoblamiento progresivo acontecido desde la posguerra


Las flores del brezo o uz sobre nuestras cabezas y avellanos creciendo en la misma muria conforman algunos de los detalles que nos obsequia la naturaleza en este trayecto 'al puerto'. "La vida es un continuo diálogo entre raíces, ramas, savia y viento; entre ojos, manos, pasos y silencios", evoca López Valdés en su simbiosis entre el Camino y lo vegetal, "una danza que conecta a los seres en todos sus niveles, desde la más pequeña semilla hasta los árboles más antiguos, desde la hormiga al peregrino que camina con esfuerzo y esperanza por el Camino de Santiago"


Pero lo vegetal también cambia, estos paisajes han sido humanizados desde la más remota noche de los tiempos, los topónimos en bus o busto, del latín (com)bustum, 'terreno quemado para ganar pasto' -de ahí 'combustible'-, tan abundantes por doquier, revelan los profundos cambios acontecidos desde la llamada revolución neolítica para extender la agricultura y la ganadería. En El poblamiento altomedieval en el concejo de Grandas de Salime (Asturias). Un acercamiento desde la arqueología del territorio, el historiador y arqueólogo Pablo Folgueira Lombardero manifiesta lo siguiente:
"En Grandas la toponimia nos remite también a la actividad ganadera. De este modo, los topónimos “Busmayor” y “Buspol” vienen del latín “(com)bustum”, que significa “quemado”, es decir, terreno ganado al monte mediante la quema para obtener pastos, ya que además, en el caso de Buspol, se trata de zonas de matorrales6 que sería necesario quemar para que en ellas brotaran los pastos".

Los bosques retrocedieron varias veces, en ocasiones recuperarían terrenos abandonados, pero su extensión tendería a ser menguante en favor de huertas y pastos:
"Las actividades económicas de mayor importancia durante la Edad Media y hasta hace relativamente poco tiempo fueron la agricultura y la ganadería. De hecho, su preponderancia se debe a la cierta regresión que sufrieron las actividades económicas después del colapso del sistema productivo romano. De este modo, la ganadería, la agricultura y, en menor medida, la pesca y la caza, volvieron a ser las actividades más importantes, especialmente la ganadería. Además, los lugares en los que llevar a cabo intercambios comerciales no abundaban, lo que además se relaciona con el hecho de que apenas se conozcan la dedicación comercial o el uso de la moneda. Todo este cambio en la orientación económica dará lugar a unas formas de propiedad que dependen enormemente de los aprovechamientos económicos de las tierras.

El actual concejo de Grandas de Salime es una zona en la que, en general, las tierras son poco fértiles, aunque determinados lugares de ese concejo, como Castro, Chao de Cereixeira o Salime sí pudieron ser lo bastante fértiles como para explicar una cierta preferencia por la agricultura.

La agricultura tradicional de esta zona siempre se caracterizó por el predominio del policultivo de subsistencia orientado al consumo familiar, policultivo en el que también se incluyó durante ciertas épocas el viñedo.

El mayor problema para acercarnos a la economía altomedieval en general y a la agricultura y la ganadería en particular se debe a la falta de evidencias documentales conservadas. En efecto, en las fuentes diplomáticas no hay testimonios directos de una orientación agrícola o ganadera, aunque el uso de ciertos términos como “villa”, que aparece en un documento de la Catedral de Oviedo fechado en 857, puede hacer referencia a una unidad de explotación agraria. A la vez, la escasez de intervenciones arqueológicas sobre restos medievales en este concejo hace que el conocimiento de la economía altomedieval en la zona sea muy difícil de definir, ya que su conocimiento debe basarse casi exclusivamente en la toponimia, con las dificultades que ello entraña sobre todo en lo referido a la obtención de referencias cronológicas claras, y también en la comparación de la realidad grandalesa con la de otros lugares cercanos en los que la evolución histórica pudo haber sido similar. 

En primer lugar, sería deseable conocer qué productos se cultivaban en la época que es objeto de nuestro estudio en esta zona. Así, sabemos que en la actualidad, en Grandas se cultivan, entre otros productos, centeno, mijo, avena, trigo y hortalizas, y parece que algunos debieron ser cultivados también entonces. En general, hoy predominan en Grandas las tierras de arbolado y, en menor medida, de matorral, pero en las zonas que aparecen documentadas en los diplomas medievales, predominan las tierras de orientación agraria".

La especialización del campo asturiano en la producción láctea y cárnica para satisfacer la demanda de las crecientes ciudades y áreas metropolitanas motivó el drástico abandono de cultivos que fueron básicos durante siglos, por no decir milenios, como los cereales panificables para consumo humano de los propios campesinos:
"Si, en general, el pan era el alimento básico de los pobres, parece lógico pensar que se cultivaría cereal incluso en lugares poco propicios para ello debido a la escasez de relaciones comerciales. Para alimentarse, los campesinos del siglo IX necesitaban cultivar cereales, aunque el clima o la tierra no fueran favorables. Por eso, el cereal fue el cultivo predominante en muchos lugares. No obstante, en general en el Occidente de Asturias la producción cerealista siempre ha sido deficitaria, aunque aún hoy el trigo aparece en esta zona como un cultivo de verano.

Sin embargo, con el paso de los siglos, la introducción de máquinas, como molinos supondrá un gran avance, y la toponimia nos permite conocer la existencia de algunos, aunque no nos permite precisar el momento en el que aparecen. Por ejemplo, el topónimo de “El Molín da Cova” haría referencia a la existencia de un molino en el que se haría harina.

También se cultivaría la vid, ya en general en Europa hubo una gran difusión del viñedo debido a su importancia en la economía señorial, hasta el punto de que se cultivaba en cualquier parte que permitiera una producción más o menos importante, igual que ocurría con el cereal. La vid aparecería en Asturias pronto, cultivándose en los valles del Navia y del Narcea. De hecho, resulta llamativo el porcentaje de tierra en la que se cultivaba el viñedo, que en el Suroccidente de Asturias era particularmente importante, aunque se solía cultivar en parcelas modestas. En el caso de Grandas, se sabe que la construcción del embalse de Salime anegó tierras ribereñas del Navia en las que se cultivaban vides, lo que podría relacionarse con una tradición secular en su cultivo.

Además ciertos topónimos grandaleses pueden indicarnos la existencia de otros cultivos. Así, el topónimo “El Fabal”, documentado en las parroquias de Grandas y Trabada, nos remite al cultivo de habas. Tampoco debemos olvidar que ya en época castreña se conocían los telares, de modo que es probable que se cultivaran plantas textiles para obtener una producción textil a pequeña escala. De hecho, un topónimo, “A Lieira”, remite al cultivo del lino. La cría de ovejas, también conocida desde la Antigüedad, podría relacionarse también con esta hipotética actividad textil".

En cuanto a la toponimia, valle del Río da Ola abajo encontramos el muy significativo nombre de lugar de El Arrotu, haciendo referencia a terrenos cultivados, así como Valdepedre, el 'valle de Pedro':
"Otros topónimos que nos remiten a la actividad agrícola podemos encontrarlos en la parroquia de Negueira, donde encontramos “Hortas” (“huertas”) y “Arroto Blanco”, que hace referencia a los terrenos roturados, igual que el topónimo “Arrotón”, en Penafonte. En la zona de Castro, la toponimia menor también nos remite a la agricultura, ya que existen topónimos como “El Arrotu”, “Hortonovo” y “Vilar”.

La toponimia también nos remite a un interés por poseer la tierra, dándonos medida de la importancia que se le concedía, como vemos en topónimos como “Valdedo”, que puede venir del término latino “vallem” al que se habría añadido el nombre de un antiguo posesor. Asimismo, “Villabolle”, que nos remitiría a un posesor llamado Abullius, o “Villarpedre”, a uno llamado Pedro, en una forma muy habitual desde época romana y hasta el siglo X".

No se le escapa a Folgueira Lombardero la importancia de los viejos caminos en la estructura poblacional grandalesa, haciendo especial hincapié en este y en su relación con el castro de Chao Samartín:
"La red viaria medieval fue, en general, un elemento articulador del poblamiento que permitía el contacto entre los diferentes núcleos habitados, además de tener un influjo determinante en la creación de nuevos asentamientos, por un interés lógico por tener acceso a esas vías de comunicación preexistente. No obstante, en el caso concreto de Grandas de Salime la red viaria presenta un matiz particular, puesto que no sólo es un elemento articulador, sino que podemos considerarla también un elemento definidor, debido al hecho de que el camino medieval de mayor importancia, el Camino de Santiago, se servía a su paso por Grandas del trazado de la antigua vía romana, en la que el castro de Chao Samartín, fundado en la Edad del Bronce, e identificado con la Ocela ptolemaica, tendría un importante papel como asentamiento articulador de esa vía. 

Suele considerarse casi como un tópico que a lo largo de la Edad Media se conservó, en mayor o menor medida, la antigua red viaria romana. Esto era debido a que en los caminos medievales españoles faltaba el firme y tenían una escasa calidad técnica, porque no estaban planificados por ingenieros especializados, y por eso se usaban las vías romanas, que no sufrieron reparaciones hasta el siglo X, siglo a partir del cual se empezaron construir caminos nuevos que permitían comunicar entre sí monasterios, castillos, ferias… En Asturias además había unas condiciones especialmente desfavorables para las comunicaciones, por el relieve y la climatología.

(...) No obstante, no se pueden establecer criterios generales para diferenciar los caminos romanos de los medievales, porque muchas veces los caminos medievales no serían algo físico, sino más bien una serie de derechos de circulación de un pueblo a otro según unos criterios concretos, lo que supondría que su apariencia externa no se ajustaría a unas reglas establecidas".

Según avanzaba la Edad Media, la consolidación de los reinos cristianos favoreció el flujo de gentes y mercancías por los caminos con relativa (a veces muy relativa) seguridad en comparación al menos con el convulso alto medievo. Así, los caminos principales se harían más principales todavía, siendo los norteños los primigenios que, al ganar dichos reinos la meseta y más allá, se relegaron frente a los de las llanuras esteparias, aunque nunca del todo, pues cultos como los del Salvador, "quien va a Santiago y no al Salvador visita al criado y olvida al señor", atraían a ingentes cantidades de romeros, tanto al ir como al volver:
"En el norte de la Península Ibérica, el camino medieval más importante fue, sin lugar a dudas, el Camino de Santiago, que a su paso por Grandas se servía, como ya señalamos anteriormente, del trazado de la antigua vía romana. El trazado de esta vía de comunicación responde, evidentemente, a la ruta de peregrinación que iba a venerar el sepulcro del Apóstol, culto manifestado a partir del siglo IX. Santiago fue uno de los principales centros de peregrinación cristianos de la Edad Media, junto a Roma y Jerusalén. Además, tanto la invención del Sepulcro de Santiago como la cristalización de la Ruta Jacobea pudieron ser acicates para que se fueran produciendo cambios en la jerarquía espacial a medio y largo plazo".

Pero nada fue rápido ni tampoco inmediato, desde las primeras menciones jacobitas hispanas en los albores del culto a Santiago en la península, al descubrimiento del que se tiene sepulcro de Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio en Compostela y seguidamente empiezan las peregrinaciones, que tardan en afianzarse plenamente transcurren varios siglos:
"El origen del culto a Santiago habría que buscarlo en el reinado de Mauregato, aunque el mito de la predicación de Santiago en la Península se comenzaría a difundir ya a partir del siglo VII. El desarrollo de este culto lo debemos a dos obras atribuidas a Beato de Liébana, que son los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, obra en la que se presenta a Santiago como el patrono de España, y el himno titulado O Dei Verbum, compuesto entre 783 y 788, y también atribuido a Beato. Éste es el primer texto redactado en la Península que menciona que Santiago predicara en ella.

La difusión del culto jacobeo se produce en época de Alfonso II, en cuyo tiempo se descubrió-inventó el sepulcro del Apóstol, hecho que, curiosamente, no se menciona en las Crónicas. El culto lo inició el propio rey, que hacia 829 realizó una generosa donación, ya que levantó en Compostela una pobre iglesia sobre la que más tarde se levantaría una más grande construida por Alfonso III el Magno y consagrada en 899. A comienzos del siglo X la sede episcopal se traslada a Compostela.

Con el inicio del culto se inició también la peregrinación, que llevó a la institucionalización del Camino. Esta ruta adquirió un carácter internacional en el tránsito del siglo X al XI, y vivió su momento de esplendor en los siglos XI y XII, decayendo en el XIV por la peste, las guerras entre cristianos y la división de la Iglesia entre Roma y Aviñón. El Camino de Santiago habría traído consigo un importante desarrollo comercial, que además influiría en los fenómenos de repoblación o de dinamización de la población". 

Este camino a Galicia por el interior lo pone Lombardero en relación con el que llegaría a la capital asturiana desde el interior (Camino del Salvador), considerado más importante que otras rutas más costeras que entrarían por el valle del Nora
"Refiriéndonos ya más concretamente al Camino por el suroccidente asturiano, por allí pasaba la ruta que venía desde León para pasar por Oviedo y venerar las reliquias de San Salvador, el llamado en aquella época “Camino Francés”. Se trata de la vía interior, la más frecuentada en la Edad Media, por encima de la ruta costera. Desde Oviedo el trazado de la vía se dirigía hacia Cabruñana, Cornellana, Salas y La Espina. Aquí una bifurcación permitía coger por Caneiro la vía de la costa o bien ir hacia el interior por Tineo, Allande y Grandas, desde donde entraba a Galicia por Fonsagrada. En el siglo XII esta vía estaba ya institucionalizada, y en el siglo siguiente, concretamente en 1222, ya Alfonso IX visitó Grandas. Esta vía, como todos los caminos medievales del Occidente asturiano discurría por líneas de cumbre y a media ladera, además de sobre los antiguos caminos romanos"

Tras un tramo boscoso llega uno más abierto, configurando arboledas y claros una sucesión que jalona este recorrido de Castro a Padraira y Xestoselo, un Camino que en este concreto trayecto tenía una referencia caminera muy importante, la malatería de San Lázaro de Padraira, cuya capilla encontraremos unos 450 metros más allá. No albergaba peregrinos sino leprosos, pero estaba vinculada a esta transitada ruta:
"En el concejo habría una importante infraestructura durante las Edades Media y Moderna para atender a los peregrinos. Así, en La Mesa había un hospital, otro en Buspol, a dos kilómetros de allí. Otro hospital estaría en la misma villa de Grandas. Otros restos asociados al Camino los tenemos en Padraira, donde había una capilla, malatería y lavapiés de San Lázaro, que funcionaba en el siglo XVI, y puede que antes. La fundación de albergues y hospitales solía ser una iniciativa real, para obtener rentas y también paliar la dureza del camino por tierras asturianas, ya que estas etapas del camino estaban consideradas las más inhóspitas".

En el caso concreto de la malatería de San Lázaro de Padraira, esta estaba vinculada a la colegiata de San Salvador de Grandas, título que comenzó a ejercer (colegiata, templo que sin ser catedral cuenta con un cabildo y al frente un deán, prior o abad) a partir de su incorporación a la mitra ovetense con Fernando II, por lo que está vinculada de alguna manera, directa o indirectamente con la Corona, aunque no sabemos nada al no conservarse documento fundacional alguno


Ahí vemos el ramal que comunica las casas que hemos dejado atrás, en El Devellón, con la carretera AS-12, el cual llega hasta el cruce que pasamos luego de la primera casa


Por la zona de A Xorenga y Sebrenca hubo de existir una vía muy antigua también hacia el puerto. La línea de los petroglifos, ubicados en varios lugares designados como A Xorenga I, II y III, junto a continuación los túmulos de El Canadeiro u Os Canadeiros, parecen delatar esa senda prehistórica


Esa senda enlazaría, y verdaderamente enlaza, pues es hoy día un camino vecinal, con este camino, que pasó a ser principal, en la zona de Xestoselo, en dirección al paso del puerto en el Alto do Acevo. Muy posiblemente los pasos naturales que seguían estos caminos ya habrían sido empleados por manadas de herbívoros buscando pastos según la estación y época del año. Tras ellos irían los carnívoros y, por último, detrás de todos, los primeros humanos, al principio solamente para cazarlos, luego también y según la especie, para domesticarlos


Las rutas de la trashumancia y demás sendas pastoriles continuarían ese secular tránsito entre diferentes lugares y parajes. Se supone que, dadas las características del terreno y su evolución histórica, las primeras comunidades humanas plenamente asentadas en el territorio, serían más ganaderas que labradoras, aunque el cultivo de cereales sería indispensable pese a ello


Y es que el Camino no era, ni mucho menos, una ruta de peregrinación exclusivamente, es más, sin duda los romeiros serían una minoría en relación al resto de gentes que pululaban por él, otra cosa es que su impronta y procedencia, centroeuropea sobre todo, de ahí que se llamasen Camino Francés a todos los caminos procedentes de los Pirineos (no solamente a uno, como actualmente), hiciese de ellos caminos aún más 'principales' si cabe. De su trascendencia para la estructura social y poblacional sigue diciendo Folgueira Lombardero:
"En el Concejo de Grandas, el Camino de Santiago, además de su evidente función como vía de peregrinación, tendría un papel determinante en relación con el poblamiento, al unir los núcleos habitados, permitiendo así un fácil movimiento de gentes y mercancías. El Camino sería así un elemento vertebrador del poblamiento, al unir los asentamientos y dinamizarlos, puesto que las fundaciones de albergues y hospitales convertían esos lugares en puntos de parada obligados. Todo esto haría que aquellos lugares por los que pasaba el Camino y en los que los peregrinos se detenían se convirtieran en lugares especialmente activos económicamente, porque atraerían a comerciantes interesados en vender sus productos a los peregrinos. 

A la vez, el Camino de peregrinación supuso, no sólo para Grandas, sino en general para todo el Noroeste peninsular, una nueva organización del espacio y una reactivación de la vida económica. No obstante, parece que la organización de espacio asturiano no tiene demasiado que ver con las peregrinaciones. Lo que vemos es la adaptación del flujo de peregrinos a una vía que ya desde la Antigüedad estaba muy transitada. Entonces el tránsito por esta vía, que en la Antigüedad había dependido del flujo de oro, se haría porque sería la más adecuada para recorrer las grandes distancias que exigían la fe y con ella la peregrinación".

Podría compararse la trascendencia que tuvo el Camino de Santiago antiguamente con la que tiene ahora, salvando naturalmente todas las distancias, pues se ha convertido en un importante flujo de gentes que, procedentes de todo el orbe, vuelven a escribir en nombre de Grandas de Salime con letras de oro en los anales de la historia universal:
"En el caso de Grandas creemos que su importancia tuvo que ser capital. En efecto, aunque ahora el Camino de Santiago es una ruta más turística que otra cosa y las vías de comunicación más importantes poco tienen que ver con él, no cabe duda de que en la Edad Media canalizó los flujos de gentes, mercancías e ideas de manera clara, siendo una vía de comunicación de primer orden. Su paso por Grandas debió de significar la llegada a esas tierras de gran cantidad de influencias. La cantidad de personas que cruzaban estos territorios queda demostrada por la cantidad de hospitales y albergues que se fueron fundando a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna. El paso del Camino por aquí supuso la inclusión de Grandas en las corrientes económicas más importantes de la época, concediéndole una situación que poco tendrá que ver con su posición periférica y casi marginal dentro de los flujos de comunicación actuales". 

No ha detenido la sangría constante de población asentada y fija pero ha permitido dar a conocer a nivel internacional este concejo, al menos en las numerosas comunidades de peregrinos, historiadores y demás entusiastas del Camino. Lombardero, como historiador, nos habla de su esencia en el pasado...
"... el Camino de Santiago cruza Grandas todavía hoy, articulando el espacio como ya lo había hecho en época romana y permitiendo el contacto entre los núcleos de población. De hecho, si una vía se utiliza es porque tiene esa capacidad de articulación. La importancia del Camino de Santiago fue innegable durante la Edad Media, ya que supuso el aumento de los contactos de diversa índole con otros lugares de Europa y permitió la difusión de, por ejemplo, el Románico, estilo que también llegó a Grandas, como se ve en la fábrica de la colegiata de San Salvador, del siglo XIII

Si bien todos hemos oído que este habría sido el itinerario que habría seguido el rey Alfonso II El Casto cuando desde su naciente capital ovetense se dirigió a Compostela a verificar el hallazgo de la tumba apostólica en algún momento entre los años 820 y 830, realmente desconocemos cuál sería realmente el camino elegido por el monarca y su séquito para ello. Es más, no existe la absoluta certeza de que hubiese ido realmente, en una época en la que estaría ya en la vejez, unos setenta años, pero con unos años aún por delante en su reinado, o si fueron sus representantes, los nobles palaciegos, o quién fue si fue alguien realmente


El documento más antiguo que menciona esta peregrinación 'de reconocimiento' es la Concordia de Antealtares del año 1077; es decir, dos siglos y medio después de que se hubiera producido. Dado que el famoso Codex Calixtinus, de mediados del siglo XII, pasa por encima este suceso y le da todo el protagonismo a Carlomagno, cosa aún más difícil por no decir imposible, ya que este monarca fallece en 814, antes del descubrimiento, siempre se ha sospechado que se trataba de relatos elaborados a posteriori para demostrar los privilegios y donaciones que dieron a la Iglesia de Santiago preeminencia sobre otras y todas las de Hispania


De todas maneras, algo sí que debió de pasar, pues se constata la aparición de un culto jacobeo que alcanzará una gran dimensión según avanzaba la Edad Media, aunque se adornase con relatos que, mezclando realidad con mito, como el de la batalla de Clavijo, le diesen muchísimo más empaque a la sede compostelana y su creciente poderío. Se constata la temprana existencia de un santuario fundado en el siglo IX sobre la necrópolis aparecida en el monte Libredón, cuya fundación se atribuye a Alfonso II o a su época. Más seguras son, por ejemplo las peregrinaciones de Alfonso III El Magno (dos o tres), quien participa con el obispo Sisnando I en la consagración de la basílica prerrománica compostelana sucesora del templo de Alfonso II y antecesora de la primera catedral románica


El que Alfonso III fundase un hospital de peregrinos en el lugar de La Espina, en 883, del que se dice fue el primero del Camino, el cual se debate si estaba en la actual población de ese nombre, en Salas o, más posiblemente, en el lugar de igual denominación cerca del tinetense pueblo de Borres o Bourres, revela la importancia de este camino interior hacia Galicia que prontamente fue empleado por los romeros jacobitas


Sin embargo, como dice la Xacopedia, "Poco antes de su muerte en el 910, Alfonso III traslada de Oviedo a León la capital del reino. Esta decisión contribuirá a la pérdida del gran protagonismo inicial del eje de peregrinación Oviedo-Santiago, favoreciendo indirectamente al futuro Camino Francés, que surgirá y se consolidará por tierras leonesas desde el siglo X"


Aún así, la impronta que marcaban las reliquias ovetenses de Cristo, la Virgen María, apóstoles y santos, nunca decayó grandemente e incluso se propagó por toda Europa. El que Alfonso IX peregrinase por esta ruta interior y plasmase por escrito el obligado paso de peregrinos por la misma, sin que se osase desviarlos por otras, da buena cuenta de ello


El trazado hubo de cambiar a lo largo del tiempo, la fundación de nuevas pueblas y de hospitales de pobres y peregrinos fue también determinante en ese sentido, así como de nuevos puentes y otras estructuras. En Grandas de Salime, como bien es sabido, la construcción del embalse obligó a un importante rodeo cuando el Camino se quiso recuperar en 1993


De todas maneras, es preciso decir que a Alfonso IX se le hizo el caso que se le hizo; aparte de los caminos más costeros por el litoral existieron otros, pasando el Navia, tanto más al norte como más al sur de Salime, si bien sin duda más secundarios... o no tanto
El que la famosa quiastolita, piedra variedad de andalucita considerada protectora y abundante en Boal (paso del alto al bajo Navia), además de llamada pedra da cruz por el dibujo cruciforme que forma, fuera llamada pedra de Santiago e identificase a los peregrinos, es un dato muy a tener en cuenta, según leemos en la Wikipedia:
"La quiastolita llegó a los museos y colecciones europeas a mediados del siglo XVI, como un amuleto o recuerdo aportado por los peregrinos que volvían de Santiago de Compostela. En los catálogos se cita con el nombre de "lapis crucifer" o "lapis cruciatur", traducible por "piedra de cruz". la primera representación gráfica de una quiastolita aparece en el libro de Laet, De Gemmis et Lapidibus, publicado en 1648. Posteriormente apareció representada en otras obras. Entre las imágenes más notables están las de la Metallotheca, catálogo de la colección de minerales del Vaticano, preparada por Mercati pero publicada en 1717, mucho después de su muerte (y de la desaparición de la colección). Las planchas fueron grabadas por Eisenhot hacia 1580. Entre las secciones de quiastolita puede verse un ejemplar tallado en cabujón para su uso como gema.
Durante varios siglos solamente se conocían los yacimientos asturianos, situados en el entorno de Boal, hasta que a principios del siglo XVIII se encontró en el río de Las Cruces (que tomó el nombre precisamente de la presencia de esta piedra), un afluente del río Laraquete, en Chile. A mediados de ese siglo se encontraron también en Salles de Rohan (Francia), y posteriormente en otros muchos lugares".
Foto Vassil para Wikipedia

Hoy en día es muy común  que os la encontréis a la venta en toda Asturias pero sobre todo en esta zona, especialmente en poblaciones del Camino y en tiendas de recuerdos, artesanía, bisutería, joyería, etc. pero con el nombre más comercial de 'piedras celtas' y surgen en torno a ellas todo tipo de leyendas, tanto populares y ancestrales como otras de nuevo cuño relativas a esta piedra de misterioso origen de formación:
"La teoría más clásica y de más amplia aceptación acerca del proceso mineralógico metamórfico que permite que se formen estas curiosas cruces se apoya en la tesis propuesta por Frondel en 1934 acerca de la incrustación selectiva de impurezas en los cristales. Según esto, los cristales de andalucita, que son de crecimiento rápido, van incluyendo impurezas carbonosas mientras crecen y estas se van acumulando solo en determinados puntos (en las esquinas de los cristales). En la medida en que va aumentando la concentración de inclusiones (fundamentalmente grafito) en esos lugares, se va inhibiendo (desacelerando) el crecimiento del cristal. Esto concentra las inclusiones en la característica cruz de malta porque va produciendo reentrantes, donde el grafito es absorbido por el crecimiento del porfiroblasto de la andalucita. Este ciclo (crecimiento-retardo-crecimiento) se repite y va formando un patrón que se asemeja a una pluma de grafito en los cuatro brazos de distribución radial.
Estas «gemas», aunque opacas, pueden ser pulidas con fines de joyería y otros propósitos ornamentales. Tienen gran atractivo debido al simbolismo de la forma de cruz, se utilizan con frecuencia como amuletos, ofrecen espacio a la fantasía y a que se difundan localmente diversas leyendas sobre el origen de ellas".

Hemos de tener presente que, si bien hubo unos caminos principales y, para el caso concreto de los peregrinos, con hospitales de acogida cada cierto trecho, hubo otras vías históricas por las que estos, como los demás viajeros, también transitaban, camino de Santiago, y también de romería a otros santuarios locales


El monte A Bornela con Cereixeira van quedando cada vez más atrás, al igual que las ya lejanas serranías que, a ambos lados del puerto de El Palo, forman la gran muralla montañosa que, además de separar la cuencas del Navia y del Narcea, conforman una divisoria etnográfica, lingüística y cultural de la que tanto hemos hablado a lo largo de nuestro periplo por el occidente asturiano


La llanura entre Cereixeira, Malneira y Castro, la de la 'tregua de la montaña', también ha quedado atrás


Hemos estado subiendo constantemente, de manera bastante suave a partir de Castro, pero ganando altura cara a acometer la travesía de montaña por A Serra do Acevo


El Camino Primitivo fue denominado así avanzando los años 1990 tras empezar siendo denominado Camino de Santiago Astur-Galaico del Interior; de esta manera se honraría su carácter primigenio en las peregrinaciones jacobitas. Antes aún era denominado a nivel general Camín Real de Galicia, Camín Francés (repetimos, todos los que venían de Francia eran así llamados) y similares. Luego había infinidad de nombres locales, alguno de los cuales hemos ido conociendo aquí y allá, como aquí por esta zona: El Camín Grande, El Camín Antiguo o El Carreiro Francés...


En su libro Los caminos a la catedral de Oviedo, el escritor Víctor Guerra plantea que las rutas de peregrinación jacobitas pudieron superponerse a otras más antiguas, como las de San Salvador. Lo cierto es que no pocos peregrinos que iban a Santiago por la meseta se desviaban en León para acudir a la Sancta Ovetensis antes de proseguir a Compostela (por aquí o por la costa), mientras que otros lo empleaban como camino de vuelta. Así presenta cómo pudo ser la historia primigenia del Camino Primitivo:
"El territorio occidental asturiano ofrece desde muy antiguo un trazado peregrino que se conoce como Camino Primitivo, aunque se carece de datos documentales de su realización, pese a su nombre. Este trazado hace referencia al primigenio viaje de Alfonso II a la Gallaecia, aunque no se sabe si en verdad se realizó y cuál fue el itinerario. Se cree que el rey utilizaría más bien a su cohorte de condes palatinos (Ramiro, Sancho, Suero, Brandilla, Ascario, Utenaldo y Veneraldo), los cuales se trasladaron a Sublovio. Los recorridos fueron coincidentes, al menos en una gran parte, con la vieja vía romana Astúrica-Lucus-Augusti, que unía Lugo de Llanera con la ciudad de Lugo.

Predios tramontanos por los cuales se dice que cabalgó Alfonso II con unos 70 años, poniendo rumbo a Padrón tras la llamada o visita del obispo Iriense Teodomiro. Eso sí, antes de darlo a conocer a la cristiandad, lo primero que hizo Teodomiro fue elaborar un relato, legendario y sobrenatural conforme a la costumbre de la época, que justificaría no solo el hallazgo y su notificación al mundo cristiano, y la conformación real ante el túmulo sepulcral del apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro, lo que se dio en llamar Inventio Locus Sancti Jacobi.

De ese primigenio trazado, apenas si se tiene documentado su desarrollo, pese al supuesto objetivo de venera lo hallado allá en la lejana Compostela, en el bosque Liberum Donum. A día de hoy, entre algunos historiadores, surge la hipótesis de que el objetivo del rey asturiano era rematar el proyecto de sus antepasados de hacer de Oviedo la capital política y religiosa de incipiente imperio de la monarquía visigoda asturiana. Por tanto, que se pudiese traer a su capital, Ovetao, lo que hubiera en la profunda Gallaecia era todo un logro, y traerlo a la capital del imperio sería miel sobre hojuelas, pues todo era bueno para engrandecer el tesoro de la Cámara Santa ovetense.

Da la sensación de que entre el descubrimiento del ermitaño Paio y la puesta en escena de Teodomiro, con la famosa Inventio, y la llegada del rey, o más bien la comitiva palatina, enviada, la cosa se fue armando de muy diversa manera. Tal vez más de lo que les hubiera gustado a los nobles y príncipes astures, los cuales al final salieron de Compostela con el rabo entre las piernas, o sea con el compromiso firmado a modo de un blindaje para tal hallazgo. Es decir, el compromiso de respeto de las tres leguas alrededor del sepulcro jacobita y, cómo no, con el tácito reconocimiento de que allí se hallaban los restos de Santiago Apóstol. Como testimonio de esa acotación, se dejaba un testimonio en forma de una donación y el compromiso de construir una sencilla ermita en la zona".

Atención a esta bifurcación, el Camino sigue de frente, pues el ramal de la derecha va a un depósito de agua


Aquí está el monolito jacobita que nos lo indica, adentrándonos de nuevo en la fronda...


El paso de maquinaria agrícola o forestal deja los profundos surcos de rodadas en el suelo arcilloso, formando cuando llueve charcos y algo de barrizal. Pero no tengamos miedo de ensuciarnos un poco las botas, que para eso están, demasiados caminos se han hormigonado ya innecesariamente


El Camino es una rampa terrosa en ligero pero continuo ascenso; las casas de Padraira han quedado atrás mientras nos acercamos a la capilla de San Lázaro, que fue santuario de la antigua malatería. La empezaremos a ver un poco más adelante


Sobre la historia primera del Camino, Víctor Guerra cita al erudito experto historiador jacobita Alberto Solana de Quesada y a su trabajo Encuentro entre Teodomiro de Iria y Alfonso II con su explicación de lo acontecido y de la razón del supuesto viaje del rey por estos pagos, de lo que plasmamos esta parte:
"En algún momento de la tercera década del siglo IX, se produce el hallazgo de la sepultara del Apóstol Santiago en la diócesis de lria, y su obispo Teodomiro, promueve culto jacobeo, se traslada por propia iniciativa al Locus Sanctus, y el núcleo Iria-Compostela se convierte en nuevo centro espiritual del reino unificado, convirtiéndose pronto en uno de los lugares más santos del orbe cristiano, foco de atracción de peregrinos de toda la cristiandad. Se dice que el propio rey Alfonso acude y patrocina el desarrollo de una pequeña ciudad alrededor del sacro enterramiento, lo que convierte a lo jacobeo en un símbolo compartido, que une a asturianos y gallegos en una patria común. Tanto para la nobleza como para los eclesiásticos gallegos aceptar a Alfonso II como rey, deja de suponer el sometimiento a un poder ajeno sino aceptar una voluntad divina y aliarse en torno a unos intereses comunes. Así es como Alfonso II, de un modo pacífico, consensuado y aceptado, se convierte en el primer monarca de Asturias y Galicia unidas. Y una labor bendecida desde las alturas, según unos y otros creían, por el Apóstol Santiago, patrono celestial de la unión de asturianos y gallegos.  

Pero el proceso compostelano como elemento que se incorpora al proceso astur-galaico tuvo su propia trayectoria que no se instala con la inmediatez supuesta, sino que se integra en un proceso de unificación de Asturias y Galicia ya muy consolidado en el cabe deducirse que Alfonso II se toma su tiempo antes de asumirlo. El hallazgo del sepulcro jacobeo fue un suceso de ámbito local en el que el monarca asturiano no tuvo protagonismo, sino que el aviso al monarca fue una iniciativa exclusiva del obispo Teodomiro, advertido de la naturaleza de su hallazgo y buscando que fuera dado a conocer y sobretodo que fuera protegido de los ataques islámicos y normandos, y obtuviera una dotación formal que permitiera la creación del primer núcleo de edificación. El relato del descubrimiento, totalmente legendario, alberga criterios que hacen verosímil deducir que se trataba de un culto local no difundido sino clandestino, lo que junto a antecedentes documentales que hablan de la existencia del sepulcro apostólico en algún lugar de territorio galaico [Aldhelmo de Malmesbury (639-709) y Beda el Venerable (672-735)], permiten vislumbrar que lo que identifica Teodomiro es una tumba escondida, pero de existencia local conocida. Ese momento histórico de unificación y de cierta estabilidad política y social, es el momento en que Teodomiro decide darlo a conocer a la cristiandad. Lo primero es elaborar un relato, legendario y sobrenatural conforme a la costumbre de la época, que justifique el hallazgo y su notificación formal al mundo cristiano: el túmulo sepulcral del Apóstol Santiago y sus discípulos Atanasio y Teodoro. 

La actitud de Teodomiro, lejos de precipitada puede valorarse de serena, considerando que el lance podía elevarle casi a la misma categoría que el Obispo de Roma, al yacer en su sede los huesos de un Apóstol elegido del Señor; pudo proyectar un viaje a la Roma del papa Gregorio IV, o al imperio Carolingio regido por Ludovico Pío, hijo y sucesor de Carlomagno. Es un criterio que nos indica que más que el resultado de un hallazgo magnífico, busca dar a conocer una noticia oculta que quiere proteger. Evitó actitudes grandilocuentes y se limitó a informar a su rey, Alfonso II. La reacción asturiana no debió ser tan rápida como suele decirse, sino que cabría precisar que fue sopesada, pues en Oviedo ya existía, fundada por el rey Fruela I en el siglo VIII, un venerado templo prerrománico cuya cámara santa guardaba valiosas reliquias donde se daba culto al Salvador. El lugar fue ampliado y enriquecido por Alfonso II, que resolvió trasladar allí la capital de su reino, invirtiendo en ello un soberano esfuerzo constructivo y ensalzador para levantar el gran centro espiritual y social que deseaba para su territorio. El hallazgo jacobeo debió despertar un sentimiento de competencia moral y una duda legítima de la autenticidad del hallazgo. Alfonso II, que conoció durante su larga estancia previa en las tierras de Galicia, que ya había otorgado privilegios al galaico monasterio de Samos, no había tenido noticias de tal antecedente, y es más que probable que valorara el hallazgo con buena dosis de cautela. Por eso las crónicas oficiales asturianas fueron más que discretas. 
Finalmente el hallazgo parece que convenció al monarca, que organizó un viaje oficial con la corte a la tumba compostelana, y mandó construir en el 834, no menos de cinco años después del hallazgo, una iglesia que acogiese el mausoleo. Más bien parece que Teodomiro presentó argumentos que acreditaron al monarca su certeza en el hallazgo, y éste termina por reconocerlo y avalarlo. Es aquí donde Teodomiro tuvo que esmerarse en su encuentro con el monarca. Incluso desde entonces Alfonso II parece que acepta el hecho pero lo hace con reservas, por cuanto no celebra el acontecimiento con la ampulosidad de un gran templo, como otros templos del prerrománico asturiano levantados por el propio Alfonso II, sino que levanta una muy modesta iglesia de piedra y barro, según acredita la arqueología, con una sola nave completada con un sencillísimo pórtico de entrada, que será el primer elemento del Locus Sanctus Iacobi y la futura Compostela. 
Los vínculos que el monarca tenía con Galicia se acentúan ahora con la fundación de iglesia de Santiago, y hoy se adopta la desmesurada idea de que fue el primer peregrino. Ciertamente hubo de viajar a Compostela y tratar con el obispo Teodomiro por diversos motivos, como valorar el hallazgo, formalizar las concesiones reales y para tomar parte en la consagración del templo edificado. No es muy congruente hablar de peregrinación, pero lo cierto es que el hecho justifica que el itinerario entre Oviedo y Santiago haya sido designado como Camino Primitivo. Se ha discutido mucho y sigue siendo discutible cuando otorga Alfonso II los privilegios al Locus Sanctus y cuando son incluidos en los diplomas reales copiados en el tumbo A de la catedral de Santiago. Es deducible, precisamente por la modestia de la edificación levantada, que no fueran concesiones precoces fruto de una generosidad efusiva ni apresurada, sino logros escalonados obtenidos por Teodomiro de su monarca en el desarrollo del naciente culto jacobeo que pasaba de la clandestinidad a la celebridad pública del mundo cristiano, que era muy probablemente lo que Teodomiro pretendía".

Y en opinión ahora de Víctor Guerra, "Este supuesto viaje real rumbo a tierras galaicas, lleno de montaña y de soledades, a resguardo de miradas, vino arropado por toda una leyenda mítica que atrajo desde muy temprana edad la llegada de peregrinos, aunque no sabemos con seguridad ni quienes fueron los primeros peregrinos que por estas tierras astures transitaron. Aunque sí tenemos conocimiento de que Oviedo fue la primera capital peregrina", haciendo referencia a un preexistente centro de peregrinación ovetense al Salvador o San Salvador, que de las dos maneras es correcto denominarlas así, a pesar de ciertas 'leyendas' que pululan por ahí 


Explica también en su libro Víctor Guerra respecto a alguna de las razones por las que el camino de la meseta ganó la partida a las demás rutas jacobeas como mayor flujo y corriente de peregrinos, aunque no pocos se desviasen en León para tomar los antiguos caminos del Norte...
"Está claro que, con el tiempo, fueron centenarios los romeros que realizaron el Camino Primitivo, aún reconociendo que el patronazgo de la llamada Vía de las Estrellas le correspondió por diversos avatares al Camino Francés, que evidentemente contó con el patrocinio del quehacer político-religioso de una fuerza tan extraordinaria como la que desarrolló un monasterio tan importante como Cluny, empeñado en su objetivo de fijar esa marca territorial hispana por la cual circulara su ansiada reforma gregoriana". 

Una pared de color blanco empieza a vislumbrarse al fondo de este tramo, el la del muro septentrional de la capilla de San Lázaro de Padraira, la de la antigua malatería, que es el único elemento de la misma que se conserva


Como era lo usual, las capillas seguían perviviendo como santuarios locales cuando la leprosería ya había desaparecido. De esta sabemos documentadamente desde el año 1581, aunque sin duda existiría desde mucho tiempo atrás y sus últimas noticias corresponden a 1699, por lo que podría decirse que desapareció con el siglo XVII. Así nos lo describe la Gran Enciclopedia Asturiana:
"En el mismo borde de esta antigua ruta de peregrinos a Santiago se abre el pórtico de la ermita de San Lázaro de Padraira. No sólo se desconoce la fundación de esta malatería, sino que la primera noticia fehaciente que se tiene de ella es del año 1581, aunque es casi seguro que el hospital de Padraira  existiese desde bastante antes del siglo XVI. El 31 de diciembre de 1586 el visitador del obispado dictó unas Reglas que ilustran sobre el ingreso y modo de vivir de los enfermos así como sobre el gobierno y costumbres de la malatería, cuya administración correspondía a los abades de Grandas"

Es decir, la malatería estaba a cargo de la antigua colegiata de San Salvador de Grandas, pero no olvidemos que en 1584 el concejo de Grandas (aún sin Salime) consigue su independencia de las posesiones de la mitra ovetense, por compra de sus propios vecinos, con motivo de la desamortización de Felipe II, por lo que la colegiata pasará a ser parroquial


Entre las ramas se reconoce uno de los ventanucos en forma de saetera que dan luz lateral al interior del pequeño santuario. Es más que posible que en tiempos de la malatería, cuyo edificio no se conserva, el lugar estuviese más despejado y sin tanto y tan frondoso bosque


No se conserva el edificio en el que vivían los malatos ni tenemos ninguna descripción de él en concreto, pero podemos ofrecer esta estructura general de las malaterías que nos ofrece el médico, escritor e historiador José Ramón Tolivar Faes en su espléndido libro Hospitales de leprosos en Asturias durante las edades media y moderna:
"Una malatería estaba siempre formada por tres clases de edificios: la habitación de los enfermos, la capilla, y el establo del ganado. (...) de los establos nada especial podríamos decir si no es que formaron parte importantísima y casi principal de algunas malaterías (...).

La casa, habitación, hospital, casillas o celdas de los enfermos, parece obedecían a varios tipos, aunque todos tuviesen la pobreza como característica común, así como el estar generalmente separados de la capilla, sin que queda aquí pensar en las disposiciones basilicales, cruciformes, ni en ninguna otra que hayan podido adoptar los grandes hospitales".

Las había de una planta, a veces con dos o más habitaciones, otras con un portalón que daba acceso a las puertas de las celdas en las que habitaban los leprosos o malatos. También existían de una hilada de cinco o seis celdas contiguas con su puerta independiente al exterior, así como las malaterías formadas por celdas, casetas o cabañas individuales y exentas, como sería el caso de esta de Padraira, "donde sabemos que las casas de los malatos" formaban, frente a la ermita, un sitio llamado "Vilar de San Lázaro", dice Tolivar Faes


La capacidad de esta malatería sería de entre cuatro a seis enfermos, que era lo más habitual en Asturias, aunque algunas llegaban a ocho y excepcionalmente a doce o más. Contrasta sin duda el miedo al contagio de una de las enfermedades más temidas de la antigüedad con que estos hospitales se establecían en lugares de mucho tránsito, como lo fue este, ruta además de peregrinación. Tolivar Faes dice que es posible que Padraira empezase siendo un hospital de peregrinos, vinculado además al fonsagradino de Santiago de Montouto, por el que también pasaremos haciendo camino:
"... casi seguro que el hospital de Padraira existiese bastante antes del siglo XVI, como existía el de Montouto, en la parroquia de Padrón, del Ayuntamiento de Fonsagrada, ya en tierra de Lugo, limitando con Grandas de Salime y en el mismo camino francés de los peregrinos de San Salvador de Oviedo a Santiago de Galicia, siendo probable que en su origen la malatería de Padraira haya sido una simple alberguería de peregrinos y caminantes.

Los administradores del hospital de Montouto, fundado en tierra despoblada como el de Padraira, gozaban de ciertos privilegios reconocidos desde Pedro I; pero en el siglo XVI el hospital y su iglesia estaban caídos, y por esos se nombró como nuevo administrador y hospitalero, en 1586, a Pedro Alamo de Padraira, cuyo nombre establece una relación entre ambos hospitales, pareciendo como si la ruina del de Montouto fuese una simple anticipación de la de Padraira que se produce un siglo después, dando la sensación de que súbitamente, a uno y otro lado del puerto, había desaparecido la necesidad de proteger a los caminantes para que no pereciesen de frío bajo la nieve".

La malatería de San Lázaro de Padraira estaba situada en un lugar de mucho paso pero, a la vez, alto y apartado de los núcleos poblados, pues "se buscaría no sólo el aislamiento de las poblaciones y la proximidad a los caminos importantes, sino también un aire más sano, con el que los malatos se hallasen aliviados de sus enfermedad", dice Tolivar Faes, quien arguye que, además de sus consideraciones piadosas, una malatería, como un hospital de peregrinos, habían de tener rentas para su mantenimiento y el de su hospitalero, mayordomo (encargado) y demás administradores:
"...en el siglo XIII ya contaba Asturias con más de veinte malaterías, y parece que en el XVI estas casas eran más de cincuenta. Tal profusión puede indicar dos cosas: que la lepra y las enfermedades con ella confundidas habían ido en aumento, o que el establecimiento de malaterías era un negocio rentable que valía la pena emprender, ya que, tan pronto se fundaban, las buenas personas comenzaban a dar heredades y bienes, lo que junto con las mandas, foias, limosnas y demás ingresos de que luego hablaremos, aseguraba a los patronos, comenderos, curas y mayordomos, la percepción de unas rentas lícitas y la posibilidad de apropiarse ilícitamente de lo que las personas caritativas fuesen donando para beneficio de los enfermos.

Pero, aparte los motivos de caridad o interés, más que al abundante paso de peregrinos, debemos atribuir a una mayor endemia la gran densidad de malaterías en Asturias, malaterías cuyo número, superior a treinta, resulta verdaderamente asombroso si se tiene presente que entre todas las variadas rutas de peregrinación desde Franca a Santiago, incluidas las de la costa cantábrica y la desviación de León a Oviedo, se citan bastantes menos de las que hallamos sólo en Asturias".

Y de nuevo aparece la relación de las malaterías con las rutas de peregrinación y con los mismos peregrinos, la cual se sospecha más que se tiene certeza, y es que, pese a que se habla de fundaciones regias, de señores feudales, de órdenes religiosas, etc., no existen documentos fundacionales "ni hay pruebas de que hayan existido", lo que hay son escritos referidos a donaciones, pero no a fundaciones, aunque Tolivar Faes piensa que ya en el siglo XII existirían casi todas las radicadas en Asturias, aunque sus noticias sean posteriores:
"... es fácil que algunas surgiesen por fundación o dotación testamentaria de algún magnate o persona piadosa, pues la asistencia al repugnante leproso hubo de ser considerada siempre como acto especialmente meritorio y grato a Dios. Nuestros romances del Cid pintan al héroe, camino de Santiago, tratando con extremada caridad a un leproso que resulta ser San Lázaro, y en la vida de los santos se describen acciones como las del obispo de Tours, San Martí, que socorre y besa a otro de esos enfermos. 

Pero en algún caso el proceso que dio origen a las leproserías pudo ser distinto: lo que primero era una simple alberguería, en atención al servicio que prestaba a peregrinos y caminantes obtenía franquezas y exenciones de pechos y tributos, especialmente cuando la inevitable estancia prolongada de algunos peregrinos enfermos, venía a convertirse en hospital. La conversión del hospital en malatería puede imaginarse considerando, por una parte la relativa abundancia de enfermos de lepra y demás afecciones con ella confundidas entre los crónicos obligados a permanecer en el hospital, y por otra, figurándose la aversión de los no leprosos a hospitalizarse mezclados con aquéllos. Este doble mecanismo pudo determinar que el hospital quedase exclusivamente destinado a malatos, es decir, convertido en malatería. Esquematizando la cosa, desde la forma más primitiva de albergarse los peregrinos en las iglesias, hasta la segregación especializada de los leprosos en malaterías, la evolución podría representarse así:

iglesias - alberguerías - hospitales generales - malaterías

Pero debemos advertir que en ninguno de cuantos documentos hemos estudiado pudimos encontrar pruebas de la hospitalización de peregrinos en nuestras leproserías. La necesidad de hospitales o malaterías donde albergar a los enfermos, hubo de sentirse den forma apremiante en cuanto a transeúntes o peregrinos se refiere, mas no por ellos hemos de creer que los hospitales no se hiciesen principalmente pensando en los enfermos del vecindario, que serían con mucho los más numerosos y que, por cierto, sabemos gozaban de derecho preferente para ingresar en las leproserías según hemos podido ver en el estudio particular que hicimos de cada una de ellas. Esta última es a nuestro juicio la principal causa de proliferación de las malaterías: los pueblos se mancomunaban para sostener -como un servicio público- una malatería en la que poder apartar las personas del distrito que llegasen a contraer la lepra".
 
Y aquí tenemos la capilla de San Lázaro de Padraira, cuyo aspecto actual es fruto de su demolición y posterior reconstrucción en 1689 (una década antes del último ingreso registrado), si bien reaprovechando muchos de sus elementos. Enfrente habrían estado las celdas de los malatos:
"Se conserva en Padraira la tradición de que allí hubo un hospital de leprosos, pero ya no hay recuerdo del lugar exacto donde estuvo, ni cosa alguna que lleve el nombre de los malatos o la malatería. La loma donde está la ermita se llama Monte de San Lázaro; allí mismo hay una fuente y un arroyo de igual nombre, y el terreno que se extiende entre el camino francés y la carretera, delante de la ermita, se llama Vilar de San Lázaro. Aquí es donde nosotros suponemos hayan estado "las casas de los malatos", pues, por analogía con las demás malaterías y por las disposiciones dictadas en la inspección del Visitador general del obispado de 31-XII.1586, se deduce que los malatos debían residir muy cerca de su ermita"

La ermita tuvo sucesivas reformas desde 1689. El pórtico por ejemplo era de cubierta a tres aguas y no como ahora, de dos, y estaba sostenido sobre columnas y no sobre dos paredes laterales en la fotografía de Tolivar Faes para su libro, publicado en 1966


Afirma además que, en la documentación por él estudiada, no aparece la mención a ningún tratamiento que se aplicase a los malatos, si bien sabemos que en otras malaterías los cuidados se basaban en una mayor higiene y alimentación y en los baños en fuentes salutíferas. Aunque sí había localizado en Grandas un dicho popular que tendría su origen en los tiempos de los malatos:
Laçaro verde
nel monte choraba
que le comía el percebón
e la sarna

Se trata, según dice el mismo Tolivar, de una versión muy abreviada de la recogida por el folklorista Aurelio de Llano en otros lugares:
Lázaro en el monte está
dando voces de agonía,
y la Virgen bien le oía.
-¿Qué haces ahí Lázaro?
-Aquí estoy decípola y decípela
percebún y culebrún,
que aquí me quemo
que aquí me abraso.

-Lázaro: vete a tu casa
y en una escudilla de fresnal,
echarás agua de la fuente prial,
tres silvas de un silvadar,
tres ortigas de un ortigal
y tres arenitas de sal;
mojarás con esto tus llagas
y quedarán sanas y salvas

 "La forma abreviada, cuando menos, aún se oye en Grandas de Salime. El autor de quien copiamos la más extensa, añade que, después de recitada esta conseja, se daban toques con el agua de la fórmula, en la piel enferma, durante nueve días", dice Tolivar Faes, que añade que este conjuro, "modernamente empleado contra el percebún, percigún, decipela o erisipela, debe ser el mismo que, con el nombre de oración de Lázaro, se recita en el vecino concejo de Ibias donde también hubo una malatería".


En la capilla llaman la atención sus poderosos contrafuertes, que se corresponden en el interior con los arcos de la portada y de la capilla mayor, que alberga el altar. El ábside es semicircular y tiene otra ventana-saetera mirando al norte. El ábside nos recuerda los modelos románicos pero está orientado al oeste, mientras que la portada lo hace al este, esto es, al contrario exactamente que los templos medievales, por lo es posible que esta posición sea resultado de la reedificación completa de la capilla en 1689. Por sus lados norte, sur y oeste presenta un foso rodeándola, de unos dos metros de anchura


Los visitadores (especie de 'inspectores') de la malatería eran canónigos de la catedral de San Salvador de Oviedo. Del primero del que se tienen noticias es de Alonso González Santiso, o Licenciado San Tirso, como lo nombra también Tolivar Faes, que la visita en 1586 y por el que tenemos las primeras noticias de esta malatería al tomar cuentas a su mayordomo o encargado principal, Pedro de Monteserín El Viejo, por el que se conoce que ejercía su cargo desde 1581, siendo su antecesor Sebastián Abad. Sería este visitador quien mandase hacer el foso o caba para que no entrase agua a la capilla entre otras disposiciones muy a tener en cuenta:
"Primeramente que se compre un misal nuebo y unas binageras y una sábana y un frontal para las fiestas, y agan un guardapolvo y una rexa al altar que esta fuera en el cabo, y que lo maderen y losen por arriba y rreboquen y pinten la bista del Sr. San Laçaro y un crucifixo pintado pa escusar el frontal, y que pinten las imajines de la yglesia y la capilla mayor y retechen en el techo de las casas de los malatos de suerte que no llueba en ellas, y lo mismo la iglesia, y qye agan una caba alrrededor de la iglesia por que no entre agua en ella, y pongan la campana en un yugo y agan un campanario pa ella, lo qual todo cumplan, so pena de excomunión, a costa de dicha orden y malatería, y lo cumpla el mayordomo dentro de seis meses so pena de excomunión..."

Manda asimismo el Visitador que los malatos estén recogidos y no salgan a parte ninguna alejada desde la que no puedan volver para dormir en la malatería, lo que da a entender que se hacía, como era normal en estas fundaciones, pese a las supuestamente estrictas disposiciones de aislamiento para evitar contagios, a las que no se les hacía mayormente caso por lo general, siendo costumbre que los malatos saliesen a mendigar por los pueblos de la zona para sufragar los gastos del hospital o bien por voluntad propia. En cuanto al alivio espiritual, Alonso de Santiso encarga la celebración de misas, la adquisición de rosarios para los rezos pertinentes y el estricto cumplimiento de todo ello bajo la amenaza las correspondientes penas de excomunión:
"... y el mayordomo concierte con un Capellán que cada quince dias benga a decir una misa a los malatos, y el mayordomo le pague tres ducados en cada año por las misas que ansí les dixese cada quince días, día más o menos, y procure sean domingo o fiesta de guardar y estos sean mas y allende de las questa obligado a dezir el cura de Grandas, y el Mayordomo compre a cada uno de los malatos que ubiere en la dicha horden un rrosario, a los quales mando so pena de excomunión que, pudiendo y no teniendo impedimento de enfermedad, lo rrecen al día tres beces, una a la mañana y otra al medio dia, y otra a la noche antes que se acuesten, y digan asimismo la Salbe Regina cada tarde, y las abes marias, tañiendo la campana todos los días, y al mayordomo y beedor y capellan les encargo la conçiençia pa que tengan en cuenta de ber como cumplen lo contenido en este capítulo..."

Sobre la administración de la malatería y el protocolo de ingreso, y de expulsión, pide que el párroco de Grandas o su escusador -representante- "sea administrador de los malatos, y quando alguno ubiese de hentrar en dicha horden lo admita el dicho cura o escusador con que primero traiga liçencia del bicario de Castropol y cedula del bisitador, y si alguno estuviese en dicha horden que no lo fuere, el Cura o escusador lo puedan echar fuera ", es decir, que si no fuese malato pudiese ser expulsado, exceptuando que trajese cédula médica diagnosticándolo


Un quebranto importante en casi todas las fundaciones hospitalarias, tanto de malatos como de peregrinos, era la mala administración y la contabilidad. De ahí que Alonso de Santiso incida especialmente de ello en su informe, rentas, ingresos, donaciones, limosnas, ganado, compras y ventas... y de nuevo como castigo excomunión si no se hace bien:
"Otrosi mando que aquí adelante aya libro particular pa las quentas del mayordomo y pa lo que se manda a los malatos por las buenas jentes, y que se asiente en el lo que pagan los rrenteros, y quanta rrenta tienen, y quanto ganado, y quien lo trae, y mando, so pena de excomunión, que cada año se marque y rrequente el ganado que fuese de la dicha orden, y dello se de a cada casero dos bueies y dos bacas, y lo demas que se benda, y el dinero del ganado y del alcance que ahora se hiço, que era cantidad de ciento y cinquenta ducados, se ponga a censo de catorce el millar y que de aqui en adelante no se compre ni benda cosa alguna sin liçencia del perlado o del bicario desta bicaria de Castropol y lo cumpla so pena de excomunión".

Pasamos así ante el pórtico, actualmente cerrado entre dos paredes laterales pero antes sobre columnas, como hemos dicho, al que se accede subiendo unas escaleras desde el mismo Camino, por el que iban y venían los malatos pidiendo limosnas, en metálico o, más comúnmente, en especie, en pan y vino, actividad que también regula el Visitador, pidiendo que se le de caballería al malato encargado de este cometido y esgrimiendo una vez más la pena de los castigos:
"Otrosi mando que un malato, o persona nombrada por el mayordomo, aga questa por el año por todo el distrito o y jurisdicción pidiendo limosna, pa la dicha malatería, de pan carne y bino, y pa hazer dicha questa, al tal malato o persona nombrada, se le de cabalgadura para que vaya acerla en ella y lleve un libro chico y asiente lo que les dan y mandan en limosna, y el mayordomo lo rreparta entre los malatos, y mientras que dure la dicha limosna sustente por ella los dichos malatos y no gaste de la renta de la malatería, sino que tenga en probecho y a quenta, y lo cumplan y guarden so pena de excomunión y que seran castigados los rebeldes por la primera bisita"

Por la documentación de 1586 otro problema era la mucha gente que tenía deudas por saldar con la malatería, ahí es donde Alonso de Santiso exige con energía y severidad lo siguiente:
"Otrosi mando, mando a todas las personas que bieron a cargo de esta malatería de dineros, pan, bino, carne, ganados, heredades y otras qualesquiera cosas, se los buelban e rrestituyan dentro de nueve dias que les señalamos por tres turnos y plazos todos ellos y el ultimo por perentorio, so pena de excomunión, y pasados y no lo rrestituyendo, los declaro por públicos descomulgados a los tales rebeldes, y mando se lea este capitulo, so pena de excomunión, en las parroquiales donde fuese neçesario hacerlo para que benga a noticia de los que deben..."

La cubierta del pórtico es a tejavana, es decir, solo de madera y con pizarras por encima, sin revestimiento interior, pero ofrece una excelente protección a los peregrinos, que a veces descansan o se refugian del calor o de las tormentas, sentándose en los bancos corridos que existen en el interior


Pide en su escrito Alonso de Santiso al alguacil mayor eclesiástico, Andrés Suarez de Anleo, que acuda al concejo de Grandas y, junto con el mayordomo de la malatería y el párroco o el escusador, venda todo el ganado, pan y vino que tuviese este hospital "a las personas que más dieren por ello" y que el dinero obtenido se diese a dicho mayordomo para sanear las cuentas de esta fundación hospitalaria, abonar los salarios de alguacil y escribano y socorrer las necesidades de la colegiata de Grandas de la que dependía:
"Otro si, mando, atento, que la yglesia colegial de Grandas tiene necesidad de ser socorrida de dinero para se reparar de cosas que tiene necesidad y qe mandaron acer por esta bisita, mando se le presten de los dinernos que debe el mayordomo pasado y del ganado que se bendiese, cien ducados, y lo buelba el mayordomo y fabrica de la colegial dentro de un año, y pasandole dicho año y no lo bolbiendo, pague el censo de lo que ansi rescibiese a el censo de la catorçena y lo cumplan los unos y los otros so pena de excomunion, y ansi lo probeyo y mando y firmo en mi nombre..."
Resume, explica y comenta todo este preciado documento, del que hemos compartido buena parte, Tolivar Faes:
"Aunque pequemos de reiterativos, hemos de subrayar (...) la pluralidad de las casas de los malatos, la cava o foso alrededor de la iglesia, que aún existe; la relativa libertad que permitía a los malatos ausentarse a condición de volver a dormir a la malatería; la no abundante asistencia espiritual; la obligatoria devoción al rosario; la existencia de un veedor (administrador propio) (...) la administración correspondía al cura o excusador de Grandas; el ingreso de los enfermos con licencia del vicario de Castropol o del Visitador; la intervención del médico limitada a certificar si realmente había lepra en los enfermos que el cura daba de alta cuando creía hallarlos sanos; las mandas, probablemente testamentarias, que las gentes hacían para los malatos; las rentas y abundante ganado que la malatería poseía; el dinero que daba a censo de catorce al millar; los alcances (límites de deudas) en que el mayordomo, como de costumbre, había incurrido; el pan y vino que vendía la malatería; un malato era mandado con una caballería para pedir limosna por el distrito todos los años; la limosna era repartida entre los malatos, procurando gracias a ella no tener que tocar las rentas; los deudores de la malatería debían pagar, pena de excomunión; se vendía todo lo sobrante, pero no el ganado que se confiaba al cuidado de los caseros; y, en fin, del dinero obtenido se prestarían cien ducados para obras de la iglesia de Grandas".

La espadaña y pequeña campana de la capilla. Tolivar Faes la encontró desmoronada, por lo que este pequeño campanario sería posterior a 1966, "pero hemos podido hallar en una casa de Padraira la campana que de ella pendía. Tiene 36 cms. de altura y 90 de circunferencia máxima, y aunque rajada, muestra perfectamente del dibujo de una cruz y la leyenda
"+ S. MA. S. LAZARO AÑO 1756 //"
Sería pues una campana fundida cuando ya la capilla era de uso vecinal y con la malatería extinguida. Es posible que los toques de la antigua sirviesen de orientación y guía a los peregrinos de antaño en este lugar ubicado a "unos 800 metros más allá del pueblo de Padraira, en una loma que se eleva a a la derecha de la carretera, y sólo a 200 metros de ésta", dice Tolivar Faes, "por donde pasa el antiguo camino real, o camino francés, como aún lo llaman en la localidad", cuyos bienes procederían de las donaciones que hacían los enfermos a su ingreso, cuya cuantía no se sabe salvo en un caso, la cual consistía en un ferrado de centeno como renta anual, medida que equivale a unos doce a veinte kilos (no existió unidad plena hasta el sistema métrico decimal). Otra fuente de mantenimiento eran las mandas o donaciones de gentes piadosas


Sabemos que el 13-12-1587, es decir, un año después del informe del Visitador Alonso de Santiso o San Tirso, la malata Teresa Alonso de la Mesa, natural de esta localidad grandalesa, deja a la malatería "varios efectos" sin concretar y, en testamento del 16-9-1591, otro vecino de ese pueblo, Gonzalo de la Mesa, hijo de Juan de la Mesa y de Aldonza Fernández, manifiesta que "estando malo y enfermo de la enfermedad del señor san laçaro ofreçido en la orden y malateria del señor san laçaro de Padrayra, del concejo de Grandas", manda pagar varias deudas o partidas que debía al hospital. Siete años más tarde, en visita de 1598, se registra la existencia de tres malatos ingresados en esta malatería


El pórtico es realmente grande en comparación con el tamaño de la capilla, con suelo de losas y arco de medio punto liso y de piedra de sillería en el paso a la nave, cerrado con verja de madera, por lo que podremos ver el interior perfectamente desde aquí


Los bancos corridos a los lados, donde se sientan los peregrinos a descansar; en ellos y en el tablón de anuncios se colocan flores y papeles con oraciones y avisos, así como estampas y escritos. Procuremos dejar todo pulcramente impecable. Fijémonos asimismo en las velas de la verja y en la cadena para tocar la campana. Tolivar Faes dice que algunas piedras labradas pertenecerían a la capilla antigua. "Una de ellas, a la entrada del pórtico e inmediata al lado de la Epístola, parece representar a una persona con un alto báculo, que bien pudiera ser San Lázaro o acaso Santiago".


Otro arco de medio punto separa el espacio de los fieles del altar, cerrado con una barandilla de madera de dos puertas


Hay un espléndido altar barroco Destaca en él la imagen de San Lázaro que se supone fue la adquirida por esta malatería a finales del siglo XVI. Otra imagen vinculada a los leprosos sería la de Santa Marta, pues el Lázaro al que resucitó Cristo lo hizo conmovido por las súplicas de Marta y María Magdalena. Hay también un San Francisco de Asís, advocación caminera que rememora la supuesta peregrinación del santo a Santiago en algún momento entre los años 1212 y 1215. A la izquierda, una imagen de la Inmaculada, fuera del retablo, es bastante posterior


Como en todo santuario con alguna imagen o advocación franciscana, sea del Camino que sea, esta revelaría el paso del propio San Francisco por el lugar, leyenda o tradición piadosa que tiene como todas su trasfondo real, el de la expansión de la Orden por él fundada a través de los caminos de Santiago:
"Un bello retablo contiene interesantes imágenes, entre las que hemos de destacar por su calidad un pequeño crucifijo y un San Salvador, ambos en madera. Otra de las imágenes es identificada por el vecindario como Santa Marta. También hay una buena figura de San Francisco de Asís, santo que posiblemente pasara por Padraira en su peregrinación desde Oviedo a Santiago de Compostela".

Preside el retablo la imagen de San Lázaro, el patrón, que puede ser la más moderna del conjunto, adquirida en los últimos años del siglo XVI, según se desprende de la frase que, en el documento de la visita de 1598 dice que "la imagen de bulto del Sr. San Laçaro esta vieja i es de poco bulto, mando se compre otra de más bulto y que sea nueva". En ella se ve al santo con las tablillas de San Lázaro, por las que los leprosos avisaban de su presencia haciéndolas sonar, pidiendo limosna y que pasaron a ser un instrumento popular. Tolivar Faes nos cuenta también de esta hermosa y emotiva talla:
"Esta imagen, toscamente tallada y policromada, nos muestra al santo cubierto a medias con una túnica roja, sosteniendo otra contra el pecho, con la mano izquierda, un libro, y agitando con la derecha unas tablillas en cuyo frente se lee el nombre del santo".
Mostraría San Lázaro en sus piernas al descubierto, así como en la rojez de su cara las llagas de la enfermedad, ¿pero qué San Lázaro era realmente el de las malaterías?. Nos lo explica de nuevo Tolivar Faes en el capítulo dedicado a los santos patronos de los leprosos:
"Nuestras malaterías aparecen siempre bajo la advocación de Santa María Magdalena o de San Lázaro. En los primeros siglos es probable que la Magdalena fuese la advocación más frecuente, pero enseguida entra San Lázaro a compartir el patronato (...).

Confundida la lepra con una serie de enfermedades de la piel cuya propagación por contacto directo pudo parecer venérea, vendría esto a explicar que las malaterías tomasen por patrona a la arrepentida pecadora hermana de Lázaro. Y no sería extraño que los supuestos leprosos incurables extendiesen la advocación de sus casas a este Lázaro cuya portentosa resurrección había realizado Jesucristo conmovido por las súplicas de Marta y María"

Dice Tolivar Faes que, en líneas generales, "mientras la malatería tiene prácticamente siempre el título de San Lázaro, la parroquia, que muchas veces comparte con los malatos un mismo templo, suele estar bajo la advocación de Santa María Magdalena"Sin embargo esto aquí no ocurre... al menos exactamente: la capilla es de San Lázaro y es santuario local de Padraira que pertenece eclesiástica y administrativamente a San Salvador de Grandas. No hay representación en el retablo de Santa María Magdalena pero sí de Santa Marta, su hermana, pero sin embargo la vecina parroquia grandalesa de Penafonte sí está bajo la advocación de Santa María Magdalena, patrona de su iglesia:
"Es, pues, evidente la identidad del San Lázaro de los leprosos con el hermano de Marta y María Magdalena. Lo que ya no está tan claro es que se atribuya al propio santo la condición de leproso. Acaso proceda del error de una precipitada lectura de los Evangelios. Según San Juan (12, 1 y 2), cuando María Magdalena ungió con ungüento de nardo los pies de Jesús, se hallaba el Maestro cenando en Betania con Lázaro el resucitado; pero San Mateo (26, 6) y San Marcos (14, 3), al referir la unción, no citan los nombres de los tres hermanos, y en cambio sitúan la acción en casa de Simón el Leproso, lo que tal vez explique que se haya transferido a Lázaro esa condición de leproso.

Pero la principal causa del error está en la confusión de este Lázaro de Betania con el Lázaro pobre (Lucas, 16, 19) que deseaba comer los desperdicios del rico epulón, y cuyas úlceras lamían los perros. Estas úlceras y la mísera situación del simbólico, contribuirían a identificarlo también con los leprosos. Y así como las advocaciones de las malaterías se refieren evidentemente al Lázaro hermano de Marta y la Magdalena, la iconografía se inspira casi siempre en la parábola del rico epulón, difiriendo también las fechas que cada malatería celebra o celebraba la festividad de su patrono".

La nave presenta bóveda de cañón, mientras que la capilla mayor es de cuarto de esfera, adaptándose a la forma del ábside semicircular, según la estructura resultado de las obras efectuadas en 1689, de las que sabemos por un documento en el que se le pagan a un particular 166 reales "a Alonso Lopez, persona en que se a rematado la iglesia de dicha horden, que se hizo de nuevo en el sitio donde estava la antezedente este año de ochenta y nueve". Se celebraba misa cantada el día del santo y el Viernes de Cuaresma, "gastando por este concepto, en 1672, cincuenta reales en dar de comer a los sacerdotes que cantaban la misa". Sin embargo "los malatos andaban más abundantes de rosarios que de misas", comenta Tolivar Faes


Visto el interior de la capilla, salimos de nuevo al exterior, cara al antiguo Vilar de San Lázaro, donde vivían los leprosos en sus pequeñas casas y ahora una muria y una mata de arbolado separan al Camino de un prado. Los ingresos se producían sin necesidad de reconocimiento médico si bien hay momentos en los que se sí se hacía, como es el caso de los realizados por el médico del Cabildo de Mondoñedo...
"Certifico yo el Doctor Correa de Azevedo Médico del Cabildo y Ciudad de Mondoñedo, que aviendo visto a un muchacho de hedad de hasta doce años, que se llama Domingo Giraldo, hijo de Gabriel Giraldo de las govias de Castro de grandas, vezino de San Salvador de grandas, el qual esta enfermo de la lepra de los Arabes, aque en nuestro vulgar castellano llaman del Sr. s. Laçaro. Por lo qual certifico que le pueden recibir entre los mas enfermos de dicha enfermedad, por tener bastante necesidad y ser muy conveniente apartarle de la compania y comerçio de los sanos y sus hermanos, a quien puede pegar el dicho mal. Y lo firmo con mi çertificación, en Mondoñedo 4 de Henero de 630 años"
"Certifico yo el Doctor Correa de Azevedo, Medico del Cabildo y Ciudad de Mondoñedo, que vi la Relación que se me a dado del mal de Madalena López, vezina del concejo de Grandas y muger de Luis Lopez de Graá, la cual conforme la dicha Relación que vi y ba firmada de mi nombre, digo y declaro ser su mal una lepra de los Arabes, a la qual llama el Bulgo mal de s. Lázaro, por lo qual dego que debe ser admitida a la orden del Sancto, conforme a esta mi declaración y certificaçion firmada de mi nombre, en Mondoñedo ii de diciembre de 631"

En otras ocasiones era un 'cirujano', oficio con connotaciones un tanto distintas a las actuales, pues solían ser a la vez barberos, quien hacía el reconocimiento, como "Pedro Gómez de Monasterio, ceruxano vezino del lugar de Escaulares, desta feligresía", es decir, de Escanaleres, en esta misma parroquia de Grandas de Salime, quien declaró que una tal "Catalina Fernandez era enferma de lepra contaxiossa".

Es en el siglo XVII y antes de la reedificación de la capilla según su traza actual cuando se sabe de los nombres de más malatos, al haber hecho estos mandas o donaciones, registradas a su ingreso, si bien estas no se especifican: en 1620 son María Fernández y María de Soto, en 1621 el padre de esta segunda, Gerónimo de Soto, que es quien deja "un ferrado de centeno anual y perpetuo" que mencionábamos anteriormente, tratándose de un caso de contagio dentro de una familia. En 1624 se conoce a Miguel de las Losas, en 1630 a Domingo Giraldo, en 1634 a Magdalena López y María Álvarez en 1662

Para Tolivar Faes esta María Álvarez debió ser la única leprosa que hubo en Padraira desde 1662, fecha de su ingreso, hasta 1676, de tal manera que en la documentación simplemente se la menciona como la malata y no por su nombre:

"Tuvo una larga permanencia de quince años, a pesar que desde 1672 "por estar tullida y no se poder vestir ni regir", hubieron de pagarse anualmente treinta reales a una persona que la asistía, "mas dieciseis reales que se dieron a una muger, para unos zapatos, por que le lavase la ropa dos años". En el mismo de 1672 se gastan "7 ducados de vestir la malata", 7 "reales en pescado y manteca para la enferma", 3 en queso, 42 en un cuarto de buey, 24 en un tocino, etc., repitiéndose todos los años gastos análogos, a los cuales a veces se añaden otros como el de "veinte reales por dos camisas" y "ocho reales por cuatro varas de estopa para la cama", pero, a pesar de tanto detalles, tampoco en este caso vemos consignada cantidad alguna por asistencia médica o medicamentosa."

Entre 1676 y 1699 parece que la malatería de San Lázaro de Padraira se queda sin malatos, siendo este el periodo en el que se procede a la demolición de la capilla del lazareto y a la construcción de la actual, más o menos reformada desde entonces, la cual recorremos en torno a su pequeña cava o foso, que la aisló de las humedades de esta pendiente

Aquí tenemos este otro par de contrafuertes, correspondientes a los arcos de la nave y del ábside en el interior y, entre ellos otro ventanuco en forma de saetera

El foso es un gran almacén de hojarasca, por lo que es mejor, si se ha desbrozado, circunvalar la capilla por encima

Aquí vemos la correspondencia de este ventanuco meridional con el septentrional, al otro lado de la nave

Y aquí pasamos al ábside semicircular, que tanto nos recuerda a los ábsides románicos, aunque su orientación, reiteramos, es la contraria, pues mira al oeste en vez de al este

Fijémonos a la vez en la estructura de su cubierta, adaptada a su forma y a cubrir por el interior su bóveda

Fijémonos igualmente en la estructura de la cava o foso, semicircular aquí, como el ábside, hecha de muria de piedras sin argamasa, como los muretes de contención en el Camino

El ábside carece asimismo del ventanuco central trasero usual en los románicos, sin duda alguna se pensó sería innecesario al quedar ese espacio tapado en el interior por el retablo

Podríamos pensar que un antiguo ábside medieval románico inspiró el hecho en 1689, e incluso que se reaprovecharon materiales, pero ningún estudio arquitectónico se ha hecho, que sepamos publicado al menos, acerca de las posibles estructuras anteriores sobre las que se hubiese erigido esta capilla de San Lázaro

Y aquí tenemos el otro ventanuco del ábside, el que mira para el norte

Y el ventanuco meridional de la nave, los contrafuertes recuerdan a los del gótico. Es fácil suponer que la antigua capilla medieval estuviese ya en tan mal estado que, más que repararla o restaurarla, se pensó sería mejor hacer una nueva con entrada directa desde el Camino y preparada para los cambios litúrgicos acaecidos por entonces

Y así, hemos dado una vuelta completa a la capilla, volviendo al Camino otra vez frente al antiguo Vilar de San Lázaro, donde aún habría una última malata registrada en 1699, veintitrés años después que María Álvarez y de nombre, desconocido pero de la que se sabe que, aparte de un vestido, una manta y algo más para "componer la cama", no ocasionó más gastos que los "funerales de la malata" el año siguiente. La escasa actividad de esta malatería en los siglos XVI y XVII hace pensar que hubo de tener una mayor actividad en los siglos XIV y XV para justificar su existencia y construcción, "ya que de otra forma, apenas habría servido para albergar una docena de enfermos", pero de ese periodo se carece de toda documentación

Ya no hubo pues más malatos en Padraira, por lo que con la centuria dieciochesca se da por acabada la actividad de la malatería como hospital de leprosos. En 1719 sus bienes son arriendados por cuatrienios a particulares, en 1745 es una de las primeras intervenidas por la Real Audiencia, creada en 1717 para hacerse cargo de, entre otras cosas "las visitas y apeos de términos comunes, valdíos y realengos, de pastos, montes y plantíos; las cuentas de propios y arbitrios, sobra de rentas, casas de San Lázaro y demás hospitales y los caminos públicos del Principado". Tres años más tarde, en 1748, el Visitador Vicente García de la Peña manda hacer su Apeo o registro catastral de lindes

La capilla pasaría a ser del pueblo de Padraira y seguiría dependiendo de la parroquial de San Salvador de Grandas pero las casas de los leprosos del Vilar de San Lázaro desaparecerían al ir pasando todos estos bienes a particulares

Al menguar notablemente la endemia leprosa y llegar nuevos avances médicos y terapias con la Ilustración, durante el siglo XVIII cesó la actividad hospitalaria de las malaterías asturianas y los últimos enfermos fueron trasladados al Real Hospital Hospicio de Oviedo (actual Hotel de la Reconquista), fundado en 1749 por el regente de la Real Audiencia Isidoro Gil de Jaz para "recoger a los huérfanos y expósitos", "reducir el trabajo a los pobres sanos" y "doctrinar y hacer laboriosos en parte a los inválidos", pasando también a ellas sus bienes, según recoge Tolivar Faes:

"Desvirtuada la finalidad para la que fueron fundadas; con escasos enfermos en ellas acogidos, y hasta sin ninguno en muchas ocasiones, las malaterías fueron perdiendo sus rentas, y preciso es reconocer que acabarían por ser totalmente usurpadas si la Audiencia no se hubiera adelantado a incautarse de todas.

En Real Cédula de 14 de septiembre de 1769 se dispuso la visita, apeo y reintegro de los hospitales de San Lázaro de Asturias, y para su cumplimiento la Real Audiencia comisionó a D. Emeterio Cacho y Calderón de la Barca, Alcalde de Cárceles secretas del Tribunal de la Inquisición de Valladolid y Secretario ad honorem del Secreto del mismo Tribunal. El Sr. Cacho "reintegró a todas de cantidades, rentas y efectos que estaban usurpados hacía años, terminando esta comisión en 1771"

Los patronos o comenderos debieron oponer una última resistencia ocultando los libros, como ocurrió en Ferradal y en Mirallo y en La Espina, lo que motivó ciertas censuras libradas en 1781 por el Ordinario eclesiástico. Pero nada pudieron contra la tenacidad y experiencia del Licenciado Cacho.

No podemos precisar la disposición legal por la cual fueron destinados al Real Hospicio los bienes de las incautadas malaterías, aunque desde luego no fue antes de 1776, pues el 27 de marzo de ese año hay una resolución del Consejo de S. M. para que "arreglen el modo de administrar como caudal del Hospicio el fondo de Malaterías, asignado por S. M. a consulta de la Cámara".

Haciéndose el Real Hospicio con los bienes de las malaterías, estos fueron arrendados o vendidos a particulares, algunos de ellos especuladores. Las casetas, celdas, cabañas o casas de los malatos fueron reaprovechados como cuadras y no tardaron en desmoronarse. Solamente algunas ermitas como esta de San Lázaro de Padraira, topónimos, escasas noticias impresas y abundantes manuscritos de mayor o menos interés forman parte de su legado...

Saliendo de la capilla seguimos todo recto por esta ladera occidental del Monte San Lázaro o Monte de Padraira. El Camino es ancho y está bien perfilado, pisado y definido y por él coincidirían malatos, peregrinos, arrieros y demás viajeros

Malatos que, como hemos dicho, incluso irían a caballo a pedir limosna, para ellos o para la malatería, como vemos se dispuso, una de tantas noticias que chocan bastante con la visión prefijada de los leprosos que nos han ofrecido el cine y la literatura

Bien es verdad que con el nombre de malatos se consideraba no solamente a los leprosos sino a toda una serie de enfermedades de la piel que se tenían también por la misma enfermedad, de ahí el contraste entre los certificados médicos que alertan de ser incurable, contagiosa, que se pega, las ordenanzas que exigen que el enfermo sea apartado, y mandalle apartar de los sanos para que no infizionen sus achaques a la demás gente y luego la relativa libertad de movimientos para, por ejemplo, pedir limosna, como hemos visto. El mismo Tolivar Faes lo cuenta de esta manera hablando de malaterías en la Gran Enciclopedia Asturiana:

"El aislamiento fue, en los siglos que duraron las malaterías, la única medida eficaz en la lucha contra la lepra. Pero en nuestras malaterías, el aislamiento era muy relatico; desde luego, no se practicaban en Asturias las truculentas ceremonias con las que se solemnizaba el hecho de considerar al enfermo muerto para el mundo; y aunque se amenazaba con castigos severos (Entrecaminos) a los leprosos que anduviesen entre la gente, en realidad estos castigos no se cumplían; el sentimiento cristiano de amor al prójimo y, sobre todo, el carácter indisciplinado de la raza, hubieron de hacer imposible una mayor rigidez en las medidas de aislamiento. Los enfermos mendigaban por nuestras aldeas, comían y bebían con los sanos, y a veces dormían fuera del hospital; pero, a pesar de todo, ese relativo aislamiento debió de jugar un importante papel en la disminución de la endemia.

Nuestros leprosos no estaban, pues, muertos para el mundo. Contraían matrimonio, compraban, vendían y conservaban otros muchos derechos; pero, a pesar de ello, parece que vivían más o menos sujetos a una especie de regla religiosa, cuya forma original debió perderse pronto, pero que parece latir todavía en las distintas ordenanzas que hasta nosotros han llegado.

Los malatos recibían en ocasiones una alimentación variada y abundante, aunque otras veces aparezcan datos relativos a hambres espantosas. Pero, es de advertir que tan erróneo como negar la existencia de falsas lepras en las malaterías, sería pretender que todos o la mayoría de los enfermos (incluso en los siglos anteriores a la introducción del cultivo del maíz) fuesen simples polineuríticos o pelagrosos".

Un arroyuelo formado por aguas sobrantes de algún manantial cruza el Camino en un surco hecho a tal efecto en esta bifurcación: nosotros seguimos todo recto continuando la ligera pero continua cuesta. A la izquierda se baja a la carretera por la zona de A Valía

El mojón, como siempre, nos indica la dirección del buen camino. Aquí el agua del arroyo baja por la vereda de la derecha

El trato a los malatos también debió de ir evolucionando; aunque de Padraira no tenemos noticias más atrás del siglo XVI, vimos que en las ordenanzas ovetenses de 1274 se establecía que la primera vez que un leproso entrase en la ciudad lo sacasen a aguillonadas, textualmente 'aguijonadas' de picar con la aguillada o guiyada, palo largo terminado en punta empleado para conducir al ganado; la segunda que lo batan 'golpear, sacudir, empujar', pero la tercera vez ya "que lo quemen".

Tolivar Faes afirma que "estas severísimas disposiciones posiblemente no fueron llevadas a la práctica", pero a la vez alude que en una donación del año 1165 en Santiago de Compostela, al referirse a unos terrenos relacionados con los leprosos de San Lázaro (entrada del Camino en la ciudad), se informa de un lugar llamado "mulier cremata" del "que no podemos menos de sospechar que aquella mujer quemada fuese una leprosa ajusticiada en cumplimiento de unas disposiciones semejantes a las nuestras".

Pero en las mismas ordenanzas ovetenses de 1274, por ejemplo, se hacen excepciones para que los malatos puedan entrar en la ciudad el venerado día de la Santa Cruz, pues no podía privárseles de las gracias que se ganaban en la Santa Ovetensis, a pesar de ser la jornada de mayor afluencia de peregrinos


Y así llegamos a 1543, cuando los malatos de la malatería ovetense de San Lázaro de Paniceres, por donde pasamos empezando el Camino Primitivo, son amenazados por el Ayuntamiento con cien azotes si no se iban antes de tres días de la ciudad, señal de que pululaban por la misma con bastante libertad, pues aún en 1737 se les seguía prohibiendo "salir por las noches a pedir limosna, como solían hacerlo"


Salimos a paisajes más abiertos del Monte de Padraira por las inmediaciones del paraje de Capelade, en lo alto de la sierra y sobre nosotros, un topónimo que nos hace pensar en una capela o capilla, como si fuesen terrenos de la de Padraira, pero que acaso tenga más que ver con el latín caput, 'cabeza, cima, extremo, punta'


Árboles y arbustos con bastante monte bajo predomina en esta ladera, cerca también de A Pena Longa (814 m), cuya cima se encuentra un poco más adelante


Y como viene ocurriendo desde que salimos de Castro, a un tramo boscoso le sucede otro más abierto para volver a entrar en las bellas frondosidades que dan sombra al Camino


Bajo nosotros, As Trabes, lugar trabado, 'cerrado', como acaso lo fue de vegetación en antiguos tiempos esta parte del valle del Río da Ola bajo A Xorenga o A Pena Xorenga, donde están los petroglifos datados entre el Neolítico y la Edad del Bronce, así como los túmulos de Os Canadeiros o El Canadeiro, necrópolis megalítica. No hemos de pasar por esa zona pero es un testimonio más del poblamiento de estos milenarios pasos naturales entre valles y collados, que fueron caminos desde la remota noche de los tiempos


A Xorenga I está en el cruce de los caminos de Xestoselo, Padraira y Llandecarballo; en ellos se han reconocido unas cincuenta y tres cazoletas grabadas en la piedra, junto con varios canalillos y tres antropomorfos


A Xorenga I está entre Llandecarballo y Nogueiróu, con cincuenta cazoletas, numerosos canalillos y cuatro antropomorfos. A Xorenga III, sobre la roca, presenta al menos cuarenta cazoletas, canalillos y un antropomorfo. Estimamos adecuado compartir esta información de Castros de Asturias cuyo autor es el reputado arqueólogo Ángel Villa Valdés:





Helechos a un lazo, uz o brezo a otro, flanquean el Camino que entra en la arboleda. "Como especies indígenas predominan los castaños, los robles, los humeros, los abedules, las hayas, los acebos y otras que también en los concejos vecinos son abundantes", leemos en la Gran Enciclopedia Asturiana


Aquí hay una plantación de pinos, árbol que se dio en plantar por doquier como alternativa forestal a la pérdida de las fértiles vegas del Navia con el embalse del Salto de Salime, si bien infructuosamente en lo que se refiere a evitar la drástica pérdida de población que, como tantas veces reiteramos, continúa hasta la actualidad. Leemos al respecto en el Gran Atlas del Principado de Asturias, que cita al geógrafo Xosé Nel Riesgo:
"Tras la guerra civil, una miope política económica, transformadora la organización tradicional de este espacio, en busca de su reactivación, lo condenó, en palabras de X. N. Riesgo Fernández "a ser monocultivo de especies arbóreas de crecimiento rápido y productor sobredimensionado de energía eléctrica. A partir de 1941 el Patrimonio Forestal del Estado iniciará una etapa de repoblación de bosques basada en la plantación de coníferas, que alcanzará de lleno a este concejo en 1955. Un año antes, se inauguraba el salto de agua de Salime, situado entre los términos de Allande, Pesoz y Grandas, con una altura de 112 metros y una cola de embalse de 30 kilómetros de longitud. La construcción de la presa en la década de los cincuenta produjo un cierto repunte demográfico, tras un período continuado de pérdidas desde principios de siglo, pero rápidamente se puso de manifiesto su carácter coyuntural, experimentándose a partir de ese momento un éxodo rural sin precedentes. El embalse trajo también lamentables consecuencias en otros sectores de la vida grandalesa, como el anegamiento de las tierras más feraces en las vegas del valle, la terrible incomunicación de algunos pueblos del concejo o la pérdida de otros -caso de Salime-, con todo su patrimonio histórico y etnográfico".

Luego siguen robles, castaños, avellanos y demás especies autóctonas, "En el silencio del bosque, donde el viento murmura entre las hojas y el suelo respira bajo los pies" como dice en su libro, alegoría del mundo vegetal en el Canino, José Ramón López Valdés


Y es que es aquí donde "ocurre algo que apenas empezamos a comprender. Las plantas -esas criaturas inmóviles que muchos consideraron simples adornos del paisaje- resultan ser interlocutoras silenciosas, maestras de una lengua que no se pronuncia pero que vibra en moléculas, raíces y luz. Hablan sin boca, oyen sin orejas, piensan sin cerebro. Y, sin embargo, se comunican, sienten, recuerdan... actúan", es la magia natural del bosque, hábitat de seres vivos vegetales y animales, y hasta de entes mitológicos en tradiciones y leyendas


El peregrino, sin dejar de admirar esta maravilla vegetal de manera cotidiana y automática según pasa, tal vez tenga los pensamientos absortos en la subida al cercano puerto y en la distancia y tiempos para llegar a A Fonsagrada. Por eso, quizás prefiera recordar a Antón Pombo, escritor y peregrino, cuando escribe "La cuesta que nos ha traído a Grandas de Salime tiene su prolongación hasta el alto del acebo (1.030 m), de larga subida (15 km), pero mucho más llevadera que la de El Palo" al comenzar su relato de la Etapa Siete, titulada Las montañas no dan tregua en su tantas veces reeditada Guía del Camino de Santiago. Camino Norte


Sin embargo, sí podemos decir que 'hay tregua': esos quince kilómetros desde la villa de Grandas de Salime hasta el puerto del Alto do Acevo tienen una suave bajada de A Farrapa a Cereixeira, seguido de una hermosa llanura, en buena parte arbolada, a Malneira hasta la pequeña subida de Castro, pueblo que también puede decirse que atravesamos llaneando para dar paso a la subida, suave pero prolongada, de Padraira...


Y aquí tenemos otro trecho bastante llano al acercarnos a Xestoselo, 'terreno de xestos', en castellano 'retamas', en latín genistam: de nuevo la alegoría vegetal, ahora plasmada en la misma toponimia


Además, suave y mullido es el suelo de tierra y de hierba en la mayor parte de este trazado entre Grandas y Xestoselo, con solamente cortos trayectos sobre asfalto en A Farrapa, Cereixeira y Castro


Un hermoso robledal de carballos jóvenes es aquí el Camino, magnífica carballeira que donde el sol juega con las ramas a luces y sombras. El proyecto Tierra Pura comenzó en Grandas de Salime en 2021 con la plantación de 165.000 árboles de especies autóctonas en una superficie total de unas 135 hectáreas


El bosque autóctono recuperado alterna con las plantaciones de coníferas en este trayecto rumbo a Xestoselo


Si bien no hay ningún cruce que pueda equivocarnos, el que cada cierto trecho aparezca un mojón u otra señal jacobita confirma que vamos bien de rumbo y no nos hemos dejado ningún desvío atrás


Y es que cruces, bifurcaciones y lugares complicados aparte, en las rutas de montaña se recomienda colocar una señal de confirmación al menos cada 250 metros, aunque en la práctica a veces, si hay lugares para ponerlas, se haga cada menos trecho


En el Camino de Santiago, que no es necesariamente una ruta de montaña aunque muchos trayectos, al menos en el Camino Primitivo sí, solemos ver mojones en el itinerario, los cuales se complementan con alguna flecha amarilla pintada. Los primeros suelen ser colocados por instituciones públicas, las segundas por asociaciones de amigos del Camino y particulares. Es necesario contar con el necesario permiso, no es la primera vez que se ha multado a alguien por no tenerlo


Por ello, es de recomendar que ciertas actuaciones se hagan colaborando con las entidades correspondientes. La señalización en cualquier lugar, pero sobre todo en espacios naturales y más si están protegidos, está sujeta a sus pertinentes normativas


Y es que, de la misma manera que la falta de señalización de esta y cualquier ruta es un quebranto, la saturación de pintadas, señales y demás advertencias, sobre todo cuando coinciden varias rutas, variantes, etc., afectan seriamente al entorno y paisaje, además incluso de llevar a error cuando se abren a un abanico de alternativas y direcciones. Por ello, pintar o señalizar por nuestra cuenta, pese a ser un acto hecho con la mayor de las voluntades, puede ocasionar problemas, a otros y a nosotros mismos. Colaboremos con las asociaciones correspondientes para hacerlo

 
Salimos del arbolado en A Zarra, donde una valla metálica hace honor en nuestros días a este topónimo, ancestral y abundante, relacionado con lugares 'cerrados', bien cercados para pastos y usos agropecuarios, o bien de manera natural por la vegetación


En medio de la finca y en la ladera de A Pena Longa hay una casa; el Camino, subiendo de nuevo ligeramente, pasa unos metros a su izquierda antes de bajar a la AS-12


La finca es grande, extendiéndose a la larga entre el Camino y la carretera, con cultivos de huertas y frutales a la que le sigue un gran prado de hierba verde. Al otro lado de la carretera son los bosques de A Horta, 'la huerta', que caen hacia la ribera del Río da Ola


A Xorenga de nuevo al otro lado del valle, con A Serra de Buspol, el Cordal de Berducedo y El Valledor al este


Ya bastante lejos va quedando A Bornela, buena referencia para saber dónde hemos dejado la villa de Grandas de Salime, capital del concejo


No vemos la villa, al otro lado de la colina, pero sí Cereixeira (izquierda de la foto). Más a lo lejos son las sierras de Muriellos, Carondio y otras de las que separan desde la costa las cuencas fluviales del Navia y del Narcea


Siguiendo camino, cuando llegamos a la altura de la casa, la cuesta de A Zarra se acaba


Pasamos al lado de este estanque y depósito de agua...


Y empezamos a bajar hacia la carretera AS-12


La casa y el hórreo, a nuestra izquierda, con A Xorenga al otro lado del valle y, al oeste, nueva vista hacia los cordales de Buspol, Berducedo, Valiel, Gallardo, El Valledor...


El Camino pasa entre el vallado y la barrera vegetal que forman pinos y helechos a nuestra derecha


Abajo a la izquierda, entrada a la finca desde la carretera. Al otro lado, otro espeso muro vegetal se extiende junto a la AS-12


Prado y frutales, tras la subida, lenta y liviana, hacia Padraira, este tramo en bajada constituye todo un contraste


Fila de árboles plantados al otro lado del vallado, el suelo sigue siendo de tierra y de hierba


Ya nos aproximamos a la AS-12, que nos acompañará hasta Penafonte, salvo un pequeño tramo por su trazado antiguo en El Arrotón, en Xestoselo


No obstante, procuraremos no pisar asfalto y esquivar el tráfico, pasando al otro lado de los guardarraíles, en la medida de lo posible, pues los peregrinos, a base de pisar, han hecho senderos, como enseguida vamos a ver


La carretera no suele tener demasiado tráfico normalmente, pero este suele circular muy veloz, como también podremos comprobar en este trayecto hasta Penafonte


Por eso, muchísimo cuidado al cruzar, pues además estamos en una curva, con cierta visibilidad, es cierto, pero los vehículos pueden aparecer y pasar en cualquier momento


Al otro lado vemos el mojón jacobita señalándonos el sendero que tomaremos al otro lado del quitamiedos. A la izquierda es una señal de precaución que nos advierte del tramo de coincidencia del Camino con la carretera


Recomendamos, además de mirar bien a ambos lados, ser todo oídos en estos casos, el motor de los automóviles suele sentirse desde mucho antes que los veamos pasar en curvas como estas


En la señal del tramo común Camino-carretera aparece la denominación antigua de esta, AS-28, vigente hasta 2017, en que pasó a ser la AS-12


Atención también al mojón y al sendero que los peregrinos han hecho, a base de pisar, a partir de él y a este lado del guardarraíl, que es por donde vamos a seguir


La senda es estrecha pero se pasa perfectamente bien en fila india y nos ofrece una buena protección frente al tráfico


La carretera es sinuosa y hace una 'S' siguiendo la orografía de la montaña que forma una colina por A Pena Longa y A Pena Lamas


A la derecha la carretera y a la izquierda el zarzal y los arbustos. El sendero pasa entre ambos haciendo un poco de cuesta


No nos acerquemos demasiado al guardarraíl tampoco, sus elementos son 'cortantes y punzantes' y si nos descuidamos podremos chocar la pierna en los soportes, con resultados bastante dolorosos


Aquí dejaremos momentáneamente la carretera AS-12 para seguir, a la izquierda, un tramo de la vieja comarcar C-630 para dirigirnos a El Arrotón, topónimo relacionado con tierra 'rota' o roturada, entrando en el pueblo de Xestoselo, donde reconocemos en primer lugar la Casa del Torneiro, José María Muiña, El Torneiro de Xestoselo, artesano del antiguo torno 'de media volta', con el que se hacían cuencos y todo tipo de recipientes y utensilios de madera, como vimos en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime "Pepe El Ferreiro"

















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